{"id":3839,"date":"2009-03-04T16:01:16","date_gmt":"2009-03-04T16:01:16","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3839"},"modified":"2009-03-04T16:01:16","modified_gmt":"2009-03-04T16:01:16","slug":"perlas-de-sabidur\u00cda-","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3839","title":{"rendered":"PERLAS DE SABIDUR\u00cdA"},"content":{"rendered":"<p>PERLAS DE SABIDUR\u00cdA <\/p>\n<p>FRITHJOF SCHUON<\/p>\n<p>La funci\u00f3n esencial de la inteligencia humana es el discernimiento entre lo Real y lo ilusorio, o entre lo Permanente y lo impermanente; y la funci\u00f3n esencial de la voluntad es el apego a lo Permanente o a lo Real. Este discernimiento y este apego son la quintaesencia de toda espiritualidad; y llevados a su grado m\u00e1s elevado, o reducidos a su substancia m\u00e1s pura, constituyen, en todo gran patrimonio espiritual de la humanidad, la universalidad subyacente, o lo que podr\u00edamos denominar la religio perennis; es a \u00e9sta a la que se adhieren los sabios, al tiempo que se fundan necesariamente en elementos de instituci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Una de las claves para la comprensi\u00f3n de nuestra verdadera naturaleza y de nuestro destino \u00faltimo es el hecho de que las cosas terrenas nunca est\u00e1n proporcionadas a la extensi\u00f3n real de nuestra inteligencia. Esta, o est\u00e1 hecha para lo Absoluto, o no es; s\u00f3lo lo Absoluto permite a nuestra inteligencia poder enteramente lo que ella puede, y ser enteramente lo que es. Lo mismo para la voluntad, que, por lo dem\u00e1s, no es sino una prolongaci\u00f3n, o un complemento, de la inteligencia: los objetos que ella se propone m\u00e1s de ordinario, o que la vida le impone, no alcanzan su envergadura \u00abtotal\u00bb; s\u00f3lo la \u00abdimensi\u00f3n divina\u00bb puede satisfacer la sed de plenitud de nuestro querer o de nuestro amor.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>La V\u00eda hacia Dios implica siempre una inversi\u00f3n: de la exterioridad hay que pasar a la interioridad, de la multiplicidad a la unidad, de la dispersi\u00f3n a la concentraci\u00f3n, del ego\u00edsmo al desapego, de la pasi\u00f3n a la serenidad.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Para ser feliz, el hombre debe tener un centro; ahora bien, este centro es ante todo la certeza del Uno. La mayor calamidad es la p\u00e9rdida del centro y el abandono del alma a los caprichos de la periferia. Ser hombre es estar en el centro; es ser centro.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>El alma debe sustraerse a la dispersi\u00f3n del mundo; es la cualidad de interioridad. Despu\u00e9s la voluntad debe vencer a la pasividad de la vida; es la cualidad de actualidad. Por \u00faltimo, el esp\u00edritu debe trascender la inconsciencia del ego; es la cualidad de simplicidad. Percibir intelectualmente la Substancia, m\u00e1s all\u00e1 del estr\u00e9pito de los accidentes, es realizar la simplicidad. Ser uno es ser simple; pues la simplicidad es al Uno lo que la interioridad es al centro y lo que la actualidad es al presente.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>En lugar de amar el mundo hay que estar enamorado de lo interior, que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de las cosas, m\u00e1s all\u00e1 de lo m\u00faltiple, m\u00e1s all\u00e1 de la existencia. Asimismo, hay que estar enamorado del puro Ser, que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la acci\u00f3n y m\u00e1s all\u00e1 del pensamiento.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>El amor de Dios es en primer lugar la adhesi\u00f3n de la inteligencia a la Verdad, despu\u00e9s la adhesi\u00f3n de la voluntad al Bien, y por \u00faltimo la adhesi\u00f3n del alma a la Paz que dan el Verdad y el Bien.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>La percepci\u00f3n de la belleza, que es una adecuaci\u00f3n rigurosa y no una ilusi\u00f3n subjetiva, implica esencialmente, por una parte, una satisfacci\u00f3n de la inteligencia y, por otra, un sentimiento a la vez de seguridad, de infinidad y de amor. De seguridad: porque la belleza es unitiva y excluye, con una suerte de evidencia musical, las fisuras de la duda y de la inquietud; de infinidad: porque la belleza, por su propia musicalidad, hace que se fundan los endurecimientos y los l\u00edmites y libera; as\u00ed, al ama de sus estrecheces; de amor: porque la belleza llama al amor, es decir, invita a la uni\u00f3n y por lo tanto a la extinci\u00f3n unitiva.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>La virtud es la conformidad del alma al Modelo divino y a la obra espiritual; conformidad o participaci\u00f3n. La esencia de las virtudes es el vac\u00edo ante Dios, el cual permite a las Cualidades divinas entrar en el coraz\u00f3n e irradiar en el alma. La virtud es la exteriorizaci\u00f3n del coraz\u00f3n puro.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Esforzarse hacia la perfecci\u00f3n: no porque queremos ser perfectos para nuestra gloria, sino porque la perfecci\u00f3n es bella y la imperfecci\u00f3n es fea; o porque la virtud es evidente, es decir, conforme a lo Real.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>La virtud separada de Dios se convierte en orgullo, como la belleza separada de Dios se convierte en \u00eddolo; y la virtud vinculada a Dios se convierte en santidad, como la belleza vinculada a Dios se convierte en sacramento.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Cuando Dios est\u00e1 ausente, el orgullo llena el vac\u00edo.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>El fundamento de la ascensi\u00f3n espiritual es que Dios es puro Esp\u00edritu y que el hombre se le asemeja fundamentalmente por la inteligencia; el hombre va hacia Dios mediante lo que, en \u00e9l, es m\u00e1s conforme a Dios, a saber, el intelecto, que es a la vez penetraci\u00f3n y contemplaci\u00f3n y cuyo contenido (sobrenaturalmente natural) es lo Absoluto, que ilumina y libera.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>La consciencia del Ser, o de la divina Substancia, nos libera de la estrechez, de la agitaci\u00f3n, del estr\u00e9pito y de la mezquindad; es dilataci\u00f3n, calma, silencio y grandeza. Todo hombre ama en su fuero interno el puro Ser, la inviolable Substancia, pero este amor est\u00e1 oculto bajo una capa de hielo. Todo amor es en el fondo una tendencia del accidente hacia la Substancia y, por ello mismo, un deseo de extinci\u00f3n.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>La funci\u00f3n c\u00f3smica, y m\u00e1s particularmente terrestre, de la belleza es actualizar en la criatura inteligente el recuerdo de las esencias, y abrir as\u00ed la v\u00eda hacia la noche luminosa de la Esencia una e infinita.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>La belleza es un reflejo de la beatitud divina; y como Dios es verdad, el reflejo de su beatitud ser\u00e1 esta mezcla de felicidad y verdad que encontramos en toda belleza.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>La belleza de lo sagrado es un s\u00edmbolo o una anticipaci\u00f3n, y a veces un medio, del gozo que solo Dios procura.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>El arte sagrado ayuda al hombre a encontrar su propio centro, ese n\u00facleo que ama a Dios por naturaleza.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Lo sagrado es la presencia del centro en la periferia, de lo inmutable en el movimiento; la dignidad es esencialmente una expresi\u00f3n de ello, pues tambi\u00e9n en la dignidad el centro se manifiesta en el exterior; el coraz\u00f3n se trasparenta en los gestos. Lo sagrado introduce en las relatividades una cualidad de absoluto, confiere a cosas perecederas una textura de eternidad.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>La raz\u00f3n suficiente de la inteligencia humana es aquello de lo que s\u00f3lo ella es capaz, a saber: el conocimiento del Bien Supremo y, por consiguiente, de todo lo que se refiere a \u00e9l directa o indirectamente. As\u00ed mismo, la raz\u00f3n suficiente de la voluntad humana es aquello de lo que s\u00f3lo ella es capaz, a saber: la elecci\u00f3n del Bien Supremo y, por consiguiente, la pr\u00e1ctica de todo lo que lleva a \u00e9l. Y tambi\u00e9n, la raz\u00f3n suficiente del amor humano es aquello de lo que s\u00f3lo \u00e9l es capaz, a saber: el amor del Bien Supremo y de todo lo que testimonia de \u00e9l.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>El hombre no puede sustraerse al deber de hacer el bien, incluso le es imposible, en las condiciones normales, no hacerlo; pero es importante que sepa que es Dios quien act\u00faa. La obra meritoria es de Dios, pero nosotros participamos en ella; nuestras obras son buenas \u0096o mejores\u0096 en la medida en que estamos penetrados de esta consciencia.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>El sue\u00f1o habitual del hombre ordinario vive del pasado y del porvenir; el coraz\u00f3n est\u00e1 como suspendido en el pasado y al mismo tiempo es como arrastrado por el futuro, en vez de reposar en el Ser. Dios es Ser, en el sentido absoluto, El es inmutable y omnisciente; El ama lo que es conforme al Ser.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Todo est\u00e1 ya dicho, e incluso bien dicho; pero siempre es necesario recordarlo de nuevo, y al recordarlo, hacer lo que siempre se ha hecho: actualizar en el pensamiento las certidumbres contenidas, no en el ego pensante, sino en la substancia transpersonal de la inteligencia humana. Humana, la inteligencia es total, luego esencialmente capaz de absoluto y, por eso mismo, del sentido de lo relativo; concebir lo absoluto es tambi\u00e9n concebir lo relativo como tal, y es, a continuaci\u00f3n, percibir en lo absoluto las ra\u00edces de lo relativo y, en \u00e9ste, los reflejos de lo absoluto.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>La v\u00eda es simple; es el hombre el que es complicado. Hay que combatir esta complicaci\u00f3n del alma, o las dificultades que el alma experimenta o que ella crea, de tres maneras. En primer lugar, por la inteligencia: el hombre toma consciencia de la relatividad \u0096y, por lo tanto, de la nada\u0096 de las cosas en funci\u00f3n de la absolutidad de Dios. En segundo lugar, por la voluntad: el hombre pone el recuerdo de Dios \u0096luego la consciencia de lo Real\u0096 en el lugar del mundo, o del ego, o de determinada dificultad del mundo o del ego. En tercer lugar, por la virtud: el hombre escapa al ego y a sus miserias retir\u00e1ndose en su Centro, en relaci\u00f3n con el cual el ego es exterior como el mundo. Estas son las tres perfecciones o las tres normas. Perfecci\u00f3n de la inteligencia; perfecci\u00f3n de la voluntad; perfecci\u00f3n del alma.<\/p>\n<p>Cuando el alma ha reconocido que su ser verdadero est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de este n\u00facleo fenom\u00e9nico que es el ego emp\u00edrico y se mantiene de buen grado en el Centro \u0096y \u00e9sta es la virtud principal, la pobreza, o la autoanulaci\u00f3n, o la humildad\u0096, el ego ordinario se le aparece como exterior a su propia prolongaci\u00f3n; tanto m\u00e1s cuanto que se siente en todas partes en la Mano de Dios.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>El fundamento de la vida espiritual, y por lo tanto la raz\u00f3n de ser de la vida sin m\u00e1s, es, por una parte, la verdad, o sea la certeza de lo Real supremo, que es el sumo Bien, y, por otra parte, la v\u00eda, o sea el deseo de la salvaci\u00f3n, que es la felicidad suprema.<\/p>\n<p>A estos dos imperativos se unen necesariamente dos cualidades o actitudes; la resignaci\u00f3n a la voluntad de Dios y la confianza en la bondad de Dios. Estas cualidades, a su vez, implican otras dos virtudes: la gratitud y la generosidad. La gratitud hacia Dios es que apreciemos el valor de lo que Dios nos da, y de lo que nos ha dado desde que nacimos.<\/p>\n<p>La gratitud hacia los hombres es que apreciemos el valor de lo que los dem\u00e1s nos dan, incluido lo que nos da la naturaleza que nos rodea; y estos dones coinciden en el fondo con los dones de Dios.<\/p>\n<p>La generosidad hacia Dios \u0096si se puede decir as\u00ed\u0096 es que nos demos a Dios, y la quintaesencia de este don es la oraci\u00f3n sincera y perseverante.<\/p>\n<p>La generosidad hacia los hombres es que nos demos a los dem\u00e1s, por la caridad en todas sus formas.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>El deseo de vencer defectos porque soy \u00abyo\u00bb quien los tiene es inoperante porque es del mismo orden que estos defectos. Todo defecto es, efectivamente, una forma de ego\u00edsmo, y hasta de orgullo.<\/p>\n<p>Debemos tender hacia la perfecci\u00f3n porque la comprendemos y, por consiguiente, la amamos, y no porque deseemos que nuestro \u00abyo\u00bb sea perfecto. En otros t\u00e9rminos: hay que amar y realizar un virtud porque es verdadera y bella, y no porque nos embellecer\u00eda si la posey\u00e9ramos; y hay que detestar y combatir un defecto porque es falso y feo, y no porque es nuestro y nos afea. Es necesario que el cariz del esfuerzo est\u00e9 determinado por el objeto del esfuerzo.<\/p>\n<p>Hay que realizar las virtudes para que sean, y no para que sean \u00abm\u00edas\u00bb.<\/p>\n<p>Uno puede entristecerse porque desagrada a Dios, pero no porque no es santo mientras que otros lo son.<\/p>\n<p>Comprender una virtud es saber como realizarla; comprender un defecto es saber como vencerlo. Entristecerse porque uno no sabe como vencer un defecto es no comprender la naturaleza de la virtud correspondiente y es aspirar a ella por ego\u00edsmo. Ahora bien, la verdad est\u00e1 por encima del inter\u00e9s.<\/p>\n<p>Tener una virtud es ante todo no tener el defecto que le es contrario, pues Dios nos ha creado virtuosos. Nos ha creado a su imagen; los defectos son sobrea\u00f1adidos. Por lo dem\u00e1s, no somos nosotros quienes poseemos la virtud, es la virtud la que nos posee.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>La pobreza es no apegarse, en la existencia, ni al sujeto ni al objeto.<\/p>\n<p>Se habla mucho de las ilusiones sutiles y de las seducciones que apartan al peregrino espiritual de la v\u00eda recta y provocan su ca\u00edda. Pues bien, estas ilusiones no pueden seducir m\u00e1s que a aquel que desea alg\u00fan provecho para s\u00ed mismo, tal como poderes o dignidades o gloria, o que desea goces interiores o visiones celestiales o voces, y as\u00ed sucesivamente, o un conocimiento tangible de misterios divinos.<\/p>\n<p>Pero aquel que en la oraci\u00f3n no busca nada terrenal, de modo que le es indiferente el ser olvidado por el mundo, y que adem\u00e1s no busca ninguna sensaci\u00f3n, de modo que le indiferente no recibir nada sensible, aqu\u00e9l tiene la verdadera pobreza y no se le puede seducir.<\/p>\n<p>En la verdadera pobreza no queda m\u00e1s que la existencia pura y simple, y \u00e9sta es en su esencia Ser, Consciencia y Beatitud. En la pobreza no le queda al hombre m\u00e1s que lo que es, luego todo lo que es.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Son menos las mezquindades del mundo las que nos envenenan que el hecho de pensar demasiado en ellas. Nunca deber\u00edamos perder consciencia de la luminosa y calma grandeza del Bien Supremo, la cual disuelve todos los nudos de este mundo.<\/p>\n<p>El hecho de que determinado fen\u00f3meno que nos preocupa carezca de belleza no nos obliga a carecer de ella nosotros mismos; discernimiento no es mimetismo. Sin duda, debemos tomar nota de las disonancias de este mundo, pero debemos hacerlo teniendo en cuenta sus proporciones siempre relativas y sin perder contacto con la serenidad del Ser necesario. Esto, con toda evidencia, no tiene nada que ver con un falso desapego que descansa orgullosa e hip\u00f3critamente en errores e injusticias, olvidando que no hay derecho superior al de la verdad.<\/p>\n<p>En espiritualidad, m\u00e1s que en cualquier otro terreno, es importante comprender que el car\u00e1cter de una persona forma parte de su inteligencia: sin un buen car\u00e1cter \u0096un car\u00e1cter normal, y por consiguiente noble\u0096 la inteligencia, aun metaf\u00edsica, es en gran parte ineficaz. El car\u00e1cter es, en primer lugar, lo que queremos, y en segundo lugar, lo que amamos; la inteligencia es s\u00ed es lo que conocemos, o lo que somos capaces de conocer. Y el conocimiento de lo que est\u00e1 fuera de nosotros va acompa\u00f1ado del conocimiento de nosotros mismos.<\/p>\n<p>Por eso una calificaci\u00f3n espiritual implica una calificaci\u00f3n moral; la voluntad y el sentimiento son prolongaciones de la inteligencia, que es esencialmente la facultad de adecuaci\u00f3n. La voluntad, en el plano espiritual, es la tendencia a la realizaci\u00f3n; el sentimiento es \u0096en el mismo plano\u0096 la tendencia a amar lo que es objetivamente digno de amor: lo verdadero, lo santo, lo bello, lo noble.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Para unos, s\u00f3lo el olvido de lo bello \u0096de la \u00abcarne\u00bb seg\u00fan ellos\u0096 nos acerca a Dios, lo que evidentemente es un punto de vista v\u00e1lido, en la pr\u00e1ctica menos; seg\u00fan otros \u0096y esta perspectiva es m\u00e1s profunda\u0096 la belleza sensible tambi\u00e9n acerca a Dios, con la doble condici\u00f3n de una contemplatividad que presiente los arquetipos a trav\u00e9s de las formas y de una actividad espiritual interiorizante que elimina las formas con miras a la Esencia.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>El sentido de la belleza actualizado por la percepci\u00f3n visual o auditiva de lo bello, o por la manifestaci\u00f3n corporal, ya sea est\u00e1tica o din\u00e1mica, de la belleza, equivale a un \u00abrecuerdo de Dios\u00bb si se encuentra en equilibrio con el \u00abrecuerdo de Dios\u00bb propiamente dicho, el cual, por el contrario, exige la extinci\u00f3n de lo perceptible. A la percepci\u00f3n sensible de lo bello debe responder, pues, la retirada hacia la fuente suprasensible de la belleza; la percepci\u00f3n de la teofan\u00eda sensible exige la interiorizaci\u00f3n unitiva.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>A nuestro alrededor est\u00e1 el mundo del estr\u00e9pito y de la incertidumbre; y hay encuentros s\u00fabitos con lo sorprendente, lo incomprensible, lo absurdo, lo decepcionante. Pero estas cosas no tienen derecho a ser un problema para nosotros, aunque s\u00f3lo fuera porque todo fen\u00f3meno tiene una causas, las conozcamos o no.<\/p>\n<p>Sean cuales sean los fen\u00f3menos y sean cuales sean sus causas, siempre est\u00e1 Lo que es, y Lo que es se sit\u00faa m\u00e1s all\u00e1 del mundo del estr\u00e9pito, de las contradicciones y de las decepciones. Esto no puede ser alterado ni disminuido por nada, y Esto es Verdad, Paz y Belleza. Nada lo puede empa\u00f1ar, y nadie puede quit\u00e1rnoslo.<\/p>\n<p>Sean cuales sean los ruidos del mundo o del alma, la Verdad ser\u00e1 siempre la Verdad, la Paz ser\u00e1 siempre la Paz y la Belleza ser\u00e1 siempre la Belleza. Estas realidades son tangibles, est\u00e1n siempre a nuestro alcance inmediato; basta mirar hacia ellas y sumergirse en ellas. Son inherentes a la propia existencia; los accidentes pasan, la substancia permanece.<\/p>\n<p>Deja al mundo ser lo que es y toma tu refugio en la Verdad, la Paz y la Belleza, en las cuales no hay ninguna duda ni ninguna tara.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>El hombre tiene derecho a no aceptar una injusticia, importante o menor, de parte de los hombres, pero no tiene derecho a no aceptarla como una prueba de parte de Dios. Tiene derecho \u0096pues es humano\u0096 a sufrir por una injusticia en la medida en que no consiga situarse por encima de ella, pero tiene que hacer un esfuerzo para conseguirlo; en ning\u00fan caso tiene derecho a hundirse en un abismo de amargura, pues semejante actitud conduce al infierno.<\/p>\n<p>El hombre no tiene inter\u00e9s en primer lugar en vencer una injusticia; tiene inter\u00e9s en primer lugar en salvar su alma y en ganar el Cielo. Por esto ser\u00eda un mal negocio obtener justicia a costa de nuestros intereses \u00faltimos, ganar por el lado de lo temporal y perder por el lado de lo eterno; a lo que el hombre se arriesga gravemente cuando la preocupaci\u00f3n por su derecho deteriora su car\u00e1cter o refuerza sus defectos.<\/p>\n<p>En caso de encuentro con el mal \u0096y debemos a Dios y a nosotros mismos el mantenernos en la paz\u0096 podemos utilizar los argumentos siguientes.<\/p>\n<p>En primer lugar, ning\u00fan mal puede invalidar el Bien Supremo ni debe perturbar nuestra relaci\u00f3n con Dios; nunca debemos perder de vista, en contacto con el absurdo, los valores absolutos.<\/p>\n<p>En segundo lugar, debemos tener consciencia de la necesidad metaf\u00edsica del mal.<\/p>\n<p>En tercer lugar, no perdamos nunca de vista los l\u00edmites del mal ni su relatividad \u0096vincit omnia veritas\u0096.<\/p>\n<p>En cuarto lugar, hay que resignarse, con toda evidencia, a la voluntad de Dios, es decir, a nuestro destino; el destino, por definici\u00f3n, es aquello a lo que no podemos escapar.<\/p>\n<p>En quinto lugar \u0096y esto resulta del argumento anterior\u0096, Dios quiere probar nuestra fe, y por tanto tambi\u00e9n nuestra sinceridad, nuestra confianza y nuestra paciencia; por esto se habla de las \u00abpruebas de la vida\u00bb.<\/p>\n<p>En sexto lugar, Dios no nos pedir\u00e1 cuentas por lo que hacen los dem\u00e1s, ni por lo que nos ocurre sin que seamos responsables de ello; s\u00f3lo nos pedir\u00e1 cuentas por lo que hacemos nosotros mismos.<\/p>\n<p>En s\u00e9ptimo lugar, por \u00faltimo, la felicidad no es par esta vida, sino para la otra; la perfecci\u00f3n no es de este mundo, y la \u00faltima palabra la tiene la Beatitud.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Los dos grandes escollos de la vida terrestre son la exterioridad y la materia; o, m\u00e1s precisamente, la exterioridad desproporcionada y la materia corruptible. La exterioridad es la falta de equilibrio entre nuestra tendencia hacia las cosas exteriores y nuestra tendencia hacia lo interior; y la materia es la substancia inferior \u0096inferior con respecto a nuestra naturaleza espiritual\u0096 en la que estamos encerrados en la tierra (en el cielo nuestra materia ser\u00e1 transubstanciada).<\/p>\n<p>Lo que se impone no es rechazar lo exterior sin admitir m\u00e1s que lo interior, sino realizar una relaci\u00f3n hacia lo interior \u0096una interioridad espiritual, precisamente\u0096 que prive a la exterioridad de su tiran\u00eda a la vez dispersante y compresiva y que, por el contrario, nos permita \u00abver a Dios en todas partes\u00bb; es decir, percibir en las cosas los s\u00edmbolos y los arquetipos, integrar, en suma, lo exterior en lo interior y hacer de \u00e9l un soporte de interioridad. La belleza, percibida por un alma espiritualmente interiorizada, es interiorizante.<\/p>\n<p>En cuanto a la materia, lo que se impone no es negarla \u0096si ello fuera posible\u0096, sino sustraerse a su tiran\u00eda seductora; distinguir en ella lo que es arquet\u00edpico y puro de lo que es accidental e impuro; tratarla con nobleza y sobriedad.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>La vida no es, como creen los ni\u00f1os y los mundanos, una suerte de espacio lleno de posibilidades que se ofrecen a nuestro capricho; es un camino que se va estrechando desde el momento presente hasta la muerte. Al final de este camino est\u00e1 la muerte y el encuentro con Dios, y despu\u00e9s la eternidad. Ahora bien, todas estas cualidades est\u00e1n ya presentes en la oraci\u00f3n, en la actualidad intemporal de la Presencia divina.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Cada vez que el hombre se encuentra ante Dios con un coraz\u00f3n \u00edntegro \u0096es decir, pobre y sin hinchaz\u00f3n\u0096, se encuentra en el terreno de la absoluta certeza, la de su salvaci\u00f3n condicional as\u00ed como la de Dios. Y por esto Dios nos ha hecho don de esta clave sobrenatural que es la oraci\u00f3n: a fin de que pudi\u00e9ramos estar ante El, como en el estado primordial, y como siempre y en todas partes; o como en la eternidad.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Hay un hombre exterior y un hombre interior; el primero vive en el mundo y experimenta su influencia, mientras que el segundo mira hacia Dios y vive de la oraci\u00f3n. Ahora bien, es necesario que el primero no se afirme en detrimento del segundo; es lo inverso lo que debe tener lugar. En vez de hinchar al hombre exterior y dejar morir al hombre interior, hay que dejar expandirse al hombre interior y confiar los cuidados del exterior a Dios.<\/p>\n<p>Quien dice hombre exterior dice preocupaciones del mundo, o incluso mundanalidad; existe, en efecto, en todo hombre la tendencia a apegarse demasiado a tal o cual elemento de la vida pasajera, o de preocuparse demasiado por \u00e9l, y el adversario se aprovecha de ello para causarnos perturbaciones. Existe tambi\u00e9n el deseo de ser m\u00e1s feliz de lo que se es, o el deseo de no sufrir injusticias incluso anodinas, o el deseo de comprenderlo todo siempre, o el deseo de no sufrir nunca una decepci\u00f3n; todo esto es mundanalidad sutil, a la que hay que responder con el desapego sereno, con la certidumbre principial e inicial de Lo \u00fanico que importa, y despu\u00e9s con la paciencia y la confianza. Cuando no viene ninguna ayuda del Cielo es porque se trata de una dificultad que podemos y debemos resolver con los medios que el Cielo ha puesto a nuestra disposici\u00f3n. De una manera absoluta, hay que encontrar la felicidad en la oraci\u00f3n, es decir, hay que encontrar en ella suficiente felicidad como para no dejarnos turbar en exceso por las cosas del mundo, tanto m\u00e1s cuanto que las disonancias no pueden dejar de ser, siendo el mundo lo que es.<\/p>\n<p>Existe el deseo de no sufrir injusticias o incluso, simplemente, de no ser perjudicado. Ahora bien, una de dos: o bien las injusticias resultan de nuestras faltas pasadas, y entonces nuestras pruebas agotan esta masa causal; o bien las injusticias resultan de nuestro car\u00e1cter, y entonces nuestras pruebas lo manifiestan; en ambos casos hay que dar gracias a Dios e invocarlo con tanto m\u00e1s fervor, sin preocuparnos de la paja mundana. Hay que decirse tambi\u00e9n que la gracia de la oraci\u00f3n compensa infinitamente todas las disonancias de las que podemos sufrir y que, en comparaci\u00f3n con esta gracia, la desigualdad de los favores terrenos es una pura nada. No olvidemos nunca que una gracia infinita nos obliga a una gratitud infinita, y que la primera etapa de la gratitud es el sentido de las proporciones.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Cada vez que el hombre se encuentra ante Dios con un coraz\u00f3n \u00edntegro \u0096es decir, pobre y sin hinchaz\u00f3n\u0096, se encuentra en el terreno de la absoluta certeza, la de su salvaci\u00f3n condicional as\u00ed como la de Dios. Y por esto Dios nos ha hecho don de esta clave sobrenatural que es la oraci\u00f3n: a fin de que pudi\u00e9remos estar ante El, como en el estado primordial, y como siempre y en todas partes; o como en la eternidad.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n \u0096en el sentido m\u00e1s amplio\u0096 triunfa sobre los cuatro accidentes de nuestra existencia: el mundo, la vida, el cuerpo, el alma; podr\u00edamos decir tambi\u00e9n: el espacio, el tiempo, la materia, el deseo. Se sit\u00faa en la existencia como un refugio, como un islote. S\u00f3lo en ella somos perfectamente nosotros mismos, porque nos pone en presencia de Dios. Es como un diamante que nada puede empa\u00f1ar y al que nada se resiste.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es el mundo sino un flujo de formas, y qu\u00e9 es la vida sino una copa que, aparentemente, se vac\u00eda entre dos noches? \u00bfY qu\u00e9 es la oraci\u00f3n sino el \u00fanico punto estable \u0096hecho de paz y de luz\u0096 en este universo de sue\u00f1o, y la puerta estrecha hacia todo lo que el mundo y la vida han buscado en vano?<\/p>\n<p>En la vida de un hombre estas cuatro certezas lo son todo: el momento presente, la muerte, el encuentro con Dios, la eternidad. La muerte es una salida, un mundo que se cierra; el encuentro con Dios es como una abertura hacia una infinitud fulgurante e inmutable; la eternidad es una plenitud de ser en la pura luz; y el momento presente es, en nuestra duraci\u00f3n, un lugar casi inasible en el que somos ya eternos \u0096una gota de eternidad en el vaiv\u00e9n de las formas y las melod\u00edas\u0096. La oraci\u00f3n da al instante terrestre todo su peso de eternidad y su valor divino; es la santa barca que conduce, a trav\u00e9s de la vida y de la muerte, hacia la otra orilla, hacia el silencio de luz, pero no es ella, en el fondo, quien atraviesa el tiempo repiti\u00e9ndose, es el tiempo el que se detiene, por decirlo as\u00ed, ante su unicidad ya celestial.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>El hombre reza, y la oraci\u00f3n forma al hombre. El santo se ha convertido \u00e9l mismo en oraci\u00f3n, lugar de encuentro entre la tierra y el Cielo; \u00e9l contiene, por ello, el universo, y el universo reza con \u00e9l. Est\u00e1 en todas partes donde reza la naturaleza, reza con ella y en ella: en las cimas que tocan el vac\u00edo y la eternidad, en una flor que se abre, o en el canto perdido de un p\u00e1jaro. Qui\u00e9n vive en la oraci\u00f3n no ha vivido en vano.<\/p>\n<p>Estos son algunos fragmentos extra\u00eddos del libro LAS PERLAS DEL PEREGRINO, Frithjof Schuon, editorial OLA\u00d1ETA (Apartado 296-07080 Palma de Mallorca) I.S.B.N. 84-85354-27-2<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PERLAS DE SABIDUR\u00cdA FRITHJOF SCHUON La funci\u00f3n esencial de la inteligencia humana es el discernimiento entre lo Real y lo ilusorio, o entre lo Permanente y lo impermanente; y la funci\u00f3n esencial de la voluntad es el apego a lo Permanente o a lo Real. 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