{"id":3831,"date":"2009-03-04T15:54:51","date_gmt":"2009-03-04T15:54:51","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3831"},"modified":"2009-03-04T15:54:51","modified_gmt":"2009-03-04T15:54:51","slug":"fundamentos-de-una-estetica-integral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3831","title":{"rendered":"FUNDAMENTOS DE UNA ESTETICA INTEGRAL"},"content":{"rendered":"<p>FUNDAMENTOS DE UNA ESTETICA INTEGRAL<\/p>\n<p>FRITHJOF SCHUON<\/p>\n<p>El esoterismo implica cuatro dimensiones principales: una intelectual, de la que testimonia la doctrina; una volitiva o t\u00e9cnica, que engloba los medios directos o indirectos de la v\u00eda; una moral, que concierne a las virtudes intr\u00ednsecas y extr\u00ednsecas; una est\u00e9tica, de la que derivan el simbolismo y el arte desde el doble punto de vista objetivo y subjetivo.<\/p>\n<p>Exot\u00e9ricamente, la belleza representa, bien un atractivo excusable o inexcusable, bien una expresi\u00f3n de la piedad y, por lo mismo, el revestimiento de un simbolismo teol\u00f3gico; esot\u00e9ricamente ejerce la funci\u00f3n de medio espiritual en conexi\u00f3n con la contemplaci\u00f3n y el \u00abrecuerdo\u00bb interiorizante. Por \u00abest\u00e9tica integral\u00bb entendemos, en efecto, una ciencia que da cuenta, no solamente de la belleza sensible, sino tambi\u00e9n de los fundamentos espirituales de \u00e9sta (1), fundamentos que explican la frecuente conexi\u00f3n entre las artes y los m\u00e9todos inici\u00e1ticos.<\/p>\n<p>La est\u00e9tica en s\u00ed, al ser la ciencia de lo bello, concierne tanto a las leyes de la belleza objetiva como a las de la sensaci\u00f3n de lo bello. Es objetivamente bello lo que expresa de \u00e9sta o aqu\u00e9lla manera un aspecto del esplendor c\u00f3smico y, en \u00faltima instancia, divino, y lo hace conforme a los principios de jerarqu\u00eda y equilibrio que este esplendor implica y exige; la percepci\u00f3n de la belleza, que es una adecuaci\u00f3n rigurosa y no una ilusi\u00f3n subjetiva, implica esencialmente, por una parte, una satisfacci\u00f3n de la inteligencia y, por otra, un sentimiento a la vez de seguridad, de infinitud y de amor. De seguridad, porque la belleza es unitiva y porque excluye, con una especie de evidencia musical, la fisuras de la duda y de la inquietud; de infinitud, porque la belleza, por su misma musicalidad, hace que se fundan los endurecimientos y os l\u00edmites y de esta forma libera al alma de sus estrecheces, aunque solo fuera de una forma lejana e \u00ednfima; de amor, porque la belleza llama al amor, es decir, invita a la uni\u00f3n y, por tanto, a la extinci\u00f3n unitiva. Todos estos factores producen la satisfacci\u00f3n de la inteligencia, que adivina espont\u00e1neamente en la belleza -en la medida en que la comprende- la verdad y el bien, o la realidad y su potencia liberadora.<\/p>\n<p>El Divino Principio es el absoluto y, siendo el absoluto, es el Infinito. Es de la Infinitud de donde surge la M\u00e2y\u00e2 manifestadora o creadora, y esta Manifestaci\u00f3n realiza una tercera cualidad hipost\u00e1tica, la Perfecci\u00f3n. Absolutidad, Infinitud, Perfecci\u00f3n; por consiguiente: la belleza, en cuanto manifestaci\u00f3n, exige la perfecci\u00f3n, y \u00e9sta se realiza seg\u00fan la absolutidad por una parte y seg\u00fan la Infinitud por otra. Al reflejar el Absoluto, la belleza realiza un modo de regularidad y, al reflejar el Infinito, realiza un modo de misterio. Siendo perfecci\u00f3n, la belleza es regularidad y misterio; es por estas dos cualidades por lo que estimula y al mismo tiempo apacigua a la inteligencia, y a la sensibilidad conforme a la inteligencia. En el arte sagrado se encuentra en todas partes, y necesariamente, la regularidad y el misterio. Seg\u00fan una concepci\u00f3n profana, la del clasicismo, es la regularidad la que hace la belleza; pero la belleza de que se trata est\u00e1 desprovista de espacio o de profundidad, puesto que es sin misterio y, por lo tanto, sin la vibraci\u00f3n de la infinitud. Ocurre ciertamente en el arte sagrado que el misterio prevalece sobre la regularidad, o inversamente, pero los dos elementos est\u00e1n siempre all\u00ed; es su equilibrio el que crea la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>La Manifestaci\u00f3n c\u00f3smica refleja o proyecta necesariamente el Principio seg\u00fan la absolutidad y seg\u00fan la Infinitud; inversamente, el Principio contiene o prefigura la ra\u00edz de la Manifestaci\u00f3n, luego de la Perfecci\u00f3n, y esto es el Logos. El Logos combina in divinis la regularidad y el misterio; es, por decirlo as\u00ed, la Belleza manifestada de Dios; pero esta manifestaci\u00f3n sigue siendo principal, no es c\u00f3smica. Se ha dicho que Dios es ge\u00f3metra, pero es importante a\u00f1adir que es tambi\u00e9n m\u00fasico.<\/p>\n<p>Absoluto, Infinito, Perfecci\u00f3n. Podr\u00edamos representar el primer elemento por el punto, el segundo por los radios y el tercero por el c\u00edrculo. La Perfecci\u00f3n es el Absoluto proyectado, en virtud de la Infinitud, en la relatividad; es, por definici\u00f3n, adecuada, pero no el Absoluto o, dicho de otro modo, es un determinado Absoluto -a saber, el Absoluto manifestado-, pero no es el Absoluto como tal; y por \u00abAbsoluto manifestado\u00bb hay que entender siempre lo siguiente: manifestado de una determinada manera. El Infinito es la Feminidad divina, de \u00e9l procede la Manifestaci\u00f3n; en el Infinito, la Belleza es esencial, luego informal, indiferenciada e inarticulada, mientras que en y por la Manifestaci\u00f3n se coagula y se vuelve tangible, no solamente a causa del hecho mismo de la exteriorizaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n, y positivamente, en virtud de su contenido, imagen del Absoluto y factor de necesidad, luego de regularidad.<\/p>\n<p>La funci\u00f3n c\u00f3smica o, m\u00e1s particularmente, terrenal de la belleza es la de actualizar en la criatura inteligente la memoria plat\u00f3nica de los arquetipos, hasta llegar a la Noche luminosa del Infinito (2). Lo que nos lleva a la conclusi\u00f3n de que la comprensi\u00f3n plena de la belleza exige la virtud y se identifica con ella: es decir, de la misma manera que es preciso distinguir, en la belleza objetiva, la estructura exterior y el mensaje en profundidad, tambi\u00e9n hay que hacer una distinci\u00f3n, en el sentido de lo bello entre la sensaci\u00f3n est\u00e9tica y la correspondiente belleza del alma, a saber, tal virtud. Fuera de toda cuesti\u00f3n de \u00abconsolaci\u00f3n sensible\u00bb, el mensaje de la belleza es a la vez intelectual y moral: intelectual, porque nos comunica, en el mundo de la accidentalidad, aspectos de la Substancia sin, no obstante, tener que dirigirse al pensamiento abstracto; y moral, porque nos recuerda lo que debemos amar y, por consiguiente, ser.<\/p>\n<p>Conforme al principio plat\u00f3nico de que lo semejante se asocia de buen grado con lo semejante, Plotino observa que \u00abes siempre f\u00e1cil atraer al Alma universal&#8230;, construyendo un objeto apto para sufrir su influencia y recibir su participaci\u00f3n. Ahora bien, la representaci\u00f3n gr\u00e1fica de una cosa es siempre apta para sufrir la influencia de su modelo; es como un espejo capaz de captar su apariencia\u00bb (3).<\/p>\n<p>Este pasaje enuncia el principio crucial de la relaci\u00f3n casi m\u00e1gica entre el recipiente conforme y el contenido predestinado, o entre el s\u00edmbolo adecuado y la presencia sacramental del prototipo. Las ideas de Plotino deben ser comprendidas a la luz de las del \u00abdivino Plat\u00f3n\u00bb: ahora bien, \u00e9ste aprobaba los tipos fijos de las esculturas sagradas de Egipto, pero rechazaba las obras de los artistas griegos que imitaban la naturaleza en su accidentalidad exterior e insignificante siguiendo su imaginaci\u00f3n individual. Este veredicto excluye de entrada, del arte sagrado, las reproducciones de un naturalismo virtuoso, exteriorizante, accidentalizante y sentimentalista, el cual peca tanto por abuso de la inteligencia como por olvido de lo interior y de lo esencial.<\/p>\n<p>Y de la misma, con mayor raz\u00f3n: el alma inadecuada, es decir, no conforme con su dignidad primordial de \u00abimagen de Dios\u00bb, no puede atraer las gracias que favorecen o incluso constituyen la santidad. Seg\u00fan Plat\u00f3n, el ojo es el \u00abinstrumento m\u00e1s solar\u00bb, lo que Plotino comenta as\u00ed: \u00abNunca el ojo habr\u00eda visto el sol si no fuera \u00e9l mismo de la naturaleza solar, como tampoco el alma podr\u00eda ver lo bello si no fuera bella ella misma.\u00bb Ahora bien, la belleza Plat\u00f3nica es un aspecto de la Divinidad, y es por esto por lo que es el \u00abesplendor de lo Verdadero\u00bb; es decir, que la Infinitud es de alguna manera el aura del Absoluto, o que M\u00e2y\u00e2 es la shakti de Atm\u00e2 y, por consiguiente, toda hip\u00f3stasis de lo Real absoluto -cualquiera que sea su grado- se acompa\u00f1a de una irradiaci\u00f3n que podr\u00edamos intentar definir con la ayuda de las nociones de \u00abarmon\u00eda\u00bb, \u00abbelleza\u00bb, \u00abbondad\u00bb, \u00abmisericordia\u00bb y \u00abbeatitud\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abDios es bello y ama la belleza\u00bb, dice un had\u00eeth que hemos citado m\u00e1s de una vez (4): Atm\u00e2 es no solamente Sat y Chit, \u00abSer\u00bb y \u00abConciencia\u00bb -o, m\u00e1s relativamente, \u00abPotencia\u00bb y \u00abOmnisciencia\u00bb-, sino tambi\u00e9n Ananda, \u00abBeatitud\u00bb, luego Belleza y Bondad (5); y lo que queremos conocer y realizar debemos reflejarlo a priori en nuestro propio ser, porque no podemos conocer perfectamente, en el orden de las realidades positivas (6), m\u00e1s que lo que somos.<\/p>\n<p>Los elementos de belleza, sean visuales o auditivos, est\u00e1ticos o din\u00e1micos, no son solamente agradables, son, ante todo, verdaderos y su atractivo viene de su verdad; \u00e9ste es el dato m\u00e1s evidente y, no obstante, menos comprendido de la est\u00e9tica. Adem\u00e1s, como Plotino hace notar, todo elemento de belleza o de armon\u00eda es un espejo o un recept\u00e1culo que atrae la presencia espiritual que corresponde a su forma o a su color, si se puede decir; si esto se aplica lo m\u00e1s directamente posible a los s\u00edmbolos sagrados, vale igualmente, de una manera menos directa y m\u00e1s difusa, para todas las cosas arm\u00f3nicas, luego verdaderas. As\u00ed, un ambiente artesanal hecho de una sobria belleza -porque no se trata de suntuosidad m\u00e1s que en casos muy particulares- atrae o favorece la barakah, la \u00abbendici\u00f3n\u00bb; no es que cree la espiritualidad, como tampoco el aire puro crea la salud, pero es, en todo caso, conforme a ella, lo que es mucho, y lo que es, humanamente, lo normal.<\/p>\n<p>A despecho de estos datos que nos parecen evidentes y que se encuentran corroborados por todas las bellezas que el cielo ha otorgado a los mundos tradicionales, algunos preguntar\u00e1n sin duda qu\u00e9 conexi\u00f3n puede tener el valor est\u00e9tico de una casa, de un mobiliario o de un utensilio con la realizaci\u00f3n espiritual. \u00bfCu\u00e1ndo, pues, un Shankara se ha ocupado de est\u00e9tica o de moral? A esto respondemos que el alma de un sabio de esta envergadura es naturalmente bella y est\u00e1 indemne de toda mezquindad y que, adem\u00e1s, un ambiente \u00edntegramente tradicional -sobre todo en un medio como el de los brahmanes- excluye ampliamente, si no absolutamente, la fealdad art\u00edstica o artesanal; de manera que un Shankara no ten\u00eda nada que ense\u00f1ar -ni a fortiori que aprender- sobre el tema de los valores est\u00e9ticos, a menos de ser un artista por vocaci\u00f3n o por profesi\u00f3n, algo que no fue y que su misi\u00f3n estaba lejos de exigir.<\/p>\n<p>Ciertamente, la sensaci\u00f3n de lo bello puede efectivamente no ser m\u00e1s que un placer, seg\u00fan el grado de receptividad; pero seg\u00fan su naturaleza y para el Intelecto y en virtud, por su puesto, de su objeto, ofrece paralelamente a su musicalidad una satisfacci\u00f3n intelectual, luego un elemento de conocimiento.<\/p>\n<p>Resulta necesario disipar aqu\u00ed el error seg\u00fan el cual todo en la naturaleza es bello por el solo hecho de pertenecer a ella, y de que todo en la producci\u00f3n tradicional es asimismo bello por pertenecer a la tradici\u00f3n; que, por consiguiente, la fealdad no existe ni en el reino animal ni en el reino vegetal, puesto que, al parecer, toda criatura \u00abes perfectamente lo que ella debe ser\u00bb, lo que no tiene, verdaderamente, la menor relaci\u00f3n con la cuesti\u00f3n est\u00e9tica; y que el m\u00e1s magn\u00edfico de los santuarios no es m\u00e1s bello que cualquier utensilio, porque el utensilio \u00abes exactamente lo que debe ser\u00bb. Esto es pretender, no solamente que una especie animal fea es est\u00e9ticamente equivalente a una especie bella, sino tambi\u00e9n que la belleza no vale m\u00e1s que por la ausencia de fealdad y no por su contenido propio, como si la belleza de un hombre fuera el equivalente de la de una mariposa, una flor o una gema. Ahora bien, la belleza es una cualidad c\u00f3smica que no se deja reducir a abstracciones extra\u00f1as a su naturaleza; paralelamente, lo feo no est\u00e1 solamente en la cosa que no es enteramente lo que debe ser, no consiste solamente en una imperfecci\u00f3n accidental o en una falta de gusto; est\u00e1 en todo lo que manifiesta, accidental o substancialmente, artificial o naturalmente, una privaci\u00f3n de verdad ontol\u00f3gica, de bondad existencial o, lo que viene a ser lo mismo, de realidad. La fealdad es, muy parad\u00f3jicamente, la manifestaci\u00f3n de una nada relativa: de una nada que no puede afirmarse m\u00e1s que negando o socavando un elemento de Ser, luego de belleza. Es decir que, de una cierta manera y hablando el\u00edpticamente, lo feo es menos real que lo bello, y no existe en suma m\u00e1s que gracias a una belleza subyacente a la que desfigura; en resumen, es la realidad de una irrealidad, o la posibilidad de una imposibilidad, como todas las manifestaciones privativas.<\/p>\n<p>El argumento de que la cualidad est\u00e9tica est\u00e1 lejos de coincidir siempre con la cualidad moral y que, por consiguiente, es algo vano, este argumento, justo por su observaci\u00f3n y falso por su conclusi\u00f3n, deja de lado una evidencia, a saber, que el m\u00e9rito ontol\u00f3gico y en principio espiritual de la belleza permanece intacto en su plano; que una cualidad est\u00e9tica no sea valorizada no impide que pudiera y debiera serlo y que en tal caso probar\u00eda su potencialidad espiritual y, por tanto, su verdadera naturaleza. Inversamente, la fealdad es una privaci\u00f3n incluso cuando se al\u00eda con la santidad, que no puede volverla positiva, pero que evidentemente la neutraliza, exactamente como la perversi\u00f3n moral esteriliza la belleza, pero sin abolirla en lo que tiene de existencial, no de volitivo.<\/p>\n<p>El dilema de los moralistas encerrados en la alternativa del \u00abblanco o negro\u00bb se resuelve metaf\u00edsicamente por la complementariedad entre la trascendencia y la inmanencia: seg\u00fan la primera, nada es realmente bello porque s\u00f3lo Dios es la Belleza; seg\u00fan la segunda, toda belleza es realmente bella porque es la Belleza de Dios. De ello resulta que toda belleza es a la vez una puerta cerrada y una puerta abierta o, dicho de otro modo, un obst\u00e1culo y un veh\u00edculo. O bien la belleza nos aleja de Dios porque se identifica enteramente en nuestro esp\u00edritu con su soporte terreno, que en tal caso ejerce la funci\u00f3n de \u00eddolo, o bien nos aproxima a Dios porque percibimos en ella las vibraciones de Beatitud y de Infinitud que emanan de la Belleza divina. (8)<\/p>\n<p>Muy parad\u00f3jicamente, lo que acabamos de decir se aplica tambi\u00e9n a las virtudes; los suf\u00edes insisten en ello. Como las bellezas f\u00edsicas, las bellezas morales son a la vez soportes y obst\u00e1culos: son soportes gracias a su naturaleza profunda, que pertenece ontol\u00f3gicamente a Dios, y son obst\u00e1culos en la medida en que el hombre se las atribuye como m\u00e9rito cuando no son m\u00e1s que aperturas hacia Dios en medio de las tinieblas de la debilidad humana.<\/p>\n<p>La virtud separada de Dios se convierte en orgullo, como la belleza separada de Dios se convierte en un \u00eddolo; y la virtud unida a Dios se convierte en santidad, como la belleza unida a Dios se convierte en sacramento.<\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p>1.- No hay que confundir la est\u00e9tica con el estetismo ni con el esteticismo. El segundo t\u00e9rmino evoca un movimiento literario y art\u00edstico de la Inglaterra del siglo XIX, mientras que el tercero -poco usado en franc\u00e9s pero corriente en alem\u00e1n (Aesthetizismus)- designa simplemente una preocupaci\u00f3n abusiva por valores est\u00e9ticos ya reales ya imaginarios o, al menos, muy relativos. Por lo dem\u00e1s, no hay que arrojar demasiado f\u00e1cilmente la piedra a los estetas rom\u00e1nticos, que ten\u00edan el m\u00e9rito de la nostalgia muy comprensible en un mundo que se hund\u00eda en una mediocridad sin esperanza y en una fealdad fr\u00eda e inhumana.<\/p>\n<p>2.-Seg\u00fan Pit\u00e1goras y Plat\u00f3n, el alma ha o\u00eddo las armon\u00edas celestiales antes de ser exiliada a la tierra, y la m\u00fasica despierta en el alma el recuerdo de estas melod\u00edas.<\/p>\n<p>3.- este principio no puede impedir que una influencia celestial se manifieste incidental o accidentalmente en una imagen incluso muy imperfecta -quedando excluidas las obras de la perversi\u00f3n y de la subversi\u00f3n- por pura misericordia y a t\u00edtulo de \u00abexcepci\u00f3n que confirma la regla\u00bb.<\/p>\n<p>4.- Otro had\u00eet nos recuerda que \u00abel coraz\u00f3n del creyente es dulce y ama la dulzura (hl\u00e2wah)\u00bb. lo \u00abdulce\u00bb, seg\u00fan la palabra \u00e1rabe, es al mismo tiempo lo agradable con un matiz de belleza primaveral; lo que equivale a decir que el coraz\u00f3n del creyente es profundamente ben\u00e9volo, porque, al haber vencido la dureza propia del ego\u00edsmo y la mundanalidad, est\u00e1 hecho de dulzura o de generosa belleza.<\/p>\n<p>5.- Cuando el Cor\u00e1n dice que Dios \u00abse ha prescrito a s\u00ed mismo la Misericordia\u00bb (Rahmah), afirma que \u00e9sta pertenece a la Esencia misma de Dios; por lo dem\u00e1s la noci\u00f3n de Misericordia no da cuenta, m\u00e1s que de una manera parcial y extr\u00ednseca, de la naturaleza beat\u00edfica del Infinito.<\/p>\n<p>6.- Esta reserva significa que no conocemos las realidades privativas -que precisamente manifiestan irrealidad- m\u00e1s que por contraste; por ejemplo, el alma comprende la fealdad moral en la medida en que ella misma es moralmente bella, y no puede serlo m\u00e1s que por participaci\u00f3n en la Belleza divina, la Belleza en s\u00ed.<\/p>\n<p>7.- Esta es toda la diferencia que existe entre los rasgos de un rostro y su expresi\u00f3n, o entre la forma de un cuerpo y sus gestos, o todav\u00eda, entre la forma de un ojo y su mirada. Esto no impide que incluso la mirada de una persona moralmente imperfecta pueda poseer belleza cuando expresa la primavera de la juventud, o simplemente la alegr\u00eda, un buen sentimiento o la tristeza; pero todo esto es una cuesti\u00f3n de grado, sea de la belleza natural, sea de la imperfecci\u00f3n moral.<\/p>\n<p>8.- R\u00e2makrishna, contemplando un vuelo de grullas, un le\u00f3n, una danzarina, ca\u00eda en \u00e9xtasis. Es lo que se llama \u00abver a Dios en todas partes\u00bb; no descifrando los simbolismos, por supuesto, sino percibiendo sus esencias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FUNDAMENTOS DE UNA ESTETICA INTEGRAL FRITHJOF SCHUON El esoterismo implica cuatro dimensiones principales: una intelectual, de la que testimonia la doctrina; una volitiva o t\u00e9cnica, que engloba los medios directos o indirectos de la v\u00eda; una moral, que concierne a las virtudes intr\u00ednsecas y extr\u00ednsecas; una est\u00e9tica, de la que derivan el simbolismo y el arte desde el doble punto<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[151],"tags":[],"class_list":["post-3831","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-frithjof-schuon"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3831","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3831"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3831\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3831"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3831"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3831"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}