{"id":3719,"date":"2009-03-02T17:00:42","date_gmt":"2009-03-02T17:00:42","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3719"},"modified":"2009-03-02T17:00:42","modified_gmt":"2009-03-02T17:00:42","slug":"-\u00c9mile-michel-cioran","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3719","title":{"rendered":"\u00c9mile Michel Cioran"},"content":{"rendered":"<p>Ensayista franc\u00e9s de origen rumano (Rasinari, 1911-Par\u00eds, 1995). Fil\u00f3sofo y moralista de origen rumano que escribi\u00f3 en lengua francesa, cuya obra nihilista e ir\u00f3nica es la de un pensador radicalmente pesimista, que ha desarrollado una profunda reflexi\u00f3n en torno de la absurdidad y del vac\u00edo del hombre. Tras cursar estudios de filosof\u00eda en Bucarest y escribir una tesis sobre el fil\u00f3sofo franc\u00e9s Henri Bergson (que le vali\u00f3 obtener en 1937 una beca del Instituto Franc\u00e9s), se traslad\u00f3 a Francia. Tras elegir la condici\u00f3n de ap\u00e1trida, residi\u00f3 en este pa\u00eds hasta su muerte. <\/p>\n<p>Su libro Breviario de podredumbre (1949), primer texto escrito en franc\u00e9s como\u00a0 desaf\u00edo hacia una lengua de adopci\u00f3n, &#8220;en las ant\u00edpodas de [su] naturaleza, de [su] profusi\u00f3n, de [su] yo verdadero&#8221;, es una manera de mantenerse prudentemente a distancia de su afectividad y de hacer frente a la propensi\u00f3n a la exageraci\u00f3n que estigmatiza en todos los comportamientos humanos. Sus otros ensayos, Silogismos de la amargura (1952), La tentaci\u00f3n de existir (1956), La ca\u00edda en el tiempo (1965), Del inconveniente de haber nacido (1973), son otras tantas acusaciones virulentas y met\u00f3dicas contra las ideolog\u00edas, las religiones y las filosof\u00edas inventadas por el hombre para justificar su existencia y sus actos. <\/p>\n<p>Convencido de la miseria fundamental de la criatura humana, de la burla de todas las cosas, asc\u00e9tico en extremo en su estilo y su pensamiento tanto como en su existencia, este gran admirador de los prosistas del siglo XVIII manejaba, al igual que ellos, el aforismo, el silogismo y la paradoja corrosiva. Su gusto por lo peor y su amargura apocal\u00edptica le valieron ser presentado como un &#8220;esteta de la desesperaci\u00f3n&#8221; o un &#8220;cortesano del vac\u00edo&#8221;, calificaciones que recibi\u00f3 con complacencia ir\u00f3nica, ya que \u00e9l mismo se prestaba de buen grado a la\u00a0 autocaricatura al describirse a s\u00ed mismo como un &#8220;sepulturero con un barniz de metaf\u00edsica&#8221;, un &#8220;triste por decreto divino&#8221; o un &#8220;mortinato de clarividencia&#8221;. <\/p>\n<p>Otras obras suyas son Ejercicios de admiraci\u00f3n (1986) y El crep\u00fasculo del pensamiento (1991). En El aciago demiurgo, define al mundo como creaci\u00f3n no del &#8220;Dios Bueno&#8221;, sino de alguien inferior e identificado con el principio del Mal. <\/p>\n<p>La cosmovisi\u00f3n de un esclarecido<\/p>\n<p>Definir a Emile Cioran como a una persona que ha alcanzado la suficiente claridad de lo que sucede en la Tierra, no pretende situarlo en el plano de los &#8220;iluminados&#8221;, entendiendo por tales a esos sujetos que proyectan una cierta magia, una luz, una transmisi\u00f3n de &#8220;Fuerza Divina&#8221; bajo la que se supone que est\u00e1n inspirados. Un esclarecido no necesariamente es quien puede guiar a otros hacia la iluminaci\u00f3n, en cuanto a establecer una conexi\u00f3n c\u00f3smica, espiritual con lo Superior. <\/p>\n<p>Deber\u00eda ser as\u00ed, claro, pero ser\u00eda demasiado pretensioso llegar a tanto en medio de una realidad tan dificultosa, que en ella la confusi\u00f3n prevalece por sobre todo. Una confusi\u00f3n en la cual todo parece estar claro, seg\u00fan lo que las creencias religiosas ense\u00f1an. Por eso, el s\u00f3lo hecho de advertir que tal claridad es falsa, ya es mucho. <\/p>\n<p>El s\u00f3lo hecho de advertir que todo es enga\u00f1oso, es demasiado. Aunque se ignore d\u00f3nde est\u00e1 la verdad, el s\u00f3lo hecho de identificar la mentira oculta detr\u00e1s de los dogmas oficializados como verdades, es haber logrado esclarecimiento. No un esclarecimiento al punto tal de saber d\u00f3nde est\u00e1 Dios o d\u00f3nde est\u00e1 el camino a las estrellas. Pero s\u00ed el necesario esclarecimiento para no confundir con Dios a deidades inferiores, y no confundir el espinoso camino de la vida en un mundo fuera de orden, con la senda espiritual de elevaci\u00f3n c\u00f3smica que rige en los mundos dentro del orden universal. Cioran ha logrado esa claridad. <\/p>\n<p>Ha confiado m\u00e1s en su propia percepci\u00f3n de la realidad, que en la interpretaci\u00f3n que de ella han hecho -o no han querido hacer- los que simplificaron todo el problema existencial con explicaciones dogm\u00e1ticas, sustentadas en supuestas revelaciones divinas que se pierden en la noche de los tiempos. Cioran no ha cre\u00eddo en supuestas transmisiones hechas por deidades a\u00a0 profetas, ni en la metaf\u00edsica aristot\u00e9lico-tomista que fabric\u00f3 un Dios a imagen y semejanza del que le hac\u00eda falta a la sensaci\u00f3n de desamparo divino que experimenta el humano. Prefiri\u00f3 aceptar la realidad tal como es, y reconocerse como habitante de un mundo demasiado lejano del alcance controlador de un Dios que represente al Bien; un mundo evidentemente en manos de alguien con prop\u00f3sitos hostiles a nuestra evoluci\u00f3n como seres libres y plenos. <\/p>\n<p>Su pensamiento parece situarnos al borde del abismo, en un callej\u00f3n sin salida: nos muestra lo mal que est\u00e1n las cosas y por obra de qu\u00e9 fuerzas c\u00f3smicas, pero no ofrece ninguna escapatoria. No sugiere que la soluci\u00f3n est\u00e9 aqu\u00ed o all\u00e1&#8230; No oficia de gu\u00eda que conduzca a la luz. Se limita a reconocerse como incapaz de encontrar la verdad que en la Tierra parece ausente. Se circunscribe a mantener la guardia alta para no ser vulnerado por la mentira que impera en el mundo. Se queda en la oscuridad, sin buscar una salida, pero conciente de que la cosa es oscura, y no bajo la enga\u00f1osa apariencia de claridad con que se la ha pintado. <\/p>\n<p>Pesimista, nihilista seg\u00fan la visi\u00f3n de los que creen que hay motivos para ser optimistas (motivos que la realidad a diario se encarga de desacreditar), Cioran ha basado en el realismo, m\u00e1s all\u00e1 de pesimismos y optimismos, su diagn\u00f3stico de la enfermedad que sufre el planeta. No ha dicho hacia d\u00f3nde hay que ir, pero al menos ha mostrado claramente hacia d\u00f3nde o por d\u00f3nde es mejor no ir. Su propuesta no procura una soluci\u00f3n global, no se pone en el papel de un salvador del mundo. Se limita a sugerir que cada uno se resista a toda esta trama; evadirse de todo esto, en autoprotecci\u00f3n, en busca de sobrevivir a tanto enga\u00f1o. Un inspirado en el pensamiento de Cioran podr\u00e1 no saber a d\u00f3nde va, pero s\u00ed de d\u00f3nde consigue irse, de qu\u00e9\u00a0 logra liberarse, contra qu\u00e9 se rebela, y de qu\u00e9 realidad no est\u00e1 dispuesto a seguir formando parte. <\/p>\n<p>Lo cual, en un mundo tan enga\u00f1oso, es ya bastante.<\/p>\n<p>El aciago demiurgo<br \/>\nParte inicial <\/p>\n<p>Con excepci\u00f3n de algunos casos aberrantes, el hombre no se inclina hacia el bien: \u00bfqu\u00e9 dios le impulsar\u00eda a ello? Debe vencerse, hacerse violencia, para poder ejecutar el menor acto no manchado de mal. Cada vez que lo logra, provoca y humilla a su creador. Y si le acaece el ser bueno no por esfuerzo o c\u00e1lculo, sino por naturaleza, lo debe a una inadvertencia de lo alto: se sit\u00faa fuera del orden universal, no est\u00e1 previsto en ning\u00fan plan divino. No hay modo de ver qu\u00e9 lugar ocupa entre los seres, ni siquiera si es uno de ellos. \u00bfSer\u00e1 acaso un fantasma? <\/p>\n<p>El bien es lo que fue o ser\u00e1, pero lo que nunca es. Par\u00e1sito del recuerdo o del presentimiento, periclitado o posible, no podr\u00eda ser actual ni subsistir por s\u00ed mismo: en tanto que es, la conciencia le ignora y no lo capta m\u00e1s que cuando desaparece. Todo prueba su insustancialidad; es una gran fuerza irreal, es el principio que ha abortado desde un comienzo: desfallecimiento, quiebra inmemorial, cuyos efectos se acusan a medida que la historia transcurre. En los comienzos, en esa promiscuidad en que se opera el deslizamiento hacia la vida, algo innombrable debi\u00f3 pasar, que se prolonga en nuestros malestares, si no en nuestros razonamientos. Que la existencia haya sido viciada en su origen, ella y los elementos mismos, es algo que no se puede impedir uno suponer. Quien no haya sido llevado a afrontar esta hip\u00f3tesis al menos una vez por d\u00eda habr\u00e1 vivido como un son\u00e1mbulo. <\/p>\n<p>Es dif\u00edcil, es imposible creer que el dios bueno, el &#8220;Padre&#8221;, se haya involucrado en el esc\u00e1ndalo de la creaci\u00f3n. Todo hace pensar que no ha tomado en ella parte alguna, que es obra de un dios sin escr\u00fapulos, de un dios tarado. La bondad no crea: le falta imaginaci\u00f3n; pero hay que tenerla para fabricar un mundo, por chapucero que sea. Es, en \u00faltimo extremo, de la mezcla de bondad y maldad de la que puede surgir un acto o una obra. O un universo. Partiendo del nuestro, es en cualquier caso mucho m\u00e1s f\u00e1cil remontarse a un dios sospechoso que a un dios honorable. <\/p>\n<p>El dios bueno, decididamente, no ha sido dotado para crear: lo posee todo, salvo la omnipotencia. Grande por sus deficiencias (anemia y bondad van parejas), es el prototipo de la ineficacia: no puede ayudar a nadie&#8230; No nos agarramos a \u00e9l m\u00e1s que cuando nos despojamos de nuestra dimensi\u00f3n hist\u00f3rica; en cuanto nos reintegramos a ella, nos es extra\u00f1o, nos es incomprensible: no tiene nada de lo que nos fascina, no tiene nada de monstruo. Y es entonces cuando nos volvemos hacia el creador, dios inferior y atareado, instigador de los acontecimientos. Para comprender c\u00f3mo ha podido crear, hay que figur\u00e1rselo presa del mal, que es innovaci\u00f3n, y del bien, que es inercia. Esta lucha fue, sin duda, nefasta para el mal, pues debi\u00f3 sufrir la contaminaci\u00f3n del bien: lo cual explica por qu\u00e9 la creaci\u00f3n no puede ser enteramente mal. <\/p>\n<p>Como el mal preside todo lo que es corruptible, que es tanto como decir todo lo que est\u00e1 vivo, es una tentativa rid\u00edcula intentar demostrar que encierra menos ser que el bien, o incluso que no contiene ninguno. Los que lo asimilan a la nada se imaginan salvar as\u00ed al pobre dios bueno. No se le salva m\u00e1s que si se tiene el valor de separar su causa de la del demiurgo. Por haberse rehusado a ello, el cristianismo deb\u00eda, durante toda su carrera, esforzarse en imponer la inevidencia de un creador misericordioso: empresa desesperada que ha agotado al cristianismo y comprometido al dios que quer\u00eda preservar. <\/p>\n<p>No podemos impedirnos pensar que la creaci\u00f3n, que se ha quedado en estado de bosquejo, no pod\u00eda ser acabada ni merec\u00eda serlo, y que es en su conjunto una falta, y la famosa fechor\u00eda, cometida por el hombre, aparece as\u00ed como una versi\u00f3n menor de una fechor\u00eda mucho m\u00e1s grave. \u00bfDe qu\u00e9 somos culpables, sino de haber seguido, m\u00e1s o menos servilmente, el ejemplo del creador? La fatalidad que fue suya, la reconocemos sin duda en nosotros: por algo hemos salido de las manos de un dios desdichado y malo, de un dios maldito. <\/p>\n<p>Predestinados los unos a creer en un dios supremo, pero impotente; los otros en un demiurgo; los otros, finalmente, en el demonio, no elegimos nuestras veneraciones ni nuestras blasfemias. <\/p>\n<p>El demonio es el representante, el delegado del demiurgo, cuyos asuntos administra aqu\u00ed abajo. Pese al prestigio y al terror unidos a su nombre, no es m\u00e1s que un administrador, un \u00e1ngel degradado a una tarea baja, a la historia. <\/p>\n<p>Muy otro es el alcance del demiurgo: \u00bfc\u00f3mo afrontar\u00edamos nuestras pruebas si \u00e9l estuviese ausente? Si estuvi\u00e9semos a su altura o fu\u00e9semos sencillamente un poco dignos de ella, podr\u00edamos abstenernos de invocarle. Ante nuestras insuficiencias patentes, nos aferramos a \u00e9l, incluso le imploramos que exista: si se revelase como una ficci\u00f3n, \u00a1cu\u00e1l no ser\u00eda nuestra desdicha o nuestra verg\u00fcenza! \u00bfSobre qu\u00e9 otros descargarnos de nuestras lagunas, nuestras miserias, de nosotros mismos? <\/p>\n<p>Erigido por decreto nuestro en autor de nuestras carencias, nos sirve de excusa para todo lo que no hemos podido ser. Cuando adem\u00e1s le endosamos la responsabilidad de este universo fallido, saboreamos una cierta paz: no m\u00e1s incertidumbre sobre nuestros or\u00edgenes ni sobre nuestras perspectivas, sino la plena seguridad en lo insoluble, fuera de la pesadilla de la promesa. Su m\u00e9rito es, en verdad, inapreciable: nos dispensa incluso de nuestros remordimientos, puesto que ha tomado sobre \u00e9l hasta la iniciativa de nuestros fracasos. <\/p>\n<p>Es m\u00e1s importante encontrar en la divinidad nuestros vicios que nuestras virtudes. Nos resignamos a nuestras cualidades, en tanto que nuestros defectos nos persiguen, nos trabajan. Poder proyectarlos en un dios susceptible de caer tan bajo como nosotros y que no est\u00e9 confinado en la soser\u00eda de los atributos com\u00fanmente admitidos, nos alivia y nos tranquiliza. El dios malo es el dios m\u00e1s \u00fatil que jam\u00e1s hubo. Si no lo tuvi\u00e9semos a mano, \u00bfa d\u00f3nde se encaminar\u00eda nuestra bilis? <\/p>\n<p>Toda forma de odio se dirige en \u00faltima instancia contra \u00e9l. Como todos creemos que nuestros m\u00e9ritos son desconocidos o pisoteados, \u00bfc\u00f3mo admitir que una iniquidad tan general sea obra del hombre tan s\u00f3lo? Debe remontarse m\u00e1s arriba y confundirse con alg\u00fan tejemaneje antiguo, con el acto mismo de la creaci\u00f3n. Sabemos, pues, con qui\u00e9n ten\u00e9rnosla, a qui\u00e9n vilipendiar: nada nos halaga y nos sostiene tanto como poder situar la fuente de nuestra indignidad lo m\u00e1s lejos posible de nosotros. <\/p>\n<p>En cuanto al dios propiamente dicho, bueno y d\u00e9bil, nos concertamos con \u00e9l cada vez que no hay en nosotros ni rastro de ning\u00fan mundo, en esos momentos que le postulan, que, fijos en \u00e9l de golpe, le suscitan, le crean, y durante los cuales remonta de nuestras profundidades para la mayor humillaci\u00f3n de nuestros sarcasmos.<\/p>\n<p>Dios es el luto de la iron\u00eda. Basta, empero, que \u00e9sta se refuerce, que se imponga de nuevo, para que nuestras relaciones con \u00e9l se agrien y se interrumpan. Nos sentimos entonces hartos de interrogarnos a su respecto, queremos expulsarle de nuestras preocupaciones y de nuestros furores, incluso de nuestro desprecio. Tantos le han infligido golpes antes de nosotros, que nos parece ocioso venir ahora a encarnizarnos en un cad\u00e1ver. Y, sin embargo, cuenta todav\u00eda para nosotros, aunque no sea m\u00e1s que por el pesar de no haberle abatido nosotros mismos. <\/p>\n<p>Para evitar las dificultades propias del dualismo, se podr\u00eda concebir un mismo dios cuya historia transcurrir\u00eda en dos fases: en la primera, sabio, exang\u00fce, replegado sobre s\u00ed mismo, sin ninguna veleidad de manifestarse: un dios dormido, extenuado por su eternidad; en la segunda, emprendedor, fren\u00e9tico, cometiendo error tras error, se entregar\u00eda a una actividad condenable en sumo grado. Esta hip\u00f3tesis aparece a la reflexi\u00f3n como menos neta y menos ventajosa que la de los dos dioses rotundamente distintos. Pero si se encuentra que ni una ni otra dan cuenta de lo que vale este mundo, siempre se tendr\u00e1 el recurso de pensar, con algunos gn\u00f3sticos, que ha sido echado a suertes entre los \u00e1ngeles. <\/p>\n<p>(Es lamentable, es degradante asimilar la divinidad a una persona. Nunca ser\u00e1 una idea ni un principio an\u00f3nimo para quien haya practicado los Testamentos. Veinte siglos de altercados no se olvidan de un d\u00eda para otro. Se inspire en Job o en San Pablo, nuestra vida religiosa es querella, desmesura, desabrimiento. Los ateos, que manejan tan gustosamente la invectiva, prueban a las claras que apuntan a alguien. Deber\u00edan estar menos orgullosos; su emancipaci\u00f3n no es tan completa como suponen: se hacen de Dios exactamente la misma idea que los creyentes.) <\/p>\n<p>El creador es el absoluto del hombre exterior; el hombre interior, en revancha, considera la creaci\u00f3n como un detalle molesto, como un episodio in\u00fatil, enti\u00e9ndase nefasto. Toda experiencia religiosa profunda comienza donde acaba el reino del demiurgo. No tiene nada que hacer con \u00e9l, lo denuncia, es su negaci\u00f3n. En tanto que \u00e9l nos obsesiona, \u00e9l y el mundo, no hay medio de escapar de uno y de otro, para, en un \u00edmpetu de aniquilamiento, alcanzar lo no creado y disolvernos en ello. <\/p>\n<p>A favor del \u00e9xtasis -cuyo objeto es un dios sin atributos, una esencia de dios- se eleva uno hacia una forma de apat\u00eda m\u00e1s pura que la del mismo dios supremo, y si uno se sumerge en lo divino, no por eso se deja de estar m\u00e1s all\u00e1 de toda forma de divinidad. \u00c9sa es la etapa final, el punto de llegada de la m\u00edstica, mientras que el punto de partida era la ruptura con el demiurgo, el rehuse a confraternizar todav\u00eda con \u00e9l y a aplaudir su obra. Nadie se arrodilla ante \u00e9l; nadie le venera. Las \u00fanicas palabras que se le dirigen son s\u00faplicas invertidas; el \u00fanico modo de comunicaci\u00f3n entre una criatura y un creador igualmente ca\u00eddos. <\/p>\n<p>Al infligir al dios oficial las funciones de padre, de creador y de gerente, se le expuso a ataques de resultas de los cuales deb\u00eda sucumbir. \u00a1Cu\u00e1l no hubiera sido su longevidad si se hubiese escuchado a un Marci\u00f3n, que de todos los heresi\u00e1rcas es el que se ha erguido con m\u00e1s vigor contra el escamoteo del mal y que ha contribuido en el mayor grado a la gloria del dios malo por el odio que le ha profesado! No hay ejemplo de otra religi\u00f3n que, en sus comienzos, haya desperdiciado tantas ocasiones. <\/p>\n<p>Ser\u00edamos con toda seguridad muy diferentes si la era cristiana hubiera sido inaugurada por la execraci\u00f3n del creador, pues el permiso de abrumarle no hubiese dejado de aliviar nuestra carga y de volver as\u00ed menos opresores los dos \u00faltimos milenios. La Iglesia, al rehusar incriminarle y adoptar las doctrinas a las que no repugnaba hacerlo, iba a comprometerse en la astucia y la mentira. Por lo menos, tenemos el consuelo de constatar que lo m\u00e1s seductor que hay en su historia son sus enemigos \u00edntimos, todos los que ella ha combatido y rechazado y quienes, para salvaguardar el honor de Dios, recusaron, a riesgo del martirio, su condici\u00f3n de creador.<\/p>\n<p> Fan\u00e1ticos de la nada divina, de esa ausencia en que se complace la bondad suprema, conocen la dicha de odiar a tal dios y de amar a tal otro sin restricci\u00f3n, sin reservas mentales. Arrastrados por su fe, hubieran sido incapaces de descubrir la pizca de birlibirloque que entra hasta en el tormento m\u00e1s sincero. La noci\u00f3n de pretexto no hab\u00eda nacido todav\u00eda, ni tampoco esa tentaci\u00f3n, completamente moderna, de ocultar nuestras agon\u00edas tras alguna acrobacia teol\u00f3gica. <\/p>\n<p>Una cierta ambig\u00fcedad exist\u00eda empero en ellos: \u00bfqu\u00e9 eran esos gn\u00f3sticos y esos maniqueos de toda laya sino perversos de la pureza, obsesos del horror? El mal les atra\u00eda, les llenaba casi: sin \u00e9l, su existencia hubiera estado vacante. Le persegu\u00edan, no le dejaban ni un instante. Y si sosten\u00edan con tanta vehemencia que era increado, es porque deseaban en secreto que subsistiese por siempre jam\u00e1s, para poder gozar y ejercer, durante toda la eternidad, de sus virtudes combativas. <\/p>\n<p>Habiendo, por amor al Padre, reflexionado demasiado en el adversario, deb\u00edan acabar por comprender mejor la condenaci\u00f3n que la salvaci\u00f3n. Tal es la raz\u00f3n por la que hab\u00edan captado ten bien la esencia de este mundo. La Iglesia, tras haberles vomitado, \u00bfser\u00e1 acaso tan h\u00e1bil como para apropiarse de sus tesis, y tan caritativa como para prestigiar al creador, para excomulgarle finalmente? No podr\u00e1 renacer m\u00e1s que desterrando las herej\u00edas, m\u00e1s que anulando sus antiguos anatemas para pronunciar otros nuevos. <\/p>\n<p>T\u00edmido, desprovisto de dinamismo, el bien es incapaz de comunicarse; el mal, atareado muy por el contrario, quiere transmitirse y lo logra, puesto que posee el doble privilegio de ser fascinante y contagioso. De este modo, se ve m\u00e1s f\u00e1cilmente extenderse y salir de s\u00ed a un dios malo que a uno bueno. <\/p>\n<p>Esta incapacidad de permanecer en s\u00ed mismo, de la que el creador deb\u00eda hacer una demostraci\u00f3n tan irritante, la hemos heredado todos: engendrar es continuar de otra forma y a otra escala la empresa que lleva su nombre, es a\u00f1adir algo a su &#8220;creaci\u00f3n&#8221; por un deplorable remedo. Sin el impulso que \u00e9l ha dado, el deseo de alargar la cadena de los seres no existir\u00eda, ni tampoco esa necesidad de suscribirse a los tejemanejes de la carne. Todo alumbramiento es sospechoso; los \u00e1ngeles, felizmente, son incapaces de ello, pues la propagaci\u00f3n de la vida est\u00e1 reservada a los ca\u00eddos. La lepra es impaciente y \u00e1vida, gusta de expandirse. <\/p>\n<p>Es importante desaconsejar la generaci\u00f3n, pues el temor de ver a la humanidad extinguirse no tiene fundamento alguno: pase lo que pase, por todas partes habr\u00e1 los suficientes necios que no pedir\u00e1n m\u00e1s que perpetuarse y, si incluso ellos acabasen por zafarse, siempre se encontrar\u00e1, para sacrificarse, alguna pareja espeluznante. <\/p>\n<p>No es tanto el apetito de vivir lo que se trata de combatir, como el gusto por la &#8220;descendencia&#8221;. Los padres, los progenitores, son provocadores o locos. Que el \u00faltimo de los abortos tenga la facultad de dar la vida, de &#8220;echar al mundo&#8221;&#8230;, \u00bfexiste algo m\u00e1s desmoralizador? \u00bfC\u00f3mo pensar sin espanto o repulsi\u00f3n en ese prodigio que hace del primer venido un medio-demiurgo? Lo que deber\u00eda ser un don tan excepcional como el genio ha sido conferido indistintamente a todos: liberalidad de mala ley que descalifica para siempre a la naturaleza. <\/p>\n<p>La exhortaci\u00f3n criminal del G\u00e9nesis: Creced y multiplicaos, no ha podido salir de la boca del dios bueno. Sed escasos, hubiese debido sugerir m\u00e1s bien, si hubiese tenido voz en el cap\u00edtulo. Nunca tampoco hubiese podido a\u00f1adir las palabras funestas: Y llenad la tierra. Se deber\u00eda, antes de nada, borrarlas para lavar a la Biblia de la verg\u00fcenza de haberlas recogido. <\/p>\n<p>La carne se extiende m\u00e1s y m\u00e1s como una gangrena por la superficie del globo. No sabe imponerse l\u00edmites, contin\u00faa haciendo estragos pese a sus reveses, toma sus derrotas por conquistas, nunca ha aprendido nada. Pertenece ante todo al reino del creador y es sin duda en ella donde \u00e9ste ha proyectado sus instintos malhechores. <\/p>\n<p>Normalmente, deber\u00eda aterrar menos a quienes la contemplan que a los mismos que la hacen durar y aseguran sus progresos. No es as\u00ed, pues no saben de qu\u00e9 aberraci\u00f3n son c\u00f3mplices. Las mujeres encintas ser\u00e1n un d\u00eda lapidadas, el instinto maternal proscrito, la esterilidad aclamada. Con raz\u00f3n en las sectas en que la fecundidad era mirada con recelo, entre los Bogomilos y los C\u00e1taros, se condenaba el matrimonio, instituci\u00f3n abominable que todas las sociedades protegen desde siempre, con gran desesperaci\u00f3n de los que no ceden al v\u00e9rtigo com\u00fan. Procrear es amar la plaga, es querer cultivarla y aumentarla. Ten\u00edan raz\u00f3n esos fil\u00f3sofos antiguos que asimilaban el fuego al principio del universo y del deseo. Pues el deseo arde, devora, aniquila: juntamente agente y destructor de los seres, es sombr\u00edo e infernal por esencia. <\/p>\n<p>Este mundo no fue creado alegremente. Sin embargo, se procrea con placer. S\u00ed, sin duda, pero el placer no es la alegr\u00eda, s\u00f3lo es su simulacro: su funci\u00f3n consiste en dar el cambiazo, en hacernos olvidar que la creaci\u00f3n lleva, hasta en su menor detalle, la marca de esa tristeza inicial de la que ha surgido. Necesariamente enga\u00f1oso, es \u00e9l tambi\u00e9n quien nos permite ejecutar cierto esfuerzo que en teor\u00eda reprobamos. Sin su concurso, la continencia, ganando terreno, seducir\u00eda incluso a las ratas. Pero es en la voluptuosidad cuando comprendemos hasta qu\u00e9 punto el placer es ilusorio. Por ella alcanza su cumbre, su m\u00e1ximo de intensidad, y es ah\u00ed, en el colmo de su \u00e9xito, cuando se abre s\u00fabitamente a su irrealidad, cuando se hunde en su propia nada. La voluptuosidad es el desastre del placer. <\/p>\n<p>No se puede consentir que un dios, ni siquiera un hombre, proceda de una gimn\u00e1stica coronada por un gru\u00f1ido. Es extra\u00f1o que, tras un per\u00edodo de tiempo tan largo, la &#8220;evoluci\u00f3n&#8221; no haya logrado agenciarse otra f\u00f3rmula. \u00bfPara qu\u00e9 iba a cansarse, por otro lado, cuando la ahora vigente funciona a pleno rendimiento y conviene a todo el mundo? Entend\u00e1monos: la vida misma no entra en disputa, es misteriosa y extenuante a placer; lo que no es el ejercicio en cuesti\u00f3n, de una inadmisible facilidad, vistas sus consecuencias. Cuando se sabe lo que el destino dispensa a cada cual, se queda uno pasmado ante la desproporci\u00f3n entre un momento de olvido y la suma prodigiosa de desgracias que resulta de ello. Cuanto m\u00e1s se vuelve sobre este tema, m\u00e1s se convence uno de que los \u00fanicos que han entendido algo son los que han optado por la org\u00eda o la asc\u00e9tica, los libertinos o los castrados. <\/p>\n<p>Como procrear supone un desvar\u00edo sin nombre, cierto es que si nos volvi\u00e9semos sensatos, es decir, indiferentes a la suerte de la especie, s\u00f3lo guardar\u00edamos algunas muestras, como se conservan espec\u00edmenes de animales en v\u00edas de desaparici\u00f3n. Cerremos el camino a la carne, intentemos paralizar su espantoso crecimiento. Asistimos a una verdadera epidemia de vida, a una proliferaci\u00f3n de rostros. \u00bfD\u00f3nde y c\u00f3mo seguir todav\u00eda frente a frente con Dios? <\/p>\n<p>Nadie es sujeto continuamente de la obsesi\u00f3n del horror; sucede que nos apartamos de \u00e9l, que casi le olvidamos, sobre todo cuando contemplamos alg\u00fan paisaje del que nuestros semejantes est\u00e1n ausentes. En cuanto aparecen, se instala de nuevo en el esp\u00edritu. Si uno se inclinase a absolver al creador, a considerar este mundo como aceptable e incluso satisfactorio, a\u00fan habr\u00eda que hacer reservas sobre el hombre, ese punto negro de la creaci\u00f3n. <\/p>\n<p>Nos es f\u00e1cil figurarnos que el demiurgo, convencido de la insuficiencia o de la nocividad de su obra, quiera un d\u00eda hacerla perecer e incluso se las arregle para desaparecer con ella. Pero tambi\u00e9n se puede concebir que desde un comienzo s\u00f3lo se atarea en destruirse y que el devenir se reduce al proceso de esa lenta autodestrucci\u00f3n. Proceso despacioso o jadeante, en las dos eventualidades se tratar\u00eda de una vuelta sobre s\u00ed mismo, de un examen de conciencia, cuyo desenlace ser\u00eda el rechazo de la creaci\u00f3n por su autor. <\/p>\n<p>Lo que hay en nosotros de m\u00e1s anclado y de menos perceptible es el sentimiento de una quiebra esencial, secreto de todos, dioses incluidos. Y lo que es notable es que la mayor\u00eda est\u00e1 lejos de adivinar que experimenta ese sentimiento. Estamos por lo dem\u00e1s, merced a un favor especial de la naturaleza, destinados a no darnos cuenta de ello: la fuerza de un ser reside en su incapacidad de saber hasta qu\u00e9 punto est\u00e1 solo. Bendita ignorancia, gracias a la cual puede agitarse y actuar. \u00bfQu\u00e9 tiene por fin la revelaci\u00f3n de su secreto? Su impulso se rompe de inmediato, irremediablemente. Es lo que le ha sucedido al creador o lo que le suceder\u00e1, quiz\u00e1s. <\/p>\n<p>Haber vivido siempre con la nostalgia de coincidir con algo, sin, a decir verdad, saber con qu\u00e9&#8230; Es f\u00e1cil pasar de la incredulidad a la creencia o inversamente. Pero \u00bfa qu\u00e9 convertirse y de qu\u00e9 abjurar, en medio de una lucidez cr\u00f3nica? Desprovista de sustancia, no ofrece ning\u00fan contenido del que se pueda renegar; est\u00e1 vac\u00eda y no se reniega del vac\u00edo: la lucidez es el equivalente negativo del \u00e9xtasis. <\/p>\n<p>Quien no coincide con nada, tampoco coincidir\u00e1 consigo mismo; de aqu\u00ed provienen esas llamadas sin fe, esas convicciones vacilantes, esas fiebres privadas de fervor, ese desdoblamiento del que son v\u00edctimas nuestras ideas y hasta nuestros reflejos. El equ\u00edvoco, que regula todas nuestras relaciones con este mundo y con el otro, lo guardamos en primera instancia para nosotros mismos; despu\u00e9s lo hemos expandido a nuestro alrededor, a fin de que nadie escape, a fin de que ning\u00fan viviente sepa a qu\u00e9 atenerse. Ya no hay nada claro en ninguna parte: por nuestra culpa las mismas cosas se tambalean y se hunden en la perplejidad. Lo que nos har\u00eda falta es el don de imaginar la posibilidad de rezar, indispensable a cualquiera que aspira a su salvaci\u00f3n. El infierno es la oraci\u00f3n inconcebible. <\/p>\n<p>La instauraci\u00f3n de un equ\u00edvoco universal es la proeza m\u00e1s calamitosa que hemos realizado y la que nos hace rivales del demiurgo. <\/p>\n<p>No fuimos felices m\u00e1s que en las \u00e9pocas en que, \u00e1vidos de ocultamiento, acept\u00e1bamos nuestra nada con entusiasmo. El sentimiento religioso no emana de la constataci\u00f3n, sino del deseo de nuestra insignificancia, de la necesidad de revolcarnos en ella. Esta necesidad, inherente a nuestra naturaleza, \u00bfc\u00f3mo podr\u00e1 satisfacerse ahora que ya no podemos vivir a remolque de los dioses? En otros tiempos eran ellos los que nos abandonaban; hoy somos nosotros los que los abandonamos. Hemos vivido a su lado demasiado tiempo como para que hallen gracia a nuestros ojos; siempre a nuestro alcance, les o\u00edamos rebullir; nos acechaban, nos espiaban: no est\u00e1bamos ya en nuestra casa&#8230; Ahora bien, como la experiencia nos lo ense\u00f1a, no existe ser m\u00e1s odioso que el vecino. <\/p>\n<p>El hecho de saberle tan pr\u00f3ximo en el espacio nos impide respirar y hace igualmente impracticables nuestros d\u00edas y nuestras noches. En vano, hora tras hora, meditamos su ruina: ah\u00ed est\u00e1, atrozmente presente. Todos nuestros pensamientos nos invitan a suprimirle; cuando por fin nos decidimos, un sobresalto de cobard\u00eda nos encoge, justo antes del acto. De este modo somos asesinos en potencia de quienes viven en nuestros parajes; y por no poder serlo de hecho, nos recomemos y nos agriamos, indecisos y fracasados de la sangre. <\/p>\n<p>Si, con los dioses, todo pareci\u00f3 m\u00e1s sencillo, es porque, siendo su indiscreci\u00f3n inmemorial, habr\u00eda que acabar con ella, costase lo que costase: \u00bfacaso no eran demasiado molestos para que fuese posible guardarles a\u00fan miramientos? As\u00ed se explica que, al clamor general contra ellos, ninguno de nosotros pod\u00eda dejar de mezclar su vocecita. <\/p>\n<p>Cuando pensamos en esos compa\u00f1eros o enemigos varias veces milenarios, en todos los patrones de las sectas, de las religiones y de las mitolog\u00edas, el \u00fanico del que nos repugna separarnos es de ese demiurgo, al que nos apegan los males mismos de los que nos importa que sea la causa. En \u00e9l pensamos a prop\u00f3sito del menor acto de la vida y de la vida sin m\u00e1s. Cada vez que le consideramos, que escrutamos sus or\u00edgenes, nos maravilla y nos da miedo; es un milagro aterrador, que debe provenir de \u00e9l, dios especial, completamente aparte. <\/p>\n<p>De nada sirve sostener que no existe, cuando nuestros estupores cotidianos est\u00e1n ah\u00ed para exigir su realidad y proclamarla. \u00bfSe les opondr\u00e1 que ha existido quiz\u00e1, pero que ha muerto como los otros? No se dejar\u00e1n desanimar, se atraer\u00e1n en resucitarlo y durar\u00e1 tan largo tiempo como nuestro asombro y nuestro miedo, como esta curiosidad indignada ante todo lo que es, ante todo lo que vive. Dir\u00e1n: &#8220;Triunfad sobre el miedo, para que s\u00f3lo subsista vuestro asombro&#8221;. Pero para vencerle, para hacerle desaparecer, habr\u00eda que atacarle en su principio y demoler sus fundamentos, volver a edificar ni m\u00e1s ni menos que el mundo en su totalidad, cambiar alegremente de demiurgo, entregarse, en suma, a otro creador.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>Frase final del libro<\/p>\n<p>Estamos todos en el fondo de un infierno, cada instante del cual es un milagro. <\/p>\n<p>Frases sueltas <\/p>\n<p>La prueba de que este mundo no es un \u00e9xito, es que puede uno compararse sin incidencia con el que se supone que lo ha creado&#8230; <\/p>\n<p>Mis dudas sobre la providencia no duran nunca mucho: \u00bfqui\u00e9n, fuera de ella, estar\u00eda dispuesto a asignarnos tan puntualmente nuestra infaltable raci\u00f3n de derrota cotidiana? <\/p>\n<p>El rechazo del nacimiento, de nacer, no es otra cosa que la nostalgia de ese tiempo antes del tiempo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ensayista franc\u00e9s de origen rumano (Rasinari, 1911-Par\u00eds, 1995). Fil\u00f3sofo y moralista de origen rumano que escribi\u00f3 en lengua francesa, cuya obra nihilista e ir\u00f3nica es la de un pensador radicalmente pesimista, que ha desarrollado una profunda reflexi\u00f3n en torno de la absurdidad y del vac\u00edo del hombre. 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