{"id":3712,"date":"2009-03-02T16:25:16","date_gmt":"2009-03-02T16:25:16","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3712"},"modified":"2009-03-02T16:25:16","modified_gmt":"2009-03-02T16:25:16","slug":"hablamos-con-juan-g.-atienza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3712","title":{"rendered":"Hablamos con Juan G. Atienza"},"content":{"rendered":"<p>Hablamos con Juan G. Atienza<\/p>\n<p>Nacido en Valencia en 1930 y licenciado en Filolog\u00eda Rom\u00e1nica. En 1977 decidi\u00f3 dedicarse de lleno a la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica y antropol\u00f3gica. Su carrera viene avalada por m\u00e1s de 50 libros. (Leyendas m\u00e1gicas de Espa\u00f1a, Leyendas del camino de Santiago, La Ruta Sagrada, Los Santos paganos, El Legado Templario&#8230;) Juan G. Atienza es un antrop\u00f3logo de lo oculto, un historiador de las voces del pueblo, un buscador de caminos, y a esta labor a dedicado m\u00e1s de 50 obras, con una acogida poco menos que sensata a su talento. J. G. Atienza es un hombre experto, culto, de senectud encendida, y ojos lacios y azules como de agua estancada. Atienza nos habla, con voz pausada, de su \u00faltimo y quiz\u00e1s, m\u00e1s comprometido libro: &#8220;El Milenio llega&#8221;, obra cumbre de este diseccionador de los monumentos ca\u00eddos del milenio, que esperamos vea la luz en Marzo de este a\u00f1o. <\/p>\n<p>J.G. Atienza, caminante apresurado de la ladera inclinada del Milenio, sinti\u00f3 un buen d\u00eda la necesidad de pararse. Par\u00f3 y recapacit\u00f3. La palabra crisis resonaba en su cabeza, y en seguida supo que obviarla no era la soluci\u00f3n.<br \/>\n\u00a0  &#8220;El Planeta y la Humanidad atraviesan una crisis existencial que apenas somos capaces de detectar m\u00e1s que en sus rasgos especialmente espectaculares y traum\u00e1ticos. Nos fijamos s\u00f3lo en sus manifestaciones inmediatas, en aquellas que impactan en el inter\u00e9s de los medios de comunicaci\u00f3n, y pasamos por alto su repercusi\u00f3n callada en nuestra vida cotidiana, su funci\u00f3n de zapa en los entresijos de una conciencia colectiva que pierde aceleradamente su capacidad de discernir entre el simulacro de progreso imparable que se nos ofrece, y la aut\u00e9ntica Evoluci\u00f3n hacia la que tendr\u00edamos que tender los seres humanos si cumpli\u00e9ramos con los dictados de nuestra propia naturaleza&#8221;.<\/p>\n<p>El milenio ha quedado tendido en el camino como un tronco de \u00e1rbol derribado y marchito. J. G. Atienza, se sienta sobre \u00e9l y mira con los ojos muy abiertos al horizonte. Quiz\u00e1s no sea miedo, quiz\u00e1s tampoco intranquilidad, pero sabe que el 2000, por el bien de todos, no debe seguir la inercia de su pasado.<br \/>\n\u00a0  &#8220;Yo no creo en el 2000 como una fecha emblem\u00e1tica que necesariamente tenga que significar un cambio, pero estamos en un punto de crisis tan hondo, que el 2000 puede ser un buen momento para iniciar el cambio. O, cuanto menos, para intentarlo&#8221;<\/p>\n<p>Las soluciones no se compran con dinero, no est\u00e1n detr\u00e1s de una vitrina, y ni mucho menos parecen inmediatas. El gran problema del hombre moderno, parece decir Atienza, es que le deslumbre su propia impaciencia.<br \/>\n\u00a0  &#8220;Lo que provoca en muchos casos que no se act\u00fae como se deber\u00eda actuar ante esta situaci\u00f3n, se debe a que la gente consciente se da cuenta de que si existe un remedio a esta crisis, no es un remedio de aqu\u00ed a cinco a\u00f1os, sino un cambio que tendr\u00eda frutos muy a largo plazo. Se necesita que desde el principio, los ni\u00f1os fueran educados y preparados para una vida solidaria. Y probablemente ser\u00edan los hijos de esos ni\u00f1os los que pondr\u00edan las bases para un cambio fruct\u00edfero. Por tanto, estar\u00edamos hablando de m\u00e1s de 20 a\u00f1os de camino, y para un trayecto tan largo se necesita una responsabilizaci\u00f3n \u00e9tica que no todos los adultos est\u00e1n dispuestos a asumir&#8221;<\/p>\n<p>Estamos hablando, de un cambio silencioso, pero que necesariamente necesita ir m\u00e1s all\u00e1 de la aportaci\u00f3n individual, \u00bfno es cierto?<br \/>\n\u00a0  &#8220;No, claro que no, la aportaci\u00f3n individual s\u00f3lo es el primer paso de una futura uni\u00f3n de personas convencidas, con un claro deseo de cambio, sin impaciencias, y partiendo de cero, siempre de cero . Esto es algo que yo trato de fomentar&#8221;.<\/p>\n<p>De cero, de cero,.. duras palabras para el Hombre Moderno que va a ver nacer en el horizonte un nuevo milenio. \u00bfQu\u00e9 es eso de partir de cero?<br \/>\n\u00a0  &#8220;..Partir de cero significa renegar de todas las cosas de las que nos estamos guiando en la actualidad. La econom\u00eda, la justicia, la salud, no funcionan tal como est\u00e1n planteadas. Y la \u00fanica soluci\u00f3n que atisbo es inculcar a la gente el sentido de la solidaridad, y es que la esencia del cambio no est\u00e1 en combatir, sino en buscar caminos aleatorios a trav\u00e9s de uno mismo, y del pr\u00f3jimo&#8221;.<\/p>\n<p>Juan G. Atienza parece mirarse con cierta tristeza las manos. El Hombre Moderno ha construido un sistema al que ahora sucumbe. Debemos reconocer que nos hemos equivocado.<br \/>\n\u00a0  &#8220;Estamos todos demasiado pendientes de un sistema que ni siquiera est\u00e1 ya compuesto por personas, y que aunque fue creado por personas, ahora tiene vida propia. Podemos decir que, Las estructuras se han independizado de los hombres que las establecieron. El sistema, por tanto, est\u00e1 actuando con los primeros matices de lo humano, es una creaci\u00f3n de las primeras etapas de la evoluci\u00f3n humana. Ahora est\u00e1 ya obsoleto. No funciona. Se necesita un nuevo sistema para un nuevo hombre que reconoce que se ha equivocado. Estamos por tanto, ante unas estructuras que no tienen alma, y que han llegado a dominar al hombre. Si lo permitimos, no habr\u00e1 soluci\u00f3n. Yo mismo, no soy ajeno al sistema, pero conozco sus errores, y eso me hace estar absolutamente consciente de que no me estoy enga\u00f1ando a m\u00ed mismo. Con que la gente se de cuenta de que est\u00e1 en una postura errada, y que tiene posibilidad de salir de ella, aunque no salga, ya habr\u00e1 dado un paso hacia delante&#8221;.<\/p>\n<p>Seg\u00fan avanza el reloj imparable del milenio, las cadenas parecen apretar m\u00e1s y m\u00e1s fuerte las mu\u00f1ecas. El Hombre Moderno quiere, necesita sentirse libre.<br \/>\n\u00a0  &#8220;El hombre libre es aquel que fuera capaz de prescindir del consumo, un h\u00e1bito que nos conduce ineludiblemente hacia la desconfianza al pr\u00f3jimo, porque se convierte en un enemigo natural de nuestro propio progreso, entrando de lleno en el c\u00edrculo vicioso de la competitividad. Este proceso desemboca en que uno termina trabajando para uno mismo, olvidando las necesidades ajenas. Por eso se muestra como necesario el comenzar por una educaci\u00f3n global, lenta, y progresiva hasta conseguir una mayor\u00eda con iniciativa, que con su propio ejemplo pueda imponer una soluci\u00f3n m\u00e1s humana a toda esta crisis&#8221;.<\/p>\n<p>Las m\u00e1quinas del hombre, hacen tanto ruido que ya casi no se escucha la voz de sus semejantes.<br \/>\n\u00a0  &#8220;El hombre moderno, es un hombre que se ha quedado sin armas para crear una verdad propia. Sufrimos una falta de comunicaci\u00f3n, y un exceso de informaci\u00f3n. Nos entregan las ideas que debemos asumir, sin permitirnos intervenir. Evitan el di\u00e1logo, creando as\u00ed una verdad prefabricada, que se extiende lentamente, como un virus,&#8230; Se est\u00e1 perdiendo el placer de la conversaci\u00f3n. Ya s\u00f3lo nos queda la posibilidad de recibir informaci\u00f3n, y eso nos aleja de la verdad&#8221;<\/p>\n<p>Pero,&#8230; donde hay esp\u00edritu hay esperanza, \u00bfverdad?<br \/>\n\u00a0  &#8221; La verdad es que queda poco tiempo, pero todav\u00eda creo en el esp\u00edritu del individuo, y s\u00f3lo a trav\u00e9s de \u00e9l podremos recoger el hilo de nuestra propia esencia como seres humanos, o, mejor dicho, como personas en evoluci\u00f3n&#8221;<\/p>\n<p>El Hombre Moderno ha dicho algo que nadie ha escuchado. Porque hasta \u00e9l mismo siente que esas palabras no son suyas.<br \/>\n\u00a0  &#8220;Ahora las cosas ya no se ofrecen, porque ofrecer es algo cordial, ahora las cosas se nos ofertan, comprar, comprar, comprar. Y es que est\u00e1 habiendo una seria transformaci\u00f3n del lenguaje. Los ni\u00f1os juegan s\u00f3lo con 200 palabras. Aparte del cambio sutil que est\u00e1 sufriendo la significaci\u00f3n de las palabras. Por ejemplo, parece ser que nos quieren hacer creer que vivimos en un mundo libre, donde la Libertad, en realidad, no existe, sino m\u00e1s bien, una libertad para, es decir, una libertad teledirigida. Por tanto, se promueve una manipulaci\u00f3n que est\u00e1 impl\u00edcita incluso en el propio mensaje. Si las palabras est\u00e1n ya viciadas, y no somos conscientes de ello, nuestras palabras nunca ser\u00e1n del todo propias&#8230;. La cantidad de veces que decimos lo que nunca hubi\u00e9semos querido decir, \u00bfverdad?&#8221;.<\/p>\n<p>Las palabras de Atienza pueden parecer ut\u00f3picas, pero&#8230;<br \/>\n\u00a0  &#8220;&#8230; en realidad son utop\u00edas s\u00f3lo desde el punto de vista ling\u00fc\u00edstico, porque no las puedo calificar con otra palabra, pero yo no quiero imaginarme un mundo, sino plantear los principios por los que ese mundo pueda llegar a ser posible&#8221;.<\/p>\n<p>S\u00ed, pero \u00bfd\u00f3nde busco?, parece preguntar el Hombre Moderno.<br \/>\n\u00a0  &#8220;Hay que partir de uno mismo. Buscarse en los dem\u00e1s, sin este paso previo, de nuevo estar\u00edamos obrando con los dem\u00e1s como robots del sistema,&#8230; es necesaria la introspecci\u00f3n, el buscar el camino de la evoluci\u00f3n en uno mismo, para poder reconocer luego a simple vista, lo que hay de valioso en el pr\u00f3jimo. Sin duda es un proceso oscuro, doloroso, pero necesario&#8221;.<\/p>\n<p>\u00bfY los maestros, d\u00edgame, d\u00f3nde se encuentran?<br \/>\n\u00a0  &#8220;Yo conozco mucha gente que es tremendamente v\u00e1lida, pero que es de la opini\u00f3n de que antes de empezar cualquier camino, se hace imprescindible la figura de un maestro, de un gu\u00eda que oriente tal o cual aprendizaje. Pero a mi entender, si como maestro entendemos aquel que nos ense\u00f1a su propia teor\u00eda, me parece cuanto menos, un paso in\u00fatil. En realidad el problema es que el ser humano se siente necesitado de maestros, porque el estres de sus vidas no les deja tiempo, o les ha confundido sobre cu\u00e1l es su verdadera evoluci\u00f3n como ser humano, y les impide la \u00fanica luz posible, que es internarse en s\u00ed mismo, y de obtener de dentro las bases y respuestas que cimentaron y han de cimentar su vida&#8221;<\/p>\n<p>El pr\u00f3ximo libro de J. G. Atienza, no es una profec\u00eda apocal\u00edptica, ni una videncia mesi\u00e1nica, sino que simplemente es un sentarse en los cascotes del viejo milenio, con los ojos perdidos en el horizonte, y pregonando, con los bolsillos llenos de razones, un empezar de cero. Un libro que cincela los perfiles de un nuevo hombre, de conciencia sosegada, que ha aprendido de sus errores, y que desea un borr\u00f3n, o un enorme lavado de cara. Un buen libro, en definitiva, para los amantes del buen gusto, y c\u00f3mo no, de la verdad sin tapujos.<\/p>\n<p>\u00a9 R.C.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hablamos con Juan G. Atienza Nacido en Valencia en 1930 y licenciado en Filolog\u00eda Rom\u00e1nica. En 1977 decidi\u00f3 dedicarse de lleno a la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica y antropol\u00f3gica. Su carrera viene avalada por m\u00e1s de 50 libros. 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