{"id":3696,"date":"2009-02-27T19:47:15","date_gmt":"2009-02-27T19:47:15","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3696"},"modified":"2009-02-27T19:47:15","modified_gmt":"2009-02-27T19:47:15","slug":"la-cruz-del-diablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3696","title":{"rendered":"La cruz del diablo"},"content":{"rendered":"<p>En 1986, me intern\u00e9 en solitario en la selva ecuatoriana, en busca de la entrada que \u0097oculta en la espesura amaz\u00f3nica\u0097 da acceso a los t\u00faneles de los Tayos, que supuestamente albergan el valioso legado de una civilizaci\u00f3n desconocida. <\/p>\n<p>Desde entonces guard\u00e9 silencio sobre lo que all\u00ed averig\u00fc\u00e9, por haberlo pactado as\u00ed con los celadores visibles de aquel mundo subterr\u00e1neo. <\/p>\n<p>Ahora, al cabo de seis a\u00f1os, me veo obligado a publicar parte de su testimonio, forzado a ello por sendos art\u00edculos aparecidos recientemente sobre las cuevas de los Tayos y sobre el t\u00fanel de Costa Rica.<\/p>\n<p>image from GoldLibrary Website<\/p>\n<p>Cuando le sorprendo en el comedor del hotel Guayaquil aquel mediod\u00eda de finales de marzo de 1986, le fastidio a Janos Moricz el jugo de papaya que se estaba llevando a los labios. <\/p>\n<p>Retorn\u00f3 el vaso a la mesa y me mir\u00f3 como si fuera un ectoplasma:<\/p>\n<p>&#8220;\u00bfDe d\u00f3nde sale usted? Ya no cre\u00edamos volver a verle&#8230;&#8221;<\/p>\n<p>Contra su consejo y contra el de sus colaboradores, me hab\u00eda aventurado solo en el Oriente ecuatoriano, en la espesura de la selva amaz\u00f3nica, en busca de una confirmaci\u00f3n de cuanto \u00e9l aseguraba existe en el subsuelo de aquellos parajes v\u00edrgenes. Dado que no logr\u00e9 que me acompa\u00f1ara al lugar de su extraordinaria experiencia, decid\u00ed ir solo. Intent\u00f3 disuadirme durante muchos d\u00edas, para acabar brind\u00e1ndome una cena de despedida para alguien al que no se le va a volver a ver: <\/p>\n<p>&#8220;Entrar solo en la selva supone la muerte. De all\u00ed no sales si no la conoces bien.&#8221;<\/p>\n<p>LA LEY DEL SILENCIO<\/p>\n<p>Ahora que hab\u00eda regresado, y que le demostr\u00e9 hasta d\u00f3nde hab\u00eda llegado, su actitud cambi\u00f3 por completo: me abri\u00f3 su peque\u00f1o museo junto a la sede de la Empresa Minera Cumbaratza y de la Empresa Minera del Sur, en Guayaquil, me mostr\u00f3 parte de su oro, sus fotograf\u00edas del interior de los t\u00faneles, y me obsequi\u00f3 con un plano de los mismos: <\/p>\n<p>&#8220;Es usted el primer extranjero que ha tenido el arrojo de ir solo hasta las cuevas. Otros lo han intentado, pero nunca nadie hab\u00eda ido solo. Ha crecido enormemente mi respeto por usted, por lo que, la pr\u00f3xima vez que venga, le prometo acompa\u00f1arle a la selva. Solamente le pido a cambio que no publique absolutamente nada de lo que ha visto ni de lo que le he estado explicando.&#8221;<\/p>\n<p>No hac\u00eda falta que insistiera en ello. <\/p>\n<p>Conozco bien las reglas y s\u00e9 respetarlas: por \u00e9tica y por propia seguridad, pues queda mucho camino por recorrer.<\/p>\n<p>UN REGUERO DE INFARTOS<\/p>\n<p>Pr\u00e1cticamente a la misma hora en que estaba yo aterrizando procedente de Bogot\u00e1 en el aeropuerto Sim\u00f3n Bol\u00edvar de Guayaquil, el 22 de febrero de 1986, mor\u00eda de un infarto en los montes cercanos a Vilcabamba \u0097en donde Moricz estaba concentrando sus m\u00e1s recientes prospecciones mineras\u0097 el ingeniero jefe de su equipo de ge\u00f3logos, el alem\u00e1n Dr. Stadler, que hac\u00eda su primer recorrido de reconocimiento del terreno. <\/p>\n<p>Esta fue mi bienvenida. <\/p>\n<p>Mi llegada coincidi\u00f3 con la del ingeniero Hans Theo S\u00fcrth, ayudante de Rommel en el desierto en sus a\u00f1os mozos, y que ahora actuaba en representaci\u00f3n del Departamento de Geolog\u00eda y Miner\u00eda de la misma empresa alemana que hab\u00eda enviado al Dr. Stadler. Al comunicar S\u00fcrth la muerte de su compa\u00f1ero a la central alemana, no tard\u00f3 en recibir un telex de sus jefes que finalizaba con estas palabras: &#8220;&#8230; y abrid bien los ojos&#8221;. No dud\u00e9 en aplicarme el consejo.<\/p>\n<p>En 1987 telefone\u00e9 a Pierre Paolantoni a su casa de Paris. Me interesaba contactarle dado que catorce a\u00f1os antes tambi\u00e9n \u00e9l hab\u00eda obtenido informaci\u00f3n de primera mano de Janos Moricz \u0097que por cierto cambi\u00f3 hace a\u00f1os su nombre original h\u00fangaro de Janos por el espa\u00f1ol Juan\u0097. Qued\u00e9 con Pierre en que nos ver\u00edamos personalmente en la primera ocasi\u00f3n que yo tuviera de viajar a Paris. Cuando meses m\u00e1s tarde se dio esta ocasi\u00f3n, telefone\u00e9 previamente para acordar una cita. <\/p>\n<p>Atendi\u00f3 al tel\u00e9fono su mujer Marie-Th\u00e9r\u00e8se: que no hac\u00eda falta que fuera a verlos, dado que al d\u00eda siguiente de mi primera llamada, Pierre Paolantoni hab\u00eda sido ingresado de urgencia en una cl\u00ednica por haber sufrido un ataque card\u00edaco. Precisaba reposos absoluto y no quer\u00eda ni o\u00edr hablar del tema. Durante el invierno de 1991 acud\u00ed repetidas veces al domicilio de los Paolantoni en Par\u00eds, pero jam\u00e1s logr\u00e9 hablar con ellos cara a cara.<\/p>\n<p>Por primera vez desde su salida durante la ocupaci\u00f3n rusa, Janos Moricz ten\u00eda intenci\u00f3n de viajar a Europa, a su Hungr\u00eda natal, en el verano de 1990. Al no venir, le llam\u00e9 a Guayaquil: <\/p>\n<p>&#8220;Con la guerra que se est\u00e1 fraguando en el Golfo, yo no viajo a Europa ni loco&#8221;, me dijo, para a\u00f1adir: &#8220;Y le doy un consejo: l\u00e1rguese con su familia ahora que a\u00fan est\u00e1 a tiempo. Aqu\u00ed tiene usted casa y comida para el tiempo que haga falta.&#8221; <\/p>\n<p>Tem\u00eda que la guerra del Golfo le matara en Europa. Y las paradojas del destino pueden llegar a ser grotescas, dado que no interpret\u00f3 bien el mensaje: se qued\u00f3 en el Ecuador, y exactamente el d\u00eda antes de que el diab\u00f3lico presidente Bush anunciara el fin de la guerra del Golfo, Janos Moricz fue hallado muerto de un infarto de miocardio, el 27 de febrero de 1991, en la habitaci\u00f3n de un hotel en Guayaquil.<\/p>\n<p>EL HALLAZGO DE MORICZ<\/p>\n<p>Entre la voluminosa documentaci\u00f3n que me entreg\u00f3 Juan Moricz cuando regres\u00e9 de la selva, figura copia de la Escritura notarial de protocolizaci\u00f3n de la denuncia oficial de su sorprendente hallazgo. <\/p>\n<p>La present\u00f3 hace casi 20 a\u00f1os al Ministro de Finanzas, y por su intermedio al Presidente de la Rep\u00fablica del Ecuador, para dejar constancia de la exactitud de sus afirmaciones. <\/p>\n<p>Extracto de esta Escritura notarial:<\/p>\n<p>&#8220;He descubierto, en la regi\u00f3n Oriental, provincia de Morona-Santiago, (click imagen derecha) dentro de los l\u00edmites de la Rep\u00fablica del Ecuador, objetos preciosos de gran valor cultural e hist\u00f3rico para la humanidad, que consisten en l\u00e1minas met\u00e1licas que elaboradas por el hombre contienen la relaci\u00f3n hist\u00f3rica de toda una civilizaci\u00f3n perdida de la cual el g\u00e9nero humano no tiene memoria ni indicio todav\u00eda. <\/p>\n<p>Tales objetos se encuentran agrupados dentro de variadas y distintas cuevas, siendo de diversas clases en cada una de ellas. He realizado el descubrimiento de manera enteramente fortuita, en circunstancia en que, en mi calidad de cient\u00edfico, investigaba aspectos folkl\u00f3ricos, etnol\u00f3gicos y ling\u00fc\u00edsticos de tribus ecuatorianas. <\/p>\n<p>Los objetos por m\u00ed descubiertos tienen las caracter\u00edsticas siguientes, las cuales he podido constatar personalmente: <\/p>\n<p>Uno: Objetos de piedra y metal en distintos tama\u00f1os, formas y colores. <\/p>\n<p>Dos: L\u00e1minas de metal grabadas con signos y escritura ideogr\u00e1fica, verdadera biblioteca met\u00e1lica que contiene la relaci\u00f3n cronol\u00f3gica de la historia de la humanidad, el origen del hombre sobre la Tierra y los conocimientos cient\u00edficos de una civilizaci\u00f3n extinguida.&#8221;<\/p>\n<p>Lamina met\u00e1lica encontrada dentro la Cueva de Los Tayos&#8230;<\/p>\n<p>(image from ForosKaliman Website)<\/p>\n<p>M\u00e1s adelante, y siempre dentro de la misma escritura notarial, Moricz no se anda con rodeos ni tapujos cuando se dirige al Presidente de la Rep\u00fablica:<\/p>\n<p>&#8220;Pido a usted se digne nombrar una comisi\u00f3n nacional ecuatoriana de control y de supervisi\u00f3n, a fin de dar a conocer a sus integrantes el lugar exacto en que se encuentran las variadas cuevas y cavernas que contienen los objetos descubiertos. <\/p>\n<p>Dejo constancia de que me reservo el derecho de posteriormente presentar ante quien usted determine, fotograf\u00edas, pel\u00edculas, e incluso muestras originales que sirvan para ampliar la descripci\u00f3n e identificar claramente la forma, tama\u00f1o, disposici\u00f3n y calidad de los objetos por m\u00ed descubiertos. <\/p>\n<p>Dejo constancia, adem\u00e1s, de que en uso de mi derecho de dominio sobre la parte que me corresponde en el hallazgo en conformidad con la Ley, me reservo el derecho de proceder al se\u00f1alamiento y ubicaci\u00f3n exactos del lugar donde los objetos se encuentran una vez que se haya designado oficialmente la comisi\u00f3n que solicito, y \u00e9sta se halle reunida e integrada con los cient\u00edficos, investigadores y observadores que yo por mi parte designe en salvaguarda de mis derechos.&#8221;<\/p>\n<p>COMPROMISO DE SILENCIO<\/p>\n<p>El 23 de julio de 1969 se firm\u00f3 en Guayaquil un documento que comenzaba as\u00ed:<\/p>\n<p>&#8220;Los abajo firmantes, integrantes de la expedici\u00f3n a las cuevas descubiertas y denunciadas en el Ecuador por el Sr. Juan Moricz, nos comprometemos formalmente a no formular declaraci\u00f3n alguna period\u00edstica, radiodifundida, televisada u otras de similar naturaleza, ni a publicar fotograf\u00eda alguna relacionada con la expedici\u00f3n, sus incidencias, los objetos preciosos existentes en el interior de las cavernas, la ubicaci\u00f3n geogr\u00e1fica del lugar descubierto, las teor\u00edas o hip\u00f3tesis a que conduce el descubrimiento y en general respecto de todos los pormenores de la expedici\u00f3n.&#8221; Etc.<\/p>\n<p>De hecho, yo pod\u00eda haber publicado un libro sobre mi viaje a los Tayos (&#8220;Tayu Wari&#8221; en el idioma de los nativos) tan pronto como regres\u00e9 a Barcelona, en la primavera de 1986. Pero no me parec\u00eda \u00e9tico. Prefer\u00eda seguir buscando en esta direcci\u00f3n, como en tantas otras, en silencio. Prefer\u00eda la postura del propio Moricz, cuando le pregunt\u00e9 qu\u00e9 pasar\u00eda si \u00e9l mor\u00eda antes de poder dar al mundo el mensaje que se hab\u00eda tra\u00eddo del interior de las cuevas: <\/p>\n<p>&#8220;No pasar\u00eda nada. Entonces no habr\u00e9 sido yo el elegido para dar este mensaje.&#8221;<\/p>\n<p>Pero apareci\u00f3 recientemente un art\u00edculo sobre los Tayos, firmado por alguien que nunca estuvo cerca de los mismos, ni mucho menos al borde de su entrada. Valga decir aqu\u00ed de paso que tampoco Erich von D\u00e4niken estuvo jam\u00e1s en la selva que encierra estas cuevas.<\/p>\n<p>Un mes despu\u00e9s de este reportaje, apareci\u00f3 un art\u00edculo sobre el t\u00fanel del &#8220;Templo de la Luna&#8221;, al que descend\u00ed con Juan Jos\u00e9 Ben\u00edtez en Costa Rica en octubre de 1985. Honestamente creo que no era momento todav\u00eda de publicar nada sobre ninguno de los dos t\u00faneles. <\/p>\n<p>En el caso de los Tayos, me obligan a publicar parte de mi propio testimonio, en apoyo de sus mismas afirmaciones.<\/p>\n<p>MANIOBRAS DE DISTRACCI\u00d3N<\/p>\n<p>Como queda dicho, llegu\u00e9 a Guayaquil en febrero de 1986. En la sede de la Empresa Minera Cumbaratza me recibe Zoltan, compa\u00f1ero de fatigas de Moricz, y me comunica que acaba de morir en los montes cercanos a Vilcabamba el ge\u00f3logo alem\u00e1n ya citado. <\/p>\n<p>En los d\u00edas siguientes Janos Moricz, su compa\u00f1ero y compatriota Zoltan y Gerardo Pe\u00f1a, el abogado del grupo, me convierten en su hu\u00e9sped de honor y se empe\u00f1an en disuadirme de mi empe\u00f1o de visitar las cuevas: <\/p>\n<p>&#8220;\u00bfDe verdad quiere irse a Oriente? Esto siempre es peligroso, e ir solo es un suicidio.&#8221; <\/p>\n<p>Pero yo no dejo de hacer mis preparativos para el viaje a la selva. Intento conseguir en Guayaquil, sin \u00e9xito, el ansiado suero contra la mordedura de serpientes, que no hab\u00eda podido obtener en Barcelona ni en Madrid. Tampoco aqu\u00ed. En el mercado negro puedo agenciarme un rev\u00f3lver sin licencia por 80.000.- sucres, unas 80.000.- pesetas. <\/p>\n<p>En algunas ferreter\u00edas de la capital del Guayas me ofrecen un rudimentario artefacto de dos balas, sin ninguna precisi\u00f3n, por unas 20.000.- pesetas. Decido que ya ver\u00e9 c\u00f3mo me defiendo en la selva cuando est\u00e9 m\u00e1s cerca de ella. Mientras tanto, me compro una hamaca y un poncho de lona para las lluvias.<\/p>\n<p>En vez de ir conmigo a la selva como estaba previsto, Janos Moricz me invita a acompa\u00f1arle a Vilcabamba \u0097el peque\u00f1o valle andino con mayor \u00edndice de longevidad de Am\u00e9rica\u0097, no sin antes darme un consejo: <\/p>\n<p>&#8220;Ll\u00e9vese bastantes botellas de aguardiente de ca\u00f1a. No para usted, sino para la mula, por si \u00e9sta flaquea en la selva: un trago de aguardiente la levanta de golpe. Adem\u00e1s, es lo m\u00e1s seguro: montado en la mula no le morder\u00e1 ninguna serpiente.&#8221; <\/p>\n<p>Me llevo aguardiente y whisky para m\u00ed. Viajo al sur del Ecuador, casi a la frontera con el Per\u00fa, en un &#8220;Trooper&#8221; de la Empresa Minera del Sur y en compa\u00f1\u00eda de Zoltan. <\/p>\n<p>&#8220;\u00bfPor qu\u00e9 no se olvida de los Tayos? Ver\u00e1 c\u00f3mo le gustan las minas. Es toda una experiencia. Escriba un libro sobre las minas y sobre el oro. Le daremos toda la informaci\u00f3n que precise y en Vilcabamba estamos abriendo una nueva prospecci\u00f3n. Puede vivir all\u00ed como invitado nuestro el tiempo que quiera.&#8221; <\/p>\n<p>No sab\u00edan con qui\u00e9n estaban hablando.<\/p>\n<p>\u00daLTIMOS CONSEJOS Y ADVERTENCIAS<\/p>\n<p>En el camino, me compro en Loja unas botas de agua &#8220;Siete vidas&#8221; para la selva: con ellas avanzas mejor cuando el piso se transforma en lodazal, y puedes evitar la eventual mordedura de alguna serpiente que est\u00e9s a punto de pisar por no haberla visto entre la hojarasca. Sirven, siempre y cuando sus colmillos sean lo suficientemente peque\u00f1os para no perforar la goma de las botas. <\/p>\n<p>Llegamos al Hotel de Turistas de Vilcabamba, en los Andes, adquirido y transformado por Moricz en laboratorio de Geolog\u00eda, en el preciso instante en que en su cocina dan caza a una serpiente que se hab\u00eda colado en el edificio. <\/p>\n<p>En los dos d\u00edas siguientes todo son intentos de disuadirme de mi intenci\u00f3n de llegar a los Tayos. Dado que no cedo, Moricz me brinda un banquete de despedida en el que se queman los \u00faltimos cartuchos: me advierten que nadie hab\u00eda vuelto solo de aquella selva, que las boas van a dar cuenta de m\u00ed antes de que me pueda apercibir de ello, que los tigrillos (jaguares) no son ninguna broma, y que las serpientes esperan gozosas mi llegada. La orquestaci\u00f3n era la de toda una &#8220;\u00faltima cena&#8221;.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente madrugo para emprender con el hijo del c\u00f3nsul alem\u00e1n en Guayaquil, G\u00fcnter Lisken, agregado al ministro de Industria del Ecuador, el largo viaje en jeep hasta Cuenca, la hist\u00f3rica ciudad de los Andes. Media hora antes, Janos Moricz parece compadecerse de m\u00ed y me da unos cuantos consejos pr\u00e1cticos: la mejor ruta que puedo tomar, los contactos que debo localizar en el trayecto a la selva, y c\u00f3mo protegerme de las serpientes: que embadurne de ajo los extremos de mi hamaca, ya que este olor las repele, y deposite algo m\u00e1s lejos potes de leche caliente, cuyo olor en cambio las atrae de forma casi encantada, m\u00e1gica.<\/p>\n<p>Pero yo ya no me f\u00edo de los consejos de quien me ha dejado plantado y ha hecho los imposibles por distraerme de mi objetivo principal. Cambio toda mi estrategia y mi ruta y prescindo de los contactos de Moricz, que averig\u00fc\u00e9 sobre la marcha que no eran en absoluto recomendables. <\/p>\n<p>A partir de ahora todo ser\u00e1 improvisado, y me dejo guiar por mi intuici\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00daLTIMOS APROVISIONAMIENTOS<\/p>\n<p>En Cuenca, ya solo, localizo por fin unas min\u00fasculas bolitas de cloro que se utilizan para el agua de las piscinas. Me llevo una bolsa para purificar con ellas en mis dos cantimploras el agua de los arroyos que beber\u00e9. Tambi\u00e9n me compro un machete de grandes dimensiones, \u00fanica arma que finalmente me llevar\u00e9 a la selva adem\u00e1s de mi cuchillo de supervivencia, que ya tra\u00eda de Barcelona. <\/p>\n<p>Me informo de c\u00f3mo llegar a Macas, la \u00faltima localidad antes de la selva: ir\u00e9 en un autob\u00fas que marcha al Oriente, cruzando los Andes hasta rebasar la tercera cordillera y descender hacia la selva: 300 km que se cubren a marcha lenta en 12 horas. Precio: 300.-pts. En Macas hago el \u00faltimo esfuerzo por conseguir un arma de fuego, pero en vano. Necesito el dinero para alquilar una avioneta que me lleve al coraz\u00f3n de la selva. <\/p>\n<p>Tampoco aqu\u00ed tienen ant\u00eddoto contra la mordedura de las serpientes. Me cuentan que dos d\u00edas antes de mi llegada hallaron a una boa roncando junto a la orilla del r\u00edo, con dos bultos bien visibles en su interior. M\u00e1s abajo apareci\u00f3 un bote vac\u00edo: abrieron la boa y hallaron en su interior a la pareja que ocupaba el bote. Y todav\u00eda no me hallaba en la selva virgen. <\/p>\n<p>Pido ant\u00eddoto contra los ofidios en la rudimentaria enfermer\u00eda de la misi\u00f3n de Chiguaza, algo apartada de Macas. No tienen, pero s\u00ed me da un remedio la hermana encargada de la misma: &#8220;Cuando te abras paso por la selva reza un avemar\u00eda y nada te pasar\u00e1&#8221;. Un anciano misionero pr\u00e1cticamente ciego tiene mejor consejo: <\/p>\n<p>&#8220;Durante toda mi vida he andado por la selva pidiendo que no me tocara a m\u00ed, sino al que viniera detr\u00e1s&#8221;.<\/p>\n<p>RUMBO A LA SELVA<\/p>\n<p>Tengo que esperar tres d\u00edas para obtener permiso de vuelo con la avioneta: falta arreglar una pieza y adem\u00e1s acaba de saberse que el general Frank Vargas Pazzos, jefe de la Fuerza A\u00e9rea Ecuatoriana, se ha alzado contra el presidente de la Rep\u00fablica, Le\u00f3n Febres Cordero. Se proh\u00edben todos los vuelos en el Ecuador, y el batall\u00f3n de Selva en cuya pista debe de aterrizar mi avioneta se halla en estado de alerta m\u00e1xima. <\/p>\n<p>De hecho despegamos de forma clandestina en cuanto se observa el primer claro entre las nubes y las brumas: un r\u00e1pido contacto por radio para conocer la situaci\u00f3n atmosf\u00e9rica en el \u00e1rea de destino permite intentar el vuelo. <\/p>\n<p>Sobre la cordillera selv\u00e1tica del Cutuc\u00fa tenemos serios problemas de visibilidad y no parece que el peque\u00f1o aparato quiera remontar f\u00e1cilmente las copas de los \u00e1rboles m\u00e1s elevados: <\/p>\n<p>&#8220;Nosotros hace diez a\u00f1os que no tenemos ning\u00fan accidente mortal&#8221;, me tranquiliza el piloto a mi lado. &#8220;Los de las misiones protestantes en cambio se la pegan con frecuencia, dado que salen a volar con el est\u00f3mago lleno de alcohol para darse valor. Aqu\u00ed en cuanto ves un claro entre las nubes tienes que despegar y rezar para que no se cubra durante el vuelo, para seguir teniendo visibilidad y llegar a tu destino.&#8221;<\/p>\n<p>En la peque\u00f1a pista de selva me recibe un sargento a pie de avioneta: debo acompa\u00f1arle para justificar mi llegada y el motivo de mi estancia en aqu\u00e9l \u00faltimo basti\u00f3n del ej\u00e9rcito ecuatoriano en los lindes de su territorio selv\u00e1tico cercano a la frontera peruana. All\u00ed solamente se iba castigado, o voluntario para subir escalaf\u00f3n en dos a\u00f1os de estancia. El coronel Gordillo me da la bienvenida y me proh\u00edbe hacer fotograf\u00edas en aquel lugar. <\/p>\n<p>A los pocos minutos, una botella de whisky que saco de mi mochila le hace cambiar de opini\u00f3n y me pide fotografiarse conmigo en aquel mismo marco. Me facilita m\u00e1quina de escribir y una canoa con escolta armada para un tramo del r\u00edo que deber\u00e9 remontar a partir de all\u00ed. <\/p>\n<p>A cambio me pide un informe de todo cuanto observe en mi ruta, dado que ellos mismos desconocen el lugar al que me dirijo. Les queda \u00fanicamente una dosis de ant\u00eddoto contra las serpientes, pero no me la pueden dar porque es para cualquier emergencia que ellos puedan tener. Me internar\u00e9 en la selva definitivamente sin armas de fuego ni ant\u00eddoto contra las serpientes. <\/p>\n<p>Aunque s\u00ed: me llevo un botell\u00edn de keroseno: si te muerden lo tomas y vomitas, pero no te mueres. <\/p>\n<p>Tambi\u00e9n sirve una lavativa de ajo, y los ind\u00edgenas tienen un remedio eficaz: la curarina, una planta que nada tiene que ver con el veneno del curare, y que es eficaz remedio contra la mordedura de las serpientes.<\/p>\n<p>ME DETIENEN LOS GUARDIANES<\/p>\n<p>Un nuevo peligro lo representar\u00e1n pronto los torbellinos de las aguas r\u00e1pidas del r\u00edo Santiago que estamos remontando. Uno de los dos \u00faltimos visitantes de esta zona muri\u00f3 al golpearse contra una roca y caer al agua. Pregunto qu\u00e9 hacer si te ataca una de las boas que acechan en los remansos del r\u00edo: nada. No tienes tiempo. Si caes al agua te arrastra inmediatamente hacia el fondo te aprisiona el t\u00f3rax y te devora entero. <\/p>\n<p>El \u00faltimo tramo es a pie, en una caminata ascendente, con una mochila de 22 kg a las espaldas, en que tienes que abrirte paso a machetazos hasta llegar al poblado nunkui del Coangos. <\/p>\n<p>Durante el viaje hab\u00eda ido oyendo silbidos en la selva: con el lenguaje de los p\u00e1jaros se comunican los j\u00edvaros de estos parajes, y a mi llegada ya sab\u00edan de d\u00f3nde y en qu\u00e9 circunstancias ven\u00eda. Me ofrecieron chicha \u0097ra\u00edz de yuca masticada por las mujeres del poblado\u0097 y aguardiente de ca\u00f1a. <\/p>\n<p>Al cabo de un rato me comunican que no puedo entrar en ninguna hea (caba\u00f1a), ni salir del poblado: soy su prisionero hasta que se aclare qui\u00e9n soy y para qu\u00e9 he venido.<\/p>\n<p>INTERROGATORIO A VIDA O MUERTE<\/p>\n<p>Bien entrada la noche llega por fin un responsable con poder de decisi\u00f3n. Le pregunto qu\u00e9 significa aquella retenci\u00f3n y aquella actitud hostil hacia m\u00ed, dado que ten\u00eda mis papeles en regla, ven\u00eda desarmado y contaba con un salvoconducto del Gobernador de la zona, que instaba a todos los habitantes de la la misma a prestarme ayuda. <\/p>\n<p>Me contest\u00f3 que aquel salvoconducto era papel mojado en el territorio de su tribu, y yo estaba en el fondo completamente de acuerdo con \u00e9l en este extremo. <\/p>\n<p>Y continu\u00f3:<\/p>\n<p>&#8220;Este es nuestra selva y nuestro territorio, y tu has entrado en \u00e9l sin nuestro permiso. Si fueras portador de un permiso nuestro, la costumbre de nuestro pueblo nos obligar\u00eda a protegerte mientras est\u00e9s aqu\u00ed, y nos obligar\u00eda a acompa\u00f1arte hasta que volvieras a salir de nuestra selva con vida, aunque en ello muriera alguno de los nuestros. Pero dado que has entrado en nuestro territorio sin avisarnos de tu llegada, debes saber que si ma\u00f1ana desapareces en estos parajes, si te matamos esta noche, nadie se va a enterar nunca de ello. Nadie conocer\u00eda tu paradero ni podr\u00eda venir en tu ayuda. Desaparecer\u00edas para siempre.&#8221; <\/p>\n<p>Aquella primera noche dorm\u00ed sin llegar a pegar ojo. Con el machete a mano y el cuchillo escondido en una de mis botas. Si la cosa se pon\u00eda fea eran unos 50 individuos, repartidos en 9 caba\u00f1as, los que tendr\u00eda frente a mi. Tampoco ellos se fiaban de m\u00ed. Nadie quiso acogerme en su caba\u00f1a. Al d\u00eda siguiente segu\u00ed inquiriendo el motivo de aquella desconfianza y de aquella hostil acogida, que para m\u00ed no era l\u00f3gica en una tribu de su estilo: &#8220;Es que puedes ser un esp\u00eda&#8221;. <\/p>\n<p>Me acord\u00e9 de repente de que el Gobernador me hab\u00eda advertido que no me adentrara solo en aquella zona de la selva, dado que los j\u00edvaros shuaras estaba en guerra entre s\u00ed, entre tribus: unos quer\u00edan ser ciudadanos ecuatorianos &#8220;oficiales&#8221; y los otros prefer\u00edan seguir siendo los hijos de la selva y due\u00f1os de su propia libertad e independencia. <\/p>\n<p>Pensaban que yo pod\u00eda ser un esp\u00eda que trabajaba para alguno de los bandos contendientes.<\/p>\n<p>HAS VENIDO PARA ESPIAR LAS PIEDRAS<\/p>\n<p>Cuando insist\u00ed en que no ten\u00eda nada que ver en esta lucha, acab\u00f3 por confesarme: <\/p>\n<p>&#8220;Tambi\u00e9n puedes haber venido para espiar las piedras.&#8221; Aquello ya me intrig\u00f3 much\u00edsimo m\u00e1s. \u00bfEspiar las piedras? &#8211; &#8220;S\u00ed, puedes haber venido para espiar las piedras que constituyen la raz\u00f3n de nuestra existencia aqu\u00ed.&#8221; Le dije que s\u00ed, que ese era precisamente el motivo de mi viaje.<\/p>\n<p>En los d\u00edas siguientes fui indagando m\u00e1s y m\u00e1s aspectos de lo que hab\u00eda detr\u00e1s de estas piedras: averig\u00fc\u00e9 as\u00ed que la raz\u00f3n de vivir de estos indios \u0097en esta zona concreta\u0097 se deb\u00eda al hecho de que eran los guardianes de lo que se ocultaba debajo de sus pies, en el subsuelo de aquel pedazo de selva: los agujeros que pertenec\u00edan a otros seres que ellos desconoc\u00edan, pero que el legado de sus padres y abuelos afirmaba viv\u00edan en aquellas profundidades. <\/p>\n<p>Nunca los hab\u00edan visto ellos, pero cuando descend\u00edan a las cuevas en alguna ocasi\u00f3n ve\u00edan sombras que hu\u00edan r\u00e1pidamente en la penumbra, y que dejaban huellas de pisadas en el lodo. Me fui ganando la confianza de aquellos j\u00edvaros distintos hasta lograr que por fin aceptaran tatuarme en el brazo el mismo signo que ellos llevan marcado en el rostro: ser\u00eda mi salvoconducto para futuras incursiones en su territorio. <\/p>\n<p>El veterano Waharai acab\u00f3 llenando de humo una gran hoja que tom\u00f3 de los alrededores, afil\u00f3 una rama en punta y fue pinch\u00e1ndome con paciencia hasta grabarme aquel signo con humo en la piel. Pero antes, con tiento y paciencia, fui averiguando d\u00eda a d\u00eda y noche a noche las historia de las piedras. Me acompa\u00f1aron adem\u00e1s hasta la boca de entrada de Tayu Wari, la gran boca negra en la que anidan los tayos, p\u00e1jaro sagrado que guarda en la tradici\u00f3n el acceso al mundo subterr\u00e1neo. <\/p>\n<p>De regreso, hicimos un alto en el r\u00edo que separa la boca de la cueva del poblado en el que viv\u00eda. De repente, me dice uno de ellos: <\/p>\n<p>&#8220;La otra entrada que buscas est\u00e1 frente a t\u00ed. Mira atentamente. Nunca podr\u00e1s penetrar en ella, pues la guardan las boas. Dos ni\u00f1os de una misma mujer de nuestra tribu han muerto devorados por las boas, uno cada a\u00f1o, el anterior y \u00e9ste, mientras jugaban aqu\u00ed en la orilla del r\u00edo.&#8221;<\/p>\n<p>LO QUE HAY DEBAJO<\/p>\n<p>De acuerdo con los relatos que personalmente me hicieran Janos Moricz y su compa\u00f1ero Zoltan en Guayaquil y en Vilcabamba, y de acuerdo tambi\u00e9n con los relatos que escuch\u00e9 en la selva de boca de los transmisores de los conocimientos antiguos de su tribu \u0097entre ellos los j\u00edvaros shuaras Wamputsar y Kajekai Wajarai Nunkuich, as\u00ed como Venancio, que me abord\u00f3 mientras estaba solo en el riachuelo de la selva lavando mi ropa\u0097, relatos que en lo esencial coinciden con los recogidos de boca de Moricz por Salvador Freixedo y por el matrimonio Marie-Th\u00e9r\u00e8se Guinchard y Pierre Paolantoni, el interior de Tayu Wari alberga lo siguiente:<\/p>\n<p>(image from ForosKaliman Website)<\/p>\n<p>Una vez descendida la oscura chimenea de m\u00e1s de 80 metros de profundidad en la que anidan los p\u00e1jaros sagrados llamados tayos, recorridos los primeros 300 metros de subterr\u00e1neos y atravesada la gran estancia bautizada por Moricz como &#8220;Domo de Nuestra Se\u00f1ora del Guayas&#8221;, hay que recorrer dos galer\u00edas largas, hasta que se dobla un recodo de 90 grados que forma el mismo pasadizo, y que a rengl\u00f3n seguido conduce a una curva en sentido contrario. De all\u00ed se desemboca en una sala circular.<\/p>\n<p>En su centro hay una mesa redonda tallada en piedra, rodeada de siete asientos que son tambi\u00e9n de piedra. En la pared de roca, detr\u00e1s de cada asiento, una abertura rectangular.<\/p>\n<p>A partir de aqu\u00ed hay que penetrar en la abertura que est\u00e1 orientada hacia el Sur. Un pasadizo peque\u00f1o, bajo y estrecho, asciende por una pendiente poco pronunciada. Al cabo de una hora larga de lenta ascensi\u00f3n, el t\u00fanel vira hacia el Sureste y asciende ahora en una pendiente m\u00e1s acentuada. Poco despu\u00e9s, el t\u00fanel se estrecha a\u00fan m\u00e1s, ahora en descenso, y hay que continuar a gatas.<\/p>\n<p>Al poco rato se percibe una luz, al final de la pendiente. La boca del t\u00fanel queda separada del exterior por una potente cascada de agua que la cubre por completo. Una vez cruzada la cascada, se llega a un promontorio, abierto en lo alto sobre la selva virgen, y que da paso a una enorme gruta. Junto a ella, en la pared de la roca que forma un precipicio a plomo sobre la selva virgen que se divisa abajo en el valle, un resbaladizo camino enlosado forma una estrech\u00edsima cornisa que conduce hasta otra abertura \u0097esta vez peque\u00f1a\u0097 en la roca: se trata de una peque\u00f1a cavidad de solamente tres metros de profundidad.<\/p>\n<p>En el piso de esta peque\u00f1a estancia hay dos losas cuadradas de medio metro de lado cada una. Debajo de ella, una estrecha escalera de piedra, que hay que descender hasta llegar a una galer\u00eda de piso de tierra. Al final de la misma, una bajada extremadamente peligrosa que desemboca en una nueva gruta que alberga un peque\u00f1o lago de unos 40 metros de ancho.<\/p>\n<p>Contin\u00faa a partir de aqu\u00ed una galer\u00eda horizontal que se extiendo a lo largo de algo m\u00e1s de un kil\u00f3metro, para virar luego hacia el Oeste e iniciar una bajada poco pronunciada. Por este camino se llega al cabo de una hora larga de marcha a una nueva gruta, mucho m\u00e1s peque\u00f1a que la anterior, y que tambi\u00e9n posee un peque\u00f1o lago interior.<\/p>\n<p>Al retirarse el agua de este lago \u0097fen\u00f3meno que se produce en determinadas circunstancias\u0097 aparece en su fondo, a unos diez metros de profundidad, una galer\u00eda lateral. Al cabo de unos metros, una larga escalera ascendente conduce hacia un nuevo pasadizo superior, horizontal, extremadamente estrecho y de algo m\u00e1s de metro y medio de altura, que avanza en espiral. Al final, una escalera descendente muy pronunciada. Un poco m\u00e1s adelante, una nueva cavidad, en cuyo centro se halla una especie de altar. M\u00e1s all\u00e1, un enorme p\u00f3rtico abre el paso a una galer\u00eda ancha, que se desanda c\u00f3modamente hasta llegar a una suave pendiente que desemboca en una gruta.<\/p>\n<p>En esta gruta, una luz procedente de una especie de l\u00e1mpara giratoria ilumina numerosos esqueletos humanos totalmente recubiertos de oro. Junto a ellos, ingentes cantidades de joyas de todo tipo. En el centro de la estancia se halla una mesa o pupitre de piedra, sobre el cual se hallan unos libros cuyas hojas son de oro. Sus p\u00e1ginas est\u00e1n cubiertas de jerogl\u00edficos, y contienen la historia de todas las civilizaciones de la Tierra.<\/p>\n<p>All\u00ed moran los habitantes de estas cavernas. M\u00e1s bajos que nosotros. Se mueven como sombras en la penumbra. Ning\u00fan extra\u00f1o debe tocar nada de lo que all\u00ed ve. De lo contrario, nunca m\u00e1s hallar\u00e1 el camino de salida.<\/p>\n<p>NO DES UN PASO EN FALSO<\/p>\n<p>Esta es la historia y existe el lugar. Pero podr\u00eda ser que no fuera \u00e9ste el lugar de esta historia. Porque un lugar as\u00ed, naturalmente, se cubre con habilidad. Si te aventuras tras las huellas que dejo en este reportaje, no hallar\u00e1s m\u00e1s que un conjunto de cuevas entrelazadas, y unos indios que guardan silencio. <\/p>\n<p>Pocas son en estos momentos las personas que conocen las claves correctoras para llegar a la biblioteca de oro. Este reportaje te muestra la cerradura. Pero si no posees la llave, nunca llegar\u00e1s a abrir la puerta. Si intentas forzarla, reventar\u00e1s en el intento. <\/p>\n<p>Lee, escucha, docum\u00e9ntate en otras fuentes, en otros textos, en otros libros. Existen. La llave existe, por fortuna para los aut\u00e9nticos buscadores. Solamente hay que ser sincero consigo mismo, ser honesto, y saber leer cada frase en varios sentidos. De la habilidad y limpieza de prop\u00f3sitos del buscador depende \u0097exclusivamente\u0097 el dar con la llave de este legado. <\/p>\n<p>Recuerda siempre que solamente llega aqu\u00e9l que realmente merezca llegar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1986, me intern\u00e9 en solitario en la selva ecuatoriana, en busca de la entrada que \u0097oculta en la espesura amaz\u00f3nica\u0097 da acceso a los t\u00faneles de los Tayos, que supuestamente albergan el valioso legado de una civilizaci\u00f3n desconocida. Desde entonces guard\u00e9 silencio sobre lo que all\u00ed averig\u00fc\u00e9, por haberlo pactado as\u00ed con los celadores visibles de aquel mundo subterr\u00e1neo.<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[214],"tags":[],"class_list":["post-3696","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-andreas-faberk"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3696","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3696"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3696\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3696"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3696"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3696"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}