{"id":3678,"date":"2009-02-27T19:00:39","date_gmt":"2009-02-27T19:00:39","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3678"},"modified":"2009-02-27T19:00:39","modified_gmt":"2009-02-27T19:00:39","slug":"recuerda-que-eres-mortal-(rese\u00f1a)","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3678","title":{"rendered":"Recuerda que eres mortal (rese\u00f1a)"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 AUTOR<br \/>\n\u00c9mile M. Cioran<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 G\u00c9NERO<br \/>\nAforismos<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 T\u00cdTULO<br \/>\nCuadernos, 1957-1972<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 OTROS DATOS<br \/>\nSelecci\u00f3n de Verena von der Heyden-Rynsch. Prefacio de Simone Bou\u00e9. Traducci\u00f3n de Carlos Manzano. Barcelona, 2000. 265 p\u00e1ginas. 2.500 pesetas<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 EDITORIAL<br \/>\nTusquets<\/p>\n<p>Recuerda que eres mortal Por Justo Serna, s\u00e1bado, 10 de febrero de 2001 La obra de Cioran nos acerca a nuestra propia realidad, al disfrute de lo m\u00e1s cercano, y vacuna contra el engreimiento desbordado o la ca\u00edda en la desesperaci\u00f3n Hay asuntos sobre los que se discute aunque s\u00f3lo sea porque su condici\u00f3n abstracta o invisible posibilita la controversia, el conflicto de interpretaciones. Sin embargo, cuando nos las vemos con algo material, con un dato material de la experiencia, parece haber consenso acerca de su existencia. Uno de las certidumbres de nuestra cultura, uno de los hechos incontrovertibles, es la noci\u00f3n de obra. Cuando digo obra me refiero en este caso a la producci\u00f3n intelectual de la que un autor deja huella en un soporte. Un libro, por ejemplo. Si un libro contiene la materialidad de un volumen, nada habr\u00eda que objetar a su definici\u00f3n como obra. Ahora bien, como nos advirti\u00f3 Michel Foucault hace ya m\u00e1s de treinta a\u00f1os, suponiendo que nos las veamos con un autor, \u0093\u00bftodo lo que ha escrito o dicho, todo lo que ha dejado tras de s\u00ed forma parte de su obra?\u0094. M\u00e1s a\u00fan, reparemos en el ejemplo de Nietzsche, ejemplo que el mismo Foucault anota y que, como despu\u00e9s veremos, viene bien a las intenciones que nos proponemos. Imaginemos un di\u00e1logo figurado entre estudiosos.<\/p>\n<p>Puestos a editar las obras completas de Nietzsche, \u00bfd\u00f3nde deber\u00edamos detenernos o, mejor, qu\u00e9 cosas deber\u00edan formar parte o no de esas obras aparecidas p\u00f3stumamente?, se preguntar\u00eda un esc\u00e9ptico o un escrupuloso. \u0093Hay que publicarlo todo, por supuesto\u0094, responder\u00eda el esforzado erudito. \u0093Pero \u00bfqu\u00e9 quiere decir este \u0091todo\u0092?\u0094, nos interrogar\u00edamos parafraseando al primero. \u0093Todo lo que el propio Nietzsche public\u00f3\u0094, dir\u00eda el segundo. \u0093\u00bfLos borradores de sus obras?\u0094, insistir\u00edamos. \u0093Desde luego\u0094, responder\u00eda el erudito. \u0093\u00bfLos proyectos de aforismos?\u0094, a\u00f1adir\u00edamos. Sin lugar a dudas. \u0093\u00bfTambi\u00e9n las tachaduras, las notas bajo los apuntes?\u0094, proseguir\u00eda el esc\u00e9ptico. \u0093S\u00ed\u0094, conceder\u00eda el erudito. Pero \u00bfqu\u00e9 pasa \u0093cuando, en el interior de un cuaderno de apuntes lleno de aforismos, se encuentra una referencia, la indicaci\u00f3n de una cita o de una direcci\u00f3n, una nota de lavander\u00eda\u0094? \u00bfLas tomamos como pertenecientes a la obra o no? Y si las descartamos, \u00bfno corremos el riesgo de sepultar una idea luminosa tomada al margen? \u0093De entre los millones de huellas dejadas por alguien tras su muerte, \u00bfc\u00f3mo se puede definir una obra?\u0094 La condici\u00f3n de p\u00f3stumo no asegura la evidencia incontrovertible de la obra o la pertinencia de su inclusi\u00f3n en los textos definitivos.<\/p>\n<p>Cuando se cierne sobre nosotros la amenaza de morir de \u00e9xito o cuando el dolor se nos vuelve irreparable, cuando el narcisismo nos desequilibra o cuando el pesimismo nos ciega, en una palabra cuando la omnipotencia infantil triunfante o frustrada regresa para da\u00f1arnos, hay que volver a Cioran<\/p>\n<p>Dejemos ahora a Nietzsche y tomemos, por el contrario, a otro de los grandes maestros del nihilismo contempor\u00e1neo. Me refiero, por supuesto, a Emil Cioran. Las preguntas y las dudas que planteaba correosamente nuestro esc\u00e9ptico figurado son centrales en este \u00faltimo caso, no porque haya alguna afinidad entre ambos pensadores, afinidad que a buen seguro Cioran descartar\u00eda, sino por la condici\u00f3n problem\u00e1tica del autor y de la obra. Cioran, como sabemos sobre todo a partir de la difusi\u00f3n que en Espa\u00f1a hizo de \u00e9l Fernando Savater, fue un ap\u00e1trida afincado durante muchos a\u00f1os en Par\u00eds, un escritor que abandon\u00f3 el rumano por la lengua francesa, un polemista que, pese al inter\u00e9s, al humor y al desgarro de sus ideas, s\u00f3lo tuvo una escasa repercusi\u00f3n en los ambientes culturales de posguerra. Fue un estilista si por tal se entiende la expresi\u00f3n pasional, el retorcimiento elegante y el solecismo intencional que adrede inflige a un idioma prestado. Fue alguien que predic\u00f3 el hast\u00edo de vivir \u0096como si de un volc\u00e1n apagado se tratara&#8211;, la derrota que significa abandonar lo potencial, el error que entra\u00f1a el nacimiento, el vac\u00edo existencial, la nostalgia del Para\u00edso. No fue un existencialista angustiado al modo de los que frecuentaron el Par\u00eds de posguerra, no predic\u00f3 la n\u00e1usea ni tampoco se abandon\u00f3 a un lenguaje abstruso. Practic\u00f3 el sedentarismo viviendo en hoteles durante mucho tiempo, ensalz\u00f3 el disfrute de las peque\u00f1as cosas de la vida sin darles la trascendencia grave y esencial de las que carec\u00edan. No se tom\u00f3 enf\u00e1ticamente y se vio con iron\u00eda, con la ternura del que se sabe desvalido. Recomendaba, por ejemplo, la visita frecuente al cementerio para aplacar el dolor humano, para rebajar la herida que lo ordinario nos inflige y, m\u00e1s a\u00fan \u0096a\u00f1adir\u00eda yo mismo&#8211;, para alejar la soberbia, para evitar la jactancia arrogante del \u00e9xito. A lo que nos cuentan, fue a la vez orgulloso y autopunitivo, tortuoso e irreparablemente vitalista s\u00f3lo porque sab\u00eda de la posibilidad cierta del suicidio. Tuvo una juventud peligrosa, explosiva, altanera, casi delirante y una madurez descre\u00edda, mostr\u00e1ndose cada vez m\u00e1s af\u00edn al budismo, a la templanza sabia que se distancia del yo enf\u00e1tico y evidente. Un personaje as\u00ed merece la pena frecuentarlo. Cuando se cierne sobre nosotros la amenaza de morir de \u00e9xito o cuando el dolor se nos vuelve irreparable, cuando el narcisismo nos desequilibra o cuando el pesimismo nos ciega, en una palabra cuando la omnipotencia infantil triunfante o frustrada regresa para da\u00f1arnos, hay que volver a Cioran. <\/p>\n<p>Hay, en efecto, que volver a la obra de alguien que nos obliga a reparar en nosotros mismos. Perm\u00edtanme, para subrayarlo, exhumar una an\u00e9cdota de la Roma imperial, una an\u00e9cdota que recuerdo haber le\u00eddo a alg\u00fan otro autor pero del que ahora no retengo su nombre, una an\u00e9cdota, en fin, que resulta enteramente aplicable a Cioran para poder entender la clase de t\u00f3nico que el ex rumano nos administraba y nos seguir\u00e1 administrando. Durante la ceremonia en la que se coronaba al nuevo emperador que acced\u00eda al trono, la tradici\u00f3n antigua hab\u00eda instituido la costumbre de que el gobernante se hiciera acompa\u00f1ar por un individuo que, justo en el momento de m\u00e1ximo esplendor, ten\u00eda por \u00fanica funci\u00f3n repetirle al o\u00eddo: \u0093Recuerda que eres mortal\u0094. Es decir, Cioran ser\u00eda como el buf\u00f3n necesario que precisa el ser humano, ese ser engre\u00eddo y enf\u00e1tico que unas veces se juzga rey y otras mendigo, que se ensoberbece o que se hunde al primer fracaso, ese ser insustancial que cree alejarse del sinsentido y de la muerte y que se piensa justificado, necesario. El hombre es mortal y Cioran cumpli\u00f3 ya con ese destino escandaloso.<\/p>\n<p>Los Cuadernos son as\u00ed retratos de interior, retazos de su psique en los que la fecha carece de importancia, puesto que expresan estados an\u00edmicos siempre presentes, logros o derrotas de un alma ya hecha<\/p>\n<p>A su muerte, en 1995, se encontraron treinta y cuatro cuadernos in\u00e9ditos de anotaciones, de aforismos, como si fueran las entradas de un dietario y abarcaban un per\u00edodo que iba de 1957 a 1972. Se public\u00f3 en Francia un volumen p\u00f3stumo de mil p\u00e1ginas. Ahora, la editorial Tusquets tiene el acierto de proporcionarnos una versi\u00f3n espa\u00f1ola abreviada, una antolog\u00eda de esa edici\u00f3n original. Esos Cuadernos contienen borradores, ideas en latencia, aforismos provisionales a\u00fan por pulir o por trasladar a otros vol\u00famenes, citas, retratos personales, estados de \u00e1nimo, invectivas, humoradas, pesimismos, euforias y exaltaciones. Expresan soledad, soledad alegre y taciturna a un tiempo, y no son propiamente un diario. \u00bfDeber\u00edan formar parte de unas obras completas del autor? Desde luego no son anotaciones marginales, perecederas, dado que el propio Cioran las conserv\u00f3 y numer\u00f3 en cuadernos sucesivos, ni son simples notas de lavander\u00eda que un disc\u00edpulo minucioso o una viuda desamparada exhumen por exceso de celo o por falta de resignaci\u00f3n. Son algo m\u00e1s, son el relato de un autor que asiste a su agostamiento desde el primer d\u00eda, pero son tambi\u00e9n el relato de lo que \u00e9l mismo cre\u00eda su declinaci\u00f3n literaria (despu\u00e9s de haber dejado de fumar, por ejemplo, como si de un Italo Svevo se tratara). Aun teniendo una cierta e irregular dataci\u00f3n, no expresan un orden sucesivo ni dan cuenta de evoluci\u00f3n alguna. \u00bfNo nos hab\u00eda advertido en Del inconveniente de haber nacido que \u0093lo que s\u00e9 a los sesenta a\u00f1os, ya lo sab\u00eda a los veinte\u0094? Los cuarenta o los sesenta a\u00f1os transcurridos son s\u00f3lo un minucioso o incluso un superfluo trabajo de comprobaci\u00f3n, a\u00f1ad\u00eda.<\/p>\n<p>Los Cuadernos son as\u00ed retratos de interior, retazos de su psique en los que la fecha carece de importancia, puesto que expresan estados an\u00edmicos siempre presentes, logros o derrotas de un alma ya hecha. Esos cuadernos son sobre todo daguerrotipos antiguos en las que es dif\u00edcil advertir el paso del tiempo y a partir de los cuales es casi imposible ordenar el relato de una vida. El lector, es decir, yo mismo, un historiador que como dijera Foucault de todos los historiadores es sobre todo un caballero obsesionado con la exactitud, no echa en falta la cronolog\u00eda, sin embargo. Esto es, lee la obra como si su escritura fuera simult\u00e1nea y no sucesiva, como si esas anotaciones fueran jirones contempor\u00e1neos, trozos de alma arrancados a la vez. Son, pues, un peque\u00f1o tesoro que se a\u00f1ade al legado mayor de Cioran, un tesoro que salv\u00f3 del olvido su compa\u00f1era Simone Bou\u00e9, su viuda, unos Cuadernos que ella misma prolog\u00f3 y que no pudo ver publicados: en v\u00edsperas de su publicaci\u00f3n, Bou\u00e9 mor\u00eda \u0093accidentalmente\u0094 \u0096nos advierten los editores&#8211; confirmando con ello el destino irreparable y escandaloso que a todos nos aguarda y haciendo de estos Cuadernos una obra doblemente p\u00f3stuma. \u00bfLa \u00faltima humorada de Cioran?<br \/>\nSuscribirse <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 AUTOR \u00c9mile M. Cioran \u00a0 \u00a0 G\u00c9NERO Aforismos \u00a0 \u00a0 T\u00cdTULO Cuadernos, 1957-1972 \u00a0 \u00a0 OTROS DATOS Selecci\u00f3n de Verena von der Heyden-Rynsch. Prefacio de Simone Bou\u00e9. Traducci\u00f3n de Carlos Manzano. Barcelona, 2000. 265 p\u00e1ginas. 2.500 pesetas \u00a0 \u00a0 EDITORIAL Tusquets Recuerda que eres mortal Por Justo Serna, s\u00e1bado, 10 de febrero de 2001 La obra de Cioran<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[161],"tags":[],"class_list":["post-3678","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-mile-cioran"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3678","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3678"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3678\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3678"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3678"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3678"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}