{"id":3627,"date":"2009-02-11T19:48:07","date_gmt":"2009-02-11T19:48:07","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3627"},"modified":"2009-02-11T19:48:07","modified_gmt":"2009-02-11T19:48:07","slug":"contemplaci\u00d3n-y-liturgia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3627","title":{"rendered":"CONTEMPLACI\u00d3N Y LITURGIA"},"content":{"rendered":"<p>Constantin Andronikof<\/p>\n<p>Publicado en Il Dio Giano, Sear Edizioni, Scandiano, 1992.<\/p>\n<p>Constantin Andronikof, nacido en 1916 en San Petersburgo (Petrograd) y fallecido en Par\u00eds en 1998, fue durante a\u00f1os profesor de teolog\u00eda lit\u00fargica en el Instituto de Teolog\u00eda Ortodoxa Saint-Serge de Par\u00eds. Trabaj\u00f3 como int\u00e9rprete en el ministerio de Asuntos Extranjeros del gobierno franc\u00e9s y fue miembro fundador de la AIIC (Association Internationale des Interpr\u00e8tes de Conf\u00e9rence, con sede en Gen\u00e8ve, Suiza). Autor de numerosas obras y traducciones, de entre las que cabe destacar Des myst\u00e8res sacramentels (Par\u00eds, Cerf, 1998) y Le sens de la liturgie (Par\u00eds, Cerf, 1988), fue una de las m\u00e1s notables personalidades de la tradici\u00f3n ortodoxa. Del \u00faltimo libro citado hay publicada una traducci\u00f3n castellana de L\u00e1zaro Pons Vel\u00e1zquez (El sentido de la liturgia. La relaci\u00f3n entre Dios y el hombre, Valencia, Edicep, 1992, 340 pp.). El art\u00edculo aqu\u00ed reproducido apareci\u00f3 publicado en &#8220;Cahiers de l&#8217;Universit\u00e9 Saint Jean de J\u00e9rusalem&#8221;, n\u00ba 11: La contemplation comme action n\u00e9cessaire, coloquio celebrado en Par\u00eds del 18 al 20 de mayo de 1984, Berg International \u00c9diteurs (129, boulevard Saint-Michel, 75005, Par\u00eds), 1985. Hasta hoy mismo desconoc\u00eda la existencia de la traducci\u00f3n castellana de Edicep; la presente conferencia aparece en ella formando el cap\u00edtulo XI, aunque existen ligeras variaciones. <\/p>\n<p>* * * <\/p>\n<p>Para emprender un discurso sobre la contemplaci\u00f3n, la the\u00f4ria, es necesario en primer lugar ser conscientes del car\u00e1cter parad\u00f3jico de nuestro intento. En efecto, hablar &#8220;te\u00f3ricamente&#8221; de la the\u00f4ria es contradictorio y, a priori, imposible, dado que se trata de un hecho de la experiencia, y no de una especulaci\u00f3n. Ni su g\u00e9nesis ni su ejercicio dependen de un an\u00e1lisis racional, y su fruto no es l\u00f3gicamente susceptible de formulaci\u00f3n ni puede ser objeto de una exposici\u00f3n convincente. La contemplaci\u00f3n consiste en suma en ver un misterio, o en o\u00edrlo (lo que es lo mismo cuando se llega a un cierto nivel de percepci\u00f3n espiritual). Sin embargo, disponemos de muchos testimonios dados por quienes han cultivado esta experiencia, los Padres o &#8220;atletas&#8221; espirituales. Ellos han definido su objeto, absteni\u00e9ndose de explicarlo, aunque enunciando la manera y el m\u00e9todo de enfocarlo. As\u00ed pues, es solamente en la medida reservada en la que han hablado de \u00e9l que podemos aventurarnos a decir algo de segunda mano.<br \/>\nDicho esto, no dejar\u00e1 de plantearse una pregunta natural y perentoria: \u00bfdebemos resignarnos a no considerar m\u00e1s que desde el exterior, como turistas en un museo, la extraordinaria adquisici\u00f3n cuya existencia inaccesible para nosotros revelan los Padres, o podemos interiorizarla y participar vivamente en ella apropi\u00e1ndonosla en una cierta medida? La fe y la tradici\u00f3n cristianas nos permiten responder a la pregunta de manera afirmativa: en efecto, podemos constatar que hay una actividad humana que nos pone en contacto directo con las realidades de la visi\u00f3n o de la audici\u00f3n m\u00edsticas, y que nos incita consciente e inconscientemente a asociarlas y a integrarlas: es la &#8220;obra com\u00fan&#8221; de la oraci\u00f3n de la Iglesia, que culmina en la liturgia eucar\u00edstica.<br \/>\nAhora bien, \u00bfqu\u00e9 nos ense\u00f1an los maestros de la contemplaci\u00f3n (me refiero a los de la tradici\u00f3n ortodoxa)? En primer lugar, nos hacen comprender que tanto su preparaci\u00f3n como su efectividad, y el estado al cual conduce, son una acci\u00f3n incesante y tambi\u00e9n un encarnizado combate. No separan la praxis de la the\u00f4ria. \u00c9sta es un desenlace de aquella, pero a su vez provoca una intensificaci\u00f3n de todo el modo de vida, seg\u00fan un comportamiento o politeia conforme a las iluminaciones recibidas, y no s\u00f3lo en el hombre interior, sino tambi\u00e9n con respecto al mundo y al pr\u00f3jimo. Es literalmente tras un cuerpo a cuerpo, y tras un esp\u00edritu a esp\u00edritu sin tregua con lo trascendente y con lo inmanente, positivo o negativo, bienhechor o mal\u00e9fico, que han podido en particular superar una doble paradoja: describir un proceso no objetivable que se abre sobre algo que es esencialmente indecible y que al mismo tiempo constituye la suprema realidad, ya que es el ser divino en sus manifestaciones.<br \/>\n\u00bfNos bastar\u00eda, sin embargo, con escuchar sus discursos para comprender la contemplaci\u00f3n y para adquirir el medio de acceder a ella? \u00a1No! Sus advertencias abundan, y son serias. &#8220;Vosotros, que lo ignor\u00e1is todo y que carec\u00e9is de la percepci\u00f3n y de la experiencia de la iluminaci\u00f3n y de la contemplaci\u00f3n divinas, \u00bfc\u00f3mo no os espant\u00e1is por el solo hecho de escribir o de hablar de ellas? Si es cierto que debemos rendir cuentas por toda palabra ociosa (Mt. XII, 36), \u00bfcon cu\u00e1nta mayor raz\u00f3n no seremos juzgados por ello y castigados como habladores de nada?&#8221; (1).<br \/>\nSi hablar sin decir nada es condenable desde el instante en que no se trata \u00fanicamente de un juego intelectual, sino de un ejercicio que interesa a todo el organismo humano para ponerlo en relaci\u00f3n con la esencia de las cosas y con las realidades divinas, cu\u00e1nto m\u00e1s temible es enunciar ideas falsas, da\u00f1inas. En efecto, si el visionario est\u00e1 en contacto con lo alto que le ilumina, lo est\u00e1 tambi\u00e9n con lo bajo que intenta entenebrecerle. El esp\u00edritu del bien no est\u00e1 solo en la obra y a su alrededor; los esp\u00edritus del mal velan y los demonios hallan un terreno de actuaci\u00f3n privilegiado en aquellos que se esfuerzan por percibir lo invisible. De ah\u00ed la frecuencia de las exaltaciones huecas, de los falsos \u00e9xtasis y de los des\u00f3rdenes ps\u00edquicos, nutridos por una imaginaci\u00f3n pasional y por pensamientos desviados que conducen a furores fan\u00e1ticos (relativos, por ejemplo, al poder, al sexo, a la ideolog\u00eda&#8230;).<br \/>\nLa \u00fanica gu\u00eda infalible en la materia es la doctrina recta, fundada en la Revelaci\u00f3n, fijada en la Escritura, profundizada, desarrollada y conducida por la Tradici\u00f3n. Es as\u00ed que la m\u00edstica verdadera no es sino la visi\u00f3n directa de los misterios de la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Esp\u00edritu Santo. Dicho de otro modo, dogma y m\u00edstica van a la par, irrefutablemente indivisibles. (Por dogma entendemos aqu\u00ed no solamente lo que la Iglesia ha debido formular, como en Nicea, en Calcedonia, etc., sino tambi\u00e9n los &#8220;hechos dogm\u00e1ticos&#8221; mucho m\u00e1s numerosos que constituyen el cristianismo, comenzando con el dogma de la propia Iglesia, que jam\u00e1s ha sido objeto de un decreto conciliar). La libertad del contemplativo se manifiesta precisamente por la acci\u00f3n asc\u00e9tica que le libera de la &#8220;ilusi\u00f3n espiritual&#8221;, de la terrible distracci\u00f3n, tentaci\u00f3n bien conocida por los monjes y despreciada por los fil\u00f3sofos, que le hace ignorar la verdad que hace libre, la elecci\u00f3n de Aquel que es la Verdad, gracias al Esp\u00edritu de la Verdad (2).<br \/>\nNo es entonces sino despu\u00e9s de haber dominado las pasiones del alma y del cuerpo, y de haber dome\u00f1ado las imaginaciones y los pensamientos an\u00e1rquicos del intelecto, al precio de una acci\u00f3n perseverante y ardua, que uno puede comenzar la acci\u00f3n contemplativa. El \u00fanico m\u00e9todo para ello, y los maestros son un\u00e1nimes a este respecto, consiste en seguir rigurosamente lo que se ha llamado los &#8220;mandamientos&#8221; de Dios, y que m\u00e1s exactamente son los preceptos de la vida perfecta, que Dios lega como talentos a nuestra voluntad y a nuestra libertad. Ni que decir tiene que la condici\u00f3n inamisible es la fe, pues &#8220;si no cre\u00e9is, no conocer\u00e9is&#8221; (Is., VI, 9). El iniciador del monaquismo egipcio, Or\u00edgenes, cita esta frase del profeta Isa\u00edas para introducir su doctrina de la contemplaci\u00f3n gn\u00f3stica y la aclara con el precepto fundamental del Verbo encarnado: &#8220;Si os manten\u00e9is en mi palabra&#8230; conocer\u00e9is la verdad&#8221; (Jn, VIII, 31-32). &#8220;Aquel que permanece en la verdad de la fe y que reside en el Logos haciendo las obras del Logos, \u00e9ste conoce la verdad&#8221; (Coment. sobre Mt., XVI, 9, y sobre Jn., XIX, 3-18). He aqu\u00ed el esquema que plantea Or\u00edgenes: el comportamiento (politeia) seg\u00fan los preceptos del Verbo, conforme a la fe, conduce por la virtud al conocimiento (gn\u00f4sis), luego a la sabidur\u00eda (sophia) (equivalente al estado de contemplaci\u00f3n). La pr\u00e1ctica de las obras de Dios, en la piedad, abre el esp\u00edritu del hombre a la energ\u00eda del Esp\u00edritu Santo. La fe en acto, por el conocimiento y la sabidur\u00eda, conduce a la visi\u00f3n (3). Para ilustrar su idea, Or\u00edgenes recurre a la tipolog\u00eda b\u00edblica; es as\u00ed, dice, que Abraham, por la fe, obedece en sus obras; que Isaac obtiene el conocimiento; pero Jacob alcanza la contemplaci\u00f3n (Pr\u00f3logo al Comentario sobre el Cantar).<br \/>\nDesde el gran alejandrino, el v\u00ednculo indisoluble entre la contemplaci\u00f3n y la acci\u00f3n est\u00e1 claramente establecido. \u00c9stas se condicionan y se alimentan mutuamente. Este principio ser\u00e1 constante en todos los maestros espirituales hasta nuestros d\u00edas. Sentimientos y pensamientos deben encarnarse y manifestarse en la vida, tanto interior como exteriormente. Si la acci\u00f3n precede a la contemplaci\u00f3n, \u00e9sta requiere de la pr\u00e1ctica de las obras de Dios. Su expresi\u00f3n primera es la piedad (theosebeia). Tal es precisamente la virtud, seg\u00fan Or\u00edgenes, de la doctrina cristiana y su ventaja supereminente con respecto a la filosof\u00eda de Plat\u00f3n o de Plotino. Incluso aunque los griegos hubieran alcanzado una correcta concepci\u00f3n de Dios, &#8220;han tenido a la verdad cautiva de la injusticia&#8221;, como declara el ap\u00f3stol; &#8220;no han rendido a Dios ni la gloria ni la acci\u00f3n de la gracia que le corresponde; por el contrario, se han extraviado en sus vanos razonamientos y su coraz\u00f3n insensato se ha entenebrecido&#8221;; debido a &#8220;su inteligencia sin juicio, hacen lo que no conviene&#8221; (Rom. I, 18, 21, 28). Al no haber entregado su inteligencia y su coraz\u00f3n, no han adecuado su vida a su conocimiento ni han realizado el culto conveniente a Dios. Or\u00edgenes utiliza en Contra Celso la argumentaci\u00f3n paulina (4). La filosof\u00eda, en efecto, debe ser justa no solamente en el sentido de la raz\u00f3n, sino tambi\u00e9n en el de la religi\u00f3n, es decir, buena y \u00fatil. La verdadera filosof\u00eda es la que salva. Los Padres ascetas a menudo la llaman &#8220;filosof\u00eda pr\u00e1ctica&#8221;, que, culminando en la contemplaci\u00f3n de las realidades celestiales, deviene la verdadera theologia, es decir, la visi\u00f3n de las energ\u00edas divinas o, en general, de los &#8220;bienes&#8221;, ta agatha, que dispensa Dios.<br \/>\nNo hay m\u00e1s que aplicar estos principios, tan simples y claros. Pero aqu\u00ed comienzan las dificultades. Son peligrosas en grados diversos, tanto para aquel que se compromete en la v\u00eda de la experiencia espiritual como para el observador exterior. Para el primero, se trata en efecto de comenzar ante todo un combate sin tregua contra s\u00ed mismo, a fin de vencer las pasiones que los demonios suscitan en \u00e9l, y contra el mundo-prisi\u00f3n que oculta al cosmos de Dios; debe &#8220;crucificar al mundo para s\u00ed&#8221;, y tambi\u00e9n &#8220;crucificarse al mundo&#8221;, para alcanzar la impasibilidad, es decir, la pureza que le har\u00e1 receptivo a la luz, y despu\u00e9s transparente a \u00e9sta (5). Debe luego ejercitarse sin descanso para mantenerse en el estado de iluminaci\u00f3n. &#8220;En el momento en que todo nuestro celo, toda nuestra fe y todo nuestro deseo consisten en esforzarnos&#8230; en observar los preceptos de Dios&#8221;, por la praxis de &#8220;la conversi\u00f3n (incluyendo el arrepentimiento), la compunci\u00f3n, la humildad, entonces se abre para nosotros como una peque\u00f1a apertura en el techo visible del cielo y se nos aparece la luz inmaterial y no\u00e9tica (inteligible)&#8230;&#8221;. Esto, siguiendo a los anacoretas egipcios o a los cenobitas palestinos y bizantinos, san Sime\u00f3n el Nuevo Te\u00f3logo lo ense\u00f1a a\u00fan en el a\u00f1o mil a sus hermanos del monasterio de San Mammas del que era superior; pero a\u00f1ade: &#8220;Todo esto no es m\u00e1s que un comienzo para los novicios en la empresa de la piedad, para aquellos que vienen dispuestos a los combates de la virtud&#8230;&#8221;. Sin embargo, &#8220;quien ha perseverado durante un cierto tiempo&#8230; aprende maravillas tras maravillas, misterios tras misterios, contemplaciones tras contemplaciones&#8230; y ve y comprende (no\u00f4n) y es iniciado (myoumenos)&#8221;. Incluso en este estadio, el iniciado no se halla sin embargo en una especie de arrobamiento pasivo, en el que su inteligencia y sus sentidos estar\u00edan en s\u00edncope. Por el contrario, la actividad del hombre es entonces particularmente intensa, pues &#8220;est\u00e1 como en la luz, o m\u00e1s bien con la luz, y no como en un \u00e9xtasis continuo; pero se ve a s\u00ed mismo y a aquello que le concierne, tanto, que percibe el estado en que se halla su pr\u00f3jimo&#8221;. Es tambi\u00e9n perfectamente consciente del hecho de que su iniciaci\u00f3n no es sino rudimentaria, pues &#8220;sabe de antemano que&#8230; sobre todo despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, cuando contemple tal como es esta luz insostenible&#8230; (entonces) \u00ablo que el ojo no ha visto&#8230; lo que no ha ascendido hasta el coraz\u00f3n del hombre, lo que Dios tiene dispuesto para aquellos que le aman\u00bb (I Cor., II, 9), (esto) le ser\u00e1 revelado m\u00e1s distintamente que esa luz que est\u00e1 actualmente en \u00e9l mismo y por la cual es iluminado&#8221; (6). Es evidente, pues, que es preciso un conocimiento y una maestr\u00eda profunda de todo el organismo humano en su relaci\u00f3n con la energ\u00eda de Dios que le ha creado e informado, y con las potencias infernales que intentan deformarle y destruirle.<br \/>\nDoble complejidad y doble profundidad, pues lo esencial divino es insondable. S\u00f3lo el Esp\u00edritu puede sondearlo y conferir al alma humana la energ\u00eda propia para penetrar en \u00e9l. Ahora bien, el Esp\u00edritu sopla donde quiere y cuando quiere, y ning\u00fan m\u00e9todo es capaz de constre\u00f1ir su libertad y su juicio. El asceta no dispone m\u00e1s que de la esperanza de sus oraciones para buscar humildemente el don gratuito de la gracia. Pero esta esperanza es firme, est\u00e1 fundada en la promesa fiel del Se\u00f1or: &#8220;Pedid y se os dar\u00e1&#8221;. Toda la vida humana, por lo dem\u00e1s, seg\u00fan la ense\u00f1anza experimental y m\u00edstica de san Seraf\u00edn de Sarov (principios del siglo XIX), \u00bfno depende de la &#8220;apropiaci\u00f3n&#8221; del Esp\u00edritu Santo? La petici\u00f3n misma del Esp\u00edritu es ya suscitada por \u00c9l, pues sin \u00c9l el alma es incapaz de expresar y de elevar su plegaria.<br \/>\nHablamos del alma. Pero, \u00bfqu\u00e9 es? Las dificultades comienzan, o, quiz\u00e1 mejor, contin\u00faan, tanto en el orden existencial como ontol\u00f3gico, para el asceta experimentador y para el observador discursivo. En efecto, en lo que ata\u00f1e a la doctrina de la estructura tripartita del hombre, los Padres son muy discretos sobre el esp\u00edritu, aunque hablan abundantemente del cuerpo y del alma, sin por ello abrir todos los secretos a todo el mundo. Est\u00e1n obligados a expresarse con discernimiento, seg\u00fan lo que pueda ser ajustado al grado de madurez espiritual de las personas a quienes se dirigen. &#8220;Lo propio de la justicia es distribuir la palabra seg\u00fan la dignidad de cada uno, enunciando ciertas cosas oscuramente, significando otras mediante enigmas, y expresando otras claramente para el provecho de los simples&#8221; (7).<br \/>\nOsando ocupar un puesto en la categor\u00eda de los &#8220;simples&#8221; (tomado aqu\u00ed el t\u00e9rmino s\u00f3lo en su sentido psicol\u00f3gico inmediato), recordemos la ense\u00f1anza de los maestros espirituales sobre la naturaleza y la actividad del alma, tal como es resumida por san M\u00e1ximo el Confesor (siglo VII). El alma, dice, es esencialmente din\u00e1mica; est\u00e1 compuesta de una &#8220;potencia intelectual&#8221;, nous, y de una &#8220;potencia vital&#8221;, la psych\u00e8 propiamente dicha. La facultad contemplativa y la facultad activa pertenecen a la potencia no\u00e9tica. &#8220;La facultad contemplativa se llama esp\u00edritu, y la activa raz\u00f3n. El motor de la potencia no\u00e9tica es el esp\u00edritu, y el de la potencia vital (o su &#8220;providencia&#8221;) es la raz\u00f3n&#8230; El esp\u00edritu se llama y es sabidur\u00eda cuando mantiene firmemente sus propios movimientos vueltos hacia Dios. En cuanto a la raz\u00f3n, se llama y es inteligencia cuando, empleando todas sus fuerzas en unir sabiamente con el esp\u00edritu la potencia vital sobre la que rige&#8230; ella demuestra que no es diferente del esp\u00edritu. (La raz\u00f3n, es decir, la potencia activa) desemboca en el bien por su actividad, por medio de la fe y conforme a la virtud&#8230; Por la acci\u00f3n, la raz\u00f3n llega a la virtud, y por la virtud a la fe, que es realmente el conocimiento cierto de las cosas de Dios. La raz\u00f3n lo posee en principio en potencia, y luego lo revela en una actividad adecuada a la virtud por la manifestaci\u00f3n de las obras. Pues, seg\u00fan lo que est\u00e1 escrito, \u00abla fe sin las obras es algo muerto\u00bb (St., II, 17)&#8221;. As\u00ed, declara M\u00e1ximo, es en el esp\u00edritu y en la raz\u00f3n, en la contemplaci\u00f3n y en la acci\u00f3n unificadas, &#8220;que consiste el verdadero conocimiento de las cosas divinas y humanas&#8230; El t\u00e9rmino de toda la muy divina filosof\u00eda de los cristianos&#8221;.<br \/>\nComo si respondiera por anticipado al tema de esta sesi\u00f3n de la Universidad San Juan de Jerusal\u00e9n: &#8220;La contemplaci\u00f3n como acci\u00f3n necesaria&#8221;, san M\u00e1ximo el Confesor precisa que esta &#8220;gnosis infalible&#8221; o &#8220;inolvidable&#8221; que se obtiene por la energ\u00eda de la sabidur\u00eda y de la fe &#8220;es un movimiento perpetuo&#8230; que tiene por objeto lo conocible que supera todo conocimiento y cuyo t\u00e9rmino es la verdad&#8221;. Si &#8220;la raz\u00f3n es la actividad y la manifestaci\u00f3n del esp\u00edritu&#8230; la acci\u00f3n lo es de la contemplaci\u00f3n&#8221;. En fin, cuando todas estas energ\u00edas se armonizan y concurren a la gnosis, el alma alcanza &#8220;la \u00edntima concordancia con la verdad y el bien, a saber, con Dios&#8221; (8). (Es importante notar que este proceso corresponde exactamente al de la santificaci\u00f3n o la deificaci\u00f3n, es decir, al objetivo de la vida cristiana).<br \/>\nEste &#8220;movimiento perpetuo&#8221;, esta acci\u00f3n del alma en vistas a la the\u00f4ria o la theologia, necesita naturalmente de esfuerzos asc\u00e9ticos incesantes que, tornando al esp\u00edritu del hombre cada vez m\u00e1s transparente al Esp\u00edritu Santo, le permitan acrecentar gradualmente su conocimiento espiritual, pneumatik\u00e8 gn\u00f4sis. De ah\u00ed la necesidad, ya mencionada, de conocer bien los elementos org\u00e1nicos y funcionales del recorrido para superar los obst\u00e1culos: oscurecimientos, imperfecciones, escollos, acechos; en suma, el pecado y sus servidores, que afectan a los constituyentes de la naturaleza humana. &#8220;Las faltas, dice san Sime\u00f3n, provienen del cuerpo para el alma y para la inteligencia; provienen del alma para la inteligencia; y de la inteligencia y del cuerpo para el alma&#8221; (9). En efecto, es todo el conjunto pneumo-psico-som\u00e1tico del hombre lo que interviene, y cada una de sus partes debe concurrir a la iluminaci\u00f3n del conjunto. En cuanto a los demonios, seg\u00fan la experiencia de Evagrio el P\u00f3ntico, aquellos &#8220;que atacan a la parte pasional del alma (path\u00e8tikos) se oponen a la pr\u00e1ctica; en cuanto a los que acosan a la parte racional (logistikos), se les llama enemigos de toda verdad y adversarios de la contemplaci\u00f3n&#8221; (10). Ya hab\u00edamos advertido esta relaci\u00f3n \u00edntima entre la contemplaci\u00f3n y la verdad.<br \/>\nBien sabemos, sin embargo, que el hombre jam\u00e1s se halla en un estado estable, ni en sentido negativo ni en sentido positivo. Por un lado, en efecto, lo propio del esp\u00edritu es ser din\u00e1mico, y su vida es movimiento, pero no sin brusquedades; por otro, su elevaci\u00f3n hacia el Reino que divisa no es lineal ni continua, pasa por altos y bajos, por progresos y reca\u00eddas, a lo largo de su &#8220;combate invisible&#8221;, y no obstante tan concreto, para alcanzar la impasibilidad que abre los ojos del alma. De todas formas, &#8220;el Reino se conquista por la fuerza&#8221; (Mt., XI, 12), y &#8220;cada uno despliega su fuerza para entrar&#8221; (Lc., XVI, 16). Quien quiera llegar a verlo debe conocer sus propias &#8220;fluctuaciones&#8221;, como dice san Sime\u00f3n, &#8220;a fin de consolidar y dejar segura la casa del alma&#8221; (o de &#8220;gobernar su nave&#8221;). O, una vez m\u00e1s, &#8220;lo que procura el conocimiento de todo esto es una vida (bios) conducida indefectiblemente en la exactitud (meta akribeias) y seg\u00fan la regla&#8221;, es decir, seg\u00fan los preceptos de Dios y la norma (horon) y el modelo (typon) correspondiente que uno se fija. Y, todav\u00eda otra vez, esto implica la actividad de la conciencia humana integral, pues &#8220;la inteligencia sin los sentidos no puede desarrollar sus energ\u00edas, y sin la inteligencia los sentidos no pueden desarrollar las suyas&#8221; (11). <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Constantin Andronikof Publicado en Il Dio Giano, Sear Edizioni, Scandiano, 1992. Constantin Andronikof, nacido en 1916 en San Petersburgo (Petrograd) y fallecido en Par\u00eds en 1998, fue durante a\u00f1os profesor de teolog\u00eda lit\u00fargica en el Instituto de Teolog\u00eda Ortodoxa Saint-Serge de Par\u00eds. Trabaj\u00f3 como int\u00e9rprete en el ministerio de Asuntos Extranjeros del gobierno franc\u00e9s y fue miembro fundador de la<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[163],"tags":[],"class_list":["post-3627","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-textos-cristianostradiccion-perenne"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3627","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3627"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3627\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3627"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3627"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3627"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}