{"id":3626,"date":"2009-02-11T19:35:14","date_gmt":"2009-02-11T19:35:14","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3626"},"modified":"2009-02-11T19:35:14","modified_gmt":"2009-02-11T19:35:14","slug":"relatos-de-un-peregrino-ruso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3626","title":{"rendered":"Relatos de un peregrino  ruso"},"content":{"rendered":"<p>RELATOS DE UN<br \/>\nPEREGRINO RUSO<\/p>\n<p>Y todo el que invocare el nombre del Se\u00f1or se salvar\u00e1<br \/>\n(Jl., III, 32 y Act., II, 21).<\/p>\n<p>INDICE<\/p>\n<p>PREFACIO\t4<\/p>\n<p>PRIMERA PARTE<\/p>\n<p>INTRODUCCI\u00d3N, por Jean GAUVAIN\t8<\/p>\n<p>Primer relato\t14<br \/>\nSegundo relato\t27<br \/>\nTercer relato\t58<br \/>\nCuarto relato\t62<\/p>\n<p>SEGUNDA PARTE<\/p>\n<p>PR\u00d3LOGO, por Charles KRAFFT\t91<\/p>\n<p>Quinto relato\t95<br \/>\nSexto relato\t127<br \/>\nS\u00e9ptimo relato\t151<\/p>\n<p>PREFACIO<\/p>\n<p>\u00abCuando un peregrino venga a visitaros, prosternaos ante \u00e9l. No ante el hombre, si-no ante Dios.\u00bb Si esto es as\u00ed, y lo es de autoridad de quien lo pronunci\u00f3 , lo es, yo dir\u00eda, de modo eminente por lo que se refiere al protagonista, a la vez que relator, de la obra que nos ocupa.<br \/>\nPor la puerta que abramos para acoger a este peregrino solitario, va a penetrar de alg\u00fan modo la presencia de Dios; viva presencia que va a iluminar nuestra alma en la medida de nuestras necesidades y de nuestros anhelos.<br \/>\nExhortaci\u00f3n magn\u00edfica y poderosa a la vida espiritual, a la vez que gu\u00eda, est\u00edmulo y consuelo en ella, este \u00abpeque\u00f1o cl\u00e1sico\u00bb de la espiritualidad, peque\u00f1o por su sencillez y humildad y \u00abcl\u00e1sico\u00bb por su extraordinaria difusi\u00f3n y acogida, es obra, sin duda, de un experto gu\u00eda de almas, capaz de ordenar en una secuencia gradual, no seg\u00fan una orde-naci\u00f3n l\u00f3gica o, para el caso, teol\u00f3gica, sino espec\u00edficamente espiritual una serie de relatos que, a primera vista, pueden parecer desprovistos de una hilaci\u00f3n e intenci\u00f3n determinadas.<br \/>\nEl camino que recorremos con el peregrino es tanto un itinerario espiritual en su an\u00e9cdota concreta, configurada por la sucesi\u00f3n de sucesos exteriores, como tambi\u00e9n, y fundamentalmente, por la ense\u00f1anza espec\u00edfica contenida en cada uno de ellos, que nos adentra progresivamente en la v\u00eda espiritual, tal como es concebida por la tradici\u00f3n hesicasta en particular.<br \/>\nSe nos describen todas las etapas de la v\u00eda, desde la inicial inquietud del alma que despierta a la llamada de lo alto, hasta la llegada a la hesychia, el \u00absanto silencio\u00bb, pasando por las fases de purificaci\u00f3n e iluminaci\u00f3n previas de aqu\u00e9lla.<br \/>\nEste \u00abtestamento\u00bb del hesicasmo, como yo gustar\u00eda de calificar esta obra, constituye un testimonio inapreciable de \u00e9ste, \u00abla rama m\u00e1s directa y m\u00e1s intacta de la iniciaci\u00f3n cr\u00edstica\u0085 que de los Padres del desierto hasta el peregrino ruso representa indiscuti-blemente el patrimonio m\u00e1s inalterado de la espiritualidad cristiana primitiva, es decir, propiamente cr\u00edstica, y su expresi\u00f3n m\u00e1s pura y profunda\u00bb , a la que no ser\u00e1 segura-mente aventurado suponer extinguida ya pr\u00e1cticamente, por lo menos por lo que se refiere a su manifestaci\u00f3n visible.<br \/>\nLos dos pilares de la v\u00eda, la doctrina y el m\u00e9todo, son reiteradamente expuestos y comentados desde diversos \u00e1ngulos. La primera, recogida en la Filocalia, \u00abtesoro de la sabidur\u00eda espiritual\u00bb, como la califica su editor, Nicodemo el Hagiorita; y el segundo, sintetizado en la \u00aboraci\u00f3n de Jes\u00fas\u00bb, invocaci\u00f3n del Nombre divino, acto que constituye el \u00abrecuerdo\u00bb de Dios por excelencia, satisfaciendo as\u00ed al mandamiento que los englo-ba a todos, seg\u00fan afirma, entre otros, Gregorio el Sina\u00edta, figura central en el desarro-llo hist\u00f3rico del hesicasmo: \u00abPor encima de los mandamientos hay el mandamiento que los contiene a todos: el recuerdo de Dios: Acu\u00e9rdate del Se\u00f1or tu Dios en todo momen-to (Dt., VIII, 18). Es en raz\u00f3n de \u00e9ste por lo que los dem\u00e1s han sido violados, es por \u00e9l por lo que se guardan. El olvido, en el. origen, destruy\u00f3 el recuerdo de Dios, oscureci\u00f3 los mandamientos y descubri\u00f3 la desnudez al hombre\u00bb .<br \/>\nLa obra no ha de defraudar, pues, al buscador dispuesto a llegar hasta el fondo, hasta la ra\u00edz de nuestra situaci\u00f3n actual de olvido de Dios y a repararla en la medida de sus posibilidades y de los designios de la Providencia, habida cuenta del car\u00e1cter total de una v\u00eda que, como la hesicasta, tiene por meta la uni\u00f3n del alma con Dios, en total identificaci\u00f3n esencial. Pero la obra puede ser abordada desde una perspectiva menos radical, pues ofrece igualmente, y yo dir\u00eda necesariamente, elementos que pue-den quedar circunscritos a la sola esfera moral, ofreciendo un mosaico de virtudes ejemplares que pueden mover al alma piadosa a imitarlas y dar a la tibia est\u00edmulo sufi-ciente al fervor.<br \/>\nY asimismo, en otro orden paralelo de cosas, la obra constituye, a nivel hist\u00f3rico, una pincelada que nos traza el perfil espiritual de la Santa Rusia en los a\u00f1os inmedia-tamente anteriores al zarpazo implacable de la Bestia, que la iba a convertir en la Si-niestra Rusia.<br \/>\nNo vamos a extender estas consideraciones generales sobre la obra. Es de por s\u00ed lo bastante expl\u00edcita como para no necesitar apenas presentaci\u00f3n. De cualquier modo, por lo que se refiere al aparato erudito, la introducci\u00f3n y las notas de la primera parte pro-veen suficiente material, y por lo que hace referencia a su valoraci\u00f3n espiritual, el pr\u00f3-logo a la segunda hablar\u00e1 mejor que estas l\u00edneas.<br \/>\nPara esta edici\u00f3n, completa por incluir en su segunda parte tres relatos, in\u00e9ditos en castellano, que aparecieron posteriormente pero que son indisociables de los primeros, se ha partido, para su primera parte, de la traducci\u00f3n francesa de Jean Gauvain (seu-d\u00f3nimo de Jean Laloy), la m\u00e1s difundida de las versiones occidentales, de la que se han respetado la introducci\u00f3n y las notas salvo peque\u00f1as alteraciones que se han estimado oportunas; y, para la segunda, de la traducci\u00f3n inglesa de R. M. French, que ofrece, por lo general, mayores visos de rigor y exactitud que la francesa de la Abad\u00eda de Be-llefontaine, a la que, no obstante, se ha tenido igualmente presente. Para esta segunda parte, hemos contado asimismo con la colaboraci\u00f3n de M. Charles Krafft, gran cono-cedor de la materia, quien ha tenido la gentileza de escribir un pr\u00f3logo especialmente para esta edici\u00f3n espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>PRIMERA PARTE<\/p>\n<p>INTRODUCCION<\/p>\n<p>A Pierre Pascal<\/p>\n<p>Habi\u00e9ndome llamado la atenci\u00f3n una breve nota de Nicol\u00e1s Berdiaev, descubr\u00ed este librito en la Biblioteca de Lenguas Orientales de Par\u00eds. A pesar de las preocupaciones de un per\u00edodo de ex\u00e1menes, no lo dej\u00e9 de mis manos durante toda una tarde, porque mejor que muchas novelas, estudios y ensayos, revela el misterio del pueblo ruso en lo que posee de m\u00e1s secreto: sus creencias y su fe.<br \/>\nNadie se extra\u00f1ar\u00e1 de la oscuridad en que quedaron los Relatos de un peregrino, si se tiene en cuenta las condiciones de su publicaci\u00f3n. Vieron la luz por primera vez en Kaz\u00e1n hacia el a\u00f1o 1865, en forma muy primitiva, con muchas faltas. Hasta el a\u00f1o 1884 no se hizo una edici\u00f3n correcta y accesible de esta obra. Ni era posible que en pleno movimiento socialista y naturalista tuviera mucha resonancia. S\u00f3lo despu\u00e9s del 1920 se echa en falta una nueva edici\u00f3n, con ocasi\u00f3n de que muchos corazones emigrados cono-cer\u00e1n la nostalgia de la patria. El libro fue impreso de nuevo en 1930 bajo la direcci\u00f3n del profesor Vyscheslavtsev . La presente traducci\u00f3n est\u00e1 hecha seg\u00fan este texto.<br \/>\nLos Relatos fueron publicados sin nombre de autor. Seg\u00fan el prefacio de la edici\u00f3n de 1884, el Padre Paisius, abad del monasterio de San Miguel Arc\u00e1ngel de los cheremi-sos en Kaz\u00e1n, habr\u00eda copiado su texto de un monje ruso de Athos, cuyo nombre ignora-mos. Numerosos indicios nos inclinan a creer que las narraciones fueron redactadas por un religioso despu\u00e9s de sus conversaciones con el peregrino. Esta hip\u00f3tesis no quita en modo alguno al libro su car\u00e1cter de autenticidad. El peregrino, simple campesino de treinta y tres a\u00f1os, s\u00f3lo conoce el estilo oral. La redacci\u00f3n de sus aventuras le habr\u00eda costado grandes esfuerzos, y parecer\u00eda que numerosas expresiones convencionales ha-br\u00edan reemplazado el lenguaje arcaico y sencillo que constituye el encanto de sus narra-ciones. En cambio, un confidente inteligente habr\u00eda podido captar exactamente el tono del peregrino y transmitir sus palabras al lector. Muchos son los m\u00edsticos que no nos han comunicado sus experiencias sino con la ayuda de un cronista que con gran arte sabe ocultarse tras los misterios que revela. Acaso sea este personaje el ermita\u00f1o de Athos, o quiz\u00e1 el Padre Ambrosio, el gran solitario de Optino \u0097maestro de Iv\u00e1n Kireevski, ami-go de Dostoievski, de Tolstoi y de Leontiev\u0097, entre cuyos manuscritos fueron encon-trados otros tres relatos , de tono m\u00e1s did\u00e1ctico, y publicados en 1911.<br \/>\nLos relatos pertenecer\u00edan as\u00ed al movimiento literario ruso del siglo XIX, en lo que tiene de m\u00e1s sereno y de m\u00e1s puro. En el tumulto de los escritos po\u00e9ticos, romancescos y revolucionarios, en los que con tanta violencia se entrechocan las tendencias extremas del car\u00e1cter ruso, se echaba de menos esta nota inocente y cristalina que sin duda consti-tuye su t\u00f3nica secreta.<br \/>\nEl peregrino hace que el lector penetre en el coraz\u00f3n mismo de la vida rusa, poco despu\u00e9s de la guerra de Crimea y antes de la abolici\u00f3n de la servidumbre, o sea entre los a\u00f1os 1856 y 1861. Desfilan por la obra todos los personajes de la novela rusa: el pr\u00ednci-pe que intenta expiar su vida disipada, el conductor de postas borracho y pendenciero, y el escribano de provincias, incr\u00e9dulo y liberal. Los condenados a trabajos forzados pa-san en caravanas hacia Siberia, los correos imperiales agotan a sus caballos en las llanu-ras infinitas, los desertores rondan en las selvas apartadas; nobles, campesinos, funcio-narios, miembros de diferentes sectas, maestros y curas de pueblo, toda esta antigua Rusia resucita con sus defectos, el menor de los cuales no es la embriaguez, y con sus virtudes, entre las que brilla con mayor esplendor la caridad, el amor espiritual del pr\u00f3-jimo, iluminado por el amor de Dios. Todo esto encuadrado en la tierra rusa, llanura inmensa hasta perderse de vista, selvas desiertas, ventas a la vera de los caminos, igle-sias de colores claros y campanas refulgentes y sonoras. Y no obstante, jam\u00e1s se detiene el campesino a describir el rostro de estas apariencias sensibles. Cristiano ortodoxo co-mo es, su preocupaci\u00f3n se fija en lo absoluto.<br \/>\nPara conducir sus pasos en este empe\u00f1o, no tiene el peregrino sino dos libros, la Bi-blia y una colecci\u00f3n de textos patr\u00edsticos, la Filocal\u00eda . Basta este nombre para definir la escuela a la cual pertenece. Ruso del siglo XIX, el peregrino es un hesicasta (de ?????? = calma, silencio, contemplaci\u00f3n).<br \/>\nEl hesicasmo se remonta a los primeros siglos del cristianismo. Su origen se encuen-tra en el monte Sina\u00ed y en los desiertos de Egipto. En la Iglesia oriental aparece como la corriente m\u00edstica por oposici\u00f3n a la tradici\u00f3n puramente asc\u00e9tica que arranca de San Basilio y que domina durante mucho tiempo como consecuencia de la condenaci\u00f3n del origenismo en los siglos V y VI. Inspir\u00e1ndose en Or\u00edgenes y en Gregorio de Nisa , la m\u00edstica oriental pone como fin del alma la definici\u00f3n. La naturaleza humana es buena, pero est\u00e1 deformada por el pecado. Hacerla retornar a su primera virtud, restablecer en el hombre, hecho a imagen de Dios, la semejanza divina, obra de la gracia, he aqu\u00ed el camino de la salvaci\u00f3n. Bajo la acci\u00f3n de la gracia, el esp\u00edritu, liberado de las pasiones por la ascesis, se eleva a la contemplaci\u00f3n de las razones de las cosas creadas, y llega a veces hasta la \u00abnoche luminosa\u00bb, la oscura contemplaci\u00f3n de la Sant\u00edsima Trinidad. Tal es el fin al que se consagran los solitarios y los grandes m\u00edsticos de los diez primeros siglos cristianos. Para fijar el esp\u00edritu en las realidades invisibles, algunos de ellos adop-tar\u00e1n procedimientos t\u00e9cnicos, tales como la repetici\u00f3n frecuente de una breve plegaria, el Kyrie eleison. Ning\u00fan cat\u00f3lico se extra\u00f1ar\u00e1 de esto que no deja de tener semejanza con el rezo del rosario. Por estar unida al dogma de la resurrecci\u00f3n futura, la idea de una participaci\u00f3n del cuerpo en la vida espiritual es en s\u00ed profundamente ortodoxa. As\u00ed es como poco a poco se va desarrollando lo que, un d\u00eda, en medio de encarnizadas contro-versias, ser\u00e1 llamado hesicasmo.<br \/>\nA partir del siglo XI, esta doctrina tiende a corromperse. Bajo la indirecta influencia de San Sime\u00f3n el Nuevo Te\u00f3logo, se atribuye a las visiones y revelaciones sensibles exagerado valor. Nadie podr\u00e1 ser considerado cristiano si no ha conocido y experimen-tado concretamente la gracia. Inquietante teolog\u00eda a la cual se oponen las palabras de Santa Juana de Arco a los doctores que le preguntaban si estaba en estado de gracia: Si no lo estoy, que Dios me ponga en \u00e9l, y si lo estoy, que en \u00e9l me guarde Dios. M\u00e1s all\u00e1 no puede ir el cristiano sin correr riesgos. La acci\u00f3n de Dios en el alma es esencialmente misteriosa, \u00abtranspsicol\u00f3gica\u00bb, empleando la expresi\u00f3n de Stolz .<br \/>\nEl andar tras las iluminaciones conduce, en efecto, al menosprecio de las pr\u00e1cticas asc\u00e9ticas y a buscar medios considerados como m\u00e1s eficaces para llegar a las visiones. Que es el peligro del \u00abcamino breve\u00bb y del quietismo en el que el alma corre el riesgo de quedar fulminada. Por parecida evoluci\u00f3n se concede demasiada atenci\u00f3n a los pro-cedimientos corporales, a la posici\u00f3n del cuerpo y al papel del coraz\u00f3n en la oraci\u00f3n. El hesicasta del siglo XIV que espera salvarse \u00absin trabajo y sin dolor\u00bb, olvida que, en la vida espiritual, todo es gracia, y que nadie puede decir: Jes\u00fas es el Se\u00f1or, si no es por gracia del Esp\u00edritu Santo (I Cor., 12, 3).<br \/>\nEsta doctrina es la que, a pesar de las controversias del siglo XIV, fue transmitida a Rusia por el starets Nilo Sorski (1433-1508), una de las figuras m\u00e1s puras del mona-quismo ruso, y el que quer\u00eda que se prohibiera a los conventos poseer bienes materiales. Ca\u00edda en el olvido, fue restaurada a fines del siglo XVIII por otro starets, Paisius Ve-lichkovski. Los textos hesicastas que re\u00fane y publica en 1794 habr\u00e1n de guiar a los soli-tarios y m\u00edsticos rusos del siglo XIX.<br \/>\nVinculado a la mon\u00f3tona cadena de las generaciones, el peregrino encuentra la doc-trina hesicasta deformada por largos siglos de historia. Pero su espiritualidad es pura. Si por momentos parece creer que s\u00f3lo la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n puede llevarlo a conocer \u00abcu\u00e1n bueno es el Se\u00f1or\u00bb, su amor de Dios es demasiado grande para no ser de origen sobrenatural. El ascetismo casi espont\u00e1neo de su vida es tambi\u00e9n una guarda para \u00e9l. Viviendo siempre errante de una parte a otra, no teniendo siquiera una piedra donde reposar su cabeza, la oraci\u00f3n perpetua es ante todo para \u00e9l el medio de fijar la atenci\u00f3n sobre el misterio de la fe, y de hacer volver al alma hacia esa misma fe. Su esp\u00edritu per-manece siempre en actividad, y su fe se ilumina por una ardiente y sincera solicitud.<br \/>\nLa fe del peregrino no es una respetuosa emoci\u00f3n en presencia de po\u00e9ticos misterios, sino que se nutre de ense\u00f1anzas teol\u00f3gicas. A quienes se dirigen a \u00e9l, les ofrece consejos t\u00e9cnicos y explicaciones doctrinales; no generosas e imprecisas exhortaciones. Como conoce al hombre a la luz de Dios, sabe tambi\u00e9n su lugar y sus deberes en el universo.<br \/>\nLa moral del peregrino no es un conjunto de reglas aprendidas, como tampoco es una higiene interior. Todas sus acciones van guiadas por el deseo de la perfecci\u00f3n espi-ritual. El ascetismo es la condici\u00f3n de la contemplaci\u00f3n, y no tiene sentido en s\u00ed mismo. La vida espiritual queda de este modo reducida a la unidad. De la fe proceden las obras, pero sin obras la fe no existe. Procedente del mundo de la ca\u00edda, de la ignorancia y de la debilidad, el peregrino se dirige hacia la nueva Jerusal\u00e9n, en la que entrar\u00e1 entero, en cuerpo y alma, cuando llegue la consumaci\u00f3n de los tiempos. Reuniendo todas las fuer-zas de su esp\u00edritu para contemplar al Ser Absoluto, recibe a veces de Cristo, el nuevo Ad\u00e1n, alguno de los privilegios del primer Ad\u00e1n. Consigue llegar a ignorar al fr\u00edo, el hambre y el dolor; la misma naturaleza le aparece transfigurada:<\/p>\n<p>\u00abArboles, hierbas, tierra, aire, luz; todas estas cosas me dicen que existen para el hombre, y que para el hombre dan testimonio de Dios. Todas oraban, todas cantaban la gloria de Dios.\u00bb<\/p>\n<p>Este optimismo liberador no es privativo del Oriente cristiano, sino que es la profun-da tendencia del cristianismo. Que la creaci\u00f3n sea buena y que despu\u00e9s de la ca\u00edda deba ser conducida en su totalidad por el camino de la salvaci\u00f3n, es cosa que la ense\u00f1a San Agust\u00edn y despu\u00e9s de \u00e9l los grandes doctores medievales, lo mismo que San Gregorio de Nisa. Si la Edad Media occidental se inclina sobre todo al misterio del pecado y de la Cruz, es porque las maravillosas implicaciones de la Encarnaci\u00f3n han sido ya reveladas a la conciencia cristiana por los Padres. S\u00f3lo las crisis y el desquiciamiento del mundo moderno han hecho que se oscurezca este sentido \u00abc\u00f3smico\u00bb de la teolog\u00eda patr\u00edstica, sin el cual el pensamiento de los grandes doctores occidentales no puede ser verdadera-mente comprendido.<br \/>\nAnte estas inmensas perspectivas, puede el peregrino conducir a los que le escuchan con sinceridad. \u00bfEs esto privarle de su car\u00e1cter ruso? Al contrario, pues es el tipo per-fecto de la piedad rusa. Esta no ha llegado a formar una escuela de pensamiento, una doctrina propia. Pero de la misma manera que un icono de Novgorod con sus colores frescos y vigorosos ha renovado los modelos recibidos de Bizancio, as\u00ed tambi\u00e9n esa piedad ha dado a las doctrinas del Oriente cristiano un tono nuevo y original.<br \/>\nEl innato sentido del misterio en el hombre \u0097la compasi\u00f3n y la piedad ante el dolor y el pecado\u0097, la simplicidad de coraz\u00f3n, que espont\u00e1neamente purifica las exaltadas doctrinas de la Edad Media bizantina \u0097la imitaci\u00f3n directa y casi la m\u00edmica de la vida de Cristo y de las verdades evang\u00e9licas\u0097, tales son los fundamentos de la piedad rusa. De modo que en Rusia existe un inmenso potencial religioso, una pujante fuerza popular que no ha llegado a expresarse en una doctrina propia. Hasta el siglo XIX, la teolog\u00eda rusa no existe; todo es traducido, calcado del griego o secundariamente del lat\u00edn. Excep-tuando quiz\u00e1 la Edad Media rusa, la fusi\u00f3n, la s\u00edntesis entre el pensamiento religioso y la corriente de la piedad popular no ha sido una realidad sino en algunos casos indivi-duales, de los que el peregrino es un ejemplo. En la vida de la Iglesia, esta ausencia de unidad da a la idea religiosa rusa su tr\u00e1gico car\u00e1cter, fuente de crisis espantosas. Aban-donada a s\u00ed misma, la Iglesia rusa conoci\u00f3 muy pronto la injerencia del Estado. Privada de apoyo sucumbi\u00f3, el cisma vino a desgarrarla y ha ido quedando agotada y esquilma-da poco a poco. En los bosques donde Nilo Sorski realizaba su meditaci\u00f3n solitaria, es dado ver en el siglo XVII las tr\u00e1gicas hogueras de los \u00abviejos creyentes\u00bb. El vigor espi-ritual se refugia en los eremitorios, en los monasterios; de cuando en cuando irradia so-bre el pueblo, pero la unidad org\u00e1nica est\u00e1 rota. Los grandiosos esfuerzos de los laicos por crear en el siglo XVIII una doctrina religiosa rusa se apoyan \u00fanicamente en una di-fusa realidad, carecen de sost\u00e9n y quedan aislados. Indudablemente, el alma rusa sigue siendo ante todo religiosa. Pero a la fe sucede la religiosidad; y basadas en \u00e9sta, nacen las terribles excrecencias del oscuro fanatismo, del nihilismo total y del ate\u00edsmo militan-te, que es el poder de las tinieblas.<br \/>\nEnamorado de lo absoluto, por una misteriosa vocaci\u00f3n, el pueblo ruso, como todos los pueblos de Europa, ha hecho traici\u00f3n a su misi\u00f3n hist\u00f3rica, que es la de una civiliza-ci\u00f3n progresivamente impregnada de la Verdad, en un activo equilibrio entre los abis-mos del pecado y la infinitud de la divina luz. La visi\u00f3n de una Rusia reconciliadora del Oriente con el Occidente, que Soloviev entrevi\u00f3 un instante, parece desvanecerse defini-tivamente. Pero de un mal radical puede nacer un bien infinito. En el temor y el temblor es donde se prepara la resurrecci\u00f3n.<br \/>\n\u00abLlora, llora, pueblo miserable, canta el Inocente de Mussorgsky, ese hermano del peregrino; gime, gime, pueblo hambriento, que Dios tendr\u00e1 piedad de ti. \u00bb<\/p>\n<p>Jean GAUVAIN<\/p>\n<p>PRIMER RELATO<\/p>\n<p>Por la gracia de Dios soy hombre y soy cristiano; por mis actos, gran pecador; por estado, peregrino de la m\u00e1s baja condici\u00f3n, andando siempre errante de un lugar a otro. Mis bienes son: a la espalda, una alforja con pan duro, la santa Biblia en el bolsillo y basta de contar. El domingo vigesimocuarto despu\u00e9s de la Trinidad entr\u00e9 en la Iglesia para orar durante el oficio; estaban leyendo la ep\u00edstola de San Pablo a los Tesalonicen-ses, en el pasaje\u00a0 en que est\u00e1 escrito: Orad sin cesar. Estas palabras penetraron profun-damente en mi esp\u00edritu, y me pregunt\u00e9 c\u00f3mo es posible orar sin cesar, siendo as\u00ed que todos debemos ocuparnos en diversos trabajos a fin de proveer a la propia subsistencia. Busqu\u00e9 en la Biblia y le\u00ed con mis propios ojos exactamente lo mismo que hab\u00eda o\u00eddo: Orad sin cesar ; orad en todo momento en esp\u00edritu ; orad en todo lugar levantando unas manos puras . In\u00fatil reflexionar; yo no sab\u00eda qu\u00e9 partido tomar.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 hacer?, pens\u00e9. \u00bfD\u00f3nde encontrar una persona capaz de explicarme estas pala-bras? Ir\u00e9 por las iglesias donde predican oradores famosos y acaso en ellas encontrar\u00e9 lo que busco. Y sin m\u00e1s, me puse en camino. Escuch\u00e9 muchos y excelentes sermones so-bre la oraci\u00f3n, pero todos eran instrucciones sobre la oraci\u00f3n en general: qu\u00e9 es la ora-ci\u00f3n, por qu\u00e9 se ha de orar, cu\u00e1les son los frutos de la oraci\u00f3n. Pero c\u00f3mo llegar a orar de verdad, de esto nadie hablaba. O\u00ed un serm\u00f3n sobre la oraci\u00f3n de esp\u00edritu y sobre la oraci\u00f3n continua; pero nada dijo el predicador del modo de alcanzar esta oraci\u00f3n. De manera que la asistencia a los sermones no me hab\u00eda resuelto lo que yo buscaba. Por eso dej\u00e9 de asistir a ellos, y determin\u00e9 buscar con la ayuda de Dios un hombre sabio y expe-rimentado que me explicara este misterio, ya que tan atra\u00eddo me sent\u00eda hacia \u00e9l.<br \/>\nAs\u00ed anduve mucho tiempo; le\u00eda la Biblia y me preguntaba si no habr\u00eda en alguna par-te un maestro del esp\u00edritu o un gu\u00eda sabio y lleno de experiencia. Una vez me dijeron que en un pueblecito viv\u00eda hac\u00eda mucho tiempo un se\u00f1or\u00a0 que s\u00f3lo se ocupaba de su salvaci\u00f3n: tiene en su casa una capilla, nunca sale fuera y siempre est\u00e1 rezando o leyen-do libros espirituales. Al o\u00edr estas palabras, me puse sin tardar en camino hacia aquel pueblo; llegu\u00e9 y me dirig\u00ed a mi hombre.<br \/>\n\u0097\u00bfQu\u00e9 es lo que buscas en mi casa? \u0097me pregunt\u00f3.<br \/>\n\u0097Me han contado que sois un hombre piadoso y prudente; por eso os pido en nom-bre de Dios que me expliqu\u00e9is qu\u00e9 quiere decir esta frase del Ap\u00f3stol: Orad sin cesar, y c\u00f3mo es posible orar de esta manera. Esto es lo que deseo comprender sin poderlo con-seguir.<br \/>\nEl hombre permaneci\u00f3 un rato en silencio, me mir\u00f3 con atenci\u00f3n y dijo:<br \/>\n\u0097La oraci\u00f3n interior continua es el esfuerzo incesante del esp\u00edritu humano por al-canzar a Dios. Para conseguir este saludable ejercicio, hay que pedir a menudo al Se\u00f1or que nos ense\u00f1e a orar sin cesar. Ora m\u00e1s y con m\u00e1s celo y fervor, y la oraci\u00f3n te har\u00e1 comprender por s\u00ed misma c\u00f3mo puede llegar a ser continua; pero para esto hace falta mucho tiempo.<br \/>\nDichas estas palabras, me dio de comer, me puso algunas cosas para el camino y se retir\u00f3. Pero no me hab\u00eda explicado nada.<br \/>\nMe puse en marcha. Mientras caminaba, iba yo pensando, le\u00eda, reflexionaba como pod\u00eda en lo que me hab\u00eda dicho aquel hombre, pero no pod\u00eda comprender nada; pero eran tales mis deseos de llegar a interpretarle que pasaba las noches sin conciliar el sue-\u00f1o. Despu\u00e9s de haber recorrido doscientas verstas , llegu\u00e9 a una ciudad cabeza de parti-do. En ella vi un monasterio. En la posada me dijeron que en \u00e9l viv\u00eda un superior piado-so, caritativo y hospitalario. Me present\u00e9 a \u00e9l, y me recibi\u00f3 con bondad, me hizo tomar asiento y me invit\u00f3 a comer.<br \/>\n\u0097Sant\u00edsimo Padre \u0097le dije\u0097, yo no tengo necesidad de comida, sino que quisiera que me dieseis una lecci\u00f3n espiritual: \u00bfC\u00f3mo he de obtener la salvaci\u00f3n? .<br \/>\n\u0097\u00bfQue c\u00f3mo has de obtener la salvaci\u00f3n? Vive seg\u00fan los mandamientos, ruega a Dios y ser\u00e1s salvo.<br \/>\n\u0097Me han ense\u00f1ado que hay que orar sin cesar, pero no s\u00e9 c\u00f3mo hacerlo, y ni siquie-ra puedo comprender qu\u00e9 significa oraci\u00f3n continua. Os ruego, Padre, que me quer\u00e1is explicar estas cosas.<br \/>\n\u0097No s\u00e9, hermano m\u00edo, de qu\u00e9 manera explic\u00e1rtelo mejor. Pero espera: aqu\u00ed tengo un librito que trata de esta cuesti\u00f3n. \u0097Y sac\u00f3 la Instrucci\u00f3n espiritual del hombre inter-ior\u00a0 de San Demetrio\u0097. Toma, lee en esta p\u00e1gina.<br \/>\nY comenc\u00e9 a leer lo que sigue: \u00abEstas palabras del Ap\u00f3stol: Orad sin cesar, se apli-can a la oraci\u00f3n hecha por la inteligencia; la inteligencia puede, en efecto, estar siempre sumergida en Dios y orar a \u00c9l sin cesar.\u00bb<br \/>\n\u0097Explicadme c\u00f3mo puede la inteligencia estar siempre sumergida en Dios sin dis-tracciones y orar siempre a \u00c9l.<br \/>\n\u0097Esto es cosa dif\u00edcil, si el mismo Dios no concede esta gracia \u0097respondi\u00f3 el supe-rior.<br \/>\nPero no me hab\u00eda explicado nada. Pas\u00e9 la noche en su casa y, por la ma\u00f1ana, ha-bi\u00e9ndole dado las gracias por su amable hospitalidad, me puse de nuevo en camino sin saber de modo preciso a d\u00f3nde dirigirme. Estaba muy triste por no haber comprendido nada, y para consolarme le\u00eda la santa Biblia. As\u00ed fui adelante por el camino real, hasta que una tarde encontr\u00e9 a un anciano que ten\u00eda traza de ser un religioso.<br \/>\nA mi pregunta, respondi\u00f3 que era monje y que la soledad en que viv\u00eda con algunos hermanos estaba a diez verstas del camino, y me invit\u00f3 a detenerme con ellos.<br \/>\n\u0097En nuestra casa \u0097me dijo\u0097 se recibe a los peregrinos, se los cuida y se les da de comer en la hospeder\u00eda.<br \/>\nYo no ten\u00eda ning\u00fan deseo de ir all\u00ed, y le dije:<br \/>\n\u0097Mi descanso no depende del hospedaje, sino de una ense\u00f1anza espiritual; no bus-co comida, pues llevo mucho pan seco en mi alforja.<br \/>\n\u0097\u00bfQu\u00e9 clase de ense\u00f1anza es la que buscas y qu\u00e9 es lo que quieres comprender me-jor? Ven, ven a nuestra casa, querido hermano; en ella tenemos startsi\u00a0 experimentados que pueden darte una direcci\u00f3n espiritual y ponerte en el camino verdadero que lleva a la luz de la Palabra de Dios y de las ense\u00f1anzas de los Padres.<br \/>\n\u0097Mirad, Padre, hace alrededor de un a\u00f1o que, estando en un oficio, o\u00ed este manda-miento del Ap\u00f3stol: Orad sin cesar. No sabiendo c\u00f3mo interpretar estas palabras, me puse a leer la Biblia, y tambi\u00e9n en ella, y en m\u00faltiples pasajes, he encontrado el manda-miento de Dios: hay que orar sin cesar, siempre, en toda ocasi\u00f3n, en todo lugar, no s\u00f3lo durante las ocupaciones del d\u00eda, no s\u00f3lo en estado de vigilia, sino tambi\u00e9n durante el sue\u00f1o: Yo duermo, pero mi coraz\u00f3n vela . Esto me admir\u00f3 sobremanera y no puedo comprender c\u00f3mo es posible cumplir tal cosa ni cu\u00e1les son los medios de conseguirlo; un gran deseo y una gran curiosidad se despertaron en m\u00ed: ni de d\u00eda ni de noche se han apartado estas palabras de mi esp\u00edritu. Me puse tambi\u00e9n a visitar las iglesias y a o\u00edr ser-mones sobre la oraci\u00f3n, pero en vano: nunca he podido saber c\u00f3mo orar sin cesar; ha-blaban siempre en ellos de la preparaci\u00f3n a la oraci\u00f3n o de sus frutos, sin ense\u00f1ar c\u00f3mo orar sin cesar, ni qu\u00e9 significa tal oraci\u00f3n. A menudo he le\u00eddo la Biblia y en ella he vuel-to a encontrar lo mismo que hab\u00eda o\u00eddo; pero no he podido comprender lo que tanto an-s\u00edo. As\u00ed que durante todo este tiempo ando lleno de incertidumbre e inquietud. El starets hizo la se\u00f1al de la cruz y tom\u00f3 la palabra:<br \/>\n\u0097Da gracias a Dios, hermano muy amado, por haberte \u00c9l revelado esa invencible atracci\u00f3n que existe en ti hacia la oraci\u00f3n interior continua. Reconoce en eso el llama-miento de Dios y tranquil\u00edzate pensando que as\u00ed ha sido debidamente probado el acuer-do de tu voluntad con la palabra divina; te ha sido dado comprender que no es ni la sa-bidur\u00eda de este mundo ni un vano deseo de conocimiento lo que conduce a la luz celes-tial \u0097la continua oraci\u00f3n interior\u0097, sino al contrario, la pobreza de esp\u00edritu y la expe-riencia activa en la simplicidad del coraz\u00f3n.<br \/>\nPor eso no es de maravillar que no hayas o\u00eddo ninguna cosa profunda acerca del acto de orar y que nada hayas podido aprender acerca del modo de llegar a esta perpetua ac-tividad. En verdad, se predica mucho acerca de la oraci\u00f3n y sobre esta materia existen no pocas obras recientes, pero todos los juicios de sus autores est\u00e1n fundados en la es-peculaci\u00f3n intelectual, en los conceptos de la raz\u00f3n natural, y no en la experiencia que resulta de la acci\u00f3n; hablan m\u00e1s de lo que a la oraci\u00f3n es accesorio que de la esencia de la oraci\u00f3n. El uno explica muy bien por qu\u00e9 hay que orar; el otro trata de los efectos bienhechores de la oraci\u00f3n; un tercero, de las condiciones necesarias para orar bien, es decir, del celo, de la atenci\u00f3n, del fervor del coraz\u00f3n, de la pureza de la mente, de la humildad, del arrepentimiento que hay que tener para ponerse a orar. Pero qu\u00e9 es la ora-ci\u00f3n y c\u00f3mo se aprende a orar, cosas tan esenciales y fundamentales en la oraci\u00f3n, muy poco lo tratan los predicadores de nuestro tiempo; porque son m\u00e1s dif\u00edciles que todas sus explicaciones y exigen no un saber escolar, sino un conocimiento m\u00edstico. Y lo que es m\u00e1s triste a\u00fan, esta elemental y vana sabidur\u00eda conduce a medir a Dios con una medi-da humana. Muchos cometen un gran error al pensar que los medios preparatorios y las buenas acciones engendran la oraci\u00f3n, cuando la verdad es que la oraci\u00f3n es la fuente de las obras y de las virtudes. Gran yerro cometen al tomar los frutos y las consecuencias de la oraci\u00f3n como medios de llegar a ella, disminuyendo as\u00ed su fuerza. Es este un punto de vista completamente opuesto a la Escritura, pues el Ap\u00f3stol San Pablo habla as\u00ed de la oraci\u00f3n: Ruego, pues, ante todo, que se hagan oraciones .<br \/>\nAs\u00ed el Ap\u00f3stol pone la oraci\u00f3n por encima de todo lo dem\u00e1s. Muchas buenas obras se piden al cristiano, pero la obra de la oraci\u00f3n est\u00e1 sobre todas las dem\u00e1s, porque nada es posible hacer si ella falta. Sin la oraci\u00f3n frecuente no es posible dar con el camino que conduce al Se\u00f1or, ni conocer la Verdad, ni ser iluminados en el coraz\u00f3n por la luz de Cristo, ni unirse a \u00e9l en la salvaci\u00f3n. Digo frecuente, porque la perfecci\u00f3n y la co-rrecci\u00f3n de nuestra oraci\u00f3n no depende de nosotros, como asimismo lo dice el Ap\u00f3stol Pablo: Nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene . S\u00f3lo su frecuencia ha sido puesta en nuestras manos, como medio de alcanzar la pureza de oraci\u00f3n que es la madre de todo bien espiritual. Hazte con la madre y tendr\u00e1s descendencia, dice San Isaac el Sirio , queri\u00e9ndonos dar a entender que primero hay que adquirir la oraci\u00f3n para luego poner en pr\u00e1ctica todas las virtudes. Pero conocen mal estas cuestiones y hablan poco de ellas quienes no est\u00e1n familiarizados con la pr\u00e1ctica y las ense\u00f1anzas de los Padres.<br \/>\nConversando de esta suerte, hab\u00edamos llegado, sin darnos cuenta a la soledad. Para no separarme de este sabio anciano y satisfacer cuanto antes mis deseos, me apresur\u00e9 a preguntarle:<br \/>\n\u0097Os ruego, venerable Padre, que me expliqu\u00e9is qu\u00e9 es la oraci\u00f3n interior y continua y c\u00f3mo podr\u00eda yo aprenderla; pues veo que de ella ten\u00e9is muy profunda y segura expe-riencia.<br \/>\nEl starets escuch\u00f3 mi petici\u00f3n con bondad y me llev\u00f3 a su cuarto:<br \/>\n\u0097Ven conmigo y te dar\u00e9 un libro de los Padres que te permitir\u00e1 comprender clara-mente en qu\u00e9 consiste la oraci\u00f3n y aprenderla con la gracia de Dios.<br \/>\nEntramos en su celda y el starets me dijo las siguientes palabras:<br \/>\n\u0097La oraci\u00f3n de Jes\u00fas interior y constante es la invocaci\u00f3n continua e ininterrumpi-da del nombre de Jes\u00fas con los labios, el coraz\u00f3n y la inteligencia, en el sentimiento de su presencia, en todo lugar y en todo tiempo, aun durante el sue\u00f1o. Esa oraci\u00f3n se ex-presa por estas palabras: \u00a1Se\u00f1or Jesucristo, tened piedad de m\u00ed!\u00a0 Todo el que se acos-tumbra a esta invocaci\u00f3n siente muy grande consolaci\u00f3n y necesidad de decir siempre esta oraci\u00f3n; al cabo de alg\u00fan tiempo, no puede ya pasar sin ella y se le hace como su misma sangre y carne. \u00bfComprendes ahora qu\u00e9 es la oraci\u00f3n continua?<br \/>\n\u0097Lo comprendo perfectamente, Padre m\u00edo. En el nombre de Dios, ense\u00f1adme ahora c\u00f3mo llegar a ella \u0097le supliqu\u00e9 lleno de gozo.<br \/>\n\u0097C\u00f3mo se aprende la oraci\u00f3n, lo veremos en este libro que se llama Filocal\u00eda . En \u00e9l est\u00e1 contenida la ciencia completa y detallada de la oraci\u00f3n interior continua, expues-ta por veinticinco Padres. Es tan \u00fatil y perfecto, que se le considera como la gu\u00eda esen-cial de la vida contemplativa, y, como dice el bienaventurado Nic\u00e9foro , \u00abconduce a la salvaci\u00f3n sin trabajo ni dolor\u00bb.<br \/>\n\u0097\u00bfEntonces, es m\u00e1s alto que la santa Biblia? \u0097le pregunt\u00e9.<br \/>\n\u0097No, ni es m\u00e1s alto ni m\u00e1s santo que la santa Biblia, pero contiene las luminosas explicaciones de todo lo que hay de misterioso en la Biblia en raz\u00f3n de la debilidad de nuestro esp\u00edritu, cuya vista no alcanza a tales alturas. Te lo har\u00e9 ver con una imagen: el sol es un astro majestuoso, brillante y muy excelso, al que no es posible mirar de frente. Para contemplar a este rey de los astros y soportar sus encendidos rayos, hay que echar mano de un vidrio ahumado, infinitamente m\u00e1s peque\u00f1o y m\u00e1s oscuro que el sol. Pues bien, la Escritura es este sol resplandeciente y la Filocal\u00eda es el cristal ahumado. Escu-cha ahora, que quiero leerte c\u00f3mo se ejercita la oraci\u00f3n interior continua.<br \/>\nAbri\u00f3 el starets la Filocal\u00eda, eligi\u00f3 un pasaje de San Sime\u00f3n el Nuevo Te\u00f3logo\u00a0 y comenz\u00f3: \u00abPermanece sentado en el silencio y la soledad, inclina la cabeza y cierra los ojos; respira suavemente, mira por la imaginaci\u00f3n en el interior de tu coraz\u00f3n, recoge tu inteligencia, es decir tu pensamiento, de tu cabeza a tu coraz\u00f3n. Di, al ritmo de la respi-raci\u00f3n: \u0093Se\u00f1or Jesucristo, ten piedad de m\u00ed\u0094, en voz baja, o simplemente en esp\u00edritu. Esfu\u00e9rzate en echar fuera todos los dem\u00e1s pensamientos, s\u00e9 paciente y repite a menudo este ejercicio.\u00bb<br \/>\nDespu\u00e9s el starets me explic\u00f3 todo esto con ejemplos, y a\u00fan le\u00edmos en la Filocal\u00eda las palabras de San Gregorio el Sina\u00edta\u00a0 y de los bienaventurados Calixto e Ignacio . Todo lo que \u00edbamos leyendo, el starets me lo iba explicando a su manera. Yo escuchaba con atenci\u00f3n y gran embeleso y me esforzaba por fijar todas sus palabras en la memoria con la mayor exactitud. As\u00ed pasamos toda la noche y fuimos a Maitines sin haber dor-mido nada.<br \/>\nEl starets, al despedirme, me bendijo y me dijo que volviera a su celda durante mi estudio de la oraci\u00f3n, para confesarme con franqueza y sencillez de coraz\u00f3n, porque es cosa vana dedicarse sin gu\u00eda a la vida espiritual.<br \/>\nEn la iglesia sent\u00ed en mi interior un ardiente celo que me inclinaba a estudiar cuida-dosamente la oraci\u00f3n interior continua, y ped\u00ed a Dios que me quisiera ayudar. Despu\u00e9s pens\u00e9 que me ser\u00eda dif\u00edcil ir a ver al starets para confesarme o pedirle consejo; en la hospeder\u00eda nadie puede permanecer m\u00e1s de tres d\u00edas, y junto a la soledad no hay lugar donde alojarse\u0085 Por suerte, pude enterarme de que a cuatro verstas hab\u00eda una aldea. Me encamin\u00e9 a ella a fin de encontrar posada, y por suerte Dios me favoreci\u00f3. All\u00ed pude colocarme como guardi\u00e1n en casa de un campesino, a condici\u00f3n de pasar el verano, so-lo, en una peque\u00f1a caba\u00f1a que hab\u00eda en un rinc\u00f3n de la huerta. Gracias a Dios, hab\u00eda dado con un lugar tranquilo. De esta manera me puse a estudiar la oraci\u00f3n interior seg\u00fan los medios indicados, yendo a menudo a visitar al starets.<br \/>\nDurante una semana, en la soledad de mi jard\u00edn me ejercit\u00e9 en el estudio de la ora-ci\u00f3n interior, siguiendo exactamente los consejos de mi maestro. Al principio, todo pa-rec\u00eda ir muy bien. M\u00e1s tarde, sent\u00ed gran pesadez, pereza, tedio, un sue\u00f1o que no pod\u00eda vencer, y los pensamientos cayeron sobre m\u00ed como las nubes. Busqu\u00e9 al starets lleno de tristeza y le manifest\u00e9 mi estado. Me recibi\u00f3 con bondad y me dijo:<br \/>\n\u0097Hermano muy amado, todo cuanto te sucede no es sino la guerra que te declara el mundo oscuro, porque no hay cosa que tema tanto como la oraci\u00f3n del coraz\u00f3n. Por eso trata de entorpecerte y de hacer que aborrezcas la oraci\u00f3n. Mas el enemigo s\u00f3lo obra seg\u00fan la voluntad y el permiso de Dios, y en la medida en que esto nos es necesario. Sin duda es imprescindible que tu humildad sea sometida a prueba; es demasiado pronto para llegar, con un celo excesivo, hasta las puertas del coraz\u00f3n, pues correr\u00edas el riesgo de caer en la avaricia espiritual. Voy a leerte lo que dice la Filocal\u00eda a este prop\u00f3sito. \u0097Busc\u00f3 el starets en las ense\u00f1anzas del monje Nic\u00e9foro y ley\u00f3: \u00abSi, no obstante tus es-fuerzos, hermano m\u00edo, no te es posible entrar en la regi\u00f3n del coraz\u00f3n, como te lo tengo recomendado, haz lo que te digo y con la ayuda de Dios hallar\u00e1s lo que andas buscando. T\u00fa sabes bien que la raz\u00f3n de todo hombre est\u00e1 en su pecho\u0085 Qu\u00edtale, pues, a esta ra-z\u00f3n todo pensamiento (esto puedes hacerlo si quieres) y pon en su lugar el \u0093Se\u00f1or Jesu-cristo, ten piedad de m\u00ed\u0094. Esfu\u00e9rzate en reemplazar por esta invocaci\u00f3n interior cual-quier otro pensamiento, y a la larga ella te abrir\u00e1 la entrada del coraz\u00f3n, como lo ense\u00f1a la experiencia\u00bb .<br \/>\n\u0097Ya ves lo que ense\u00f1an los Padres en tal caso \u0097me dijo el starets\u0097. Por eso t\u00fa de-bes aceptar este mandamiento con confianza y repetir cuanto te sea posible la oraci\u00f3n de Jes\u00fas. Aqu\u00ed tienes un rosario con el que podr\u00e1s hacer, para comenzar, tres mil oraciones al d\u00eda. De pie, sentado, acostado o caminando, repite sin cesar: \u00ab\u00a1Se\u00f1or Jesucristo, ten piedad de m\u00ed!\u00bb, suavemente y sin precipitaci\u00f3n. Y recita exactamente tres mil oraciones al d\u00eda sin a\u00f1adir ni quitar una sola. Por este camino llegar\u00e1s a la actividad continua del coraz\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>RELATOS DE UN PEREGRINO RUSO Y todo el que invocare el nombre del Se\u00f1or se salvar\u00e1 (Jl., III, 32 y Act., II, 21). INDICE PREFACIO 4 PRIMERA PARTE INTRODUCCI\u00d3N, por Jean GAUVAIN 8 Primer relato 14 Segundo relato 27 Tercer relato 58 Cuarto relato 62 SEGUNDA PARTE PR\u00d3LOGO, por Charles KRAFFT 91 Quinto relato 95 Sexto relato 127 S\u00e9ptimo relato<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[163],"tags":[],"class_list":["post-3626","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-textos-cristianostradiccion-perenne"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3626","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3626"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3626\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3626"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3626"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3626"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}