{"id":3558,"date":"2009-01-30T20:29:50","date_gmt":"2009-01-30T20:29:50","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3558"},"modified":"2009-01-30T20:29:50","modified_gmt":"2009-01-30T20:29:50","slug":"la-muerte-como-una-consejera.","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3558","title":{"rendered":"LA MUERTE COMO UNA CONSEJERA."},"content":{"rendered":"<p>LA MUERTE COMO UNA CONSEJERA.<\/p>\n<p>&#8220;Dije que \u00e9ramos tan distintos que, pensaba, no hab\u00eda posibilidad de llevarnos bien.<br \/>\n-Uno de nosotros tiene que cambiar -dijo \u00e9l, mirando el suelo-. Y t\u00fa sabes qui\u00e9n.&#8221;<br \/>\n&#8220;En tono de gran excitaci\u00f3n, le dije que podr\u00eda jurar haber visto las facciones de un halc\u00f3n en su rostro&#8230;.<br \/>\n-Yo cazaba halcones -dije.<br \/>\n-Lo s\u00e9 -repuso don Juan como si tal cosa.&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;En los dos meses en que libr\u00e9 la extra\u00f1a guerra contra el halc\u00f3n albino, s\u00f3lo una vez estuve cerca de \u00e9l. Hab\u00eda estado caz\u00e1ndolo todo el d\u00eda y me hallaba cansado. Me sent\u00e9 a reposar y me qued\u00e9 dormido bajo un eucalipto. El grito s\u00fabito de un halc\u00f3n me despert\u00f3. Abr\u00ed los ojos sin hacer ning\u00fan otro movimiento, y vi un ave blancuzca encaramada en las ramas m\u00e1s altas del eucalipto. Era el halc\u00f3n albino. La caza hab\u00eda terminado. Iba a ser un tiro dif\u00edcil; yo estaba acostado y el ave me daba la espalda. Hubo una repentina racha de viento y la aprovech\u00e9 para ahogar el sonido de alzar mi rifle 22 largo para apuntar. Quer\u00eda esperar que el halc\u00f3n se volviera o empezara a volar, para no fallarle. Pero el ave permaneci\u00f3 inm\u00f3vil. Para mejor dispararle, habr\u00eda tenido que moverme, y era demasiado r\u00e1pida para ello. Pens\u00e9 que mi mejor alternativa era aguardar. Y eso hice durante un tiempo largo, interminable. Acaso me afect\u00f3 la prolongada espera, o quiz\u00e1 fue la soledad del sitio donde el halc\u00f3n y yo nos hall\u00e1bamos; de pronto sent\u00ed un escalofr\u00edo ascender por mi espina y, en una acci\u00f3n sin precedente, me puse en pie y me fui. Ni siquiera vi si el halc\u00f3n hab\u00eda volado.<br \/>\nJam\u00e1s atribu\u00ed ning\u00fan significado a mi acto final con el halc\u00f3n albino. Pero fue muy raro que no le disparara. Yo hab\u00eda matado antes docenas de halcones. En la granja donde crec\u00ed, matar aves o cazar cualquier tipo de animal era cosa com\u00fan y corriente.<br \/>\nDon Juan escuch\u00f3 atentamente mientras yo narraba la historia del halc\u00f3n albino.<br \/>\n-\u00bfC\u00f3mo supo usted del halc\u00f3n blanco? -pregunt\u00e9 al terminar.<br \/>\n-Lo vi -repuso.<br \/>\n-\u00bfD\u00f3nde?<br \/>\nAqu\u00ed mismo, frente a ti.<br \/>\nYa no me quedaban \u00e1nimos para discutir.<br \/>\n-\u00bfQu\u00e9 significa todo esto? -pregunt\u00e9.<br \/>\n\u00c9l dijo que un ave blanca como \u00e9sa era un augurio, y que no dispararle era lo \u00fanico correcto que pod\u00eda hacerse.<br \/>\n-Tu muerte te dio una peque\u00f1a advertencia -dijo con tono misterioso-. Siempre llega como escalofr\u00edo.&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;-La muerte es nuestra eterna compa\u00f1era -dijo don Juan con un aire sumamente serio-. Siempre est\u00e1 a nuestra izquierda, a la distancia de un brazo. Te vigilaba cuando t\u00fa vigilabas al halc\u00f3n blanco; te susurr\u00f3 en la oreja y sentiste su fr\u00edo, como lo sentiste hoy. Siempre te ha estado vigilando. Siempre lo estar\u00e1 hasta el d\u00eda en que te toque.&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;T\u00fa eres el muchacho que acechaba su caza y esperaba pacientemente, como la muerte espera; sabes muy bien que la muerte est\u00e1 a nuestra izquierda, igual que t\u00fa estabas a la izquierda del halc\u00f3n blanco.&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;\u00bfC\u00f3mo puede uno darse tanta importancia sabiendo que la muerte nos est\u00e1 acechando? -pregunt\u00f3.<br \/>\nSent\u00ed que mi respuesta no era en realidad necesaria&#8230; -Cuando est\u00e9s impaciente -prosigui\u00f3-, lo que debes hacer es voltear a la izquierda y pedir consejo a tu muerte. Una inmensa cantidad de mezquindad se pierde con s\u00f3lo que tu muerte te haga un gesto, o alcances a echarle un vistazo, o nada m\u00e1s con que tengas la sensaci\u00f3n de que tu compa\u00f1era est\u00e1 all\u00ed vigil\u00e1ndote.<br \/>\nVolvi\u00f3 a inclinarse y me susurr\u00f3 al o\u00eddo que, si volteaba de golpe hacia la izquierda, al ver su se\u00f1al, podr\u00eda ver nuevamente a mi muerte en el pe\u00f1asco.<br \/>\nSus ojos me hicieron una se\u00f1a casi imperceptible, pero no me atrev\u00ed a mirar.<br \/>\nLe dije que le cre\u00eda y que no era necesario llevar m\u00e1s lejos el asunto, porque me hallaba aterrado. \u00c9l solt\u00f3 una de sus rugientes carcajadas.<br \/>\nRespondi\u00f3 que el asunto de nuestra muerte nunca se llevaba lo bastante lejos.&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;La muerte es la \u00fanica consejera sabia que tenemos. Cada vez que sientas, como siempre lo haces, que todo te est\u00e1 saliendo mal y que est\u00e1s a punto de ser aniquilado, vu\u00e9lvete hacia tu muerte y preg\u00fantale si es cierto. Tu muerte te dir\u00e1 que te equivocas; que nada importa en realidad m\u00e1s que su toque. Tu muerte te dir\u00e1: \u0093Todav\u00eda no te he tocado.\u0094 &#8221;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA MUERTE COMO UNA CONSEJERA. &#8220;Dije que \u00e9ramos tan distintos que, pensaba, no hab\u00eda posibilidad de llevarnos bien. -Uno de nosotros tiene que cambiar -dijo \u00e9l, mirando el suelo-. 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