{"id":3539,"date":"2009-01-30T20:15:03","date_gmt":"2009-01-30T20:15:03","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3539"},"modified":"2009-01-30T20:15:03","modified_gmt":"2009-01-30T20:15:03","slug":"\u00daltimas-noticias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3539","title":{"rendered":"\u00daltimas noticias"},"content":{"rendered":"<p>\u00daltimas noticias<br \/>\nde Castaneda<br \/>\nUna cr\u00f3nica de Arturo Granda<br \/>\nHoy en d\u00eda el nombre de Carlos Castaneda no es popular. Sin embargo, en tiempos de hippies y psicodelia las librer\u00edas gringas vend\u00edan diecis\u00e9is mil ejemplares semanales de su primer libro: The Teachings of Don Juan: A Yaqui Way of Knowledge, traducido al espa\u00f1ol como Las ense\u00f1anzas de don Juan. Pocos saben que esas p\u00e1ginas fueron la tesis del doctorado en antropolog\u00eda de Carlos Castaneda en la Universidad de California. El libro result\u00f3 tan extra\u00f1o y fascinante que Federico Fellini anunci\u00f3 sus intenciones de filmar una pel\u00edcula con base en \u00e9l pero tuvo que renunciar al proyecto despu\u00e9s de recibir amenazas de muerte. Castaneda se hab\u00eda convertido en una celebridad; Estados Unidos se hallaba en conmoci\u00f3n por la guerra de Vietnam, y por todas partes se propagaba el credo de la rebeli\u00f3n pacifista. Leer a Castaneda era sumergirse en el mundo alucinado de los indios mexicanos, con quienes el autor aseguraba haber descubierto drogas expansoras de la conciencia como el peyote, los hongos y la datura. La revista Time orden\u00f3 una cacer\u00eda mundial de don Juan Matus, el indio yaqui que seg\u00fan Castaneda lo hab\u00eda guiado en su aprendizaje de sham\u00e1n, para confirmar si de verdad exist\u00eda o era un invento del autor. Ante la fama inesperada, el antrop\u00f3logo superstar decidi\u00f3 borrar su historia personal, declararse brasile\u00f1o, chicano o gitano, cuando no la reencarnaci\u00f3n de un fara\u00f3n egipcio, y esconderse tras seud\u00f3nimos como Salvador Castaneda, Isidoro Baltasar y Joe C\u00f3rdova. Las sospechas colectivas no se hiceron esperar. \u00bfQui\u00e9n era en verdad Carlos Castaneda? \u00bfUn gu\u00eda espiritual? \u00bfUn fabulador afortunado? \u00bfUn farsante desenfrenado? El diccionario de personajes dir\u00eda que Castaneda fue primero que todo C\u00e9sar Arana, un peruano nacido el d\u00eda de Navidad de 1925 en Cajamarca, estudiante de la Escuela de Bellas Artes de Lima, quien viaj\u00f3 a los Estados Unidos, cambi\u00f3 su nombre por el de Carlos Castaneda -as\u00ed sin la &#8220;e\u00f1e&#8221;-, vendi\u00f3 ocho millones de copias de su primer libro y fue investido como el padre espiritual del New Age. Pero seguir las huellas de Arana es resbalar tambi\u00e9n dentro de una caja china de historias confusas. Arturo Granda, periodista peruano y cronista de la revista colega Etiqueta Negra, ha descubierto cartas y fotograf\u00edas in\u00e9ditas, y escrito un perfil menos brumoso de Castaneda a trav\u00e9s de conversaciones con su familia y amigos. El gran sham\u00e1n muri\u00f3 en 1998.<br \/>\n1. El timbre del port\u00f3n lleva la inscripci\u00f3n &#8220;Familia Arana&#8221;. La casa queda en el distrito de Los Olivos, uno de los barrios populosos del cono norte de Lima. Mientras toco ansioso la puerta, recuerdo la voz amable de la mujer que d\u00edas antes me atendi\u00f3 por tel\u00e9fono. Cuando me confirm\u00f3 que ella era Lucy Ch\u00e1vez Casta\u00f1eda, supe que por fin mi b\u00fasqueda de meses hab\u00eda terminado. La vivienda es rosada y de dos pisos, y la familia Arana alquila unas tres piezas de ella. Lucy es una obstetra jubilada que vive de su pensi\u00f3n de cesant\u00eda y con la de su esposo, Carlos Arana, un joyero retirado. Al abrirse la puerta, la se\u00f1ora menuda que me recibe es a\u00fan m\u00e1s bondadosa de lo que fue por v\u00eda telef\u00f3nica. Es una de esas se\u00f1oras por las que uno quisiera ser adoptado como hijo y cuya bondad hace insospechable a la mujer firme que esconde. Me dice que naci\u00f3 en Cajamarca, y que creci\u00f3 como una hermana junto a quien despu\u00e9s ser\u00eda Carlos Castaneda, aunque en realidad es su prima. &#8220;Sus padres eran los m\u00edos&#8221;, me dice con su voz serena. Hojeando su \u00e1lbum familiar, veo aparecer fotograf\u00edas de Castaneda, es decir, de C\u00e9sar Arana, mientras iba creciendo. En casa le dec\u00edan &#8220;El Negro&#8221; por el color canela de su piel, una herencia de Susana, su madre. De su padre, un relojero, hered\u00f3 su b\u00fasqueda del conocimiento. Hay en casi todos sus retratos una mirada severa, el escudo de un muchacho reservado y solitario, pero con ideas firmes a las que no iba a renunciar jam\u00e1s. &#8220;Ahora que C\u00e9sar ha muerto, me siento con la libertad de contar las cosas que nunca dije&#8221;, me dice Lucy, respondiendo a mi pregunta de por qu\u00e9 tantos a\u00f1os de silencio. &#8220;Cre\u00ed que si contaba toda su historia \u00e9l se iba a molestar conmigo&#8221;. Y durante d\u00e9cadas s\u00f3lo admiti\u00f3 responder algunas preguntas a la prensa.<br \/>\n2. Un d\u00eda de febrero de 1973, un corresponsal de la revista Time fue a buscar a Lucy con unas fotos, y le pregunt\u00f3 si pod\u00eda reconocer en ellas a un hombre. En todas hab\u00eda la extra\u00f1a paradoja de que \u00e9ste se mostraba escondi\u00e9ndose, como un ni\u00f1o juguet\u00f3n que se oculta detr\u00e1s de su mano izquierda o como un detective privado debajo de un sombrero panam\u00e1 en una biblioteca. Lucy ve\u00eda estas fotograf\u00edas en su trabajo, la cl\u00ednica Maison de Sant\u00e9, hasta que una de ellas le congel\u00f3 el aliento: debajo de un sombrero y detr\u00e1s de un libro negro en horizontal, reconoci\u00f3 los ojos sonrientes de un hombre que parec\u00eda divertirse jugando a las escondidas. Era el inconfundible rostro de su hermano, a quien hab\u00eda visto por \u00faltima vez veintid\u00f3s a\u00f1os atr\u00e1s, el d\u00eda que parti\u00f3 a los Estados Unidos en un barco. El corresponsal de Time le dijo que ese hombre se hac\u00eda llamar Carlos Castaneda. No sab\u00eda que su hermano estuviera vivo ni que se hubiese cambiado de nombre, y menos imaginaba que fuera tan famoso. El reportero le inform\u00f3 que deb\u00eda su fama a sus libros de antropolog\u00eda, y que Time lo hab\u00eda enviado a verificar si Castaneda era en realidad un tal C\u00e9sar Arana, cuyo ingreso a los Estados Unidos hab\u00eda sido registrado en 1951. Lucy le cont\u00f3 al reportero que la muerte de la madre de Arana hab\u00eda precipitado su partida, y que cuando ella muri\u00f3 \u00e9ste se encerr\u00f3 tres d\u00edas en su cuarto sin probar alimentos. Lo que no le confi\u00f3 al reportero de Time es que C\u00e9sar Arana no s\u00f3lo no hab\u00eda ido al entierro ni se hab\u00eda vestido de luto, sino que al abandonar el encierro de tres d\u00edas en su cuarto le dijo: &#8220;Ahora s\u00ed. No tengo m\u00e1s razones para quedarme&#8221;. Un mes despu\u00e9s de la visita del reportero, Time titulaba en su portada: &#8220;Carlos Castaneda: Magic and Reality&#8221;. Su padre hab\u00eda muerto tres a\u00f1os antes, absolutamente convencido de que, si su hijo no le hab\u00eda vuelto a escribir una carta m\u00e1s, era porque deb\u00eda estar muerto.<br \/>\n3. La estrategia de Castaneda era la desaparici\u00f3n. Por treinta a\u00f1os no concedi\u00f3 entrevistas a m\u00e1s de una docena de reporteros ni permiti\u00f3 que le tomasen fotograf\u00edas, salvo las que Eddie Adams public\u00f3 en Time, aquella serie en la que escond\u00eda su rostro, y otras m\u00e1s caseras que Margaret Runyan publicara en un libro. &#8220;Sus amigos m\u00e1s cercanos no est\u00e1n seguros de qui\u00e9n es \u00e9l&#8221;, hab\u00eda escrito ella, nada menos que su ex esposa. No era un truco publicitario. Era cierto. Sol\u00eda telefonear a sus amistades a cualquier hora de la noche y colgarles si respond\u00eda un contestador autom\u00e1tico. No les daba su direcci\u00f3n ni su n\u00famero de tel\u00e9fono, y su \u00fanico rastro era un apartado postal en Los \u00c1ngeles, o el nombre de un contacto, a veces el de su agente literario. Sus editores en Simon &#038; Shuster, Penguin Books y Gallimard coinciden en que Castaneda les dec\u00eda que estaba en una ciudad cuando en realidad se hallaba en otra, que siempre decid\u00eda la hora y lugares inusitados para los tratos con ellos, que dejaba plantada a una persona si su aspecto no le era confiable, que pod\u00eda tardar meses en responder los mensajes sin importar de qu\u00e9 pa\u00eds fueran, que era inhallable cada vez que publicaba un nuevo libro. En una de sus apariciones ante la prensa explic\u00f3 que por algunos a\u00f1os no hubo modo de contactarlo debido a su dedicaci\u00f3n a la jardiner\u00eda en las monta\u00f1as de Guatemala. Y acto seguido se fue.<br \/>\nEra tan desconocido en persona que hab\u00eda impostores que dictaban conferencias en su nombre. Una vez fue a una de ellas y al final de la misma se acerc\u00f3 para saludar al &#8220;doctor Castaneda&#8221;. Prefer\u00eda aparecer de inc\u00f3gnito entre el p\u00fablico de las presentaciones de sus libros y cuando daba conferencias ensayaba voces en todos los tonos y casi nunca se dejaba grabar. Uno de sus traductores dijo que hablaba ingl\u00e9s como si fuera gringo, salpicado el idioma con palabras en portugu\u00e9s y que dominaba a su antojo el espa\u00f1ol, usando modismos de cualquier pa\u00eds latinoamericano que lo volv\u00edan de una nacionalidad inidentificable. Una vez declar\u00f3 sobre la fama que entonces lo acosaba: &#8220;Esto es nada para Carlos Castaneda. La personalidad es una pretensi\u00f3n. \u00bfFama? \u00bf\u00c9xito? \u00bfA qui\u00e9n le importa esa mierda?&#8221;. A pesar de vivir en el lujoso barrio residencial de Westwood, cerca de los estudios Universal, no hab\u00eda nada m\u00e1s alejado de \u00e9l que las c\u00e1maras. La \u00fanica vez que apareci\u00f3 en un video fue hacia el final de su vida, cuando una pareja lo film\u00f3 desprevenido sacando los botes de la basura de su casa.<br \/>\n4. Los sue\u00f1os de C\u00e9sar Arana siempre viajaban por Norteam\u00e9rica. &#8220;Nunca me explic\u00f3 por qu\u00e9 -dice Lucy-. S\u00f3lo hablaba de su ilusi\u00f3n de estar all\u00ed&#8221;. Ella coincide en este misterio, igual que los compa\u00f1eros de colegio de Arana con los que hab\u00eda conversado antes. Uno de ellos, \u00d3scar Posadas, me coment\u00f3 que siempre le pareci\u00f3 curiosa la obsesi\u00f3n de Arana por aprender la lengua inglesa. &#8220;Vamos a escuchar ingl\u00e9s&#8221;, le o\u00eda decir cada vez que le propon\u00eda ir al cine. El desaparecido teatro Ollanta, a media cuadra de la Plaza de Armas de Cajamarca, fue su primera academia del idioma. Aunque su padre recordaba que ya a los dos a\u00f1os de edad C\u00e9sar Arana hablaba un idioma extra\u00f1o, uno que, con tardanza, descubrieron que se trataba de una suerte de ingl\u00e9s.<br \/>\n5. El hombre se llamaba Sim\u00f3n R\u00edos, y su insistencia en tocar el timbre de una casa en el vecindario de Westwood, en Los \u00c1ngeles, s\u00f3lo obtuvo respuestas sordas y algunos vecinos mirones. Se alejaba derrotado calle abajo, cuando vio aparecer a un tipo enfundado en frac, sombrero de copa y bast\u00f3n batiente; pens\u00f3 que era uno de esos que llevan anuncios publicitarios en la espalda. Una segunda mirada sembr\u00f3 su duda, antes de reconocer finalmente al antiguo compa\u00f1ero del colegio San Ram\u00f3n de Cajamarca que andaba buscando. &#8220;Fashturo&#8221;, grit\u00f3 el sobrenombre de su amigo entre conmovido y angustiado, por el temor a que \u00e9ste desapareciera por la esquina. El tipo del frac se apresur\u00f3 a atravesar la calle, haciendo gestos para apagar su efusividad: &#8220;Ssshh, c\u00e1llate por favor, hermano, aqu\u00ed soy una persona respetada. Para la gente del vecindario soy el doctor&#8221;. Sim\u00f3n R\u00edos hab\u00eda sorprendido a Carlos Castaneda en una de sus performances, aquellas que practicaba para desaparecer detr\u00e1s de la m\u00e1scara de sus personajes y borrar as\u00ed su historia personal, atendiendo a las ense\u00f1anzas de don Juan.<br \/>\n6. A veces era Castaneda quien se acercaba a la gente que admiraba. Alejandro Jodorowsky, tar\u00f3tologo y cineasta de culto, cont\u00f3 que una noche cenaba en un restaurante de la avenida Insurgentes en Ciudad de M\u00e9xico, cuando desde su bistec sangrante vio acercarse a un hombre que crey\u00f3 era un camarero. &#8220;Era bajo de estatura, fornido, con el pelo crespo, la nariz achatada y la piel levemente picada, un hombre de aspecto humilde, aut\u00f3ctono&#8221;, recuerda Jodorowsky en sus memorias. Le dijo que era Carlos Castaneda y que hab\u00eda visto varias veces su pel\u00edcula El topo. Jodorowsky asegura que descart\u00f3 que fuera un impostor por el tono reposado de su voz, su delicada pronunciaci\u00f3n y, sobre todo, por la vibraci\u00f3n luminosa de su intelecto. Tiempo despu\u00e9s confirmar\u00eda, por unas fotos y dibujos, que el hombre que hab\u00eda departido con \u00e9l esa noche hab\u00eda sido sin duda Castaneda. Cuando Mario Vargas Llosa fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley, recibi\u00f3 a Castaneda, quien le dijo que hab\u00eda ido a pie desde San Francisco, a unos quinientos kil\u00f3metros, s\u00f3lo para tener el placer de conocerlo.<br \/>\n7. Una tarde llegu\u00e9 al colegio San Ram\u00f3n de Cajamarca a buscar en un estante los antiguos registros de notas. Un antiguo empleado del colegio con aliento a botella destapada me ayud\u00f3 a hurgar entre los libros y me inform\u00f3 que los archivos de los alumnos hab\u00edan sido incinerados. &#8220;Una performance m\u00e1s de Castaneda&#8221;, imagin\u00e9. C\u00e9sar Arana figura hasta 1942 con notas regulares. Nada del otro mundo. M\u00e1s que por sus calificaciones, destacaba por su velocidad de puntero derecho del equipo infantil de f\u00fatbol del colegio, adonde Lucy lo iba a ver todos los domingos con su padre. Una noche me dijo por tel\u00e9fono que hab\u00eda encontrado un par de medallas que su hermano hab\u00eda ganado en competencias escolares de atletismo: una, en los cincuenta metros planos; la otra ten\u00eda grabada un atleta lanzando una jabalina. Cuando termin\u00f3 tercero de secundaria Arana se desprendi\u00f3 de su uniforme escolar verde bronce y parti\u00f3 a Lima. Seg\u00fan parece, jam\u00e1s volvi\u00f3 a Cajamarca.<br \/>\n8. Lucy volvi\u00f3 a encontrar a su hermano cuando la familia se vio obligada a mudarse a Lima debido al reumatismo cardiaco que hab\u00eda postrado a la madre de Arana. En Lima aquel adolescente t\u00edmido y formal se hab\u00eda vuelto un joven encantador, enamoradizo y conversador. Para entonces, C\u00e9sar Arana hab\u00eda terminado sus estudios secundarios en el colegio Nuestra Se\u00f1ora de Guadalupe, el m\u00e1s antiguo de Lima. Una tarde fui a buscar all\u00ed los rastros de su historia escolar. Las se\u00f1oras que me atendieron no pod\u00edan encontrar sus notas durante horas, y estuve a punto de pensar que era otra pista falsa. &#8220;Parece que se nos est\u00e1 escondiendo&#8221;, me dijo una de las empleadas administrativas, hasta que al final de la tarde lo hall\u00f3 en una esquina, debajo de una pila de registros que se hab\u00edan salvado de una inundaci\u00f3n.<br \/>\nSus notas del \u00faltimo a\u00f1o de secundaria demuestran que el colegio era para \u00e9l s\u00f3lo un tr\u00e1mite obligatorio. Sobre doce materias cursadas no se hab\u00eda presentado a cuatro, y en las dem\u00e1s sus notas est\u00e1n debajo de un mediocre trece. En 1944 alguien que escribir\u00eda libros de dimensi\u00f3n po\u00e9tica y reflexiva obtuvo un once en filosof\u00eda. A los ex\u00e1menes finales de religi\u00f3n e ingl\u00e9s nunca se present\u00f3. Una historia parecida encontr\u00e9 cuando fui a buscar sus calificaciones a la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima: Arana reprob\u00f3 el tercer a\u00f1o de dibujo y pintura, y se aplaz\u00f3 en el primer a\u00f1o de escultura. &#8220;Nunca lo vi haciendo una&#8221;, me cont\u00f3 una ma\u00f1ana nublada el artista V\u00edctor Delf\u00edn, en su taller con vista al mar de Barranco.<br \/>\n9. Los amigos que lo vieron en sus \u00faltimos d\u00edas en Lima no pudieron despedirse. Uno de esos d\u00edas, Arana toc\u00f3 la puerta de la casa de Jaime Ravines, su amigo de la infancia, con esa urgencia alegre de quien llega a avisar que se ha ganado la loter\u00eda. &#8220;Me he conseguido una gringa que quiere casarse conmigo y que solventar\u00e1 nuestros pasajes&#8221;, le dijo a su viejo compa\u00f1ero de carpeta en el colegio San Ram\u00f3n. &#8220;Porque, eso s\u00ed, le he dicho que sin ti no voy&#8221;. Era la oportunidad tantas veces postergada de viajar a los Estados Unidos. Pero no contaba con que Ravines se excusar\u00eda porque su pareja estaba embarazada. &#8220;No puedo dejarla as\u00ed&#8221;, le respondi\u00f3, y no tuvo tiempo para m\u00e1s explicaciones. La puerta se cerr\u00f3 tras \u00e9l y C\u00e9sar Arana nunca m\u00e1s volvi\u00f3 a aparecer.<br \/>\n\u00bfExisti\u00f3 esa gringa realmente? Cuando se lo cont\u00e9 a Lucy, se ri\u00f3 como si estuviera acostumbrada a coleccionar rumores acerca de su hermano. Me dijo que no sab\u00eda que alguna mujer tuviera que ver con su partida. Fue una tarde en que me di cuenta de que Lucy sab\u00eda perfectamente que su hermano era un fabulador, pero que nunca hab\u00eda podido pregunt\u00e1rselo. S\u00f3lo recuerda que el d\u00eda que parti\u00f3 hacia los Estados Unidos lleg\u00f3 a casa apresurado, meti\u00f3 en un morral cuatro cosas y le prometi\u00f3 escribir. Se fue una ma\u00f1ana hacia San Francisco en un barco que zarp\u00f3 desde El Callao, un carguero de la Corporaci\u00f3n Peruana de Vapores desde el cual escribi\u00f3 su primera carta a la familia, dos d\u00edas despu\u00e9s, en su escala en Talara. Para Lucy sigue siendo un misterio de d\u00f3nde hab\u00eda obtenido el dinero para viajar.<br \/>\nEl d\u00eda que convers\u00e9 con V\u00edctor Delf\u00edn cre\u00ed haber hallado una primera respuesta. Me confi\u00f3 que un mes despu\u00e9s de la partida de Arana, una compa\u00f1era de Bellas Artes, Tita Ord\u00f3\u00f1ez, lo buscaba muy preocupada. &#8220;\u00bfOye, lo has visto?&#8221;, le pregunt\u00f3 a Delf\u00edn. Ella le hab\u00eda entregado a Arana unas frazadas cusque\u00f1as, un d\u00eda en que \u00e9ste le asegur\u00f3 que ten\u00eda unos clientes interesados en ellas. La otra fuente para financiar su viaje fue trabajar en el barco. Despu\u00e9s de conversar con Delf\u00edn pens\u00e9 que s\u00ed hab\u00eda existido una mujer que involuntariamente ayud\u00f3 a financiar la partida de quien luego ser\u00eda el profeta Carlos Castaneda. S\u00f3lo que no era gringa. Era bien peruana.<br \/>\n10. La noche que visit\u00e9 a Mar\u00eda Carhuapoma, ella record\u00f3 el d\u00eda en que Gina Lu lleg\u00f3 a la casa del pasaje Sebasti\u00e1n Barranca, dos a\u00f1os despu\u00e9s que Arana partiera. Mar\u00eda era ahijada de su madre, vivi\u00f3 con la familia durante a\u00f1os y fue quien le abri\u00f3 la puerta. Aquel d\u00eda Gina Lu hab\u00eda ido a conocer al padre de Castaneda, a quien sorprendi\u00f3 dici\u00e9ndole que era su nuera, que se hab\u00edan casado por un poder enviado desde Estados Unidos por su hijo y que la ni\u00f1a en sus brazos se llamaba Rosario y era la hija de ambos. Le cont\u00f3 que se hab\u00edan conocido cuando estudiaban en Bellas Artes y que \u00e9l no le present\u00f3 a su familia porque la convenci\u00f3 de que eran gitanos.<br \/>\nLucy me cont\u00f3 que entonces le envi\u00f3 a su hermano una carta pregunt\u00e1ndole por la veracidad de la historia. \u00c9l le respondi\u00f3: &#8220;Qui\u00e9rela como una hermana. Esa china es del carajo&#8221;. Richard de Mille, un investigador que dedic\u00f3 parte de su vida a dos libros que tratan de farsante a Castaneda, relat\u00f3 este episodio en su libro The Don Juan Papers, un trabajo meritorio pero a la vez poblado de suposiciones, datos inexactos y a veces tendenciosos que a la larga parecen haber favorecido el aura de misterio alrededor de Castaneda. A Gina Lu la llam\u00f3 &#8220;Dolores&#8221; y a su hija Rosario, &#8220;Esperanza&#8221;. Dice que la hija de Castaneda creci\u00f3 en un convento, y que la madre hab\u00eda sido una v\u00edctima inocente de Arana. Us\u00f3 m\u00e1s adelante unas declaraciones del escultor V\u00edctor Delf\u00edn, quien hab\u00eda respondido en una entrevista que Arana era &#8220;un seductor de primera l\u00ednea&#8221;, y si uno lee The Don Juan Papers siente como si estas declaraciones de Delf\u00edn le dieran la raz\u00f3n. \u00bfSab\u00eda Arana cuando viaj\u00f3 a los Estados Unidos que iba a tener una hija de Gina Lu?<br \/>\nLos hechos parecen condenarlo. Un d\u00eda le pregunt\u00e9 a Jaime Ravines si conoc\u00eda esta historia. &#8220;No, pero C\u00e9sar amaba a los ni\u00f1os y estoy seguro que, de haberlo sabido, no se habr\u00eda ido nunca&#8221;. Quien siempre estuvo al tanto de ellas fue Lucy, que me cont\u00f3 que Rosario hab\u00eda crecido al lado de su madre y no en un convento; que \u00e9sta trabajaba en el diario La Prensa y hasta que vivi\u00f3 en Lima nunca volvi\u00f3 a casarse. A la boda que Lucy asisti\u00f3 una noche fue a la de Rosario Arana Lu, quien en 1975 se cas\u00f3 con un suizo. Fue cuando se enter\u00f3 de que se ir\u00eda a vivir a Europa con su madre. Una tarde en su casa, sentada en su sof\u00e1 azul, Lucy me cont\u00f3 lo que hab\u00eda sucedido la \u00faltima vez que vio a Rosario. Antes de partir de Lima ella le dijo, como uno de esos secretos dignos de su padre, que iba a buscarlo a los Estados Unidos. Le dijo tambi\u00e9n que iba a usar el apellido de su esposo Rolf Peter y que se iba a presentar ante Castaneda disfrazada de una periodista.<br \/>\n11. Una de las tardes en que fui a visitarla, Lucy sali\u00f3 de su dormitorio con una bolsa y extrajo frente a m\u00ed una veintena de cartas que esparci\u00f3 sobre el sof\u00e1 azul de su sala. Eran las cartas in\u00e9ditas que C\u00e9sar Arana le hab\u00eda escrito a ella m\u00e1s las que hall\u00f3 un d\u00eda en un ba\u00fal luego de la muerte de su padre. En The Don Juan Papers, De Mille asegura que Castaneda &#8220;raramente le escribi\u00f3 a su padre&#8221;, pero esa tarde Lucy me habl\u00f3 de la intensa correspondencia que ellos mantuvieron, de la que s\u00f3lo conserva una m\u00ednima parte. Los sellos en los sobres llevaban direcciones de vecindarios de San Francisco y Los \u00c1ngeles. Vi que en los a\u00f1os cincuenta sus cartas llegaban fechadas y manuscritas sobre hojas de cuadernos escolares o papel cebolla, y que en la d\u00e9cada siguiente ven\u00edan escritas a m\u00e1quina sobre hojas blancas y las \u00fanicas fechas son las de los matasellos del sobre. La caligraf\u00eda de Arana es corrida, sin enmiendas ni tachaduras. No le preocupan las tildes, que, al parecer, ha ido abandonando desde que est\u00e1 en la Universidad de California. Me di cuenta de que Lucy ve\u00eda a trav\u00e9s de las cartas a su hermano. Sus amables advertencias cuando me las prest\u00f3 eran el temor de quien se desprende de los \u00fanicos recuerdos que le quedan. Las fechas de sus cartas son la cronolog\u00eda de c\u00f3mo Arana va desapareciendo ante su familia, pero sobre todo la revelaci\u00f3n de un Castaneda desconocido. El nost\u00e1lgico hijo que promete volver un d\u00eda a Cajamarca convirti\u00f3 a su padre en el confidente de reflexiones sobre la humanidad, de alguien que va renunciando a hablar de s\u00ed mismo. Sus cartas llegaron durante diecisiete a\u00f1os al pasaje Sebasti\u00e1n Barranca 121 h, en el barrio La Victoria, hasta que un d\u00eda simplemente no llegaron m\u00e1s. Lucy calcula que su hermano dej\u00f3 de escribirle por la \u00e9poca en que apareci\u00f3 en California The Teachings of Don Juan.<br \/>\n12. Hab\u00eda visitado unas cinco veces la casa de la hermana de Castaneda y el trato entre nosotros se fue volviendo cada vez m\u00e1s familiar. Uno de esos d\u00edas, al caer la tarde, empec\u00e9 a revisar la correspondencia de C\u00e9sar Arana frente a ella. Hab\u00eda una carta sin fecha que Lucy recordaba como una de las \u00faltimas que llegaron a Lima. Es una carta clave para dar por terminada la pol\u00e9mica sobre cu\u00e1nta verdad y cu\u00e1nta ficci\u00f3n hay en la obra de Castaneda. &#8220;\u00a1Fig\u00farate que he escrito una novela!&#8221;, le escribe Arana a su padre, anunci\u00e1ndole que la ha terminado, que le parece algo pesada y que por el trabajo que le ha costado no la tira por la ventana. &#8220;Esta novela es personal\u00edsima para m\u00ed. Un se\u00f1or publicista la ha le\u00eddo y quiere publicarla en septiembre u octubre&#8221;. Y a\u00f1ade: &#8220;Me estoy haciendo el que no tiene prisa, pero la idea sola de publicarla me pone los pelos de gusto. Pero he aprendido en estos largos a\u00f1os a nunca pensar en el futuro. Que publiquen la novela o no la publiquen ya no interesa. La emoci\u00f3n de escribirla, la emoci\u00f3n de que quieran publicarla, ya es para m\u00ed suficiente&#8221;. \u00bfEra esa &#8220;novela&#8221; Las ense\u00f1anzas de don Juan?<br \/>\n13. Hasta donde se sabe, Castaneda vivi\u00f3 la d\u00e9cada de la psicodelia dedicado a investigar y escribir su tesis de doctorado para la Universidad de California. Lucy me asegur\u00f3 que a pesar de la intimidad que los un\u00eda, Arana nunca le hab\u00eda contado a su padre ni a ella sobre don Juan Matus y menos sobre su iniciaci\u00f3n en el shamanismo. \u00bfNo es aquella carta la prueba de que el trabajo antropol\u00f3gico de Castaneda fue m\u00e1s ficci\u00f3n literaria? Sus detractores, en especial su perseguidor Richard de Mille, podr\u00edan leer esta historia, ver por fin en ella la prueba definitiva de sus teor\u00edas sobre la invenci\u00f3n de don Juan y morir en paz. Pero ya su notable defensor Octavio Paz hab\u00eda sentenciado que, si ese libro era de ficci\u00f3n, el significado de la obra de Castaneda era el mismo: un documento etnogr\u00e1fico con indudable valor literario. &#8220;S\u00ed, hay invenci\u00f3n en su obra, pero tambi\u00e9n estoy seguro de que vivi\u00f3 la experiencia&#8221;, me dijo una ma\u00f1ana V\u00edctor Delf\u00edn. Quienes hayan le\u00eddo a Castaneda y experimentado con ayahuasca o peyote convendr\u00e1n conmigo en que experiencias v\u00edvidas como las que \u00e9l narra simplemente no pueden ser fabuladas.<br \/>\n14. Cuando American Express le ofreci\u00f3 un mill\u00f3n de d\u00f3lares para que anunciara sus tarjetas de cr\u00e9dito durante quince segundos, Carlos Castaneda se neg\u00f3. Fausto Rosales, un editor de Diana que tuvo la suerte de tratarlo en persona, insisti\u00f3 siempre en que el dinero era un asunto intrascendente para el escritor y que \u00e9ste nunca pretendi\u00f3 vivir como un millonario. Al parecer, ten\u00eda una vida sana y dos coches, una pick up crema y un Ford pardo cuatro puertas. Se sabe que durante largo tiempo Castaneda practic\u00f3 karate a diario y que siempre se ejercitaba para mantener esa condici\u00f3n atl\u00e9tica que hab\u00eda conseguido en su juventud. Quienes lo conocieron testifican que nunca alent\u00f3 el uso de drogas, que no fumaba tabaco y que no sol\u00eda beber alcohol ni refrescos embotellados. Su ex esposa, Margaret Runyan, recuerda que Castaneda era un buen cocinero y que se cortaba el cabello \u00e9l mismo. Pero tambi\u00e9n mencion\u00f3 que ella cre\u00eda que don Juan Matus, el nombre del personaje de las obras del antrop\u00f3logo, tendr\u00eda su curioso origen en un vino portugu\u00e9s cuya marca era Mateus, que le gustaba a Castaneda, y que en una ocasi\u00f3n que lo beb\u00edan ella le oy\u00f3 decir: &#8220;De aqu\u00ed, del vino, provienen toda la magia y los conocimientos del universo&#8221;. Baudelaire hubiera estado de acuerdo.<br \/>\n15. Castaneda dijo que era desde brasile\u00f1o, chicano y gitano hasta un sabio portugu\u00e9s, un pr\u00edncipe persa, la reencarnaci\u00f3n de un fara\u00f3n egipcio. Dijo tambi\u00e9n tener diez a\u00f1os menos aprovech\u00e1ndose de su porte atl\u00e9tico y su aire juvenil, el mismo que hac\u00eda decir a sus vecinos de Westwood que si era sexagenario no se le notaba. C\u00e9sar Arana pertenec\u00eda al linaje de fabuladores maravillosos. &#8220;Yo dir\u00eda que inventaba la verdad&#8221;, dijo de \u00e9l Jos\u00e9 Bracamonte, un artista gr\u00e1fico que lo frecuent\u00f3 en Bellas Artes y al que entrevistaron en Lima luego del famoso n\u00famero de Time. &#8220;Recuerdo que hablaba. M\u00e1s a\u00fan: monologaba. Su mitoman\u00eda era grandiosa, luminosa. Lo obsesionaba el juego, todos los juegos. Los inventaba s\u00f3lo para poder seguir apostando&#8221;. Arana no era un mentiroso cualquiera sino m\u00e1s bien un arquitecto de las mentiras, con una inventiva que le permit\u00eda seducir a cualquier auditorio.<br \/>\nDelf\u00edn lo recuerda siempre en el primer patio de Bellas Artes, rodeado de estudiantes a los que manten\u00eda secuestrados con historias. Tambi\u00e9n como un improvisado vendedor de relojes que compraba en el mercado de La Parada y los vend\u00eda luego de un art\u00edstico trabajo de embellecimiento. Una semana despu\u00e9s sus compa\u00f1eros buscaban a Arana para reclamarle que sus relojes se hab\u00edan detenido para siempre. &#8220;\u00c9ramos muchachos y lo hac\u00eda como un juego para conseguir dinero&#8221;, me dijo Delf\u00edn sonriendo. Bracamonte recordaba que Arana los hab\u00eda convencido a \u00e9l y a su amigo Carlos Reluz de viajar al Brasil, con la idea de que all\u00e1 hab\u00eda grandes cosas por hacer, y que Arana se comprometi\u00f3 a enviarles plata y darles alcance. Despu\u00e9s de unos meses, se convencieron de que el dinero y el inspirador de esa aventura no llegar\u00edan jam\u00e1s.<br \/>\nNo me cabe duda de que la naturaleza fabuladora de Castaneda se origin\u00f3 cuando era ni\u00f1o y se llamaba C\u00e9sar Arana. Su hermana me dijo que C\u00e9sar pasaba d\u00edas enteros devorando revistas de aventuras recluido en su dormitorio. &#8220;Nos contaba historias fabulosas cuando sal\u00eda de su cuarto&#8221;, recuerda Lucy. Fue por ello que en su colegio de Cajamarca se gan\u00f3 el apelativo de &#8220;Fashturo&#8221;. Era el sobrenombre de un borrach\u00edn del pueblo cuyo \u00fanico parentesco con Arana era el de fabricante de mentiras.<br \/>\n16. Una noche, una amiga telefone\u00f3 a Lucy para darle la noticia de la muerte de Castaneda. &#8220;A\u00fan ten\u00eda esperanzas de verlo&#8221;, me dice ella, con esa ilusi\u00f3n apagada, recordando esa noche en que llor\u00f3. En San Francisco, su hijo se hab\u00eda enterado por televisi\u00f3n de la noticia sobre su t\u00edo. Reci\u00e9n llegado a los Estados Unidos, estaba adapt\u00e1ndose a vivir all\u00ed, y esta noticia acab\u00f3 con sus planes de conocer alg\u00fan d\u00eda al hermano de su madre, de quien Lucy le hab\u00eda hablado como si fuera una f\u00e1bula. Debe haber recordado esas tardes de domingo, cuando su madre aparec\u00eda con las cartas de su t\u00edo en la sobremesa familiar. &#8220;Si es que nunca nos volvemos a ver, recuerda siempre que ustedes son el principio y el fin de todos mis pensamientos&#8221;, le hab\u00eda escrito Castaneda en una carta.<br \/>\n17. Su abogada anunci\u00f3 la muerte a la prensa dos meses despu\u00e9s de acaecida. Su cuerpo no tuvo funeral ni rito p\u00fablico. Fue incinerado horas despu\u00e9s de fallecido y sus cenizas esparcidas, seg\u00fan su voluntad, en alg\u00fan lugar de un desierto de M\u00e9xico. Hab\u00eda muerto de c\u00e1ncer antes que se publicara una nueva edici\u00f3n de The Teachings of Don Juan como celebraci\u00f3n del trig\u00e9simo aniversario de su publicaci\u00f3n original. Al menos, \u00e9sta es la versi\u00f3n oficial.<br \/>\nSu testamento, que decid\u00eda el destino de varios millones de d\u00f3lares por los derechos de sus libros, fue modificado tres d\u00edas antes de su muerte. Exclu\u00eda de \u00e9l a su hijo adoptivo, Carl Jeremy, y a la madre, Margaret Runyan. Para ellos Castaneda se hab\u00eda convertido en un prisionero de sus acompa\u00f1antes de culto, tres mujeres que habr\u00edan controlado sus \u00faltimos d\u00edas. El certificado de defunci\u00f3n le atribu\u00eda un insospechado oficio: &#8220;Docente en el distrito escolar de Beverly Hills&#8221;. Parec\u00eda una broma. Cuando la prensa investig\u00f3 este asunto, encontr\u00f3 que no aparec\u00eda en las listas de profesores de ese distrito. No dudo de que fue la \u00faltima performance de Castaneda. m<br \/>\n1925. Carlos C\u00e9sar Arana Casta\u00f1eda nace el 25 de diciembre, en la ciudad de Cajamarca, en la sierra norte del Per\u00fa.<br \/>\n1942. Finaliza tercero de secundaria en el colegio San Ram\u00f3n de Cajamarca, el \u00faltimo a\u00f1o que estudiar\u00eda en su ciudad natal.<br \/>\n1943. Se traslada a Lima a terminar su educaci\u00f3n secundaria. Llega a la casa de su t\u00edo Francisco Arana, en el pasaje Villacampa, del tradicional distrito del R\u00edmac. Cursa el cuarto a\u00f1o de secundaria en el Colegio Nacional Nuestra Se\u00f1ora de Guadalupe.<br \/>\n1944. Arana termina su educaci\u00f3n secundaria en el Colegio Nacional Nuestra Se\u00f1ora de Guadalupe.<br \/>\n1945. Su madre, Susana Casta\u00f1eda, es tratada por reumatismo cardiaco. Le proh\u00edben regresar a Cajamarca, pues temen por su vida.<br \/>\n1947. Ingresa a estudiar dibujo y pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes en la ciudad de Lima. Su familia se traslada en junio a Lima, donde llega a residir en el pasaje Sebasti\u00e1n Barranca, en el distrito de La Victoria.<br \/>\n1949. Finaliza sus estudios de escultura con un aplazado que subsan\u00f3 en abril del siguiente a\u00f1o.<br \/>\n1950. Muere en diciembre Susana Casta\u00f1eda, v\u00edctima de la enfermedad que la postr\u00f3 los \u00faltimos a\u00f1os de su vida.<br \/>\n1951. Conoce a Gina Lu Corzo, con quien tendr\u00eda una hija, Rosario Arana Lu. El 10 de septiembre C\u00e9sar Arana Casta\u00f1eda aborda en el puerto de El Callao el barco que lo llevar\u00eda a San Francisco.<br \/>\n1960. Obtiene la ciudadan\u00eda estadounidense y adopta el nombre de Carlos Castaneda. Se casa con Margaret Runyan. El matrimonio dura unos meses.<br \/>\n1961. Viaja a la frontera con M\u00e9xico, donde dice haber conocido a Juan Matus, el brujo que lo guiar\u00eda en el camino del &#8220;conocimiento&#8221;. Es el inicio de sus investigaciones para su doctorado en antropolog\u00eda.<br \/>\n1968. La Universidad de California, por recomendaci\u00f3n un\u00e1nime de un consejo de seis expertos, publica The Teachings of Don Juan, libro que lo volver\u00eda una celebridad y un cl\u00e1sico de la contracultura gringa.<br \/>\n1970. Muere C\u00e9sar Arana Burungaray, padre de C\u00e9sar Arana Casta\u00f1eda, ignorando que su hijo hab\u00eda cambiado de nombre y el \u00e9xito que estaba alcanzando su obra. La editorial Simon &#038; Shuster busca comprar los derechos para reimprimir la tesis de Castaneda, que se ha vuelto un best seller.<br \/>\n1973. El 5 de marzo la revista Time entrevista a Castaneda, le dedica su portada y el tema central de su edici\u00f3n.<br \/>\n1981. Su ex esposa Margaret Runyan publica el libro A Travel Magic.<br \/>\n1994. Castaneda presenta en M\u00e9xico, durante una conferencia, a las tres mujeres acompa\u00f1antes de su culto.<br \/>\n1998. El 27 de abril Carlos Castaneda deja de existir como hab\u00eda vivido, en el m\u00e1s misterioso silencio. Su muerte es atribuida a un c\u00e1ncer de h\u00edgado. Ten\u00eda 72 a\u00f1os de edad, hab\u00eda publicado nueve libros y ganado m\u00e1s de sesenta millones de d\u00f3lares con sus publicaciones.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00daltimas noticias de Castaneda Una cr\u00f3nica de Arturo Granda Hoy en d\u00eda el nombre de Carlos Castaneda no es popular. Sin embargo, en tiempos de hippies y psicodelia las librer\u00edas gringas vend\u00edan diecis\u00e9is mil ejemplares semanales de su primer libro: The Teachings of Don Juan: A Yaqui Way of Knowledge, traducido al espa\u00f1ol como Las ense\u00f1anzas de don Juan. 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