{"id":3524,"date":"2009-01-30T20:07:01","date_gmt":"2009-01-30T20:07:01","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3524"},"modified":"2009-01-30T20:07:01","modified_gmt":"2009-01-30T20:07:01","slug":"el-don-del-\u00c1guila","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3524","title":{"rendered":"EL DON DEL \u00c1GUILA"},"content":{"rendered":"<p>EL DON DEL \u00c1GUILA<br \/>\npor Carlos Castaneda<\/p>\n<p>TERCERA PARTE: EL DON DEL \u00c1GUILA<br \/>\nIX. LA REGLA DEL NAGUAL<\/p>\n<p>Don Juan hab\u00eda sido extraordinariamente parco en cuanto a la historia de su vida personal. Su reticencia era, en lo fundamental, un recurso did\u00e1ctico; hasta donde le concern\u00eda, su vida empez\u00f3 cuando se convirti\u00f3 en guerrero, y todo lo que le hab\u00eda ocurrido con anterioridad era de muy pocas consecuencias.<\/p>\n<p>Todo lo que la Gorda y yo sab\u00edamos de esa primera \u00e9poca de su vida, era que don Juan hab\u00eda nacido en Arizona, de ascendencia yaqui y yuma. Cuando a\u00fan era ni\u00f1o sus padres lo llevaron a vivir con los yaquis, en el norte de M\u00e9xico. A los diez a\u00f1os de edad lo atrap\u00f3 la marea de las guerras yaquis. Su madre fue asesinada, y despu\u00e9s su padre fue aprehendido por el ej\u00e9rcito mexicano. Tanto don Juan como su padre fueron enviados a un centro de reubicaci\u00f3n en el estado de Yucat\u00e1n, en el extremo sur del pa\u00eds. All\u00ed creci\u00f3.<\/p>\n<p>Lo que le haya sucedido durante ese periodo nunca se nos fue revelado. Don Juan cre\u00eda que no hab\u00eda necesidad de hablarnos de eso. Yo cre\u00eda lo contrario. La importancia que di a esa parte de su vida, ten\u00eda que ver con mi convicci\u00f3n de que los rasgos distintivos y el \u00e9nfasis de su mando emergieron de ese inventario personal de existencia.<br \/>\nPero ese inventario, por muy importante que haya sido, no fue lo que le dio el inmenso significado que \u00e9l ten\u00eda para nosotros, o para sus dem\u00e1s compa\u00f1eros. Su preeminencia total se basaba en el acto fortuito de haberse ligado con &#8220;la regla&#8221;.<\/p>\n<p>El hallarse ligado con la regla puede describirse como vivir un mito. Don Juan viv\u00eda un mito, un mito que lo atrap\u00f3 y que lo hizo ser el nagual.<br \/>\nDon Juan dec\u00eda que cuando la regla lo atrap\u00f3, \u00e9l era un hombre agresivo y desenfrenado que viv\u00eda en el exilio, como miles de otros indios yaquis. Don Juan trabajaba en las plantaciones tabacaleras del sur de M\u00e9xico. Un d\u00eda, despu\u00e9s del trabajo, le dispararon un tiro en el pecho en un encuentro casi fatal con un compa\u00f1ero de trabajo sobre cuestiones de dinero. Cuando volvi\u00f3 en s\u00ed, un viejo indio estaba inclinado sobre \u00e9l y hurgaba con los dedos una peque\u00f1a herida que don Juan ten\u00eda en el pecho. La bala no hab\u00eda penetrado en la cavidad pectoral, sino que se hallaba alojada en un m\u00fasculo, junto a una costilla. Don Juan se desmay\u00f3 dos o tres veces a causa de la conmoci\u00f3n, la p\u00e9rdida de sangre y, seg\u00fan \u00e9l mismo lo refiri\u00f3, del temor a morir. El viejo indio extrajo la bala y, como don Juan no ten\u00eda d\u00f3nde quedarse, se lo llev\u00f3 a su propia casa y lo cuid\u00f3 durante m\u00e1s de un mes.<\/p>\n<p>El viejo indio era bondadoso pero severo. Un d\u00eda, cuando don Juan ya se sent\u00eda relativamente fuerte y casi se hab\u00eda recuperado, el viejo le dio un fuerte golpe en la espalda y lo forz\u00f3 a entrar en un estado de conciencia acrecentada. Despu\u00e9s, sin mayores preliminares, le revel\u00f3 a don Juan la porci\u00f3n de la regla que ten\u00eda que ver con el nagual y su funci\u00f3n.<\/p>\n<p>Don Juan llev\u00f3 a cabo exactamente lo mismo conmigo y con la Gorda; nos hizo cambiar niveles de conciencia y nos dijo la regla del nagual de la siguiente manera:<\/p>\n<p>Al poder que gobierna el destino de todos los seres vivientes se le llama el \u00c1guila, no porque sea un \u00e1guila o porque tenga algo que ver con las \u00e1guilas, sino porque a los videntes se les aparece como una inconmensurable y negr\u00edsima \u00e1guila, de altura infinita; empinada como se empinan las \u00e1guilas.<br \/>\nA medida que el vidente contempla esa negrura; cuatro estallidos de luz le revelan lo que es el \u00c1guila. El primer estallido, que es como un rayo, gu\u00eda al vidente a distinguir los contornos del cuerpo del \u00c1guila. Hay trozos de blancura que parecen ser las plumas y los talones de un \u00e1guila. Un segundo estallido de luz revela una vibrante negrura, creadora de viento, que aletea como las alas de un \u00e1guila. Con el tercer estallido de luz el vidente advierte un ojo taladrante, inhumano. Y el cuarto y \u00faltimo estallido le deja ver lo que el \u00c1guila hace.<\/p>\n<p>El \u00c1guila se halla devorando la conciencia de todas las criaturas que, vivas en la tierra un momento antes y ahora muertas, van flotando como un incesante enjambre de luci\u00e9rnagas hacia el pico del \u00c1guila para encontrar a su due\u00f1o, su raz\u00f3n de haber tenido vida. El \u00c1guila desenreda esas min\u00fasculas llamas, las tiende como un curtidor extiende una piel, y despu\u00e9s las consume, pues la conciencia es el sustento del \u00c1guila.<\/p>\n<p>El \u00c1guila, ese poder que gobierna los destinos de los seres vivientes, refleja igualmente y al instante a todos esos seres. Por tanto, no tiene sentido que el hombre le rece al \u00c1guila, le pida favores, o tenga esperanzas de gracia. La parte humana del \u00c1guila es demasiado insignificante como para conmover a la totalidad.<br \/>\nS\u00f3lo a trav\u00e9s de las acciones del \u00c1guila el vidente puede decir qu\u00e9 es lo que ella quiere. El \u00c1guila, aunque no se conmueve ante las circunstancias de ning\u00fan ser viviente, ha concedido un regalo, a cada uno de estos seres. A su propio modo y por su propio derecho, cualquiera de ellos, si as\u00ed lo desea, tiene el poder de conservar la llama de la conciencia, el poder de desobedecer el comparendo para morir y ser consumido.<\/p>\n<p>A cada cosa viviente se le ha concedido el poder, si as\u00ed lo desea, de buscar una apertura hacia la libertad y de pasar por ella. Es obvio para el vidente que ve esa apertura y para las criaturas que pasan a trav\u00e9s de ella, que el \u00c1guila ha concedido ese regalo a fin de perpetuar la conciencia.<br \/>\nCon el prop\u00f3sito de guiar a los seres vivientes hacia esa apertura, el \u00c1guila cre\u00f3 al nagual. El nagual es un ser doble a quien se ha revelado la regla. Ya tenga forma de ser humano, de animal, de planta o de cualquier cosa viviente, el nagual, por virtud de su doblez, est\u00e1 forzado a buscar ese pasaje oculto.<br \/>\nEl nagual aparece en pares, masculino y femenino. Un hombre doble y una mujer doble se convierten en el nagual s\u00f3lo despu\u00e9s de que la regia les ha sido revelada a cada uno de ellos, y cada uno de ellos la ha comprendido y la ha aceptado en su totalidad.<\/p>\n<p>Al ojo del vidente, un hombre nagual o una mujer nagual aparece como un huevo luminoso con cuatro compartimientos. A diferencia del ser humano ordinario, que s\u00f3lo tiene dos lados, uno derecho y uno izquierdo, el nagual tiene el lado izquierdo dividido en dos secciones longitudinales, y un lado derecho igualmente dividido en dos.<\/p>\n<p>El \u00c1guila cre\u00f3 el primer hombre nagual y la primera mujer nagual como videntes y de inmediato los puso en el mundo para que vieran. Les proporcion\u00f3 cuatro guerreras acechadoras, tres guerreros y un propio, a quienes ellos tendr\u00edan que mantener, engrandecer y conducir a la libertad.<br \/>\nLas guerreras son llamadas las cuatro direcciones, las cuatro esquinas de un cuadrado, los cuatro humores, los cuatro vientos, las cuatro distintas personalidades femeninas que existen en la raza humana.<br \/>\nLa primera es el Este. Se le llama orden. Es, optimista, de coraz\u00f3n liviano, suave, persistente como una brisa constante.<\/p>\n<p>La segunda es el Norte. Es llamada fuerza. Tiene muchos recursos, es brusca, directa, tenaz como el viento duro.<br \/>\nLa tercera es el Oeste. Se le llama sentimiento. Es introspectiva, llena de remordimientos, astuta, taimada, como una r\u00e1faga de viento fr\u00edo.<br \/>\nLa cuarta es el Sur. Se le llama crecimiento. Nutre, es bullanguera, t\u00edmida, animada como el viento caliente.<\/p>\n<p>Los tres guerreros y el propio representan los cuatro tipos de actividad y temperamento masculinos.<br \/>\nEl primer tipo es el hombre que conoce, el erudito; un hombre confiable, noble, sereno, enteramente dedicado a llevar a cabo su tarea, cualquiera que \u00e9sta fuera.<br \/>\nEl segundo tipo es el hombre de acci\u00f3n, sumamente vol\u00e1til, un gran compa\u00f1ero, voluble y lleno de humor.<br \/>\nEl tercer tipo es el organizador, el socio an\u00f3nimo, el hombre misterioso, desconocido. Nada puede decirse de \u00e9l porque no deja que nada de \u00e9l se escape.<br \/>\nEl propio es el cuarto tipo. Es el asistente, un hombre sombr\u00edo y taciturno que logra mucho si se le dirige adecuadamente pero que no puede actuar por s\u00ed mismo.<br \/>\nCon el fin de hacer las cosas m\u00e1s f\u00e1ciles, el \u00c1guila mostr\u00f3 al hombre nagual y a la mujer nagual que cada uno de estos tipos entre los hombres y las mujeres de la tierra tienen rasgos espec\u00edficos en su cuerpo luminoso.<br \/>\nEl erudito tiene una especie de hendidura superficial, una brillante depresi\u00f3n en el plexo solar. En algunos hombres aparece como un estanque de intensa luminosidad, a veces tersa y reluciente como un espejo que no refleja.<br \/>\nEl hombre de acci\u00f3n tiene unas fibras que emanan del \u00e1rea de la voluntad. El n\u00famero de fibras var\u00eda de una a cinco, y su grosor fluct\u00faa desde un cordel hasta un macizo tent\u00e1culo parecido a un l\u00e1tigo de m\u00e1s de dos metros. Algunos hombres tienen hasta tres de estas fibras desarrolladas al punto de ser tent\u00e1culos.<\/p>\n<p>Al socio an\u00f3nimo no se le reconoce por ning\u00fan rasgo exclusivo sino por su habilidad de crear, muy involuntariamente, un estallido de poder que bloquea con efectividad la atenci\u00f3n de los videntes. Cuando est\u00e1n en presencia de este tipo de hombre, los videntes se descubren inmersos en detalles externos en vez de ver.<br \/>\nEl asistente no tiene configuraci\u00f3n obvia. Ante el vidente aparece como un brillo di\u00e1fano en un cascar\u00f3n de luminosidad sin imperfecciones.<br \/>\nEn el dominio femenino, se reconoce al Este por las casi imperceptibles manchas de su luminosidad, que son como peque\u00f1as zonas de descoloraci\u00f3n.<br \/>\nEl Norte tiene una radiaci\u00f3n que abarca todo, exuda un destello rojizo, casi como calor.<br \/>\nEl Oeste tiene una tenue membrana que la envuelve, que la hace verse m\u00e1s oscura que las otras.<br \/>\nEl Sur tiene un destello intermitente; brilla durante un momento y despu\u00e9s se opaca, para brillar de nuevo.<br \/>\nEl hombre nagual y la mujer nagual tienen dos movimientos distintos en sus cuerpos luminosos; sus lados derechos ondean, mientras los izquierdos giran.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos de personalidad, el hombre nagual es un proveedor, estable, incambiable. La mujer nagual es un ser en guerra pero a\u00fan as\u00ed es un ser calmado, por siempre consciente pero sin ning\u00fan esfuerzo. Cada uno de ellos refleja los cuatro tipos de su sexo en cuatro materas de comportamiento.<\/p>\n<p>La primera orden que el \u00c1guila dio al hombre nagual y a la mujer nagual fue que encontraran, por sus propios medios, otro grupo de cuatro guerreras, las cuatro direcciones, que siendo enso\u00f1adoras fuesen las r\u00e9plicas exactas de las acechadoras.<\/p>\n<p>Las enso\u00f1adoras aparecen ante el vidente como si tuviesen en sus partes medias un delantal de fibras que asemejan cabellos. Las acechadoras tienen un rasgo semejante, qu\u00e9 parece delantal, pero en vez de fibras el delantal consiste en incontables, peque\u00f1as y redondas protuberancias.<br \/>\nLas ocho guerreras est\u00e1n divididas en dos bandas, que son llamadas planetas derecho e izquierdo. El planeta derecho est\u00e1 compuesto de cuatro acechadoras; el izquierdo, de cuatro enso\u00f1adoras. Las guerreras de cada planeta fueron adiestradas por el \u00c1guila en la regla de sus tareas espec\u00edficas: las acechadoras aprendieron a acechar; las so\u00f1adoras, a so\u00f1ar.<\/p>\n<p>Las dos guerreras de cada direcci\u00f3n viven juntas. Son tan semejantes que se reflejan la una a la otra, y s\u00f3lo a trav\u00e9s de la impecabilidad pueden encontrar solaz y est\u00edmulo en su reflejo comunal.<br \/>\nLa \u00fanica vez en que las cuatro so\u00f1adoras o las cuatro acechadoras se re\u00fanen, es cuando tienen que llevar a cabo una tarea extrema. Pero s\u00f3lo bajo circunstancias especiales deben juntar sus manos. Ese contacto las fusiona en un solo ser y solamente debe de ser usado en casos de necesidad extrema, o en el momento de abandonar este mundo.<br \/>\nLas dos guerreras de cada direcci\u00f3n est\u00e1n unidas a cualquiera de los guerreros, en la combinaci\u00f3n que sea necesaria. De esa manera establecen un grupo de cuatro casas, en las que se pueden incorporar cuantos m\u00e1s guerreros sean necesarios.<\/p>\n<p>Los guerreros y el propio tambi\u00e9n pueden formar un grupo independiente de cuatro hombres, o cada uno de ellos puede funcionar como ser solitario, si eso dicta la necesidad.<br \/>\nDespu\u00e9s, al nagual y a su grupo se les orden\u00f3 encontrar a otros tres propios. Estos pod\u00edan ser todos hombres o todas mujeres o un grupo mixto; las mujeres ten\u00edan que ser del Sur.<\/p>\n<p>Para asegurar que el primer hombre nagual condujera a su grupo a la libertad, sin desviarse del camino o sin corromperse, el \u00c1guila se llev\u00f3 a la mujer nagual al otro mundo para que sirviera como faro que gu\u00eda al grupo hacia la apertura.<br \/>\nEl nagual y sus guerreros recibieron luego la orden de olvidar. Fueron hundidos en la oscuridad y se les dio nuevas tareas: la tarea de recordarse a s\u00ed mismos, y la tarea de recordar al \u00c1guila.<br \/>\nLa orden de olvidar fue tan enorme que todos se separaron. No pudieron recordar qui\u00e9nes eran. El \u00c1guila design\u00f3 que si lograban recordarse a s\u00ed mismos nuevamente, podr\u00edan hallar la totalidad de s\u00ed mismos. S\u00f3lo entonces tendr\u00edan la fuerza y la tolerancia necesarias para buscar y enfrentar su jornada definitiva.<\/p>\n<p>Su \u00faltima tarea, despu\u00e9s de recobrar la totalidad de s\u00ed mismos, consisti\u00f3 en conseguir un nuevo par de seres dobles y de transformarlos en un nuevo hombre nagual y en una nueva mujer nagual por virtud de revelarles la regla.<br \/>\nY as\u00ed como el primer hombre nagual y la primera mujer nagual fueron provistos de una banda m\u00ednima, su deber era proporcionar al nuevo par de naguales cuatro guerreras acechadoras, tres guerreros y un propio.<br \/>\nCuando el primer nagual y su banda estuvieron listos para entrar en el pasaje, la primera mujer nagual ya los esperaba para guiarlos. Se les orden\u00f3 entonces que se llevaran con ellos a la nueva mujer nagual a fin de que ella sirviera de faro a su gente; el nuevo hombre nagual se qued\u00f3 en el mundo para repetir el ciclo.<\/p>\n<p>Mientras se hallan en el mundo, el n\u00famero m\u00ednimo que se hallaba la direcci\u00f3n del nagual es diecis\u00e9is: ocho guerreras, cuatro guerreros contando al nagual, y cuatro propios. En el momento de abandonar el mundo, cuando la nueva mujer nagual se encuentra con ellos, el n\u00famero del nagual es diecisiete. Si el poder personal permite tener m\u00e1s guerreros, \u00e9stos deben a\u00f1adirse en m\u00faltiplos de cuatro.<\/p>\n<p>Yo hab\u00eda presentado a don Juan la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo fue que se hizo conocer la regla al hombre. Me explic\u00f3 que la regla no ten\u00eda fin y que cubr\u00eda cada faceta de la conducta de un guerrero. La interpretaci\u00f3n y acumulaci\u00f3n de la regla es obra de videntes cuya tarea, a trav\u00e9s de los milenios, ha sido ver al \u00c1guila, observar su flujo incesante. Por medio de sus observaciones, los videntes han concluido que, si el cascar\u00f3n luminoso que comprende la humanidad de uno ha sido roto, uno puede encontrar en el \u00c1guila el tenue reflejo del hombre. Los irrevocables dictados del \u00c1guila pueden ser capturados por los videntes, interpretados adecuadamente por ellos, y acumulados en forma de un cuerpo de gobierno.<\/p>\n<p>Don Juan me explic\u00f3 que la regla no era un cuento, y que cruzar hacia la libertad no significa vida eterna tal como se entiende com\u00fanmente a la eternidad: esto es, vivir por siempre. Lo que la regla asentaba era que uno pod\u00eda conservar la conciencia, que por fuerza se abandona en el momento de morir. Don Juan no pod\u00eda explicar lo que significaba conservar esa conciencia, o quiz\u00e1 ni siquiera pod\u00eda concebirlo. Su benefactor le hab\u00eda dicho que en el momento de cruzar, uno entra en la tercera atenci\u00f3n, y que el cuerpo en su totalidad se inflama de conocimiento. Cada c\u00e9lula se torna, al instante, consciente de s\u00ed misma y tambi\u00e9n de la totalidad del cuerpo.<br \/>\nSu benefactor tambi\u00e9n le hab\u00eda dicho que este tipo de conciencia no tiene sentido para nuestras mentes compartamentalizadas. Por consiguiente, el meollo de la lucha del guerrero no consist\u00eda tanto en enterarse de que el cruce del que se habla en la regla significaba cruzar a la tercera atenci\u00f3n, sino, m\u00e1s bien, en concebir que tal conciencia existe.<\/p>\n<p>Don Juan dec\u00eda que al principio la regla era, para \u00e9l, algo estrictamente en el dominio de las palabras. No pod\u00eda imaginar c\u00f3mo pod\u00eda deslizarse al dominio del mundo real y sus manifestaciones. Bajo la efectiva gu\u00eda de su benefactor, sin embargo, y despu\u00e9s de mucho trabajo, finalmente logr\u00f3 comprender la verdadera naturaleza de la regla, y la acept\u00f3 totalmente como un conjunto de directivas pragm\u00e1ticas y no como mito. A partir de ese momento, no tuvo problemas al tratar con la realidad de la tercera atenci\u00f3n. El \u00fanico obst\u00e1culo en su camino surgi\u00f3 a ra\u00edz de su creencia de que la regla era un mapa. Estaba tan convencido de ello, que crey\u00f3 que ten\u00eda que buscar una apertura en el mundo, un pasaje. De alguna manera, se hab\u00eda quedado innecesariamente atascado en el primer nivel del desarrollo de un guerrero.<\/p>\n<p>Como resultado de esto, la tarea de don Juan, en su capacidad de gu\u00eda y maestro, fue dirigida a ayudar a los aprendices, y a m\u00ed en lo especial, a evitar que se repitiera ese error. Lo que logr\u00f3 hacer con nosotros fue conducirnos a trav\u00e9s de las tres etapas del desarrollo del guerrero, sin enfatizar ninguna de ellas m\u00e1s de la cuenta. Primero nos gui\u00f3 para que tom\u00e1ramos la regla como mapa, despu\u00e9s nos gui\u00f3 a la comprensi\u00f3n de que uno puede obtener una conciencia suprema, porque tal cosa existe; y, por \u00faltimo, nos gui\u00f3 a un pasaje concreto para pasar a ese otro mundo oculto de la conciencia.<\/p>\n<p>Para conducirnos a trav\u00e9s de la primera etapa, la aceptaci\u00f3n de la regla como un mapa, don Juan tom\u00f3 la secci\u00f3n que pertenece al nagual y su funci\u00f3n, y nos mostr\u00f3 que \u00e9sta corresponde a hechos inequ\u00edvocos. El logr\u00f3 esto a fuerza de hacernos tener, mientras nos hall\u00e1bamos en fases de conciencia acrecentada, un trato sin restricciones con los miembros del grupo, que eran las personificaciones vivientes de los ocho tipos descritos por la regla. Conforme tratamos con ellos, se nos revelaron aspectos m\u00e1s complejos e inducidos de la regla. Hasta que estuvimos en condiciones de comprender que nos encontr\u00e1bamos atrapados en la red de algo que en un principio hab\u00edamos conceptualizado como mito, pero que en esencia era un mapa.<\/p>\n<p>Don Juan nos dijo que, en este respecto, su caso hab\u00eda sido id\u00e9ntico al nuestro. Su benefactor le ayud\u00f3 a pasar a trav\u00e9s de esa primera fase permiti\u00e9ndole el mismo tipo de interacci\u00f3n. Para ello lo hizo desplazarse una y otra vez de la conciencia del lado derecho a la del izquierdo, lo present\u00f3 con los miembros de su propio grupo, las ocho guerreras, los tres guerreros y los cuatro propios, que eran, como es obligatorio, los ejemplos m\u00e1s estrictos de los tipos que describe la regla. El impacto de conocerlos y de tratar con ellos fue aplastante para don Juan. No s\u00f3lo lo oblig\u00f3 a considerar la regla como un hecho positivo sino que lo hizo comprender la magnitud de nuestras desconocidas posibilidades.<\/p>\n<p>Don Juan dijo que para el momento en que todos los miembros de su propio grupo hab\u00edan sido reunidos, \u00e9l se hallaba tan profundamente dado a la vida del guerrero, que no le caus\u00f3 gran sorpresa el hecho de que, sin ning\u00fan esfuerzo evidente por parte de nadie, ellos vinieron a ser r\u00e9plicas perfectas de los guerreros del grupo de su benefactor. La similitud de sus gustos personales, antipat\u00edas, afiliaciones, etc\u00e9tera, no era resultado de imitaci\u00f3n; don Juan dec\u00eda que ellos pertenec\u00edan, tal como plantea la regla, a grupos espec\u00edficos de gente que tiene las mismas reacciones. Las \u00fanicas diferencias entre la gente del mismo grupo era el tono de sus voces, el sonido de su risa.<\/p>\n<p>Al explicarme los efectos que en \u00e9l hab\u00eda tenido el trato con los guerreros de su benefactor, don Juan toc\u00f3 el tema de la muy significativa diferencia que exist\u00eda entre c\u00f3mo interpretaban la regla su benefactor y \u00e9l, y tambi\u00e9n en c\u00f3mo conduc\u00edan y ense\u00f1aban a otros a aceptarla como mapa. Me dijo que hay dos tipos de interpretaciones: la universal y la individual. Las interpretaciones universales toman las afirmaciones que conforman el cuerpo de la regla tal como son. Un ejemplo ser\u00eda decir que al \u00c1guila no le importan las acciones de los hombres y, sin embargo, les ha proporcionado un pasaje hacia la libertad.<\/p>\n<p>La interpretaci\u00f3n individual, por otra parte, es una conclusi\u00f3n presente, del d\u00eda, a la que llegan los videntes al utilizar las interpretaciones universales como premisas. Un ejemplo ser\u00eda decir que a causa de que al \u00c1guila no le importo, yo tendr\u00eda que ver modos de asegurar mis posibilidades de alcanzar la libertad, quiz\u00e1s a trav\u00e9s de mi propia iniciativa.<br \/>\nSeg\u00fan don Juan, \u00e9l y su benefactor eran muy distintos en sus m\u00e9todos para guiar a sus pupilos. Don Juan dec\u00eda que su benefactor era demasiado severo; guiaba con mano de hierro y, siguiendo su convicci\u00f3n de que con el \u00c1guila no existen las limosnas, nunca hizo nada por nadie de una manera directa.<br \/>\nEn cambio, apoy\u00f3 activamente a todos para que se ayudaran a s\u00ed mismos. Consideraba que el regalo de la libertad que ofrece el \u00c1guila no es una d\u00e1diva sino la oportunidad de tener una oportunidad.<br \/>\nDon Juan, aunque apreciaba los m\u00e9ritos del m\u00e9todo de su benefactor, no estaba de acuerdo con \u00e9l. Cuando \u00e9l ya era nagual vio que ese m\u00e9todo desperdicia tiempo irreemplazable. Para \u00e9l era m\u00e1s eficaz presentarle a cualquiera una situaci\u00f3n dada y forzarlo a aceptarla, y no esperar a que estuviese listo a enfrentarla por su propia cuenta. Ese fue el m\u00e9todo que sigui\u00f3 conmigo y con los dem\u00e1s aprendices.<\/p>\n<p>La ocasi\u00f3n en que esa diferencia fue m\u00e1s agobiante para don Juan, fue durante el tiempo que trat\u00f3 con los guerreros de su benefactor. El mandato de la regla era que el benefactor ten\u00eda que encontrarle a don Juan primero una mujer nagual y despu\u00e9s un grupo de cuatro mujeres y cuatro hombres para componer su grupo de guerreros. El benefactor vio que don Juan a\u00fan no dispon\u00eda de suficiente poder personal para asumir la responsabilidad de una mujer nagual, as\u00ed es que invirti\u00f3 el orden y pidi\u00f3 a las mujeres de su propio grupo que hallaran primero las cuatro mujeres y despu\u00e9s los cuatro hombres.<\/p>\n<p>Don Juan confes\u00f3 que la idea de esa inversi\u00f3n lo entusiasm\u00f3. Hab\u00eda entendido que esas mujeres eran para su uso, y en su mente eso se traduc\u00eda en un uso sexual. Su ruina fue el revelar sus expectativas a su benefactor, quien inmediatamente lo puso en contacto con los guerreros y las guerreras de su propio grupo y lo dej\u00f3 con ellos.<br \/>\nPara don Juan fue un verdadero encontr\u00f3n conocer a esos guerreros, no s\u00f3lo porque eran a prop\u00f3sito dif\u00edciles con \u00e9l, sino porque ese encuentro es de por s\u00ed un abre caminos.<\/p>\n<p>Don Juan dec\u00eda que es un abre caminos porque los actos en el lado izquierdo no pueden tener lugar a no ser que todos los participantes compartan el mismo estado. Por esa raz\u00f3n no nos dejaba entrar en la conciencia del lado izquierdo sino para llevar a cabo nuestra actividad con sus guerreros. En su caso, sin embargo, su benefactor lo empuj\u00f3 a ella y no lo dej\u00f3 salir de all\u00ed.<\/p>\n<p>Don Juan me dio una breve relaci\u00f3n de lo que ocurri\u00f3 durante su primer encuentro con los miembros del grupo de su benefactor. Ten\u00eda la idea de que quiz\u00e1 yo pod\u00eda usar esa experiencia como una muestra de lo que me esperaba. Me dijo que el mundo de su benefactor ten\u00eda una seguridad magn\u00edfica. Los miembros de su grupo eran guerreros indios que proven\u00edan de todo M\u00e9xico. Cuando \u00e9l los conoci\u00f3, todos ellos viv\u00edan en una remota regi\u00f3n monta\u00f1osa del sur de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Al llegar a la casa, don Juan se enfrent\u00f3 a dos mujeres id\u00e9nticas, las indias m\u00e1s grandes que jam\u00e1s hubiera visto. Eran ce\u00f1udas y malas, pero ten\u00edan facciones muy agradables. Cuando \u00e9l quiso pasar entre ellas, lo atraparon con sus enormes barrigas, lo cogieron de los brazos y empezaron a golpearlo. Lo tiraron al suelo y se sentaron sobre \u00e9l, casi aplast\u00e1ndole la caja tor\u00e1cica. Lo tuvieron inmovilizado mas de doce horas mientras negociaban con su benefactor, quien tuvo que hablar sin parar toda la noche hasta que ellas finalmente dejaron libre a don Juan en la ma\u00f1ana. Me dijo que lo que lo aterr\u00f3 m\u00e1s que nada fue la determinaci\u00f3n que mostraban los ojos de esas mujeres. Pens\u00f3 que estaba perdido, porque ellas iban a quedarse sentadas encima de \u00e9l hasta que muriera, como lo hab\u00edan advertido.<\/p>\n<p>Por regla general debe haber un periodo de espera de unas cuantas semanas antes de conocer al siguiente grupo de guerreros, pero debido a que su benefactor planeaba dejarlo permanentemente con ellos, don Juan fue inmediatamente presentado a los dem\u00e1s. Conoci\u00f3 a cada uno de ellos en un solo d\u00eda y todos ellos lo trataron como basura. Arg\u00fc\u00edan que no era el hombre adecuado para la tarea, que era demasiado soez y excesivamente est\u00fapido, joven pero ya senil en su manera de ser. Su benefactor habl\u00f3 brillantemente en defensa de don Juan; les dijo que todos ellos iban a tener la oportunidad de modificar esas condiciones, y que deber\u00eda ser el m\u00e1ximo deleite, para ellos y para don Juan, asumir esa responsabilidad.<\/p>\n<p>Don Juan me dijo que la primera impresi\u00f3n fue correcta. Para \u00e9l, a partir de ese momento, s\u00f3lo hubo penurias y trabajo. Las mujeres vieron que don Juan era ingobernable y que no se le pod\u00eda confiar la compleja y delicada tarea de dirigir a cuatro mujeres. Como eran videntes, hicieron su propia interpretaci\u00f3n personal de la regla y decidieron que ser\u00eda m\u00e1s adecuado para don Juan tener primero a los cuatro guerreros y luego a las cuatro mujeres. Don Juan estaba convencido de que ese ver hab\u00eda sido justo. Para poder dirigir guerreras, un nagual tiene que hallarse en un estado de poder personal consumado; un estado de seriedad y control, en el cual los sentimientos humanos desempe\u00f1an un papel m\u00ednimo; en ese tiempo tal estado le era inconcebible.<\/p>\n<p>Su benefactor lo puso bajo la supervisi\u00f3n directa de sus dos guerreras del Oeste, las m\u00e1s intransigentes y feroces de todas. Don Juan me dijo que las mujeres del Oeste, de acuerdo con la regla, est\u00e1n totalmente locas y que alguien tiene que cuidarlas. Baj\u00f3 las durezas del enso\u00f1ar y del acechar sus lados derechos, sus mentes se da\u00f1an. Su raz\u00f3n se extingue muy f\u00e1cilmente por el hecho de que su conciencia del lado izquierdo es extremadamente aguda. Una vez que pierden el lado racional son enso\u00f1adoras y acechadoras insuperables porque ya no tienen ning\u00fan lastre racional que las contenga.<\/p>\n<p>Don Juan dice que esas mujeres lo curaron de la lujuria. Durante seis meses pas\u00f3 la mayor parte del tiempo en un arn\u00e9s, suspendido del techo de una cocina rural, como jam\u00f3n que se ahuma, hasta que qued\u00f3 completamente limpio de pensamientos de ganancia y de gratificaci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>Don Juan me explic\u00f3 que el arn\u00e9s de cuero es espl\u00e9ndido recurso para curar ciertas enfermedades que no son f\u00edsicas. Mientras m\u00e1s alta est\u00e9 suspendida una persona y m\u00e1s tiempo pase sin tocar el suelo, pendiendo en el aire, mejores son las posibilidades de un efecto verdaderamente purificador.<\/p>\n<p>A medida que las dos guerreras del Oeste lo limpiaban, las otras mujeres estaban atareadas en encontrar los hombres y las mujeres que iban a formar su grupo. Les tom\u00f3 a\u00f1os lograrlo. Don Juan, en tanto, tuvo que tratar por su propia cuenta a todos los guerreros de su benefactor. La presencia y el contacto con ellos fue tan avasallador que don Juan crey\u00f3 que nunca se ver\u00eda libre de su influencia. El resultado fue una adherencia total y literal al cuerpo de la regla. Don Juan dec\u00eda que desperdici\u00f3 tiempo irremplazable reflexionando sobre la existencia de su pasaje real hacia el otro mundo. Consideraba que esa preocupaci\u00f3n era una trampa que deb\u00eda evitarse a toda costa. Para protegerme de ella, no me dej\u00f3 llevar a cabo el trato obligatorio con los miembros de su cuerpo a menos que estuviera protegido por la presencia de la Gorda o de cualquier otro de los aprendices.<\/p>\n<p>En mi caso, conocer a los guerreros de don Juan fue el resultado final de un largo proceso. Nunca se hizo menci\u00f3n de ellos en las conversaciones habituales con don Juan. Yo sab\u00eda de su existencia solamente a trav\u00e9s de inferencias; \u00e9l me iba revelando porciones de la regla que me daban a entender eso. M\u00e1s tarde, don Juan admiti\u00f3 que esas personas exist\u00edan, y que a la larga yo las conocer\u00eda. Me prepar\u00f3 para esos encuentros d\u00e1ndome instrucciones y consejos generales.<\/p>\n<p>Me previno acerca de un error com\u00fan; el error de sobrestimar la conciencia del lado izquierdo, de deslumbrarse ante su claridad y poder. Me dijo que estar en la conciencia del lado izquierdo no quiere decir que uno se libera inmediatamente de los desatinos: s\u00f3lo significa tener una capacidad perceptiva m\u00e1s intensa, una facilidad a\u00fan mayor para comprender y aprender y, sobre todo, una gran habilidad para olvidar.<br \/>\nA medida que se aproximaba la hora de que conociera a los guerreros de don Juan, \u00e9ste me dio una escueta descripci\u00f3n del grupo de su benefactor, como una gu\u00eda para mi propio uso. Me dijo que para un espectador el mundo de su benefactor podr\u00eda parecer a veces que consist\u00eda en cuatro familias.<\/p>\n<p>La primera estaba formada por las mujeres del Sur y el primer propio; la segunda, por las mujeres del Este, el erudito y un propio; la tercera, por las mujeres del Norte, el hombre de acci\u00f3n y otro propio; y la cuarta, por las mujeres del Oeste, el socio an\u00f3nimo y un tercer propio.<br \/>\nOtras veces, ese mundo pod\u00eda parecer compuesto de grupos. Hab\u00eda un grupo de cuatro hombres de mayor edad, completamente distintos, que eran el benefactor de don Juan y sus tres guerreros. Luego, estaba un grupo de cuatro hombres tremendamente parecidos entre s\u00ed: los propios. Un tercer grupo compuesto de dos pares de gemelas, aparentemente. id\u00e9nticas, que viv\u00edan juntas y que eran las mujeres del Sur y las del Este. Y un cuarto grupo formado por otros dos pares de supuestas hermanas, las mujeres del Norte y del Oeste.<\/p>\n<p>Ninguna de estas mujeres ten\u00eda lazos de parentesco entre s\u00ed, simplemente parec\u00edan iguales, al punto, en ciertos casos, de ser id\u00e9nticas. Don Juan cre\u00eda que esto era producto del enorme poder personal que ten\u00eda su benefactor. Don Juan describi\u00f3 a las mujeres del Sur como dos mastodontes temibles en apariencia pero muy simp\u00e1ticas y afectuosas. Las mujeres del Este eran muy bellas, frescas y graciosas, un verdadero deleite para verlas y o\u00edrlas. Las mujeres del Norte eran completamente femeninas, vanas, coquetas, preocupadas con la edad, pero tambi\u00e9n terriblemente directas e impacientes. Las mujeres del Oeste eran a veces locas, y otras, un ep\u00edtome de severidad y determinaci\u00f3n. Eran las que m\u00e1s perturbaban a don Juan, quien no pod\u00eda reconciliar el hecho de que fueran tan sobrias, bondadosas y serviciales, con el hecho de que en un momento dado pod\u00edan perder la compostura y quedar totalmente locas.<\/p>\n<p>Los hombres, por otra parte, de ninguna manera eran memorables para don Juan. Cre\u00eda que no hab\u00eda nada notable en ellos. Todos parec\u00edan hallarse completamente anulados por la conmocionante fuerza y determinaci\u00f3n de las mujeres y por la personalidad avasalladora del benefactor.<\/p>\n<p>En cuanto a su propio desarrollo, don Juan dec\u00eda que el haber sido empujado al mundo de su benefactor le hizo comprender cu\u00e1n f\u00e1cil y conveniente le hab\u00eda sido dejar que su vida transcurriera sin disciplina alguna Entendi\u00f3 que su error hab\u00eda consistido en creer que sus miras eran las \u00fanicas metas valiosas que un hombre pod\u00eda tener. Toda su vida hab\u00eda sido un indigente; la ambici\u00f3n que lo consum\u00eda, por tanto, era tener posesiones materiales, ser alguien. Tanto le preocup\u00f3 el af\u00e1n de salir adelante y la desesperaci\u00f3n de saber que no lo estaba logrando; que nunca tuvo tiempo de examinar cosa alguna. De buena gana se aun\u00f3 a su benefactor porque crey\u00f3 que se le estaba presentando una oportunidad de engrandecerse. Pens\u00f3 que, por lo menos, podr\u00eda aprender a ser brujo. La realidad de su encuentro con el mundo de su benefactor fue tan diferente, que \u00e9l la conceb\u00eda como algo an\u00e1logo al efecto de la conquista espa\u00f1ola en la cultura ind\u00edgena. Algo que destruy\u00f3 todo, pero que tambi\u00e9n llev\u00f3 a una revalidaci\u00f3n total.<\/p>\n<p>Mi reacci\u00f3n a los preparativos para conocer al grupo de guerreros de don Juan no fue temor reverencial o miedo, sino m\u00e1s bien una mezquina preocupaci\u00f3n intelectual sobre dos cuestiones. La primera era la proposici\u00f3n de que en el mundo s\u00f3lo hay cuatro tipos de hombres y cuatro tipos de mujeres. Arg\u00fc\u00ed con don Juan que la variaci\u00f3n individual en la gente es demasiado vasta y compleja para un esquema tan simple. El no estuvo de acuerdo conmigo. Dijo que la regla era final, y que \u00e9sta no permit\u00eda un n\u00famero indefinido de tipos de gente.<\/p>\n<p>La segunda cuesti\u00f3n era el contexto cultural del conocimiento de don Juan. El no lo sab\u00eda. Lo consideraba producto de una especie de panindianismo. Su conjetura era que una vez, en el mundo ind\u00edgena anterior a la Conquista, la manipulaci\u00f3n de la segunda atenci\u00f3n se vici\u00f3. Se hab\u00eda desarrollado sin ning\u00fan obst\u00e1culo durante quiz\u00e1 miles de a\u00f1os, hasta que perdi\u00f3 la fuerza.<\/p>\n<p>Los practicantes de ese tiempo posiblemente no necesitaban controles, y as\u00ed, sin freno, la segunda atenci\u00f3n, en vez de volverse m\u00e1s fuerte se debilit\u00f3 conforme se volvi\u00f3 m\u00e1s y m\u00e1s intrincada. Despu\u00e9s vinieron los invasores espa\u00f1oles y, con su tecnolog\u00eda superior, destruyeron el mundo de los indios. Don Juan me dijo que su benefactor se hallaba convencido de que s\u00f3lo un grupo peque\u00f1o de guerreros sobrevivi\u00f3 y pudo reagrupar su conocimiento y redirigir su sendero. Todo lo que don Juan y su benefactor sab\u00edan de la segunda atenci\u00f3n ven\u00eda a ser versi\u00f3n reestructurada, una nueva versi\u00f3n a la que se le hab\u00edan a\u00f1adido restricciones porque hab\u00eda sido forjada bajo las m\u00e1s \u00e1speras condiciones de supresi\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL DON DEL \u00c1GUILA por Carlos Castaneda TERCERA PARTE: EL DON DEL \u00c1GUILA IX. LA REGLA DEL NAGUAL Don Juan hab\u00eda sido extraordinariamente parco en cuanto a la historia de su vida personal. 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