{"id":3456,"date":"2009-01-30T18:45:53","date_gmt":"2009-01-30T18:45:53","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3456"},"modified":"2009-01-30T18:45:53","modified_gmt":"2009-01-30T18:45:53","slug":"la-ca\u00edda-de-gil-galad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3456","title":{"rendered":"La Ca\u00edda de Gil-galad"},"content":{"rendered":"<p> Escrito Por Blas Malo Poyatos<br \/>\nPublicado Por Legolas Tharanduil<\/p>\n<p>Amanece. Es invierno del 3441 S.E. Un invierno largo y duro se avecina para las tropas reunidas y acantonadas en torno a Barad-d\u00fbr. Han pasado ya siete a\u00f1os desde la victoria del Ej\u00e9rcito de la Alianza en la Puerta Negra sobre las tropas del Se\u00f1or Oscuro. Siete a\u00f1os desde su huida y refugio en la Torre Oscura. Siete a\u00f1os de espera sin esperanza. Siete a\u00f1os de fracasos en lograr quebrantar las defensas de la Torre y en poner fin a la larga guerra, una guerra que traer\u00e1 la luz a los Pueblos Libres o someter\u00e1 al mundo bajo el poder del Oscuro, del Aborrecible, Sauron el Se\u00f1or de los Anillos.<\/p>\n<p>En el campamento aliado, los hombres y elfos vuelven su mirada hacia el cielo. Negras nubes anuncian truenos y rel\u00e1mpagos, mientras que el Orodruin al Oeste retumba una vez m\u00e1s, ti\u00f1endo de sangre las nubes inferiores. Al Este Barad-d\u00fbr, la inconmensurable torre-prisi\u00f3n-horno, piedra sobre piedra, muralla sobre muralla, se hunde indemne en las alturas entre amenazas de tormenta.<\/p>\n<p>Empieza a llover. D\u00eda sin luz, una vez m\u00e1s. Delante de las Puertas de la Torre cuatro l\u00edneas sucesivas vigilan noche y d\u00eda, esperando el asalto final. Nada debe romper el cerco. El agua cae, est\u00e9ril, debilitando en poco m\u00e1s la voluntad de los sitiadores.<\/p>\n<p>&#8220;\u00bfPodremos entrar alguna vez?&#8221;, piensan algunos. Est\u00e1 el Abismo, profundo, \u00edgneo y mortal. En su fondo hierve el fuego procedente del Orodruin por profundos canales. S\u00f3lo puede ser cruzado por los Puentes. El principal, el Puente de Adamante, est\u00e1 f\u00e9rreamente vigilado desde niveles superiores de la Torre. Y por \u00faltimo est\u00e1n las Puertas de Barad-d\u00fbr. Ning\u00fan enemigo del Oscuro logr\u00f3 jam\u00e1s aproximarse a ellas. El \u00faltimo asalto fue hace casi un a\u00f1o, cuando An\u00e1rion y su Guardia lograron cruzar tras rechazar un intento por romper el sitio. Muchos orcos murieron aquel d\u00eda pero apenas An\u00e1rion roz\u00f3 las Puertas pereci\u00f3 aplastado por bloques arrojados desde un nivel superior. \u00c9l y su Guardia, lo mejor de Gondor, cayeron al Abismo del Horror. Los fuegos del Orodruin rugieron alto aquel d\u00eda.<\/p>\n<p>El agua arrecia. Los hombres y elfos se envuelven m\u00e1s en sus capas. El fr\u00edo seco ha dejado lugar a un viento glacial, h\u00famedo y mortal. &#8220;\u00bfCu\u00e1ndo terminar\u00e1 la guerra?&#8221;, piensan mientras miran hacia el cuerpo principal del campamento, hacia la Tienda de Mando. All\u00ed, Gil-galad y Elendil, y los grandes capitanes de la Alianza, llevan reunidos desde el amanecer.<\/p>\n<p>Los sufridos soldados no lo saben, pero ya est\u00e1 en marcha el asalto final. Los Altos Reyes han decidido arriesgar a una baza desesperada, y la \u00faltima: emplear los Anillos del Poder. S\u00f3lo ellos pueden tentar al Se\u00f1or Oscuro a salir de la Torre. En ellos est\u00e1 la \u00faltima esperanza de victoria, y un gran peligro, porque es lo que ha estado aguardando el Se\u00f1or Oscuro durante tanto tiempo. Hace dos d\u00edas al amanecer, al mando de Isildur y Celeborn, un nuevo ej\u00e9rcito, reunido en secreto y con grandes sacrificios, inici\u00f3 el asalto sobre Minas Ithil, donde Cinco de los Nueve Nazg\u00fbl preparaban atacar Osgiliath una vez m\u00e1s. A mediod\u00eda, con la victoria pendiendo del delgado hilo del Destino, Galadriel emple\u00f3 el Anillo del Agua, Nenya, obligando a los Nazg\u00fbl a permanecer retenidos en la Torre de la Ciudadela. Ahora, el nuevo ej\u00e9rcito, a marchas forzadas, ha llegado al Campamento de la Alianza.<\/p>\n<p>&#8220;- Con estos nuevos refuerzos&#8221;, dice Isildur a todos los presentes, &#8220;todo est\u00e1 preparado para realizar un nuevo intento para tomar Barad-d\u00fbr; y el \u00faltimo. Pues no hay m\u00e1s refuerzos en todo Gondor: tras esta batalla no habr\u00e1 m\u00e1s lucha, si es ganada Sauron ser\u00e1 destruido al fin, pero si es perdida no habr\u00e1 lugar en la Tierra Media donde sobrevivir a la Oscuridad que se abatir\u00e1 sobre toda Arda.&#8221;<\/p>\n<p>Un trueno ensordecedor retumba en la tienda, a la vez que un fuerte golpe de viento abre la entrada, haciendo vacilar la hoguera central y las antorchas. Los guardias se apresuran a cerrar y asegurar la entrada. Isildur se sienta. La lluvia golpea las paredes con m\u00e1s fuerza.<\/p>\n<p>Alrededor del fuego central, sentados en la mesa circular, todos los presentes, los grandes capitanes, guardan silencio sopesando las palabras:<\/p>\n<p>Del lado de los Hombres, Euwavia, capit\u00e1n de los Hombres de Rhovanion y representante de los Se\u00f1ores de los Caballos; Reijabar, por los N\u00f3rdicos all\u00e1 en los lejanos pasos de las Monta\u00f1as Nubladas; Isildur, Heredero de los Reinos en el Exilio, y su hijo Elendur, Pr\u00edncipe de Ithilien.<\/p>\n<p>Por los Enanos, D\u00e1rin del Pueblo de Durin, capit\u00e1n curtido y tenaz.<\/p>\n<p>Por los Eldar Thranduil del Bosqueverde, hijo de Oropher y nuevo Rey de los Elfos Silvanos; Inglorion y Glorfindel, capitanes del reducto de Imladris; Elrond, el Alto Capit\u00e1n de Imladris, grande entre Hombres y Eldar; y C\u00edrdan, el Constructor de Barcos, Alto Capit\u00e1n de los Elfos Grises en los lejanos Puertos al Oeste de Eriador.<\/p>\n<p>Y por \u00faltimo, presidiendo el Consejo, el Heredero de los Se\u00f1ores de And\u00fani\u00eb en la hundida N\u00famenor, Elendil El Alto, Rey de Arnor y Gondor, y, brillante la cota de malla, deslumbrante la lanza, con la fuerza y vigor de los Eldar, el m\u00e1s grande de las Tres Razas, Gil-galad, Alto Rey de los Noldor.<br \/>\n&#8220;- Que nadie se lleve a enga\u00f1o&#8221;, dice Gil-galad, lentamente, &#8220;las palabras de Isildur son, ay, demasiado ciertas. Y sin embargo, a\u00fan ahora, todav\u00eda hay esperanzas de victoria, pues de momento todo marcha seg\u00fan lo planeado&#8221;.<br \/>\n&#8220;- Y sin embargo, no se nos ha dicho nada apenas de dichos planes&#8221;, habla con voz ronca D\u00e1rin. &#8220;\u00bfAsalto definitivo? \u00a1Siete a\u00f1os!. Hasta mis enanos, robustos y tenaces, empiezan a estar abrumados&#8221;. Y con brillo malicioso en los ojos a\u00f1adi\u00f3 escrutando al Alto Rey ,&#8221;me pregunto si en esos planes los Guardianes de los Tres no jugar\u00e1n alg\u00fan papel importante&#8221;.<\/p>\n<p>Un rel\u00e1mpago. La brillante mirada del Rey Noldo se clava en el rostro severo y curtido del enano, mientras todos notan la tensi\u00f3n en el aire. Se oye el silbar del viento a trav\u00e9s de la entrada, y el crepitar del fuego, pero es el enano el que aparta antes la mirada.<br \/>\n&#8220;- Aunque as\u00ed fuera&#8221;, dice el Alto Rey, &#8220;los nombres de los Tres Guardianes no deben ser revelados. A\u00fan con esperanza, la guerra no est\u00e1 ganada todav\u00eda&#8221;. Y mirando a Elendil y fijando la vista en Isildur a\u00f1ade &#8220;Qui\u00e9n sabe qu\u00e9 puede ocurrir en la \u00faltima batalla&#8221;.<br \/>\n&#8220;- Pero una cosa es cierta&#8221;, y habla por fin Elendil, el Alto Rey. El m\u00e1s alto de entre los Hombres, de porte noble, pelo negro como ala de cuervo y ojos grises profundos como el Mar, y fr\u00edos como el acero, se levanta y se dirige al mapa del infame pa\u00eds de Mordor clavado en un panel vertical. Su coraza con damasquinados de plata relumbra bajo el manto plateado.<br \/>\n&#8220;Ya hemos hecho nuestro primer movimiento. Pronto Minas Ithil estar\u00e1 en nuestras manos. Pero, mucho antes, el Enemigo realizar\u00e1 su jugada aqu\u00ed&#8221;, y se\u00f1ala Barad-d\u00fbr, &#8220;debemos reforzar las cuatro l\u00edneas de contenci\u00f3n, los hombres tra\u00eddos por Isildur mi hijo se distribuir\u00e1n inmediatamente entre ellas, especialmente en la primera de ellas. Aqu\u00ed y aqu\u00ed se dispondr\u00e1n nuevos muros defensivos; de esto los enanos han sido siempre los maestros&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;- Se har\u00e1 lo que se pueda&#8221;, dice D\u00e1rin, &#8220;aunque mis enanos preferir\u00edan manejar hachas y martillos que picos y palas de nuevo&#8221;.<br \/>\n&#8220;- La caballer\u00eda se dispondr\u00e1 a lo largo de estos dos frentes, aqu\u00ed y aqu\u00ed; si hay alg\u00fan intento de romper el cerco quiero que act\u00faen como un martillo contra un yunque&#8221;, dice Elendil. &#8220;\u00bfComprendido, Euwavia?&#8221;.<br \/>\n&#8220;- Comprendido, Se\u00f1or. Ojal\u00e1 me quedaran m\u00e1s hombres, y m\u00e1s caballos. Pero nos tendremos que contentar con los que nos quedan, a m\u00ed y a Reijabar, y los que ha tra\u00eddo Isildur&#8221;.<br \/>\n&#8220;- Espero que basten&#8221;, suspira Reijabar, &#8220;son demasiado pocos. Lo \u00fanico que ha aumentado desde que se inici\u00f3 el sitio han sido las bajas&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;- Pues deber\u00e1n bastar&#8221;, replica Isildur con el ce\u00f1o fruncido, &#8220;porque no hay m\u00e1s disponibles en todo Gondor. Si esos malditos del Valle de Erech no nos hubieran traicionado tendr\u00edamos m\u00e1s.&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;- Aunque tuvi\u00e9ramos diez mil, no tenemos tantos jinetes&#8221;, comenta Inglorion, &#8220;y con este maldito tiempo que todo lo embarra ser\u00edan m\u00e1s un estorbo que una ayuda.&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;- Por \u00faltimo&#8221; , prosigue Elendil, &#8221; nuestros arqueros los quiero concentrados aqu\u00ed y aqu\u00ed , sobre todo en la retaguardia de la tercera l\u00ednea. Inglorion, te ocupar\u00e1s de asignar su sitio a los arqueros que han llegado con Isildur&#8221;.<br \/>\n&#8220;- Como desees.&#8221;, dice Inglorion. &#8220;\u00bfNo hay noticias nuevas, Thranduil?&#8221;.<\/p>\n<p>Thranduil el Rey Silvano vuelve su cabeza hacia Inglorion, con los ojos grises envueltos en preocupaci\u00f3n. &#8220;- No, no se sabe nada todav\u00eda. Envi\u00e9 mensajeros a reunir todos los arqueros de los que todav\u00eda pudiera prescindir en el Bosque, pero con las bandas orcas acechando cerca de Amon Lanc no s\u00e9 cu\u00e1nto podr\u00e1n tardar&#8221;. Y dirigi\u00e9ndose a Elendil dice: &#8220;Me temo que llegar\u00e1n demasiado tarde&#8221;.<\/p>\n<p>Elendil mira a Gil-galad y luego a los dem\u00e1s presentes. &#8220;- Bien, ya sab\u00e9is que hacer. Empezad los preparativos en cuanto salg\u00e1is de la tienda, porque el Enemigo puede mover sus piezas en cualquier momento&#8221;. Y a\u00f1ade: &#8220;Estos d\u00edas ser\u00e1n los m\u00e1s duros, y los \u00faltimos. No os rind\u00e1is ahora y mantened la esperanza. Eso es todo. La Reuni\u00f3n ha terminado&#8221;.<\/p>\n<p>Todos se levantan y empiezan a salir cuando Elendil exclama &#8220;Isildur, aguarda&#8221;, y Gil-galad dice &#8220;Elrond y C\u00edrdan, qued\u00e1os un momento. Guardias, que nadie entre en la tienda, bajo ning\u00fan pretexto, hasta que se os indique&#8221;. Los dem\u00e1s se paran un momento y por fin salen fuera. Los \u00faltimos en salir son Elendur, Inglorion y Glorfindel.<\/p>\n<p>&#8220;- Ven, Elendur&#8221;, dice Glorfindel, &#8220;veamos qu\u00e9 hombres nos ha tra\u00eddo tu padre&#8221;, y arrebuj\u00e1ndose en las capas por fin quedan fuera. Los soldados cierran la entrada y se apostan en ella.<\/p>\n<p>Lentamente, C\u00edrdan y Elrond se sientan junto a Gil-galad, Isildur junto a Elendil.<\/p>\n<p>&#8220;- El enano tiene una vista penetrante&#8221;, dice Gil-galad. &#8220;Se acerca el momento largamente temido, y no nos quedan m\u00e1s opciones&#8221;. Y a\u00f1ade dirigi\u00e9ndose a Elendil e Isildur: &#8220;C\u00edrdan ha confirmado nuestras sospechas&#8221;.<\/p>\n<p>Elendil, ahora severo, crispa las manos y reprime un gesto de rabia. Isildur lo mira, sorprendido. &#8220;-\u00bfQu\u00e9 ocurre, atarinya? \u00bfHay algo que no se ha revelado en la reuni\u00f3n?&#8221;, dice dirigi\u00e9ndose hacia C\u00edrdan.<br \/>\n&#8220;- As\u00ed es, Isildur&#8221;, dice C\u00edrdan.&#8221;Apenas horas antes de tu llegada, nuestros exploradores han confirmado que hay una gran actividad en los Puertos de Umbar&#8221;.<br \/>\n&#8220;-\u00a1Esos renegados!&#8221;, exclama furioso Elendil, lev\u00e1ntandose de pronto encendido de ira, y derribando con su \u00edmpetu la silla. &#8220;Mientras t\u00fa, sonya, juntabas nuevas fuerzas en Gondor, han preparado una poderosa flota aqu\u00ed en Umbar y en el Profundo Adrilot&#8221;, se\u00f1alando en el mapa con energ\u00eda.<br \/>\n&#8220;- Ya sab\u00edamos que corr\u00edamos ese riesgo, atarinya, antes de enviarme a reclutar este nuevo ej\u00e9rcito que te he tra\u00eddo. \u00bfTan poderosa es esa flota?&#8221;, pregunta dirigi\u00e9ndose a Gil-galad.<br \/>\n&#8220;- As\u00ed es&#8221;, dice Gil-galad.<br \/>\n&#8220;- M\u00e1s de cincuenta grandes barcos de guerra han contado nuestros esp\u00edas, s\u00f3lo en los Puertos de Umbar&#8221;, dice C\u00edrdan, &#8220;y al menos otras cincuenta naves menores en las peque\u00f1as bah\u00edas a lo largo de los Acantilados Rojos de Haradwaith, hasta Harondor.&#8221;<br \/>\n&#8220;- Entonces no podemos demorarnos m\u00e1s&#8221;, dice Elrond. &#8220;\u00bfCon cu\u00e1ntos d\u00edas contamos, C\u00edrdan?\u00bfEst\u00e1 esa flota preparada para hacerse a la mar?&#8221;.<br \/>\n&#8220;- S\u00ed, lo est\u00e1. Contamos con diez d\u00edas, quiz\u00e1s menos&#8221;.<br \/>\n&#8220;- Diez d\u00edas&#8221;, repite Elendil mientras recoge la silla y se sienta de nuevo,&#8221; eso nos deja poco margen. Si se consideran cinco, quiz\u00e1s seis d\u00edas para organizar el ej\u00e9rcito y llegar desde Mordor a los feudos del sur, debemos realizar nuestro siguiente movimiento a lo sumo en un par de d\u00edas&#8221;.<br \/>\n&#8220;- En Linhir y Pelargir y en los Puertos del Harlond hay barcos suficientes, atarinya&#8221;, dice Isildur, &#8220;pero no hombres. Nuestra preocupaci\u00f3n debe estar en llegar a ellos a tiempo&#8221;.<br \/>\n&#8220;- Ojal\u00e1 hubiera podido traer m\u00e1s barcos grises&#8221;, suspira C\u00edrdan, &#8220;pero el invierno azota con fuerza, y la ruta desde los Puertos ya no es segura&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;- No es hora de lamentarse, sino de actuar&#8221;, dice Gil-galad. Un rel\u00e1mpago y luego un trueno ensordecedor agitan el aire. Todos miran c\u00f3mo se lleva la mano a una fina cadena de mithril colgada al cuello, y en ella un anillo con un zafiro: Vilya, el Anillo del Aire. &#8220;Est\u00e1 cambiando&#8221;, contin\u00faa, &#8220;desde hace dos d\u00edas lo noto m\u00e1s pesado, y tentador. Sauron ya sabe que Nenya ha sido empleado en Minas Ithil, aunque a\u00fan desconoce por qui\u00e9n. No puede disponer de los Nueve, pero Galadriel no podr\u00e1 resistir por mucho m\u00e1s tiempo. Y mientras, los N\u00famen\u00f3reanos de Umbar se disponen a llevar la ruina a todo Gondor, siguiendo sin duda las instrucciones de sus Se\u00f1or y Maestro, Sauron de Mordor. Nos obliga a actuar ya. Esperar ahora ser\u00e1 nuestra derrota. Debemos estar preparados para antes de dos d\u00edas. Y entonces, usar\u00e9 a Vilya, desafiar\u00e9 a Sauron y cumplir\u00e9 mi Destino.&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;- Y yo te acompa\u00f1ar\u00e9&#8221;, dice C\u00edrdan, llevando la mano a una cadena de oro colgada al cuello de donde pende un anillo y en \u00e9l un rub\u00ed: Narya, el Anillo del Fuego, &#8220;y Sauron saldr\u00e1, pues no podr\u00e1 resistirse a conseguir dos de los Grandes Anillos del Poder. Y as\u00ed cumplir\u00e9 yo tambi\u00e9n mi Destino&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;- Y yo os seguir\u00e9&#8221;, exclama Elendil, &#8220;y le mirar\u00e9 cara a cara, y pagar\u00e1 por todo mal y ruina que ha tra\u00eddo a los D\u00fanedain, y as\u00ed la sangre de An\u00e1rion ser\u00e1 vengada&#8221;.<\/p>\n<p>Un trueno, furioso, desgarra al aire, azotando las antorchas y apagando varias de ellas.<\/p>\n<p>&#8220;- Est\u00e1 decidido entonces&#8221;, dice Gil-galad mientras C\u00edrdan y \u00e9l ocultan de nuevo los Anillos. Y dirigi\u00e9ndose a Isildur, Elrond y C\u00edrdan a\u00f1ade: &#8220;Id y organizad los preparativos. La hora final se acerca.&#8221;<\/p>\n<p>Los tres salen fuera. El agua cae, embarrando el suelo y haciendo vacilar los fuegos. El negro y espeso palio de nubes apenas deja pasar una luz opaca y mortecina. El viento hace ondear con fuerza all\u00e1 en lo alto de la tienda los emblemas de Gil-galad por los Eldar, y de Elendil por los Hombres.<\/p>\n<p>&#8220;-Este fr\u00edo no es normal. Afecta tanto a Hombres como a Elfos&#8221;, dice Elrond mientras se ci\u00f1e la capa y la capucha con fuerza.<br \/>\n&#8220;-Con fr\u00edo o sin \u00e9l, hemos de apresurarnos&#8221;, dice C\u00edrdan. &#8220;En marcha&#8221;.<\/p>\n<p>Y despidi\u00e9ndose de Isildur se dirigen a sus campamentos, al Norte. Isildur, tras ajustarse bien la capa y ce\u00f1irse la capucha se dirige hacia los guardias. Estos le traen su caballo, monta en \u00e9l y se encamina a su campamento, al sur de Barad-d\u00fbr. El Orodruin retumba inquieto una vez m\u00e1s.<\/p>\n<p>A lo largo del camino la lluvia no cesa. Los robustos enanos, insensibles a la lluvia, ya est\u00e1n empezando a montar los nuevos paramentos defensivos, mientras que compa\u00f1\u00edas de hombres se afanan por llevarles bloques de piedra tallados a toda prisa. Mir\u00edadas de antorchas son visibles junto a las tiendas a lo largo de todo el campamento aliado. Los hombres de Euwavia y Reijabar se dirigen a situarse a sus nuevas posiciones, formando filas ordenadas.<\/p>\n<p>Al fin llega a su destino. El nuevo ej\u00e9rcito ya est\u00e1 levantando sus tiendas para guarecerse del agua que cae, inclemente. Cientos de carros se afanan por salir de la trampa del barro en que se ha convertido la tierra negra de Gorgoroth. En el centro, en su tienda, Elendur le sale al encuentro. Isildur detiene al caballo.<\/p>\n<p>&#8220;-Atarinya, hemos empezado a colocar a los nuevos hombres. Inglorion y Glorfindel han dispuesto ya qu\u00e9 compa\u00f1\u00edas se unir\u00e1n a las primeras l\u00edneas&#8221;.<br \/>\n&#8220;- Muy bien, Elendur. Que dos compa\u00f1\u00edas m\u00e1s se unan a los hombres de Euwavia. re\u00fane a cincuenta hombres que sepan luchar a caballo y env\u00edaselos a Reijabar. Voy a inspeccionar el resto del campamento.&#8221;<br \/>\n&#8220;-Muy bien, atarinya&#8221;.<\/p>\n<p>Y espoleando al caballo, Isildur sigue avanzando. Las tiendas y establos se suceden a su paso. Todos los centinelas est\u00e1n en su sitio. Ya Barad-d\u00fbr, ominosa, se sit\u00faa casi a su espalda. &#8220;Apenas treinta mil soldados&#8221;, se dice para s\u00ed Isildur, mientras frunce el ce\u00f1o.&#8221;\u00a1Malditos del Valle de Erech!. Que los Valar nos ayuden como fracasemos en nuestros planes.&#8221;<\/p>\n<p>Al fin se detiene. Ha llegado al pabell\u00f3n de los heridos. Dos guardias custodian la entrada. Gritos de dolor mortifican a\u00fan m\u00e1s la sombr\u00eda ma\u00f1ana. Isildur, imp\u00e1vido ante la lluvia, descabalga. Los guardias le saludan y le permiten la entrada. Otro rel\u00e1mpago.<\/p>\n<p>El olor a sangre y a desinfectantes golpea al que entra al pabell\u00f3n. Numerosos camastros se encuentran dispuestos en filas; en un extremo las sanadoras preparan sin cesar nuevas recetas y ung\u00fcentos en unas marmitas al fuego. Un enorme armario herbolario se encuentra a un lado, casi vac\u00edo. En el otro extremo, separados del resto del pabell\u00f3n por unos cortinajes, se escucha a los sanadores &#8220;no hay soluci\u00f3n, hay que amputar&#8221;, unos gritos de desesperaci\u00f3n, unas sombras, luego nada, y el siniestro cantar del serrucho una vez m\u00e1s. Hay pocos d\u00faned\u00e1in en el pabell\u00f3n. la mayor\u00eda son hombres corrientes del Lamed\u00f3n y de Belfalas de Gondor, de los lejanos valles del Norte y de Rhovanion. Muchos regresar\u00e1n tullidos; otros ya no volver\u00e1n.<\/p>\n<p>Los enfermos, resignados, observan a Isildur cuando pasa junto a ellos. Un Sanador, de sangre d\u00faned\u00e1in, de rostro curtido y pelo ya encanecido, y profundos ojos grises, le ve acerarse; termina de atender a su paciente y se dirige hacia \u00e9l. Su delantal est\u00e1 manchado de sangre.<\/p>\n<p>&#8220;-Se\u00f1or&#8221;, empieza el Sanador, &#8220;me alegro de teneros de vuelta sano y salvo&#8221;. Su sonrisa es breve, los ojos grises se apagan pronto.<br \/>\n&#8220;- Yo tambi\u00e9n me alegro de verte a\u00fan con vida, Curunir.\u00bfCu\u00e1ntos enfermos tienes a tu cargo?&#8221;.<br \/>\n&#8220;- En este pabell\u00f3n, casi a cien&#8221;, dice Curunir, &#8220;pero hay m\u00e1s pabellones. No han dejado de aumentar desde que part\u00edsteis. Nuestros herbolarios est\u00e1n casi exhaustos y la primavera a\u00fan queda lejos&#8221;.<br \/>\n&#8220;-Necesito saber con cu\u00e1ntos hombres de los que hay aqu\u00ed puedo contar en dos d\u00edas&#8221;.<\/p>\n<p>Curunir lo mira, estupefacto.<br \/>\n&#8220;-Con ninguno, mi se\u00f1or. Casi todos tienen neumon\u00eda, muchos otros est\u00e1n tullidos o apenas pueden moverse. Nos faltan sanadores y ya casi no tenemos plantas medicinales. Muchos no sobrevivir\u00e1n al invierno&#8221;.<\/p>\n<p>En ese momento se oyen carretas avanzar y gritos y alaridos humanos de terror que la lluvia no logra acallar. Uno de los guardias entra precipitadamente, &#8220;\u00a1Mi se\u00f1or sanador, venid pronto!&#8221;, exclama horrorizado.<\/p>\n<p>Curunir y otros sanadores y sanadoras corren a la entrada. Isildur les sigue.<br \/>\n&#8220;-\u00bfLo v\u00e9is, mi se\u00f1or?\u00a1Cada d\u00eda, m\u00e1s!\u00a1Ioreth!\u00a1Preparad aquellas camas del rinc\u00f3n, r\u00e1pido!&#8221;<\/p>\n<p>Afuera, el espect\u00e1culo es dantesco: sobre dos carretas, una veintena de heridos, todos hombres. Casi todos con neumon\u00eda, tiritando. Casi todos. Entre ellos, cinco destacan desoladoramente sobre los dem\u00e1s, que los observan horrorizados, y con profunda pena y dolor.<\/p>\n<p>Porque encogidos en grotescas posturas en uno de los carros, perdido todo rastro de humanidad en los ojos, no cesan de gesticular y gritar a alg\u00fan enemigo que no alcanzan a ver, m\u00e1s all\u00e1 de toda curaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8220;-Los ojos&#8221;, acierta a decir uno de los guardias, &#8220;miradles los ojos&#8230;&#8221;<\/p>\n<p>Un trueno y un rel\u00e1mpago. El tiempo parece haberse detenido.<\/p>\n<p>Porque no es la primera vez que Isildur contempla tal tragedia. Porque hace siete a\u00f1os ese mismo mal asol\u00f3 a gran parte del ejercito. Porque tambi\u00e9n lo ha conocido en Minas Ithil.<\/p>\n<p>El Soplo Negro, el Mal de los Nazg\u00fbl.<\/p>\n<p>&#8220;-\u00a1Hac\u00eda mucho tiempo que no trat\u00e1bamos con este mal de nuevo, mi se\u00f1or!&#8221;, dice Curunir mientras \u00e9l y otros sanadores se afanan por inmovilizar a los desgraciados para poder meterlos en el pabell\u00f3n. &#8220;\u00a1Ioreth, trae m\u00e1s cuerdas!&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;-\u00a1Guardias, r\u00e1pido!\u00bfD\u00f3nde los hab\u00e9is recogido?&#8221;, pregunta Isildur.<br \/>\n&#8220;- Cerca del Puente Este, mi se\u00f1or, formaban parte de la segunda l\u00ednea&#8221;<br \/>\n&#8220;-Sentimos una horrible presencia, mi se\u00f1or&#8221;, dice uno de los enfermos, &#8220;que nos miraba. Parec\u00eda que alguien se re\u00eda o burlaba, con una risa cruel que helaba hasta el alma. Estos no resistieron&#8221;.<br \/>\n&#8220;-\u00a1Mala se\u00f1al!\u00a1Mi caballo, r\u00e1pido!&#8221;, exige Isildur; otro de los guardias se lo trae apresuradamente.&#8221;\u00a1Y no ser\u00e1n los \u00faltimos, Curunir!&#8221;, y espoleando al caballo marcha hacia el Oeste.<\/p>\n<p>La lluvia empieza a debilitarse. Nuevas brumas surgen del Orodruin ocultando definitivamente la presencia del Sol. Los bramidos del Monte del Destino, largos y profundos, perturban todo Gorgoroth.<br \/>\n&#8220;-\u00a1Los Espectros del Anillo van a actuar una vez m\u00e1s!\u00a1He de avisar a mi padre y a Gil-galad!&#8221;, piensa Isildur mientras cabalga, con la mirada fija en el Orodruin.<\/p>\n<p>Porque los minutos caen ahora inexorables. Apenas llueve ya. El aire, fr\u00edo y denso, est\u00e1 enrarecido con un halo de muerte y oscuridad. El cono volc\u00e1nico se alza a lo lejos como un monstruoso ser de las entra\u00f1as de la tierra. Los fuegos del Orodruin se vislumbran como un faro hacia la destrucci\u00f3n, ti\u00f1endo de rojo carmes\u00ed el nuevo palio de sombras que se alza sobre el volc\u00e1n.<\/p>\n<p>Dicen los Sabios que en el Orodruin est\u00e1 la clave del poder de Sauron. Creaci\u00f3n remanente del Enemigo Negro, algunos eruditos piensan que conecta directamente con el interior de Endor, donde sospechan se oculta la imp\u00eda Llama de \u00dbdun, poder de Morgoth y sost\u00e9n del infame Se\u00f1or de los Anillos.<\/p>\n<p>Una brusca sacudida s\u00edsmica despierta a Isildur de sus cavilaciones. El caballo, aterrorizado, cae al suelo y con \u00e9l su jinete. R\u00e1pidamente consigue ponerse en pie y sujetar las riendas.<\/p>\n<p>Los temblores siguen y de repente una explosi\u00f3n. Isildur mira el Orodruin. De las profundidades de Endor, con una incontenible fuerza destructora, ind\u00f3mita, terror\u00edfica en su poder, se alza hasta alcanzar el palio de nubes una columna flam\u00edgera de lava incandescente al fuego blanco, derribando parte del flanco sur del cono y acompa\u00f1ada de una fuerte sacudida s\u00edsmica. <\/p>\n<p>Y entonces, mientras se proteg\u00eda los ojos con la mano, con el caballo encabritado sujeto f\u00e9rreamente por las riendas, la verdad le fue revelada.<\/p>\n<p>Las Puertas se hab\u00edan abierto. Las Puertas se hab\u00edan abierto, y Sauron hab\u00eda salido.<\/p>\n<p>&#8220;\u00a1El Enemigo ha salido!&#8221;, exclama por fin Gil-galad. Se levanta del suelo. El temblor ha derribado el mobiliario de la tienda de mando. Elendil se levanta lentamente. Los guardias entran apresuradamente.<\/p>\n<p>-&#8221; \u00a1Mi se\u00f1or, el enemigo ha salido!&#8221;, exclaman entrecortadamente.<br \/>\n-&#8221; \u00a1Lo sabemos!&#8221;, dice Elendil. Su mirada ahora es fr\u00eda como el acero. &#8220;\u00a1Que todo el mundo se dirija a sus posiciones! \u00a1Que las trompetas llamen a combate!\u00a1El d\u00eda final ha llegado!&#8221;.Y acto seguido desenvaina su espada, Narsil, que brilla con un azul encegador. &#8220;Ya no volver\u00e1s a la vaina, hasta que el d\u00eda acabe o yo muera&#8221;.<\/p>\n<p>Los guardias marchan apresurados a cumplir \u00f3rdenes. Elendil y Gil-galad salen afuera, y ven acerc\u00e1ndose a caballo a Elrond, con un bulto bajo el brazo y una lanza enuelta en terciopelo azul.<br \/>\n-&#8220;\u00a1Aqu\u00ed viene mi heraldo, con mis armas!&#8221;, exclama Gil-galad.<\/p>\n<p>Elrond baja del caballo. Desenvuelve el terciopelo, y entrega la lanza Aiglos, resplandeciente, a Gil-galad. Muestra el bulto, es un cofre de acero con guarniciones de mithril.Lo abre. De \u00e9l saca Gil-galad una corona de hojas de laurel, de mithril con esmeraldas engarzadas: la Corona de los Puertos de Lindon. En cuanto se la coloca en la cabeza sobre los largos y rubios cabellos un halo de luz y esperanza parece irradiar del rey noldo.<br \/>\n-&#8220;\u00a1Vuelve al Campamento Norte y espera nuestra llamada!\u00a1Contened al enemigo!&#8221;<br \/>\n-&#8220;\u00a1Que los Valar nos ayuden, mi rey!&#8221;, exclama Elrond, y desenvainando una espada larga de hoja brillante se aleja al galope hacia el fragor del combate.<\/p>\n<p>-&#8220;\u00a1Vamos!&#8221;, dice Elendil a Gil-galad mientras se coloca su yelmo alado de mithril, s\u00edmbolo de la majestad de los Reyes del Oeste, &#8220;\u00a1Lucharemos juntos y ya no nos separaremos m\u00e1s!&#8221;.<br \/>\n-&#8220;\u00a1Trompetas!&#8221;, exclama Gil-galad, &#8220;\u00a1A combate!&#8221;.<\/p>\n<p>Y tras montar en sus caballos, suenan las trompetas. Todos los hombres les siguen hacia el fragor de la batalla, que ya se cierne ya sobre ellos como una mano asfixiante y mortal.<\/p>\n<p>Todas las Puertas de Barad-d\u00fbr se hab\u00edan abierto. De ellas un caudal incontenible de enemigos se hab\u00eda esparcido por todo el campamento aliado. A duras penas las defensas gondorianas hab\u00edan resistido el primer embate cuando el Se\u00f1or Oscuro apareci\u00f3 por la Puerta Oeste. Precedido por sus m\u00e1s fieles sirvientes los Nazg\u00fbl, avanz\u00f3 incontenible como la Muerte a trav\u00e9s de las cuatro l\u00edneas hacia el Orodruin sin encontrar resistencia.<\/p>\n<p>A su paso s\u00f3lo queda la desolaci\u00f3n. Los poderosos muros enanos hab\u00edan literalmente saltado por los aires. La mayor parte de los defensores cayeron muertos de terror. Los supervivientes perecieron bajo las cimitarras de la Guardia Negra de Barad-d\u00fbr. Miembros desgarrados, escudos y armaduras fundidos por su furia, cuerpos destrozados, sangre, caos y muerte.<\/p>\n<p>Mientras prosigue su avance, los Nazg\u00fbl, dirigiendo los ataques a los flancos y a la retaguardia, se disponen a someter a una dura prueba a las fuerzas sitiadoras. Al sonido de las trompetas, elfos, enanos y hombres se apresuran a presentar batalla.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escrito Por Blas Malo Poyatos Publicado Por Legolas Tharanduil Amanece. Es invierno del 3441 S.E. Un invierno largo y duro se avecina para las tropas reunidas y acantonadas en torno a Barad-d\u00fbr. Han pasado ya siete a\u00f1os desde la victoria del Ej\u00e9rcito de la Alianza en la Puerta Negra sobre las tropas del Se\u00f1or Oscuro. 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