{"id":345,"date":"2006-02-04T21:50:28","date_gmt":"2006-02-04T21:50:28","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=345"},"modified":"2006-02-04T21:50:28","modified_gmt":"2006-02-04T21:50:28","slug":"no-oyes-ladrar-a-los-perros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=345","title":{"rendered":"No oyes ladrar a los perros"},"content":{"rendered":"<p>No oyes ladrar los perros<\/p>\n<p>Juan Rulfo<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>A MANERA DE PRESENTACI\u00d3N<\/p>\n<p>Ahi tienes que hab\u00eda una vez un muchacho m\u00e1s loco, que toda la vida se la hab\u00eda pasado sue\u00f1e y sue\u00f1e. Y sus sue\u00f1os eran, como todos los sue\u00f1os, puras cosas imaginarias. Primero so\u00f1\u00f3 en que se encontraba de pronto con la bolsa llena de dinero y que compraba todos los dulces de todos los sabores que hab\u00eda en todas las tiendas del mundo. As\u00ed era de rico. Despu\u00e9s so\u00f1\u00f3 en tener una bicicleta y unos patines y una buena bola de cani\u00adcas. M\u00e1s tarde, so\u00f1\u00f3 en ser chofer o maquinista de un tren para recorrer lugares. Y se pasaba las tardes tirado de barriga en el suelo, so\u00f1ando en las cosas interesantes que habr\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de los cerros que ten\u00eda enfrente. En el pueblo de \u00e9l hab\u00eda unos cerros muy altos. Y a veces so\u00f1aba ser un zopilote y volar, muy suavemente como vuelan los zopilotes hasta dejar atr\u00e1s aquel pueblo donde no suced\u00eda nunca nada interesante.<\/p>\n<p>Una vez vinieron los Reyes Magos y le trajeron un libro lleno de monitos donde se contaban historias de piratas que reco\u00adrr\u00edan las tierras y los mares m\u00e1s raros que t\u00fa o yo hayamos visto. Desde entonces no tuvo otro quehacer que estarse leyen\u00addo aquella clase de libros donde \u00e9l encontraba un relato pare\u00adcido al de sus sue\u00f1os.<\/p>\n<p>Se volvi\u00f3 muy flojo. Porque a todos los que les gusta leer mucho, de tanto estar sentados, les da flojera hacer cualquier otra cosa. Y t\u00fa sabes que el estarse sentado y quieto le llena a uno la cabeza de pensamientos. Y esos pensamientos viven y toman formas extra\u00f1as y se enredan de tal modo que, al cabo del tiempo, a la gente que eso le ocurre se vuelve loca.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed tienes un ejemplo: Yo.<\/p>\n<p>Fragmento de una carta de Juan Rulfo a Clara Aparicio 26 de mayo de 1947<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>-T\u00fa que vas all\u00e1 arriba, Ignacio, d\u00edme si no oyes alguna se\u00f1al de algo o si ves alguna luz en alguna parte.<br \/>\n-No se ve nada.<br \/>\n-Ya debemos estar cerca.<br \/>\n-S\u00ed, pero no se oye nada.<br \/>\n-Mira bien.<br \/>\n-No se ve nada.<br \/>\n-Pobre de ti, Ignacio.<\/p>\n<p>La sombra larga y negra de los hombres sigui\u00f3 movi\u00e9ndose de arriba abajo, trep\u00e1ndose a las piedras, disminuyendo y creciendo seg\u00fan avanzaba por la orilla del arroyo. Era una sola sombra, tambaleante.<\/p>\n<p>La luna ven\u00eda saliendo de la tierra, como una llamarada redonda.<\/p>\n<p>-Ya debemos estar llegando a ese pueblo, Ignacio. T\u00fa que llevas las orejas de fuera, f\u00edjate a ver si no oyes ladrar los perros. Acu\u00e9rdate que nos dijeron que Tonaya estaba detrasito del monte. Y desde qu\u00e9 horas que hemos dejado el monte. Acu\u00e9rdate, Ignacio.<\/p>\n<p>-S\u00ed, pero no veo rastro de nada.<br \/>\n-Me estoy cansando.<br \/>\n-B\u00e1jame.<\/p>\n<p>El viejo se fue reculando hasta encontrarse con el pared\u00f3n y se recarg\u00f3 all\u00ed, sin soltar la carga de sus hombros. Aunque se le doblaban las piernas, no quer\u00eda sentarse, porque despu\u00e9s no hubiera podido levantar el cuerpo de su hijo, al que all\u00e1 atr\u00e1s, horas antes, le hab\u00edan ayudado a ech\u00e1rselo a la espalda. Y as\u00ed lo hab\u00eda tra\u00eddo desde entonces.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo te sientes?<br \/>\n-Mal.<\/p>\n<p>Hablaba poco. Cada vez menos. En ratos parec\u00eda dormir. En ratos parec\u00eda tener fr\u00edo. Temblaba. Sab\u00eda cuando le agarraba a su hijo el temblor por las sacudidas que le daba, y porque los pies se le encajaban en los ijares como espuelas. Luego las manos del hijo, que tra\u00eda trabadas en su pescuezo, le zarandeaban la cabeza como si fuera una sonaja.<\/p>\n<p>\u00c9l apretaba los dientes para no morderse la lengua y cuando acababa aquello le preguntaba:<\/p>\n<p>-\u00bfTe duele mucho?<br \/>\n-Algo -contestaba \u00e9l.<\/p>\n<p>Primero le hab\u00eda dicho: &#8220;Ap\u00e9ame aqu\u00ed&#8230; D\u00e9jame aqu\u00ed&#8230; Vete t\u00fa solo. Yo te alcanzar\u00e9 ma\u00f1ana o en cuanto me reponga un poco.&#8221; Se lo hab\u00eda dicho como cincuenta veces. Ahora ni siquiera eso dec\u00eda.<\/p>\n<p>All\u00ed estaba la luna. Enfrente de ellos. Una luna grande y colorada que les llenaba de luz los o jos y que estiraba y oscurec\u00eda m\u00e1s su sombra sobre la tierra.<\/p>\n<p>-No veo ya por d\u00f3nde voy -dec\u00eda \u00e9l.<\/p>\n<p>Pero nadie le contestaba.<\/p>\n<p>E1 otro iba all\u00e1 arriba, todo iluminado por la luna, con su cara descolorida, sin sangre, reflejando una luz opaca.<\/p>\n<p>Y \u00e9l ac\u00e1 abajo.<\/p>\n<p>-\u00bfMe o\u00edste, Ignacio? Te digo que no veo bien.<\/p>\n<p>Y el otro se quedaba callado.<\/p>\n<p>Sigui\u00f3 caminando, a tropezones. Encog\u00eda el cuerpo y luego se enderazaba para volver a tropezar de nuevo .<\/p>\n<p>-\u00c9ste no es ning\u00fan camino. Nos dijer\u00f3n que detr\u00e1s del cerro estaba Tonaya. Ya hemos pasado el cerro. Y Tonaya no se ve, ni se oye ning\u00fan ruido que nos diga que est\u00e1 cerca. \u00bfPor qu\u00e9 no quieres decirme que ves t\u00fa que vas all\u00e1 arriba, Ignacio?<\/p>\n<p>-B\u00e1jame, padre.<br \/>\n-\u00bfTe sientes mal?<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-Te llevar\u00e9 a Tonaya a como d\u00e9 lugar. All\u00ed encontrar\u00e9 quien te cuide. Dicen que all\u00ed hay un doctor. Yo te llevar\u00e9 con \u00e9l. Te he tra\u00eddo cargando desde hace horas y no te dejar\u00e9 tirado aqu\u00ed para que acaben contigo quienes sean.<\/p>\n<p>Se tambale\u00f3 un poco. Dio dos o tres pasos de lado y volvi\u00f3 a enderezarse.<\/p>\n<p>-Te llevar\u00e9 a Tonaya.<\/p>\n<p>-B\u00e1jame.<\/p>\n<p>Su voz se hizo quedita, apenas murmurada:<\/p>\n<p>-Quiero acostarme un rato.<\/p>\n<p>-Du\u00e9rmete all\u00ed arriba. Al cabo te llevo bien agarrado.<\/p>\n<p>La luna iba subiendo, casi azul, sobre un cielo claro. La cara del viejo, mojada en sudor, se llen\u00f3 de luz. Escondi\u00f3 los ojos para no mirar de frente, ya que no pod\u00eda agachar la cabeza agarrotada entre las manos de su hiio.<\/p>\n<p>-Todo esto que hago, no lo hago por usted. Lo hago por su difunta madre. Porque usted fue su hijo. Por eso lo hago. Ella me reconvendr\u00eda si yo lo hubiera dejado tirado all\u00ed, donde lo enconrr\u00e9, y no lo hubiera recogido para llevarlo a que lo curen, como estoy haci\u00e9ndolo. Es ella la que me da \u00e1nimos, no usted. Comenzando porque a usted no le debo m\u00e1s que puras dificultades, puras mortificaciones, puras verguenzas.<\/p>\n<p>Sudaba al hablar. Pero el viento de la noche le secaba el sudor. Y sobre el sudor seco, volv\u00eda a sudar.<\/p>\n<p>-Me derrengar\u00e9, pero llegar\u00e9 con usted a Tonaya, para que le alivien esas heridas que le han hecho. Y estoy seguro de que, en cuanto se sienta usted bien, volver\u00e1 a sus malos pasos. Eso ya no me importa. Con tal de que se vaya lejos, donde yo no vuelva a saber de usted. Con tal de eso\u0085 Porque para m\u00ed usted ya no es mi hijo. He maldecido la sangre que usted tiene de m\u00ed. La parte que a m\u00ed me tocaba la he maldecido. He dicho: &#8220;\u00a1Que se le pudra en los ri\u00f1ones la sangre que yo le di!&#8221; Lo dije desde que supe que usted andaba trajnando por los caminos, viviendo del robo y matando gente&#8230; Y gente buena. Y si no, all\u00ed est\u00e1 mi compadre Tranquilino. El que lo bautiz\u00f3 a usted. El que le dio su nombre. A \u00e9l tambi\u00e9n le toco la mala suerte de encontrarse con usted. Desde entonces dije &#8220;Ese no puede ser mi hijo.&#8221;<\/p>\n<p>-Mira a ver si ya ves algo. O si oyes algo. T\u00fa que puedes hacerlo desde all\u00e1 arriba, porque yo me siento sordo.<\/p>\n<p>-No veo nada.<\/p>\n<p>-Peor para ti, Ignacio.<\/p>\n<p>-Tengo sed.<\/p>\n<p>-\u00a1Agu\u00e1ntate! Ya debemos estar cerca. Lo que pasa es que ya es muy noche y han de haber apagado la luz en el pueblo. Pero al menos deb\u00edas de o\u00edr si ladran los perros. Haz por o\u00edr.<\/p>\n<p>-Dame agua.<\/p>\n<p>-Aqu\u00ed no hay agua. No hay m\u00e1s que piedras. Aguantate. Y aunque la hubiera, no te bajar\u00eda a tomar agua. Nadie me ayudar\u00eda a subirte otra vez y yo solo no puedo.<\/p>\n<p>-Tengo mucha sed y mucho sue\u00f1o.<\/p>\n<p>-Me acuerdo cuando naciste. As\u00ed eras entonces. Despertabas con hambre y com\u00edas para volver a dormirte. Y tu madre te daba agua, porque ya te hab\u00edas acabado la leche de ella. No ten\u00edas llenadero. Y eras muy rabioso. Nunca pens\u00e9 que con el tiempo se te fuera a subir aquella rabia a la cabeza. \u0085 Pero as\u00ed fue. Tu madre, que descanse en paz, quer\u00eda que te criaras fuerte. Cre\u00eda que cuando t\u00fa crecieras ir\u00edas a ser su soten. No te tuvo m\u00e1s que a ti. El otro hijo que iba a tener la mat\u00f3. Y t\u00fa la hubieras matado otra vez si ella estuviera viva a estas alturas.<\/p>\n<p>Sinti\u00f3 que el hombre aquel que llevaba sobre sus hombros dej\u00f3 de apretar las rodillas y comenz\u00f3 a soltar los pies, balance\u00e1ndolos de un lado para otro. Y le pareci\u00f3 que la cabeza, all\u00e1 arriba, se sacud\u00eda como si sollozara.<\/p>\n<p>Sobre su cabello sinti\u00f3 que ca\u00edan gruesas gotas, como de l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>-\u00bfLloras, Ignacio? Lo hace llorar a usted el recuerdo de su madre, \u00bfverdad? Pero nunca hizo usted nada por ella. Nos pag\u00f3 siempre mal. Parece que, en lugar de cari\u00f1o, le hubi\u00e9ramos retacado el cuerpo de maldad. \u00bfY ya ve? Ahora lo han herido. \u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 con sus amigos? Los mataron a todos. Pero ellos no ten\u00edan a nadie. Ellos bien hubieran podido decir: &#8220;No tenemos a qui\u00e9n darle nuestra l\u00e1stima.&#8221; \u00bfPero usted, Ignacio?<\/p>\n<p>All\u00ed estaba ya el pueblo. Vio brillar los te jados bajo la luz de la luna. Tuvo la impresi\u00f3n de que lo aplastaba el peso de su hijo al sentir que las corvas se le doblaban en el \u00faltimo esfuerzo. Al llegar al primer tejab\u00e1n, se recost\u00f3 sobre el pretil de la acera y solt\u00f3 el cuerpo, flojo, como si lo hubieran descoyuntado.<\/p>\n<p>Destrab\u00f3 dif\u00edcilmente los dedos con que su hijo hab\u00eda venido sosteni\u00e9ndose de su cuello y, al quedar libre, oy\u00f3 c\u00f3mo por todas partes ladraban los perros.<\/p>\n<p>-\u00bfY t\u00fa no los o\u00edas, Ignacio? -dijo-. No me ayudaste ni siquiera con esta esperanza.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>ES QUE SOMOS MUY POBRES<\/p>\n<p>Aqu\u00ed todo va de mal en peor. La semana pasada se muri\u00f3 mi t\u00eda Jacinta, y el s\u00e1bado, cuando ya la hab\u00edamos enterrado y comen\u00adzaba a baj\u00e1rsenos la tristeza, comenz\u00f3 a llover como nunca. A mi pap\u00e1 eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asole\u00e1ndose en el solar. Y el aguacero lleg\u00f3 de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera a escon\u00adder aunque fuera un manojo; lo \u00fanico que pudimos hacer, to\u00addos los de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejav\u00e1n, viendo c\u00f3mo el agua fr\u00eda que ca\u00eda del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan reci\u00e9n cortada.<\/p>\n<p>Y apenas ayer, cuando mi hermana Tacha acababa de cum\u00adplir doce a\u00f1os, supimos que la vaca que mi pap\u00e1 le regal\u00f3 para el d\u00eda de su santo se la hab\u00eda llevado el r\u00edo.<\/p>\n<p>El r\u00edo comenz\u00f3 a crecer hace tres noches, a eso de la madru\u00adgada. Yo estaba muy dormido y, sin embargo, el estruendo que tra\u00eda el r\u00edo al arrastrarse me hizo despertar en seguida y pegar el brinco de la cama con mi cobija en la mano, como si hubiera cre\u00eddo que se estaba derrumbando el techo de mi casa. Pero despu\u00e9s me volv\u00ed a dormir, porque reconoc\u00ed el sonido del r\u00edo y porque ese sonido se fue haciendo igual hasta traerme otra vez el sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Cuando me levant\u00e9, la ma\u00f1ana estaba llena de nublazones y parec\u00eda que hab\u00eda seguido lloviendo sin parar. Se notaba en que el ruido del r\u00edo era m\u00e1s fuerte y se o\u00eda m\u00e1s cerca. Se ol\u00eda, como se huele una quemaz\u00f3n, el olor a podrido del agua revuelta.<\/p>\n<p>A la hora en que me fui a asomar, el r\u00edo ya hab\u00eda perdido sus orillas. Iba subiendo poco a poco por la calle real, y estaba meti\u00e9ndose a toda prisa en la casa de esa mujer que le dicen la Tambora. El chapaleo del agua se o\u00eda al entrar por el corral y al salir en grandes chorros por la puerta. La Tambora iba y ven\u00eda caminando por lo que era ya un pedazo de r\u00edo, echando a la calle sus gallinas para que se fueran a esconder a alg\u00fan lugar donde no les llegara la corriente.<\/p>\n<p>Y por el otro lado, por donde est\u00e1 el recodo, el r\u00edo se deb\u00eda de haber llevado, qui\u00e9n sabe desde cu\u00e1ndo, el tamarindo que estaba en el solar de mi t\u00eda Jacinta, porque ahora ya no se ve ning\u00fan tamarindo. Era el \u00fanico que hab\u00eda en el pueblo, y por eso nom\u00e1s la gente se da cuenta de que la creciente esta que vemos es la m\u00e1s grande de todas las que ha bajado el r\u00edo en muchos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Mi hermana y yo volvimos a ir por la tarde a mirar aquel amontonadero de agua que cada vez se hace m\u00e1s espesa y oscura y que pasa ya muy por encima de donde debe estar el puente. All\u00ed nos estuvimos horas y horas sin cansarnos viendo la cosa aquella. Despu\u00e9s nos subimos por la barranca, porque quer\u00eda\u00admos o\u00edr bien lo que dec\u00eda la gente, pues abajo, junto al r\u00edo, hay un gran ruidazal y s\u00f3lo se ven las bocas de muchos que se abren y se cierran y como que quieren decir algo; pero no se oye nada. Por eso nos subimos por la barranca, donde tambi\u00e9n hay gente mirando el r\u00edo y contando los perjuicios que ha hecho. All\u00ed fue donde supimos que el r\u00edo se hab\u00eda llevado a la Serpentina, la vaca esa que era de mi hermana Tacha porque mi pap\u00e1 se la regal\u00f3 para el d\u00eda de su cumplea\u00f1os y que ten\u00eda una oreja blanca y otra colorada y muy bonitos ojos.<\/p>\n<p>No acabo de saber por qu\u00e9 se le ocurrir\u00eda a la Serpentina pa\u00adsar el r\u00edo este, cuando sab\u00eda que no era el mismo r\u00edo que ella conoc\u00eda de a diario. La Serpentina nunca fue tan atarantada. Lo m\u00e1s seguro es que ha de haber venido dormida para dejarse matar as\u00ed nom\u00e1s por nom\u00e1s. A m\u00ed muchas veces me toc\u00f3 des\u00adpertarla cuando le abr\u00eda la puerta del corral, porque si no, de su cuenta, all\u00ed se hubiera estado el d\u00eda entero con los ojos cerra\u00addos, bien quieta y suspirando, como se oye suspirar a las vacas cuando duermen.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed ha de haber sucedido eso de que se durmi\u00f3. Tal vez se le ocurri\u00f3 despertar al sentir que el agua pesada le golpeaba las costillas. Tal vez entonces se asust\u00f3 y trat\u00f3 de regresar; pero al volverse se encontr\u00f3 entreverada y acalambrada entre aquella agua negra y dura como tierra corrediza. Tal vez bram\u00f3 pidien\u00addo que le ayudaran. Bram\u00f3 como s\u00f3lo Dios sabe c\u00f3mo.<\/p>\n<p>Yo le pregunt\u00e9 a un se\u00f1or que vio cuando la arrastraba el r\u00edo si no hab\u00eda visto tambi\u00e9n al becerrito que andaba con ella. Pero el hombre dijo que no sab\u00eda si lo hab\u00eda visto. S\u00f3lo dijo que la vaca manchada pas\u00f3 patas arriba muy cerquita de donde \u00e9l es\u00adtaba y que all\u00ed dio una voltereta y luego no volvi\u00f3 a ver ni los cuernos ni las patas ni ninguna se\u00f1al de vaca. Por el r\u00edo roda\u00adban muchos troncos de \u00e1rboles con todo y ra\u00edces y \u00e9l estaba muy ocupado en sacar le\u00f1a, de modo que no pod\u00eda fijarse si eran animales o troncos los que arrastraba.<\/p>\n<p>Nom\u00e1s por eso, no sabemos si el becerro est\u00e1 vivo, o si se fue detr\u00e1s de su madre r\u00edo abajo. Si as\u00ed fue, que Dios los ampare a los dos.<\/p>\n<p>La apuraci\u00f3n que tienen en mi casa es lo que pueda suceder el d\u00eda de ma\u00f1ana, ahora que mi hermana Tacha se qued\u00f3 sin nada. Porque mi pap\u00e1 con muchos trabajos hab\u00eda conseguido a la Serpentina, desde que era una vaquilla, para d\u00e1rsela a mi hermana, con el fin de que ella tuviera un capitalito y no se fuera a ir de piruja como lo hicieron mis otras dos hermanas, las m\u00e1s grandes.<\/p>\n<p>Seg\u00fan mi pap\u00e1, ellas se hab\u00edan echado a perder porque \u00e9ra\u00admos muy pobres en mi casa y ellas eran muy retobadas. Desde chiquillas ya eran rezongonas. Y tan luego que crecieron les dio por andar con hombres de lo peor, que les ense\u00f1aron cosas ma\u00adlas. Ellas aprendieron pronto y entend\u00edan muy bien los chiflidos, cuando las llamaban a altas horas de la noche. Despu\u00e9s sal\u00edan hasta de d\u00eda. Iban cada rato por agua al r\u00edo y a veces, cuando uno menos se lo esperaba, all\u00ed estaban en el corral, revolc\u00e1ndose en el suelo, todas encueradas y cada una con un hombre trepado encima.<\/p>\n<p>Entonces mi pap\u00e1 las corri\u00f3 a las dos. Primero les aguant\u00f3 todo lo que pudo; pero m\u00e1s tarde ya no pudo aguantarlas m\u00e1s y les dio carrera para la calle. Ellas se fueron para Ayutla o no s\u00e9 para d\u00f3nde; pero andan de pirujas.<\/p>\n<p>Por eso le entra la mortificaci\u00f3n a mi pap\u00e1, ahora por la Tacha, que no quiere vaya a resultar como sus otras dos herma\u00adnas, al sentir que se qued\u00f3 muy pobre viendo la falta de su vaca, viendo que ya no va a tener con qu\u00e9 entretenerse mientras le da por crecer y pueda casarse con un hombre bueno, que la pueda querer para siempre. Y eso ahora va a estar dif\u00edcil. Con la vaca era distinto, pues no hubiera faltado quien se hiciera el \u00e1nimo de casarse con ella, s\u00f3lo por llevarse tambi\u00e9n aquella vaca tan bonita.<\/p>\n<p>La \u00fanica esperanza que nos queda es que el becerro est\u00e9 toda\u00adv\u00eda vivo. Ojal\u00e1 no se le haya ocurrido pasar el r\u00edo detr\u00e1s de su madre. Porque si as\u00ed fue, mi hermana Tacha est\u00e1 tantito as\u00ed de retirado de hacerse piruja. Y mam\u00e1 no quiere.<\/p>\n<p>Mi mam\u00e1 no sabe por qu\u00e9 Dios la ha castigado tanto al darle unas hijas de ese modo, cuando en su familia, desde su abuela para ac\u00e1, nunca ha habido gente mala. Todos fueron criados en el temor de Dios y eran muy obedientes y no le comet\u00edan irreve\u00adrencias a nadie. Todos fueron por el estilo. Qui\u00e9n sabe de d\u00f3nde les vendr\u00eda a ese par de hijas suyas aquel mal ejemplo. Ella no se acuerda. Le da vueltas a todos sus recuerdos y no ve claro d\u00f3nde estuvo su mal o el pecado de nacerle una hija tras otra con la misma mala costumbre. No se acuerda. Y cada vez que piensa en ellas, llora y dice: &#8220;Que Dios las ampare a las dos.&#8221;<\/p>\n<p>Pero mi pap\u00e1 alega que aquello ya no tiene remedio. La pe\u00adligrosa es la que queda aqu\u00ed, la Tacha, que va como palo de ocote crece y crece y que ya tiene unos comienzos de senos que prometen ser como los de sus hermanas: puntiagudos y altos y medio alborotados para llamar la atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>-S\u00ed -dice-, le llenar\u00e1 los ojos a cualquiera dondequiera que la vean. Y acabar\u00e1 mal; como que estoy viendo que aca\u00adbar\u00e1 mal.<\/p>\n<p>\u00c9sa es la mortificaci\u00f3n de mi pap\u00e1.<\/p>\n<p>Y Tacha llora al sentir que su vaca no volver\u00e1 porque se la ha matado el r\u00edo. Est\u00e1 aqu\u00ed, a mi lado, con su vestido color de rosa, mirando el r\u00edo desde la barranca y sin dejar de llorar. Por su cara corren chorretes de agua sucia como si el r\u00edo se hubiera metido dentro de ella.<\/p>\n<p>Yo la abrazo tratando de consolarla, pero ella no entiende. Llora con m\u00e1s ganas. De su boca sale un ruido semejante al que se arrastra por las orillas del r\u00edo, que la hace temblar y sacu\u00addirse todita, y, mientras, la creciente sigue subiendo. El sabor a podrido que viene de all\u00e1 salpica la cara mojada de Tacha y los dos pechitos de ella se mueven de arriba abajo, sin parar, como si de repente comenzaran a hincharse para empezar a tra\u00adbajar por su perdici\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No oyes ladrar los perros Juan Rulfo &#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211; A MANERA DE PRESENTACI\u00d3N Ahi tienes que hab\u00eda una vez un muchacho m\u00e1s loco, que toda la vida se la hab\u00eda pasado sue\u00f1e y sue\u00f1e. Y sus sue\u00f1os eran, como todos los sue\u00f1os, puras cosas imaginarias. Primero so\u00f1\u00f3 en que se encontraba de pronto con la bolsa llena de dinero y que<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[189],"tags":[],"class_list":["post-345","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/345","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=345"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/345\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=345"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=345"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=345"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}