{"id":3392,"date":"2009-01-27T20:54:39","date_gmt":"2009-01-27T20:54:39","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3392"},"modified":"2009-01-27T20:54:39","modified_gmt":"2009-01-27T20:54:39","slug":"hechos-de-pedro-y-los-doce-ap\u00d3stoles-","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3392","title":{"rendered":"HECHOS DE PEDRO Y LOS DOCE AP\u00d3STOLES"},"content":{"rendered":"<p>HECHOS DE PEDRO Y LOS DOCE AP\u00d3STOLES<br \/>\nIntroducci\u00f3n<\/p>\n<p>1 [&#8230;] nos hicimos a la mar. Nos sent\u00edamos unidos en nuestros corazones. Est\u00e1bamos todos dispuestos a ejecutar el ministerio que el Se\u00f1or nos hab\u00eda encargado, y llegamos a un acuerdo entre nosotros. Bajamos al mar en un momento oportuno, dispuesto por el Se\u00f1or. Encontramos un nav\u00edo fondeado en la costa preparado para partir, y hablamos con los marineros si podr\u00edamos embarcarnos con ellos. Mostraron con nosotros una gran amabilidad, seg\u00fan lo dispuesto por el Se\u00f1or. Y ocurri\u00f3 que cuando partimos, navegamos un d\u00eda y una noche. Luego sopl\u00f3 sobre la nave un viento contrario que nos arrastr\u00f3 hacia una peque\u00f1a ciudad (en una isla) situada en medio del mar. Yo, Pedro, pregunt\u00e9 el nombre de la ciudad a algunas personas del lugar que se hallaban en el muelle. <\/p>\n<p>2 Nos respondi\u00f3 [un hombre] de aquellos [y nos dijo el nombre] de la ciudad que era [\u00abInhabitaci\u00f3n\u00bb], es decir, \u00abFundamento\u00bb [&#8230;] paciencia. Su alcalde se hallaba [en el muelle, portando] una palma (en la mano). Y ocurri\u00f3 que cuando desembarcamos en tierra [con] el equipaje, entr\u00e9 en la ciudad buscando [consejo?] sobre un alojamiento. <\/p>\n<p>Primer encuentro con Litargoel<\/p>\n<p>Sali\u00f3 un hombre que llevaba una vestidura ce\u00f1ida sobre sus lomos y un cintur\u00f3n dorado que la ajustaba. (Llevaba) un blanco sudario recogido alrededor del pecho, que le llegaba hasta los hombros y que cubr\u00eda su cabeza y sus manos. Yo contemplaba a ese hombre porque era hermoso en su forma y figura. Cuatro zonas de su cuerpo miraba: las plantas de sus pies, una parte de su pecho, las palmas de sus manos y su rostro. Esto es lo que pude ver. Hab\u00eda en su mano izquierda una caja de las que suelen emplearse para libros y un bast\u00f3n de estoraque en su derecha. Su voz resonaba pausadamente mientras gritaba en el ciudad: \u00abPerlas, perlas\u00bb. Yo pens\u00e9 que era un habitante de aquella villa. Le habl\u00e9 as\u00ed: \u0097Hermano m\u00edo y compa\u00f1ero. <\/p>\n<p>3 Me respondi\u00f3:\u00a0 \u0097[Bie]n has dicho \u00ab[hermano] m\u00edo [y c]ompa\u00f1ero\u00bb. \u00bfQu\u00e9 [deseas] de m\u00ed?. <\/p>\n<p>Le respond\u00ed: \u0097[Busco] un alojamiento para m\u00ed [y] para mis hermanos, ya que somos forasteros. <\/p>\n<p>A\u00f1adi\u00f3: \u0097Por eso tambi\u00e9n yo me he apresurado a decir\u00a0 \u00abhermano m\u00edo y compa\u00f1ero\u00bb, porque soy un extranjero como t\u00fa. <\/p>\n<p>Cuando hubo dicho estas palabras, grit\u00f3: \u0097Perlas, perlas. <\/p>\n<p>Oyeron su voz los ricos de aquella ciudad. (Unos) salieron de sus habitaciones m\u00e1s ocultas; otros, por el contrario, lo contemplaron desde las habitaciones de sus casas; y otros miraban desde las ventanas superiores. Pero vieron que no (pod\u00edan conseguir) nada de \u00e9l, porque no llevaba alforja ninguna sobre sus espaldas, ni envoltorio ninguno entre su vestidura o sudario. A causa de su desprecio ni siquiera le preguntaron, y \u00e9l, por su parte, no se revel\u00f3 a ellos. Los ricos se volvieron a sus aposentos mientras dec\u00edan: \u00ab\u00c9ste se burla de nosotros\u00bb. <\/p>\n<p>4 Los pobres [de la ciudad] escucharon [su voz, y salieron hacia] el hombre que [vend\u00eda las perlas. Le dijeron]: \u0097Por favor, [mu\u00e9stranos una] perla, para que al menos [podamos verla] con nuestros ojos, ya que somos [pobres], y no tenemos el dinero de su precio para entreg\u00e1rtelo. [Ens\u00e9\u00f1anosla], sin embargo, para que podamos decir a nuestros camaradas que [hemos visto] una perla con nuestros propios ojos. <\/p>\n<p>Les respondi\u00f3 as\u00ed: \u0097Si os es posible, venid a mi ciudad. No s\u00f3lo la mostrar\u00e9 ante vuestros ojos, sino que os la dar\u00e9 de balde. <\/p>\n<p>Los pobres de aquella ciudad escucharon sus palabras y replicaron: \u0097Puesto que somos mendigos, sabemos que nadie acostumbra a regalar una perla a los mendigos, quienes suelen recibir alimentos y calderilla. Ahora bien, lo que deseamos obtener de tu bondad es que nos muestres la perla ante nuestros ojos. As\u00ed podremos decir con orgullo a nuestros camaradas: \u00abHemos visto una perla con nuestros ojos\u00bb, ya que (tal cosa) no sucede entre los pobres, especialmente mendigos (como nosotros). <\/p>\n<p>Viaje de Pedro y sus compa\u00f1eros a la ciudad de Litargoel<\/p>\n<p>Les respondi\u00f3 as\u00ed:\u00a0 \u0097Si os es posible, venid a mi ciudad. No s\u00f3lo os ense\u00f1ar\u00e9 la perla, sino que os la dar\u00e9 de balde. <\/p>\n<p>Los pobres y los mendigos se alegraron a causa de 5 el [dadivoso] mercader. [Los hombres] (de la ciudad) [preguntaron a Pedro] sobre las penalidades [del camino]. Pe[dr]o respondi\u00f3 [cont\u00e1ndoles] lo que hab\u00edan o\u00eddo de [las dificultades] del camino, puesto que [experimentar\u00e1n?] (esas) penalidades en su ministerio. (Luego) dijo (Pedro) al hombre que vend\u00eda la perla: \u0097Deseo conocer tu nombre y las penalidades del camino hasta tu ciudad, porque somos forasteros y siervos de Dios, y nos es necesario extender la palabra de Dios en toda ciudad pac\u00edficamente. <\/p>\n<p>Respondi\u00f3 as\u00ed (el vendedor de perlas): \u0097Si preguntas por mi nombre, es Litargoel, que significa \u00abpiedra liviana (que brilla como los ojos de) una gacela\u00bb. Y la v\u00eda hacia la ciudad sobre la que me has preguntado, te la mostrar\u00e9 (tambi\u00e9n). Cualquier hombre no puede ir por ese camino, salvo el que haya renunciado a todo lo que posee, y ayune diariamente de estaci\u00f3n en estaci\u00f3n. Porque son numerosos los ladrones y las fieras salvajes en esa v\u00eda. Al que lleva pan consigo para el camino, perros negros lo devoran a causa de ese pan. El que lleva un vestido precioso de este mundo lo matan los ladrones 6 [a causa del] vestido. [Al que lleva] agua [lo destrozan] los lobos [por el agua], ya que tienen sed. [Al que] se preocupa de la [carne] y las verduras, lo desgarran loe leo[nes] a causa de la carne. [Si] escapa de los leones, lo cornean los toros a causa de las verduras. <\/p>\n<p>Cuando termin\u00f3 de decirme [estas] cosas, suspir\u00e9 en mi interior diciendo: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 grandes son las penalidades del camino! \u00a1Ojal\u00e1 nos diera Jes\u00fas fuerza para caminar por \u00e9l!\u00bb. <\/p>\n<p>Me mir\u00f3 mientras suspiraba y se entristec\u00eda mi rostro. Me dijo: \u0097\u00bfPor qu\u00e9 suspiras si conoces ese nombre, \u00abJes\u00fas\u00bb, y crees en \u00e9l? \u00c9l es el Gran Poder y lo concede. Porque yo tambi\u00e9n creo en el Padre que lo envi\u00f3. <\/p>\n<p>Volv\u00ed a preguntarle: \u0097\u00bfCu\u00e1l es el nombre del lugar al que te vas, tu ciudad? <\/p>\n<p>Me respondi\u00f3: \u0097El nombre de mi ciudad es \u00abNueve Puertas\u00bb. Alabemos a Dios mientras nos ejercitamos pensando que la d\u00e9cima es la cabeza. <\/p>\n<p>Dspu\u00e9s de esto me apart\u00e9 de \u00e9l en paz para llamar a mis compa\u00f1eros. (Entonces) vi unas olas, y grandes y elevados muros que rodeaban los l\u00edmites de la ciudad. Me admir\u00e9 de las grandezas que vi. Y observ\u00e9 a un anciano que estaba sentado. Le pregunt\u00e9 el nombre de la ciudad, si en verdad (su nombre) era 7 \u00abInhabi[taci\u00f3n\u00bb] [&#8230;]. Me dijo: \u0097[Has dicho] verdad, pues [habitamos] aqu\u00ed, porque soportamos con paciencia. <\/p>\n<p>[Respond\u00ed] as\u00ed: \u0097Justamente [&#8230;] los hombres la han llamado [&#8230;] porque las ciudades son habitadas por quienes soportan con paciencia sus tentaciones. Un reino noble saldr\u00e1 de ellas, pues resisten en medio de las olas y de las angustias de las tormentas. De modo que la ciudad de aquellos que soportan el peso del yugo de la fe ser\u00e1 habitada. Y \u00e9l, (cada uno de sus habitantes), ser\u00e1 computado en el reino de los cielos. <\/p>\n<p>Transici\u00f3n a la segunda narraci\u00f3n<\/p>\n<p>Me march\u00e9 apresuradamente y llam\u00e9 a mis compa\u00f1eros para entrar en la ciudad de la que nos hab\u00eda hablado Litargoel. Ligados por la fe, abandonamos todas las cosas como \u00e9l nos hab\u00eda dicho. Nos libramos de los ladrones, puesto que no encontraron sus vestiduras sobre nosotros. Nos escapamos de los lobos, porque no hallaron en nosotros el agua de la que estaban sedientos. Nos libramos de los leones, porque no encontraron en nosotros el deseo de carne. 8 [Nos escapamos de los perros] y de [los toros, porque no encontraron ni pan] ni verduras. [Sentimos una] gran alegr\u00eda, [con] (ausencia) de preocupaciones en la paz de nuestro Se\u00f1or. Tomamos un poco de descanso ante la puerta y comentamos entre nosotros cosas que no supon\u00edan distracci\u00f3n en este mundo, sino una pr\u00e1ctica continuada de la fe. <\/p>\n<p>Segundo encuentro con Litargoel<\/p>\n<p>Mientras habl\u00e1bamos de los ladrones del camino, de quienes hab\u00edamos escapado, he aqu\u00ed que sali\u00f3 Litargoel. Se hab\u00eda transformado ante nosotros y hab\u00eda tomado la apariencia de un m\u00e9dico. Llevaba bajo su brazo un ung\u00fcento de nardo medicinal, y un disc\u00edpulo le segu\u00eda portando una cajita llena de medicinas. Nosotros no lo reconocimos. Pedro respondi\u00f3 y le dijo: \u0097Nos gustar\u00eda que nos hicieras un favor, ya que somos extranjeros. Cond\u00facenos a la casa de Litargoel antes de que se haga tarde. <\/p>\n<p>Nos respondi\u00f3: \u0097Os la mostrar\u00e9 con rectitud de coraz\u00f3n. Pero me admira que conozc\u00e1is a ese hombre bueno, pues no se revela a cualquiera, ya que es el hijo de un gran rey. Descansad un poco mientras voy, curo a ese hombre y vengo (de nuevo). <\/p>\n<p>Se dio prisa y volvi\u00f3 9 r\u00e1pidamente. (El hombre) dijo a Pedro: \u0097Pedro. <\/p>\n<p>\u00c9ste se atemoriz\u00f3 (pregunt\u00e1ndose) c\u00f3mo hab\u00eda llegado a saber que su nombre era Pedro. Pedro respondi\u00f3 al Salvador: \u0097\u00bfDe d\u00f3nde me conoces, puesto que has pronunciado mi nombre? <\/p>\n<p>Respondi\u00f3 Litargoel: \u0097Deseo preguntarte qui\u00e9n te ha dado el nombre de Pedro. <\/p>\n<p>D\u00edjole \u00e9l: \u0097Jes\u00fas, el Cristo, el hijo del Dios viviente, \u00c9l me dio este nombre. <\/p>\n<p>Respondi\u00f3 (Litargoel) con estas palabras: \u0097Yo soy (ese). Recon\u00f3ceme, Pedro. <\/p>\n<p>Desanud\u00f3 el vestido que le cubr\u00eda, con el que se hab\u00eda disfrazado ante nosotros, y se nos revel\u00f3 en verdad como era \u00e9l. Nos postramos en tierra y lo adoramos nosotros, los once ap\u00f3stoles. Extendi\u00f3 su mano, nos hizo levantar (y) hablamos con \u00e9l humildemente. Mientras nuestras cabezas estaban inclinadas hacia el suelo con respeto, le dijimos: \u0097\u00bfQu\u00e9 quieres que hagamos? Mas ot\u00f3rganos la fuerza para que cumplamos tu voluntad en todo momento. <\/p>\n<p>\u00c9l (Jes\u00fas) les entreg\u00f3 el ung\u00fcento de nardo curativo y la cajita que estaba en las manos del dic\u00edpulo, y les imparti\u00f3 la orden 10 siguiente: \u0097Volved a la ciudad de la que hab\u00e9is salido que es llamada \u00abInhabitaci\u00f3n\u00bb. Continuad ense\u00f1ando pacientemente a los que han cre\u00eddo en mi nombre, puesto que yo he tenido paciencia en los sufrimientos de la fe. Yo os otorgar\u00e9 vuestra recompensa. Dad a los pobres de la ciudad lo que necesiten para que vivan de ello, hasta que yo les d\u00e9 lo que es superior, lo que os dije que os iba a dar de balde. <\/p>\n<p>Pedro respondi\u00f3 con estas palabras: \u0097Se\u00f1or, T\u00fa nos has ense\u00f1ado a renunciar al mundo y a lo que en \u00e9l hay. Hemos dejado todo por ti. Nos preocupamos (ahora solamente) del alimento de cada d\u00eda. \u00bfD\u00f3nde podremos encontrar las cosas necesarias que nos pides entregar a los pobres? <\/p>\n<p>El Se\u00f1or respondi\u00f3 con estas palabras: \u0097\u00a1Oh Pedro!, era necesario que comprendieras la par\u00e1bola que te he contado. \u00bfNo sabes t\u00fa que mi nombre, que t\u00fa ense\u00f1as, es m\u00e1s valioso que cualquier riqueza y que la sabidur\u00eda de Dios es superior al oro, la plata y las piedras preciosas? <\/p>\n<p>La misi\u00f3n universal<\/p>\n<p>Les entreg\u00f3 (la cajita con) los remedios medicinales y les dijo (de nuevo): \u0097Curad a todos los enfermos de la ciudad que han cre\u00eddo 11 [en] mi nombre. <\/p>\n<p>Pedro tuvo miedo de responderle por segunda vez. Se dirigi\u00f3 al que estaba a su lado, que era Juan, (y le dijo): \u0097Habla t\u00fa esta vez. <\/p>\n<p>Juan respondi\u00f3 con estas palabras: \u0097Se\u00f1or: tenemos miedo de pronunciar ante ti multitud de palabras. Pero eres t\u00fa el que nos exige que practiquemos esta t\u00e9cnica, aunque nadie nos ha instruido para ser m\u00e9dicos. \u00bfC\u00f3mo, pues, sabremos curar los cuerpos, como t\u00fa nos has ordenado? <\/p>\n<p>Le respondi\u00f3 (Jes\u00fas): \u0097Has hablado bien, Juan, pues yo s\u00e9 que los m\u00e9dicos de este mundo acostumbran a curar (las enfermedades) que pertenecen al mundo. (Pero) los m\u00e9dicos del alma sanan los corazones. Curad, pues, los cuerpos primero, de modo que gracias a la potencia curativa que hay en vosotros para curaci\u00f3n de los cuerpos sin medicinas de este mundo puedan creer que os es posible tambi\u00e9n sanar las enfermedades del coraz\u00f3n. Con los ricos de la ciudad, (sin embargo,) esos que no consideran digno saber de m\u00ed, sino que se regocijan en su riqueza y en su orgullo, con \u00e9sos, pues, 12 no com\u00e1is en [sus] casas, ni os amigu\u00e9is con ellos, no sea que os hagan part\u00edcipes de su parcialidad. Pues muchos toman partido por los ricos en las iglesias, porque son pecadores (tambi\u00e9n) y proporcionan la ocasi\u00f3n a otros hombres de hacer (lo mismo). Mas vosotros juzgadlos con sabidur\u00eda, de modo que vuestro ministerio sea glorificado, y para que Yo y mi nombre sean glorificados tambi\u00e9n en las iglesias. <\/p>\n<p>Los disc\u00edpulos respondieron as\u00ed: \u0097S\u00ed. En verdad esto es lo que conviene hacer. <\/p>\n<p>Se postraron en tiera y lo adoraron. (Pero) \u00e9l los hizo levantar y se apart\u00f3 de ellos en paz. Am\u00e9n. <\/p>\n<p>Hechos de Pedro y los Doce Ap\u00f3stoles.<br \/>\n\u00a0 <\/p>\n<p>Fuente: Textos Gn\u00f3sticos &#8211; Biblioteca Nag Hammadi II, por Antonio Pi\u00f1ero. Editorial Trotta www.trotta.es<\/p>\n<p> Nota: la numeraci\u00f3n corresponde a las p\u00e1ginas del manuscrito<br \/>\n\u00a0 <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HECHOS DE PEDRO Y LOS DOCE AP\u00d3STOLES Introducci\u00f3n 1 [&#8230;] nos hicimos a la mar. Nos sent\u00edamos unidos en nuestros corazones. Est\u00e1bamos todos dispuestos a ejecutar el ministerio que el Se\u00f1or nos hab\u00eda encargado, y llegamos a un acuerdo entre nosotros. Bajamos al mar en un momento oportuno, dispuesto por el Se\u00f1or. 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