{"id":3363,"date":"2009-01-26T20:01:07","date_gmt":"2009-01-26T20:01:07","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3363"},"modified":"2009-01-26T20:01:07","modified_gmt":"2009-01-26T20:01:07","slug":"el-evangelio-de-nicodemo-","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3363","title":{"rendered":"EL EVANGELIO DE NICODEMO"},"content":{"rendered":"<p>EL EVANGELIO DE NICODEMO<br \/>\nHechos de Pilatos (Acta Pilati) <\/p>\n<p>Acusado por los pr\u00edncipes de los jud\u00edos, Jes\u00fas comparece ante Pilatos realizado a su entrada en el pretorio<\/p>\n<p>I 1. Yo, Emeo, israelita de naci\u00f3n, doctor de la ley en Palestina, int\u00e9rprete de las Divinas Escrituras, lleno de fe en la grandeza de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, revestido del car\u00e1cter sagrado del santo bautismo, e investigador de las cosas que acaecieron, y que hicieron los jud\u00edos, bajo la gobernaci\u00f3n de Cneo Poncio Pilatos, trayendo a la memoria el relato de esos hechos, escrito por Nicodemo en lengua hebrea, lo traduje en lengua griega, para darlo a conocer a todos los que adoran el nombre del Salvador del mundo.<br \/>\n2. Y lo he hecho bajo el imperio de Flavio Teodosio, en el a\u00f1o decimoctavo de su reinado y bajo Valentiniano.<br \/>\n3. Y os suplico a cuantos le\u00e1is tales cosas, en libros griegos o latinos, que or\u00e9is por m\u00ed, pobre pecador, a fin de que Dios me sea favorable y que me perdone todas las culpas que haya cometido. Con lo cual, y deseando paz a los lectores, y salud a los que entiendan, termino mi prefacio.<br \/>\n4. Lo que voy a contar ocurri\u00f3 el a\u00f1o decimoctavo del reinado de Tiberio C\u00e9sar, emperador de los romanos, y de Herodes, hijo de Herodes, monarca de Galilea, el a\u00f1o decimoctavo de su dominaci\u00f3n, el ocho de las calendas de abril, que es el d\u00eda 25 del mes de marzo, bajo el consulado de Rufino y de Rubeli\u00f3n, el a\u00f1o IV de la olimp\u00edada 202, cuando Josefo y Caif\u00e1s eran grandes sacerdotes de los jud\u00edos. Entonces escribi\u00f3 Nicodemo, en lengua hebrea, todo lo sucedido en la pasi\u00f3n y en la crucifixi\u00f3n de Jes\u00fas.<br \/>\n5. Y fue que varios jud\u00edos de calidad, An\u00e1s, Caif\u00e1s, Sommas, Dathan, Gamaliel, Judas, Levi, Nephtalim, Alejandro, Siro y otros pr\u00edncipes visitaron a Pilatos, y acusaron a Jes\u00fas de muchas cosas malas, diciendo: Nosotros lo conocemos por hijo de Jos\u00e9 el carpintero y por nacido de Mar\u00eda. Sin embargo, \u00e9l pretende que es hijo de Dios y rey de todos los hombres, y no s\u00f3lo con palabras, mas con hechos, profana el s\u00e1bado y viola la ley de nuestros padres.<br \/>\n6. Pregunt\u00f3 Pilatos: \u00bfQu\u00e9 es lo que dice, y qu\u00e9 es lo que quiere disolver en vuestro pueblo?<br \/>\n7. Y los jud\u00edos contestaron: La ley, confirmada por nuestras costumbres, manda santificar el s\u00e1bado y proh\u00edbe curar en este d\u00eda. Mas Jes\u00fas, en \u00e9l, cura ciegos, sordos, cojos, paral\u00edticos, leprosos, pose\u00eddos, sin ver que ejecuta malas acciones.<br \/>\n8. Pilatos repuso: \u00bfC\u00f3mo pueden ser malas acciones \u00e9sas?<br \/>\n9. Y ellos replicaron: Mago es, puesto que por Beelzebuh, pr\u00edncipe de los demonios, expulsa los demonios, y por \u00e9l tambi\u00e9n todas las cosas le est\u00e1n sometidas.<br \/>\n10. Dijo Pilatos: No es el esp\u00edritu inmundo quien puede expulsar los demonios, sino la virtud de Dios.<br \/>\n11. Pero uno de los jud\u00edos respondi\u00f3 por todos: Te rogamos hagas venir a Jes\u00fas a tu tribunal, para que lo veas y lo oigas.<br \/>\n12. Y Pilatos llam\u00f3 a un mensajero y le orden\u00f3: Trae a Jes\u00fas a mi presencia y tr\u00e1talo con dulzura.<br \/>\n13. Y el mensajero sali\u00f3, y habiendo visto a Jes\u00fas, a quien muy bien conoc\u00eda, tendi\u00f3 su manto ante \u00e9l y se arroj\u00f3 a sus pies, dici\u00e9ndole: Se\u00f1or, camina sobre este manto de tu siervo, porque el gobernador te llama.<br \/>\n14. Viendo lo cual, los jud\u00edos, llenos de enojo, se dirigieron en son de queja a Pilatos, y le dijeron: Debieras haberlo mandado traer a tu presencia no por un mensajero, sino por la voz de tu heraldo. Porque el mensajero, al verlo, lo ador\u00f3, y extendi\u00f3 ante Jes\u00fas su manto, rog\u00e1ndole que caminase sobre \u00e9l.<br \/>\n15. Y Pilatos llam\u00f3 al mensajero y le pregunt\u00f3: \u00bfPor qu\u00e9 obraste as\u00ed?<br \/>\n16. El mensajero, respondiendo, dijo: Cuando me enviaste a Jerusal\u00e9n cerca de Alejandro, vi a Jes\u00fas caballero sobre un asno y a los ni\u00f1os de los hebreos que, con ramas de \u00e1rbol en sus manos, gritaban: Salve, hijo de David. Y otros, extendiendo sus vestidos por el camino, dec\u00edan: Salud al que est\u00e1 en los cielos. Bendito el que viene en nombre del Se\u00f1or.<br \/>\n17. Mas los, jud\u00edos respondieron al mensajero, exclamando: Aquellos ni\u00f1os de los hebreos se expresaban en hebreo. \u00bfC\u00f3mo t\u00fa, que eres griego, comprendiste palabras pronunciadas en una lengua que no es la tuya?<br \/>\n18. Y el mensajero contest\u00f3: Interrogu\u00e9 a uno de los jud\u00edos sobre lo que quer\u00eda decir lo que pronunciaban en hebreo y \u00e9l me lo explic\u00f3.<br \/>\n19. Entonces Pilatos intervino, preguntando: \u00bfCu\u00e1l era la exclamaci\u00f3n que pronunciaban en hebreo? Y los jud\u00edos respondieron: Hosanna. Y Pilatos repuso: \u00bfCuya es la significaci\u00f3n de ese t\u00e9rmino? Y los jud\u00edos replicaron: \u00a1Se\u00f1or, salud! Y Pilatos dijo: Vosotros mismos confirm\u00e1is que los ni\u00f1os se expresaban de ese modo. \u00bfEn qu\u00e9, pues, es culpable el mensajero?<br \/>\n20. Y los jud\u00edos se callaron. Mas el gobernador dijo al mensajero: Sal, e introd\u00facelo.<br \/>\n21. Y el mensajero fue hacia Jes\u00fas, y le dijo: Se\u00f1or, entra, porque el gobernador te llama.<br \/>\n22. Y, al entrar Jes\u00fas en el Pretorio, las im\u00e1genes que los abanderados llevaban por encima de sus estandartes se inclinaron por s\u00ed mismas y adoraron a aqu\u00e9l. Y los jud\u00edos, viendo que las im\u00e1genes se hab\u00edan inclinado por s\u00ed mismas, para adorar a Jes\u00fas, elevaron gran clamoreo contra los abanderados.<br \/>\n23. Entonces Pilatos dijo a los jud\u00edos: Noto que no rend\u00eds homenaje a Jes\u00fas, a pesar de que ante \u00e9l se han inclinado las im\u00e1genes para saludarlo, y, en cambio, despotric\u00e1is contra los abanderados, como si ellos mismos hubiesen inclinado sus pendones y adorado a Jes\u00fas. Y los jud\u00edos repusieron: Los hemos visto proceder tal como t\u00fa indicas.<br \/>\n24. Y el gobernador hizo que se aproximasen los abanderados y les pregunt\u00f3 por qu\u00e9 hab\u00edan hecho aquello. Mas los abanderados respondieron a Pilatos: Somos paganos y esclavos de los templos. \u00bfConcibes siquiera que hubi\u00e9ramos podido adorar a ese jud\u00edo? Las banderas que empu\u00f1\u00e1bamos se han inclinado por s\u00ed mismas, para adorarlo.<br \/>\n25. En vista de esta contestaci\u00f3n, Pilatos dijo a los jefes de la Sinagoga y a los ancianos del pueblo: Elegid por vuestra cuenta hombres fuertes y robustos, que empu\u00f1en las banderas, y veremos si ellas se inclinan por s\u00ed mismas.<br \/>\n26. Y los ancianos de los jud\u00edos escogieron doce varones muy fornidos de su raza, en cuyas manos pusieron las banderas, y los formaron en presencia del gobernador. Y Pilatos dijo al mensajero: Conduce a Jes\u00fas fuera del Pretorio, e introd\u00facelo en seguida. Y Jes\u00fas sali\u00f3 del Pretorio con el mensajero.<br \/>\n27. Y Pilatos, dirigi\u00e9ndose a los que empu\u00f1aban las banderas, los conmin\u00f3, haciendo juramento por la salud del C\u00e9sar: Si las banderas se inclinan cuando \u00e9l entre, os har\u00e9 cortar la cabeza.<br \/>\n28. Y el gobernador orden\u00f3 que entrase Jes\u00fas por segunda vez. Y el mensajero rog\u00f3 de nuevo a Jes\u00fas que entrase, pasando sobre el manto que hab\u00eda extendido en tierra. Y Jes\u00fas lo hizo y, cuando entr\u00f3, las banderas se inclinaron y lo adoraron. <\/p>\n<p>Testimonios adversos y favorables a Jes\u00fas<\/p>\n<p>II\u00a0 1. Viendo esto, Pilatos qued\u00f3 sobrecogido de espanto y comenz\u00f3 a agitarse en su asiento. Y, cuando pensaba en levantarse, su mujer, llamada Claudia Pr\u00f3cula, le envi\u00f3 un propio para decirle: No hagas nada contra ese justo, porque he sufrido mucho en sue\u00f1os esta noche a causa de \u00e9l.<br \/>\n2. Pilatos, que tal oy\u00f3, dijo a todos los jud\u00edos: Bien sab\u00e9is que mi esposa es pagana y que, sin embargo, ha hecho construir para vosotros numerosas sinagogas. Pues bien: acaba de mandarme a decir que Jes\u00fas es un hombre justo y que ha sufrido mucho en sue\u00f1os esta noche a causa de \u00e9l.<br \/>\n3. Mas los jud\u00edos respondieron a Pilatos: \u00bfNo te hab\u00edamos dicho que era un encantador? He aqu\u00ed que ha enviado a tu esposa un sue\u00f1o.<br \/>\n4. Y Pilatos, llamando a Jes\u00fas, le pregunt\u00f3: \u00bfNo oyes lo que \u00e9stos dicen contra ti? \u00bfNada contestas?<br \/>\n5. Jes\u00fas repuso: Si no tuviesen la facultad de hablar, no hablar\u00edan. Empero, cada uno puede a su grado abrir la boca y decir cosas buenas o malas.<br \/>\n6. Los ancianos de los jud\u00edos replicaron a Jes\u00fas: \u00bfQu\u00e9 es lo que decimos? Primero, que has nacido de la fornicaci\u00f3n; segundo, que el lugar de tu nacimiento fue Bethlehem y que, por causa tuya, fueron degollados todos los ni\u00f1os de tu edad; y tercero, que tu padre y tu madre huyeron contigo a Egipto, porque no ten\u00edan confianza en el pueblo.<br \/>\n7. Pero algunos jud\u00edos que all\u00ed se encontraban, y que eran menos perversos que los otros, dec\u00edan: No afirmaremos que procede de la fornicaci\u00f3n, porque sabemos que Mar\u00eda se cas\u00f3 con Jos\u00e9 y que, por ende, Jes\u00fas no es hijo ileg\u00edtimo.<br \/>\n8. Y Pilatos dijo a los jud\u00edos que manten\u00edan ser Jes\u00fas producto de fornicaci\u00f3n: Vuestro discurso es mentiroso, puesto que hubo casamiento, seg\u00fan lo atestiguan personas de vuestra clase.<br \/>\n9. Empero An\u00e1s y Caif\u00e1s insistieron ante Pilatos, diciendo: Toda la multitud grita que ha nacido de la fornicaci\u00f3n y que es un hechicero. Y esos que deponen en contra son sus pros\u00e9litos y sus disc\u00edpulos.<br \/>\n10. Pregunt\u00f3 Pilatos: \u00bfQu\u00e9 es eso de pros\u00e9litos? Y ellos respondieron: Son hijos de paganos, que ahora se han hecho jud\u00edos.<br \/>\n11. Mas L\u00e1zaro, Asterio, Antonio, Jacobo, Zaro, Samuel, Isaac, Fineo, Crispo, Agripa, Amenio y Judas dijeron entonces: No somos pros\u00e9litos, sino hijos de jud\u00edos, y decimos la verdad, porque hemos asistido a las bodas de Mar\u00eda.<br \/>\n12. Y Pilatos, dirigi\u00e9ndose a los doce hombres que as\u00ed hab\u00edan hablado, les dijo: Os ordeno, por la salud del C\u00e9sar, que declar\u00e9is si dec\u00eds la verdad y si Jes\u00fas no ha nacido de la fornicaci\u00f3n.<br \/>\n13. Y ellos contestaron a Pilatos: Nuestra ley nos proh\u00edbe jurar, porque es un pecado. Ordena a \u00e9sos que juren, por la salud del C\u00e9sar, ser falso lo que nosotros decimos y habremos merecido la muerte.<br \/>\n14. An\u00e1s y Caif\u00e1s dijeron a Pilatos: \u00bfCreer\u00e1s a estos doce hombres, que pretenden que no ha nacido de la fornicaci\u00f3n y no nos creer\u00e1s a nosotros, que aseguramos que es un mago, y que se llama a s\u00ed mismo hijo de Dios y rey de los hombres?<br \/>\n15. Entonces Pilatos orden\u00f3 que saliese todo el pueblo, y que se pusiese aparte a Jes\u00fas y, dirigi\u00e9ndose a los que hab\u00edan aseverado que \u00e9ste no era hijo de la fornicaci\u00f3n, les pregunt\u00f3: \u00bfPor qu\u00e9 los jud\u00edos quieren hacer perecer a Jes\u00fas? Y ellos le respondieron: Est\u00e1n irritados contra \u00e9l, porque opera curaciones en d\u00eda de s\u00e1bado. Pilatos exclam\u00f3: \u00bfQuieren, pues, hacerlo perecer, por ejecutar una buena obra? Y ellos confirmaron: As\u00ed es, en efecto. <\/p>\n<p>Di\u00e1logo entre Jes\u00fas y Pilatos<\/p>\n<p>III 1. Lleno de c\u00f3lera, Pilatos sali\u00f3 del Pretorio, y dijo a los jud\u00edos: Pongo al sol por testigo de que nada he encontrado de reprensible en ese hombre.<br \/>\n2. Mas los jud\u00edos respondieron al gobernador: Si no fuese un brujo, no te lo hubi\u00e9ramos entregado. Pilatos dijo: Tomadlo y juzgadlo seg\u00fan vuestra ley. Mas los jud\u00edos repusieron: No nos est\u00e1 permitido matar a nadie. Y Pilatos redarguy\u00f3: Es a vosotros, y no a m\u00ed, a quien Dios preceptu\u00f3: No matar\u00e1s.<br \/>\n3. Y, vuelto al Pretorio, Pilatos llam\u00f3 a Jes\u00fas a solas, y lo interrog\u00f3: \u00bfEres t\u00fa el rey de los jud\u00edos? Y Jes\u00fas respondi\u00f3: \u00bfDices esto de ti mismo, o te lo han dicho otros de m\u00ed?<br \/>\n4. Pilatos repuso: \u00bfPor ventura soy jud\u00edo yo? Tu naci\u00f3n y los pr\u00edncipes de los sacerdotes te han entregado a m\u00ed. \u00bfQu\u00e9 has hecho?<br \/>\n5. Contest\u00f3 Jes\u00fas: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuese de este mundo, mis servidores habr\u00edan peleado para que yo no fuera entregado a los jud\u00edos. Pero mi reino no es de aqu\u00ed.<br \/>\n6. Pilatos exclam\u00f3: \u00bfLuego rey eres t\u00fa? Replic\u00f3 Jes\u00fas: T\u00fa dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que oye mi palabra la verdad escucha.<br \/>\n7. Dijo Pilatos: \u00bfQu\u00e9 es la verdad? Y Jes\u00fas respondi\u00f3: La verdad viene del cielo. Pilatos le pregunt\u00f3: \u00bfNo hay, pues, verdad sobre esta tierra? Y Jes\u00fas dijo: Mira c\u00f3mo los que manifiestan la verdad sobre la tierra son juzgados por los que tienen poder sobre la tierra. <\/p>\n<p>Nuevos cargos de los jud\u00edos contra Jes\u00fas<\/p>\n<p>IV 1. Dejando a Jes\u00fas en el interior del Pretorio, Pilatos sali\u00f3, y se fue hacia los jud\u00edos, a quienes dijo: No encuentro en \u00e9l falta alguna.<br \/>\n2. Mas los jud\u00edos repusieron: \u00c9l ha dicho que pod\u00eda destruir el templo, y reedificarlo en tres d\u00edas.<br \/>\n3. Pilatos les pregunt\u00f3: \u00bfQu\u00e9 es el templo? Y los jud\u00edos contestaron: El que Salom\u00f3n tard\u00f3 cuarenta y seis a\u00f1os en construir, y \u00e9l asegura que, en s\u00f3lo tres d\u00edas, puede aniquilarlo y volver a levantarlo otra vez.<br \/>\n4. Y Pilatos afirm\u00f3 de nuevo: Inocente soy de la sangre de este hombre. Ved lo que os toca hacer con \u00e9l.<br \/>\n5. Y los jud\u00edos gritaron: \u00a1Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!<br \/>\n6. Entonces Pilatos, llamando a los ancianos, a los sacerdotes y a los levitas, les comunic\u00f3 en secreto: No obr\u00e9is as\u00ed, porque nada hallo digno de muerte en lo que le reproch\u00e1is de haber violado el s\u00e1bado. Mas ellos opusieron: El que ha blasfemado contra el C\u00e9sar es digno de muerte. Y \u00e9l ha hecho m\u00e1s, pues ha blasfemado contra Dios.<br \/>\n7. Ante esta pertinacia en la acusaci\u00f3n, Pilatos mand\u00f3 a los jud\u00edos que saliesen del Pretorio y, llamando a Jes\u00fas, le dijo: \u00bfQu\u00e9 har\u00e9 a tu respecto? Jes\u00fas dijo: Haz lo que debes. Y Pilatos pregunt\u00f3 a los jud\u00edos: \u00bfC\u00f3mo debo obrar? Jes\u00fas respondi\u00f3: Mois\u00e9s y los profetas han predicho esta pasi\u00f3n y mi resurrecci\u00f3n.<br \/>\n8. Al o\u00edr esto, los jud\u00edos dijeron a Pilatos: \u00bfQuieres escuchar m\u00e1s tiempo sus blasfemias? Nuestra ley estatuye que, si un hombre peca contra su pr\u00f3jimo, recibir\u00e1 cuarenta azotes menos uno, y que el blasfemo ser\u00e1 castigado con la muerte.<br \/>\n9. Y Pilatos expuso: Si su discurso es blasfematorio, tomadlo, conducidlo a vuestra Sinagoga, y juzgadlo seg\u00fan vuestra ley. Mas los jud\u00edos dijeron: Queremos que sea crucificado. Pilatos les dijo: Eso no es justo. Y, mirando a la asamblea, vio a varios jud\u00edos que lloraban, y exclam\u00f3: No es voluntad de toda la multitud que muera.<br \/>\n10. Empero, los ancianos dijeron a Pilatos: Para que muera hemos venido aqu\u00ed todos. Y Pilatos pregunt\u00f3 a los jud\u00edos: \u00bfQu\u00e9 ha hecho, para merecer la muerte? Y ellos respondieron: Ha dicho que era rey e hijo de Dios. <\/p>\n<p>Defensa de Jes\u00fas por Nicodemo<\/p>\n<p>V 1. Entonces un jud\u00edo llamado Nicodemo se acerc\u00f3 al gobernador y le dijo: Te ruego me permitas, en tu misericordia, decir algunas palabras. Y Pilatos le dijo: Habla.<br \/>\n2. Y Nicodemo dijo: Yo he preguntado a los ancianos, a los sacerdotes, a los levitas, a los escribas, a toda la multitud de los jud\u00edos, en la Sinagoga: \u00bfQu\u00e9 queja o agravio ten\u00e9is contra este hombre? \u00c9l hace numerosos y extraordinarios milagros, tales como nadie los ha hecho, ni se har\u00e1n jam\u00e1s. Dejadlo, y no le caus\u00e9\u00eds mal alguno, porque si esos milagros vienen de Dios, ser\u00e1n estables y, si vienen de los hombres, perecer\u00e1n. Mois\u00e9s, a quien Dios envi\u00f3 a Egipto, realiz\u00f3 los milagros que el Se\u00f1or le hab\u00eda ordenado hacer, en presencia del Fara\u00f3n. Y hab\u00eda all\u00ed magos, Jamn\u00e9s y Mambr\u00e9s, a quienes los egipcios miraban como dioses, y que quisieron hacer los mismos milagros que Mois\u00e9s, mas no pudieron imitarlos todos. Y, como los milagros que operaron no proven\u00edan de Dios, perecieron, como perecieron tambi\u00e9n los que en ellos hab\u00edan cre\u00eddo. Ahora, pues, dejad, repito, a este hombre, porque no merece la muerte.<br \/>\n3. Mas los jud\u00edos dijeron a Nicodemo: Te has hecho disc\u00edpulo suyo y por ello levantas tu voz en su favor.<br \/>\n4. Nicodemo replic\u00f3: \u00bfEs que el gobernador, que habla tambi\u00e9n en su favor, es disc\u00edpulo suyo? \u00bfEs que el C\u00e9sar no le ha conferido la misi\u00f3n de ser su ejecutor de la justicia?<br \/>\n5. Mas los jud\u00edos, estremecidos de c\u00f3lera, tremaron los dientes contra Nicodemo, a quien dijeron: Crees en \u00e9l, y compartir\u00e1s la misma suerte que \u00e9l.<br \/>\n6. Y Nicodemo repuso: As\u00ed sea. Comparta yo la misma suerte que \u00e9l, seg\u00fan que vosotros lo dec\u00eds. <\/p>\n<p>Nuevos testimonios favorables a Jes\u00fas<\/p>\n<p>VI 1. Y otro de los jud\u00edos avanz\u00f3, pidiendo al gobernador permiso para hablar. Y Pilatos repuso: Lo que quieras decir, dilo.<br \/>\n2. Y el jud\u00edo habl\u00f3 as\u00ed: Hac\u00eda treinta a\u00f1os que yac\u00eda en mi lecho, y era constantemente presa de grandes sufrimientos, y me hallaba en peligro de perder la vida. Jes\u00fas vino, y muchos demon\u00edacos y gentes afligidas de diversas enfermedades fueron curadas por \u00e9l. Y unos j\u00f3venes piadosos me llevaron a presencia suya en mi lecho. Y Jes\u00fas, al yerme, se compadeci\u00f3 de m\u00ed y me dijo: Lev\u00e1ntate, toma tu lecho, y marcha. Y, en el acto, qued\u00e9 completamente curado, tom\u00e9 mi lecho y march\u00e9.<br \/>\n3. Mas los jud\u00edos dijeron a Pilatos: Preg\u00fantale en qu\u00e9 d\u00eda fue curado. Y \u00e9l respondi\u00f3: En d\u00eda de s\u00e1bado. Y los jud\u00edos exclamaron: \u00bfNo dec\u00edamos que en d\u00eda de s\u00e1bado curaba las enfermedades y expulsaba los demonios?<br \/>\n4. Y otro jud\u00edo avanz\u00f3 y dijo: Yo era un ciego de nacimiento, que o\u00eda hablar, pero que a nadie ve\u00eda. Y Jes\u00fas pas\u00f3, y yo me dirig\u00ed a \u00e9l, gritando en alta voz: \u00a1Jes\u00fas, hijo de David, ten piedad de m\u00ed! Y \u00e9l tuvo piedad de m\u00ed, y puso su mano sobre mis ojos, e inmediatamente recobr\u00e9 la vista.<br \/>\n5. Y otro avanz\u00f3 y dijo: Yo era leproso, y \u00e9l me cur\u00f3 con una sola palabra. <\/p>\n<p>Testimonio de la Ver\u00f3nica<\/p>\n<p>VII 1. Y una mujer, llamada Ver\u00f3nica, dijo: Doce a\u00f1os ven\u00eda afligi\u00e9ndome un flujo de sangre y, con s\u00f3lo tocar el borde de su vestido, el flujo se detuvo en el mismo momento.<br \/>\n2. Y los jud\u00edos exclamaron: Seg\u00fan nuestra ley, una mujer no puede venir a deponer como testigo. <\/p>\n<p>Testimonio colectivo de la multitud<\/p>\n<p>VIII 1. Y algunos otros de la multitud de los jud\u00edos, varones y hembras, se pusieron a gritar: \u00a1Ese hombre es un profeta, y los demonios le est\u00e1n sometidos! Entonces Pilatos pregunt\u00f3 a los acusadores de Jes\u00fas: \u00bf Por qu\u00e9 los demonios no est\u00e1n sometidos a vuestros doctores? Y ellos contestaron: No lo sabemos.<br \/>\n2. Y otros dijeron a Pilatos: Ha resucitado a L\u00e1zaro, que llevaba cuatro d\u00edas muerto, y lo ha sacado del sepulcro.<br \/>\n3. Al o\u00edr esto, el gobernador qued\u00f3 aterrado, y dijo a los jud\u00edos: \u00bfDe qu\u00e9 nos servir\u00e1 verter sangre inocente? <\/p>\n<p>Las turbas prefieren la libertad de Barrab\u00e1s a la de Jes\u00fas. Pilatos se lava las manos<\/p>\n<p>IX 1. Y Pilatos, llamando a Nicodemo y a los doce hombres que dec\u00edan que Jes\u00fas no hab\u00eda nacido de la fornicaci\u00f3n, les habl\u00f3 as\u00ed: \u00bfQu\u00e9 debo hacer ante la sedici\u00f3n que ha estallado en el pueblo? Respondieron: Lo ignoramos. V\u00e9anlo ellos mismos.<br \/>\n2. Y Pilatos, convocando de nuevo a la muchedumbre, dijo a los jud\u00edos: Sab\u00e9is que, seg\u00fan costumbre, el d\u00eda de los \u00c1zimos os concedo la gracia de soltar a un preso. Encarcelado tengo a un famoso asesino, que se llama Barrab\u00e1s, y no encuentro en Jes\u00fas nada que merezca la muerte. \u00bfA cu\u00e1l de los dos quer\u00e9is que os suelte? Y todos respondieron a voz en grito: \u00a1Su\u00e9ltanos a Barrab\u00e1s!<br \/>\n3. Pilatos repuso: \u00bfQu\u00e9 har\u00e9, pues, de Jes\u00fas, llamado el Cristo? Y exclamaron todos: \u00a1Sea crucificado!<br \/>\n4. Y los jud\u00edos dijeron tambi\u00e9n: Demostrar\u00e1s no ser amigo del C\u00e9sar si pones en libertad al que se llama a s\u00ed mismo rey e hijo de Dios. Y aun quiz\u00e1 deseas que \u00e9l sea rey en lugar del C\u00e9sar.<br \/>\n5. Entonces Pilatos mont\u00f3 en c\u00f3lera y les dijo: Siempre hab\u00e9is sido una raza sediciosa, y os hab\u00e9is opuesto a los que estaban por vosotros.<br \/>\n6. Y los jud\u00edos preguntaron: \u00bfQui\u00e9nes son los que estaban por nosotros?<br \/>\n7. Y Pilatos respondi\u00f3: Vuestro Dios, que os libr\u00f3 de la dura servidumbre de los egipcios y que os condujo a pie por la mar seca, y que os dio, en el desierto, el man\u00e1 y la carne de las codornices para vuestra alimentaci\u00f3n, y que hizo salir de una roca agua para saciar vuestra sed, y contra el cual, a pesar de tantos favores, no hab\u00e9is cesado de rebelaros, hasta el punto de que \u00c9l quiso haceros perecer. Y Mois\u00e9s rog\u00f3 por vosotros, a fin de que no perecieseis. Y ahora dec\u00eds que yo odio al rey.<br \/>\n8. Mas los jud\u00edos gritaron: Nosotros sabemos que nuestro rey es el C\u00e9sar, y no Jes\u00fas. Porque los magos le ofrecieron presentes como a un rey. Y Herodes, sabedor por los magos de que un rey hab\u00eda nacido, procur\u00f3 matarlo. Enterado de ello Jos\u00e9, su padre, lo tom\u00f3 junto con su madre, y huyeron los tres a Egipto. Y Herodes mand\u00f3 dar muerte a los hijos de los jud\u00edos, que por aquel entonces hab\u00edan nacido en Bethlehem.<br \/>\n9. Al o\u00edr estas palabras, Pilatos se aterroriz\u00f3 y, cuando se restableci\u00f3 la calma entre el pueblo que gritaba, dijo: El que buscaba Herodes \u00bfes el que est\u00e1 aqu\u00ed presente? Y le respondieron: El mismo es.<br \/>\n10. Y Pilatos tom\u00f3 agua y se lav\u00f3 las manos ante el pueblo, diciendo: Inocente soy de la sangre de este justo. Pensad bien lo que vais a hacer. Y los jud\u00edos repitieron: \u00a1Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!<br \/>\n11. Entonces Pilatos orden\u00f3 que se trajese a Jes\u00fas al tribunal en que estaba sentado, y prosigui\u00f3 en estos t\u00e9rminos, al dictar sentencia contra \u00e9l: Tu raza no te quiere por rey. Ordeno, pues, que seas azotado, conforme a los estatutos de los antiguos pr\u00edncipes.<br \/>\n12. Y mand\u00f3 en seguida que se lo crucificase en el lugar en que hab\u00eda sido detenido, con dos malhechores, cuyos nombres eran Dimas y Gestas. <\/p>\n<p>Jes\u00fas en el G\u00f3lgota<\/p>\n<p>X 1. Y Jes\u00fas sali\u00f3 del Pretorio y los dos ladrones con \u00e9l. Y cuando lleg\u00f3 al lugar que se llama G\u00f3lgota, los soldados lo desnudaron de sus vestiduras y le ci\u00f1eron un lienzo, y pusieron sobre su cabeza una corona de espinas y colocaron una ca\u00f1a en sus manos. Y crucificaron igualmente a los dos ladrones a sus lados, Dimas a su derecha y Gestas a su izquierda.<br \/>\n2. Y Jes\u00fas dijo: Padre, perd\u00f3nalos, y d\u00e9jalos libres de castigo, porque no saben lo que hacen. Y ellos repartieron entre s\u00ed sus vestiduras.<br \/>\n3. Y el pueblo estaba presente, y los pr\u00edncipes, los ancianos y los jueces se burlaban de Jes\u00fas, diciendo: Puesto que a otros salv\u00f3, que se salve a s\u00ed mismo. Y si es hijo de Dios, que descienda de la cruz.<br \/>\n4. Y los soldados se mofaban de \u00e9l, y le ofrec\u00edan vinagre mezclado con hiel, exclamando: Si eres el rey de los jud\u00edos, s\u00e1lvate a ti mismo.<br \/>\n5. Y un soldado, llamado Longinos, tomando una lanza, le perfor\u00f3 el costado, del cual sali\u00f3 sangre y agua.<br \/>\n6. Y el gobernador orden\u00f3 que, conforme a la acusaci\u00f3n de los jud\u00edos, se inscribiese sobre un r\u00f3tulo, en letras hebraicas, griegas y latinas: \u00c9ste es el rey de los jud\u00edos.<br \/>\n7. Y uno de los ladrones que estaban crucificados, Gestas, dijo a Jes\u00fas: Si eres el Cristo, l\u00edbrate y lib\u00e9rtanos a nosotros. Mas Dimas lo reprendi\u00f3, dici\u00e9ndole: \u00bfNo temes a Dios t\u00fa, que eres de aquellos sobre los cuales ha reca\u00eddo condena? Nosotros recibimos el castigo justo de lo que hemos cometido, pero \u00e9l no ha hecho ning\u00fan mal. Y, una vez hubo censurado a su compa\u00f1ero, exclam\u00f3, dirigi\u00e9ndose a Jes\u00fas: Acu\u00e9rdate de m\u00ed, se\u00f1or en tu reino. Y Jes\u00fas le respondi\u00f3: En verdad te digo que hoy ser\u00e1s conmigo en el para\u00edso. <\/p>\n<p>Muerte de Jes\u00fas<\/p>\n<p>XI 1. Era entonces como la hora de sexta del d\u00eda y grandes tinieblas se esparcieron por toda la tierra hasta la hora de nona. El sol se oscureci\u00f3, y he aqu\u00ed que el velo del templo se rasg\u00f3 en dos partes de alto abajo.<br \/>\n2. Y hacia la hora de nona, Jes\u00fas clam\u00f3 a gran voz: Hely, Hely, lama zabathani, lo que significa: Dios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?<br \/>\n3. Y en seguida murmur\u00f3: Padre m\u00edo, encomiendo mi esp\u00edritu entre tus manos. Y, dicho esto, entreg\u00f3 el esp\u00edritu.<br \/>\n4. Y el centuri\u00f3n, al ver lo que hab\u00eda pasado, glorific\u00f3 a Dios, diciendo: Este hombre era justo. Y todos los espectadores, turbados por lo que hab\u00edan visto, volvieron a sus casas, golpeando sus pechos.<br \/>\n5. Y el centuri\u00f3n refiri\u00f3 lo que hab\u00eda ocurrido al gobernador, el cual se llen\u00f3 de aflicci\u00f3n extrema y ni el uno, ni el otro comieron, ni bebieron, aquel d\u00eda.<br \/>\n6. Y Pilatos, convocando a los jud\u00edos, les pregunt\u00f3: \u00bfHab\u00e9is sido testigos de lo que ha sucedido? Y ellos respondieron al gobernador: El sol se ha eclipsado de la manera habitual.<br \/>\n7. Y todos los que amaban a Jes\u00fas se manten\u00edan a lo lejos, as\u00ed como las mujeres que lo hab\u00edan seguido desde Galilea.<br \/>\n8. Y he aqu\u00ed que un hombre llamado Jos\u00e9, var\u00f3n bueno y justo, que no hab\u00eda tomado parte en las acusaciones y en las maldades de los jud\u00edos, que era de Arimatea, ciudad de Judea, y que esperaba el reino de Dios, pidi\u00f3 a Pilatos el cuerpo de Jes\u00fas.<br \/>\n9. Y, baj\u00e1ndolo de la cruz, lo envolvi\u00f3 en un lienzo muy blanco, y lo deposit\u00f3 en una tumba completamente nueva, que hab\u00eda hecho construir para s\u00ed mismo, y en la cual ninguna persona hab\u00eda sido sepultada. <\/p>\n<p>Los jud\u00edos amenazan a Nicodemo y encierran en un calabozo a Jos\u00e9 de Arimatea<\/p>\n<p>XII 1. Sabedores los jud\u00edos de que Jos\u00e9 hab\u00eda pedido el cuerpo de Jes\u00fas, lo buscaron, como tambi\u00e9n a los doce hombres que hab\u00edan declarado que Jes\u00fas no naciera de la fornicaci\u00f3n, y a Nicodemo y a los dem\u00e1s que hab\u00edan comparecido ante Pilatos, y dado testimonio de las buenas obras del Salvador.<br \/>\n2. Todos se ocultaban y \u00fanicamente Nicodemo, por ser pr\u00edncipe de los jud\u00edos, se mostr\u00f3 a ellos, y les pregunt\u00f3: \u00bfC\u00f3mo hab\u00e9is entrado en la Sinagoga?<br \/>\n3. Y ellos le respondieron: Y t\u00fa, \u00bfc\u00f3mo has entrado en la Sinagoga, cuando eras adepto del Cristo? Ojal\u00e1 tengas tu parte con \u00e9l en los siglos futuros. Y Nicodemo contest\u00f3: As\u00ed sea.<br \/>\n4. Y Jos\u00e9 se present\u00f3 igualmente a ellos y les dijo: \u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1is irritados contra m\u00ed, a causa de haber yo pedido a Pilatos el cuerpo de Jes\u00fas? He aqu\u00ed que yo lo he depositado en mi propia tumba, y lo he envuelto en un lienzo muy blanco, y he colocado una gran piedra al lado de la gruta. Hab\u00e9is obrado mal contra el justo, y lo hab\u00e9is crucificado, y lo hab\u00e9is atravesado a lanzadas.<br \/>\n5. Al o\u00edr esto, los jud\u00edos se apoderaron de Jos\u00e9 y lo encerraron, hasta que pasase el d\u00eda del s\u00e1bado. Y le dijeron: En este momento, por ser tal d\u00eda, nada podemos hacer contra ti. Pero sabemos que no eres digno de sepultura y abandonaremos tu carne a las aves del cielo y a las bestias de la tierra.<br \/>\n6. Y Jos\u00e9 respondi\u00f3: Esas vuestras palabras son semejantes a las de Goliath el soberbio, que se levant\u00f3 contra el Dios vivo, y a quien hiri\u00f3 David. Dios ha dicho por la voz del profeta: Me reservar\u00e9 la venganza. Y Pilatos, con el coraz\u00f3n endurecido, lav\u00f3 sus manos en pleno sol, exclamando: Inocente soy de la sangre de ese justo. Y vosotros hab\u00e9is contestado: \u00a1Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos! Y mucho temo que la c\u00f3lera de Dios caiga sobre vosotros y sobre vuestros hijos, como hab\u00e9is proclamado.<br \/>\n7. Al o\u00edr a Jos\u00e9 expresarse de este modo, los jud\u00edos se llenaron de rabia, y, apoder\u00e1ndose de \u00e9l, lo encerraron en un calabozo sin reja que dejara penetrar el menor rayo de luz. Y An\u00e1s y Caif\u00e1s colocaron guardias a la puerta y pusieron su sello sobre la llave.<br \/>\n8. Y tuvieron consejo con los sacerdotes y con los levitas, para que se reuniesen todos despu\u00e9s del d\u00eda del s\u00e1bado, y deliberasen sobre qu\u00e9 genero de muerte infligir\u00edan a Jos\u00e9.<br \/>\n9. Y cuando estuvieron reunidos, An\u00e1s y Caif\u00e1s ordenaron que se les trajese a Jos\u00e9. Y, quitando el sello, abrieron la puerta y no encontraron a Jos\u00e9 en el calabozo en que lo hab\u00edan encerrado. Y toda la asamblea qued\u00f3 sumida en el mayor estupor, porque hab\u00edan encontrado sellada la puerta. Y An\u00e1s y Caif\u00e1s se retiraron. <\/p>\n<p>Los soldados atestiguan la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Temor de los jud\u00edos, al saberlo<\/p>\n<p>XIII 1. Y, mientras ellos no sal\u00edan de su asombro, uno de los soldados a quienes hab\u00edan encomendado la guardia del sepulcro entr\u00f3 en la Sinagoga y dijo: Cuando vigil\u00e1bamos la tumba de Jes\u00fas, la tierra tembl\u00f3 y hemos visto a un \u00e1ngel de Dios, que quit\u00f3 la piedra del sepulcro y que se sent\u00f3 sobre ella. Y su semblante brillaba como el rel\u00e1mpago y sus vestidos eran blancos como la nieve. Y nosotros quedamos como muertos de espanto. Y o\u00edmos al \u00e1ngel que dec\u00eda a las mujeres que hab\u00edan ido al sepulcro de Jes\u00fas: No tem\u00e1is. S\u00e9 que busc\u00e1is a Jes\u00fas el crucificado, el cual resucit\u00f3, como lo hab\u00eda predicho. Venid, y ved el lugar en que hab\u00eda sido colocado, y apresuraos a avisar a sus disc\u00edpulos que ha resurgido de entre los muertos, y que va delante de vosotros a Galilea, donde lo ver\u00e9is.<br \/>\n2. Y los jud\u00edos, convocando a todos los soldados que hab\u00edan puesto para guardar a Jes\u00fas, les preguntaron: \u00bfQu\u00e9 mujeres fueron aquellas a quienes el \u00e1ngel habl\u00f3? \u00bfPor qu\u00e9 no os hab\u00e9is apoderado de ellas?<br \/>\n3. Replicaron los soldados: No sabemos qu\u00e9 mujeres eran, y quedamos como difuntos, por el mucho temor que nos inspir\u00f3 el \u00e1ngel. \u00bfC\u00f3mo, en estas condiciones, habr\u00edamos podido apoderarnos de dichas mujeres?<br \/>\n4. Los jud\u00edos exclamaron: \u00a1Por la vida del Se\u00f1or, que no os creemos! Y los soldados respondieron a los jud\u00edos: Hab\u00e9is visto a Jes\u00fas hacer milagros, y no hab\u00e9is cre\u00eddo en \u00e9l. \u00bfC\u00f3mo creer\u00edais en nuestras palabras? Con raz\u00f3n jur\u00e1is por la vida del Se\u00f1or, pues vive el Se\u00f1or a quien encerrasteis en el sepulcro. Hemos sabido que hab\u00e9is encarcelado en un calabozo, cuya puerta hab\u00e9is sellado, a ese Jos\u00e9 que embalsam\u00f3 el cuerpo de Jes\u00fas, y que, cuando fuisteis a buscarlo, no lo encontrasteis. Devolvednos a Jos\u00e9, a quien aprisionasteis, y os devolveremos a Jes\u00fas, cuyo sepulcro hemos guardado.<br \/>\n5. Los jud\u00edos dijeron: Devolvednos a Jes\u00fas y os devolveremos a Jos\u00e9, porque \u00e9ste se halla en la ciudad de Arimatea. Mas los soldados contestaron: Si Jos\u00e9 est\u00e1 en Arimatea, Jes\u00fas est\u00e1 en Galilea, puesto que as\u00ed lo anunci\u00f3 a las mujeres el \u00e1ngel.<br \/>\n6. O\u00eddo lo cual, los jud\u00edos se sintieron pose\u00eddos de temor y se dijeron entre s\u00ed: Cuando el pueblo escuche estos discursos, todos en Jes\u00fas creer\u00e1n.<br \/>\n7. Y reunieron una gruesa suma de dinero, que entregaron a los soldados, advirti\u00e9ndoles: Decid que, mientras dorm\u00edais, llegaron los disc\u00edpulos de Jes\u00fas al sepulcro y robaron su cuerpo. Y, si el gobernador Pilatos se entera de ello, lo apaciguaremos en vuestro favor y no ser\u00e9is inquietados.<br \/>\n8. Y los soldados, tomando el dinero, dijeron lo que los jud\u00edos les hab\u00edan recomendado. <\/p>\n<p>Intrigas de los jud\u00edos para invalidarla resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas<\/p>\n<p>XIV 1. Y un sacerdote llamado Fineo, y el maestro de escuela Addas, y el levita Ageo llegaron los tres de Galilea a Jerusal\u00e9n, y dijeron a todos los que estaban en la Sinagoga: A Jes\u00fas, por vosotros crucificado, lo hemos visto en el Monte los Olivos, sentado entre sus disc\u00edpulos, hablando con ellos y dici\u00e9ndoles: Id por el mundo, predicad a todas las naciones, y bautizad a los gentiles en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo. Y el que crea y sea bautizado ser\u00e1 salvo. Y, no bien hubo dicho estas cosas a sus disc\u00edpulos, lo vimos subir al cielo.<br \/>\n2. Al o\u00edr esto, los pr\u00edncipes de los sacerdotes, los ancianos del pueblo y los levitas dijeron a aquellos tres hombres: Glorificad al Dios de Israel, y tomadlo por testigo de que lo que hab\u00e9is visto y o\u00eddo es verdadero.<br \/>\n3. Y ellos respondieron: Por la vida del Se\u00f1or de nuestros padres, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, declaramos decir la verdad. Hemos o\u00eddo a Jes\u00fas hablar con sus disc\u00edpulos y lo hemos visto subir al cielo. Si call\u00e1semos ambas cosas, cometer\u00edamos un pecado.<br \/>\n4. Y los pr\u00edncipes de los sacerdotes, levant\u00e1ndose en seguida, exclamaron: No repit\u00e1is a nadie lo que hab\u00e9is dicho de Jes\u00fas. Y les dieron una fuerte suma de dinero.<br \/>\n5. Y los hicieron acompa\u00f1ar por tres hombres, para que se restituyesen a su pa\u00eds, y no hiciesen estada alguna en Jerusal\u00e9n.<br \/>\n6. Y, habi\u00e9ndose reunido todos los jud\u00edos, se entregaron entre s\u00ed a grandes meditaciones, y dijeron: \u00bfQu\u00e9 es lo que ha sobrevenido en Israel?<br \/>\n7. Y An\u00e1s y Caif\u00e1s, para consolarlos, replicaron: \u00bfEs que vamos a creer a los soldados, que guardaban el sepulcro de Jes\u00fas, y que aseguraron que un \u00e1ngel abri\u00f3 su losa? \u00bfPor ventura no han sido sus disc\u00edpulos los que les dieron mucho oro para que hablasen as\u00ed, y los dejasen a ellos robar el cuerpo de Jes\u00fas? Sabed que no cabe conceder fe alguna a las palabras de esos extranjeros, porque, habiendo recibido de nosotros una fuerte suma, hayan por doquiera dicho lo que nosotros les encargamos que dijesen. Ellos pueden ser infieles a los disc\u00edpulos de Jes\u00fas lo mismo que a nosotros. <\/p>\n<p>Intervenci\u00f3n de Nicodemo en los debates de la Sinagoga. Los jud\u00edos mandan llamar a Jos\u00e9 de Arimatea y oyen las noticias que \u00e9ste les da<\/p>\n<p>XV 1. Y Nicodemo se levant\u00f3 y dijo: Rectamente habl\u00e1is, hijos de Israel. Os hab\u00e9is enterado de lo que han dicho esos tres hombres, que juraron sobre la ley del Se\u00f1or haber o\u00eddo a Jes\u00fas hablar con sus disc\u00edpulos en el monte de los Olivos, y haberlo visto subir al cielo. Y la Escritura nos ense\u00f1a que el bienaventurado El\u00edas fue transportado al cielo, y que Eliseo, interrogado por los hijos de los profetas sobre d\u00f3nde hab\u00eda ido su hermano El\u00edas, respondi\u00f3 que les hab\u00eda sido arrebatado. Y los hijos de los profetas le dijeron: Acaso nos lo ha arrebatado el esp\u00edritu, y lo ha depositado sobre las monta\u00f1as de Israel. Pero elijamos hombres que vayan con nosotros, y recorramos esas monta\u00f1as, donde quiz\u00e1 lo encontremos. Y suplicaron as\u00ed a Eliseo, que camin\u00f3 con ellos tres d\u00edas, y no encontraron a El\u00edas. Y ahora, escuchadme, hijos de Israel. Enviemos hombres a las monta\u00f1as, porque acaso el esp\u00edritu ha arrebatado a Jes\u00fas, y quiz\u00e1 lo encontremos, y haremos penitencia.<br \/>\n2. Y el parecer de Nicodemo fue del gusto de todo el pueblo, y enviaron hombres, que buscaron a Jes\u00fas, sin encontrarlo, y que, a su vuelta, dijeron: No hemos hallado a Jes\u00fas en ninguno de los lugares que hemos recorrido, pero hemos hallado a Jos\u00e9 en la ciudad de Arimatea.<br \/>\n3. Y, al o\u00edr esto, los pr\u00edncipes y todo el pueblo se regocijaron, y glorificaron al Dios de Israel de que hubiesen encontrado a Jos\u00e9, a quien hab\u00edan encerrado en un calabozo, y a quien no hab\u00edan podido encontrar.<br \/>\n4. Y, reuni\u00e9ndose en una gran asamblea, los pr\u00edncipes de los sacerdotes se preguntaron entre s\u00ed: \u00bfC\u00f3mo podremos traer a Jos\u00e9 entre nosotros, y hacerlo hablar?<br \/>\n5. Y tomando papel, escribieron a Jos\u00e9 por este tenor: Sea la paz contigo, y con todos los que est\u00e1n contigo. Sabemos que hemos pecado contra Dios y contra ti. D\u00edgnate, pues, venir hacia tus padres y tus hijos, porque tu marcha del calabozo nos ha llenado de sorpresa. Reconocemos que hab\u00edamos concebido contra ti un perverso designio, y que el Se\u00f1or te ha protegido, Iibr\u00e1ndote de nuestras malas intenciones. Sea la paz contigo, Jos\u00e9, hombre honorable entre todo el pueblo.<br \/>\n6. Y eligieron siete hombres, amigos de Jos\u00e9, y les dijeron: Cuando llegu\u00e9is a casa de Jos\u00e9, dadle el saludo de paz, y entregadle la carta.<br \/>\n7. Y los hombres llegaron a casa de Jos\u00e9, y lo saludaron, y le entregaron la carta. Y luego que Jos\u00e9 la hubo le\u00eddo, exclam\u00f3: \u00a1Bendito sea el Se\u00f1or Dios, que ha preservado a Israel de la efusi\u00f3n de mi sangre! \u00a1Bendito seas, Dios m\u00edo, que me has protegido con tus alas!<br \/>\n8. Y Jos\u00e9 abraz\u00f3 a los embajadores, y los acogi\u00f3 y regal\u00f3 en su domicilio.<br \/>\n9. Y, al d\u00eda siguiente, montando en un asno, se puso en camino con ellos, y llegaron a Jerusal\u00e9n.<br \/>\n10. Y, cuando los jud\u00edos se enteraron de su llegada, corrieron todos ante \u00e9l, gritando y exclamando: \u00a1Sea la paz a tu llegada, padre Jos\u00e9! Y \u00e9l repuso: \u00a1Sea la paz del Se\u00f1or con todo el pueblo!<br \/>\n11. Y todos lo abrazaron. Y Nicodemo lo recibi\u00f3 en su casa, acogi\u00e9ndolo con gran honor y con gran complacencia.<br \/>\n12. Y, al siguiente d\u00eda, que lo era de la fiesta de Preparaci\u00f3n, An\u00e1s, Caif\u00e1s y Nicodemo dijeron a Jos\u00e9: Rinde homenaje al Dios de Israel, y responde a todo lo que te preguntemos. Irritados est\u00e1bamos contra ti, porque hab\u00edas sepultado el cuerpo de Jes\u00fas, y te encerramos en un calabozo, donde no te encontramos, al buscarte, lo que nos mantuvo en plena sorpresa y en pleno espanto, hasta que hemos vuelto a verte. Cu\u00e9ntanos, pues, en presencia de Dios, lo que te ha ocurrido.<br \/>\n13. Y Jos\u00e9 contest\u00f3: Cuando me encerrasteis, el d\u00eda de Pascua, mientras me hallaba en oraci\u00f3n a medianoche, la casa qued\u00f3 como suspendida en los aires. Y vi a Jes\u00fas, brillante como un rel\u00e1mpago, y, acometido de terror, ca\u00ed por tierra. Y Jes\u00fas, tom\u00e1ndome por la mano, me elev\u00f3 por encima del suelo, y un sudor fr\u00edo cubr\u00eda mi frente. Y \u00e9l, secando mi rostro, me dijo: Nada temas, Jos\u00e9. M\u00edrame y recon\u00f3ceme, porque soy yo.<br \/>\n14. Y lo mir\u00e9, y exclam\u00e9, lleno de asombro: \u00a1Oh Se\u00f1or El\u00edas! Y \u00e9l me dijo: No soy El\u00edas, sino Jes\u00fas de Nazareth, cuyo cuerpo has sepultado.<br \/>\n15. Y yo le respond\u00ed: Mu\u00e9strame la tumba en que te deposit\u00e9. Y Jes\u00fas, tom\u00e1ndome por la mano otra vez, me condujo al lugar en que lo hab\u00eda sepultado, y me mostr\u00f3 el sudario y el pa\u00f1o en que hab\u00eda envuelto su cabeza.<br \/>\n16. Entonces reconoc\u00ed que era Jes\u00fas, y lo ador\u00e9, diciendo: \u00a1Bendito el que viene en nombre del Se\u00f1or!<br \/>\n17. Y Jes\u00fas, tom\u00e1ndome por la mano de nuevo, me condujo a mi casa de Arimatea, y me dijo: Sea la paz contigo, y, durante cuarenta d\u00edas, no salgas de tu casa. Yo vuelvo ahora cerca de mis disc\u00edpulos. <\/p>\n<p>Estupor de los jud\u00edos ante las declaraciones de Jos\u00e9 de Arimatea<\/p>\n<p>XVI 1. Cuando los sacerdotes y los levitas oyeron tales cosas, quedaron estupefactos y como muertos. Y, vueltos en s\u00ed, exclamaron: \u00bfQu\u00e9 maravilla es la que se ha manifestado en Jerusal\u00e9n? Porque nosotros conocemos al padre y a la madre de Jes\u00fas.<br \/>\n2. Y cierto levita explic\u00f3: S\u00e9 que su padre y su madre eran personas temerosas del Alt\u00edsimo, y que estaban siempre en el templo, orando, y ofreciendo hostias y holocaustos al Dios de Israel. Y, cuando Sime\u00f3n, el Gran Sacerdote, lo recibi\u00f3, dijo, tom\u00e1ndolo en sus brazos: Ahora, Se\u00f1or, env\u00eda a tu servidor en paz, seg\u00fan tu palabra, porque mis ojos han visto al Salvador que has preparado para todos los pueblos, luz que ha de servir para la gloria de tu raza de Israel. Y aquel mismo Sime\u00f3n bendijo tambi\u00e9n a Mar\u00eda, madre de Jes\u00fas, y le dijo: Te anuncio, respecto a este ni\u00f1o, que ha nacido para la ruina y para la resurrecci\u00f3n de muchos, y como signo de contradicci\u00f3n.<br \/>\n3. Entonces los jud\u00edos propusieron: Mandemos a buscar a los tres hombres que aseguran haberlo visto con sus disc\u00edpulos en el monte de los Olivos.<br \/>\n4. Y, cuando as\u00ed se hizo, y aquellos tres hombres llegaron, y fueron interrogados, respondieron con un\u00e1nime voz: Por la vida del Se\u00f1or, Dios de Israel, hemos visto manifiestamente a Jes\u00fas con sus disc\u00edpulos en el monte de las Olivas, y asistido al espect\u00e1culo de su subida al cielo.<br \/>\n5. En vista de esta declaraci\u00f3n, An\u00e1s y Caif\u00e1s tomaron a cada uno de los testigos aparte, y se informaron de ellos separadamente. Y ellos insistieron sin contradicci\u00f3n en confesar la verdad, y en aseverar que hab\u00edan visto a Jes\u00fas.<br \/>\n6. Y An\u00e1s y Caif\u00e1s pensaron: Nuestra ley precept\u00faa que, en la boca de dos o tres testigos, toda palabra es v\u00e1lida. Pero sabemos que el bienaventurado Enoch, grato a Dios, fue transportado al cielo por la palabra de \u00c9l, y que la tumba del bienaventurado Mois\u00e9s no se encontr\u00f3 nunca, y que la muerte del profeta El\u00edas no es conocida. Jes\u00fas, por lo contrario, ha sido entregado a Pilatos, azotado, abofeteado, coronado de espinas, atravesado por una lanza, crucificado, muerto sobre el madero, y sepultado. Y el honorable padre Jos\u00e9, que deposit\u00f3 su cad\u00e1ver en un sepulcro nuevo, atestigua haberlo visto vivo. Y estos tres hombres certifican haberlo encontrado con sus disc\u00edpulos en el monte de los Olivos, y haber asistido al espect\u00e1culo de su subida al cielo. <\/p>\n<p>Descenso de Cristo al Infierno (Descensus Christi ad Inferos) <\/p>\n<p>Nuevas y sensacionales declaracionesde Jos\u00e9 de Arimatea<\/p>\n<p>XVII 1. Y Jos\u00e9, levant\u00e1ndose, dijo a An\u00e1s y a Caif\u00e1s: Raz\u00f3n ten\u00e9is para admiraros, al saber que Jes\u00fas ha sido visto resucitado y ascendiendo al emp\u00edreo. Pero a\u00fan os sorprender\u00e9is m\u00e1s de que no s\u00f3lo haya resucitado, sino de que haya sacado del sepulcro a muchos otros muertos, a quienes gran n\u00famero de personas han visto en Jerusal\u00e9n.<br \/>\n2. Y escuchadme ahora, porque todos sabemos que aquel bienaventurado Gran Sacerdote, que se llam\u00f3 Sime\u00f3n, recibi\u00f3 en sus manos, en el templo, a Jes\u00fas ni\u00f1o. Y Sime\u00f3n tuvo dos hijos, hermanos de padre y de madre, y todos hemos presenciado su fallecimiento y asistido a su entierro. Pues id a ver sus tumbas, y las hallar\u00e9is abiertas, porque los hijos de Sime\u00f3n se hallan en la villa de Arimatea, viviendo en oraci\u00f3n. A veces se oyen sus gritos, mas no hablan a nadie, y permanecen silenciosos como muertos. Vayamos hacia ellos, y trat\u00e9moslos con la mayor amabilidad. Y, si con suave insistencia los interrogamos, quiz\u00e1 nos hablen del misterio de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas.<br \/>\n3. A cuyas palabras todos se regocijaron, y An\u00e1s, Caif\u00e1s, Nicodemo, Jos\u00e9 y Gamaliel, yendo a los sepulcros, no encontraron a los muertos, pero, yendo a Arimatea, los encontraron arrodillados all\u00ed.<br \/>\n4. Y los abrazaron con sumo respeto y en el temor de Dios, y los condujeron a la Sinagoga de Jerusal\u00e9n.<br \/>\n5. Y, no bien las puertas se cerraron, tomaron el libro santo, lo pusieron en sus manos, y los conjuraron por el Dios Adona\u00ed, Se\u00f1or de Israel, que ha hablado por la Ley y por los profetas, diciendo: Si sab\u00e9is qui\u00e9n es el que os ha resucitado de entre los muertos, decidnos c\u00f3mo hab\u00e9is sido resucitados.<br \/>\n6. Al o\u00edr esta adjuraci\u00f3n, Carino y Leucio sintieron estremecerse sus cuerpos, y, temblorosos y emocionados, gimieron desde el fondo de su corazon.<br \/>\n7. Y, mirando al cielo, hicieron con su dedo la se\u00f1al de la cruz sobre su lengua.<br \/>\n8. Y, en seguida, hablaron, diciendo: Dadnos resmas de papel, a fin de que escribamos lo que hemos visto y o\u00eddo.<br \/>\n9. Y, habi\u00e9ndoselas dado, se sentaron, y cada uno de ellos escribi\u00f3 lo que sigue. <\/p>\n<p>Carino y Leucio comienzan su relato<\/p>\n<p>XVIII 1. Jesucristo, Se\u00f1or Dios, vida y resurrecci\u00f3n de muertos, perm\u00edtenos enunciar los misterios por la muerte de tu cruz, puesto que hemos sido conjurados por ti.<br \/>\n2. T\u00fa has ordenado no referir a nadie los secretos de tu majestad divina, tales como los has manifestado en los infiernos.<br \/>\n3. Cuando est\u00e1bamos con nuestros padres, colocados en el fondo de las tinieblas, un brillo real nos ilumin\u00f3 de s\u00fabito, y nos vimos envueltos por un resplandor dorado como el del sol.<br \/>\n4. Y, al contemplar esto, Ad\u00e1n, el padre de todo el g\u00e9nero humano, estall\u00f3 de gozo, as\u00ed como todos los patriarcas y todos los profetas, los cuales clamaron a una: Esta luz es el autor mismo de la luz, que nos ha prometido transmitirnos una luz que no tendr\u00e1 ni desmayos ni t\u00e9rmino. <\/p>\n<p>Isa\u00edas con\/irma uno de sus vaticinios<\/p>\n<p>XIX 1. Y el profeta Isa\u00edas exclam\u00f3: Es la luz del Padre, el Hijo de Dios, como yo predije, estando en tierras de vivos: en la tierra de Zabul\u00f3n y en la tierra de Nephtalim. M\u00e1s all\u00e1 del Jord\u00e1n, el pueblo que estaba sentado en las tinieblas, ver\u00eda una gran luz, y esta luz brillar\u00eda sobre los que estaban en la regi\u00f3n de la muerte. Y ahora ha llegado, y ha brillado para nosotros, que en la muerte est\u00e1bamos.<br \/>\n2. Y, como sinti\u00e9semos inmenso j\u00fabilo ante la luz que nos hab\u00eda esclarecido, Sime\u00f3n, nuestro padre, se aproxim\u00f3 a nosotros, y, lleno de alegr\u00eda, dijo a todos: Glorificad al Se\u00f1or Jesucristo, que es el Hijo de Dios, porque yo lo tuve reci\u00e9n nacido en mis manos en el templo e, inspirado por el Esp\u00edritu Santo, lo glorifiqu\u00e9 y dije: Mis ojos han visto ahora la salud que has preparado en presencia de todos los pueblos, la luz para la revelaci\u00f3n de las naciones, y la gloria de tu pueblo de Israel.<br \/>\n3. Al o\u00edr tales cosas, toda la multitud de los santos se alboroz\u00f3 en gran manera.<br \/>\n4. Y, en seguida, sobrevino un hombre, que parec\u00eda un ermita\u00f1o. Y, como todos le preguntasen qui\u00e9n era, respondi\u00f3: Soy Juan, el or\u00e1culo y el profeta del Alt\u00edsimo, el que precedi\u00f3 a su advenimiento al mundo, a fin de preparar sus caminos, y de dar la ciencia de la salvaci\u00f3n a su pueblo para la remisi\u00f3n de los pecados. Y, vi\u00e9ndolo llegar hacia m\u00ed, me sent\u00ed pose\u00eddo por el Esp\u00edritu Santo, y le dije: He aqu\u00ed el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo. Y lo bautic\u00e9 en el r\u00edo del Jord\u00e1n, y vi al Esp\u00edritu Santo descender sobre \u00e9l bajo la figura de una paloma. Y o\u00ed una voz de los cielos, que dec\u00eda: \u00c9ste es mi Hijo amado, en quien tengo todas mis complacencias, y a quien deb\u00e9is escuchar. Y ahora, despu\u00e9s de haber precedido a su advenimiento, he descendido hasta vosotros, para anunciaros que, dentro de poco, el mismo Hijo de Dios, levant\u00e1ndose de lo alto, vendr\u00e1 a visitarnos, a nosotros, que estamos sentados en las tinieblas y en las sombras de la muerte. <\/p>\n<p>La profec\u00eda hecha por el arc\u00e1ngel Miguel a Seth<\/p>\n<p>XX 1. Y, cuando el padre Ad\u00e1n, el primer formado, oy\u00f3 lo que Juan dijo de haber sido Jes\u00fas bautizado en el Jord\u00e1n, exclam\u00f3, hablando a su hijo Seth: Cuenta a tus hijos, los patriarcas y los profetas, todo lo que o\u00edste del arc\u00e1ngel Miguel, cuando, estando yo enfermo, te envi\u00e9 a las puertas del Para\u00edso, para que el Se\u00f1or permitiese que su \u00e1ngel diera aceite del \u00e1rbol de la misericordia, que ungiese mi cuerpo.<br \/>\n2. Entonces Seth, aproxim\u00e1ndose a los patriarcas y a los profetas, expuso: Me hallaba yo, Seth, en oraci\u00f3n delante del Se\u00f1or, a las puertas del Para\u00edso, y he aqu\u00ed que Miguel, el numen de Dios, me apareci\u00f3, y me dijo: He sido enviado a ti por el Se\u00f1or, y presido sobre el cuerpo humano. Y te declaro, Seth, que es in\u00fatil pidas y ruegues con l\u00e1grimas el aceite del \u00e1rbol de la misericordia, para ungir a tu padre Ad\u00e1n, y para que cesen los sufrimientos de su cuerpo. Porque de ning\u00fan modo podr\u00e1s recibir ese aceite hasta los d\u00edas postrimeros, cuando se hayan cumplido cinco mil a\u00f1os. Entonces, el Hijo de Dios, lleno de amor, vendr\u00e1 a la tierra, y resucitar\u00e1 el cuerpo de Ad\u00e1n, y al mismo tiempo resucitar\u00e1 los cuerpos de los muertos. Y, a su venida, ser\u00e1 bautizado en el Jord\u00e1n, y, una vez haya salido del agua, ungir\u00e1 con el aceite de su misericordia a todos los que crean en \u00e9l, y el aceite de su misericordia ser\u00e1 para los que deban nacer del agua y del Esp\u00edritu Santo para la vida eterna. Entonces Jesucristo, el Hijo de Dios, lleno de amor, y descendido a la tierra, introducir\u00e1 a tu padre Ad\u00e1n en el Para\u00edso y lo pondr\u00e1 junto al \u00e1rbol de la misericordia.<br \/>\n3. Y, al o\u00edr lo que dec\u00eda Seth, todos los patriarcas y todos los profetas se henchieron de dicha. <\/p>\n<p>Discusi\u00f3n entre Satan\u00e1s y la Furia en los infiernos<\/p>\n<p>XXI 1. Y, mientras todos los padres antiguos se regocijaban, he aqu\u00ed que Satan\u00e1s, pr\u00edncipe y jefe de la muerte, dijo a la Furia: prep\u00e1rate a recibir a Jes\u00fas, que se vanagloria de ser el Cristo y el Hijo de Dios, y que es un hombre temeros\u00edsimo de la muerte, puesto que yo mismo lo he o\u00eddo decir: Mi alma est\u00e1 triste hasta la muerte. Y entonces comprend\u00ed que ten\u00eda miedo de la cruz.<br \/>\n2. Y a\u00f1adi\u00f3: Hermano, aprest\u00e9monos, tanto t\u00fa como yo, para el mal d\u00eda. Fortifiquemos este lugar, para poder retener aqu\u00ed prisionero al llamado Jes\u00fas que, al decir de Juan y de los profetas, debe venir a expulsarnos de aqu\u00ed. Porque ese hombre me ha causado muchos males en la tierra, oponi\u00e9ndose a m\u00ed en muchas cosas, y despoj\u00e1ndome de multitud de recursos. A los que yo hab\u00eda matado, \u00e9l les devolvi\u00f3 la vida. Aquellos a quienes yo hab\u00eda desarticulado los miembros, \u00e9l los enderez\u00f3 por su sola palabra, y les orden\u00f3 que llevasen su lecho sobre los hombros. Hubo otros que yo hab\u00eda visto ciegos y privados de la luz, y por cuya cuenta me regocijaba, al verlos quebrarse la cabeza contra los muros, y arrojarse al agua, y caer, al tropezar en los atascaderos, y he aqu\u00ed que este hombre, venido de no s\u00e9 d\u00f3nde, y, haciendo todo lo contrario de lo que yo hac\u00eda, les devolv\u00eda la vista por sus palabras. Orden\u00f3 a un ciego de nacimiento que lavase sus ojos con agua y con barro en la fuente de Silo\u00e9, y aquel ciego recobr\u00f3 la vista. Y, no sabiendo a qu\u00e9 otro lugar retirarme, tom\u00e9 conmigo a mis servidores, y me alej\u00e9 de Jes\u00fas. Y, habiendo encontrado a un joven, entr\u00e9 en \u00e9l, y mor\u00e9 en su cuerpo. Ignoro c\u00f3mo Jes\u00fas lo supo, pero es lo cierto que lleg\u00f3 adonde yo estaba, y me intim\u00f3 la orden de salir. Y, habiendo salido, y no sabiendo d\u00f3nde entrar, le ped\u00ed permiso para meterme en unos puercos, lo que hice, y los estrangul\u00e9.<br \/>\n3. Y la Furia, respondiendo a Satan\u00e1s, dijo: \u00bfQui\u00e9n es ese pr\u00edncipe tan poderoso y que, sin embargo, teme la muerte? Porque todos los poderosos de la tierra quedan sujetos a mi poder desde el momento en que t\u00fa me los traes sometidos por el tuyo. Si, pues, t\u00fa eres tan poderoso, \u00bfqui\u00e9n es ese Jes\u00fas que, temiendo la muerte, se opone a ti? Si hasta tal punto es poderoso en su humanidad, en verdad te digo que es todopoderoso en su divinidad, y que nadie podr\u00e1 resistir a su poder. Y, cuando dijo que tem\u00eda la muerte, quiso enga\u00f1arte, y constituir\u00e1 tu desgracia en los siglos eternos.<br \/>\n4. Pero Satan\u00e1s, el pr\u00edncipe de la muerte, respondi\u00f3 y dijo: \u00bfPor qu\u00e9 vacilas en aprisionar a ese Jes\u00fas, adversario de ti tanto como de m\u00ed? Porque yo lo he tentado, y he excitado contra \u00e9l a mi antiguo pueblo jud\u00edo, excitando el odio y la c\u00f3lera de \u00e9ste. Y he aguzado la lanza de la persecuci\u00f3n. Y he hecho preparar madera para crucificarlo, y clavos para atravesar sus manos y sus pies. Y le he dado a beber hiel mezclada con vinagre. Y su muerte est\u00e1 pr\u00f3xima, y te lo traer\u00e9 sujeto a ti y a mi.<br \/>\n5. Y la Furia respondi\u00f3, y dijo: Me has informado de que \u00e9l es quien me ha arrancado los muertos. Muchos est\u00e1n aqu\u00ed, que retengo, y, sin embargo, mientras viv\u00edan sobre la tierra, muchos me han arrebatado muertos, no por su propio poder, sino por las plegarias que dirigieron a su Dios todopoderoso, que fue quien verdaderamente me los llev\u00f3. \u00bfQui\u00e9n es, pues, ese Jes\u00fas, que por su palabra, me ha arrancado muertos? \u00bfEs quiz\u00e1 el que ha vuelto a la vida, por su palabra imperiosa, a L\u00e1zaro, fallecido hac\u00eda cuatro d\u00edas, lleno de podredumbre y en disoluci\u00f3n, y a quien yo reten\u00eda como difunto?<br \/>\n6. Y Satan\u00e1s, el pr\u00edncipe de la muerte, respondi\u00f3 y dijo: Ese mismo Jes\u00fas es.<br \/>\n7. Y, al o\u00edrlo, la Furia repuso: Yo te conjuro, por tu poder y por el m\u00edo, que no lo traigas hacia m\u00ed. Porque, cuando me enter\u00e9 de la fuerza de su palabra, tembl\u00e9, me espant\u00e9 y, al mismo tiempo, todos mis ministros imp\u00edos quedaron tan turbados como yo. No pudimos retener a L\u00e1zaro, el cual, con toda la agilidad y con toda la velocidad del \u00e1guila, sali\u00f3 de entre nosotros, y esta misma tierra que reten\u00eda su cuerpo privado de vida se la devolvi\u00f3. Por donde ahora s\u00e9 que ese hombre, que ha podido cumplir cosas tales, es el Dios fuerte en su imperio, y poderoso en la humanidad, y Salvador de \u00e9sta, y, si le traes hacia m\u00ed, libertar\u00e1 a todos los que aqu\u00ed retengo en el rigor de la prisi\u00f3n, y encadenados por los lazos no rotos de sus pecados y, por virtud de su divinidad, los conducir\u00e1 a la vida que debe durar tanto como la eternidad. <\/p>\n<p>Entrada triunfal de Jes\u00fas en los infiernos<\/p>\n<p>XXII 1. Y, mientras Satan\u00e1s y la Furia as\u00ed hablaban, se oy\u00f3 una voz como un trueno, que dec\u00eda: Abrid vuestras puertas, vosotros, pr\u00edncipes. Abr\u00edos, puertas eternas, que el Rey de la Gloria quiere entrar.<br \/>\n2. Y la Furia, oyendo la voz, dijo a Satan\u00e1s: Anda, sal, y pelea contra \u00e9l. Y Satan\u00e1s sali\u00f3.<br \/>\n3. Entonces la Furia dijo a sus demonios: Cerrad las grandes puertas de bronce, cerrad los grandes cerrojos de hierro, cerrad con llave las grandes cerraduras, y poneos todos de centinela, porque, si este hombre entra, estamos todos perdidos.<br \/>\n4. Y, oyendo estas grandes voces, los santos antiguos exclamaron: Devoradora e insaciable Furia, abre al Rey de la Gloria, al hijo de David, al profetizado por Mois\u00e9s y por Isa\u00edas.<br \/>\n5. Y otra vez se oy\u00f3 la voz de trueno que dec\u00eda: Abrid vuestras puertas eternas, que el Rey de la Gloria quiere entrar.<br \/>\n6. Y la Furia grit\u00f3, rabiosa: \u00bfQui\u00e9n es el Rey de la Gloria? Y los \u00e1ngeles de Dios contestaron: El Se\u00f1or poderoso y vencedor.<br \/>\n7. Y, en el acto, las grandes puertas de bronce volaron en mil pedazos, y los que la muerte hab\u00eda tenido encadenados se levantaron.<br \/>\n8. Y el Rey de la Gloria entr\u00f3 en figura de hombre, y todas las cuevas de la Furia quedaron iluminadas.<br \/>\n9. Y rompi\u00f3 los lazos, que hasta entonces no hab\u00edan sido quebrantados, y el socorro de una virtud invencible nos visit\u00f3, a nosotros, que est\u00e1bamos sentados en las profundidades de las tinieblas de nuestras faltas y en la sombra de la muerte de nuestros pecados. <\/p>\n<p>Espanto de las potestades infernalesante la presencia de Jes\u00fas<\/p>\n<p>XXIII 1. Al ver aquello, los dos pr\u00edncipes de la muerte y del infierno, sus imp\u00edos oficiales y sus crueles ministros quedaron sobrecogidos de espanto en sus propios reinos, cual si no pudiesen resistir la deslumbradora claridad de tan viva luz, y la presencia del Cristo, establecido de s\u00fabito en sus moradas.<br \/>\n2. Y exclamaron con rabia impotente: Nos has vencido. \u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa, a quien el Se\u00f1or env\u00eda para nuestra confusi\u00f3n? \u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa, tan peque\u00f1o y tan grande, tan humilde y tan elevado, soldado y general, combatiente admirable bajo la forma de un esclavo, Rey de la Gloria muerto en una cruz y vivo, puesto que desde tu sepulcro has descendido hasta nosotros? \u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa, en cuya muerte ha temblado toda criatura, y han sido conmovidos todos los astros, y que ahora permaneces libre entre los muertos, y turbas a nuestras legiones? \u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa, que redimes a los cautivos, y que inundas de luz brillante a los que est\u00e1n ciegos por las tinieblas de sus pecados?<br \/>\n3. Y todas las legiones de los demonios, sobrecogidos por igual terror, gritaban en el mismo tono, con sumisi\u00f3n temerosa y con voz un\u00e1nime, diciendo: \u00bfDe d\u00f3nde eres, Jes\u00fas, hombre tan potente, tan luminoso, de majestad tan alta, libre de tacha y puro de crimen? Porque este mundo terrestre que hasta el d\u00eda nos ha estado siempre sometido, y que nos pagaba tributos por nuestros usos abominables, jam\u00e1s nos ha enviado un muerto tal como t\u00fa, ni destinado semejantes presentes a los infiernos. \u00bfQui\u00e9n, pues, eres t\u00fa, que has franqueado sin temor las fronteras de nuestros dominios, y que no solamente no temes nuestros suplicios infernales, sino que pretendes librar a los que retenemos en nuestras cadenas? Quiz\u00e1 eres ese Jes\u00fas, de quien Satan\u00e1s, nuestro pr\u00edncipe, dec\u00eda que, por su suplicio en la cruz, recibir\u00eda un poder sin l\u00edmites sobre el mundo entero.<br \/>\n4. Entonces el Rey de la Gloria, aplastando en su majestad a la muerte bajo sus pies, y tomando a nuestro primer padre, priv\u00f3 a la Furia de todo su poder y atrajo a Ad\u00e1n a la claridad de su luz. <\/p>\n<p>Imprecaciones acusadoras de la Furiacontra Satan\u00e1s<\/p>\n<p>XXIV 1. Y la Furia, bramando, aullando y abrumando a Satan\u00e1s con violentos reproches, le dijo: Belzeb\u00fa, pr\u00edncipe de condenaci\u00f3n, jefe de destrucci\u00f3n, irrisi\u00f3n de los \u00e1ngeles de Dios, \u00bfqu\u00e9 has querido hacer? \u00bfHas querido crucificar al Rey de la Gloria, sobre cuya ruina y sobre cuya muerte nos hab\u00edas prometido tan grandes despojos? \u00bfIgnoras cu\u00e1n locamente has obrado? Porque he aqu\u00ed que este Jes\u00fas disipa, por el resplandor de su divinidad, todas las tinieblas de la muerte. Ha atravesado las profundidades de las m\u00e1s s\u00f3lidas prisiones, libertando a los cautivos, y rompiendo los hierros de los encadenados. Y he aqu\u00ed que todos los que gem\u00edan bajo nuestros tormentos nos insultan, y nos acribillan con sus imprecaciones. Nuestros imperios y nuestros reinos han quedado vencidos, y no s\u00f3lo no inspiramos ya terror a la raza humana, sino que, al contrario, nos amenazan y nos injurian aquellos que, muertos, jam\u00e1s hab\u00edan podido mostrar soberbia ante nosotros, ni jam\u00e1s hab\u00edan podido experimentar un momento de alegr\u00eda durante su cautividad. Pr\u00edncipe de todos los males y padre de los rebeldes e imp\u00edos, \u00bfqu\u00e9 has querido hacer? Los que, desde el comienzo del mundo hasta el presente, hab\u00edan desesperado de su vida y de su salvaci\u00f3n no dejan o\u00edr ya sus gemidos. No resuena ninguna de sus quejas clamorosas, ni se advierte el menor vestigio de l\u00e1grimas sobre la faz de ninguno de ellos. Rey inmundo, poseedor de las llaves de los infiernos, has perdido por la cruz las riquezas que hab\u00edas adquirido por la prevaricaci\u00f3n y por la p\u00e9rdida del Para\u00edso. Toda tu dicha se ha disipado y, al poner en la cruz a ese Cristo, Jes\u00fas, Rey de la Gloria, has obrado contra ti y contra m\u00ed. Sabe para en adelante cu\u00e1ntos tormentos eternos y cu\u00e1ntos suplicios infinitos te est\u00e1n reservados bajo mi guarda, que no conoce t\u00e9rmino. Luzbel, monarca de todos los perversos, autor de la muerte y fuente del orgullo, antes que nada hubieras debido buscar un reproche justiciero que dirigir a Jes\u00fas. Y, si no encontrabas en \u00e9l falta alguna, \u00bfpor qu\u00e9, sin raz\u00f3n, has osado crucificarlo injustamente, y traer a nuestra regi\u00f3n al inocente y al justo, t\u00fa, que has perdido a los malos, a los imp\u00edos y a los injustos del mundo entero?<br \/>\n2. Y, cuando la Furia acab\u00f3 de hablar as\u00ed a Satan\u00e1s, el Rey de la Gloria dijo a la primera: El pr\u00edncipe Satan\u00e1s quedar\u00e1 bajo tu potestad por los siglos de los siglos, en lugar de Ad\u00e1n y de sus hijos, que me son justos. <\/p>\n<p>Jes\u00fas toma a Ad\u00e1n baj.o su protecci\u00f3n y los antiguos profetas cantan su triunfo<\/p>\n<p>XXV 1. Y el Se\u00f1or extendi\u00f3 su mano, y dijo: Venid a m\u00ed, todos mis santos, hechos a mi imagen y a mi semejanza. Vosotros, que hab\u00e9is sido condenados por el madero, por el diablo y por la muerte, ver\u00e9is a la muerte y al diablo condenados por el madero.<br \/>\n2. Y, en seguida, todos los santos se reunieron bajo la mano del Se\u00f1or. Y el Se\u00f1or, tomando la de Ad\u00e1n, le dijo: Paz a ti y a todos tus hijos, mis justos.<br \/>\n3. Y Ad\u00e1n, vertiendo l\u00e1grimas, se prostern\u00f3 a los pies del Se\u00f1or, y dijo en voz alta: Se\u00f1or, te glorificar\u00e9, porque me has acogido, y no has permitido que mis enemigos triunfasen sobre m\u00ed para siempre. Hacia ti clam\u00e9, y me has curado, Se\u00f1or. Has sacado mi alma de los infiernos, y me has salvado, no dej\u00e1ndome con los que descienden al abismo. Cantad las alabanzas del Se\u00f1or, todos los que sois santos, y confesad su santidad. Porque la c\u00f3lera est\u00e1 en su indignaci\u00f3n, y en su voluntad est\u00e1 la vida.<br \/>\n4. Y asimismo todos los santos de Dios se prosternaron a los pies del Se\u00f1or, y dijeron con voz un\u00e1nime: Has llegado, al fin, Redentor del mundo, y has cumplido lo que hab\u00edas predicho por la ley y por tus profetas. Has rescatado a los vivos por tu cruz, y, por la muerte en la cruz, has descendido hasta nosotros, para arrancarnos del infierno y de la muerte, por tu majestad. Y, as\u00ed como has colocado el t\u00edtulo de tu gloria en el cielo, y has elevado el signo de la redenci\u00f3n, tu cruz, sobre la tierra, de igual modo, Se\u00f1or, coloca en el infierno el signo de la victoria de tu cruz, a fin de que la muerte no domine m\u00e1s.<br \/>\n5. Y el Se\u00f1or, extendiendo su mano, hizo la se\u00f1al de la cruz sobre Ad\u00e1n y sobre todos sus santos. Y, tomando la mano derecha de Ad\u00e1n, se levant\u00f3 de los infiernos, y todos los santos lo siguieron.<br \/>\n6. Entonces el profeta David exclam\u00f3 con en\u00e9rgico tono: Cantad al Se\u00f1or un c\u00e1ntico nuevo, porque ha hecho cosas admirables. Su mano derecha y su brazo nos han salvado. El Se\u00f1or ha hecho conocer su salud, y ha revelado su justicia en presencia de todas las naciones.<br \/>\n7. Y toda la multitud de los santos respondi\u00f3, diciendo: Esta gloria es para todos los santos. As\u00ed sea. Alabad a Dios.<br \/>\n8. Y entonces el profeta Habacuc exclam\u00f3, diciendo: Has venido para la salvaci\u00f3n de tu pueblo, y para la liberaci\u00f3n de tus elegidos.<br \/>\n9. Y todos los santos respondieron, diciendo: Bendito el que viene en nombre del Se\u00f1or, y nos ilumina.<br \/>\n10. Igualmente el profeta Miqueas exclam\u00e9, diciendo: \u00bfQu\u00e9 Dios hay como t\u00fa, Se\u00f1or, que desvaneces las iniquidades, y que borras los pecados? Y ahora contienes el testimonio de tu c\u00f3lera. Y te inclinas m\u00e1s a la misericordia. Has tenido piedad de nosotros, y nos has absuelto de nuestros pecados, y has sumido todas nuestras iniquidades en el abismo de la muerte, seg\u00fan que hab\u00edas jurado a nuestros padres en los d\u00edas antiguos.<br \/>\n11. Y todos los santos respondieron, diciendo: Es nuestro Dios para siempre, por los siglos de los siglos, y durante todos ellos nos regir\u00e1. As\u00ed sea. Alabad a Dios.<br \/>\n12. Y los dem\u00e1s profetas recitaron tambi\u00e9n pasajes de sus viejos c\u00e1nticos, consagrados a alabar a Dios. Y todos los santos hicieron lo mismo. <\/p>\n<p>Llegada de los santos antiguos al Para\u00edso y su encuentro con Enoch y con El\u00edas<\/p>\n<p>XXVI 1. Y el Se\u00f1or, tomando a Ad\u00e1n por la mano, lo puso en las del arc\u00e1ngel Miguel, al cual siguieron asimismo todos los santos.<br \/>\n2. Y los introdujo a todos en la gracia gloriosa del Para\u00edso, y dos hombres, en gran manera ancianos, se presentaron ante ellos.<br \/>\n3. Y los santos los interrogaron, diciendo: \u00bfQui\u00e9nes sois vosotros, que no hab\u00e9is estado en los infiernos con nosotros, y que hab\u00e9is sido tra\u00eddos corporalmente al Para\u00edso?<br \/>\n4. Y uno de ellos repuso: Yo soy Enoch, que he sido transportado aqu\u00ed por orden del Se\u00f1or. Y el que est\u00e1 conmigo es El\u00edas, el Tesbita, que fue arrebatado por un carro de fuego. Hasta hoy no hemos gustado la muerte, pero estamos reservados para el advenimiento del Anticristo, armados con ense\u00f1as divinas, y pr\u00f3digamente preparados para combatir contra \u00e9l, para darle muerte en Jerusal\u00e9n, y para, al cabo de tres d\u00edas y medio, ser de nuevo elevados vivos en las nubes. <\/p>\n<p>Llegada del buen ladr\u00f3n al Para\u00edso<\/p>\n<p>XXVII 1. Y mientras Enoch y El\u00edas as\u00ed hablaban, he aqu\u00ed que sobrevino un hombre muy miserable, que llevaba sobre sus espaldas el signo de la cruz.<br \/>\n2. Y, al verlo, todos los santos le preguntaron: \u00bfQui\u00e9n eres? Tu aspecto es el de un ladr\u00f3n. \u00bfDe d\u00f3nde vienes, que llevas el signo de la cruz sobre tus espaldas?<br \/>\n3. Y \u00e9l, respondi\u00e9ndoles, dijo: Con verdad habl\u00e1is, porque yo he sido un ladr\u00f3n, y he cometido cr\u00edmenes en la tierra. Y los jud\u00edos me crucificaron con Jes\u00fas, y vi las maravillas que se realizaron por la cruz de mi compa\u00f1ero, y cre\u00ed que es el Creador de todas las criaturas, y el rey todopoderoso, y le rogu\u00e9, exclamando: Se\u00f1or, acu\u00e9rdate de m\u00ed, cuando est\u00e9s en tu reino. Y, acto seguido, accediendo a mi s\u00faplica, contest\u00f3: En verdad te digo que hoy ser\u00e1s conmigo en el Para\u00edso. Y me dio este signo de la cruz, advirti\u00e9ndome: Entra en el Para\u00edso llevando esto, y, si su \u00e1ngel guardi\u00e1n no quiere dejarte entrar, mu\u00e9strale el signo de la cruz, y dile: Es Jesucristo, el hijo de Dios, que est\u00e1 crucificado ahora, quien me ha enviado a ti. Y repet\u00ed estas cosas al \u00e1ngel guardi\u00e1n, que, al o\u00edrmelas, me abri\u00f3 presto, me hizo entrar, y me coloc\u00f3 a la derecha del Para\u00edso, diciendo: Espera un poco, que pronto Ad\u00e1n, el padre de todo el g\u00e9nero humano, entrar\u00e1 con todos sus hijos, los santos y los justos del Cristo, el Se\u00f1or crucificado.<br \/>\n4. Y, cuando hubieron escuchado estas palabras del ladr\u00f3n, todos los patriarcas, con voz un\u00e1nime, clamaron: Bendito sea el Se\u00f1or todopoderoso, padre de las misericordias y de los bienes eternos, que ha concedido tal gracia a los pecadores, y que los ha introducido en la gloria del Para\u00edso, y en los campos f\u00e9rtiles en que reside la verdadera vida espiritual. As\u00ed sea. <\/p>\n<p>Carino y Leucio concluyen su relato<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL EVANGELIO DE NICODEMO Hechos de Pilatos (Acta Pilati) Acusado por los pr\u00edncipes de los jud\u00edos, Jes\u00fas comparece ante Pilatos realizado a su entrada en el pretorio I 1. Yo, Emeo, israelita de naci\u00f3n, doctor de la ley en Palestina, int\u00e9rprete de las Divinas Escrituras, lleno de fe en la grandeza de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, revestido del car\u00e1cter sagrado del<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[172],"tags":[],"class_list":["post-3363","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-evangelios-apocrifos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3363","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3363"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3363\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3363"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3363"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3363"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}