{"id":3359,"date":"2009-01-26T20:24:50","date_gmt":"2009-01-26T20:24:50","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3359"},"modified":"2009-01-26T20:24:50","modified_gmt":"2009-01-26T20:24:50","slug":"el-evangelio-armenio-de-la-infancia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3359","title":{"rendered":"EL EVANGELIO ARMENIO DE LA INFANCIA"},"content":{"rendered":"<p>EL EVANGELIO ARMENIO DE LA INFANCIA<\/p>\n<p>Lo que advino, con motivo de la Santa Virgen Mar\u00eda, en la casa de su padre. <\/p>\n<p>Relato de Santiago, hermano del Se\u00f1or<\/p>\n<p>I 1. En aquel tiempo, un hombre llamado Joaqu\u00edn sali\u00f3 su casa, llevando consigo sus reba\u00f1os y sus pastores, y fue al desierto, donde fij\u00f3 su tienda. Y, despu\u00e9s de haber permanecido all\u00ed en oraci\u00f3n, durante cuarenta d\u00edas y cuarenta noches, gimiendo, llorando y no viviendo m\u00e1s que de pan y de agua, se arrodill\u00f3, y, en la aflicci\u00f3n de su alma, rog\u00f3 a Dios en estos t\u00e9rminos: Acu\u00e9rdate de m\u00ed, Se\u00f1or, seg\u00fan tu misericordia y tu justicia, y opera en m\u00ed una se\u00f1al de tu benevolencia, como lo hiciste con nuestro antepasado Abraham, a quien, en los d\u00edas de su vejez, concediste un v\u00e1stago de bendici\u00f3n, hijo de la promesa, Isaac, su descendiente \u00fanico y prenda de consuelo para su raza. Y de esta suerte, con l\u00e1grimas y alma afligida, ped\u00eda piedad a Dios. Y dec\u00eda: No me ir\u00e9 de aqu\u00ed, ni comer\u00e9, ni beber\u00e9, hasta que el Se\u00f1or me haya visitado, y haya tenido compasi\u00f3n de su siervo.<\/p>\n<p>2. Y, cuando se acabaron los cuarenta d\u00edas de ayuno, advino el \u00e1ngel del Se\u00f1or, y, coloc\u00e1ndose ante Joaqu\u00edn, le dijo: Joaqu\u00edn, el Se\u00f1or ha o\u00eddo tus plegarias, y ha atendido tus s\u00faplicas. He aqu\u00ed que tu mujer concebir\u00e1, y te dar\u00e1 a luz un v\u00e1stago de bendici\u00f3n. Y su nombre ser\u00e1 grande, y todas las razas lo proclamar\u00e1n bienaventurado. Lev\u00e1ntate, toma las ofrendas que has prometido, ll\u00e9valas al templo santo, y cumple tu voto. Porque yo ir\u00e9 esta noche a prevenir al Gran Sacerdote, para que acepte esas ofrendas. Y, despu\u00e9s de hablar as\u00ed, el arc\u00e1ngel lo abandon\u00f3. Y Joaqu\u00edn se levant\u00f3 en seguida con j\u00fabilo, y parti\u00f3 con sus numerosos ganados y con sus ofrendas. <\/p>\n<p>3. Y el \u00e1ngel del Se\u00f1or, apareciendo a Eleazar, el Gran Sacerdote, en una visi\u00f3n semejante, le dijo: He aqu\u00ed que Joaqu\u00edn viene hacia ti con ofrendas. Recibe sus dones religiosamente y conforme a la ley, como conviene. Porque el Se\u00f1or ha escuchado sus ruegos, y ha realizado su demanda. Y el Gran Sacerdote se despert\u00f3 de su sue\u00f1o, se levant\u00f3, y dio gracias al Alt\u00edsimo, diciendo: Bendito sea el Se\u00f1or, Dios de Israel, porque no desde\u00f1a a sus servidores que le imploran. Despu\u00e9s, el \u00e1ngel apareci\u00f3 por segunda vez a Ana, y le dijo: He aqu\u00ed que tu marido llega. Lev\u00e1ntate, ve a buscarlo, y rec\u00edbelo con alegr\u00eda. Y Ana se levant\u00f3, revisti\u00f3 su atav\u00edo nupcial, y fue a buscar a su marido. Y, cuando lo divis\u00f3, se prostern\u00f3 con j\u00fabilo ante \u00e9l, y le ech\u00f3 al cuello los brazos. <\/p>\n<p>4. Y Joaqu\u00edn dijo: Salud y feliz noticia, Ana, porque el Se\u00f1or ha tenido piedad de m\u00ed, me ha atendido, y ha prometido damos un v\u00e1stago de bendici\u00f3n. Y Ana dijo a Joaqu\u00edn: Buena nueva a mi vez te doy, porque tambi\u00e9n a m\u00ed el Se\u00f1or ha prometido darnos lo que dices. Y, transportada de gozo, a\u00f1adi\u00f3: Bendito sea el Se\u00f1or, Dios de Israel, que no ha desde\u00f1ado nuestras s\u00faplicas, y que no ha apartado de nosotros su misericordia. Y, al mismo tiempo, Joaqu\u00edn orden\u00f3 que se llamase a sus amigos y vecinos, y les hizo una recepci\u00f3n grandiosa. Comieron, bebieron, se regocijaron, y, despu\u00e9s de haber rendido gracias al Se\u00f1or, volvieron cada uno a su casa. Y glorificaron a Dios en alta voz. <\/p>\n<p>Del nacimiento de la Virgen Mar\u00eda, y lo que ocurri\u00f3 en casa de su padre <\/p>\n<p>II 1. Y Joaqu\u00edn se levant\u00f3 muy temprano, llam\u00f3 a sus pastores, y les dijo: Traedme diez corderos blancos, y esto ser\u00e1 la ofrenda para el templo augusto de mi Dios; y doce terneros, y esto ser\u00e1 para los sacerdotes, los escribas y los ministros, que son los servidores de la Sinagoga y cien moruecos, y esto ser\u00e1 para todo el pueblo de Israel. Y, cuando Joaqu\u00edn hubo tomado estas ofrendas, las llev\u00f3 al templo del Se\u00f1or, y, habi\u00e9ndose prosternado ante los sacerdotes y ante toda la asamblea, les present\u00f3 los dones aportados. Y ellos se regocijaron, y lo felicitaron de que hubiese placido al Se\u00f1or aceptar de sus manos tan santas ofrendas. Y la multitud de gentes que se encontraban all\u00ed, estaban admirados, y dec\u00edan: Alabado sea el Se\u00f1or Dios de Israel, que ha realizado los votos de tu coraz\u00f3n. Ve en paz a tu casa, y el Se\u00f1or ser\u00e1 contigo perpetuamente, y te dar\u00e1 un hijo bendito y un v\u00e1stago santificado, fruto de las entra\u00f1as de tu esposa. <\/p>\n<p>2. Y Joaqu\u00edn, despu\u00e9s de haberse prosternado ante los sacerdotes, se levant\u00f3, entr\u00f3 en el templo, y, puesto en oraci\u00f3n, daba gracias al Se\u00f1or, y dec\u00eda: Se\u00f1or Dios de Israel, puesto que has escuchado a tu servidor, y lo has tratado con amplia medida de misericordia, yo te prometo que el hijo que me concedes, sea del sexo masculino o del femenino, te lo dar\u00e9, para que est\u00e9 a tu servicio en este templo, todos los d\u00edas de su vida. Y, luego que hubo hablado as\u00ed, Joaqu\u00edn se incorpor\u00f3, y march\u00f3 gozosamente a su casa. <\/p>\n<p>3. Transcurridos tres meses, el hijo se estremec\u00eda en el vientre de su madre. Y Ana, llena de gran j\u00fabilo, dijo en un transporte de alegr\u00eda: Por la vida del Se\u00f1or, si me es concedido un hijo de bendici\u00f3n del sexo masculino o femenino, lo doy al templo santo, por todos los d\u00edas de su vida. Y Ana cumpli\u00f3 ciento sesenta d\u00edas de su embarazo, lo que equivale a seis meses. <\/p>\n<p>4. Y Joaqu\u00edn parti\u00f3 con presentes, lleg\u00f3 al templo santo, y, ante los sacerdotes, ofreci\u00f3 los sacrificios que hab\u00eda prometido cumplir \u00edntegramente al comienzo del a\u00f1o. Y, al levantar las v\u00edctimas sobre el altar de los sacrificios, e inmolarlas, los sacerdotes vieron, mientras la sangre corr\u00eda, que aquellas v\u00edctimas no conten\u00edan ninguna m\u00e1cula, y, llenos de gozo, dieron gracias al Alt\u00edsimo. <\/p>\n<p>5. Mas Joaqu\u00edn, despu\u00e9s de haber hecho sus ofrendas ordinarias, tom\u00f3 un cordero, y, haciendo primero su oblaci\u00f3n, lo sacrific\u00f3 despu\u00e9s sobre el altar. Y todos vieron por un prodigio inesperado salir de la arteria una especie de leche blanca en lugar de sangre. Ante tan singular espect\u00e1culo, los sacerdotes y todo el pueblo quedaron at\u00f3nitos, sorprendidos y maravillados. Porque jam\u00e1s se hab\u00eda visto un prodigio semejante al que se verificara en tal sacrificio. Y Eleazar, el Gran Sacerdote, requiri\u00f3 a Joaqu\u00edn para que dijese en nombre de qu\u00e9 hab\u00eda presentado en ofrenda y en sacrificio aquel cordero sobre el altar. <\/p>\n<p>6. Y Joaqu\u00edn respondi\u00f3: Las primeras ofrendas las promet\u00ed al Se\u00f1or, como un voto que deb\u00eda cumplir. Pero este \u00faltimo cordero lo ofrec\u00ed en nombre de mi v\u00e1stago futuro, y a \u00e9l lo reserv\u00e9. Y el Gran Sacerdote dijo: \u00bfSabes lo que implica ese signo que el Se\u00f1or te ha mostrado en nombre de tu v\u00e1stago futuro? La leche que acaba de salir de esa arteria tiene una significaci\u00f3n precisa. Porque lo que nacer\u00e1 del vientre de su madre, ser\u00e1 una hembra, una virgen impecable y santa. Y esta virgen concebir\u00e1 sin intervenci\u00f3n de hombre, y nacer\u00e1 de ella un hijo var\u00f3n, que llegar\u00e1 a ser un gran monarca y rey de Israel. Y, al o\u00edr estas cosas, todos los que estaban presentes, fueron presa de la mayor admiraci\u00f3n. Joaqu\u00edn se dirigi\u00f3 en silencio a su casa, y cont\u00f3 a su esposa los prodigios que hab\u00edan ocurrido. Y, dando gracias a su Dios, se regocijaron, y dijeron al Alt\u00edsimo: H\u00e1gase tu voluntad. <\/p>\n<p>7. Y, cuando el embarazo de Ana alcanz\u00f3 los doscientos diez d\u00edas, lo que hace siete meses, s\u00fabitamente, a la hora s\u00e9ptima, Ana trajo al mundo a su santa hija, durante el d\u00eda 21 del mes (de &#8230;), que es el 8 de septiembre. El primer d\u00eda pregunt\u00f3 a la partera: \u00bfQu\u00e9 he tra\u00eddo al mundo? Y la partera contest\u00f3: Has tra\u00eddo al mundo una hija extremadamente bella, graciosa y radiante a la vista, sin tacha ni mancilla alguna. Y Ana exclam\u00f3: Bendito sea el Se\u00f1or Dios de Israel, que ha escuchado las s\u00faplicas de sus siervos, que nos ha mostrado su amplia misericordia, y que ha hecho por nosotros grandes cosas, que han inundado de gozo nuestra alma. Ahora mi coraz\u00f3n est\u00e1 s\u00f3lidamente establecido en el Se\u00f1or, y mi esperanza ha sido exaltada en Dios mi Salvador. <\/p>\n<p>8. Y, cuando la ni\u00f1a tuvo tres d\u00edas, Ana orden\u00f3 a la partera que la lavase, y la llevase a su dormitorio con respeto. Y, habi\u00e9ndole la partera presentado a la ni\u00f1a, le dio el pecho, y la nutr\u00eda con su leche. Y, en una efusi\u00f3n de ternura, le puso por nombre Mar\u00eda. De d\u00eda en d\u00eda la ni\u00f1a crec\u00eda y adelantaba, y la madre, en los transportes de su j\u00fabilo, la mec\u00eda entre sus brazos. Y as\u00ed sus padres la alimentaban y la cuidaban. Y, cuando lleg\u00f3 el tiempo de la purificaci\u00f3n, por haber cumplido Mar\u00eda cuarenta d\u00edas, sus padres la tomaron con respeto, y, aportando numerosas ofrendas, la condujeron al templo santo, conforme a la regla de su tradici\u00f3n. <\/p>\n<p>9. Y la peque\u00f1a Mar\u00eda crec\u00eda y adelantaba de d\u00eda en d\u00eda. Cuando cumpli\u00f3 seis meses, su madre permiti\u00f3 que intentase andar por s\u00ed sola. Y la ni\u00f1a avanz\u00f3 tres pasos por s\u00ed sola, y volviendo atr\u00e1s, se ech\u00f3 en brazos de su madre. Y su madre, levant\u00e1ndola en sus brazos, y haci\u00e9ndole caricias, exclam\u00f3: \u00a1Oh t\u00fa, Mar\u00eda, santa madre de las v\u00edrgenes, ra\u00edz de hermoso crecimiento, rama de un noble trono, de ti se levantar\u00e1 la aurora, el astro precursor de la luz, semejante a la luna m\u00e1s que ninguna estrella, luz del d\u00eda m\u00e1s brillante que el esplendor del sol, alba del sol del Oriente! As\u00ed hablaba Ana, y a\u00f1ad\u00eda otras muchas cosas a\u00fan. Y, acariciando a su santa hija, dec\u00eda: Por la vida del Se\u00f1or, tus pies no pisar\u00e1n el suelo hasta el d\u00eda en que te llevemos al templo. Y Ana pidi\u00f3 a Joaqu\u00edn: Construye a tu hija Mar\u00eda un aposento en que habite, hasta el momento en que sea mayor, y la llevemos al templo santo. <\/p>\n<p>10. Y, pasado alg\u00fan tiempo, los esposos se dijeron entre s\u00ed: Conduzc\u00e1mosla a la casa del Se\u00f1or, para que viva en su presencia, conforme a nuestro voto. Pero Ana advirti\u00f3 a Joaqu\u00edn: Esperemos a que adquiera conciencia de s\u00ed misma. Y, en aquellos mismos d\u00edas, Ana qued\u00f3 encinta, y trajo al mundo una ni\u00f1a que llam\u00f3 Parogith\u00e4, diciendo: Mar\u00eda ser\u00e1 del Se\u00f1or, y Parogith\u00fc constituir\u00e1 nuestras delicias (phurg\u00e4i\u00e4) en lugar de Mar\u00eda. <\/p>\n<p>De la educaci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda, que tuvo lugar en el templo, durante doce a\u00f1os <\/p>\n<p>III. 1. Y Joaqu\u00edn dijo a Ana: Se han cumplido los d\u00edas de la hija que ha nacido en nuestra casa. Manda que se convoque a todas las hijas de los hebreos, v\u00edrgenes consagradas a Dios para que cada una tome una l\u00e1mpara en su mano, y conduzcan a la ni\u00f1a, con santo respeto, al templo del Se\u00f1or. Y, habi\u00e9ndola conducido, la colocaron en la tercera grada del tabern\u00e1culo. Y el Se\u00f1or Dios le concedi\u00f3 gracia y sabidur\u00eda. Un \u00e1ngel que descendi\u00f3 del cielo, le serv\u00eda la mesa, y se ve\u00eda alimentada por los \u00e1ngeles del Esp\u00edritu Santo. Y, en el tabern\u00e1culo, o\u00eda incesantemente el lenguaje y el canto de los \u00e1ngeles. <\/p>\n<p>2. Mar\u00eda ten\u00eda tres a\u00f1os, cuando sus padres la llevaron al templo, y en \u00e9l permaneci\u00f3 doce. Al cabo de un a\u00f1o, sus padres murieron. Mar\u00eda experiment\u00f3 viva aflicci\u00f3n por la p\u00e9rdida de los que le hab\u00edan dado el ser, y les guard\u00f3 el duelo oficial de treinta d\u00edas. Establecida en el templo, fue all\u00ed educada, y se perfeccion\u00f3 a la manera de las mujeres, como las dem\u00e1s hijas de los hebreos que con ella se encontraban, hasta que alcanz\u00f3 la edad de quince a\u00f1os. <\/p>\n<p>3. En aquel a\u00f1o, muri\u00f3 Eleazar, el Gran Sacerdote. Y los hijos de Israel, siguiendo las reglas del duelo, lloraron por \u00e9l treinta d\u00edas. Y, despu\u00e9s de todos estos acontecimientos, tuvo lugar una asamblea de los sacerdotes, de los ancianos del pueblo y de otros notables, que resolvieron designar un Gran Sacerdote del templo, consultando la suerte. Y la suerte recay\u00f3 sobre Zacar\u00edas, hijo de Baraqu\u00edas. Todos los sacerdotes lo impusieron, y lo nombraron soberano ministro y Sumo Pont\u00edfice del santo altar. E Isabel, esposa de Zacar\u00edas, y Ana, eran parientes, y ambas a dos infecundas. Y, desde el embarazo de Ana y el nacimiento de Mar\u00eda hasta el momento en que Zacar\u00edas comenz\u00f3 a ejercer sus funciones de Gran Sacerdote, hab\u00edan transcurrido catorce a\u00f1os. <\/p>\n<p>4. Y, siendo ya Zacar\u00edas el Gran Sacerdote, su esposa continuaba est\u00e9ril, y sin tener hijos, como Ana. Y, fuera de tiempo, los sacerdotes y todo el pueblo hicieron una reflexi\u00f3n demasiado tard\u00eda, y se dijeron los unos a los otros: Es extremadamente enojoso que no hayamos comprendido m\u00e1s pronto lo que hicimos. Porque hemos establecido este Gran Sacerdote, sin advertir el defecto que se opon\u00eda a ello, dado que su esposa es infecunda, y no ha concebido fruto de bendici\u00f3n. Y uno de los sacerdotes, llamado Levi, dijo: este me parece justo, y, con vuestro permiso, se lo comunicar\u00e1. Los otros sacerdotes observaron: Decl\u00e1rale la cosa a \u00e9l solo y en secreto, y no hables de eso a nadie m\u00e1s. Y el sacerdote, asintiendo, dijo: Conforme. Se lo manifestar\u00e1 a \u00e9l, y a nadie m\u00e1s que a \u00e9l. <\/p>\n<p>5. Un d\u00eda, pues, como hubiese terminado el tiempo de la plegaria, el sacerdote fue secretamente a entrevistar se con Zacar\u00edas, y le notific\u00f3 la conversaci\u00f3n que hab\u00eda tenido con sus compa\u00f1eros. Al o\u00edr tal, Zacar\u00edas se turb\u00f3 hasta lo sumo, y dijo entre s\u00ed: \u00bfQu\u00e9 har\u00e1? \u00bfQu\u00e9 respuesta he de dar? Porque, en lo tocante a m\u00ed, no me remuerde la conciencia el haber hecho mal alguno, y, si me odian sin causa, a pesar de mi inocencia, al Se\u00f1or \u00fanicamente corresponde. examinarlo. Si repudio a mi esposa, sin alegar ning\u00fan desaguisado por su parte, cometer\u00e1 una falta torpe. Y ser\u00eda muy penoso para m\u00ed atribuirme un delito que no he cometido, para que se me destituya, o, sin decir nada, abdicar el pontificado y el servicio del santo altar. \u00bfQu\u00e9, pues, va a ocurrir en esta grave perplejidad que a mi alma atormenta? <\/p>\n<p>6. Y, mientras revolv\u00eda en su pensamiento todas estas reflexiones, lleg\u00f3 la hora de la oraci\u00f3n ritual, en que deb\u00eda depositar el incienso ante el Se\u00f1or. Y, manteni\u00e9ndose en el templo cerca del santo altar, y llorando frente al tabern\u00e1culo, rogaba de esta suerte: Se\u00f1or, Dios de nuestros padres, Dios de Israel, m\u00edrame con misericordia, a m\u00ed, tu siervo, que se presenta lleno de confusi\u00f3n delante de tu majestad, y que implora la dulce gracia de tu benevolencia. No desde\u00f1es a tu siervo humilde. Si me juzgas digno de servir tu santo altar, usa a mi respecto de tu tierna bondad hacia los hombres, pues que t\u00fa solo eres piadoso y omnipotente. Sea para ti la gloria en todos los siglos. Am\u00e9n. <\/p>\n<p>7. As\u00ed habl\u00f3 Zacar\u00edas, mientras se encontraba a la derecha del santo altar, y, prosternado, adoraba al Se\u00f1or. Y he aqu\u00ed que un \u00e1ngel de Dios le apareci\u00f3, en el tabern\u00e1culo, y le dijo: No temas, Zacar\u00edas, porque tus plegarias han sido atendidas, y tus s\u00faplicas han llegado hasta Dios. He aqu\u00ed que tu esposa Isabel concebir\u00e1 y parir\u00e1 un hijo, y llamar\u00e9is su nombre Juan. Mas Zacar\u00edas repuso: \u00bfC\u00f3mo puede suceder eso, puesto que yo soy viejo, y mi mujer avanzada en edad? Y el \u00e1ngel dijo: Por cuanto no me has escuchado, ni cre\u00eddo mis palabras, he aqu\u00ed que quedar\u00e1s mudo e incapaz de hablar, hasta que esas cosas advengan. Y, en el mismo instante, Zacar\u00edas fue atacado de mutismo en el templo, y, habi\u00e9ndose arrodillado en silencio frente al santo altar, se golpe\u00f3 el pecho, y llor\u00f3 con amargura. <\/p>\n<p>8. Y los sacerdotes y la multitud del pueblo que se encontraba all\u00ed, notaron con sorpresa y con asombro que Zacar\u00edas se retardaba en el templo. Y, habi\u00e9ndose introducido cerca de \u00e9l, los sacerdotes lo encontraron atacado de mutismo. No pod\u00eda hablar, y no se explicaba m\u00e1s que por gestos. Despu\u00e9s, cuando hubo pasado la fiesta de los santos tabern\u00e1culos, el 15 del mes de tesr\u00edn, que es el 2 de octubre, finaron las primeras solemnidades. El 22 de tesr\u00edn, que es el 9 de octubre, Isabel qued\u00f3 encinta. Y el 16 del mes de tammuz, que es el 5 de junio, tuvo lugar el nacimiento de Juan el Bautista. <\/p>\n<p>De c\u00f3mo los sacerdotes, siguiendo su uso tradicional, dieron a Mar\u00eda en matrimonio a Jos\u00e9, para que velase cuidadosamente por la Santa Virgen, y c\u00f3mo \u00e9l la tom\u00f3 bajo su guarda, confiando en el Se\u00f1or <\/p>\n<p>IV 1. Cuando, transcurridos quince a\u00f1os, termin\u00f3 la residencia santificada de Mar\u00eda en el templo, los sacerdotes deliberaron entre s\u00ed, y se preguntaron: \u00bfQu\u00e9 haremos de Mar\u00eda? Sus padres, que han muerto, nos la confiaron en el templo, como un dep\u00f3sito sagrado. Ahora ha alcanzado, en toda su plenitud, el desarrollo propio de las mujeres. No es posible guardarla m\u00e1s tiempo entre nosotros, porque es preciso evitar que el templo de Dios sea profanado sin noticia nuestra. Y los sacerdotes se repitieron los unos a los otros: \u00bfQu\u00e9 nos toca hacer? Y uno de ellos, un sacerdote llamado Behezi, dijo: Hay todav\u00eda con ella en el templo muchas otras hijas de los hebreos. Vayamos, por tanto, a interrogar a Zacar\u00edas, el Gran Sacerdote, y lo que \u00e9l juzgue conveniente, lo haremos. Todos contestaron, un\u00e1nimes: Est\u00e1 bien. Y el sacerdote Behezi se present\u00f3 ante Zacar\u00edas, y le dijo: T\u00fa eres el Gran Sacerdote, avezado a la guarda del santo altar. Y hay aqu\u00ed hijas de los hebreos, que se han consagrado a Dios. Entra en el Santo de los Santos, y ruega por la intenci\u00f3n suya. Todo lo que el Se\u00f1or revele, lo haremos seg\u00fan su voluntad. <\/p>\n<p>2. E inmediatamente Zacar\u00edas se levant\u00f3, y, tomando el racional, entr\u00f3 en el Santo de los Santos, y rog\u00f3 por aquellas j\u00f3venes. Y, mientras esparc\u00eda el incienso ante el Se\u00f1or, he aqu\u00ed que un \u00e1ngel de Dios fue a colocarse cerca del altar del tabern\u00e1culo, y le dijo: Sal a la puerta del templo, y ordena que se llame a las once hijas de los hebreos, y, con ellas, trae aqu\u00ed a Mar\u00eda, que es de la raza de Jud\u00e1 y de la familia de David. Ordena tambi\u00e9n que se llame a todos los celibatarios de la ciudad, y que cada uno aporte una tablilla. Colocar\u00e1s todas las tablillas en el tabern\u00e1culo de la alianza, escribir\u00e1s el nombre de cada uno sobre su tablilla, har\u00e1s la plegaria, y cada virgen se casar\u00e1 con el hombre que Dios designe entre ellos. Y el Gran Sacerdote sali\u00f3 del templo, y orden\u00f3 que cuantos fuesen celibatarios se n,uniesen en aquel lugar. Y, al conocer esta orden, todos, hasta el \u00faltimo, se reunieron en el lugar indicado, llevando cada uno en la mano su tablilla. Y el viejo Jos\u00e9, que tambi\u00e9n conoci\u00f3 aquella orden, abandon\u00f3 su azuela de carpintero, y, tomando una tablilla, se apresur\u00f3 a ir al lugar marcado. Y el Gran Sacerdote le tom\u00f3 de las manos la tablilla, la acept\u00f3, y, entrando en el templo, hizo la plegaria por aquellos hombres. <\/p>\n<p>3. Era, en efecto, uso constante entre las familias de Israel salidas de la tribu de Jud\u00e1 y de la l\u00ednea de David, colocar a sus hijas en el templo, donde se las guardaba en la santidad y en la justicia por el espacio de doce a\u00f1os, para all\u00ed servir, y esperar el momento de los decretos divinos, o sea, aquel en que el Verbo tomar\u00eda carne de una pura e impecable virgen, y, convertido exteriormente en uno de tantos hombres, pisar\u00eda la tierra con paso humano. La raza de Israel guardaba esa regla, consignada por escrito y conservada en el templo por la tradici\u00f3n de los antepasados. Y, a menos que no apareciese ning\u00fan signo o advertencia del Esp\u00edritu Santo, daban a aquellas j\u00f3venes en matrimonio. As\u00ed se procedi\u00f3 con aquellas doce v\u00edrgenes, que eran de la raza de Jud\u00e1 y de la familia de David, y entre las cuales se encontraba la Virgen Mar\u00eda, que ten\u00eda preeminencia sobre todas. Se las reuni\u00f3 de com\u00fan acuerdo, y se las hizo comparecer en el lugar se\u00f1alado. Y los sacerdotes consultaron la suerte a cuenta de ellas y a intenci\u00f3n de los celibatarios, para saber qui\u00e9n de \u00e9stos recibir\u00eda una como esposa. <\/p>\n<p>4. Y, cuando el Gran Sacerdote devolvi\u00f3 a los celibatarios sus tablillas respectivas, que hab\u00eda sacado del templo, vio que el nombre de cada una de las v\u00edrgenes estaba grabado sobre la tablilla de aquel a quien hab\u00eda tocado por mujer. Y, al tomar Zacar\u00edas las tablillas, \u00e9stas no llevaban ning\u00fan signo, excepto los nombres que se hallaban escritos en ellas. Pero, al entregar a Jos\u00e9 la \u00faltima, en la cual se encontraba escrito el nombre de Mar\u00eda, he aqu\u00ed que una paloma, que sali\u00f3 de la tablilla, se pos\u00f3 sobre la cabeza del agraciado. Y Zacar\u00edas dijo a Jos\u00e9: A ti te corresponde la Virgen Mar\u00eda. Rec\u00edbela, y gu\u00e1rdala como esposa tuya, puesto que te ha ca\u00eddo en suerte por una decisi\u00f3n santa, para que se enlace contigo en matrimonio, como cada una de las otras v\u00edrgenes a uno de los celibatarios. <\/p>\n<p>5. Mas Jos\u00e9, al o\u00edr esto, resisti\u00f3 y repuso: Yo os ruego, sacerdotes y todo el pueblo, reunidos en este templo santo, que no me violent\u00e9is en presencia de todos. \u00bfC\u00f3mo har\u00e9 nada de lo que me dec\u00eds? Tengo una numerosa familia de hijos y de hijas, y quedar\u00eda avergonzado y confuso ante ellos. \u00a1No me violent\u00e9is! Mas los sacerdotes y todo el pueblo le contestaron: Obedece a la voluntad de Dios, y no seas recalcitrante e insumiso, porque no obras seg\u00fan la ley, al oponerte a esa voluntad. Y Jos\u00e9 dijo: Siendo, como soy, viejo, y estando pr\u00f3ximo a la muerte, \u00bfpor qu\u00e9 me oblig\u00e1is a hacer en mi ancianidad cosas que no convienen a mi edad, ni a mi condici\u00f3n? Y el Gran Sacerdote dijo: Escucha. No tendr\u00e1s verg\u00fcenza ni confusi\u00f3n de ning\u00fan lado, sino de todas partes bendici\u00f3n y gloria. Y Jos\u00e9 dijo: Hablas bien, pero la que me ha tocado es una ni\u00f1a, no una mujer, y, al verlo y comprenderlo, todos los hijos de Israel me pondr\u00e1n en rid\u00edculo. Y el Gran Sacerdote dijo: Sabemos que eres bueno, justo y temeroso de Dios. Esta virgen es hu\u00e9rfana, y se ve privada de sus padres. La hemos tomado en tutela protectora, y en el templo la hemos residenciado, bajo la fe del juramento. Los sacerdotes y todo el pueblo acabamos de atestiguar legalmente que te ha ca\u00eddo en suerte Mar\u00eda. Rec\u00f3gela por nuestra voluntad y nuestra bendici\u00f3n, y gu\u00e1rdala con santidad y con respeto, conforme a la ley a la tradici\u00f3n de nuestros antepasados, hasta que te llegue el momento de recibir la corona de gloria, al mismo tiempo que las otras v\u00edrgenes y los otros celibatarios. <\/p>\n<p>6. Y Jos\u00e9 dijo: Tened piedad de los cabellos blancos de mi vejez. No me impong\u00e1is la carga, a que no tengo inclinaci\u00f3n alguna, de guardarla con cuidado y con circunspecci\u00f3n, como conviene. Es una virgen que acaba de llegar a la edad n\u00fabil, conforme a la naturaleza de las mujeres. \u00bfC\u00f3mo ha de ser para m\u00ed un deber aceptarla en matrimonio, ya que esto constituir\u00eda un pecado? Y el Gran Sacerdote dijo: Si no estabas dispuesto a consentir en las consecuencias de este acto, \u00bfqui\u00e9n te ha obligado a ello? \u00bfPor qu\u00e9 has venido con los otros celibatarios? Y advierte que, despu\u00e9s de haberte presentado con ellos, y de haber tirado a la suerte, seg\u00fan el uso consagrado, has recibido del templo del Se\u00f1or un signo bendito e indicativo de que Dios te ha concedido a Mar\u00eda en matrimonio. Y Jos\u00e9 dijo: Yo no sab\u00eda esto de antemano, y, por mis propias reflexiones, no me era posible conocer el acontecimiento que se preparaba, ni sus resultas. Pero, repito, me hallo a punto de morir, y espero que respet\u00e9is los cabellos blancos de mi cabeza y mi vida sin tacha. Y el Gran Sacerdote dijo: Teme al Se\u00f1or, y no resistas a sus \u00f3rdenes. Recuerda c\u00f3mo Dios procedi\u00f3 con Cor\u00e9, Dathan y Abiron, y c\u00f3mo la tierra se abri\u00f3 y los trag\u00f3 a causa del acto de desobediencia que cometieron. No los imites, si quieres evitar alguna desgracia imprevista, que te advenga de s\u00fabito. <\/p>\n<p>7. Cuando Jos\u00e9 hubo o\u00eddo estas palabras, se inclin\u00f3, se prostern\u00f3 ante los sacerdotes y ante todo el pueblo, y sacando del templo a Mar\u00eda, parti\u00f3 con ella, y la condujo a su casa, en la villa de Nazareth. Al llegar, le advirti\u00f3: Hija m\u00eda, presta o\u00eddos a lo que voy a decirte, y guarda su recuerdo. Yo proveer\u00e9 a todas tus necesidades materiales, y t\u00fa habitar\u00e1s aqu\u00ed honestamente. Gu\u00e1rdate a ti misma, y por ti misma vela. No vayas in\u00fatilmente a parte alguna, y procura que nadie entre en casa, hasta que llegue el momento en que, Dios mediante, vuelva al lado tuyo. Sea eternamente contigo el Dios de Israel, Dios de nuestros padres. Y, habiendo hablado as\u00ed, se levant\u00f3, y se puso en camino, para ir a ejercer su oficio de carpintero. <\/p>\n<p>8. Y, al cabo de pocos d\u00edas, sucedi\u00f3 que los sacerdotes se reunieron en consejo, y dijeron: Mandemos hacer, para el templo, un velo que ser\u00e1 expuesto en el d\u00eda de la gran fiesta, ante la congregaci\u00f3n de todo el pueblo, y que realzar\u00e1 el esplendor del culto en el santo tabern\u00e1culo. Entonces el Gran Sacerdote orden\u00f3 que se convocase a las mujeres y a las v\u00edrgenes que estaban consagradas a Dios en el templo, y que pertenec\u00edan a la tribu de Jud\u00e1 y a la estirpe de David. Y, cuando las once v\u00edrgenes hubieron llegado, Zacar\u00edas se acord\u00f3 de que Mar\u00eda pertenec\u00eda a aquella tribu y a aquella estirpe, y mand\u00f3 que fuesen a buscarla. Y, cuando Mar\u00eda lleg\u00f3, el Gran Sacerdote dijo: Echad a suertes, para saber qui\u00e9nes hab\u00e9is de tejer la muselina y la p\u00farpura, lo encarnado y lo azul, y, echadas las suertes, la p\u00farpura y la escarlata tocaron a Mar\u00eda. Y, tom\u00e1ndolas en silencio, regres\u00f3 y comenz\u00f3 por hilar la escarlata, ante todo. <\/p>\n<p>Sobre la voz del \u00e1ngel mensajero, que anunci\u00f3 la impregnaci\u00f3n de la Santa Virgen Mar\u00eda <\/p>\n<p>V 1. El a\u00f1o 303 de Alejandro, el 31 del mes de adar, el primer d\u00eda de la semana, a la hora tercera del d\u00eda, Mar\u00eda tom\u00f3 su c\u00e1ntaro, y fue a la fuente en busca de agua. Y oy\u00f3 una voz que dec\u00eda: Regoc\u00edjate, Virgen Mar\u00eda. S\u00fabitamente, Mar\u00eda se turb\u00f3, y qued\u00f3 helada de espanto. Y mir\u00f3 a derecha y a izquierda, y, no viendo a nadie, se pregunt\u00f3: \u00bfDe d\u00f3nde ha partido la voz que se ha dirigido a m\u00ed? Y, recogiendo su c\u00e1ntaro, march\u00f3 precipitadamente a su casa, cuya puerta cerr\u00f3 y encerroj\u00f3 cuidadosamente. Despu\u00e9s, se recogi\u00f3, silenciosa, en el fondo de la casa. Y, en el estupo de su esp\u00edritu, se dec\u00eda con asombro: \u00bfQu\u00e9 saludo es que se me ha hecho? \u00bfCu\u00e1l es el que me conoce, y sabe de antemano qui\u00e9n soy? \u00bfA qui\u00e9n he visto yo que pueda hablarme en esos t\u00e9rminos? Y, pensando en todas esta cosas, se estremec\u00eda y temblaba. <\/p>\n<p>2. Y, levant\u00e1ndose, se puso en oraci\u00f3n, y dijo: Se\u00f1or Dios de Israel, Dios de nuestros padres, m\u00edrame con misericordia, y condesciende a mi demanda, y a la plegaria di mi coraz\u00f3n. Escucha a tu miserable sierva, que te implora con esperanza y con confianza. No me entregues a las tentaciones del seductor y a las emboscadas del enemigo, y l\u00edbrame de los peligros y de la astucia del cazador, porqui espero y conf\u00edo en que guardar\u00e1s mi virginidad intacta Se\u00f1or y Dios m\u00edo. Y, luego que hubo hablado as\u00ed, rindi\u00f3 gracias al Se\u00f1or, llorando. Y, despu\u00e9s de haber permanecido en este estado durante tres horas, tomando la escarlata, se puso a hilar. <\/p>\n<p>3. Y he aqu\u00ed que el \u00e1ngel del Se\u00f1or lleg\u00f3, y penetr\u00f3 cerca de ella, estando las puertas cerradas. El ser incorp\u00f3reo se le present\u00f3 bajo la apariencia de un ser corp\u00f3reo, y le dijo: Regoc\u00edjate, Mar\u00eda, sierva inmaculada del Se\u00f1or Como el \u00e1ngel se le apareciera de s\u00fabito, Mar\u00eda sinti\u00f3 p\u00e1nico, y, en su pavor, era incapaz de responder. Y el \u00e1ngel dijo: No te espantes, Mar\u00eda, bendita entre todas las mujeres. Yo soy el \u00e1ngel Gabriel, enviado por Dios para comu nicarte que quedar\u00e1s encinta, y que dar\u00e1s a luz al hijo de Alt\u00edsimo, el cual ser\u00e1 un gran rey, y prevalecer\u00e1 sobre la tierra toda. Mar\u00eda le pregunt\u00f3: \u00bfDe qu\u00e9 hablas? \u00bfQu\u00e9 es lo que expresas? Expl\u00edcame este enigma. Y el \u00e1ngel repuso: Lo que te he dicho, lo has o\u00eddo de mi boca. Recibe la invitaci\u00f3n contenida en este mensaje que acabo de hacerte y regoc\u00edjate. Mar\u00eda dijo: Lo que me manifiestas es de una novedad desconcertante, que me llena de sorpresa y de asombro, pues afirmas que concebir\u00e1 y parir\u00e9 al tenor de las dem\u00e1s mujeres. \u00bfC\u00f3mo ha de ocurrirme esto, si yo no conozco var\u00f3n? Y el \u00e1ngel dijo: \u00a1Oh Santa Virgen Mar\u00eda, no abrigues sospechas tales, y comprende lo que te revelo! No concebir\u00e1s de una criatura, ni de un marido, ni de la voluntad de un hombre, sino del poder y de la gracia del Esp\u00edritu Santo, que habitar\u00e1 en ti, y que har\u00e1 de ti lo que le plazca. Mar\u00eda dijo: Lo que me anuncias me parece extraordinario y duro de creer. Yo no puedo conformarme, ni resignarme, con las cosas que me dices. Porque los prodigios de que me hablas, me parecen chocantes en principio e inveros\u00edmiles de hecho. Al o\u00edr tus palabras, mi alma se estremece de miedo, y tiembla. Mi esp\u00edritu contin\u00faa en la perplejidad, y no s\u00e9 qu\u00e9 respuesta dar a tus discursos. El \u00e1ngel pregunt\u00f3: \u00bfPor qu\u00e9 te estremeces, y por qu\u00e9 tiembla tu alma? <\/p>\n<p>4. Y Mar\u00eda repuso: \u00bfC\u00f3mo podr\u00e9 conceder cr\u00e9dito a tus palabras, si jam\u00e1s o\u00ed a nadie otras parecidas, y ni aun s\u00e9 lo que pretendes comunicarme? El \u00e1ngel dijo: Mis discursos son la exacta verdad. No te hablo a la ventura, ni conforme a mis propias ideas, sino que te digo lo que he o\u00eddo del Se\u00f1or, y que Dios me ha enviado a notificarte y a exponerte. Y t\u00fa tomas mi lenguaje por una falsedad. Teme al Se\u00f1or, y esc\u00fachame. La Virgen repuso: No es que considere tus discursos vanos, sino que estoy pose\u00edda de un profundo asombro. Aquel que el firmamento y la tierra no pueden contener, ni envolver su divinidad, y cuya gloria no pueden contemplar todas las falanges celestes de esp\u00edritus luminosos y de seres \u00edgneos, \u00bfpodr\u00eda yo sostenerlo, y soportar su ardor infinito, y abrigarlo en mi carne? \u00bfC\u00f3mo ser\u00eda yo capaz de llevarlo corporalmente en mi seno, y de tocarlo con mis manos? Tu discurso es inveros\u00edmil; la idea, incomprensible, y su realizaci\u00f3n desconcertante. Se necesita m\u00e1s que toda la clarividencia del esp\u00edritu humano para escrutarlo y comprenderlo. \u00bfQuieres alucinar mi esp\u00edritu con un discurso enga\u00f1ador? \u00a1No ser\u00e1 as\u00ed! El \u00e1ngel replic\u00f3: \u00a1Oh bienaventurada Mar\u00eda, esc\u00fachame lo que decirte quiero! \u00bfC\u00f3mo la tienda de Abraham recibi\u00f3 a Dios bajo formas corp\u00f3reas, sin que el fuego se le aproximase? \u00bfC\u00f3mo habl\u00f3 Dios a Jacob, despu\u00e9s de luchar con \u00e9l? \u00bfC\u00f3mo Mois\u00e9s, en el Sina\u00ed, vio a Dios cara a cara, y la hoguera en que se le mostr\u00f3 ardi\u00f3, sin consumirse? A ti te suceder\u00e1 igual por otro concepto, y no tienes por qu\u00e9 temer a este prop\u00f3sito. Cree solamente, y oye lo que ahora voy a significarte. <\/p>\n<p>5. Mar\u00eda opuso a\u00fan: \u00bfC\u00f3mo me suceder\u00e1 lo que dices? \u00bfY c\u00f3mo conocer\u00e1 yo en qu\u00e9 d\u00eda y a qu\u00e9 hora ocurrir\u00e1 el suceso? Ind\u00edcamelo. Y el \u00e1ngel contest\u00f3: No hables as\u00ed de lo que ignoras, y no te niegues a creer lo que no comprendes. Humilla tu o\u00eddo, y cree todo lo que te revelo. Mar\u00eda dijo: No hablo as\u00ed por incredulidad, ni por desconfianza, pero quiero asegurarme con exactitud, y saber con certeza c\u00f3mo la cosa me ocurrir\u00e1 y en qu\u00e9 momento, a fin de que me halle dispuesta y prevenida. El \u00e1ngel repuso: Su advenimiento puede acaecer a cualquier hora. Al penetrar en tu seno, y habitar en \u00e9l, purificar\u00e1 y santificar\u00e1 toda la esencia de tu carne, que se convertir\u00e1 en templo suyo. Mar\u00eda dijo: Pero \u00bfc\u00f3mo advendr\u00e1 esto, puesto que, repito, no conozco var\u00f3n? El \u00e1ngel dijo: El Esp\u00edritu Santo vendr\u00e1 a ti, y la potencia del Alt\u00edsimo te cubrir\u00e1 con su sombra. Y el Verbo divino tomar\u00e1 de ti un cuerpo, y parir\u00e1s al hijo del Padre celestial, y tu virginidad permanecer\u00e1 intacta e inviolada. Mar\u00eda dijo: \u00bfY c\u00f3mo una mujer, conservando su virginidad, puede tener un hijo, sin la intervenci\u00f3n de un hombre? <\/p>\n<p>6. Y el \u00e1ngel replic\u00f3: El caso no ser\u00e1 como piensas. Tu maternidad no ser\u00e1 efecto de una concupiscente pasi\u00f3n corp\u00f3rea, ni tu embarazo consecuencia de una relaci\u00f3n conyugal, porque tu virginidad permanecer\u00e1 pura y sin tacha. La entrada del Verbo divino no violar\u00e1 tu vientre, y, cuando salga de \u00e9l, con su carne, no destruir\u00e1 tu pureza inmarchita, Mar\u00eda exclam\u00f3: Tengo miedo de ti, porque me sonsacas con palabras gratas de o\u00edr, y que me causan viva sorpresa. \u00bfEs que quieres convencerme mediante frases enga\u00f1osas, como sucedi\u00f3 a Eva, nuestra primera madre, a quien el demonio, conversando con ella, persuadi\u00f3 por discursos dulces y agradables, y que fue en seguida entregada a la muerte? El \u00e1ngel dijo: \u00a1Oh Santa Virgen Mar\u00eda, cu\u00e1ntas veces me he dirigido a ti, y te he dicho la exacta verdad! Y no crees en las \u00f3rdenes y en el mensaje que te expresa mi boca, ni aun hall\u00e1ndome en tu presencia. De nuevo me dirijo a ti en nombre de Dios, para que tu alma no se espante ante mi vista, ni tu esp\u00edritu dude del que me ha enviado. Y no apartes de tu coraz\u00f3n las palabras que de m\u00ed ya has o\u00eddo. No he venido a hablarte por artificio enga\u00f1oso de ninguna especie, ni por trampa, ni por astucia, sino para preparar en ti el templo y la habitaci\u00f3n del Verbo. Mar\u00eda dijo: Ante la insistencia de tus discursos, siento sobrecogido mi \u00e1nimo, y me preocupa saber qu\u00e9 respuesta he de dar a lo que dices. Y, si no llego a convencerme a m\u00ed propia, \u00bfa qui\u00e9n podr\u00e9 descubrir mi situaci\u00f3n, y persuadirlo de que no miento? <\/p>\n<p>7. Y el \u00e1ngel exclam\u00f3: \u00a1Oh Santa Virgen sin mancilla, no te ocupes de aprensiones vanas! Mar\u00eda dijo: No dudo de tus palabras, ni tengo lo que dices por incre\u00edble, antes bien, soy dichosa, y me regocijan vivamente tus discursos. Pero mi alma se estremece y tiembla ante el pensamiento de que llevar\u00e9 a Dios en mi carne, pada darlo a luz como a un hombre, y que mi virginidad continuar\u00e1 inviolable. \u00a1Oh prodigio! \u00a1Y qu\u00e9 maravilloso es el hecho de que me hablas! El \u00e1ngel dijo: Una y otra vez he repetido mi largo discurso, d\u00e1ndote de \u00e9l mi ver\u00eddico testimonio, y no me has cre\u00eddo. Y Mar\u00eda repuso: Te ruego, oh servidor del Alt\u00edsimo, que no te enoje mi insistencia en preguntarte. Porque t\u00fa conoces la naturaleza humana y su incredulidad en toda materia. He aqu\u00ed por qu\u00e9 yo quiero informarme fidedignamente, para saber al justo lo que ha de ocurrirme. No quedes, pues, descontento de las frases que he pronunciado. El \u00e1ngel dijo: Llevas raz\u00f3n, pero ten fe en m\u00ed, que he sido enviado por Dios, para hablarte, y para anunciarte la buena nueva. <\/p>\n<p>8. Y Mar\u00eda respondi\u00f3: S\u00ed, creo en tus discursos, s\u00e9 que es verdad lo que hablas, y acepto tus \u00f3rdenes. Pero escucha lo que voy a decirte. Hasta el presente, he sido guardada en la santidad y en la justicia, ante los sacerdotes y ante todo el pueblo, despu\u00e9s de haber sido leg\u00edtimamente prometida a Jos\u00e9, para ser su esposa. Y \u00e9l se ha e\u00f1cargado de recogerme en su casa, para velar cuidadosamente por m\u00ed, hasta el momento que recibamos la corona de bendici\u00f3n, con las otras v\u00edrgenes y los otros celibatarios. Y, si vuelve, y me encuentra encinta, \u00bfqu\u00e9 respuesta le dar\u00e9? Y, si me pregunta cu\u00e1l es la causa de mi embarazo, \u00bfqu\u00e9 contestar\u00e1 a su interrogaci\u00f3n? El \u00e1ngel dijo: \u00a1Oh bienaventurada Mar\u00eda, escucha bien mi palabra, y guarda en tu esp\u00edritu lo que voy a decirte! Esto no es obra del hombre, y el fen\u00f3meno de que te hablo no provendr\u00e1 de nadie, y el mismo Se\u00f1or lo realizar\u00e1 en ti, y \u00e9l posee el poder de sustraerte a todas las angustias de la prueba. Mar\u00eda dijo: Si la cosa es tal como la explicas, y el mismo Se\u00f1or se digna descender hasta su esclava y su sierva, h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra. Y el \u00e1ngel la abandon\u00f3. <\/p>\n<p>9. No bien la Virgen hubo pronunciado aquella frase de humillaci\u00f3n, el Verbo divino penetr\u00f3 en ella por su oreja. Y la naturaleza \u00edntima de su cuerpo animado fue santificada, con todos sus sentidos y con los doce miembros u \u00f3rganos de sus sentidos, y qued\u00f3 purificada como el oro en el fuego. Y se convirti\u00f3 en un templo santo e inmaculado, y en la mansi\u00f3n del Verbo divino. Y, en el mismo momento, comenz\u00f3 el embarazo. Porque, cuando el \u00e1ngel llev\u00f3 la buena nueva a Mar\u00eda, era el 15 de nisan, lo que hace el 6 de abril, un mi\u00e9rcoles, a la hora tercera del d\u00eda. <\/p>\n<p>10. Y, al mismo tiempo, un \u00e1ngel se apresur\u00f3 a ir al pa\u00eds de los persas, para prevenir a los reyes magos, y para ordenarles que fuesen a adorar al ni\u00f1o reci\u00e9n nacido. Y ellos, despu\u00e9s de haber sido guiados por una estrella durante nueve meses, llegaron a su destino en el punto y hora en que la Virgen acababa de ser madre. Porque, en aquella \u00e9poca, el reino de los persas dominaba, por su poder y por sus victorias, sobre todos los reyes que exist\u00edan en los pa\u00edses de Oriente. Y los reyes de los magos eran tres hermanos: el primero, Melkon, que imperaba sobre los persas; el segundo, Baltasar, que prevalec\u00eda sobre los indios; y el tercero, Gaspar, que pose\u00eda el pa\u00eds de los \u00e1rabes. Habi\u00e9ndose reunido por obediencia al mandato de Dios, se presentaron en Judea en el instante en que Mar\u00eda hab\u00eda dado a luz. Y, habiendo apresurado su marcha, se encontraron all\u00ed en el tiempo preciso del nacimiento de Jes\u00fas. <\/p>\n<p>11. Y, luego que la Virgen recibi\u00f3 el mensaje de su lmpregnaci\u00f3n por el Esp\u00edritu Santo, vio a los coros ang\u00e9licos, que cantaban en loor suyo. Y, al verlos, se sinti\u00f3 llena de p\u00e1nico a una que de gozo. Y, con la faz postrada contra la tierra, se puso a alabar a Dios en hebreo, exclamando: \u00a1 Oh Se\u00f1or de mi esp\u00edritu y de mi cuerpo, t\u00fa tienes el poder de cumplir todas las voluntades de tu amor creador, y t\u00fa decides libremente de toda cosa conforme a tu albedr\u00edo! D\u00edgnate condescender con las plegarias de tu esclava y de tu sierva. Ati\u00e9ndeme y libra m\u00ed alma, por cuanto eres el Dios mi Salvador, y tu nombre, Se\u00f1or, ha sido invocado sobre m\u00ed cotidianamente. Y, hasta este d\u00eda, me he guardado en la santidad, en la justicia y en la pureza, ordenada por ti, y he conservado mi virginidad firme e intacta, sin ning\u00fan deseo de carnales mancillas. Y, ahora, h\u00e1gase tu voluntad. <\/p>\n<p>12. Y, habiendo hablado as\u00ed, Mar\u00eda se levant\u00f3, y dio gracias al Alt\u00edsimo. Despu\u00e9s de lo cual, pas\u00f3 una hora. Y, como la Virgen reflexionase, comenz\u00f3 a llorar, y dijo: \u00bfQu\u00e9 prodigio nuevo, y que no se hab\u00eda visto en el nacimiento de ning\u00fan hombre, es el que se realiza en m\u00ed? \u00bfNo me convertir\u00e9 en la f\u00e1bula y en el ludibrio de todos, hombres y mujeres? Heme aqu\u00ed, pues, en la mayor perplejidad. No s\u00e9 qu\u00e9 hacer, ni qu\u00e9 respuesta dar a quienquiera se informe de m\u00ed. \u00bfA qui\u00e9n me dirigir\u00e9, y c\u00f3mo justificar\u00e9 todo esto? \u00bfPor qu\u00e9 mi madre me ha parido? \u00bfPor qu\u00e9 mis progenitores me han consagrado a Dios, en la tristeza de su alma, para convertirme en objeto de reproche para m\u00ed misma y para ellos? \u00bfPor qu\u00e9 me han obligado a guardar virginidad en el templo santo? \u00bfPor qu\u00e9 no he recibido m\u00e1s pronto la sentencia de muerte, que me sacar\u00e1 de este mundo? Y, puesto que permanezco con vida, \u00bfpor qu\u00e9 mis padres no me han dado en matrimonio, sin decir nada, como a las dem\u00e1s hijas de los hebreos? \u00bfQui\u00e9n ha visto ni o\u00eddo nunca cosa semejante? \u00bfQui\u00e9n creer\u00e1 que d\u00e9 a luz una mujer que no ha conocido var\u00f3n? \u00bfA qui\u00e9n, ni en p\u00fablico, ni en secreto, contar\u00e9 sin reticencia lo que ocurre? \u00bfPodr\u00e9 persuadir, a fuerza de palabras, ni a casadas, ni a solteras? Si les revelo exactamente lo ins\u00f3lito de mi caso, creer\u00e1n que me mofo, y, si hablo bajo la fe del juramento, juzgar\u00e1n que soy perjura. Decir falsedades, me es imposible, y condenarme a m\u00ed misma, siendo inocente, es bien duro. Si se me exige un testigo, nadie podr\u00e1 justificarme. Y, si repito por segunda vez mi declaraci\u00f3n, diciendo la verdad, se me condenar\u00e1 a muerte con desprecio. Todos los que oigan mi declaraci\u00f3n, pr\u00f3jimos o extra\u00f1os, dir\u00e1n: Quiere enga\u00f1ar, con vanos subterfugios, a los insensatos y a los irreflexivos. No s\u00e9 qu\u00e9 hacer, ni qui\u00e9n me sugerir\u00e1 una respuesta que dar a todos, con respecto a este asunto; ni c\u00f3mo dir\u00e9 esto a mi marido, cuyo nombre he recibido por el matrimonio; ni c\u00f3mo me atrever a tomar la palabra ante los sacerdotes y el pueblo; ni c\u00f3mo soportar\u00e1 ser entregada, delante de todo el mundo, al apa rato de la justicia humana. Si declaro a las casadas que soy virgen, y que he concebido sin la operaci\u00f3n de un horn bre, tomar\u00e1n mis palabras por una burla, y no me creer\u00e1n. \u00bfC\u00f3mo podr\u00e9 yo darme cuenta a mf misma de lo que me ha sucedido? Todo aquello de lo que tengo conciencia, es que mi virginidad est\u00e1 a salvo, y que mi embarazo es cierto. Porque el \u00e1ngel del Se\u00f1or me ha dicho la verdad, sin mentira alguna. No me ha enga\u00f1o con vanas habilidades, sino que ha transmitido, exacta y sinceramente, las palabras pronunciadas por el Esp\u00edritu Santo. \u00bfQu\u00e9 hacer, pues, ahora que me he conv\u00e9rtido en objeto de censura y de reprobaci\u00f3n entre los hijos de Israel? \u00a1Oh palabra asombrosa! \u00a1 Oh obra sorprendente! Oh prodigio terrible y desconcertante! Nadie creer\u00e1 que yo no haya conocido var\u00f3n, y que mi embarazo es un ejemplo. Y, si digo seriamente a alguien: Cree que estoy encinta, y que, sin embargo, permanezco virgen, me contestar\u00e1: Sea. Yo creo que hablas exacta y sinceramente. Pero explicame c\u00f3mo una virgen puede llegar a ser madre, sin que un hombre haya destruido su virginidad. Y, con estas pocas palabras, me pondr\u00e1n en rid\u00edculo. Bien s\u00e9 que muchos hablar\u00e1n perversamente de m\u00ed, y que me condenar\u00e1n a la ligera, a pesar de mi inocencia. Sin embargo, el Se\u00f1or me salvar\u00e1 de las murmuraciones y de los ultrajes de los hombres. <\/p>\n<p>13. Habiendo dicho estas cosas, Mar\u00eda dej\u00f3 de hablar entre s\u00ed. Y, levant\u00e1ndose, abri\u00f3 la puerta de la casa, para ver si hab\u00eda por all\u00ed alguien que prestase o\u00eddos a las palabras que pronunciara anteriormente. Como no percibiese ning\u00fan ser humano, volvi\u00f3 al interior de la casa, y, tomando la escarlata y la p\u00farpura que hab\u00eda recibido de manos de los sacerdotes, para hacer un velo del templo, se puso a hilarlas. Cuando termin\u00f3 su obra, fue a llevarla al Gran Sacerdote. Y \u00e9ste, tom\u00e1ndola de las manos de la Virgen Santa, le dijo: Mar\u00eda, hija m\u00eda, bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es tu seno virginal. El Se\u00f1or magnificar\u00e1 tu santo nombre por toda la tierra. Tendr\u00e1s preeminencia sobre todas las mujeres, y llegar\u00e1s a ser la madre de las v\u00edrgenes. De ti vendr\u00e1 al mundo su salvaci\u00f3n. As\u00ed habl\u00f3 Zacar\u00edas. Mar\u00eda se prostern\u00f3 ante los sacerdotes y ante todo el pueblo, y, sumamente gozosa, regres\u00f3 a su casa. <\/p>\n<p>14. Y, cuando tuvo lugar la anunciaci\u00f3n del \u00e1ngel a Mar\u00eda, el embarazo de Isabel duraba ya desde su comienzo el 20 de tesr\u00edn, lo que hace el 9 de octubre, y de esta fecha al 15 de nisan, es decir, al 6 de abril, hab\u00edan transcurrido ciento ochenta d\u00edas, lo que hace seis meses. Entonces comenz\u00f3 la encarnaci\u00f3n del Cristo, por la cual tom\u00f3 carne en la Virgen Santa. Y un d\u00eda, \u00e9sta, reflexionando, se dijo: Ir\u00e9 a ver a mi prima Isabel, le contar\u00e9 todo lo ocurrido, y cuanto ella me diga, otro tanto har\u00e9. Y envi\u00f3 a Jos\u00e9, a Bethlehem, un mensaje concebido en estos t\u00e9rminos: Te ruego que me dejes ir a ver a Isabel, mi prima. Y Jos\u00e9 le permiti\u00f3 ir, y ella sali\u00f3 a escondidas a punto de amanecer y, dirigi\u00e9ndose hacia las monta\u00f1as de Judea, lleg\u00f3 a la villa de Jud\u00e1. Y entr\u00f3 en la morada de Zacar\u00edas, y salud\u00f3 a su parienta. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL EVANGELIO ARMENIO DE LA INFANCIA Lo que advino, con motivo de la Santa Virgen Mar\u00eda, en la casa de su padre. Relato de Santiago, hermano del Se\u00f1or I 1. En aquel tiempo, un hombre llamado Joaqu\u00edn sali\u00f3 su casa, llevando consigo sus reba\u00f1os y sus pastores, y fue al desierto, donde fij\u00f3 su tienda. 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