{"id":3358,"date":"2009-01-26T19:56:04","date_gmt":"2009-01-26T19:56:04","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3358"},"modified":"2009-01-26T19:56:04","modified_gmt":"2009-01-26T19:56:04","slug":"el-evangelio-\u00c1rabe-de-la-infancia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3358","title":{"rendered":"EL EVANGELIO \u00c1RABE DE LA INFANCIA"},"content":{"rendered":"<p>Palabras pronunciadas por Jes\u00fas en la cuna<\/p>\n<p>I 1. Hemos encontrado estas palabras en el libro de Josefo, el Gran Sacerdote que exist\u00eda en tiempo del Cristo, y que algunos han dicho que era Caif\u00e1s.<\/p>\n<p>2. El cual afirma que Jes\u00fas habl\u00f3, estando en la cuna, y que dijo a su madre: Yo soy el Verbo, hijo de Dios, que t\u00fa has parido, como te lo hab\u00eda anunciado el \u00e1ngel Gabriel, y mi Padre me ha enviado para salvar al mundo.<\/p>\n<p>Viaje de Mar\u00eda y de Jos\u00e9 a Bethlehem<\/p>\n<p>II 1. El a\u00f1o 309 de Alejandro, orden\u00f3 Augusto que cada individuo fuese empadronado en su pa\u00eds. Y Jos\u00e9 se aprest\u00f3 a ello, y, llevando consigo a Mar\u00eda, su esposa, parti\u00f3 para Bethlehem, su aldea natal.<\/p>\n<p>2. Y, mientras caminaban, Jos\u00e9 advirti\u00f3 que el semblante de su esposa se ensombrec\u00eda por momentos, y que por momentos se iluminaba. E, intrigado, tom\u00f3 la palabra, y pregunt\u00f3: \u00bfQu\u00e9 tienes, Mar\u00eda? Y ella respondi\u00f3: Veo, oh Jos\u00e9, alternar dos espect\u00e1culos sorprendentes. Veo al pueblo de Israel, que llora y se lamenta, y que, estando en la luz, semeja a un ciego, que no percibe el sol. Y veo al pueblo de los incircuncisos, que habitan en las tinieblas, y que una nueva claridad se levanta para ellos y sobre ellos, y que ellos se regocijan llenos de alegr\u00eda, como el ciego cuyos ojos se abren para ver la luz.<\/p>\n<p>3. Y Jos\u00e9 lleg\u00f3 a Bethlehem para instalarse en su aldea natal, con toda su familia. Y, cuando llegaron a una gruta pr\u00f3xima a Bethlehem, Mar\u00eda dijo a Jos\u00e9: He aqu\u00ed que el tiempo de mi alumbramiento ha llegado, y que me es imposible ir hasta la aldea. Entremos, pues, en esta gruta. Y, en aquel momento, el sol se pon\u00eda. Y Jos\u00e9 parti\u00f3 de all\u00ed presuroso para traer a Mar\u00eda una mujer que la asistiese. Y hall\u00f3 por acaso a una anciana de raza hebraica y originaria de Jerusal\u00e9n, a quien dijo: Ven aqu\u00ed, bendita mujer, y entra en esta gruta, donde hay una joven que est\u00e1 a punto de parir.<\/p>\n<p>La partera de Jerusal\u00e9n<\/p>\n<p>III 1. Y la anciana, acompa\u00f1ada de Jos\u00e9, lleg\u00f3 a la caverna, cuando el sol se hab\u00eda puesto ya. Y penetraron en la caverna, y vieron que todo faltaba all\u00ed, pero que el recinto estaba alumbrado por luces m\u00e1s bellas que las de todos los candelabros y las de todas las l\u00e1mparas, y m\u00e1s intensas que la claridad del sol. Y el ni\u00f1o, a quien Mar\u00eda hab\u00eda envuelto en pa\u00f1ales, mamaba la leche de su madre. Y, cuando \u00e9sta acab\u00f3 de darle le pecho, lo deposit\u00f3 en el pesebre que en la caverna hab\u00eda.<\/p>\n<p>2. Y la anciana dijo a Santa Mar\u00eda: \u00bfEres la madre de este reci\u00e9n nacido? Y Santa Mar\u00eda dijo: S\u00ed. Y la anciana dijo: No te pareces a (las dem\u00e1s) hijas de Eva. Y Santa Mar\u00eda dijo: Como mi hijo es incomparable entre los ni\u00f1os, as\u00ed su madre es incomparable entre las mujeres&#8230; Y la anciana respondi\u00f3 en estos t\u00e9rminos: Oh, se\u00f1ora, yo vine sin segunda intenci\u00f3n, para obtener una recompensa. Nuestra Se\u00f1ora Santa Mar\u00eda le dijo: Pon tu mano sobre el ni\u00f1o. Y ella la puso, y al punto qued\u00f3 curada. Y sali\u00f3 diciendo: Ser\u00e9 la esclava y la sierva de este ni\u00f1o durante todos los d\u00edas de mi vida.<\/p>\n<p>Adoraci\u00f3n de los pastores<\/p>\n<p>IV 1. Y, en aquel momento, llegaron unos pastores, y encendieron una gran hoguera, y se entregaron a ruidosas manifestaciones de alegr\u00eda. Y aparecieron unas legiones ang\u00e9licas, que empezaron a alabar a Dios. Y los pastores tambi\u00e9n lo glorificaron.<\/p>\n<p>2. Y, en aquel momento, la gruta parec\u00eda un templo sublime, porque las voces celestes y terrestres a coro celebraban y magnificaban el nacimiento de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Cuanto a la anciana israelita, al ver tama\u00f1os milagros, dio gracias a Dios, diciendo: Yo te agradezco, oh Dios de Israel, que mis ojos hayan visto el nacimiento del Salvador del mundo.<\/p>\n<p>Circuncisi\u00f3n<\/p>\n<p>V 1. Y, cuando fueron cumplidos los d\u00edas de la circuncisi\u00f3n, es decir, al octavo d\u00eda, la ley obligaba c circuncidar al ni\u00f1o. Se lo circuncid\u00f3 en la caverna, y la anciana israelita tom\u00f3 el trozo de piel (otros dicen que tom\u00f3 el cord\u00f3n umbilical), y lo puso en una redomita de aceite de nardo viejo. Y ten\u00eda un hijo perfumista, a quien se la entreg\u00f3, dici\u00e9ndole: Gu\u00e1rdate de vender esta redomita de nardo perfumado, aunque te ofrecieran trescientos denarios por ella. Y aquella redomita fue la que Mar\u00eda la pecadora compr\u00f3 y con cuyo nardo espique ungi\u00f3 la cabeza de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo y sus pies, que enjug\u00f3 en seguida con los cabellos de su propia cabeza.<\/p>\n<p>2. Y, habiendo transcurrido diez d\u00edas, llevaron al ni\u00f1o a Jerusal\u00e9n. Y, cuarenta d\u00edas despu\u00e9s de su nacimiento, un s\u00e1bado, lo condujeron al templo a presencia del Se\u00f1or, y ofrecieron, para rescatarlo, los sacrificios previstos por la ley de Mois\u00e9s, a quien Dios dijo: Todo primog\u00e9nito var\u00f3n me ser\u00e1 consagrado.<\/p>\n<p>Presentaci\u00f3n de Jes\u00fas en el templo<\/p>\n<p>VI 1. Y, cuando Mar\u00eda franque\u00f3 la puerta del atrio del templo, el viejo Sime\u00f3n vio, con ojos del Esp\u00edritu Santo, que aquella mujer parec\u00eda una columna de luz, y que llevaba en brazos un ni\u00f1o prodigioso. Y, semejantes a la guardia de honor que rodea a un rey, los \u00e1ngeles rodearon en c\u00edrculo al ni\u00f1o, y lo glorificaron. Y Sime\u00f3n se dirigi\u00f3, presuroso, hacia Santa Mar\u00eda, y, extendiendo los brazos hacia ella, le dijo: Dame el ni\u00f1o. Y tom\u00e1ndolo en sus brazos, exclam\u00f3: Ahora, Se\u00f1or, despide a tu siervo en paz, conforme a tu palabra. Porque mis ojos han visto la obra de tu clemencia, que has preparado para la salvaci\u00f3n de todas las razas, para servir de luz a todas las naciones, y para la gloria de tu pueblo, Israel.<\/p>\n<p>2. Y Ana la profetisa fue testigo de este espect\u00e1culo, y se acerc\u00f3 para dar gracias a Dios, y para proclamar bienaventurada a Santa Mar\u00eda.<\/p>\n<p>Llegada de los magos<\/p>\n<p>VII 1. Y la noche misma en que el Se\u00f1or Jes\u00fas naci\u00f3 en Bethlehem de Judea, en la \u00e9poca del rey Herodes, un \u00e1ngel guardi\u00e1n fue enviado a Persia. Y apareci\u00f3 a las gentes del pa\u00eds bajo la forma de una estrella muy brillante, que iluminaba toda la tierra de los persas. Y, como el 25 dcl primer kanun (fiesta de la Natividad del Cristo) hab\u00eda gran fiesta entre todos los persas, adoradores del fuego y de las estrellas, todos los magos, en pomposo aparato, celebraban magn\u00edficamente su solemnidad, cuando de s\u00fabito una luz viv\u00edsima brill\u00f3 sobre sus cabezas. Y, dejando sus reyes, sus festines, todas sus diversiones y abandonando sus moradas, salieron a gozar del espect\u00e1culo ins\u00f3lito. Y vieron que una estrella ardiente se hab\u00eda levantado sobre Persia, y que, por su claridad, se parec\u00eda a un gran sol. Y los reyes dijeron a los sacerdotes en su lengua: \u00bfQu\u00e9 es este signo que observamos? Y, como por adivinaci\u00f3n, contestaron, sin quererlo: Ha nacido el rey de los reyes, el dios de los dioses, la luz emanada de la luz. Y he aqu\u00ed que uno de los dioses ha venido a anunciarnos su nacimiento, para que vayamos a ofrecerle presentes, y a adorarlo. Ante cuya revelaci\u00f3n, todos, jefes, magistrados, capitanes, se levantaron, y preguntaron a sus sacerdotes: \u00bfQu\u00e9 presentes conviene que le llevemos? Y los sacerdotes contestaron: Oro, incienso y mirra. Entonces tres reyes, hijos de los reyes de Persia, tomaron, como por una disposici\u00f3n misteriosa, uno tres libras de oro, otro tres libras de incienso y el tercero tres libras de mirra. Y se revistieron de sus ornamentos preciosos, poni\u00e9ndose la tiara en la cabeza, y portando su tesoro en las manos. Y, al primer canto del gallo, abandonaron su pa\u00eds, con nueve hombres que los acompa\u00f1aban, y se pusieron en marcha, guiados por la estrella que les hab\u00eda aparecido. Y el \u00e1ngel que hab\u00eda arrebatado de Jerusal\u00e9n al profeta Habacuc, y que hab\u00eda suministrado alimento a Daniel, recluido en la cueva de los leones, en Babilonia, aquel mismo \u00e1ngel, por la virtud del Esp\u00edritu Santo, condujo a los reyes de Persia a Jerusal\u00e9n, seg\u00fan que Zoroastro lo hab\u00eda predicho. Partidos de Persia al primer canto del gallo, llegaron a Jerusal\u00e9n al rayar el d\u00eda, e interrogaron a las gentes de la ciudad, diciendo: \u00bfD\u00f3nde ha nacido el rey que venimos a visitar? Y, a esta pregunta, los habitantes de Jerusal\u00e9n se agitaron, temerosos, y respondieron que el rey de Judea era Herodes.<\/p>\n<p>2. Sabedor del caso, Herodes mand\u00e9 a buscar a los reyes de Persia, y, habi\u00e9ndolos hecho comparecer ante \u00e9l, les pregunt\u00f3: \u00bfQui\u00e9nes sois? \u00bfDe d\u00f3nde ven\u00eds? \u00bfQu\u00e9 busc\u00e1is? Y ellos respondieron: Somos hijos de los reyes de Persia, venimos de nuestra naci\u00f3n, y buscamos al rey que ha nacido en Judea, en el pa\u00eds de Jerusal\u00e9n. Uno de los dioses nos ha informado del nacimiento de ese rey, para que acudi\u00e9semos a presentarle nuestras ofrendas y nuestra adoraci\u00f3n. Y se apoder\u00f3 el miedo de Herodes y de su corte, al ver a aquellos hijos de los reyes de Persia, con la tiara en la cabeza y con su tesoro en las manos, en busca del rey nacido en Judea. Muy particularmente se alarm\u00f3 Herodes, porque los persas no reconoc\u00edan su autoridad. Y se dijo: El que, al nacer, ha sometido a los persas a la ley del tributo, con mayor raz\u00f3n nos someter\u00e1 a nosotros. Y, dirigi\u00e9ndose a los reyes, expuso: Grande es, sin duda, el poder del rey que os ha obligado a llegar hasta aqu\u00ed a rendirle homenaje. En verdad, es un rey, el rey de los reyes. Id, enteraos de d\u00f3nde se halla, y, cuando lo hay\u00e1is encontrado, venid a hac\u00e9rmelo saber, para que yo tambi\u00e9n vaya a adorarlo. Pero Herodes, habiendo formado en su coraz\u00f3n el perverso designio de matar al ni\u00f1o, todav\u00eda de poca edad, y a los reyes con \u00e9l, se dijo: Despu\u00e9s de eso, me quedar\u00e1 sometida toda la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. Y los magos abandonaron la audiencia de Herodes, y vieron la estrella, que iba delante de ellos, y que se detuvo por encima de la caverna en que naciera el ni\u00f1o Jes\u00fas. En seguida cambiando de forma, la estrella se torn\u00e9 semejante a una columna de fuego y de luz, que iba de la tierra al cielo. Y penetraron en la caverna, donde encontraron a Mar\u00eda, a Jos\u00e9 y al ni\u00f1o envuelto en pa\u00f1ales y recostado en el pesebre. Y, ofreci\u00e9ndole sus presentes, lo adoraron. Luego saludaron a sus padres, los cuales estaban estupefactos, contemplando a aquellos tres hijos de reyes, con la tiara en la cabeza y arrodillados en adoraci\u00f3n ante el reci\u00e9n nacido, sin plantear ninguna cuesti\u00f3n a su respecto. Y Mar\u00eda y Jos\u00e9 les preguntaron: \u00bfDe d\u00f3nde sois? Y ellos les contestaron: Somos de Persia. Y Mar\u00eda y Jos\u00e9 insistieron: \u00bfCu\u00e1ndo hab\u00e9is salido de all\u00ed? Y ellos dijeron:<\/p>\n<p>Ayer tarde hab\u00eda fiesta en nuestra naci\u00f3n. Y, despu\u00e9s del fest\u00edn, uno de nuestros dioses nos advirti\u00f3: Levantaos, e id a presentar vuestras ofrendas al rey que ha nacido en Judea. Y, partidos de Persia al primer canto del gallo, hemos llegado hoy a vosotros, a la hora tercera del d\u00eda.<\/p>\n<p>4. Y Mar\u00eda, agarrando uno de los pa\u00f1ales de Jes\u00fas, se lo dio a manera de eulogio. Y ellos lo recibieron de sus manos de muy buen grado, acept\u00e1ndolo, con fe, como un presente valios\u00edsimo. Y, cuando lleg\u00f3 la noche del quinto d\u00eda de la semana posterior a la natividad, el \u00e1ngel que les hab\u00eda servido antes de gu\u00eda, se les present\u00e9 de nuevo bajo forma de estrella. Y lo siguieron, conducidos por su luz, hasta su llegada a su pa\u00eds.<\/p>\n<p> Vuelta de los magos a su tierra<\/p>\n<p>VIII 1. Los magos llegaron a su pa\u00eds a la hora de comer. Y Persia entera se regocij\u00f3, y se maravill\u00f3 de su vuelta.<\/p>\n<p>2. Y, al crep\u00fasculo matutino del d\u00eda siguiente, los reyes y los jefes se reunieron alrededor de los magos, y les dijeron: \u00bfC\u00f3mo os ha ido en vuestro viaje y en vuestro retorno? \u00bfQu\u00e9 hab\u00e9is visto, qu\u00e9 hab\u00e9is hecho, qu\u00e9 nuevas nos tra\u00e9is? \u00bfY a qui\u00e9n hab\u00e9is rendido homenaje? Y ellos les mostraron el pa\u00f1al que les hab\u00eda dado Mar\u00eda. A cuyo prop\u00f3sito celebraron una fiesta, a uso de los magos, encendiendo un gran fuego, y ador\u00e1ndolo. Y arrojaron a \u00e9l el pa\u00f1al, que se tom\u00e9 en apariencia fuego. Pero, cuando \u00e9ste se hubo extinguido, sacaron de \u00e9l el pa\u00f1al, y vieron que se conservaba intacto, blanco como la nieve y m\u00e1s s\u00f3lido que antes, como si el fuego no lo hubiera tocado. Y, tom\u00e1ndolo, lo miraron bien, lo besaron, y dijeron: He aqu\u00ed un gran prodigio, sin duda alguna. Este pa\u00f1al es el vestido del dios de los dioses, puesto que el fuego de los dioses no ha podido consumirlo, ni deteriorarlo siquiera. Y lo guardaron preciosamente consigo, con fe ardiente y con veneraci\u00f3n profunda.<\/p>\n<p>C\u00f3lera de Herodes. La huida a Egipto<\/p>\n<p>IX 1. Cuando Herodes vio que hab\u00eda sido burlado por los magos, y que \u00e9stos no volv\u00edan, convoc\u00f3 a los sacerdotes y a los sabios, y les pregunt\u00e9: \u00bfD\u00f3nde nacer\u00e1 el Mes\u00edas? Ellos le respondieron: En Bethlehem de Jud\u00e1. Y \u00e9l se puso a pensar en el medio de matar a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo.<\/p>\n<p>2. Entonces el \u00e1ngel de Dios apareci\u00f3 en sue\u00f1os a Jos\u00e9, y le dijo: Lev\u00e1ntate, toma al ni\u00f1o y a su madre, y parte para la tierra de Egipto. Se levant\u00f3, pues, al canto del gallo, y se puso en camino.<\/p>\n<p>Llegada de la Sagrada Familia a Egipto. <\/p>\n<p>Ca\u00edda de los \u00eddolos<\/p>\n<p>X 1. Y, mientras pensaba entre s\u00ed c\u00f3mo realizar\u00eda su viaje, sobrevino la aurora, y se encontr\u00f3 haber recorrido la mitad del camino. Y, al despuntar el d\u00eda, estaba pr\u00f3ximo a una gran aldea, donde, entre los dem\u00e1s \u00eddolos y divinidades de los egipcios, hab\u00eda un \u00eddolo en el cual resid\u00eda un esp\u00edritu rebelde, y los egipcios le hac\u00edan sacrificios, le presentaban ofrendas, y le consagraban libaciones. Y hab\u00eda tambi\u00e9n un sacerdote, que habitaba cerca del \u00eddolo, para servirlo, y a quien el demonio hablaba desde dentro de la estatua. Y, cada vez que los egipcios quer\u00edan interrogar a sus dioses por ministerio de aquel \u00eddolo, se dirig\u00edan al sacerdote., quien daba la respuesta, y transmit\u00eda el or\u00e1culo divino al pueblo de Egipto y a sus diferentes provincias. Este sacerdote ten\u00eda un bijo de treinta a\u00f1os, que estaba poseido por varios demonios, y que peroraba sobre todo g\u00e9nero de cosas. Cuando los demonios se apoderaban de \u00e9l, rasgaba sus vestiduras, se mostraba desnudo a todos, y acomet\u00eda a la gente a pedradas. Y, en la aldea, hab\u00eda un asilo, puesto bajo la advocaci\u00f3n de dicho \u00eddolo.<\/p>\n<p>2. Y, cuando Santa Mar\u00eda y Jos\u00e9 llegaron a la aldea, y se acercaron al asilo, se apoder\u00f3 de los habitantes del pa\u00eds un terror extremo. Y se produjo un temblor en el asilo y una sacudida en toda la tierra de Egipto, y todos los \u00eddolos cayeron de sus pedestales, y se rompieron. Todos los grandes de Egipto y todos los sacerdotes de los \u00eddolos se congregaron junto al sacerdote del \u00eddolo en cuestidn, y le preguntaron: \u00bfQu\u00e9 significan este trastorno y este terremoto que se han producido en nuestro pa\u00eds? Y el sacerdote les respondi\u00f3, diciendo: Presente est\u00e1 aqu\u00ed un dios invisible y misterioso, que posee, oculto en \u00e9l, un hijo semejante a s\u00ed mismo, y el paso de este hijo ha estremecido nuestro suelo. A su llegada, la tierra ha temblado ante su poder y ante el aparato terrible de su majestad gloriosa. Temamos, pues, en extremo, la violencia de u ataque. En este momento, el \u00eddolo de la aldea se abati\u00f3 tambi\u00e9n al suelo, hecho a\u00f1icos, y su desplome hizo reunirse a lodos los egipcios cerca del c\u00e9lebre sacerdote, el cual les dijo: Debemos adoptar el culto de este dios invisible y misterioso. \u00c9l es el Dios verdadero, y no hay otro a quien servir, porque es realmente el hijo del Alt\u00edsimo.<\/p>\n<p>Curaci\u00f3n del hijo del sacerdote id\u00f3latra<\/p>\n<p>XI 1. Y el hijo del sacerdote fue acometido de su accidente habitual. Y entr\u00f3 en el asilo en que Santa Mar\u00eda y Jos\u00e9 se encontraban, y a quienes todo el mundo hab\u00eda abandonado, huyendo. Y nuestra Se\u00f1ora Santa Mar\u00eda acababa de lavar los pa\u00f1ales de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, y los hab\u00eda puesto sobre la pared del muro. Y el joven pose\u00eddo sobrevino, y agarr\u00f3 uno de los pa\u00f1ales, y lo puso sobre su cabeza. Y, en el mismo instante, los demonios, bajo forma de cuervos y de serpientes, comenzaron a salir y a escapar de su boca. Y el pose\u00eddo qued\u00f3 curado por orden de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Y empez\u00f3 a alabar y a dar gracias a Dios, que le hab\u00eda devuelto la salud.<\/p>\n<p>2. Y, como su padre lo hubo encontrado libre de su enfermedad, le pregunt\u00e9: \u00bfQu\u00e9 te ha ocurrido, hijo m\u00edo, y c\u00f3mo es que has sanado? Y \u00e9l le contest\u00f3: Cuando el demonio se apoder\u00e9 por en\u00e9sima vez de mi persona, fui al asilo. Y all\u00ed encontr\u00e9 a una noble mujer, con un ni\u00f1o. Acababa \u00e9sta de lavar los pa\u00f1ales de su hijo, y de depositarlos en la pared del muro. Tom\u00e9 uno de ellos, lo puse sobre mi cabeza, y los demonios me abandonaron, y huyeron despavoridos. Y su padre, transportado de j\u00fabilo, le advirti\u00f3: Hijo m\u00edo, es posible que ese peque\u00f1uelo sea el hijo del Dios vivo, que ha creado los cielos y la tierra. Porque, en el momento en que ese hijo de Dios se introdujo en Egipto, todas nuestras divinidades han sido desplomadas y aniquiladas por la fuerza de su poder.<\/p>\n<p>Temores de Mar\u00eda y de Jos\u00e9 <\/p>\n<p>XII 1. Y se cumpli\u00f3 la profec\u00eda que dec\u00eda: De Egipto llam\u00e9 a mi hijo.<\/p>\n<p>2. Y, como Mar\u00eda y Jos\u00e9 supiesen la ca\u00edda y el aniquilamiento del \u00eddolo, fueron presa de temor y de espanto, y se dijeron: Cuando est\u00e1bamos en tierra de Israel, Herodes proyectaba matar a Jes\u00fas, y, por su causa, mat\u00f3 a todos los ni\u00f1os peque\u00f1os de Bethlehem y de sus alrededores. No hay duda sino que los egipcios, al enterarse de por qu\u00e9 accidente se rompi\u00f3 ese \u00eddolo, nos entregar\u00e1n a las llamas.<\/p>\n<p>3. Y, en efecto, el rumor lleg\u00f3 hasta el Fara\u00f3n, el cual mand\u00f3 buscar al ni\u00f1o, pero no lo encontr\u00f3. Y orden\u00f3 que todos los habitantes de su ciudad, cada uno de por s\u00ed, se pusiesen en campa\u00f1a para proceder a la b\u00fasqueda, hallazgo y captura del ni\u00f1o. Y, cuando Nuestro Se\u00f1or se acerc\u00f3 a la puerta de la ciudad, dos aut\u00f3matas, que estaban fijados a cada lado de la puerta, se pusieron a gritar: \u00a1He aqu\u00ed el rey de los reyes, el hijo del Dios invisible y misterioso! Y el Fara\u00f3n procur\u00f3 matarlo. Pero L\u00e1zaro sali\u00f3 fiador por \u00e9l, y Mar\u00eda y Jos\u00e9 se escaparon, y partieron de all\u00ed.<\/p>\n<p>Liberaci\u00f3n de viajeros capturados por bandidos<\/p>\n<p>XIII 1. Y, despu\u00e9s que de all\u00ed partieron, llegaron a un paraje, donde se hallaban unos bandidos, que hab\u00edan robado a una caravana de viajeros, los hab\u00edan despojado de sus vestiduras, y los hab\u00edan atado. Y aquellos bandidos oyeron un tumulto inmenso, semejante al causado por un rey poderoso, que saliese de su capital, acompa\u00f1ado de caballeros, de soldados, de tambores y de clarines. Y los bandidos, acometidos de miedo y de pavor, abandonaron todo aquello de que se hab\u00edan apoderado.<\/p>\n<p>2. Entonces los secuestrados se levantaron, se desataron mutuamente las ligaduras, recobraron su caudal, y se marcharon. Y, viendo aproximarse a Mar\u00eda y a Jos\u00e9, les dijeron: \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el rey y se\u00f1or, cuyo tren brillante y tumultuoso oyeron acercarse los bandidos, y a consecuencia de lo cual nos abandonaron, y nos dejaron libres? Y Jos\u00e9 repuso: El va a llegar sobre nuestros pasos.<\/p>\n<p> Curaci\u00f3n de una pose\u00edda<\/p>\n<p>XIV 1. Y alcanzaron otra aldea, donde hab\u00eda una pobre mujer pose\u00edda, la cual, habiendo salido de su casa por la noche en busca de agua, vio al Maligno bajo la figura de un joven. Y puso la mano sobre \u00e9l, para agarrarlo, no pudo ni aun tocarlo. Y el rebelde maldito hab\u00eda entrado en el cuerpo de la mujer, estableci\u00e9ndose as\u00ed, y manteni\u00e9ndola en el estado de naturaleza, como en el d\u00eda de su nacimiento.<\/p>\n<p>2. Y la pose\u00edda no pod\u00eda soportar sobre s\u00ed vestido alguno, ni residir en los lugares habitados. Cuantas veces se la sujetaba con cadenas o con trabas, otras tantas las romp\u00eda, y se escapaba desnuda al desierto. Y se colocaba en las encrucijadas de los caminos y en las tumbas, y tiraba piedras sobre cuantos pasaban, causando mucho enojo a las gentes de la localidad, las cuales deseaban su muerte, y su familia estaba tambi\u00e9n muy afligida.<\/p>\n<p>3. Cuando Mar\u00eda y Jos\u00e9 entraron en aquella aldea, vieron a la infeliz, sentada, desnuda y ocupada en reunir piedras. Y Mar\u00eda tuvo piedad de su estado, y, tomando uno de los pa\u00f1ales de Jes\u00fas, lo ech\u00f3 sobre ella. Y, en el mismo instante, el demonio la abandon\u00f3 precipitadamente bajo la figura de un joven, maldiciendo y gritando: \u00a1Malhaya yo, a causa tuya, Mar\u00eda, y de tu hijo! Y aquella mujer qued\u00f3 libre de su azote. Vuelta en s\u00ed, confusa de su desnudez, y evitando las gentes, se cubri\u00f3 con el pa\u00f1al de Jes\u00fas, corri\u00f3 a su casa, se visti\u00f3, e hizo a los suyos un relato detallado del hecho. Y los suyos, que eran los personajes m\u00e1s importantes de la aldea, dieron hospitalidad a Mar\u00eda y a Jos\u00e9, con magnificencia generosa.\u00a0 <\/p>\n<p>Curaci\u00f3n de una joven muda <\/p>\n<p>XV 1. Al d\u00eda siguiente, Mar\u00eda y Jos\u00e9 se despidieron de sus hu\u00e9spedes, bien provistos por \u00e9stos de vituallas para el camino. Y, por la tarde de aquel d\u00eda, al ponerse el sol, entraron en otra aldea, donde se celebraban unas nupcias. Y vieron una multitud de gentes reunidas, y, en medio de ellas, una desposada herida de mutismo por la astucia del demonio y la acci\u00f3n de encantadores perversos. Paralizados sus o\u00eddos y su lengua, la desposada no habla vuelto a recobrar el uso de la palabra.<\/p>\n<p>2. Cuando Mar\u00eda entr\u00f3 en la aldea, llevando en sus brazos a su hijo, la joven muda, que la vio, tom\u00f3 a Jes\u00fas, lo bes\u00f3, y lo apret\u00f3 contra su pecho. Y un efluvio del cuerpo del ni\u00f1o se exhal\u00f3 sobre ella, cuyos o\u00eddos se abrieron, y cuya lengua se movi\u00f3, para agradecer a Dios, con alabanzas, la recuperaci\u00f3n de su salud. Y aquella noche hubo gran alegr\u00eda entre los habitantes de la aldea, que creyeron que Dios y sus \u00e1ngeles hablan descendido hasta ellos.<\/p>\n<p>Curaci\u00f3n de otra pose\u00edda<\/p>\n<p>XVI 1. Tres d\u00edas permanecieron alli Mar\u00eda y Jos\u00e9, rodeados de honores y suntuosamente tratados por los novios y por las familias de \u00e9stos. Y se separaron de sus hu\u00e9spedes, bien provistos por ellos de cosas \u00fatiles para el viaje, y llegaron a otra aldea, donde contaban pasar la noche, por hallarse poblada por numerosos y distinguidos habitantes. En aquella aldea, viv\u00eda una mujer de fama muy honrosa. Un d\u00eda, hab\u00eda ido al r\u00edo a lavar sus vestidos. Y, en tanto que hac\u00eda su colada, vio que no comparec\u00eda nadie por los alrededores, se despoj\u00f3 de su traje, y empez\u00f3 a ba\u00f1arse. Y el Maligno, bajo forma de serpiente, la asalt\u00f3, enlaz\u00f3 su cintura, se enrosc\u00f3 alrededor de su vientre, y todos los d\u00edas, a la ca\u00edda de la noche, se extend\u00eda sobre ella.<\/p>\n<p>2. Cuando Mar\u00eda se le acerc\u00f3, al ver el ni\u00f1o que \u00e9sta llevaba en sus brazos, corri\u00f3 a su encuentro, y le dijo: Oh, se\u00f1ora, dame a este ni\u00f1o, para que lo alce, y lo abrace. Mar\u00eda se lo dio. Y, tan pronto el ni\u00f1o estuvo en sus brazos, el demonio respir\u00e9 los esp\u00edritus de Jes\u00fas, y, bajo las miradas de todos, la serpiente huy\u00f3, y la pose\u00eda no la vio m\u00e1s. Y todos los asistentes alabaron al Alt\u00edsimo, y aquella mujer trat\u00f3 espl\u00e9ndidamente a Mar\u00eda y a Jos\u00e9.<\/p>\n<p>Curaci\u00f3n de una leprosa<\/p>\n<p>XVII 1. Cuando la ma\u00f1ana vino, la mujer verti\u00f3 agua perfumada, para ba\u00f1ar en ella al ni\u00f1o Jes\u00fas. Y, despu\u00e9s de haberlo lavado, conserv\u00e9 el agua del ba\u00f1o. Y hab\u00eda all\u00ed una joven, cuyo cuerpo estaba blanco de lepra. Y, como hubiese sido testigo de la curaci\u00f3n de aquella mujer, quiso, con fe, tomar el agua que hab\u00eda servido para lavar a Jes\u00fas. Y, vertiendo sobre su cuerpo un poco de aquel agua, qued\u00f3 purificada de su lepra. Y todos los habitantes de la aldea exclamaron: Indudablemente, Mar\u00eda, Jos\u00e9 y el ni\u00f1o son dioses, y no hombres.<\/p>\n<p>2. Y, en el momento en que Mar\u00eda y Jos\u00e9 se dispon\u00edan a abandonar la casa, la joven que hab\u00eda sido leprosa, se arrodill\u00f3 ante ellos, y les dijo: Os mego, padres y se\u00f1ores m\u00edos, que me otorgu\u00e9is ser vuestra hija y vuestra sierva, y acompa\u00f1aros, porque no tengo padre, ni madre.<\/p>\n<p>Curaci\u00f3n de un ni\u00f1o leproso <\/p>\n<p>XVIII 1. Y ellos consintieron, y la joven parti\u00f3 en su compa\u00f1\u00eda. Y llegaron a una aldea, en cuyos cont\u00e9rminos estaba enclavado un castillo perteneciente a un jefe ilustre, y que ten\u00eda un pabell\u00f3n exterior, destinado a recibir a los hu\u00e9spedes. En \u00e9l entraron Mar\u00eda y Jos\u00e9, y la joven pas\u00f3 a ver a la esposa del se\u00f1or. Y, como la encontrase lacrimosa y entristecida, le pregunt\u00f3: \u00bfPor qu\u00e9 lloras? Y ella repuso: No te extra\u00f1en mis l\u00e1grimas, porque sufro un gran dolor, que a nadie puedo revelar. Mas la joven le dijo: Si me lo indicas, y me lo descubres, quiz\u00e1 le encuentre yo un remedio.<\/p>\n<p>2. La mujer del jefe le dijo: Guarda bien este secreto, y no lo manifiestes a nadie. Estoy casada con este jefe, cuyo poder se extiende sobre un vasto territorio. Con \u00e9l he vivido mucho tiempo, sin darle hijos, y, cuando, al fin, tuve uno, \u00e9ste naci\u00f3 leproso. Y, as\u00ed que \u00e9l lo vio, se neg\u00f3 a reconocerlo, y me dijo: O lo matas, o lo entregas a una nodriza de un pa\u00eds lejano, para que nunca m\u00e1s sepa de \u00e9l. Donde no, rompo toda relaci\u00f3n contigo, y en la vida volver\u00e9 a verte. No s\u00e9 qu\u00e9 partido tomar, y mi disgusto es infinito. \u00a1Ah, hijo m\u00edo! \u00a1Ah, esposo m\u00edo! Mas la joven repuso: He encontrado a tu mal un remedio, que voy a exponerte. Porque yo tambi\u00e9n soy leprosa, y me vi purificada por Dios, que no es otro que Jes\u00fas, el hijo de Maria. La mujer le dijo: \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 ese Dios, de que acabas de hablarme? La joven dijo: Est\u00e1 aqu\u00ed, en tu casa. Ella dijo: \u00bfC\u00f3mo? \u00bfAqu\u00ed se encuentra? La joven dijo: Aqu\u00ed se hallan Mar\u00eda y su esposo Jos\u00e9, y ese ni\u00f1o que viaja con ellos, es el que se llama Jes\u00fas, y el que me ha curado de mi mal y de mi tormento. La otra le dijo: \u00bfPuedo saber c\u00f3mo te ha curado de tu lepra? Ella le dijo: Con mucho gusto te complacer\u00e9. La madre del ni\u00f1o me dio el agua que hab\u00eda servido para ba\u00f1arlo, agua que ech\u00e9 sobre mi cuerpo, y que purific\u00f3 mi lepra.<\/p>\n<p>3. Entonces la esposa del jefe se levant\u00f3, y rog\u00f3 a Mar\u00eda y a Jos\u00e9, con todo encarecimiento, que fuesen hu\u00e9spedes suyos. E invit\u00f3 a Jos\u00e9 a un gran fest\u00edn, al cual fueron convidados buen golpe de hombres. Y, al d\u00eda siguiente, a punto de amanecer, se levant\u00f3, y tom\u00f3 agua perfumada, para ba\u00f1ar en ella a Jes\u00fas. Y, tomando a su hijo, lo ba\u00f1\u00f3 en el agua que acababa de emplear, e, instant\u00e1neamente, el ni\u00f1o qued\u00f3 purificado de su lepra. Y ella glorific\u00f3 a Dios, dici\u00e9ndole: \u00a1Dichosa tu madre, oh Jes\u00fas! \u00bfC\u00f3mo, con el agua en que te has ba\u00f1ado, purificas de la lepra a los hombres, que son de la misma raza que t\u00fa? E hizo a Mar\u00eda presentes magn\u00edficos, y la despidi\u00f3 con los mayores honores.<\/p>\n<p>El joven esposo librado de un sortilegio <\/p>\n<p>XIX 1. De all\u00ed se dirigieron a otra aldea, en la que quisieron pasar la noche. Y entraron en el hogar de un reci\u00e9n casado, a quien un maleficio ten\u00eda alejado de su espcsa. Y, apenas se hubieron albergado en la casa aquella noche, ces\u00f3 el maleficio.<\/p>\n<p>2. Y, llegada la ma\u00f1ana, decidieron partir. Pero el reci\u00e9n casado los detuvo, y les ofreci\u00f3 un fest\u00edn espl\u00e9ndido.<\/p>\n<p>El joven convertido en mulo <\/p>\n<p>XX 1. Al d\u00eda siguiente, se pusieron en camino. Y, al acercarse a otra aldea, vieron a tres mujeres que volv\u00edan a pie del cementerio, llorando. Y Mar\u00eda dijo a la joven que los acompa\u00f1aba: Preg\u00fantales qu\u00e9 les ha ocurrido, y qu\u00e9 mal aflige su alma. La joven les transmiti\u00f3 la pregunta, y ellas, sin responderle, dijeron: \u00bfDe d\u00f3nde sois, y ad\u00f3nde vais? Porque el d\u00eda ha transcurrido, y la noche ha llegado. La joven repuso: Somos viajeros, y buscamos un asilo donde pasar la noche. Y las mujeres le dijeron: Venid con nosotras, y pasar\u00e9is la noche en nuestra casa.<\/p>\n<p>2. Y, habi\u00e9ndolas acompa\u00f1ado, vieron que pose\u00edan una casa nueva, bien adornada y ricamente amueblada, en la cual los introdujeron. Y era invierno, y entonces la joven entr\u00f3 tambi\u00e9n, y vio a las mujeres gimiendo y llorando. Cerca de ellas hab\u00eda un mulo abierto de una funda de brocado, y ante el que se hab\u00eda colocado s\u00e9samo. Y lo abrazaron, y le dieron de comer. La joven les pregunt\u00f3: Mis se\u00f1oras, \u00bfqu\u00e9 hace aqu\u00ed este mulo?. Y ellas, deshechas en l\u00e1grimas, le respondieron: Este mulo que ves ha sido nuestro hermano, hijo de nuestra madre, que est\u00e1 presente. Nuestro padre nos ha dejado una gran fortuna. No ten\u00edamos m\u00e1s hermano que \u00e9ste, y pens\u00e1bamos encontrarle una mujer, y casarlo seg\u00fan las leyes de la humanidad. Empero algunas perversas mujeres dadas a la hechiceda, lanzaron sobre \u00e9l un sortilegio.<\/p>\n<p>3. Y ello ocurri\u00f3 una noche, poco antes de amanecer, mientras dorm\u00edamos, y mientras las puertas de nuestro coraz\u00f3n y de nuestra casa estaban cerradas. Cuando la ma\u00f1ana vino, miramos y reconocimos que nuestro hermano no estaba cerca de nosotras. Se hab\u00eda metamorfoseado en este mulo, que sabemos es \u00e9l. Y, como no tenemos ya padre que nos consuele en tan acerbo disgusto, nos hallamos en la aflicci\u00f3n de que eres testigo. No hay sabio, mago o encantador, que no hayamos consultado. Pero esto de nada nos ha servido. Y, cuantas veces el coraz\u00f3n nos oprime con m\u00e1s fuerza que otras, vamos con nuestra madre a florar sobre la tumba de nuestro padre, y despu\u00e9s volvemos.<\/p>\n<p>El mulo transformado en hombre <\/p>\n<p>XXI 1. Al o\u00edr el relato de aquellas mujeres, la joven les dijo: Consolaos, y no llor\u00e9is. El remedio a vuestro mal est\u00e1 pr\u00f3ximo, puesto que est\u00e1 bien cerca de vuestra misma casa. Porque yo misma en persona he sido leprosa. Pero, habiendo visto a una mujer llamada Mar\u00eda con su peque\u00f1uelo, llamado Jes\u00fas, un d\u00eda que su madre acababa de ba\u00f1arlo, tom\u00e9 agua de su ba\u00f1o, la derram\u00e9 sobre mi cuerpo, y qued\u00e9 curada. S\u00e9, por consiguiente, que posee el poder de remediar vuestro mal. Levantaos, pues, id al encuentro de Nuestra Se\u00f1ora Santa Mar\u00eda, traedla a vuestra casa, descubridle vuestro secreto, y suplicadle que tenga piedad de vosotras.<\/p>\n<p>2. Cuando las mujeres hubieron escuchado el discurso de la joven, salieron presurosas al encuentro de Nuestra Se\u00f1ora Santa Mar\u00eda, la llevaron a su casa, y, arrodilladas en su presencia, le dijeron, llorando: \u00a1Oh Nuestra Se\u00f1ora Santa Mar\u00eda, compad\u00e9cete de tus siervas! No tenemos ning\u00fan pariente de edad, ni jefe de familia, ni padre, ni hermano, que nos proteja. Este mulo que ves, es nuestro hermano, y no un animal. Malvadas brujas lo han reducido con sus maleficios al estado en que hoy se encuentra. Te rogamos que tengas compasi\u00f3n de nosotras. Y Nuestra Se\u00f1ora Santa Mar\u00eda, conmovida ante su desgracia, tom\u00f3 a Jes\u00fas, y lo puso sobre el lomo del mulo. Ella lloraba, y las mujeres tambi\u00e9n. Y Mar\u00eda dijo: Jes\u00fas, hijo m\u00edo, haz que la poderosa virtud oculta en ti obre sobre este mulo, y le devuelva la naturaleza humana que ten\u00eda otrora.<\/p>\n<p>3. Y, en el mismo instante, el mulo cambi\u00f3 de forma, recobr\u00f3 su figura pr\u00edstina, y se convirti\u00f3 en el joven exento de toda enfermedad, que antes era. Entonces \u00e9l, su madre y sus hermanas, se prosternaron ante Mar\u00eda, pusieron el ni\u00f1o sobre sus cabezas, y lo abrazaron, diciendo: \u00a1Dichosa tu madre, oh Jes\u00fas, salvador del mundo! \u00a1Bienaventurados los ojos que han alcanzado el favor de mirarte!\u00a0 <\/p>\n<p>Uni\u00f3n de dos j\u00f3venes curados por Jes\u00fas<\/p>\n<p>XXII 1. Y las dos hermanas dijeron a su madre: He aqu\u00ed que nuestro hermano ha vuelto al estado normal, por el socorro de Jes\u00fas, y gracias a esta joven que nos ha hecho conocer a Mar\u00eda y a su hijo. Ahora bien: nuestro hermano no est\u00e1 casado, y el mejor partido que podemos tomar con \u00e9l es unirlo a esta joven, que est\u00e1 al servicio de esta familia. E interrogaron a Mar\u00eda sobre el asunto, y ella accedi\u00f3 a su demanda. Y celebr\u00e1ronse con magnificencia las bodas de la joven, y la alegr\u00eda de las tres mujeres ocup\u00f3 el lugar de su anterior angustia. Y convirtieron sus lamentaciones en c\u00e1nticos de fiesta. Y dijeron, gozosas: Jes\u00fas, el hijo de Mar\u00eda, ha transformado el duelo en j\u00fabilo.<\/p>\n<p>2. Mar\u00eda y Jos\u00e9 permanecieron all\u00ed diez d\u00edas. Y despu\u00e9s se alejaron, colmados de testimonios de respeto y de veneraci\u00f3n por aquellas personas, que los despidieron con pesar, y que, tras los adioses, volvieron a su casa deshechas en l\u00e1grimas, sobre todo la joven.<\/p>\n<p>Los dos bandidos<\/p>\n<p>XXIII 1. Partidos de all\u00ed, llegaron a una tierra desierta, y oyeron decir que no era segura, porque hab\u00eda en ella bandidos. Sin embargo, Mar\u00eda y Jos\u00e9 se decidieron a atravesar aquel pa\u00eds durante la noche. Y, mientras marchaban, advirtieron que, al borde del camino, comparec\u00edan dos bandidos, apostados y destacados por sus compa\u00f1eros, que dorm\u00edan un poco m\u00e1s all\u00e1, para guardar el camino. Estos dos bandidos que acababan de encontrar se llamaban Tito y Dumaco. Y el primero dijo al segundo: D\u00e9jales el camino libre, para que pasen, y que nuestros compa\u00f1eros no lo noten. Dumaco no consinti\u00f3 en ello. Entonces Tito le dijo: Te dar\u00e9 mi parte de cuarenta dracmas si me complaces. Y le present\u00f3 su cintur\u00f3n como garant\u00eda, para decidirlo a callarse.<\/p>\n<p>2. Y, cuando Mar\u00eda vio la noble conducta de aquel bandido hacia ellos, le dijo: El Se\u00f1or Dios te proteger\u00e1 con su diestra, y te conceder\u00e1 el perd\u00f3n de tus pecados. Y Jes\u00fas tom\u00f3 la palabra, y dijo a Mar\u00eda: \u00a1Oh madre m\u00eda, dentro de treinta a\u00f1os, los jud\u00edos me crucificar\u00e1n en la ciudad de Jerusal\u00e9n, y, conmigo, crucificar\u00e1n a estos dos bandidos, Tito a mi derecha, y Dumaco a mi izquierda! Y, en el d\u00eda aquel, Tito me preceder\u00e1 en el para\u00edso. Y Mar\u00eda repuso: \u00a1Esto os sea recompensado, hijo m\u00edo!<\/p>\n<p>3. De all\u00ed se dirigieron a la ciudad de los \u00eddolos. Y, cuando se aproximaron a ella, la ciudad fue v\u00edctima de un terremoto y convertida en colinas de arena.<\/p>\n<p> La Sagrada Familia en Matarieh<\/p>\n<p>XXIV 1. De all\u00ed se dirigieron al sic\u00f3moro que se llama hoy d\u00eda Matarieh.<\/p>\n<p>2. Y, en Matarieh, el Se\u00f1or Jes\u00fas hizo brotar una fuente, en que Santa Maria le lav\u00f3 su t\u00fanica. Y el sudor del Se\u00f1or Jes\u00fas, que ella escurri\u00f3 en aquel lugar, hizo nacer all\u00ed b\u00e1lsamo.\u00a0 <\/p>\n<p>La Sagrada Familia en Misr<\/p>\n<p>XXV 1. De all\u00ed pasaron a Misr. Y vieron al Fara\u00f3n, y habitaron en el pa\u00eds de Misr durante tres a\u00f1os.<\/p>\n<p>2. Y el Se\u00f1or Jes\u00fas realiz\u00f3, en el pa\u00eds de Misr, numerosos milagros, que no figuran en los Evangelios de la infancia, ni en los Evangelios completos.<\/p>\n<p>Regreso a Nazareth<\/p>\n<p>XXVI 1. Al cabo de tres a\u00f1os, volvieron a Misr. Y, cuando ganaron la tierra de Judea, Jos\u00e9 tem\u00eda pasar adelante, por haber sabido que Herodes hab\u00eda muerto, y que su hijo Arquelao lo hab\u00eda sucedido como rey del pa\u00eds. Entonces el \u00e1ngel del Se\u00f1or le apareci\u00f3, y le dijo: Jos\u00e9, vete a la villa de Nazareth, y permanece all\u00ed.<\/p>\n<p>2. \u00a1Oh sorprendente milagro, que haya sido llevado y paseado a trav\u00e9s de los pa\u00edses, como quien no tiene morada, ni albergue, el due\u00f1o de todos los pa\u00edses y el pacificador de los mundos y de las criaturas!<\/p>\n<p>Epidemia en Bethlehem. Curaci\u00f3n de un ni\u00f1o<\/p>\n<p>XXVII 1. Y, cuando entraron en la villa de Bethlehem, hab\u00eda all\u00ed numerosos casos de una enfermedad grave, que atacaba a los ni\u00f1os en los ojos, y de la que mor\u00edan.<\/p>\n<p>2. Y una mujer, que ten\u00eda un hijo enfermo y pr\u00f3ximo ya a la muerte, lo llev\u00f3 a Santa Mar\u00eda, a quien vio ocupada en ba\u00f1ar a Jes\u00fas, y a quien dijo: \u00a1Oh Mar\u00eda, mi se\u00f1ora, mira cu\u00e1n cruelmente sufre este fruto de mis entra\u00f1as! \u00bfNo tendr\u00e1 el Se\u00f1or misericordia de \u00e9l?<\/p>\n<p>3. Y, una vez hubo Mar\u00eda retirada a Jes\u00fas del agua en que lo hab\u00eda lavado, respondi\u00f3 a la mujer en estos t\u00e9rminos: Toma un poco de este agua en que acabo de ba\u00f1ar a mi hijo, y \u00e9chala sobre el tuyo. Y la mujer lo hizo as\u00ed, y lav\u00f3 con aquella agua a su hijo, que ces\u00f3 de agitarse, y lo envolvi\u00f3 en su vestidito, y lo adormeci\u00f3. Y el ni\u00f1o se despert\u00f3 en plena y perfecta salud. Y aquella mujer glorific\u00f3 a Dios y a Jes\u00fas, y, llena de j\u00fabilo, llev\u00f3 a su hijo a la Virgen, que le dijo: Da gracias al Se\u00f1or, que te ha curado este ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Curaci\u00f3n de otro ni\u00f1o <\/p>\n<p>XXVIII 1. Y hab\u00eda all\u00ed otra mujer, vecina de aquella cuyo hijo hab\u00eda sido curado, y que ten\u00eda tambi\u00e9n un hijo atacado de la misma enfermedad. Sus ojos hab\u00edan dejado de ver, y, con vivo dolor y sin interrupci\u00f3n alguna, gritaba de noche y d\u00eda. Y la madre del ni\u00f1o curado dijo a la otra: \u00bfPor qu\u00e9 no lo llevas a casa de Mar\u00eda, como yo llev\u00e9 al m\u00edo, que estaba muy enfermo, y m\u00e1s cerca de la muerte que de la vida? En casa de Mar\u00eda, tom\u00e9 agua de las abluciones de su hijo Jes\u00fas, lav\u00e9 con ella al m\u00edo, lo adormec\u00ed, y, despu\u00e9s del sue\u00f1o, despert\u00f3 curado. Helo aqu\u00ed: m\u00edralo.<\/p>\n<p>2. La vecina que tal oy\u00f3, march\u00f3 asimismo a casa de Mar\u00eda, y con fe tom\u00f3 el agua, lav\u00f3 con ella a su hijo, y pronto cesaron los vivos dolores que sent\u00eda, y se durmi\u00f3, quedando como un muerto, porque hac\u00eda much\u00edsimos d\u00edas que no dorm\u00eda. Al despertar, se levant\u00f3 sano, y sus ojos hab\u00edan recobrado la vista. La madre, henchida de gozo, alab\u00f3 al Se\u00f1or, tom\u00f3 a su hijo, y lo llev\u00f3 a Mar\u00eda, a quien descubri\u00f3 todo lo que acababa de suceder. Y Mar\u00eda le dijo: Da gracias a Dios, por haberlo restablecido, y no hables de este caso a nadie.\u00a0 <\/p>\n<p>Curaci\u00f3n de Cleopas. Rivalidad de dos madres <\/p>\n<p>XXIX 1. Y hab\u00eda tambi\u00e9n, en aquel lugar, dos mujeres casadas con un mismo hombre. Cada una de ellas ten\u00eda un hijo, y los dos ni\u00f1os sufr\u00edan mucho. Y una de aquellas dos mujeres se llamaba Mar\u00eda, y su hijo Cleopas. Y, tomando a su hijo, fue a casa de la madre de Jes\u00fas, y le regal\u00f3 un hermoso velo, dici\u00e9ndole: \u00a1Oh Mar\u00eda, mi Se\u00f1ora, recibe este velo, y dame, en cambio, uno solo de los pa\u00f1ales de tu hijo. Y Mar\u00eda lo hizo, y la madre de Cleopas march\u00f3, y, de aquel pa\u00f1al, hizo una t\u00fanica, con la que visti\u00f3 a su hijo, el cual qued\u00f3 inmediatamente libre de su mal. Y el hijo de su rival, llamada Azrami, muri\u00f3, lo que produjo enemistad entre ambas. Porque Azrami cobr\u00e9 aversi\u00f3n y horror a Mar\u00eda, viendo que el hijo de \u00e9sta estaba vivo y sano, mientras que el suyo habla muerto.<\/p>\n<p>2. Y las dos mujeres ten\u00edan la costumbre de hacer el menaje de la casa alternativamente, cada una durante una semana. Y, cuando le toc\u00f3 el turno a Mar\u00eda, se aprest\u00e9 a cocer el pan. Y encendi\u00f3 el horno, y march\u00f3 a buscar la masa. Azrami, advirtiendo que nadie la ve\u00eda, corri\u00f3 a buscar al ni\u00f1o, que estaba solo en aquel momento, y lo arroj\u00f3 al horno, y se alej\u00e9 de all\u00ed. Y, cuando Mar\u00eda volvi\u00f3, hall\u00e9 a su hijo, riendo en medio del horno a que se le hab\u00eda echado, y al horno fr\u00edo ya como la nieve, cual si no se hubiese puesto en \u00e9l fuego alguno. Entonces la madre del ni\u00f1o comprendi\u00f3 que era su rival quien lo hab\u00eda lanzado a las llamas. Y, sacando a Cleopas del horno, fue a casa de la Virgen, a quien cont\u00e9 el caso. Y la Virgen le dijo: Tranquil\u00edzate, porque esto redundar\u00e1 en ventaja tuya, y no hables del caso a nadie. El no callarlo no te servir\u00e1 de nada, y aun temo por ti, si se divulga.<\/p>\n<p>3. Y ocurri\u00f3 a poco que, yendo Azrami al pozo a buscar agua, vio a Cleopas, que jugaba por all\u00ed cerca. Nadie comparec\u00eda por los contornos. Y, tomando al ni\u00f1o, lo precipit\u00f3 al pozo, y regres\u00f3 a su casa. Cuando otras gentes llegaron al pozo a hacer su provisi\u00f3n de l\u00edquido, vieron al muchacho, que se recreaba, daba vagidos, y se re\u00eda, sentado sobre el agua. Y bajaron al pozo, y lo sacaron de \u00e9l. Y, pose\u00eddos de admiraci\u00f3n extremada por el peque\u00f1uelo, glorificaron a Dios. Mas su madre, que sobrevino, lo tom\u00e9, y lo llev\u00f3, llorando, a la Virgen, a quien dijo: Ve, madre m\u00eda, lo que mi rival ha hecho con mi hijo, y c\u00f3mo lo ha precipitado al pozo. Es inevitable que acabe por hacerlo perecer. Pero la Virgen le contest\u00f3: C\u00e1lmate, porque muy pronto Dios te librar\u00e1 de ella, te har\u00e1 justicia, y te vengar\u00e1. Y, en efecto, como a los pocos d\u00edas, Azrami, fuese a tomar agua del pozo, sus pies se enredaron en la cuerda, y cay\u00f3 al fondo. Y las gentes que llegaron a sacarla, la encontraron con la cabeza triturada y los huesos rotos. As\u00ed muri\u00f3 de mala muerte, y en ella se cumpli\u00f3 lo que habla escrito David: Han cavado un pozo, lo han hecho profundo, y han ca\u00eddo en el hoyo que ellos mismos han abierto.<\/p>\n<p>Curaci\u00f3n de Tom\u00e1s D\u00eddimo (o de Bartolom\u00e9)<\/p>\n<p>XXX 1. Y hab\u00eda all\u00ed otra mujer, que ten\u00eda dos hijos gemelos. Ambos a dos contrajeron una enfermedad. El uno hab\u00eda muerto, y el otro agonizaba. Y la madre tom\u00e9 al \u00faltimo florando, y lo llev\u00e9 a Nuestra Se\u00f1ora Santa Mar\u00eda, a quien dijo: \u00a1Oh Mar\u00eda, mi Se\u00f1ora, ven en mi ayuda, y soc\u00f3rreme! Yo ten\u00eda dos hijos gemelos y, en la hora de ahora, he enterrado al uno, y el otro est\u00e1 a punto de morir. Escucha la plegaria y la s\u00faplica que voy a dirigir a Dios. Y, deshecha en l\u00e1grimas, tom\u00f3 a su hijo en sus brazos, y se puso a decir: \u00a1Oh Se\u00f1or, t\u00fa que eres tierno para los hombres y no implacable, bueno y no inflexible! \u00a1Oh Se\u00f1or, amante de los hombres, clemente, misericordioso y santo, haz justicia a tu sierva! T\u00fa me has dado dos hijos, y me has quitado uno. D\u00e9jame, al menos, el que me queda.<\/p>\n<p>2. A la vista de aquel ardiente llanto, Santa Mar\u00eda tuvo piedad de ella, y le dijo: Deposita a tu hijo sobre el lecho del m\u00edo, y c\u00fabrelo con los vestidos de este \u00faltimo. Y ella lo deposit\u00e9 sobre el lecho en que estaba el Cristo. El ni\u00f1o ten\u00eda ya los ojos cerrados, como para abandonar la vida. Mas, cuando el olor de los efluvios que emanaban de los vestidos del Cristo hubo llegado al peque\u00f1uelo, \u00e9ste aspir\u00e9 un esp\u00edritu de vida nueva, abri\u00f3 los ojos y, dando un gran grito, exclam\u00f3: \u00a1Madre, dame el pecho! Y ella se lo dio, y el ni\u00f1o lo chup\u00f3. Y su madre dijo a Nuestra Se\u00f1ora Santa Mar\u00eda: Yo s\u00e9 ahora que la virtud de Dios reside en ti hasta punto tal, que tu hijo tiene el poder de curar a sus semejantes por el simple contacto con sus vestidos. Y el ni\u00f1o curado de aquel modo era el que el Evangelio llama Tom\u00e1s, apodado D\u00eddimo por los dem\u00e1s ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>Curaci\u00f3n de una leprosa <\/p>\n<p>XXXI 1. Y hab\u00eda all\u00ed tambi\u00e9n una mujer atacada de la lepra y de la sarna. Y fue a casa de Mar\u00eda, y le dijo: \u00a1Oh Mar\u00eda, mi Se\u00f1ora, ven en mi ayuda! Mar\u00eda le dijo: \u00bfQu\u00e9 socorro necesitas? \u00bfPlata? \u00bfOro? \u00bfO que tu cuerpo sea purificado de la lepra y de la sarna? La mujer le dijo: \u00bfY qui\u00e9n tiene el poder de darme esto? Mar\u00eda le dijo: Ten la paciencia de esperar a que mi hijo Jes\u00fas haya salido del ba\u00f1o.<\/p>\n<p>2. Y la mujer esper\u00f3 pacientemente, como Mar\u00eda le hab\u00eda dicho. Y, cuando Jes\u00fas fue sacado del ba\u00f1o, en que se lo hab\u00eda lavado, Mar\u00eda lo faj\u00f3, y lo coloc\u00f3 en su cuna. Y dijo a la mujer: Toma un poco de este agua, y vi\u00e9rtela sobre tu cuerpo. Y, habi\u00e9ndolo hecho, al instante qued\u00e9 libre de su azote, y rindi\u00f3 a Dios alabanzas y acciones de gracias.<\/p>\n<p>Curaci\u00f3n de otra leprosa<\/p>\n<p>XXXII 1. Despu\u00e9s de haber permanecido tres d\u00edas con Mar\u00eda, la mujer regres\u00f3 a su aldea, donde hab\u00eda un se\u00f1or, que ten\u00eda una hija casada con otro se\u00f1or de otro pa\u00eds. Y, al poco tiempo de las bodas, el marido not\u00f3 en su esposa huellas de lepra semejantes a una estrella. Y el matrimonio fue roto y declarado nulo, a causa de la se\u00f1al morbosa que apareciera en la cuitada. Y su madre empez\u00f3 a llorar con amargura, y la joven lloraba tambi\u00e9n. Cuando aquella mujer las vio en tal situaci\u00f3n, abrumadas de pena y vertiendo l\u00e1grimas les pregunt\u00f3: \u00bfCu\u00e1l es la causa de vuestro llanto? Y ellas respondieron: No nos interrogues sobre nuestra situaci\u00f3n. Nuestro disgusto es algo de que no podemos hablar a nadie, y que debe quedar entre nosotras. La mujer repiti\u00f3 su pregunta con insistencia, y les dijo: Descubr\u00eddmelo, que quiz\u00e1 os indicar\u00e9 el remedio. Y ellas le mostraron las huellas de lepra que se advert\u00edan en el cuerpo de la joven.<\/p>\n<p>2. Habiendo o\u00eddo y visto todo esto, la mujer les dijo: Yo tambi\u00e9n era leprosa, y habiendo ido a Bethlehem para un asunto, entr\u00e9 en casa de una mujer llamada Mar\u00eda, que tiene un hijo llamado Jes\u00fas, el cual es hijo de Dios. Y, como notase que era leprosa, se compadeci\u00f3 de mi suerte, y me dio el agua que hab\u00eda servido para ba\u00f1ar a su hijo, agua que vert\u00ed sobre mi cuerpo, quedando en seguida curada de mi mal. Y ellas le dijeron: \u00bfEst\u00e1s dispuesta a partir con nosotras, y ponernos en relaci\u00f3n con Mar\u00eda? Ella repuso: De buen grado. Y las tres mujeres se levantaron, y fueron a ver a Mar\u00eda, llevando consigo ricos presentes.<\/p>\n<p>3. Y, llegado que hubieron a Bethelehem, ofrecieron sus presentes a Mar\u00eda, y le mostraron la leprosa que las acompa\u00f1aba. Y Mar\u00eda les dijo: \u00a1Descienda sobre vosotras la misericordia de Jesucristo! Y dio a la hija del se\u00f1or el agua de las abluciones de Jes\u00fas. Y la joven se lav\u00e9 con ella, y, tomando un espejo, se mir\u00f3, y vio que estaba completamente curada. Y las favorecidas y los dem\u00e1s asistentes al milagro dieron gracias a Dios. Despu\u00e9s, las dos mujeres volvieron gozosas a su pa\u00eds, glorificando al Alt\u00edsimo, por el beneficio que les concediera. Y, cuando el marido supo que su esposa estaba completamente curada, la hizo volver a \u00e9l, celebr\u00f3 por segunda vez sus nupcias, y alab\u00e9 al Se\u00f1or por la merced recibida.<\/p>\n<p>La joven obsesionada por el demonio <\/p>\n<p>XXXIII 1. Y hab\u00eda asimismo all\u00ed una joven, de padres nobles, de cuyo ser el demonio se hab\u00eda posesionado. El maldito le aparec\u00eda en todo momento, bajo la forma de un drag\u00f3n enorme, y marcaba la mueca de que iba a devorarla. Y chupaba toda su sangre, y pon\u00eda su cuerpo como tostado, y la dejaba como muerta. Cuando \u00e9l se le aproximaba, ella juntaba sus manos sobre su cabeza, y gritaba, diciendo: \u00a1Malhaya yo! \u00bfQui\u00e9n me librar\u00e1 de este drag\u00f3n perverso? Sus padres lloraban en su presencia misma. Cuantos o\u00edan sus gritos dolorosos, se apiadaban de su desgracia. Numerosas personas se agrupaban en torno suyo, lamentando su pena, sobre todo al o\u00edrla decir, entre l\u00e1grimas: Padres, hermanos, amigos, \u00bfno hay nadie que pueda sacarme de las garras de este enemigo verdugo?<\/p>\n<p>2. Y, cuando la hija del se\u00f1or, la que hab\u00eda sido curada de la lepra, oy\u00f3 la voz de aquella muchacha, subi\u00f3 a la terraza de su castillo, y la vio con las manos juntas sobre la cabeza, y llorando, y, a la multitud que la rodeaba, llorando tambi\u00e9n. Y la hija del se\u00f1or tom\u00f3 la palabra, y pregunt\u00f3 a su marido: \u00bfCu\u00e1l es la historia de esa joven? Y el marido le respondi\u00f3, explic\u00e1ndole el caso de la infeliz. Y su esposa le pregunt\u00f3: \u00bfTiene todav\u00eda padres? \u00c9l respondi\u00f3: Ciertamente, tiene todav\u00eda padre y madre. Y ella dijo: Por el Dios vivo te conjuro a que env\u00edes a buscar a su madre. Y \u00e9l se la trajo. Cuando la hubo visto, la hija del se\u00f1or la interrog\u00f3 diciendo: \u00bfEs tu hija esta joven obsesionada por el demonio? La pobre le contest\u00f3 con tristeza y llorando: S\u00ed, se\u00f1ora, es mi hija. Y la otra le dijo: \u00bfQuieres que tu hija sane? La madre de la joven dijo: Lo quiero. Y la hija del se\u00f1or le dijo: Gu\u00e1rdame el secreto. Has de saber que yo tambi\u00e9n he sido leprosa, y que logr\u00e9 mi curaci\u00f3n por intermedio de una mujer llamada Mar\u00eda, madre de Jes\u00fas, que es el Cristo. Ve a Bethlehem, la aldea de David, el gran rey, y entrev\u00edstate con Mar\u00eda, y exp\u00f3nle tu caso. Ella curar\u00e1 a tu hija, y est\u00e1te segura de que volver\u00e1s de la visita llena de j\u00fabilo.<\/p>\n<p>3. Y la madre de la joven se despidi\u00f3 de la hija del se\u00f1or, y fue a Bethlehem con la suya. All\u00ed encontr\u00f3 a Mar\u00eda, y le hizo conocer el estado de la joven. Despu\u00e9s de haberla o\u00eddo, Mar\u00eda le dio el agua de las abluciones de Jes\u00fas, y le orden\u00f3 que lavase con ella el cuerpo de su hija. Y tambi\u00e9n le dio uno de los pa\u00f1ales de Jes\u00fas, dici\u00e9ndole: Toma este pa\u00f1al, y cada vez que tu hija vea a su enemigo, mostr\u00e1dselo. Y las despidi\u00f3 amistosamente.<\/p>\n<p>Liberaci\u00f3n de la pose\u00edda<\/p>\n<p>XXXIV 1. Y las dos mujeres regresaron a su aldea. Y lleg\u00f3 el instante en que la joven estaba sujeta a su visi\u00f3n, y en que el demonio se dispon\u00eda a acometerla. Y el maldito se present\u00f3 a sus ojos bajo su figura habitual de drag\u00f3n, y la joven sinti\u00f3 pavor, y dijo: Madre, he aqu\u00ed mi malvado enemigo, que va a asaltarme. Tengo mucho miedo. Su madre le dijo: No temas sus ara\u00f1azos, hija m\u00eda. Espera a que se acerque, mu\u00e9strale el pa\u00f1al que nos ha dado Santa Mar\u00eda, y sabremos lo que ocurre.<\/p>\n<p>2. Y la joven, viendo que su enemigo se aproximaba bajo la forma de un drag\u00f3n enorme y de aspecto horrible, empez\u00f3 a temblar con todos sus miembros. Y, cuando m\u00e1s cerca estaba de ella, despleg\u00f3 el pa\u00f1al, y, habi\u00e9ndolo puesto sobre su cabeza, vio salir de \u00e9l llamas ardientes y carbones abrasados, que se proyectaban sobre el drag\u00f3n. \u00a1Oh prodigio brillante el que entonces se produjo! En el momento mismo en que el drag\u00f3n dirigi\u00f3 su mirada al pa\u00f1al de Jes\u00fas, sali\u00f3 de \u00e9ste el fuego, que lo hiri\u00f3 en la cabeza, en los ojos y en la faz, haci\u00e9ndolo aullar y dar alaridos terribles. Y, con voz estridente, grit\u00f3 diciendo: \u00bfQu\u00e9 quieres, Jes\u00fas, hijo de Mar\u00eda? \u00bfC\u00f3mo podr\u00e9 escapar de ti? Y tom\u00f3 la fuga, desapareci\u00f3, y no se lo vio m\u00e1s. Y la joven recobr\u00f3 la paz de su esp\u00edritu, y pas\u00f3 de la angustia al j\u00fabilo. Y, a partir de aquel d\u00eda, no volvi\u00f3 a visitarla la visi\u00f3n horrorosa.<\/p>\n<p>El demonio expulsado de Judas Iscariotes <\/p>\n<p>XXXV 1. Cuando Jes\u00fas ten\u00eda tres a\u00f1os de edad, hab\u00eda, en aquel pa\u00eds, una mujer, cuyo hijo, llamado Judas, estaba pose\u00eddo del demonio. Y, cada vez que \u00e9ste lo asaltaba, Judas mord\u00eda a cuantos se acercaban a \u00e9l, y, si no encontraba a nadie a su alcance, se mord\u00eda las manos y los dem\u00e1s miembros de su cuerpo. Cuando la madre de este desventurado supo que Jes\u00fas hab\u00eda curado muchos enfermos, llev\u00f3 su hijo a Mar\u00eda. Pero, en aquel momento, Jes\u00fas no estaba en casa, por haber salido, con sus hermanos, a jugar con los otros ni\u00f1os.<\/p>\n<p>2. Y, as\u00ed que estuvieron en la calle, se sentaron todos, y Jes\u00fas con ellos. Judas, el pose\u00eddo, sobrevino, y se sent\u00f3 a la derecha de Nuestro Se\u00f1or. Su obsesi\u00f3n lo invadi\u00f3 de nuevo, y quiso morder a Jes\u00fas. No pudo, pero lo golpe\u00f3 en el costado derecho. Jes\u00fas se puso a llorar, y, en el mismo instante y ante los ojos de varios testigos, el demonio que obsesionaba a Judas lo abandon\u00f3 bajo la forma de un perro rabioso. Y aquel muchacho que peg\u00f3 a Jes\u00fas, y de quien sali\u00f3 el demonio, era el disc\u00edpulo llamado Judas Iscariotes, el que entreg\u00f3 a Nuestro Se\u00f1or a los tormentos de los jud\u00edos. Y el costado en que Judas lo golpe\u00f3 fue el mismo que los jud\u00edos atravesaron con una lanza.<\/p>\n<p>Las figurillas de barro <\/p>\n<p>XXXVI 1. Un d\u00eda, cuando Jes\u00fas hab\u00eda cumplido los siete a\u00f1os, jugaba con sus peque\u00f1os amigos, es decir, con ni\u00f1os de su edad. Y se entreten\u00edan todos en el barro, haciendo con \u00e9l figurillas, que representaban p\u00e1jaros, asnos, caballos, bueyes, y otros animales. Y cada uno de ellos se mostraba orgulloso de su habilidad, y elogiaba su obra, diciendo: Mi figurilla es mejor que la vuestra. Mas Jes\u00fas les dijo: Mis figurillas marchar\u00e1n, si yo se lo ordeno. Y sus peque\u00f1os camaradas le dijeron: \u00bfEres quiz\u00e1 el hijo del Creador?<\/p>\n<p>2. Y Jes\u00fas mand\u00f3 a sus figurillas marchar, y en seguida se pusieron a dar saltos. Despu\u00e9s, las llam\u00f3, y volvieron. Y hab\u00eda hecho figurillas que representaban gorriones. Y les orden\u00f3 volar, y volaron, y posarse, y se posaron en sus manos. Y les dio de comer, y comieron, y de beber, y bebieron. Y, ante unos jumentos que hiciera, puso paja, cebada y agua. Y ellos comieron y bebieron. Los ni\u00f1os fueron a contar a sus padres todo lo que hab\u00eda hecho Jes\u00fas. Y sus padres les prohibieron para en adelante jugar con el hijo de Mar\u00eda, dici\u00e9ndoles que era un mago, y que conven\u00eda guardarse de \u00e9l.<\/p>\n<p>Jes\u00fas en casa del tintorero <\/p>\n<p>XXXVII 1. Otro d\u00eda en que Jes\u00fas se paseaba y se divert\u00eda con varios ni\u00f1os de su edad, pas\u00f3 por el taller de un tintorero llamado Salem. Y este tintorero ten\u00eda, en su taller, muchos trajes que pertenec\u00edan a las gentes de la poblaci\u00f3n, y que se propon\u00eda te\u00f1ir.<\/p>\n<p>2. Y, habiendo entrado en el taller del tintorero, tom\u00f3 todos aquellos trajes, y los ech\u00f3 en una tina de \u00edndigo. Cuando Salem el tintorero volvi\u00f3, y vio todos aquellos trajes deteriorados, se puso a gritar con voz estent\u00f3rea, y, agarrando a Jes\u00fas, le dijo: \u00bfQu\u00e9 me has hecho, hijo de Mar\u00eda? Me afrentar\u00e1s ante todas las gentes de la poblaci\u00f3n. Cada uno desea un color a su gusto, y t\u00fa has venido a estropear la obra. Y Jes\u00fas le dijo: Cambiar\u00e9 a cada traje el color que quieras darle. Y, acto seguido, Jes\u00fas se puso a sacar de la tina los trajes, cada uno, hasta el \u00faltimo, con el color que deseaba el tintorero. Y los jud\u00edos, a la vista de prodigio tama\u00f1o, glorificaron a Dios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Palabras pronunciadas por Jes\u00fas en la cuna I 1. Hemos encontrado estas palabras en el libro de Josefo, el Gran Sacerdote que exist\u00eda en tiempo del Cristo, y que algunos han dicho que era Caif\u00e1s. 2. El cual afirma que Jes\u00fas habl\u00f3, estando en la cuna, y que dijo a su madre: Yo soy el Verbo, hijo de Dios, que<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[172],"tags":[],"class_list":["post-3358","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-evangelios-apocrifos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3358","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3358"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3358\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3358"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3358"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3358"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}