{"id":3357,"date":"2009-01-26T19:54:43","date_gmt":"2009-01-26T19:54:43","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3357"},"modified":"2009-01-26T19:54:43","modified_gmt":"2009-01-26T19:54:43","slug":"historia-copta-de-jos\u00c9-el-carpintero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3357","title":{"rendered":"HISTORIA COPTA DE JOS\u00c9 EL CARPINTERO"},"content":{"rendered":"<p>HISTORIA COPTA DE JOS\u00c9 EL CARPINTERO<\/p>\n<p>Introito<\/p>\n<p>He aqu\u00ed el relato del fallecimiento de nuestro santo padre Jos\u00e9, padre del Cristo seg\u00fan la carne, y que vivi\u00f3 ciento once a\u00f1os. En el monte de los Olivos nuestro Salvador refiri\u00f3 a los ap\u00f3stoles su vida por entero. Y los mismos ap\u00f3stoles escribieron sus palabras, y las depositaron en la Biblioteca de Jerusal\u00e9n. Y el d\u00eda en que el santo anciano abandon\u00f3 su cuerpo, en la paz de Dios, fue el 26 del mes de epifi.<\/p>\n<p>Discurso de Jes\u00fas a los ap\u00f3stoles<\/p>\n<p>I. Y lleg\u00f3 un d\u00eda en que, hall\u00e1ndose nuestro buen Se\u00f1or sentado en el monte de los Olivos y sus disc\u00edpulos reunidos en torno suyo, les habl\u00f3 en estos t\u00e9rminos: Queridos hermanos, hijos de mi buen Padre, vosotros, a quienes \u00c9l ha elegido para heraldos suyos entre el mundo entero, sab\u00e9is bien cu\u00e1n a menudo os he predicho que ser\u00e9 crucificado; que gustar\u00e1 la muerte por todos; que resucitar\u00e1 de entre los muertos; que os dar\u00e9 el encargo de predicar el Evangelio, a fin de que lo anunci\u00e1is en el mundo entero; que os investir\u00e9 de una fuerza venida de lo alto, y que os llenar\u00e1 del Esp\u00edritu Santo, para que prediqu\u00e9is a todas las naciones, dici\u00e9ndoles: Haced penitencia, porque m\u00e1s vale al hombre hallar un vaso de agua en la vida venidera que gozar en \u00e9sta de todos los bienes del mundo y, adem\u00e1s, el lugar que ocupa la planta de un pie en el reino de mi Padre vale m\u00e1s que todas las riquezas de este mundo y, a m\u00e1s, una hora de los justos que se regocijan vale m\u00e1s que cien a\u00f1os de los pecadores que lloran y se lamentan. As\u00ed, pues, \u00a1oh mis miembros gloriosos!, cuando vay\u00e1is entre los pueblos, dirigidles esta ense\u00f1anza: Con balanza justa y justo peso mi Padre pesar\u00e1 vuestra conducta. Una sola palabra que hay\u00e1is dicho os ser\u00e1 examinada. As\u00ed como no hay medio de escapar a la muerte, tampoco lo hay de escapar a nuestros actos buenos o malos. Mas cuanto yo os he dicho termina en esto: el fuerte no se puede salvar por su fuerza, ni el hombre por la multitud de sus riquezas. Y escuchad ahora, que os contar\u00e9 la historia de mi padre Jos\u00e9, el viejo carpintero, bendito de Dios.<\/p>\n<p>Viudedad de Jos\u00e9<\/p>\n<p>II. Hab\u00eda un hombre llamado Jos\u00e9, natural de la villa de Bethlehem, la de los jud\u00edos, que es la villa del rey David. Era muy instruido en la sabidur\u00eda y en el arte de la construcci\u00f3n. Este hombre llamado Jos\u00e9 despos\u00f3 a una mujer en la uni\u00f3n de un santo matrimonio, y le dio hijos e hijas: cuatro varones y dos hembras. He aqu\u00ed sus nombres: Jud\u00e1, Josetos, Jacobo y Sime\u00f3n. Los nombre da las muchachas eran Lisia y Lidia. Y la mujer de Jos\u00e9 muri\u00f3, seg\u00fan ley de todo nacido, dejando a su hijo Jacobo de corta edad. Y Jos\u00e9, var\u00f3n justo, glorificaba a Dios en todas sus obras. E iba fuera de su villa natal a ejercer el oficio de carpintero, con dos de sus hijos, porque viv\u00edan del trabajo de sus manos, seg\u00fan la ley de Mois\u00e9s. Y este hombre justo de que hablo es mi padre carnal, a quien mi madre Mar\u00eda fue unida como esposa.<\/p>\n<p>Mar\u00eda es presentada en el templo<\/p>\n<p>III. Mientras mi padre Jos\u00e9 viv\u00eda en viudedad, Mar\u00eda, mi madre, buena y bendita en todo modo, estaba en el templo, consagrada a su servicio en la santidad. Ten\u00eda entonces la edad de doce a\u00f1os y hab\u00eda pasado tres en la casa de sus padres y nueve en el templo del Se\u00f1or. Viendo los sacerdotes que la Virgen practicaba el ascetismo, y que permanec\u00eda en el temor del Se\u00f1or, deliberaron entre s\u00ed y se dijeron: Busquemos un hombre de bien para desposarla, no sea que el caso ordinario de las mujeres le ocurra en el templo y seamos culpables de un gran pecado.<\/p>\n<p>Elecci\u00f3n de Jos\u00e9 para esposo tutelar de Mar\u00eda<\/p>\n<p>IV. Por entonces convocaron a la tribu de Jud\u00e1, que hab\u00edan elegido entre las doce, echando a suertes. Y la suerte correspondi\u00f3 al buen viejo Jos\u00e9, mi padre carnal. Y los sacerdotes dijeron a mi madre, la Virgen bendita: Vete con Jos\u00e9 y obed\u00e9cele, hasta que llegue el tiempo en que efect\u00faes el casamiento. Mi padre Jos\u00e9 acogi\u00f3 a Mar\u00eda en su casa, y ella, encontrando al peque\u00f1o Jacobo con la tristeza del hu\u00e9rfano, se encarg\u00f3 de educarlo, y por esto se llam\u00f3 a Mar\u00eda madre de Jacobo. Luego que Jos\u00e9 la hubo recibido, se puso en viaje hacia el lugar en que ejerc\u00eda su oficio de carpintero. Y, en su casa, Mar\u00eda, mi madre, pas\u00f3 dos a\u00f1os hasta que lleg\u00f3 el buen momento.<\/p>\n<p>Concepci\u00f3n pura de Mar\u00eda.<\/p>\n<p>Dudas y zozobras de Jos\u00e9<\/p>\n<p>V. En el catorceno a\u00f1o de su edad, vine al mundo de mi propia voluntad, y entr\u00e9 en ella, yo, Jes\u00fas, vuestra vida. Cuando llevaba tres meses encinta, el c\u00e1ndido Jos\u00e9 volvi\u00f3 de su viaje. Y, encontrando a la Virgen embarazada, se turb\u00f3, tuvo miedo y pens\u00f3 despedirla en secreto. Y, a causa del disgusto, no comi\u00f3 ni bebi\u00f3 en todo aquel d\u00eda.<\/p>\n<p>Un \u00e1ngel revela a Jos\u00e9 el misterio del embarazo de Mar\u00eda<\/p>\n<p>VI. Mas, mediada la noche, he aqu\u00ed que Gabriel, el arc\u00e1ngel de la alegr\u00eda, vino a \u00e9l en una visi\u00f3n, por mandato de mi Padre, y le dijo: Jos\u00e9, hijo de David, no temas admitir a Mar\u00eda, tu esposa, porque aquel que ella parir\u00e1 ha salido del Esp\u00edritu Santo. Y se le llamar\u00e1 Jes\u00fas, y \u00e9l es quien apacentar\u00e1 y guiar\u00e1 a todos los pueblos con un cetro de hierro. Y el \u00e1ngel se alej\u00f3 de \u00e9l, y Jos\u00e9 se levant\u00f3, hizo como el \u00e1ngel le hab\u00eda ordenado y recibi\u00f3 a Mar\u00eda junto a s\u00ed.<\/p>\n<p>Empadronamiento ordenado por Augusto y viaje de la Sagrada Familia a Bethlehem<\/p>\n<p>VII. Vino en seguida una orden del rey Augusto para hacer el censo de toda la poblaci\u00f3n de la tierra, cada uno en su respectiva ciudad. El viejo condujo a la Virgen Mar\u00eda, mi madre, a su villa natal de Bethlehem. Y, como ella estaba a punto de parir, \u00e9l inscribi\u00f3 su nombre ante el escriba as\u00ed: Jos\u00e9, hijo de David, con Mar\u00eda, su esposa, y Jes\u00fas, su hijo, de la tribu de Jud\u00e1. Y mi madre Mar\u00eda me puso en el mundo en el camino de regreso a Bethtehem, en la tumba de Raquel, mujer de Jacobo el patriarca, que fue la madre de Jos\u00e9 y de Benjam\u00edn.<\/p>\n<p>Sat\u00e1nica decisi\u00f3n de Herodes y huida a Egipto<\/p>\n<p>VIII.\u00a0  Sat\u00e1n dio un consejo a Herodes el Grande, padre de Arquelao, el que hizo decapitar a Juan, mi amigo y mi deudo. Y as\u00ed \u00e9l me busc\u00f3 para matarme, imaginando que mi reino era de este mundo. Jos\u00e9 fue advertido por una visi\u00f3n. Se levant\u00f3, me tom\u00f3 con Mar\u00eda, mi madre, en cuyos brazos yo iba recostado, mientras que Salom\u00e9 nos segu\u00eda. Partimos para Egipto. Y all\u00ed permanecimos un a\u00f1o, hasta que el cuerpo de Herodes fue presa de los gusanos, que lo hicieron morir en castigo de la sangre de los inocentes ni\u00f1os que hab\u00eda vertido en abundancia.<\/p>\n<p>Regreso de Egipto a Galilea<\/p>\n<p>IX. Y, cuando aquel p\u00e9rfido e imp\u00edo Herodes hubo muerto, volvimos a un pueblo de Galilea que se llama Nazareth. Mi padre Jos\u00e9, el viejo bendito, practicaba el oficio de carpintero, y viv\u00edamos del trabajo de sus manos. Fiel observador de la ley de Mois\u00e9s, nunca comi\u00f3 su pan gratuitamente.<\/p>\n<p>Vejez robusta y juiciosa de Jos\u00e9<\/p>\n<p>X. Y, pasado tan largo lapso, su cuerpo no estaba debilitado. Sus ojos no hab\u00edan perdido la luz y ni un solo diente hab\u00eda perdido su boca. En ning\u00fan momento le falt\u00f3 prudencia y buen juicio, antes permanec\u00eda vigoroso como un joven, cuando ya su edad hab\u00eda alcanzado el a\u00f1o ciento once.<\/p>\n<p>Sumisi\u00f3n de Jes\u00fas a sus padres<\/p>\n<p>XI. Entonces, sus hijos m\u00e1s j\u00f3venes, Josetos y Sime\u00f3n, tomaron mujer y se establecieron en sus casas. Sus dos hijas tambi\u00e9n se casaron, seg\u00fan es l\u00edcito a todo ser humano. Jos\u00e9 permaneci\u00f3 con Jacobo, su hijo m\u00e1s joven. Y, desde que la Virgen me pariera, yo hab\u00eda permanecido con ella en la completa sumisi\u00f3n que conviene a la calidad de hijo. Porque, en verdad, yo he ejecutado y hecho todas las obras humanas, fuera del pecado. Y llamaba a Mar\u00eda \u00abmadre\u00bb y a Jos\u00e9 \u00abpadre\u00bb. Y obedec\u00eda en cuanto me iban a decir. Y no les replicaba una sola palabra, sino que los amaba mucho.<\/p>\n<p>Aprox\u00edmase la muerte de Jos\u00e9<\/p>\n<p>XII. Y ocurri\u00f3 que la muerte de mi padre se acerc\u00f3, seg\u00fan es ley del hombre. Cuando su cuerpo sinti\u00f3 la enfermedad, su \u00e1ngel le advirti\u00f3: En este a\u00f1o morir\u00e1s. Y su alma se turb\u00f3 y fue a Jerusal\u00e9n, al templo del Se\u00f1or, y se prostern\u00f3 ante el altar, diciendo:<\/p>\n<p>Plegaria dirigida por Jos\u00e9 a Dios<\/p>\n<p>XIII. \u00a1Oh, Dios, padre de toda misericordia y de toda carne, Dios de mi alma, de mi cuerpo y de mi esp\u00edritu, pues que los d\u00edas de mi vida en este mundo se han cumplido, he aqu\u00ed que yo te ruego, Se\u00f1or Dios, env\u00edes a m\u00ed al arc\u00e1ngel San Miguel, para que est\u00e9 junto a m\u00ed hasta que mi pobre alma salga de mi cuerpo, sin dolor y sin turbaci\u00f3n! Porque para todo hombre hay un gran temor que es la muerte: para el hombre y para todo animal dom\u00e9stico, o para la bestia salvaje, o para el reptil, o para el p\u00e1jaro, en una palabra, para toda criatura bajo el cielo, que posee un alma viviente, es un dolor y una aflicci\u00f3n esperar que su alma se separe de su cuerpo. As\u00ed, pues, mi Se\u00f1or, que est\u00e9 tu arc\u00e1ngel junto a m\u00ed hasta que mi alma se separe sin dolor de mi cuerpo. No permitas que el \u00e1ngel que me fue dado vuelva hacia m\u00ed su r\u00f3stro lleno de c\u00f3lera, cuando yo est\u00e9 en tu camino, y que me deje solo. No dejes que aquellos cuya faz cambia me atormenten en el camino que yo recorra hacia ti. No dejes detener mi alma por quienes guardan tu puerta, y no me confundas ante tu tribunal formidable. No desencadenes contra m\u00ed las olas del r\u00edo de fuego en que todas las almas se purifican antes de ver la gloria de tu divinidad, \u00a1oh Dios, que juzgas a todos en verdad y en justicia! Ahora, mi Se\u00f1or, reconf\u00f3rteme tu misericordia, porque t\u00fa eres la fuente de todo bien. A ti sea dada gloria por la eternidad de las eternidades. Am\u00e9n.<\/p>\n<p>Enfermedad de Jos\u00e9<\/p>\n<p>XIV. Y se dirigi\u00f3 en seguida a Nazareth, la villa en que habitaba. Y sufri\u00f3 la enfermedad de que deb\u00eda morir, seg\u00fan el destino de todo hombre. Y su enfermedad era m\u00e1s grave que ninguna de las que hab\u00eda sufrido desde el d\u00eda en que fue puesto en el mundo. He aqu\u00ed los estados de vida de mi querido padre Jos\u00e9. Alcanz\u00f3 la edad de cuarenta a\u00f1os. Tom\u00f3 mujer. Vivi\u00f3 cuarenta y nueve a\u00f1os con su mujer, y, cuando \u00e9sta muri\u00f3, pas\u00f3 un a\u00f1o solo. Mi madre pas\u00f3 luego dos a\u00f1os en su casa, luego que los sacerdotes se la hubieran confiado, d\u00e1ndole esta instrucci\u00f3n: Vela por ella hasta el momento de cumplir vuestro matrimonio. Al comenzar el tercer a\u00f1o de vivir ella con \u00e9l, y en el quinceno a\u00f1o de la vida de ella, me puso en el mundo por un misterio que \u00fanicamente comprendemos yo, mi Padre y el Esp\u00edritu Santo, que s\u00f3lo somos uno.<\/p>\n<p>Trastornos f\u00edsicos y mentales de Jos\u00e9<\/p>\n<p>XV. Y el total de los d\u00edas de la vida de mi padre, el bendito viejo Jos\u00e9, fue de ciento once a\u00f1os, conforme a la orden que hab\u00eda dado mi buen Padre. El d\u00eda en que dej\u00f3 su cuerpo fue el 26 del mes de epifi. Entonces, el oro fino que era la carne de mi padre Jos\u00e9 comenz\u00f3 a transmutarse, y la plata que eran su raz\u00f3n y su juicio se alter\u00f3. Olvid\u00f3 el comer y el beber y se equivocaba en su oficio. Ocurri\u00f3, pues, que ese d\u00eda, 26 de epifi, cuando la luz comenzaba a extenderse, mi padre Jos\u00e9 se agit\u00f3 mucho sobre su lecho. Sinti\u00f3 un vivo temor, lanz\u00f3 un profundo gemido y se puso a gritar con gran turbaci\u00f3n, expres\u00e1ndose de este modo:<\/p>\n<p>Trenos de Jos\u00e9<\/p>\n<p>XVI. \u00a1Malhaya yo en este d\u00eda! \u00a1Malhaya el d\u00eda en que mi madre me pari\u00f3! \u00a1 Malhaya el seno en que recib\u00ed el germen de vida! \u00a1Malhayan los pechos cuya leche mame! \u00a1Malhayan las rodillas en que me he sentado! \u00a1Malhayan las manos que me sosten\u00edan hasta que fui mayor, para entrar en el pecado! \u00a1Malhayan mi lengua y mis labios, que se han empleado en la injuria, la calumnia, la detracci\u00f3n y el enga\u00f1o! \u00a1Malhayan mis ojos, que han visto el esc\u00e1ndalo! \u00a1Malhayan mis o\u00eddos, que han gustado de escuchar fr\u00edvolos discursos! \u00a1Malhayan mis manos, que han tomado lo que no les pertenc\u00eda! \u00a1Malhayan mi est\u00f3mago y mi vientre, que han tomado alimentos que no les correspond\u00edan y que, si hallaban alguna cosa de comer, la devoraban m\u00e1s que una llama pudiera hacerlo! \u00a1Malhayan mis pies, que tan mal han servido a mi cuerpo, llev\u00e1ndolo por otras v\u00edas que las buenas! \u00a1Malhaya mi cuerpo, que ha tornado mi alma desierta y extra\u00f1a al Dios que la cre\u00f3! \u00bfQu\u00e9 har\u00e9 yo ahora? Estoy cercado por todas partes. En verdad, malhaya todo hombre que corneta pecado. En verdad que la misma turbaci\u00f3n que yo he visto en mi padre Jacobo cuando dej\u00f3 su cuerpo cae hoy sobre m\u00ed, desgraciado que soy. Pero es Jes\u00fas, mi Dios, el \u00e1rbitro de mi suerte, quien cumple su voluntad en m\u00ed.<\/p>\n<p>Jes\u00fas consuela a su padre<\/p>\n<p>XVII. Viendo que mi padre Jos\u00e9 hablaba de tal forma, me levant\u00e9 y fui hacia \u00e9l, que estaba acostado, y lo hall\u00e9 turbado de alma y de esp\u00edritu. Y le dije: Salud, mi querido padre Jos\u00e9, cuya vejez es a la vez buena y bendita. \u00c9l, con gran temor de la muerte, me contest\u00f3: \u00a1Salud infinitas veces, mi hijo querido! He aqu\u00ed que mi alma se apacigua despu\u00e9s de escuchar tu voz. \u00a1Jes\u00fas, mi Se\u00f1or! \u00a1Jes\u00fas, mi verdadero rey! \u00a1Jes\u00fas, mi bueno y misericordioso salvador! \u00a1Jes\u00fas, el liberador! \u00a1Jes\u00fas, el gu\u00eda! \u00a1Jes\u00fas, el defensor! \u00a1Jes\u00fas, todo bondad! \u00a1Jes\u00fas, cuyo nombre es dulce y muy untuoso a todas las bocas! \u00a1Jes\u00fas, ojo escrutador! \u00a1Jes\u00fas, o\u00eddo atento! Esc\u00fachame hoy a m\u00ed, tu servidor, que te implora, y que solloza en tu presencia. T\u00fa eres Dios, en verdad. T\u00fa eres, en verdad, el Se\u00f1or, seg\u00fan el \u00e1ngel me ha dicho muchas veces, sobre todo el d\u00eda que mi coraz\u00f3n tuvo sospechas, por un pensamiento humano, cuando la Virgen bendita estaba encinta y yo me propuse despedirla en secreto. Cuando tales eran mis reflexiones, el \u00e1ngel se me mostr\u00f3 en una visi\u00f3n, y me habl\u00f3 en estos t\u00e9rminos: Jos\u00e9, hijo de David, no temas recibir a Mar\u00eda, tu esposa, porque aquel que ha de parir es sali- \u00b6do del Esp\u00edritu Santo. No albergues ninguna duda respecto a su embarazo, porque ella parir\u00e1 un ni\u00f1o, que llamar\u00e1s Jes\u00fas. T\u00fa eres Jes\u00fas, el Cristo, el salvador de mi alma, de mi cuerpo y de mi esp\u00edritu. No me condenes a m\u00ed, tu esclavo y obra de tus manos. Yo no s\u00e9 nada, Se\u00f1or, y no comprendo el misterio de tu concepci\u00f3n desconcertante. Nunca he o\u00eddo que una mujer haya concebido sin un hombre, ni que una mujer haya parido conservando el sello de su virginidad. Yo recuerdo el d\u00eda que la serpiente mordi\u00f3 al ni\u00f1o que muri\u00f3. Su familia te busc\u00f3 para entregarte a Herodes, y tu misericordia lo salv\u00f3. Resucitaste a aquel cuya muerte te hab\u00edan achacado por calumnia, diciendo: T\u00fa eres quien lo ha matado. Hubo una gran alegr\u00eda en la casa del muerto. Yo te tom\u00e9 la oreja, y te dije: S\u00e9 prudente, hijo. Y t\u00fa me reprochaste, diciendo: Si no fueses mi padre seg\u00fan la carne, no har\u00eda falta que te ense\u00f1ase lo que acabas de hacer. Ahora, pues, \u00a1oh mi Se\u00f1or y mi Dios!, si es para pedirme cuenta de aquel d\u00eda para lo que me has enviado estos signos terror\u00edficos, yo pido a tu bondad que no entres conmigo en disputa. Yo soy tu esclavo y el hijo de tu sierva. Si rompes mis lazos, yo te ofrecer\u00e9 un sacrificio de alabanza, es decir, la confesi\u00f3n de la gloria de tu divinidad. Porque t\u00fa eres Jesucristo, el hijo del Dios verdadero y el hijo del hombre al tiempo mismo.<\/p>\n<p>Jes\u00fas consuela a su madre<\/p>\n<p>XVIII. Al acabar de hablar as\u00ed mi padre Jos\u00e9, no pude contener las l\u00e1grimas, y lloraba viendo que la muerte lo dominaba y oyendo las palabras que sal\u00edan de su boca. En seguida, \u00a1oh hermanos m\u00edos!, pens\u00e9 en mi muerte en la cruz para salvar al mundo entero. Y aquella cuyo nombre es suave a la boca de quienes me aman, Mar\u00eda, mi madre, se levant\u00f3. Y me dijo con una gran tristeza: \u00a1Malhaya yo, querido hijo! \u00bfVa, pues, a morir aquel cuya vejez es buena y bendita, Jos\u00e9, tu padre seg\u00fan la carne? Yo dije: \u00a1Oh mi madre querida! \u00bfQui\u00e9n de entre todos los hombres no pasar\u00e1 por la muerte? Porque la muerte es la soberana de la humanidad, \u00a1oh mi bendita madre! T\u00fa misma morir\u00e1s como todo nacido. Pero as\u00ed para Jos\u00e9, mi padre, como para ti, la muerte no ser\u00e1 una muerte, sino una vida eterna y sin fin. Porque tambi\u00e9n yo debo necesariamente morir, a causa de la forma carnal que he revestido. Ahora, pues, \u00a1oh mi madre querida!, lev\u00e1ntate para ir hacia Jos\u00e9, el viejo bendito, a fin de que sepas el destino que le vendr\u00e1 de lo alto.<\/p>\n<p>Dolores y gemidos de Jos\u00e9<\/p>\n<p>XIX. Y ella se levant\u00f3. Y, dirigi\u00e9ndose al lugar en que Josa estaba acostado, lo encontr\u00f3 cuando los signos de la muerte acababan de manifestarse en \u00e9l. Yo, \u00a1oh mis amigos!, me sent\u00e9 a su cabecera, y Mar\u00eda, mi madre, a sus pies. \u00c9l levant\u00f3 los ojos hacia mi rostro. Y no pudo hablar, porque el momento de la muerte lo dominaba. Entonces alz\u00f3 otra vez la vista, y lanz\u00f3 un gran gemido. Yo sostuve sus manos y sus pies un largo trecho, mientras \u00e9l me miraba y me imploraba, diciendo: \u00d1o dej\u00e9is que me lleven. Yo coloqu\u00e9 mi mano en su coraz\u00f3n, y conoc\u00ed que su alma hab\u00eda subido ya a su garganta, para ser arrancada de su cuerpo. No hab\u00eda llegado a\u00fan el instante postrero, en que la muerte deb\u00eda venir, porque, si no, ya no hubiera aguardado m\u00e1s. Pero hab\u00edan llegado ya la turbaci\u00f3n y las l\u00e1grimas que la preceden.<\/p>\n<p>Empieza la agon\u00eda del patriarca<\/p>\n<p>XX. Cuando mi querida madre me vio palpar su cuerpo, ella le palp\u00e9 los pies, y encontr\u00f3 que el calor y la respiraci\u00f3n lo hab\u00edan abandonado. Y me dijo ingenuamente: \u00a1Gracias, hijo m\u00edo! Desde que has posado tu mano sobre su cuerpo, el calor lo ha dejado. He aqu\u00ed sus pies y sus piernas, que est\u00e1n fr\u00edas como el hielo. Yo fui hacia sus hijos, y les dije: Venid para hablar a vuestro padre, que ahora es el momento, antes que la boca deje de hablar, y la pobre carne se vuelva fr\u00eda. Entonces los hijos e hijas de Jos\u00e9 fueron a \u00e9l. Y \u00e9l estaba en peligro a causa de los dolores de la muerte y presto a salir de este mundo. Lisia, la hija de Jos\u00e9, dijo a sus hermanos: Malhaya a m\u00ed, mis hermanos queridos, si \u00e9ste no es el mal de nuestra madre, que no hab\u00edamos vuelto a ver hasta ahora. Igual ser\u00e1 nuestro padre Jos\u00e9, que no veremos nunca m\u00e1s. Entonces los hijos de Jos\u00e9 alzaron la voz, llorando. Yo tambi\u00e9n, y Mar\u00eda, la Virgen, mi madre, lloramos con ellos, porque el momento de la muerte hab\u00eda sobrevenido.<\/p>\n<p>Jes\u00fas divisa a la muerte que se acerca<\/p>\n<p>XXI. Entonces mir\u00e9 en direcci\u00f3n al mediod\u00eda y divis\u00e9 a la muerte. Entr\u00e9 en la mansi\u00f3n, seguida de Amenti, que es su instrumento, con el diablo seguido de sus ayudantes, vestidos de fuego, innumerables y echando por la boca humo y azufre. Mi padre Jos\u00e9 mir\u00f3 y vio que lo buscaban, llenos contra \u00e9l de la c\u00f3lera con que acostumbran a encender sus rostros contra toda alma que deja un cuerpo, especialmente contra los pecadores en quienes advierten el m\u00e1s m\u00ednimo signo de posesi\u00f3n. Cuando el buen viejo los divis\u00e9, sus ojos vertieron l\u00e1grimas. En este momento, el alma de mi buen padre Jos\u00e9 se separ\u00f3, lanzando un suspiro, a la vez que buscaba medio de ocultarse, para salvarse. Cuando yo vi, por el gemido de mi padre Jos\u00e9, que hab\u00eda distinguido a las potencias que nunca hasta entonces hab\u00eda visto, me levant\u00e9 en seguida, y amenac\u00e9 al diablo y a los que iban con \u00e9l. Y todos se fueron en verg\u00fcenza y con gran desorden. Y, de cuantos estaban sentados en torno a mi padre Jos\u00e9, nadie, ni aun mi madre Mar\u00eda, conoci\u00f3 nada de los ej\u00e9rcitos terribles que persiguen a las almas de los hombres. Cuanto a la muerte, cuando vio que yo hab\u00eda amenazado a las potencias de las tinieblas, y las hab\u00eda echado fuera, tom\u00f3 miedo. Y me levant\u00e9 al instante, y elev\u00e9 una plegaria a mi Padre Misericordioso, dici\u00e9ndole:<\/p>\n<p>Oraci\u00f3n de Jes\u00fas a su Padre<\/p>\n<p>XXII. \u00a1Oh Padre m\u00edo, ra\u00edz de toda misericordia y de toda verdad! \u00a1Ojo que ves! \u00a1O\u00eddo que oyes! Esc\u00fachame a m\u00ed, que soy tu hijo querido, y que te imploro por mi padn Jos\u00e9, rogando que le env\u00edes un cortejo numeroso de \u00e1ngeles, con Miguel, el dispensador de la verdad, y con Gabriel, el mensajero de la luz. Acompa\u00f1en ellos el alma de mi padre Jos\u00e9, hasta que haya pasado los siete c\u00edrculo; de las tinieblas. No atraviese mi padre las v\u00edas angostas por las que es terrible andar, donde se tiene el gran ea panto de ver las potencias que las ocupan, donde el r\u00edo de fuego que corre en el abismo mueve sus ondas como las olas del mar. Y s\u00e9 misericordioso para el alma de mi buen padre Jos\u00e9, que va a tus manos santas, porque \u00e9ste es el momento en que necesita tu misericordia. Yo os lo digo, \u00a1oh mis venerables hermanos, y mis ap\u00f3stoles benditos!: todo hombre nacido en este mundo y que conoce el bien y el mal, despu\u00e9s que ha pasado todo su tiempo en la concupiscencia de sus ojos, necesita la piedad de mi buen Padre cuando llega el momento de morir, de franquear el pasaje, de comparecer ante el Tribunal Terrible y de hacer su defensa. Pero vuelvo al relato de la salida del cuerpo de mi buen padre Jos\u00e9.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 expira<\/p>\n<p>XXIII. Y, cuando la agon\u00eda llegaba a su t\u00e9rmino \u00faltimo y mi padre iba a rendir el alma, lo abrac\u00e9. Y apenas dije el am\u00e9n, que mi querida madre repiti\u00f3 en la lengua de los habitantes del cielo, se presentaron Miguel y Gabriel, con el coro de los \u00e1ngeles, y se colocaron cerca del cuerpo de mi padre Jos\u00e9. En este momento la rigidez y la opresi\u00f3n lo abrumaban en extremo, y comprend\u00ed que el instante pr\u00f3ximo y su premio hab\u00edan llegado, porque el cuerpo era presa de dolores parecidos a los que preceden al parto. La agon\u00eda lo acosaba, tal que una violenta tempestad o un enorme fuego que devora gran cantidad de materias inflamables. Cuanto a la muerte misma, el miedo no le permit\u00eda entrar en el cuerpo de mi querido padre Jos\u00e9, para separarlo de su alma, porque, al mirar el interior de la habitaci\u00f3n, me encontr\u00f3 sentado cerca de su cabeza y con mi mano en sus sienes. Y, cuando advert\u00ed que la intrusa vacilaba en entrar por mi causa, me levant\u00e9, me puse detr\u00e1s del umbral y encontr\u00e9 a la muerte, que esperaba sola y pose\u00edda de un gran temor. Y le dije: \u00a1Oh t\u00fa, que has llegado de la regi\u00f3n del mediod\u00eda, entra pronto a cumplir lo que mi Padre te ha ordenado! Pero vela por Jos\u00e9 como por la luz de tus ojos, porque es mi padre seg\u00fan la carne y ha sufrido por m\u00ed mucho, desde los d\u00edas de mi ni\u00f1ez, huyendo de un sitio a otro, a causa del perverso prop\u00f3sito de Herodes. Y he recibido sus lecciones, como todos los hijos cuyos padres acostumbran a instruirlos para su bien. Y entonces Abbat\u00f3n entr\u00f3 y tom\u00f3 el alma de mi padre Jos\u00e9, y la separ\u00f3 de su cuerpo, en el punto y hora en que el sol iba a despuntar en su \u00f3rbita, el 12 del mes de epifi. Y el total de los d\u00edas de la vida de mi querido padre Jos\u00e9 fue de ciento once a\u00f1os. Y Miguel tom\u00f3 los dos extremos de una mortaja de seda preciosa, y Gabriel tom\u00f3 los otros dos. Y tomaron el alma de mi querido padre Jos\u00e9, y la depositaron en la mortaja. Y ninguno de los que se hallaban cerca del cuerpo de mi padre conoci\u00f3 que hab\u00eda muerto, y mi madre Maria, tampoco. Y mand\u00e9 a Miguel y a Gabriel que velasen el cuerpo de Jos\u00e9, a causa de los raptores que pululaban por los caminos, y que los \u00e1ngeles incorporales, cuando salieran de la casa con el cad\u00e1ver, continuasen cantando en su ruta, hasta conducir el alma a los cielos, cerca de mi buen Padre.<\/p>\n<p>Jes\u00fas consuela a los hijos de Jos\u00e9<\/p>\n<p>XXIV. Y volv\u00ed cerca del cuerpo de mi padre Jos\u00e9, que yac\u00eda como un cesto. Le baj\u00e9 los ojos y se los cerr\u00e9, as\u00ed como la boca, y qued\u00e9 contempl\u00e1ndolo. Y dije a la Virgen: Oh Mar\u00eda, \u00bfqu\u00e9 se hicieron los trabajos del oficio que Jos\u00e9 realiz\u00f3 desde su infancia hasta ahora? Todos han pasado en un solo momento. Es como si no hubiese venido nunca al mundo. Cuando sus hijos e hijas me oyeron decir esto a Mar\u00eda, mi madre, me dijeron con profusi\u00f3n de l\u00e1grimas: Malhaya nosotros, \u00a1oh nuestro Se\u00f1or! Nuestro padre ha muerto, \u00a1y nosotros no lo sab\u00edamos! Yo les dije: En verdad, ha muerto. Mas la muerte de Jos\u00e9, mi padre, no es una muerte, sino una vida para la eternidad. Grandes son los bienes que va a recibir mi muy amado Jos\u00e9. Porque desde que su alma ha dejado su cuerpo, todo dolor ha cesado para \u00e9l. Est\u00e1 en el reino de los cielos por toda la eternidad. Ha dejado tras s\u00ed este mundo de penosos deberes y de vanos cuidados. Ha ido a la morada de reposo de mi Padre, que est\u00e1 en los cielos, y que nunca ser\u00e1 destruida. Cuando yo hube dicho a mis hermanos: Ha muerto vuestro padre Jos\u00e9, el viejo bendito, se levantaron, desgarraron sus vestiduras, y lloraron mucho rato.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HISTORIA COPTA DE JOS\u00c9 EL CARPINTERO Introito He aqu\u00ed el relato del fallecimiento de nuestro santo padre Jos\u00e9, padre del Cristo seg\u00fan la carne, y que vivi\u00f3 ciento once a\u00f1os. En el monte de los Olivos nuestro Salvador refiri\u00f3 a los ap\u00f3stoles su vida por entero. 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