{"id":3355,"date":"2009-01-26T19:54:07","date_gmt":"2009-01-26T19:54:07","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3355"},"modified":"2009-01-26T19:54:07","modified_gmt":"2009-01-26T19:54:07","slug":"el-evangelio-del-pseudo-mateo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3355","title":{"rendered":"EL EVANGELIO DEL PSEUDO-MATEO"},"content":{"rendered":"<p>EL EVANGELIO DEL PSEUDO-MATEO<\/p>\n<p>Pr\u00f3logo A<\/p>\n<p>A su muy querido hermano el sacerdote Jer\u00f3nimo, los obispos Cromacio y Heliodoro, salud en el Se\u00f1or<\/p>\n<p> Habiendo encontrado, en libros ap\u00f3crifos, relatos del nacimiento y de la infancia de la Virgen Mar\u00eda y de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, y, considerando que dichos escritos contienen muchas cosas contrarias a nuestra fe, juzgamos prudente rechazarlos de plano, a fin de que, con ocasi\u00f3n del Cristo, no di\u00e9semos motivo de j\u00fabilo al Anticristo. Y, mientras nos entreg\u00e1bamos a estas reflexiones, sobrevinieron dos santos personajes, Parmenio y Virino, y nos informaron de que tu santidad hab\u00eda descubierto un volumen hebreo, redactado por el bienaventurado evangelista Mateo, y en el que se refer\u00edan el nacimiento de la Virgen Madre y la ni\u00f1ez del Salvador. He aqu\u00ed por qu\u00e9, en nombre de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, suplicamos de tu benevolencia seas servido de traducir aquel volumen de la lengua hebrea a la latina, no tanto para hacer valer los t\u00edtulos del Cristo, cuanto para desvirtuar la astucia de los herejes. Porque \u00e9stos, con objeto de acreditar sus malvadas doctrinas, han mezclado sus mentiras funestas con la verdadera y pura historia de la natividad y de la infancia de Jes\u00fas, esperando ocultar la amargura de su muerte, al mostrar la dulzura de su vida. Har\u00e1s, pues, una buena obra, acogiendo nuestro ruego, o enviando a tus obispos, en raz\u00f3n de este deber de caridad que tienes hacia ellos, la respuesta que juzgues m\u00e1s conveniente a la presente carta. Salud en el Se\u00f1or, y ora por nosotros.<\/p>\n<p>B<\/p>\n<p>A los santos y bienaventurados obispos Cromacio y Heliodoro, Jer\u00f3nimo, humilde servidor del Cristo, salud en el Se\u00f1or<\/p>\n<p>El que cava el suelo en un lugar en que presume hay oro, no se lanza inmediatamente sobre todo lo que la parte de tierra abierta echa a la superficie, sino que, antes de levantar en su azada el brillante metal, mueve y remueve los terrones, acuciado por una esperdnza que ning\u00fan provecho anima a\u00fan. En tal concepto, ardua labor es la que me hab\u00e9is encomendado, venerables obispos, al pedirme d\u00e9 curso a relatos que el mismo santo ap\u00f3stol y evangelista Mateo no quiso publicar. Porque, si no hubiese en esos relatos cosas secretas, a buen seguro que las hubiese unido al mismo Evangelio que lleva su nombre. Pero, cuando escribi\u00f3 este op\u00fasculo, lo ocult\u00f3 bajo el velo de su idioma natal, y no dese\u00f3 su divulgaci\u00f3n, aunque hoy d\u00eda su obra, escrita de su pu\u00f1o y letra en caracteres hebreos, se encuentra en manos de hombres muy religiosos, que, a trav\u00e9s de los tiempos, la han recibido de sus predecesores. Usando de su derecho de depositarios, no han autorizado nunca a nadie para traducirlo, y se han limitado a explicar su contenido de diversas maneras. Pero ocurri\u00f3 que un maniqueo llamado Leucio, que ha redactado igualmente falsas historias de los ap\u00f3stoles, lo sac\u00f3 a luz, proporcionando as\u00ed materia, no de edificaci\u00f3n, sino de perdici\u00f3n, y el libro fue aprobado, bajo esta forma, por un s\u00ednodo, a cuya voz ha hecho bien la Iglesia en no prestar o\u00eddos. Cesen, por ende, los ultrajes de los que ladran contra nosotros. No pretendemos a\u00f1adir a los escritos can\u00f3nicos \u00e9ste de un ap\u00f3stol y de un evangelista, y lo traducimos tan s\u00f3lo para desenmascarar a los herejes. Y aportamos a esta empresa igual cuidado en cumplir las \u00f3rdenes de piadosos obispos que en oponernos a la her\u00e9tica impiedad. Por amor al Cristo, pues, satisfacemos, llenos de confianza, los deseos y los ruegos de aquellos que, por nuestra obediencia, podr\u00e1n familiarizarse con la santa ni\u00f1ez de nuestro Salvador.<\/p>\n<p>c<\/p>\n<p>Otra ep\u00edstola que se lee al frente de ciertas ediciones<\/p>\n<p>Me ped\u00eds mi opini\u00f3n sobre cierto librito referente a la natividad de Santa Mar\u00eda, que algunos fieles poseen, y quiero que sep\u00e1is que en \u00e9l se encuentran no pocas falsedades. La causa de ello es haberlo compuesto un tal Seleuco, autor de varias gestas sobre predicaciones y martirio de ap\u00f3stoles. El cual dice verdad en todo lo concerniente a los milagros y a los prodigios por \u00e9stos realizados, pero ense\u00f1a mentira en lo que a su doctrina toca, y, adem\u00e1s, ha inventado por su cuenta y riesgo muchas cosas que no han sucedido. Me esforzar\u00e9, pues, en traducir el escrito, palabra por palabra, del hebreo, dado que resulta haber sido el santo evangelista Mateo quien lo redact\u00f3, y quien lo puso al frente de su Evangelio, bien que ocult\u00e1ndolo bajo el velo de aquel idioma. Para la exactitud de este detalle, me remito al autor del prefacio y a la buena fe del escritor. Porque, aun admitiendo que el op\u00fasculo sugiera dudas, no afirmar\u00eda de un modo absoluto que encierre falsedades. Pero puedo decir libremente (y ning\u00fan fiel, a lo que pienso, me contradecir\u00e1) que, sean ver\u00eddicos o completamente imaginarios los relatos que en \u00e9l se contienen, no deja de ser cierto que la muy santa natividad de Mar\u00eda ha sido precedida de grandes milagros, y seguida de otros no menores. Sentado lo cual con toda buena. fe, estimo que el libro puede ser le\u00eddo y cre\u00eddo, sin peligro para las almas de los que saben que en la omnipotencia de Dios est\u00e1 hacer esas cosas. Finalmente, en cuanto mis recuerdos me lo han permitido, induci\u00e9ndome a seguir el sentido m\u00e1s que las palabras, he procurado ora avanzar por la misma ruta del escritor, sin por ello poner mis pies en la huella de sus pasos, ora volver a la misma ruta por caminos de traves\u00eda. As\u00ed he intentado redactar esta historia, y no dir\u00e9 otra cosa que lo que en ella est\u00e1 escrito, o lo que hubiera podido l\u00f3gicamente escribirse.<\/p>\n<p>D<\/p>\n<p>Otro pr\u00f3logo<\/p>\n<p>Yo, Jacobo, hijo de Jos\u00e9, que vivo en el temor de Dios, he escrito todo lo que, ante mis ojos, he visto realizarse en las \u00e9pocas de la natividad de la Santa Virgen Mar\u00eda por haberme concedido la sabidur\u00eda necesaria para escribir los relatos de su advenimiento, manifestando a las doce tribus de Israel el cumplimiento de los tiempos mesi\u00e1nicos.<\/p>\n<p>Vida piadosa de Joaqu\u00edn<\/p>\n<p>X 1. En aquellos d\u00edas, hab\u00eda en Jerusal\u00e9n un var\u00f3n llamado Joaqu\u00edn, de la tribu de Jud\u00e1. Y era pastor de sus propias ovejas, y tem\u00eda al Alt\u00edsimo en la sencillez y en la bondad de su coraz\u00f3n. Y no ten\u00eda otro cuidado que el de sus reba\u00f1os, que empleaba en alimentar a todos los que, como \u00e9l, tem\u00edan al Alt\u00edsimo. Y ofrec\u00eda presentes dobles a los que trabajaban en la sabidur\u00eda y en el temor de Dios, y presentes simples a los que a \u00e9stos serv\u00edan. As\u00ed, de las ovejas, de los corderos, de la lana y de todo lo que pose\u00eda hac\u00eda tres partes. La primera la distribu\u00eda entre las viudas, los hu\u00e9rfanos, los peregrinos y los pobres. La segunda la daba a los que se consagraban al servicio de Dios y celebraban su culto. Cuanto a la tercera, la reservaba para s\u00ed y para toda su casa.<\/p>\n<p>2. Y, porque obraba de este modo, Dios multiplicaba sus reba\u00f1os, y no hab\u00eda, en todo el pueblo israelita, nadie que lo igualase en abundancia de reses. Y todo eso comenz\u00f3 a hacerlo desde el a\u00f1o quinceno de su edad. Y, cuando lleg\u00f3 a los veinte a\u00f1os, tom\u00f3 por esposa a Ana, hija de Isachar y de su propia tribu, es decir, de la raza de David. Y, a pesar de haber transcurrido otros veinte a\u00f1os, a partir de su casamiento, no hab\u00eda tenido hijos, ni hijas.<\/p>\n<p> Dolor de Joaqu\u00edn y de Ana<\/p>\n<p>II 1. Y sucedi\u00f3 que, un d\u00eda de fiesta, Joaqu\u00edn se encontraba entre los que tributaban incienso y otras ofrendas al Se\u00f1or, y \u00e9l preparaba las suyas. Y, acerc\u00e1ndose un escriba del templo llamado Rub\u00e9n, le dijo: No puedes continuar entre los que hacen sacrificios a Dios, porque \u00e9ste no te ha bendecido, al no otorgarte una posteridad en Israel. Y, habiendo sufrido esta afrenta en presencia del pueblo, Joaqu\u00edn abandon\u00f3, llorando, el templo del Se\u00f1or, y no volvi\u00f3 a su casa, sino que march\u00f3 adonde estaban sus reba\u00f1os, y llev\u00f3 consigo a sus pastores a las monta\u00f1as de una comarca lejana, y, durante cinco meses, su esposa Ana no tuvo ninguna noticia suya.<\/p>\n<p>2. Y la triste lloraba, diciendo: Se\u00f1or, Dios muy fuerte y muy poderoso de Israel, despu\u00e9s de haberme negado hijos, \u00bfpor qu\u00e9 me arrebatas tambi\u00e9n a mi esposo? He aqu\u00ed que han pasado cinco meses, y no lo veo. Y no s\u00e9 si est\u00e1 muerto, para siquiera darle sepultura. Y, mientras lloraba abundantemente en el jard\u00edn de su casa, y levantaba en su plegaria los ojos al Se\u00f1or, vio un nido de gorriones en un laurel, y, entreverando sus palabras de gemidos, se dirigi\u00f3 a Dios, y le dijo: Se\u00f1or, Dios omnipotente, que has concedido posteridad a todas las criaturas, a los animales salvajes, a las bestias de carga, a las serpientes, a los peces, a los p\u00e1jaros, y que has hecho que todos se regocijen de su progenitura, \u00bfpor qu\u00e9 has excluido a m\u00ed sola de los favores de tu bondad? Bien sabes, Se\u00f1or, que, desde el comienzo de mi matrimonio, hice voto de que, si me dabas un hijo o una hija, te lo ofrecer\u00eda en tu santo templo.<\/p>\n<p>3. Y, a punto de terminar su clamor dolorido, he aqu\u00ed que de s\u00fabito apareci\u00f3 ante ella un \u00e1ngel del Se\u00f1or, dici\u00e9ndole: No temas, Ana, porque en el designio de Dios est\u00e1 que salga de ti un v\u00e1stago, el cual ser\u00e1 objeto de la admiraci\u00f3n de todos los siglos hasta el fin del mundo. Y, no bien pronunci\u00f3 estas palabras, desapareci\u00f3 de delante de sus ojos. Y ella, temblorosa y llena de pavor, por haber tenido semejante visi\u00f3n, y por haber o\u00eddo semejante lenguaje, se ech\u00f3 en el lecho como muerta, y todo el d\u00eda y toda la noche permaneci\u00f3 en oraci\u00f3n continua y en terror extremo.<\/p>\n<p>4. Al fin, llam\u00f3 a su sierva, y le dijo: \u00bfC\u00f3mo, vi\u00e9ndome desolada por mi viudez y abatida por la angustia, no has venido a asistirme? Y la sierva le respondi\u00f3, murmurando: Si Dios ha cerrado tu matriz, y te ha alejado de tu marido, \u00bfqu\u00e9 puedo hacer por ti yo? Y, al o\u00edr esto, Ana lloraba m\u00e1s a\u00fan.<\/p>\n<p> El \u00e1ngel guardi\u00e1n de Joaqu\u00edn.<\/p>\n<p>El encuentro en la Puerta Dorada<\/p>\n<p>III 1. En aquel mismo tiempo, un joven apareci\u00f3 en las monta\u00f1as en que Joaqu\u00edn apacentaba sus reba\u00f1os, y le dijo: \u00bfPor qu\u00e9 no vuelves al lado de tu esposa? Y Joaqu\u00edn repuso: Durante veinte a\u00f1os la he tenido por compa\u00f1era. Pero ahora, por no haber querido Dios que ella me diese hijos, he sido expulsado ignominiosamente del templo del Se\u00f1or. \u00bfC\u00f3mo volver\u00eda al lado suyo, despu\u00e9s de haber sido envilecido y despreciado? Continuar\u00e9, pues, aqu\u00ed con mis ovejas, mientras Dios conceda a mis ojos luz. Sin embargo, por intermedio de mis servidores, seguir\u00e9 repartiendo de buen grado su parte a los pobres, a las viudas, a los hu\u00e9rfanos y a los ministros del Alt\u00edsimo.<\/p>\n<p>2. Y, no bien hubo en tal guisa hablado, el joven le respondi\u00f3: Soy un \u00e1ngel de Dios, que ha aparecido hoy a tu mujer, la cual oraba y lloraba. Yo la consol\u00e9, y ella sabe por m\u00ed que ha concebido de ti una hija. esta vivir\u00e1 en el templo del Se\u00f1or, y el Esp\u00edritu Santo reposar\u00e1 en ella, y su beatitud ser\u00e1 mayor que la de todas las mujeres, aun de las m\u00e1s santas, de suerte que nadie podr\u00e1 decir que hubo, ni que habr\u00e1, mujer semejante a ella en este mundo. Baja, pues, de las monta\u00f1as, y vuelve al lado de tu esposa, a quien encontrar\u00e1s encinta, porque Dios ha suscitado progenitura en ella, y su posteridad ser\u00e1 bendita, y Ana misma ser\u00e1 bendita y establecida madre con una eterna bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>3. Y Joaqu\u00edn, ador\u00e1ndolo, dijo: Si he encontrado gracia ante ti, reposa un instante en mi tienda, y bend\u00edceme, puesto que soy tu servidor. Y el \u00e1ngel le contest\u00f3: No te llames servidor m\u00edo, pues ambos somos los servidores de un mismo due\u00f1o. Mi comida es invisible, y mi bebida lo es tambi\u00e9n, para los mortales. As\u00ed, no debes invitarme a entrar en tu tienda, y lo que habr\u00edas de darme, ofr\u00e9celo en holocausto a Dios. Entonces Joaqu\u00edn tom\u00f3 un cordero sin mancilla, y dijo al \u00e1ngel: No me hubiera atrevido a ofrecer un holocausto a Dios, si tu orden no me hubiese dado el poder sacerdotal de sacrificarlo. Y el \u00e1ngel le dijo: Tampoco yo te hubiera invitado a ofrecerlo, si no hubiese conocido la voluntad de Dios. Y ocurri\u00f3 que, en el momento en que Joaqu\u00edn ofrec\u00eda su sacrificio a Dios, al mismo tiempo que el olor del sacrificio, y en cierto modo con su mismo humo, el \u00e1ngel se elev\u00f3 hacia el cielo.<\/p>\n<p>4. Y Joaqu\u00edn inclin\u00f3 su faz contra la tierra, y permaneci\u00f3 as\u00ed prosternado desde la hora sexta del d\u00eda hasta la tarde. Y sus mercenarios y jornaleros llegaron, e, ignorando la causa de su actitud, se llenaron de temor, y pensaron que quer\u00eda matarse. Y se acercaron a \u00e9l, y no sin esfuerzo lo levantaron. Y, cuando les cant\u00f3 su visi\u00f3n, estremecidos de estupor y de sorpresa, lo exhortaron a cumplir sin demora el mandato del \u00e1ngel, y a volver prontamente al lado de su esposa. Y, como Joaqu\u00edn discutiese todav\u00eda en su interior s\u00ed deb\u00eda o no deb\u00eda volver, lo invadi\u00f3 el sue\u00f1o, y he aqu\u00ed que el \u00e1ngel que le hab\u00eda aparecido estando despierto, le apareci\u00f3 otra vez mientras dorm\u00eda, dici\u00e9ndole: Yo soy el \u00e1ngel que Dios te ha dado por guardi\u00e1n. Baja con seguridad, y retorna cerca de Ana, porque las obras de caridad que t\u00fa y tu mujer hab\u00e9is hecho han sido proclamadas en presencia del Alt\u00edsimo, el cual os ha legado una posteridad tal como ni los profetas ni los santos han tenido, ni tendr\u00e1n, desde el comienzo del mundo. Y, cuando Joaqu\u00edn hubo despertado, llam\u00f3 a sus pastores, y les dio a conocer su sue\u00f1o. Y ellos adoraron al Se\u00f1or, y dijeron a Joaqu\u00edn: Gu\u00e1rdate de resistir m\u00e1s al \u00e1ngel del Se\u00f1or. Lev\u00e1ntate, partamos, y avancemos lentamente, haciendo pastar a los reba\u00f1os.<\/p>\n<p>5. Y, despu\u00e9s de caminar treinta d\u00edas, cuando se aproximaban ya a la ciudad, un \u00e1ngel del Se\u00f1or apareci\u00f3 a Ana en oraci\u00f3n, dici\u00e9ndole: Ve a la llamada Puerta Dorada, al encuentro de tu esposo, que hoy llega. Y ella se apresur\u00f3 a ir all\u00ed con sus siervas, y en pie se puso a orar delante de la puerta misma. Y aguard\u00e9 largo tiempo. Y se cansaba y se desanimaba ya de tan dilatada espera, cuando, levantando los ojos, vio a Joaqu\u00edn, que llegaba con sus reba\u00f1os. Y corri\u00f3 a echarle los brazos al cuello, y dio gracias a Dios, exclamando: Era viuda, y he aqu\u00ed que no lo soy. Era est\u00e9ril, y he aqu\u00ed que he concebido. Y hubo gran j\u00fabilo entre sus vecinos y conocidos, y toda la tierra de Israel la felicit\u00e9 por aquella gloria.<\/p>\n<p>Mar\u00eda consagrada al templo<\/p>\n<p>IV 1. Y nueve meses despu\u00e9s, Ana dio a luz una ni\u00f1a, y llam\u00f3 su nombre Mar\u00eda. Y, destetada que fue al tercer a\u00f1o, Joaqu\u00edn y su esposa Ana se encaminaron juntos al templo, y ofrecieron v\u00edctimas al Se\u00f1or, y confiaron a la peque\u00f1a a la congregaci\u00f3n de v\u00edrgenes, que pasaban el d\u00eda y la noche glorificando a Dios.<\/p>\n<p>2. Y, cuando hubo sido depositada delante del templo del Se\u00f1or, subi\u00f3 corriendo las quince gradas, sin mirar atr\u00e1s, y sin reclamar la ayuda de sus padres, como hacen de ordinario los ni\u00f1os. Y este hecho llen\u00f3 a todo el mundo de sorpresa, hasta el punto de que los mismos sacerdotes del templo no pudieron contener su admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Gratitud de Ana al Se\u00f1or<\/p>\n<p>V 1. Entonces Ana, llena del Esp\u00edritu Santo, exclam\u00f3 en presencia de todos:<\/p>\n<p>2. El Se\u00f1or, Dios de los ej\u00e9rcitos, ha recordado su palabra, y ha recompensado a su pueblo con su bendita visita, para humillar a las naciones que se levantaban contra nosotros, y para que su coraz\u00f3n se vuelva hacia \u00c9l. Ha abierto sus o\u00eddos a nuestras plegarias, y ha hecho cesar los insultos de nuestros enemigos. La que era est\u00e9ril, es ahora madre, y ha engendrado la exaltaci\u00f3n y el j\u00fabilo en Israel. He aqu\u00ed que yo podr\u00e9 ofrecer dones al Se\u00f1or, y que mis enemigos no podr\u00e1n ya imped\u00edrmelo nunca m\u00e1s. Vuelva el Se\u00f1or sus corazones hacia m\u00ed, y proc\u00fareme una alegr\u00eda eterna.<\/p>\n<p> Ocupaci\u00f3n de Mar\u00eda en el templo.<\/p>\n<p>Origen del saludo \u00abDeo gracias\u00bb<\/p>\n<p>VI 1. Y Mar\u00eda causaba admiraci\u00f3n a todo el mundo. A la edad de tres a\u00f1os, marchaba con paso tan seguro, hablaba tan perfectamente, pon\u00eda tanto ardor en sus alabanzas a Dios, que se la habr\u00eda tomado no por una ni\u00f1a peque\u00f1a, sino por una persona mayor, pues recitaba sus plegarias como si treinta a\u00f1os hubiera tenido. Y su semblante resplandec\u00eda como la nieve, hasta el extremo de que apenas pod\u00eda mir\u00e1rsela. Y se aplicaba a trabajar en la lana, y lo que las mujeres adultas no sab\u00edan hacer, ella, en edad tan tierna, lo hac\u00eda a perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. Y se hab\u00eda impuesto la regla siguiente. Desde el amanecer hasta la hora de tercia, permanec\u00eda en oraci\u00f3n. Desde la hora de tercia hasta la de nona, se ocupaba en tejer. A la de nona, volv\u00eda a orar, y no dejaba de hacerlo hasta el momento en que el \u00e1ngel del Se\u00f1or le aparec\u00eda, y recib\u00eda el alimento de sus manos. En fin, con las j\u00f3venes de m\u00e1s edad, se instru\u00eda tanto, haciendo d\u00eda por d\u00eda progresos, en la pr\u00e1ctica de alabar al Se\u00f1or, que ninguna la preced\u00eda en las v\u00edsperas, ni era m\u00e1s sabia que ella en la ley de Dios, ni m\u00e1s humilde, ni m\u00e1s h\u00e1bil en entonar los c\u00e1nticos de David, ni m\u00e1s graciosa en su caridad, ni m\u00e1s pura en su castidad, ni m\u00e1s perfecta en toda virtud, ni m\u00e1s constante, ni m\u00e1s inquebrantable, ni m\u00e1s perseverante, ni m\u00e1s adelantada en la realizaci\u00f3n del bien.<\/p>\n<p>3. Nunca se la vio encolerizada, ni se la oy\u00f3 murmurar de nadie. Toda su conversaci\u00f3n estaba tan llena de dulzura, que se reconoc\u00eda la presencia de Dios en sus labios. Continuamente se ocupaba en orar y en meditar la ley, y, llena de solicitud por sus compa\u00f1eras, se preocupaba de que ninguna pecase ni siquiera en una sola palabra, de que ninguna alzase demasiado la voz al re\u00edr, de que ninguna injuriase o menospreciase a otra. Bendec\u00eda al Se\u00f1or sin cesar, y, para no distraerse de loarlo, cuando alguien la saludaba, por respuesta dec\u00eda: Gracias sean dadas a Dios. De ah\u00ed vino a los hombres la costumbre de contestar: Gracias sean dadas a Dios, cuando se saludan. A diario com\u00eda el alimento que recib\u00eda de manos del \u00e1ngel, y, cuanto al que le proporcionaban los sacerdotes, lo distribu\u00eda entre los necesitados. A menudo se ve\u00eda a los \u00e1ngeles conversar con ella, y obedecerla con el afecto de verdaderos amigos. Y, si alg\u00fan enfermo la tocaba, inmediatamente volv\u00eda curado a su casa.<\/p>\n<p>M\u00e9rito de la castidad<\/p>\n<p>VII 1. Entonces el sacerdote Abiathar ofreci\u00f3 presentes considerables a los pont\u00edfices, para obtener de ellos que Mar\u00eda se casase con un hijo suyo. Pero Mar\u00eda los rechaz\u00f3, diciendo: Es imposible que yo conozca var\u00f3n, ni que un var\u00f3n me conozca. Los pont\u00edfices y todos sus parientes trataron de disuadirla de su resoluci\u00f3n, insinu\u00e1ndole que se honra a Dios por los hijos, y se lo adora con la creaci\u00f3n de progenitura, y que as\u00ed hab\u00eda sido siempre en Israel. Pero Mar\u00eda les respondi\u00f3: Se honra a Dios por la castidad, ante todo, como es muy f\u00e1cil probar.<\/p>\n<p>2. Porque, antes de Abel, no hubo ning\u00fan justo entre los hombres, y aqu\u00e9l fue agradable a Dios por su ofrenda, y muerto por el que hab\u00eda desagradado al Alt\u00edsimo. Y recibi\u00f3 dos coronas, la de su ofrenda y la de su virginidad, puesto que hab\u00eda evitado continuamente toda man-cilla en su carne. De igual modo, El\u00edas fue transportado al cielo en su cuerpo mortal, por haber conservado intacta su pureza. Cuanto a m\u00ed, he aprendido en el templo, desde mi infancia, que una virgen puede ser grata a Dios. He aqu\u00ed por qu\u00e9 he resuelto en mi coraz\u00f3n no pertenecer jam\u00e1s a hombre alguno.<\/p>\n<p>La guarda de Mar\u00eda<\/p>\n<p>VIII 1. Y Mar\u00eda lleg\u00f3 a los catorce a\u00f1os, y ello dio ocasi\u00f3n a los fariseos para recordar que, conforme a la tradici\u00f3n, no pod\u00eda una mujer continuar viviendo en el templo de Dios. Entonces se resolvi\u00f3 enviar un heraldo a todas las tribus de Israel, a fin de que, en el t\u00e9rmino de tres d\u00edas, se reuniesen todos en el templo. Y, cuando todos se congregaron, Abiathar, el Gran Sacerdote, se levant\u00f3, y subi\u00f3 a lo alto de las gradas, a fin de que pudiese verlo y o\u00edrlo todo el pueblo. Y, habi\u00e9ndose hecho un gran silencio, dijo: Escuchadme, hijos de Israel, y atended a mis palabras. Desde que el templo fue construido por Salom\u00f3n, moran en \u00e9l v\u00edrgenes, hijas de reyes, de profetas, de sacerdotes, de pont\u00edfices, y estas v\u00edrgenes han sido grandes y admirables. Sin embargo, no bien llegaban a la edad n\u00fabil, segu\u00edan la costumbre de nuestros antepasados, y tomaban esposo, agradando as\u00ed a Dios. \u00dcnicamente Mar\u00eda ha encontrado un nuevo modo de agradarle, prometi\u00e9ndole que se conservar\u00eda siempre virgen. Me parece, pues, que, interrogando a Dios, y pidi\u00e9ndole su respuesta, podemos saber a qui\u00e9n habremos de darla en guarda.<\/p>\n<p>2. Toda la asamblea aprob\u00f3 este discurso. Y los sacerdotes echaron suertes entre las doce tribus, y la suerte recay\u00f3 sobre la tribu de Jud\u00e1. Y el Gran Sacerdote dijo: Ma\u00f1ana, venga todo el que est\u00e9 viudo en esa tribu, y traiga una vara en la mano. Y Jos\u00e9 hubo de ir con los j\u00f3venes, llevando tambi\u00e9n su vara. Y, cuando todos hubieron entregado sus varas al Gran Sacerdote, \u00e9ste ofreci\u00f3 un sacrificio a Dios, y lo interrog\u00f3 sobre el caso. Y el Se\u00f1or le dijo: Coloca las varas en el Santo de los Santos, y que permanezcan all\u00ed. Y ordena a esos hombres que vuelvan ma\u00f1ana aqu\u00ed, y que recuperen sus varas. Y de la extremidad de una de ellas saldr\u00e1 una paloma, que volar\u00e1 hacia el cielo, y aquel en cuya vara se cumpla este prodigio ser\u00e1 el designado para guardar a Mar\u00eda.<\/p>\n<p>3. Y, al d\u00eda siguiente, todos de nuevo se congregaron, y, despu\u00e9s de haber ofrecido incienso, el Pont\u00edfice entr\u00f3 en el Santo de los Santos, y present\u00f3 las varas. Y, \u00fana vez estuvieron todas distribuidas, se vio que no sal\u00eda la paloma de ninguna de ellas. Y Abiathar se revisti\u00f3 con el traje de las doce campanillas y con los h\u00e1bitos sacerdotales, y, entrando en el Santo de los Santos, encendi\u00f3 el fuego del sacrificio. Y, mientras oraba, un \u00e1ngel le apareci\u00f3, dici\u00e9ndole: Hay aqu\u00ed una vara muy peque\u00f1a, con la que no has contado, a pesar de haberla depositado con las otras. Cuando la hayas devuelto a su due\u00f1o, ver\u00e1s presentarse en ella la se\u00f1al que se te indic\u00f3. Y la vara era la de Jos\u00e9, quien, consider\u00e1ndose descartado, por ser viejo, y temiendo verse obligado a recibir a la joven, no hab\u00edan querido reclamar su vara. Y, como se mantuviese humildemente en \u00faltimo t\u00e9rmino, Abiathar le grit\u00f3 a gran voz: Ven y toma tu vara, que es a ti a quien se espera. Y Jos\u00e9 avanz\u00f3 temblando, por el fuerte acento con que lo llamara el Gran Sacerdote. Y, apenas hubo tendido la mano, para tomar su vara, de la extremidad de \u00e9sta surgi\u00f3 de pronto una paloma m\u00e1s blanca que la nieve y extremadamente bella, la cual, despu\u00e9s de haber volado alg\u00fan tiempo en lo alto del templo, se perdi\u00f3 en el espacio.<\/p>\n<p>4. Entonces todo el pueblo felicit\u00f3 al anciano, dici\u00e9ndole: Feliz eres en tu vejez, pues Dios te ha designado como digno de recibir a Mar\u00eda. Y los sacerdotes le dijeron: T\u00f3mala, puesto que has sido elegido por el Se\u00f1or en toda la tribu de Jud\u00e1. Pero Jos\u00e9 empez\u00f3 a prosternarse, suplicante, y les dijo con timidez: Soy viejo, y tengo hijos. \u00bfPor qu\u00e9 me confi\u00e1is a esta joven? Y el Gran Sacerdote le dijo: Recuerda, Jos\u00e9, c\u00f3mo perecieron Dathan, Abir\u00f3n y Cor\u00e9, por haber despreciado la voluntad del Alt\u00edsimo, y teme no te suceda igual, si no acatas su orden. Y Jos\u00e9 le dijo: En verdad, no menosprecio la voluntad del Alt\u00edsimo, y ser\u00e9 el guardi\u00e1n de la muchacha hasta el d\u00eda en que el mismo Dios me haga saber cu\u00e1l de mis hijos ha de tomarla por esposa. Entretanto, d\u00e9nsele algunas v\u00edrgenes de entre sus campaneras, con las cuales more. Y Abiathar repuso: Se le dar\u00e1n v\u00edrgenes, para su consuelo, hasta que llegue el d\u00eda fijado para que t\u00fa la recibas, porque no podr\u00e1 casarse con ning\u00fan otro que contigo.<\/p>\n<p>5. Y Jos\u00e9 tom\u00f3 a Mar\u00eda con otras cinco doncellas, que hab\u00edan de habitar con ella en su casa. Y las doncellas eran Rebeca, Sefora, Susana, Abigea y Zahel, a las cuales los sacerdotes dieron seda, lino, jacinto, violeta, escarlata y p\u00farpura. Y echaron suertes entre ellas, para saber lo en que cada una trabajar\u00eda, y a Mar\u00eda le toc\u00f3 la p\u00farpura destinada al velo del templo del Se\u00f1or. Y, al tomarla, las otras le dijeron: Eres la m\u00e1s joven de todas, y, sin embargo, has merecido obtener la p\u00farpura. Y, despu\u00e9s de decir esto, empezaron a llamarla, por burla, la reina de las v\u00edrgenes. Pero, apenas acabaron de hablar as\u00ed, un \u00e1ngel del Se\u00f1or apareci\u00f3 en medio de ellas, y exclam\u00f3: Vuestro apodo no ser\u00e1 un apodo sarc\u00e1stico, sino una profec\u00eda muy verdadera. Y las j\u00f3venes quedaron mudas de terror, ante la presencia del \u00e1ngel y sus palabras, y suplicaron a Mar\u00eda que las perdonase, y que rogase por ellas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL EVANGELIO DEL PSEUDO-MATEO Pr\u00f3logo A A su muy querido hermano el sacerdote Jer\u00f3nimo, los obispos Cromacio y Heliodoro, salud en el Se\u00f1or Habiendo encontrado, en libros ap\u00f3crifos, relatos del nacimiento y de la infancia de la Virgen Mar\u00eda y de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, y, considerando que dichos escritos contienen muchas cosas contrarias a nuestra fe, juzgamos prudente rechazarlos de<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[172],"tags":[],"class_list":["post-3355","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-evangelios-apocrifos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3355","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3355"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3355\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3355"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3355"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3355"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}