{"id":3354,"date":"2009-01-26T19:53:34","date_gmt":"2009-01-26T19:53:34","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3354"},"modified":"2009-01-26T19:53:34","modified_gmt":"2009-01-26T19:53:34","slug":"el-protoevangelio-de-santiago","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3354","title":{"rendered":"EL PROTOEVANGELIO DE SANTIAGO"},"content":{"rendered":"<p>EL PROTOEVANGELIO DE SANTIAGO<\/p>\n<p>Dolor de Joaqu\u00edn<\/p>\n<p>I 1. Consta en las historias de las doce tribus de Israel que hab\u00eda un hombre llamado Joaqu\u00edn, rico en extremo, el cual aportaba ofrendas dobles, diciendo: El excedente de mi ofrenda ser\u00e1 para todo el pueblo, y lo que ofrezca en expiaci\u00f3n de mis faltas ser\u00e1 para el Se\u00f1or, a fin de que se me muestre propicio.<\/p>\n<p>2. Y, habiendo llegado el gran d\u00eda del Se\u00f1or, los hijos de Israel aportaban sus ofrendas. Y Rub\u00e9n se puso ante Joaqu\u00edn, y le dijo: No te es l\u00edcito aportar tus ofrendas el primero, porque no has engendrado, en Israel, v\u00e1stago de posteridad.<\/p>\n<p>3. Y Joaqu\u00edn se contrist\u00f3 en gran medida, y se dirigi\u00f3 a los archivos de las doce tribus de Israel, dici\u00e9ndose: Ver\u00e9 en los archivos de las doce tribus si soy el \u00fanico que no ha engendrado v\u00e1stago en Israel. E hizo perquisiciones, y hall\u00f3 que todos los justos hab\u00edan procreado descendencia en Israel. Mas se acord\u00f3 del patriarca Abraham, y de que Dios, en sus d\u00edas postrimeros, le hab\u00eda dado por hijo a Isaac.<\/p>\n<p> 4. Y Joaqu\u00edn qued\u00f3 muy afligido, y no se present\u00f3 a su mujer, sino que se retir\u00f3 al desierto. Y all\u00ed plant\u00f3 su tienda, y ayun\u00f3 cuarenta d\u00edas y cuarenta noches, diciendo entre s\u00ed: No comer\u00e9, ni beber\u00e9, hasta que el Se\u00f1or, mi Dios, me visite, y la oraci\u00f3n ser\u00e1 mi comida y mi bebida.<\/p>\n<p>Dolor de Ana<\/p>\n<p>II 1. Y Ana, mujer de Joaqu\u00edn, se deshac\u00eda en l\u00e1grimas, y lamentaba su doble aflicci\u00f3n, diciendo: Llorar\u00e9 mi viudez, y llorar\u00e9 tambi\u00e9n mi esterilidad.<\/p>\n<p>2. Y, habiendo llegado el gran d\u00eda del Se\u00f1or, Judith, su sierva, le dijo: \u00bfHasta cu\u00e1ndo este abatimiento de tu coraz\u00f3n? He aqu\u00ed llegado el gran d\u00eda del Se\u00f1or, en que no te es l\u00edcito llorar. Mas toma este velo, que me ha dado el ama del servicio, y que yo no puedo ce\u00f1irme, porque soy una sierva, y \u00e9l tiene el signo real.<\/p>\n<p>3. Y Ana dijo: Ap\u00e1rtate de mi lado, que no me pondr\u00e9 eso, porque el Se\u00f1or me ha humillado en gran manera. Acaso alg\u00fan perverso te ha dado ese velo, y t\u00fa vienes a hacerme c\u00f3mplice de tu falta. Y Judith respondi\u00f3: \u00bfQu\u00e9 mal podr\u00eda desearte, puesto que el Se\u00f1or te ha herido de esterilidad, para que no des fruto en Israel?<\/p>\n<p>4. Y Ana, sumamente afligida, se despoj\u00f3 de sus vestidos de duelo, y se lav\u00f3 la cabeza, y se puso su traje nupcial, y, hacia la hora de nona, baj\u00f3 al jard\u00edn, para pasearse. Y vio un laurel, y se coloc\u00f3 bajo su sombra, y rog\u00f3 al Se\u00f1or, diciendo: Dios de mis padres, bend\u00edceme, y acoge mi plegaria, como bendijiste las entra\u00f1as de Sara, y le diste a su hijo Isaac.<\/p>\n<p> Trenos de Ana<\/p>\n<p>III 1. Y, levantando los ojos al cielo, vio un nido de gorriones, y lanz\u00f3 un gemido, dici\u00e9ndose: \u00a1Desventurada de m\u00ed! \u00bfQui\u00e9n me ha engendrado, y qu\u00e9 vientre me ha dado a luz? Porque me he convertido en objeto de maldici\u00f3n para los hijos de Israel, que me han ultrajado y expulsado con irrisi\u00f3n del templo del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>2. \u00a1Desventurada de m\u00ed! \u00bfA qui\u00e9n soy semejante? No a los p\u00e1jaros del cielo, porque aun los p\u00e1jaros del cielo son fecundos ante ti, Se\u00f1or.<\/p>\n<p>3. \u00a1Desventurada de m\u00ed! \u00bfA qui\u00e9n soy semejante? No a las bestias de la tierra, porque aun las bestias de la tierra son fecundas ante ti, Se\u00f1or.<\/p>\n<p>4. \u00a1Desventurada de m\u00ed! \u00bfA qui\u00e9n soy semejante? No a estas aguas, porque aun estas aguas son fecundas ante ti, Se\u00f1or.<\/p>\n<p>5. \u00a1Desventurada de m\u00ed! \u00bfA qui\u00e9n soy semejante? No a esta tierra, porque aun esta tierra produce fruto a su tiempo, y te bendice, Se\u00f1or.<\/p>\n<p>La promesa divina<\/p>\n<p>IV 1. Y he aqu\u00ed que un \u00e1ngel del Se\u00f1or apareci\u00f3, y le dijo: Ana, Ana, el Se\u00f1or ha escuchado y atendido tu s\u00faplica. Concebir\u00e1s, y parir\u00e1s, y se hablar\u00e1 de tu progenitura en toda la tierra. Y Ana dijo: Tan cierto como el Se\u00f1or, mi Dios, vive, si yo doy a luz un hijo, sea var\u00f3n, sea hembra, lo llevar\u00e9 como ofrenda al Se\u00f1or, mi Dios, y permanecer\u00e1 a su servicio todos los d\u00edas de su vida.<\/p>\n<p>2. Y he aqu\u00ed que dos mensajeros llegaron a ella, dici\u00e9ndole: Joaqu\u00edn tu marido viene a ti con sus reba\u00f1os. Porque un \u00e1ngel del Se\u00f1or ha descendido hasta \u00e9l, dici\u00e9ndole: Joaqu\u00edn, Joaqu\u00edn, el Se\u00f1or ha o\u00eddo y aceptado tu ruego. Sal de aqu\u00ed, porque tu mujer Ana concebir\u00e1 en su seno.<\/p>\n<p>3. Y Joaqu\u00edn sali\u00f3, y llam\u00f3 a sus pastores, diciendo: Traedme diez corderos sin m\u00e1cula, y ser\u00e1n para el Se\u00f1or mi Dios; y doce terneros, y ser\u00e1n para los sacerdotes y para el Consejo de los Ancianos; y cien cabritos, y ser\u00e1n para los pobres del pueblo.<\/p>\n<p>4. Y he aqu\u00ed que Joaqu\u00edn lleg\u00f3 con sus reba\u00f1os, y Ana, que lo esperaba en la puerta de su casa, lo vio venir, y, corriendo hacia \u00e9l, le ech\u00f3 los brazos al cuello, diciendo: Ahora conozco que el Se\u00f1or, mi Dios, me ha colmado de bendiciones; porque era viuda, y ya no lo soy; estaba sin hijo, y voy a concebir uno en mis entra\u00f1as. Y Joaqu\u00edn guard\u00f3 reposo en su hogar aquel primer d\u00eda.<\/p>\n<p>Concepci\u00f3n de Mar\u00eda<\/p>\n<p>V 1. Y, al d\u00eda siguiente, present\u00f3 sus ofrendas, diciendo entre s\u00ed de esta manera: Si el Se\u00f1or Dios me es propicio, me conceder\u00e1 ver el disco de oro del Gran Sacerdote. Y, una vez hubo presentado sus ofrendas, fij\u00f3 su mirada en el disco del Gran Sacerdote, cuando \u00e9ste sub\u00eda al altar, y no not\u00f3 mancha alguna en s\u00ed mismo. Y Joaqu\u00edn dijo: Ahora s\u00e9 que el Se\u00f1or me es propicio, y que me ha perdonado todos mis pecados. Y sali\u00f3 justificado del templo del Se\u00f1or, y volvi\u00f3 a su casa.<\/p>\n<p>2. Y los meses de Ana se cumplieron, y, al noveno, dio a luz. Y pregunt\u00f3 a la partera: \u00bfQu\u00e9 he parido? La partera contest\u00f3: Una ni\u00f1a. Y Ana repuso: Mi alma se ha glorificado en este d\u00eda. Y acost\u00f3 a la ni\u00f1a en su cama. Y, transcurridos los d\u00edas legales, Ana se lav\u00f3, dio el pecho a la ni\u00f1a, y la llam\u00f3 Mar\u00eda.<\/p>\n<p>Fiesta del primer a\u00f1o<\/p>\n<p>VI 1. Y la ni\u00f1a se fortificaba de d\u00eda en d\u00eda. Y, cuando tuvo seis meses, su madre la puso en el suelo, para ver si se manten\u00eda en pie. Y la ni\u00f1a dio siete pasos, y luego avanz\u00f3 hacia el regazo de su madre, que la levant\u00f3, diciendo: Por la vida del Se\u00f1or, que no marchar\u00e1s sobre el suelo hasta el d\u00eda que te lleve al templo del Alt\u00edsimo. Y estableci\u00f3 un santuario en su dormitorio, y no le dejaba tocar nada que estuviese manchado, o que fuese impuro. Y llam\u00f3 a las hijas de los hebreos que se conservaban sin mancilla, y que entreten\u00edan a la ni\u00f1a con sus juegos.<\/p>\n<p>2. Y, cuando la ni\u00f1a lleg\u00f3 a la edad de un a\u00f1o, Joaqu\u00edn celebr\u00f3 un gran banquete, e invit\u00f3 a \u00e9l a los sacerdotes y a los escribas y al Consejo de los Ancianos y a todo el pueblo israelita. Y present\u00f3 la ni\u00f1a a los sacerdotes, y ellos la bendijeron, diciendo: Dios de nuestros padres, bendice a esta ni\u00f1a, y dale un nombre que se repita siglos y siglos, a trav\u00e9s de las generaciones. Y el pueblo dijo: As\u00ed sea, as\u00ed sea. Y Joaqu\u00edn la present\u00f3 a los pr\u00edncipes de los sacerdotes, y ellos la bendijeron, diciendo: Dios de las alturas, dirige tu mirada a esta ni\u00f1a, y dale una bendici\u00f3n suprema.<\/p>\n<p>3. Y su madre la llev\u00f3 al santuario de su dormitorio, y le dio el pecho. Y Ana enton\u00f3 un c\u00e1ntico al Se\u00f1or Dios, diciendo: Elevar\u00e1 un himno al Se\u00f1or mi Dios, porque me ha visitado, y ha alejado de m\u00ed los ultrajes de mis enemigos, y me ha dado un fruto de su justicia a la vez uno y m\u00faltiple ante \u00c9l. \u00bfQui\u00e9n anunciar\u00e1 a los hijos de Rub\u00e9n que Ana amamanta a un hijo? Sabed, sabed, vosotras las doce tribus de Israel, que Ana amamanta a un hijo. Y dej\u00f3 reposando a la ni\u00f1a en el santuario del dormitorio, y sali\u00f3, y sirvi\u00f3 a los invitados. Y, terminado el convite, todos salieron llenos de j\u00fabilo, y glorificando al Dios de Israel.<\/p>\n<p>Consagraci\u00f3n de Mar\u00eda en el templo<\/p>\n<p>VII 1. Y los meses se suced\u00edan para la ni\u00f1a. Y, cuando lleg\u00f3 a la edad de dos a\u00f1os, Joaqu\u00edn dijo: Llev\u00e9mosla al templo del Se\u00f1or, para cumplir la promesa que le hemos hecho, no sea que nos la reclame, y rechace nuestra ofrenda. Y Ana respondi\u00f3: Esperemos al tercer a\u00f1o, a fin de que la ni\u00f1a no nos eche de menos. Y Joaqu\u00edn repuso: Esperemos.<\/p>\n<p>2. Y, cuando la ni\u00f1a lleg\u00f3 a la edad de tres a\u00f1os, Joaqu\u00edn dijo: Llamad a las hijas de los hebreos que est\u00e9n sin mancilla, y que tome cada cual una l\u00e1mpara, y que estas l\u00e1mparas se enciendan, para que la ni\u00f1a no vuelva atr\u00e1s, y para que su coraz\u00f3n no se fije en nada que est\u00e9 fuera del templo del Se\u00f1or. Y ellas hicieron lo que se les mandaba, hasta el momento en que subieron al templo del Se\u00f1or. Y el Gran Sacerdote recibi\u00f3 a la ni\u00f1a, y, abraz\u00e1ndola, la bendijo, y exclam\u00f3: El Se\u00f1or ha glorificado tu nombre en todas las generaciones. Y en ti, hasta el \u00faltimo d\u00eda, el Se\u00f1or har\u00e1 ver la redenci\u00f3n por \u00c9l concedida a los hijos de Israel.<\/p>\n<p>3. E hizo sentarse a la ni\u00f1a en la tercera grada del altar, y el Se\u00f1or envi\u00f3 su gracia sobre ella, y ella danz\u00f3 sobre sus pies y toda la casa de Israel la am\u00f3.<\/p>\n<p>Pubertad de Mar\u00eda<\/p>\n<p>VIII 1. Y sus padres salieron del templo llenos de admiraci\u00f3n, y glorificando al Omnipotente, porque la ni\u00f1a no se hab\u00eda vuelto atr\u00e1s. Y Mar\u00eda permaneci\u00f3 en el templo del Se\u00f1or, nutri\u00e9ndose como una paloma, y recib\u00eda su alimento de manos de un \u00e1ngel.<\/p>\n<p>2. Y, cuando lleg\u00f3 a la edad de doce a\u00f1os, los sacerdotes se congregaron, y dijeron: He aqu\u00ed que Mar\u00eda ha llegado a la edad de doce a\u00f1os en el templo del Se\u00f1or. \u00bfQu\u00e9 medida tomaremos con ella, para que no mancille el santuario? Y dijeron al Gran Sacerdote: T\u00fa, que est\u00e1s encargado del altar, entra y ruega por Mar\u00eda, y hagamos lo que te revele el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>3. Y el Gran Sacerdote, poni\u00e9ndose su traje de doce campanillas, entr\u00f3 en el Santo de los Santos, y rog\u00f3 por Mar\u00eda. Y he aqu\u00ed que un \u00e1ngel del Se\u00f1or se le apareci\u00f3, dici\u00e9ndole: Zacar\u00edas, Zacar\u00edas, sal y re\u00fane a todos los viudos del pueblo, y que \u00e9stos vengan cada cual con una vara, y aquel a quien el Se\u00f1or env\u00ede un prodigio, de aquel ser\u00e1 Mar\u00eda la esposa. Y los heraldos salieron, y recorrieron todo el pa\u00eds de Judea, y la trompeta del Se\u00f1or reson\u00f3, y todos los viudos acudieron a su llamada.<\/p>\n<p>Jos\u00e9, guardi\u00e1n de Mar\u00eda<\/p>\n<p>IX 1. Y Jos\u00e9, abandonando sus herramientas, sali\u00f3 para juntarse a los dem\u00e1s viudos, y, todos congregados, fueron a encontrar al Gran Sacerdote. Este tom\u00f3 las varas de cada cual, penetr\u00f3 en el templo, y or\u00f3. Y, cuando hubo terminado su plegaria, volvi\u00f3 a tomar las varas, sali\u00f3, se las devolvi\u00f3 a sus due\u00f1os respectivos, y no not\u00f3 en ellas prodigio alguno. Y Jos\u00e9 tom\u00f3 la \u00faltima, y he aqu\u00ed que una paloma sali\u00f3 de ella, y vol\u00f3 sobre la cabeza del viudo. Y el Gran Sacerdote dijo a Jos\u00e9: T\u00fa eres el designado por la suerte, para tomar bajo tu guarda a la Virgen del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>2. Mas Jos\u00e9 se negaba a ello, diciendo: Soy viejo, y tengo hijos, al paso que ella es una ni\u00f1a. No quisiera servir de irrisi\u00f3n a los hijos de Israel. Y el Gran Sacerdote respondi\u00f3 a Jos\u00e9: Teme al Se\u00f1or tu Dios, y recuerda lo que hizo con Dathan, Abiron y Cor\u00e9, y c\u00f3mo, entreabierta la tierra, los sumi\u00f3 en sus entra\u00f1as, a causa de su desobediencia. Teme, Jos\u00e9, que no ocurra lo mismo en tu casa.<\/p>\n<p>3. Y Jos\u00e9, lleno de temor, recibi\u00f3 a Mar\u00eda bajo su guarda, dici\u00e9ndole: He aqu\u00ed que te he recibido del templo del Se\u00f1or, y que te dejo en mi hogar. Ahora voy a trabajar en mis construcciones, y despu\u00e9s volver\u00e9 cerca de ti. Entretanto, el Se\u00f1or te proteger\u00e1.<\/p>\n<p>El velo del templo<\/p>\n<p>X 1. Y he aqu\u00ed que los sacerdotes se reunieron en consejo, y dijeron: Hagamos un velo para el templo del Se\u00f1or. Y el Gran Sacerdote dijo: Traedme j\u00f3venes sin mancilla de la casa de David. Y los servidores fueron a buscarlas, y encontraron siete j\u00f3venes. Y el Gran Sacerdote se acord\u00f3 de Mar\u00eda, y de que era de la tribu de David, y de que permanec\u00eda sin mancilla ante Dios. Y los servidores partieron, y la trajeron.<\/p>\n<p>2. E introdujeron a las j\u00f3venes en el templo del Se\u00f1or, y el Gran Sacerdote dijo: Echad a suertes sobre cu\u00e1l hilar\u00e1 el oro, el jacinto, el amianto, la seda, el lino fino, la verdadera escarlata y la verdadera p\u00farpura. Y la verdadera escarlata y la verdadera p\u00farpura tocaron a Mar\u00eda, que, habi\u00e9ndolas recibido, volvi\u00f3 a su casa. Y, en este momento, Zacar\u00edas qued\u00f3 mudo, y Samuel lo reemplaz\u00f3 en sus funciones, hasta que recobr\u00f3 la palabra. Y Mar\u00eda tom\u00f3 la escarlata, y empez\u00f3 a hilarla.<\/p>\n<p>La anunciaci\u00f3n<\/p>\n<p>XI 1. Y Mar\u00eda tom\u00f3 su c\u00e1ntaro, y sali\u00f3 para llenarlo de agua. Y he aqu\u00ed que se oy\u00f3 una voz, que dec\u00eda: Salve, Mar\u00eda, llena eres de gracia. El Se\u00f1or es contigo, y bendita eres entre todas las mujeres. Y ella mir\u00f3 en torno suyo, a derecha e izquierda, para ver de d\u00f3nde ven\u00eda la voz. Y, toda temblorosa, regres\u00f3 a su casa, dej\u00f3 el c\u00e1ntaro, y, tomando la p\u00farpura, se sent\u00f3, y se puso a hilar.<\/p>\n<p>2. Y he aqu\u00ed que un \u00e1ngel del Se\u00f1or se le apareci\u00f3, dici\u00e9ndole: No temas, Maria, porque has encontrado gracia ante el Due\u00f1o de todas las cosas, y concebir\u00e1s su Verbo. Y Mar\u00eda, vacilante, respondi\u00f3: Si debo concebir al Dios vivo, \u00bfdar\u00e9 a luz como toda mujer da?<\/p>\n<p>3. Y el \u00e1ngel del Se\u00f1or dijo: No ser\u00e1 as\u00ed, Mar\u00eda, porque la virtud del Se\u00f1or te cubrir\u00e1 con su sombra, y el ser santo que de ti nacer\u00e1 se llamar\u00e1 Hijo del Alt\u00edsimo. Y le dar\u00e1s el nombre de Jes\u00fas, porque librar\u00e1 a su pueblo de sus pecados. Y Mar\u00eda dijo: He aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or. H\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra.<\/p>\n<p>La visitaci\u00f3n<\/p>\n<p>XII 1. Y sigui\u00f3 trabajando en la p\u00farpura y en la escarlata, y, concluida su labor, la llev\u00f3 al Gran Sacerdote. Y \u00e9ste la bendijo, y exclam\u00f3: Mar\u00eda, el Se\u00f1or Dios ha glorificado tu nombre, y ser\u00e1s bendita en todas las generaciones de la tierra.<\/p>\n<p>2. Y Mar\u00eda, muy gozosa, fue a visitar a Isabel, su prima. Y llam\u00f3 a la puerta. E Isabel, habi\u00e9ndola o\u00eddo, dej\u00f3 su escarlata, corri\u00f3 a la puerta, y abri\u00f3. Y, al ver a Mar\u00eda, la bendijo, y exclam\u00f3: \u00bfDe d\u00f3nde que la madre de mi Se\u00f1or venga a m\u00ed? Porque el fruto de mi vientre ha saltado dentro de m\u00ed, y te ha bendecido. Pero Mar\u00eda hab\u00eda olvidado los misterios que el arc\u00e1ngel Gabriel le revelara, y, alzando los ojos al cielo, dijo: \u00bfQui\u00e9n soy, Se\u00f1or, que todas las generaciones de la tierra me bendicen?<\/p>\n<p>3. Y pas\u00f3 tres meses con Isabel. Y, de d\u00eda en d\u00eda, su embarazo avanzaba, y, pose\u00edda de temor, volvi\u00f3 a su casa, y se ocult\u00f3 a los hijos de Israel. Y ten\u00eda diecis\u00e9is a\u00f1os cuando estos misterios se cumplieron.<\/p>\n<p>Vuelta de Jos\u00e9<\/p>\n<p>XIII 1. Y lleg\u00f3 el sexto mes de embarazo, y he aqu\u00ed que Jos\u00e9 volvi\u00f3 de sus trabajos de construcci\u00f3n, y, entrando en su morada, la encontr\u00f3 encinta. Y se golpe\u00f3 el rostro, y se ech\u00f3 a tierra sobre un saco, y llor\u00f3 amargamente, diciendo: \u00bfEn qu\u00e9 forma volver\u00e9 mis ojos hacia el Se\u00f1or mi Dios? \u00bfQu\u00e9 plegaria le dirigir\u00e9 con relaci\u00f3n a esta jovencita? Porque la recib\u00ed pura de los sacerdotes del templo, y no he sabido guardarla. \u00bfQui\u00e9n ha cometido tan mala acci\u00f3n, y ha mancillado a esta virgen? \u00bfEs que se repite en m\u00ed la historia de Ad\u00e1n? Bien como, en la hora misma en que \u00e9ste glorificaba a Dios, lleg\u00f3 la serpiente y, encontrando a Eva sola, la enga\u00f1\u00f3, as\u00ed me ha ocurrido a m\u00ed.<\/p>\n<p>2. Y Jos\u00e9 se levant\u00f3 del saco, y llam\u00f3 a Mar\u00eda, y le dijo: \u00bfQu\u00e9 has hecho, t\u00fa, que eres predilecta de Dios? \u00bfHas olvidado a tu Se\u00f1or? \u00bfC\u00f3mo te has atrevido a envilecer tu alma, despu\u00e9s de haber sido educada en el Santo de los Santos, y de haber recibido de manos de un \u00e1ngel tu alimento?<\/p>\n<p>3. Pero ella llor\u00f3 amargamente, diciendo: Estoy pura y no he conocido var\u00f3n. Y Jos\u00e9 le dijo: \u00bfDe d\u00f3nde viene entonces lo que llevas en tus entra\u00f1as? Y Mar\u00eda repuso: Por la vida del Se\u00f1or mi Dios, que no s\u00e9 c\u00f3mo esto ha ocurrido.<\/p>\n<p>Jos\u00e9, confortado por un \u00e1ngel<\/p>\n<p>XIV 1. Y Jos\u00e9, lleno de temor, se alej\u00f3 de Mar\u00eda, y se pregunt\u00f3 c\u00f3mo obrar\u00eda a su respecto. Y dijo: Si oculto su falta, contravengo la ley del Se\u00f1or, y, si la denuncio a los hijos de Israel, temo que el ni\u00f1o que est\u00e1 en Mar\u00eda no sea de un \u00e1ngel, y que entregue a la muerte a un ser inocente. \u00bfC\u00f3mo proceder\u00e9, pues, con Mar\u00eda? La repudiar\u00e9 secretamente. Y la noche lo sorprendi\u00f3 en estos pensamientos amargos.<\/p>\n<p>2. Y he aqu\u00ed que un \u00e1ngel del Se\u00f1or le apareci\u00f3 en sue\u00f1os, y le dijo: No temas por ese ni\u00f1o, pues el fruto que est\u00e1 en Mar\u00eda procede del Esp\u00edritu Santo, y dar\u00e1 a luz un ni\u00f1o, y llamar\u00e1s su nombre Jes\u00fas, porque salvar\u00e1 al pueblo de sus pecados. Y Jos\u00e9 se despert\u00f3, y se levant\u00f3, y glorific\u00f3 al Dios de Israel, por haberle concedido aquella gracia, y continu\u00f3 guardando a Mar\u00eda.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 ante el Gran Sacerdote<\/p>\n<p>XV 1. Y el escriba An\u00e1s fue a casa de Jos\u00e9, y le pregunt\u00f3: \u00bfPor qu\u00e9 no has aparecido por nuestra asamblea? Y Jos\u00e9 repuso: El camino me ha fatigado, y he querido reposar el primer d\u00eda. Y An\u00e1s, habiendo vuelto la cabeza, vio que Mar\u00eda estaba embarazada.<\/p>\n<p>2. Y corri\u00f3 con apresuramiento cerca del Gran Sacerdote, y le dijo: Jos\u00e9, en quien has puesto toda tu confianza, ha pecado gravemente contra la ley. Y el Gran Sacerdote lo interrog\u00f3: \u00bfEn qu\u00e9 ha pecado? Y el escriba respondi\u00f3: Ha mancillado y consumado a hurtadillas matrimonio con la virgen que recibi\u00f3 del templo del Se\u00f1or, sin hacerlo conocer a los hijos de Israel. Y el Gran Sacerdote exclam\u00f3: \u00bfJos\u00e9 ha hecho eso? Y el escriba An\u00e1s dijo: Env\u00eda servidores, y comprobar\u00e1s que la joven se halla encinta. Y los servidores partieron, y encontraron a la doncella como hab\u00eda dicho el escriba, y condujeron a Mar\u00eda y a Jos\u00e9 para ser juzgados.<\/p>\n<p>3. Y el Gran Sacerdote prorrumpi\u00f3, lament\u00e1ndose: \u00bfPor qu\u00e9 has hecho esto, Mar\u00eda? \u00bfPor qu\u00e9 has envilecido tu alma, y te has olvidado del Se\u00f1or tu Dios? T\u00fa, que has sido educada en el Santo de los Santos, que has recibido tu alimento de manos de un \u00e1ngel, que has o\u00eddo los himnos sagrados, y que has danzado delante del Se\u00f1or, \u00bfpor qu\u00e9 has hecho esto? Pero ella llor\u00f3 amargamente, y dijo: Por la vida del Se\u00f1or mi Dios, estoy pura, y no conozco var\u00f3n.<\/p>\n<p>4. Y el Gran Sacerdote dijo a Jos\u00e9: \u00bfPor qu\u00e9 has hecho esto? Y Jos\u00e9 dijo: Por la vida del Se\u00f1or mi Dios, me hallo libre de todo comercio con ella. Y el Gran Sacerdote insisti\u00f3: \u00a1No rindas falso testimonio, confiesa la verdad! T\u00fa has consumado a hurtadillas el matrimonio con ella, sin revelarlo a los hijos de Israel, y no has inclinado tu frente bajo la mano del Todopoderoso, a fin de que tu raza sea bendita. Y Jos\u00e9 se call\u00f3.<\/p>\n<p>La prueba del agua<\/p>\n<p>XVI 1. Y el Gran Sacerdote dijo: Devuelve a esta virgen que has recibido del templo del Se\u00f1or. Y Jos\u00e9 lloraba abundantemente. Y el Gran Sacerdote dijo: Os har\u00e9 beber el agua de prueba del Se\u00f1or, y \u00c9l har\u00e1 aparecer vuestro pecado a vuestros ojos.<\/p>\n<p>2. Y, habiendo tomado el agua del Se\u00f1or, el Gran Sacerdote dio a beber a Jos\u00e9, y lo envi\u00f3 a la monta\u00f1a, y \u00e9ste volvi\u00f3 sano. Y dio asimismo de beber a Mar\u00eda, y volvi\u00f3 tambi\u00e9n de \u00e9sta indemne. Y todo el pueblo qued\u00f3 admirado de que pecado alguno se hubiera revelado en ellos.<\/p>\n<p>3. Y el Gran Sacerdote dijo: Puesto que el Se\u00f1or Dios no ha hecho aparecer la falta de que se os acusa, yo tampoco quiero condenaros. Y los dej\u00f3 marchar absueltos. Y Jos\u00e9 acompa\u00f1\u00f3 a Mar\u00eda, y volvi\u00f3 con ella a su casa, lleno de j\u00fabilo y glorificando al Dios de Israel.<\/p>\n<p>Visi\u00f3n de los dos pueblos<\/p>\n<p>XVII 1. Y lleg\u00f3 un edicto del emperador Augusto, que ordenaba se empadronasen todos los habitantes de Bethlehem de Judea. Y Jos\u00e9 dijo: Voy a inscribir a mis hijos. Pero \u00bfqu\u00e9 har\u00e9 con esta muchacha? \u00bfC\u00f3mo la inscribir\u00e9? \u00bfComo mi esposa? Me avergonzar\u00eda de ello. \u00bfComo mi hija? Pero todos los hijos de Israel saben que no lo es. El d\u00eda del Se\u00f1or ser\u00e1 como quiera el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>2. Y ensill\u00f3 su burra, y puso sobre ella a Mar\u00eda, y su hijo llevaba la bestia por el ronzal, y \u00e9l los segu\u00eda. Y, habiendo caminado tres millas, Jos\u00e9 se volvi\u00f3 hacia Mar\u00eda, y la vio triste, y dijo entre s\u00ed de esta manera: Sin duda el fruto que lleva en su vientre la hace sufrir. Y por segunda vez se volvi\u00f3 hacia la joven, y vio que re\u00eda, y le pregunt\u00f3: \u00bfQu\u00e9 tienes, Mar\u00eda, que encuentro tu rostro tan pronto entristecido como sonriente? Y ella contest\u00f3: Es que mis ojos contemplan dos pueblos, uno que llora y se aflige estrepitosamente, y otro que se regocija y salta de j\u00fabilo.<\/p>\n<p>3. Y, llegados a mitad de camino, Mar\u00eda dijo a Jos\u00e9: B\u00e1jame de la burra, porque lo que llevo dentro me abruma, al avanzar. Y \u00e9l la baj\u00f3 de la burra, y le dijo: \u00bfD\u00f3nde podr\u00eda llevarte, y resguardar tu pudor? Porque este lugar est\u00e1 desierto.<\/p>\n<p>Pausa en la naturaleza<\/p>\n<p>XVIII 1. Y encontr\u00f3 all\u00ed mismo una gruta, e hizo entrar en ella a Mar\u00eda. Y, dejando a sus hijos cerca de \u00e9sta, fue en busca de una partera al pa\u00eds de Bethlehem.<\/p>\n<p>2. Y yo, Jos\u00e9, avanzaba, y he aqu\u00ed que dejaba de avanzar. Y lanzaba mis miradas al aire, y ve\u00eda el aire lleno de terror. Y las elevaba hacia el cielo, y lo ve\u00eda inm\u00f3vil, y los p\u00e1jaros detenidos. Y las baj\u00e9 hacia la tierra, y vi una artesa, y obreros con las manos en ella, y los que estaban amasando no amasaban. Y los que llevaban la masa a su boca no la llevaban, sino que ten\u00edan los ojos puestos en la altura. Y unos carneros conducidos a pastar no marchaban, sino que permanec\u00edan quietos, y el pastor levantaba la mano para pegarles con su vara, y la mano quedaba suspensa en el vac\u00edo. Y contemplaba la corriente del r\u00edo, y las bocas de los cabritos se manten\u00edan a ras de agua y sin beber. Y, en un instante, todo volvi\u00f3 a su anterior movimiento y a su ordinario curso.<\/p>\n<p>El hijo de Mar\u00eda, en la gruta<\/p>\n<p>XIX 1. Y he aqu\u00ed que una mujer descendi\u00f3 de la monta\u00f1a, y me pregunt\u00f3: \u00bfD\u00f3nde vas? Y yo repuse: En busca de una partera jud\u00eda. Y ella me interrog\u00f3: \u00bfEres de la raza de Israel? Y yo le contest\u00e9: S\u00ed. Y ella replic\u00f3: \u00bfQui\u00e9n es la mujer que pare en la gruta? Y yo le dije: Es mi desposada. Y ella me dijo: \u00bfNo es tu esposa? Y yo le dije: Es Mar\u00eda, educada en el templo del Se\u00f1or, y que se me dio por mujer, pero sin serlo, pues ha concebido del Esp\u00edritu Santo. Y la partera le dijo: \u00bfEs verdad lo que me cuentas? Y Jos\u00e9 le dijo: Ven a verlo. Y la partera sigui\u00f3.<\/p>\n<p>2. Y llegaron al lugar en que estaba la gruta, y he aqu\u00ed que una nube luminosa la cubr\u00eda. Y la partera exclam\u00f3: Mi alma ha sido exaltada en este d\u00eda, porque mis ojos han visto prodigios anunciadores de que un Salvador le ha nacido a Israel. Y la nube se retir\u00f3 en seguida de la gruta, y apareci\u00f3 en ella una luz tan grande, que nuestros ojos no pod\u00edan soportarla. Y esta luz disminuy\u00f3 poco a poco, hasta que el ni\u00f1o apareci\u00f3, y tom\u00f3 el pecho de su madre Mar\u00eda. Y la partera exclam\u00f3: Gran d\u00eda es hoy para m\u00ed, porque he visto un espect\u00e1culo nuevo.<\/p>\n<p>3. Y la partera sali\u00f3 de la gruta, y encontr\u00f3 a Salom\u00e9, y le dijo: Salom\u00e9, Salom\u00e9, voy a contarte la maravilla extraordinaria, presenciada por m\u00ed, de una virgen que ha parido de un modo contrario a la naturaleza. Y Salom\u00e9 repuso: Por la vida del Se\u00f1or mi Dios, que, si no pongo mi dedo en su vientre, y lo escruto, no creer\u00e9 que una virgen haya parido.<\/p>\n<p>Imprudencia de Salom\u00e9<\/p>\n<p>XX 1.Y la comadrona entr\u00f3, y dijo a Mar\u00eda: Disponte a dejar que \u00e9sta haga algo contigo, porque no es un debate insignificante el que ambas hemos entablado a cuenta tuya. Y Salom\u00e9, firme en verificar su comprobaci\u00f3n, puso su dedo en el vientre de Mar\u00eda, despu\u00e9s de lo cual lanz\u00f3 un alarido, exclamando: Castigada es mi incredulidad imp\u00eda, porque he tentado al Dios viviente, y he aqu\u00ed que mi mano es consumida por el fuego, y de m\u00ed se separa.<\/p>\n<p>2. Y se arrodill\u00f3 ante el Se\u00f1or, diciendo: \u00a1Oh Dios de mis padres, acu\u00e9rdate de que pertenezco a la raza de Abraham, de Isaac y de Jacob! No me des en espect\u00e1culo a los hijos de Israel, y devu\u00e9lveme a mis pobres, porque bien sabes, Se\u00f1or, que en tu nombre les prestaba mis cuidados, y que mi salario lo recib\u00eda de ti.<\/p>\n<p>3. Y he aqu\u00ed que un \u00e1ngel del Se\u00f1or se le apareci\u00f3, diciendo: Salom\u00e9, Salom\u00e9, el Se\u00f1or ha atendido tu s\u00faplica. Aprox\u00edmate al ni\u00f1o, t\u00f3malo en tus brazos, y \u00e9l ser\u00e1 para ti salud y alegr\u00eda.<\/p>\n<p>4. Y Salom\u00e9 se acerc\u00f3 al reci\u00e9n nacido, y lo incorpor\u00f3, diciendo: Quiero prosternarme ante \u00e9l, porque un gran rey ha nacido para Israel. E inmediatamente fue curada, y sali\u00f3 justificada de la gruta. Y se dej\u00f3 o\u00edr una voz, que dec\u00eda: Salom\u00e9, Salom\u00e9, no publiques los prodigios que has visto, antes de que el ni\u00f1o haya entrado en Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p>Visita de los magos<\/p>\n<p>XXI 1. Y he aqu\u00ed que Jos\u00e9 se dispuso a ir a Judea. Y se produjo un gran tumulto en Bethlehem, por haber llegado all\u00ed unos magos, diciendo: \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el rey de los jud\u00edos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el Oriente, y venimos a adorarlo.<\/p>\n<p>2. Y Herodes, sabedor de esto, qued\u00f3 turbado, y envi\u00f3 mensajeros cerca de los magos, y convoc\u00f3 a los pr\u00edncipes de los sacerdotes, y los interrog\u00f3, diciendo: \u00bfQu\u00e9 est\u00e1 escrito del Cristo? \u00bfD\u00f3nde debe nacer? Y ellos contestaron: En Bethlehem de Judea, porque as\u00ed est\u00e1 escrito. Y \u00e9l los despidi\u00f3. E interrog\u00f3 a los magos, diciendo: \u00bfQu\u00e9 signo hab\u00e9is visto con relaci\u00f3n al rey reci\u00e9n nacido? Y los magos respondieron: Hemos visto que su estrella, extremadamente grande, brillaba con gran fulgor entre las dem\u00e1s estrellas, y que las eclipsaba hasta el punto de hacerlas invisibles con su luz. Y hemos reconocido por tal se\u00f1al que un rey hab\u00eda nacido para Israel, y hemos venido a adorarlo. Y Herodes dijo: Id a buscarlo, y, si lo encontr\u00e1is, dadme aviso de ello, a fin de que vaya yo tambi\u00e9n, y lo adore.<\/p>\n<p>3. Y los magos salieron. Y he aqu\u00ed que la estrella que hab\u00edan visto en Oriente los precedi\u00f3 hasta que llegaron a la gruta, y se detuvo por encima de la entrada de \u00e9sta. Y los magos vieron al ni\u00f1o con su madre Mar\u00eda, y sacaron de sus bagajes presentes de oro, de incienso y de mirra.<\/p>\n<p>4. Y, advertidos por el \u00e1ngel de que no volviesen a Judea, regresaron a su pa\u00eds por otra ruta.<\/p>\n<p>Furor de Herodes<\/p>\n<p>XXII 1. Al darse cuenta de que los magos lo hab\u00edan enga\u00f1ado, Herodes mont\u00f3 en c\u00f3lera, y despach\u00f3 sicarios, a quienes dijo: Matad a todos los ni\u00f1os de dos a\u00f1os para abajo.<\/p>\n<p>2. Y Mar\u00eda, al enterarse de que hab\u00eda comenzado el deg\u00fcello de los ni\u00f1os, se espant\u00f3, tom\u00f3 al suyo, lo envolvi\u00f3 en pa\u00f1ales, y lo deposit\u00f3 en un pesebre de bueyes.<\/p>\n<p>3. Isabel, noticiosa de que se buscaba a Juan, lo agarr\u00f3, gan\u00f3 la monta\u00f1a, mir\u00f3 en torno suyo, para ver d\u00f3nde podr\u00eda ocultarlo, y no encontr\u00f3 lugar de refugio. Y, gimiendo, clam\u00f3 a gran voz: Monta\u00f1a de Dios, recibe a una madre con su hijo. Porque le era imposible subir a ella. Pero la monta\u00f1a se abri\u00f3, y la recibi\u00f3. Y hab\u00eda all\u00ed una gran luz, que los esclarec\u00eda, y un \u00e1ngel del Se\u00f1or estaba con ellos, y los guardaba.<\/p>\n<p>Muerte de Zacar\u00edas<\/p>\n<p>XXIII 1. Y Herodes buscaba a Juan, y envi\u00f3 sus servidores a Zacar\u00edas, diciendo: \u00bfD\u00f3nde has escondido a tu hijo? Y \u00e9l repuso: Soy servidor de Dios, permanezco constantemente en el templo del Se\u00f1or, e ignoro d\u00f3nde mi hijo est\u00e1.<\/p>\n<p>2. Y los servidores se marcharon del templo, y anunciaron todo esto a Herodes. Y Herodes, irritado, dijo: Su hijo debe un d\u00eda reinar sobre Israel. Y los envi\u00f3 de nuevo a Zacar\u00edas, ordenando: Di la verdad. \u00bfD\u00f3nde se halla tu hijo? Porque bien sabes que tu sangre se encuentra bajo mi mano. Y los servidores partieron, y refirieron todo esto a Zacarias.<\/p>\n<p>3. Y \u00e9ste exclam\u00f3: M\u00e1rtir ser\u00e9 de Dios, si viertes mi sangre. Y el Omnipotente recibir\u00e1 mi esp\u00edritu, porque sangre inocente es la que quieres derramar en el vest\u00edbulo del templo del Se\u00f1or. Y, a punto de amanecer, Zacar\u00edas fue muerto, y los hijos de Israel ignoraban que lo hubiese sido.<\/p>\n<p>Nombramiento de nuevo Gran Sacerdote<\/p>\n<p>XXIV 1. Pero los sacerdotes fueron al templo, a la hora de la salutaci\u00f3n, y Zacar\u00edas no fue en su busca, para bendecirlos, seg\u00fan costumbre. Y se detuvieron, esperando a Zacar\u00edas, para saludarlo, y para celebrar al Alt\u00edsimo.<\/p>\n<p>2. Y, como tardaba, se sintieron pose\u00eddos de temor. Y uno de ellos, m\u00e1s audaz, penetr\u00f3 en el templo, y vio cerca del altar sangre coagulada, y oy\u00f3 una voz que dec\u00eda: Zacar\u00edas ha sido asesinado, y su sangre no desaparecer\u00e1 de aqu\u00ed hasta que llegue su vengador. Y, al escuchar estas palabras, qued\u00f3 espantado, y sali\u00f3, y llev\u00f3 la nueva a los sacerdotes.<\/p>\n<p>3. Y \u00e9stos, atrevi\u00e9ndose, al fin, a entrar, vieron lo que hab\u00eda sucedido, y los artesonados del templo gimieron, y ellos mismos rasgaron sus vestiduras de alto abajo. Y no encontraron el cuerpo de Zacar\u00edas, sino s\u00f3lo su sangre, maciza como una piedra. Y salieron llenos de p\u00e1nico, y anunciaron a todo el pueblo que se hab\u00eda dado muerte a Zacar\u00edas. Y todas las tribus del pueblo lo supieron, y lo lloraron, y se lamentaron durante tres d\u00edas y tres noches.<\/p>\n<p>4. Y, despu\u00e9s de estos tres d\u00edas, los sacerdotes deliberaron para saber a qui\u00e9n pondr\u00edan en lugar de Zacar\u00edas, y la suerte recay\u00f3 sobre Sime\u00f3n, el mismo que hab\u00eda sido advertido por el Esp\u00edritu Santo de que no morir\u00eda sin haber visto al Cristo encarnado.<\/p>\n<p>Conclusi\u00f3n<\/p>\n<p>XXV 1. Y yo, Jacobo, que he escrito esta historia, me retir\u00e9 al desierto, cuando sobrevinieron en Jerusal\u00e9n disturbios con motivo de la muerte de Herodes.<\/p>\n<p>2. Y, hasta que se apacigu\u00f3 la agitaci\u00f3n en Jerusal\u00e9n, en el desierto permanec\u00ed, glorificando al Dios Omnipotente, que me ha concedido favor e inteligencia suficientes para escribir esta historia.<\/p>\n<p>3. Sea la gracia con los que temen a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, a quien corresponde la gloria por los siglos de los siglos. Am\u00e9n.<\/p>\n<p>Fuente: Los Evangelios Ap\u00f3crifos, por Edmundo Gonz\u00e1lez Blanco<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL PROTOEVANGELIO DE SANTIAGO Dolor de Joaqu\u00edn I 1. Consta en las historias de las doce tribus de Israel que hab\u00eda un hombre llamado Joaqu\u00edn, rico en extremo, el cual aportaba ofrendas dobles, diciendo: El excedente de mi ofrenda ser\u00e1 para todo el pueblo, y lo que ofrezca en expiaci\u00f3n de mis faltas ser\u00e1 para el Se\u00f1or, a fin de<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[172],"tags":[],"class_list":["post-3354","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-evangelios-apocrifos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3354","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3354"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3354\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3354"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3354"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3354"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}