{"id":312,"date":"2006-02-04T21:10:18","date_gmt":"2006-02-04T21:10:18","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=312"},"modified":"2006-02-04T21:10:18","modified_gmt":"2006-02-04T21:10:18","slug":"la-voz-del-maestro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=312","title":{"rendered":"La voz del maestro"},"content":{"rendered":"<p>GIBR\u00c1N KHALIL GIBR\u00c1N<br \/>\nLA VOZ DEL MAESTRO<br \/>\n(1959)<\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>EL MAESTRO Y EL DISC\u00cdPULO<\/p>\n<p>1. VIAJE DEL MAESTRO A VENECIA<\/p>\n<p>Y sucedi\u00f3 que el Disc\u00edpulo vio al Maestro pasear en silencio arriba y abajo del jard\u00edn, y en su p\u00e1lido semblante mostr\u00e1banse se\u00f1ales de profunda .tristeza. El Disc\u00edpulo salud\u00f3 al Maestro en nombre de Al\u00e1 y le pregunt\u00f3 cu\u00e1l era la causa de su dolor. El Maestro hizo un adem\u00e1n con el b\u00e1culo y rog\u00f3 al Disc\u00edpulo que se sentase en la piedra junto al estanque de los peces. As\u00ed lo hizo el Disc\u00edpulo, prepar\u00e1ndose a escuchar la voz del Maestro.<\/p>\n<p>Y \u00e9ste dijo:<\/p>\n<p>Quieres que te relate la tragedia que mi Memoria repite cada d\u00eda y cada noche en el escenario de mi coraz\u00f3n. Est\u00e1s cansado ya de mi prolongado silencio y del secreto que no te revelo, y te atribulas ante mis suspiros y -lamentaciones. Te dices a t\u00ed mismo: &#8220;Si el Maestro no me admite en el templo de sus tristezas, \u00bfc\u00f3mo voy a poder penetrar jam\u00e1s en la morada de sus afectos?&#8221;<br \/>\nEscucha mi historia&#8230; Pr\u00e9stame o\u00eddo, pero no me compadezcas, porque la piedad es parados d\u00e9biles, y yo estoy fuerte todav\u00eda en medio de mi aflicci\u00f3n.<br \/>\nDesde los d\u00edas de mi juventud me ha venido persiguiendo en el sue\u00f1o y en la vigilia el fantasma de una extra\u00f1a mujer. La veo cuando estoy a solas por la noche, sentada junto a mi lecho. En el silencio de la medianoche escucho, su dulce voz. Muchas veces, al cerrar los ojos, siento el tacto de sus suaves dedos en mis labios; y cuando abro los ojos, el miedo me invade y repentinamente empiezo a escuchar el susurro de los ecos de la Nada&#8230;<br \/>\nFrecuentemente me siento desorientado y me digo: &#8220;\u00bfNo ser\u00e1 mi fantas\u00eda la que me hace dar vueltas hasta parecer que me pierdo entre las nubes? \u00bfNo habr\u00e9 forjado yo desde lo m\u00e1s hondo de mis sue\u00f1os una nueva divinidad de voz melodiosa y manos tibias? \u00bfHe perdido acaso los sentidos y, en medio de mi locura, he creado esta cara y amada compa\u00f1era? \u00bfMe he retirado de la sociedad de los hombres y del bullicio de la ciudad para poder estar a solas con el objeto de mi adoraci\u00f3n? \u00bfHabr\u00e9 cerrado los ojos y los o\u00eddos a las formas y rumores de la Vida, para poder admirarla mejor y escuchar su melodiosa voz?<br \/>\nMe pregunto a m\u00ed mismo muchas veces: &#8220;\u00bfSoy un loco a quien le place estar solo, y que de los fantasmas de su soledad modela una compa\u00f1era y esposa para su alma?&#8221;<br \/>\nTe hablo de una Esposa y te asombra el o\u00edr esta palabra. Pero, \u00bfcu\u00e1ntas veces nos desconcertamos ante una experiencia extra\u00f1a que rechazamos como imposible, aunque su realidad no puede borrarse de nuestra mente por mucho que lo intentemos?<br \/>\nEsta mujer de mis visiones ha sido en realidad mi esposa, y ha compartido conmigo los gozos y sinsabores de la vida. Cuando me despierto por la ma\u00f1ana, la veo reclinada sobre mi almohada, mir\u00e1ndome con ojos rutilantes de bondad y amor maternal. Est\u00e1 conmigo cuando planeo cualquier empresa y me ayuda a realizarla. Cuando me siento a comer, ella toma asiento junto a m\u00ed e intercambiamos ideas y palabras. Al anochecer, est\u00e1 conmigo de nuevo y me dice:<br \/>\n-Llevamos mucho tiempo encerrados en este lugar. Salgamos a caminar por los campos y las praderas.<br \/>\nEntonces dejo mi trabajo y la sigo por el campo, nos sentamos en una piedra elevada y contemplo el horizonte distante. Ella me se\u00f1ala la nube dorada y me hace notar la canci\u00f3n que gorjean los p\u00e1jaros antes de retirarse a pasar la noche, agradeciendo al Se\u00f1or por la d\u00e1diva de su libertad y de su paz.<br \/>\nDe cuando en cuando viene a mi habitaci\u00f3n, en mis momentos de ansiedad y tribulaci\u00f3n. Pero, en cuanto la diviso, todos mis cuidados y zozobras se truecan en alegr\u00eda y calma. Cuando mi esp\u00edritu se subleva contra la injusticia del hombre para el hombre, y veo su rostro entre otros rostros de los cuales estoy dispuesto a huir, sosi\u00e9gase la tempestad de mi coraz\u00f3n, a la que sucede su voz celestial de paz. Cuando estoy s\u00f3lo y los crueles dardos de la vida despedazan mi coraz\u00f3n y me encadenan a la tierra los grilletes de la vida, observo que mi compa\u00f1era me mira con los ojos llenos de amor, y mi amargura se torna en mansedumbre, y la Vida se me antoja un Ed\u00e9n de felicidad.<br \/>\nAcaso me preguntes c\u00f3mo puedo estar contento con esta existencia tan rara, y c\u00f3mo un hombre como yo, en plena primavera de la vida, es capaz de encontrar alegr\u00eda en fantasmas y ensue\u00f1os. Pero yo te digo que los a\u00f1os que he pasado en tal estado constituyen la piedra angular de cuanto he llegado a conocer sobre la vida, la Belleza, la Dicha y la Paz.<br \/>\nPorque la compa\u00f1era de mi fantas\u00eda y yo hemos sido como pensamientos que flotan libremente ante la luz del Sol o sobre la superficie de las aguas, entonando un c\u00e1ntico a la luz de la Luna&#8230; Un c\u00e1ntico de paz que endulza el esp\u00edritu y conduce a la belleza inefable.<br \/>\nVida es lo que vemos y experimentamos a trav\u00e9s del esp\u00edritu; pero llegamos a conocer el mundo que nos rodea a trav\u00e9s de nuestro entendimiento y de nuestra raz\u00f3n. Y ese conocimiento nos produce gran alegr\u00eda o tristeza. Yo estaba destinado a experimentar la tristeza antes de llegar a los treinta a\u00f1os. Ojal\u00e1 hubiese muerto antes de alcanzar los a\u00f1os que secaron la sangre de mi coraz\u00f3n y la savia de mi vida, deJ andome como un \u00e1rbol seco con ramas que ya no se columpian a la dulce brisa, y en las que no construyen sus nidos los p\u00e1jaros.<br \/>\nEl Maestro se call\u00f3 y sent\u00e1ndose junto a su Disc\u00edpulo, continu\u00f3:<\/p>\n<p>Hace veinte a\u00f1os, el gobernador del Monte L\u00edbano me mand\u00f3 a Venecia en una misi\u00f3n de estudio, con una carta de recomendaci\u00f3n para el alcalde de la ciudad, a quien hab\u00eda conocido en Constantinopla. Zarp\u00e9 del L\u00edbano a borde de una nave italiana en el mes de Nis\u00e1n. El aire primaveral era fragante y las nubes blancas se cern\u00edan sobre el horizonte como hermosas pinturas. \u00bfCon qu\u00e9 palabras podr\u00e9 describirte el j\u00fabilo que sent\u00ed durante la traves\u00eda? Todas son muy pobres y muy escasas para expresar los sentimientos que laten en el coraz\u00f3n del hombre.<br \/>\nLos a\u00f1os que pas\u00e9 con mi et\u00e9rea compa\u00f1era estuvieron llenos de gozo, de delicias y de paz. Jam\u00e1s sospech\u00e9 que el Dolor estuviese esper\u00e1ndome, ni que el Sufrimiento acechase en el fondo de mi copa de Alegr\u00eda.<br \/>\nCuando el veh\u00edculo me apartaba de mis monta\u00f1as y valles nativos y me acercaba a la costa, mi compa\u00f1era iba sentada a mi lado. Estuvo conmigo los tres d\u00edas jubilosos que pas\u00e9 en Beirut, recorriendo la ciudad junto a m\u00ed, deteni\u00e9ndose donde yo me deten\u00eda, sonriendo cuando me topaba con alg\u00fan amigo.<br \/>\nCuando me sent\u00e9 en el balc\u00f3n del hotel que dominaba la ciudad, ella se incorpor\u00f3 a mis sue\u00f1os.<br \/>\nPero un gran cambio se efectu\u00f3 -en m\u00ed cuando estaba a punto de embarcarme. Sent\u00ed una mano misteriosa que me agarraba y tiraba de m\u00ed hacia atr\u00e1s; y o\u00ed en mi interior una voz, que murmuraba:<br \/>\n&#8211; \u00a1Regresa! \u00a1No te vayas! \u00a1Vu\u00e9lvete al puerto antes de que se d\u00e9 el barco a la vela!<br \/>\nPero yo no quise escuchar aquella voz. Cuando izaron las velas, me sent\u00ed como un p\u00e1jaro que de repente hubiera ca\u00eddo entre las garras de un halc\u00f3n y que lo arrebataba a lo alto del cielo.<br \/>\nAl anochecer, cuando las monta\u00f1as y las colinas del L\u00edbano no se perd\u00edan en el horizonte, me encontr\u00e9 solo en la popa de la embarcaci\u00f3n. Mir\u00e9 en torno, buscando a la mujer de mis sue\u00f1os, a la mujer que amaba mi coraz\u00f3n, a la esposa de mis d\u00edas, pero ya no estaba junto a m\u00ed. La hermosa doncella cuyo semblante ve\u00eda cada vez que miraba al cielo, cuya voz escuchaba en el sosiego de la noche, cuya mano sosten\u00eda cuando vagaba por las calles de Beirut&#8230; ya no estaba junto a m\u00ed.<br \/>\nPor vez primera en mi vida me encontr\u00e9 completamente solo en un bajel que surcaba el mar profundo. Me puse a pasear por cubierta, llam\u00e1ndola desde el fondo de mi cora z\u00f3n, mirando a las olas con la esperanza de descubrir su rostro. Pero todo fue en vano. A medianoche, cuando todos los pasajeros se hab\u00edan retirado, yo segu\u00eda en cubierta, solo, atormentado y lleno de ansiedad.<br \/>\nDe repente levant\u00e9 los ojos, \u00a1y all\u00ed estaba la compa\u00f1era de mi vida, por encima de m\u00ed, en una nube, a corta distancia de la proa! Salt\u00e9 de gozo, abr\u00ed anchurosamente los brazos y exclam\u00e9:<br \/>\n-\u00a1Por qu\u00e9 me has abandonado, amada m\u00eda! \u00bfAd\u00f3nde te has ido? \u00bfD\u00f3nde has estado? \u00a1Ac\u00e9rcate amorosamente a m\u00ed y ya no me dejes solo jam\u00e1s!<br \/>\nPero ella no se movi\u00f3. En su cara advert\u00ed se\u00f1ales de pena y amargura, que jam\u00e1s hasta entonces hab\u00eda visto. Hablando quedamente y en tono triste, me dijo:<br \/>\n-He surgido de las profundidades del mar para verte una vez m\u00e1s. Vete ahora a tu camarote y du\u00e9rmete,. entr.egado al sue\u00f1o.<br \/>\nDichas estas palabras, se fundi\u00f3 con las nubes y se desvaneci\u00f3. La llam\u00e9 a gritos fren\u00e9ticamente, como un ni\u00f1o hambriento. Abr\u00ed los brazos en todas las direcciones, pero lo \u00fanico que estrecharon fue el aire nocturno, denso de humedad. Baj\u00e9 a mi litera, sintiendo dentro de m\u00ed el flujo y el reflujo de los furiosos elementos. Era como si estuviese a bordo de otra nave completamente distinta, agitado por las r\u00edspidas marejadas de la Perplejidad y la Desesperaci\u00f3n.<br \/>\nPor extra\u00f1o que parezca, en cuanto toqu\u00e9 con el rostro la almohada, me qued\u00e9 profundamente dormido.<br \/>\nSo\u00f1\u00e9, y en mi sue\u00f1o vi un manzano en forma de cruz, pendiente de la cual, como crucificada, estaba la compa\u00f1era de mi vida. De sus manos y pies manaban gotas de sangre, que ca\u00edan sobre las flores marchitas del \u00e1rbol.<br \/>\nLa embarcaci\u00f3n bogaba d\u00eda y noche, pero yo me sent\u00eda como en trance, no sabiendo si era un ser humano que viajaba a un clima distinto o un espectro que se mov\u00eda a trav\u00e9s de un cielo encapotado. En vano implor\u00e9 a la Providencia para que me concediese o\u00edr el rumor de su voz, o ver un atisbo de su sombra, o gozar la suave caricia de sus fr\u00e1giles dedos sobre mis labios.<br \/>\nTranscurrieron catorce d\u00edas y segu\u00eda todav\u00eda solo. El d\u00eda decimoquinto, a la luz de la Luna, avistamos la costa de Italia a lo lejos y entre dos luces arribamos al puerto. Un gent\u00edo a bordo de g\u00f3ndolas ornamentadas con insignias sali\u00f3 al encuentro de la nave para dar la bienvenida de la ciudad a los pasajeros.<br \/>\nLa ciudad de Venecia est\u00e1 situada sobre muchas peque\u00f1as islas, pr\u00f3ximas la una a la otra. Sus calles son canales y sus numerosos palacios y residencias est\u00e1n construidas sobre el agua. Las g\u00f3ndolas son su \u00fanico medio de transporte.<br \/>\nMi gondolero me pregunt\u00f3 ad\u00f3nde iba, y cuando le dije, que quer\u00eda visitar al alcalde de Venecia, me mir\u00f3 con extra\u00f1o misterio. Seg\u00fan nos intern\u00e1bamos por los canales, la noche fue extendiendo su manto negro sobre la ciudad. Brillaban luces en las ventanas abiertas de los palacios y de las iglesias, y sus reflejos en el agua daban a la ciudad el aspecto de algo entrevisto en la visi\u00f3n fantasmag\u00f3rica de un poeta, hechicera y encantadora a la vez.<br \/>\nCuando la g\u00f3ndola lleg\u00f3 a la confluencia de los canales, escuch\u00e9 de pronto el tr\u00e1gico ta\u00f1ido de las campanas de una iglesia. Aunque estaba en trance espiritual, ausente totalmente de la realidad, los ecos se hundieron en mi coraz\u00f3n y me deprimieron el esp\u00edritu.<br \/>\nLa g\u00f3ndola atrac\u00f3 y qued\u00f3 amarrada al pie de una escalinata de m\u00e1rmol que llevaba a una calle enlosada. El gondolero se\u00f1al\u00f3 hacia un suntuoso palacio que se ergu\u00eda en medio de un jard\u00edn, y me dijo:<br \/>\n-Aqu\u00ed est\u00e1 tu destino.<br \/>\nLentamente fui subiendo los pelda\u00f1os que conduc\u00edan hasta el palacio, seguido por el gondolero que cargaba mis pertenencias. Al llegar a la puerta, le pagu\u00e9 y desped\u00ed, d\u00e1ndole las gracias.<br \/>\nLlam\u00e9 y la puerta se abri\u00f3. Cuando entr\u00e9, me saludaron rumores de llantos y sollozos. Me estremec\u00ed y me qued\u00e9 estupefacto. Se me acerc\u00f3 un anciano criado de la casa que me pregunt\u00f3 en tono sombr\u00edo qu\u00e9 deseaba.<br \/>\n-\u00bfEs \u00e9ste el palacio del alcalde? -le pregunt\u00e9.<br \/>\nMe dijo que s\u00ed con una inclinaci\u00f3n de cabeza. Entonces le entregu\u00e9 la misiva que me diera el gobernador del L\u00edbano. La mir\u00f3 y se retir\u00f3 solemnemente hacia la puerta que comunicaba con el sal\u00f3n de recepciones.<br \/>\nMe volv\u00ed hacia el criado joven y le pregunt\u00e9 la causa de la tristeza que se cern\u00eda sobre la habitaci\u00f3n. Me contest\u00f3 que ese mismo d\u00eda hab\u00eda muerto la hija del alcalde, y mientras dec\u00eda estas palabras, se cubri\u00f3 el rostro y derram\u00f3 l\u00e1grimas amargas.<br \/>\nImag\u00ednate lo que pod\u00eda sentir un hombre que acababa de surcar el oc\u00e9ano, fluctuando entre la esperanza y la desesperaci\u00f3n y que-, al terminar su viaje, se encontraba a la puerta de un palacio poblado por los crueles fantasmas de la consternaci\u00f3n y el llanto. Imag\u00ednate los sentimientos de un extranjero que busca hospitalidad y descanso en un palacio, y que s\u00f3lo se halla con las alas blancas de la muerte.<br \/>\nNo tard\u00f3 en regresar el viejo criado, y con una inclinaci\u00f3n me dijo:<br \/>\n-El \u00e1lcalde os espera.<br \/>\nMe acompa\u00f1\u00f3 hacia otra puerta que hab\u00eda al extremo de un pasillo y con un adem\u00e1n me invit\u00f3 a pasar. All\u00ed me encontr\u00e9 con un conjunto de sacerdotes y otros dignatarios, hundidos en el m\u00e1s profundo silencio. En el centro de la estancia me recibi\u00f3 un hombre anciano de luenga barba blanca, que me estrech\u00f3 la mano y me dijo:<br \/>\n-Tenemos la desgracia de daros la. bienvenida cuando ven\u00eds de tierras tan remotas, en un d\u00eda que lloramos la p\u00e9rdida de nuestra amad\u00edsima hija. Sin embargo, conf\u00edo en que nuestra pena no interfiera para nada con vuestra misi\u00f3n, que puedo aseguraros har\u00e9 lo posible por atender.<br \/>\nLe di las gracias por su bondad y expres\u00e9 mis condolencias m\u00e1s sinceras. Tras lo cual me se\u00f1al\u00f3 un asiento y yo me incorpor\u00e9 al austero y silencioso grupo.<br \/>\nAl contemplar los tristes rostros de los presentes y escuchar sus sollozos ahogados, sent\u00ed que el coraz\u00f3n se me agobiaba de abatimiento y dolor.<br \/>\nNo tardaron en marcharse uno tras otro los dolientes y s\u00f3lo quedamos el atribulado padre y yo. Cuando tambi\u00e9n yo hice adem\u00e1n de retirarme, me retuvo y me dijo:<br \/>\n-Amigo m\u00edo, os suplico que no os vay\u00e1is, Sed nuestro hu\u00e9sped, si es que no ten\u00e9is inconveniente en acompa\u00f1arnos en nuestro luto.-Sus palabras me conmovieron hondamente, asent\u00ed con un adem\u00e1n y \u00e9l sigui\u00f3 diciendo:-Los hombres del L\u00edbano son sumamente hospitalarios con los extranjeros; no debemos dejarnos ganar en bondad y cortes\u00eda por nuestro invitado del L\u00edbano.<br \/>\nToc\u00f3 una campanilla y apareci\u00f3 un mayordomo, vestido con un magn\u00edfico uniforme.<br \/>\n-Muestra a nuestro hu\u00e9sped el aposento del ala oriental -le dijo- y haz que lo atiendan como se merece mientras est\u00e1 con nosotros.<br \/>\nEl mayordomo me condujo a una habitaci\u00f3n espaciosa y amueblada con lujo. En cuanto se retir\u00f3, me dej\u00e9 caer en el div\u00e1n y empec\u00e9 a reflexionar sobre mi situaci\u00f3n en esta tierra extranjera. Pas\u00e9 revista \u00e1 las primeras horas que hab\u00eda pasado en ella, tan lejos de mi patria nativa.<br \/>\nA los pocos minutos regres\u00f3 el mayordomo, tray\u00e9ndome la cena en una bandeja de plata. Despu\u00e9s de comer, me puse a pasear por la estancia, asom\u00e1ndome de cuando en cuando a la ventana para contemplar el cielo veneciano y escuchar las voces de los gondoleros y el r\u00edtmico batir de sus remos. No tard\u00e9 en sentirme adormilado y, reclinando mi fatigado cuerpo en la cama, me entregu\u00e9 completamente a un olvido de todo, en que se mezclaba el aturdimiento del sue\u00f1o con el despejo de la vigilia.<br \/>\nNo s\u00e9 cu\u00e1ntas horas estar\u00eda sumido en este estado, porque hay grandes espacios de la vida que atraviesa el esp\u00edritu y no ser\u00edamos capaces de medir con el tiempo, ese invento del hombre. Lo \u00fanico que sent\u00ed entonces y siento todav\u00eda es la poco venturosa condici\u00f3n en que me encontraba.<br \/>\nDe pronto advert\u00ed qu\u00e9 un fantasma flotaba sobre m\u00ed; era un esp\u00edritu sutil que me llamaba, aunque no con se\u00f1ales sensibles. Me levant\u00e9 y me dirig\u00ed hacia el pasillo, como impelido o arrastrado por alguna fuerza divina. Caminaba sin voluntad, como en sue\u00f1os y se me antojaba que me mov\u00eda en un mundo m\u00e1s all\u00e1 del tiempo y del espacio.<br \/>\nCuando llegu\u00e9 al fondo del corredor, abr\u00ed una puerta y me encontr\u00e9 en una antec\u00e1mara de vastas proporciones, en cuyo centro se levantaba un f\u00e9retro rodeado de cirios llameantes y guirnaldas de flores blancas. Me arrodill\u00e9 junto al ata\u00fad y mir\u00e9 a la figura que yac\u00eda inerte en \u00e9l. All\u00ed, delante de m\u00ed, cubierta por el velo de la muerte, estaba la faz de mi adorada, de la compa\u00f1era de mi vida. Era la mujer a quien tanto amara, yerta ahora en el fr\u00edo de la muerte, envuelta en un sudario blanco, rodeada de blancas flores y velada por el silencio de los siglos.<br \/>\n\u00a1Oh Se\u00f1or del Amor, de la Vida y de la Muerte! T\u00fa eres el creador de nuestras almas. T\u00fa gu\u00edas nuestros esp\u00edritus hacia la luz y hacia las tinieblas. T\u00fa calmas nuestros corazones y los sobresaltas de dolor o de esperanza. T\u00fa me acabas de mostrar a la compa\u00f1era de mi juventud en esta forma helada e inerte. Se\u00f1or, T\u00fa me has arrancado de mi patria para llevarme a otra y me has revelado el poder de la muerte sobre la vida y del dolor sobre la alegr\u00eda. T\u00fa has plantado un lirio blanco en el desierto de mi quebrantado coraz\u00f3n y me has trasladado a un valle remoto para ense\u00f1arme otro lirio seco.<br \/>\n\u00a1Oh amigos de mi soledad y mi destierro! Dios ha querido que apure el c\u00e1liz amargo de la vida. H\u00e1gase su voluntad. No somos m\u00e1s que fr\u00e1giles \u00e1tomos en el cielo infinito; y s\u00f3lo nos cabe obedecer y acatar la voluntad de la Providencia.<br \/>\nSi amamos, ese amor no es de nosotros ni para nosotros. Si nos regocijamos, nuestro gozo no est\u00e1 en nosotros sino en la vida misma. Si padecemos, nuestro sufrimiento no est\u00e1 en nuestras heridas, sino en el coraz\u00f3n mismo de la Naturaleza. No estoy lament\u00e1ndome al narrarte esta historia, porque el que se lamenta duda de la vida, y yo soy un firme creyente. Creo en el valor de las hieles que van mezcladas en cada brebaje que apuro en la copa de la vida. Creo en la belleza del dolor que penetra y satura mi coraz\u00f3n. Creo en la compasi\u00f3n \u00faltima de estos dedos de acero que me despedazan el alma.<br \/>\nEsta es mi historia. \u00bfC\u00f3mo voy a poder terminarla, cuando en realidad no tiene fin?<br \/>\nMe qued\u00e9 arrodillado ante el f\u00e9retro, hundido en el silencio y estuve contemplando aqu\u00e9l semblante angelical hasta que lleg\u00f3 la aurora. Entonces me levant\u00e9 y volv\u00ed a mi aposento, abatido bajo el peso abrumador de la Eternidad y sostenido por el dolor de toda la humanidad sufriente.<br \/>\nTres semanas despu\u00e9s abandon\u00e9 Venecia y regres\u00e9 al L\u00edbano. Antoj\u00e1baseme que hab\u00eda vivido miles de a\u00f1os en las vastas y mudas profundidades del pasado.<br \/>\nPero la visi\u00f3n me sigui\u00f3. Aunque la volv\u00ed a encontrar muerta, en m\u00ed continuaba viva a\u00fan. A su sombra he padecido y he aprendido. T\u00fa sabes perfectamente bien, disc\u00edpulo m\u00edo, cu\u00e1les han sido mis sufrimientos.<br \/>\nMe he esforzado por comunicar a mi pueblo y a sus gobernantes el conocimiento y la sabidur\u00eda: Llev\u00e9 a Al-Haris, gobernador del L\u00edbano, el llanto de los oprimidos que estaban siendo vejados y aplastados por las injusticias y perversidades de los funcionarios de su Estado y de los dignatarios de la iglesia.<br \/>\nLe aconsej\u00e9 que siguiese el camino de sus antepasados y tratase a sus s\u00fabditos como ellos, con clemencia, caridad y comprensi\u00f3n. Le dije: &#8220;El pueblo es la gloria de nuestro reino y la fuente de su prosperidad.&#8221; D\u00edjele m\u00e1s todav\u00eda: &#8220;Cuatro cosas hay que un gobernante debe desterrar de su reino: la ira, la avaricia, la mentira y la violencia.&#8221;<br \/>\nPor estas y otras ense\u00f1anzas, fui castigado, desterrado y excomulgado por la Iglesia.<br \/>\nPero lleg\u00f3 una noche en que Al-Haris, con el coraz\u00f3n atribulado, no pod\u00eda conciliar el sue\u00f1o. De pie ante su ventana contemplaba el firmamento. \u00a1Qu\u00e9 maravilla! \u00a1Cu\u00e1ntos cuerpos celestes perdidos en el infinito! \u00bfQui\u00e9n cre\u00f3 este mundo misterioso y admirable? \u00bfQui\u00e9n dirige las trayectorias de estas estrellas? \u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n tienen estos remotos cuerpos con el nuestro? \u00bfQui\u00e9n soy yo y por qu\u00e9 estoy aqu\u00ed? Todas estas preguntas se formulaba Al-Haris a s\u00ed mismo.<br \/>\nEntonces se acord\u00f3 de mi destierro y se arrepinti\u00f3 del duro trato a que me hab\u00eda sometido. Inmediatamente mand\u00f3 a buscarme, implorando mi perd\u00f3n. Me hizo merced de un manto oficial y me proclam\u00f3 su consejero ante todo el pueblo, mientras me colocaba una llave de oro en la mano. No siento la menor pesadumbre por mis a\u00f1os de destierro. El que quiera buscar la verdad y anunciarla a la humanidad tiene que sufrir. Mis dolores me han ense\u00f1ado a comprender los de mi pr\u00f3jimo; ni la persecuci\u00f3n ni el destierro han empa\u00f1ado la visi\u00f3n que palpita dentro de m\u00ed.<br \/>\nY ahora estoy fatigado&#8230;<\/p>\n<p>Terminada su historia, el Maestro despidi\u00f3 a su Disc\u00edpulo, que se llamaba Almuhtada, lo cual quiere decir &#8220;el Converso&#8221;, y se dirigi\u00f3 a su retiro para reposar en cuerpo y alma del cansancio de los viejos recuerdos.<\/p>\n<p>2. MUERTE DEL MAESTRO<\/p>\n<p>Dos semanas despu\u00e9s, el Maestro enferm\u00f3 y una multitud de admiradores suyos acudi\u00f3 a la ermita para preguntar por su salud. Cuando llegaron a la puerta del jard\u00edn, vieron que sal\u00edan de las habitaciones del Maestro un sacerdote, una monja, un m\u00e9dico y Almuhtada. El Disc\u00edpulo amado anunci\u00f3 la muerte del Maestro. El gent\u00edo empez\u00f3 a llorar y a sollozar, pero Almuhtada no derram\u00f3 una sola l\u00e1grima ni habl\u00f3 una palabra.<br \/>\nQued\u00f3se alg\u00fan tiempo hundido en sus propios pensamientos, hasta que por fin se irgui\u00f3 sobre la piedra del estanque de los peces y habl\u00f3:<br \/>\nHermanos y compatriotas: acaban todos de escuchar la triste noticia de la muerte del Maestro. El inmortal Profeta del L\u00edbano se ha entregado al sue\u00f1o eterno y su alma bien aventurada se eleva por encima de nosotros en los cielos del esp\u00edritu, m\u00e1s all\u00e1 de la tristeza y de la pesadumbre. Su alma se ha desprendido de la esclavitud del cuerpo,y ha arrojado las cargas y la fiebre de esta vida terrenal.<br \/>\nEl maestro ha abandonado este mundo material, ataviado con las vestiduras de la gloria y ha pasado a otro mundo libre de penalidades y aflicciones. Ahora est\u00e1 donde nuestros ojos no pueden verlo ni nuestros o\u00eddos escucharle. Mora en el mundo del esp\u00edritu, cuyos habitantes lo necesitan acuciosamente. Est\u00e1 ahora adquiriendo el conocimiento de un nuevo cosmos, cuya historia y hermosura siempre lo han fascinado y cuya lengua \u00e9l se ha esforzado siempre por aprender.<br \/>\nSu vida en esta tierra constituy\u00f3 una larga cadena de hechos gloriosos. Fue una vida de meditaci\u00f3n constante, porque el Maestro no descansaba m\u00e1s qu\u00e9 en el trabajo. Amaba el trabajo, que defini\u00f3 como amor visible.<br \/>\nFue la suya un alma inquieta, que no pod\u00eda descansar sino en el regazo de la vigilia. Fue el suyo un coraz\u00f3n amante que rebosaba de bondad y de celo.<br \/>\nTal fue la vida que llev\u00f3 en esta tierra&#8230;<br \/>\nEra un manantial de sabidur\u00eda que brotaba del seno de la Eternidad, una corriente pura de ese conocimiento que riega y vivifica la mente del Hombre.<br \/>\nY ahora ese r\u00edo ha desembocado en las playas de la Eternidad. \u00a1Que ning\u00fan intruso lo llore ni derrame l\u00e1grimas por su partida!<br \/>\nDebe tenerse presente que s\u00f3lo los que han estado frente al Templo de la Vida, sin hacer fructificar la tierra con una gota de sudor de su frente, se hacen acreedores a las l\u00e1grimas y a las lamentaciones cuando la abandonan.<br \/>\nPero, \u00bfno pas\u00f3 por ventura el Maestro todos los d\u00edas de su vida trabajando en beneficio de la Humanidad? \u00bfHay entre los presentes alguno que no haya bebido de la fuente pura de su sabidur\u00eda? Por eso, el que desee honrarlo que ofrezca a su alma bienaventurada un himno de alabanza y acci\u00f3n de gracias, no los ecos l\u00fagubres de sus lamentos. El que desee rendirle el homenaje que se merece, que asimile el conocimiento en los libros llenos de sabidur\u00eda que ha legado al mundo.<br \/>\n\u00a1Al genio nada se le da, s\u00f3lo se recibe de \u00e9l! S\u00f3lo as\u00ed debe honr\u00e1rselo. No hay que llorar por \u00e9l, sino alegrarse y beber de lo hondo de su sabidur\u00eda. Solamente as\u00ed podr\u00e1 pag\u00e1rsele el tributo que se le debe.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de o\u00edr las palabras del Disc\u00edpulo, la muchedumbre se retir\u00f3 y todos volvieron a sus casas con una sonrisa en los labios y con c\u00e1nticos de acci\u00f3n de gracias en el coraz\u00f3n.<br \/>\nAlmuhtada qued\u00f3 solo en este mundo, pero la soledad jam\u00e1s tom\u00f3 posesi\u00f3n de su coraz\u00f3n, porque la Voz del Maestro reson\u00f3 siempre en sus o\u00eddos, exhort\u00e1ndolo a seguir trabajando y a sembrar las palabras del Profeta en los corazones y mentes de cuantos quer\u00edan escucharlo por su libre voluntad. Pasaba muchas horas en el jard\u00edn meditando a solas sobre los pergaminos que le entregara el Maestro, y en los cuales hab\u00eda dejado escritas sus palabras de sabidur\u00eda.<br \/>\nA los cuarenta d\u00edas continuos de meditaci\u00f3n, Almuhtada abandon\u00f3 el retiro de su Maestro y empez\u00f3 a peregrinar por los villorios, aldeas y ciudades de la Antigua Fenicia.<br \/>\nUn d\u00eda que cruzaba la plaza del mercado de la ciudad de Beirut, lo sigui\u00f3 una muchedumbre. Se detuvo en un paseo p\u00fablico, el gent\u00edo se agolp\u00f3 en torno suyo y \u00e9l les habl\u00f3 con la voz del Maestro, diciendo:<\/p>\n<p>El \u00e1rbol de mi coraz\u00f3n est\u00e1 cargado de frutos; venid, vosotros los hambrientos y recogedlos. Comed y saciaos&#8230; Venid y recibid de la abundancia de mi coraz\u00f3n y aliviadme la carga. Mi alma se abate bajo el peso del oro y de la plata. Venid, buscadores de tesoros ocultos, llenad vuestras bolsas y aligerad mi peso&#8230;<br \/>\nMi coraz\u00f3n rebosa hasta los bordes con el vino de los siglos. Venid, todos los sedientos, bebed y apagad vuestra sed. El otro d\u00eda vi a un rico de pie a la puerta del templo, extendiendo sus manos llenas de piedras preciosas a los transe\u00fantes, mientras los llamaba y dec\u00eda:<br \/>\nTengan piedad de m\u00ed. Qu\u00edtenme estas joyas de encima, porque han debilitado mi alma y endurecido mi coraz\u00f3n. Compad\u00e9zcanse de m\u00ed, ll\u00e9venselas y devu\u00e9lvanme la salud.<br \/>\nPero ninguno de los fieles prestaba o\u00eddos a sus s\u00faplicas. Me qued\u00e9 mirando al hombre y dije para mis adentros: Seguramente ser\u00eda mejor que fuese un mendigo, que vagase por las calles de Beirut alargando su mano temblorosa, pidiendo limosnas y que se volviese a casa por la noche con las manos vac\u00edas.<br \/>\nHe visto a un acaudalado y generoso jeque de Damasco plantar sus tiendas en el desierto \u00e1rido de Arabia y en las laderas de las monta\u00f1as. Al anochecer enviaba a sus esclavos a buscar viajeros para darles albergue y acogida en sus tiendas. Pero los \u00e1speros caminos estaban solitarios y los criados no le llevaron jam\u00e1s invitado alguno.<br \/>\nY reflexion\u00e9 sobre la suerte del triste jeque y el coraz\u00f3n me habl\u00f3, diciendo: &#8220;Indudablemente, ser\u00eda, mejor que fuese un pordiosero, con un b\u00e1culo en la mano y una escudilla colg\u00e1ndole del brazo y que compartiese al mediod\u00eda el pan de la amistad con sus compa\u00f1eros junto a los montones de basura de las afueras de la ciudad&#8230;&#8221;<br \/>\nVi en L\u00edbano a la hija del gobernador, que se levantaba del lecho ataviada con un manto precioso. Llevaba la cabellera ungida de almizcle y su cuerpo estaba envuelto en perfumes. Paseaba por el jard\u00edn del palacio de su padre en busca de un enamorado. Las gotas de roc\u00edo que humedec\u00edan la hierba mojaban la orla de su vestido. \u00a1Pero ay! Entre todos los s\u00fabditos de su padre no hab\u00eda quien la amase.<br \/>\nAl reflexionar sobre el \u00e1nimo atribulado de la hija del gobernador, mi alma me advirti\u00f3, dici\u00e9ndome: &#8220;\u00bfNo ser\u00eda mejor para ella acaso ser la hija de un oscuro labrador, que condujese al pasto las ovejas de su padre y las volviese al aprisco al anochecer, entre las fragancias de la tierra y de las vi\u00f1as, con su tosco vestido de pastora?&#8221; Por lo menos, por mal que le fuesen las cosas, podr\u00eda huir furtivamente de la caba\u00f1a de su padre y en el silencio de la noche salir en busca de su amado, que la esperar\u00eda junto al arroyuelo murmurante.<br \/>\nEl \u00e1rbol de mi coraz\u00f3n est\u00e1 cargado de frutos. Venid, almas hambrientas, recogedlos, comed y saciaos. Mi esp\u00edritu rebosa de vino a\u00f1ejo. Venid, corazones sedientos, bebed y apagad vuestra sed&#8230;<br \/>\nOjal\u00e1 fuera yo un \u00e1rbol que no floreciese ni diese fruto; porque el dolor de la fertilidad es m\u00e1s cruel que la amargura de la infecundidad; y el sufrimiento del generoso acaudalado es m\u00e1s terrible que la miseria del pobre mendigo&#8230;<br \/>\nOjal\u00e1 fuera yo un pozo seco, para que la gente arrojase piedras a mis profundidades. Porque es preferible ser un pozo vac\u00edo -que una fuente de agua pura, no tocada por labios sedientos.<br \/>\nPedir\u00eda a Dios ser una ca\u00f1a rota, pisoteada por el pie del hombre, porque eso es mejor que ser una lira en casa de alguien que tenga los dedos llagados y todos los miembros de su hogar sean sordos.<br \/>\nO\u00eddme, hijos e hijas de mi patria; meditad sobre estas palabras que os han llegado a trav\u00e9s de la voz del Profeta. Haced un hueco para ellas en los senos de vuestro coraz\u00f3n y que la semilla de la sabidur\u00eda germine en el jard\u00edn de nuestra alma. Porque este es el don precioso del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Y la fama de Almuhtada se extendi\u00f3 por toda la tierra y mucha &#8216;gente acud\u00eda a rendirle homenaje de otros pa\u00edses y a escuchar al vocero del Maestro.<br \/>\nAcos\u00e1banle m\u00e9dicos, letrados, poetas y fil\u00f3sofos con diversas preguntas, dondequiera que lo encontraban, lo mismo en la calle que en la iglesia, en la mezquita, en la sinagoga o en cualquier lugar en que se, congregasen los hombres. Sus mentes quedaban enriquecidas con sus hermosas palabras, que pasaban de boca en boca.<br \/>\nLes hablaba de la Vida y de la Realidad de la Vida, dici\u00e9ndoles as\u00ed:<\/p>\n<p>El hombre es como la espuma del mar, que flota sobre la superficie del agua. Cuando sopla el viento, se desvanece como si nunca hubiese existido. As\u00ed son nuestras vidas arrebatadas por el soplo de la Muerte&#8230;<br \/>\nLa Realidad de la Vida es la Vida misma, que no comienza en el vientre de la madre ni termina en la tumba.<br \/>\nPorque los a\u00f1os que pasan no son m\u00e1s que un momento en la vida eterna; y el mundo de la materia y cuanto en \u00e9l hay no es sino un sue\u00f1o comparado con el despertar que llamamos el terror dula Muerte.<br \/>\nEl \u00e9ter propaga todos los ecos de nuestra risa, todos los suspiros que exhalan nuestros corazones y conservan su resonancia, que responde a cada veso nacido de la alegr\u00eda.<br \/>\nLos \u00e1ngeles llevan la cuenta de cada l\u00e1grima derramada por la tristeza, y llevan a los o\u00eddos de los esp\u00edritus que flotan en el cielo del Infinito cada canci\u00f3n de Alegr\u00eda emanada de nuestros afectos.<br \/>\nAll\u00ed, en el mundo futuro, vamos a ver y sentir todas las vibraciones de nuestras emociones y todos los movimientos de nuestro coraz\u00f3n. Comprenderemos el significado de la divinidad que hay dentro de nosotros y a la que no prestamos atenci\u00f3n porque estamos arrastrados por la Desesperaci\u00f3n.<br \/>\nEsa acci\u00f3n que, en medio de nuestra culpa, llamamos hoy flaqueza, aparecer\u00e1 ma\u00f1ana como eslab\u00f3n esencial de la cadena completa del Hombre.<br \/>\nLas tareas crueles por las que no hemos recibido compensaci\u00f3n vivir\u00e1n con nosotros e irradiar\u00e1n su esplendor y ser\u00e1n heraldos de nuestra gloria; y las penalidades que hemos soportado ser\u00e1n como una guirnalda de laurel en nuestras cabezas glorificadas&#8230;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de pronunciar estas palabras, estaba el Disc\u00edpulo a punto de retirarse de la muchedumbre para descansar corporalmente de los afanes del d\u00eda, cuando divis\u00f3 a un joven que miraba a una hermosa doncella con ojos en los cuales se reflejaba la perplejidad.<br \/>\nY el disc\u00edpulo se dirigi\u00f3 a \u00e9l, diciendo:<\/p>\n<p>\u00bfEst\u00e1s preocupado por los numerosos credos que profesa la Humanidad? \u00bfEst\u00e1s extraviado en el valle de-las creencias contrarias? \u00bfCrees que el estar libre de energ\u00eda es menos grave y pesado que el yugo de la sumisi\u00f3n, y que la opcion a disentir proporciona al hombre m\u00e1s seguridad que el baluarte del asentimiento?<br \/>\nSi est\u00e1s en este caso; haz de la Belleza tu religi\u00f3n y ad\u00f3rala como si fuese tu diosa; porque es la obra visible, manifiesta y perfecta de las manos de Dios. Al\u00e9jate de los que han jugado con lo divino como si fuese una farsa y se han asociado con la codicia y el orgullo; cree en cambio en lo divino de la belleza, que es al mismo tiempo el comienzo de nuestro culto a la Vida y la fuente de nuestra hambre de Felicidad.<br \/>\nHaz penitencia ante la Belleza y exp\u00eda por tus pecados, porque la Belleza acerca m\u00e1s tu coraz\u00f3n al trono de la mujer, que es el espejo de tus afectos y la maestra de tu coraz\u00f3n en los secretos de la Naturaleza, hogar de tu vida.<br \/>\nY antes de despedir al gent\u00edo que lo rodeaba, a\u00f1adi\u00f3:<br \/>\nEn este mundo hay dos linajes de hombres: los hombres de ayer y los hombres de ma\u00f1ana. \u00bfA cu\u00e1l de ellos pertenec\u00e9is, hermanos . m\u00edos? Venid, permitidme que os observe y averiguad si sois de los que entran en el mundo de la luz, o de los que avanzan por el pa\u00eds de las tinieblas. Venid, decidme qui\u00e9n sois y qu\u00e9 sois.<br \/>\n\u00bfEres un pol\u00edtico que dice para sus adentros: &#8220;Voy a valerme de mi patria en beneficio propio?&#8221; Entonces, no eres sino un par\u00e1sito que vive de los dem\u00e1s. O bien, \u00bferes un patriota sincer\u00f3, que susurra al o\u00eddo de su yo interior: &#8220;Me gusta entregarme al servicio de mi pa\u00eds como ciudadano fiel?&#8221; En ese caso, eres un oasis en el desierto, dispuesto a apagar la sed del caminante.<br \/>\n\u00bfO eres un mercader que te aprovechas y explotas las necesidades de la gente, acumulando bienes para revenderlos a precios exhorbitantes? Si es as\u00ed, eres un r\u00e9probo; y lo mismo da que mores en un palacio o que tu casa sea la c\u00e1rcel. \u00bfO eres un hombre honrado que facilitas al labrador y al tejedor dar salida a sus productos, medias entre comprador y vendedor y permites que ganen tambi\u00e9n los dem\u00e1s y no t\u00fa solo? Entonces, eres un hombre justo; y no importa que te colmen de elogios o de ignominia.<br \/>\n\u00bfEres un l\u00edder religioso, que tejes con la sencillez y simplicidad de los creyentes un manto escarlata para tu cuerpo, y con su bondad una corona de oro para tu cabeza y aunque te aprovechas de la abundancia de Satan\u00e1s, vas predicando el odio a Satan\u00e1s? En ese caso eres un hereje y lo mismo da que ayunes todo el d\u00eda y&#8217;reces toda la noche. \u00bfO eres el hombre fiel que ve en la bondad del pueblo una base para el mejoramiento de toda la naci\u00f3n y en cuya alma est\u00e1 la escala de la perfecci\u00f3n que lleva hasta el Esp\u00edritu Santo? Si eres de esos, vienes a ser como un lirio en el jard\u00edn de la Verdad; y no importa que tu fragancia se propague entre los hombres o se disipe en el aire, porque all\u00ed ser\u00e1 conservada eternamente.<br \/>\n\u00bfO eres un periodista que vende sus principios en los mercados de esclavos y se realiza en la calumnia, en la desventura de la gente y en el crimen? Entonces eres como un buitre voraz que trata de hartarse de carne putrefacta.<br \/>\n\u00bfO eres un maestro que se asoma al escenario de la historia e inspirado en las glorias del pasado, predica a la humanidad y obra de conformidad con lo que predica? Si es as\u00ed, constituyes un remedio para la humanidad doliente y un b\u00e1lsamo para los corazones dolidos.<br \/>\n\u00bfEres acaso un gobernador que mira por encima del hombro a sus gobernados y que no se afana m\u00e1s que por exprimirles la bolsa y explotarlos en beneficio propio? Pues entonces, eres como ciza\u00f1a en el granero de la Naci\u00f3n.<br \/>\n\u00bfEres un servidor p\u00fablico dedicado, que ama al pueblo y est\u00e1 siempre alerta para proporcionarles bienestar y eres celoso por su prosperidad? Si es as\u00ed, eres una verdadera bendici\u00f3n en los campos de pan de la naci\u00f3n.<br \/>\n\u00bfO eres uno de esos maridos que se considera con derecho a cometer toda clase de atropellos, pero estima ilegal c\u00faalquier acci\u00f3n reprensible de su esposa? En ese caso, eres como los salvajes ya desaparecidos, que viv\u00edan en las cavernas y se tapaban la desnudez con pieles de alima\u00f1as.<br \/>\nO bien, \u00bferes un compa\u00f1ero fiel, cuya esposa est\u00e1 siempre a tu lado, compartiendo cada uno de tus pensamientos, de tus alegr\u00edas y de tus triunfos? Si eres as\u00ed, vienes a ser como el que camina al amanecer al frente de una naci\u00f3n hacia el mediod\u00eda de la justicia, de la raz\u00f3n y de la sabidur\u00eda.<br \/>\n\u00bfEres un escritor que yergue ufanamente su cabeza por encima del vulgo, mientras su cerebro se empantana en el abismo del pasado, lleno de andrajos y desechos in\u00fatiles de las edades?. Si es as\u00ed, eres como un charco de agua estancada, \u00bfO eres uno de esos pensadores profundos que escudri\u00f1an su yo interior, eliminando lo que es in\u00fatil, gastado y malo, para quedarse \u00fanicamente con lo que es \u00fatil y bueno? En ese caso, eres man\u00e1 para el hambriento y agua clara y fresca para el sediento.<br \/>\n\u00bfEres un poeta lleno de ruido y vac\u00edo de ecos musicales? Entonces eres como uno de esos payasos que nos hacen re\u00edr cuando lloran y nos hacen llorar cuando r\u00eden.<br \/>\n\u00bfO eres una de esas almas privilegiadas en cuyas manos ha puesto Dios un la\u00fad para que solaces el esp\u00edritu de los hombres con sones celestes y lleves a tus pr\u00f3jimos hacia la Vida y la Belleza de la Vida? Si te cabe esa suerte, eres como una antorcha que ilumina nuestro camino, una dulce inspiraci\u00f3n para nuestros tristes corazones y una revelaci\u00f3n de lo divino en nuestros sue\u00f1os.<br \/>\nPor lo tanto, la humanidad est\u00e1 dividida en dos largas hileras, una integrada por los ancianos y tullidos, que se apoyan en d\u00e9biles bastones y van jadeando al avanzar por el camino de la Vida como si estuviesen escalando la cumbre de una monta\u00f1a cuando, en realidad est\u00e1n descendiendo al abismo.<br \/>\nY la otra hilera est\u00e1 integrada por j\u00f3venes que parecen correr con alas en los pies, cantando como si tuviesen cuerdas argentinas en sus gargantas y ascienden hacia las cumbres como arrastrados por alg\u00fan poder m\u00e1gico e irresistible.<br \/>\n\u00bfA cu\u00e1l de estos dos grupos pertenec\u00e9is, hermanos m\u00edos? Formulaos vosotros mismos esta pregunta, cuando est\u00e9is solos en el silencio de la noche.<br \/>\nJuzgad por vosotros mismos si pertenec\u00e9is a los Esclavos del Ayer o a los Hombres Libre del Ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Y Almuhtada se volvi\u00f3 a su retiro y no se dio a ver en muchos meses, porque se entreg\u00f3 a la lectura y a la reflexi\u00f3n de las sabias palabras que su Maestro dejara escritas en los pergaminos de que lo hizo heredero. Aprendi\u00f3 mucho, sobre todo muchas cosas que jam\u00e1s hab\u00eda o\u00eddo de los labios de su Maestro y de las cuales no ten\u00eda la menor idea. Hizo voto de no abandonar la ermita hasta haber estudiado y dominado a fondo cuanto el Maestro hab\u00eda dejado en la tierra, para pod\u00e9rselo comunicar, a sus conciudadanos. De esta manera Almuhtada se impuso en las doctrinas de su Maestro, olvidado de s\u00ed mismo y de cuanto lo rodeaba, as\u00ed como de todos aquellos hombres que hab\u00edan escuchado su palabra en los mercados y calles de Beirut.<br \/>\nEn vano intentaron sus seguidores localizarlo y llegar hasta donde estaba, cuando empezaron a preocuparse por su suerte. El mismo gobernador del Monte dirigi\u00e9ndose a los funcionarios del estado, se encontr\u00f3 con que declinaba tal honor con el mensaje siguiente:<br \/>\n&#8220;Volver\u00e9 pronto a verte y traer\u00e9 un mensaje especial para todo el pueblo.&#8221;<br \/>\nEl gobernador decret\u00f3 que todos los ciudadanos saliesen a recibir a Almuhtada el d\u00eda que iba a aparecer en p\u00fablico, para darle la bienvenida con todo g\u00e9nero de honores en sus casas, en las iglesias, mezquitas, sinagogas y centros de estudio y que estuviesen dispuestos a escuchar con reverencia sus palabras, porque su voz era la voz del Profeta.<br \/>\nEl d\u00eda en que por fin sali\u00f3 Almuhtada de su retiro para dar comienzo a su misi\u00f3n se convirti\u00f3 en una jornada de regocijo y celebraci\u00f3n popular. Almuhtada se expres\u00f3 con toda libertad y sin rebuscamientos ni rodeos de ning\u00fan g\u00e9nero, predic\u00f3 el evangelio del amor y de la hermandad. Nadie se atrevi\u00f3 a amargarlo siquiera con el destierro del pa\u00eds, ni con las excomuniones de la Iglesia. \u00a1Cu\u00e1n otro hab\u00eda sido el sino triste de su Maestro, al cual hab\u00edan desterrado y excomulgado, sin otorgarle un perd\u00f3n eventual y sin volverlo a llamar de su exilio!<br \/>\nLa voz de Almuhtada reson\u00f3 bajo los cielos de todo el L\u00edbano. Pasando el tiempo, sus palabras se imprimieron en un libro en forma de.ep\u00edstolas, que se distribuy\u00f3 por la Antigua Fenicia y otros pa\u00edses \u00e1rabes. Algunas de las ep\u00edstolas estaban redactadas con las palabras mismas del Maestro; pero otras fueron rescatadas por Maestro y Disc\u00edpulo de vol\u00famenes antiguos de sabidur\u00eda y tradiciones populares.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>LA VOZ DEL MAESTRO<\/p>\n<p>1. DE LA VIDA<\/p>\n<p>La Vida es una isla en un oc\u00e9ano de soledad, una isla cuyos macizos de rocas son esperanza, cuyos \u00e1rboles son sue\u00f1o, cuyas flores son soledad y cuyos arroyuelos son sed.<br \/>\nVuestra vida, hombres compa\u00f1eros m\u00edos, es una isla separada de todas las dem\u00e1s islas y regiones. Por muchas que sean las naves qu\u00e9 zarpan de vuestras costas rumbo a otros climas, por muchas que sean las embarcaciones que tocan vuestras playas, segu\u00eds siendo una isla solitaria que adolece de las angustias de la soledad y de ansia de felicidad. Sois desconocido para vuestros semejantes y est\u00e1is muy lejos de su simpat\u00eda y de su comprensi\u00f3n.<br \/>\nHermano m\u00edo, yo te he visto sentado sobre tu monta\u00f1a dorada, regode\u00e1ndote en tus riquezas, ufano de tus tesoros y seguro en tu fe ciega de que cada pu\u00f1ado de oro qu\u00e9 has amasado constituye un eslab\u00f3n invisible que une los deseos y pensamientos de los dem\u00e1s hombres con los tuyos.<br \/>\nTe he visto con los ojos de mi mente como a un gran conquistador que acaudillase sus tropas, empe\u00f1ado en destruir las fortalezas de sus enemigos. Pero, al mirarte de nuevo, no he encontrado m\u00e1s que un coraz\u00f3n solitario anclado en tus arcones, un p\u00e1jaro sediento encerrado en una jaula dorada, con su vasija de agua vac\u00eda.<br \/>\nTe he visto, hermano m\u00edo, encaramado al trono de la gloria, mientras tu pueblo te rodeaba aclamando tu majestad, cantando las glorias de tus grandes haza\u00f1as, encomiando tu sabidur\u00eda y alzando hacia ti sus ojos con la expresi\u00f3n de quien mira a un profeta, exultantes y jubilosos sus esp\u00edritus hasta el mismo pabell\u00f3n de los cielos.<br \/>\nY cuando paseabas la mirada sobre tus s\u00fabditos, observ\u00e9 en tu faz las se\u00f1ales de la felicidad y del poder y del triunfo, como si fueses t\u00fa el alma de su cuerpo.<br \/>\nPero, al volver a mirarte, he aqu\u00ed que te encontr\u00e9 solo en tu soledad, de pie junto a tu trono, como un desterrado que alarga su mano en todas direcciones, suplicando compasi\u00f3n y piedad a espectros invisibles, mendigando albergue, aunque s\u00f3lo haya dentro de \u00e9l un poco de calor y amistad.<br \/>\nTe he visto, hermano m\u00edo, enamorado de una hermosa mujer, entregando el coraz\u00f3n ante el altar de su belleza. Cuando sorprend\u00ed la mirada de ternura y amor maternal que te lanzaba, me dije: &#8220;\u00a1Viva el Amor que ha desterrado la soledad de este hombre y ha unido su coraz\u00f3n con otra!&#8221; Pero, cuando levant\u00e9 nuevamente hacia ti mis ojos, vi dentro de tu amante coraz\u00f3n otro coraz\u00f3n solitario, derramando en vano amargas l\u00e1grimas por revelar sus secretos a una mujer; y tras tu alma transida de amor, otra alma solitaria que era como una nube vagarosa, deseaba en vano disolverse en l\u00e1grimas que anegasen los ojos de tu amada.<br \/>\nTu vida, hermano m\u00edo, es una morada solitaria separada de las viviendas de los dem\u00e1s hombres. Es una casa en cuyo interior no puede penetrar la mirada del vecino. Si se hundie se en las tinieblas, la l\u00e1mpara de tu vecino no podr\u00eda alumbrarla. Si estuviese vac\u00eda de provisiones, no podr\u00edan llenarla las despensas de tus vecinos. Si estuviese en un desierto, no podr\u00edas pasar a los jardines de los dem\u00e1s hombres, labrados y cuidados por otras manos. Si se levantase en la cumbre de una monta\u00f1a, no podr\u00edas bajarla al valle hollado por los pies de otros hombres.<br \/>\nEl esp\u00edritu de tu vida, hermano m\u00edo, est\u00e1 asediado por la soledad y si no fuese por esa soledad y ese abandono, t\u00fa no ser\u00edas t\u00fa, ni yo ser\u00eda yo. De no ser por esta soledad y este abandono desolado, llegar\u00eda a creer, al o\u00edr tu voz, que era la m\u00eda; y al ver tu rostro, que era yo mismo mir\u00e1ndome en un espejo.<\/p>\n<p>2. M\u00c1RTIRES DE LA LEY DEL HOMBRE<\/p>\n<p>\u00bfHas nacido acaso en la cuna del dolor y criado en el regazo de la desventura y en la casa de la opresi\u00f3n? \u00bfEst\u00e1s comiendo un mendrugo seco, humedecido s\u00f3lo con tus l\u00e1grimas ?<br \/>\n\u00bfEres un soldado a quien la dura ley del hombre obliga a abandonar a tu esposa y a tus hijos, para lanzarte al campo de batalla a defender la Avaricia, que tus gobernantes llaman falsamente Deber?<br \/>\n\u00bfEres un poeta contento con las migajas de la vida, feliz con tu posesi\u00f3n de pergamino y tinta, que habitas como un extranjero en tu patria, desconocido para tus semejantes?<br \/>\n\u00bfEres un prisionero, aherrojado en oscura celda por alg\u00fan delito insignificante y condenado por quienes tratan de reformar al hombre, corrompi\u00e9ndole?<br \/>\n\u00bfEres una joven a la que Dios ha otorgado el don de la belleza, pero v\u00edctima de la torpe licencia del rico que te enga\u00f1\u00f3 y compr\u00f3 tu cuerpo, pero no tu coraz\u00f3n y te abandon\u00f3 a la miseria y a la desgracia?<br \/>\nSi eres uno de estos seres, eres m\u00e1rtir de la ley del hombre. Eres un desdichado y tu desdicha es fruto de la iniquidad del fuerte y de la injusticia del tirano, de la brutalidad del rico y del ego\u00edsmo del libertino y del avaro.<br \/>\n\u00a1Animo, dolientes amados m\u00edos, porque tras este mundo de materia hay un Gran Poder, un Poder que es todo justicia, misericordia, piedad y amor!<br \/>\nSois como una flor que crece a la sombra; la suave brisa llega y se lleva nuestra semilla a la luz del Sol, donde volver\u00e9is a vivir en la belleza.<br \/>\nSois como el \u00e1rbol desnudo que se encorva bajo las nieves del invierno. \u00a1Llegar\u00e1 la Primavera y extender\u00e1 sobre vosotros sus lozanas ropas verdes! \u00a1Y la Verdad rasgar\u00e1 el velo de l\u00e1grimas que oculta nuestra brisa! Yo os meto dentro de m\u00ed, afligidos hermanos m\u00edos, yo os amo y desprecio a vuestros opresores.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>GIBR\u00c1N KHALIL GIBR\u00c1N LA VOZ DEL MAESTRO (1959) I EL MAESTRO Y EL DISC\u00cdPULO 1. VIAJE DEL MAESTRO A VENECIA Y sucedi\u00f3 que el Disc\u00edpulo vio al Maestro pasear en silencio arriba y abajo del jard\u00edn, y en su p\u00e1lido semblante mostr\u00e1banse se\u00f1ales de profunda .tristeza. 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