{"id":2939,"date":"2008-12-30T20:47:07","date_gmt":"2008-12-30T20:47:07","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=2939"},"modified":"2008-12-30T20:47:07","modified_gmt":"2008-12-30T20:47:07","slug":"\u00bfcu\u00e1l-es-la-situaci\u00f3n-del-empleo-en-las-regiones-ind\u00edgenas?--2939","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=2939","title":{"rendered":"\u00bfCu\u00e1l es la situaci\u00f3n del empleo en las regiones ind\u00edgenas?   -2939"},"content":{"rendered":"<p>23.- \u00bfCu\u00e1l es la situaci\u00f3n del empleo en las regiones ind\u00edgenas?<br \/>\n\u00a0<br \/>\nLos p\u00e1rrafos en negro se refieren a: &#8221; Mujer y Familia &#8221;<\/p>\n<p>&#8220;La situaci\u00f3n negativa del mercado de trabajo y la pobreza en el pa\u00eds no son exclusivas de los ind\u00edgenas, aunque s\u00ed se exacerban entre ellos y est\u00e1n extendidas a lo largo y ancho del pa\u00eds; las causas son m\u00faltiples, algunas compartidas entre los ind\u00edgenas y los no ind\u00edgenas, como el ser v\u00edctimas del rezago del sector agropecuario, el cual fue sacrificado para financiar el proceso de industrializaci\u00f3n y &#8216;la modernidad del pa\u00eds&#8217;.<\/p>\n<p>&#8220;En las zonas ind\u00edgenas, la participaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n masculina es superior a la registrada en el conjunto nacional; en edades extremas tambi\u00e9n es superior en las zonas ind\u00edgenas: trabajan desde ni\u00f1os hasta el fin de sus d\u00edas. La emigraci\u00f3n de personas de zonas ind\u00edgenas en edades adultas afecta negativamente las tasas de participaci\u00f3n en su lugar de origen, lo cual es compensado con el trabajo infantil.<\/p>\n<p>&#8220;El trabajo infantil no es secundario, debido al n\u00famero de horas diarias que laboran los ni\u00f1os y las ni\u00f1as, y a que la mayor\u00eda lo hace todo el a\u00f1o. El trabajo en edades tempranas inhibe la asistencia escolar e hipoteca su futuro, ya que en el mercado laboral siempre estar\u00e1n en desventaja.<\/p>\n<p>&#8220;La estructura econ\u00f3mica de las zonas ind\u00edgenas est\u00e1 dominada por la agricultura minifundista, con trabajadores involucrados directamente en la producci\u00f3n con una divisi\u00f3n del trabajo poco especializada. La preponderancia de la actividad agropecuaria entre los hombres, absorbe tres cuartas partes del total de ocupados y les deja poco tiempo para otras actividades. Entre las mujeres, la agricultura es predominante, pero algo m\u00e1s de la mitad se dedica a las manufacturas, seguidas del comercio; muchas de estas actividades tienen poca posibilidad de desarrollarse para trascender a mercados regionales m\u00e1s amplios. Sin embrago, el potencial de la industria de los textiles, el cuero, el vestido y la alfarer\u00eda, son campos en los cuales se pueden adoptar medidas de fomento para adquirir insumos de alta calidad, para que su producci\u00f3n llegue a los mercados nacionales internacionales, lo cual es la base para mejorar sus condiciones de trabajo.<\/p>\n<p>&#8220;Las condiciones de trabajo de la poblaci\u00f3n ind\u00edgena son lacerantes, adem\u00e1s de los baj\u00edsimos ingresos -la mitad de la poblaci\u00f3n gana como m\u00e1ximo un peso por hora trabajada- no cuenta con seguridad social o alguna otra prestaci\u00f3n, trabaja en microunidades econ\u00f3micas precarias, sin posibilidades de aumentar su productividad o tener capacidad para negociar mejores t\u00e9rminos de intercambio comercial dado el marco jur\u00eddico y las pol\u00edticas econ\u00f3micas existentes.<\/p>\n<p>&#8220;De los elementos comunes para todos los pobres, a los ind\u00edgenas se les suma la marginaci\u00f3n basada en criterios \u00e9tnicos, en una cultura colonialista dominante. Su resistencia para no perder su identidad ha tenido elevados costos; sin embargo, ha dado frutos. El Estado no logr\u00f3 desaparecerlos; por el contrario, su lucha constante ha fructificado en la necesidad de reconocerlos, de aceptarlos como parte de un Estado heterog\u00e9neo.&#8221; (PEDRERO NIETO, 2002a: 160-161).<\/p>\n<p>El texto anterior sintetiza el an\u00e1lisis del empleo en zonas ind\u00edgenas llevado a cabo por Mercedes Pedrero Nieto a partir de los datos de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE, 1997) y, sobre todo, de la Encuesta Nacional de Empleo en Zonas Ind\u00edgenas (ENEZI, 1997).[5] La ENEZI abarc\u00f3 un total de 3,709,579 personas de 10 regiones escogidas por su alta concentraci\u00f3n de poblaci\u00f3n ind\u00edgena, en las que se hablaban 41 lenguas. La informaci\u00f3n que consignamos a continuaci\u00f3n ha sido extra\u00edda delas publicaciones respectivas (PEDRERO NIETO, 2002a y 2002b). No nos detendremos demasiado en el tipo de actividades, remitiendo al lector al apartado sobre recursos para el desarrollo de los pueblos ind\u00edgenas, extendiendo la informaci\u00f3n sobre aspectos que pocas veces se registran y estudian, como lo es la relaci\u00f3n entre trabajo y asistencia escolar.<\/p>\n<p>Como en otras zonas del pa\u00eds, en las regiones ind\u00edgenas participan en la actividad econ\u00f3mica tanto los hombres como las mujeres. La poblaci\u00f3n ocupada que registr\u00f3 la ENEZI (1,485,885) mostr\u00f3 una distribuci\u00f3n por sexos en donde los hombres ocupados (1,029,905) duplicaron largamente al de las mujeres ocupadas (455,980), con una distinci\u00f3n que abarca tambi\u00e9n al tipo de actividades realizadas por unos y otras; el trabajo infantil ind\u00edgena es m\u00e1s com\u00fan que en otros contextos nacionales. Por lo dem\u00e1s, la investigaci\u00f3n muestra que el trabajo femenino incluye actividades que no se consideran econ\u00f3micas en los est\u00e1ndares internacionales, pero que requieren de la fuerza de trabajo de las mujeres y que s\u00ed impactan econ\u00f3micamente, especialmente en el autoconsumo: desgranar y secar semillas, producci\u00f3n av\u00edcola, etc\u00e9tera, o recolectar le\u00f1a y agua. Al comparar el trabajo de las mujeres con las medias nacionales, la ENEZI mostr\u00f3 una &#8220;mayor participaci\u00f3n entre las ind\u00edgenas ni\u00f1as y las adultas mayores de 50 a\u00f1os&#8221;; en cambio, entre los 22 y los 44 a\u00f1os &#8220;la participaci\u00f3n de las mujeres en zonas ind\u00edgenas es m\u00e1s baja que la participaci\u00f3n de las mujeres urbanas.&#8221;<\/p>\n<p>El hecho de que las mujeres ind\u00edgenas de un amplio espectro de edades tenga una alta participaci\u00f3n en el trabajo obedece a m\u00faltiples razones: &#8220;la compensaci\u00f3n ante la emigraci\u00f3n masculina; la b\u00fasqueda de recursos monetarios complementarios de varios miembros de la familia para integrar el presupuesto familiar; los patrones culturales de algunos grupos ind\u00edgenas en los cuales las mujeres han tenido tradicionalmente un papel destacado en la econom\u00eda familiar, o todas estas causas a la vez y otras m\u00e1s.&#8221;<\/p>\n<p>Las cifras del trabajo infantil son significativas de la integraci\u00f3n temprana y forzosa de los ni\u00f1os: 65% labora 12 meses al a\u00f1o, 22% lo hace de seis a 11 meses; los dem\u00e1s, menos de seis meses; 67% en forma permanente y 31% en forma temporal.<\/p>\n<p>La investigaci\u00f3n demuestra que &#8220;el mito de grandes temporadas de tiempo muerto en el campo no se registra en la poblaci\u00f3n masculina.&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;La incorporaci\u00f3n temprana al trabajo implica tanto aspectos positivos como negativos, todo depende de la forma e intensidad con que se desarrolle. Es casi imposible que una persona que no haya nacido en el campo se dedique a actividades agropecuarias; los conocimientos y valores adquiridos en el seno de la unidad productiva son dif\u00edciles de obtener en la escuela. Por el contrario, la transici\u00f3n hacia otros sectores es m\u00e1s f\u00e1cil. En este sentido, el trabajo infantil en el campo es el semillero, para que sigan existiendo trabajadores agropecuarios; es decir, el trabajo infantil s\u00f3lo se justifica como estrategia de formaci\u00f3n y capacitaci\u00f3n. Sin embargo, cuando las tareas implican largas jornadas de trabajo a costa de su asistencia escolar y un fuerte desgaste, no s\u00f3lo es un problema de justicia social para el menor, significa que su vida la inicia con desventajas que dif\u00edcilmente podr\u00e1 superar, justo en un mundo que cada d\u00eda demanda mayor capacidad de adaptaci\u00f3n y aprendizaje ante la diversificaci\u00f3n de las actividades econ\u00f3micas y los cambios tecnol\u00f3gicos.&#8221; Este fen\u00f3meno impacta la asistencia y permanencia en la escuela, y revela la incorporaci\u00f3n tard\u00eda y la deserci\u00f3n de los ni\u00f1os ind\u00edgenas. Pese a los avances en materia de escolaridad en el pa\u00eds, &#8220;la incorporaci\u00f3n de los ni\u00f1os ind\u00edgenas al sistema educativo es tard\u00eda, como lo indica la alta proporci\u00f3n de ni\u00f1os entre seis y 11 a\u00f1os sin escolaridad (35.2por ciento). La proporci\u00f3n sin escolaridad del grupo con edades entre 12 y 14 a\u00f1os es de 7.7 por ciento. Pero, a juzgar por los datos sobre asistencia escolar, no deber\u00eda ser tan alto el porcentaje de &#8216;sin instrucci\u00f3n&#8217;, pues la mayor\u00eda de los menores asiste a la escuela, el 89 por ciento de los que tienen entre seis y 11 a\u00f1os y el 86 por ciento de los de edades comprendidas entre los 12 y los 14 a\u00f1os. Quiz\u00e1s el alto porcentaje del primer grupo sin instrucci\u00f3n se debe a que a\u00fan no ha concluido un a\u00f1o de primaria y lo est\u00e1 cursando.<\/p>\n<p>&#8220;Si bien la mayor\u00eda de los ni\u00f1os y de las ni\u00f1as asisten a la escuela, no deber\u00eda quedar uno solo sin hacerlo. Hay diferencias de g\u00e9nero y por condici\u00f3n de actividad, esto es, si desempe\u00f1an una actividad econ\u00f3mica o no lo hacen. Entre los no ocupados, la diferencia s\u00f3lo es de 1.6 puntos porcentuales a favor de las mujeres; 87.2 por ciento de los ni\u00f1os asiste frente a 88.8 de las ni\u00f1as. Sin embargo, en el grupo de 12 a 14 a\u00f1os la diferencia se revierte y alcanza los 18 puntos porcentuales a favor de los hombres: 97 de los ni\u00f1os asiste frente a 78.9 de las ni\u00f1as. Entre los ocupados de seis a 11 a\u00f1os, 14 por ciento de las ni\u00f1as no asiste frente a 9 por ciento de los ni\u00f1os; entre los 12 y 14 a\u00f1os las diferencias se agudizan: las proporciones correspondientes de quienes no asisten representan 45 por ciento de las mujeres frente a 25 por ciento de los hombres. Esto indica que la subestimaci\u00f3n sobre la importancia de la educaci\u00f3n de las mujeres prevalece.&#8221; (&#8230;)<\/p>\n<p>&#8220;Las cifras sobre actividad econ\u00f3mica de una poblaci\u00f3n son un p\u00e1lido reflejo de lo que en realidad es el esfuerzo individual y colectivo que realiza para poder sobrevivir y de la gran riqueza del quehacer humano. En particular, entre los pueblos ind\u00edgenas cobran especial importancia aquellas actividades que les permiten mantener su cohesi\u00f3n cultural. Estas actividades adicionales escapan al registro estad\u00edstico empleado en las encuestas masivas que utilizan criterios uniformes y definen s\u00f3lo una actividad como la principal. Bajo esta perspectiva, si no se hace un esfuerzo espec\u00edfico para captar toda la gama de actividades que puede realizar una persona, es com\u00fan encontrar que la mayor\u00eda de los hombre son s\u00f3lo agricultores y las mujeres, amas de casa; ello no es faltar a la verdad, es muy probable que lo sean, pero adicionalmente realizan otras actividades tanto o m\u00e1s importantes desde el punto de vista econ\u00f3mico y social que los roles antes aludidos. Por ejemplo: parteras, ceramistas, m\u00fasicos, etc\u00e9tera.&#8221;(&#8230;)<\/p>\n<p>&#8220;En cuanto al lugar de trabajo, m\u00e1s de 80 por ciento de la poblaci\u00f3n ocupada en las zonas ind\u00edgenas trabaja en un lugar precario (que comprende la parcela, el propio domicilio o la calle). S\u00f3lo 10 por ciento labora en establecimientos formales [administraci\u00f3n p\u00fablica, servicios educativos y de salud]. Si separamos a la poblaci\u00f3n ind\u00edgena de la no ind\u00edgena se observa mayor concentraci\u00f3n de los ind\u00edgenas en lugares definidos como precarios. (&#8230;) La precariedad de las unidades productivas est\u00e1 directamente ligada a la falta de prestaciones; aunque no es privativo de ellas porque aun en los establecimientos muy formales, incluyendo los del gobierno, se les escamotean las prestaciones b\u00e1sicas a gran n\u00famero de trabajadores. En las zonas ind\u00edgenas, 92.7 por ciento de la poblaci\u00f3n ocupada no cuenta con ninguna prestaci\u00f3n. El restante 7.2 por ciento de los trabajadores que tiene alguna prestaci\u00f3n cuenta con seguridad social combinada con alguna otra como vacaciones pagadas o aguinaldo; al respecto no hay diferencias entre hombres y mujeres.&#8221;(&#8230;)<\/p>\n<p>&#8220;En cuanto a la poblaci\u00f3n ocupada que respondi\u00f3 a la pregunta sobre ingresos obtenidos por su trabajo, se puede observar -a partir de los ingresos mensuales obtenidos expresados en rangos de salarios m\u00ednimos- que en el conjunto nacional 16 por ciento no recibe ingresos y que una quinta parte de la poblaci\u00f3n femenina se encuentra en esta situaci\u00f3n. En las \u00e1reas menos urbanizadas, donde predomina el sector primario, la proporci\u00f3n de quienes no reciben ingresos es m\u00e1s elevada. Llega a ser de 29 por ciento entre las mujeres y de 24 por ciento entre los hombres. En las zonas ind\u00edgenas la situaci\u00f3n es m\u00e1s dram\u00e1tica, pues m\u00e1s de una tercera parte del total de los ocupados (34 por ciento) no recibe ingresos; entre las mujeres sobrepasa la mitad (53 por ciento), en el caso de los hombres comprende una cuarta parte. Por otro lado, 14 por ciento del conjunto de ambos sexos declara haber recibido pago en especie; entre los hombres 19 por ciento y entre las mujeres cerca de 2 por ciento.<\/p>\n<p>&#8220;Si consideramos la distribuci\u00f3n acumulada para conocer las proporciones de quienes est\u00e1n por debajo de los \u00edndices de pobreza tenemos que quienes reciben menos de un salario m\u00ednimo, incluyendo a quienes no reciben ingreso alguno, constituyen el 37 por ciento. Como era de esperarse, si se consideran las diferencias entre hombres y mujeres, ellas presentan mayor concentraci\u00f3n en esta categor\u00eda, llegando a 49 por ciento; sin embargo, los hombres no est\u00e1n en jauja, ya que la proporci\u00f3n de los que reciben menos de un salario m\u00ednimo es de 32 por ciento.&#8221; (PEDRERO NIETO, 2002a:143-149). Adem\u00e1s, nueve de cada 10 trabajadores de las zonas ind\u00edgenas reciben menos de dos salarios m\u00ednimos.<\/p>\n<p>[5] Proyecto realizado por INI-INEGI-PNUD-OIT-SEDESOL-STPS. La investigaci\u00f3n de Pedrero Nieto -una de las pocas sobre el tema y, por lo dem\u00e1s, de excelente calidad- fue publicada en Papeles de Poblaci\u00f3n (N\u00b0 31) y en Estado del desarrollo econ\u00f3mico y social de los pueblos ind\u00edgenas de M\u00e9xico. Segundo informe, INI-PNUD, 2002. La autora alude a datos sobre el trabajo de ni\u00f1os entre 6 y 14 a\u00f1os que formaron parte de un m\u00f3dulo especial de la ENEZI, pero que las autoridades del INEGI, en acuerdo con la STPS, decidieron no publicar, aludiendo a que la muestra no era comparable con la de la ENE (La ENE capta informaci\u00f3n de poblaci\u00f3n de 12 a\u00f1os y m\u00e1s). La promesa verbal, hecha a las autoridades del INI de que la informaci\u00f3n ser\u00eda motivo de una publicaci\u00f3n especial, nunca se concret\u00f3. (C. Z.)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>23.- \u00bfCu\u00e1l es la situaci\u00f3n del empleo en las regiones ind\u00edgenas? \u00a0 Los p\u00e1rrafos en negro se refieren a: &#8221; Mujer y Familia &#8221; &#8220;La situaci\u00f3n negativa del mercado de trabajo y la pobreza en el pa\u00eds no son exclusivas de los ind\u00edgenas, aunque s\u00ed se exacerban entre ellos y est\u00e1n extendidas a lo largo y ancho del pa\u00eds; las<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[82],"tags":[],"class_list":["post-2939","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-mujer-y-familia"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2939","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2939"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2939\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2939"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2939"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2939"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}