{"id":2581,"date":"2009-03-30T15:12:59","date_gmt":"2009-03-30T15:12:59","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=2581"},"modified":"2009-03-30T15:12:59","modified_gmt":"2009-03-30T15:12:59","slug":"etnopsicologia-y-estados-alterados-de-conciencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=2581","title":{"rendered":"Etnopsicologia y estados alterados de conciencia"},"content":{"rendered":"<p>escrito por Speziale, F.<br \/>\nlunes, 09 de mayo de 2005<br \/>\nUna individuaci\u00f3n adecuada y precisa de los \u00e1mbitos metodol\u00f3gicos y de contenido de la disciplina etnopsicol\u00f3gica, refiri\u00e9ndose espec\u00edficamente al estudio transcultural de los estados de conciencia, asume la forma de un proceso de computaci\u00f3n, es decir: un pensar juntas las cosas (Foerster, 1987), un pensar que manifiesta la compleja perspectiva interdisciplinaria que implica tal definici\u00f3n de los \u00e1mbitos de una disciplina de frontera como la etnopsicolog\u00eda. Aspecto clave de este proceso para la psicolog\u00eda es la afirmaci\u00f3n de la centralidad de la conciencia y de la variedad de sus estados, en funci\u00f3n de lo cual se propone una metodolog\u00eda de estudio transcultural.<br \/>\nLa perspectiva transcultural precisa una dimensi\u00f3n de an\u00e1lisis de ciertas sociedades y culturas tradicionales en que los estados no ordinarios de conciencia, de \u00e9xtasis y trance (1), son habitual y abundantemente usados, con funci\u00f3n expl\u00edcitamente terap\u00e9utica, en contextos definidos por el chamanismo y por las religiones ext\u00e1ticas.<br \/>\nUna vez adquirido definitivamente el rol de la conciencia como objeto primario de la psicolog\u00eda -adquisici\u00f3n reciente y, desde el punto de vista epistemol\u00f3gico, nada indoloro- se revela la importancia de la disciplina etnopsicol\u00f3gica para toda la psicolog\u00eda general, en virtud de su capacidad de restituirnos la autenticidad de esa dimensi\u00f3n de conocimiento y de experiencia que es la natural tendencia del hombre a experimentar las diferentes formas de su conciencia. Tal individuaci\u00f3n etnopsicol\u00f3gica, adem\u00e1s, querr\u00eda prestarse tambi\u00e9n a una lectura m\u00e1s amplia, tener una suerte de estructura a doble entrada, es decir: no s\u00f3lo ser una consideraci\u00f3n psicol\u00f3gica de algunos fen\u00f3menos antropol\u00f3gicos, sino tambi\u00e9n ofrecer a un \u00e1mbito de estudios etnol\u00f3gicos, definitivamente consciente de las insuficiencias causadas por el reduccionismo psiqui\u00e1trico y psicoanal\u00edtico (basado en el uso m\u00e1s o menos apropiado del vocabulario psicopatol\u00f3gico), un modelo interpretativo lo suficientemente abierto, complejo y articulado, como para abarcar la riqueza del fen\u00f3meno que se quiere observar. En primer lugar es entonces oportuno aclarar la relaci\u00f3n que la disciplina etnopsicol\u00f3gica tiene con la etnopsiquiatr\u00eda y el etnopsicoan\u00e1lisis.<\/p>\n<p>Etnopsiquiatr\u00eda y Etnopsicoan\u00e1lisis <\/p>\n<p>Producto fundamental del encuentro de la materia antropol\u00f3gica con la psiquiatr\u00eda y el psicoan\u00e1lisis es la reducci\u00f3n de las religiones ext\u00e1ticas, el chamanismo, y hasta de las mismas culturas que lo manifiestan, a verdaderos manicomios institucionalizados para primitivos. En los escritos etnopsiqui\u00e1tricos el \u00e9xtasis y el trance se vuelven sin\u00f3nimos de histeria, neurosis, psicosis, epilepsia o esquizofrenia, seg\u00fan el caso (para una rese\u00f1a completa de estos estudios v\u00e9ase Eliade, 1974 y Lewis, 1972). Pero la legitimaci\u00f3n te\u00f3rica m\u00e1s significativa del uso del reduccionismo psicopatol\u00f3gico es obra del psicoan\u00e1lisis. Elemento central de tal legitimaci\u00f3n es la famosa \u0093ecuaci\u00f3n de identidad\u0094 de Freud entre ni\u00f1o = neur\u00f3tico = primitivo (Freud, 1953), cuyas vastas implicaciones ser\u00e1n luego desarrolladas por Roheim (1972) y Devereux (1978). A partir de la tesis de Roheim sobre la unidad ps\u00edquica de la humanidad que sanciona la validez metacultural y universal del an\u00e1lisis psicoanal\u00edtico de las culturas, Devereux afirma que la psicosis del cham\u00e1n no es en realidad otra cosa que la manifestaci\u00f3n de una estructura psicopatol\u00f3gica que implica toda la organizaci\u00f3n de las sociedades tradicionales.<br \/>\nNo obstante que numerosos etn\u00f3logos e historiadores de las religiones hayan puesto radicalmente en discusi\u00f3n la validez del an\u00e1lisis psicopatol\u00f3gico, \u00e9ste permanece todav\u00eda bastante difundido, y muchas veces se considera como el \u00fanico instrumento interpretativo de la teor\u00eda antropol\u00f3gica de las religiones ext\u00e1ticas por parte de la psiquiatr\u00eda y el psicoan\u00e1lisis.<br \/>\nLlegado a este punto, es esencial aclarar c\u00f3mo una adecuada individuaci\u00f3n de la etnopsicolog\u00eda debe pasar imprescindiblemente a trav\u00e9s de la afirmaci\u00f3n de la completa inadecuaci\u00f3n del reduccionismo psicopatol\u00f3gico cuando se trata de desarrollar un an\u00e1lisis intercultural de los estados modificados de conciencia (EMC). Una adecuada explicitaci\u00f3n de los presupuestos epistemol\u00f3gicos en que se basa el reduccionismo psicopatol\u00f3gico, inevitablemente lo reducen a una construcci\u00f3n proyectiva y etnoc\u00e9ntrica.<br \/>\nEsto no significa negar la existencia de la enfermedad mental dentro de otras culturas, sino que se trata de notar simplemente, como dec\u00eda Maslow, que si el \u00fanico instrumento que se tiene es un martillo, entonces todo comienza a parecer un clavo. Los EMC, el \u00e9xtasis y el trance, en el marco de las teor\u00edas etnopsiqui\u00e1tricas y etnopsicoanal\u00edticas, no tienen derecho a ning\u00fan relieve conceptual aut\u00f3nomo, sino que deben ser reconducidos a un modelo explicativo diferente, que no ofrece una explicaci\u00f3n basada en los t\u00e9rminos de la elecci\u00f3n de d\u00f3nde tales comportamientos deben ser situados dentro de un continuum normalidad-patolog\u00eda; dando por descontada la ausencia de dudas a prop\u00f3sito de la elecci\u00f3n de tal colocaci\u00f3n.<br \/>\nEs posible relevar una dificultad intr\u00ednseca de los modelos etnopsiqui\u00e1trico y etnopsicoanal\u00edtico al tratar ciertos aspectos determinantes y culturales del \u00e9xtasis y del trance, debida esencialmente a la no disponibilidad en las teor\u00edas psiqui\u00e1trica y psicoanal\u00edtica de referencias a categor\u00edas conceptuales que ofrezcan sobre tales fen\u00f3menos hip\u00f3tesis interpretativas alternativas a la regresi\u00f3n y a la disociaci\u00f3n del Yo &#8211; el martillo de Maslow.<\/p>\n<p>Fenomenolog\u00eda del \u00e9xtasis y aspectos epistemol\u00f3gicos de la disciplina etnopsicol\u00f3gica<\/p>\n<p>Un aspecto definitorio central de la vivencia cham\u00e1nica, y objeto privilegiado del reduccionismo psiqui\u00e1trio, es la clara tendencia del \u00e9xtasis a inducir cierta permeabilidad de los confines del yo, lo que lleva a la propuesta de adopci\u00f3n de un modelo etnopsicol\u00f3gico capaz de comprender la peculiaridad de tal proceso de superaci\u00f3n de los l\u00edmites de sistemas psicol\u00f3gicos, franqueando la controversia normalidad-patolog\u00eda. Y m\u00e1s exactamente ofreciendo de las religiones ext\u00e1ticas eso que Geertz (1987) llama una descripci\u00f3n orientada respecto a los actores; es decir una perspectiva etnopsicol\u00f3gica ampliada que integre en la propia teor\u00eda los contenidos mismos que el conocimiento ext\u00e1tico realiza seg\u00fan el saber tradicional de estas sociedades.<br \/>\nEsto en etnopsicolog\u00eda corresponde a una precisa y autoconsciente reflexi\u00f3n epistemol\u00f3gica, cuyo objetivo es la elaboraci\u00f3n de un modelo que, como dice Rorty (1986), asemeje mucho m\u00e1s a \u0093familiarizarse con la jerga del interlocutor, antes que traducirlo a la nuestra\u0094, y cuyos presupuestos pueden encontrase especialmente en la teor\u00eda de los juegos ling\u00fc\u00edsticos de Wittgenstein (1967), en el constructivismo antropol\u00f3gico de Vico (1816), en ciertas tesis del relativismo epistemol\u00f3gico (holismo, igualitarismo) de autores como Feyerabend (1973), en el paradigma de la complejidad (Morin, 1989; Bocchi y Ceruti, 1985) y en la hermen\u00e9utica antropol\u00f3gica de Geertz (1987).<br \/>\nAlgunos resultados particularmente relevantes de tales referencias epistemol\u00f3gicas en etnopsicolog\u00eda son: la consideraci\u00f3n de la reintegraci\u00f3n del rol del observador, formalizada en la transici\u00f3n desde una epistemolog\u00eda de los sistemas observados a una epistemolog\u00eda de los sistemas observantes (Foerster, 1987); la posibilidad de obviar una reducci\u00f3n del an\u00e1lisis intercultural a una construcci\u00f3n proyectiva de la realidad, a trav\u00e9s de la adopci\u00f3n de una model\u00edstica descriptiva del tipo \u0093como si\u0094 (Olivetti Belardinelli, 1974), que permita conceptualizar una fenomenolog\u00eda antropol\u00f3gica dada como un sistema complejo de partes interactuantes, del cual se vuelve posible describir par\u00e1metros como el estado de equilibrio, la relaci\u00f3n con el ambiente, los mecanismos de reequilibraci\u00f3n, etc.; la reivindicaci\u00f3n del rol de la interpretaci\u00f3n, de la analog\u00eda y de la met\u00e1fora con respecto a la absoluta pretensi\u00f3n de objetividad de la explicaci\u00f3n causal por parte del mecanicismo reduccionista.<br \/>\nLo que emerge de la fenomenolog\u00eda ext\u00e1tica en tal perspectiva ampliada -como una descripci\u00f3n orientada respecto a los actores- son los siguientes aspectos peculiares y determinantes: <\/p>\n<p>El \u00e9xtasis es una forma de conocimiento; del an\u00e1lisis de los contenidos de esta dimensi\u00f3n cognoscitiva proceden\u00a0 y c).<br \/>\nb)El conocimiento ext\u00e1tico es una dimensi\u00f3n de superaci\u00f3n de confines de los sistemas psicol\u00f3gicos. El viaje ext\u00e1tico es una t\u00e9cnica de comunicaci\u00f3n entre los diversos sistemas del ordenamiento del cosmos.<br \/>\nc)El ritual ext\u00e1tico es un proceso de reintegraci\u00f3n dentro de un orden m\u00e1s vasto.<\/p>\n<p>En cuanto al punto<br \/>\na), definir el \u00e9xtasis como una forma de conocimiento implica reconocerle un estatus que las sociedades tradicionales afirman expl\u00edcitamente y aun m\u00e1s: lo consideran una caracter\u00edstica fundamental de la experiencia ext\u00e1tica. Como se\u00f1ala Harner (1980), \u0093los chamanes son personas de conocimiento\u0094.<br \/>\nUna de las etimolog\u00edas propuestas para el t\u00e9rmino \u0093cham\u00e1n\u0094 deriva de la ra\u00edz tungusa \u0093Sa\u0094, que significa justamente \u0093conocer\u0094 (Walsh, 1989). Partiendo de una adecuada consideraci\u00f3n de la relaci\u00f3n entre \u00e9xtasis y conocimiento, puede orientarse una redefinici\u00f3n etnopsicol\u00f3gica del fen\u00f3meno, que supere el diagn\u00f3stico de delirio alucinatorio y se detenga en cambio sobre los contenidos de tal dimensi\u00f3n cognoscitiva, cuyo an\u00e1lisis permite relevar ulteriores aspectos contextuales del \u00e9xtasis, como son los punto\u00a0 y c).<br \/>\nEn cuanto al punto c): la consideraci\u00f3n del ritual ext\u00e1tico como proceso de integraci\u00f3n dentro de la armon\u00eda del cosmos es un modelo terap\u00e9utico ampliamente testimoniado, como se ve por ejemplo ya en Plat\u00f3n, cuando describe en detalle el trance dionis\u00edaco. Como precisa Geertz, se puede tener por definitivamente adquirido el hecho de que el ritual religioso \u0093proyecta im\u00e1genes de orden c\u00f3smico sobre el plano de la experiencia humana&#8230;, pero no existe la estructura te\u00f3rica que nos permita proveer un juicio anal\u00edtico al respecto\u0094 (Geertz, 1987).<br \/>\nLa posibilidad de formalizar este aspecto fundamental de las religiones ext\u00e1ticas es un elemento clave del modelo etnopsicol\u00f3gico. Tal formalizaci\u00f3n es esencialmente una met\u00e1fora del modelo cibern\u00e9tico de los sistemas autoorganizativos, o m\u00e1s correctamente, como dice Morin, autoecoorganizativos.<br \/>\nSeg\u00fan la definici\u00f3n de Foerster (1987), un sistema autoorganizativo es un sistema capaz de incrementar en el tiempo su propio orden; llamando R la unidad de medida del orden, esto puede ser expresado as\u00ed: ~R\/At>O.<br \/>\nSu utilizaci\u00f3n en este contexto pretende ser un modo de formalizar aquel aspecto del \u00e9xtasis cham\u00e1nico que es la capacidad de reestablecer el orden de las relaciones entre los hombres a trav\u00e9s del reconstituci\u00f3n de la armon\u00eda en la relaci\u00f3n entre hombre y cosmos. Lo que se intenta decir es que el conocimiento ext\u00e1tico del cham\u00e1n cumple, con respecto al grupo social de pertenencia, la funci\u00f3n de un proceso integrador de orden.<br \/>\nEsto equivale simplemente a la consideraci\u00f3n de cierto sistema social, en el que algunos miembros ritualizan la inducci\u00f3n de EMC, como un sistema capaz de ser autocorrectivo en funci\u00f3n del reestablecimiento del orden percibido por sus miembros como saludable, y en el que esta alteraci\u00f3n ritual desarrolla la funci\u00f3n de servomecanismo de tal proceso de autorregulaci\u00f3n.<br \/>\nPara ser m\u00e1s claros, la analog\u00eda cibern\u00e9tica es un modo de subrayar algunos elementos fundamentales dentro del rito ext\u00e1tico: la percepci\u00f3n subjetiva de malestar o bienestar de los miembros de un grupo social. Estos elementos son el punto de partida y el punto de llegada de un proceso en el cual el grupo, a trav\u00e9s de algunos de sus miembros especializados, activa ciertos comportamientos de eficacia garantizada para asegurar la transici\u00f3n desde el malestar percibido hacia el equilibrio, del desorden al orden. La capacidad de los miembros especializados en realizar tal transici\u00f3n a trav\u00e9s de formas no ordinarias de conciencia es una caracter\u00edstica fundamental del proceso.<br \/>\nSeg\u00fan Foerster, un v\u00ednculo de los sistemas autoorganizativos es encontrarse en perpetua interacci\u00f3n con un ambiente con orden y energ\u00eda disponibles. Lo que permite formalizar algunos ulteriores aspectos de la fenomenolog\u00eda ext\u00e1tica, en tanto descripci\u00f3n orientada respecto a los actores, es el hecho de que \u00e9sta, como proceso integrador de orden, funciona esencialmente en virtud de una estructura cosmol\u00f3gica que garantiza una relaci\u00f3n de intercambio continuo y m\u00faltiple entre sistema individual-social y orden c\u00f3smico.<br \/>\nEl \u00e9xtasis es una t\u00e9cnica de comunicaci\u00f3n que permite una ruptura de nivel entre diferentes sistemas de la estructura del universo en su centro: el axis mundi (Eliade 1974), viajando a trav\u00e9s del cual el cham\u00e1n puede generar la integraci\u00f3n de orden dentro del sistema individual-social por asimilaci\u00f3n del m\u00e1s vasto orden c\u00f3smico. El cham\u00e1n es un viajero c\u00f3smico que, seg\u00fan Walsh (1990), opera una ruptura de nivel entre las distintas zonas del cosmos y su canal de comunicaci\u00f3n. Se trata de una comunicaci\u00f3n in illo tempore abierta a todos hombres, pero es una prerrogativa del viaje ext\u00e1tico del cham\u00e1n, que transforma as\u00ed un ideograma cosmol\u00f3gico en una concreta vivencia experiencial.<br \/>\nLa autoecoorganizaci\u00f3n, como proceso integrador de orden en el sistema individual-social por asimilaci\u00f3n<br \/>\nc\u00f3smica, puede realizarse, seg\u00fan Morin(2), en virtud de una forma particular de relaci\u00f3n inclusiva (relaci\u00f3n hologram\u00e1tica) que liga la parte y el todo, el hombre y el cosmos.<br \/>\nSeg\u00fan Pribram (1978): \u0093en un holograma no hay un Yo opuesto a otra cosa&#8230;, nosotros tenemos en nosotros<br \/>\nmismos la representaci\u00f3n del todo&#8230; esto ya ha ocurrido en ciertas experiencias religiosas, pero ahora est\u00e1 destinado a volverse una experiencia cient\u00edfico-religiosa\u0094 que sobre todo nos permite considerar \u0093los informes verbales de las experiencias de los sujetos como datos\u0094.<br \/>\nEs en virtud de esta relaci\u00f3n de orden implicado, la que para el cham\u00e1n es una vivencia real, experimentada, que las religiones ext\u00e1ticas celebran la m\u00e1s amplia ecolog\u00eda de un universo de participaci\u00f3n: \u0093para el cham\u00e1n todo es sacro, interconectado e interdependiente, todas las criaturas son parte de una gran red de la vida que mantiene las cosas en armon\u00eda\u0094 (Walsh, 1990).<br \/>\nUna dimensi\u00f3n an\u00e1loga a aquella visi\u00f3n cohesiva de la tierra, con todo lo que implica, como un solo y complejo sistema viviente, fue formalizada recientemente por el cient\u00edfico ingl\u00e9s Lovelock (1985) en la hip\u00f3tesis<br \/>\ngeofisiol\u00f3gica de Gaia.<br \/>\nLo que es oportuno precisar, es que el sentido de la analog\u00eda cibern\u00e9tica y sist\u00e9mica aqu\u00ed propuesta es el de una met\u00e1fora del tipo \u0093como si\u0094 -\u0093un artificio explicativo que no contiene nociones causales\u0094 (Foerster 1987)-<br \/>\nreificadas por nosotros.<br \/>\nNo se trata de un nuevo y gratuito reduccionismo, sino de un modo de reflexionar sobre el sentido que ciertas categor\u00edas cognoscitivas y experienciales, presentes desde siempre en el saber tradicional, est\u00e1n ahora adquiriendo inequ\u00edvocamente en la ciencia contempor\u00e1nea (una interesante reflexi\u00f3n fue llevada a cabo por Varela Thompson y Rosch, 1993, relacionando la tradici\u00f3n budista con las ciencias cognitivas). <\/p>\n<p>Lo transcultural y lo transpersonal<\/p>\n<p>En cuanto al punto , es decir en tanto que la experiencia ext\u00e1tica es una dimensi\u00f3n de superaci\u00f3n de confines de los sistemas psicol\u00f3gicos, lo que se entiende con mayor precisi\u00f3n es que el \u00e9xtasis es esencialmente una t\u00e9cnica ritual a trav\u00e9s de la cual el cham\u00e1n aprende a trascender las fronteras del propio yo; un proceso expresado claramente en la etimolog\u00eda del t\u00e9rmino extasis -ek-stasis- salir fuera.<br \/>\nLa iniciaci\u00f3n ext\u00e1tica se desarrolla en un contexto espec\u00edfico de aprendizaje, donde se aprende la capacidad de inducir ritualmente EMC en los que se transcienden los l\u00edmites habituales de la relaci\u00f3n del organismo con el ambiente, del yo con el otro; algo an\u00e1logo a lo que Bateson (1976) llama aprendizaje 3, es decir: una dimensi\u00f3n de profunda redefinici\u00f3n de aquella falsa reificaci\u00f3n que es el sentido del yo.<br \/>\nEsto, en el \u00e1mbito de la etnopsicolog\u00eda, ha sido precisado por Nathan (1990), seg\u00fan el cual la eficacia terap\u00e9utica del \u00e9xtasis cham\u00e1nico se debe buscar justamente en su din\u00e1mica de inducci\u00f3n de modificaci\u00f3n de los confines del Yo. \u0093El trance en s\u00ed&#8230; es un profundo envolvimiento del propio Yo y al mismo tiempo un aniquilamiento de aquel Yo individual\u0094 (Konner, 1985). Y es particularmente relevante poder formalizar m\u00e1s precisamente tal aspecto central del conocimiento ext\u00e1tico a trav\u00e9s de la adopci\u00f3n del modelo transpersonal de la conciencia, como adecuada conceptualizaci\u00f3n etnopsicol\u00f3gica del proceso de superaci\u00f3n de los confines del Yo en las religiones ext\u00e1ticas. Se trata de un pensar juntas la m\u00e1s antigua y la m\u00e1s reciente formas de psicoterapia, basadas en el intr\u00ednseco potencial terap\u00e9utico de los estados no ordinarios de conciencia.<br \/>\nEs interesante notar, al menos por el modo en que esto es ignorado en la psicolog\u00eda acad\u00e9mica, que la conceptualizaci\u00f3n de lo transpersonal es una de las m\u00e1s apreciadas aportaciones de relevancia internacional que la cultura psicol\u00f3gica italiana haya producido, con la obra de Roberto Assaggioli, fundador de la psicos\u00edntesis. Fue el primer autor en individuar una dimensionalidad bien precisa de lo transpersonal con respecto a la psicolog\u00eda anal\u00edtica. La teor\u00eda de Assaggioli y de la psicolog\u00eda transpersonal trata fundamentalmente del desarrollo integral de la personalidad, y no niega las aportaciones del psicoan\u00e1lisis, de la psicolog\u00eda del yo, del s\u00ed mismo o de la teor\u00eda de las relaciones objetuales, consider\u00e1ndolas adem\u00e1s modelos psicopatol\u00f3gicos y psicoterap\u00e9uticos adecuados a los niveles de desarrollo prepersonal y personal, pero afirma tambi\u00e9n la tendencia natural del hombre a superar ese nivel, el del yo, para realizar precisamente el desarrollo transpersonal.<br \/>\nEs relevante notar, con respecto a su utilizaci\u00f3n en etnopsicolog\u00eca, c\u00f3mo el modelo transpersonal es un producto expl\u00edcito del an\u00e1lisis intercultural de las psicolog\u00edas orientales, es decir una dimensi\u00f3n que expresa la tendencia concreta al desarrollo de un modelo integral del hombre que sea verdaderamente psicol\u00f3gico y no la generalizaci\u00f3n proyectiva de ciertos estereotipos occidentales, como en el caso de la etnopsicoan\u00e1lisis.<br \/>\nLo que para la psicolog\u00eda tradicional es el punto de llegada, la llamada normalidad ps\u00edquica y la constancia del objeto, la individuaci\u00f3n del s\u00ed mismo o el reajuste no conflictivo entre impulsos y defensas, etc., seg\u00fan un modelo integral del desarrollo puede ser al contrario un punto de fijaci\u00f3n o detenimiento.<br \/>\nSe trata, por lo tanto, de reconocer que el yo no es otra cosa que \u0093el s\u00ed mismo y la inexistencia del s\u00ed mismo&#8230; la salud mental y el completo bienestar psicol\u00f3gico presuponen ambas cosas, pero en secuencia evolutiva adecuada\u0094 (Engler en Wilber, Engler, Brown, 1986). Seg\u00fan estos autores, la superaci\u00f3n del yo tiene como prerrequisito indispensable su precedente individuaci\u00f3n, bien fuerte y diferenciada: \u0093antes de lograr no ser nadie, hay que ser alguien\u0094 (Engler, ibidem).<br \/>\nLa introducci\u00f3n del modelo transpersonal en etnopsicolog\u00eda nos permite formalizar definitivamente la diferencia de la dimensi\u00f3n transegoica del \u00e9xtasis cham\u00e1nico con respecto a la interpretaci\u00f3n psicopatol\u00f3gica de la etnopsiquiatr\u00eda, con la que hab\u00eda sido confundida. Se hace entonces evidente que en la esquizofrenia la ausencia del yo no es un logro, mientras que en la experiencia ext\u00e1tica esa ausencia es una superaci\u00f3n voluntaria y una trascendencia inducida, en la que se realiza la percepci\u00f3n \u0093de la mutua interdependencia de todas las cosas y de todos lo eventos\u0094 (Wilber, 1975).<br \/>\nNos enriquecemos con el reconocimiento de una dimensi\u00f3n psicol\u00f3gica no reductible a una forma de regresi\u00f3n, siendo ella misma una experiencia humana fundamental, elemento que las religiones ext\u00e1ticas sostienen desde siempre.<\/p>\n<p>La Etnopsicolog\u00eda<\/p>\n<p>Lo que en el an\u00e1lisis transcultural y etnopsicol\u00f3gico puede ser claramente puesto en discusi\u00f3n es la creencia de que nuestro estado de conciencia ordinario es, de alguna manera, el normal y natural, explicitando definitivamente \u0093la naturaleza constructiva de nuestro estado ordinario de conciencia\u0094 (Tart, 1976).<br \/>\nCada cultura, de hecho, estructura selectivamente ciertas posibilidades de las experiencias de la conciencia y las modela a trav\u00e9s de la aculturaci\u00f3n. El estado ordinario no es otra cosa que una manera semiarbitraria de estructurar la conciencia, que facilita ciertas capacidades adaptativas e inhibe el desarrollo de otras potencialidades de la conciencia humana. La relevancia del estudio etnopsicol\u00f3gico de los EMC consiste justamente en la posibilidad de comprender dichas potencialidades que los estados modificados vuelven experimentables, como bien saben las religiones ext\u00e1ticas.<br \/>\nAdem\u00e1s, lo que asombra en un an\u00e1lisis intercultural diacr\u00f3nico y sincr\u00f3nico (dentro del cual inserir tambi\u00e9n y por primera vez nuestra misma cultura), no es la presencia, sino la ausencia de formas de alteraci\u00f3n de la conciencia. Y esto asombra a\u00fan m\u00e1s por la manera en que ha sido sistem\u00e1ticamente ignorado por etnopsiquiatras y etnopsicoanalistas. La alteraci\u00f3n ritual de la conciencia es una experiencia presente en el 90% de las sociedades humanas (Bourguignon,1986) y puede ser considerada parte de la herencia psicobiol\u00f3gica y principal necesidad de ese \u0093animal ceremonial\u0094 que es el hombre (Wittgenstein, 1975).<br \/>\nY es tambi\u00e9n por eso que el modelo propuesto no es una nueva forma camuflada de reduccionismo transpersonal; al contrario, se mueve en direcci\u00f3n opuesta a la realizada com\u00fanmente por una metodolog\u00eda reduccionista. En el sentido de que hay que reconocer que mientras el estudio de la conciencia y el reconocimiento del valor terap\u00e9utico de los estados alterados es, en el \u00e1mbito de la psicolog\u00eda occidental, historia reciente, las religiones ext\u00e1ticas ritualizan terap\u00e9uticamente los EMC desde hace miles de a\u00f1os (Peters, 1981), como resulta evidente por la divergencia entre la riqueza terminol\u00f3gica de la sabidur\u00eda tradicional sobre estados modificados de conciencia y la terminolog\u00eda cient\u00edfica, y por el elevado nivel de elaboraci\u00f3n y refinamiento de la t\u00e9cnicas de inducci\u00f3n de EMC, con respecto a las cuales las metodolog\u00edas occidentales como la hipnosis resultan mucho m\u00e1s rudimentario.<br \/>\nEn virtud de esto se puede relevar la extrema importancia del desarrollo de los modelos terap\u00e9uticos integrados, verdaderas contaminaciones interculturales de t\u00e9cnicas terap\u00e9uticas, como los trabajos de Nathan en Francia, de Collomb en Dakar, de Lambo en Nigeria y de Cppo en Mali, verdaderos talleres experimentales de etnopsicolog\u00eda (Nathan, 1990; Coppo, 1988).<br \/>\nEn una perspectiva m\u00e1s abarcadora, se abre la posibilidad de un enfoque experiencial en el estudio etnopsicol\u00f3gico de los EMC, que acaba por configurar la etnopsicolog\u00eda como una ciencia espec\u00edfica. Esta es una perspectiva ampliamente explorada en meditaci\u00f3n y que s\u00f3lo recientemente ha producido algunos ejemplos en etnopsicolog\u00eda (v\u00e9ase Harmer, 1980; Peters, 1981; Konner, 1985; Walsh, 1990; Ignacio, 1992).<br \/>\nEl problema con respecto a este tipo de enfoque es el que concierne a la evaluaci\u00f3n de la cualidad del conocimiento que deriva de la autoobservaci\u00f3n de vivencias experienciales, una dimensi\u00f3n que, en el pasado, a causa de una extrema obsesi\u00f3n de objetividad, la psicolog\u00eda ha vivido de manera m\u00e1s bien problem\u00e1tica, en cuanto el riesgo es que lo que se ve es en realidad lo que se desea ver. Pero, en virtud de la imprescindibilidad epistemol\u00f3gica de la reintegraci\u00f3n del observador, \u00e9sta es una condici\u00f3n que ahora la psicolog\u00eda comparte con todas las otras ciencias.<br \/>\nEs m\u00e1s, la plena conciencia de las propias construcciones y del hecho de que cada proceso de observaci\u00f3n es a la vez un proceso de autoobservaci\u00f3n, parece ser una posici\u00f3n mucho m\u00e1s madura que la circularidad viciosa de una metodolog\u00eda objetiva que da por descontado lo que en realidad tiene que demostrar. Como dice Nietzsche en la Gaia Ciencia, seguir so\u00f1ando sabiendo que se est\u00e1 so\u00f1ando es distinto del mero y simple so\u00f1ar.<br \/>\nQuede bien claro que el sentido de un enfoque experiencial no es el de caricaturizar al cham\u00e1n; el sentido m\u00e1s apropiado para considerar este enfoque consiste en comprender que en la base de las t\u00e9cnicas tradicionales de inducci\u00f3n de EMC, hay unas precisas t\u00e9cnicas psicofisiol\u00f3gicas del cuerpo (Mauss, 1965). Y es justamente a trav\u00e9s de la conceptualizaci\u00f3n en t\u00e9rminos de t\u00e9cnicas psicofisiol\u00f3gicas del cuerpo que la etnopsicolog\u00eda puede abrirse a un enfoque experiencial de la fenomenolog\u00eda antropolog\u00eda de los EMC; como releva Venturini (1982): \u0093este elemento de pr\u00e1ctica, de experiencia directa y no s\u00f3lo de conocimiento es un hecho con \u00e9l que la psicolog\u00eda convencional tiene que confrontarse, volviendo a encontrar una dimensi\u00f3n perdida y su fundamental caracter\u00edstica diferencial frente a las otras disciplinas cient\u00edficas\u0094 .<br \/>\nEl abrirse a la vivencia experiencial se vuelve una manera de acoger cuanto en nosotros ha sido s\u00f3lo culturalmente cancelado, como la historia de las religiones del mundo cl\u00e1sico ha ampliamente evidenciado, y como fen\u00f3menos como el tarantismo, de memoria dionisiaca, parecen querernos refrescar a prop\u00f3sito de nuestra herencia hist\u00f3rica y biol\u00f3gica. La nuestra es una cultura que se ha afirmado como moderna bas\u00e1ndose en la normalizaci\u00f3n de la conciencia, como dice Lapassade, con la remoci\u00f3n de Dionisos.<br \/>\nEs a partir de la ense\u00f1anza que podemos adquirir con la reflexi\u00f3n sobre qu\u00e9 nos ha pertenecido antes de la normalizaci\u00f3n cat\u00f3lica, que la consideraci\u00f3n del car\u00e1cter de construcci\u00f3n cultural de nuestro estado ordinario de conciencia puede transformarse en plena autoconciencia. Y esto no para proponer regresiones arcaicas compensatorias, sino en cambio para realizar un conocimiento m\u00e1s realista sobre cu\u00e1les son las potencialidades efectivas de nuestra conciencia. Porque \u0093el trance no es una simple curiosidad etnol\u00f3gica, un fen\u00f3meno marginal que sobrevive en algunas sociedades del tercer mundo, el trance es un modo de ser en el cuerpo\u0094 (Lapassade, 1980).<br \/>\nLas religiones ext\u00e1ticas, como subraya Peters (1981), son en la historia del hombre la primera forma estructurada, con un contenido simb\u00f3lico y te\u00f3rico y un repertorio de t\u00e9cnicas, de acercamiento al sufrimiento ps\u00edquico, de utilizaci\u00f3n terap\u00e9utica de los EMC y de desarrollo de potencialidades latentes, organizadas sobre la base de una dimensi\u00f3n relacional ecol\u00f3gica -en el sentido m\u00e1s amplio del t\u00e9rmino- confiada.<br \/>\nEs en virtud de tales contenidos que el estudio etnopsicol\u00f3gico de las religiones ext\u00e1ticas puede, abri\u00e9ndose a una dimensi\u00f3n de pr\u00e1ctica y experiencia, \u0093trabajar para que nuevos estratos y \u00e1reas de la corporeidad puedan ser integrados en la vivencia corp\u00f3rea&#8230; hasta el punto en que estos, como estenogramas de una realidad transpersonal, se muestren capaces de ofrecer un acceso a significados, escenarios y estructuras habitualmente vetados a la experiencia ordinaria\u0094 (Venturini, 1989).<br \/>\nSi se acepta la centralidad de la conciencia, se revela la importancia de la disciplina etnopsicol\u00f3gica para toda la psicolog\u00eda, en virtud de su restituci\u00f3n de la riqueza de las manifestaciones de la conciencia, en una perspectiva aun m\u00e1s expandida que trasciende ampliamente las fronteras de la disciplina especializada.<br \/>\nLa etnopsicolog\u00eda se vuelve particularmente significativa para el hombre posmoderno, para su crecimiento integral y completo, porque en definitiva es a \u00e9ste \u00faltimo al que le otorga la posibilidad de reapropiarse de aquella parte reencontrada de la propia experiencia que es la tendencia natural a expresar las m\u00faltiples formas no ordinarias de su conciencia y la aut\u00e9ntica aspiraci\u00f3n a trascender aquellos confines en que la aculturaci\u00f3n ha fragmentado a la experiencia. <\/p>\n<p>Conclusiones<\/p>\n<p>Llegado a este punto, deber\u00eda resultar m\u00e1s claro el sentido de la \u0093computaci\u00f3n\u0094 referida al comienzo y de la compleja perspectiva interdisciplinaria que implica un adecuada individuaci\u00f3n de la disciplina etnopsicol\u00f3gica. En todo caso tal proceso est\u00e1 a\u00fan lejos de ser de alg\u00fan modo concluso y definitivo, es m\u00e1s: una caracter\u00edstica esencial del modelo presentado debe ser la actitud siempre dispuesta a conservar una flexibilidad y una plasticidad suficientes para redefinirse adecuadamente cuando nuevas integraciones lo vuelvan oportuno. Ya que es justamente a partir de esta elasticidad que puede proceder la capacidad de saberse poner en tela de juicio eficazmente, obviando aquel infeliz resultado, presente en todas la teor\u00edas cuyo objetivo es la autolegitimaci\u00f3n, que es el reduccionismo. <\/p>\n<p>Notas:<br \/>\nSe vuelve ante todo necesaria una aclaraci\u00f3n terminol\u00f3gica sobre importantes implicaciones conceptuales. Usar\u00e9 el t\u00e9rmino conciencia y estado modificado de conciencia (con su abreviaci\u00f3n EMC) para referirme a la definici\u00f3n sist\u00e9mica de Tart (1976). Considerar\u00e9 los EMC como el correspectivo y como una adecuada conceptualizaci\u00f3n psicol\u00f3gica de lo que los antrop\u00f3logos llaman \u00e9xtasis y trance.<br \/>\nEscribe Morin a prop\u00f3sito del concepto de holograma que se trata \u0093tal vez de un principio cosmol\u00f3gico clave. Este concierne la complejidad de la organizaci\u00f3n viviente, la complejidad de la organizaci\u00f3n cerebral y la complejidad socioantropol\u00f3gica. Podemos presentarlo as\u00ed: el todo est\u00e1 en cierto modo incluido en la parte que est\u00e1 incluida en el todo. La organizaci\u00f3n global del todo (holos) exige la inscripci\u00f3n (engrama) del todo (holograma) en cada una de sus partes\u0094 (Morin, 1986).<br \/>\n\u00daltima modificaci\u00f3n ( lunes, 09 de mayo de 2005 ) <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>escrito por Speziale, F. lunes, 09 de mayo de 2005 Una individuaci\u00f3n adecuada y precisa de los \u00e1mbitos metodol\u00f3gicos y de contenido de la disciplina etnopsicol\u00f3gica, refiri\u00e9ndose espec\u00edficamente al estudio transcultural de los estados de conciencia, asume la forma de un proceso de computaci\u00f3n, es decir: un pensar juntas las cosas (Foerster, 1987), un pensar que manifiesta la compleja perspectiva<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[37],"tags":[],"class_list":["post-2581","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-offtopic"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2581","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2581"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2581\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2581"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2581"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2581"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}