{"id":206,"date":"2006-01-23T08:40:20","date_gmt":"2006-01-23T08:40:20","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=206"},"modified":"2006-01-23T08:40:20","modified_gmt":"2006-01-23T08:40:20","slug":"leyenda-antigua","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=206","title":{"rendered":"leyenda antigua"},"content":{"rendered":"<p>Las huestes del Imperio azteca regresaban de la guerra.<\/p>\n<p>Pero no sonaban ni los teponaxtles ni las caracolas, ni el hu\u00e9huetl hac\u00eda rebotar sus percusiones en las calles y en los templos. Tampoco las chirim\u00edas esparc\u00edan su aflautado tono en el vasto valle del An\u00e1huac y sobre el verdiazul espejeante de los cinco lagos (Chalco, Xochimilco, Texcoco, Ecatepec y Tzompanco) se reflejaba un menguado ej\u00e9rcito en derrota. El caballero \u00e1guila, el caballero tigre y el que se dec\u00eda capit\u00e1n coyote tra\u00edan sus rodelas rotas y los penachos destrozados y las ropas tremolando al viento en jirones ensangrentados.<\/p>\n<p>All\u00e1 en los c\u00faes y en las fortalezas de paso estaban apagados los braseros y vac\u00edos de tlec\u00e1xitl que era el sahumerio ceremonial, los enormes pebeteros de barro con la horrible figura de Texcatlipoca el dios cojo de la guerra. Los estandares recogidos y el consejo de los Yopica que eran los viejos y sabios maestros del arte de la estrategia, aguardaban ansiosos la llegada de los guerreros para o\u00edr de sus propios labios la explicaci\u00f3n de su vergonzosa derrota.<\/p>\n<p>Hac\u00eda largo tiempo que un grande y bien armando contingente de guerreros aztecas hab\u00eda salido en son de conquista a las tierras del Sur, all\u00e1 en donde moraban los Ulmecas, los Xicalanca, los Zapotecas y los Vixtotis a quienes era preciso ungir al ya enorme se\u00f1or\u00edo del An\u00e1huac. Dos ciclos lunares hab\u00edan transcurrido y se pensaba ya en un asentamiento de conquista, sin embargo ahora regresaban los guerreros abatidos y llenos de verg\u00fcenza.<\/p>\n<p>Durante dos lunas hab\u00edan luchado con denuedo, sin dar ni pedir tregua alguna, pero a pesar de su valiente lucha y sus conocimientos de guerra aprendidos en el Calmecac, que era as\u00ed llamada la Academia de la Guerra, volv\u00edan diezmados, con las mazas rotas, las macanas desdentadas, maltrechos los escudos aunque ensangrentados con la sangre de sus enemigos.<\/p>\n<p>Ven\u00eda al frente de esta hueste triste y desencantada, un guerrero azteca que a pesar de las desgarraduras de sus ropas y del revuelto penacho de plumas multicolores, conservaba su gallard\u00eda, su altivez y el orgullo de su estirpe.<\/p>\n<p>Ocultaban los hombres sus rostros embijados y las mujeres lloraban y corr\u00edan a esconder a sus hijos para que no fueran testigos de aque retorno deshonroso.<\/p>\n<p>S\u00f3lo una mujer no lloraba, at\u00f3nita miraba con asombro al bizarro guerrero azteca que con su talante altivo y ojo sereno quer\u00eda demostrar que hab\u00eda luchado y perdido en buena lid contra un abrumador n\u00famero de hombres de las razas del Sur.<\/p>\n<p>La mujer palideci\u00f3 y su rostro se torn\u00f3 blanco como el lirio de los lagos, al sentir la mirada del guerrero azteca que clav\u00f3 en ella sus ojos vivaces, oscuros. Y Xochiqu\u00e9tzal, que as\u00ed se llamaba la mujer y que quiere decir hermosa flor, sinti\u00f3 que se marchitaba de improviso, porque aquel guerrero azteca era su amado y le hab\u00eda jurado amor eterno.<\/p>\n<p>Se revolvi\u00f3 furiosa Xichoqu\u00e9tzal para ver con odio profundo al tlaxcalteca que la hab\u00eda hecho su esposa una semana antes, jur\u00e1ndole y llen\u00e1ndola de enga\u00f1os dici\u00e9ndole que el guerrero azteca, su dulce amado, hab\u00eda ca\u00eddo muerto en la guerra contra los zapotecas.<\/p>\n<p>-\u00a1Me has mentido, hombre vil y m\u00e1s ponzo\u00f1oso que el mismo Tzompetl\u00e1catl, &#8211; que as\u00ed se llama el escorpi\u00f3n-; me has enga\u00f1ado para poder casarte conmigo. Pero yo no te amo porque siempre lo he amado a \u00e9l y \u00e9l ha regresado y seguir\u00e9 am\u00e1ndolo para simpre!<\/p>\n<p>Xochiqu\u00e9tzal lanz\u00f3 mil denuestos contra el falaz tlaxcalteca y levantando la orla de su huipil ech\u00f3 a correr por la llanura, gimiendo su intensa desventura de amor.<\/p>\n<p>Su gr\u00e1cil figura se reflejaba sobre las irisadas superficies de las aguas del gran lago de Texcoco, cuando el guerrero azteca se volvi\u00f3 para mirarla. Y la vio correr seguida del marido y pudo comprobar que ella hu\u00eda despavorida. Entonces apret\u00f3 con furia el pu\u00f1o de la macana y separ\u00e1ndose de las filas de guerreros humillados se lanz\u00f3 en seguimiento de los dos.<\/p>\n<p>Pocos pasos separaban ya a la hermosa Xochiqu\u00e9tzal del marido despreciable cuando les dio alcance el guerrero azteca.<\/p>\n<p>No hubo ning\u00fan intercambio de palabras porque toda palabra y raz\u00f3n sobraba all\u00ed. El tlaxcalteca extrajo el venablo que ocultaba bajo la tilma y el azteca esgrimi\u00f3 su macana dentada, incrustada de dientes de jaguar y de Coy\u00e1metl que as\u00ed se llamaba al jabal\u00ed.<\/p>\n<p>Chocaron el amor y la mentira.<\/p>\n<p>El venablo con erizada punta de pedernal buscaba el pecho del guerrero y el azteca mandaba furioso golpes de macana en direcci\u00f3n del cr\u00e1neo de quien le hab\u00eda robado a su amada haciendo uso de arteras enga\u00f1ifas.<\/p>\n<p>Y as\u00ed se fueron yendo, alej\u00e1ndose del valle, cruzando en la m\u00e1s ruda pelea entre lagunas donde saltaban los ajolotes y las xoch\u00f3catl que son las ranitas verdes de las orillas limosas.<\/p>\n<p>Mucho tiempo dur\u00f3 aqu\u00e9l duelo.<\/p>\n<p>El tlaxcalteca defendiendo a su mujer y a su mentira.<\/p>\n<p>El azteca el amor de la mujer a quien amaba y por quien tuvo arrestros para regresar vivo al An\u00e1huac.<\/p>\n<p>Al fin, ya casi al atardecer, el azteca pudo herir de muerte al tlaxcalteca quien huy\u00f3 hacia su pa\u00eds, hacia su tierra tal vez en busca de ayuda para vengarse del azteca.<\/p>\n<p>El vencedor por el amor y la verdad regres\u00f3 buscando a su amada Xochiqu\u00e9tzal.<\/p>\n<p>Y la encontr\u00f3 tendida para siempre, muerta a la mitad del valle, porque una mujer que am\u00f3 como ella no pod\u00eda vivir soportando la pena y la verg\u00fcenza de haber sido de otro hombre, cuando en realidad amaba al due\u00f1o de su ser y le hab\u00eda jurado fidelidad eterna.<\/p>\n<p>El guerrero azteca se arrodill\u00f3 a su lado y llor\u00f3 con los ojos y con el alma. Y cort\u00f3 maravillas y flores de xoxocotzin con las cuales cubri\u00f3 el cuerpo inanimado de la hermosa Xochiqu\u00e9tzal. Corono sus sienes con las fragantes flores de Yolox\u00f3chitl que es la flor del coraz\u00f3n y trajo un incensario en donde quem\u00f3 copal. Lleg\u00f3 el zenzontle tambi\u00e9n llamado Zenzontletole, porque imita las voces de otros pajarillos y quiere decir 400 trinos, pues cuatrocientos tonos de cantos dulces lanza esta avecilla.<\/p>\n<p>Por el cielo en nubarrones cruz\u00f3 Tlahuelpoch, que es el mensajero de la muerte.<\/p>\n<p>Y cuenta la leyenda que en un momento dado se estremeci\u00f3 la tierra y el rel\u00e1mpago atron\u00f3 el espacio y ocurri\u00f3 un cataclismo del que no hablaban las tradiciones orales de los Tlachiques que son los viejos sabios y adivinos, ni los tlacuilos hab\u00edan inscrito en sus pasmosos c\u00f3dices. Todo tembl\u00f3 y se anubl\u00f3 la tierra y cayeron piedras de fuego sobre los cinco lagos, el cielo se hizo tenebroso y las gentes del An\u00e1huac se llenaron de pavura.<\/p>\n<p>Al amanecer estaban all\u00ed, donde antes era valle, dos monta\u00f1as nevadas, una que ten\u00eda la forma inconfundible de una mujer recostada sobre un t\u00famulo de flores blancas y otra alta y elevada adoptando la figura de un guerrero azteca arrodillado junto a los pies nevados de una impresionante escultura de hielo.<\/p>\n<p>Las flores de las alturas que llamaban Tepex\u00f3chitl por crecer en las monta\u00f1as y entre los pinares, junto con el alj\u00f3far ma\u00f1anero, cubrieron de blanco sudario las faldas de la muerta y pusieron alba blancura de nieve hermosa en sus senos y en sus muslos y la cubrieron toda de armi\u00f1o.<\/p>\n<p>Desde entonces, esos dos volcanes que hoy vigilan el hermoso valle del An\u00e1huac, tuvieron por nombres Iztaccihuatl que quiere decir mujer dormida y Popocatepetl, que se traduce por monta\u00f1a que humea, ya que a veces suele escapar humo del inmenso pebetero.<\/p>\n<p>En cuanto al cobarde enga\u00f1ador tlaxcalteca, seg\u00fan dice tambi\u00e9n esta leyenda, fue a morir desorientado muy cerca de su tierra y tambi\u00e9n se hizo monta\u00f1a y se cubri\u00f3 de nieve y le pusieron por nombre Poyauteclat, que quiere decir Se\u00f1or Crepuscular y posteriormente Citlaltepetl o cerro de la estrella y que desde all\u00e1 lejos vigila el sue\u00f1o eterno de los dos amantes a quienes nunca podr\u00e1 ya separar.<\/p>\n<p>Eran los tiempos en que se adoraba al dios Coyote y al Dios Colibr\u00ed y en el pante\u00f3n azteca las monta\u00f1as eran dioses y recib\u00edan tributos de flores y de cantos, porque de sus faldas escurre el agua que vivifica y fertiliza los campos.<\/p>\n<p>Durante muchos a\u00f1os y poco antes de la conquista, las doncellas muertas en amores desdichados o por mal de amor, eran sepultadas en las faldas de Iztaccihuatl, de Xochiqu\u00e9tzal, la mujer que muri\u00f3 de pena y de amor y que hoy yace convertida en n\u00edvea monta\u00f1a de perenne armi\u00f1o.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las huestes del Imperio azteca regresaban de la guerra. 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Tampoco las chirim\u00edas esparc\u00edan su aflautado tono en el vasto valle del An\u00e1huac y sobre el verdiazul espejeante de los cinco lagos (Chalco, Xochimilco, Texcoco, Ecatepec y Tzompanco)<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[51],"tags":[],"class_list":["post-206","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-poemas-y-cuentos-indigenas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/206","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=206"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/206\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=206"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=206"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=206"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}