{"id":177,"date":"2006-01-21T20:48:51","date_gmt":"2006-01-21T20:48:51","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=177"},"modified":"2006-01-21T20:48:51","modified_gmt":"2006-01-21T20:48:51","slug":"el-alma-primitiva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=177","title":{"rendered":"El alma primitiva"},"content":{"rendered":"<p>VIII. La supervivencia de los muertos.<\/p>\n<p>El primitivo, por lo general, cree en la supervivencia de los muertos. A su modo de ver, el hombre al morir cesa de formar parte del grupo de los vivos pero no deja de existir. Pasa, simplemente, de este mundo a otro donde contin\u00faa viviendo m\u00e1s o menos tiempo en nuevas condiciones. El europeo suele rese\u00f1ar esta creencia con simpat\u00eda pero sin cr\u00edtica, por cuanto la asimila a su propia fe en la inmortalidad del alma. Por citar un solo ejemplo, el misionero Taplin, que no era un mal observador, escribe: \u0093Muchas personas ponen seriamente en duda si los abor\u00edgenes de las colonias australianas creen en la inmortalidad del alma. Por mi parte afirmo rotundamente que creen en ello. Ahora bien, resulta dif\u00edcil hacerse una idea exacta de lo que realmente creen, dado que dicha creencia se halla en forma de tradici\u00f3n.\u0094 Taplin se daba cuenta de que subsist\u00eda alguna oscuridad. Pero estaba de todas formas persuadido de que los australianos cre\u00edan, igual que \u00e9l, en la inmortalidad del alma. Sin embargo, lo cierto es que no tienen la misma idea de alma que tiene Taplin. \u00bfDe d\u00f3nde, entonces, proviene su convicci\u00f3n?<br \/>\nAnteriormente hemos indicado la causa principal de \u00e9sta. Las diferencias entre las representaciones de los australianos y las muestras sobre este asunto, siendo profundas, se hallan, sin embargo, enmascaradas por semejanzas superficiales pero chocantes. \u00c9stas son las que saltan a la vista de los observadores, que concluyen a partir de ellas, sin asomo de desconfianza alguna, en la afirmaci\u00f3n de la identidad entre unas y otras creencias. En un caso y en otro la muerte se concibe como una separaci\u00f3n, como el tr\u00e1nsito de alguna cosa, de un ser que abandona el cuerpo. No se dan cuenta los observadores que la semejanza se acaba aqu\u00ed.<br \/>\nSeg\u00fan los representantes colectivos de nuestras sociedades, lo que se va es el alma, puro principio espiritual que nada tiene en com\u00fan con la materia. La mentalidad primitiva, por el contrario, no conoce nada que se halle en correspondencia con nuestros conceptos de esp\u00edritu puro o de cuerpo exclusivamente material. Cuando el hombre muere no puede decirse, seg\u00fan ellos, que un \u0093alma\u0094 se ha separado de su cuerpo.<br \/>\nRenunciemos, por tanto, a asimilaciones abusivas y equ\u00edvocas. No planteemos al primitivo una cuesti\u00f3n que se le escapa y cuyos t\u00e9rminos implican una metaf\u00edsica espiritualista de la que no tiene la menor idea. No le preguntemos, pues, c\u00f3mo resuelve problemas que nunca se ha planteado. El destino del individuo en el m\u00e1s all\u00e1, por ejemplo, no le causa apenas inquietud y puede decir cosas al respecto. No intentemos, pues, encontrar en sus representaciones nuestra distinci\u00f3n de alma y cuerpo. Intentemos por el contrario, aprehender sus representaciones sin desnaturalizarlas en los posible y evitando forzarlas a entrar en el marco de nuestros conceptos.<br \/>\nComo se sabe, el primitivo refiere las m\u00e1s de las veces los hechos que orientan su atenci\u00f3n hacia un ser de acciones de presencia. Si la aguja de la br\u00fajula marca siempre el norte, ello es debido a que el instrumento encierra un peque\u00f1o \u0093esp\u00edritu\u0094 que indica constantemente la ruta por esa direcci\u00f3n. Igualmente, para los polinesios, los s\u00edntomas de la mayor\u00eda de las enfermedades son debidos a la presencia en el interior del cuerpo, de un atua que lo devora lentamente. \u0093La ignorancia absoluta \u0096dice Casalis- en que se hallan la mayor\u00eda de los ind\u00edgenas respecto a las causas naturales y a los s\u00edntomas de las diversas enfermedades bajo la forma de un cuerpo extra\u00f1o. Se trata m\u00e1s de las veces de algo que corre de un lugar a otro. He conocido un enfermo que pretend\u00eda albergar un enjambre de z\u00e1nganos en el est\u00f3mago&#8230; De este error se benefician algunos impostores que pretenden extraer mediante succi\u00f3n los innumerables art\u00edculos que los brujos han logrado introducir en la pobre m\u00e1quina humana.\u0094<br \/>\nConforme con esta costumbre el primitivo, que es muy sensible a la diferencia entre el individuo vivo y el cad\u00e1ver, explica el cese de las funciones vitales por la salida de un ser o de un \u0093principio\u0094 que las aseguraba. Este principio no es ni puramente espiritual ni puramente material \u0096si es que se me permite emplear estas palabras en este contexto. Es a la vez una cosa y la otra. Su presencia act\u00faa como una virtud m\u00edstica. Recu\u00e9rdese, por ejemplo, la \u0093grasa de los ri\u00f1ones\u0094 de los australianos. En tanto que se halla presente o por lo menos intacta, garantiza la vida del individuo. Puede serle extra\u00edda por un brujo sin dejar huella aparente. Pero tambi\u00e9n desaparece a causa de que una de las pertenencias del individuo \u0096una huella de sus pasos, unos vestidos impregnados por su sudor, una astilla de sus u\u00f1as, un poco de su saliva o de sus cabellos, etc.- haya sufrido operaciones m\u00e1gicas en manos de un brujo. Hay mil maneras de extraer esa grasa de los ri\u00f1ones y hacer cesar su acci\u00f3n de presencia. La muerte sobreviene entonces necesariamente, Por otra parte, el mismo papel se atribuye al coraz\u00f3n, al h\u00edgado, a la sangre, etc\u00e9tera.<br \/>\nDe todos modos est\u00e1 condici\u00f3n no es la \u00fanica de la cual depende la vida. Si la imagen del hombre, su doble, su atai, tamaniu, wairua, mauri, etc., queda lesionado o destruido, muere tambi\u00e9n como muere el hombre-leopardo cuando \u0093su\u0094 leopardo ha sido muerto. En virtud de su consustancialidad, la desaparici\u00f3n del doble entra\u00f1a por lo general la del individuo mismo, que no es realmente distinto de \u00e9ste.<br \/>\nPor \u00faltimo, en muchas sociedades, el individuo incluye en s\u00ed mismo tambi\u00e9n, sin identificarse completamente con \u00e9l, un ser que tiene su vida propia, y que sin embargo, es \u00e9l: el iningukua de Australia central, el nyarong de los malayos, etc. Hay que decir tambi\u00e9n de este ser, que todo el tiempo en que est\u00e1 presente, el individuo vive, y que muere en cambio si se aleja de \u00e9l definitivamente.<br \/>\nPor otra parte \u0096y esto ha causado muchas confusiones- estas acciones de presencia no son independientes unas de otras. El hechizo de un hombre mediante pr\u00e1cticas ejercitadas sobre una de sus pertenencias o sobre su imagen, al tiempo que detiene las funciones vitales, determina la participaci\u00f3n de su genio protector. Rec\u00edprocamente, la ausencia definitiva de este genio (kra, ntoro, etc\u00e9tera) entra\u00f1a la muerte del individuo, hace cesar la presencia del principio distinto de este genio, que manten\u00eda las funciones vitales. En los dos casos el individuo muere y subsiste. Tan s\u00f3lo su condici\u00f3n ha cambiado. Separado de la sociedad de los vivos, forma parte entonces de otro grupo, el de los muertos de su familia o de su clan, en d\u00f3nde es, m\u00e1s o menos, bien acogido. La mayor\u00eda de las lenguas tienen una palabra con la que designar al individuo que pasa al estado de muerto: tamate en Melanesia, begu entre los bataks, etc. Nosotros no tenemos palabra alguna que corresponda exactamente a \u00e9stas, porque carecemos de la representaci\u00f3n que expresan. \u0093Esp\u00edritu, sombra, fantasma, espectro, spirit, ghost, Geist, etc.\u0094, todas estas palabras, as\u00ed como tambi\u00e9n la palabra \u0093alma\u0094, lejos de traducir el pensamiento de los primitivos, lo tergiversan y lo traicionan. Con el fin de mantenernos fieles a \u00e9ste, nos abstendremos de ahora en delante de emplear estos t\u00e9rminos equ\u00edvocos y diremos simplemente \u0093el hombre muerto\u0094, o simplemente, \u0093el muerto\u0094.<\/p>\n<p>II.-<br \/>\nCasi todos los primitivos creen que los muertos se hallan abocados a llevar en otra parte una vida bastante semejante a la de aqu\u00ed abajo. Los detalles acerca de \u00e9sta difieren seg\u00fan las sociedades, pero la representaci\u00f3n fundamental acerca de esta vida resulta ser siempre la misma. Dar\u00e9 unas pocas pruebas de ello. En Nueva Guinea (tribu ka\u00ee), \u0093como quiera que los hombres contin\u00faen viviendo bajo la forma de muertos (Geister), como facultades, es a los m\u00e1s guerreros, a los m\u00e1s violentos, a los m\u00e1s brutales&#8230; a quienes m\u00e1s se teme despu\u00e9s de su muerte.\u0094 Entre los kayans de Borneo, \u0093la palabra urip, en el uso corriente, quiere decir \u0093viviente\u0094, pero tambi\u00e9n se emplea esta palabra como prefijo delante de los nombres de los muertos recientes. Ello parece indicar en el que habla el sentimiento de que la persona contin\u00faa viviendo, a pesar de la muerte de su cuerpo.\u0094 En \u00c1frica, entre algunos bant\u00fas, aparecen las misma representaciones. \u0093No piensan que las persona desaparezcan completamente con la muerte. Lo que s\u00ed niegan es la resurrecci\u00f3n del cuerpo. La persona contin\u00faa viviendo.\u0094 En Uganda, anta\u00f1o, el rey muerto todav\u00eda estaba vivo. \u0093Sus mujeres no eran llamadas en el templo sus viudas ni eran tampoco consideradas como tales: eran las esposas del rey difunto, de quien se hablaba como si se hallara todav\u00eda vivo&#8230; En un templo real el rey muerto recib\u00eda cada d\u00eda audiencia; su corte se hallaba dispuesta como si el viviera y la muchedumbre reunida se postraba delante del palio real, en donde se dec\u00eda que el rey se hallaba presente en forma invisible.\u0094 Entre los kikuyos, \u0093saltar por encima de un cad\u00e1ver constituye probablemente un insulto al muerto (spirit)\u0094. (Es una ofensa grave para el vivo.) Las mujeres \u0093lavan todo el cuerpo del cad\u00e1ver\u0094, escribe Van Wing, el cual a\u00f1ade: \u0093Esta expresi\u00f3n, mvumbi, debe considerarse con atenci\u00f3n. Mvumbi no significa lo que para nosotros es un cuerpo muerto. En el sentido de los bakongos, el alma (moyo) se haya todav\u00eda presente. Mvumbi, por la forma de la palabra, indica un ser animado, personal. Es de notar que no puede hablarse de mvumbi para designar al muerto como si estuviera vivo. Mvumbi significa igualmente \u0093fuego\u0094.\u0094 Este \u00faltimo rasgo permite mostrar a la postre que, en el esp\u00edritu de los bakongos, los muertos est\u00e1n vivos. Son incluso los vivos por excelencia. \u0093Est\u00e1n dotados de una vida y de una potencia sobrehumana que les permite salir de sus pueblos subterr\u00e1neos e influenciar para bien o para mal la naturaleza, los hombres, las bestias, las plantas y los minerales. Los jefes m\u00e1s poderosos en el cielo son tambi\u00e9n los m\u00e1s poderosos en la tierra.\u0094<br \/>\nCuando tiene lugar un entierro, \u0093nada m\u00e1s se pone en marcha el cortejo, los que transportan el cad\u00e1ver se tambalean. El difunto se agita, es preciso que un pariente intervenga con el fin de calmarlo y le suplique que le deje transportar al cementerio&#8230; Se le desciende con precauci\u00f3n en la fosa, por medio de cuerdas y de lianas. Es preciso colocarlo bien al fondo y, una vez colocado, no moverlo, pues de lo contrario se atrae la venganza del difunto&#8230; Un pariente pr\u00f3ximo, hombre o mujer, le dice: \u0093Lleva noticias a los antepasados&#8230;\u0094 Una mujer le hace recomendaciones, dici\u00e9ndole: \u0093T\u00fa me entiendes aunque ya no respires\u0094.<br \/>\nPara los hebreos, \u0093el muerto no est\u00e1 muerto. Entiende, siente, ve, piensa en los vivos y castiga. Si un hebreo dice a otro \u0093Dios, es decir, el antepasado, es testigo, yo me quejar\u00e9 a el\u0094, el otro est\u00e1 seguro de que ocurrir\u00e1 de este modo. Por esta misma raz\u00f3n toman venganza de los enemigos que ya est\u00e1n muertos y que yacen en sus tumbas: los desentierran expresamente para ello\u0094. Entre los ba-ilas: \u0093Prometo enviar un buey \u0096escribe el capit\u00e1n Dale-, y Kadobela, antes de morir, dice que lo esperar\u00e1 all\u00ed abajo; sostiene que nadie mataba antes de que llegara dicho buey, por miedo a producirle disgusto&#8230; El cad\u00e1ver fue colocado sobre tres pellejos resecados y envuelto en una covertura&#8230; Se le embadurnaba con grasa y se le colocaba su pipa en la boca. Finalmente, la gente le dijo: \u0093Si tienes alg\u00fan motivo de queja, dilo. No te vayas agraviado bajo tierra, albergando la intenci\u00f3n de destruir tu comunidad.\u0094 Como no llegaba ninguna respuesta, se consider\u00f3 que estaba satisfecho y los funerales siguieron su curso.\u0094 Igualmente entre los kizibas, \u0093no se entierra a los sacerdotes, sino que se lleva su cad\u00e1ver al bosque, envuelto en un pa\u00f1o de corteza&#8230; Una vez all\u00ed se descubre el cuerpo y se le hace sentar en un asiento. Se pone una pipa en la boca del muerto y se coloca cerca de \u00e9l una calabaza y un tubo para beber, como si todav\u00eda viviera. Se viste el cad\u00e1ver con una tela de corteza y una piel de leopardo&#8230; Se dice que las bestias feroces no atacan al cad\u00e1ver porque lo confunden con un vivo\u0094. Por \u00faltimo, entre los mossis, \u0093cuando el cuerpo (del moro-naba, del rey) est\u00e1 en la fosa, se coloca una media barra de sal sobre su cabeza, un perro viviente en su derecha y un gato vivo a su izquierda. Se a\u00f1ade un gallo y un cesto con mijo. El gallo est\u00e1 all\u00ed para que cante todas las ma\u00f1anas, advirtiendo al difunto naba de la llegada del d\u00eda. El gato de caza a los ratones y a las ratas. El perro ladra y asusta a los hombres. El mijo y la sal sirven de alimento al difunto. Una vez dispuesto todo esto, se cubre el agujero con tierra, amortajando juntos a los muertos y a los vivos.<br \/>\nEsta enumeraci\u00f3n de testimonios podr\u00eda prolongarse indefinidamente. Terminaremos citando esta reflexi\u00f3n de Grubb: \u0093El lengua no cree posible que la personalidad del hombre cese de existir. La otra vida es para \u00e9l simplemente la continuaci\u00f3n de \u00e9sta; solo difiere en que ella se halla privado de su cuerpo.\u0094<br \/>\nAl igual que el vivo, el muerto tambi\u00e9n puede estar presente, en el mismo momento, en diferentes lugares. La dualidad, la bipresencia de un mismo individuo que no es algo que choque m\u00e1s a un primitivo si se trata de un muerto que si se trata de un vivo. Incluso, le parece m\u00e1s natural en el primer caso. Parece no experimentar ninguna dificultad en considerar como un solo y mismo ser al cad\u00e1ver de una parte y al muerto que sobrevive por otra. A nuestro parecer, la muerte rompe la uni\u00f3n del alma y del cuerpo. El alma abandona el cuerpo, con el cual no ten\u00eda nada esencialmente com\u00fan. Desde ese momento s\u00f3lo ella vive; el cuerpo se descompone. Pero el primitivo no tiene ninguna idea acerca de estas dos sustancias heterog\u00e9neas la una con respecto a la otra. Ignora el espiritualismo caracter\u00edstico de nuestras metaf\u00edsicas y de nuestras religiones. Ve que el cuerpo, ciertamente, se destruye (al menos en sus partes blandas), y es refrectario la idea de la resurrecci\u00f3n. Sin embargo, como el paso de la vida terrestre a la otra constituye un simple cambio de condici\u00f3n y de medio ambiente, el individuo muerto permanece siendo semejante a lo que era anteriormente cuando estaba vivo.<br \/>\nPor haber desconocido este hecho, los mejores observadores se han equivocado y corrieron el riesgo de inducirnos a error. \u0093En la muerte real \u0096dice, por ejemplo, Codrington-, la separaci\u00f3n del alma y del cuerpo es completa. (Debe recordarse que, seg\u00fan \u00e9l, los melanesios tendr\u00edan la misma idea del alma que nosotros.) El atai o talegi deviene o tamate o ntamat, un hombre muerto, y el cad\u00e1ver se designa tambi\u00e9n con la misma palabra. (Es decir, el hombre muerto y el cad\u00e1ver son un solo y mismo ser, cuya dualidad y presencia en dos lugares diferentes no es \u00f3bice a su individualidad: Codrington se\u00f1ala este hecho como decisivo a su modo de ver.) El muerto (ghost), sin embargo, no se aleja en seguida \u0093e incluso es posible llamarlo. \u00c9sta es la raz\u00f3n de que los vecinos muerdan el dedo del muerto o del moribundo para despertarlo y le griten su nombre en la oreja, con la esperanza de que el muerto (soul) les escuchar\u00e1 y volver\u00e1\u0094. Lo que Codrington llama en este pasaje soul (alma) es, evidente, el muerto, al que da, en otros pasajes, el nombre de ghost. \u00c9l mismo hace una anotaci\u00f3n al respecto en una ocasi\u00f3n, pero no llega a percibir su alcance. \u0093Es algo extra\u00f1o \u0096dice- que en las islas m\u00e1s pr\u00f3ximas a la de Aurora, y en la de Pentecost\u00e9s y en la de los Leprosos, la palabra tamtegi se emplea para designar \u0093alma\u0094 (soul); pues, ciertamente, la que designa alma es tamate, hombre muerto. Sin embargo, los ind\u00edgenas persisten en sostener que no tiene m\u00e1s que una palabra con esa significaci\u00f3n.\u0094 Es precisamente lo que yo tambi\u00e9n digo. Los ind\u00edgenas no saben lo que es \u0093alma\u0094 o \u0093esp\u00edritu\u0094. S\u00f3lo conocen al hombre, vivo o muerto, con sus pertenencias, con su atai, su tamaniu, su imagen, etc; disponen de un nombre para designarlo cuando ha cesado de vivir y ha entrado en su condici\u00f3n de ultratumba. Ese nombre quiere decir \u0093hombre muerto\u0094. Nada nos autoriza a traducirlo por \u0093alma\u0094<br \/>\nEl muerto, despu\u00e9s de haber abandonado a los suyos, permanece en los alrededores durante los primeros d\u00edas. Normalmente permanece invisible, si bien aparece, a veces, bajo la forma de un animal. Solamente se aleja definitivamente cuando se han consumado ciertas ceremonias. Esta vecindad inquieta a los supervivientes. Su pena est\u00e1 mezclada con el temor. Tienen miedo del contagio y desconf\u00edan de que el muerto se lleve consigo compa\u00f1eros de infortunio. Se esfuerzan pues, por pacificarlo, por calmar su irritaci\u00f3n \u0096el muerto, en efecto, en ese momento, se siente a menudo hostil con los vivientes por celos- y, sobre todo, se esfuerzan por no hacer nada que pueda darle un pretexto para castigarlos. \u00bfC\u00f3mo llega a traducirse esta preocupaci\u00f3n? Por medio de los cuidados que se dan al cad\u00e1ver, sea durante el tiempo en que se halla en el lugar donde la vida le ha abandonado, sea una vez est\u00e1 expuesto o enterrado. Y ello porque tanto el cad\u00e1ver que yace en la choza o bajo tierra como el muerto que yerra por la jungla de los alrededores constituyen para el primitivo un solo y mismo ser: aquel que ayer todav\u00eda se encontraba en medio de ellos y que ahora vive en otra parte una vida diferente.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, dualidad aparente del cad\u00e1ver y del muerto (ghost) no excluye de ning\u00fan modo su consustancialidad. Del mismo modo en que la herida del leopardo se reproduc\u00eda en el cuerpo del hombre-leopardo, asimismo lo que afecta al cad\u00e1ver es sentido tambi\u00e9n por el muerto mismo, aunque se halle a distancia considerable de aquel. Desde este punto de vista adquieren su sentido verdadero multitud de ritos y de usos. Se trata del cuerpo insensible y a punto de descomposici\u00f3n como si estuviera todav\u00eda vivo: se le da calor, se le alimenta, etc\u00e9tera. Ello es completamente natural, pues constituye una unidad con el muerto ausente, el cual contin\u00faa viviendo. Siendo as\u00ed, \u00bfqu\u00e9 otro medio hab\u00eda de satisfacer las necesidades de \u00e9ste? Ofrecer al cad\u00e1ver lo que se supone que desea el muerto es literalmente lo mismo que ofrec\u00e9rselo al muerto mismo porque ambos forman una unidad. Esto no es una hip\u00f3tesis. Los hechos que siguen, a t\u00edtulo de ejemplo, prueban que cuando se dirigen al cad\u00e1ver, de hecho se est\u00e1n dirigiendo al muerto que vive en otra parte.<br \/>\nEn Queensland, \u0093debajo del cuerpo\u0094 se cubr\u00eda en el lugar de hierba en una superficie de cerca de hierba en una superficie de cerca de cuatro pies cuadrados y se encend\u00eda un poco de fuego en uno de los lados. Ello para que el muerto (spirit o the dead) pudiera descender durante la noche, calentarse con este fuego o cocer los alimentos. Si se trataba de un hombre, se colocaba en su puerta una lanza; si se trataba en cambio de una mujer, se colocaba un yamstisk y de este modo pod\u00eda tambi\u00e9n cazas o desenterrar ra\u00edces\u0094. Roth dice lo mismo: \u0093Durante una semana o dos despu\u00e9s de la muerte, los parientes m\u00e1s cercanos se llegan en grupo al lugar donde est\u00e1 enterrado el muerto; tiene miedo de ir solos por temor a ver aparecer el moma del difunto (shade, ghost, es decir, el muerto en persona). Cada tarde puede depositarse en la tumba tabaco, cerillas, alimento, una pipa, etc., y se informa expresamente al que ha partido.\u0094 En Nuevas H\u00e9bridas, \u0093se representa la existencia del alma (Seele, es decir, del muerto) de una manera completamente material. Se entierra al difunto en su choza para que no se encuentre desasistido, se le llevan alimentos para que el muerto (Seele) pueda sobrevivir y, en ocasiones, se envuelve el cad\u00e1ver de esteras que constituyen algo as\u00ed como monedas; de este modo el muerto entra en la tumba con sus riquezas.\u0094<br \/>\nLos muertos parecen ser particularmente sensibles al fr\u00edo y a la humedad cuando sus cad\u00e1veres est\u00e1n expuestos. \u0093Entre los dieyeries, si hace fr\u00edo cuando un ind\u00edgena acaba de morir, se enciende un fuego cerca de su tumba a fin de que el muerto pueda calentarse y, a veces, se le lleva tambi\u00e9n comida.\u0094 En el Estado de Victoria, en agosto de 1849, un ind\u00edgena muerto de tuberculosis hab\u00eda sido enterrado por sus compa\u00f1eros en la propiedad de un colono. \u0093En el mes de noviembre siguiente una gran tempestad de lluvia y de viento hizo estragos en el pa\u00eds. En seguida que se calm\u00f3, los amigos de Georgey reaparecieron y pidieron que se les prestara una pala y un azad\u00f3n. Les pregunt\u00e9 que es lo que quer\u00edan hacer. Me explicaron que el pobre Georgey sent\u00eda demasiado el fr\u00edo y la humedad all\u00ed donde estaba enterrado y que deseaba cambiarlo de lugar. Exhumaron el cuerpo, lo envolvieron con una cobertura suplementaria, lo colocaron en un ata\u00fad&#8230; y lo transportaron al otro lado del r\u00edo para colocarlo en el hueco de un \u00e1rbol, taponando despu\u00e9s cuidadosamente los orificios de modo que no pudiera entrar ning\u00fan animal.\u0094 \u0093En las islas Trobriand, un d\u00eda discut\u00eda con un jefe sobre la causa de que no se hubiera recogido nada. \u0093La culpa la tiene la administraci\u00f3n \u0096me dijo-. En otro tiempo, cuando nuestros doctores expertos en planificaci\u00f3n mor\u00edan, nosotros los enterr\u00e1bamos en el pueblo. Ahora se nos obliga a llevarlos fuera, a la jungla, donde ellos tienen fr\u00edo. Naturalmente, al sentirse tratados de esa suerte, ellos, (their spirits) dejan de interesarse por las plantaciones y viene en consecuencia el hambre.\u0094<br \/>\nLas mismas representaciones se encuentran entre los indios de Nueva Francia. \u0093sin embargo, una cosa les desagrad\u00f3. Cuando se termin\u00f3 de colocar el cuerpo en la fosa, se dieron cuenta de que hab\u00eda un poco de agua en el fondo a causa de que por entonces llov\u00eda a ratos; eso les excit\u00f3 la imaginaci\u00f3n y, como son supersticiosos, les entristeci\u00f3 un poco.\u0094 El mismo padre cuenta en otra parte: \u0093Falta por saber por qu\u00e9 esta mujer se resist\u00eda a entregar el cuerpo de su hijo; ella daba tres razones: la primera, que el cementerio de Qu\u00e9bec estaba muy h\u00famedo&#8230;\u0094<br \/>\nEl muerto, por mediaci\u00f3n del cad\u00e1ver, no siente \u00fanicamente el fr\u00edo. Siente tambi\u00e9n hambre y sed. En consecuencia se le da al cad\u00e1ver el alimento que necesita el muerto. Esta costumbre es universal y la antig\u00fcedad cl\u00e1sica nos ha familiarizado con ella. Pero, entre los griegos y latinos este gesto ten\u00eda un car\u00e1cter generalmente simb\u00f3lico. Entre la mayor\u00eda de los \u0093primitivos\u0094 los muertos tienen literalmente necesidad de comer y de beber. Ciertamente que no la tienen con la misma regularidad ni tampoco en la misma cantidad que los vivientes; no podr\u00edan, en efecto, resistir ese ritmo. Pero es preciso, sin embargo, que con una cierta frecuencia se les llevan alimentos y bebidas. De otro modo sufrir\u00edan y manifestar\u00edan su c\u00f3lera a los parientes negligentes.<br \/>\nAs\u00ed, por ejemplo, en la isla Kiwai \u0093un cazador, un d\u00eda, mat\u00f3 tres jabal\u00edes, despu\u00e9s de lo cual perdi\u00f3 la vida en un accidente; no se le volvi\u00f3 a ver. La gente que descubri\u00f3 los jabal\u00edes se llev\u00f3 de ellos y dej\u00f3 el tercero para el cazador muerto. -\u00a1Pobre diablo! \u00a1Bastante mal ha tenido! \u00a1No nos llevemos pues sus tres jabal\u00edes! Con seguridad el muerto (ghost) los est\u00e1 buscando y si no encuentra ninguno se hallar\u00e1 en una situaci\u00f3n dif\u00edcil\u0094. Tambi\u00e9n en Kiwai \u0093la tarde de las exequias, los miembros del clan al cual pertenece el muerto colocan alimentos y encienden fuego en la tumba. La persona que suministra el alimento se dirige al muerto (spirit) en estos t\u00e9rminos: \u0093\u00c9stos alimentos son para ti. Los dejamos aqu\u00ed. Asimismo hemos encendido fuego para ti&#8230;\u0094 &#8230; Se lleva alimentaci\u00f3n durante cinco d\u00edas consecutivos&#8230; El sexto d\u00eda, el maestro de ceremonias se dirige al muerto, que es invisible, y le dice: \u0093estas plantas son para ti. Hoy es la \u00faltima vez que te preparamos alimentos. \u00a1Vete!\u0094<br \/>\nEn un gran n\u00famero de sociedades, mientras el cuerpo todav\u00eda est\u00e1 presente se le sirve su parte en cada comida. Despu\u00e9s de las exequias se le lleva comida de vez en cuando al lugar en que est\u00e1 sepultado. \u0093Se cree que el difunto todav\u00eda est\u00e1 presente despu\u00e9s de su muerte; la prueba de ello estriba en que tanto que el cad\u00e1ver est\u00e1 en la casa se coloca en todas las comidas su porci\u00f3n habitual al muerto.\u0094 \u0093En tanto que el cad\u00e1ver permanece en la casa \u0096dice Leslie Milne- se le colocan dos bolas de laca, una a cada lado del cuerpo, cerca de su cabeza, a la hora de la comida. Una de ellas es para el muerto y la otra para sus \u00e1ngeles guardianes (hay dos).\u0094 En fin, para no insistir m\u00e1s sobre estos hechos tan conocidos, cabe a\u00f1adir que, entre los akambas, \u0093los sacrificios consisten solamente en alimentaci\u00f3n y es preciso insistir sobre el hecho de que, seg\u00fan se cree, los muertos necesitan realmente alimentos materiales. En efecto, sienten hambre, sed, fr\u00edo, exactamente como los seres humanos\u0094. El misionero Brutzer narra la recomendaci\u00f3n que hace un doctor a los ancianos: \u0093Id al ligar donde se sacrifica a N&#8230; Reedificad su choza, que se ha derrumbado. Est\u00e1 durmiendo por esa raz\u00f3n en la intemperie y por eso no llueve, para que no se le incomode. Dadle tambi\u00e9n algo para comer. Tiene mucha hambre. Dadle tambi\u00e9n granos para sembrar.\u0094<br \/>\nEn una palabra, el muerto es quien disfruta o quien se siente privado de lo que se da o se rehusa al cad\u00e1ver. Acerca de este \u00faltimo punto nuestros sentimientos se hallan muy cercanos a los de los primitivos. Cuando nosotros creemos que se ultraja a nuestros muertos violando su tumba, por ejemplo, o bien maltratando su cuerpo, reaccionamos con la misma violencia que los melanesios, los indios o los bant\u00fas. Sin embargo, encontramos extra\u00f1o que se de al muerto de beber y de comer, que se le ofrezcan coberturas para que est\u00e9 caliente, armas para que vaya de caza y que todo ello se le coloque de forma que pueda cogerlo el cad\u00e1ver, etc.<\/p>\n<p>III.-<br \/>\nComo quiera que la individualidad del muerto es, pues del mismo tipo que la del vivo, los l\u00edmites de uno y otro son igualmente indecisos. Cierto que en este caso no se trata de las huellas de sus pasos, de los restos de sus alimentos, de sus secreciones y excrecencias, etc. Sin embargo, los l\u00edquidos que supura el cad\u00e1ver, comparables a la saliva y al sudor del viviente, parece considerarse tambi\u00e9n sus pertenencias. As\u00ed se explican, por lo menos en parte, costumbres horribles como las que se han observado en m\u00e1s de un lugar, por ejemplo, en Indonesia, al decir de Riedel. \u0093En el archipi\u00e9lago Aaru, cuando muere un adulto, se le ba\u00f1a y se le viste seg\u00fan su condici\u00f3n, se le colocan adornos de coral, de oro y de plata; permanece dos d\u00edas y dos noches en posici\u00f3n de sentado, apretado entre pedazos de manera, con los pies sobre unos colmillos de elefante; las m\u00e1s de las veces se le coloca debajo de la casa y todos los miembros de la familia lo van alimentando. El tercer d\u00eda se le coloca en una embarcaci\u00f3n (bor). Ese d\u00eda sus parientes consangu\u00edneos le arrancan con las u\u00f1as pedazos de las mejillas, de las orejas y del pecho. Todo el tiempo en que el cuerpo est\u00e1 en la casa, se golpea el tambor. El bor est\u00e1 colocado en un estrado debajo de la vivienda y se hace un orificio para recoger en un gong o en una palangana los humores cadaveris, para consumirlos despu\u00e9s un en testimonio de adhesi\u00f3n al muerto y para permancer en comuni\u00f3n duradera con \u00e9l. Esta costumbre horrenda no parece tener consecuencias molestas.\u0094 Por otra parte, las viudas son, en ocasiones, obligadas a beber estos l\u00edquidos del cad\u00e1ver de su marido.<br \/>\nLos cabellos son una pertenencia de los muertos particularmente importante. Se sabe a que peligros se expon\u00eda el indio de Am\u00e9rica del Norte para conseguir atrapar la cabellera de un enemigo. Ello no se hacia \u00fanicamente para mostrar a los dem\u00e1s una prueba de su valor y exhibir un trofeo. La cabellera ten\u00eda el mismo valor m\u00edstico al que tantos primitivos, como, por ejemplo, en Indonesia o en Am\u00e9rica del Sur, atribuyen a las cabezas y a los cr\u00e1neos. Hacerse con una pertenencia as\u00ed de un individuo equival\u00eda a hacerse due\u00f1o de \u00e9l y, a veces, por este solo hecho se pod\u00eda transformar a un enemigo, si no en protector, por lo menos en auxiliar y servidor.<br \/>\nPero la pertenencia esencial del muerto, por as\u00ed llamarla, la que desempe\u00f1a el papel, principal en las representaciones de los primitivos son, sin ninguna duda, sus huesos, y mas especialmente su cr\u00e1neo. Las partes blandas del cuerpo, sobre en todo en climas c\u00e1lidos y h\u00famedos, desaparecen r\u00e1pidamente en la putrefacci\u00f3n a menos que se halle un medio de detenerla embalsamando el cad\u00e1ver, como se hace en Egipto y en Per\u00fa. Pero estos pa\u00edses son, adem\u00e1s, muy secos. En general, en las sociedades de que nos estamos ocupando, no se dispone de ning\u00fan medio para conservar indefinidamente las carnes de los cad\u00e1veres. De ah\u00ed que se limiten a conservar sus huesos. Su misma dureza y el hecho de que en la mayor\u00eda de las regiones resisten la acci\u00f3n del tiempo aumentan el respeto religioso que inspiran; evidentemente queda en ellos mucho del mana o del imunu del hombre.<br \/>\nPara esp\u00edritus de estas caracter\u00edsticas, la manera como se trata a los cuerpos de los muertos y el lugar donde se los coloca a t\u00edtulo provisional o definitivo tiene a menudo un sentido diferente de lo que tiene para nosotros. La inhumaci\u00f3n, por ejemplo, no tiene siempre por objetivo asegurar su reposo. El doctor W. E. Roth hace, al respecto, la siguiente observaci\u00f3n: \u0093Al considerar la costumbre de la exhumaci\u00f3n, muy generalizada entre los indios de la Guayana, y el uso que se hac\u00eda despu\u00e9s de los huesos&#8230; Todas las principales naciones indias antes de estar en contacto con influencias europeas, practicando la exhumaci\u00f3n&#8230; Los warrau llegaban al mismo resultado dejando el cuerpo en el agua en donde se hallaba expuesto a los ataques de los peces carn\u00edvoros. No hay, pues, motivo para extra\u00f1arse, si la inhumaci\u00f3n se hac\u00eda de diversas maneras, tanto en una fosa o en agujero profundo, como en la superficie del suelo en una tumba no recubierta, etc.\u0094 El padre Colbacchimi dice lo mismo: \u0093El muerto est\u00e1 colocado temporalmente a flor de tierra y rociado de agua. Cada d\u00eda a la hora del crep\u00fasculo, sus parientes acuden a verter agua sobre \u00e9l para evitar la putrefacci\u00f3n de las carnes y para limpiar los huesos.\u0094<br \/>\nOtros motivos se a\u00f1aden a \u00e9stos, como lo se\u00f1ala R. Hertz, sobre todo en Indonesia y en Melanesia, para inducir a los ind\u00edgenas a acelerar la desaparici\u00f3n de las partes blandas con el fin de liberar los huesos. \u0093Mientras el cuerpo se pudre \u0096dice Codrigton-, el muerto (ghost) est\u00e1 d\u00e9bil. Cuando el olor ha desaparecido, est\u00e1 fuerte.\u0094 Y un poco despu\u00e9s, a\u00f1ade: \u0093En estos m\u00e9todos funerarios para muertos importantes, para los que est\u00e1n destinados a convertirse en poderosos lio\u0092a, se debe, prbablemente, ver un efecto de la creencia ya citada, seg\u00fan la cual, en tanto que el cuerpo expide olor, el muerto (ghost) permanece d\u00e9bil; el lio\u0092a del muerto que se arroja al mar, que se queja, que se encierra en una caja o que se despoja en seguida de su carne, es activo y disponible acto seguido&#8230; En otro tiempo se hacia en Saa lo que se practica hoy en d\u00eda en Bauro: se vert\u00eda agua sobre el cuerpo hasta que la carne desapareciera y se le tomaba entonces el cr\u00e1neo&#8230;\u0094<br \/>\nSi se dan tanta prisa por separar lo antes posible los huesos de las materias en putrefacci\u00f3n ello es debido a que los huesos en tanto que son pertenencias, son el muerto mismo. Codrignton lo dice en estos t\u00e9rminos. \u0093En el interior de Santa Cruz se desentierran los huesos para hacer puntas de flechas y se tomar\u00e1 el cr\u00e1neo para guardarlo en una caja en la casa. Se dice que ese cr\u00e1neo es el hombre mismo y se colocan alimentos delante suyo\u0094&#8230; \u0093Recientemente hab\u00eda todav\u00eda en Aurora un hombre que por afecto hac\u00eda su hermano muerto lo desenterr\u00f3 e hizo flechas con sus huesos. Iba a todas partes con sus flechas y dec\u00eda hablando consigo mismo: \u0093Mi hermano y yo\u0094. Todo el mundo ten\u00eda miedo de \u00e9l pues se cre\u00eda que su hermano muerto estaba presente para asistirlo.\u0094 Para los melanesios, por tanto, la presencia de los huesos y la presencia del muerto forman una unidad.<br \/>\nCon estas representaciones se relacionan unas pr\u00e1cticas cuyo sentido resultar\u00e1 ahora evidente. Por ejemplo, en las islas pr\u00f3ximas a Nuevo Mecklembourgo, \u0093cuando el cad\u00e1ver colocado en tierra se descompone, los parientes pr\u00f3ximos desentierran el cr\u00e1neo y lo envuelven con hojas cuidadosamente; se hace lo mismo con los huesos del brazo. En esta ocasi\u00f3n se prepara un gran fest\u00edn y el cr\u00e1neo es expuesto junto a unos alimentos en el lugar mismo de la fiesta. Las mujeres profieren sus gemidos de duelo como en el d\u00eda del entierro. Cuando se ha terminado la fiesta, el cr\u00e1neo es inhumano de nuevo y ya no se le desentierra m\u00e1s. Los huesos del brazo son empleados para hacer ciertas lanzas, que s\u00f3lo sirven para los parientes del muerto. Con esto se relaciona una creencia supersticiosa: se piensa que durante el combate el muerto (Geist) se sit\u00faa a los lados del que lleva la lanza\u0094. Como en Aurora, la presencia de los huesos asegura, por tanto, la del muerto mismo. Por lo menos la posesi\u00f3n de esta del Almirantazgo \u0093cuando un moanus muere, el cad\u00e1ver sumergido en cerveza permanece en la casa hasta que se produzca la completa descomposici\u00f3n&#8230; Cuando solo queda el esqueleto, las mujeres lo lavan con cuidado en el agua del mar. Se colocan en una cesta los huesos de los brazos, el f\u00e9mur y e l peron\u00e9. Esta cesta se entierra en un determinado lugar con su contenido. El cr\u00e1neo, las costillas y los huesos del antebrazo se colocan en otra cesta y se la sumerge un tiempo en el mar para que estos huesos queden completamente limpios y blanqueados. Entonces, se les coloca junto con las plantas olorosas en un plato de madera que se deja en la casa donde habitaba el muerto cuando todav\u00eda viv\u00eda. Anteriormente se han extra\u00eddo los dientes del cr\u00e1neo; la hermana del muerto se hace un collar con ellos. Al cabo de cierto tiempo se reparten las costillas y es el hijo quien hace el reparto. La mujer principal recibe dos, los parientes m\u00e1s pr\u00f3ximos reciben una cada uno. En recuerdo del muerto cada cual lleva la suya en su anillo del brazo, uso que recuerda al de Berlinhafen en Nueva Guinea.\u0094<br \/>\nLa costumbre de llevar encima huesos de los parientes pr\u00f3ximos se explica sin dificultad. La presencia de esta pertencia garantiza la presencia del muerto y se lleva por diversos motivos, no exclusivamente por afecto hacia \u00e9l. \u0093Uno de los usos m\u00e1s antiguos de los ind\u00edgenas consist\u00eda en extraer la tibia&#8230;, para hacer astr\u00e1galos (huesos adivinatorios). Y tambi\u00e9n los maxilares inferiores, que luego se llevaban una vez limpios como adorno alrededor del cuello. Se hacia esto por afecto, por extra\u00f1o que esto pudiera parecer. Los cierto es que conced\u00eda a esos huesos de los parientes el m\u00e1s alto precio. Hace tres d\u00edas recib\u00ed la visita del jefe de Kavataria, que hab\u00eda perdido recientemente a un hijo de diez a\u00f1os. \u0093Hab\u00e9is puesto un tab\u00fa sobre los huesos \u0096me dijo- sabes que he perdido a mi hijo. Mi mujer no puede dormir ni durante el d\u00eda ni durante la noche. Ella me env\u00eda a pediros permiso para abrir la tumba y coger. \u00a1no digo ya un hueso, sino solamente un dientecillo!\u0094\u0094 Poseyendo este diente la pobre madre sentir\u00eda que su hijo esta presente junto a ella. En San Crist\u00f3bal, \u0093en cada casa se guardan las reliquias de los muertos: el cr\u00e1neo, el maxilar, un diente, o unos cabellos. Se los coloca en una cesta hecha con hojas de cocotero y se lo suspende de la cima del pilar principal de la casa. Debajo se queman ofrendas, cuyo humo y olor ascienden y son agradables para el muerto (ghost). Es probable que estos muertos sean miembros de la familia fallecidos recientemente, una mujer con un hijo especialmente queridos, por ejemplo.\u0094<br \/>\nPuesto que los huesos y en particular el cr\u00e1neo son el muerto, se les consulta de la misma manera como se pedir\u00eda consejo al propio muerto. Cuando se les pregunta algo, se dirigen a \u00e9l. En un cuento recogido por Landtman, \u0093el hombre&#8230; desentierra los cr\u00e1neos de sus padres, los lava en agua y los deja al sol para que se sequen. Durante la noche se acuesta sobre su espalda para poder dormir con un cr\u00e1neo en cada axila, pues quer\u00eda que sus padres muertos (spirits of his parents) le hablaran en sue\u00f1os. Coloc\u00f3 una pesada ca\u00f1a junto a \u00e9l. A media noche se despert\u00f3 cogi\u00f3 la ca\u00f1a y exclam\u00f3: \u0093\u00bfPor qu\u00e9 no ven\u00eds los dos deprisa a hablarme? Hace ya rato que estoy dormido. Si no ven\u00eds os romper\u00e9 la cabeza.\u0094 Luego se volvi\u00f3 a acostar. Un poco despu\u00e9s su padres acudieron y hablaron&#8230; Por la ma\u00f1ana el hombre se despert\u00f3 y pens\u00f3: \u0093\u00a1Oh! Mi padre y mi madre han venido. Me han hablado como era menester.\u0094 Y volvi\u00f3 a poner los cr\u00e1neos en la tumba.\u0094 Una historia muy semejante ha sido recogida en el estrecho de Torres. \u0093Esa tarde, Sesere se fue a la jungla y cogi\u00f3 una cierta cantidad de hojas odor\u00edferas. Frot\u00f3 vigorosamente con alguna de ellas el cr\u00e1neo de su padre y de su madre y las coloc\u00f3 sobre las otras. Despu\u00e9s se acost\u00f3, con los cr\u00e1neos muy cerca de su cabeza, pero antes de dormirse les cont\u00f3 lo que le hab\u00eda sucedido ese d\u00eda y la v\u00edspera; les pregunt\u00f3 que pez era ese que com\u00eda hierba y c\u00f3mo pod\u00eda cogerlo.<\/p>\n<p>\u0093Cuando se durmi\u00f3, los cr\u00e1neos hicieron un ligero ruido y hablaron a Sesere. Le diejeron que el animal que com\u00eda hierba era el dugong y le ense\u00f1aron la manera de cazarlo.\u0094<br \/>\nEn otro cuento de la isla Kiwai, un hombre acaba de desaparecer. Su mujer est\u00e1 llorando. Con el tiempo el cad\u00e1ver se ha ido descomponiendo, de suerte que s\u00f3lo quedan los huesos. Una noche el muerto acude a hablar con su mujer y le revela donde se hallan sus huesos. Ella despierta a su padre y a su madre y les cuenta su sue\u00f1o&#8230; Al d\u00eda siguiente por la ma\u00f1ana la gente acude a buscar al muerto. (N\u00f3tese esta expresi\u00f3n: el muerto o sus huesos son la misma cosa.) La mujer sabe el camino. Se encuentran al fin los huesos.<br \/>\nEldson Best, cuenta una parte de un discurso dirigido a los restos (es decir, a los huesos) de un hombre por parte de un miembro de su tribu. \u00c9ste los hab\u00eda exhumado porque hab\u00edan sido enterrados en el territorio de una tribu extranjera y los hab\u00eda repatriado. \u0093Adi\u00f3s, \u00bfse\u00f1or! (sir). Os devuelvo con los vuestros os he llevado a vuestra casa. \u00a1Adi\u00f3s! Id al encuentro de vuestros antepasados, vuestros ancianos: os dar\u00e1n buena cogida.\u0094 Lo que tiene delante suyo son los huesos, pero a quien se dirige es al muerto. La consustancialidad entre el muerto y sus huesos es tal que el maor\u00ed no los distingue. Cuando los esp\u00edritus tienen mayores exigencias l\u00f3gicas llegan a decir que los huesos \u0093representan al muerto, est\u00e1n en su lugar o son un s\u00edmbolo de \u00e9l, etc. Pero este pensamiento simb\u00f3lico ha comenzado siendo realista y emocional. E incluso lo continua siendo siempre, en alg\u00fan grado, en tanto que conserva alguna fuerza.<br \/>\nConforme a esas representaciones los alimentos que se ofrecen al muerto, son a veces, colocados delante de sus huesos. Entre los toradias, \u0093todo este sacrificio a los muertos debe ser considerado como una \u00faltima comida que toma con ellos. Para realizar todav\u00eda mejor esta idea, se colocan cestos llenos de arroz cocido en contacto con los huesos de los muertos, despu\u00e9s de lo cual, los que participan en la fiesta del sacrificio toman una parte de la ofrenda y la comen.\u0094 En las islas Nicobar, la gran fiesta de los muertos, que dura un mes, se celebra cada tres o cuatro a\u00f1os. \u0093En Nancowry, en las islas del centro, la viuda del muerto o bien un pariente pr\u00f3ximo lava su cr\u00e1neo en un l\u00edquido hecho con una nuez de un coco todav\u00eda verde, justo en el estado en que est\u00e1 m\u00e1s a punto para la bebida. Se frota el cr\u00e1neo con azafr\u00e1n y, acto seguido, se le coloca sobre un plato en una suerte del atar preparado ex profeso para \u00e9l. Se le cubre con un sombrero cuya forma var\u00eda seg\u00fan el sexo del muerto. Se adhieren al sombrero unos cigarrillos, alrededor de los cuales se enrollan unos retales de tela roja y blanca. Asimismo, se sirve alimentos al cr\u00e1neo&#8230;\u0094<br \/>\nLa posesi\u00f3n de huesos y , en particular, de cr\u00e1neos, puede reportar grandes beneficios, porque permite disponer de la fuerza m\u00edstica del muerto. \u00c9sta es, como se sabe, una de las razones de que la caza de cabezas consituya una costumbre tan extendida tan tenza. \u0093La tribu que ocupa la costa la Nueva Guinea frente a Tauan y Saibai (estrecho de Torres) se halla continuamente en guerra con sus vecinos. Los jefes de Saibai y de Tauan adornan sus casas con guirnarldas de cr\u00e1neos de hombres de la jungla de Nueva Guinea. A los que poseen estos horribles trofeos les repugna que toquemos sus malakai, es decir, sus muertos (ghosts), como ellos los llaman.\u0094 Malakai o markai quiere decir, en efecto, \u0093muertos\u0094. Aqu\u00ed, el cr\u00e1neo se identifica formalmente con el muerto. En la isla Kiwai, la posesi\u00f3n de los ojos de un enemigo confiere el mismo poder. \u0093Se puede ver en una extremidad de la sala central del darimo (casa sagrada de los hombres), dos c\u00edrculos donde hay dos puntos. Se hacen dos agujeros en el suelo. En cada uno de ellos se coloca el ojo desecado del enemigo muerto en una batalla. Los puntos representan los dos ojos&#8230; Se cree que los enemigos muertos (spirits of slain enemies) se hallan en esos dos ojos y cuando los hombres que han construido esa casa van a la guerra, estos muertos tienen el poder de capturar los \u0093esp\u00edritus\u0094 del enemigo, y de este modo los tornan d\u00e9biles e impotentes y procuran a los asaltantes una victoria f\u00e1cil.\u0094 En borneo, entre los kenyahs, \u0093Bo Adjang Ledja, antes de morir, me hab\u00eda hecho part\u00edcipe con frecuencia de su inquietud; en efecto tem\u00eda que el sult\u00e1n conservaba ya en una caja de su palacio los cr\u00e1neos de otros varios jefes, a fin de que su posesi\u00f3n le permitiera ajercer su poder sobre las tribus van.\u0094 Igualmente, en Esp\u00edritu Santo, en Nuevas H\u00e9ridas, \u0093la gente utiliza los huesos humanos huecos, en particular la de los parientes pr\u00f3ximos y de los hombres que han alcanzado un rango elevado en la suque (sociedad secreta), para hacer puntas de lanza. Se cree que el mana del muerto pasa con sus huesos al poseedor de la lanza. Se estiman especialmente las que provienen de jefes.\u0094 Y un poco despu\u00e9s a\u00f1ade: \u0093Naturalmente tambi\u00e9n los extranjeros intentaban hacerse con flechas cuyas puntas proven\u00edan de huesos de grandes guerreros o de hombres de elevado rango en la suque, a fin de participar del mana de estos muertos.\u0094 En Rakaanga y Minihiki, islas situadas a seiscientas millas en el norte de Rarotonga, cuando un rey, un sacerdote o un excelente pescador mor\u00edan, se exhumaba su cuerpo al cabo de tres d\u00edas y se cortaba su cabeza&#8230; Se lo colocaba en una cesta confeccionada con hojas de cocotero en la parte delantera de la canoa. Cuando, en el mar, eran sorprendidos por vientos contrarios o lluvias tropicales se sacaba la cabeza de la cesta y se la suspend\u00eda en el aire por los cabellos, pidi\u00e9ndole que se apaciguara el tiempo. Las manos y los pies de los jefes, de los sacerdotes y de los pescadores muertos serv\u00edan para el mismo uso a gentes de rango inferior.\u0094<br \/>\nLa misma creencia en el poder de los cr\u00e1neos \u0096amigos o enemigos- se vuelve a encontrar en las regiones m\u00e1s alejadas del Pac\u00edfico. Por ejemplo, en el Gab\u00f3n, \u0093cuando se trataba de un oga (gran jefe) se le inhumana en la proximidad del poblado, a veces incluso en la habitaci\u00f3n donde hab\u00eda muerto. Se hacia as\u00ed con el fin de poder desenterrarlo m\u00e1s f\u00e1cilmente y extraer su cr\u00e1neo, que era transportado en la caja fetiche de los manes de los antepasados. De este modo, el difunto se convert\u00eda en el protector de su pueblo y de su familia\u0094. En Siberia, en un cuento chukche, \u0093un hombre joven pide protecci\u00f3n al cuerpo de su padre que est\u00e1 muerto. El cad\u00e1ver le responde: \u0093Yo no puedo mantenerte cerca de m\u00ed. Estoy corrupto y la casa est\u00e1 muy fr\u00eda.\u0094 Despu\u00e9s de lo cual el muerto (spirit) le ense\u00f1a la manera de que le ame la hija de un rico pastor de renos. En otro cuento, muy caracter\u00edstico y muy extendido, una joven encuentra en el campo un cr\u00e1neo desprendido del tronco y lo lleva con ella. Lo esconde en su mochila&#8230; Su madre termina descubri\u00e9ndolo. Toda la familia queda presa del p\u00e1nico. Se salvan dejando a la joven sola y sin medios de subsistir. Ella se lamenta ante el cr\u00e1neo y en un paroxismo de desesperaci\u00f3n le da un golpe con el pie. El cr\u00e1neo se va entonces a la b\u00fasqueda de su cuerpo y vuelve enseguida en forma de un bello joven. Lleva consigo un gran reba\u00f1o de renos y de trineos\u0094. En este cuento, el cuerpo, el cr\u00e1neo y el individuo forman una unidad.<br \/>\nEn Am\u00e9rica del Sur, los j\u00edbaros del Ecuador intentan por todos los medios hacerse con las cabezas de sus enemigos. R. Karsten ha descrito con detalles las ceremonias en las cuales estos trofeos (tsantsa) constituyen la ocasi\u00f3n y el objeto. \u0093Los j\u00edbaros -se\u00f1ala- no haya nada contradictorio en la idea de que el enemigo muerto (spirit of the slain enemy), por una parte, alimente sentimientos de odio y de venganza contra su asesino, y busque siempre una ocasi\u00f3n de enojarlo y, por otra parte, que desempe\u00f1e al mismo tiempo, por as\u00ed decirlo, el papel de un amigo y de un consejero. Llega a serlo por medio de la influencia de las operaciones m\u00e1gicas y de las ceremonias que se han ejecutado.\u0094 Poseer el tsantsa y someterlo a este tratamiento equivale a tener al enemigo a su servicio. Karsten dice tambi\u00e9n en otra parte: \u0093Los indios creen verdaderamente que se puede hacer revivir a los muertos por medio de sus huesos. Nordenski\u00f4ld lo ha experimentado entre los quechua de Queara. Iba en busca de cr\u00e1neos y de esqueletos; los ind\u00edgenas creyeron que quer\u00eda llev\u00e1rselos a su pa\u00eds para hacerlos revivir y para que les revelara los secretos concernientes a las minas de oro de los incas\u0094. Quiz\u00e1s no era ni siquiera necesario para ello, al pensar de los ind\u00edgenas, hacer revivir a los muertos. La simple posesi\u00f3n de los cr\u00e1neos basta. Se ha visto como los cr\u00e1neos dan a conocer a quienes los interrogan lo que \u00e9stos desean.<br \/>\nEn fin, puesto que los ind\u00edgenas no acusan apenas diferencia alguna entre los hombres y el animal, se comprende que los huesos y sobre todo los cr\u00e1neos de los animales, y en particular, los de aquellos que tienen alto valor m\u00edstico, sean conservados, honrados, consultados o se les rece, como en el caso de los huesos y de los cr\u00e1neos humanos. Esta costumbre es, en efecto, practicada en multitud de zonas. S\u00f3lo citar\u00e9 un ejemplo. En las islas Tanembar y Timorlao, \u0093la caza de tortugas constituye la ocupaci\u00f3n principal de la poblaci\u00f3n masculina. Los caparazones es estos animales se conservan en la casa de fiestas y sus cr\u00e1neos se suspenden de un \u00e1rbol junto a la casa del que las posee. Cuando se va otra vez a la caza de tortugas se hace una ofrenda de arroz, de sirih-pinang, de tabaco y de vino de palma a los cr\u00e1neos. Al mismo tiempo se les invoca: \u0093\u00a1Oh camaradas! \u00a1Subid m\u00e1s arriba del \u00e1rbol y consideraos amigos nuestros! Aqu\u00ed ten\u00e9is todo tipo de cosas de comer, arroz, sirih-pinang, tabaco; en el mar vuestros amigos s\u00f3lo comen dos tipos de hierbas, con piedra, uk, uk, uk!\u0094 Para nosotros, los cr\u00e1neos \u0093representan\u0094 las tortugas. Para los ind\u00edgenas, cr\u00e1neo y tortuga forman una unidad indisoluble.<\/p>\n<p>IV.-<br \/>\nQuiz\u00e1 convenga distinguir, en cada sociedad, lo que es, en el sentido estricto de la palabra, una \u0093pertenencia\u0094 del muerto, es decir, lo que forma parte de su individualidad y lo que \u0093pertenece\u0094 en sentido amplio, es decir, lo que mas se relaciona con la propiedad tal como nosotros la entendemos, a pesar de que pueda implicar tambi\u00e9n una participaci\u00f3n m\u00e1s o menos \u00edntima entre el que posee y el objeto pose\u00eddo. La l\u00ednea de demarcaci\u00f3n resulta, a mundo, imposible de trazar. En este caso, como en el caso de los seres vivos, las fronteras de la individualidad quedan indecisas. Entre los esquimales de Groelandia \u0093lo que reconoce m\u00e1s plenamente como propiedad personal (eso que yo llamo pertenencia) es el kayak, los vestidos de kayak y los instrumentos de caza. No pertenecen \u00fanicamente a un solo cazador y nadie debe tocarlos. Es raro que se presenten&#8230; Tambi\u00e9n las raquetas pueden contarse entre los instrumentos de caza; pero como han sido introducidas por los europeos, no son consideradas en el mismo grado como propiedad personal&#8230; Luego vienen los \u00fatiles empleados en la casa, tales como cuchillos, hachas, tijeras, etc. Muchos de ellos y, sobre todo, los que sirven a las mujeres para coser son considerados enteramente como propiedad personal. El resto de los utensilios es propiedad com\u00fan de la familia o incluso de todos los habitantes de la casa&#8230; El esquimal ignora la propiedad personal de la tierra.\u0094 Igualmente W. Thalbitzer escribe: \u0093El hombre fabrica el mismo sus instrumentos de trabajo y de caza, es la primera condici\u00f3n de su derecho a poseer&#8230; Las armas y los \u00fatiles hechos por \u00e9l son enterrados en su tumba y nadie los hereda. Sin embargo, el hijo hereda de la t\u00eda y del umiak de su padre&#8230; Pero los peque\u00f1os instrumentos personales estrechamente ligados con el trabajo de su propietario le acompa\u00f1an hasta la tumba, por ejemplo el kayak del cazador de focas. As\u00ed, el derecho personal de propiedad sobre estos objetos est\u00e1 tan fuertemente desarrollado que adopta un car\u00e1cter religioso.\u0094 En otros t\u00e9rminos,l constituyen pertenencias. En el Camer\u00fan, von Hager expresa con fuerza la misma idea. \u0093Sobre la tumba se colocan con la choza derrumbada del muerto todos sus muebles, pues hasta en el m\u00e1s peque\u00f1o objeto del difunto, del que se ha servido en vida, contin\u00faa viviendo su alma (launoa).\u0094 Un poco despu\u00e9s a\u00f1ade: \u0093En cada utensilio que un hombre emplea se encuentra una parte de su alma.\u0094<br \/>\nEn las islas orientales en estrecho de Torres, las \u0093pertenencias\u0094 del muerto se hallan claramente caracterizadas. \u0093Bruce define la palabra keber como la esencia espiritual del muerto. Est\u00e1 representado o bien por el cuerpo del hombre o bien por todo objeto considerado como pertenencia suya durante su vida despu\u00e9s de su muerte. Por eso, se emplea la expresi\u00f3n \u0093robar el keber\u0094 incluso si el objeto robado es insignificante: basta con que sea considerado una parte del propio muerto para que se emplee esta expresi\u00f3n. Robar un pedazo cualquiera del cuerpo o incluso una vasija o un pedazo de vasija que haya servido para las ceremonias funerarias era considerado como equivalente a turbar el reposo del propio muerto (ghost of the deceased). A este prop\u00f3sito Bruce a\u00f1ade que un robo de este g\u00e9nero agita al muerto y lo mueve a irritarse con sus parientes vivos, por lo menos en tanto no recobren el keber robado.\u0094 Y un poco despu\u00e9s a\u00f1ade: \u0093Las m\u00e1s de las veces, si no siempre, los enemigos realizaban tentativas para hacerse con una parte del cad\u00e1ver. El keber que se intentaba robar era ante todo el cuerpo desecado, o el cr\u00e1neo en el caso de que no se hubiera dado forma de momia al cad\u00e1ver. A menudo era preciosa mucha estrategia para hacerse con \u00e9l. Pero, a falta de cr\u00e1neo, cualquier cosa pod\u00eda servir de keber: una piedra o un pedazo de madera que proven\u00eda de la tumba. Pod\u00eda incluso bastar una viruta de un pedazo de madera que se encontraba en la zona de la tumba o bien llevarse una rama o una hoja de su vecindad.\u0094 As\u00ed pues, todos esos objetos pueden representar la \u0093esencia espiritual\u0094 del muerto al mismo t\u00edtulo que su cad\u00e1ver o que su cr\u00e1neo. Poseerlos es tener en su poder el keber mismo. El muerto no tendr\u00e1 entonces reposo ni dejar\u00e1 a los suyos en tanto que \u00e9stos no lo restituyan.<br \/>\nEn otro pasaje, el autor establece una estrecha relaci\u00f3n entre ese keber \u0096estas pertenencias- y el doble, sombra, o imagen del individuo. \u0093La palabra mar, frecuentemente lamar, era empleada para significar \u0093sombra\u0094, reflejo, esp\u00edritu (ghosts or spirit); pero ello no se sigue que estas ideas se confundan unas con otras en la mente de los ind\u00edgenas.\u0094 Reflexi\u00f3n que m\u00e1s de una vez hemos tenido por justa. Los primitivos ignoran estas distinciones que pueden parecernos naturales; llevan en cambio, habitualmente a cabo otras que a nosotros se nos escapan. \u0093Existe otra palabra, keber, que se emplea constantemente cuando se habla de la muerte y de las ceremonias funerarias, pero es muy dif\u00edcil hacerse una idea exacta de lo que quiere decir. Todo lo que se halla realmente en relaci\u00f3n con un hombre durante su vida o despu\u00e9s de su muerte, por muy insignificante que sea, es considerado como parte del difunto. Se podr\u00eda incluso pensar que los ind\u00edgenas consideran ese objeto como parte del lamar; lo llaman keber. Las pantomimas en las ceremonias funerarias eran tambi\u00e9n calificadas como keber y en cuanto a los actores que personificaban los muertos (ghosts) se les llamaba keber-le.\u0094<br \/>\nSe sigue estos textos que los objetos designados con el nombre de keber forman parte del hombre y m\u00e1s precisamente del lamar, es decir del hombre en su existencia ultraterrena. Tenemos aqu\u00ed un tipo caracter\u00edstico de pertenencia del muerto. La comprensi\u00f3n de keber es, por lo dem\u00e1s, m\u00e1s basta que la de \u0093pertenencia\u0094. No s\u00f3lo se extiende a todo lo que constituye la individualidad del muerto: a su cad\u00e1ver, a su imagen, a su sombra etc., sino tambi\u00e9n a las piedras y a las maderas de su tumba y hasta a los \u00e1rboles que est\u00e1n cerca de ella. Estos objetos, se dice expresamente, forman parte de \u00e9l. Por nuestra parte, nos cuesta considerarlos verdaderas pertenencias o elementos de su individuo. En lo cual sin duda nos equivocamos. Seguramente aqu\u00ed tambi\u00e9n imponemos a las participaciones que ocupan el esp\u00edritu de los ind\u00edgenas ciertas reglas que los deforman y cuando por nuestra parte queremos adoptar a la fuerza una noci\u00f3n de individualidad que les es extra\u00f1a no hacemos otra cosa que desnaturalizarlo.<br \/>\nEn las mismas islas \u0093cuando un hombre mor\u00eda sin dejar hijos, su viuda devolv\u00eda todos sus efectos personales a sus parientes varones que los romp\u00edan y los quemaban. Incluso las mazas con cabeza de piedra era reducidas a peque\u00f1os pedazos y arrojadas despu\u00e9s al fuego&#8230; Si se mor\u00eda un hijo \u00fanico, todos sus bienes y tambi\u00e9n los de su padre eran despedazados y destruidos de la misma manera. A veces, los padres recog\u00edan todo en el interior de la casa y la quemaban con todo lo que conten\u00eda. Luego ped\u00edan a sus amigos que fueran a destruir los productos de sus jardines. Los \u00f1ames eran desenterrados y hechos pedazos: todo lo que crec\u00eda era destruido.\u0094<br \/>\nEstas pr\u00e1cticas se hallan extremadamente extendidas y son singularmente uniformes, pese a una gran variedad de diferencias de detalles. Casi por todas partes, bien en el momento de la muerte, bien en el tiempo de los primeros o de los segundos funerales, se destruye lo que \u0093participa\u0094 del muerto. Non puede decirse de todos los objetos sacrificados de este modo que son \u0093pertenencias\u0094 del muerto en sentido estricto y que forman parte de su individualidad. Pero esta dificultad radica m\u00e1s bien en nuestros h\u00e1bitos mentales, en nuestro lenguaje y en nuestros conceptos.<br \/>\nVeamos, por ejemplo, lo que C. G. Seligmann dice a prop\u00f3sito de la casa del muerto en una tribu de Nueva Guinea:<br \/>\n\u0093Se puede sugerir la idea de que la casa de una persona casada \u0096hombre o mujer- esta tan \u00edntimamente ligada con ella que cuando \u00e9sta muere, si pertenece a un clan extranjero se puede considerar que su casa se ha convertido, en alguna medida, id\u00e9ntica a este extranjero muerto, de suerte que despu\u00e9s de su defunci\u00f3n, resulta impropio a los pobladores que subsista.\u0094 Decir que la casa se vuelve \u0093id\u00e9ntica\u0094 a la persona que la habita, \u00bfno equivale a pensar que constituye una \u0093pertenencia\u0094? \u00c9sta es la raz\u00f3n de que se vean obligados tan frecuentemente a abandonarla o derrumbarla. Haya sido asesinado o no. Nadie quiere. En efecto, vivir all\u00ed a ning\u00fan precio.\u0094<br \/>\nSucede con la casa lo mismo que con los dem\u00e1s efectos personales del individuo. Si alguien los coge y se sirve de ellos no solamente privar\u00e1 al muerto de algo a lo que tiene derecho. La ofensa ser\u00e1 mucho m\u00e1s grave. Equivaldr\u00eda a lesionar su misma individualidad, herirla, mutilarla, alcanzarla en lo esencial, exactamente como se alcanza la de un viviente a trav\u00e9s de una de esas pertencias. \u00bfC\u00f3mo, pues, osar\u00e1 atraerse de este modo la ira del muerto?<br \/>\nEl doctor Thurnwald ha expresado lo mismo en t\u00e9rminos satisfactorios. \u0093En Buin, una buena parte de lo que posee la gente desaparece en la ceremonia f\u00fanebre. Las provisiones son consumidas, las plantaciones de taro y los cocoteros que sirven para la alimentaci\u00f3n personal del muerto son destruidos, como si se tratara de una parte de su persona con la que parten tambi\u00e9n hac\u00eda el m\u00e1s all\u00e1, donde viven los muertos.\u0094<br \/>\nDe una manera que nos resulta definir, est\u00e1 indudablemente implicada la individualidad del muerto en estos objetos que participan de \u00e9l. De este modo, el primitivo no se plantea siquiera conservarlos o no. Apropi\u00e1rselos equivaldr\u00eda a mutilar al muerto. Por prudencia, si no por afecto, evitan esa apropiaci\u00f3n.<br \/>\nA menudo, el sentido original de estos usos se halla oscurecido o perdido, pero, sin embargo, persiste. As\u00ed por ejemplo entre los papuas del delta del Purari \u0093es costumbre, despu\u00e9s de mucho tiempo, destruir algunos cocoteros o palmeras de sago pertenecientes al muerto, inmediatamente despu\u00e9s de su muerte&#8230; Nadie me ha podido explicar la raz\u00f3n de esta costumbre. No parece que se piense que el muerto reciba ventaja alguna ni que se considere a las palmeras infectadas de alg\u00fan modo por su muerte. Se dir\u00eda m\u00e1s bien que se trata de un sacrificio que se hace por dolor o por desesperaci\u00f3n. Seg\u00fan las propias palabras de un ind\u00edgenas: \u0093Estos cocoteros pertenecen a alguien que hab\u00eda sido feliz durante su vida. Ahora que ha partido no tenemos por qu\u00e9 guardarlos\u0094.<br \/>\nA menudo, los europeos recogen de boca de los ind\u00edgenas explicaciones que no son exactas. Grubb escribe, por ejemplo: \u0093Los efectos personales y los animales del muerto son destruidos al morir, evidentemente con la idea de que puedan serle \u00fatiles en el otro mundo. La raz\u00f3n que da el indio de su modo de obrar, es que, de otro modo, el muerto volver\u00eda junto a sus parientes pr\u00f3ximos y los atormentar\u00eda. Pues bien, si el muerto (ghost) no se interesara por esos objetos, cabe preguntar por qu\u00e9 obrar\u00eda en ese caso, de ese modo.\u0094 Ciertamente, toma inter\u00e9s e incluso m\u00e1s inter\u00e9s del que se\u00f1ala el indio. Pues no se trata aqu\u00ed solamente de la utilidad que estos objetos pueden reportarle al muerto. Se trata de su propia persona: estos objetos participan de \u00e9l como las pertenencias del viviente son \u00e9l mismo. Los avispones de Dobrizhoffer act\u00faan como las lenguas de Grubb y por las mismas razones. \u0093Todos los utensilios pertenecientes a un hombre muerto recientemente son quemados en una hoguera. Junto con sus caballos, a los que se da muerte en su tumba, se sacrifica tambi\u00e9n su ganado menor si tiene alguno. La casa en donde habitaba es completamente destru\u00edda, etc.\u0094<br \/>\nEn el noroeste de Bolivia, Nordenski\u00f4ld ha observado hechos an\u00e1logos muy caracter\u00edsticos. \u0093Cuando un itonoma deja de vivir, el muerto (Seele) queda cerca del lugar en donde ha vivido. Se le llama chokihua. Sus campos se abandonan; no se recoge nada de ellos pues todo pertenece al muerto. Esto, sin embargo, s\u00f3lo vale para adultos. No se tiene miedo, en efecto, de los ni\u00f1os muertos.<br \/>\n\u0093Los chokihua viven en los bosques. Cada lugar, cada antiguo campo, cada \u00e1rbol tiene su propietario, su chokihua. Si alguien los coge se expone al peligro de robar a uno de ellos. Los hombres, despu\u00e9s de su muerte, contin\u00faan poseyendo todo lo que ten\u00edan cuando viv\u00edan. Lo m\u00e1s seguro es rotular la tierra que no ha sido nunca cultivada. Un itonoma no toca nunca un tesoro reci\u00e9n desenterrado o una vasija de arcilla o alg\u00fan objeto proveniente de viejas casas o de viejas tumbas, pues todo eso pertenece al chokihua. Si se hacen excavaciones se muere.\u0094 Y a\u00f1ade un poco despu\u00e9s: \u0093Muchas viudas de los itonoma reh\u00fasan vender las cestas y los instrumentos fabricados por sus maridos&#8230; Un itnoma puede, sin embargo, guardar a sabiendas de ello, objetos que han pertenecido a su padre o a su madre muertos. Pero si quiere servirse de ellos, les pide permiso. Si se trata por ejemplo de un hacha, dice: \u0093En seguida la devolver\u00e9.\u0094<br \/>\nEl cuento siguiente ha sido tambi\u00e9n recogido de la misma regi\u00f3n. Una viuda sin recursos se casa de nuevo. \u0093Al llegar a una encricijada que daba acceso a otra plantaci\u00f3n&#8230; se encontr\u00f3 que all\u00ed estaba su marido y que le dec\u00eda amenazante: \u0093O sea que quieres volverte a casar cuando s\u00f3lo hace un a\u00f1o que he muerto&#8230; \u00a1Ni siquiera hace un mes!\u0094 Paralizada por el terror, no pudo responder. Entonces se dio cuenta de que ven\u00eda un hombre de su campamento por el otro camino. \u0093\u00a1Socorro! \u00a1Por aqu\u00ed! \u00a1All\u00e1 est\u00e1 mi marido muerto!\u0094 El hombre corri\u00f3 con su arco y sus flechas, pero el muerto hab\u00eda desaparecido ya. \u0093Vigila \u0096dijo al hombre-, porque volver\u00e1 esta tarde.\u0094\u0094\u0094\u0094 Acto seguido se desentierra el cad\u00e1ver del marido y se quema (lo que quiere decir que se le considera un brujo). La mujer se casa. Dos d\u00edas despu\u00e9s, este hombre va de caza y la mujer permanece en el campamento. Cuando se halla sola, lleg\u00f3 su marido muerto. La coge en sus brazos y acto seguido cae muerta en tierra. \u0093No se trata simplemente de una cuesti\u00f3n de celos, tal como nosotros lo entendemos, en el sentido sexual de la palabra. El muerto se venga porque ha sido lesionado en lo que le \u0093pertenece\u0094. Su mujer se cuenta en el n\u00famero de las \u0093pertenencias\u0094 que no se pueden tocar, que no pueden apropiarse sin lesionar su propia persona. Entre casi todos los primitivos el adulterio es un ataque a la propiedad entendida, es cierto, en un sentido m\u00e1s o menos m\u00edstico. Se castiga, pues, en tanto que constituye un robo y en tanto que reporta un perjuicio m\u00edstico que puede comprometer la vida misma del marido.<br \/>\nAs\u00ed se explican tambi\u00e9n las prohibiciones y las obligaciones, en ocasiones, espantosas, que se imponen a las viudas. De tratarlas como las restantes pertenencias del marido, se tendr\u00eda que darles muerte. De hecho en las islas Fidji y en otras partes tambi\u00e9n se estrangulaba a una o a varias de ellas incluso antes de que el marido hubiera exhalado el \u00faltimo suspiro. En general se les deja en vida pero en las condiciones m\u00e1s penosas bajo la supervisi\u00f3n constante del muerto, presto a ofenderse por la menor infracci\u00f3n a los tab\u00fas y a las prescripciones de duelo. A menudo, durante varias semanas, la viuda debe acompa\u00f1ar d\u00eda y noche al cuerpo presente del marido, ya en trance de descomposici\u00f3n. A veces vive reclusa durante meses y a\u00f1os. Los hermanos del muerto vigilan rigurosamente que las pr\u00e1cticas obligatorias sean observadas hasta el \u00faltimo detalle. Se sienten responsables. Pues en caso de que el muerto se irritara por su descuido, caer\u00eda sobre ellos la venganza y no sobre la viuda. A veces, por \u00faltimo, antes de que la viuda pueda volver a casar debe pasar por una \u0093desapropiaci\u00f3n\u0094 que la despega definitivamente del muerto\u0094. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIII. La supervivencia de los muertos. El primitivo, por lo general, cree en la supervivencia de los muertos. A su modo de ver, el hombre al morir cesa de formar parte del grupo de los vivos pero no deja de existir. Pasa, simplemente, de este mundo a otro donde contin\u00faa viviendo m\u00e1s o menos tiempo en nuevas condiciones. El europeo<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[54],"tags":[],"class_list":["post-177","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-shamanerias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/177","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=177"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/177\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=177"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=177"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=177"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}