{"id":1752,"date":"2008-11-07T05:40:01","date_gmt":"2008-11-07T05:40:01","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1752"},"modified":"2008-11-07T05:40:01","modified_gmt":"2008-11-07T05:40:01","slug":"el-shinto:-la-espiritualidad-de-japon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1752","title":{"rendered":"El shinto: la espiritualidad de Japon"},"content":{"rendered":"<p>EL SHINTO: LA ANCESTRAL ESPIRITUALIDAD DEL JAP\u00d3N.\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0  Por Nelly Naumann<\/p>\n<p> PRESENTACI\u00d3N <\/p>\n<p> En nuestra modesta aventura de apertura a las riquezas de las culturas en este n\u00famero 2 de Revista Kenos, ahora nos nutriremos con las brisas antiqu\u00edsimas del Jap\u00f3n. En el viejo Imperio del Sol Naciente, se desarroll\u00f3 el culto a los kamis. Antes de la llegada del budismo a la isla, los kamis ya eran venerados como entes espirituales imbuidos de un sutil y especial poder que pod\u00eda socorrer al hombre en circunstancias apremiantes. La presencia invisible de los kamis puede latir en diversos lugares de la naturaleza y tambi\u00e9n en los templos.<\/p>\n<p>De hecho, en el templo se halla la residencia del dios, el shintai o &#8220;el cuerpo del dios&#8221;. Los emblem\u00e1ticos torii, como el que ilustra el inicio de este momento de Kenos, se\u00f1ala la proximidad de un templo sinto\u00edsta.\u00a0 El sinto\u00edsmo no constituye propiamente una religi\u00f3n en un sentido formal. Carece de dogmas, y de textos que enuncien un claro contenido doctrinario. En el sinto\u00edsmo es tambi\u00e9n decisiva la b\u00fasqueda de la pureza. De ah\u00ed su apego a una forma de purificaci\u00f3n llamada harae (&#8220;barrido&#8221;) que es indispensable antes de toda ceremonia religiosa. Detr\u00e1s de la imagen del Jap\u00f3n hipertecnol\u00f3gico y occidentalizado, a\u00fan perdura el ancestral sinto\u00edsmo en las tierras niponas. Rituales y fiestas sinto\u00edstas todav\u00eda se celebran y los torii\u00a0 y el Monte Fuji Yama contin\u00faan exudando sus auras de iconos sagrados.<\/p>\n<p>\u00a0 El texto que presentamos a continuaci\u00f3n, que s\u00f3lo aspira a trazar una inicial apertura al shinto, pertenece a la emblem\u00e1tica obra colectiva &#8220;Historia de las ideas y creencias religiosas&#8221; dirigida por Mircea Eliade. <\/p>\n<p>Recomendamos tambi\u00e9n la p\u00e1gina www.japonologia.com donde hallar\u00e1n una s\u00f3lida introducci\u00f3n al shinto en el Jap\u00f3n actual.<\/p>\n<p>De entrada podr\u00edamos decir que la religi\u00f3n japonesa es un culto a los kami. En nuestras lenguas occidentales no existe un equivalente exacto de esta palabra. Como todas las voces japonesas, kami carece de g\u00e9nero y n\u00famero, pudiendo referirse a una o varias divinidades, femeninas o masculinas; se utiliza para designar al dios \u00fanico de los cristianos como a seres a los que m\u00e1s bien dar\u00edamos el nombre de esp\u00edritus: silvestres, acu\u00e1ticos, dom\u00e9sticos y otros muchos esp\u00edritus colectivos. La amplitud del concepto no nos permite precisarlo m\u00e1s. A lo sumo puede darse del mismo una definici\u00f3n negativa: los kami no son ni omniscientes ni todopoderosos, ni fundamentalmente buenos ni malos, y ni siquiera puede decirse que est\u00e1n siempre presentes. De hecho, el llamar a la divinidad al comienzo de un acto de culto y \u00e9l despedirla al final de la celebraci\u00f3n constituye una parte esencial del rito de los templos, prueba evidente de que la presencia de las divinidades es excepcional. El shintai (cuerpo del dios) que se conserva en los santuarios &#8211; espejo, espada, peine, piedra o cualquier otro objeto- es s\u00f3lo un s\u00edmbolo de la divinidad o el lugar donde \u00e9sta viene a instalarse durante el culto. A veces se colocan tambi\u00e9n arbolillos, postes, p\u00e9rtigas, etc., como asientos temporales de la divinidad, lo que permite suponer que los kami vienen de lo alto, es decir del cielo.<\/p>\n<p>De todos modos, el que visita uno de esos templos se comporta all\u00ed como si la divinidad estuviera presente. Comienza por batir palmas para atraer su atenci\u00f3n y luego se inclina respetuosamente ante ella. Esto corresponde mas bien a una nueva tendencia favorecida por la creciente afici\u00f3n de los japoneses a los viajes y sobre todo, desde hace dos siglos, a las peregrinaciones religiosas. Aqu\u00ed, a decir verdad, suele pasarse por alto un importante factor del desarrollo de concepciones religiosas m\u00e1s recientes, a saber, la intensa compenetraci\u00f3n entre las ideas aut\u00f3ctonas y el budismo. Los budistas tienen siempre sus ascetas o asesores a quienes uno puede acudir en busca de ayuda. \u00bfPor qu\u00e9 no habr\u00edan podido desempe\u00f1ar ese mismo papel los kami, que, como se crey\u00f3 durante siglos, no eran sino manifestaciones de los budistas y bodhisatvas, es decir, de los santos y auxiliares budistas?<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n, pues, para el hombre sencillo de hoy los kami son ante todo auxiliares o intercesores, un poco como los santos cat\u00f3licos. Al templo de uno peregrinar\u00e1n los estudiantes antes de sus ex\u00e1menes, al de otro las futuras madres; \u00e9ste curar\u00e1 las afecciones oculares o dentales, aqu\u00e9l ayudar\u00e1 al casadero o la casadera a encontrar el c\u00f3nyuge ideal, etc.<\/p>\n<p>Lo \u00fanico que uno puede preguntarse es si los kami est\u00e1n o no siempre presentes en sus respectivos templos; para venerarlos en otro lugar tiene que efectuarse una &#8220;disociaci\u00f3n&#8221; o transferencia, la cual es tan invisible como los propios kami. Ahora bien, esta invisibilidad de los kami no est\u00e1 re\u00f1ida con la facultad que poseen de hacerse visibles, como seres de carne y hueso, o de manifestar su presencia en cualquier objeto.<\/p>\n<p>En general, los dioses se imaginan antropom\u00f3rficamente, si bien existen algunas excepciones. En la mitolog\u00eda y las creencias populares, ciertas divinidades se manifiestan tambi\u00e9n en forma de serpiente; las de las monta\u00f1as suelen presentarse como animales de caza, y los animales que aparecen en algunas leyendas como mensajeros de los kami constituyen quiz\u00e1 un indicio de la forma original de estos \u00faltimos. En este mismo contexto conviene repetir que contemplar directamente a la divinidad lleva en definitiva al hombre a su perdici\u00f3n, por lo que debe evitarse a toda costa.<\/p>\n<p>Hasta ahora hamos considerado a la palabra kami en su sentido m\u00e1s amplio. Si a partir de lo dicho quisi\u00e9ramos definir con m\u00e1s precisi\u00f3n la esencia de los kami, podr\u00edamos decir que son entes espirituales dotados de especiales fuerzas que los hacen superiores al hombre y los capacitan para socorrer a \u00e9ste en sus diversas necesidades.<\/p>\n<p>Pese a esta caracter\u00edstica com\u00fan, debemos distinguir entre las divinidades con un nombre propio e individual y las divinidades o esp\u00edritus cuyo nombre se refiere meramente a la funci\u00f3n que desempe\u00f1an. Esta divisi\u00f3n aparece ya sugerida en la mitolog\u00eda y no cuesta ning\u00fan trabajo mantenerla hasta hoy.<\/p>\n<p>Los kami con nombre propio son los que en la mitolog\u00eda act\u00faan como personas; son tambi\u00e9n los antepasados o dioses-antepasados de las diversas familias nobles que asumieron un papel importante en el antiguo Jap\u00f3n. A estos mismos kami se les sigue rindiendo culto actualmente en los templos sinto\u00edstas. Cierto que hay tambi\u00e9n otros muchos dioses que la mitolog\u00eda menciona ocasionalmente por su nombre, pero que no han dejado huella duradera y hoy est\u00e1n del todo olvidados.<\/p>\n<p>Otra categor\u00eda de dioses con nombre propio, venerados por todas partes en los templos, la constituyen numerosos kami que en alg\u00fan momento se han manifestado a los hombres en sus sue\u00f1os o en or\u00e1culos. Ejemplos de esta clase se dan sobre todo en la antigua historia del Jap\u00f3n, pero tambi\u00e9n los encontramos en el pasado reciente, si echamos una ojeada a los relatos de la fundaci\u00f3n de algunas &#8220;nuevas religiones&#8221;. El esquema de tales revelaciones suele ser m\u00e1s o menos el mismo. La divinidad, que se da a conocer en sue\u00f1os o por boca de un m\u00e9dium, se presenta como causante de tal o cual desgracia: muerte repentina de un gran personaje, malas cosechas, epidemias, cat\u00e1strofes naturales o incluso \u00fanicamente el estado patol\u00f3gico o desesperado del m\u00e9dium. La maldici\u00f3n cesar\u00e1 tan pronto como se elija all\u00ed mismo un templo, con sus correspondientes tierras y sacerdotes, y se le ofrezca sacrificios, o tambi\u00e9n, si la v\u00edctima es el m\u00e9dium, en cuanto este se le abandone enteramente y sin reservas. Semejantes manifestaciones pueden venir de divinidades conocidas o desconocidas, as\u00ed como de esp\u00edritus vengativos de difuntos que guardan alg\u00fan resentimiento contra los vivos. Aqu\u00ed cobra la divinidad una nueva dimensi\u00f3n: se muestra col\u00e9rica y sedienta de venganza, capaz de hacer da\u00f1o a los hombres, pero a la vez dispuesta a reconciliarse con ellos si siguen sus instrucciones.<\/p>\n<p>Muy distintos son los dioses colectivos, dioses o esp\u00edritus de las monta\u00f1as y bosques, r\u00edos y mares, campos, \u00e1rboles, rocas, caminos, etc. De ellos la mitolog\u00eda nos dice solamente que fueron engendrados y nacieron como los dem\u00e1s seres de este mundo, sabemos tambi\u00e9n que eran ind\u00f3mitos y violentos, hasta que los dioses y los h\u00e9roes del pueblo de Yamato acabaron por doblegarlos. Los dioses y los esp\u00edritus an\u00f3nimos desempe\u00f1an &#8211; o hasta hace poco desempe\u00f1aban &#8211; en la vida ordinaria del hombre sencillo un papel mucho m\u00e1s importante que los dioses de los grandes templos. En efecto, con estos \u00faltimos se entraba pocas veces en contacto, por ejemplo al hacer una peregrinaci\u00f3n, y por lo dem\u00e1s la gente se contentaba con adquirir al principio del a\u00f1o un amuleto de tal o cual templo, compr\u00e1ndoselo a cualquier vendedor ambulante, para colocarlo en el estante de las ofrendas adosado a la pared de su casa y olvidarse luego probablemente de \u00e9l. En cambio, la devoci\u00f3n a los dioses y esp\u00edritus an\u00f3nimos y la s modestas fiestas en su honor a lo largo del a\u00f1o y de la vida de cada individuo ten\u00edan una importancia primordial. Estas celebraciones no requer\u00edan ni templos ni sacerdotes. Por supuesto, los esp\u00edritus de montes y bosques residen en plena naturaleza y all\u00ed es siempre posible encontrarlos, sin tener que llamarlos expresamente. \u00a1mas bien sucede lo contrario! Est\u00e1n all\u00ed aunque uno no lo quiera y vigilan estrechamente la conducta del hombre que tiene algo que hacer en el bosque, por ejemplo, para castigarlos si infringe alg\u00fan tab\u00fa. En cuanto a las ofrendas, las reciben en determinadas fechas, seg\u00fan la costumbre, y en los lugares que vienen utiliz\u00e1ndose para ello hace generaciones. Ocurre tambi\u00e9n que el cazador que cobre una buena pieza o el le\u00f1ador que derriba un \u00e1rbol de especial hermosura den excepcionalmente gracias a la divinidad por ese regalo mediante un sacrificio. Otro tanto hace el pescador cuando la pesca tiene \u00e9xito y el campesino tras una buena cosecha. Para cada cosa hay un patrono o se\u00f1or que vela por ella. El dios de los campos est\u00e1 presente hasta en le \u00faltima gavilla; el dios del hogar recibe las ofrendas que el ama de casa le presenta en la etapa de la gran marmita; y al dios de los caminos, encargado de m\u00faltiples tareas, se le honra en un altarcillo de piedra erigido en los confines del poblado. Desde all\u00ed puede esta divinidad rechazar a los dioses causantes de las epidemias y proteger a los viajeros; por ser adem\u00e1s un dios f\u00e1lico, concede la fecundidad a quienes la desean. La vida entera de los hombres depende de la benevolencia d todos esos kami an\u00f3nimos, y muchos de ellos pueden encolerizarse y causar desgracias si no se les rinde el culto como es debido y no se observan sus preceptos. Para esto no necesitan mediums ni sue\u00f1os, pues las antiguas tradiciones y costumbres ense\u00f1an ya a los hombres el modo de comportarse con tales seres.<\/p>\n<p>Culto y lugares de culto<\/p>\n<p>\u00a0  A pesar de cuanto acabamos de decir, la imagen de la divinidad en la religi\u00f3n aut\u00f3ctona del Jap\u00f3n sigue siendo vago. Por otra parte, en una religi\u00f3n sin dogmas ni preceptos claros no nos parece posible formular un contenido doctrinal. Lo que quiz\u00e1 podr\u00eda considerarse la base de todo ello, a saber, la mitolog\u00eda, no guarda relaci\u00f3n alguna con la pr\u00e1ctica religiosa. Solo, pues, el culto y sus lugares nos brindan un terreno concreto de estudio. El templo es, seg\u00fan la creencia general, el hogar de la divinidad. En su parte \u00edntima, el santuario, se conserva el shintai o cuerpo del dios. Delante se extienden dos grandes salas, una para las ofrendas y otra para la oraci\u00f3n. A esto se a\u00f1ade todo una serie de edificaciones complementarias: templetes para divinidades de segundo orden, una tarima para danzar, un tesoro, un despacho, etc. M\u00e1s recientemente suele erigirse tambi\u00e9n un pabell\u00f3n para celebrar bodas seg\u00fan el rito sinto\u00edsta, sin duda por influjo de los usos cristianos, que en este punto gozan de gran aceptaci\u00f3n. Una valla rodea todo el conjunto, a menudo situado en medio de un bosque de viejos \u00e1rboles. En el exterior, m\u00e1s all\u00e1 de la puerta, los t\u00edpicos torii indican al viandante la proximidad de un templo sinto\u00edsta. Nadie conoce exactamente el significado de esos torii.<\/p>\n<p>A la entrada misma del recinto del templo hay una fuentecilla o pozo; unos peque\u00f1os cuencos de madera que sirven para extraer el agua invitan a lavarse all\u00ed la boca y las manos, purificaci\u00f3n necesaria antes de poner los pies en el santuario. La pureza en efecto, es una exigencia primordial del Shinto. No obstante, cuando uno ha visitado varios de esos santuarios, no tarde en descubrir el desface que existe entre exigencia y realidad. La mayor\u00eda de los visitantes pasan de largo sin acercarse a la fuente, y apenas si hay alguno que eche un poco de agua sobre la punta de los dedos, menos todav\u00eda que se humedezca la boca. Ya en el siglo VIII se expresaban las mismas quejas sobre la falta de limpieza corporal y espiritual de quienes acud\u00edan a los templos de los dioses, y desde entonces nunca han cesado. Sin embargo, esa negligencia queda compensada por las rigurosas purificaciones impuestas a todos aquellos, sacerdotes o no, que toman parte activa en un acto de culto.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 ha de entenderse por pureza en el contexto de la religiosidad japonesa? El lavarse manos y boca es, desde luego, una purificaci\u00f3n simb\u00f3lica, como tambi\u00e9n el ba\u00f1o que toman los sacerdotes y laicos que van a participar en el culto: \u00a1Pr\u00e1ctica bien rigurosa, cuando ese ba\u00f1o se toma en el mar o bajo una cascada en pleno invierno! Este tipo de purificaci\u00f3n por agua se designa por el nombre de misogi y tiene por objeto dejar al individuo limpio de toda mancha de cuerpo y esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Lo mismo se pretende con otra forma de purificaci\u00f3n llamada harae (barrido), obligatoria antes de toda ceremonia religiosa. El sacerdote recita una oraci\u00f3n agitando a la vez una especia de escobilla formada por una vara de la que cuelgan tiras de papel o tela; de esa manera &#8220;barre&#8221; todas las impurezas. En las ocasiones en que debe purificarse a s\u00ed mismo, se pasa suavemente por todo el cuerpo un mu\u00f1eco de papel y luego lo arroja al agua, dej\u00e1ndolo flotar a la deriva. Este m\u00e9todo de purificaci\u00f3n individual no es sino un ejemplo entre otros mundos.<\/p>\n<p>Para participar activamente en los actos de culto hay que observar todav\u00eda otras prescripciones que persiguen id\u00e9ntico fin, desde la simple abstinencia de carne, alcohol, relaciones sexuales, etc., hasta el total aislamiento durante alg\u00fan tiempo entreg\u00e1ndose a la oraci\u00f3n y a la meditaci\u00f3n, purific\u00e1ndose con abluciones y no tomando m\u00e1s alimentos que los preparados por uno mismo, para asegurarse de que no hay en ellos &#8220;mancha&#8221; alguna. Aqu\u00ed es donde se ve con mayor claridad que los conceptos japoneses de pureza e impureza no coinciden forzosamente con los nuestros. Los te\u00f3logos modernos del shinto afirman que la m\u00e1xima exigencia de su religi\u00f3n se resume en la rectitud personal y un coraz\u00f3n limpio y que los ritos de purificaci\u00f3n tienen por objeto restablecer el estado de inocencia necesario para poder unirse con la divinidad. No obstante, si nos fijamos en los testimonios de tiempos pasados y en muchas realidades que a\u00fan hoy mismo saltan a la vista &#8211; por ejemplo el proceder de las gentes del campo que siguen las antiguas costumbres &#8211; comprobaremos que esa noci\u00f3n de pureza es relativamente nueva y se debe en gran parte a la influencia de otras religiones. En efecto, los dioses mismos son los primeros en reclamar la pureza, lo cual significa que a nadie a quien haya manchado la muerte o la sangre le es l\u00edcito acercarse a ellos, o sea tomar parte en el culto. No se habla aqu\u00ed de un coraz\u00f3n limpio, sino de la impureza contra\u00edda, por ejemplo a ra\u00edz de la muerte de un pariente o de haberse dejado acompa\u00f1ar por alguien que haya comido un alimento preparado en un fuego &#8220;impuro&#8221;. De la impureza indirecta era bastante f\u00e1cil deshacerse, pero en caso de la muerte de la propia familia deb\u00eda pasar no poco tiempo para que eso sucediera y verse de nuevo autorizado a participar en el culto o incluso entrar en el recinto del templo. Lo mismo ocurr\u00eda con el nacimiento de un ni\u00f1o. Por supuesto, la mujer embarazada no pod\u00eda visitar ning\u00fan templo, deb\u00eda como m\u00ednimo guisar su comida en un fog\u00f3n aparte, ya que el fuego adem\u00e1s de atraer hacia s\u00ed toda impureza, extiende su acci\u00f3n a los alimentos en \u00e9l preparados.<\/p>\n<p>Siendo tan importante la impureza externa, no podemos ahora menos que preguntarnos por la interna, el pecado. Ya hemos dicho que de la religiosidad japonesa no se desprende ninguna \u00e9tica. Esto se explica ante todo por la historia, pues ya antes que los modestos principios de la religi\u00f3n aut\u00f3ctona hubieran podido dar lugar a una doctrina moral, los mandamientos budistas y la \u00e9tica confucianista vinieron a ocupar el vac\u00edo existente.<\/p>\n<p>Tales principios, sin embargo no carecen de inter\u00e9s. Para nosotros el pecado es un acto voluntariamente malo, una transgresi\u00f3n consciente de preceptos divinos. Del pecado cometido nos liberamos por el arrepentimiento, haciendo tal o cual tipo de penitencia y esperando as\u00ed el perd\u00f3n. La moderna teolog\u00eda sinto\u00edsta, que por un lado no puede prescindir de las ideas y problemas actuales y por otro, debe partir de los antiguos textos que el shint\u00f3 contempor\u00e1neo reivindica con insistencia, explica, en cambio que la causa de una mala acci\u00f3n no reside en el interior del hombre, sino en influjos exteriores. Por ello es posible &#8220;barrer&#8221; de uno mismo el mal con un simple harae. Ninguna acci\u00f3n puede ser de por s\u00ed buena o mala; su valor en este sentido depende enteramente de las circunstancias.<\/p>\n<p>Ahora bien, \u00bfc\u00f3mo parecen en realidad las nociones tradicionales? Los textos m\u00e1s antiguos conocen ya la palabra tsumi, que a menudo se traduce por &#8220;pecado&#8221;, pero no hay identidad entre ambos conceptos, aunque es cierto que tsumi ha llegado a cobrar ese significado en el lenguaje moderno, por influjo del budismo y del pensamiento actual. Etimol\u00f3gicamente tsumi es algo que s le achaca a alguien, a modo de una carga que estar\u00eda llevando. De esa carga personal el sujeto se libera por medio de un harae que es como una multa o compensaci\u00f3n exigida por el propio interesado. El harae forma, pues, parte de una especie de orden jur\u00eddico y, como se ve por los ejemplos, la culpa, que representa una carga para el individuo, no est\u00e1 ligada a una moral.<\/p>\n<p>A mediados del siglo VII, con el nuevo derecho inspirado en el modelo chino, se aboli\u00f3 el harae como pr\u00e1ctica legal. Jur\u00eddicamente caduco, sigui\u00f3 empero utiliz\u00e1ndose por varias d\u00e9cadas con un nuevo esp\u00edritu y en forma oficial. De todas partes deb\u00edan llegar determinados dones expiatorios como si se tratara de un &#8220;impuesto&#8221;, y luego, al final del sexto y duod\u00e9cimo mes, se celebraba la ceremonia de la gran purificaci\u00f3n, a ra\u00edz de la cual quedaban colectivamente absueltos todos los tsumi del pa\u00eds. El sacerdote que presid\u00eda el acto agitaba en p\u00fablico un haz de fibras de c\u00e1\u00f1amo como representaci\u00f3n visual del barrido. <\/p>\n<p>(*) Fuente:\u00a0 Nelly Naumann, Shinto y religi\u00f3n popular. La religiosidad japonesa en su contexto hist\u00f3rico, en Historia de las creencias\u00a0 y de las ideas religiosas (obra colectiva dirigida por Mircea Eliade), Barcelona, Herder.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL SHINTO: LA ANCESTRAL ESPIRITUALIDAD DEL JAP\u00d3N.\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Por Nelly Naumann PRESENTACI\u00d3N En nuestra modesta aventura de apertura a las riquezas de las culturas en este n\u00famero 2 de Revista Kenos, ahora nos nutriremos con las brisas antiqu\u00edsimas del Jap\u00f3n. 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