{"id":1592,"date":"2008-10-20T21:05:27","date_gmt":"2008-10-20T21:05:27","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1592"},"modified":"2008-10-20T21:05:27","modified_gmt":"2008-10-20T21:05:27","slug":"en-las-profundidades-arthur-c.-clarke-","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1592","title":{"rendered":"En las profundidades Arthur C. Clarke"},"content":{"rendered":"<p>En las profundidades<br \/>\nArthur C. Clarke<br \/>\nThe deep range, \u00a9 1954 (Argosy, Abril de 1954). Traducci\u00f3n de Joseph Ferrer i Aleu en Cuentos del planeta Tierra, Colecci\u00f3n VIB 17\/1, Ediciones B S.A., 1992.<\/p>\n<p>Escrib\u00ed el cuento En las profundidades en 1954, mucho antes del casi obsesivo inter\u00e9s actual por la exploraci\u00f3n y la explotaci\u00f3n de los oc\u00e9anos. Un a\u00f1o despu\u00e9s fui al Great Barrier Reef, tal como expliqu\u00e9 en The coast of coral (La costa de Coral). Aquella aventura me dio \u00edmpetu \u0096y datos\u0096 para ampliar el cuento en una novela del mismo t\u00edtulo, que termin\u00e9 despu\u00e9s de fijar mi residencia en Ceil\u00e1n (hoy Sri Lanka).<br \/>\nPor esta raz\u00f3n, nunca volv\u00ed a publicar el cuento original en ninguna de mis colecciones, y hoy ofrezco a los esperanzados aspirantes a doctores en Literatura Inglesa la oportunidad de \u00abcomparar y contrastar\u00bb.<br \/>\nLa idea de reunir en manadas a las ballenas es algo que a\u00fan no ha llegado, pero me pregunto si alg\u00fan d\u00eda llegar\u00e1. En el curso del \u00faltimo decenio, las ballenas han adquirido tanto prestigio que la mayor\u00eda de los europeos y de los americanos antes comer\u00edan hamburguesas de perro o de gato que carne de ballena. Yo la prob\u00e9 una vez durante la Segunda Guerra Mundial: sab\u00eda a carne de vaca bastante dura.<br \/>\nSin embargo, hay un producto de las profundidades que podr\u00eda consumirse sin escr\u00fapulos morales. \u00bfQu\u00e9 les parecer\u00eda un batido de leche de ballena?<br \/>\nArthur C. Clarke<\/p>\n<p>Hab\u00eda un asesino suelto en la zona. Un helic\u00f3ptero de patrulla hab\u00eda visto a ciento cincuenta kil\u00f3metros de la costa de Groenlandia, el gran cad\u00e1ver ti\u00f1endo el agua de rojo mientras flotaba en las olas. A los pocos segundos se hab\u00eda puesto en funcionamiento el intrincado sistema de alerta: los hombres trazaban c\u00edrculos y mov\u00edan piezas sobre la carta del Atl\u00e1ntico Norte, y Don Burley a\u00fan se estaba frotando los ojos cuando descendi\u00f3 en silencio hasta treinta metros de profundidad. Las luces verdes del tablero eran un s\u00edmbolo resplandeciente de seguridad. Mientras esto no cambiase, mientras ninguna de las luces esmeralda pasara al rojo, todo ir\u00eda bien para Don y su peque\u00f1a embarcaci\u00f3n. Aire, carburante, fuerza: \u00e9ste era el triunvirato que reg\u00eda su vida. Si fallaba uno, descender\u00eda en un ata\u00fad de acero hasta el cieno pel\u00e1gico, como le hab\u00eda pasado a Johnnie Tyndall la pen\u00faltima temporada. Pero no hab\u00eda motivo para que fallasen; los accidentes que uno preve\u00eda, se dijo Don para tranquilizarse, no ocurr\u00edan nunca.<br \/>\nSe inclin\u00f3 sobre el tablero de control y habl\u00f3 por el micro. Sub 5 a\u00fan estaba lo bastante cerca de la nave nodriza como para alcanzarla por radio, pero pronto tendr\u00eda que pasar a los s\u00f3nicos.<br \/>\n\u0096Pongo rumbo 255, velocidad 50 nudos, profundidad 30 metros, el sonar en pleno funcionamiento&#8230; Tiempo calculado hasta el sector de destino, 70 minutos&#8230; Informar\u00e9 a intervalos de 10 minutos. Esto es todo&#8230; Cambio.<br \/>\nLa contestaci\u00f3n, ya debilitada por la distancia, lleg\u00f3 al momento desde el Herman Melville.<br \/>\n\u0096Mensaje recibido y comprendido. Buena caza. \u00bfQu\u00e9 hay de los sabuesos?<br \/>\nDon se mordisque\u00f3 el labio inferior, reflexionando. Esto pod\u00eda ser un trabajo que tuviese que hacer \u00e9l solo. No ten\u00eda idea de d\u00f3nde estaban en este momento Benj y Susan, en un radio de ochenta kil\u00f3metros. Lo seguir\u00edan sin duda si les hac\u00eda la se\u00f1al, pero no podr\u00edan mantener su velocidad y pronto se quedar\u00edan atr\u00e1s. Adem\u00e1s, pod\u00eda encontrarse con una pandilla de asesinos y lo \u00faltimo que quer\u00eda era poner en peligro a sus marsopas cuidadosamente adiestradas. Era l\u00f3gico y sensato. Tambi\u00e9n apreciaba mucho a Susan y a Benj.<br \/>\n\u0096Est\u00e1 demasiado lejos y no s\u00e9 en qu\u00e9 voy a meterme \u0096respondi\u00f3\u0096. Si est\u00e1n en el \u00e1rea de interceptaci\u00f3n cuando llegue all\u00ed, puede que los llame.<br \/>\nApenas pudo o\u00edr el asentimiento de la nave nodriza, y Don apag\u00f3 la radio. Era hora de mirar a su alrededor.<br \/>\nBaj\u00f3 las luces de la cabina para poder ver m\u00e1s claramente la pantalla del sonar, se cal\u00f3 la gafas Polaroid y escudri\u00f1\u00f3 las profundidades. \u00c9ste era el momento en que Don se sent\u00eda como un dios, capaz de abarcar entre las manos un c\u00edrculo de treinta kil\u00f3metros de di\u00e1metro del Atl\u00e1ntico, y de ver con claridad las todav\u00eda inexploradas profundidades, a cinco mil metros por debajo de \u00e9l. El lento rayo giratorio de sonido inaudible estaba registrando el mundo en el que \u00e9l flotaba, buscando amigos y enemigos en la eterna obscuridad donde jam\u00e1s pod\u00eda penetrar la luz. Los chillidos insonoros, demasiado agudos incluso para el o\u00eddo de los murci\u00e9lagos que hab\u00edan inventado el sonar un mill\u00f3n de a\u00f1os antes que el hombre, latieron en la noche del mar: los d\u00e9biles ecos se reflejaron en la pantalla como motas flotantes verdeazuladas.<br \/>\nGracias a su mucha pr\u00e1ctica, Don pod\u00eda leer su mensaje con toda facilidad. A trescientos metros debajo de \u00e9l, extendi\u00e9ndose hasta el horizonte sumergido, estaba la capa de vida que envolv\u00eda la mitad del mundo. El prado hundido del mar sub\u00eda y bajaba con el paso del sol, manteni\u00e9ndose siempre al borde de la obscuridad. Pero las \u00faltimas profundidades no le interesaban. Las bandadas que guardaba y los enemigos que hac\u00edan estragos en ellas, pertenec\u00edan a los niveles superiores del mar.<br \/>\nDon puls\u00f3 el interruptor del selector de profundidad y el rayo del sonar se concentr\u00f3 autom\u00e1ticamente en el plano horizontal. Se desvanecieron los resplandecientes ecos del abismo, pero pudo ver m\u00e1s claramente lo que hab\u00eda aqu\u00ed, a su alrededor, en las alturas estratosf\u00e9ricas del oc\u00e9ano. Aquella nube reluciente a tres kil\u00f3metros delante de \u00e9l era un banco de peces; se pregunt\u00f3 si la Base estaba enterada de esto, y puso una nota en su cuaderno de bit\u00e1cora. Hab\u00eda algunas motas m\u00e1s grandes y aisladas al borde del banco: los carn\u00edvoros persigui\u00e9ndolo, asegur\u00e1ndose de que la rueda eternamente giratoria de la vida y la muerte no perdiese nunca su impulso. Pero este conflicto no era de la competencia de Don; \u00e9l persegu\u00eda una caza mayor.<br \/>\nSub 5 sigui\u00f3 navegando hacia el oeste, como una aguja de acero m\u00e1s r\u00e1pida y mort\u00edfera que cualquiera de las otras criaturas que rondaban por los mares. La peque\u00f1a cabina, iluminada tan s\u00f3lo por el resplandor de las luces del tablero de instrumentos, vibraba con fuerza al expulsar el agua las turbinas. Don examin\u00f3 la carta y se pregunt\u00f3 c\u00f3mo hab\u00eda podido penetrar esta vez el enemigo. Todav\u00eda hab\u00eda muchos puntos d\u00e9biles, pues vallar los oc\u00e9anos del mundo hab\u00eda sido una tarea gigantesca. Los tenues campos el\u00e9ctricos, extendidos entre generadores a muchas millas de distancia los unos de los otros, no pod\u00edan mantener siempre a raya a los hambrientos monstruos de las profundidades. \u00c9stos tambi\u00e9n estaban aprendiendo. Cuando se abr\u00edan las vallas, se deslizaban a veces entre las ballenas y hac\u00edan estragos antes de ser descubiertos.<br \/>\nEl receptor de larga distancia hizo una se\u00f1al que parec\u00eda un lamento, y Don marc\u00f3 TRANSCRIBA. No era pr\u00e1ctico transmitir palabras a cualquier distancia por un rayo ultras\u00f3nico, y adem\u00e1s en clave. Don nunca hab\u00eda aprendido a interpretarla de o\u00eddas, pero la cinta de papel que sal\u00eda de la rendija le solucion\u00f3 esta dificultad.<br \/>\nHELIC\u00d3PTERO INFORMA MANADA. 50-100 BALLENAS DIRIGI\u00c9NDOSE 95 GRADOS REF CUADR\u00cdCULA X186475 Y438034 STOP. A GRAN VELOCIDAD. STOP. MELVILLE. CORTO.<br \/>\nDon empez\u00f3 a poner las coordenadas en la cuadr\u00edcula, pero entonces vio que ya no era necesario. En el extremo de su pantalla hab\u00eda aparecido una flotilla de d\u00e9biles estrellas. Alter\u00f3 ligeramente el curso y puso rumbo a la manada que se acercaba.<br \/>\nEl helic\u00f3ptero ten\u00eda raz\u00f3n: se mov\u00edan de prisa. Don sinti\u00f3 una creciente excitaci\u00f3n, pues esto pod\u00eda significar que hu\u00edan y atra\u00edan a los asesinos hacia \u00e9l. A la velocidad en que viajaban, estar\u00eda entre ellas dentro de cinco minutos. Apag\u00f3 los motores y sinti\u00f3 el tir\u00f3n hacia atr\u00e1s del agua que lo detuvo muy pronto.<br \/>\nDon Burley, caballero de punta en blanco, permaneci\u00f3 sentado en su peque\u00f1a habitaci\u00f3n d\u00e9bilmente iluminada, a quince metros por debajo de las brillantes olas del Atl\u00e1ntico, probando sus armas para el inminente conflicto. En aquellos momentos de serena tensi\u00f3n, antes de empezar la acci\u00f3n, su cerebro excitado se entregaba a menudo a estas fantas\u00edas. Se sent\u00eda pariente de todos los pastores que hab\u00edan cuidado los reba\u00f1os desde la aurora de los tiempos. Era David, en los antiguos montes de Palestina, alerta contra los leones de monta\u00f1a que quer\u00edan hacer presa en las ovejas de su padre. Pero m\u00e1s cercanos en el tiempo, y sobre todo su esp\u00edritu, estaban los hombres que hab\u00edan conducido las grandes manadas de reses en las llanuras americanas hac\u00eda tan s\u00f3lo unas pocas generaciones. Ellos habr\u00edan comprendido su trabajo, aunque sus instrumentos les habr\u00edan parecido m\u00e1gicos. La escena era la misma; s\u00f3lo hab\u00eda cambiado la escala. No exist\u00eda ninguna diferencia fundamental en que los animales al cuidado de Don pesasen casi cien toneladas y pastaran en las sabanas infinitas del mar.<br \/>\nLa manada estaba ahora a menos de tres kil\u00f3metros de distancia y Don comprob\u00f3 el continuo movimiento del sonar para concentrarlo en el sector que ten\u00eda delante. La imagen de la pantalla adopt\u00f3 una forma de abanico cuando el rayo de sonar empez\u00f3 a oscilar de un lado a otro; ahora pod\u00eda contar el n\u00famero de ballenas e incluso calcular su tama\u00f1o con bastante exactitud. Con ojos avezados empez\u00f3 a buscar las rezagadas.<br \/>\nDon jam\u00e1s hubiese podido explicar qu\u00e9 atrajo al instante su atenci\u00f3n hacia los cuatro ecos en el borde sur de la manada. Cierto que estaban un poco apartados de los dem\u00e1s, pero otros se hab\u00edan rezagado m\u00e1s. Y es que el hombre adquiere un sexto sentido cuando lleva bastante tiempo contemplando las pantallas de sonar; un instinto que le permite deducir m\u00e1s de lo normal de las motas en movimiento. Sin pensarlo, accion\u00f3 el control que pondr\u00eda en marcha las turbinas. El Sub 5 empezaba a moverse cuando resonaron tres golpes sordos en el casco, como si alguien llamase a la puerta y quisiera entrar.<br \/>\n\u0096\u00a1Que me aspen! \u0096dijo Don\u0096. \u00bfC\u00f3mo hab\u00e9is llegado aqu\u00ed?<br \/>\nNo se molest\u00f3 en encender la TV; habr\u00eda reconocido la se\u00f1al de Benj en cualquier parte. Las marsopas estaban sin duda en las cercan\u00edas y lo hab\u00edan localizado antes de que \u00e9l diese el toque de caza. Por mil\u00e9sima vez, se maravill\u00f3 de su inteligencia y de su fidelidad. Era extra\u00f1o que la Naturaleza hubiese realizado dos veces el mismo truco: en tierra, con el perro; en el oc\u00e9ano, con la marsopa. \u00bfPor qu\u00e9 quer\u00edan tanto estos graciosos animales marinos al hombre a quien deb\u00edan tan poco? Esto hac\u00eda pensar que a fin de cuentas la raza humana val\u00eda algo, ya que pod\u00eda inspirar una devoci\u00f3n tan desinteresada.<br \/>\nSe sab\u00eda desde hac\u00eda siglos que la marsopa era al menos tan inteligente como el perro y que pod\u00eda obedecer \u00f3rdenes verbales muy complejas. Todav\u00eda se estaban haciendo experimentos; si \u00e9stos ten\u00edan \u00e9xito, la antigua sociedad entre el pastor y el mast\u00edn tendr\u00eda un nuevo modelo en la vida.<br \/>\nDon puso en marcha los altavoces ocultos en el casco del submarino y empez\u00f3 a hablar con sus acompa\u00f1antes. La mayor\u00eda de los sonidos que emit\u00eda no habr\u00edan significado nada a los o\u00eddos humanos; eran producto de una larga investigaci\u00f3n por parte de los et\u00f3logos de la World Food Administration. Dio una orden y la reiter\u00f3 para asegurarse de que lo hab\u00edan comprendido. Despu\u00e9s comprob\u00f3 con el sonar que Benj y Susan lo estaban siguiendo a popa, tal como les hab\u00eda dicho.<br \/>\nLos cuatro ecos que le hab\u00edan llamado la atenci\u00f3n eran ahora m\u00e1s claros y cercanos, y el grueso de la manada de ballenas hab\u00eda pasado m\u00e1s all\u00e1, hacia el este. No tem\u00eda una colisi\u00f3n; los grandes animales, incluso en su p\u00e1nico, pod\u00edan sentir su presencia con la misma facilidad con que \u00e9l detectaba la de ellos, y por medios similares. Don se pregunt\u00f3 si deb\u00eda encender su radiofaro. Ellos reconocer\u00edan su imagen sonora y esto les tranquilizar\u00eda. Pero el enemigo a\u00fan desconocido tambi\u00e9n pod\u00eda reconocerle.<br \/>\nSe acerc\u00f3 para una interceptaci\u00f3n y se inclin\u00f3 sobre la pantalla como para extraer de ella, por pura fuerza de voluntad, hasta las menores informaciones que pudiese proporcionarle. Hab\u00eda dos grandes ecos, a cierta distancia entre ellos, y uno iba acompa\u00f1ado de un par de sat\u00e9lites m\u00e1s peque\u00f1os. Don se pregunt\u00f3 si llegaba demasiado tarde. Pudo imaginarse la lucha a muerte que se desarrollaba en el agua a menos de un par de kil\u00f3metros. Aquellas dos manchitas m\u00e1s d\u00e9biles deb\u00edan de ser el enemigo (tiburones o peque\u00f1os cet\u00e1ceos asesinos) atacando a una ballena mientras una de sus compa\u00f1eras permanec\u00eda inmovilizada por el terror, sin m\u00e1s armas para defenderse que sus poderosas aletas.<br \/>\nAhora estaba casi lo bastante cerca para ver. La c\u00e1mara de TV, en la proa del Sub 5, escrut\u00f3 la penumbra, pero al principio s\u00f3lo pudo mostrar la niebla de plancton. Entonces empez\u00f3 a formarse en el centro de la pantalla una forma grande y vaga, con dos compa\u00f1eras m\u00e1s peque\u00f1as debajo de ella. Don estaba viendo, con la mayor precisi\u00f3n pero irremediablemente limitado por el alcance de la luz ordinaria, lo que el sonar le hab\u00eda comunicado.<br \/>\nCasi al instante, se percat\u00f3 del error que hab\u00eda cometido. Los dos sat\u00e9lites eran cr\u00edas, no tiburones. Era la primera vez que ve\u00eda una ballena con gemelos; aunque los partos m\u00faltiples no eran desconocidos, la ballena hembra s\u00f3lo pod\u00eda amamantar a dos peque\u00f1os a la vez y generalmente s\u00f3lo sobreviv\u00eda el m\u00e1s vigoroso. Ahog\u00f3 su contrariedad, el error le hab\u00eda costado muchos minutos y deb\u00eda empezar la b\u00fasqueda de nuevo.<br \/>\nEntonces oy\u00f3 el fren\u00e9tico golpeteo en el casco que significaba peligro. No era f\u00e1cil asustar a Benj, y Don le grit\u00f3 para tranquilizarlo mientras hac\u00eda girar el Sub 5 de manera que la c\u00e1mara pudiese registrar las aguas a su alrededor. Se hab\u00eda vuelto autom\u00e1ticamente hacia la cuarta mota en la pantalla del sonar, el eco que hab\u00eda imaginado, por su tama\u00f1o, que era otra ballena adulta. Y vio que, a fin de cuentas, hab\u00eda localizado el sitio preciso.<br \/>\n\u0096\u00a1Dios m\u00edo! \u0096exclam\u00f3 en voz baja\u0096. No sab\u00eda que los hubiese tan grandes.<br \/>\nEn otras ocasiones hab\u00eda visto grandes tiburones, pero se trataba de vegetarianos inofensivos. \u00c9ste (pudo darse cuenta a primera vista) era un tibur\u00f3n de Groenlandia, el asesino de los mares del Norte. Se cre\u00eda que pod\u00eda alcanzar hasta nueve metros de largo, pero este ejemplar era mayor que el Sub 5. No ten\u00eda menos de doce metros desde el hocico a la cola y, cuando \u00e9l lo descubri\u00f3, se estaba ya volviendo contra su v\u00edctima. Como cobarde que era, iba a atacar a una de las cr\u00edas.<br \/>\nDon grit\u00f3 a Benj y a Susan, y observ\u00f3 que entraban a toda prisa en su campo visual. Se pregunt\u00f3 un instante por qu\u00e9 odiar\u00edan tanto las marsopas a los tiburones; entonces solt\u00f3 los controles, dejando al piloto autom\u00e1tico la tarea de enfocar el blanco. Retorci\u00e9ndose y girando tan \u00e1gilmente como cualquier otra criatura marina de su tama\u00f1o, Sub 5 empez\u00f3 a acercarse al tibur\u00f3n, dejando en libertad a Don para concentrarse en el armamento.<br \/>\nEl asesino estaba tan absorto en su presa que Benj lo pill\u00f3 completamente desprevenido, golpe\u00e1ndole justo detr\u00e1s del ojo izquierdo. Debi\u00f3 de ser un golpe doloroso: un morro duro como el hierro, impulsado por un cuarto de tonelada de m\u00fasculos movi\u00e9ndose a ochenta kil\u00f3metros por hora, es algo que ni los peces m\u00e1s grandes pueden menospreciar. El tibur\u00f3n gir\u00f3 en redondo en una curva extraordinariamente cerrada y Don casi salt\u00f3 de su asiento al virar de golpe el submarino. Si esto continuaba as\u00ed, le ser\u00eda dif\u00edcil emplear el aguij\u00f3n. Pero al menos el asesino estaba ahora demasiado ocupado como para pensar en sus presuntas v\u00edctimas.<br \/>\nBenj y Susan estaban acosando al gigante como los perros que muerden las patas de un oso furioso. Eran demasiado \u00e1giles para ser presa de aquellas feroces mand\u00edbulas, y Don se maravill\u00f3 de la coordinaci\u00f3n con que trabajaban. Cuando uno de ellos emerg\u00eda para respirar, el otro esperaba un minuto para poder seguir el ataque con su compa\u00f1ero.<br \/>\nParec\u00eda que el tibur\u00f3n no se daba cuenta de que un adversario mucho m\u00e1s peligroso se le estaba viniendo encima y que las marsopas no eran m\u00e1s que una maniobra de distracci\u00f3n. Esto conven\u00eda mucho a Don; la pr\u00f3xima operaci\u00f3n ser\u00eda dif\u00edcil, a menos que pudiese mantener un rumbo fijo durante quince segundos como m\u00ednimo. En caso de necesidad, pod\u00eda usar los peque\u00f1os torpedos, y sin duda lo habr\u00eda hecho si hubiese estado solo frente a una bandada de tiburones. Pero la situaci\u00f3n era confusa y hab\u00eda un sistema mejor. Prefer\u00eda la t\u00e9cnica del estoque a la de la granada de mano.<br \/>\nAhora estaba a tan s\u00f3lo quince metros de distancia y se acercaba con rapidez. Nunca se le ofrecer\u00eda una oportunidad mejor. Apret\u00f3 el bot\u00f3n de lanzamiento.<br \/>\nDe debajo de la panza del submarino sali\u00f3 disparado algo que parec\u00eda una raya. Don hab\u00eda reducido la velocidad de la embarcaci\u00f3n; ahora ya no ten\u00eda que acercarse m\u00e1s. El peque\u00f1o proyectil, en forma de flecha y de s\u00f3lo medio metro de anchura, pod\u00eda moverse m\u00e1s de prisa que la embarcaci\u00f3n y recorrer\u00eda el trayecto en pocos segundos. Mientras avanzaba a gran velocidad, fue soltando el fino cable de control, como una ara\u00f1a subacu\u00e1tica desprendiendo su hilo. A lo largo del cable pasaba la energ\u00eda que impulsaba al aguij\u00f3n y las se\u00f1ales que lo dirig\u00edan hacia el objetivo. Don se hab\u00eda olvidado completamente de su propia embarcaci\u00f3n, en su esfuerzo por guiar aquel misil submarino. Respond\u00eda tan de prisa a su contacto que tuvo la impresi\u00f3n de que estaba controlando un sensible y en\u00e9rgico corcel.<br \/>\nEl tibur\u00f3n vio el peligro menos de un segundo antes del impacto. El parecido del aguij\u00f3n con una raya corriente le hab\u00eda confundido, tal como hab\u00edan pretendido los dise\u00f1adores del arma. Antes de que el peque\u00f1o cerebro pudiese darse cuenta de que ninguna raya se comportaba de aquella manera, el misil dio en el blanco. La aguja hipod\u00e9rmica de acero, impulsada por la explosi\u00f3n de un cartucho, atraves\u00f3 la dura piel del tibur\u00f3n y \u00e9ste salt\u00f3 en un frenes\u00ed de p\u00e1nico. Don puso r\u00e1pidamente marcha atr\u00e1s, pues un coletazo le har\u00eda saltar como un guisante en un bote y podr\u00eda incluso causar da\u00f1o al Sub 5. Ahora no pod\u00eda hacer nada m\u00e1s, salvo hablar por el micr\u00f3fono y llamar a sus mastines.<\/p>\n<p>El maldito asesino estaba tratando de arquear el cuerpo para poder arrancarse el dardo envenenado.<br \/>\nDon hab\u00eda guardado ya el aguij\u00f3n en su escondite, satisfecho de haber podido recobrar indemne el misil. Observ\u00f3 despiadadamente c\u00f3mo el monstruo sucumb\u00eda a su par\u00e1lisis.<br \/>\nSus movimientos se estaban debilitando. Nadaba sin rumbo y, en una ocasi\u00f3n, Don tuvo que apartarse h\u00e1bilmente a un lado para evitar un choque. Al perder el control de flotaci\u00f3n, el animal ascendi\u00f3 moribundo a la superficie. Don no trat\u00f3 de seguirlo; esto pod\u00eda esperar hasta que hubiese resuelto asuntos m\u00e1s importantes.<br \/>\nEncontr\u00f3 a la ballena y a sus dos cr\u00edas a un kil\u00f3metro y las examin\u00f3 minuciosamente. Estaban ilesas, y no hab\u00eda necesidad por tanto de llamar al veterinario, en su especial submarino de dos plazas, capaz de resolver cualquier crisis cetol\u00f3gica, desde un dolor de est\u00f3mago a una ces\u00e1rea. Don tom\u00f3 nota del n\u00famero de la madre, grabado debajo de las aletas. Las cr\u00edas, a juzgar por su tama\u00f1o, eran de esta temporada y a\u00fan no hab\u00edan sido marcadas.<br \/>\nDon estuvo un rato observando. Ya no estaban alarmadas, y una comprobaci\u00f3n por el sonar le hab\u00eda mostrado que la manada hab\u00eda interrumpido su desaforada fuga. Se pregunt\u00f3 c\u00f3mo pod\u00edan saber lo que hab\u00eda ocurrido; se hab\u00eda aprendido mucho sobre la comunicaci\u00f3n entre ballenas, pero muchas cosas a\u00fan segu\u00edan siendo un misterio.<br \/>\n\u0096Espero que me agradezca lo que he hecho por usted, se\u00f1ora \u0096murmur\u00f3.<br \/>\nEntonces, mientras pensaba que cincuenta toneladas de amor maternal era un espect\u00e1culo realmente asombroso, vaci\u00f3 los dep\u00f3sitos y ascendi\u00f3 a la superficie.<br \/>\nEl mar estaba en calma, por lo que abri\u00f3 el compartimiento estanco y asom\u00f3 la cabeza por la peque\u00f1a torre. El agua se hallaba a s\u00f3lo unos cent\u00edmetros de su barbilla, y de vez en cuando una ola hac\u00eda un decidido esfuerzo para inundar la embarcaci\u00f3n. Hab\u00eda poco peligro de que esto ocurriese pues hab\u00eda fijado la escotilla de manera que era como un tap\u00f3n completamente eficaz.<br \/>\nA quince metros de distancia, un bulto largo y de color de pizarra, como una barca panza arriba, se estaba meciendo en la superficie. Don lo mir\u00f3 e hizo algunos c\u00e1lculos mentales. Una bestia de este tama\u00f1o ser\u00eda muy valiosa: con un poco de suerte, tal vez conseguir\u00eda una doble recompensa. Dentro de unos minutos radiar\u00eda su informe, pero de momento era agradable respirar el aire fresco del Atl\u00e1ntico y sentir el cielo despejado sobre su cabeza.<br \/>\nUna bomba gris salt\u00f3 desde las profundidades y volvi\u00f3 a caer sobre la superficie del agua, salpic\u00e1ndolo de espuma. No era m\u00e1s que la modesta manera que ten\u00eda Benj de llamar su atenci\u00f3n; un instante despu\u00e9s, la marsopa se encaram\u00f3 a la torre, para que Don pudiera acariciarle la cabeza. Sus ojos grandes e inteligentes se fijaron en \u00e9l: \u00bfera mera imaginaci\u00f3n, o bailaba en sus pupilas un regocijo casi humano?<br \/>\nComo de costumbre, Susan se mantuvo t\u00edmidamente a distancia hasta que los celos pudieron m\u00e1s que ella y empuj\u00f3 a Benj a un lado. Don distribuy\u00f3 sus caricias con imparcialidad y se disculp\u00f3 porque no ten\u00eda nada para darles. Decidi\u00f3 reparar esta omisi\u00f3n en cuanto regresase al Herman Melville.<br \/>\n\u0096Tambi\u00e9n ir\u00e9 a nadar con vosotras \u0096prometi\u00f3\u0096 con tal de que os port\u00e9is bien la pr\u00f3xima vez.<br \/>\nSe frot\u00f3 reflexivamente un gran cardenal producido por las ganas de jugar de Benj, y se pregunt\u00f3 si no era ya un poco viejo para juegos tan duros como \u00e9ste.<br \/>\n\u0096Es hora de volver a casa \u0096dijo firmemente, meti\u00e9ndose en la cabina y cerrando de golpe la escotilla. De pronto not\u00f3 que estaba hambriento y que a\u00fan no hab\u00eda tomado el desayuno. No hab\u00eda muchos hombres en el mundo con m\u00e1s derecho que \u00e9l a la comida de la ma\u00f1ana. Hab\u00eda salvado para la humanidad m\u00e1s toneladas de carne, aceite y leche de lo que se podr\u00eda calcular.<br \/>\nDon Burley era el guerrero feliz, volviendo a casa despu\u00e9s de una batalla que el hombre siempre tendr\u00eda que librar. Estaba manteniendo a raya el espectro del hambre con el que hab\u00eda tenido que enfrentarse la humanidad en todas las etapas anteriores, pero que nunca volver\u00eda a amenazar al mundo mientras los grandes cultivos de plancton produjesen millones de toneladas de prote\u00ednas, y las manadas de ballenas obedeciesen a sus nuevos amos.<br \/>\nEl hombre hab\u00eda vuelto al mar despu\u00e9s de eones de exilio; hasta que se congelasen los oc\u00e9anos, no volver\u00eda a tener hambre&#8230;<br \/>\nDon mir\u00f3 la pantalla al fijar el rumbo. Sonri\u00f3 al ver los dos ecos que sosten\u00edan el ritmo de la mancha de luz central correspondiente a su embarcaci\u00f3n.<br \/>\n\u0096Aguantad \u0096dijo\u0096. Los mam\u00edferos debemos mantenernos juntos.<br \/>\nEntonces puso en marcha el piloto autom\u00e1tico y se retrep\u00f3 en su asiento.<\/p>\n<p>Y ahora Benj y Susan oyeron un ruido muy peculiar que sub\u00eda y bajaba contra el zumbido de las turbinas. Se hab\u00eda filtrado d\u00e9bilmente a trav\u00e9s de las paredes de Sub 5, y s\u00f3lo los sensibles o\u00eddos de las marsopas pod\u00edan haberlo detectado. Pero por muy inteligentes que fuesen, dif\u00edcilmente se hubiese podido esperar que comprendiesen por qu\u00e9 Don Burley estaba anunciando, en voz estridente, que se estaba dirigiendo a la \u00daltima Ronda&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En las profundidades Arthur C. Clarke The deep range, \u00a9 1954 (Argosy, Abril de 1954). Traducci\u00f3n de Joseph Ferrer i Aleu en Cuentos del planeta Tierra, Colecci\u00f3n VIB 17\/1, Ediciones B S.A., 1992. Escrib\u00ed el cuento En las profundidades en 1954, mucho antes del casi obsesivo inter\u00e9s actual por la exploraci\u00f3n y la explotaci\u00f3n de los oc\u00e9anos. Un a\u00f1o despu\u00e9s<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"class_list":["post-1592","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos-de-ciencia-ficcion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1592","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1592"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1592\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1592"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1592"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1592"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}