{"id":1581,"date":"2008-10-17T16:02:29","date_gmt":"2008-10-17T16:02:29","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1581"},"modified":"2008-10-17T16:02:29","modified_gmt":"2008-10-17T16:02:29","slug":"anclaje","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1581","title":{"rendered":"Anclaje"},"content":{"rendered":"<p>Anclaje<br \/>\nEric Frank Russell<br \/>\nTieline, \u00a9 1955 (Astounding Science Fiction, Julio de 1955). Traducci\u00f3n de urijenny.<\/p>\n<p>Originalmente publicada bajo el nombre de Duncan H. Munro. Esta historia respecto a un hombre solitario que mantiene una vigilancia gal\u00e1ctica desde un mundo acu\u00e1tico realmente hace pensar con cari\u00f1o en las gaviotas.<\/p>\n<p>Vio la aguja del medidor de salida saltar, oscilar, y caer nuevamente. Treinta segundos despu\u00e9s lo mismo: subi\u00f3, se estremeci\u00f3 y cay\u00f3. Treinta segundos despu\u00e9s lo mismo nuevamente. Ha estado haci\u00e9ndolo por semanas, meses, a\u00f1os\u0085<br \/>\nFuera del edificio de piedra fundida una antena en celos\u00eda se eleva hacia lo alto en el aire y apunta una gigantesca copa hacia las estrellas. Y desde la copa, a intervalos de medio minuto, se env\u00eda una voz silenciosa de largo alcance.<br \/>\n\u0096Bunda uno. \u00a1Eep-eep-bop! Bunda uno. \u00a1Eep-eep-bop!<br \/>\nDesde ocho estaciones repetidoras sincronizadas, en islas solitarias alrededor del ecuador del planeta, se emite la misma llamada, radiando como los rayos de una rueda, tan lentamente como gira el mundo sobre su eje.<br \/>\nAfuera, en el abismo internebular donde se esconden los cuerpos obscuros sin soles que puedan descubrirlos, una nave eventual podr\u00eda escuchar la voz, cambiar curso en sus propios planos horizontal o vertical y rugir directo hacia adelante.<br \/>\nCon qu\u00e9 frecuencia pod\u00eda ocurrir esto, no ten\u00eda modo de saberlo. Permanec\u00eda en tremenda soledad, se\u00f1alando el camino a aquellos que nunca dir\u00edan \u0093\u00a1Gracias!\u0094. Demasiado peque\u00f1a y fugaz para ser vista alguna vez, su estela titil\u00f3 brevemente en el espacio entre las espirales de estrellas y luego se perdi\u00f3. Como \u0093las naves que pasan en la noche\u0094.<br \/>\nBunda uno. Un faro en el espacio. Un mundo con atm\u00f3sfera semejante a la de la Tierra pero escasa tierra firme. Una esfera de oc\u00e9anos inmensos salpicados de escarpadas islas en las que no viv\u00eda nada que fuera compa\u00f1\u00eda y consuelo para alguien con forma humana.<br \/>\nEsta isla en particular era la mayor superficie s\u00f3lida en un mundo de desechos acuosos. Treinta y cinco kil\u00f3metros de largo por once de ancho, un verdadero continente en los t\u00e9rminos de Bunda. Sin \u00e1rboles, ni animales, ni p\u00e1jaros, ni flores. Hab\u00edan arbustos achaparrados, bajos y retorcidos, l\u00edquenes, y peque\u00f1os hongos. Hab\u00eda unas cincuenta especies de insectos anfibios que manten\u00edan estables sus poblaciones a trav\u00e9s del enfrentamiento de unos con otros. Y nada m\u00e1s.<br \/>\nSobre todo el planeta se extend\u00eda un silencio espantoso. Esto era lo horrible: el silencio. Los vientos eran suaves, consistentes, nunca declinando a un suspiro o creciendo hasta un aullido. Los mares avanzando perezosamente, arrastr\u00e1ndose veinticinco lentos cent\u00edmetros hasta las rocas, y desliz\u00e1ndose de nuevo los veinticinco cent\u00edmetros hacia abajo sin un sobresalto, un chapoteo, un sonido de aspersi\u00f3n de roc\u00edo. Los insectos eran silenciosos, sin un chirrido o chillido en el mont\u00f3n. Los p\u00e1lidos l\u00edquenes y los deformes arbustos se manten\u00edan inm\u00f3viles, como extravagantes entidades paralizadas por la eterna calma.<br \/>\nDetr\u00e1s del edificio hay un jard\u00edn. Cuando los constructores de la baliza establecieron por primera vez el lugar en que se ubicar\u00eda la instalaci\u00f3n, convirtieron un cuarto de hect\u00e1rea de dura roca en terreno cultivable, y plantaron all\u00ed ra\u00edces y semillas de la Tierra. No aparecieron flores, pero prosperaron algunos vegetales. Ten\u00eda cincuenta surcos de remolacha, espinacas, y br\u00f3coli. Y ten\u00eda cebollas del tama\u00f1o de pelotas football.<br \/>\nNunca comi\u00f3 una cebolla. Las detestaba. Pero las manten\u00eda junto con el resto, cuid\u00e1ndolas con esmero, por variar la rutina y por el placer de escuchar el grueso empuje de una pala, el firme tintineo de una azada.<br \/>\nLa aguja salt\u00f3, se estremeci\u00f3, y cay\u00f3 nuevamente. Si observaba con demasiada frecuencia y durante demasiado tiempo, se volv\u00eda hipn\u00f3tico. Hab\u00eda veces en que desarrollaba un insano deseo de cambiar sus caracter\u00edsticas: la oscilaci\u00f3n en algo idiota pero refrescantemente nuevo; destrozar el c\u00f3digo en clave del gran transmisor y substituirlo por alguna insensatez que la copa podr\u00eda enviar hacia las sorprendidas estrellas.<br \/>\n\u0096Wossop na bullwacka. \u00a1Bammer-bam-whop! Wossop na bullwacka. \u00a1Bammer-bam-whop!<br \/>\nHab\u00eda pasado antes y alg\u00fan d\u00eda podr\u00eda pasar de nuevo.<br \/>\nNo hab\u00eda pasado tanto tiempo desde que un crucero liviano tuvo que eliminar una estaci\u00f3n del grupo Wolf despu\u00e9s que su baliza comenz\u00f3 a radiar en forma incoherente. La locura de un hombre puso en peligro a un transporte que llevaba dos mil personas a bordo. Al poner un faro fuera de servicio hay que avanzar a ciegas en la obscuridad del espacio profundo.<br \/>\nPara unirse al Servicio de Balizamiento hab\u00eda que aceptar diez a\u00f1os de confinamiento solitario con una remuneraci\u00f3n muy elevada y la satisfacci\u00f3n de realizar un servicio de necesidad p\u00fablica. El prospecto trataba de atraer personas j\u00f3venes, adaptables y a\u00fan firmes sobre la buena y vieja Tierra. La realidad, era sombr\u00eda, prohibitiva, y hab\u00eda demostrado ser demasiado para muchos. El hombre no sirve para vivir solo.<br \/>\n\u0096\u00bfAs\u00ed que eres de las Islas Occidentales, eh? \u00a1Justamente la clase de hombres que necesitamos! Tenemos una estaci\u00f3n llamada Bunda uno que est\u00e1 hecha a medida para ti. Ser\u00e1s capaz de aguantar mejor que la mayor\u00eda. Las personas de las ciudades no sirven en lugares como ese; sin importar cu\u00e1n excelentes sean sus calificaciones t\u00e9cnicas, tarde o temprano se quiebran por la falta de \u0093luces brillantes\u0094. S\u00ed, un hombre de las Islas Occidentales est\u00e1 cortado a la medida para Bunda uno. No a\u00f1orar\u00e1s aquello que nunca has tenido. En Bunda uno encontrar\u00e1s todo aquello a lo que est\u00e1s acostumbrado: islas rocosas y grandes mares, igual que en casa&#8230;\u00a0 Igual que en casa.<br \/>\nEl hogar.<br \/>\nAbajo, en la playa sin olas hab\u00eda guijarros y bellas conchillas, y peque\u00f1as cosas que se arrastraban, como cangrejos. En el oc\u00e9ano cimbreantes campos de algas marinas a trav\u00e9s de los que se lanzaban vastos card\u00famenes de peces, grandes y peque\u00f1os, igual que los peces de los oc\u00e9anos terrestres. Lo sab\u00eda, porque tiraba l\u00edneas de pesca desde la orilla, los pescaba, los desenganchaba, y los arrojaba de nuevo a la libertad de la que \u00e9l carec\u00eda.<br \/>\nPero ning\u00fan malec\u00f3n de piedras gastadas proyectado en las aguas verdes, ni peque\u00f1os y oxidados vapores rodando a trav\u00e9s de la bah\u00eda, nadie en la playa trabajando con tarros de alquitr\u00e1n o remendando redes. Ni barriles rodando y traqueteando desde la toneler\u00eda, ni bloques brillantes arrastrados fuera de la planta de hielo, ni hordas plateadas tambale\u00e1ndose y avanzando a los tumbos bajo los cascarones. Y en el ocaso ninguna voz en la capilla pidiendo por los que est\u00e1n en peligro en el mar.<br \/>\nEn la Tierra los grandes cerebros cient\u00edficos trabajaban muy bien cuando ten\u00edan que tratar con problemas netamente t\u00e9cnicos. La estaci\u00f3n maestra de Bunda uno era semiautom\u00e1tica, sus ocho balizas esclavas plenamente autom\u00e1ticas, y extra\u00edan su energ\u00eda de generadores at\u00f3micos que pod\u00edan funcionar sin mantenimiento durante una centuria o m\u00e1s. La fuerza de las voces de aviso era suficiente para empujarla a trav\u00e9s de un poderoso abismo entre c\u00famulos de incontables soles. Todo lo que se necesitaba para alcanzar un cien por ciento de eficiencia era un ojo vigilante respaldado por conocimiento, capacidad e iniciativa, un mecanismo de emergencia que pudiera hacer de la baliza una unidad autoreparable. En otras palabras, un hombre.<br \/>\nAqu\u00ed es donde su ingenio no resiste. Un hombre. Un hombre no es un dispositivo. No puede ser evaluado, tratado, o ser hecho para funcionar como un dispositivo.<br \/>\nCon alg\u00fan retraso tuvieron que reconocer el hecho, despu\u00e9s que el tercer demente tuvo que ser retirado de su puesto. Tres colapsos mentales en una organizaci\u00f3n que contaba con cuatrocientas estaciones aisladas no es una gran proporci\u00f3n. Menos del uno por ciento. Pero tres casos eran demasiado. Y el n\u00famero podr\u00eda acrecentarse a medida que con el transcurso del tiempo se fueran quebrando otros encargados de estaciones de balizamiento. Analizaron el problema. Ah, exclamaron, la respuesta es el precondicionamiento.<br \/>\nDe modo que los pr\u00f3ximos candidatos tendr\u00edan que atravesar un tamiz cient\u00edficamente dise\u00f1ado, un formidable y extenso curso calculado para quebrar lo quebrable y dejar un duro resto adecuado para el servicio. No se pudo implementar. La necesidad de hombres era demasiado grande, el n\u00famero de candidatos demasiado bajo, y se quebrar\u00edan demasiados.<br \/>\nDespu\u00e9s examinaron otra media docena de teor\u00edas sin mejor suerte. El precepto y la pr\u00e1ctica no siempre concuerdan. Los grandes cerebros lo pod\u00edan haber hecho ellos mismos con una pizca de sentido com\u00fan.<br \/>\nSu \u00faltima novedad fue la teor\u00eda del anclaje [tieline]. Afirmaron que los hombres han nacido en la Tierra y necesitan un anclaje a Tierra. D\u00e1ndoles tal anclaje, se mantendr\u00edan sujetos a la cordura. Se podr\u00eda resistir a trav\u00e9s de los diez a\u00f1os de confinamiento solitario.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 es un anclaje?<br \/>\nCherchez la femme, sugiri\u00f3 alguien, mirando hacia el mundo sobre sus gafas. Lo discutieron, desech\u00e1ndolo por una docena de razones. Las complicaciones imaginables iban desde el asesinato hasta los beb\u00e9s. Adem\u00e1s, significaba duplicar en masa el transporte peri\u00f3dico de suministros para una entidad no t\u00e9cnica.<br \/>\n\u00bfUn perro, entonces? Perfecto para aquellos pocos mundos en los que un perro puede arreglarse por s\u00ed mismo. \u00bfPero qu\u00e9 respecto a otros mundos, tales como Bunda? Los cargamentos en el espacio se valuaban en gramos, no en toneladas, y no era a\u00fan el tiempo en que pudiera embarcarse alimento para perros alrededor del cosmos para beneficio de los simples y extensamente dispersos perros callejeros.<br \/>\nEl primer anclaje que se intent\u00f3 fue improvisado y completamente mec\u00e1nico, y tuvo la virtud de romper el silencio que era el anatema de Bunda. La nave de suministro anual dej\u00f3 caer su carga de alimentos junto con un grabador y una docena de cintas.<br \/>\nPara el siguiente mes ten\u00eda ruidos, no s\u00f3lo palabras y m\u00fasica, sino tambi\u00e9n sonidos caracter\u00edsticos de la Tierra: el estruendo del tr\u00e1fico junto a una curva en d\u00eda feriado, el tronar de los trenes, el repicar de las campanas de la ma\u00f1ana de domingo, el agudo parloteo de los ni\u00f1os saliendo de la escuela. La evidencia auditiva de la vida lejana, muy lejana. En la primera audici\u00f3n se deleit\u00f3. En la veinteava se aburri\u00f3. No hubo treintava vez.<br \/>\nLa aguja de salida salt\u00f3, se estremeci\u00f3, y cay\u00f3.<br \/>\nEl grabador estaba abandonado en un rinc\u00f3n. Fuera de all\u00ed, en las nieblas estelares se encontraban sus hermanos solitarios. A\u00fan no pod\u00eda hablarles, o escucharlos. Estaban fuera del alcance del radio y sus mundos giraban como el suyo. Se sent\u00f3 y vigil\u00f3 la aguja y sinti\u00f3 el abominable silencio de Bunda.<br \/>\nOcho meses atr\u00e1s, en tiempo de la Tierra, la nave de suministros hab\u00eda tra\u00eddo evidencia de que a\u00fan se embaucaba con la teor\u00eda del anclaje. Junto con la provisi\u00f3n anual hab\u00eda dejado una caja peque\u00f1a y un peque\u00f1o libro.<br \/>\nExtrayendo la caja de su embalaje, la abri\u00f3 y se encontr\u00f3 enfrentado a un monstruo con ojos de insecto. La cosa hab\u00eda girado su cabeza triangular y lo miraba con\u00a0 horrible frialdad. Luego se movi\u00f3 a lo largo, con torpes movimientos de sus patas para trepar. Cerr\u00f3 la caja r\u00e1pidamente y consult\u00f3 el libro.<br \/>\nEste le informaba que el nombre del reci\u00e9n llegado era Jason, que era un mantis predicador, manso, inofensivo y completamente capaz de arreglarse por s\u00ed mismo en Bunda. Jason, dec\u00eda el libro, ha sido testeado en su dieta con varias especies de insectos de Bunda y los ha comido ansiosamente. En algunos lugares de la Tierra los mantis eran la mascota de los ni\u00f1os.<br \/>\nEsto mostraba como trabajaban sus mentes obstinadamente en pos de su objetivo. Se hab\u00eda decidido que el anclaje deb\u00eda ser una criatura viva, nacida naturalmente en Terra. Tambi\u00e9n que deb\u00eda ser capaz de mantenerse por s\u00ed misma en un planeta extra\u00f1o. Pero, encontr\u00e1ndose c\u00f3modamente en sillones y no perdidos en los campos estelares, pasaron por alto la cualidad esencial de la familiaridad. Habr\u00eda sido mejor que le hubieran enviado un gato callejero. A \u00e9l no le gustaban los gatos y no hab\u00eda leche, pero al menos los mares estaban repletos de peces. Adem\u00e1s, los gatos hacen ruidos. Ronronean y ma\u00fallan. La cosa en la caja era amenazadora y silenciosa.<br \/>\n\u00bfQui\u00e9n, en las Islas Occidentales, hab\u00eda encontrado alguna vez un mantis predicador? \u00c9l nunca hab\u00eda visto uno en su vida anterior. Se parec\u00eda a la representaci\u00f3n de pesadilla de un marciano.<br \/>\nNunca hab\u00eda tocado uno. Lo manten\u00eda en su caja, donde se paraba sobre largas patas, girando bizarramente su cabeza, lo miraba con mirada fr\u00eda, y nunca emit\u00eda un sonido. El primer d\u00eda que le entreg\u00f3 un saltamontes de Bunda, atrapado entre los l\u00edquenes, se asque\u00f3 por el modo en que arranc\u00f3 la cabeza de la v\u00edctima y la mastic\u00f3. Un par de veces so\u00f1\u00f3 con un gigantesco Jason alz\u00e1ndose sobre \u00e9l, las fauces abiertas como una grande y hambrienta trampa.<br \/>\nLuego de un par de semanas, ya hab\u00eda tenido suficiente. Tom\u00f3 la caja, y seis millas al norte de la instalaci\u00f3n, la abri\u00f3, inclin\u00e1ndola; vio a Jason alejarse entre los arbustos y l\u00edquenes. Lo favoreci\u00f3 con una mirada de basilisco antes de desaparecer. Hab\u00eda dos terranos en Bunda y estaban mutuamente perdidos.<br \/>\n\u0096Bunda One. \u00a1Eep-eep-bop!<br \/>\nSalto, oscilaci\u00f3n, ca\u00edda. Ninguna palabra de reconocimiento por parte de una nave asistida atravesando la distante obscuridad. Ning\u00fan sonido de vida aparte de los grabados en una cinta magn\u00e9tica. Ninguna realidad dentro de una realidad extra\u00f1a que crece cada d\u00eda en lo irreal y elusivo.<br \/>\nPodr\u00eda ser valioso sabotear la estaci\u00f3n con objeto de repararla y volverla a poner en servicio, creando as\u00ed una fingida justificaci\u00f3n para la propia existencia. Pero un millar de formas de vida en una nave podr\u00edan pagar por esto con la muerte. El precio por la distracci\u00f3n que podr\u00eda romper la monoton\u00eda era demasiado elevado.<br \/>\nO podr\u00eda gastar las horas fuera de servicio haciendo una b\u00fasqueda en el norte por el peque\u00f1o monstruo, llamando, llamando, y sin esperar encontrarlo.<br \/>\n\u0096\u00a1Jason! \u00a1Jason!<br \/>\nY en alguna parte, entre los pe\u00f1ascos y las hendiduras, una angulosa cabeza de ojos prominentes se volvi\u00f3 hacia su voz, sin responder. Si Jason hubiera sido capaz de \u0093cantar\u0094 como un grillo, tal vez habr\u00eda podido soportar a la criatura, llegando a amarla, sabiendo que los chirridos eran la conversaci\u00f3n del mantis. Pero Jason era tan sombr\u00edo y silencioso como el sereno y proscripto mundo de Bunda.<br \/>\nHizo una verificaci\u00f3n final del transmisor, monitore\u00f3 sus ocho retransmisores esclavos llamando en la distancia, y se fue a la cama; acostado all\u00ed se pregunt\u00f3 por mil\u00e9sima vez si ver\u00eda el final de los diez a\u00f1os, o si estaba condenado a quebrarse antes de llegar al final.<br \/>\nSi no enloquec\u00eda, los cient\u00edficos en la Tierra podr\u00edan usarlo como conejillo de Indias, un precedente para los que trabajan en el tema, en sus esfuerzos para la determinaci\u00f3n de la causa y la cura. S\u00ed, eran ingeniosos, muy ingeniosos. Pero hab\u00eda algunas cosas respecto a las que no eran tan perspicaces. Con ese pensamiento cay\u00f3 en un sue\u00f1o intranquilo.<\/p>\n<p>Alguna estupidez a veces demuestra ser la chispa que impulsa a encontrar una soluci\u00f3n. Todos los problemas se pueden resolver con tiempo suficiente. El tiempo para este era ahora.<br \/>\nLa nave vagamundos Henderson rod\u00f3 fuera del campo de estrellas, descendi\u00f3 en jadeantes antigravs, y se sostuvo un momento a seiscientos metros sobre la baliza. Carec\u00eda de reservas para aterrizar, as\u00ed que retorn\u00f3 a la inmensidad del espacio profundo a continuar su periplo. Simplemente se detuvo, dej\u00f3 caer el \u00faltimo anclaje pensado por los grandes cerebros y retorn\u00f3 hacia la obscuridad. El cargamento se arremolin\u00f3 abajo, en la noche de Bunda, como un torbellino de grandes copos de nieve grises.<br \/>\nAl amanecer se despert\u00f3 inconsciente de la visita. La nave de suministros no llegar\u00eda hasta despu\u00e9s de cuatro meses. Ech\u00f3 una mirada a su reloj con los ojos entrecerrados, frunciendo el ce\u00f1o con desconcierto ante el motivo que lo hab\u00eda hecho despertar tan temprano. Algo, un impreciso algo que se introdujo en sus sue\u00f1os.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 fue eso? Un ruido.<br \/>\n\u00a1Un ruido!<br \/>\nSe enderez\u00f3, escuch\u00f3. De nuevo, desde fuera, atenuado por la distancia. El gemido de un gato abandonado. No, no es eso. M\u00e1s como el llanto de un beb\u00e9 perdido.<br \/>\nEs la imaginaci\u00f3n. El proceso de fractura ps\u00edquica debe haber comenzado. Hab\u00eda subsistido cuatro a\u00f1os. Alg\u00fan otro ermita\u00f1o podr\u00eda haber aguantado los seis restantes. Estaba escuchando cosas y esto era un signo seguro de desequilibrio mental.<br \/>\nDe nuevo el sonido.<br \/>\nSe levant\u00f3 de la cama, se visti\u00f3, se examin\u00f3 en el espejo. No le pareci\u00f3 que lo miraba el rostro de un idiota. Un poco tenso, quiz\u00e1, pero por lo dem\u00e1s normal. Se dirigi\u00f3 hacia la sala de control, estudi\u00f3 el panel de instrumentos. Salto, oscilaci\u00f3n, ca\u00edda.<br \/>\n\u0096Bunda uno. \u00a1Eep-eep-bop!<br \/>\nTodo estaba en orden all\u00ed. Regres\u00f3 a su propia habitaci\u00f3n, se frot\u00f3 sus orejas, escuch\u00f3. Alguien \u0096alguna cosa\u0096 estaba afuera gimiendo en el amanecer en las aguas crecientes. \u00bfQu\u00e9? Una vez que destrab\u00f3 la puerta con dedos nerviosos, mir\u00f3 hacia afuera. El sonido aument\u00f3, derram\u00e1ndose a su alrededor, por todas partes, inundando completamente su ser. Estuvo largo tiempo de pie, temblando. Luego recomponi\u00e9ndose corri\u00f3 hacia el dep\u00f3sito, rellen\u00f3 sus bolsillos de galletas, se llen\u00f3 tambi\u00e9n ambas manos.<br \/>\nTropez\u00f3 al cambiar abruptamente la velocidad para cerrar la puerta.<br \/>\nCorri\u00f3 apresurado, bajando hacia la playa de guijarros con las manos cargadas extendidas, su respiraci\u00f3n jadeante de alegr\u00eda.<br \/>\nY all\u00ed, en el borde del calmo oc\u00e9ano, se qued\u00f3 con los ojos brillantes, los brazos ampliamente abiertos mientras setecientas gaviotas se arremolinaban a su alrededor, tomando galletas de sus dedos, pavone\u00e1ndose entre sus pies.<br \/>\nTodo el tiempo chillaban el himno de las islas, la canci\u00f3n del interminable mar, la salvaje, salvaje m\u00fasica que era genuinamente de la Tierra.<\/p>\n<p>Traducci\u00f3n y edici\u00f3n digital de urijenny <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Anclaje Eric Frank Russell Tieline, \u00a9 1955 (Astounding Science Fiction, Julio de 1955). Traducci\u00f3n de urijenny. Originalmente publicada bajo el nombre de Duncan H. Munro. Esta historia respecto a un hombre solitario que mantiene una vigilancia gal\u00e1ctica desde un mundo acu\u00e1tico realmente hace pensar con cari\u00f1o en las gaviotas. 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