{"id":1579,"date":"2008-10-17T16:01:43","date_gmt":"2008-10-17T16:01:43","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1579"},"modified":"2008-10-17T16:01:43","modified_gmt":"2008-10-17T16:01:43","slug":"el-reino-de-las-hormigas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1579","title":{"rendered":"El reino de las hormigas"},"content":{"rendered":"<p>El reino de las hormigas<br \/>\nHerbert George Wells<br \/>\nThe empire of the ants, \u00a9 1905 (The Strand, Diciembre de 1995). Traducido por Alfonso Hern\u00e1ndez Cat\u00e1 en Narraciones de ciencia ficci\u00f3n, Editorial Castellote, 1971.<\/p>\n<p>1<br \/>\nCuando el capit\u00e1n Gu\u00e9rilleau recibi\u00f3 la orden de conducir el Benjam\u00edn Constant, ca\u00f1onero de su nuevo mando, a lo largo del r\u00edo Batemo para socorrer a los ind\u00edgenas de Badama amenazados por una invasi\u00f3n de hormigas, sospech\u00f3 que las autoridades navales trataban, por venganza, de ponerle en rid\u00edculo. En su reciente ascenso hab\u00edan influido de una manera novelesca y eficaz para alterar la regularidad del escalaf\u00f3n la azul languidez de sus ojos y el capricho de cierta noble brasile\u00f1a; y con tal motivo El Diario y O Futuro insinuaron capciosas iron\u00edas, cuyo recuerdo s\u00f3lo estimulaba en \u00e9l la decisi\u00f3n de evitar el menor pretexto a nuevas burlas.<br \/>\nEn su calidad de criollo, el capit\u00e1n Gu\u00e9rilleau ten\u00eda de la etiqueta y de la disciplina una idea exclusivamente portuguesa; y con el \u00fanico que se franqueaba a bordo era con el ingeniero Holroyd. Estas confidencias le permit\u00edan, de paso, practicar el idioma ingl\u00e9s con una pronunciaci\u00f3n que siempre fue en extremo burda.<br \/>\n\u0096Si me env\u00edan a esa comisi\u00f3n es para ponerme en rid\u00edculo \u0096le dijo arrugando col\u00e9rico la orden\u0096. \u00bfQu\u00e9 puede hacer un hombre contra las hormigas sino dejarlas venir y marcharse cuando se les antoje?<br \/>\n\u0096Parece ser \u0096respondi\u00f3 Holroyd\u0096 que \u00e9stos vienen y no se van. Ese marinero que me ha dicho usted que es un Sambo&#8230;<br \/>\n\u0096S\u00ed, hijo de india y blanco, mestizo.<br \/>\n\u0096Pues \u00e9se asegura que no ser\u00e1n las hormigas, sino los hombres, los que cedan el terreno esta vez.<br \/>\nEl capit\u00e1n fum\u00f3 durante algunos instantes nerviosamente y luego opin\u00f3:<br \/>\n\u0096\u00a1Qui\u00e9n sabe si tenga raz\u00f3n! Nadie puede saber lo que se propone Dios con esas invasiones de hormigas. Ya en la Trinidad hubo una, pero fueron hormigas peque\u00f1as, de esas que cortan y transportan hojas; y, sin embargo, todos los naranjos y manglares quedaron en esqueleto. \u00bfNo es extra\u00f1o ese poder de destrucci\u00f3n? A veces verdaderos ej\u00e9rcitos de hormigas de una especie que pudi\u00e9ramos llamar belicosa, han invadido aldehuelas enteras, y al volver los expulsados habitantes las hallaron limpias de todo insecto: ni pulgas, ni cucarachas, ni nada&#8230;<br \/>\n\u0096El mestizo \u0096replic\u00f3 el ingeniero\u0096 asegura que \u00e9stas son de una especie mucho m\u00e1s terrible.<br \/>\nGu\u00e9rilleau se encogi\u00f3 de hombros y, taconeando irascible, se puso a mirar el cigarrillo. No tard\u00f3 mucho en expresar la insistencia de sus ideas:<br \/>\n\u0096\u00bfMe quiere usted decir, mi querido Holroyd, qu\u00e9 puedo yo hacer contra hormigas m\u00e1s o menos infernales?<br \/>\nY tras nueva reflexi\u00f3n, ratific\u00f3:<br \/>\n\u0096Nada. \u00a1Es absurdo&#8230; Absurdo!<br \/>\nA mediod\u00eda se puso el uniforme de gala y baj\u00f3 a tierra, de donde no tardaron en llegar, precedi\u00e9ndole, toda suerte de bultos. Sentado bajo la toldilla para disfrutar del frescor vesperal, el ingeniero fumaba absorto en la contemplaci\u00f3n del paisaje. Estaban a seis d\u00edas de la desembocadura del Amazonas y no muy lejos del opuesto oc\u00e9ano cuya vasta anchura recordaba muchas veces el gigantesco r\u00edo; al Sur se divisaba una isla arenosa de escas\u00edsima vegetaci\u00f3n, y el agua corr\u00eda continuamente espesa, turbia, cual si viniera de una esclusa monstruosa perdida entre las dos filas de milenarios \u00e1rboles&#8230; De una esclusa en la que por raro y poderoso capricho hubiesen puesto caimanes y toda clase de fluvial fauna. El vasto silencio penetraba el esp\u00edritu, y la aldea de Lemquer, sobre la cual se destacaba la peque\u00f1a iglesia junto a ruinas delatoras de un pasado pr\u00f3spero, parec\u00eda entre la fronda lujuriante una moneda de plata ca\u00edda en el desierto&#8230; El ingeniero ingl\u00e9s, que ve\u00eda los tr\u00f3picos por vez primera, recordaba el paisaje nativo, donde vallas, fosos y canales reducen la naturaleza a la m\u00e1s perfecta sumisi\u00f3n. En los seis d\u00edas que llevaban remontando el r\u00edo, el esplendor indomado de aquel rinc\u00f3n del mundo le hab\u00eda sugerido una idea hasta entonces no presentida: la insignificancia del hombre. Durante el viaje apenas hab\u00edan encontrado rastros humanos; un d\u00eda se cruzaron con una canoa, otro entrevieron en un repecho de la orilla un puesto de vigilancia, y otros, casi todos, nada&#8230; nadie. Holroyd comprendi\u00f3 durante este viaje que el hombre es un animal poco frecuente cuyo dominio terrenal se reduce a una \u00ednfima parte del globo.<br \/>\nA medida que se prolongaba la sinuosa navegaci\u00f3n hacia Badama se daba m\u00e1s profunda cuenta de aquellas verdades. El pintoresco capit\u00e1n, preocupado tan pronto de las hormigas como de la recomendaci\u00f3n recibida de economizar las municiones del ca\u00f1\u00f3n de proa, no lograba apartar ambas ideas de su meditaci\u00f3n. A pesar de aplicarse al estudio del castellano para entretenerse, en la pr\u00e1ctica estaba constre\u00f1ido a\u00fan a conjugar todos los verbos en presente y a emplear escueto el substantivo, y la sola persona capaz de comprender el ingl\u00e9s, fuera de Gu\u00e9rilleau, era un fogonero negro, que m\u00e1s que hablarlo lo tartamudeaba con fatigosa angustia; as\u00ed que Holroyd no pod\u00eda expansionarse mucho. El segundo comandante, llamado Da Cunha, aseguraba hablar franc\u00e9s, pero deb\u00eda ser un franc\u00e9s diferente del aprendido por el ingeniero en el colegio de Southport, y eso hac\u00eda que sus relaciones se limitaran a un cambio de cortes\u00edas y de breves observaciones sobre el tiempo, el cual, como tantas otras cosas en el desconcertante nuevo mundo, carec\u00eda de alteraciones familiares y era d\u00eda y noche t\u00f3rrido, saturado de humedad, surcado apenas por bocanadas caliginosas portadoras de miasmas de p\u00fatridas vegetaciones; y \u00e1rboles, p\u00e1jaros, insectos, alima\u00f1as, serpientes y monos, en terrible variedad, parec\u00edan preguntar al hombre con monoton\u00eda hostil qu\u00e9 ven\u00eda a buscar a aquellos parajes, en cuyo cielo los soles carec\u00edan de j\u00fabilo y las noches de frescas brisas. Aun cuando los vestidos pesaban horriblemente sobre el cuerpo, era imposible desnudarse a causa del calor durante el d\u00eda y de los mosquitos por la noche. Sobre el puente deslumbraba la luz, mientras en los camarotes se sent\u00edan principios de asfixia. Moscas sutiles, ligeras y da\u00f1inas, picaban en los tobillos y en los pu\u00f1os; y el capit\u00e1n Gu\u00e9rilleau, \u00fanica y pintoresca compensaci\u00f3n para Holroyd de tantas incomodidades f\u00edsicas, se hab\u00eda tornado fastidioso, repitiendo d\u00eda tras d\u00eda sus vulgares aventuras cual si desgranara un rosario. A veces, Da Cunha propon\u00eda una partida de caza, y disparaban algunos tiros sobre los caimanes; de raro en raro se deten\u00edan junto a los caser\u00edos agazapados bajo los \u00e1rboles e improvisaban festejos cuyos dos \u00fanicos n\u00fameros eran el baile y la bebida. Estas escalas constitu\u00edan oasis moment\u00e1neos en la aridez tediosa del viaje sobre las aguas r\u00e1pidas, aturdidos por el trepidar de los motores; y como no pod\u00edan llevar a bordo a mujer alguna, se contentaban con reverenciar la damajuana, obesa y seductora deidad prodigadora de entusiasmos y olvidos que se ergu\u00eda a popa como sobre un altar. Holroyd pensaba con complacencia que deb\u00eda haber otra divinidad de repuesto en el fondo de la bodega.<br \/>\nA cada escala Gu\u00e9rilleau recog\u00eda nuevos pormenores acerca de la invasi\u00f3n de las hormigas, y concluy\u00f3 interes\u00e1ndose por su misi\u00f3n.<br \/>\n\u0096Se trata de una nueva especie \u0096dec\u00eda al volver de interrogar a alg\u00fan ind\u00edgena\u0096. Una especie desconocida que seremos los primeros en estudiar, pues vamos a convertirnos en&#8230; \u00bfc\u00f3mo se llaman los que estudian bichejos? Entom\u00f3logos, s\u00ed&#8230; Dicen que son enormes, que algunas tienen cinco cent\u00edmetros y a\u00fan m\u00e1s&#8230; \u00bfVerdad que es grotesco? \u00a1Eso de convertirnos en atrapadores de hormigas!&#8230; Lo malo es que, seg\u00fan dicen, \u00e9stas lo devoran todo y est\u00e1n arrasando la comarca.<br \/>\nY agitado de patri\u00f3tica preocupaci\u00f3n, prosigui\u00f3:<br \/>\n\u0096Supongamos que estalla inopinadamente una guerra con cualquier pa\u00eds de Europa y me coge a m\u00ed aqu\u00ed, a seis d\u00edas de viaje&#8230; Fig\u00farese. \u00a1Un ca\u00f1\u00f3n menos al servicio de la patria!<br \/>\nY d\u00e1ndose palmaditas en la rodilla, volvi\u00f3 a su idea dominante sin fijarse en la sonrisa ir\u00f3nica del ingeniero.<br \/>\n\u0096Esas gentes en cuyo campamento bailamos ayer, son fugitivos obligados a huir de sus hogares sin poder coger siquiera muebles ni ropa. Las hormigas llegaron un mediod\u00eda y fue preciso dejarles libre el terreno inmediatamente y escapar; una sola hora de retraso habr\u00eda bastado para que los devorasen. \u00bfComprende? Por lo general en cuanto se comen los granos y los insectos vuelven a irse, pero esta vez no fue as\u00ed. Y cuando trataron de ir a explorar y ver si ten\u00edan ya permiso para volver a ocupar sus casas, sucedi\u00f3 una cosa espantosa. El primero que se atrevi\u00f3 a entrar fue un mozo, y las hormigas lo atacaron.<br \/>\n\u0096Pero, \u00bfc\u00f3mo? \u00bfEn grupos? \u00bfA picotazos? \u00bfA mordiscos?<br \/>\n\u0096No s\u00e9. Sus parientes lo vieron salir despavorido de la casa, pasar como loco junto a ellos y tirarse de cabeza al r\u00edo para ahogar las hormigas, que le daban un aspecto negro y horrible.<br \/>\nY acercando a la cara de Holroyd sus ojos l\u00edmpidos y oprimi\u00e9ndole las rodillas, termin\u00f3 en voz baja y emocionada:<br \/>\n\u0096Por la noche el muchacho muri\u00f3, cual si lo hubiera mordido una serpiente.<br \/>\n\u0096\u00bfEnvenenado por las hormigas?<br \/>\n\u0096\u00a1Qui\u00e9n sabe! Acaso las mordeduras fueran tan tremendas que no hiciese falta veneno&#8230; \u00a1No nos deb\u00edan mandar para esto!&#8230; Yo estudi\u00e9 la carrera para luchar con hombres, no con bichos&#8230; Eso no deb\u00eda de ser cosa nuestra.<br \/>\nA partir de ese d\u00eda el capit\u00e1n habl\u00f3 con frecuencia de las hormigas; y cada vez que la casualidad les deparaba el encuentro con un ser humano en aquella inmensidad de agua, de Sol y de inmensos bosques distantes, Holroyd o\u00eda que la palabra ind\u00edgena \u00absauba\u00bb (hormiga) se repet\u00eda como un leit motiv inquietante en las conversaciones. El inter\u00e9s crec\u00eda a medida que se aproximaban a la zona invadida. Esta curiosidad general hizo que el capit\u00e1n depusiese su gesto autoritario para aceptar la conversaci\u00f3n del segundo, que conoc\u00eda acerca de las especies de hormigas comunes curiosas particularidades, reveladas a Holroyd a trav\u00e9s de la traducci\u00f3n nada f\u00e1cil de Gu\u00e9rilleau. Da Cunha habl\u00f3 del ej\u00e9rcito an\u00f3nimo de obreras que pululan y combaten guiadas por otras hormigas mayores, reinas al parecer, que cuando ya el enemigo est\u00e1 casi vencido trepan hasta el cuello, infligiendo picaduras de las cuales brota la sangre; explic\u00f3 tambi\u00e9n con qu\u00e9 habilidad cortan las hojas para protegerse con ellas, y asegur\u00f3 haber visto en Caracas hormigueros de m\u00e1s de cien metros&#8230; Durante tres d\u00edas discutieron los tres si las hormigas ten\u00edan o no ojos; y la discusi\u00f3n lleg\u00f3 a exaltarse tanto con peligro de jerarqu\u00edas y respetos, que Holroyd crey\u00f3 oportuno ir a tierra en busca de una hormiga y decidir experimentalmente la duda. En efecto, captur\u00f3 varias de distintas especies, y tras largos ex\u00e1menes creyeron comprobar que unas ten\u00edan ojos y otras no. Entonces la discusi\u00f3n volvi\u00f3 a encresparse, so pretexto de si las hormigas mord\u00edan o picaban.<br \/>\n\u0096Estas que vamos a combatir \u0096dijo el capit\u00e1n, que aseguraba haber visto algunas en un rancho\u0096, no s\u00f3lo no carecen de ojos, sino que los tienen grand\u00edsimos, y en lugar de correr a ciegas como las comunes, permanecen quietas en un rinc\u00f3n y observan desde \u00e9l antes de atacar.<br \/>\n\u0096Pero, \u00bfpican? \u0096pregunt\u00f3 Holroyd.<br \/>\n\u0096S\u00ed, pican e infiltran ponzo\u00f1a en la picada&#8230; Mientras m\u00e1s pienso menos me explico qu\u00e9 podremos hacer contra ellas. Acabar\u00e1n por irse seg\u00fan han venido, y en paz.<br \/>\n\u0096\u00bfY si no se van?<br \/>\n\u0096Alguna vez han de irse, \u00a1qu\u00e9 caramba! \u0096respondi\u00f3 Gu\u00e9rilleau.<br \/>\nPasado Tamand\u00fa, el r\u00edo se dilataba en una solitaria extensi\u00f3n de ochenta millas para estrecharse luego y fundirse con otro r\u00edo a\u00fan m\u00e1s caudaloso. En la confluencia tupidos bosques parec\u00edan querer encerrar la corriente; el aspecto no era ya el mismo: troncos y vegetaciones flotaban a la deriva, y por primera vez el Benjam\u00edn Constant pudo amarrarse aquella noche a los troncos seculares de \u00e1rboles cuyo ramaje llegaba casi hasta la borda. Holroyd y Gu\u00e9rilleau permanecieron despiertos hasta muy tarde, disfrutando de la deliciosa sensaci\u00f3n de estar sumidos en una de las bellezas m\u00e1s grandes de la naturaleza. Entre cigarro y cigarro el capit\u00e1n hablaba, sin lograr libertarse de la obsesi\u00f3n de las hormigas; ya muy tarde, temeroso del calor, mand\u00f3 tender una colchoneta sobre el puente. Sus \u00faltimas palabras antes de dormirse fueron de amedrentada perplejidad.<br \/>\n\u0096\u00bfQu\u00e9 vamos a hacer contra esas endiabladas hormigas? \u00a1Es absurdo, absurdo!<br \/>\nYa solo, Holroyd, clav\u00e1ndose de vez en cuando la u\u00f1a para mitigar el dolor en la picadura de alg\u00fan mosquito, se puso a meditar sentado bajo la toldilla, mientras escuchaba la respiraci\u00f3n intranquila de Gu\u00e9rilleau. Rumores extra\u00f1os part\u00edan tan pronto del r\u00edo como de la selva, y la misma impresi\u00f3n de grandeza que lo hab\u00eda empeque\u00f1ecido al ponerse por primera vez en contacto con el tr\u00f3pico, se apoder\u00f3 de nuevo de \u00e9l. S\u00f3lo una luz fulg\u00eda sobre la sombr\u00eda masa del ca\u00f1onero; la brisa tra\u00eda de proa bisbiseo de conversaci\u00f3n, y luego volv\u00eda a quedar todo en calma. Sus ojos iban desde la obra muerta del buque a las aguas, que parec\u00edan muertas tambi\u00e9n, y a la masa profunda del bosque, que se dijera deseosa de penetrar en el r\u00edo. Entre la fronda, de tiempo en tiempo, palpitaba la llamita fosf\u00f3rica de alg\u00fan gusano de luz, y sin turbar el vasto silencio se percib\u00edan crujidos, susurros, signos de esa actividad misteriosa y profunda que palpita durante la noche en los bosques.<br \/>\nLa selv\u00e1tica inmensidad del paraje lo conmov\u00eda. Como todo hombre, Holroyd sab\u00eda que los cielos son inmensos y el oc\u00e9ano desmesurado e indomable; pero esta noci\u00f3n abstracta hab\u00eda sido modificada por la vida en su pa\u00eds natal, donde todo parece indicar que el mundo pertenece al hombre&#8230; Y esta afirmaci\u00f3n orgullosa, en Inglaterra no era mentira: all\u00ed los animales no dom\u00e9sticos viven por tolerancia y crecen seg\u00fan contrato; por doquiera los caminos, las cercas, las precauciones, hablan de una seguridad establecida por el hombre a su exclusivo servicio; y desde la escuela, en los mapas, se adquiere la noci\u00f3n de que la Tierra pertenece al hombre, que colorea con agradables tintas las porciones ocupadas por cada pueblo mientras deja en un azul mon\u00f3tono la amplia inmensidad de los mares&#8230; De este modo Holroyd, igual que tantos, hab\u00eda aceptado sin casi considerarla la idea de que un d\u00eda no habr\u00eda sitio del globo en donde el arado no hubiese hecho surco, ni humano agrupamiento en que llanos caminos y \u00e1giles tranv\u00edas no facilitasen el tr\u00e1fico llevando a todas partes la seguridad organizada. Mas ahora, ante la inmensidad americana, empezaba a dudar.<br \/>\nEl bosque rumoroso parec\u00eda responder a su duda dici\u00e9ndole: \u00abSoy invencible; si tolero la presencia del hombre es a t\u00edtulo de intruso inofensivo a quien impongo la disyuntiva de abandonarme o perecer\u00bb. Milla tras milla, enmara\u00f1\u00e1ndose, los troncos gigantescos, los tupidos arbustos y las enredaderas par\u00e1sitas unen su barrera a las flores cuyo aroma pujante hace desfallecer las cabezas m\u00e1s fuertes; y a cado paso la tortuga, la serpiente, la variedad infinita de p\u00e1jaros, insectos y fieras, parecen tambi\u00e9n decir al hombre: \u00abEstamos en nuestros dominios; nada tienes que hacer aqu\u00ed\u00bb. La menor victoria sobre la selva cuesta tremendos sacrificios; hay que combatir la vegetaci\u00f3n y los animales; hay que exponerse a sucumbir por la picadura, por la garra y por la fiebre&#8230; Y como prueba de la realidad de su meditaci\u00f3n, aqu\u00ed y all\u00e1 una caba\u00f1a abandonada y un ajuar derruido dec\u00edan a Holroyd la lecci\u00f3n del hombre derrotado en su intento de conquistar los intrincados reinos del jaguar y del tigre.<br \/>\n\u00bfY eran los terribles felinos los verdaderos due\u00f1os? Holroyd pens\u00f3 que selva adentro, a muy pocas millas, deb\u00eda de haber m\u00e1s hormigas que hombres hay en el mundo; y tuvo de s\u00fabito esta idea absolutamente nueva y terrible: Si en algunos millares de a\u00f1os el hombre ha pasado del estado b\u00e1rbaro a un grado de civilizaci\u00f3n que le permite creerse due\u00f1o del porvenir y soberano de la Tierra, \u00bfqui\u00e9n impedir\u00e1 a las hormigas evolucionar de manera an\u00e1loga? Las conocidas por \u00e9l viv\u00edan en peque\u00f1os grupos, sin esfuerzo alguno coordinado contra las fuerzas hostiles; mas si es innegable que poseen un lenguaje y no carecen de inteligencia, \u00bfpor qu\u00e9 hab\u00edan de detenerse en su estado actual m\u00e1s de lo que se detuvo el hombre en el estado de barbarie?&#8230; Supongamos que las hormigas comenzaran a metodizar sus conocimientos y que as\u00ed como nosotros centuplicamos nuestro poder merced a la tradici\u00f3n y a la escritura, inventaran armas, fundaran imperios y sostuvieran guerras organizadas estrat\u00e9gicamente&#8230; \u00bfPor qu\u00e9 no pensar en la posibilidad de todo esto?&#8230; El ingeniero record\u00f3 los detalles recogidos por el capit\u00e1n acerca de aquellas hormigas misteriosas y formidables contra las cuales iban a luchar. Seg\u00fan todos los testimonios, dispon\u00edan de un veneno tan mort\u00edfero como el de las peores serpientes, y obedec\u00edan a jefes m\u00e1s aptos por lo visto que las hormigas cortadoras y acarreadoras a que se hab\u00eda referido Da Cunha. Y por si esto fuese poco, eran carn\u00edvoras, valerosas, y en lugar de partir despu\u00e9s de haber limpiado las casas de granos e insectos, permanec\u00edan irreductiblemente fieras, igualmente dispuestas a no compartir con el hombre ning\u00fan dominio.<br \/>\nNada turbaba la quietud de la noche. El agua susurraba contra los costados del nav\u00edo, y en lo alto, en torno a la luz del m\u00e1stil, se agitaba un zumbar de falenas. De pronto la voz so\u00f1olienta de Gu\u00e9rilleau dijo en la obscuridad, mientras el cuerpo daba una vuelta para poder inmovilizarse de nuevo:<br \/>\n\u0096\u00bfQu\u00e9 podemos hacer contra esas hormigas?<br \/>\nY Holroyd fue rescatado del horror de su siniestro ensue\u00f1o por el clarinear de un mosquito que giraba en torno de su frente, dispuesto a herir.<\/p>\n<p>2<br \/>\nCuando supo Holroyd a la ma\u00f1ana siguiente que estaban a menos de cuarenta kil\u00f3metros de Badama, las riberas m\u00e1s pr\u00f3ximas atrajeron su atenci\u00f3n. A cada rato sub\u00eda al puente para observar los alrededores; pero ning\u00fan signo de vida humana percib\u00eda, excepto las ruinas de alguna casa y la fachada musgosa del abandonado convento de Moj\u00fa, por una de cuyas ventanas, cual alegor\u00eda del triunfo de la naturaleza, asomaba un \u00e1rbol su ramaje mientras enredaderas tupid\u00edsimas cubr\u00edan casi las desconchadas paredes. Extra\u00f1as mariposas amarillas, de alas casi trasl\u00facidas, cruzaban el r\u00edo e iban de vez en cuando a posarse en la cubierta, donde los marineros se entreten\u00edan en cazarlas&#8230; Fue aproximadamente a mediod\u00eda cuando vieron a lo lejos el lanch\u00f3n arrastrado por la corriente.<br \/>\nA primera vista no creyeron que navegase sin rumbo, pues las velas fl\u00e1ccidas parec\u00edan esperar la brisa y una forma humana se divisaba a proa sentada junto a los dos grandes remos. A popa tambi\u00e9n otra silueta semejaba dormir apoyada contra el extremo del puente central; pero bien pronto las oscilaciones del tim\u00f3n y la tendencia a ser atra\u00edda por la estela del ca\u00f1onero, demostraron que algo ins\u00f3lito ocurr\u00eda a bordo. Gu\u00e9rilleau, que se puso a observarla con los gemelos, se asombr\u00f3 de la extra\u00f1a negrura del rostro del hombre sentado a proa; y por m\u00e1s que gradu\u00f3 el anteojo no pudo distinguir la nariz en la mancha negrorrojiza de la cara. El cuerpo parec\u00eda m\u00e1s desplomado que sentado a medida que se aminoraba la distancia, y el capit\u00e1n sent\u00eda nacer y crecer en s\u00ed una especie de repugnancia hacia aquel misterio del que, sin embargo, no pod\u00eda separar la atenci\u00f3n. Cuando ya estuvo algo m\u00e1s cerca, llam\u00f3 a Holroyd y orden\u00f3 una maniobra para acortar a\u00fan m\u00e1s la distancia. Ya a simple vista se ve\u00eda el nombre de la lancha \u0096Santa Rosa\u0096 escrito a ambos lados de la proa, que cada vez parec\u00eda buscar m\u00e1s decididamente la estela del Benjam\u00edn Constant.<br \/>\nAl girar el ca\u00f1onero para acercarse, la Santa Rosa oblicu\u00f3 brusca y la silueta del hombre sentado a proa se desplom\u00f3 cual si todas sus articulaciones se hubiesen aflojado de s\u00fabito; el sombrero rod\u00f3 por el puente y dej\u00f3 al descubierto una cabeza de aspecto repugnante.<br \/>\n\u0096\u00a1Caramba! \u00bfHa visto usted? \u0096exclam\u00f3 Gu\u00e9rilleau saliendo al encuentro de Holroyd, que sub\u00eda la escalerilla del puente.<br \/>\n\u0096Sin duda est\u00e1 muerto \u0096contest\u00f3 Holroyd\u0096. Creo que lo mejor ser\u00e1 arriar uno de nuestros botes e ir a ver. Algo raro pasa en ese lanch\u00f3n.<br \/>\n\u0096\u00bfSe ha fijado usted en la cara del hombre?<br \/>\n\u0096No. \u00bfC\u00f3mo la tiene?<br \/>\n\u0096No s\u00e9 c\u00f3mo \u0096dijo el capit\u00e1n contrayendo la boca en un gesto de asco.<br \/>\nY volviendo de s\u00fabito la espalda al ingl\u00e9s, grit\u00f3 varias \u00f3rdenes&#8230; El ca\u00f1onero volvi\u00f3 a virar para seguir una direcci\u00f3n paralela a la de la barca; se arri\u00f3 un bote y embarcaron en \u00e9l tres hombres al mando del segundo. Devorado por la curiosidad, el capit\u00e1n maniobr\u00f3 para colocar su nav\u00edo lo m\u00e1s cerca posible de la Santa Rosa, y mientras los remeros bogaban hacia ella, \u00e9l y Holroyd eran enteramente ojos&#8230; Sin duda alguna s\u00f3lo estaban a bordo los dos hombres que parec\u00edan cad\u00e1veres; y aun cuando no pod\u00edan distinguirse bien sus caras, la crispadura de las manos y la tumefacci\u00f3n de todos los miembros demostraba que hab\u00edan sido sometidos a alg\u00fan extra\u00f1o proceso de descomposici\u00f3n. Durante un instante el inter\u00e9s de Gu\u00e9rilleau y Holroyd se concentr\u00f3 en los hatijos de ropas extra\u00f1amente sucios a primera vista; luego fue a fijarse en el entrepuente, donde se apilaban cajas y ba\u00fales. La puertecilla de la camareta estaba inexplicablemente abierta, y a medida que la distancia era menor comprobaron aqu\u00ed y all\u00e1 grandes manchas negras, movibles. Aquel vaiv\u00e9n obscuro los fascin\u00f3 enseguida, y al verlo ensancharse en torno de los hombres ca\u00eddos, les vino a la imaginaci\u00f3n, sin necesidad de esforzarse, la imagen de las multitudes saliendo de la plaza al concluir una corrida de toros. Holroyd, que hab\u00eda cambiado de sitio para ver mejor, se dio cuenta de que el capit\u00e1n estaba junto a \u00e9l, y le dijo:<br \/>\n\u0096\u00bfTiene sus gemelos ah\u00ed? F\u00edjese bien en el aspecto de las manchas.<br \/>\nGu\u00e9rilleau mir\u00f3 con insistencia, balbuce\u00f3 algunas frases y le tendi\u00f3 los anteojos al ingeniero, quien despu\u00e9s de mirar otro rato repuso:<br \/>\n\u0096Son las hormigas, no cabe duda. Ya ve que salen a recibirnos.<br \/>\nSe pusieron de nuevo a observarlas, y al pronto creyeron estar viendo hormigueros semejantes a los de la especie com\u00fan; mas no tardaron en notar que las hormigas eran mayores, y que algunas de ellas llevaban una especie de manto gris\u00e1ceo. El examen era tan dificultoso a causa de la oscilaci\u00f3n de la lancha, que no pod\u00edan percibir los detalles. De pronto, la cabeza del segundo apareci\u00f3 tras la borda de la Santa Rosa y entabl\u00f3 con el capit\u00e1n un breve coloquio:<br \/>\n\u0096Suba a bordo \u0096dijo el capit\u00e1n.<br \/>\nComo el teniente objetase que la barca estaba llena de hormigas, Gu\u00e9rilleau arguy\u00f3:<br \/>\n\u0096\u00bfNo tiene usted botas? Unos cuantos pisotones le bastar\u00e1n para abrirse camino.<br \/>\nDesviando la conversaci\u00f3n, grit\u00f3 el segundo:<br \/>\n\u0096\u00bfC\u00f3mo habr\u00e1n muerto estos pobres hombres?<br \/>\nEl capit\u00e1n se extendi\u00f3 en hip\u00f3tesis que Holroyd no pudo seguir, y empez\u00f3 luego a discutir con vehemencia creciente, mientras el ingeniero, tomando de su mano los anteojos, torn\u00f3 a examinar las hormigas y el cad\u00e1ver tendido sobre la cubierta central. He aqu\u00ed la minuciosa descripci\u00f3n que m\u00e1s de una vez ha hecho de aquel examen:<br \/>\n\u00abLas hormigas eran mayores que las de todas las dem\u00e1s especies conocidas, y se mov\u00edan con rapidez y precisi\u00f3n nada semejantes a los ciegos tanteos con que suele proceder la hormiga com\u00fan. De cada veinte o veinticinco se destacaba una m\u00e1s grande, cuya cabeza, sobre todo, ten\u00eda desmesurado tama\u00f1o; y vi\u00e9ndolas reunirse en torno a las otras, como si coordinaran su esfuerzo, pens\u00e9 enseguida en capataces que capitanearan un grupo. Estas hormigas mayores recog\u00edan el cuerpo extra\u00f1amente antes de avanzar, al modo de min\u00fasculos felinos, cual si quisieran servirse mejor de sus patas anteriores. Y m\u00e1s de una vez tuve la idea extra\u00f1a, imposible de verificar por la distancia y la movilidad de la lancha y del ca\u00f1onero, de que la mayor parte ten\u00eda, tanto en derredor del cuerpo como en la extremidad de sus patas, algo artificial, a\u00f1adido para ampliar su poder de acci\u00f3n, que brillaba como metal blanco.\u00bb<br \/>\nEl conflicto de disciplina se elevaba entre el capit\u00e1n y su segundo con acres caracteres, y arranc\u00f3 al ingeniero de su contemplaci\u00f3n. Gu\u00e9rilleau vociferaba crispando los pu\u00f1os:<br \/>\n\u0096\u00a1Su deber es cumplir la orden y subir a la lancha!<br \/>\nEl teniente no parec\u00eda participar de esta opini\u00f3n, y para buscar testigos y apoyo volv\u00eda la vista hacia las cabezas cobrizas de los marineros mulatos que ten\u00eda cerca. Holroyd, para desviar la cuesti\u00f3n, dijo en ingl\u00e9s:<br \/>\n\u0096Me parece que esos pobres hombres han sido devorados por las hormigas.<br \/>\nPero, sin responderle, el capit\u00e1n sigui\u00f3 interpelando col\u00e9rico a Da Cunha:<br \/>\n\u0096\u00a1Le intimo por \u00faltima vez a subir, y si no cumple la orden, incurre en el delito de insubordinaci\u00f3n! \u00bfLo oye? De insubordinaci\u00f3n y cobard\u00eda&#8230; \u00bfEs \u00e9se el valor que se le supone en la hoja de servicios? \u00a1Si tarda un minuto m\u00e1s en subir, lo meter\u00e9 en el calabozo, le formar\u00e9 consejo de guerra y hasta lo fusilar\u00e9 si es preciso; s\u00ed, se\u00f1or!<br \/>\nSigui\u00f3 lanzando un torrente de injurias con los pu\u00f1os agarrotados y los pies tr\u00e9mulos, mientras el teniente, silencioso, l\u00edvido, lo miraba sin decidirse, pintada la angustia en los ojos. Toda la mariner\u00eda se hab\u00eda reunido a proa, estupefacta&#8230; De pronto, en un instante en que el capit\u00e1n se detuvo para tomar aliento, el segundo pareci\u00f3 adoptar una heroica resoluci\u00f3n, y alz\u00e1ndose merced a una flexi\u00f3n de sus membrudos brazos, subi\u00f3 a la Santa Rosa. El capit\u00e1n contuvo un nuevo alud de imprecaciones y cerr\u00f3 la boca en un \u00ab\u00a1ah!\u00bb de satisfecha curiosidad.<br \/>\nHolroyd vio a las hormigas retirarse ante los pesados pasos de Da Cunha, que al llegar junto al cad\u00e1ver ca\u00eddo en el puente titube\u00f3, se inclin\u00f3 sobre \u00e9l y, asi\u00e9ndolo por la chaqueta, le dio una vuelta para verlo de cara. Una verdadera oleada negra sali\u00f3 del traje, y el teniente retrocedi\u00f3 con rapidez y pate\u00f3 tres o cuatro veces violentamente. El ingeniero volvi\u00f3 a coger los anteojos, y pudo ver en torno a las recias botas del intruso dispersarse las hormigas y proceder de manera opuesta a la de sus hermanas de la especie com\u00fan: en vez de perder terreno y tiempo en locas idas y venidas, se apartaban en l\u00ednea recta y, agrup\u00e1ndose a poca distancia, parec\u00edan considerar a Da Cunha como lo har\u00eda un grupo de hombres ante un gigantesco monstruo que acabara de derrotarles.<br \/>\n\u0096\u00bfDe qu\u00e9 ha muerto? \u0096grit\u00f3 el capit\u00e1n.<br \/>\nHolroyd adivin\u00f3 que el teniente explicaba que el cuerpo estaba demasiado desfigurado para darse cuenta de la causa de la defunci\u00f3n. La voz del capit\u00e1n volvi\u00f3 a preguntar:<br \/>\n\u0096\u00bfQu\u00e9 hay en la camareta de proa?<br \/>\nDa Cunha avanz\u00f3 algunos pasos y comenz\u00f3 a responder en portugu\u00e9s; de pronto se detuvo, sacudi\u00f3 con brusco adem\u00e1n una pierna en movimientos extra\u00f1os, cual si tratara de pisotear objetos invisibles, y se encamin\u00f3 de prisa hacia el bote; mas dominado otra vez por el sentimiento del deber, dio media vuelta y, despu\u00e9s de bajar a la bodega, se le vio escalar la proa e inclinarse un instante sobre el otro cad\u00e1ver. Casi enseguida lanz\u00f3 un gemido y volvi\u00f3 a desandar su camino a pasos r\u00edgidos, hasta que se detuvo y en tono respetuoso y fr\u00edo que contrastaba con la excitaci\u00f3n anterior, se puso a dialogar con el capit\u00e1n. Holroyd, no pudiendo comprenderle bien, no abandonaba los gemelos, y observ\u00f3 que las hormigas hab\u00edan desaparecido de todos los sitios visibles; mas en los rincones sobrios le pareci\u00f3 distinguir el brillo de innumerables ojos brillantes, en acecho.<br \/>\nEntre el capit\u00e1n y el teniente se decidi\u00f3 que la Santa Rosa, demasiado llena de hormigas para consentir la permanencia de un destacamento, deb\u00eda ser remolcada; y Da Cunha march\u00f3 de nuevo a proa para recibir el cable y amarrarlo, mientras los marineros, de pie en el bote del Benjam\u00edn Constant, miraban curiosos sin poder prestarle ayuda. Cada vez m\u00e1s impresionado, Holroyd se daba cuenta de que una actividad al mismo tiempo un\u00e1nime y furtiva agitaba a los misteriosos insectos. Por lo pronto descubri\u00f3 que gran n\u00famero de hormigas gigantes, no menores de tres o cuatro cent\u00edmetros, iba de una zona obscura a otra arrastrando objetos inidentificables. No marchaban en columnas compactas, sino en l\u00edneas que evocaban los avances, alternados de carreras y ocultaciones, de la moderna infanter\u00eda bajo el fuego; y como hace \u00e9sta en cada trinchera o mont\u00edculo, se deten\u00edan en los accidentes favorables de la cubierta antes de ir a reunirse en multitud inn\u00famera junto a la escalerilla de la bodega por donde indefectiblemente Da Cunha ten\u00eda que pasar al regreso.<br \/>\nHolroyd no las vio asaltar al teniente, pero tuvo la certeza de que el ataque hab\u00eda sido ejecutado con terrible m\u00e9todo. El grito de Da Cunha fue tan repentino, tan angustioso, que les hel\u00f3 la sangre:<br \/>\n\u0096\u00a1Me han picado, me han picado!<br \/>\nUn instante lo vieron volver hacia ellos su cara dolorida y rencorosa, correr a pasos inciertos hacia la borda y lanzarse al agua con tal violencia, que suscit\u00f3 un gran remolino.<br \/>\nLos marineros lo izaron al bote y lo condujeron a bordo, donde muri\u00f3 pocas horas despu\u00e9s.<\/p>\n<p>3<br \/>\nAl salir del camarote donde el cuerpo del desventurado Da Cunha yac\u00eda inflado y contorsionado por la terrible muerte, Holroyd y el capit\u00e1n se dirigieron a popa y permanecieron un rato contemplando la barca siniestra que segu\u00eda las aguas del Benjam\u00edn Constant. Las tinieblas de la noche s\u00f3lo eran interrumpidas de tiempo en tiempo por rel\u00e1mpagos estivales azulosos y tr\u00e9mulos, y la barca de la muerte \u0096vago tri\u00e1ngulo obscuro\u0096 se deslizaba tras ellos con su velamen fl\u00e1ccido, sobre el cual el humo de las chimeneas del ca\u00f1onero pon\u00eda un palio de sombra que a veces surcaban rojas chispas&#8230; El pensamiento de Gu\u00e9rilleau se detuvo en el recuerdo del agrio coloquio sostenido por la ma\u00f1ana con su segundo y en las palabras acusadoras proferidas por \u00e9ste en el delirio de la fiebre postrera.<br \/>\n\u0096Es absurdo que haya dicho que yo lo asesin\u00e9&#8230; \u00bfNo le parece? \u00a1Alguno ten\u00eda que subir a la lancha!&#8230; \u00bfEs que no va a quedar otro remedio que dejarles el campo libre a esas condenadas hormigas en cuanto se presenten?<br \/>\nHolroyd, sin responder, pensaba en el disciplinado asalto de los peque\u00f1os e innumerables monstruos sobre la cubierta desnuda, bajo el fuego del Sol. El capit\u00e1n insisti\u00f3 a\u00fan:<br \/>\n\u0096Era a \u00e9l a quien correspond\u00eda ir: yo no pod\u00eda abandonar el mando. \u00bfPuede un militar quejarse de morir cumpliendo su deber?&#8230; \u00a1Asesinado! Lo que pasa es que estaba&#8230; \u00bfc\u00f3mo dir\u00e9 yo?&#8230;, loco, loco, s\u00ed&#8230; quiz\u00e1 por efecto del veneno. \u00bfNo lo cree usted?<br \/>\nSigui\u00f3 un largo silencio a esta pregunta, e interpret\u00e1ndolo como favorable respuesta, el capit\u00e1n dijo:<br \/>\n\u0096\u00a1Hay que hundir esa maldita barca!&#8230; Voy a mandar ahora mismo que le prendan fuego.<br \/>\n\u0096\u00bfPara qu\u00e9?<br \/>\nLa pregunta pareci\u00f3 irritarlo, y encogi\u00e9ndose de hombros y cruz\u00e1ndose de brazos, pregunt\u00f3 a su vez:<br \/>\n\u0096\u00bfQue para qu\u00e9? Para hacer algo. Lo que es esas hormigas no volver\u00e1n a matar a ning\u00fan hombre.<br \/>\nHolroyd no ten\u00eda ganas de conversaci\u00f3n y no contradijo a Gu\u00e9rilleau. Lejana algarab\u00eda de monos llen\u00f3 de gritos agoreros la densa noche al acercarse la ca\u00f1onera a la orilla frondosa y suscitar el croar \u00e1spero de las ranas. Despu\u00e9s de un largo intervalo durante el cual el capit\u00e1n repiti\u00f3 varias veces sus propias palabras para buscar la controversia, lo invadi\u00f3 una c\u00f3lera activa que se tradujo en blasfemias y \u00f3rdenes. Toda la tripulaci\u00f3n pareci\u00f3 alegrarse, cual si un deseo de venganza multiplicara su celo. Se cort\u00f3 el cable, volvieron a arriar el bote, y brazos fornidos lanzaron a la barca siniestra pedazos de estopa saturados de petr\u00f3leo y luego mechas encendidas. Poco despu\u00e9s surgi\u00f3 detr\u00e1s del ca\u00f1onero una llama alegre y crujiente; y Holroyd ve\u00eda la lanza de oro elevarse en la sombra e iluminar el agua, el buque, la ribera, con luz tan pronto amarilla como verdosa. Hasta los maquinistas subieron a ver el espect\u00e1culo&#8230; Detr\u00e1s de Holroyd la voz del mulato dijo despu\u00e9s de un gran esfuerzo filol\u00f3gico:<br \/>\n\u0096\u00abSauba\u00bb hacer era, era&#8230; \u00a1Oh, yo contento, contento!<br \/>\nY estall\u00f3 en ancha risa que no logr\u00f3 comunicar al ingeniero, quien, recordando el drama de la ma\u00f1ana, estaba pensando que las innumerables hormigas abrasadas en la hoguera flotante ten\u00edan tambi\u00e9n ojos para ver y cerebro para pensar.<br \/>\nLa interrogaci\u00f3n desesperada de Gu\u00e9rilleau \u00ab\u00bfqu\u00e9 hacer contra ellas?\u00bb se hab\u00eda tambi\u00e9n incrustado en su mente, y se la repet\u00eda a s\u00ed mismo todav\u00eda cuando el ca\u00f1onero fonde\u00f3 delante de Badama. El caser\u00edo, con sus techos de palma seca, sus establos, su quieto molino verdecido de enredaderas y su paseo ribere\u00f1o orillado de rosales que se inclinaban para mirarse en la corriente, dorm\u00eda en la quietud matinal; y a medida que el Sol iba subiendo, parec\u00eda muerto en vez de dormido. En cuanto a las hormigas, su peque\u00f1ez y la distancia imped\u00edan comprobar su presencia.<br \/>\n\u0096Todos los habitantes deben haber huido \u0096dijo Gu\u00e9rilleau\u0096; pero como hay que hacer algo pitaremos con la sirena por si queda alguno.<br \/>\nHolroyd tir\u00f3 del alambre del silbato, y un lamento agudo y tembloroso llen\u00f3 el aire y fue a arrancar ecos al bosque. Cuando se extingui\u00f3, el capit\u00e1n tuvo una idea laboriosamente concebida:<br \/>\n\u0096Podemos hacer una cosa \u0096dijo.<br \/>\n\u0096Usted dir\u00e1.<br \/>\n\u0096Tocar la sirena otra vez.<br \/>\nY mientras el alarido volvi\u00f3 a vibrar en la quietud del d\u00eda naciente, Gu\u00e9rilleau med\u00eda a grandes zancadas la cubierta, agitado por pensamientos m\u00faltiples que, a veces, temerosos de romper la prisi\u00f3n del cerebro, asomaban a los labios en fragmentos discordes, ya en espa\u00f1ol, ya en portugu\u00e9s. Parec\u00eda dirigirse a un tribunal invisible y justificar ante \u00e9l su conducta; Holroyd percibi\u00f3 algunas frases referentes a las municiones y se puso a mirarlo extra\u00f1ado. Entonces Gu\u00e9rilleau le habl\u00f3 en ingl\u00e9s:<br \/>\n\u0096\u00bfQuiere usted decirme, mi querido ingeniero, qu\u00e9 puede hacerse?<br \/>\nEmbarcaron en un bote y fueron acerc\u00e1ndose a la playa para examinar minuciosamente con los anteojos \u00abal enemigo\u00bb. Poco a poco las formidables hormigas fueron apareciendo en posturas inm\u00f3viles, con los ojos alerta, fijos en el botecillo que se aproximaba. Y cuando estuvieron cerca, ya una multitud estaba belicosamente api\u00f1ada junto al embarcadero donde era necesario atracar, dispuestas sin duda a cerrarles el paso. Gu\u00e9rilleau sac\u00f3 el rev\u00f3lver y, con c\u00f3lera est\u00e9ril, se puso a dispararles tiros. Holroyd, apret\u00e1ndose contra las cavidades oculares los gemelos, crey\u00f3 percibir que de casa a casa iban extra\u00f1as zanjas llenas de una actividad incansable. Cuando estuvieron a pocos metros pudieron ver del otro lado del muelle un esqueleto perfectamente mondado y reluciente, cubierto a medias con los harapos del vestido&#8230; Los marineros hab\u00edan dejado de bogar para hablar mejor, y el capit\u00e1n dijo desesperado:<br \/>\n\u0096\u00a1Y la nota del almirante me dice que todas las vidas de Badama est\u00e1n a mi cargo, ya ve usted! Y como tambi\u00e9n est\u00e1n las de la tripulaci\u00f3n, no puedo mandar un destacamento a tierra: ser\u00edan atacados y envenenados como Da Cunha; y a la vuelta los ver\u00edamos hincharse e insultarme lo mismo que \u00e9l, para morir retorci\u00e9ndose en contorsiones espantosas&#8230; No, no, es imposible. Caso de desembarcar alguien, debo ser yo&#8230; Ir\u00e9 con botas fuertes y decidido a todo&#8230; Aunque me parece que tampoco yo debo desembarcar&#8230; \u00a1no s\u00e9, no s\u00e9!&#8230;<br \/>\nHolroyd comprendi\u00f3 que en estas dudas estaba impl\u00edcita la decisi\u00f3n sensata de no exponerse, y nada dijo. La c\u00f3lera del capit\u00e1n volvi\u00f3 a recaer sobre su man\u00eda primitiva:<br \/>\n\u0096Esta comisi\u00f3n no ha tenido otro objeto que ponerme en rid\u00edculo.<br \/>\nAnduvieron de aqu\u00ed para all\u00e1 sin acercarse mucho, examinando el avisador esqueleto desde diferentes lugares, y luego volvieron a bordo. La incertidumbre del capit\u00e1n se exacerbaba por momentos. A mediod\u00eda levantaron presi\u00f3n y el ca\u00f1onero se dirigi\u00f3 velozmente r\u00edo abajo, cual si fuese en busca de algo muy urgente, para girar a las pocas horas y volver a anclar al caer la tarde frente al caser\u00edo destruido, con su quietud hostil, su muellecito orlado de rosales, sus zanjas amenazadoras y su esqueleto que hablaba con muda elocuencia del dolor, de la impotencia y de la muerte. Una enorme turbonada agit\u00f3 la atm\u00f3sfera, y tras la lluvia y los truenos vino la noche fresca profunda, espl\u00e9ndida de astros; y tanto en el pueblo como en el buque pareci\u00f3 dormir todo, excepto Gu\u00e9rilleau, que paseaba como fiera enjaulada por el puente. Holroyd despert\u00f3 con el alba, y dirigi\u00e9ndose al insomne, le pregunt\u00f3:<br \/>\n\u0096\u00bfHay algo nuevo?<br \/>\n\u0096Nada, nada&#8230; pero ya he decidido.<br \/>\n\u0096\u00bfVa usted a desembarcar?<br \/>\nHab\u00eda en la pregunta del ingeniero una alegr\u00eda maligna, mas Gu\u00e9rilleau no pareci\u00f3 percibirla, y poniendo a prueba la ansiedad del ingeniero, dijo:<br \/>\n\u0096He decidido, pero no eso&#8230; He decidido tirarles con el ca\u00f1\u00f3n de proa.<br \/>\nAs\u00ed lo hizo; y Dios sabe lo que las terribles hormigas pensaron de tan madura decisi\u00f3n. Dos veces, con belicosa solemnidad, mand\u00f3 en persona el fuego, y toda la tripulaci\u00f3n hubo de ponerse algodones en los o\u00eddos y formar en zafarrancho de combate, como si se tratase de una batalla. Al primer ca\u00f1onazo el antiguo molino de az\u00facar cay\u00f3 a tierra, y al segundo, el almac\u00e9n situado cerca del muelle se derrib\u00f3 con pardo estr\u00e9pito. S\u00f3lo entonces se produjo en el \u00e1nimo col\u00e9rico del capit\u00e1n la reacci\u00f3n razonable:<br \/>\n\u0096Todo es in\u00fatil, in\u00fatil \u0096suspir\u00f3\u0096. No nos queda m\u00e1s que volver a pedir instrucciones precisas. \u00a1Y por si no era bastante, ahora me re\u00f1ir\u00e1n tambi\u00e9n por el despilfarro de municiones!&#8230; \u00a1Han querido ponerme en rid\u00edculo&#8230;! No me cabe duda, mi querido Holroyd.<br \/>\nTodav\u00eda un momento, antes de decidir, permaneci\u00f3 con los ojos fijos en el vac\u00edo, presa de infinita perplejidad, y volvi\u00f3 a su ritornelo doloroso:<br \/>\n\u0096\u00bfQu\u00e9 puede hacer el hombre contra las hormigas? \u00a1Nada, nada!<br \/>\nDurante el d\u00eda el ca\u00f1onero descendi\u00f3 perezosamente por el r\u00edo, y a media tarde un destacamento fue a enterrar bajo los copudos \u00e1rboles, en un lugar libre a\u00fan de la invasi\u00f3n, el cuerpo terriblemente desfigurado de Da Cunha.<\/p>\n<p>4<br \/>\nHolroyd mismo me cont\u00f3 a\u00fan no har\u00e1 tres semanas la historia transcripta anteriormente; y luego se la he o\u00eddo referir tambi\u00e9n a otros. Llena la imaginaci\u00f3n del recuerdo de las hormigas invencibles, ha regresado a Inglaterra con la idea, seg\u00fan dice, de concitar al pa\u00eds contra las invasoras antes de que sea demasiado tarde.<br \/>\nAsegura que ya amenazan la Guayana, apenas separada por mil millas de su presente zona de acci\u00f3n, y que el ministro de las Colonias debe ocuparse sin tardanza del asunto. Si alguien sonr\u00ede al o\u00edrlo, se exalta y argumenta as\u00ed:<br \/>\n\u0096\u00bfHa pensado usted en que se trata de hormigas inteligentes? Medite en lo que este hecho significa, y suponga que puedan, como nosotros, llegar a servirse de utensilios, a descubrir el fuego y los metales, y a ejecutar, por verdaderos prodigios de mec\u00e1nica, maravillas superiores a cuantas la ignorancia europea desconoce a\u00fan. \u00bfNo saben ustedes que las \u00absauvas\u00bb en 1841 horadaron bajo el Para\u00edba un t\u00fanel no menos ancho que el T\u00e1mesis a su paso por Londres? Estoy seguro de que se sirven de sus maravillosos medios actuales con un m\u00e9todo l\u00f3gico y minucioso, sin despreciar ninguna lecci\u00f3n de la pr\u00e1ctica, lo que equivale a nuestros libros guardadores y propulsores de cultura. Hasta aqu\u00ed su acci\u00f3n se limita a una invasi\u00f3n progresiva que fuerza a perecer o a huir a todo ser humano; pero su n\u00famero aumenta formidablemente, y estoy persuadido de que pronto el hombre habr\u00e1 tenido que abandonarles \u00edntegra la Am\u00e9rica del Sur&#8230;<br \/>\n\u0096Usted no habla en serio; usted no cree&#8230;<br \/>\n\u0096Creo m\u00e1s. \u00bfPor qu\u00e9 han de detenerse en la Am\u00e9rica del Sur? En 1915 o poco m\u00e1s tarde habr\u00e1n llegado, si no aumentan la velocidad de su avance, a las primeras estaciones del ferrocarril, y entonces los capitalistas europeos no tendr\u00e1n otro remedio que ocuparse de ellas. Hacia 1920 poseer\u00e1n de seguro la mitad de la cuenca del Mara\u00f1\u00f3n; y no me parece aventurado vaticinar para el 1950 \u00f3 60 la fecha de su descubrimiento de Europa.<\/p>\n<p>Edici\u00f3n digital de Sadrac<br \/>\nRevisi\u00f3n de urijenny <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El reino de las hormigas Herbert George Wells The empire of the ants, \u00a9 1905 (The Strand, Diciembre de 1995). Traducido por Alfonso Hern\u00e1ndez Cat\u00e1 en Narraciones de ciencia ficci\u00f3n, Editorial Castellote, 1971. 1 Cuando el capit\u00e1n Gu\u00e9rilleau recibi\u00f3 la orden de conducir el Benjam\u00edn Constant, ca\u00f1onero de su nuevo mando, a lo largo del r\u00edo Batemo para socorrer a<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"class_list":["post-1579","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos-de-ciencia-ficcion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1579","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1579"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1579\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1579"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1579"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1579"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}