{"id":1577,"date":"2008-10-17T15:37:01","date_gmt":"2008-10-17T15:37:01","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1577"},"modified":"2008-10-17T15:37:01","modified_gmt":"2008-10-17T15:37:01","slug":"la-ciencia-ficcion-europea-varios-cuentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1577","title":{"rendered":"La ciencia ficcion europea varios cuentos"},"content":{"rendered":"<p>La ciencia-ficci\u00f3n europea<br \/>\nBiblioteca B\u00e1sica de Ciencia Ficci\u00f3n 9<br \/>\nVarios<\/p>\n<p>\u00a9 1982; Ed. Dronte.<br \/>\nDep. legal: B 9957 82<br \/>\nISBN: 84-366-0061-4<br \/>\nEdici\u00f3n digital de Elfowar y Umbriel. Noviembre de 2003.<\/p>\n<p>T\u00edtulos originales de los relatos:<br \/>\n\u0095\tEl cambio (Ver\u00e4nderung, 1967) de Kurt Luif. Traductor: Lucy Van Pelt.<br \/>\n\u0095\tPunto final (Point final; Fiction n\u00ba 40 1957) Gilles D&#8217;Argyre (seud\u00f3nimo de G\u00e9rard Klein).<br \/>\n\u0095\tUn domingo romano (Domenica romana; 18 junio de 1967, Paese Sera, Roma) Lino Aldani. Traductor: Pedro Domingo<br \/>\n\u0095\tEl mejor de los mundos (Un Fel de Spatiu; 1969) Ion Hobana. Traductor: S. Castro<br \/>\n\u0095\tEl elefante (Elefantti. Slon, 1957) de Slawomir Mrozek. Traductor: Sebasti\u00e1n Castro<br \/>\n\u0095\tReflejo espont\u00e1neo (Spontannyi refleks; Znanie 1958) de Arkady y Boris Strugatsky. Traductor: Sebasti\u00e1n Castro<br \/>\n\u0095\tLos centinelas (Nueva dimensi\u00f3n 18; 1970) de Sebasti\u00e1n Mart\u00ednez<br \/>\n\u0095\tCyborg (Nueva dimensi\u00f3n extra n\u00ba 1; 1970) de Domingo Santos<br \/>\n\u0095\tHistorias del robom\u00f3vil (Nueva dimensi\u00f3n 1; 1968) de Luis Vigil <\/p>\n<p>\u00cdndice<\/p>\n<p>La ciencia ficci\u00f3n europea\t4<br \/>\nEl cambio<br \/>\nKurt Luif (Alemania)\t5<br \/>\nPunto final<br \/>\nG\u00e9rard Klein (Francia)\t7<br \/>\nUn domingo romano<br \/>\nLino Aldani (Italia)\t12<br \/>\nEl mejor de los mundos<br \/>\nIon Hobana (Rumania)\t16<br \/>\nEl elefante<br \/>\nSlawomir Mrozek (Polonia)\t25<br \/>\nReflejo espont\u00e1neo<br \/>\nArkady y Boris Strugatsky (URSS)\t28<br \/>\nLos centinelas<br \/>\nSebasti\u00e1n Mart\u00ednez (Espa\u00f1a)\t43<br \/>\nCyborg<br \/>\nDomingo Santos (Espa\u00f1a)\t45<br \/>\nHistorias del robom\u00f3vil<br \/>\nLuis Vigil (Espa\u00f1a)\t49<\/p>\n<p>La ciencia ficci\u00f3n europea<br \/>\nLa ciencia ficci\u00f3n es un g\u00e9nero literario eminentemente anglosaj\u00f3n. Iniciada en 1926 en los Estados Unidos por Hugo Gernsback, desarrollada en ese pa\u00eds a trav\u00e9s de los pulps y las revistas especializadas, el fen\u00f3meno naci\u00f3 en lengua inglesa, y as\u00ed ha seguido hasta ahora. Todas las colecciones europeas de ciencia ficci\u00f3n se nutren en un noventa por ciento de autores anglosajones, y los nombres m\u00e1s conocidos, desde Bradbury hasta Asimov pasando por Heinlein, Dick, etc., son estadounidenses.<br \/>\nSin embargo, la ciencia ficci\u00f3n no es exclusivamente anglosajona. Existen otras escuelas en Europa que est\u00e1n empezando a hacerse notar. De hecho, si vamos a sus or\u00edgenes, el maestro indiscutido de la ciencia ficci\u00f3n a finales del siglo pasado y principios de este fue un franc\u00e9s, Julio Verne. Y aunque el otro gran nombre de los inicios modernos del g\u00e9nero fuera anglosaj\u00f3n, Wells no era americano, sino ingl\u00e9s.<br \/>\nExiste, qu\u00e9 duda cabe, una ciencia ficci\u00f3n europea. Se halla, evidentemente, muy por detr\u00e1s de la anglosajona, tanto en audiencia como en n\u00famero, aunque no en calidad. Y tiene unas caracter\u00edsticas propias. La vieja Europa es un continente mucho m\u00e1s maduro que la joven Am\u00e9rica, mucho m\u00e1s reflexivo, y tambi\u00e9n en cierto modo mucho m\u00e1s desencantado. Las guerras mundiales, las crisis econ\u00f3micas, las dificultades de las reconstrucciones nacionales, han creado una lucidez propia de Europa que est\u00e1 te\u00f1ida en ocasiones de un cierto desencanto realista.<br \/>\nEsto se refleja en su ciencia ficci\u00f3n. El entusiasmo anglosaj\u00f3n suele estar ausente en la ciencia ficci\u00f3n europea. Sus textos son m\u00e1s cr\u00edticos, abordan temas mucho m\u00e1s humanistas, son m\u00e1s l\u00facidos. Y tambi\u00e9n mucho m\u00e1s literarios.<br \/>\nEsta ciencia ficci\u00f3n europea, en los \u00faltimos a\u00f1os, ha conocido un gran auge y desarrollo. En Francia, numerosos autores, muchos de ellos muy j\u00f3venes y entusiastas, escriben interesantes obras de ciencia ficci\u00f3n, que empiezan a ser publicadas incluso en Estados Unidos, y en las que una fantas\u00eda desbocada \u0097como en las obras de Michel Jeury\u0097 se mezcla con una profundidad pol\u00edtica de tendencia generalmente de izquierdas. En Italia, la pol\u00edtica y la sociolog\u00eda dominan completamente el g\u00e9nero, y las utop\u00edas sociales \u0097como las de Lino Aldani\u0097 atraen la atenci\u00f3n del p\u00fablico lector. En Alemania, las aventuras espaciales de un Clark Darlton y su serie de Perry Rhodan se mezclan con otras aventuras m\u00e1s cerebrales, mucho m\u00e1s profundas. En los pa\u00edses del Este, con la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica a la cabeza \u0097Rusia es, despu\u00e9s de los Estados Unidos, el segundo pa\u00eds productor de literatura de ciencia ficci\u00f3n\u0097 el g\u00e9nero pasa por los condicionantes pol\u00edticos de presentar siempre un \u00abmundo feliz\u00bb, pero la literatura de cr\u00edtica ya se est\u00e1 dejando sentir. Y en Espa\u00f1a, finalmente, un plantel de nuevos autores que se adscriben a la \u00abnueva ola\u00bb est\u00e1 remodelando el g\u00e9nero en nuestro pa\u00eds, en la l\u00ednea anglosajona, pero con una innegable caracter\u00edstica hisp\u00e1nica que le da personalidad.<br \/>\nEn este volumen hemos querido recoger una muestra de esta ciencia ficci\u00f3n europea que, aunque apoy\u00e1ndose en los c\u00e1nones anglosajones, se aleja de ellos buscando una personalidad propia. Por supuesto, hemos eliminado de este r\u00e1pido repaso a Inglaterra. La raz\u00f3n es sencilla: aunque profundamente europea en su base, la ciencia ficci\u00f3n inglesa entronca de lleno en el mundo anglosaj\u00f3n, y los libros ingleses del g\u00e9nero suelen ser publicados simult\u00e1neamente en Estados Unidos. Autores como Clarke, Aldiss, Moorcock, etc., pertenecen completamente al mundo anglosaj\u00f3n, y como tales deben ser considerados.<br \/>\nAdem\u00e1s, la ciencia ficci\u00f3n inglesa merece, por s\u00ed sola, que le dediquemos m\u00e1s adelante todo un volumen&#8230;<br \/>\nDOMINGO SANTOS<\/p>\n<p>El cambio<br \/>\nKurt Luif (Alemania)<\/p>\n<p>Aunque austriaco de nacionalidad, Kurt Luif es uno de los autores de ciencia ficci\u00f3n m\u00e1s conocidos de Alemania, donde ha sido publicada toda su obra. Junto con Herbert Franke, es uno de los pocos autores de habla alemana que ha visto gran parte de su producci\u00f3n traducida al ingl\u00e9s y publicada en los Estados Unidos. Tuvimos la ocasi\u00f3n de conocerle en un excelente relato de ciencia ficci\u00f3n terror\u00edfica, Flores en sus ojos (BBCF 7). Aqu\u00ed nos ofrece una nueva muestra de su talento, que mereci\u00f3 ser seleccionada por Frederick Pohl para su revista International SF, y en donde, en una curiosa variante de la licantrop\u00eda cl\u00e1sica, nos cuenta la historia de un hombre que, en las noches de luna llena, se convierte no en lobo, sino en&#8230; liquido.<\/p>\n<p>Ustedes, naturalmente, saben lo que es un hombre-lobo, \u00bfcierto? Estupendo. Entonces, a Dios gracias, podr\u00e9 ahorrarme una larga explicaci\u00f3n.<br \/>\nSer\u00eda afortunado si fuera un hombre-lobo, pero por desgracia no lo soy.<br \/>\nAs\u00ed que, cuando hay luna llena, me transformo en l\u00edquido. Cada vez en un l\u00edquido distinto: unas veces cerveza, otras vino, a veces whisky o t\u00f3nico capilar&#8230;<br \/>\nPueden ustedes imaginarse lo peligrosas que resultan para m\u00ed tales transformaciones. Una vez recuerdo que me convert\u00ed en cerveza y me encontr\u00e9 en un vaso depositado sobre la mesa de la cocina.<br \/>\nSiempre le he insistido a mi mujer para que salga de casa las noches de luna llena, pero esta vez no hab\u00eda pensado en hacerlo, ni ella lo hab\u00eda recordado tampoco.<br \/>\nEntr\u00f3 en la cocina, me llam\u00f3, vio la cerveza&#8230; alz\u00f3 el vaso&#8230; \u00a1Trat\u00e9 de gritar, pero no pod\u00eda!&#8230; Se llev\u00f3 el vaso a los labios&#8230;<br \/>\nQuiz\u00e1s puedan ustedes comprender lo que pasaba en aquellos momentos por mi mente. \u00a1Mi propia mujer quer\u00eda beb\u00e9rseme! Era un m\u00e9todo totalmente nuevo de matar a su propio esposo. Tembl\u00e9 de miedo&#8230;<br \/>\nElla me observ\u00f3 cuidadosamente, dubitativa. No puedo imaginar c\u00f3mo debe verse la cerveza temblorosa; sin embargo, bebi\u00f3 un sorbo de m\u00ed.<br \/>\nEl dolor fue indescriptible.<br \/>\nLa cerveza, yo mismo, comenz\u00f3 a echar espuma. Mi mujer grit\u00f3 aterrorizada, cay\u00f3 al suelo dando alaridos hist\u00e9ricos. Entonces, por fin, se dio cuenta de lo que hab\u00eda bebido.<br \/>\nBueno, la aventura acab\u00f3 sin m\u00e1s da\u00f1os. Tan s\u00f3lo perd\u00ed mi oreja derecha y el ojo izquierdo. Puedo decir justificadamente que a\u00fan fui afortunado dentro de mi mala suerte, pues ella muy bien pod\u00eda haberse bebido tambi\u00e9n mi cerebro, y entonces ustedes nunca habr\u00edan tenido la ocasi\u00f3n de leer algo sobre mis aventuras.<br \/>\nNo logro comprender c\u00f3mo puedo transformar mi metro ochenta de estatura y mis noventa kilos de peso en l\u00edquido y, adem\u00e1s, encontrarme siempre dentro de un vaso. Tan s\u00f3lo se me ocurre que debo deslizarme por el suelo hasta hallarlo.<br \/>\nNaturalmente, deber\u00eda visitar a un m\u00e9dico, pero ninguno creer\u00eda jam\u00e1s en tales cosas.<br \/>\nTras esto; en las noches de luna llena, me encerraba en una habitaci\u00f3n, en la que dejaba un brillante y confortable vaso. No me hubiera gustado que mi mujer estuviera presente durante el cambio. Ustedes se dar\u00e1n perfecta cuenta de la raz\u00f3n de ello, imagino; \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda mi mujer seguir queri\u00e9ndome si me viese como un martini o una limonada?<br \/>\nY sin embargo me arrepent\u00ed de hacer esto. Me arrepent\u00ed, y mucho.<br \/>\nNo lo hab\u00eda reflexionado suficientemente; tal vez, despu\u00e9s de todo, ella se trag\u00f3 parte de mi cerebro. Simplemente no pens\u00e9 en todas las posibilidades que pod\u00edan ocurrir.<br \/>\nDesgraciadamente me hab\u00eda olvidado de algo: hay un l\u00edquido, de un notorio olor, conocido con el nombre de gasolina. Ustedes saben perfectamente bien lo que es la gasolina: se pone en el dep\u00f3sito de un auto, o se usa para limpiar manchas, o se coloca como combustible en los mecheros de estilo antiguo.<br \/>\nPues bien, una noche de luna llena, me convert\u00ed en gasolina.<br \/>\nPuedo asegurarles que es un l\u00edquido endiablado. Se evapora por s\u00ed mismo, as\u00ed que me evapor\u00e9, lenta pero seguramente.<br \/>\nMi cuerpo se encog\u00eda y, durante todo el tiempo, yo pensaba en una novela de Matheson. Era un proceso horriblemente malo.<br \/>\nDisminu\u00ed y disminu\u00ed, hasta que tan s\u00f3lo quedaron unas gotas en el vaso. Una situaci\u00f3n infernal.<br \/>\nMi esposa tuvo que hundir la puerta, yo no pod\u00eda abrirla. Me encontr\u00f3 sentado en el alf\u00e9izar de la ventana, mirando tristemente a la calle, hacia abajo, a donde me habr\u00eda gustado saltar. Por entonces tan s\u00f3lo med\u00eda un par de cent\u00edmetros de alto, era el enano m\u00e1s peque\u00f1o del mundo.<br \/>\nPero todav\u00eda no he perdido todas las esperanzas.<br \/>\nHay una posibilidad.<br \/>\nNuestra casa est\u00e1 abarrotada, por todas partes hay vasos y botellas, y en su interior hay centenares de l\u00edquidos diferentes. El olor que se desprende de todos ellos est\u00e1 siempre presente en el ambiente.<br \/>\nEstoy esperando a la pr\u00f3xima noche de luna llena.<br \/>\nTan pronto como me transforme de nuevo, mi mujer, si tenemos de ese l\u00edquido en la casa, llenar\u00e1 mi vaso, con lo que esperamos que volver\u00e9 a alcanzar mi estatura normal.<br \/>\nEn la pr\u00f3xima noche en la que la luna sea llena, se lo ruego, crucen los dedos por m\u00ed. H\u00e1ganlo, y todo saldr\u00e1 bien&#8230;<\/p>\n<p>Punto final<br \/>\nG\u00e9rard Klein (Francia)<\/p>\n<p>G\u00e9rard Klein es uno de los pocos autores europeos no anglosajones que puede enorgullecerse de que toda su obra ha sido traducida y publicada en los Estados Unidos, donde goza de un nombre considerable. Es el director literario de la m\u00e1s prestigiosa colecci\u00f3n gala de ciencia ficci\u00f3n, Ailleurs et demain, y uno de los m\u00e1s renombrados cr\u00edticos, ensayistas y antologistas. Su obra discurre entre una poes\u00eda muy bradburiana, un humor corrosivo, y un gusto por lo fant\u00e1stico y por la recreaci\u00f3n de viejos mitos. En Punto final, adscribi\u00e9ndose a su primera vena, nos ofrece una nost\u00e1lgica historia sobre el fin de todas las cosas, y sobre el universo considerado como un inmenso libro.<\/p>\n<p>Esperaba, al extremo del corredor, con la nariz y las manos aplastadas contra el enorme cristal de cuarzo que intentaba filtrar el torrente negro del vac\u00edo. Esperaba, de pie, con los ojos desmesuradamente abiertos como un vig\u00eda de los antiguos tiempos sobre un buque de madera, y sus miradas abandonaban sin cesar las estrellas, romp\u00edan cord\u00e1menes de luz y descubr\u00edan nuevos sistemas perdidos con \u00e9l, con la destelleante nave, el zumbido de millares de motores adormecidos, el olvido de los gestos repetidos y los suspiros de los hombres que a\u00f1oraban la Tierra, en el oc\u00e9ano sin bordes ni fin, con \u00fanicamente parpadeantes islas como pasteles de aniversario.<br \/>\n\u0097D\u00edganme, \u00bfhan visto? Las estrellas se apagan.<br \/>\nEra cierto. Y despu\u00e9s. Diez a\u00f1os, veinte a\u00f1os en el espacio, en busca de nuevos mundos, a la velocidad en que la luz de<br \/>\nlos sistemas conocidos se pierde en un agujero negro, tras las toberas. Y las estrellas que se deslizan de un cuadrante a otro del enrejado grabado sobre el cristal de cuarzo.<br \/>\n\u0097Las estrellas se apagan.<br \/>\nNo solamente las estrellas. Las l\u00e1mparas descend\u00edan tambi\u00e9n en intensidad, y los colores. Incluso el negro del vac\u00edo.<br \/>\nPensaba en un verano en la Tierra, en una tarde de verano, a la hora en que todos los colores se vuelven grises y se funden y uno no sabe si va a despertarse muy pronto.<br \/>\n\u0097Es cierto. Miren. Las estrellas empalidecen.<br \/>\n\u0097No se inquieten, muchachos. Estamos en una nube. Nada m\u00e1s.<br \/>\n\u0097\u00bfCreen que alcanzaremos jam\u00e1s las estrellas nuevas, si se apagan?<br \/>\n\u0097No lo dudes. Siempre habr\u00e1 demasiadas. Y otros cielos, y otras estrellas. Mundos desconocidos en profusi\u00f3n. Y pensar que hay quienes buscan perlas finas en las profundidades del mar&#8230; Escucha, incluso si nos quedamos all\u00e1 abajo, nuestros hijos o los hijos de nuestros hijos ir\u00e1n hacia la oscuridad, hacia las regiones del cielo donde brillan otras constelaciones. Es imposible impedirlo.<br \/>\nY viajar\u00edan, durante diez a\u00f1os, veinte a\u00f1os, en el espacio.<br \/>\n\u0097No. Ya basta. De todos modos, no me quedar\u00e9 en las estrellas. Volver\u00e9 despu\u00e9s a la Tierra. Continuad si el coraz\u00f3n os lo dicta, pero mis hijos vivir\u00e1n en la Tierra.<br \/>\n\u0097Todo el mundo dice eso. Siempre, y luego, cuando uno se siente hastiado en la Tierra, comienza a arrastrar sus botas al lado de los cohetes y a empinarse tras las alambradas cuando una nave se eleva escupiendo fuego, y a patalear, e imaginarse atado y aplastado en una silla, y de repente, crac, uno se encuentra en una nave, contento de volver a ver las mismas viejas estrellas.<br \/>\nHab\u00eda la ventanilla de cuarzo, las l\u00edneas grabadas, las estrellas m\u00e1s p\u00e1lidas y el vac\u00edo que vacilaba a\u00fan en ennegrecer, o en cambiar, y m\u00e1s all\u00e1 el vac\u00edo, y mundos, pero ninguna nave.<br \/>\nPero las habr\u00eda, y tan lejos que los hombres, de un extremo a otro de su mancha de aceite, no volver\u00edan a encontrarse y se olvidar\u00edan, y continuar\u00edan sin saber, como pulgas insaciables saltando de una estrella a otra, y extendi\u00e9ndose de galaxia en galaxia, sin poder volverse, hasta que no hubiera m\u00e1s que un hombre por planeta, despu\u00e9s por sistema.<br \/>\nLa nave practicaba el cabotaje entre las estrellas. Pero aquellos que eran lo bastante j\u00f3venes como para atreverse a so\u00f1ar con volver a ver la Tierra eran poco numerosos.<br \/>\n\u0097Nunca he o\u00eddo decir que todas las estrellas puedan palidecer. Jam\u00e1s, \u00bfo\u00eds? Quiz\u00e1 lleguemos al extremo del universo.<br \/>\nPero nadie le cre\u00eda. Habr\u00eda m\u00e1s hombres y m\u00e1s mundos. Sin l\u00edmites posible.<br \/>\nLos detectores hund\u00edan sus largos tent\u00e1culos invisibles en el espacio. Las l\u00edneas trazadas en el cuarzo converg\u00edan en el vac\u00edo en peque\u00f1os cubos regulares. Los analizadores canturreaban:<br \/>\n\u0097No hay nube de polvo. No hay nube. Causa desconocida. Causa desconocida.<br \/>\nEl capit\u00e1n no ve\u00eda el vac\u00edo. No ve\u00eda m\u00e1s que el mont\u00f3n de plaquitas met\u00e1licas, de gr\u00e1ficos, de ecuaciones psicol\u00f3gicas, y los paneles de cuadrantes.<br \/>\n\u0097Me pregunto si es esto lo que atrae a la gente hacia el vac\u00edo \u0097dijo\u0097. Nada de polvo. Nada de polvo.<br \/>\nSe levant\u00f3, abri\u00f3 la puerta, y remont\u00f3 el corredor hasta la larga hendidura de vac\u00edo que se abr\u00eda en la nave. Sus botas resonaban blandamente. Pero no le prest\u00f3 atenci\u00f3n.<br \/>\n\u0097\u00bfLas estrellas se apagan? \u0097pregunt\u00f3.<br \/>\n\u0097Oh \u0097hizo el hombre de guardia. El capit\u00e1n era transparente. Ve\u00eda a trav\u00e9s del capit\u00e1n la pared de la nave y, m\u00e1s all\u00e1, las cabinas, y despu\u00e9s el vac\u00edo y las moribundas estrellas.<br \/>\n\u0097\u00bfEstoy so\u00f1ando? \u0097dijo el capit\u00e1n. El hombre de guardia no era m\u00e1s que un fantasma.<br \/>\nY vieron entre la bruma de los tabiques a los dem\u00e1s intranquilizarse, ir y venir, pero sin prisa, sin hacer sonar las puertas a causa de los cierres estancos, sin correr a causa de la pesantez, y sin tener miedo a causa del largo h\u00e1bito y de los viejos reflejos que hab\u00edan patinado y alisado las paredes de los aparatos y de las almas.<br \/>\n\u0097No volveremos a ver la Tierra.<br \/>\n\u0097No \u0097dijo el capit\u00e1n\u0097. La Tierra ya no existe. Y nunca m\u00e1s habr\u00e1 nuevas estrellas. Y nunca m\u00e1s nuevas naves.<br \/>\nLos olores se desvanecieron primero. Olor a ozono, olor a caucho, olor de pieles limpias y de sudor sano, de aire purificado, olor de vainilla de las materias pl\u00e1sticas. Despu\u00e9s los sonidos. Despu\u00e9s la nave se difumin\u00f3 sin crujidos, se disolvi\u00f3 con la suavidad de un terr\u00f3n de az\u00facar minuciosamente lamido.<br \/>\nGiraron durante un corto tiempo en el espacio, despu\u00e9s se fundieron a su vez, como estatuas de az\u00facar, muy lentamente en el agua negra del vac\u00edo.<br \/>\nY alguien sopl\u00f3, una a una, todas las velas de los espl\u00e9ndidos pasteles de aniversario del Universo, m\u00e1s y m\u00e1s profundamente, en el cielo, hasta el sol y la Tierra.<br \/>\nPuso punto final a su historia, se levant\u00f3, descendi\u00f3 la escalera, se detuvo un instante en el \u00faltimo pelda\u00f1o para que los granos de arena dejaran de crujir, un segundo, bajo su pie.<br \/>\nFlotaba, por encima de las baldosas rojas del corredor, un olor y una tibieza de desierto tal y como se ve en los sue\u00f1os. Se sent\u00eda vac\u00edo, seco y ligero como el cart\u00f3n de un cohete quemado. No estaba seguro de saber por qu\u00e9 continuaba. Normalmente, hubiera debido caer y desaparecer.<br \/>\nOlvid\u00f3 la imagen del desierto, pos\u00f3 su mano sobre el pestillo fr\u00edo, abri\u00f3 la puerta, hizo estallar en, el interior de la inquieta casa el cielo, el sol, el exuberante reflejo de la hierba, de las hojas y de los blancos guijarros, y las peque\u00f1as llamas regulares y redondas de los geranios.<br \/>\nHab\u00eda un cojincillo de c\u00e9sped entre las geom\u00e9tricas losas del jard\u00edn. Dio dos pasos, lanz\u00f3 un grito y dej\u00f3 libres una multitud de moscas zumbantes y doradas que se abatieron por un segundo en su cabeza, coloc\u00f3 con circunspecci\u00f3n y delectaci\u00f3n sus dos pies en el espeso c\u00e9sped, y de pronto, en un instante, la hierba y las losas parecieron difuminarse, sumergirse en bloques de bruma, y olvidar su confortable fieltro de polvo seco.<br \/>\nLos muros vacilaron y se hundieron en resplandores brillantes y fr\u00e1giles. Se hundieron muy suavemente en la nada.<br \/>\nLos ruidos se detuvieron. Los discos, las l\u00e1mparas de los receptores, los labios que hab\u00edan roto, laminado, fragmentado el silencio, ascend\u00edan en largos penachos de humo, muy rectos, muy puros. Ni un grito. Una gran paz, y el cuchicheo de preguntas sorprendidas.<br \/>\nTodo se marchaba, los postigos de las ventanas y despu\u00e9s las ventanas, las piedras de las escalinatas, las huellas de neum\u00e1ticos y los coches, las llamadas que se asfixiaban en un blando chapoteo, los brillos.<br \/>\nTodo se disolv\u00eda, los dorados frutos que jam\u00e1s madurar\u00edan, las tejas en equilibrio en lo alto de las paredes de ladrillo, y el libro que hab\u00eda dejado sobre el banco, por la ma\u00f1ana, y cuyos caracteres danzaban como copos grises y emprend\u00edan el vuelo en cenizas invisibles como se pierde un perfume en un viento ligero.<br \/>\nLos techos lanzaron un \u00faltimo estallido rojo, entrechocaron, se deslizaron y se fundieron. \u00bfHab\u00edan gritado o gemido? Nada. Solamente, tras los muros, muebles irreales que descend\u00edan, lentamente, a trav\u00e9s de los pisos vaporosos donde se deshilachaban sin moverse, con su sutil carga de bibelots, de colores, de vajilla y de ropa interior que temblaban como el aire calentado y que se reabsorb\u00eda en el espacio en peque\u00f1os braseros moribundos y apenas luminosos.<br \/>\nSe inclin\u00f3 y tom\u00f3 una piedra. Pero se desliz\u00f3 entre las junturas de sus dedos, en finos chorrillos de gas, interminablemente, y no toc\u00f3 jam\u00e1s el suelo.<br \/>\nTodo terminaba. Los guijarros se volv\u00edan cada vez menos y menos verdaderos, las hojas enmascaraban a\u00fan un poco con su algodonoso verde los fantasmas de los \u00e1rboles.<br \/>\nLos hombres se evaporaban en humaredas, al azar.<br \/>\nEmpez\u00f3 a caer nieve de ni\u00f1os.<br \/>\n\u0097\u00bfQu\u00e9 es lo que pasa? \u00bfUna bomba? De todos modos han tenido \u00e9xito con sus condenadas experiencias. Esto se ha terminado, \u00bfeh?, se ha terminado.<br \/>\nNo sufr\u00eda. Ni siquiera sent\u00eda miedo. Volvi\u00f3 lentamente la cabeza hacia aquel que acababa de hablar, como si temiera romperse y escapar, \u00e9l tambi\u00e9n, en fragmentos m\u00e1s y m\u00e1s peque\u00f1os, m\u00e1s y m\u00e1s dispersos. El otro tampoco estaba inquieto. Simplemente quer\u00eda saber.<br \/>\n\u0097Esto deb\u00eda ocurrir, \u00bfeh?, esto deb\u00eda ocurrir.<br \/>\n\u0097Pues s\u00ed, ha ocurrido.<br \/>\nNo sab\u00eda lo que hab\u00eda ocurrido. Buscaba en el fant\u00e1stico amontonamiento de formas desapareciendo, que se consum\u00edan tan suavemente, tan claramente y tan totalmente como ardientes monta\u00f1as de diamante.<br \/>\n\u0097Quiz\u00e1 a\u00fan podamos huir.<br \/>\n\u0097No. En todas partes ocurre lo mismo.<br \/>\nReflexionaron.<br \/>\nNo sent\u00edan realmente deseos de partir, sus pasados se hab\u00eda apilado alrededor de sus piernas en montones de polvo gris, y ya no recordaban nada, pero no llegaban a concebirse sin futuro.<br \/>\n\u0097Actuar&#8230; sin salida&#8230; \u0097pensaban.<br \/>\nLa calle estaba dispuesta, se deslizaba sin ruido entre las aceras y conduc\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de la plaza. Serpenteaba por all\u00e1 donde se hab\u00edan perdido ya los reverberos y las grandes fachadas planas. No hab\u00eda m\u00e1s que un desierto a ambos lados de la carretera, y un viento t\u00edmido remov\u00eda la arena de las dunas.<br \/>\nEn alguna parte en la rojiza niebla de su cerebro, germinaba una idea. Se preguntaba por qu\u00e9 todo terminaba as\u00ed, incluso el sol, que adivinaba de cristal puro y desaparec\u00eda en el espacio, incluso las estrellas, incluso el vac\u00edo, sin contrastes. Todos los decorados que ard\u00edan, se fund\u00edan en mezcolanza y se sobreimprim\u00edan.<br \/>\nHubiera deseado un prodigioso fuego de artificio. Se sinti\u00f3 frustrado. La idea se desarroll\u00f3, aument\u00f3 de tama\u00f1o. Lo \u00fanico que tomaba afianzamiento en \u00e9l&#8230;<br \/>\n\u0097S\u00e9 lo que ha pasado.<br \/>\nPor todas partes ca\u00edan esferas azules, esferas verdes, esferas rosas, y cuando le tocaban, estallaban sin ruido. Despu\u00e9s los sue\u00f1os de los hombres se fueron, hadas, dragones, viajes, mu\u00f1ecas maravillosas, montones de oro y de pedrer\u00eda, una pieza teatral, y, algunas veces, hojas de libros jam\u00e1s escritos. Hab\u00eda palacios, un cielo de los mares del sur, un patinete el\u00e9ctrico, proclamas.<br \/>\n\u0097Ah \u0097dijo el otro. Aquello no le interesaba en absoluto. Acababa de comprender que todo estaba consumado. No sent\u00eda el secreto deseo de encontrar la soluci\u00f3n.<br \/>\n\u0097Es extra\u00f1o que nadie se haya dado cuenta antes. Hab\u00eda un paralelismo tal entre esto y lo que hac\u00edamos. El ha puesto Simplemente el punto final. Como yo. Como todas las dem\u00e1s pobres im\u00e1genes.<br \/>\nMientras hablaba se desprend\u00edan de sus mejillas burbujas de jab\u00f3n. Re\u00eda porque, en el fondo, aquello ten\u00eda la comicidad del m\u00e1s extra\u00f1o de los sue\u00f1os y, como un sue\u00f1o, era sin alcance, ilusorio. Ni siquiera hab\u00eda la muerte de la humanidad que pudiera ensombrecer el delicado humor de aquel fin.<br \/>\n\u0097Espere. \u00bfQui\u00e9n ha puesto el punto? \u00bfQu\u00e9 punto final? No comprendo.<br \/>\n\u0097No s\u00e9 quien. Alguien que acaba de terminar la historia del hombre y muchas otras historias, tal vez, que se terminan en otras regiones del espacio, y que jam\u00e1s hemos conseguido descubrir. Y tal vez va a comenzar otras historias. Pero, con nosotros, ha terminado. Lo que ser\u00eda extraordinario ser\u00eda que nosotros continu\u00e1ramos. \u00bfAcaso se ha visto esto nunca?<br \/>\n\u0097Qu\u00e9 cochino&#8230; Hubiera podido preverlo. Hay montones de cosas que yo hubiera podido hacer a\u00fan. Ahora&#8230; Buenas tardes&#8230; No sent\u00eda verdadero odio. Estaba irritado porque juzgaba que hubieran podido muy bien continuar, antes que ahogarse all\u00e1 y deslizarse en un oc\u00e9ano sin fondo.<br \/>\nNunca m\u00e1s las creaciones de los hombres y los castillos de arena de los ni\u00f1os, nunca m\u00e1s las casas apacibles y las plantas que se observan crecer en las horas vac\u00edas, y los cohetes ardientes y pesados que el cielo rodea con un halo de fuego.<br \/>\nNunca m\u00e1s los hombres.<br \/>\n\u0097\u00bfEs que alguna vez ha pensado usted en la suerte de los h\u00e9roes de un libro cuando el libro ha terminado?<br \/>\nEstaban casi solos. Ignoraban d\u00f3nde se encontraban, pero deb\u00eda de ser en un universo tan tenue que apenas podr\u00eda existir durante algunos segundos m\u00e1s a\u00fan.<br \/>\n\u0097Me pregunto si contaba nuestra historia, o si la so\u00f1aba, o si la escrib\u00eda. Qu\u00e9 riqueza de imaginaci\u00f3n, y qu\u00e9 precisa. Qu\u00e9 genio creador, incluso en los menores detalles. Tal vez hubiera podido de todos modos imaginar un argumento que nos fuera m\u00e1s favorable, a lo largo del tiempo.<br \/>\nFlotaban, ellos solos, los \u00faltimos, quiz\u00e1 porque pensaban intensamente.<br \/>\n\u0097Nuestra desgracia es no haber acordado nuestro fin con el de la historia. Aunque no es demasiado grave.<br \/>\n\u0097\u00bfPero qui\u00e9n es? \u0097suplic\u00f3 la sombra del otro.<br \/>\nLa idea se extend\u00eda y crec\u00eda, con peque\u00f1as ramificaciones de sue\u00f1o y de raz\u00f3n que se hinchaban y se entrecruzaban. Conten\u00eda ya una vaga noci\u00f3n de la respuesta.<br \/>\n\u0097Tal vez contin\u00fae nuestra historia. Dentro de alg\u00fan tiempo. Quiz\u00e1 le quiera dar una continuaci\u00f3n. \u00bfPuede ser que ya nos haya ocurrido esto? \u00bfNo lo recuerda?<br \/>\nUna pausa.<br \/>\n\u0097Creo que veo qu\u00e9 clase de ser es&#8230; Y si \u00e9l, a su vez, fuera so\u00f1ado, y as\u00ed vez, y otra, hasta el infinito.<br \/>\nSus dos penachos de bruma eran casi blancos. Se condensaron primero en manchas muy p\u00e1lidas, alargadas. Se les hac\u00eda cada vez m\u00e1s dif\u00edcil respirar. Y moverse,<br \/>\n\u0097Adi\u00f3s.<br \/>\n\u0097Hasta la vista.<br \/>\nUna de las manchas se agit\u00f3 un poco porque quer\u00eda decir a\u00fan alguna cosa. Pero ya no hab\u00eda ni sonido ni olor.<br \/>\nNi espacio. Un punto. Luego nada.<\/p>\n<p>Un domingo romano<br \/>\nLino Aldani (Italia)<\/p>\n<p>Si han le\u00eddo ustedes el n\u00famero 8 de nuestros vol\u00famenes habr\u00e1n entrado ya en contacto con Lino Aldani, con uno de sus m\u00e1s c\u00e9lebres relatos: 37 cent\u00edgrados. Considerado como un escritor profundamente social, vuelto recientemente a la literatura tras una etapa de varios a\u00f1os de alejamiento y meditaci\u00f3n en la campi\u00f1a italiana, es el principal valor de la ciencia ficci\u00f3n de aquel pa\u00eds. En Un domingo romano nos ofrece una nueva aproximaci\u00f3n al infierno urbano: un d\u00eda en la vida de los habitantes de una Roma del futuro, agobiada por la superpoblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Mam\u00e1 me ha despertado cuando ser\u00edan las cinco. Apenas se ve\u00eda. Me ha lavado y vestido, he tomado la supermalta con los bizcochos vitam\u00ednicos, y hemos salido hacia el garaje. Pap\u00e1 estaba lustrando el coche. Hemos cargado los accesorios de la excursi\u00f3n, los av\u00edos de pesca, la cesta de la comida. Despu\u00e9s, pap\u00e1, poniendo el coche en marcha, ha dicho: \u00a1nos vamos, muchachos!<br \/>\n\u00a1Pero s\u00ed! Hemos necesitado un cuarto de hora largo para salir del garaje; los coches estaban pegados los unos a los otros, y los cuidadores juraban; pap\u00e1, en cierto momento, se ha puesto verde, se ha desabrochado el cuello de la camisa y ha dicho: no me har\u00eda gracia pasar el domingo aqu\u00ed dentro. Y mam\u00e1 le ha dicho: bueno, c\u00e1lmate, Ernesto, nadie nos persigue.<br \/>\nMam\u00e1 es paciente. Incluso durante todo el trayecto para llegar a la autopista ha intentado siempre minimizarlo todo. Hab\u00eda puesto la radio y trataba de mantenernos alegres con la m\u00fasica, pero pap\u00e1 estallaba en cada sem\u00e1foro; la andanada que prefiere es aquella contra los falsificadores de cupones, siempre dice que deben ser decenas de millares, y esto explicar\u00eda el porqu\u00e9, a pesar de los turnos y las limitaciones, ya no se marcha como antes.<br \/>\nPap\u00e1 ha sido listo, ha hecho treinta y ocho sem\u00e1foros en una hora y cuarto. Pero despu\u00e9s, en la casilla de la autopista, hemos permanecido parados cuarenta minutos. Pap\u00e1 se ha quitado la camisa, siempre irritado, siempre resoplando. Solamente se ha calmado m\u00e1s all\u00e1 de la casilla, cuando ha podido ponerle la directa al coche. Mira, hijo m\u00edo, ha dicho en un determinado momento, en este mundo hay los astutos y hay los tontos; aquellos que llegan al mar en media hora porque tienen helic\u00f3ptero y aquellos que deben pudrirse en la carretera dentro de esta ratonera.<br \/>\nMam\u00e1 no ha querido hacer ning\u00fan comentario, tan s\u00f3lo ha cambiado la estaci\u00f3n. Buscaba los Desperados, aquellos que tocan sin instrumentos meti\u00e9ndose los dedos en la nariz y en el fondo de la garganta, pero no los encontraba; entonces ha vuelto con los L\u00e1nguidos, pero pap\u00e1 ha dicho: corta ya esta serenata, y entonces mam\u00e1 ha puesto el volumen casi a cero, se ha colocado el auricular y no ha dicho nada m\u00e1s.<br \/>\nNo hemos necesitado mucho para llegar al mar. El infierno ha recomenzado, sin embargo, apenas fuera de los pinares, cuando se ha presentado el puesto de bloqueo. Todos los sem\u00e1foros estaban verdes, pero los controles eran largos, se avanzaba a saltos y para pasar al otro lado hemos necesitado casi una hora.<br \/>\nPap\u00e1 ha recorrido cuatro o cinco veces la orilla del mar en busca de un lugar que no estuviera demasiado lleno de gente. Despu\u00e9s mam\u00e1 y yo hemos ido, cup\u00f3n en mano, a hacer cola delante de las portillas, mientras pap\u00e1 buscaba un buen lugar para aparcar el coche.<br \/>\nA las diez en punto est\u00e1bamos en la playa, en la fila veinticuatro. He ido r\u00e1pidamente a controlar la hora del ba\u00f1o. A las diez y media, ha dicho el ba\u00f1ero. Al cabo de poco ha dado tres golpes de silbato para se\u00f1alar la entrada en el agua de todos aquellos de las filas del veinte al treinta. Quer\u00eda irme un poco hacia lejos, donde hab\u00eda menos gente, pero pap\u00e1 gritaba que no deb\u00eda alejarme. As\u00ed, he probado a nadar permaneciendo cerca de la orilla: in\u00fatil, a cada momento tropezaba con alguien y al final me he hecho un rasgu\u00f1o en el cuello, muy<br \/>\nprofundo. Pap\u00e1, enormemente enojado, me ha acompa\u00f1ado a la enfermer\u00eda.<br \/>\nDespu\u00e9s hemos regresado bajo el parasol, y junto a mam\u00e1 hemos comido las almendras saladas y las palomitas de ma\u00edz. Pap\u00e1 quer\u00eda leer el diario; por unos momentos lo ha intentado, pero despu\u00e9s ha debido dejarlo a causa de los transistores, que eran unos dos o tres mil, todos ellos puestos a todo volumen, porque los mal-educados, como dice siempre pap\u00e1, son un ej\u00e9rcito inmenso y son muy pocas las personas civilizadas que usan los auriculares sin molestar a nadie.<br \/>\nYo he intentado tomar el sol, tendido en la playa. Pero la gente no se estaba quieta ni un instante, todos pasaban y saltaban por encima de m\u00ed, y as\u00ed, despu\u00e9s de diez minutos, me he levantado completamente cubierto de arena.<br \/>\nDespu\u00e9s hemos ido al bar, que estaba atestado ya que hab\u00eda all\u00ed tambi\u00e9n aquellos que bailaban junto el juke-box. Pap\u00e1 nos ha dicho entonces que lo esper\u00e1ramos afuera, que a \u00e9l solo le ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil. Despu\u00e9s de un cuarto de hora ha vuelto con un helado para m\u00ed y con un caf\u00e9 en un vaso de papel para mam\u00e1. Me he metido un poco bajo el entoldado del bar, donde hay los columpios y los toboganes. Algunos muchachitos sinverg\u00fcenzas quer\u00edan pasarme delante, pero los he llamado al orden. En media hora me he deslizado tres veces por el tobog\u00e1n. Despu\u00e9s me he comprado un chicle y m\u00e1s tarde un caramelo con palo.<br \/>\nFaltaba un cuarto para el mediod\u00eda, y pap\u00e1 ha hecho se\u00f1a de prepararnos. Esperaba llegar entre los primeros al restaurante y lograr que le dieran una mesa cerca de la balaustrada, donde se ve bien el mar; pero tantos otros se hab\u00edan movido antes que nosotros que nos ha tocado una mesa en medio, all\u00ed donde el mar apenas se ve.<br \/>\nYa no quedaba sopa de pescado, a mam\u00e1 le ha sabido mal y ha tenido que contentarse con el acostumbrado pollo asado que no sabe a nada. Tambi\u00e9n pap\u00e1 ha comido a disgusto, mientras miraba al mar alargando el cuello y murmuraba. Cierto, dec\u00eda, aquel que tiene una lancha motora se va mar adentro y se divierte como quiere, se ba\u00f1a, pesca, toma el sol sin nadie alrededor que lo fastidie.<br \/>\nEntonces mam\u00e1 ha propuesto tomar una barca de alquiler, pero las barcas estaban ya todas comprometidas desde hac\u00eda quince d\u00edas. Y as\u00ed pap\u00e1 ha dicho: vayamos a los pinos, all\u00ed hay el estanque con la pesca de pago, podremos divertirnos sin arriesgarnos a coger una insolaci\u00f3n.<br \/>\nA las dos est\u00e1bamos ya vestidos de nuevo. El coche se hallaba al sol y dentro se sudaba, a\u00fan teniendo los cristales bajados. Por fortuna a aquella hora el tr\u00e1fico no era mucho, y as\u00ed llegamos a los pinos en un segundo.<br \/>\nGira y gira, pap\u00e1 consigui\u00f3 encontrar un rinc\u00f3n realmente tranquilo, donde no hab\u00eda mucha gente; tanto es as\u00ed, que conseguimos colocarnos en un \u00e1rea de veinte metros cuadrados s\u00f3lo para nosotros. Mam\u00e1 se ha echado en el colch\u00f3n de gomaespuma y ha encendido el televisor port\u00e1til, pap\u00e1 en cambio ha intentado dormir. Yo, como me aburr\u00eda, me he ido a dar una vuelta, sin alejarme demasiado y sin prestar demasiada atenci\u00f3n a los otros muchachos que correteaban por all\u00ed.<br \/>\nCierto, el pinar es muy hermoso, con los \u00e1rboles todos iguales y el terreno recubierto de suave maleza. Pap\u00e1 dice que era mucho m\u00e1s hermoso hace veinte a\u00f1os, cuando los pinos eran aut\u00e9nticos, pero despu\u00e9s una desgraciada enfermedad los atac\u00f3 y as\u00ed debieron cortarlos y sustituirlos por aquellos artificiales. Yo no les veo ninguna diferencia, esos de pl\u00e1stico me parecen m\u00e1s relucientes, y adem\u00e1s la maleza no pincha.<br \/>\nHacia las tres y media pap\u00e1 ha sacado las ca\u00f1as y nos hemos ido al estanque. Hab\u00eda una enormidad de gente y est\u00e1bamos un poco estrechos, codo contra codo, pero con un poco de paciencia se consegu\u00eda lanzar el anzuelo.<br \/>\nPap\u00e1 prob\u00f3 primero con el pan y despu\u00e9s con el ma\u00edz. Nada que hacer. Quiz\u00e1 porque el cebo no estaba bien colocado, y cuando pap\u00e1 lo recuperaba encontraba siempre el anzuelo limpio.<br \/>\nVino un vigilante con la ropa roja y la placa plateada en el sombrero. Se\u00f1or m\u00edo, dijo, se\u00f1or m\u00edo, si no pone el gusano, \u00bfc\u00f3mo quiere que piquen los peces?<br \/>\nLevant\u00f3 la tapa del cesto que llevaba en bandolera, meti\u00f3 la mano dentro y sac\u00f3 fuera una lombriz de unos siete cent\u00edmetros de largo. Aja, dijo, aqu\u00ed est\u00e1 el cebo; debe colocarlo usted bien, bien en torno al anzuelo, dej\u00e1ndolo bascular un poco, y el pez picar\u00e1 en un segundo.<br \/>\nLa lombriz se mov\u00eda de aqu\u00ed para all\u00e1 como un limpiaparabrisas. Usted est\u00e1 loco, dijo pap\u00e1; yo esto no lo toco, me da asco.<br \/>\nY esto empuj\u00f3 al vigilante a meter el gusano en el anzuelo. Pap\u00e1 meti\u00f3 la mano en el bolsillo y le dio una moneda.<br \/>\nEl pez pic\u00f3 realmente en un segundo. Hubo un poco de confusi\u00f3n porque el sedal se hab\u00eda enredado con el del se\u00f1or de al lado. Este, mientras tanto, hab\u00eda lanzado un chillido porque cre\u00eda que el pez era el suyo y se mostraba muy excitado; pero luego, cuando el sedal fue soltado y vio que el pez era de pap\u00e1, se puso morado de rabia y fue a colocarse m\u00e1s lejos.<br \/>\nMam\u00e1 estuvo muy contenta cuando nos vio regresar con el pez. Apag\u00f3 el televisor y dijo: estupendo. Mientras tanto, pap\u00e1 registraba el cesto de camping, buscando el cuchillo sacatapones. Despu\u00e9s abri\u00f3 la barriga del pez, pero cuando se trat\u00f3 de sacar sus intestinos arrug\u00f3 la nariz. Al fin, ayud\u00e1ndose con un cuchillo, lo limpi\u00f3 bien y lo enjuag\u00f3 con agua mineral.<br \/>\nAhora vamos a encender el fuego, dijo, y ver\u00e9is qu\u00e9 bonito. El fuego, dijo mam\u00e1; \u00bfy para qu\u00e9? Para asar el pez, dijo pap\u00e1. Lo haremos a las brasas, como los antiguos, y en la naturaleza.<br \/>\nDe vez en cuando dec\u00eda la naturaleza, una palabra que no acabo de entender. Ah, la naturaleza, dec\u00eda. Y se frotaba las manos. Vivir en la naturaleza, el cebo natural, el aire libre, y hablaba de los hombres vestidos con pieles de leones, del arco y las flechas. Mam\u00e1 re\u00eda. El fuego. \u00bfC\u00f3mo lo har\u00e1s, Ernesto, para encender el fuego? Porque en todo el pinar no hab\u00eda ni una sola astilla. Entonces se me ocurri\u00f3 ir a revisar el cubo de la basura. Buscaba los palitos de los helados y, cuando tuve entre las manos una treintena, corr\u00ed hacia pap\u00e1 muy contento. Nada que hacer. Lo s\u00e9, encender un fuego no es una cosa f\u00e1cil; pap\u00e1 pon\u00eda papel y soplaba, ten\u00eda los ojos rojos, lacrimosos. Pero la llama no se formaba, tan solo humo y cada vez m\u00e1s pestilente. No seas rid\u00edculo, Ernesto, dijo mam\u00e1, y se alej\u00f3 para encender de nuevo el televisor. Entonces pap\u00e1 se enfad\u00f3, tom\u00f3 el pez y lo arroj\u00f3 lejos.<br \/>\nMerendamos unas c\u00e1psulas. Despu\u00e9s pap\u00e1 se recost\u00f3 para fumar un cigarrillo. Yo met\u00ed una moneda en la distribuidora autom\u00e1tica, mastiqu\u00e9 un chicle y despu\u00e9s, cuando ya no sab\u00eda a nada, met\u00ed otra moneda. Las distribuidoras estaban a mano, hab\u00eda una de ellas colocada junto a cada \u00e1rbol.<br \/>\nMientras tanto, mam\u00e1 estaba un poco aburrida. Continuaba cambiando estaciones. Bastante gente se estaba preparando para el regreso. Entonces tambi\u00e9n nosotros plegamos la mesita, las sillas y el resto, lo<br \/>\ncolocamos todo en su sitio en el coche, que pese a todo, como dice pap\u00e1, es un hermoso coche, ya que \u00e9l lo pule con cuidado y no lo fuerza como hacen algunos que se lanzan a toda velocidad sin darle ni un respiro al motor.<br \/>\nNecesitamos una hora y media para recorrer los dos kil\u00f3metros que nos separaban de la autopista. Yo estaba detr\u00e1s, encajado en medio de los bultos, y sin que roe vieran \u0097pap\u00e1 dice que todo esto son porquer\u00edas\u0097 he masticado tres chicles comprados a escondidas. Mam\u00e1 ten\u00eda encendido el televisor sobre las rodillas.<br \/>\nA lo largo del recorrido he contado setenta y cinco choques y taponamientos. Hemos salido de la autopista cuando ya era oscuro; pap\u00e1 quer\u00eda hacer la circunvalaci\u00f3n, pero los accesos estaban todos atestados y as\u00ed para ir a casa hemos tenido que pasar por el centro, toda la ciudad en primera y segunda.<br \/>\nHemos llegado que eran casi las diez. Yo no tengo hambre, ha dicho mam\u00e1. En cambio pap\u00e1 y yo hemos comido corned-beef y una caja de Tiern\u00edsimos, los exquisitos guisantes naturales que contienen tantas vitaminas. Despu\u00e9s pap\u00e1 ha querido controlar los resultados en la transmisi\u00f3n de las \u00faltimas noticias deportivas. Ser\u00e1 para otra vez, ha dicho, y ha roto la quiniela. Mam\u00e1 se ha quedado unos momentos a ver el match Gargiullo-Palmer, espect\u00e1culo ofrecido por la Vivarelli &#038; Nicholson Company, pero despu\u00e9s, como el boxeo no le gusta (mam\u00e1 prefiere los programas-concurso y las telenovelas hist\u00f3ricas) ha ido a arreglar el dormitorio, la cocina y el ba\u00f1o, de modo que los Anceschi no tengan de qu\u00e9 lamentarse. Mam\u00e1 tiene esta man\u00eda. Nuestros coinquilinos, en cambio, siempre dejan la casa sucia, olvidan objetos por todas partes, una vez encontramos un mech\u00f3n de cabellos en el lavabo y adem\u00e1s pieles de manzana y c\u00e1scaras de queso bajo la mesa del comedor. Mam\u00e1 no, est\u00e1 siempre muy atenta a volver a colocarlo todo en nuestro armario personal, no deja un alfiler, y lo hace a prop\u00f3sito, para darles una lecci\u00f3n moral y hacerles comprender como deben vivir las personas civilizadas. Pap\u00e1, en cambio, dice que si los Anceschi contin\u00faan de esta manera los denuncia y hace que los echen, porque el reglamento habla claro y le da la raz\u00f3n a pap\u00e1.<br \/>\nPap\u00e1 tiene raz\u00f3n tambi\u00e9n cuando dice que el gobierno deber\u00eda pensar en resolver la crisis de los alojamientos y que si vamos avanzando de esta manera los dobles turnos ya no bastar\u00e1n, tendremos que llegar a los triples y quiz\u00e1 hasta los cu\u00e1druples turnos, y terminaremos con que nos dar\u00e1n cupones no solamente para circular, no solamente para ir al cine o de paseo, sino tambi\u00e9n para hacer pip\u00ed y hasta para sonarse. Pap\u00e1 dice que es todo un asco, que somos demasiados, y que hay demasiada gente ambiciosa que quiere hacerlo todo a su comodidad. Y es por eso que nos toca vivir una semana s\u00ed y otra no. Aqu\u00ed, sin embargo, creo que pap\u00e1 exagera. A m\u00ed la hipnosuspension no me produce ning\u00fan fastidio, y siete d\u00edas pasan en un minuto y me despierto a la semana siguiente fresco y reposado.<br \/>\nAs\u00ed, a medianoche, cuando han comenzado a distribuir la hipnocorriente, no he hecho remilgos, tambi\u00e9n porque comprendo que pap\u00e1 y mam\u00e1 quieren estar un poco solos. He guardado todas mis cosas, me he puesto el pijama y en vez de subirme a la cama donde duermo habitualmente he abierto el armario mural donde se hallan colocados los orb\u00edculos de reposo, los nuestros y los tres de los Anceschi. He recitado mis plegarias y mam\u00e1 me ha dado el beso largo de todos los fines de semana. Despu\u00e9s me he colocado el hipnocapuch\u00f3n y he apretado el bot\u00f3n. He quedado dormido de golpe.<\/p>\n<p>El mejor de los mundos<br \/>\nIon Hobana (Rumania)<\/p>\n<p>Ion Hobana es el escritor rumano de ciencia ficci\u00f3n m\u00e1s conocido internacionalmente. Apasionado de Julio Verne, le ha dedicado multitud de art\u00edculos, un excelente libro traducido ya a varios idiomas, y una serie de programas de televisi\u00f3n en su pa\u00eds&#8230; sin contar la traducci\u00f3n de muchas de sus obras al rumano. En este relato, uno de sus m\u00e1s conocidos, Hobana se aparta bastante de las corrientes de la ciencia ficci\u00f3n al uso: por una vez (y es que Hobana, en el fondo, es un escritor optimista) la visi\u00f3n de nuestro planeta no es tan mala como suele pintarla el g\u00e9nero.<\/p>\n<p>Recostado sobre la mesa de operaciones, el astronauta aparec\u00eda todav\u00eda m\u00e1s masivo de lo que el profesor recordaba haber visto en las fotograf\u00edas y pel\u00edculas de los peri\u00f3dicos y la televisi\u00f3n.<br \/>\nNo tan solo m\u00e1s masivo, sino tambi\u00e9n m\u00e1s apuesto. La larga hipotermia le daba la dureza y aspecto noble del m\u00e1rmol; unas sombras violetas surcaban su rostro exang\u00fce, con los p\u00e1rpados cerrados.<br \/>\n\u00bfDe qu\u00e9 color ser\u00edan sus ojos? \u00bfNegros? \u00bfGrises?<br \/>\nEl profesor se coloc\u00f3 sus lentillas y se acerc\u00f3 al cuerpo inanimado. Todas las dudas que lo hab\u00edan envuelto hasta aquel momento, como en una tela de ara\u00f1a, desaparecieron de repente: aquel enfermo no era m\u00e1s que un caso entre tantos otros con los que se hab\u00eda encontrado a lo largo de su carrera m\u00e9dica. Un hombre cl\u00ednicamente muerto. Un hombre al que iba a devolver la vida.<br \/>\nSu asistente puls\u00f3 un conmutador y la luz, lentamente, descendi\u00f3. La mesa de operaciones, pivotando sobre su eje, tom\u00f3 una posici\u00f3n casi vertical. Parec\u00eda que el astronauta no tendr\u00eda m\u00e1s que hacer un gesto para liberarse de las ataduras magn\u00e9ticas y ponerse en pie sobre el suelo transparente.<br \/>\n\u0097\u00a1Contacto!<br \/>\nUn haz de chispas verdes comenz\u00f3 a bailar sobre una pantalla, dibujando poco a poco los contornos del cerebro da\u00f1ado. Los detalles se precisaron, muy agrandados. El profesor modificaba de tiempo en tiempo el \u00e1ngulo de observaci\u00f3n; su propio diagn\u00f3stico se un\u00eda al ya facilitado por el auscultador cibern\u00e9tico, que hab\u00eda hallado lesiones irreparables en los alrededores de los centros de la memoria.<br \/>\nLas c\u00e9lulas de reemplazo, irrigadas artificialmente en su cuba de vidrio, estaban dispuestas para el trasplante: reproduc\u00edan exactamente las c\u00e9lulas vivas del cerebro del astronauta. Era la primera vez que se trataba de reconstruir completamente un tejido org\u00e1nico de una tal complejidad.<br \/>\nEl profesor contempl\u00f3 especulativamente a su paciente. Los experimentos de este tipo s\u00f3lo hab\u00edan sido llevados a cabo, hasta el momento, en animales, y no siempre hab\u00edan sido coronados por el \u00e9xito. Segu\u00edan siendo necesarios todav\u00eda muchos meses de investigaciones. Meses&#8230;<br \/>\nEn la glauca penumbra, el astronauta hab\u00eda perdido su aspecto cadav\u00e9rico; se habr\u00eda dicho que estaba sumergido en un profundo sue\u00f1o reparador. Pero, no obstante, su coraz\u00f3n ya no lat\u00eda. Tan solo la hipotermia lo manten\u00eda en las fronteras de una muerte cl\u00ednica&#8230; que amenazaba convertirse en cualquier momento en muerte a secas.<\/p>\n<p>La recuperaci\u00f3n se hizo esperar m\u00e1s tiempo del previsto. El trasplante de c\u00e9lulas hab\u00eda tenido un \u00e9xito superior al que hab\u00edan osado imaginar, el coraz\u00f3n lat\u00eda con un ritmo normal. Y, sin embargo, el estado del paciente permanec\u00eda estacionario. Este, al recuperar fuerzas, hab\u00eda solicitado un magnetof\u00f3n y \u00fatiles de escritura; pero pronto hab\u00eda perdido todo inter\u00e9s. Silencioso, inm\u00f3vil, permanec\u00eda todo el d\u00eda acostado en su habitaci\u00f3n, con las persianas bajadas. Com\u00eda poco y de mala gana, no aceptando ni medicinas ni nuevos tratamientos.<br \/>\nAl cabo de dos semanas, el profesor pas\u00f3 a verlo entre dos consultas, a una hora desacostumbrada. Gordo y pesado, se dej\u00f3 caer en un sill\u00f3n cercano al lecho y, sin m\u00e1s pre\u00e1mbulos, declar\u00f3 escuetamente:<br \/>\n\u0097\u00a1Tengo muchos reproches que hacerte, muchacho!<br \/>\n\u0097Tiene usted todo el derecho a hacerlo \u0097murmur\u00f3 el astronauta, sin siquiera volver la mirada vaga que manten\u00eda clavada en el techo\u0097. Le debo la vida&#8230; gratitud eterna&#8230; etc\u00e9tera, etc\u00e9tera&#8230; Ya conozco ese estribillo.<br \/>\nEl profesor se irgui\u00f3.<br \/>\n\u0097No conseguir\u00e1s hacerme enfadar.<br \/>\nEl astronauta se apoy\u00f3 sobre un codo y replic\u00f3 brutalmente:<br \/>\n\u0097Me r\u00edo de sus estados an\u00edmicos. No me interesan. Ni usted tampoco me interesa.<br \/>\nEsperaba la reacci\u00f3n del profesor. Como este guardaba silencio, se dej\u00f3 caer de nuevo sobre la almohada.<br \/>\n\u0097\u00a1Qu\u00e9 ni\u00f1er\u00eda! \u0097dijo al fin el profesor con una sonrisa que llen\u00f3 de peque\u00f1as arrugas las comisuras de sus labios. Luego, con un tono m\u00e1s calmado como si hablase de cosas intrascendente como el tiempo, dijo\u0097: En cambio, t\u00fa me interesas mucho a m\u00ed.<br \/>\n\u0097Ya lo s\u00e9, ya lo s\u00e9. \u00bfAcaso no soy el valeroso explorador espacial que tiene en su haber el descubrimiento de cinco planetas?<br \/>\n\u0097S\u00ed, ciertamente. Pero tambi\u00e9n eres un ser humano, que ha perdido los deseos de vivir. Mi ayudante est\u00e1 convencido de que tu apat\u00eda solo se puede explicar por la existencia de alguna lesi\u00f3n, que a\u00fan no hemos descubierto, en tus c\u00e9lulas cerebrales. Yo, en cambio, tengo la opini\u00f3n de que&#8230;<br \/>\n\u0097Tengo sue\u00f1o. \u00bfTendr\u00eda la bondad de dejarme dormir? \u0097interrumpi\u00f3 el enfermo.<br \/>\n\u00a1He tomado un mal camino!, pens\u00f3 el profesor, modificando su t\u00e1ctica.<br \/>\n\u0097De acuerdo, no discutamos m\u00e1s. \u00a1Ya tengo bastante con lo que me hacen pasar los periodistas para que ahora tenga que escuchar tus reproches!<br \/>\n\u0097\u00bfHa expuesto sus hip\u00f3tesis a esos plum\u00edferos? \u00bfQu\u00e9 es lo que han hecho: revelarlas con grandes titulares o insinuar lo peor entre l\u00edneas?<br \/>\nEl profesor se sac\u00f3 del bolsillo varios peri\u00f3dicos de la tarde y los dej\u00f3 negligentemente sobre las s\u00e1banas.<br \/>\n\u0097\u00a1M\u00edralo t\u00fa mismo, si es que tienes ganas!<br \/>\nEl astronauta se qued\u00f3 mudo. El profesor se arranc\u00f3 del sill\u00f3n.<br \/>\n\u0097Todav\u00eda tengo otros pacientes que visitar. Te dejo. Volver\u00e9 pronto. Muy pronto.<\/p>\n<p>Los diarios, desde\u00f1ados, segu\u00edan en el mismo lugar. Pero&#8230; el penetrante ojo del profesor no dej\u00f3 escapar el detalle de que varias de las hojas estaban arrugadas, como si hubiesen sido vueltas a plegar apresuradamente. En segunda p\u00e1gina, se le\u00eda con grandes titulares: \u00a1ESTA PR\u00d3XIMA LA RECUPERACI\u00d3N DE NUESTRO ASTRONAUTA! Luego, con letra m\u00e1s peque\u00f1a: Seg\u00fan las declaraciones del m\u00e9dico-jefe, el explorador espacial ya no corre peligro. En un pr\u00f3ximo futuro, el h\u00e9roe del espacio podr\u00e1&#8230;<br \/>\n\u0097Ya es la hora de la lluvia vespertina. \u0097dijo el profesor\u0097. La lluvia me inspir\u00f3 en otro tiempo mis primeros poemas, pero ahora solo me produce un reumatismo que mis muy estimados colegas no logran curarme. Pero no puedo quejarme de mi suerte, porque soy v\u00edctima de mi propia imprudencia. En efecto, una ma\u00f1ana, durante una excursi\u00f3n a Venus&#8230;<br \/>\n\u0097\u00bfNo tiene nada mejor que hacer, profesor, que tratar de distraerme cont\u00e1ndome su vida? Su tiempo es precioso.<br \/>\n\u0097Pero tu curaci\u00f3n es m\u00e1s preciosa todav\u00eda.<br \/>\n\u0097Comprendo \u0097dijo el astronauta con una risa amarga\u0097. \u00a1El creador no querr\u00eda que su creaci\u00f3n fracasase!<br \/>\n El profesor se sobresalt\u00f3, pero continu\u00f3 contemplando con tranquilidad a trav\u00e9s de la ventana, mirando como los aviones del Servicio Metereol\u00f3gico recog\u00edan las nubes para la lluvia del atardecer. Tras un instante de silencio, dijo, pareciendo cambiar completamente de tema:<br \/>\n\u0097Una \u00e9poca de nuestra historia se llam\u00f3 la Edad Media&#8230;<br \/>\n\u0097Mi padre \u0097ironiz\u00f3 el piloto\u0097, pose\u00eda una maravillosa colecci\u00f3n de conchas que hab\u00eda tra\u00eddo de Alfa Centauro.<br \/>\nEl profesor ignor\u00f3 la interrupci\u00f3n:<br \/>\n\u0097En aquella \u00e9poca, hab\u00edan gentes que se afanaban en crear monstruos. \u00a1No, naturalmente que no se trataba de una verdadera teratolog\u00eda cient\u00edfica! Se contentaban con mutilar a ni\u00f1os a los que se enviaba luego a mendigar por las calles. O bien se los exhib\u00eda en las ferias como si fueran fen\u00f3menos, excitando la curiosidad de los ignorantes. Era un negocio muy lucrativo. Los que se dedicaban a \u00e9l no se paraban en barras, torturando a la vez a su propia imaginaci\u00f3n y a sus v\u00edctimas para lanzar sin cesar al mercado nuevas \u00abmaravillas\u00bb.<br \/>\nLas nubes se extend\u00edan ahora por encima de la ciudad, como el domo irisado de una enorme medusa. Los aviones hab\u00edan desaparecido. De repente se ilumin\u00f3 la antena del Centro Meteo, y los rel\u00e1mpagos surcaron zigzagueantes el cielo. Alcanzada en pleno coraz\u00f3n, la medusa se descompuso en millares de tent\u00e1culos de plata.<br \/>\n\u0097No quer\u00eda ofenderle \u0097dijo el astronauta\u0097. \u00a1Pero es que me siento tan in\u00fatil ahora! Es un verdadero complejo, mi complejo&#8230;<br \/>\n\u0097\u00bfIn\u00fatil?<br \/>\n\u0097Debe saber que nac\u00ed a bordo de una astronave partida para explorar los planetas de la estrella doble de Barnard. Eran a\u00fan los tiempos heroicos de los viajes espaciales. Los aparatos, sometidos a las leyes de la aerodin\u00e1mica, se posaban en los planetas mismos. Todav\u00eda no dispon\u00edamos de los bloques propulsores at\u00f3micos, y nuestra velocidad de crucero causa hoy risa. La ida y el regreso costaba casi veinte a\u00f1os. Veinte a\u00f1os interrumpidos tan solo por una breve escala en un mundo inhospitalario sin el menor parecido con la Tierra. Veinte a\u00f1os en estado de ingravidez&#8230;<br \/>\n\u00abS\u00ed, los tiempos heroicos&#8230; el peor enemigo de los nautas del espacio no resid\u00eda en los meteoritos o las radiaciones c\u00f3smicas, sino en el tiempo. La tripulaci\u00f3n com\u00eda, dorm\u00eda, hac\u00eda guardias frente a los paneles de mando&#8230; Yo creo que es de aquella \u00e9poca de cuando debe datar la expresi\u00f3n matar el tiempo, aunque los fil\u00f3logos pretendan que es much\u00edsimo m\u00e1s antigua.<br \/>\n\u00bbLa astronave pose\u00eda una filmoteca, unas salas vastas y confortables, un gimnasio. En este bat\u00edamos todas las marcas terrestres de salto o de lanzamiento. Pero yo prefer\u00eda, sobre todo, la conversaci\u00f3n.<br \/>\n\u00bbLa gente dice que los veteranos del espacio son gigantes taciturnos, con el rostro y el coraz\u00f3n de piedra. \u00a1No hay nada m\u00e1s falso! Yo pasaba horas escuch\u00e1ndolos, mientras cada uno de ellos defend\u00eda con entusiasmo su estrella o su planeta. Al t\u00e9rmino de aquellas justas verbales, los campeones enfrentados presentaban sus pruebas testificales y me tomaban como arbitro: entonces, sentado frente a una pantalla tridimensional, me deleitaba en la contemplaci\u00f3n de las im\u00e1genes, los sonidos, los colores y los aromas de aquellos mundos de una belleza incomparable; y no me perd\u00eda ni una sola palabra de los comentarios que los acompa\u00f1aban: &#8220;Un bosque de cristal p\u00farpura&#8221;&#8230; &#8220;La \u00fanica forma de vida existente en 61 \u0097doble de Cisne&#8221;&#8230;<br \/>\n&#8220;All\u00ed perdimos tres de nuestros camaradas&#8221;.. &#8220;Las plantas carn\u00edvoras se inclinaban hacia ella&#8221;&#8230; &#8220;Ese globo tiene una masa diecis\u00e9is veces la de J\u00fapiter; nos cost\u00f3 muchas dificultades el posarnos en \u00e9l&#8221;.<br \/>\n\u00abTambi\u00e9n hablaban de la Tierra, con una nostalgia que no lograba comprender. \u00bfQu\u00e9 puede ofrecerle la Tierra a quien atormenta la sed de lo desconocido?<br \/>\n\u00bbYa s\u00e9 lo que me va a decir: cuna de la Humanidad, madre patria, hogar de nuestra civilizaci\u00f3n&#8230; \u00a1De acuerdo! Pero, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda habituarme jam\u00e1s a vivir entre unas personas que llaman Aventura, con A may\u00fascula, a una vulgar excursioncita a Urano?<br \/>\n\u00bb\u00bfSe pregunta el por qu\u00e9 de estas confidencias?; ahora lo sabr\u00e1.<br \/>\n\u00abTodos los miembros de nuestra expedici\u00f3n eran especialistas en las disciplinas m\u00e1s diversas. Ellos me ense\u00f1aron cosmograf\u00eda, astrobot\u00e1nica, biof\u00edsica y las reglas del vuelo a velocidades sublum\u00ednicas. Todos estos conocimientos son necesarios para quien quiere obtener el t\u00edtulo de explorador gal\u00e1ctico. Yo segu\u00eda mis estudios y esperaba sin impaciencia mi primer encuentro con Sol III que no representaba para m\u00ed m\u00e1s que otra escala cualquiera.<br \/>\n\u00bbLa repentina aparici\u00f3n de un enjambre de meteoritos, entre las \u00f3rbitas de Saturno y J\u00fapiter, nos oblig\u00f3 a realizar un tremendo gasto de carburante. Llegamos demasiado de prisa a las proximidades de la Tierra. Fue preciso frenar demasiado brutalmente nuestro descenso, y mi madre no sobrevivi\u00f3 a esta maniobra.<br \/>\n\u00bbM\u00e1s tarde, entr\u00e9 en la Escuela Astro-naval, debati\u00e9ndome con la continua molestia del peso de mi cuerpo, nuevo para m\u00ed. Pas\u00e9 todos los ex\u00e1menes y realic\u00e9 mi a\u00f1o de pr\u00e1cticas en una base de Beta Centauro.<br \/>\n\u00bbMi padre obtuvo el mando de otra expedici\u00f3n. Lo acompa\u00f1\u00e9, abandonando sin la m\u00e1s m\u00ednima pena Sol III.<br \/>\n\u00bbNo, no me interrumpa. De lo contrario, quiz\u00e1 no tenga el valor de continuar&#8230;<br \/>\n\u00abHemos atravesado el cosmos durante lustros, explorando decenas de sistemas solares. Yo descubr\u00ed cinco planetas. El fen\u00f3meno de la interferencia del campo magn\u00e9tico lleva mi nombre. Tras largas investigaciones, puse a punto y patent\u00e9 un compensador del efecto Doppler, aparato que hoy es de uso corriente a bordo de todas las astronaves. Consideraba otros proyectos, estudiando los medios m\u00e1s eficaces para terraformar ciertos planetas.<br \/>\n\u00abTodos estos trabajos no son en la actualidad para m\u00ed sino t\u00edtulos de libros desprovistos de todo significado. Ya no me acuerdo de nada, o de casi nada. Los paisajes de esos cinco planetas, el c\u00e1lculo de la interferencia, el principio del compensador&#8230; \u00a1nada! \u00a1Ya nada! \u00a1Hasta las reglas elementales del vuelo espacial han huido de mi mente! Me he torturado el cerebro durante horas para tratar de encontrar en \u00e9l algunos rudimentos de astronom\u00eda. \u00a1En vano! El vac\u00edo&#8230;<br \/>\n\u00abSupongo que el accidente es el culpable de esto. \u00a1Ese maldito accidente! No cabe duda de que los centros de la memoria han sido afectados. Ser\u00eda preciso que volviese a comenzar de nuevo, a partir de cero, \u00a1y eso es imposible! Comprenda profesor: no tengo ni el tiempo ni las ganas de hacerlo&#8230;<br \/>\n\u00bb\u00a1Ah!, ya s\u00e9 lo que me va a decir: aqu\u00ed mismo, en la Tierra, tengo una multitud de oportunidades. En todas partes ser\u00e9 acogido con los brazos abiertos. Me ofrecer\u00e1n, por ejemplo, vigilar los invernaderos de cultivos venusianos; una readaptaci\u00f3n de tan solo seis meses bastar\u00eda para prepararme para ello. Y una readaptaci\u00f3n de un a\u00f1o&#8230;<br \/>\n\u00bbNo, profesor no me tientan tales perspectivas para el porvenir. Imagine sus propias reacciones si, de un d\u00eda para otro, se olvidase de toda su profesi\u00f3n; le fuera imposible curar a un enfermo e imaginar nuevos tratamientos. Y eso que, usted al menos, no se encontrar\u00eda en tan mal estado como yo: tendr\u00eda una familia, un hogar, y ser\u00eda un terrestre; mientras que yo&#8230;<br \/>\n\u00bbEsto es todo. Ya le he dicho lo que ten\u00eda que decirle. Ahora es su turno: estoy dispuesto a escuchar sus reproches.<\/p>\n<p>El inmueble del Centro de Investigaciones C\u00f3smicas brillaba con toda la luminosidad solar almacenada durante el d\u00eda. Como una gran mariposa negra atra\u00edda por esa luz, el graviplano fue a posarse en la terraza m\u00e1s alta. El profesor descendi\u00f3 y se apresur\u00f3 en direcci\u00f3n a la oficina del Director.<br \/>\n\u0097Le esperan. Haga el favor de entrar.<br \/>\nEl profesor atraves\u00f3 la antec\u00e1mara, apreciando con una sonrisa interna el armonioso tono de contralto de la secretaria robot. El Director, pens\u00f3, debe ser un mel\u00f3mano.<br \/>\nLo encontr\u00f3 en pleno trabajo. Al tiempo que segu\u00eda en una pantalla el aterrizaje de una astronave que llegaba de Marte, dictaba una respuesta al Consejo Solar y rebuscaba entre un mont\u00f3n de carpetas marcadas todas con las siglas luminiscentes de su Centro. Esta facultad de fijar su atenci\u00f3n sobre varios sujetos a la vez recordaba los m\u00e9todos de un general de otros tiempos, pens\u00f3 el profesor. \u00bfC\u00f3mo se hab\u00eda llamado..?<br \/>\nEfectivamente le esperaban. El Director apag\u00f3 la pantalla del televisor, apart\u00f3 las carpetas e interrumpi\u00f3 el dictado. Despu\u00e9s orden\u00f3 a la robot melodiosa que registrase todos los informes y anotase todas las llamadas. Por fin, se volvi\u00f3 hacia su visitante y le pregunt\u00f3 sol\u00edcito:<br \/>\n\u0097\u00bfQu\u00e9 tal est\u00e1 el muchacho?<br \/>\nEscuch\u00f3 con atenci\u00f3n el informe del profesor, mientras su rostro se iba ensombreciendo.<br \/>\n\u0097\u00a1Hemos de hacer algo por \u00e9l! \u0097exclam\u00f3\u0097. El Centro, con todos sus medios, est\u00e1 a su disposici\u00f3n: tanto nosotros, como toda la Uni\u00f3n Solar, estamos en deuda con ese hombre. \u00c9l&#8230;<br \/>\nEl profesor neg\u00f3 con la cabeza.<br \/>\n\u0097No puedo devolverle la memoria.<br \/>\n\u0097No obstante, debemos intentarlo todo.<br \/>\nUna hora m\u00e1s tarde, el Director llamaba a su secretaria y le rogaba convocar a uno de sus colaboradores.<\/p>\n<p>Era joven, delicado y estaba tan intimidado por la celebridad de su interlocutor, que comenz\u00f3 a tartamudear mientras le expon\u00eda su teor\u00eda. Y, ahora, esperaba la respuesta del astronauta mientras segu\u00eda con mirada inquieta sus incesantes paseos por la habitaci\u00f3n. El piloto se hablaba a s\u00ed mismo, con pedazos de frases casi inaudibles:<br \/>\n\u0097Velocidad hiperlum\u00ednica&#8230; eso querr\u00eda decir&#8230; incre\u00edble ampliaci\u00f3n de las zonas a explorar&#8230; una puerta abierta al espacio&#8230; los sistemas de la V\u00eda L\u00e1ctea m\u00e1s lejanos&#8230; quiz\u00e1 hasta las metagalaxias&#8230;<br \/>\nSe detuvo bruscamente frente al joven.<br \/>\n\u0097Si la pr\u00e1ctica confirma sus teor\u00edas, su nombre quedar\u00e1 inscrito en los anales de la astron\u00e1utica. Le agradezco haber pensado en m\u00ed. Pero, por desgracia, mi estado de salud no me permite&#8230;.<br \/>\n\u0097El profesor ha dicho&#8230; \u0097comenz\u00f3 a decir el joven enrojeciendo.<br \/>\n\u0097\u00a1El profesor no se lo ha dicho todo! \u0097le cort\u00f3 el piloto, y luego, tras una corta pausa\u0097: \u00bfA menos que..?<br \/>\nTom\u00f3 el silencio del otro por una aquiescencia.<br \/>\n\u0097Bien, entonces ya sabe porque no puedo aceptar. Le hace falta un colaborador, no un peso muerto. Yo no ser\u00eda capaz ni de interpretar correctamente las cifras de los cuadrantes de los aparatos.<br \/>\n\u0097Comenc\u00e9 a trabajar en este proyecto tras haber le\u00eddo su tesis sobre la interferencia del campo magn\u00e9tico. Es con usted, y no con otro, con quien quiero partir. Todos los ensayos son concluyentes. \u00a1Estamos en las v\u00edsperas de una gran aventura! Adem\u00e1s, el profesor espera que&#8230;<br \/>\nSe detuvo. Los ojos del astronauta chispearon.<br \/>\n\u0097\u00bfS\u00ed?<br \/>\n\u0097Que al franquear el muro de la luz tendr\u00e1 una especie de choque que tal vez le pueda despertar la memoria.<\/p>\n<p>Una extraordinaria aurora boreal rutilaba sobre la pantalla semicircular. Azul, verde, rojo&#8230; los colores vibraban, palidec\u00edan, se entremezclaban sutilmente, estallaban en cascadas de chispas, en haces de rayos. Fascinado, el astronauta observaba el brillante espect\u00e1culo del que nunca hab\u00eda sido testigo a bordo de las naves sublum\u00ednicas.<br \/>\n\u0097Nos acercamos a Lalanda 21183 \u0097anunci\u00f3 el joven sabio, inclinado sobre una carta de navegaci\u00f3n\u0097. El planeta gravita a 0,132 unidades astron\u00f3micas de su sol. Masa relativa: 0,06. Per\u00edodo de revoluci\u00f3n sobre su eje: 14 a\u00f1os.<br \/>\nEl astronauta casi no le escuchaba, perdido en la contemplaci\u00f3n de la aurora boreal c\u00f3smica.<br \/>\nEl resultado de los an\u00e1lisis se demostr\u00f3 satisfactorio: la atm\u00f3sfera no conten\u00eda ning\u00fan elemento nocivo. Los cosmonautas cambiaron sus escafandras por una combinaci\u00f3n de melenita ign\u00edfuga, ligera y, sin embargo, m\u00e1s resistente que el acero.<br \/>\nUna vegetaci\u00f3n lujuriosa cubr\u00eda esa zona del planeta: altas hierbas, lianas, plantas trepadoras de largas ra\u00edces a\u00e9reas, \u00e1rboles cuyas copas se expand\u00edan en un domo desmesurado.<br \/>\nEl astronauta y el joven cient\u00edfico se abrieron con dificultad camino hacia el r\u00edo que hab\u00edan entrevisto antes de posarse. Un calor anonadador aplastaba el lugar. A su alrededor, todo vibraba con una vida oculta: las hojas y los matorrales zumbaban disimuladamente.<br \/>\n\u00a1El r\u00edo!.. Una larga cinta gris que se deslizaba hacia un oc\u00e9ano desconocido.<br \/>\nEl astronauta, curioso, se acerc\u00f3 a la ribera. Un paso. Luego otro. Su compa\u00f1ero apenas si tuvo el tiempo de retenerlo: enmascarada por las hierbas, la orilla ca\u00eda a pico. El agua plomiza luc\u00eda con peque\u00f1os destellos.<br \/>\n\u0097\u00bfPiensa que este r\u00edo pueda ser peligroso?<br \/>\n\u0097\u00bfDebo citarle el p\u00e1rrafo 37 del c\u00f3digo de exploraci\u00f3n gal\u00e1ctico?: Todo l\u00edquido que no haya sido analizado seg\u00fan los m\u00e9todos reglamentarios ser\u00e1 considerado como nocivo. Mire&#8230;<br \/>\nHab\u00eda tomado una rama seca y la hab\u00eda lanzado a la corriente. Casi no hab\u00eda tocado el trozo de madera la superficie del agua cuando una boca dentada, surgida de las profundidades, la atrapaba al vuelo y la engull\u00eda.<br \/>\nEl astronauta se estremeci\u00f3 al pensar en todos los monstruos que se deb\u00edan hallar al acecho bajo las aguas traidoramente en calma del gran r\u00edo. Y, al mismo tiempo, su coraz\u00f3n se hench\u00eda de reconocimiento hacia el compa\u00f1ero, el amigo, que le hab\u00eda salvado. Era un sentimiento nuevo y exaltante para \u00e9l, habituado hasta entonces a dejar el cuidado de su seguridad a la vigilancia de los robots electr\u00f3nicos; a bordo de su astronave natal, pr\u00e1cticamente, siempre hab\u00eda estado solo.<br \/>\nCediendo al calor de su emoci\u00f3n, se gir\u00f3 con viveza hacia el joven para darle las gracias, para apretarle las manos&#8230; para darle un abrazo. Pero se encontr\u00f3 con su mirada, preocupada, escrutadora&#8230; y el astronauta, roto el primer impulso, ya no os\u00f3 decir nada.<br \/>\nPor otra parte, un pensamiento subconsciente no dejaba de atormentarle: el temor de no ser m\u00e1s que un caso, susceptible tan solo de inspirar una curiosidad despreciativa o, lo que a\u00fan era peor, la piedad.<br \/>\nControl\u00f3 cuidadosamente su voz para decir, con una fingida indiferencia:<br \/>\n\u0097En efecto, este no parece el lugar m\u00e1s ideal para disputar un campeonato de nataci\u00f3n.<\/p>\n<p>La astronave hend\u00eda el espejo tranquilo del oc\u00e9ano que cubr\u00eda todo el planeta.<br \/>\n\u0097Sistema de Ross 614 \u0097hab\u00eda anunciado el joven sabio, algunas horas antes\u0097. Un mundo totalmente acu\u00e1tico, cuya revoluci\u00f3n se cumple en quince a\u00f1os.<br \/>\n\u0097Ross 614 \u0097repiti\u00f3 el astronauta, y su frente se arrug\u00f3, mientras trataba en vano de hallar alg\u00fan eco perdido entre las ruinas de sus recuerdos.<br \/>\n\u0097Hace treinta a\u00f1os, usted cruz\u00f3 por estos parajes. Su libro de a bordo lleva la siguiente menci\u00f3n: \u00abLas astronaves de exploraci\u00f3n deber\u00edan estar estudiadas para poder navegar en cualquier elemento. \u00a1Es una l\u00e1stima abandonar este planeta sin conocer nada de los misterios que, tal vez, se ocultan bajo sus aguas!<br \/>\nEl amn\u00e9sico dio una mirada asombrada a su compa\u00f1ero: \u00bfno resultaba casi incre\u00edble que unas palabras escritas por \u00e9l mismo hac\u00eda tiempo pudieran vivir todav\u00eda en la memoria de aquel joven que conoc\u00eda desde hac\u00eda tan poco tiempo?<br \/>\nUnas sombras extra\u00f1as pasaron por la pantalla. Las hubiera contemplado m\u00e1s detenidamente, pero la aguja del bat\u00edmetro enloqueci\u00f3 de repente; la astronave fren\u00f3 y se detuvo.<br \/>\n\u0097\u00bfUn obst\u00e1culo?<br \/>\nSin responder, el joven sabio acopl\u00f3 la gran pantalla semicircular a un periscopio. El ex-piloto retuvo una exclamaci\u00f3n. Atrapada en el cono luminoso de los proyectores, emerg\u00eda de las tinieblas una fant\u00e1stica ciudad submarina, con sus edificios enormes, sus domos y sus torres multiformes.<br \/>\n\u0097\u00bfUna civilizaci\u00f3n acu\u00e1tica?<br \/>\n\u0097No. La tercera expedici\u00f3n del Centro ha descubierto aqu\u00ed ricos yacimientos de uranio.<br \/>\nLos proyectores mostraban ahora el hormigueo atareado de las palas mec\u00e1nicas y de las barrenas, las cintas de los conductores que llevaban al precioso mineral a unos inmensos abrigos de paredes transparentes.<br \/>\nPor primera vez en su vida, el astronauta se sinti\u00f3 orgulloso de ser uno de aquellos terrestres, que a conciencia pod\u00edan afirmar: \u00a1Ved nuestra obra, la obra de nuestra raza! Sinti\u00f3 el brusco deseo de unirse a aquellos mineros desconocidos y de trabajar codo a codo con ellos para arrancarle al oc\u00e9ano aquellos bloques de uranio, fuente de energ\u00eda de las astronaves y las f\u00e1bricas de Sol III.<br \/>\n\u0097Alfa de Ori\u00f3n, tambi\u00e9n llamado Betelgeuse. Una estrella de un volumen aproximadamente quinientas veces superior al de nuestro sol.<br \/>\n El joven cient\u00edfico se call\u00f3 y apart\u00f3 la vista, pero continuaba sintiendo encima la mirada insistente del astronauta, mientras ambos franqueaban, en b\u00fasqueda de cualquier traza de vida, bien poco probable en aquel desierto, las dunas de arena de viol\u00e1ceas sombras.<br \/>\n\u0097Masa relativa: 0,1. Fuerte gravedad .\u0097volvi\u00f3 a decir el joven\u0097. Atm\u00f3sfera de metano y amon\u00edaco. Mortal para nosotros.<br \/>\nContinuaron su camino, curvados bajo el peso de las escafandras. El sol no hab\u00eda desaparecido a\u00fan tras el horizonte; se elevaban tres lunas malvas.<br \/>\n\u0097Descansemos un poco \u0097dijo el expiloto.<br \/>\nLlegaron a un grupo de \u00e1rboles, coronados de penachos de hojarasca alargada, y se detuvieron bajo su sombra, apoyados en sus troncos escamosos.<br \/>\n\u0097El crep\u00fasculo&#8230; \u0097murmur\u00f3 el astronauta. Y su voz, deformada por el micro del casco, temblaba un poco.<br \/>\nUna cascada de luz, amatista y zafiro, salpic\u00f3 el cielo con su esplendor real, desde el c\u00e9nit hasta el horizonte ya ahogado por las sombras.<br \/>\nEl joven sabio suspir\u00f3.<br \/>\n\u0097Debemos volver a bordo. La temperatura caer\u00e1 bruscamente una vez se haya puesto el sol.<br \/>\nNo hubo respuesta. Se volvi\u00f3 hacia su compa\u00f1ero. Aqu\u00e9l, de pie, inm\u00f3vil, perdido en sus pensamientos, se hab\u00eda quitado el casco. Su rostro parec\u00eda rejuvenecido. Se dejaba arrastrar por la amarga y mayest\u00e1tica poes\u00eda de aquel planeta al fin descubierto, tras una larga vida de vagabundeo c\u00f3smico.<br \/>\nCon algo de embarazo, y bastante de alegr\u00eda y alivio, el joven se sac\u00f3 el casco a su vez, respirando el olor de las palmeras, el aire seco y puro del Sahara.<br \/>\n\u00bfLo hab\u00eda comprendido ya en nuestra primera \u00abescala\u00bb en las orillas del Amazonas?, pens\u00f3, \u00bfo fue luego, en el fondo del Atl\u00e1ntico?<br \/>\nEl sol acababa de ocultarse. La Luna y los dos sat\u00e9lites artificiales brillaban con una luz m\u00e1s viva. En la repentina noche, aparecieron las constelaciones.<br \/>\nEl astronauta las contempl\u00f3 por un instante, y luego se gir\u00f3, para mirar tan solo a la acogedora Tierra: su patria reencontrada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La ciencia-ficci\u00f3n europea Biblioteca B\u00e1sica de Ciencia Ficci\u00f3n 9 Varios \u00a9 1982; Ed. Dronte. Dep. legal: B 9957 82 ISBN: 84-366-0061-4 Edici\u00f3n digital de Elfowar y Umbriel. Noviembre de 2003. T\u00edtulos originales de los relatos: \u0095 El cambio (Ver\u00e4nderung, 1967) de Kurt Luif. Traductor: Lucy Van Pelt. \u0095 Punto final (Point final; Fiction n\u00ba 40 1957) Gilles D&#8217;Argyre (seud\u00f3nimo de<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"class_list":["post-1577","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos-de-ciencia-ficcion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1577","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1577"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1577\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1577"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1577"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1577"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}