{"id":1575,"date":"2008-10-17T15:17:55","date_gmt":"2008-10-17T15:17:55","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1575"},"modified":"2008-10-17T15:17:55","modified_gmt":"2008-10-17T15:17:55","slug":"irak:-un-cuento-para-ni\u00f1os","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1575","title":{"rendered":"Irak: un cuento para ni\u00f1os"},"content":{"rendered":"<p>Comit\u00e9 de Solidaridad<br \/>\ncon la Causa \u00c1rabe<br \/>\nwww.nodo50.org\/csca<br \/>\ne-Mail: csca@nodo50.org<br \/>\nSantiago Alba, fil\u00f3sofo y<br \/>\nensayista, es autor de Dejar<br \/>\nde pensar y Volver a pensar.<br \/>\nRecibi\u00f3 el \u0091Premio Anagrama<br \/>\nde Ensayo 1995\u0092por su obra<br \/>\nLas reglas del caos.<br \/>\nEdiciones Orates y Virus<br \/>\npublicaron en 1992 sus guiones<br \/>\ntelevisivos de &#8220;Los electroduendes&#8221;<br \/>\n(1984-1988) bajo<br \/>\nel t\u00edtulo \u00a1Viva el mal!, \u00a1Viva el<br \/>\ncapital!<br \/>\nI r a q : un cuento<br \/>\npara ni\u00f1os<br \/>\nSantiago Alba Rico<br \/>\nSe mira siempre desde lejos y desde arriba, impunemente,<br \/>\ny as\u00ed se cree uno a cubierto de todo contagio y de toda responsabilidad<br \/>\npenal. C\u00e1mara o pistola \u0097que t\u00e9cnica, gesto<br \/>\ny lenguaje tanto emparentan\u0097, la v\u00edctima lo es sobre todo<br \/>\nde la distancia infinita entre las dos fuerzas as\u00ed enfrentadas:<br \/>\nla v\u00edctima se deja apalear, desnudar, manipular, pero<br \/>\nse &#8216;deja&#8217; tambi\u00e9n mirar. Una de las peculiaridades sin duda<br \/>\nde nuestro tiempo es \u00e9sta en virtud de la cual los mismos<br \/>\nque protestamos contra todas las otras desigualdades aceptamos<br \/>\ncomo natural la desigualdad de la mirada, que la<br \/>\ntecnolog\u00eda al mismo tiempo ha globalizado y normalizado.<br \/>\nUnos matan y otros son matados; unos miran y otros son<br \/>\nmirados.<br \/>\n26 de febrero de 2002<br \/>\nI r a q : un cuento para ni\u00f1os<br \/>\nSantiago Alba Rico<br \/>\nSalvo entre enamorados, la mirada siempre establece un r\u00e9gimen de desigualdad que<br \/>\ndeber\u00eda ser equilibrado por alg\u00fan castigo. Se mira siempre desde lejos y desde arriba,<br \/>\nimpunemente, y as\u00ed se cree uno a cubierto de todo contagio y de toda responsabilidad<br \/>\npenal. C\u00e1mara o pistola \u0097que t\u00e9cnica, gesto y lenguaje tanto emparentan\u0097, la v\u00edctima lo<br \/>\nes sobre todo de la distancia infinita entre las dos fuerzas as\u00ed enfrentadas: la v\u00edctima se<br \/>\ndeja apalear, desnudar, manipular, pero se \u0091deja\u0092 tambi\u00e9n mirar. Una de las peculiaridades<br \/>\nsin duda de nuestro tiempo es \u00e9sta en virtud de la cual los mismos que protestamos<br \/>\ncontra todas las otras desigualdades aceptamos como natural la desigualdad de la mirada,<br \/>\nque la tecnolog\u00eda al mismo tiempo ha globalizado y normalizado. Unos matan y otros<br \/>\nson matados; unos miran y otros son mirados.<br \/>\nA Bea, que hab\u00eda mirado ya las cosas que luego yo anotaba<br \/>\nLA terrible tenaza que ha matado a 1.600.000 iraqu\u00edes en la \u00faltima d\u00e9cada (la mitad de ellos ni\u00f1os)<br \/>\nlibera sin querer briznas de poes\u00eda. En Bagdad, las noches claras, se puede contemplar el cielo estrellado<br \/>\nporque abajo, en las calles, hay pocas luces encendidas. En Bagdad se puede o\u00edr limpiamente la<br \/>\nllamada del almu\u00e9dano y el reclamo del vendedor de naranjas y hasta el murmullo manso del Tigris<br \/>\nporque hay muy pocos coches circulando por sus avenidas. En Bagdad las paredes exponen a la vista la edad<br \/>\nde los colores y la altura y rango de los edificios (piedra, hierro, ladrillo) porque no hay vallas publicitarias<br \/>\nque amordacen los muros con su incendio chill\u00f3n de felicidad helada. No es, en cualquier caso, la falta de<br \/>\nluces ni la de coches ni la de anuncios la que se impone inmediatamente a la atenci\u00f3n sino la presencia natural,<br \/>\nolvidada, del cielo, el silencio y la materia; y es necesaria una reflexi\u00f3n \u0097como quien se sacude el sue\u00f1o<br \/>\nde un testarazo\u0097 para recordar de qu\u00e9 cat\u00e1strofe injuriosa proceden estas maravillas.<br \/>\nPero hay otras ausencias que, al contrario, duelen como un orzuelo y se\u00f1alan como un dedo. Se ven, por<br \/>\nejemplo, muy pocos ni\u00f1os y muy pocas mujeres por las calles de Bagdad. Es curioso lo que ocurre con los<br \/>\nni\u00f1os; hasta qu\u00e9 punto la sensibilidad reconoce a tientas su superioridad manifiesta, incluso al precio parad\u00f3jico<br \/>\nde sacrificarlos \u0097o descuidarlos\u0097 por eso. La imagen de un basurero, \u00bfno es mucho m\u00e1s triste que la<br \/>\nde un ni\u00f1o buscando en un basurero? \u00bfNo es \u00e9sta una extra\u00f1a forma de rendirles homenaje? \u00bfNo induce a la<br \/>\ntentaci\u00f3n de abandonarlos a su suerte, tan perfectos nos parecen en todas las circunstancias? All\u00ed donde no<br \/>\nhay luces nos ilumina el cielo, que estaba primero. Si retiramos los coches, aunque sea a manotazos, recuperamos<br \/>\nel silencio, que es lo que hab\u00eda antes. Pero si retiramos a los ni\u00f1os, lo que queda precisamente son las<br \/>\nhuellas de los manotazos que los han hecho desaparecer despu\u00e9s. Porque no hay ni\u00f1os, en ausencia de ni\u00f1os,<br \/>\npaseando por la calle Al-Rachid o Al-Mutanabi, el ojo repara precisamente en la basura acumulada en el suelo<br \/>\nque el gobierno s\u00f3lo puede recoger una vez a la semana por falta de veh\u00edculos; y repara en los costurones de<br \/>\nlas casas que no se pueden pintar de nuevo; y repara en los comercios vac\u00edos, en los que muy pocos iraqu\u00edes<br \/>\npueden abastecerse; y repara en las bell\u00edsimas tiendas de Al-Mustansiriya, otrora hormigueantes de turistas,<br \/>\nen las que se exhiben, junto a viejos bibelots en serie sumergidos en el tiempo, las joyas del ajuar matrimonial<br \/>\nque las mujeres han tenido que vender para mantener a sus familias. La ausencia de electricidad, tr\u00e1fico<br \/>\ny comercio libera el cielo, el silencio y la materia; la ausencia de ni\u00f1os revela precisamente la falta de electricidad,<br \/>\ntr\u00e1fico y comercio y la revela como la marca de un zarpazo silencioso que hubiese sacudido la ciudad.<br \/>\nCSCAweb 2<br \/>\nLos ni\u00f1os hay que buscarlos en otra parte. Hay que buscarlos, por ejemplo, junto a los hombres, al lado de<br \/>\nsus padres, atareados a esas horas en sus inquietas apreturas. Muchos ni\u00f1os iraqu\u00edes, en efecto, juegan muy<br \/>\nseriamente a ese juego que los mayores luego proseguimos en una penosa y a menudo ignominiosa imitaci\u00f3n:<br \/>\nel trabajo. En los tristes restaurantes de la calle Abu Nuwas algunos ni\u00f1os llevan la sopa y los encurtidos al<br \/>\ncomensal solitario o aventan las brasas de la parrilla encendida; hay ni\u00f1os en los caf\u00e9s recogiendo las c\u00e1scaras<br \/>\ndel t\u00e9 de encima de las mesas; y en el mercado de Al-Kadhimain se ve pasar a ni\u00f1os que tiran, como de<br \/>\nun cami\u00f3n de juguete, de esos estanques con ruedas en los que, sobre un fondo de agua, boquean las famosas<br \/>\ncarpas del Tigris (vendidas a precio de \u00e1mbar: 2.000 dinares el kilo, la mitad del sueldo de un profesor universitario).<br \/>\nHay ni\u00f1os tambi\u00e9n en el campo, en los talleres, en las tiendas. Durante la \u00faltima d\u00e9cada y a causa<br \/>\ndel embargo, un mill\u00f3n de ni\u00f1os de entre doce y quince a\u00f1os, en su mayor\u00eda varones, ha tenido que abandonar<br \/>\nla escuela para redondear con sus dos manos la econom\u00eda familiar. Pero no hay aqu\u00ed, como en Indonesia<br \/>\no Egipto \u0097por citar s\u00f3lo dos casos\u0097, ni explotaci\u00f3n a gran escala (ni\u00f1itos dej\u00e1ndose los ojos en los nudos<br \/>\nde una alfombra o fabricando zapatillas de lujo a ritmo de galera) ni tampoco mendicidad: por contraste con<br \/>\nnuestros propios ni\u00f1os, tan obscenamente pedig\u00fce\u00f1os, los ni\u00f1os iraqu\u00edes saben esperar y saben tambi\u00e9n dar<br \/>\nlas gracias; est\u00e1n lo bastante bien educados como para saber que, por muy duras que sean las circunstancias,<br \/>\nno se debe pedir mientras se tenga al menos un pedazo de pan que llevarse a la boca (y que si se pide otra<br \/>\ncosa m\u00e1s importante \u0097una pelota o una pistola de pl\u00e1stico\u0097 hay que hacerlo sin tirar de la manga, con picard\u00eda,<br \/>\ncon dignidad y con gracia).<br \/>\nPero hay ni\u00f1os, naturalmente, en las escuelas. Bombardeadas o da\u00f1adas en 1991 (hasta 3.800), muchas de<br \/>\nellas todav\u00eda hoy con los cristales rotos, desprovistas de l\u00e1pices, de libros, de canchas de juego, con los bancos<br \/>\npelados y los maestros en ayunas, en ellas se sorprende a los ni\u00f1os como corresponde a su estirpe, enredados,<br \/>\nincontables, en manadas, reunidos por fin, aunque s\u00f3lo sea por la triste obligaci\u00f3n de aprender la tabla<br \/>\nde multiplicar. Decir \u0093ni\u00f1o\u0094 es como decir \u0093trigo\u0094: el \u0093g\u00e9nero\u0094 de una sustancia m\u00faltiple que parece multiplicarse<br \/>\nante nuestros ojos. Se puede decir un \u0093ni\u00f1o\u0094 como se puede decir un \u0093grano\u0094, met\u00e1fora banal para<br \/>\nexpresar hasta qu\u00e9 punto una cosa peque\u00f1a puede ser valiosa. Pero as\u00ed como el trigo nos lo representamos<br \/>\nchorreando de un saco \u0097un tesoro de granos o una estampida de espigas\u0097, a los ni\u00f1os nos los representamos<br \/>\nsiempre en racimos o a pu\u00f1ados, como los d\u00e1tiles y como las canicas, una muchedumbre de vidas sueltas<br \/>\ny duras naturalmente inclinadas a amontonarse o, como dec\u00eda el poeta Caeiro de un reba\u00f1o, \u0093mucha cosa<br \/>\nfeliz al mismo tiempo desparramada por toda la ladera\u0094. Hace falta aislar a los ni\u00f1os, contemplarlos uno a<br \/>\nuno, para que la infancia nos parezca fr\u00e1gil, sospechosa o tr\u00e1gica. En la escuela primaria An-Nazaha, en el<br \/>\nbarrio de Zahra de Basora, los cuarenta ni\u00f1os de Tercero a cargo de la maestra Sindis parecen intimidados por<br \/>\nla presencia de los extranjeros: se levantan, saludan con escansi\u00f3n aprendida, fila tras fila (\u0091alaikum a-salam<br \/>\nwa rahmat-allah wa barakatu), sobre todo ni\u00f1as, escurridas y vivas, unas con velo y otras sin \u00e9l, y dan las<br \/>\ngracias por los l\u00e1pices con circunspecta timidez. Pero es \u0097claro\u0097 una comedia; el ancestral y fingido homenaje<br \/>\na la autoridad de los mayores. A la mirada le basta saltar al azar entre las caras para sorprender en ellas<br \/>\nuna sombra ya de coqueter\u00eda bajo los ojos, un asomo de burla en los labios, como un mensaje clandestino de<br \/>\nsu verdadera, bulliciosa naturaleza, y sobre todo una gran ansiedad \u0097apenas un temblor bajo este disciplinado<br \/>\napocamiento\u0097 por expresar y prolongar la inconmensurable alegr\u00eda de que hayamos venido a interrumpir<br \/>\nla clase de geograf\u00eda. Y as\u00ed se explica la desproporci\u00f3n entre el gesto imperceptible de la maestra y las consecuencias<br \/>\nque provoca: con un dedo, despu\u00e9s de todo, se puede dinamitar una casa e iluminar una catedral.<br \/>\nEl mismo gesto, en todas las aulas, produce el mismo efecto al mismo tiempo; una especie de explosi\u00f3n, una<br \/>\nonda expansiva que lo derriba todo, y de pronto el patio rectangular, bajo el cielo plomizo, bulle de felicidad<br \/>\nal aire libre. Cientos de ni\u00f1as entre seis y diez a\u00f1os se atropellan, saltan, levantan la tijera de la victoria en la<br \/>\npunta de los dedos, gritan salvajemente alrededor de un gran cromo. \u00bfQu\u00e9 gritan? \u00bfQu\u00e9 representa este<br \/>\ncromo? Tambi\u00e9n podemos fijarnos en eso. Repiten una y otra vez, con la energ\u00eda de un torrente, con la alegr\u00eda<br \/>\nde un potro liberado de sus cinchas \u0097con una pasi\u00f3n silvestre y hermosa\u0097 una consigna rimada en la<br \/>\nque ofrecen su sangre y su alma a Sadam Husein (bi-ruh bi-dam nadik ya sadam). El cromo, por supuesto,<br \/>\nrepresenta al Qaid (al Caudillo). Pero si nos fijamos en eso, que sea a condici\u00f3n de fijarnos bien. \u00bfNos escan-<br \/>\nIraq: un cuento para ni\u00f1os Santiago Alba Rico<br \/>\nCSCAweb 3<br \/>\ndalizaremos nosotros de la explotaci\u00f3n que se hace de la felicidad de los ni\u00f1os? El hombre de Bollicao o de<br \/>\nTulip\u00e1n, descendiendo de su helic\u00f3ptero en un colegio de Madrid, o el patrocinador de Danone que reparte<br \/>\ncromos de Pokemon en un jard\u00edn de infancia de Roma, produce la misma revoluci\u00f3n; y a todos nos conmueve<br \/>\nque nuestros ni\u00f1os griten el eslogan y exhiban las calcoman\u00edas de una multinacional rapaz y trapacera.<br \/>\nComo nos conmueven los ni\u00f1os americanos que, despu\u00e9s del 11 de septiembre, agitan sus banderitas, cantan<br \/>\nel himno nacional y ruegan a Dios antes de clase que conceda salud al presidente. La alegr\u00eda es la misma y<br \/>\nnada tiene que ver con su excipiente; es tan pura que puede destripar ranas sin llegar jam\u00e1s a degradarse. Con<br \/>\nuna diferencia: la que hay \u0097objetiva\u0097 entre comer bollicaos y margarina y recibir bombas y respirar uranio<br \/>\nempobrecido.<br \/>\nMe conmovi\u00f3 mucho \u0097lo confieso\u0097, me puso muy contento ver a estos ni\u00f1os, felices de saltarse la geograf\u00eda,<br \/>\ngritando consignas sacrificiales en el patio de la escuela de An-Nazaha. Los ni\u00f1os tienen b\u00e1sicamente<br \/>\ndos derechos inalienables: repetir y juntarse para hacer ruido (preferiblemente al aire libre). Repetir lo que<br \/>\nsea, el mismo cuento, el mismo postre, el mismo gesto. Y gritar tambi\u00e9n lo que sea, en tropel y bajo el sol,<br \/>\nincluso una estupidez o un sinsentido. Por eso los ni\u00f1os se prestan tan bien a los trabajos m\u00e1s duros y responden<br \/>\ntan f\u00e1cilmente a la propaganda. Pero nada de esto es demasiado terrible. Lo verdaderamente terrible<br \/>\nen las escuelas iraqu\u00edes no es ni la geograf\u00eda ni la exaltaci\u00f3n del Caudillo; lo verdaderamente terrible es esa<br \/>\nfuerza invisible y calculada, activada desde un remoto edificio de Nueva York mediante un mando a distancia,<br \/>\nque todas las semanas atraviesa las aulas y deja un banco vac\u00edo entre dos ni\u00f1os tal vez ya mordidos por<br \/>\nel c\u00e1ncer. All\u00ed se sentaba Samir y all\u00ed Salua. Ahora hay que ir a buscarlos a otra parte.<br \/>\nMucho m\u00e1s triste que el hecho de que la enfermedad mate es el hecho de que la enfermedad separe.<br \/>\n\u0093Ni\u00f1o\u0094, lo hemos dicho, no se puede declinar en singular; no se puede aprehender por unidades, salvo antes<br \/>\nde perderlas. Por eso no podemos prescindir de la escuela por mucho que acudamos a ella a rastras y a rega\u00f1adientes;<br \/>\ntodos los ni\u00f1os del mundo lo saben: es mejor ser reprimido en grupo que mimado a solas. Eso es<br \/>\nprecisamente lo que tiene de angustioso y obsceno un ni\u00f1o mimado: que todas sus ventajas proceden de su<br \/>\naislamiento; que \u0097en definitiva\u0097 est\u00e1 solo. En este sentido, lo contrario de una escuela es justamente un hospital.<br \/>\nA los ni\u00f1os iraqu\u00edes, por desgracia, hay que buscarlos tambi\u00e9n en los hospitales, donde la mirada los<br \/>\nasiste y compadece \u0097y la muerte los prende\u0097 uno por uno. Los bombardeos y el embargo se cobran cotidianamente,<br \/>\ndesde hace once a\u00f1os, una mon\u00f3tona cosecha de injurioso dolor: trescientos ni\u00f1os menores de<br \/>\ncinco a\u00f1os mueren todos los d\u00edas como consecuencia de enfermedades que podr\u00edan curarse; el n\u00famero de malformaciones<br \/>\nha aumentado un 150%; el de c\u00e1nceres virulentos en edades tempranas en un 450%. La malnutrici\u00f3n,<br \/>\nel tifus, la difteria, incluso el c\u00f3lera \u0097males desconocidos en Iraq hace una d\u00e9cada\u0097 tronchan estas<br \/>\nespigas que en Francia o en Espa\u00f1a se balancear\u00edan erguidas bajo el sol. La falta de los medios m\u00e1s elementales,<br \/>\ncuya entrada en el pa\u00eds est\u00e1 vetada por la criminal colusi\u00f3n anglo-americana, convierte a los m\u00e9dicos<br \/>\nen heroicos y angustiados impostores y los hospitales en cantones de desahuciados y dispensarios de buenas<br \/>\nintenciones.<br \/>\nSalvo entre enamorados, la mirada siempre establece un r\u00e9gimen de desigualdad que deber\u00eda ser equilibrado<br \/>\npor alg\u00fan castigo. Se mira siempre desde lejos y desde arriba, impunemente, y as\u00ed se cree uno a cubierto<br \/>\nde todo contagio y de toda responsabilidad penal. C\u00e1mara o pistola \u0097que t\u00e9cnica, gesto y lenguaje tanto<br \/>\nemparentan\u0097, la v\u00edctima lo es sobre todo de la distancia infinita entre las dos fuerzas as\u00ed enfrentadas: la v\u00edctima<br \/>\nse deja apalear, desnudar, manipular, pero se deja tambi\u00e9n mirar. Una de las peculiaridades sin duda de<br \/>\nnuestro tiempo es \u00e9sta en virtud de la cual los mismos que protestamos contra todas las otras desigualdades<br \/>\naceptamos como natural la desigualdad de la mirada, que la tecnolog\u00eda al mismo tiempo ha globalizado y normalizado.<br \/>\nUnos matan y otros son matados; unos miran y otros son mirados. El que ve la televisi\u00f3n, \u00bfnunca<br \/>\nser\u00e1 castigado? \u00bfNunca nos moriremos de mirar lo que no deber\u00eda haber pasado? Los viejos mitos y los viejos<br \/>\ncuentos, que castigan a los \u0093mirones\u0094 no menos que a los \u0093matones\u0094, nos recuerdan una visi\u00f3n m\u00e1s antigua<br \/>\ny m\u00e1s cuidadosamente humana: el \u0093curioso\u0094 que descorre el cerrojo, enciende la luz o entreabre la corti-<br \/>\nIraq: un cuento para ni\u00f1os Santiago Alba Rico<br \/>\nCSCAweb 4<br \/>\nna arriesga su propia alma o su propia vida: Acte\u00f3n, la mujer de Lot, Psiqu\u00e9, Melusina, la esposa de Barba<br \/>\nAzul. Y lo hace asumiendo la posibilidad de ese contagio visual que la antropolog\u00eda llama tambi\u00e9n \u0093magia<br \/>\nsimp\u00e1tica\u0094: \u0093Me has mirado como a un animal y te convertir\u00e1s en animal; me has mirado como a una cosa y<br \/>\nte convertir\u00e1s en cosa\u0094&#8230; Los ni\u00f1os enfermos de leucemia del Hospital Central de Bagdad y del Hospital<br \/>\nPedi\u00e1trico de Basora, v\u00edctimas del control remoto imperialista, se dejan mirar. Son cosas. Cositas bien extra\u00f1as.<br \/>\nPorque menos que perturbarnos que nuestra mirada los cosifique, lo que nos horroriza es que estas cosas<br \/>\nnos miren. Cuando el cuerpo, en efecto, ha sido reba\u00f1ado hasta los huesos, cuando las fuerzas escurridas no<br \/>\nson capaces de sostener ya la cabeza ni de abrir los labios, en medio de las ruinas, los ojos se mantienen todav\u00eda<br \/>\nencendidos. Son ellos los que piden agua, una caricia, una explicaci\u00f3n; y si miran asustados (tanto que da<br \/>\nmiedo) no es porque sepan que las estad\u00edsticas declaran que no hay para su mal posible curaci\u00f3n; lo que les<br \/>\nasusta \u0097como algo para ellos m\u00e1s terrible que la muerte, como si fu\u00e9ramos a re\u00edrnos de sus orejas o a mentar<br \/>\nel nombre de su madre\u0097 lo que les asusta es que todos esos extra\u00f1os que han entrado atropelladamente<br \/>\nen su habitaci\u00f3n les est\u00e1n mirando.<br \/>\nHe mirado a Hamid, 6 a\u00f1os, con la cara podrida de tumores y al que el roce m\u00e1s liviano arranca un gemido<br \/>\nde dolor (\u00a1ay cuando ya ni siquiera se soporta el peso de una mano!). He mirado a Nur, t\u00edmidamente atada<br \/>\na su suero como una cabrita a una estaca. He mirado a Hoda, de dos a\u00f1os, que lleva la mitad de su vida en el<br \/>\nhospital. De otra que tambi\u00e9n he mirado me gustar\u00eda decir el nombre, pero no puedo. Es una ni\u00f1a rubia, flaquita,<br \/>\nguap\u00edsima, que a\u00fan tiene la in\u00fatil coqueter\u00eda de lucir una coleta en la cabeza y la esperanza de sobrevivir<br \/>\na su mu\u00f1eca; y a cuyo rostro un diente mal crecido confiere una gracia inmortal que ninguna enfermedad<br \/>\npuede amenazar. Le pregunto el nombre y ella esconde la cara y sonr\u00ede \u0097o casi\u0097 con invencible pudor.<br \/>\nQuiero saber su nombre para dejarlo encerrado en estas p\u00e1ginas, como un sobre vac\u00edo o una c\u00e1scara de nuez,<br \/>\nporque desde hace tiempo vengo creyendo en la superstici\u00f3n de los nombres y en su dureza de diamante; y<br \/>\nporque, como el Cr\u00e1tilo de Plat\u00f3n, me parece mientras la miro que una ni\u00f1a as\u00ed s\u00f3lo puede llamarse Zainab<br \/>\no Amal. Insisto, pues, y la ni\u00f1a entra de nuevo en su sonrisa, como en un caparaz\u00f3n. La madre, a su lado, una<br \/>\nmujer grande y digna que se ha hinchado de orgullo oyendo mis piropos, le pide con cari\u00f1o que conteste. No<br \/>\nhay nada que hacer. Le pregunto por su mu\u00f1eca y por sus hermanos, le hablo de Espa\u00f1a y luego vuelvo a la<br \/>\ncarga. \u00bfShu ismik? (\u00bfC\u00f3mo te llamas?). Pero Zainab o Amal, o como quiera que se llame, sonr\u00ede y no dice<br \/>\nnada. M\u00e1s que su obstinaci\u00f3n, fruto de una timidez dulc\u00edsima que, asalto tras asalto, acaba por convertirse en<br \/>\nuna decisi\u00f3n, me sorprende la de su madre: una, dos, tres veces le pido que sea ella quien me desvele el secreto<br \/>\ny una, dos, tres veces, se inclina ella para presionar con zalamas a su hija. Cuando el forcejeo amenaza con<br \/>\nvolverse cruel, desisto: de pronto intuyo que la resistencia de la madre obedece a una superstici\u00f3n de signo<br \/>\ninverso e id\u00e9ntico a la m\u00eda, una superstici\u00f3n que puede rastrearse en todos los pueblos de la tierra y en la que<br \/>\ntodos por igual, pobres y ricos, buenos y malos, buscamos in\u00fatilmente protecci\u00f3n: decir el nombre de su hija,<br \/>\nestando ella presente, enferma pero todav\u00eda viva, ser\u00eda tratarla ya como si estuviese muerta. Nombrar, s\u00ed, un<br \/>\nsobre vac\u00edo o una c\u00e1scara de nuez.<br \/>\nY he mirado tambi\u00e9n a Ali, a Ali Hamid, comido por las met\u00e1stasis en una cama de Basora, al que quiz\u00e1s<br \/>\nen estos momentos ya nadie puede mirar. La madre, que comprende al vuelo el r\u00e9gimen de desigualdad de la<br \/>\nmirada, se apresura a sacar conclusiones desproporcionadas (o proporcionadas tan s\u00f3lo a su amor y su esperanza).<br \/>\nSi podemos mirar, \u00bfpodemos quiz\u00e1s tambi\u00e9n&#8230;? Sin una l\u00e1grima ni una trampa, soportando su protagonismo<br \/>\ncomo una carga tal vez provechosa, nos pide serenamente en \u00e1rabe que nos llevemos a su hijo a<br \/>\nMadrid, donde no falta de nada, y se lo devolvamos curado. El m\u00e9dico la deja hablar y luego pasa al ingl\u00e9s<br \/>\npara mostrarse rotundo: nos pide por favor que no alimentemos falsas ilusiones; Ali Hamid \u0097cuyos ojos nos<br \/>\nmiran muy fijos, muy brillantes, desde el fondo de una caverna en la que nadie puede entrar\u0097 est\u00e1 desahuciado,<br \/>\nel c\u00e1ncer ha ocupado todos los rincones de su cuerpo, est\u00e1 viviendo quiz\u00e1s sus \u00faltimas semanas. La<br \/>\nsuperioridad de la mirada recibe al menos este escarmiento: es castigada a seguir mirando lo que no puede<br \/>\ncambiar.<br \/>\nIraq: un cuento para ni\u00f1os Santiago Alba Rico<br \/>\nCSCAweb 5<br \/>\nLos ni\u00f1os de los hospitales infantiles de Bagdad y Basora se dejan mirar y confieso que los he mirado; y<br \/>\n\u0097como sigo creyendo en los viejos mitos y leyendas\u0097 a\u00fan no estoy seguro de que no me haya pasado, de<br \/>\nque no me vaya a pasar nada. Los he mirado y no puedo hacer otra cosa que decir que los he mirado; y quiero<br \/>\nque se sepa que si me pasa algo, si me quedo ciego, si se me paralizan las piernas o me convierto de pronto<br \/>\nen un extra\u00f1o \u0097un ciervo, como Acte\u00f3n, o un anciano hura\u00f1o\u0097 ser\u00e1 por haberlos mirado.<br \/>\nHay tambi\u00e9n ni\u00f1os a los que, por mucho que se los busque, ya no se los encuentra en ninguna parte: porque<br \/>\nest\u00e1n muertos. De ellos s\u00f3lo queda ese siniestro vestigio, mitad r\u00e9plica, mitad metonimia, que conserva<br \/>\nante los ojos, pr\u00f3ximo lo lejano, presente lo irremediablemente perdido: la fotograf\u00eda. Hemos visto muchas<br \/>\nfotograf\u00edas de ni\u00f1os muertos, hasta cuatrocientas, en el barrio de Al-Amiriya, en una de esas incontables<br \/>\n\u0093zonas cero\u0094 que los EEUU han ido sembrando, a\u00f1o tras a\u00f1o, por todo el planeta. All\u00ed, en un refugio antinuclear,<br \/>\ncuatrocientos treinta ni\u00f1os, mujeres y viejos, se cre\u00edan protegidos el 13 de febrero de 1991 de los masivos<br \/>\nbombardeos americanos. A las cuatro de la ma\u00f1ana un misil atraves\u00f3 el punto m\u00e1s d\u00e9bil de la construcci\u00f3n<br \/>\n\u0097la salida de humos\u0097 y estall\u00f3 en su interior; s\u00f3lo catorce personas consiguieron abandonarla antes de<br \/>\nque las puertas, de cinco toneladas cada una, se cerraran autom\u00e1ticamente, como sobre los condenados en el<br \/>\nInfierno. Cuatro minutos m\u00e1s tarde, un segundo misil enhebr\u00f3 limpiamente el orificio en el techo y concluy\u00f3<br \/>\nla tarea: el suelo se desplom\u00f3 sobre el piso inferior y la temperatura ascendi\u00f3 a cuatrocientos grados. En cinco<br \/>\nminutos, cuatrocientas diecis\u00e9is personas murieron en esta gigantesca olla a presi\u00f3n: en las paredes pueden<br \/>\nverse todav\u00eda hoy los ojos de los ni\u00f1os derretidos, as\u00ed como retales de piel fundidos en la piedra. El refugio<br \/>\nde Al-Amiriya es uno de esos sitios que hay que visitar personalmente, un lugar \u0097en su sentido m\u00e1s estricto\u0097<br \/>\nreligioso; es decir, un lugar donde ha pasado algo, donde ha pasado algo tan esencial para la humanidad<br \/>\nque se ha vuelto antiguo desde el principio. Es un lugar mucho m\u00e1s viejo que Babilonia o las Pir\u00e1mides; tan<br \/>\nterrible que es anterior al Hombre. Ninguna c\u00e1mara puede registrar esto; la imagen t\u00e9cnica integra todas las<br \/>\nvisiones en un umbral \u0093convencional\u0094 de experiencia, por muy amplio que se quiera y por mucho que se<br \/>\npueda maniobrar en \u00e9l: por eso el v\u00eddeo \u0093engrandece\u0094 las cosas peque\u00f1as y empeque\u00f1ece, en cambio, lo que<br \/>\nno se puede medir. Las confiere un formato tranquilizador de monumentalidad o de espect\u00e1culo. Aqu\u00ed no hay<br \/>\nni una cosa ni otra. Los iraqu\u00edes han mantenido intocado el refugio como un museo del horror, han mimado<br \/>\nsu espanto como un centro de propaganda antiimperialista; pero ni siquiera esta teatralidad mitiga su energ\u00eda<br \/>\nantigua, monstruosa y obscena. Cuando se traspasa la puerta finlandesa de cinco mil quilos, se hace el silencio,<br \/>\nuno se deshace en el silencio. Arrojad todas las playas del mundo en el oc\u00e9ano y la arena desaparecer\u00e1<br \/>\nen el agua; meted una orquesta de cien m\u00fasicos en el refugio de Al-Amiriya; meted tambores, campanas, cascabeles,<br \/>\ntimbales; y este silencio radical se tragar\u00e1 todo el estr\u00e9pito y toda la bullanga. El silencio se ve agravado,<br \/>\nahuecado, por las decenas, por los centenares de fotograf\u00edas \u0097ni\u00f1os licuados en esa madrugada tremenda\u0097<br \/>\ncolgadas de las paredes ennegrecidas, junto a ramos de flores mustias e improvisadas leyendas de<br \/>\nsolidaridad o protesta. Los americanos que visitan la \u0093zona cero\u0094 de Mahattan deber\u00edan visitar tambi\u00e9n la<br \/>\n\u0093zona cero\u0094 de Al-Amiriya; los americanos que se conmueven noblemente leyendo las \u00faltimas palabras de las<br \/>\nv\u00edctimas del 11 de septiembre o los tr\u00e1gicos mensajes de sus parientes, deber\u00edan leer tambi\u00e9n la carta en \u00e1rabe,<br \/>\npegada al muro, de un padre iraqu\u00ed que se acost\u00f3 el 12 de febrero seguro de que al menos a sus hijos no les<br \/>\niba a pasar nada: \u0093Mis cuatro ni\u00f1os: no sab\u00eda que la mano de la muerte iba a arrebataros esa noche en un instante&#8230;<br \/>\nO\u00ed el ruido de sus aviones y el fragor de sus misiles y mi \u00fanico pensamiento y el \u00fanico pensamiento<br \/>\nde vuestra madre era que estabais dentro&#8230; y tuvimos mucho miedo. Trat\u00e9 en vano de abrir la puerta del refugio,<br \/>\npero quedasteis dentro como el p\u00e1jaro masacrado&#8230; Hussein, Shima, Mohamed, Mustafa&#8230; mis entra\u00f1as&#8230;<br \/>\nEspero que hay\u00e1is encontrado justicia. Porque la vida no tiene sabor para m\u00ed sin vosotros. Vuestra madre os<br \/>\nllama constantemente y vuestra hermana se ha quedado sola para siempre. Vuestra habitaci\u00f3n, vuestros juguetes,<br \/>\nvuestros muebles siguen en su sitio y nuestras l\u00e1grimas no se secar\u00e1n hasta que volvamos a encontraros.<br \/>\nHussein, Shima, Mohamed, Mustafa&#8230;\u0094. Llam\u00e9moslos John, Margaret, Alfred y Paul y se nos romper\u00e1 el coraz\u00f3n.<br \/>\n\u0095 \u0095 \u0095<br \/>\nIraq: un cuento para ni\u00f1os Santiago Alba Rico<br \/>\nCSCAweb 6<br \/>\nPero \u0097dec\u00edamos\u0097 no s\u00f3lo los ni\u00f1os; tambi\u00e9n se ven muy pocas mujeres en las calles de Bagdad. En un<br \/>\npa\u00eds que en 1986 ten\u00eda los m\u00e1s altos \u00edndices del mundo \u00e1rabe de participaci\u00f3n femenina en la vida pol\u00edtica,<br \/>\nen el que ellas aportaban la mitad de la fuerza productiva, en el que hay divorcio y planificaci\u00f3n familiar, el<br \/>\nembargo ha devuelto a miles de mujeres a sus casas. Las ha devuelto tambi\u00e9n a las mezquitas. Vemos a cientos<br \/>\nde ellas, cubiertas con sus abbaias negras, en el patio que circunda la bell\u00edsima mezquita del Kadhimain,<br \/>\nuno de los lugares santos del chi\u00edsmo en Iraq. \u00bfSer\u00e1 que las dificultades de la guerra y el bloqueo \u0097y su consecuente<br \/>\nsufrimiento\u0097 han empujado a las mujeres a buscar refugio en Dios? \u00bfSe han vuelto m\u00edsticas a fuerza<br \/>\nde no poder ir al taller ni al parlamento ni al mercado ni al cine? \u00bfO es que encuentran un vestigio de todos<br \/>\nestos sitios, algo de todas estas cosas, en la pr\u00e1ctica de su religi\u00f3n? Basta un vistazo a la vast\u00edsima explanada<br \/>\npululante de gente, reunida en indolentes grupos sentados bajo el sol \u0097como grumos de vida espesados al<br \/>\nazar o matorrales crecidos en desorden\u0097 para medir toda la potencia socializadora del Islam, bajo cuyo<br \/>\nmanto lo profano y lo santo se alimentan rec\u00edprocamente y se funden sin discontinuidad. Estas mujeres de<br \/>\naspecto luctuoso, estas grandes matronas aparentemente severas, inseparables en el imaginario occidental de<br \/>\nuna religi\u00f3n de grilletes y tinieblas, est\u00e1n fumando como camioneros. Una inesperada combinaci\u00f3n de picnic,<br \/>\nasamblea y sal\u00f3n de te preside toda la atm\u00f3sfera. Algunas mujeres calientan sus viandas o hacen hervir<br \/>\nel agua en peque\u00f1os hornillos de gas; los vendedores de cigarrillos y de galletas circulan entre los fieles; a lo<br \/>\nlargo del recinto, al fondo de un escal\u00f3n corrido, se abren las puertas de las celdas donde pasan la noche los<br \/>\nperegrinos. Al contrario que en el refugio de Al-Amiriya, el silencio aqu\u00ed viene de arriba, es a\u00e9reo, sopla entre<br \/>\nlos cuerpos, un crucigrama de gestos sueltos y voces relajadas. Es \u00e9ste un extra\u00f1o, feliz d\u00eda de campo a la<br \/>\nsombra de los cuatro esbeltos, alt\u00edsimos minaretes \u0097oro y verde\u0097 de la mezquita y de las dos c\u00fapulas doradas,<br \/>\nen forma de gota, del mausoleo. Dios proporciona a estas mujeres algo mucho m\u00e1s importante que consuelo<br \/>\nespiritual para sus penas presentes y apoyo moral para las venideras: les proporciona un espacio donde<br \/>\nno estar solas, donde enredarse en una superficie com\u00fan, donde intercambiarse historias y devolver consejos;<br \/>\ndonde tejer, en fin, ese fondo de realismo que permite soportar todos los delirios y todos los absurdos de este<br \/>\nmundo; y desde el cual se enderezan todas las decisiones y todas las resistencias. Es f\u00e1cil aqu\u00ed mirar y entablar<br \/>\npalabra; se est\u00e1 en territorio liberado, como en los parajes de Chiapas o en las noches de Carnaval. Y si<br \/>\nnadie silba es porque \u0097ya se sabe\u0097 silbar atrae al demonio; y porque tambi\u00e9n se silba cuando se tiene miedo.<br \/>\n\u0093\u00bfMiedo?\u0094, tanto sobresalta la dignidad de estas mujeres mi pregunta que acabo por preguntarlo siempre de<br \/>\notra manera; no si \u0093temen\u0094 (anti jaifa min) un nuevo ataque estadounidense sino tan s\u00f3lo si lo \u0093esperan\u0094 (anti<br \/>\nmutawaqa\u0092a). Mohamed se revuelve, pero tambi\u00e9n Samia, una mujer que ha venido del Sur con su familia y<br \/>\nque me ofrece un raguif de pan. \u0093Hace once a\u00f1os que EEUU hace la guerra al pueblo iraqu\u00ed\u0094, dice con en\u00e9rgica<br \/>\ntranquilidad en correct\u00edsimo ingl\u00e9s mientras fuma bajo el velo negro; \u0093nada ha cambiado despu\u00e9s del 11<br \/>\nde septiembre; tampoco nuestra voluntad de resistencia\u0094. Y luego muda de nuevo a humana vieja en territorio<br \/>\nlibre y es ella la que pasa a hacer las preguntas, entre el cigarrillo y el te, curiosa e indulgente, satisfecha<br \/>\nde que en el mundo haya otros pa\u00edses (con gente buena, aunque pardilla y blanducha) y satisfecha, al mismo<br \/>\ntiempo, de estar ella en el suyo.<br \/>\n(Una vez en el exterior me vuelvo hacia la mezquita y una curiosa ceremonia llama mi atenci\u00f3n: al atravesar<br \/>\nel arco de salida, bajo el que podr\u00eda pasar c\u00f3modamente una goleta, las mujeres se detienen ante una de<br \/>\nlas gigantescas puertas abiertas, besan la superficie de madera maciza y tiran luego de una cuerda para accionar,<br \/>\npor encima de sus cabezas, el enorme aldab\u00f3n de bronce que repite, una y otra vez, su mazazo seco.<br \/>\nParad\u00f3jico rito \u00e9ste de llamar a una puerta abierta y precisamente cuando se va a salir. O quiz\u00e1s no. Porque<br \/>\nsalir de la mezquita es, desde otro punto de vista, entrar de nuevo en el mundo; y con este aldabonazo tal vez<br \/>\nlos fieles que salen del Kadhimain no quieren que se les oiga dentro sino que se les responda fuera. Est\u00e1n llamando<br \/>\na las puertas del mundo, como advertencia y en demanda de hospitalidad, para que les acoja con la<br \/>\nmisma dulzura que el Dios-campo que acaban de dejar a sus espaldas. Est\u00e1n llamando. \u0093\u00bfPor qu\u00e9 el silencio<br \/>\nde Occidente y de la Humanidad frente a la masacre permanente del pueblo de Iraq?\u0094 nos hab\u00eda preguntado,<br \/>\nbajo ese mismo arco, dos horas antes, el imponente sheij de la mezquita.)<br \/>\nIraq: un cuento para ni\u00f1os Santiago Alba Rico<br \/>\nCSCAweb 7<br \/>\nPero a las mujeres hay que ir a buscarlas tambi\u00e9n a los hospitales, al lado de sus hijos o sus nietos supliciados<br \/>\npor el embargo. Las mujeres son iguales a los hombres; las madres no; y si las mujeres dejan de tener<br \/>\nhijos, si se dejan arrebatar esta diferencia en nombre de la libertad de tener un patr\u00f3n y de ir al cine (y de<br \/>\nencerrar su vida en un solo cuerpo, valorizado y programado por los designios del mercado), renunciar\u00e1n a la<br \/>\nsuperioridad insuperable, irrebasable, sobre la que pivota la fr\u00e1gil estabilidad de nuestro mundo. En la igualdad,<br \/>\nlos hombres y las mujeres atropellar\u00e1n juntos, sin oposici\u00f3n, los \u00faltimos fundamentos; en la igualdad, no<br \/>\nhabr\u00e1 ya ninguna excelencia contra la que choque la pasi\u00f3n de destrucci\u00f3n generalizada. Aqu\u00ed, en los hospitales<br \/>\nde Iraq, la falta de cloro, de productos de limpieza, de equipos de laboratorio, de aparatos de radioterapia<br \/>\no protocolos completos de quimioterapia (productos todos prohibidos desde Nueva York), mata y tortura<br \/>\ntodos los d\u00edas, pero no puede nada contra los esquemas profundos de la supervivencia. En el departamento de<br \/>\nleucemia del Hospital Universitario Pedi\u00e1trico de Bagdad, donde ingresan dos casos nuevos todas las semanas,<br \/>\nlas madres mantienen en funcionamiento la intendencia moral del centro con sus infatigables gestos de<br \/>\nandar por casa: hacen de enfermeras, se ocupan de la limpieza, se encargan tambi\u00e9n de la alimentaci\u00f3n de los<br \/>\nenfermos. Hacen, sobre todo, de madres, que es como decir que hacen de m\u00e1stiles. La dignidad es una especie<br \/>\nde rectitud y al mismo tiempo de reposo; y nuestra imaginaci\u00f3n (alimentada por una interminable galer\u00eda<br \/>\nde cuadros, estatuas y estampas literarias) se la representa siempre sencillamente como una vertical bien<br \/>\nanclada. Est\u00e1 erguida y no se mueve. Es esto lo que impresiona en estas mujeres: algo que tiene que ver con<br \/>\nla hexis corporal o, si se prefiere, con la postura. No hay ninguna diferencia entre el sufrimiento de un ni\u00f1o<br \/>\npobre y de un ni\u00f1o rico; independientemente de sus causas, en Madrid o en Bagdad, la enfermedad pone ante<br \/>\nnuestros ojos los mismo bubones y las mismas llagas, agon\u00edas iguales e igualmente intolerables. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1,<br \/>\npues, la diferencia? \u00bfPor qu\u00e9 esta brecha, este brinco de la sensibilidad? \u00bfEs s\u00f3lo por lo que sabemos? La diferencia<br \/>\nest\u00e1 en ellas y se manifiesta, si se quiere, a un nivel casi pict\u00f3rico. Apenas se entra en la habitaci\u00f3n la<br \/>\nsacudida se percibe como una inconsecuencia en el espacio, como un error de composici\u00f3n. Las madres no<br \/>\nest\u00e1n donde deber\u00edan estar, donde nuestro recuerdo las coloca, donde se colocar\u00edan nuestras madres, en una<br \/>\nsilla y al lado del lecho, inclinadas sobre la almohada. En cada habitaci\u00f3n hay seis camas y en cada cama hay<br \/>\n\u0097no un ni\u00f1o, no\u0097 una mujer velada, sentada, erguida, grande, y cada mujer velada sostiene en su regazo a<br \/>\nun ni\u00f1o enfermo. Ellas son las camas de sus hijos. Y las camas son s\u00f3lo sus peanas. Sonidos, tactos, olores,<br \/>\ntodo se esfuma en el aire; pero lo que entra por los ojos&#8230; Esta imagen \u0097este \u00e1ngulo carnal compuesto de una<br \/>\nhorizontal vencida y una vertical inamovible, un dolor hacia arriba y otro dolor hacia abajo que lo revela y lo<br \/>\nlimita\u0097 permanece imborrable en mi memoria, como una mezcla de dolor privado y de confianza universal.<br \/>\nLa \u0093postura\u0094 de la madre multiplica el sufrimiento y equilibra al mismo tiempo el mundo en una r\u00e9plica ininterrumpida<br \/>\nen la que sufrimiento y equilibrio se citan y se reflejan al infinito. Habitaci\u00f3n tras habitaci\u00f3n se<br \/>\nrepite el mismo cuadro inm\u00f3vil: seis pasos de Semana Santa, seis tallas de la Dolorosa, el coraz\u00f3n roto y los<br \/>\nbrazos firmes, que habr\u00eda que pasear por las calles de Nueva York; seis obras maestras, treinta y seis obras<br \/>\nmaestras, setenta y dos obras maestras, que Miguel \u00c1ngel no pudo esculpir m\u00e1s que una sola vez. El sufrimiento<br \/>\nde un ni\u00f1o es un esc\u00e1ndalo; el sufrimiento de una madre nos tranquiliza. Se mira al ni\u00f1o y uno desea<br \/>\nculpablemente un castigo; se mira a la madre y uno se siente inmediatamente perdonado. No me pasar\u00e1 nada,<br \/>\nno me convertir\u00e9 en ciervo ni en anciano gru\u00f1\u00f3n ni me quedar\u00e9 paral\u00edtico de las dos piernas, como tal vez<br \/>\nmerezco: la superioridad de mi mirada se ve expiada por esta superioridad superior que tambi\u00e9n se deja mirar.<br \/>\nEnfrentarse a una mujer no es aconsejable, pero es posible; se la puede enga\u00f1ar o seducir o intimidar; a una<br \/>\nmadre no. Lo m\u00e1s duro, nos dice el doctor Mohamed Taher, pediatra del hospital, h\u00e9roe diminuto de apretada<br \/>\nbarba negra y ojos febriles que trabaja veinte horas al d\u00eda por cinco d\u00f3lares al mes, lo m\u00e1s duro es tener<br \/>\nque traicionar la confianza de las madres, que acuden al centro seguras de su pericia, y decirles que no puede<br \/>\nhacerse nada por sus hijos. Lo m\u00e1s incre\u00edble es la respuesta de las madres, a la que uno \u0097felizmente\u0097 nunca<br \/>\nllega a acostumbrarse. Sin ellas, sin las madres, no podr\u00edamos soportar su dolor.<br \/>\n\u0095 \u0095 \u0095<br \/>\nIraq: un cuento para ni\u00f1os Santiago Alba Rico<br \/>\nCSCAweb 8<br \/>\nCon las pocas cosas que caben en un pa\u00f1uelo, como demuestran los pigmeos, se puede construir una<br \/>\nsociedad humana. Por encima del umbral de la miseria, la pobreza \u0097recuerdo un t\u00edtulo de Guidieri\u0097 es una<br \/>\nabundancia o, al menos, una abastanza; por encima del umbral de la miseria, la pobreza maneja valores de<br \/>\nuso, impone solidaridades, genera instituciones. Lo original, lo espont\u00e1neo, lo inmanente es el orden, que<br \/>\ntiene que ser permanentemente destruido por una intervenci\u00f3n vigilante, irrumpiente, ininterrumpida y violenta.<br \/>\nIncluso en la aldea m\u00e1s peque\u00f1a, incluso en los campos de refugiados, incluso en esos lager 1 atroces<br \/>\nque nos describe Primo Levi \u0097en los alv\u00e9olos que escapan a la providencia del terror\u0097 cristalizan diminutas<br \/>\nconstelaciones de objetos, ret\u00edculas de relaciones que resisten el desorden de la fuerza o de la opresi\u00f3n. Es<br \/>\n\u00e9sta una tiran\u00eda elemental y un principio antropol\u00f3gico: los hombres experimentan \u0097combinan y veneran\u0097<br \/>\nlo que tienen, no lo que les falta. Quitad a un hombre, una por una, todas las cosas; quitadle todo y dejadle<br \/>\ns\u00f3lo una cuchara: con ella construir\u00e1 su casa, se beber\u00e1 su sopa, defender\u00e1 su jard\u00edn; en torno a ella se amar\u00e1n<br \/>\nlos j\u00f3venes, se forjar\u00e1n leyendas, se organizar\u00e1n doctrinas y cultos; se inventar\u00e1n tambi\u00e9n distintos \u0093estilos\u0094<br \/>\nde manejarla o de representarla. Dejadles al menos una cuchara y los hombres lo olvidar\u00e1n todo en ella.<br \/>\nTodo l\u00edmite es, al mismo tiempo, un horizonte completo de exigencias y placeres. Si, en contra del mito individualista<br \/>\ndel capitalismo, muchos m\u00e1s hombres, a lo largo de la historia, se han sentido irresistiblemente atra\u00eddos<br \/>\npor la pobreza (y no s\u00f3lo santos, m\u00edsticos, revolucionarios o aventureros) es porque la pobreza concentra<br \/>\nun doble poder ineluctable: el de obligar a establecer relaciones y el de apaciguar las ambiciones, sobre el<br \/>\nfondo de ese acontentamiento que en otro sitio he llamado \u0093la banal positividad del Neol\u00edtico\u0094. A la pobreza<br \/>\nno le falta nada. Es exactamente lo contrario de lo que ocurre con la riqueza. A partir de un cierto grado de<br \/>\nopulencia, la riqueza se llena de todas las cosas que a\u00fan no tiene, est\u00e1 pendiente tan s\u00f3lo de lo que le falta,<br \/>\ndeja atr\u00e1s las cosas, las va dejando siempre atr\u00e1s sin que el que las posee pueda jam\u00e1s unirse con ellas de ning\u00fan<br \/>\nmodo ni unirse a trav\u00e9s de ellas con ning\u00fan hombre. La riqueza es una idea o, si se prefiere, un fantasma.<br \/>\n\u00bfPor qu\u00e9 no hay nunca fantasmas en las chabolas ni en las favelas de lata? \u00bfNo ser\u00e1 que el fantasma del<br \/>\nenorme castillo en ruinas se limita a simbolizar eternamente ante nuestros ojos el espectro de la opulencia desaparecida,<br \/>\ndel fasto muerto, de la grandeza derribada? \u00bfNo ser\u00e1 el castillo mismo el fantasma? Al contrario<br \/>\nque la pobreza, que es intemporal o, si se prefiere, \u0093cl\u00e1sica\u0094 \u0097porque repite desde hace un mill\u00f3n de a\u00f1os las<br \/>\nmismas cosas\u0097, la riqueza est\u00e1 siempre amenazada por la fragilidad del poder, por la inconstancia de las<br \/>\nmodas, por la discontinuidad del tiempo. La riqueza est\u00e1 siempre a punto de volverse vieja, en trance de volverse<br \/>\nfea. Digo todo esto porque la prueba m\u00e1s impresionante del suplicio que est\u00e1 viviendo Iraq desde hace<br \/>\nonce a\u00f1os no son sus ni\u00f1os desnutridos ni los comercios desabastecidos y vac\u00edos ni las madres dolorosamente<br \/>\nrectas en los hospitales. Aquello que est\u00e1 delante de los ojos, al alcance de la mano, por penoso que sea, se<br \/>\nacepta siempre con naturalidad y presencia de \u00e1nimo (y por eso hay que pensarlo o recordarlo si lo que se pretende<br \/>\nes cambiarlo); pero lo que no podemos soportar es la visi\u00f3n de lo que ha estado. Donde se reflejan de<br \/>\nun modo m\u00e1s espectacular y m\u00e1s hiriente, m\u00e1s l\u00fagubre tambi\u00e9n, los efectos del embargo; lo que me ha proporcionado<br \/>\nla imagen m\u00e1s clara \u0097una especie de metro o de medida\u0097 del declive inducido de Iraq ha sido<br \/>\n\u0097lo dir\u00e9 de una vez\u0097 la visita a dos edificios fantasmas.<br \/>\nEl primero est\u00e1 en Basora. All\u00ed, frente a la confluencia del Tigris y el Eufrates, vadeados por un mal puente<br \/>\nde tablas y boyas, se alza el imponente hotel Sheraton como un viejo gale\u00f3n naufragado o un transatl\u00e1ntico<br \/>\nvarado en el fango. Concebidos en serie, como una variante rica del socialismo, para que sus clientes pudieran<br \/>\nviajar de Sheraton en Sheraton sin tener que pasar por ning\u00fan pa\u00eds (recuerdo una vieja publicidad en<br \/>\nEgipto: \u0093Fuera es El Cairo, dentro s\u00f3lo el Sheraton\u0094), los Sheraton alzan sus moles id\u00e9nticas, en Casablanca<br \/>\ny en R\u00edo de Janeiro, como puros no-lugares de transici\u00f3n r\u00e1pida orientados a la extracci\u00f3n ininterrumpida de<br \/>\nbeneficio. Cuando se les despoja del espejuelo de vida del turismo, queda s\u00f3lo la carrocer\u00eda, como en Basora,<br \/>\nun resto aparatoso que no se ha llevado el r\u00edo y que exhibe al mismo tiempo la codicia de sus creadores y la<br \/>\ncaducidad de un tiempo que ya no existe. Basora, en otro tiempo famosa por sus d\u00e1tiles y sus palmerales, rica<br \/>\nen reservas petrol\u00edferas y cuyo nombre ning\u00fan lector de Las Mil y Una Noches puede pronunciar sin nostal-<br \/>\nIraq: un cuento para ni\u00f1os Santiago Alba Rico<br \/>\nCSCAweb 9<br \/>\n1 Campos de concentraci\u00f3n nazis. [Nota de CSCAweb]<br \/>\ngia \u0097de donde sal\u00edan y a donde iban a parar todas las historias\u0097, es hoy una ciudad devastada por dos guerras<br \/>\ny un asedio de a\u00f1os que sigue zapando sus entra\u00f1as: aguas residuales, uranio empobrecido, cortes de electricidad,<br \/>\nescuelas peladas, hospitales desprovistos de todo menos de muertos. Pero lo m\u00e1s triste es el Sheraton.<br \/>\nSi a Bagdad arriban contados viajeros y a trompicones, a Basora, en la zona de exclusi\u00f3n a\u00e9rea anglo-americana,<br \/>\nsobrevolada y bombardeada casi a diario por los aviones del Imperio, no llega nadie. Y sin embargo \u0097<br \/>\ny por eso\u0097 lo m\u00e1s triste es el Sheraton. El embargo, al vaciar sus salones, ha revelado la superfluidad de su<br \/>\norigen y el car\u00e1cter subordinado \u0097de una \u00e9poca y de una bulimia\u0097 de su arquitectura. Con sus tres cuerpos<br \/>\noblongos de siete plantas aup\u00e1ndose sobre una ciudad enana, con sus centenares de habitaciones ahora cerradas<br \/>\ny sus salas vastas y marchitas como gigantescos bostezos, no se puede entrar en \u00e9l sin sentir inmediatamente<br \/>\nel deseo de buscar una hoguera alrededor de la cual se calienten diez desharrapados y dormir tapado<br \/>\ns\u00f3lo por una manta. Todos los esfuerzos del personal por contener o, al menos, adecentar esta decadencia s\u00f3lo<br \/>\nsirven para revelar a\u00fan m\u00e1s sus estragos. Bajo la luz mortecina de un generador el\u00e9ctrico todo \u0097hombres,<br \/>\nobjetos, comida\u0097 parece ba\u00f1ado en un aceite lento que los aleja, inalcanzables, a una distancia infinita. En<br \/>\nlos interminables corredores, cubiertos por una sobada moqueta azul, uno tiene la sensaci\u00f3n de o\u00edr silbar el<br \/>\nviento, o quiz\u00e1s las almas de los turistas muertos, hasta tal punto sobrecoge su solitaria fealdad. Las habitaciones,<br \/>\nabiertas para nosotros, son tan grandes que podr\u00edan alojar c\u00f3modamente a un par de familias iraqu\u00edes;<br \/>\ntodo est\u00e1 listo y limpio; pero las s\u00e1banas tienen la aspereza y la grisura de un pergamino viejo; los grifos est\u00e1n<br \/>\noxidados; el agua sale turbia del ca\u00f1o; y una cucaracha se pasea por el suntuoso m\u00e1rmol del lavabo amenazando<br \/>\nmi cepillo de dientes. Fuera es el mundo, sigue siendo el mundo; dentro s\u00f3lo el Sheraton. El Sheraton<br \/>\nsolo. No apetece estar aqu\u00ed mucho tiempo. Nada hay m\u00e1s triste que el lujo muerto, el oropel agusanado, las<br \/>\nra\u00eddas pelucas que ya nadie va a volver a ponerse. Quitadle a un hombre todo; quitadle a un hombre todo<br \/>\nmenos las cucharas y crear\u00e1 una civilizaci\u00f3n. Quitad los hombres y dejad las cucharas. Sed generosos: dejad<br \/>\ntambi\u00e9n los platos, las mesas, los muebles, los palacios. Y luego poned a un hombre solo en medio de todo<br \/>\neso y sucumbir\u00e1 a la melancol\u00eda.<br \/>\nEl otro edificio al que me refiero, esta vez en Bagdad, es el Jan Mary\u00e1n, muy cerca de la mezquita del<br \/>\nmismo nombre, en una bocacalle de Al-Rachid. Antiqu\u00edsimo caravasar (jan) construido por Amin ud-Din<br \/>\nMiryan en 1359, constituye una impresionante muestra de la arquitectura del per\u00edodo selye\u00facida: su gran patio<br \/>\nrectangular cubierto a catorce metros del suelo por una b\u00f3veda de seis arcos mitrales, las dos galer\u00edas superpuestas<br \/>\nque lo rodean con sus puertecitas en punta, la combinaci\u00f3n de mortero, ladrillo y madera \u0097todo ello<br \/>\niluminado por la luz tamizada que entra por los alt\u00edsimos ventanales\u0097 le confiere ese aire ambiguo e imponente<br \/>\nde fortaleza castellana y catedral g\u00f3tica. Tras muchos a\u00f1os de abandono, en 1935 el edificio fue restaurado<br \/>\ny confiado al Departamento de Antig\u00fcedades para que albergara colecciones de arte \u00e1rabo-isl\u00e1mico.<br \/>\nDespu\u00e9s se convirti\u00f3 en un selecto restaurante, paradero inexcusable, en otro Bagdad m\u00e1s despreocupado y<br \/>\nbullicioso, de viajeros, comerciantes y burgues\u00eda local. Hab\u00edamos entrevisto la construcci\u00f3n la primera noche,<br \/>\na trav\u00e9s de un cristal y bajo una luz como de antorcha, y nos hab\u00eda cautivado. Volvemos, pues, el \u00faltimo d\u00eda,<br \/>\na la hora de comer, en una jornada fr\u00eda y plomiza, pero con la \u00faltima visi\u00f3n de una pir\u00e1mide de naranjas en<br \/>\nuna carretilla; y apenas empujamos la puerta tenemos la sensaci\u00f3n de haber errado el sitio, la sensaci\u00f3n casi<br \/>\nde un accidente revelador: como el que mete el pie entre las bre\u00f1as y descubre una gruta poblada en el paleol\u00edtico<br \/>\no el que acciona sin querer un resorte y cae a una cripta abandonada en la Edad Media. La gran nave<br \/>\nde catedral del restaurante est\u00e1 completamente vac\u00eda. No hay nadie: ni clientes ni camareros. Pero todo ocurre<br \/>\ncomo en un cuento. Porque cincuenta mesas, coronadas de manteles blancos, con platos, cubiertos y toda<br \/>\nuna flotilla de copas y vasos encima del tablero, esperan desde hace una d\u00e9cada, perfectamente preparadas, a<br \/>\ndoscientos comensales que un d\u00eda u otro habr\u00e1n de llegar. Antes de que se produzca la menor se\u00f1al de vida,<br \/>\ntenemos tiempo de acercarnos y examinarlas: los sillones que aqu\u00ed llamar\u00edamos fraileros, con brazos de madera<br \/>\ny tapicer\u00eda de terciopelo, han perdido el color; los manteles, ajados y deste\u00f1idos, exhiben algunos discretos<br \/>\nzurcidos o quemaduras de cigarrillo; se ven platos desportillados y un viejo men\u00fa con amarilleces de papiro.<br \/>\nLa luz de las vidrieras, en este d\u00eda encapotado, agrava la atm\u00f3sfera de soledad y abandono. Pero todo ocurre<br \/>\ncomo en un cuento tambi\u00e9n porque nuestra presencia \u0097la de s\u00f3lo dos personas\u0097, como ese gesto que<br \/>\nIraq: un cuento para ni\u00f1os Santiago Alba Rico<br \/>\nCSCAweb 10<br \/>\ndespierta despu\u00e9s de un siglo un palacio dormido o ese carill\u00f3n que resucita a los muertos, convoca inmediatamente<br \/>\na tres, cuatro, hasta seis j\u00f3venes vestidos de Aladino, salidos de no se sabe d\u00f3nde, que se azacanean<br \/>\napresuradamente de un lado para otro, nos llenan en un segundo la mesa de viandas, montan en el centro de<br \/>\nla sala un horno en forma de tambor. Al mismo tiempo, al fondo de la nave, se abren misteriosamente dos<br \/>\npuertas de madera y dos viejos, tambi\u00e9n de cuento, iluminan sus tiendecitas de souvenirs: cuelgan dos alfombras,<br \/>\nmontan un muestrario de postales y nos enderezan una mirada, desde el umbral, cargada de pac\u00edfica<br \/>\nansiedad. No podemos resistirnos a la invitaci\u00f3n. Mientras los Aladinos acumulan junto a nuestros platos, una<br \/>\ntras otra, grandes boinas de pan, nosotros examinamos lamparitas sin genio dentro, pel\u00edculas sovi\u00e9ticas de<br \/>\nsuper-8, chapitas anam\u00f3rficas del Caudillo, y sobre todo \u0097sobre todo\u0097 unos mu\u00f1equitos en atav\u00edos tradicionales,<br \/>\ntan peque\u00f1os, tan ingenuos, tan cubiertos de polvo, tan necesitados de una mirada, que adquirimos<br \/>\nde pronto la conciencia de todo el sufrimiento que pueden albergar tambi\u00e9n los objetos. Nuestra presencia, en<br \/>\nfin, activa el edificio muerto, en toda su extensi\u00f3n, punto por punto y l\u00ednea por l\u00ednea: despliega en pocos minutos<br \/>\ntoda la energ\u00eda que lleva dentro. Nosotros dos somos, de alguna forma, los doscientos comensales que el<br \/>\nJan Mary\u00e1n estaba esperando desde toda la eternidad.<br \/>\nPero este cuento, por desgracia, es muy banal y muy triste. Uno de los camareros se llama Ahmed, tiene<br \/>\nveinte a\u00f1os y procede de un pueblo del Nasriya, donde ha dejado a sus padres y a su novia. Su padre y su t\u00edo<br \/>\nhan combatido en dos guerras y \u00e9l mismo no ha conocido, desde que naci\u00f3, m\u00e1s que la amenaza de las bombas<br \/>\ny las penurias del bloqueo. Ha venido a Bagdad para reba\u00f1ar, aqu\u00ed y all\u00e1, unos dinares que le permitan<br \/>\ncasarse, pero no disfruta de la gran ciudad: d\u00eda tras d\u00eda, se muere de nostalgia.<br \/>\n\u0097 \u0093\u00bfEst\u00e1 siempre tan vac\u00edo?\u0094, le pregunto se\u00f1alando a mi alrededor.<br \/>\n\u0097 \u0093\u00bfY qui\u00e9n va a venir?\u0094, me contesta. \u0093Ya lo has visto: aqu\u00ed una comida cuesta tres veces lo que cobra<br \/>\nal mes un iraqu\u00ed\u0094.<br \/>\n\u00c9l no ha llegado a conocerlo, pero le han hablado de un tiempo mejor en el que el restaurante bull\u00eda de<br \/>\nturistas y ricachones, en el que se beb\u00eda cerveza y mujeres bell\u00edsimas, de todos los lugares del mundo, luc\u00edan<br \/>\nlos m\u00e1s seductores vestidos. \u0093De noche hay m\u00e1s gente, pero ya s\u00f3lo vienen funcionarios de embajada, miembros<br \/>\nde delegaciones como la vuestra y alg\u00fan que otro comerciante jordano\u0094.<br \/>\nAhmed, al marcharnos, nos agradece menos que hayamos visitado su restaurante que el que hayamos visitado<br \/>\nsu pa\u00eds. Es t\u00edmido, limpio, inteligente, digno. Nos despedimos con una especie de ternura. \u00bfSer\u00e1 porque,<br \/>\nen realidad, ten\u00edamos muchas ganar de vernos sin saberlo? \u00bfO porque es la \u00faltima vez que nos vemos? \u00bfO<br \/>\nser\u00e1 por todo lo que tanto \u00e9l como nosotros sabemos acerca del futuro inmediato de Iraq?<br \/>\nAhmed \u0097que debe, despu\u00e9s de todo, complacer al cliente\u0097 hace una \u00faltima concesi\u00f3n a la esperanza:<br \/>\n\u0093In-sha-allah (si Dios quiere) la pr\u00f3xima vez que veng\u00e1is el Jan Mary\u00e1n estar\u00e1 lleno de gente y, sobre todo,<br \/>\ncomer\u00e9is mejor\u0094.<br \/>\nIn-sha-allah&#8230; si Dios lo quiere y los Estados Unidos, mucho m\u00e1s poderosos, lo permiten.<br \/>\nNo lo permitir\u00e1n. Antes de Afganist\u00e1n, despu\u00e9s de Afganist\u00e1n, los Estados Unidos siguen empe\u00f1ados en<br \/>\nhacer retroceder a Iraq a la Edad de Piedra. De hecho ya han anunciado a los iraqu\u00edes \u0097quiz\u00e1s para antes del<br \/>\nmes de mayo\u0097 m\u00e1s bombas, m\u00e1s c\u00e1nceres, m\u00e1s ni\u00f1os derretidos, m\u00e1s madres dolorosamente rectas en camas<br \/>\nde hospitales. No es un parte meteorol\u00f3gico. Ser\u00e1n ellos los responsables y seremos nosotros quienes callaremos.<br \/>\nEl d\u00eda 8 de enero leo en Al-Yumhuriya, uno de los peri\u00f3dicos de Bagdad, la noticia de que los iraqu\u00edes han<br \/>\nelegido en votaci\u00f3n a Osama Ben Laden como personaje del a\u00f1o 2001. Llegar\u00e1 un d\u00eda, qui\u00e9n sabe, en que los<br \/>\nIraq: un cuento para ni\u00f1os Santiago Alba Rico<br \/>\nCSCAweb 11<br \/>\nvotantes estadounidenses no tendr\u00e1n m\u00e1s remedio que preguntarse por qu\u00e9 los iraqu\u00edes \u0097y tantos y tantos<br \/>\nhombres en todo los rincones del planeta\u0097 eligen con tan poco juicio a sus h\u00e9roes. Muchos nos hemos preguntado<br \/>\nya muchas veces por qu\u00e9 tambi\u00e9n ellos \u0097los norteamericanos\u0097 eligen tan mal a los suyos. Cuando<br \/>\nel Dios just\u00edsimo que no existe convoque a los iraqu\u00edes el d\u00eda del Juicio Final y les pregunte \u0093\u00bfpor qu\u00e9 elegisteis<br \/>\ntan mal a vuestros h\u00e9roes?\u0094, los iraqu\u00edes llamar\u00e1n en su defensa al Hambre, con su cabellera piojosa,<br \/>\ny al C\u00e1ncer, con la cara podrida de bubones, y al Fuego y al Tifus y al Uranio y al Dolor. Cuando el Dios just\u00edsimo<br \/>\nque no existe convoque a los estadounidenses y les pregunte: \u0093y vosotros, vosotros cuyas casas nadie<br \/>\nbombardeaba, cuyos hijos no se mor\u00edan de c\u00f3lera o de difteria, que pod\u00edais beber agua potable y escoger vuestras<br \/>\ninstituciones, vosotros que ten\u00edais carne para comer y coches para desplazaros y libros para pensar, \u00bfpor<br \/>\nqu\u00e9 elegisteis tan mal a vuestros h\u00e9roes?\u0094, los estadounidenses contestar\u00e1n tranquilamente: \u0093Porque quer\u00edamos<br \/>\ntener m\u00e1s\u0094. Si el Dios just\u00edsimo que no existe existiera&#8230;<br \/>\n\u00bfQue podemos hacer? Nada. O casi nada. Porque la galletita de Bush es una advertencia para los grandes<br \/>\ny una esperanza para los peque\u00f1os. Cuidado: el Ogro puede atragantarse comi\u00e9ndose a Pulgarcito. No nos rindamos:<br \/>\nsi el Ogro se va a comer a Pulgarcito, procuremos al menos que se le atragante.<br \/>\n\u0095 \u0095 \u0095 \u0095 \u0095<br \/>\nIraq: un cuento para ni\u00f1os Santiago Alba Rico<br \/>\nCSCAweb 12<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comit\u00e9 de Solidaridad con la Causa \u00c1rabe www.nodo50.org\/csca e-Mail: csca@nodo50.org Santiago Alba, fil\u00f3sofo y ensayista, es autor de Dejar de pensar y Volver a pensar. Recibi\u00f3 el \u0091Premio Anagrama de Ensayo 1995\u0092por su obra Las reglas del caos. Ediciones Orates y Virus publicaron en 1992 sus guiones televisivos de &#8220;Los electroduendes&#8221; (1984-1988) bajo el t\u00edtulo \u00a1Viva el mal!, \u00a1Viva el<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[203],"tags":[],"class_list":["post-1575","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-planetary-otras-visiones-de-la-realidad"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1575","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1575"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1575\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1575"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1575"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1575"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}