{"id":1569,"date":"2008-10-17T14:57:23","date_gmt":"2008-10-17T14:57:23","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1569"},"modified":"2008-10-17T14:57:23","modified_gmt":"2008-10-17T14:57:23","slug":"el-viejo-que-hacia-florecer-los-\u00c1rboles-(cuento-japones)","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1569","title":{"rendered":"EL VIEJO QUE HACIA FLORECER LOS \u00c1RBOLES (cuento japones)"},"content":{"rendered":"<p>EL VIEJO QUE HACIA FLORECER LOS \u00c1RBOLES<br \/>\nAN\u00d3NIMO<br \/>\nHace muchos, muchos a\u00f1os, un viejo le\u00f1ador que viv\u00eda en una peque\u00f1a aldea a la orilla de un gran bosque sali\u00f3 por la ma\u00f1ana, como era su costumbre diaria, a cortar unos \u00e1rboles para el se\u00f1or de la provincia. Cuando estaba a medio camino observ\u00f3 a un peque\u00f1o perro blanco que estaba tumbado a la vera del sendero. El animal estaba muy delgado y no tardar\u00eda mucho tiempo en morir de hambre y de fr\u00edo. El sufrimiento de la criatura movi\u00f3 la piedad del le\u00f1ador quien lo cogi\u00f3 en sus manos, lo puso tiernamente en el regazo de su quimono 1 y se volvi\u00f3 a casa. Su esposa vino corriendo hacia \u00e9l sorprendida de que volviera tan pronto, y le pregunt\u00f3 qu\u00e9 hab\u00eda pasado. Como respuesta, el hombre descubri\u00f3 al peque\u00f1o perro y se lo mostr\u00f3 a su mujer.<br \/>\n\u0097\u00a1Pobre perrito! \u0097exclam\u00f3 ella enternecida\u0097. \u00bfQui\u00e9n ha podido ser tan cruel contigo? \u00a1Y qu\u00e9 inteligente pareces ser con tus claros y brillantes ojos y tus orejas vivas y alertas! Unos viejos como nosotros te tendr\u00e1n a gusto en su casa.<br \/>\n\u0097En efecto, as\u00ed es \u0097murmur\u00f3 el anciano que estaba deseando tenerlo como mascota.<br \/>\nLlevaron adentro al perro, lo colocaron en el suelo de paja y se pusieron enseguida a atender su enfermedad.<br \/>\nCon estos cari\u00f1osos cuidados el peque\u00f1o perro se puso bien y fuerte. Sus ojos brillantes resplandec\u00edan, sus orejas se enderezaban al m\u00e1s m\u00ednimo ruido, su hocico estaba siempre movi\u00e9ndose de un lado para otro, curiose\u00e1ndolo todo, y su pelo se cubri\u00f3 de tal blancura que la anciana pareja le llamaba Shiro, que significa blanco. Como quiera que los ancianos no ten\u00edan hijos, Shiro fue tan querido para ellos como un hijo y el animal segu\u00eda a los viejos adonde quiera que iban.<br \/>\nUn d\u00eda de invierno el anciano cogi\u00f3 el azad\u00f3n, lo ech\u00f3 sobre su hombro y march\u00f3 al huerto a coger unas verduras. Shiro, a quien siempre le alegraban enormemente estas ocasiones, salt\u00f3 y brinc\u00f3 alrededor de su amo haciendo grandes c\u00edrculos; luego peg\u00f3 varias carreras hacia las zanjas y los matorrales.<br \/>\nCuando llegaron al campo ech\u00f3 a correr tan locamente como siempre y ladr\u00f3 de placer al arrojarse sobre la maleza.<br \/>\nDe repente se detuvo. Sus orejas se alzaron y se pusieron rectas y todo su cuerpo se tens\u00f3. Con el hocico en la tierra ech\u00f3 a andar lentamente hacia la empalizada que hab\u00eda cerca de una de las esquinas del huerto. Su hocico se mov\u00eda r\u00e1pidamente, olfateando en un montoncito de tierra. De pronto, empez\u00f3 a escarbar intensamente: apartaba la tierra y la echaba para atr\u00e1s con sus patas. Sus fuertes y excitados ladridos atrajeron la atenci\u00f3n del anciano que se hallaba en la otra puerta del campo. Se dio cuenta que Shiro ten\u00eda que haber descubierto algo muy extraordinario para que se comportase de aquella manera. Ech\u00f3 a correr hacia donde estaba el animal para ver qu\u00e9 era aquello.<br \/>\nEl hombre cogi\u00f3 su azad\u00f3n y empez\u00f3 a cavar en el agujero que hab\u00eda abierto Shiro y, apenas hab\u00eda pegado dos golpes con la herramienta, cuando una lluvia de monedas de oro empez\u00f3 a manar como si fuera de un manantial invisible y a llenar el aire. El anciano se ech\u00f3 para atr\u00e1s sorprendido y volvi\u00f3 corriendo a su casa para que su mujer viera el milagro.<br \/>\nSin embargo su vecino, un hombre avaricioso y de mal genio que tambi\u00e9n hab\u00eda sido atra\u00eddo por los ladridos de Shiro, hab\u00eda presenciado esta maravilla incre\u00edble desde la otra parte de la cerca de bamb\u00fa que separaba sus campos. Sus ojos resplandecieron de codicia y casi no pudo controlar sus crispadas manos. Muy astutamente adopt\u00f3 una voz amigable y rog\u00f3 a los ancianos que le prestaran el perro durante el d\u00eda. Corteses y bondadosos como eran, y siempre dispuestos a prestar servicios, el anciano levant\u00f3 a Shiro, le dijo que se portara como un buen perro y se lo entreg\u00f3 al vecino por encima de la empalizada.<br \/>\nAl notar la mala naturaleza del hombre, Shiro se neg\u00f3 a seguir a su amo temporal. Se ech\u00f3 al suelo tembl\u00e1ndole el cuerpo de miedo. El vecino lo acarici\u00f3 y le grit\u00f3, le grit\u00f3 y lo acarici\u00f3, pero s\u00f3lo para conseguir que el temor de Shiro aumentase m\u00e1s. Cada vez m\u00e1s col\u00e9rico por su parte, el hombre at\u00f3 una cuerda alrededor del cuello de Shiro y lo llev\u00f3 arrastrando hasta un rinc\u00f3n de su huerto. All\u00ed, lo at\u00f3 a un \u00e1rbol, dej\u00e1ndolo muy apretado y con tan poca cuerda para moverse con libertad, que la pobre criatura se vio forzada a estar echada en una postura agonizante. Su garganta estaba tan apretada por la cuerda que ni su verdadero amo pod\u00eda o\u00edr sus d\u00e9biles ladridos.<br \/>\n\u0097Ahora \u0097dijo el malvado vecino\u0097, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 enterrado? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 enterrado? B\u00fascamelo o te matar\u00e9, despreciable sabueso.<br \/>\nFurioso, golpe\u00f3 la tierra ante el hocico de Shiro. La hoja del azad\u00f3n se hundi\u00f3 en la tierra y choc\u00f3 contra alg\u00fan objeto met\u00e1lico. El arisco hombre se enderez\u00f3 tenso. Sus ojos se ampliaron en \u00e1vida expectaci\u00f3n. En un instante estaba ara\u00f1ando la tierra con ambas manos en medio de un frenes\u00ed de avaricia. Sin embargo, cuando no pudo desenterrar m\u00e1s que viejos andrajos, zuecos de madera y tejas rotas, su furia se hizo incontrolable. Agarr\u00f3 el azad\u00f3n otra vez y golpe\u00f3 salvajemente a Shiro, que en aquel instante se quejaba y se pon\u00eda a cubierto aterrorizado al pie del \u00e1rbol. El golpe hiri\u00f3 cruelmente al animal, pero tambi\u00e9n cort\u00f3 la cuerda que le sujetaba, por lo que el perro ech\u00f3 a correr en angustiados c\u00edrculos, herido por el tajo y aullando de dolor. Su verdadero amo, atra\u00eddo ahora por sus ladridos, corri\u00f3 hacia la cerca, y al ver lo que estaba ocurriendo se llen\u00f3 de pena. Shiro atraves\u00f3 la cerca y su amo lo cogi\u00f3 cari\u00f1osamente en sus manos.<br \/>\n\u0097Shiro, mi pobre Shiro, \u00a1qu\u00e9 cosa tan terrible te ha ocurrido! \u00bfPodr\u00e1s perdonarme? \u00bfPodr\u00e1s perdonarme mi cruel error? \u0097llorique\u00f3 el anciano.<br \/>\nPero Shiro se apretaba temblando contra \u00e9l.<br \/>\nEl hombre, muy triste, regres\u00f3 con Shiro a su casa. All\u00ed le ba\u00f1\u00f3 y cur\u00f3 su herida y le dio de comer su comida preferida. Pero, a pesar de todos sus esfuerzos, el azad\u00f3n de su infame vecino le hab\u00eda herido tan gravemente que el animal muri\u00f3 aquella misma noche.<br \/>\nLos ancianos quedaron traspasados con su p\u00e9rdida. Aquella noche no pudieron dormir y por la ma\u00f1ana temprano, con gran dolor y tristeza, enterraron a su peque\u00f1a mascota en el rinc\u00f3n del huerto donde hab\u00eda ocurrido el milagro de Shiro. Sobre su tumba el anciano puso una peque\u00f1a l\u00e1pida y junto a ella plant\u00f3 un pino joven. Todos los d\u00edas la anciana pareja iba a la tumba y de pie, con las cabezas inclinadas, lamentaban la p\u00e9rdida de su amigo.<br \/>\nEl \u00e1rbol creci\u00f3 con una rapidez incre\u00edble. En una semana sus ramas daban sombra a la tumba de Shiro; a los quince d\u00edas ya se necesitaban dos personas con los brazos extendidos para poder rodear su tronco; y al cabo del mes las hojas de su copa parec\u00edan barrer el cielo, tan grande estaba ya. Todos los d\u00edas el anciano se asombraba ante esta nueva maravilla y dec\u00eda:<br \/>\n\u0097Mujer, esto es sin duda otro milagro. Nuestro peque\u00f1o Shiro ha muerto, pero su esp\u00edritu ha penetrado en este \u00e1rbol. Su esplendidez y exuberancia no pueden morir. Se ha convertido en la savia de este magn\u00edfico \u00e1rbol y est\u00e1 brincando alegremente en sus hojas y ramas. Estoy seguro de que es as\u00ed.<br \/>\nY miraban al \u00e1rbol con renovado asombro.<br \/>\nLas noticias del r\u00e1pido desarrollo del \u00e1rbol se extendieron enseguida. Desde los lejanos valles y monta\u00f1as acud\u00edan diariamente gentes con el prop\u00f3sito de contemplarlo. Doblaban el cuello hac\u00eda atr\u00e1s y forzaban los ojos para ver sus ramas m\u00e1s altas. Mov\u00edan sus cabezas y se susurraban unos a otros que no pod\u00eda ser, pero luego volv\u00edan a levantar las cabezas para mirar otra vez y no pod\u00edan dudar de lo que estaban viendo sus ojos.<br \/>\nUn d\u00eda de invierno la anciana dijo a su marido:<br \/>\n\u0097 Marido, \u00bfte acuerdas de cu\u00e1nto le gustaban a nuestro peque\u00f1o Shiro los pastelillos de arroz? \u00bfNo crees que ser\u00eda una buena idea confeccionar un buen mortero del tronco del \u00e1rbol de Shiro y hacer pastelillos de arroz para ofrecerlos en su tumba?<br \/>\n\u0097\u00a1Es una idea excelente, fant\u00e1stica! \u0097replic\u00f3 excitado el marido\u0097. Lo haremos como t\u00fa dices. E inmediatamente empez\u00f3 a afilar su enorme hacha.<br \/>\nDurante la ma\u00f1ana y la tarde siguiente estuvo trabajando, cortando lentamente el enorme tronco. Al fin, con una \u00faltima y poderosa oscilaci\u00f3n, el majestuoso \u00e1rbol cruji\u00f3 y cay\u00f3 a tierra con un rugido tan poderoso que se tuvo que o\u00edr en los rincones m\u00e1s apartados del Jap\u00f3n. De las h\u00e1biles manos del anciano sal\u00eda poco despu\u00e9s un bonito y elegante mortero que pronto estuvo dispuesto para recibir y moler el resplandeciente y blanco arroz.<br \/>\nCon los corazones llenos de amor y cari\u00f1o hacia la memoria de su peque\u00f1o amigo, la anciana pareja empez\u00f3 a machacar el arroz en el almirez , con el fin de convertirlo en harina antes de cocerlo. Pero apenas hab\u00edan machacado poco m\u00e1s que una cazuela llena de granos de arroz, cuando ante sus asombrados ojos, todo el pu\u00f1ado de grano se convirti\u00f3 en un resplandeciente mont\u00f3n de monedas de oro.<br \/>\n\u00a1C\u00f3mo se maravillaron! \u00a1Y con cu\u00e1nta vehemencia hablaron de su buena fortuna a sus vecinos quienes se alegraron much\u00edsimo de que a los ancianos les hubiesen ca\u00eddo tales riquezas. Bueno, todos los vecinos se alegraron menos uno, claro, el hombre irascible que tan cruelmente hab\u00eda matado al peque\u00f1o Shiro. Apenas pod\u00eda contener su avaricia, al o\u00edr la historia del mortero m\u00e1gico. Al d\u00eda siguiente fue a la casa de la anciana pareja\u00bb los adul\u00f3, los lisonje\u00f3 y fingi\u00f3 gran pena al decir:<br \/>\n\u0097Desde la muerte de vuestro peque\u00f1o perro estoy lleno de un gran remordimiento. Un gran remordimiento, buenos vecinos, porque siento que tuve yo la culpa. De noche y de d\u00eda pienso que si s\u00f3lo existiera una manera de demostraros lo que siento y de probaros de alguna forma lo arrepentido que estoy, lo har\u00eda contento. Hoy, con toda humildad, he venido a pediros perd\u00f3n. Me agradar\u00eda much\u00edsimo hacer pastelillos de arroz para ofrecerlos en la tumba del peque\u00f1o Shiro. Pero \u00a1ay! mi mortero es demasiado viejo, y yo demasiado pobre para comprar uno nuevo. \u00bfNo me prestar\u00edais vosotros, bondadosos amigos, vuestro mortero por un rato para que yo pueda hacer mi peque\u00f1a ofrenda a nuestro amiguito?<br \/>\nEl afecto y la credulidad de los ancianos quedaron conmovidos profundamente ante las mentirosas palabras de su vecino, y creyendo que estaba sinceramente arrepentido, permitieron al sutil brib\u00f3n que se llevara consigo el mortero.<br \/>\nAl llegar a su casa no perdi\u00f3 tiempo en monsergas y se puso a preparar las tortas. Junto a su esposa, igualmente avariciosa, ech\u00f3 el arroz en el mortero y los dos se pusieron a machacarlo. Siguieron y siguieron machacando pero el oro no apareci\u00f3 y los dos gritaron furiosamente;<br \/>\n\u0097\u00a1Miserables granos, transformaos en oro, transformaos en oro!<br \/>\nY\u00a0 machacaron m\u00e1s vigorosamente que antes. \u00abDon\u0097don, don\u0097don\u00bb dec\u00edan sus manos en el almirez, y los granos volaban en todas direcciones pero de ellos no sal\u00eda ni una sola moneda de oro. Sus fuerzas estaban ya a punto de sucumbir cuando de repente el arroz molido empez\u00f3 a moverse y a transformarse.<br \/>\n\u0097 \u00a1Est\u00e1 cambiando! \u0097aull\u00f3 el viejo p\u00edcaro.<br \/>\n\u0097 \u00a1Seremos ricos! \u0097grit\u00f3 su esposa.<br \/>\nY\u00a0 se pusieron a bailar de placer alrededor del mortero. Pero en lugar de aparecer un brillante mont\u00f3n de oro, vieron con horror que no sal\u00edan sino viejos andrajos, zuecos de madera y tejas rotas, exactamente igual a lo que hab\u00edan desenterrado en el campo. Tanta rabia le dio al hombre que agarr\u00f3 su destral\u00a0 y de un solo golpe parti\u00f3 en dos el mortero. Su esposa cogi\u00f3 otro destral y fren\u00e9ticamente convirtieron en pedacitos las dos mitades del mortero. Encendieron un fuego despu\u00e9s, arrojaron en \u00e9l los trozos y se pusieron a contemplar c\u00f3mo se convert\u00edan en cenizas.<br \/>\nAl d\u00eda siguiente el anciano fue a pedirles el mortero, pero el vecino le dio una respuesta muy grosera.<br \/>\n\u0097El mortero se rompi\u00f3 y qued\u00f3 inservible. Al primer golpe de mi mano, el almirez se parti\u00f3 por la mitad, as\u00ed que lo hice le\u00f1a y lo ech\u00e9 al fuego hasta que se convirti\u00f3 en cenizas. Si \u00e9stas te sirven de algo, c\u00f3gelas. Est\u00e1n en el horno.<br \/>\nCon estas \u00e1speras palabras el vecino le volvi\u00f3 la espalda y se neg\u00f3 a decir nada m\u00e1s.<br \/>\nEl anciano estaba desolado. Primero mir\u00f3 a su vecino y luego al horno. No hab\u00eda c\u00f3lera en su coraz\u00f3n, s\u00f3lo una honda tristeza.<br \/>\n\u0097Primero mi querido Shiro, ahora mi maravilloso y nuevo mortero \u0097se lament\u00f3 para s\u00ed\u0097. \u00a1Hombre insensible y sin sentimientos!, pero \u00bfqu\u00e9 se le va a hacer? Nada, no, nada puede devolv\u00e9rmelos. S\u00f3lo quedan las cenizas. Pero son las cenizas de mi peque\u00f1o perro; porque ciertamente el mortero estaba hecho con su divino y maravilloso esp\u00edritu. Las coger\u00e9 y las enterrar\u00e9 junto a \u00e9l. Sin duda se alegrar\u00e1 de saber que su esp\u00edritu vuelve a \u00e9l.<br \/>\nEl anciano recogi\u00f3 las cenizas en una talega de arroz y se volvi\u00f3 lentamente a su casa pregunt\u00e1ndose lo que dir\u00eda su mujer acerca de este nuevo desastre. Apenas hab\u00eda andado la mitad del camino cuando de un pinar cercano se levant\u00f3 una suave brisa que danz\u00f3 moment\u00e1neamente entre los \u00e1rboles. Despu\u00e9s empez\u00f3 a dar vueltas alrededor del talego de arroz, lo levant\u00f3 y expandi\u00f3 las cenizas en el aire. La brisa muri\u00f3 con tanta rapidez como se hab\u00eda levantado y las cenizas flotaron como copos de nieve sobre las fr\u00edas y desnudas ramas de los \u00e1rboles invernales.<br \/>\nPero sucedi\u00f3 otra cosa maravillosa: all\u00e1 donde se posaban las cenizas, en las ramas desnudas nac\u00edan una profusi\u00f3n de hojas y flores. Enseguida, por todos los alrededores del anciano, la tristeza del invierno se hab\u00eda transformado en la alegr\u00eda de la primavera y el aire se llenaba del perfume de las flores que se abr\u00edan. El anciano se volvi\u00f3 lentamente para presenciar este nuevo milagro. Alarg\u00f3 su mano para tocar las hojas y los p\u00e9talos y asegurarse de su realidad. Lentamente, empez\u00f3 a dar vueltas, con los ojos sumergidos en el tierno verdor y su olfato lleno de la fragancia de mayo. De repente, ech\u00f3 a correr excitado hacia su aldea.<br \/>\n\u0097\u00a1Mirad, mirad! \u00a1El viejo jardinero puede hacer florecer los \u00e1rboles! \u00a1El viejo jardinero puede hacer florecer los \u00e1rboles! \u00a1Mirad, mirad! \u0097gritaba, mientras que segu\u00eda cogiendo cenizas y poni\u00e9ndolas sobre cada \u00e1rbol y arbusto y viendo c\u00f3mo \u00e9stos abr\u00edan sus capullos donde ca\u00eda la ceniza.<br \/>\nY sucedi\u00f3 que el se\u00f1or de la provincia, acompa\u00f1ado de sus ayudantes, estaba haciendo un viaje de inspecci\u00f3n. Atra\u00eddo por los gritos del viejo y por la multitud que rodeaba a \u00e9ste, el se\u00f1or detuvo su caballo y mand\u00f3 a uno de sus criados que fuese a enterarse de lo que pasaba.<br \/>\nMientras tanto el anciano, cuya alegr\u00eda se hab\u00eda desatado con el nuevo y maravilloso poder que pose\u00eda, se hab\u00eda subido a un cerezo y al tiempo que cantaba arrojaba la ceniza en cada rama para que las flores rojas y blancas mostrasen ante ellos toda su esplendidez.<br \/>\nEl criado del se\u00f1or lo llam\u00f3. El anciano descendi\u00f3 del \u00e1rbol y fue llevado a presencia del se\u00f1or. Humilde y simplemente relat\u00f3 su historia, y cuando demostr\u00f3 el milagro de la ceniza el se\u00f1or se llen\u00f3 de gran contento y dijo:<br \/>\n\u0097\u00a1Maravilloso! \u00a1Verdaderamente maravilloso! Un hombre que hace que las flores le sigan como una sombra. \u00bfD\u00f3nde habr\u00e1 otro que posea un don de tanta belleza? Anciano, te voy a recompensar.<br \/>\nY el se\u00f1or descendi\u00f3 del caballo.<br \/>\nUn ayudante trajo una mesa y sobre ella coloc\u00f3 una rara bolsa de brocado llena de monedas de oro. El mismo se\u00f1or se la ofreci\u00f3 al anciano quien, inclin\u00e1ndose primero hasta el suelo, la tom\u00f3 con humilde reverencia.<br \/>\nComo apenas pod\u00eda esperar m\u00e1s para irse a su casa y contarle a su esposa el milagro de las cenizas y el honor que le hab\u00eda dispensado el se\u00f1or de la provincia, ech\u00f3 a correr llevando fuertemente asida la bolsa, lleno de alegr\u00eda y riendo de placer.<br \/>\nPero el codicioso vecino que hab\u00eda sido testigo de todo el suceso, se llen\u00f3 de amargura y resentimiento. Volvi\u00f3 corriendo a su casa y abri\u00f3 la puerta del horno. Sin duda, pens\u00f3, que dentro habr\u00edan quedado rastros de las cenizas y quiz\u00e1s tambi\u00e9n en el suelo. Llam\u00f3 a su esposa y juntos recogieron en una talega todo lo que hab\u00eda quedado. Con la talega bajo el brazo ech\u00f3 a correr y esper\u00f3 a la orilla del camino por el que hab\u00edan de pasar el se\u00f1or y su s\u00e9quito. El sonido de los cascos de los caballos le advirti\u00f3 que la comitiva se estaba aproximando. El hombre se subi\u00f3 r\u00e1pidamente al \u00e1rbol m\u00e1s cercano y empez\u00f3 a canturrear para s\u00ed y a gritar:<br \/>\n\u0097\u00a1El viejo jardinero puede hacer florecer los \u00e1rboles, el viejo jardinero puede hacer florecer los \u00e1rboles! \u00a1Mirad, mirad!<br \/>\nO sea, exactamente igual que hab\u00eda hecho antes el anciano.<br \/>\nEl se\u00f1or lleg\u00f3 con su caballo hasta el \u00e1rbol y mirando hacia arriba, dijo:<br \/>\n\u0097\u00a1Qu\u00e9! \u00bfAs\u00ed que tenemos otro milagrero en esta aldea? Este no es ciertamente el mismo viejo que he visto antes. \u00a1Eh, t\u00fa! \u00bfEres otro que puede hacer florecer los \u00e1rboles? Si es as\u00ed, demuestra tus poderes inmediatamente.<br \/>\n\u0097S\u00ed, mi se\u00f1or, lo har\u00e9 enseguida \u0097replic\u00f3 el malvado vecino.<br \/>\nR\u00e1pidamente empez\u00f3 a dispersar las cenizas sobre las ramas. Pero en vez de producir y hacer brotar flores, las cenizas se dispersaron en todas las direcciones y envolvieron al se\u00f1or y a sus criados en una sofocante nube de polvo que penetr\u00f3 en sus ojos y se los inflam\u00f3, hizo asustarse al caballo del se\u00f1or y el animal se desboc\u00f3.<br \/>\nEl se\u00f1or se indign\u00f3 much\u00edsimo y sus ayudantes arrastraron furiosos al est\u00fapido desde el \u00e1rbol y le pusieron de rodillas ante su se\u00f1or. El hombre se arrastr\u00f3 miserablemente y se golpe\u00f3 la frente contra el suelo llorando amargamente.<br \/>\n\u0097\u00a1He sido malo y ruin! \u0097grit\u00f3 desesperado\u0097. En un arrebato de ira mat\u00e9 al perro de mi vecino y destru\u00ed su bonito mortero. No ha habido sino envidia y avaricia en mi coraz\u00f3n y debido a eso he causado much\u00edsimo da\u00f1o a mi buen vecino. Ahora he insultado a mi se\u00f1or. \u00a1Perdonadme! \u00a1Perdonadme! Si acced\u00e9is a perdonarme, desde este momento enmendar\u00e9 mis caminos y mis malos pensamientos. Lo \u00fanico que os pido es que me deis otra oportunidad.<br \/>\nEl se\u00f1or estaba a\u00fan muy disgustado. Reprendi\u00f3 severamente al hombre de mal car\u00e1cter, pero al final le perdon\u00f3 con la condici\u00f3n de que, si no cambiaba su modo de ser aquel mismo d\u00eda, ser\u00eda severamente castigado.<br \/>\nA medida que pasaban las semanas y los meses la anciana pareja se serenaba m\u00e1s y era m\u00e1s feliz, y su buena fortuna iba tambi\u00e9n en aumento. Su vecino y la esposa de \u00e9ste fueron cambiando lentamente su car\u00e1cter y sus caminos. Su envidia dej\u00f3 sitio a la bondad; su mal genio a la docilidad; y su groser\u00eda con los vecinos a una amistad afectuosa. En cada fiesta y aniversario los cuatro iban juntos al templo y a la tumba de Shiro para ofrecer oraciones y pastelillos de arroz para la imperecedera paz de su esp\u00edritu, y el resto de sus d\u00edas lo gastaron en generosa y buena voluntad los unos con los otros y con todo el pueblo de la aldea.<br \/>\nEste cuento pertenece a la tradici\u00f3n oral japonesa y es de autor an\u00f3nimo. Su lenguaje, cuidado y elegante, es una de las caracter\u00edsticas de toda las manifestaciones literarias: novela, cuentos, poes\u00eda y teatro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL VIEJO QUE HACIA FLORECER LOS \u00c1RBOLES AN\u00d3NIMO Hace muchos, muchos a\u00f1os, un viejo le\u00f1ador que viv\u00eda en una peque\u00f1a aldea a la orilla de un gran bosque sali\u00f3 por la ma\u00f1ana, como era su costumbre diaria, a cortar unos \u00e1rboles para el se\u00f1or de la provincia. 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