{"id":1568,"date":"2009-05-06T20:36:27","date_gmt":"2009-05-06T20:36:27","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1568"},"modified":"2009-05-06T20:36:27","modified_gmt":"2009-05-06T20:36:27","slug":"----el-fil\u00f3sofo-autodidacto---abentofail---","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1568","title":{"rendered":"El fil\u00f3sofo autodidacto     Abentofail"},"content":{"rendered":"<p>El fil\u00f3sofo autodidacto<\/p>\n<p>Abentofail<\/p>\n<p>Pr\u00f3logo del autor<\/p>\n<p>\u00a1En el nombre de Dios, clemente y misericordioso! Bendiga Dios a nuestro Se\u00f1or Mahoma y a su familia y compa\u00f1eros, y deles la paz. <\/p>\n<p>Motivo ocasional de este libro: el \u00e9xtasis <\/p>\n<p>Me pediste, hermano sincero (Dios te d\u00e9 la inmortalidad eterna y te haga gozar la perpetua felicidad), que te comunicase aquellos misterios de la Sabidur\u00eda iluminativa que me fuera posible divulgar, los cuales menciona el maestro y pr\u00edncipe [de los fil\u00f3sofos] Abu Ali b. Sina. Has de saber, pues, que el que quiera alcanzar la verdad pura, debe estudiar estos secretos y esforzarse por conocerlos. Tu pregunta ha sugerido en mi \u00e1nimo una noble idea, que me ha conducido a la visi\u00f3n intuitiva de un estado [m\u00edstico o \u00e9xtasis], que antes no experiment\u00e9, y me ha llevado a un t\u00e9rmino tan maravilloso, que ni lengua alguna podr\u00eda describir [su naturaleza] ni razonamiento alguno demostrar [su existencia], porque es de una categor\u00eda y de un mundo completamente distinto de ellas; s\u00f3lo que la alegr\u00eda, contento y placer que este estado lleva consigo, no permiten que la persona que a \u00e9l llega o que alcanza algunos de sus grados, pueda ocultarlo y guardarlo secreto, sino que, dominado por la emoci\u00f3n, el entusiasmo, la alegr\u00eda y la satisfacci\u00f3n, se inclina a manifestarlo, de una manera vaga e indistinta. Si es hombre inculto, habla de \u00e9l sin tino, hasta llegar a decir alguno, a prop\u00f3sito de este estado: \u00ab\u00a1Glorificado sea yo! \u00a1Cu\u00e1n grande es mi condici\u00f3n!\u00bb. Otro dijo: \u00abYo soy la Verdad\u00bb. Y otro: \u00abNo hay, bajo estos vestidos, sino Dios\u00bb.<\/p>\n<p>El maestro Abu Hamid al-Gazali [Algazel], cuando alcanz\u00f3 este estado, aplic\u00f3le el verso siguiente:<\/p>\n<p>Sea lo que quiera (que yo no he de decirlo), cree t\u00fa que es un bien y no pidas de \u00e9l noticias.<\/p>\n<p>Pero este [fil\u00f3sofo] era experto tan s\u00f3lo en los conocimientos racionales y estaba versado \u00fanicamente en las ciencias. <\/p>\n<p>Opini\u00f3n de Avempace acerca del \u00e9xtasis <\/p>\n<p>Considera luego las palabras de Abu Bark b. al-Sayg [Avempace] que van a continuaci\u00f3n de su tratado, en el que describe la uni\u00f3n: [del entendimiento humano con Dios]: \u00abCuando se comprende, dice, el sentido oculto a que se aspira, se ve claramente que ning\u00fan conocimiento de las ciencias ordinarias puede ser colocado en su mismo rango, y que quien de \u00e9l se forma idea viene a estar, cuando comprende ese sentido oculto, en una condici\u00f3n [o grado] en el cual se ve a s\u00ed mismo, separado ya de todo cuanto antes conoci\u00f3, con otras creencias que no son materiales, pues que son demasiado nobles para referirlas a la vida f\u00edsica; son estados m\u00e1s bien propios de los bienaventurados, que est\u00e1n ya limpios de toda composici\u00f3n inherente a la vida f\u00edsica, dignos de ser llamados estados divinos, que Dios concede a aquellos de sus siervos a quienes bien le place\u00bb. A esta condici\u00f3n, que indica Abu Bakr, se llega por el m\u00e9todo de la ciencia especulativa y de la investigaci\u00f3n racional. \u00c9l, sin ninguna duda, la alcanz\u00f3 y no la perdi\u00f3 nunca.<\/p>\n<p>Por lo que toca al grado que hemos citado primeramente, es distinto de \u00e9ste, si bien es el mismo en el sentido de que no se manifiesta en \u00e9l nada que sea diferente de lo que en \u00e9ste se manifiesta, pero de \u00e9l se distingue tan s\u00f3lo por una mayor evidencia; su visi\u00f3n intuitiva se produce por una que nosotros, s\u00f3lo metaf\u00f3ricamente, llamamos potencia, por no encontrar en la lengua vulgar ni en la terminolog\u00eda t\u00e9cnica nombres que signifiquen esta cosa, en cuya virtud se produce esta especie de visi\u00f3n intuitiva.<\/p>\n<p>Opini\u00f3n de Avicena acerca del \u00e9xtasis <\/p>\n<p>El estado que antes hemos mencionado y a cuya primera intuici\u00f3n o gusto nos ha llevado tu pregunta, es el n\u00famero de aquellos estados a que alud\u00eda el maestro Abu Ali [Avicena] al decir: \u00abDespu\u00e9s, cuando el esfuerzo constante por lograr la perfecci\u00f3n espiritual y la doctrina asc\u00e9tica han llevado al hombre hasta un cierto grado, se le aparecen fugitivos y gratos destellos de la luz de la Verdad, semejantes a rel\u00e1mpagos, que de pronto alumbran y velozmente se extinguen. Despu\u00e9s, se le multiplican estos desvanecimientos ext\u00e1ticos, si persiste en la pr\u00e1ctica preparatoria de la disciplina asc\u00e9tica, luego, ahondando m\u00e1s en ella, llega hasta producirlos sin aquel ejercicio. De todas las cosas que vislumbra, solamente considera su relaci\u00f3n con la Santidad Divina, aunque d\u00e1ndose alguna cuenta de las cosas mismas. Despu\u00e9s, una nueva iluminaci\u00f3n le desvanece y ve ya en casi toda cosa a Dios, que es la Verdad. Finalmente, el ejercicio lo conduce a un punto, en que el car\u00e1cter transitorio [de la intuici\u00f3n] se cambia en permanente, lo fugitivo viene a ser habitual, el rel\u00e1mpago se convierte en estrella brillante, y alcanza el m\u00edstico ya una intuici\u00f3n definitiva, como si constantemente le acompa\u00f1ase\u00bb. Sigue luego Avicena describiendo los grados sucesivos, que terminan en la obtenci\u00f3n, que es un grado en el cual \u00ablo \u00edntimo de su alma viene a ser como un espejo pulimentado en el cual se refleja un aspecto de la Verdad. Entonces se derraman sobre \u00e9l los deleites sublimes y su alma se regocija por los vestigios de la Verdad que hay en ella. Tiene ya en este grado una mirada para la Verdad y otra para su alma, fluctuando de la una a la otra, hasta que termina por perder la conciencia de s\u00ed mismo, no mirando sino a la Santidad Divina; y si a su alma mira, \u00fanicamente lo hace consider\u00e1ndola en cuanto que ella es quien contempla; y entonces es cuando tiene lugar la uni\u00f3n completa\u00bb. Con estos estados que Avicena describe, quiere s\u00f3lo significar que ellos son para el [m\u00edstico] una intuici\u00f3n, y no al modo de la percepci\u00f3n especulativa que se obtiene de razonamientos formados con premisas y consecuencias. <\/p>\n<p>Diferencia entre la percepci\u00f3n m\u00edstica y la percepci\u00f3n filos\u00f3fica.<\/p>\n<p>Si quieres un ejemplo que te manifieste claramente la diferencia que existe entre la percepci\u00f3n, tal como la entiende esta escuela [suf\u00ed], y la percepci\u00f3n, tal como los dem\u00e1s la entienden, imag\u00ednate a un ciego de nacimiento, pero que sea de buen talento natural, de entendimiento penetrante, de memoria tenaz, de esp\u00edritu recto, que se haya criado desde su ni\u00f1ez en una ciudad cualquiera, a cuyas gentes conozca perfectamente; que conozca tambi\u00e9n muchas especies de animales y de minerales, las calles y callejuelas de la ciudad, sus casas, sus mercados, usando s\u00f3lo de las percepciones de los sentidos que le quedan, hasta el extremo de andar por esa ciudad sin lazarillo y de conocer de primera intenci\u00f3n a todo el que se tropieza; los colores, los conoce tambi\u00e9n por explicaci\u00f3n de sus nombres y por algunas definiciones que los designan.<\/p>\n<p>Suponte, pues, que, tras de haber llegado a este estado, sus ojos se abren, adquiere la vista y recorre toda la ciudad, d\u00e1ndole la vuelta. No encontrar\u00e1 en ella nada, distinto de lo que \u00e9l se cre\u00eda, ni cosa alguna, que no reconozca; coincidir\u00e1n los colores con las descripciones que de ellos se le hab\u00edan dado.<br \/>\nSolamente encontrar\u00e1 nuevo, en todo esto, dos grandes cosas, consecuencia la una de la otra: una mayor evidencia y claridad y un m\u00e1s grande placer.<\/p>\n<p>El estado de los hombres que investigan la verdad por las solas fuerzas de la raz\u00f3n, que no han alcanzado el grado de la santidad perfecta, es el primer estado del ciego; los colores que en este estado son conocidos s\u00f3lo por descripci\u00f3n de sus nombres, son aquellas cosas de las que dijo Abu Bakr [Avempace] que son \u00abdemasiado nobles para referirlas a la vida f\u00edsica, y que Dios concede a quien le place de entre sus siervos\u00bb ; el estado de los hombres que investigan la verdad por las solas fuerzas de la raz\u00f3n, pero que alcanzan el grado de la santidad perfecta y a quienes otorga Dios aquella cosa, que nosotros hemos llamado metaf\u00f3ricamente potencia, es el estado segundo de aquel ciego. Pero es muy raro encontrar un hombre que sea siempre de vista perspicaz, con los ojos abiertos, y que no necesite de la especulaci\u00f3n racional. <\/p>\n<p>Y con la frase \u00abpercepci\u00f3n de los hombres que investigan la verdad por las solas fuerzas de la raz\u00f3n\u00bb, no entiendo yo lo que ellos perciben del mundo de la naturaleza f\u00edsica, ni por \u00abpercepci\u00f3n de los santos\u00bb, lo que ellos entienden de lo metaf\u00edsico, pues estas dos percepciones se diferencian mucho entre s\u00ed y no se confunde la una con la otra; lo que yo entiendo por \u00abpercepci\u00f3n de los hombres que investigan la verdad por las fuerzas de la raz\u00f3n\u00bb, es aquello que ellos perciben de lo metaf\u00edsico o suprasensible, como lo que percibi\u00f3 Abu Bakr [Avempace]. Es condici\u00f3n precisa, en esta clase de percepci\u00f3n, que lo percibido sea verdad positiva, y, por tanto, la diferencia entre la percepci\u00f3n de los que emplean s\u00f3lo las fuerzas de la raz\u00f3n y la percepci\u00f3n de los santos, est\u00e1 en que \u00e9stos conocen lo suprasensible en s\u00ed mismo, penetrando su esencia \u00edntima, aparte de una mayor claridad y una gran delectaci\u00f3n. Abu Bakr [Avempace] prostituy\u00f3 este deleite, ofreci\u00e9ndoselo al vulgo; lo atribuy\u00f3 a la facultad imaginativa y prometi\u00f3 describir de una manera clara y precisa c\u00f3mo debe producirse entonces el estado de los bienaventurados. Convendr\u00eda decirle a este prop\u00f3sito aquello de \u00abno digas que es dulce ning\u00fan alimento sin probarlo, ni pisotees los cuellos de los hombres veraces\u00bb. Pero nuestro hombre no hizo nada de lo que dijo ni cumpli\u00f3 su promesa. Parece que le dificult\u00f3 su intento la falta de tiempo a que \u00e9l mismo alude y sus ocupaciones en el viaje a Or\u00e1n; y acaso vio que, si describ\u00eda este estado, tendr\u00eda necesidad de decir cosas que afearan su manera de vivir y que desautorizaran todos los esfuerzos que \u00e9l hab\u00eda hecho para adquirir y acumular grandes riquezas, y todas las variadas artes con que se ingeni\u00f3 para procur\u00e1rselas.<\/p>\n<p>Pero nos hemos apartado del prop\u00f3sito a que nos hab\u00eda conducido tu pregunta, un poco m\u00e1s de lo que era necesario. <\/p>\n<p>Naturaleza de la visi\u00f3n ext\u00e1tica <\/p>\n<p>Por lo expuesto se ve claramente que tu pregunta tiene por objeto uno de dos fines: puede ser que preguntes por lo que ven los que gozan ya de la visi\u00f3n intuitiva, de la experiencia m\u00edstica y de la presencia de Dios en la cumbre de la santidad perfecta; y \u00e9sta es una de aquellas cosas cuya naturaleza real no puede consignarse exactamente en un libro; y cuando alguno intenta hacerlo y se esfuerza en explicarla por medio de la palabra o de la escritura, la naturaleza real de esto que quiere explicar se cambia y viene a parar al otro g\u00e9nero, al especulativo; porque al revestirse con letras y sonidos y aproximarse al mundo sensible, no le queda absolutamente nada del car\u00e1cter y condici\u00f3n que antes ten\u00eda; y las explicaciones que acerca de ella se dan son, adem\u00e1s, varias y muy diferentes: unos se apartan [al dar esas explicaciones] muy lejos del camino recto, creyendo que otros se han apartado, cuando no ha sido as\u00ed. Y ello se debe \u00fanicamente a que se trata de explicar una cosa infinita, que se refiere a una epifan\u00eda divina de tan amplios horizontes, que abarca o comprende sin poder ser comprendida o abarcada.<\/p>\n<p>El segundo fin que dijimos pod\u00eda tener tu pregunta, es que quieras conocer esta cosa por el m\u00e9todo de aquellos que investigan la verdad por las solas fuerzas de la raz\u00f3n; y esto (\u00a1h\u00f3nrete Dios con su santidad!) ya es cosa que puede ser consignada en los libros, y de la cual cabe dar explicaciones; pero ella es m\u00e1s escasa que el azufre rojo, y se\u00f1aladamente en este pa\u00eds en que vivimos, pues tal conocimiento es en \u00e9l tan raro, que s\u00f3lo alg\u00fan individuo aislado tras otro logran adquirirlo, y el que consigue conquistar algo de ello, no lo comunica a la gente sino por medio de alegor\u00edas, porque la religi\u00f3n musulmana y la ley verdadera prohiben dedicarse a su estudio y ponen en guardia contra \u00e9l. <\/p>\n<p>Estado de los conocimientos m\u00edsticos en Al-Andalus <\/p>\n<p>Ni vayas a creer que la filosof\u00eda que ha llegado hasta nosotros en los libros de Arist\u00f3teles y de Abu Nasr [al-Farabi] y en el libro al-Safa [de Avicena] bastan para lograr lo que t\u00fa quieres, ni pienses tampoco que ning\u00fan andalus\u00ed haya escrito acerca de esto nada que sea suficiente. Porque todos los hombres de esp\u00edritu elevado que han vivido en al-Andalus, antes de que se divulgase en este pa\u00eds la ciencia de la l\u00f3gica y de la filosof\u00eda, consagraron su vida \u00fanicamente a las ciencias matem\u00e1ticas, alcanzando en ellas un alto grado, y no pudieron estudiar lo dem\u00e1s. Despu\u00e9s, sucedi\u00f3 a \u00e9stos otra generaci\u00f3n que profundiz\u00f3 m\u00e1s que ellos en el conocimiento de la l\u00f3gica. \u00c9stos s\u00ed que especularon ya en esta ciencia, pero ella no les condujo a la verdad perfecta. Hubo entre ellos uno que dijo:<\/p>\n<p>Estoy muy afligido porque las ciencias de los hombres son dos y nada m\u00e1s que dos:<\/p>\n<p>Una, verdadera, cuya adquisici\u00f3n es dif\u00edcil; y otra, f\u00e1cil de adquirir, pero in\u00fatil. <\/p>\n<p>Escritos de Avempace sobre filosof\u00eda <\/p>\n<p>Despu\u00e9s de \u00e9stos, vino otra generaci\u00f3n de hombres m\u00e1s h\u00e1biles en la especulaci\u00f3n y m\u00e1s pr\u00f3ximos a la Verdad. Ninguno hubo entre ellos de entendimiento m\u00e1s fino, de especulaci\u00f3n m\u00e1s segura, de visi\u00f3n m\u00e1s veraz, que Abu BaKR b. al-SaYg [Avempace]; pero las cosas de este mundo lo tuvieron tan ocupado, que la muerte lo arrebat\u00f3 antes de que publicase los tesoros de su ciencia y divulgase los secretos de su sabidur\u00eda. La mayor parte de las obras suyas que se han conservado est\u00e1n incompletas y sin terminar, como, por ejemplo, su Libro sobre el alma, El r\u00e9gimen del solitario, sus escritos sobre l\u00f3gica y sobre f\u00edsica. En cuanto a sus obras completas, son libros abreviados y tratados escritos de prisa. \u00c9l mismo lo confiesa, diciendo que la idea que trata demostrar en su Tratado de la uni\u00f3n [con el entendimiento activo] no la demuestra claramente este libro, sino despu\u00e9s de gran trabajo y dificultad; que el orden de su exposici\u00f3n en algunos lugares no se sujeta al m\u00e9todo m\u00e1s perfecto; y que si hubiese podido disponer de m\u00e1s tiempo, se habr\u00eda decidido a modificarlo. En este estado ha llegado hasta nosotros la ciencia de este hombre, a quien por otra parte, no hemos conocido personalmente. Respecto a algunos contempor\u00e1neos suyos que son considerados como de su mismo nivel intelectual, no hemos visto de ellos ninguna obra, y por lo que toca a sus sucesores y contempor\u00e1neos nuestros, o est\u00e1n a\u00fan en v\u00edas de desarrollo, o se han detenido antes de llegar a la perfecci\u00f3n, o no ha llegado a nuestra noticia su verdadera labor. <\/p>\n<p>Escritos de Al-Farabi, conocidos de los espa\u00f1oles <\/p>\n<p>En cuanto a los escritos de Abu Nasr [al-Farabi] que han llegado hasta nosotros, la mayor parte se refieren a la l\u00f3gica; y los que tratan de la filosof\u00eda, contienen muchas cosas dudosas. As\u00ed, en el Kitab al-milla al-fadila afirma que las almas de los malos, despu\u00e9s de la muerte, permanecen eternamente en tormentos sin fin; pero despu\u00e9s, en su Siyasa al-madimiyya, dice francamente que estas almas se disuelven y reducen a la nada, y que no sobreviven, sino las almas virtuosas y perfectas; finalmente, en su comentario al Kitab al ajlaq, describe algo de lo que se refiere a la felicidad humana, y all\u00ed dice que s\u00f3lo se la halla en esta vida y en este mundo. A continuaci\u00f3n a\u00f1ade una frase cuyo sentido es: \u00abY todo lo que se diga, fuera de esto, son chocheces y cuentos de viejas\u00bb. Esta doctrina hace desesperar a los hombres de la misericordia de Dios, pues pone al bueno y al malo en el mismo nivel, al afirmar que el fin de todos es la nada. Tal aserto es un error que no tiene nombre y una falta que no tiene perd\u00f3n. Sin contar, adem\u00e1s, las perversas teor\u00edas que profesa respecto de la profec\u00eda, que \u00e9l cree una propiedad natural de la facultad imaginativa, inferior en rango a la filosof\u00eda; con otras muchas cosas que no tenemos necesidad de recordar aqu\u00ed. <\/p>\n<p>Obras de Avicena referentes a m\u00edstica <\/p>\n<p>Por lo que toca a los escritos de Arist\u00f3teles, el maestro Abu Ali [Avicena] se encarga de explicarnos su contenido y sigue el m\u00e9todo de su filosof\u00eda en el Kitab al-Safa . Al principio del libro, dice que la Verdad es, en su opini\u00f3n, cosa distinta de cuanto en el libro trata, y que \u00fanicamente lo ha compuesto siguiendo la doctrina de los peripat\u00e9ticos, pero que quien quiera conocer la Verdad pura, debe leer su Libro sobre la filosof\u00eda iluminativa. El que se tome el trabajo de leer el Kitab al-Safa y las obras de Arist\u00f3teles, ver\u00e1 con evidencia que coinciden en la mayor parte de las cosas, aunque hay en el Kitab al-Safa algunas que no han llegado a nosotros por medio de Arist\u00f3teles. Mas si se toman todas las doctrinas de los libros de Arist\u00f3teles y del Kitab al-Safa en su sentido literal, sin tratar de penetrar su sentido secreto y esot\u00e9rico, no se llegar\u00e1 con ellas a la perfecci\u00f3n, seg\u00fan advierte el maestro Abu Ali en su Kitab al-Safa. <\/p>\n<p>Ideas de Al-Gazali en punto a m\u00edstica <\/p>\n<p>Tocante a los escritos del maestro Abu Hamid [Al-Gazali], hay que advertir que, como habla para el vulgo, ata en un lugar y desata en otro, anatemiza ciertas doctrinas, que despu\u00e9s \u00e9l mismo profesa. Entre las doctrinas de los fil\u00f3sofos que condena como imp\u00edas en su libro al-Tahafut, est\u00e1 la negaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n de los cuerpos y la afirmaci\u00f3n de que los premios y los castigos recaer\u00e1n s\u00f3lo sobre las almas, luego, en el principio de su libro al-Mizan, dice que esta opini\u00f3n es de los doctores suf\u00edes, exclusivamente; despu\u00e9s, en su libro al-Munqid min al-dalal wa-l-mufasih bi-l-ahwal, afirma que el opina lo mismo que los suf\u00edes y que lleg\u00f3 a esta convicci\u00f3n despu\u00e9s de un largo examen. Y cosas de esta especie ver\u00e1s muchas en sus libros quien los examine y estudie atentamente.<\/p>\n<p>Ha tratado de excusarse de tal conducta, al final del libro Mizan al-amal, diciendo que hay tres clases de opini\u00f3n: la que uno profesa acomod\u00e1ndose a la que el vulgo sigue; la que se acomoda a la consulta hecha por el que pregunta y desea ser dirigido; y, finalmente, la que tiene el hombre para s\u00ed mismo y que no manifiesta sino a quien comparte sus convicciones. Despu\u00e9s de lo cual a\u00f1ade: \u00abY aunque estas palabras no tuviesen otra virtud que la de hacerte dudar de tus convicciones heredadas, tendr\u00edan ya utilidad suficiente; porque el que no duda, no mira; el que no mira, no ve; y el que no ve, permanece en la ceguera y en la perplejidad\u00bb.<br \/>\nLuego cita este verso proverbial:<\/p>\n<p>Toma lo que ves y deja lo que has o\u00eddo decir: cuando sale el Sol, te puedes pasar sin Saturno.<\/p>\n<p>Tal es la caracter\u00edstica de su doctrina. La mayor parte de ella consiste en alegor\u00edas y alusiones, que no le pueden ser \u00fatiles sino al que fija en ellas, primero, la mirada de su alma, y luego se las oye a s\u00ed mismo interiormente, o al que, siendo de un esp\u00edritu despierto, est\u00e1 ya preparado para comprenderlas, porque le basta la m\u00e1s peque\u00f1a alusi\u00f3n. En su libro al-Yawahir, dice el mismo autor que \u00e9l ha compuesto libros esot\u00e9ricos, en los cuales se contiene la verdad pura; pero, que nosotros sepamos, ninguno de ellos ha llegado a al-Andalus; mejor dir\u00e9: han llegado libros que algunos piensan que son esos libros esot\u00e9ricos, pero no es as\u00ed. Estos libros son el Kitab al-ma&#8217;arif al-aqliya, el Kitab al-nafj wa-l-taswiya y una colecci\u00f3n de cuestiones, distinta de los libros anteriores. Estos libros, aunque contienen algunas alusiones, no a\u00f1aden mucha mayor ilustraci\u00f3n respecto de lo que ya consta en sus libros conocidos. En el titulado al-Maqsad al-asna se encuentran cosas m\u00e1s oscuras que las tratadas en aquellos libros; \u00e9l declara que el citado libro no es esot\u00e9rico, de lo cual resulta necesariamente que los libros de este autor que han llegado [a nosotros] no son los esot\u00e9ricos. Un autor moderno sospecha que el pasaje que se encuentra al fin de su libro al-Miskat contiene un grav\u00edsimo problema, que hace caer a al-Gazali en un precipicio sin salvaci\u00f3n. Y es que, despu\u00e9s de enumerar all\u00ed las clases de hombres ofuscados por los velos de las luces [divinas], al pasar luego a mencionar los que ya han llegado [a la uni\u00f3n con Dios], dice que \u00e9stos advierten que este Ser est\u00e1 dotado de un atributo incompatible con la unidad pura. Quieren inferir de aqu\u00ed que [Algazel] cre\u00eda que en la esencia del Ser Primero, de la Verdad (\u00a1glorificado sea!), hay cierta multiplicidad. \u00bfDios est\u00e1 muy por encima de lo que de \u00c9l dicen los hombres injustos! A nosotros, sin embargo, no nos cabe duda alguna de que el maestro Abu Hamid [al-Gazali] fue de los que alcanzaron la felicidad suprema y de que lleg\u00f3 a los grados m\u00e1s sublimes de la uni\u00f3n [con Dios]; pero sus libros esot\u00e9ricos, los que tratan de la ciencia de la revelaci\u00f3n ext\u00e1tica, no han llegado hasta nosotros. <\/p>\n<p>Ibn Tufayl se declara disc\u00edpulo de Al-Gazali y de Avicena, con cierto eclecticismo <\/p>\n<p>Aun as\u00ed, la verdad a la que nosotros hemos llegado y que es el fin y meta de nuestra ciencia, no la hemos alcanzado sino siguiendo la doctrina de al-Gazali y la del maestro Abu Ali [Avicena], relacion\u00e1ndolas entre s\u00ed una con otra y ambas con las opiniones que han aparecido en nuestros d\u00edas, adoptadas fervorosamente por gentes que hacen profesi\u00f3n de fil\u00f3sofos, hasta que as\u00ed hemos llegado a alcanzar la Verdad, primero, por el m\u00e9todo de la investigaci\u00f3n y de la especulaci\u00f3n racional, y obteniendo despu\u00e9s por la visi\u00f3n intuitiva esta exigua dosis de experiencia m\u00edstica que ahora gustamos. <\/p>\n<p>Quiere comunicar sus ideas acerca de la m\u00edstica, y para ello escribe este libro con la historia de Hayy Ibn Yaqzan y la de Absal y Salaman <\/p>\n<p>Entonces nos hemos cre\u00eddo ya en condiciones de decir alguna cosa que deje huella de nosotros, y nos hemos resuelto a que seas t\u00fa el primero a quien regalemos lo que poseemos [de estas cosas] y a quien lo expongamos, movidos por la sinceridad de tu amistad y por la pureza de tu cari\u00f1o. S\u00f3lo que si te damos a conocer los resultados a que hemos llegado en esta materia, sin asegurarte previamente en sus principios, no te servir\u00e1 esto m\u00e1s de lo que te servir\u00eda una doctrina sumaria, impuesta por la mera autoridad de un maestro, como tampoco te servir\u00eda de nada si nos dieses tu aprobaci\u00f3n por causa del cari\u00f1o y la \u00edntima amistad que nos profesas, y no porque creas que justamente merecemos que se acepten nuestras doctrinas. Nosotros no nos contentaremos tampoco con que tu alcances este grado, ni quedaremos de ello satisfechos si no te elevas luego hasta otro grado que est\u00e1 por encima de \u00e9l, pues ese grado no te garantiza la salvaci\u00f3n, ni mucho menos el acceso al m\u00e1s alto de los grados. Queremos llevarte por los caminos por los cuales nosotros hemos caminado antes que t\u00fa; queremos hacerte nadar en el mar que nosotros hemos atravesado primero, para que t\u00fa llegues adonde hemos llegado nosotros, y veas lo que nosotros hemos visto, y te cerciores por ti mismo de todo lo que nosotros nos hemos cerciorado, y no tengas necesidad de atar tu ciencia a lo que nosotros hemos conocido. Tal intento exige un espacio de tiempo no peque\u00f1o, ausencia de preocupaciones y aplicaci\u00f3n de todos los esfuerzos a este g\u00e9nero de estudio. Si tomas sinceramente esta determinaci\u00f3n y tienes intenci\u00f3n pura de trabajar activamente para lograr este fin, alabar\u00e1s al amanecer tu viaje nocturno, recibir\u00e1s la bendici\u00f3n divina por tus esfuerzos y habr\u00e1s satisfecho a tu Se\u00f1or, que tambi\u00e9n quedar\u00e1 satisfecho de ti.<\/p>\n<p>Por mi parte, estoy a tu disposici\u00f3n para conducirte cuando quieras por el camino m\u00e1s recto, m\u00e1s libre de obst\u00e1culos y accidentes; y aunque por ahora s\u00f3lo se me aparece una peque\u00f1a vislumbre, a modo de est\u00edmulo y acicate para entrar en el camino te contar\u00e9 la historia de Hayy ibn Yaqzan y de Asal y\u00a0 Salaman, a quienes puso nombre el maestro Abu Ali [Avicena]. Su historia sirve de lecci\u00f3n a los hombres dotados de penetraci\u00f3n, que, sin detenerse en la corteza de los problemas, profundizan lo m\u00e1s abstruso de ellos, su m\u00e9dula y esencia, y \u00abde aviso a todo hombre que tiene coraz\u00f3n, que escucha y que ve\u00bb. <\/p>\n<p>Historia de Hayy Ibn Yaqzan<\/p>\n<p>Posibilidad de que haya una regi\u00f3n en el mundo, en la cual el hombre nazca por generaci\u00f3n espont\u00e1nea <\/p>\n<p>Cuentan nuestros virtuosos antepasados (\u00a1Dios se compadezca de ellos!) que hay una isla en la India, situada bajo la l\u00ednea ecuatorial, en la cual nace el hombre sin madre ni padre, a causa de ser la temperatura de aquel lugar la m\u00e1s templada de la faz de la tierra y de resultar la mejor dispuesta para recibir los rayos de luz [de la regi\u00f3n] m\u00e1s alta. Ciertamente que tal aserto est\u00e1 en contradicci\u00f3n con lo que opina la generalidad de los fil\u00f3sofos y grandes m\u00e9dicos, quienes afirman que la temperatura m\u00e1s templada del mundo es la de los pa\u00edses habitados del cuarto clima. Si dicen esto porque creen cosa segura que no los hay en la l\u00ednea ecuatorial, a causa de una dificultad propia de aquel suelo, tienen alguna raz\u00f3n al afirmar que el clima cuarto es el m\u00e1s templado en el resto del mundo. Pero si solamente quieren decir con semejante afirmaci\u00f3n que los pa\u00edses situados bajo la l\u00ednea ecuatorial son muy calurosos, seg\u00fan manifiesta la mayor\u00eda de los autores, es un error, cuyo contrario puede demostrarse.<\/p>\n<p>Est\u00e1 admitido como cierto en las ciencias naturales que el calor no puede producirse sino por una de estas causas: el movimiento, el contacto con los cuerpos c\u00e1lidos, o la luz. Tambi\u00e9n se demuestra en ellas que el sol, por su esencia, no tiene calor propio, ni est\u00e1 dotado de ninguna de las cualidades inherentes a los cuerpos mixtos. Y en las mismas ciencias se prueba tambi\u00e9n que los cuerpos que mejor reciben la luz son los pulimentados no transparentes, sigui\u00e9ndoles en esta condici\u00f3n receptiva los opacos no pulimentados; los transparentes sin opacidad alguna no reciben la luz de ninguna manera. \u00c9sta es una de las cosas que s\u00f3lo el maestro Abu Ali [Avicena] ha demostrado, sin que la hubiera mencionado ninguno de sus predecesores.<br \/>\nSi estas premisas son ciertas, forzoso es concluir de ellas que el sol no calienta a la tierra, en la misma forma en que los cuerpos c\u00e1lidos calientan a otros cuerpos con los que est\u00e1n en contacto, puesto que el sol, por su esencia, no tiene calor. La tierra tampoco se calienta por el movimiento, porque est\u00e1 inm\u00f3vil y en un mismo estado, al tiempo de la salida del sol y al de su puesta, y porque los sentidos nos manifiestan sus diferentes estados de calefacci\u00f3n y de enfriamiento en estas dos fases distintas. Tampoco se puede decir que el sol calienta primero a la atm\u00f3sfera y, por medio del calor atmosf\u00e9rico, calienta luego a la tierra. Si esto fuera as\u00ed, \u00bfc\u00f3mo explicar que hallemos, en el tiempo del calor, las capas atmosf\u00e9ricas m\u00e1s cercanas a la tierra mucho m\u00e1s calientes que las superiores, m\u00e1s lejanas? Resta, pues, que la calefacci\u00f3n del sol a la tierra se haga \u00fanicamente por medio de la luz. Porque el calor sigue siempre a la luz, hasta el extremo de que si la luz se concentra en espejos ustorios, enciende lo que se coloque frente a ella.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, consta en las ciencias matem\u00e1ticas, por demostraciones convincentes, que el sol es de figura esf\u00e9rica, lo mismo que la tierra; que aqu\u00e9l es mucho m\u00e1s grande que \u00e9sta; que la parte de la tierra alumbrada por el sol es siempre m\u00e1s de su mitad; que de esta mitad alumbrada de la tierra, la parte que en todo tiempo tiene m\u00e1s cantidad de luz es la central, porque es el lugar m\u00e1s retirado de la oscuridad y porque presenta frente al sol una superficie mayor; y que lo m\u00e1s cercano a la periferia tiene menos luz, hasta llegar a la oscuridad en la periferia del c\u00edrculo que constituye la parte iluminada de la tierra.<\/p>\n<p>Solamente un lugar es el centro del c\u00edrculo de la luz, cuando el sol est\u00e1 en el cenit de los que habitan en aquel lugar, en tal caso, el calor ser\u00e1 all\u00ed el m\u00e1s fuerte posible. Si el lugar es tal, que el sol se aleja en \u00e9l de su cenit, el fr\u00edo ser\u00e1 muy fuerte; si el lugar es tal, que el sol gira en \u00e9l hacia su cenit, el calor ser\u00e1 extremo. Mas la astronom\u00eda ha demostrado que en la superficie de la tierra situada sobre la l\u00ednea ecuatorial, el sol no est\u00e1 en el cenit sino dos veces en el a\u00f1o: cuando pasa por los signos de Aries y Libra, respectivamente; en el resto del a\u00f1o est\u00e1 seis meses al Norte y otros seis al Sur; no tienen, pues, en esta l\u00ednea ni calor ni fr\u00edo excesivos, y su clima es, por tanto, siempre uniforme.<\/p>\n<p>Esta doctrina exige una demostraci\u00f3n m\u00e1s extensa que la expuesta y que no cae dentro de nuestro prop\u00f3sito; solamente la hemos hecho notar, por ser una de las cosas que confirman la exactitud de la opini\u00f3n que admite la posibilidad de que en esta regi\u00f3n el hombre nazca sin madre ni padre.<\/p>\n<p>Algunos cortan la cuesti\u00f3n y resuelven diciendo que Hayy ibn Yaqzan es uno de los que han nacido en esta regi\u00f3n, sin madre ni padre. Otros lo niegan, y cuentan la historia de ese asunto en la forma que te vamos a referir. <\/p>\n<p>Opini\u00f3n de los que creen a Hayy hijo de una princesa, que para evitar el deshonor se ve obligada a abandonarlo, arroj\u00e1ndolo al mar <\/p>\n<p>Dicen que enfrente de esta isla en la que Hayy vivi\u00f3, hab\u00eda otra, m\u00e1s grande, de playas extensas, de muchas riquezas y muy populosa, en la cual reinaba un hombre de car\u00e1cter altanero y orgulloso. Este rey ten\u00eda una hermana, a quien imped\u00eda contraer matrimonio. Rechazaba todos los pretendientes, por no encontrar ninguno que le pareciera digno de ella. La joven ten\u00eda un vecino, llamado Yaqzan, con quien cas\u00f3 secretamente, seg\u00fan uso permitido por la religi\u00f3n dominante entonces en aquel pa\u00eds. Ella concibi\u00f3 de \u00e9l y pari\u00f3 un ni\u00f1o. Y temiendo que se descubriese su deshonor y se revelase su secreto, coloc\u00f3 al ni\u00f1o (despu\u00e9s de haberle dado el pecho) en una caja, cuya cerradura asegur\u00f3; sali\u00f3 con su preciosa carga al principio de la noche, acompa\u00f1ada de sus esclavas y personas de confianza, hacia la orilla del mar, llevando su coraz\u00f3n abrasado de amor hacia el ni\u00f1o y lleno de temor por su causa. Luego, se despidi\u00f3 de \u00e9l diciendo:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Oh, Dios! T\u00fa eres quien ha creado este ni\u00f1o, que no era nada ; T\u00fa lo has alimentado en lo profundo de mis entra\u00f1as y T\u00fa te has cuidado de \u00e9l hasta que ha estado acabado y perfecto. Temerosa de este rey violento, orgulloso y terco, yo lo conf\u00edo a tu bondad, y espero que le conceder\u00e1s tu favor. Est\u00e1 a su lado y no lo abandones, \u00a1oh, el m\u00e1s piadoso de los piadosos!\u00bb. Despu\u00e9s arroj\u00f3 la caja al agua. Una ola impetuosa la arrastr\u00f3 y la llev\u00f3, durante la noche, a la playa de la vecina isla, anteriormente citada. <\/p>\n<p>Hayy, salvado en tierra, es recogido por una gacela <\/p>\n<p>La marea llegaba en aquel entonces a un lugar al que no pod\u00eda alcanzar hasta pasado un a\u00f1o. La ola llev\u00f3 la caja a un bosquecillo de espesa maleza, de suelo agradable, resguardado contra los vientos y la lluvia, a cubierto del sol, cuyos rayos \u00abno pod\u00edan penetrar all\u00ed, mientras que sub\u00eda ni mientras que bajaba\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s la marea empez\u00f3 a bajar, y la caja qued\u00f3 en aquel sitio. Las arenas subieron, hasta el punto de impedir la entrada de agua al bosquecillo y de no permitir que las olas llegaran hasta \u00e9l.<\/p>\n<p>Cuando el movimiento del agua arroj\u00f3 la caja a este lugar, se hab\u00edan roto sus cerraduras y desunido las tablas. El ni\u00f1o, atormentado por el hambre, comenz\u00f3 a llorar, a sollozar y a intentar moverse. Su llanto lleg\u00f3 a o\u00eddos de una gacela, que hab\u00eda perdido su cr\u00eda. El animal sigui\u00f3 la voz creyendo que era la de su cachorro, y lleg\u00f3 hasta la caja. Intent\u00f3 abrirla con sus pezu\u00f1as, a la vez que el ni\u00f1o, desde dentro, empujaba al moverse, hasta que salt\u00f3 una tabla de la caja. La gacela tuvo compasi\u00f3n del ni\u00f1o, sinti\u00f3 cari\u00f1o hacia \u00e9l y le present\u00f3 sus pezones, d\u00e1ndole de mamar toda la leche que \u00e9l quiso. Despu\u00e9s no dej\u00f3 de visitarle, y le cri\u00f3 apart\u00e1ndole de todos los peligros.<\/p>\n<p>Tales son los principios de la historia de Hayy, seg\u00fan los que niegan el nacimiento sin padre ni madre. Despu\u00e9s contaremos nosotros c\u00f3mo se cri\u00f3 y los progresos que tuvo hasta alcanzar la m\u00e1s alta perfecci\u00f3n. <\/p>\n<p>Explicaci\u00f3n que dan los partidarios del nacimiento de Hayy por generaci\u00f3n espont\u00e1nea <\/p>\n<p>Los que opinan que naci\u00f3 sin padre ni madre, dicen: Que en el centro de esta isla exist\u00eda una arcilla o tierra que hab\u00eda fermentado en el transcurso de los a\u00f1os, de manera que el calor y el fr\u00edo, la humedad y la sequedad se hab\u00edan mezclado en ellas por partes iguales y con perfecto equilibrio de fuerzas. Era la fermentada una cantidad muy grande, y parte de ella superaba a la otra por la exactitud de la composici\u00f3n y por la disposici\u00f3n para formar los humores seminales. La parte central de aquella tierra era la m\u00e1s proporcionada y la que ten\u00eda un parecido m\u00e1s perfecto con el compuesto humano; al agitarse, produjo, por causa de su viscosidad, unas burbujas, como las del agua que hierve. En el centro de ella apareci\u00f3 una burbuja peque\u00f1\u00edsima, dividida en dos partes por una fin\u00edsima membrana, y llena de un cuerpo sutil, a\u00e9reo, constituido exactamente seg\u00fan las convenientes proporciones. Entonces se uni\u00f3 a este cuerpo el esp\u00edritu que emana de Dios, con una uni\u00f3n tan perfecta, que ni los sentidos ni la raz\u00f3n pueden concebir que se separe. <\/p>\n<p>Emanaci\u00f3n del esp\u00edritu <\/p>\n<p>Pues est\u00e1 demostrado que este esp\u00edritu emana perennemente de Dios, el Glorioso, el Alto. Es comparable a la luz del sol, que constantemente se extiende sobre el mundo. Hay cuerpos que no reflejan su luz, como es el aire muy transparente. Hay otros que la reflejan en parte; tales son los opacos no pulimentados; estos difieren en cuanto a la reflexi\u00f3n, y, en la misma forma, respecto a sus colores. Y otros cuerpos la reflejan en el m\u00e1s alto grado; \u00e9stos son los pulimentados, como los espejos y sus semejantes; y si los espejos son c\u00f3ncavos de una forma determinada, se produce en ellos el fuego por el exceso de luz. Lo mismo es el alma, que emana de Dios: fluye, se extiende sobre todos los seres. Y hay algunos que no manifiestan los vestigios de ella, porque les falta aptitud; tales son los minerales, que no tienen vida: corresponden al aire en el ejemplo citado. Otros hay que los muestran, seg\u00fan sus diversas aptitudes; as\u00ed, las distintas clases de plantas; corresponden a los cuerpos opacos del mismo ejemplo. Y otros que lo hacen completamente; tales son las diversas especies de animales: corresponden a los cuerpos pulimentados en el ejemplo anterior. Hay cuerpos pulimentados que tienen una gran capacidad receptiva de la luz del sol, hasta el punto de reflejar una imagen semejante. As\u00ed tambi\u00e9n entre los animales los hay que reciben muy f\u00e1cilmente el esp\u00edritu, hasta el punto de que lo reflejan y son hechos a su imagen. El hombre es el m\u00e1s especial de estos animales y a \u00e9l se alude en el dicho del Profeta: (\u00a1bend\u00edgale Dios y s\u00e1lvelo!) \u00abCre\u00f3 Dios a Ad\u00e1n a su imagen\u00bb. Y si en el hombre se\u00a0 robustece esta imagen, hasta el extremo de que las dem\u00e1s im\u00e1genes o formas se desvanezcan ante aqu\u00e9lla, quedando sola y consumiendo la majestad de sus esplendores todo cuanto la misma alcanza, entonces viene el hombre a ser algo as\u00ed como el espejo c\u00f3ncavo que incendia todos los dem\u00e1s objetos en el ejemplo anterior. Tal cosa no acaece sino en los Profetas (\u00a1las bendiciones de Dios sean sobre ellos!). Todo est\u00e1 demostrado en los lugares correspondientes.<\/p>\n<p>Pero, en fin, veamos qu\u00e9 es lo que opinan quienes creen en este modo de generaci\u00f3n. <\/p>\n<p>Las potencias se someten al esp\u00edritu <\/p>\n<p>Una vez que el esp\u00edritu -dicen- fue fijado en aquel lugar, se le sometieron todas las potencias y se inclinaron completamente ante \u00e9l por orden de Dios.<\/p>\n<p>Enfrente de este recept\u00e1culo se form\u00f3 otra burbuja, dividida en tres compartimentos, a los que separaba una membrana fin\u00edsima y comunicantes por aberturas, llenos de un cuerpo aeriforme parecido al que ocupa el recinto primero, pero todav\u00eda m\u00e1s tenue que \u00e9l; en estos tres departamentos, divididos de una sola concavidad, se alojaron una porci\u00f3n de aquellas potencias que se hab\u00edan sometido al primer esp\u00edritu. \u00c9stas fueron encargadas de guardar a las otras, de cuidarlas y de hacer llegar al esp\u00edritu, colocado en el primer recept\u00e1culo, todas las modificaciones, peque\u00f1as o grandes, que en ellas se observasen.<\/p>\n<p>Enfrente del primero, por la parte opuesta al segundo recept\u00e1culo, se form\u00f3 una tercera burbuja, llena de un cuerpo aeriforme, pero m\u00e1s denso que los dos primeros, y en el cual se aloj\u00f3 otra parte de las potencias sometidas, que fue encargada de guardarlas y cuidarlas.<\/p>\n<p>Los tres departamentos fueron lo primero que se form\u00f3 de la arcilla fermentada, por el orden que hemos dicho. Ten\u00edan necesidad unos de otros: el primero necesitaba de los dem\u00e1s para hacerse servir y obedecer, y \u00e9stos de aqu\u00e9l, como los dirigidos precisan del director, y los gobernados del gobernante; todos eran, por raz\u00f3n de los miembros formados de ellos, gobernantes y no gobernados; uno, el segundo, era superior al tercero en poder directivo. <\/p>\n<p>Formaci\u00f3n del coraz\u00f3n y del resto del cuerpo <\/p>\n<p>El primero de estos tres, una vez que se le uni\u00f3 el esp\u00edritu y se desarroll\u00f3 su calor, tom\u00f3 la figura c\u00f3nica del fuego; el cuerpo denso que lo rodeaba, la tom\u00f3 tambi\u00e9n, y vino a ser una carne dura, por\u00a0 encima de la cual se formo una envoltura membran\u00e1cea que la proteg\u00eda. La totalidad de este \u00f3rgano se llam\u00f3 coraz\u00f3n. Como el calor produce la disoluci\u00f3n y destrucci\u00f3n de los humores, este \u00f3rgano necesitaba de alguna cosa que lo repusiese, lo alimentase y le restituyera continuamente lo que perd\u00eda y sin lo cual no pod\u00eda subsistir; tambi\u00e9n necesitaba percibir lo que le conven\u00eda, para adquirirlo, y lo que le era contrario, para rechazarlo. Uno de los \u00f3rganos, por medio de las potencias, de las que era asiento y origen, se encarg\u00f3 de satisfacerle la primera necesidad; y el otro \u00f3rgano se encarg\u00f3 de subvenir a la segunda. El encargado de la percepci\u00f3n fue el cerebro; y el de la alimentaci\u00f3n, el h\u00edgado. Estos dos \u00f3rganos necesitaban del coraz\u00f3n, para que los proveyese de su calor y de las fuerzas peculiares a cada uno de los dos, pero originarias de aqu\u00e9l. Para esto se form\u00f3 entre los citados \u00f3rganos una red de sendas y de caminos, unos m\u00e1s anchos que otros, seg\u00fan ped\u00eda la necesidad: las arterias y las venas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s siguen describiendo los partidarios de esta teor\u00eda la creaci\u00f3n de todo el cuerpo, en la forma en que los f\u00edsicos entienden que se desarrolla el embri\u00f3n en la matriz, sin omitir detalle, hasta llegar a la formaci\u00f3n completa del organismo y de sus miembros, y hasta el momento en que el feto est\u00e1 preparado para salir del vientre de la madre. En toda esta exposici\u00f3n, han acudido a la hip\u00f3tesis de la arcilla grande y fermentada, que era apta para sacar de ella todo lo que es preciso en la formaci\u00f3n del hombre: las membranas que protegen el feto. Cuando estuvo completamente formado, estas envolturas se separaron de \u00e9l, como ocurre en el parto, y se abri\u00f3 el resto de la arcilla por acci\u00f3n de la sequedad. Despu\u00e9s, el ni\u00f1o empez\u00f3 a gritar, a causa de la falta de alimento y acuciado por el hambre. Una gacela que hab\u00eda perdido la cr\u00eda, vino en su auxilio. <\/p>\n<p>Hayy es criado por la gacela y vive los primeros a\u00f1os entre estos animales <\/p>\n<p>Desde aqu\u00ed coinciden los partidarios de la segunda versi\u00f3n con los de la primera, respecto al crecimiento del ni\u00f1o. Dicen, de com\u00fan acuerdo, que la gacela que lo hab\u00eda recogido, encontr\u00f3 pastos abundantes y fuertes y engord\u00f3; tuvo mucha leche, hasta el extremo de criarlo de la mejor manera posible. Estaba con \u00e9l, sin apartarse de su lado m\u00e1s que cuando le obligaba la necesidad de ir a pacer. El ni\u00f1o se acostumbr\u00f3 de tal modo a la gacela, que, cuando se retardaba, con su llanto la hac\u00eda volver apresuradamente a su lado.<\/p>\n<p>Creci\u00f3 el ni\u00f1o, en esta isla, libre de animales da\u00f1inos, cri\u00e1ndose con la leche de la gacela, hasta alcanzar los dos a\u00f1os de edad. Aprendi\u00f3 a andar y ech\u00f3 los dientes. El ni\u00f1o la segu\u00eda, y ella era buena y complaciente con \u00e9l. Lo llevaba a los sitios en que hab\u00eda \u00e1rboles frutales, y le daba a comer los frutos que se ca\u00edan del \u00e1rbol, dulces y maduros; si ten\u00edan c\u00e1scara dura, los part\u00eda con sus muelas; cuando \u00e9l volv\u00eda a las ubres, lo amamantaba; cuando quer\u00eda agua, lo llevaba a abrevar; si el sol le molestaba, lo pon\u00eda a la sombra; si ten\u00eda fr\u00edo, lo calentaba; y al llegar la noche, conduc\u00edale a su primera guarida y lo cubr\u00eda con su mismo cuerpo y con plumas que quedaban all\u00ed, resto de las que hab\u00eda en la caja en que lo arrojaron al mar. Un reba\u00f1o de gacelas ten\u00eda costumbre de acompa\u00f1arles al pasto por la ma\u00f1ana y por la tarde, y de pasar la noche en el mismo lugar que ellos. El ni\u00f1o sigui\u00f3 viviendo con las gacelas en la forma dicha; imitaba los gritos de ellas con su voz, hasta el punto de no hallarse diferencia entre ambos, y del mismo modo reproduc\u00eda, con gran exactitud, todos los cantos de p\u00e1jaros o gritos de otras especies de animales que o\u00eda. Pero lo que mejor imitaba eran los gritos que daban las gacelas en demanda de socorro, para comunicarse, para pedir algo o para rechazarlo; porque los animales en cada uno de estos distintos estados, dan un grito diferente. Ellos y Hayy se conoc\u00edan mutuamente, y no se repel\u00edan ni se trataban como extra\u00f1os. Cuando se hab\u00edan fijado en el esp\u00edritu del ni\u00f1o las representaciones de las cosas, una vez desaparecida su percepci\u00f3n actual, nac\u00eda en \u00e9l o el deseo hacia algunas de ellas, o la aversi\u00f3n respecto de otras. <\/p>\n<p>Observa Hayy las diferencias que tiene respecto de los dem\u00e1s animales, vi\u00e9ndose inferior a ellos <\/p>\n<p>A la vez que todo esto, \u00e9l miraba a los dem\u00e1s animales y los ve\u00eda revestidos de pelo, de lana o de pluma; observaba su rapidez para la carrera, su fuerza y las armas de que estaban dotados para rechazar al que los persiguiese, como, por ejemplo, los cuernos, los colmillos, los cascos, los espolones, las garras.<\/p>\n<p>Luego, contempl\u00e1ndose a s\u00ed mismo, ve\u00eda su desnudez, su falta de armas, su lentitud para la carrera, su poca fuerza respecto de los animales que le disputaban los frutos, que se los apropiaban en contra de su voluntad y le venc\u00edan en la lucha, sin que pudiese repelerlos ni escapar de ninguno de ellos.<\/p>\n<p>Ve\u00eda tambi\u00e9n que a sus compa\u00f1eros, los hijos de las gacelas, les sal\u00edan cuernos que primeramente no ten\u00edan; que se volv\u00edan fuertes en la carrera, cuando antes eran d\u00e9biles. Y en s\u00ed mismo no ve\u00eda nada de esto; reflexionaba acerca de ello y no encontraba la causa. Y al no hallar en s\u00ed mismo ning\u00fan parecido con los animales, los juzgaba deformes o enfermos. Se puso a observar los esf\u00ednteres en los otros animales, y vio que estaban resguardados: el anal por las colas; el urinario por pelos o cosa parecida, adem\u00e1s de que sus uretras estaban m\u00e1s ocultas que la de \u00e9l. Estas observaciones le aflig\u00edan y atormentaban. <\/p>\n<p>A los siete a\u00f1os de edad, Hayy se viste con hojas de los \u00e1rboles y emplea varas como armas en su lucha con los animales <\/p>\n<p>Como su tristeza por tal causa se prolongase mucho tiempo y, llegando a tener cerca de siete a\u00f1os, desesperase de alcanzar aquellas cosas cuya falta le produc\u00eda dolor, cogi\u00f3 hojas grandes de \u00e1rboles, y unas se las puso por detr\u00e1s y otras por delante, e hizo con hojas de palmera y de esparto un cintur\u00f3n que rode\u00f3 a su cuerpo, con el cual sujet\u00f3 las hojas. Pero \u00e9stas tardaron poco tiempo en marchitarse, secarse y caer. Sigui\u00f3 cogiendo otras y las colocaba en capas superpuestas; quiz\u00e1 duraban algo m\u00e1s, pero siempre poqu\u00edsimo tiempo. Tom\u00f3 ramas de \u00e1rboles como lanzones, las igual\u00f3 en sus extremos, las uni\u00f3 por las puntas y las empleaba contra los animales con quienes peleaba, atacando a los m\u00e1s d\u00e9biles y resistiendo a los m\u00e1s fuertes. Entonces concibi\u00f3 cierta idea de su poder y vio que su mano ten\u00eda una gran superioridad sobre las garras de los animales, puesto que con ella le era posible cubrir sus verg\u00fcenzas y coger bastones con los que se defend\u00eda de los seres que le rodeaban, lo cual le permit\u00eda pasarse sin cola y sin armas naturales. <\/p>\n<p>Se viste con las plumas y la piel de un \u00e1guila muerta <\/p>\n<p>Durante este intervalo creci\u00f3 y sobrepas\u00f3 los siete a\u00f1os de edad. Sigui\u00f3 teniendo el cuidado de renovar las hojas con que se cubr\u00eda. Entonces le ocurri\u00f3 la idea de coger la cola de un animal muerto para coloc\u00e1rsela \u00e9l mismo; s\u00f3lo que como hab\u00eda visto que los animales vivos se guardaban de los muertos y hu\u00edan de ellos, no se atrev\u00eda a hacerlo; hasta que un d\u00eda encontr\u00f3 por casualidad un \u00e1guila muerta y pudo realizar su deseo. Aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n viendo que los animales no se asustaban de ella, y se dirigi\u00f3 adonde estaba; cort\u00f3 las alas y la cola, enteras y cabales; le arranc\u00f3 el plumaje; quit\u00f3le el resto de la piel y la dividi\u00f3 en dos partes: una se la coloc\u00f3 \u00e9l mismo a la espalda, y la otra sobre el ombligo y las partes pudendas; colg\u00f3se la cola sobre el trasero y las dos alas sobre sus brazos. Hayy adquiri\u00f3 as\u00ed un vestido con que cubrirse y calentarse y con que imponer respeto a todos los animales, hasta el punto de que ninguno peleaba con \u00e9l, ni le resist\u00eda, ni se le acercaba ya m\u00e1s, excepto la gacela que lo hab\u00eda amamantado y criado; ambos, jam\u00e1s se separaron. <\/p>\n<p>Muerte de la gacela: Hayy trata de explicarse este fen\u00f3meno <\/p>\n<p>La gacela envejeci\u00f3 y enferm\u00f3. Hayy la llevaba adonde hab\u00eda buenos pastos, le cog\u00eda frutos dulces y se los daba a comer. Pero la debilidad y la extenuaci\u00f3n no dejaron de seguir en aumento, hasta que al fin le sobrevino la muerte; pararon todos sus movimientos y cesaron todos sus actos. Cuando el ni\u00f1o la vio en aquel estado, se afligi\u00f3 vehement\u00edsimamente y poco falt\u00f3 para que muriese de dolor.<\/p>\n<p>Llam\u00e1bala con el grito con que ordinariamente se buscaban, alzando la voz todo lo fuerte que pod\u00eda; pero no ve\u00eda en ella ning\u00fan movimiento ni cambio alguno.<\/p>\n<p>Miraba sus orejas y sus ojos y no observaba en ellos da\u00f1o manifiesto; asimismo miraba sus restantes miembros, y en ninguno de ellos encontraba lesiones.<\/p>\n<p>Deseaba ardientemente descubrir el lugar donde radicase el mal, para quit\u00e1rselo, y que volviese al estado anterior; pero nada de esto se le manifestaba, y \u00e9l nada pod\u00eda hacer.<\/p>\n<p>Lo que a Hayy hab\u00eda inspirado esta idea fue algo que observara en s\u00ed mismo anteriormente: not\u00f3 que si cerraba los ojos o los tapaba con un objeto cualquiera, no ve\u00eda nada hasta que se remov\u00eda aquel obst\u00e1culo; que si met\u00eda los dedos en los o\u00eddos y los apretaba, nada o\u00eda mientras que no desaparec\u00eda tal impedimento; que si se tapaba las narices con los dedos, no percib\u00eda ning\u00fan olor hasta que las abr\u00eda de nuevo. De esto dedujo que todas las facultades de percepci\u00f3n y de acci\u00f3n ten\u00edan en la gacela obst\u00e1culos que les imped\u00edan [ejercitarse], y que si \u00e9l pudiera libertarla de ellos, volver\u00edan a obrar. <\/p>\n<p>Piensa que la muerte de la gacela hab\u00eda sido originada por un da\u00f1o en alg\u00fan miembro oculto del cuerpo <\/p>\n<p>Como hubiese examinado todos los miembros externos del animal sin encontrar en ellos da\u00f1o aparente, y a la vez hubiese visto que la inacci\u00f3n era total y no limitada a un miembro determinado, pens\u00f3 que el da\u00f1o que la hab\u00eda conducido a aquel estado radicaba en un \u00f3rgano oculto a sus ojos, situado en el interior del cuerpo; supuso que aquel ser\u00eda indispensable a los otros exteriores para sus acciones respectivas; y que, cuando sufre una lesi\u00f3n, se generaliza el da\u00f1o y viene la paralizaci\u00f3n total. Supon\u00eda que si encontraba este \u00f3rgano y quitaba de \u00e9l [el obst\u00e1culo] que le hab\u00eda sobrevenido, volver\u00eda la gacela a su primer estado, habr\u00eda de extenderse por todo el cuerpo el alivio y recuperar\u00eda sus funciones como anteriormente las ten\u00eda. <\/p>\n<p>Este \u00f3rgano debe radicar en el centro del cuerpo <\/p>\n<p>Ya antes hab\u00eda observado, en los cad\u00e1veres de los animales salvajes y otros, que todos sus miembros eran macizos, y que s\u00f3lo ten\u00edan concavidad el cr\u00e1neo, el pecho y el vientre. Entonces pens\u00f3 que el \u00f3rgano en cuesti\u00f3n deb\u00eda radicar en uno de estos tres lugares. Iba venciendo en \u00e9l poderosamente la idea de que acaso se hallar\u00eda en el medio de esos tres lugares, puesto que \u00e9l cre\u00eda firmemente que todos los otros \u00f3rganos del cuerpo necesitaban de \u00e9l, y, seg\u00fan esto, era necesario que se hallase situado en el centro; a m\u00e1s de que si pon\u00eda atenci\u00f3n en s\u00ed mismo, sent\u00eda en su pecho algo semejante a lo que sospechaba. Y como quiera que, suspendiendo la acci\u00f3n de sus miembros, como la mano, el pie, el o\u00eddo, la nariz y el ojo, pod\u00eda privarse de ellos, juzg\u00f3 que no le eran indispensables; pero cuando reflexionaba sobre este algo que ten\u00eda en su pecho, ve\u00eda que no pod\u00eda prescindir de \u00e9l, ni durante un abrir y cerrar de ojos.<\/p>\n<p>Asimismo, en sus luchas con los animales, lo que m\u00e1s procuraba librar de sus cuernos era el pecho, por la presunci\u00f3n de lo que dentro de \u00e9l hubiera.<\/p>\n<p>Una vez que tuvo el convencimiento de que el miembro en el que hab\u00eda acaecido el da\u00f1o a la gacela no pod\u00eda estar m\u00e1s que en su pecho, se resolvi\u00f3 a observarlo y a examinarlo, pues quiz\u00e1 encontrase all\u00ed el obst\u00e1culo, y, en este caso, lo quitar\u00eda del animal. Pero temi\u00f3 que lo que iba a hacer fuese peor que el mal existente y ocasionase a la gacela un perjuicio [irreparable]. Luego, reflexion\u00f3 si acaso hab\u00eda visto alg\u00fan animal salvaje o semejante que, habiendo venido a parar a este estado [a la muerte], volviera de nuevo a su primera condici\u00f3n, y no encontr\u00f3 ninguno. Desesper\u00f3, por tanto, de que la gacela volviese a ser como era, si \u00e9l la abandonaba, y, en cambio, le quedaba alguna esperanza de que pudiese revivir, si encontraba el \u00f3rgano indicado y quitaba de all\u00ed el mal. Se decidi\u00f3, pues, a abrirle el pecho y a buscar lo que en \u00e9l hubiese. <\/p>\n<p>Hayy hace la disecci\u00f3n de la gacela y halla el coraz\u00f3n <\/p>\n<p>Cogi\u00f3 trozos de piedras duras y astillas de ca\u00f1a seca, semejantes a cuchillos, y con ellas hizo una incisi\u00f3n por las costillas, hasta cortar la carne que hay entre ellas, llegando a la envoltura interior de las costillas[la pleura].<\/p>\n<p>Al verla resistente, se fortific\u00f3 su creencia de que semejante envoltura no pod\u00eda servir sino para un \u00f3rgano como [el que \u00e9l deseaba hallar]. Esperaba que, de pasar adelante, encontrar\u00eda lo que iba buscando, y quiso cortarla; pero esto le era dif\u00edcil por la falta de instrumentos, puesto que no ten\u00eda m\u00e1s que piedras y ca\u00f1as. Las repas\u00f3, las aguz\u00f3 y se esforz\u00f3 por hendir la envoltura, hasta que logr\u00f3 cortarla y se encontr\u00f3 con el pulm\u00f3n. Al principio crey\u00f3 haber hallado lo que iba buscando, y no cesaba de examinarlo y de investigar el sitio en el que pudiese estar el mal, pero de primera intenci\u00f3n s\u00f3lo encontr\u00f3 la mitad del pulm\u00f3n, que est\u00e1 en un lado del pecho, y cuando la vio inclinada hacia un costado (como \u00e9l entend\u00eda que el \u00f3rgano [que buscaba] no pod\u00eda estar m\u00e1s que en el centro, as\u00ed a lo ancho como a lo largoo del cuerpo), no dej\u00f3 de sondear en el centro del pecho, hasta que dio con el coraz\u00f3n. Violo revestido de una envoltura extremadamente fuerte, sujeto por ligamentos muy s\u00f3lidos, rodeado por el pulm\u00f3n en el sitio en que empez\u00f3 a cortar. \u00abSi este \u00f3rgano &#8211; dec\u00eda Hayy entre s\u00ed- tiene por el otro lado una parte igual a la de \u00e9ste, sin duda ninguna est\u00e1 en el centro y no hay dificultad en que sea el que yo busco, sobre todo considerando la excelencia de su posici\u00f3n, la elegancia de su forma, su gran cohesi\u00f3n, la dureza de su carne y la envoltura que lo protege, distinta de la que tienen los restantes \u00f3rganos que conozco\u00bb. Examin\u00f3 por el otro lado del pecho y encontr\u00f3 la envoltura interior de las costillas y un pulm\u00f3n igual que el primero. Juzg\u00f3, pues, que este \u00f3rgano, el coraz\u00f3n, era el que buscaba. Quiso rasgar la envoltura del coraz\u00f3n y abrir sus membranas. Lo consigui\u00f3, no sin trabajo y esfuerzo, despu\u00e9s de haber puesto en el intento su mayor diligencia. <\/p>\n<p>Despu\u00e9s de un minucioso an\u00e1lisis del coraz\u00f3n, Hayy se convence de que el ser que hab\u00eda en sus compartimentos se ha marchado <\/p>\n<p>Puso al descubierto el coraz\u00f3n y lo hall\u00f3 macizo por todos sus lados. Mir\u00f3 para ver si encontraba en \u00e9l alg\u00fan da\u00f1o aparente, y nada vio. Lo apret\u00f3 con la mano y not\u00f3 que estaba hueco. \u00abTal vez lo que busco -pens\u00f3- s\u00f3lo se halla dentro de este \u00f3rgano, y hasta ahora no he dado con ello\u00bb. Abri\u00f3, pues, el coraz\u00f3n y encontr\u00f3 en \u00e9l dos cavidades: una al lado derecho, otra al izquierdo. La del derecho estaba llena de sangre coagulada; la otra, vac\u00eda completamente. \u00abEs preciso -reflexion\u00f3- que lo que yo busco se encuentre en uno de estos dos compartimentos. En el de la derecha no veo m\u00e1s que sangre cuajada; no hay duda de que la coagulaci\u00f3n no se ha verificado hasta que todo el cuerpo ha venido a parar al estado [actual]\u00bb (porque Hayy hab\u00eda observado que la sangre, cuando fluye y sale del cuerpo, se coagula y espesa). \u00abEsta sangre debe de ser como todas las dem\u00e1s; noto que se halla en todos los \u00f3rganos, y no exclusivamente en uno. Ahora bien, lo que busco no es una cosa de esta naturaleza; la que anhelo encontrar es algo que tenga a este miembro como lugar propio suyo y sin la cual no puedo subsistir ni siquiera un instante, y tras la que voy desde el principio. Por lo que toca a la sangre, \u00a1cu\u00e1ntas veces me han herido los animales en la lucha y he derramado gran cantidad, sin sentir da\u00f1o alguno, ni perder nada de mis facultades! En este comportamiento, pues, no est\u00e1 lo que yo busco. En cuanto al de la izquierda lo veo absolutamente vac\u00edo; pero no puedo creer que sea in\u00fatil. Yo he visto que cada \u00f3rgano tiene su funci\u00f3n propia. \u00bfC\u00f3mo ha de ser in\u00fatil ese compartimiento, cuya perfecci\u00f3n he comprobado? No puedo menos de creer que lo que busco estaba en \u00e9l, pero que se ha marchado y lo ha dejado vac\u00edo; y a consecuencia de esto ha sobrevenido al cuerpo la paralizaci\u00f3n actual, ha perdido las percepciones y se ha visto privado de los movimientos\u00bb. Y cuando vio que el ser, habitante de aquel compartimiento, se hab\u00eda marchado antes de su disgregaci\u00f3n, abandon\u00e1ndolo, intacto a\u00fan, juzg\u00f3 m\u00e1s natural pensar que no hab\u00eda de volver despu\u00e9s del da\u00f1o y destrucci\u00f3n que se le hab\u00eda ocasionado.<\/p>\n<p>Siente desprecio por el cuerpo y admiraci\u00f3n por el ser que lo gobernaba <\/p>\n<p>Entonces el cuerpo entero le pareci\u00f3 vil y sin valor, en relaci\u00f3n con aquel ser, de cuya residencia all\u00ed durante alg\u00fan tiempo estaba firmemente convencido, y se apart\u00f3 del cad\u00e1ver en seguida. Concentr\u00f3, pues, toda su reflexi\u00f3n sobre aquel algo, [intentando averiguar] qu\u00e9 y c\u00f3mo era, qu\u00e9 nexo ten\u00eda con el cuerpo, ad\u00f3nde se hab\u00eda ido, por qu\u00e9 puertas sali\u00f3 al abandonarlo, qu\u00e9 causa lo expuls\u00f3, y si su salida fue obligada, o qu\u00e9 motivo le hizo odioso el cuerpo, hasta el extremo de abandonarlo, si esto sucedi\u00f3 por propia voluntad. Reflexion\u00f3 mucho sobre estas cuestiones; perdi\u00f3 de vista el cuerpo y dej\u00f3 de pensar en \u00e9l.<\/p>\n<p>Comprendi\u00f3 que su madre, que tan buena fue siempre con \u00e9l y lo hab\u00eda amamantado, era s\u00f3lo el algo que hab\u00eda desaparecido y del cual emanaban todos sus actos, y no aquel cuerpo inerte, que realmente s\u00f3lo era como un instrumento, a semejanza de las estacas que el cog\u00eda para pelear con los animales. Apart\u00f3 desde entonces todo su afecto del cuerpo, para ponerlo en el due\u00f1o y motor de \u00e9l, y s\u00f3lo para \u00e9ste tuvo cari\u00f1o.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El fil\u00f3sofo autodidacto Abentofail Pr\u00f3logo del autor \u00a1En el nombre de Dios, clemente y misericordioso! Bendiga Dios a nuestro Se\u00f1or Mahoma y a su familia y compa\u00f1eros, y deles la paz. Motivo ocasional de este libro: el \u00e9xtasis Me pediste, hermano sincero (Dios te d\u00e9 la inmortalidad eterna y te haga gozar la perpetua felicidad), que te comunicase aquellos misterios<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[36],"tags":[],"class_list":["post-1568","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-libros"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1568","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1568"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1568\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1568"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1568"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1568"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}