{"id":1516,"date":"2008-06-10T05:06:36","date_gmt":"2008-06-10T05:06:36","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1516"},"modified":"2008-06-10T05:06:36","modified_gmt":"2008-06-10T05:06:36","slug":"los-guardianes-del-universo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1516","title":{"rendered":"Los guardianes del Universo"},"content":{"rendered":"<p>Los guardianes del Universo<\/p>\n<p>Los dioses transmitieron<br \/>\na los indios Kogi<br \/>\nla sabidur\u00eda<br \/>\ndel orden c\u00f3smico<\/p>\n<p>por Flor Romero <\/p>\n<li>\n<p>San Miguel, poblado Kogi<\/p>\n<p>Fuente: &#8220;El Correo de la UNESCO&#8221;; mayo 1990; pp 30-33.<\/p>\n<p>ni\u00f1a kogi con su vestido<\/p>\n<p>Los integrantes de la tribu Kogi son cerca de cinco mil. Su comunidad agr\u00edcola est\u00e1 instalada en la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia. Trabajan en fincas, recorren los senderos enlosados que sus antepasados, maravillosos urbanistas, construyeron en medio de la selva, y contin\u00faan apegados a sus ritos y creencias.<\/p>\n<p>Los Kogi velan porque los \u00e1rboles no sean cortados, los r\u00edos corran naturalmente, las tumbas de sus antepasados no sean violadas y sus santuarios permanezcan intactos. Observan las estrellas, retienen la velocidad del viento, saben de los ciclos del mundo animal y del vegetal. Aseguran mirando el cielo que ?all\u00ed se ve todo, est\u00e1 escrito todo, aparece todo: los antiguos, las gentes, los animales.? Y viendo desfilar al Huso (el cangrejo), Neuiheldji (la nutria), Mebbtashi (el jaguar), Tarbi (la culebra) han dise\u00f1ado el calendario Kogi, de antigua data, desde la \u00e9poca de sus antepasados que moraban en los picos de la monta\u00f1a.<\/p>\n<p>Conservan como un tesoro su sabidur\u00eda sobre las leyes de la naturaleza y el manejo del Universo y contemplan aterrados c\u00f3mo los ?civilizados? los empujan cada vez m\u00e1s hacia los picachos y contrar\u00edan la Ley de la Madre.<\/p>\n<p>La Madre es el s\u00edmbolo de la fertilidad. Sus ?leyes? regulan esta fertilidad y la obediencia a sus leyes la garantizan para siempre. En eso consiste el ?saber?. Conocer las leyes de la Madre a trav\u00e9s de la g\u00e9nesis del Universo, del Mito, de los h\u00e9roes, de las genealog\u00edas. Vivir siempre ?de acuerdo? con la Madre, en uni\u00f3n con ella.<\/p>\n<p>El mensaje de los antepasados<\/p>\n<p>Pensativo, contemplando el cercano cielo azul, est\u00e1 el Kogi Mayor, sentado sobre un promontorio de tierra en Ciudad Perdida.<\/p>\n<p>Enfundado en su sayo blanco, con un sombrero de cucurucho, ha dejado al lado la mochila tejida repleta de pl\u00e1tanos, aguacates, ma\u00edz, pi\u00f1a, papas y \u00f1ame. Va para su boh\u00edo, en lo alto de la Sierra Nevada de Santa Marta. Se ha detenido a meditar en su destino.<\/p>\n<p>Hace mucho tiempo los Kogi eran amos y se\u00f1ores de los cercados. Dominaban desde el nacimiento de las serran\u00edas hasta las cumbres nevadas que van a hundirse en las profundidades del Caribe. Todo lo ten\u00edan: cielo, mar, nieves, monta\u00f1as, r\u00edos, ciudades sagradas, predominio sobre sus vecinos.<\/p>\n<p>El control del Universo siempre fue suyo, desde tiempos inmemoriales, cuando la Madre Universal les diera a luz en los comienzos, porque: ?Ella es la madre de todas las razas de los hombres, ella es la madre de todas las tribus&#8230;?<\/p>\n<p>El Kogi Mayor, gran M\u00e1ma (sacerdote), es el encargado de velar por el orden universal, as\u00ed como por el orden social y espiritual de su tribu. Sabe de memoria la cosmogon\u00eda de su tribu (v\u00e9ase el recuadro). Preciosamente conserva el mensaje de los antepasados, transmitido de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. La sabidur\u00eda de las leyes de la naturaleza recibida de sus mayores lo ha capacitado para entender la ?Ley de la Madre?: ?Ella es la madre de las lagunas, de los r\u00edos, de los \u00e1rboles y de todas las cosas. Es la madre de los cantos y danzas, la madre del mundo y de los antiguos hermanos de piedra, de los frutos y de todas las cosas.? Ella es tambi\u00e9n la madre de los Hermanos Menores, los forasteros. Es la madre de los instrumentos de m\u00fasica y de todos los templos, del sol y de la V\u00eda L\u00e1ctea, del fuego y de la lluvia.<\/p>\n<p>El M\u00e1ma Kogi, con su rostro cetrino, su mirada encarbonada y su sabidur\u00eda de la naturaleza, contempla impotente la destrucci\u00f3n del Universo. Como Hermano Mayor est\u00e1 obligado a velar porque no se alteren las leyes de la Madre Naturaleza; pero fuera de las invocaciones ceremoniales y de las plegarias en sus templos tan pr\u00f3ximos al cielo, nada puede hacer.<\/p>\n<p>De vez en cuando se decide a bajar a la llanura, pero es s\u00f3lo para implorar a los forasteros, a las gentes del gobierno, que les permitan vivir sin arrinconarlos todav\u00eda m\u00e1s, que no les impongan las nuevas costumbres de los reci\u00e9n llegados y que los blancos intrusos no sigan destruyendo sin piedad a esa Madre Naturaleza que es el origen de todo.<\/p>\n<p>El 9 de junio de 1987 los M\u00e1mas se sentaron a pensar en Ciudad Perdida inquietos por la violaci\u00f3n de sus sitios ceremoniales. De all\u00ed sali\u00f3 una carta para el gobierno pidiendo protecci\u00f3n para sus cercados: ?Estas grandes ciudades encierran verdaderos secretos de nuestra civilizaci\u00f3n tradicional y nuestro pensamiento filos\u00f3fico&#8230;; es una de las razones por las cuales a los M\u00e1mas les corresponde velar por estos bienes leg\u00edtimos.?<\/p>\n<p>Los Kogis insisten en que Teyuna (centro de poder y s\u00edmbolo de fertilidad y porvenir) es un lugar sagrado donde los M\u00e1mas se sientan a pensar profundo. Est\u00e1 dentro de su resguardo y fue el legado que dios les dej\u00f3.<\/p>\n<p>FLOR ROMERO es una escritora colombiana. Autora de estudios biogr\u00e1ficos y de varias novelas, entre las que cabe mencionar Triquitraques del Tr\u00f3pico (1972) y Los sue\u00f1os del poder (1979), ha escrito tambi\u00e9n relatos sobre temas m\u00edticos precolombinos como los reunidos en Los tiempos del deslumbramiento (1986) y Escrito en oro (1989).<\/p>\n<p>Los nueve mundos de los Kogi<\/p>\n<p>Gerardo Reichel Dolmatoff &#8211; 1985.<br \/>\nLos Kogi, tomo II, Procultura.<\/p>\n<p>Versi\u00f3n simplificada y adaptada<br \/>\ndel relato cosmog\u00f3nico transcrito<br \/>\nen su forma original en dicha obra.<\/p>\n<p>Fuente: &#8220;El Correo de la UNESCO&#8221;; mayo 1990; p. 33.<\/p>\n<p>&#8220;Primero estaba el mar. Todo estaba oscuro. No hab\u00eda sol, ni gente, ni animales, ni plantas. S\u00f3lo el mar estaba en todas partes. El mar era la Madre. (&#8230;). La madre no era gente, ni nada, ni cosa alguna. Ella era esp\u00edritu de lo que iba a venir y ella era pensamiento y memoria.<\/p>\n<p>Entonces cuando existi\u00f3 as\u00ed la Madre, se formaron arriba las tierras, los mundos, hasta arriba donde est\u00e1 hoy nuestro mundo. Eran nueve mundos y se formaron as\u00ed. En el primero estaba la Madre y el agua y la noche. No hab\u00eda amanecido aun. La Madre se llamaba entonces Se\u0097ne\u0097nul\u00e1ng y tambi\u00e9n exist\u00eda un Padre que se llamaba Katak\u00e9ne\u0097ne\u0097nul\u00e1ng. Ten\u00edan un hijo que se llamaba Bunkua\u0097s\u00e9. Pero no eran gente, ni nada, ni cosa alguna. Ellos eran al\u00fana1, eran esp\u00edritu y pensamiento. Ese fue el Primer Mundo.<\/p>\n<p>En el Segundo Mundo exist\u00eda un Padre que era un tigre. En el Tercero brotaron lombrices y gusanos. En el Cuarto hab\u00eda dos Madres S\u00e1yaguaeye\u0097yumang y Disi\u0097seyuntan\u00e1 y un Padre Sai\u0097tan\u00e1, con el privilegio del conocimiento sobre c\u00f3mo ser\u00eda la gente; en el Quinto Mundo apareci\u00f3 la Madre Encu\u00e1ne\u0097ne\u0097nul\u00e1ng contemplando seres humanos, pero sin orejas, ni ojos, ni narices, ni o\u00eddos; pero hablaban y repet\u00edan lun\u00e1ticos ?sai\u0097sai-sai? (noche, noche, noche).<\/p>\n<p>La Madre del Sexto Mundo fue Bunku\u00e1ne\u0097ne\u0097nul\u00e1ng y el Padre Saichak\u00e1; por aquel entonces empezaron a nacer los Due\u00f1os del Mundo que en los comienzos fueron dos: el B\u00fankua\u0097s\u00e9 Azul y el B\u00fankua\u0097s\u00e9 Negro. Se dividi\u00f3 el mundo en dos partes: el Azul y el Negro, y en cada uno hab\u00eda nueve B\u00fankua\u0097s\u00e9. Los del lado izquierdo eran todos azules y los del lado derecho eran todos negros.<\/p>\n<p>Ya en el S\u00e9ptimo mundo exist\u00eda la Madre Ah\u00fanyik\u00e1; y empez\u00f3 a formarse la sangre en los cuerpos y nacieron m\u00e1s gusanos, sin huesos y sin fuerzas.<\/p>\n<p>Nac\u00eda el Octavo Mundo, y de la Madre Kenyaj\u00e9 y el Padre Ahu\u00ednakatana nacieron los Padres y Due\u00f1os del Mundo. Eran treinta y seis en total.<\/p>\n<p>Entonces se form\u00f3 el Noveno Mundo. Hab\u00eda entonces nueve B\u00fankua\u0097s\u00e9 Blancos. Entonces los Padres del Mundo encontraron un \u00e1rbol grande en el cielo sobre el mar, y sobre el agua hicieron una casa grande de madera y paja de bejuco. A esta casa la llamaron Al\u00fana.&#8221;<\/p>\n<p>1. Para los Kogi el concepto de al\u00fana abarca las nociones de esp\u00edritu, memoria, pensamiento, voluntad, alma, intenci\u00f3n. La cosa visible y concreta es s\u00f3lo un s\u00edmbolo mientras que el verdadero valor y la esencia existen en al\u00fana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los guardianes del Universo Los dioses transmitieron a los indios Kogi la sabidur\u00eda del orden c\u00f3smico por Flor Romero San Miguel, poblado Kogi Fuente: &#8220;El Correo de la UNESCO&#8221;; mayo 1990; pp 30-33. ni\u00f1a kogi con su vestido Los integrantes de la tribu Kogi son cerca de cinco mil. Su comunidad agr\u00edcola est\u00e1 instalada en la Sierra Nevada de Santa<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[43],"tags":[],"class_list":["post-1516","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-suramerica"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1516","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1516"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1516\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1516"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1516"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1516"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}