{"id":1472,"date":"2008-06-08T07:08:23","date_gmt":"2008-06-08T07:08:23","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1472"},"modified":"2008-06-08T07:08:23","modified_gmt":"2008-06-08T07:08:23","slug":"jan-de-vos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1472","title":{"rendered":"Jan de Vos"},"content":{"rendered":"<p>Jan de Vos<\/p>\n<p>Los mayas en los tiempos modernos<\/p>\n<p>Los manuales de historia mencionan generalmente 1821 como el inicio de la \u00e9poca moderna para M\u00e9xico y Centroam\u00e9rica, ya que es el a\u00f1o de su independencia del imperio espa\u00f1ol. Tal periodizaci\u00f3n \u00fanicamente vale para las reducidas \u00e9lites criollas que viv\u00edan en las ciudades y haciendas de aquel entonces. La guerra de 1821 fue un proceso de emancipaci\u00f3n en el cual las grandes masas mestizas e ind\u00edgenas empobrecidas no estaban incluidas, ni como sujetos, ni como objetos. En realidad, los pocos insurgentes de Yucat\u00e1n, Chiapas y Guatemala so\u00f1aron con desplazar a los peninsulares en los puestos de mando y provecho. Decidieron sacudir el yugo espa\u00f1ol, despu\u00e9s de asegurarse de que el nuevo proyecto imperial de Iturbide garantizara sus privilegios. Y el orden republicano que poco tiempo despu\u00e9s se les impuso no signific\u00f3 en los tres nuevos estados federados cambio alguno en cuanto a reformas sociales se refiere. Los de arriba -liberales y conservadores, por igual- estaban muy a gusto viviendo a cuestas de los de abajo y no pensaban renunciar a su bienestar ganado por medio de la despiadada explotaci\u00f3n de la &#8220;indiada&#8221;.<\/p>\n<p>Esta estaba formada, en su inmensa mayor\u00eda, por campesinos mayas que viv\u00edan agrupados en poco menos de medio millar de pueblos de factura colonial: unos 110 en Chiapas, unos 130 en Yucat\u00e1n y alrededor de 220 en Guatemala. Sus m\u00e1s de 800 mil habitantes constitu\u00edan aproximadamente 80 por ciento de la poblaci\u00f3n total. Para todos ellos la tan mentada Independencia era una palabra hueca que encubr\u00eda el verdadero destino que les preparaba el tiempo a venir: la prolongaci\u00f3n de su condici\u00f3n de explotados, ahora por autoridades directamente identificadas con el poder local. Comenz\u00f3 as\u00ed para los mayas una \u00e9poca que bien podemos llamar neocolonial y que ya lleva casi dos siglos de existencia, puesto que el tiempo no ha logrado eliminar totalmente su centenaria marginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, no fue el a\u00f1o de 1821 el momento en que los mayas empezaron a sufrir un cambio profundo en su modo de vivir. Este hab\u00eda arrancado medio siglo antes con la llegada de las reformas borb\u00f3nicas. La modernizaci\u00f3n administrativa entonces introducida trastorn\u00f3 seriamente el sistema sociocultural defensivo que hab\u00edan logrado construir, con mucha paciencia e imaginaci\u00f3n, sobre las ruinas causadas por la invasi\u00f3n espa\u00f1ola en la d\u00e9cada de los a\u00f1os 1520-1530. Fue esa segunda conquista, 200 a\u00f1os despu\u00e9s de la primera, la que realmente marc\u00f3 para los mayas de Yucat\u00e1n, Chiapas y Guatemala la entrada al mundo moderno, m\u00e1s que la Independencia de 1821. Seg\u00fan esta otra manera de medir el tiempo, la dominaci\u00f3n para los mayas se extender\u00eda entonces sobre un periodo de casi cinco siglos, ya que arranc\u00f3 en alrededor de 1520 y a\u00fan no termina. Al contrario, en la medida en que nos acercamos al tercer milenio se est\u00e1n multiplicando las se\u00f1ales de una tercera conquista, igual de devastadora: la irrupci\u00f3n del sistema neoliberal, que ha declarado una guerra de exterminio en contra de todo lo que pudiera estorbar la implantaci\u00f3n de su capitalismo salvaje.<\/p>\n<p>En este breve texto dar\u00e9 constancia de la vida de los mayas bajo el r\u00e9gimen neocolonial, introducido por la corona espa\u00f1ola alrededor de 1770 e intensificado notablemente por los gobiernos republicanos a partir de 1821. Destacan tres experiencias particularmente dolorosas: el despojo de sus tierras, la proletarizaci\u00f3n de su fuerza de trabajo y la fracturaci\u00f3n de su mundo sociocultural. Tambi\u00e9n dar\u00e9 cuenta de las diversas maneras en que los mayas trataron de sobrevivir como colectividades frente a las agresiones de los &#8220;ladinos&#8221;, fueran \u00e9stos civiles o eclesi\u00e1sticos, ricos o pobres, bien o mal intencionados. Las estrategias defensivas que aplicaron fueron las mismas que ya ha- b\u00edan demostrado su eficiencia en los siglos anteriores: la resistencia pasiva de todos los d\u00edas, la negociaci\u00f3n siempre y cuando era posible, la retirada en casos de emergencia, y el enfrentamiento armado al agotarse las otras alternativas.<\/p>\n<p>Durante los dos primeros siglos de la \u00e9poca colonial, los pueblos de indios de la regi\u00f3n maya hab\u00edan disfrutado de un no despreciable nivel de autonom\u00eda real. Las autoridades espa\u00f1olas que resid\u00edan en las contadas ciudades y villas hab\u00edan acostumbrado dejar buena parte de la administraci\u00f3n de las comunidades en manos de los gobernadores ind\u00edgenas. Estos se hab\u00edan convertido en los verdaderos depositarios de la unidad comunitaria gracias al respeto incondicional que sus s\u00fabditos les brindaban. Centralizaban en sus personas los privilegios de hacer justicia, supervisar la recolecci\u00f3n de tributos y obvenciones, controlar la econom\u00eda de las cofrad\u00edas y cajas de comunidad, cuidar del buen desarrollo de las fiestas. Las &#8220;rep\u00fablicas de indios&#8221;, como se sol\u00eda llamar jur\u00eddicamente a los pueblos, no ten\u00edan nada de republicano en el sentido moderno de la palabra. Eran sociedades socialmente estratificadas, en donde todo se hac\u00eda en com\u00fan, pero bajo el mando de una aristocracia nativa que monopolizaba el poder en sus manos.<\/p>\n<p>Ese sistema corporativo, basado en una relaci\u00f3n rec\u00edproca de privilegio y obediencia, hab\u00eda funcionado de maravilla en los tiempos de los Habsburgos pero a los ojos de los Borbones era un obst\u00e1culo inaceptable frente a la tan necesitada reforma fiscal y administrativa. Para los gobiernos independientes del siglo XIX era, adem\u00e1s, una ofensa a los principios de libertad individual e igualdad pol\u00edtica. Las comunidades tradicionales recibieron el primer aviso de los cambios a venir con la introducci\u00f3n, en 1786, de las intendencias. Esta medida no s\u00f3lo signific\u00f3 un nuevo ordenamiento territorial de las antiguas provincias -la subdivisi\u00f3n en intendencias y partidos- sino tambi\u00e9n la instalaci\u00f3n en las cabeceras de oficiales no ind\u00edgenas que quitaron a los l\u00edderes nativos la responsabilidad de la administraci\u00f3n local, excepto los cargos directamente relacionados con las fiestas religiosas de la comunidad. Pero aun estas funciones sagradas les eran cada vez m\u00e1s dif\u00edciles de cumplir, al ya no contar con la riqueza personal de antes ni poder disponer libremente de los ingresos colectivos.<\/p>\n<p>La dr\u00e1stica reducci\u00f3n de la autoridad de los l\u00edderes nativos no fue la \u00fanica agresi\u00f3n a la comunidad ind\u00edgena en v\u00edsperas de la Independencia. Otro atropello fue el despojo de las tierras comunales a favor de las haciendas, que en el mismo periodo se transformaron, de las modestas estancias ganaderas que hab\u00edan sido hasta entonces, en pujantes empresas agropecuarias productoras para el comercio exterior. El cultivo a gran escala de algod\u00f3n, henequ\u00e9n, tabaco, ca\u00f1a y otros productos, exig\u00eda no s\u00f3lo un cambio tecnol\u00f3gico sino tambi\u00e9n un aumento en superficie de tierra laborable. Y los nuevos empresarios no titubearon en quit\u00e1rsela a los pueblos de indios vecinos y no tan vecinos. El primer paso fue la apropiaci\u00f3n o compra de las fincas de las cofrad\u00edas, el segundo el acaparamiento de las tierras de la comunidad misma.<\/p>\n<p>Cuando en 1821 Yucat\u00e1n, Chiapas y Guatemala se independizaron de Espa\u00f1a, los mayas cambiaron de due\u00f1o pero no de condici\u00f3n. Peor a\u00fan, las Leyes de Indias, que de alguna manera los hab\u00edan protegido en sus personas y bienes, dejaron de tener vigencia. De ah\u00ed en adelante, los gobiernos liberales y conservadores que se alternaron en el poder continuaron el despojo, utilizando una legislaci\u00f3n hecha de acuerdo con los intereses de los hacendados. El mecanismo consist\u00eda en reducir dr\u00e1sticamente la extensi\u00f3n del fundo legal de las comunidades y declarar a los terrenos excedentes como &#8220;bald\u00edos&#8221;, aptos para ser enajenados por las autoridades a favor de particulares que dispon\u00edan del capital necesario y de las conexiones pol\u00edticas adecuadas para comprarlos. Los candidatos estaban interesados en las tierras indias porque \u00e9stas ya hab\u00edan pasado por varios ciclos de desmonte y, en consecuencia, eran aprovechables inmediatamente. En el caso de Chiapas las Memorias que los gobernadores presentaron a lo largo del siglo XIX sobre su gesti\u00f3n son muy ilustrativas al respecto. Si en 1837 s\u00f3lo exist\u00edan 853 haciendas y ranchos, en 1889 ya hab\u00eda 3 mil 159, en 1896 llegaban a 4 mil 546, en 1903 a 4 mil 794, y en 1909 a 6 mil 862.<\/p>\n<p>Los nuevos propietarios no tardaron en apropiarse tambi\u00e9n de la fuerza de trabajo de los despojados. Estos cayeron en una de dos categor\u00edas: la de &#8220;bald\u00edos&#8221; y la de &#8220;mozos&#8221;. Los primeros eran los habitantes de los parajes quienes fueron despojados de su ranchito y milpa al quedar \u00e9stos dentro del terreno acaparado por alg\u00fan poderoso hacendado. No ten\u00edan m\u00e1s remedio que convertirse en siervos de su nuevo amo. Pod\u00edan permanecer en su lugar de origen y cultivar su parcela, a cambio de trabajar de tres a cinco d\u00edas por semana para el patr\u00f3n sin recibir remuneraci\u00f3n alguna. Los segundos eran los que abandonaron sus comunidades apremiados por la falta de tierra y dem\u00e1s oportunidades. Estos fueron a vender su fuerza de trabajo en las haciendas que siempre hab\u00edan existido o se hab\u00edan formado, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, en tierras enajenadas a la Iglesia o a la naci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los mozos, igual que los bald\u00edos, terminaron atados de por vida a la hacienda adonde hab\u00edan ido a buscar trabajo en calidad de jornaleros libres. La t\u00e1ctica utilizada por el hacendado y sus capataces era el endeudamiento gradual del trabajador: lo obligaban a comprar en la tienda de raya y lo multaban por bajo rendimiento. Las deudas, en vez de extinguirse, aumentaban constantemente, y al morir quien las hab\u00eda contra\u00eddo, ca\u00edan sobre sus hijos y, a falta de \u00e9stos, sobre los parientes m\u00e1s cercanos. De esta manera la hacienda se aseguraba la presencia continua de mano de obra abundante y barata. Todos estos peones mayas, desarraigados de su comunidad y amarrados a la cadena infernal de la deuda, corrieron el riesgo de perder, junto con su dignidad de hombres y mujeres libres, su identidad \u00e9tnica.<\/p>\n<p>A diferencia de los bald\u00edos y mozos, los indios que lograron preservar la tenencia de su parcelas gozaron de mayor libertad. Sin embargo, su condici\u00f3n de peque\u00f1os productores independientes pronto se vio amenazada por la competencia de las empresas agr\u00edcolas y ganaderas ladinas en el mercado regional. Los humildes ranchitos indios, situados en terrenos poco f\u00e9rtiles y cada vez m\u00e1s reducidos, por lo general no alcanzaban ni siquiera para sostener a las familias que los habitaban. Los hombres terminaron recurriendo al trabajo temporal en las haciendas cercanas o yendo a las plantaciones y monter\u00edas de tierra caliente, en el caso de los mayas que viv\u00edan en los altiplanos de Chiapas y Guatemala. De esta manera consegu\u00edan completar los magros ingresos que les daban la milpa y la venta espor\u00e1dica de animales dom\u00e9sticos y artesan\u00edas caseras.<\/p>\n<p>A finales del siglo XIX, los pueblos mayas hab\u00edan perdido la mayor parte de sus tierras y personas en beneficio de las haciendas. En ellas hab\u00eda surgido un nuevo tipo de poblado ind\u00edgena, de alguna manera duplicado de la comunidad tradicional pero ya no con la iglesia como n\u00facleo f\u00edsico y sociocultural. La nueva aglomeraci\u00f3n se concentraba en torno de la casa del se\u00f1or hacendado, edificio mucho m\u00e1s imponente que la modesta ermita. En ella no faltaba la imagen del santo patrono escogido por el amo, quien se encargaba personalmente de los pagos necesarios para las fiestas en su honor. La sociedad formada por estos &#8220;indios de hacienda&#8221; era una triste copia de la comunidad de origen, ya que carec\u00eda de la elaborada estructura corporativa que proporcionaba a los &#8220;indios de pueblo&#8221; la fuerza de seguir sobreviviendo en medio de las agresiones.<\/p>\n<p>De estas agresiones falta una \u00faltima por mencionar: la gradual invasi\u00f3n de las comunidades por mestizos de escasos recursos. Estos se establecieron como rancheros en las inmediaciones del pueblo o como tenderos y artesanos en el casco del poblado. El fen\u00f3meno hab\u00eda empezado ya durante el siglo XVIII pero aument\u00f3 de manera considerable durante el siglo XIX. Muchos &#8220;pueblos de indios&#8221; se convirtieron as\u00ed en &#8220;villas&#8221; en donde una minor\u00eda de &#8220;vecinos&#8221; ocupaba el centro, y la mayor\u00eda de los &#8220;naturales&#8221; viv\u00eda desplazada hacia la orilla. Entre esos invasores mestizos destacaba, por su perniciosidad, el fabricante y vendedor de aguardiente. El consumo de licor era una costumbre antigua entre los indios, ya que su libaci\u00f3n acompa\u00f1aba necesariamente todo rezo de petici\u00f3n o curaci\u00f3n. Sin embargo, al deteriorarse las condiciones de vida en las comunidades, muchos hombres empezaron a buscar refugio en el alcohol. Lo que al principio fue una costumbre religiosa y festiva, se volvi\u00f3 as\u00ed un vicio social, introducido y fomentado por el cantinero local.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo los mayas lograron sobrevivir a tantas calamidades? En primer lugar por medio de una paciente labor de reconstrucci\u00f3n de la comunidad, a nivel de la convivencia social y a nivel de sus expresiones simb\u00f3licas. En la mayor\u00eda de los casos, esta recreaci\u00f3n revel\u00f3 ser la \u00fanica respuesta viable frente al desmembramiento sufrido por el baldiaje en las haciendas cercanas y el trabajo migratorio en las plantaciones lejanas. Gracias a este esfuerzo, muchas etnias llegaron con vida al tercer milenio; mutiladas, s\u00ed, pero con su identidad salvaguardada a pesar de las alteraciones que inevitablemente sufrieron durante el proceso.<\/p>\n<p>Uno de los cambios m\u00e1s notables fue el que transform\u00f3 el tradicional sistema de cofrad\u00edas, heredado de la Colonia, en el de mayordom\u00edas o cargos sociorreligiosos. Debido a la ausencia cr\u00f3nica y la muerte prematura de muchos hombres adultos, provocadas por el trabajo forzado y malsano en las plantaciones y monter\u00edas, las cofrad\u00edas perdieron cada vez m\u00e1s miembros y dejaron, finalmente, de funcionar. En su lugar fueron introducidas una serie de nuevas pr\u00e1cticas, fiestas dedicadas a santos inusitados, cuya celebraci\u00f3n fue encargada a un par de mayordomos nombrados a prop\u00f3sito. Y para que estos cargos estuvieran bien atendidos, los alcaldes y regidores acostumbraron designar a los candidatos con base en un orden jer\u00e1rquico de funciones ascendentes. Naci\u00f3 as\u00ed un elaborado sistema en donde el cura doctrinero participaba de alguna manera pero ya no figuraba como la persona central, si en alg\u00fan momento hab\u00eda gozado de ese privilegio. A\u00fan m\u00e1s que antes, los mayas llegaron a controlar la celebraci\u00f3n de sus fiestas, cada vez m\u00e1s adaptadas a sus propios gustos y necesidades. Muchos ritos que ahora son la fascinaci\u00f3n de los antrop\u00f3logos culturalistas fueron elaborados entonces. A\u00fan est\u00e1 por estudiarse, a fondo y en detalle, el proceso de recreaci\u00f3n de estas innumerables y complejas costumbres a lo largo y ancho de la regi\u00f3n maya. En este sentido, el siglo XIX bien podr\u00eda revelarse como igual de inventivo que el siglo XVI. Los sujetos de est\u00e1 nueva creatividad se vieron restringidos por los l\u00edmites impuestos por la opresi\u00f3n neocolonial, pero siempre encontraron el espacio suficiente para construir y reconstruir, a partir de elementos aut\u00f3ctonos y extranjeros, su propio universo.<\/p>\n<p>Es importante subrayar que se trata de un mundo netamente campesino, en donde la preocupaci\u00f3n por la posesi\u00f3n y el cultivo de la tierra nunca deja de ocupar el lugar central. Por esta raz\u00f3n persistieron tantas devociones y celebraciones en torno de deidades prehisp\u00e1nicas, mucho m\u00e1s identificadas \u00e9stas con las fuerzas de la naturaleza que el Dios cristiano y su corte celestial de santos y \u00e1ngeles. Podemos postular, para la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, una gradual liberaci\u00f3n de muchas costumbres antes inhibidas. Los ojos de agua, las cuevas, los cerros, las milpas, siempre hab\u00edan sido sitios privilegiados para ofrecer plegarias y realizar ofrendas, pero en ese periodo conocieron un bienvenido renacimiento.<\/p>\n<p>Al lado de la proliferaci\u00f3n de costumbres rituales, la tradici\u00f3n oral tuvo un papel m\u00e1s modesto, aunque no menos esencial en la recreaci\u00f3n comunitaria. Los mayas parecen ser m\u00e1s imaginativos para celebrar que para contar. Sin embargo, la escasez puede estar relacionada m\u00e1s con nuestra falta de conocimiento que con su supuesta parquedad. Muchos mitos, relatos y leyendas a\u00fan circulan exclusivamente entre ellos, a pesar del trabajo acucioso de varios antrop\u00f3logos que han empezado a recopilarlos. La tradici\u00f3n oral nativa, encerrada en una lengua determinada y a menudo restringida a una sola comunidad, a trav\u00e9s de su rescate adecuado y su divulgaci\u00f3n impresa o grabada podr\u00eda as\u00ed llegar a ser patrimonio de todos.<\/p>\n<p>El inter\u00e9s de antrop\u00f3logos e historiadores por los mayas coloniales y modernos comenz\u00f3 con el siglo XX y pronto rivaliz\u00f3 con el de los estudiosos de la cultura prehisp\u00e1nica. Estos \u00faltimos hab\u00edan sido precedidos por los exploradores decimon\u00f3nicos de las ruinas escondidas en la selva tropical compartida por Yucat\u00e1n, Chiapas y Guatemala. A lo largo de los \u00faltimos cien a\u00f1os, miles de libros y art\u00edculos han introducido a los mayas a un p\u00fablico lector cada vez m\u00e1s numeroso y exigente. Sus autores, llamados &#8220;mayistas&#8221;, son los responsables de la clasificaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica que divide a la familia mayense en hablantes de 25 idiomas, muchos de ellos a su vez subdivididos en varios dialectos.<\/p>\n<p>Esta caracterizaci\u00f3n, introducida por los acad\u00e9micos, ha cobrado tanta importancia que hasta los ind\u00edgenas mismos han adoptado la costumbre de identificarse \u00e9tnicamente con base en la lengua que les es propia y ya no tanto seg\u00fan la pertenencia a tal o cual comunidad.<\/p>\n<p>El mosaico ling\u00fc\u00edstico que llama tanto la atenci\u00f3n en Guatemala y Chiapas contrasta vivamente con la situaci\u00f3n en la pen\u00ednsula de Yucat\u00e1n, donde prevalece un solo idioma, el maya-yucateco. Es tal su predominio que hasta un buen n\u00famero de mestizos lo habla, sin mencionar la marcada influencia que ejerce sobre la manera de pronunciar e intonar el espa\u00f1ol. Pero la presencia de lo maya en Yucat\u00e1n no se reduce al terreno ling\u00fc\u00edstico: permea casi todos los niveles de la vida social, a diferencia de Chiapas y Guatemala, en donde la polarizaci\u00f3n cultural es mucho m\u00e1s evidente. Es esto un fen\u00f3meno curioso, si sabemos que durante m\u00e1s de medio siglo, de 1847 a 1901, ind\u00edgenas y blancos se hab\u00edan enfrentado en una conflagraci\u00f3n sangrienta, conocida como la Guerra de Castas, que cobr\u00f3 m\u00e1s de 250 mil muertos, es decir m\u00e1s de 30 por ciento de la poblaci\u00f3n total.<\/p>\n<p>La Guerra de Castas fue, sin duda, la rebeli\u00f3n m\u00e1s importante de los mayas en los \u00faltimos cinco siglos. Fue una combinaci\u00f3n de dos estrategias diferentes pero estrechamente relacionadas entre s\u00ed: un enfrentamiento armado de gran violencia y relativamente corta duraci\u00f3n (1847-1855), seguido por una retirada al noreste selv\u00e1tico de la pen\u00ednsula y la transformaci\u00f3n de esa regi\u00f3n en territorio libre durante casi cincuenta a\u00f1os (1854-1901). La sublevaci\u00f3n naci\u00f3 en las comunidades ind\u00edgenas de la regi\u00f3n central que hab\u00edan logrado resistir mejor al embate del r\u00e9gimen neocolonial. Fue un intento de preservar la autonom\u00eda tradicional contra la hacienda, que buscaba invadir nuevos espacios, al haber concluido su expansi\u00f3n en el noroeste. La reacci\u00f3n s\u00f3lo pudo haber provenido de aquellos pueblos irreductos en donde la estructura corporativa no hab\u00eda sido alterada a\u00fan. Los l\u00edderes originales del movimiento eran gobernadores nativos con capacidad de movilizar y armar a la gente gracias a una autoridad legitimada por la costumbre.<\/p>\n<p>&#8220;Costumbre&#8221;: as\u00ed llaman los mayas a\u00fan al conjunto de tradiciones sociorreligiosas considerado por muchos de ellos como la herencia m\u00e1s valiosa que recibieron de sus antepasados y que por esta raz\u00f3n les toca salvaguardar a toda costa. En el \u00faltimo medio siglo este patrimonio ha sido seriamente agredido por varios agentes extra\u00f1os a las comunidades pero deseosos de convertirlas a su respectivo credo de redenci\u00f3n. Indigenistas oficiales, misioneros protestantes, religiosos cat\u00f3licos, activistas de izquierda y guerrilleros de diversas tendencias: todos llegan con el af\u00e1n de prometer a los mayas una vida m\u00e1s justa y digna, siempre seg\u00fan su muy particular punto de vista. Como son antag\u00f3nicos entre s\u00ed, han convertido el mundo maya en el teatro de una feroz contienda ideol\u00f3gica con la causa ind\u00edgena como bandera.<\/p>\n<p>El enfrentamiento ha sido particularmente tr\u00e1gico en Guatemala, puesto que las comunidades se dividieron primero entre costumbristas y miembros pertenecientes a la llamada Acci\u00f3n Cat\u00f3lica o alguna de las m\u00faltiples denominaciones evang\u00e9licas. Sobrevino despu\u00e9s la fascinaci\u00f3n por la opci\u00f3n armada como posible salida a una situaci\u00f3n econ\u00f3mica y pol\u00edtica sin perspectivas. Pronto, los mayas se vieron atrapados en una guerra civil que no era suya y en donde cayeron v\u00edctimas de una terrible espiral de violencia que dur\u00f3 casi 30 a\u00f1os y caus\u00f3 m\u00e1s de 30 mil muertos y casi un mill\u00f3n de desplazados. Entre estos \u00faltimos se encuentran alrededor de 50 mil personas que cruzaron la frontera mexicana y obtuvieron en el otro lado protecci\u00f3n en calidad de refugiados internacionalmente reconocidos. Desde hace algunos a\u00f1os han emprendido el dificultoso regreso bajo los auspicios del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).<\/p>\n<p>Algo semejante sucedi\u00f3 en Chiapas, en donde la poblaci\u00f3n ind\u00edgena tambi\u00e9n fue desgarrada por divisiones religiosas y pol\u00edticas. Esta efervescencia coincidi\u00f3 con la colonizaci\u00f3n de la selva Lacandona por campesinos hambrientos de tierra que proven\u00edan de las comunidades tradicionales de los Altos y de las haciendas m\u00e1s cercanas. Las colonias reci\u00e9n fundadas ten\u00edan especial necesidad de construirse una nueva identidad frente a la inseguridad que significaba la emigraci\u00f3n. La ofreci\u00f3 al principio el personal de la di\u00f3cesis de San Crist\u00f3bal de Las Casas por medio de una evangelizaci\u00f3n que no se limitaba a la predicaci\u00f3n de la Palabra de Dios sino inclu\u00eda la concientizaci\u00f3n y organizaci\u00f3n comunitaria a nivel social, econ\u00f3mico y pol\u00edtico. Sin embargo, pronto tuvo que compartir el espacio con asesores pertenecientes a movimientos de izquierda surgidos a ra\u00edz del 68 y, a partir de 1983, tambi\u00e9n con un peque\u00f1o grupo guerrillero de las Fuerzas de Liberaci\u00f3n Nacional que vino a ofrecer a los mayas, una vez m\u00e1s, la v\u00eda armada como \u00fanica soluci\u00f3n para sus problemas.<\/p>\n<p>El desenlace de la contienda chiapaneca es de todos conocido. Durante diez a\u00f1os, guerrilleros y campesinos se tomaron el tiempo para conocerse y aceptarse mutuamente en la clandestinidad de la monta\u00f1a. En este largo aprendizaje, los primeros abandonaron parte de su rigidez dogm\u00e1tica y los segundos se transformaron de campesinos rebeldes en insurgentes con un programa de cambio pol\u00edtico para toda la naci\u00f3n. Resultado de esta simbiosis fue la formaci\u00f3n del Ej\u00e9rcito Zapatista de Liberaci\u00f3n Nacional, que irrumpi\u00f3 en la escena nacional e internacional el primero de enero de 1994. Cabe decir que no todos optaron por las armas. La tragedia guatemalteca, la propaganda disuasiva de los agentes de gobierno y la falta de apoyo por parte de la di\u00f3cesis de San Crist\u00f3bal llevaron a muchos a abandonar la causa zapatista. Sin embargo, las demandas de los rebeldes son compartidas por muchas comunidades ind\u00edgenas dentro y fuera de Chiapas a pesar de su oposici\u00f3n a la soluci\u00f3n militar. Nunca en la historia de M\u00e9xico los pueblos indios hab\u00edan logrado sentarse en una misma mesa con el gobierno federal para explicarle sus necesidades y exigirle justicia.<\/p>\n<p>Desde antes de la aparici\u00f3n del Ej\u00e9rcito Zapatista de Liberaci\u00f3n Nacional y mucho m\u00e1s all\u00e1 de su \u00e1rea de influencia, el mundo maya acaba de entrar en un movimiento que anuncia una nueva \u00e9poca a venir. Los mayas, en su gran mayor\u00eda, siguen siendo campesinos pobres y ciudadanos de segunda, en M\u00e9xico igual que en Guatemala. Pero en las \u00faltimas d\u00e9cadas tuvieron varias experiencias que les ense\u00f1aron a cuestionar su situaci\u00f3n y reconocer la necesidad de unir fuerzas. Aprendieron que para ellos no habr\u00e1 futuro si no miran m\u00e1s all\u00e1 del limitado horizonte de su comunidad tradicional. Saben que s\u00f3lo bien organizados podr\u00e1n reclamar el lugar que, por elemental justicia, les corresponde dentro de los pa\u00edses en los cuales les toc\u00f3 vivir. Reconocidos como &#8220;comunidades&#8221; desde hace siglos y como &#8220;etnias&#8221; desde hace algunas d\u00e9cadas, ahora empiezan a revalorar tambi\u00e9n su pertenencia a un mismo &#8220;pueblo&#8221;, el &#8220;Pueblo Maya&#8221;. Sin embargo, esta nueva realidad poco tiene que ver con el &#8220;Mundo Maya&#8221; de los estudiosos o la &#8220;Ruta Maya&#8221; del turismo internacional. Se trata de una red de relaciones que los mayas est\u00e1n a punto de integrar como parte fundamental de una identidad en proceso de construcci\u00f3n. Saben que la van a necesitar en el futuro si quieren conseguir una autonom\u00eda digna y justa, m\u00e1s all\u00e1 de las divisiones sociales introducidas en el siglo XVI y las fronteras pol\u00edticas impuestas en el siglo XIX.<\/p>\n<p>El &#8220;Pueblo Maya&#8221; lo constituyen actualmente algo menos de 6 millones de hablantes de 25 idiomas. La abrumadora mayor\u00eda vive en Guatemala, donde forma m\u00e1s de la mitad de la poblaci\u00f3n nacional, y en Chiapas y Yucat\u00e1n, donde son minor\u00eda importante. El resto est\u00e1 repartido sobre Tabasco, Campeche, Quintana Roo, Veracruz, Honduras, Belice, El Salvador&#8230; y Estados Unidos, pa\u00eds a donde fueron a buscar trabajo, igual que muchos otros mexicanos y guatemaltecos. Salvo excepciones, pertenecen al sector social calificado en los censos de M\u00e9xico y Guatemala como &#8220;pobres&#8221; y &#8220;pobres extremos&#8221;. Adem\u00e1s sufren el desprecio de buena parte de la poblaci\u00f3n mestiza, que no entiende por qu\u00e9 los mayas siguen pugnando por su sobrevivencia cultural, social y pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Al acercarse el tercer milenio, es de esperar que los mayas lleguen por fin a ser de nuevo sujetos de su propia historia. Ellos guardan la esperanza de que eso ser\u00e1 posible en la medida en que seguir\u00e1n abri\u00e9ndose espacios de participaci\u00f3n democr\u00e1tica en los pa\u00edses a los que pertenecen. S\u00f3lo piden ocupar, dentro de la casa mexicana y guatemalteca, la morada que merecen.<\/p>\n<p>Para leer m\u00e1s&#8230;<\/p>\n<p>Bracamonte, Pedro, La memoria enclaustrada. Historia ind\u00edgena de Yucat\u00e1n, 1750-1915, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog\u00eda Social -Instituto Nacional Indigenista, M\u00e9xico, 1995<\/p>\n<p>Breton, Alain y Arnauld, Jacques, Mayas. La passion des anc\u0090tres, le d\u00e9sir de durer, Editions Autrement, Par\u00eds, 1991<\/p>\n<p>De Vos, Jan, Vivir en frontera. La experiencia de los indios de Chiapas, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog\u00eda Social-Instituto Nacional Indigenista, M\u00e9xico, 1994<\/p>\n<p>Farriss, Nancy, La sociedad maya bajo el dominio colonial. La empresa colectiva de supervivencia, Alianza Editorial, Madrid, 1992<\/p>\n<p>Favre, Henri, Changement et continuit\u00e9 chez les mayas du Mexique. Contribution \u0088 l&#8217;\u00e9tude de la situation coloniale en Am\u00e9rique Latine, Anthropos, Par\u00eds, 1971<\/p>\n<p>Le Bot, Yvon, La guerre en terre maya. Communaut\u00e9, violence et modernit\u00e9 au Guatemala, Karthala, Par\u00eds, 1992<\/p>\n<p>La Jornada domingo 6 de septiembre de 1998<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jan de Vos Los mayas en los tiempos modernos Los manuales de historia mencionan generalmente 1821 como el inicio de la \u00e9poca moderna para M\u00e9xico y Centroam\u00e9rica, ya que es el a\u00f1o de su independencia del imperio espa\u00f1ol. Tal periodizaci\u00f3n \u00fanicamente vale para las reducidas \u00e9lites criollas que viv\u00edan en las ciudades y haciendas de aquel entonces. La guerra de<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[92],"tags":[],"class_list":["post-1472","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-resistencia-indigena-en-mexico"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1472","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1472"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1472\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1472"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1472"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1472"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}