{"id":1427,"date":"2008-05-03T15:05:32","date_gmt":"2008-05-03T15:05:32","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1427"},"modified":"2008-05-03T15:05:32","modified_gmt":"2008-05-03T15:05:32","slug":"la-australia-de-la-edad-del-ensue\u00d1o.","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1427","title":{"rendered":"LA AUSTRALIA DE LA EDAD DEL ENSUE\u00d1O."},"content":{"rendered":"<p>LA AUSTRALIA DE LA EDAD DEL ENSUE\u00d1O.<\/p>\n<p> Por Waldemar Stohr<\/p>\n<p>\u00a0  PRESENTACI\u00d3N <\/p>\n<p>\u00a0  Los pueblos abor\u00edgenes australianos comparten una creencia com\u00fan: la rememoraci\u00f3n de un &#8220;tiempo de ensue\u00f1o&#8221; en el cual los seres divinos, &#8220;los antepasados tot\u00e9micos&#8221; crearon a los animales, las plantas, los hombres y todo lo que es.\u00a0 Los arandas son un pueblo que todav\u00eda preserva las ancestrales creencias a pesar de la colonizaci\u00f3n occidental del continente australiano. En su cosmovisi\u00f3n todav\u00eda ahora los lugares, objetos y actos relacionados con los seres de la edad del ensue\u00f1o dimanan gran sacralidad. Estos lugares son sitios de culto generalmente reservados a los iniciados. En la cultura aranda, como en todas las culturas del tipo tradicional o arcaico, es fundamental la apertura a lo sagrado. Su objeto de culto esencial es el Tjurunga, una tabla oblonga de madera, cubierta con dibujos geom\u00e9tricos. Estas creencias tradicionales fluyen desde hace alrededor 40.000 a\u00f1os. Para aproximarnos a este universo cultural, nos guiar\u00e1 Waldemar Stohr, autor de dos ensayos sobre el tema incluidos en la esencial obra &#8220;Historia de las ideas y creencias religiosas&#8221; dirigida por Mircea Eliade.<br \/>\n\u00a0<br \/>\nLa decoraci\u00f3n corporal posee en la Australia ind\u00edgena un gran significado religioso. Los motivos denotaban identidades tot\u00e9micas o dibujos relacionados con iniciaciones. Arriba, derecha, imagen de un joven a punto de tomar parte en una ceremonia en la regi\u00f3n norte-central australiana, en la Tierra de Arnhem. <\/p>\n<p>LA AUSTRALIA DE LA EDAD DEL ENSUE\u00d1O<\/p>\n<p>Por Waldemar Stohr<\/p>\n<p>\u00a0 &#8220;Enso\u00f1aci\u00f3n&#8221;, en el sentido que le dan los abor\u00edgenes australianos, es un concepto nuevo para nosotros. Seg\u00fan H.P.Duerr, por lo que podemos colegir de sus escritos, significa simplemente lo irracional. En todo caso, no le falta raz\u00f3n cuando dice que este concepto no tiene equivalente exacto en nuestro mundo de ideas. S\u00f3lo nos es posible describirlo de manera aproximada. &#8220;Enso\u00f1aci\u00f3n&#8221; traduce libremente la palabras alcheringa de las tribus aranda del centro de Australia. Los etn\u00f3logos australianos han optado en general por este t\u00e9rmino (dreaming) prefiri\u00e9ndolo a &#8220;tiempo de ensue\u00f1os&#8221; (dream time), si bien esta diferencia no denota gran cosa. En otras lenguas australianas existen voces con significado igual o muy parecido. Por &#8220;enso\u00f1aci\u00f3n&#8221; se entiende el remot\u00edsimo tiempo m\u00edtico en que los seres divinos desplegaron su acci\u00f3n creadora dando origen a hombres, animales, plantas y todo cuanto existe, incluidas las manifestaciones terrenales de ellos mismos y la materializaci\u00f3n de su virtud creadora en el culto.<br \/>\n\u00a0  Curiosamente los etn\u00f3logos especializados en el estudio de los or\u00edgenes de Australia evitan en lo posible el uso de las palabras &#8220;dios&#8221;, &#8220;dioses&#8221; y &#8220;divino&#8221;, como si\u00a0 estos conceptos estuvieran protegidos por alguna ley de propiedad literaria. A los personajes de la &#8220;enso\u00f1aci\u00f3n&#8221;\u00a0 prefieren llamarlos &#8220;h\u00e9roes&#8221;, &#8220;h\u00e9roes culturales&#8221;, &#8220;seres celestiales&#8221; o &#8220;demiurgos&#8221;. Tal vez esa reserva conceptual tenga\u00a0 algo que ver con el rechazo de las antiguas teor\u00edas. El padre E.A. Worms, misionero y gran investigador,\u00a0 habla expresamente de &#8220;seres sagrados&#8221; y dice al respecto que no ha podido hallar en Australia ning\u00fan ente espiritual &#8220;al que se atribuya un poder ilimitado y exclusivo sobre todas las realidades espirituales y f\u00edsicas&#8221;. Quien se atiene a tan severas normas debiera tambi\u00e9n degradar a los antiguos dioses griegos y llamarlos meramente &#8220;seres sagrados&#8221;. Es un hecho, sin embargo, que los protagonistas de la enso\u00f1aci\u00f3n se asemejan m\u00e1s a H\u00e9rcules que a Zeus. En este sentido, la noci\u00f3n intermedia de &#8220;seres divinos&#8221; o &#8220;h\u00e9roes divinos&#8221; parece una componenda aceptable. <\/p>\n<p>\u00a0 Aunque de la tradici\u00f3n de los abor\u00edgenes australianos s\u00f3lo ha podido compilarse y conservarse as\u00ed una peque\u00f1a parte, nos topamos en los escritores correspondientes con una confusa pl\u00e9tora de personajes, animales, nombres, sucesos e im\u00e1genes de todo tipo. No obstante, examinando las cosas con mayor atenci\u00f3n, observamos en la tradici\u00f3n de cada una de las regiones de Australia-no en los detalles, pero s\u00ed en la tendencia general del acontecimiento m\u00edtico- una serie de coincidencias que permiten remontarse a una m\u00e1s antigua mitolog\u00eda com\u00fan. <\/p>\n<p>\u00a0 Una de esas grandes regiones es el f\u00e9rtil sudeste del continente, que abarca hoy los Estados federales de Victoria y Nueva Gales del Sur. Las tribus que viv\u00edan all\u00ed fueron las primeras en enfrentarse con los colonos europeos, que desde mediados del siglo XIX llegaban cada vez m\u00e1s numerosos. Todas ellas, salvo unos pocos restos, han desaparecido; la mayor\u00eda de aquellos abor\u00edgenes sucumbieron v\u00edctimas del alcohol y de las enfermedades tra\u00eddas por los blancos. Las principales informaciones que poseemos acerca de su religi\u00f3n se deben a los misioneros que trabajaron entre ellos.\u00a0 <\/p>\n<p>\u00a0 En los sucesos que constitu\u00edan la &#8220;enso\u00f1aci\u00f3n&#8221; de las tribus del sudeste predominaba un ser creador que pod\u00eda asumir figura de hombre o de animal, pero que en cualquier caso se percibe como personalidad claramente definida. Los nombres de tales seres divinos, como Bunjil, Baiama o Daramulun gozan de gran notoriedad y se han explotado a fondo para cimentar las teor\u00edas de que antes habl\u00e1bamos. Bunjil, por ejemplo, era venerado por las antiguas tribus que ocupaban la zona de la actual Melbourne. Al parecer proced\u00eda de s\u00ed mismo, aunque seg\u00fan otras tradiciones lo hab\u00edan creador \u00e1guilas y cornejas. Una de las manifestaciones de Bunjil es el halc\u00f3n-\u00e1guila, que en la corneja Waang posee a la vez un aliado y un rival, con un poder casi tan grande como el suyo. Bunjil tiene hermanos, mujeres e hijos. Como a creador del g\u00e9nero humano, las tribus lo llamaban tambi\u00e9n &#8220;Nuestro Padre&#8221;. En la \u00e9poca en que erraba por la tierra, originalmente \u00e1rida y desierta, Bunjil creo los fen\u00f3menos ambientales y todo lo importante para la vida del hombre. El introdujo en las tribus las &#8220;clases matrimoniales&#8221;, para que en adelante las uniones obedecieran a un orden. En su forma de halc\u00f3n-\u00e1guila es el totem de una clase, siendo la corneja Waang el de la otra. Al acabar su obra, Bunjil provoco una gran tempestad que lo traslad\u00f3 al cielo, y desde entonces no tendr\u00eda ya ning\u00fan influjo directo en la existencia terrena. <\/p>\n<p>\u00a0 Debido a su ideolog\u00eda cristiana, los antiguos misioneros insistieron tal vez demasiado en el car\u00e1cter &#8220;divino&#8221; de Bunjil, Baiama, Daramulun, Nurenderi, Biral y otros personajes semejantes. No cabe duda que hoy resulta imposible verificar tales informaciones. El padre W. Schmidt estiliza esas figuras hasta identificarlas con otras formas de un &#8220;ser supremo&#8221;, haci\u00e9ndolas as\u00ed encajar en su teor\u00eda del &#8220;monote\u00edsmo primitivo&#8221;. Con todo, incluso el esc\u00e9ptico etn\u00f3logo australiano A.P. Elkin, que llama a esos entes de la enso\u00f1aci\u00f3n &#8220;h\u00e9roes del cielo&#8221; o &#8220;seres celestiales&#8221;, les reconoce un car\u00e1cter divino. <\/p>\n<p>\u00a0 Enteramente distinto es el contenido de la &#8220;enso\u00f1aci\u00f3n&#8221; de las tribus aranda del centro de Australia. Tambi\u00e9n aqu\u00ed se habla de un &#8220;ser celestial&#8221; a quien se da el nombre de &#8220;Gran Padre&#8221; (Kngarijta), pero este ser apenas significa algo para los hombres. En lugar de piernas, posee patas de em\u00fa, y su mujer de perro. Ambos tienen numerosos hijos e hijas, respectivamente tambi\u00e9n con patas de em\u00fa o de perro. Los seres celestiales disfrutan de eterna juventud. Se alimentan de los abundantes frutos que crecen en el cielo mismo atravesado por un anchuroso r\u00edo, la V\u00eda L\u00e1ctea. Hay all\u00ed tambi\u00e9n aves, pero ning\u00fan otro tipo de animal. El &#8220;Gran Padre&#8221; no ha creado ni la tierra ni los animales ni las plantas. Tampoco dio vida a los &#8220;antepasados tot\u00e9micos&#8221; de los hombres ni tuvo nunca en ellos influencia alguna. Como dice expresamente un mito, carece de todo poder sobre vientos y nubes, sobre la enfermedad y la muerte, y no castiga a los que hacen el mal. Manifiestamente al &#8220;ser celestial&#8221; le es indiferente lo terreno. Quiz\u00e1 los aranda se constru\u00edan as\u00ed, con ese esplendoroso cielo y la dichosa vida de sus seres con patas de em\u00fa o de perro, una especie de mundo ideal que contrapesaba las preocupaciones y miserias de la existencia real. Quiz\u00e1 tambi\u00e9n se haya perdido una parte de su tradici\u00f3n. En todo caso es obvio que ese curioso &#8220;Gran Padre&#8221; nada tiene que ver con la creaci\u00f3n, relativa sobre todo a la tierra. <\/p>\n<p>\u00a0 Esta aparece al principio, en los mitos de los aranda, llana y sin ning\u00fan perfil. Toda ella es un desierto, pero no est\u00e1 completamente vac\u00eda. En varios lugares, que m\u00e1s tarde se reconocer\u00e1n como bolsas de agua o lagos de sal, hay\u00a0 gran cantidad de formas embrionarias del futuro ser humano adheridas a las extremidades y constituyendo as\u00ed una especie de red. Boca, ojos y nariz estaban cerrados. Aquellos entes semihumanos no pod\u00edan a\u00fan evolucionar hasta convertirse en verdaderos hombre y mujeres, mas tampoco pod\u00edan morir ni corromperse. Por otra parte, poblaban el subsuelo terrestre millares de seres sobrenaturales sumidos en profundo sue\u00f1o; tambi\u00e9n en Sol, la Luna y las estrellas se ocultaban all\u00ed. La &#8220;enso\u00f1aci\u00f3n&#8221; comienza cuando todos esos seres, llamados com\u00fanmente &#8220;antepasados tot\u00e9micos&#8221;, se despiertan y rompen la corteza terrestre para abrirse paso hacia la superficie. A su vez salen los astros, yendo a ocupar sus puestos en el firmamento, y el Sol empieza a calentar la Tierra, hasta entonces fr\u00eda y tenebrosa. Los &#8220;lugares de nacimiento&#8221;, por donde esos antepasados tot\u00e9micos han perforado la Tierra se llenan de su presencia y fuerza. M\u00e1s adelante ser\u00e1n centros de culto, donde s\u00f3lo algunos iniciados tendr\u00e1n derecho a penetrar, y ello en contadas ocasiones. Los antepasados tot\u00e9micos, al decir de los arandas, &#8220;nacieron de su propia eternidad&#8221;. En las formas que adoptan se manifiesta la estrecha vinculaci\u00f3n existente entre hombres, animales y plantas. Algunos de esos antepasados se asemejan al canguro, al em\u00fa o a otros animales, pero piensan y obran como ser humanos. Otros tienen figura de hombre o mujer, aunque pueden transformarse tomando la de un animal. Los antepasados tot\u00e9micos relacionados con las plantas aparecen siempre en forma humana. <\/p>\n<p>El arte rupestre es la forma m\u00e1s perdurable de las culturas m\u00e1s arcaicas. Arriba, izquierda, unos grabados sobre rocas, con forma laber\u00ednticas. Se encuentran en la Australia Meridional y, quiz\u00e1, poseen alrededor de 40.000 a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u00a0  Tales antepasados, seg\u00fan la tradici\u00f3n aranda, recorrieron la Tierra y fueron d\u00e1ndoles sus contornos. Los mitos mencionan todas las monta\u00f1as, dunas, llanuras, valles, pantanos, manantiales y otros puntos de agua que surgieron as\u00ed en el vasto territorio de los arandas. Esos mismos antepasados dieron vida a los preexistentes embriones del ser humano arranc\u00e1ndolos de su &#8220;red&#8221; y abri\u00e9ndoles la boca, los ojos y la nariz. Muchos de ellos act\u00faan como aut\u00e9nticos &#8220;h\u00e9roes culturales&#8221; y ense\u00f1an a los hombres a hacer fuego, cazar, preparar la comida y servirse de las armas. <\/p>\n<p>\u00a0 Despu\u00e9s de tanto peregrinar y acabadas sus obras, los antepasados tot\u00e9micos se sintieron invadidos por un gran cansancio y decidieron regresar a sus antiguas profundidades. Los puntos por donde penetraron en ella se convertir\u00edan tambi\u00e9n en lugares de culto, como aquellos por donde hab\u00edan salido. Durante su existencia en la superficie de la Tierra, varios de esos antepasados experimentar\u00edan el dolor y la enfermedad, al igual que los hombres, y algunos incluso perecer\u00edan violentamente. Mas todos son en realidad inmortales, pues hasta los asesinados siguen viviendo en rocas, \u00e1rboles y sobre todo objeto de culto. Y a\u00fan existe otra forma de supervivencia: all\u00e1 por donde pasaron muchos de ellos o donde perduran materializados en rocas y \u00e1rboles quedan vestigios de su fuerza vital, ciertas part\u00edculas o emanaciones de su esencia capaces de penetrar en el cuerpo de una mujer encinta y reencarnarse en el feto. La noci\u00f3n de &#8220;hijos-esp\u00edritus&#8221; preexistente no significa, como a veces se ha dicho, que los aranda desconozcan la relaci\u00f3n fisiol\u00f3gica entre procreaci\u00f3n y nacimiento, pues para ellos todo ser humano tiene una segunda alma que se remonta inequ\u00edvocamente a los padres.\u00a0 <\/p>\n<p>Tjurunga: manifestaciones terrenas de la enso\u00f1aci\u00f3n <\/p>\n<p>\u00a0 Las lenguas australianas incluyen palabras que corresponde aproximadamente a nuestra noci\u00f3n de &#8220;sagrado&#8221;. Sin embargo, tales conceptos no representan los del mundo profano, sino que delimitan algo en este \u00faltimo para destacarlo de lo ordinario, en el sentido de &#8220;secreto&#8221;, &#8220;peligroso&#8221;, o &#8220;consagrado&#8221; y por ende &#8220;inaccesible a los no iniciados&#8221;. Tienen car\u00e1cter sagrado los lugares, actos y objetos directamente vinculados con los seres de la &#8220;enso\u00f1aci\u00f3n&#8221; y su actividad creadora. Puede tratarse de rocas y otros accidentes naturales m\u00e1s o menos llamativos en los que esos personajes se han materealizado. Son los caminos por donde discurrieron o los sitios donde se establecieron cuando daban forma a la Tierra y, para los arandas, los puntos del suelo terrestre abiertos por sus antepasados tot\u00e9micos para salir a la superficie o regresar a los abismos una vez acabada su tarea. En esto lugares se celebran con frecuencias actos de cultos que, por actualizar la presencia de los entes de la &#8220;enso\u00f1aci\u00f3n&#8221;, son tambi\u00e9n sagrados, pudiendo \u00fanicamente realizarse por hombres iniciados. En varias regiones de Australia, los lugares de culto aparecen se\u00f1alados por monol\u00edticos dispuestos en c\u00edrculo, d\u00f3lmenes y otros monumentos de piedra. <\/p>\n<p>\u00a0 Tjurunga es una de esas palabras que denotan lo sagrado. Procede de la lengua de los aranda del dentro de Australia. En sentido estricto, tjurunga designa el objeto de culto m\u00e1s importante de los abor\u00edgenes, consistente en una tabla oblonga de madera, muy estrecha, de forma oval y de aproximadamente de un metro de longitud. Por ambas caras estas tablas suelen estar recubiertas de dibujos geom\u00e9tricos: c\u00edrculos, meandros y rombos o cuadril\u00e1teros imbrincados; raras veces aparecen talladas junto con ellos algunas im\u00e1genes figurativas. La fabricaci\u00f3n de un tjurunga es, desde la tala de un \u00e1rbol, un acto de culto. Los abor\u00edgenes estiman que los motivos de la futura ornamentaci\u00f3n est\u00e1n ya en la madera misma y que el escultor no hace sino liberarlos. En Australia central, entre los arandas, el tjurunga puede tambi\u00e9n ser de pizarra u otra roca esquistosa. Tiene forma an\u00e1loga al de madera, pero es infrecuente que mida m\u00e1s de treinta cent\u00edmetros de largo. Algunos tjurungas llevan dibujos asim\u00e9tricos que constan de c\u00edrculos y l\u00edneas y reproducen, como en un mapa, los caminos y lugares de asentamiento de los antepasados tot\u00e9micos. <\/p>\n<p>\u00a0 <\/p>\n<p>\u00a0 <\/p>\n<p>\u00a0 <\/p>\n<p>\u00a0 <\/p>\n<p>\u00a0 <\/p>\n<p>\u00a0 <\/p>\n<p>\u00a0 Arriba, izquierda, un Tjurunga, la tabla de madera oblonga con dibujos geom\u00e9tricos, uno de los objetos de mayor sacralidad para\u00a0 los abor\u00edgenes australianos.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0  Al tjurunga se le daba antiguamente el nombre de &#8220;palo de las almas&#8221;, si bien esto parece aplicarse sobre todo a piezas peque\u00f1as que sus poseedores llevaban en la cabeza, como tocado, y que deb\u00edan de estar relacionados con sus &#8220;hijos-esp\u00edritu&#8221;. Los tjurungas no cobraban eficacia hasta que se utilizaban en el culto junto con la recitaci\u00f3n de los mitos. Las piezas m\u00e1s antiguas se trataban con respeto, pero pod\u00edan venderse; al fin y al cabo el dinero formaba tambi\u00e9n parte de lo sagrado. Entre una celebraci\u00f3n cultual y otra se guardaban los tjurungas en un lugar que pareciera seguro. Como para cada iniciaci\u00f3n se fabricaban nuevos objetos de culto, llegaban a acumularse all\u00ed a menudo m\u00e1s de un centenar de tjurungas, inclusive de los tatarabuelos y antepasados cercanos, hasta que acababan por destruirlos el clima, el fuego o las termitas. <\/p>\n<p> Los &#8220;palos zumbantes&#8221;\u00a0 son, por su forma y ornamentaci\u00f3n, muy parecidos a los tjurungas y suele incluso d\u00e1rseles este nombre, pero tiene un tama\u00f1o muchas m\u00e1s peque\u00f1o y est\u00e1n perforados en uno de sus extremos, que acaban en punta. Cuando por medio de un cordel se agitan en \u00e9l describiendo c\u00edrculos, producen una especie de zumbido de mayor fuerza, que durante los actos religiosos denotan la presencia de los seres de la &#8220;enso\u00f1aci\u00f3n&#8221;. Tambi\u00e9n otros objetos resonantes, como cuerpos o palillos, poseen car\u00e1cter sagrado, y asimismo la m\u00fasica, ligada exclusivamente al culto. <\/p>\n<p>Fuente:\u00a0 Waldemar Stohr, T\u00f3tem, enso\u00f1aci\u00f3n, Tjurunga. Las religiones de Australia, en Historia de las Ideas y creencias religiosas (obra colectiva dirigida por Mircea Eliade),\u00a0 Barcelona, Ed. Herder. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA AUSTRALIA DE LA EDAD DEL ENSUE\u00d1O. 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