{"id":1356,"date":"2008-01-04T12:22:02","date_gmt":"2008-01-04T12:22:02","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1356"},"modified":"2008-01-04T12:22:02","modified_gmt":"2008-01-04T12:22:02","slug":"ebano-de-la-noche-negra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1356","title":{"rendered":"Ebano de la noche negra"},"content":{"rendered":"<p>EBANO DE LA NOCHE NEGRA<br \/>\n\u00a0<br \/>\n\u00a0 \u00a0  Por ah\u00ed se dice que los negros no tenemos historias, se\u00f1or. Y as\u00ed, sentaditos como ust\u00e9 est\u00e1 escuch\u00e1ndome, mueven la cabeza como si uno les contara mentiras. Qu\u00e9 si yo le cuento de una negra bendita que tej\u00eda historias cuando \u00e9ramos ni\u00f1os. Qu\u00e9 si le digo que a esa negra la conocieron nuestros padres, nuestros abuelos y los abuelos de nuestros abuelos. \u00bfAh?&#8230; \u00bfNo ve que ya est\u00e1 dudando? <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0  Pues esa negra se llamaba Mam\u00e1 L\u00e1zara, y los muchachitos que ya nada ten\u00edamos que hacer en los sembr\u00edos la \u00edbamos a buscar pa&#8217; escucharla. Sal\u00edamos al camino, a eso de las seis, pa&#8217; ir a su choza que lindaba con la playa. S\u00ed se\u00f1or. All\u00e1 donde ahora terminan los plant\u00edos de calabaza y comienza la arena a enfrentarse con las olas. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 -\u00a1Qui\u00e1ce tanto neguito ocioso pol ah\u00ed!\u00a0 \u00a0 -nos dec\u00eda como peliando. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Voz chascosa que espantaba a los chaucatos. Y los chaucatos avisan de la culebra; y el guardacaballo se come el gusano del lomo de las bestias; y el huanchaco pica la fruta pa&#8217; comerse su gusano. Y Mam\u00e1 L\u00e1zara contaba cuentos a las seis. \u00d3igame, tan lindos sus cuentos como si los hubiera hecho con la espuma del mar, como el sol de la tarde que pinta los plant\u00edos de luz color\u00e1. As\u00ed de lindos eran sus cuentos. Pero pa&#8217; gozarlos hab\u00eda que ser negro por dentro tambi\u00e9n. No d&#8217;esos quiay ahora, que ni agarran lampa, que ni saben trabajar. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Nos junt\u00e1bamos como moscardones mir\u00e1ndola a la anciana y ella empezaba: <\/p>\n<p>\u00a0  -Qu\u00e9 se van a acordal de Pap\u00e1 Samuel, si no le conocieron. Nego gande era mi Samuel, como una palma de coco de\u0092sas que se levantan en las plazas de los pueblos&#8230; <\/p>\n<p>\u00a0  Los m\u00e1s creciditos sab\u00edamos poco de ese negro Samuel, por o\u00eddo nom\u00e1s. Dec\u00edan los viejos que a \u00e9l lo trajeron en barco, por los tiempos en que don Alonso Gonz\u00e1les del Valle era due\u00f1o de todo lo que hab\u00eda ac\u00e1. Dec\u00edan tambi\u00e9n los viejos que ese blanco era remalo y que nunca le quit\u00f3 el collar de bronce a Pap\u00e1 Samuel. Eso s\u00f3lo se lo vino a quitar la gente de don Ram\u00f3n Castilla, que Dios tenga en su gloria, ya cuando Samuel era muy viejo, ya cuando todo le daba lo mismo. <\/p>\n<p>\u00a0  A ella la mir\u00e1bamos con cari\u00f1o cuando se emocionaba con su recuerdo. Con l\u00e1stima tambi\u00e9n: toda hueso y pellejo, unas cuantas crenchas blancas que ni le cubr\u00edan bien el cr\u00e1neo, y los nudillos tiesos como requiebros de ra\u00edz agarrando el bast\u00f3n de huarango. Un ojo muerto en l\u00e1grimas y con el ojo bueno mirando m\u00e1s all\u00e1 de la reventaz\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 de las gaviotas. <\/p>\n<p>\u00a0  -Poque nadies se acuelda de mi nego Samuel. De joven doblaba la herradura del caballo con una mano&#8230; Y con l\u0092otra, pod\u00eda tranquiliz\u00e1 una res de un sopapo&#8230; \u00a1 No hab\u00eda var\u00f3n como \u00e9l! <\/p>\n<p>\u00a0  Eso nos gustaba de las historias de Samuel. M\u00e1s que un buchito de miel de ca\u00f1a. \u00a1Con tanta exageraci\u00f3n! Como esa de que hab\u00eda heredao el gran grito de los mandingas, de los abuelos de nuestros abuelos. <\/p>\n<p>\u00a0  -En ese tiempo nos hab\u00edamos apalencao sin sab\u00e9 que ya entonce \u00e9ramos libres poque el Mariscal Castilla lo hab\u00eda quer\u00edo as\u00ed. Pap\u00e1 Samuel estaba reviejo y no pod\u00eda peliar, cuando su vecino, el mulato Mat\u00edas Mogoll\u00f3n, le rob\u00f3 el agua de las acequias y le falt\u00f3 de palabra. Entonce Pap\u00e1 Samuel se subi\u00f3 al cerro de las lechuzas y desde ah\u00ed se qued\u00f3 mirando todo lo que hab\u00eda sembrao el enemigo con su agua. Temblaba de pura c\u00f3lera mi mar\u00edo. \u00a1Qu\u00e9 rabia que has\u00eda, Jes\u00fa!&#8230; Recoldando las ma\u00f1as de los brujos de Chang\u00f3 y Obatal\u00e1, tom\u00f3 aigre hasta el tu\u00e9tano de sus g\u00fcesos. Largo rato aguant\u00f3 ese aigre poni\u00e9ndose morao. Y con toda la rabia que le nas\u00eda de las verijas, grit\u00f3&#8230; \u00a1Grit\u00f3!&#8230; Y mucho grito fue ese, \u00f3iganme. Tan fuelte que mat\u00f3 los pajaritos, las vacas, los piajenos, los puelcos; arranc\u00f3 de cuajo los huarangos, quebr\u00f3 las ca\u00f1as del ma\u00edz que Mat\u00edas Mogoll\u00f3n hab\u00eda plantao. Mat\u00f3 a su muj\u00e9 y a sus hijos rompi\u00e9ndole los o\u00eddos, y al mismo enemigo que se qued\u00f3 ah\u00ed tirao botando espuma po&#8217; la boca. Con ese gran grito del mandinga, se acab\u00f3 el pleito po\u0092el agua&#8230; <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 Y ya no quiero seguir recordando m\u00e1s historias, porque una noche Mam\u00e1 L\u00e1zara nos iba a contar la \u00faltima sin saberlo. Era que nadie sab\u00eda qu\u00e9 estaba esperando ella pa\u0092 morirse, as\u00ed tan viejita y dando l\u00e1stima. Por Cristo que esa noche no nos iba a cansar con cuentos de negros cimarrones ni de fantasmas que se roban la fruta. \u00a1No! Algo viejo le com\u00eda el tu\u00e9tano esa noche de Jueves Santo.\u00a0 Algo que era de Pap\u00e1 Samuel. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 -As\u00ed, anciano como estaba, no pod\u00eda lavalse solo mi Samuel. Yo, de tan vieja, me cansaba de lavalo en su tremenda humanid\u00e1. Y las vecinas de otras sementeras, ven\u00edan a ayud\u00e1&#8230; Po&#8217;que era un olgullo lavalo al nego Samuel tan gande. \u00a1Es que todo gande ten\u00eda \u00e9l!\u00a0 Como que era un gusto pa\u0092 cualqui\u00e9 muj\u00e9 lavale sus cosas que Dios le di\u00f3. Desde la primera vez que lo lavaban, ya siempre quer\u00edan ven\u00ed a ayud\u00e1. Derpu\u00e9 que hab\u00edan tocao sus cosas, ya no quer\u00edan a sus mar\u00edos&#8230; <\/p>\n<p>\u00a0  Estir\u00e1bamos la jeta, pel\u00e1bamos los dientes pa\u0092 re\u00edr. Pero hasta entonces, nunca nos hab\u00eda contado c\u00f3mo muri\u00f3 Samuel. Y en Jueves Santo se le ocurri\u00f3 contarlo, como pa\u0092 hacernos rechinar los dientes de susto. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 -Estaba ya muy viejo Pap\u00e1 Samuel. Ya ni pod\u00eda encontr\u00e1 su ropa en un cordel y siempre se orvidaba \u00f3nde hab\u00eda dejao las cosas. As\u00ed, una vez se orvid\u00f3 el camino de la plantaci\u00f3n a la casa.\u00a0 En\u00a0 Semana\u00a0 Santa ju\u00e9,\u00a0 me\u00a0 acueldo. Camin\u00f3\u00a0 lejos, derpu\u00e9 de su caf\u00e9, pa&#8217; ir a solt\u00e1 el agua de la cequia. Pue nunca volvi\u00f3. Las lechuzas me contaron c\u00f3mo se peldi\u00f3: desesper\u00e1o, enloquec\u00edo, todos los caminos le pares\u00edan lo mismo. Entonce escuch\u00f3 un cantito meloso que ven\u00eda buscando atajo po\u0092 el mar: &#8220;Nego Samuel d\u00e9jate amar po\u0092 las mujeres de la mar&#8221;&#8230; \u00bfY qu\u00e9 creen que dijo Samuel?&#8230; \u0093Me voy pa\u0092l mar\u0094, eso dijo. Se aldentr\u00f3 con pisada fuelte po la arena de la playa, hasta que\u0092l agua le daba po la sintura. Luego, hasta el pecho. Derpu\u00e9, hasta las orejas. Y flotando ensima del agua, le segu\u00edan llegando cancioncitas melosas: \u0093Nego Samuel, d\u00e9jate amal que somo mit\u00e1 muj\u00e9, mit\u00e1 pescao\u0094.\u00a0 \u00bfY\u00a0 acaso conosen de eso, neguitos mostrencos? <\/p>\n<p>\u00a0  -Sirenas, abuela&#8230; Mit\u00e1 muj\u00e9, mit\u00e1 bacalao&#8230; -dec\u00edamos \u00f1atos de risa, puro ojo salt\u00f3n, puro diente pelao. <\/p>\n<p>\u00a0  -Eso que nunca vieron una&#8230; As\u00ed es que se ju\u00e9 aldentrando. Me lo cont\u00f3 la lechuza, como que la mar no me lo iba a devolv\u00e9 nunca&#8230; <\/p>\n<p>\u00a0  Fue lo \u00faltimo que quiso contar Mam\u00e1 L\u00e1zara ya con las estrellas sobre su cabeza. Como que en Jueves Santo, por Cristo nuestro se\u00f1or, se ven las estrellas m\u00e1s grandes; como que en esos d\u00edas aflora el pescado hasta la orilla y los entierros de los antiguos asoman por la arena. Como que en esas noches, los perros se vuelven locos ladrando a los muertos. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 El tiempo quiso cambiar entonces. Ya la neblina ven\u00eda gan\u00e1ndole a la playa, al arenal, a los sembr\u00edos. Mam\u00e1 L\u00e1zara mascaba su recuerdo mirando con el ojo sano tanta curiosidad. Toda decrepitud y harapos, y sus nudillos venosos ajustando el bast\u00f3n. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0  -Mucha niebla, abuela&#8230; -tembl\u00e1bamos de fr\u00edo o de miedo; de miedo y de fr\u00edo, nadie sabe. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0  -Y eso que ahora no oyen los tambores que\u0092toy oyendo. Son los cueros de tanto mandinga sumerg\u00edo all\u00e1 abajo. Y a esos tambores, les acompa\u00f1a el caj\u00f3n de Pap\u00e1 Samuel&#8230;. Est\u00e1 sonando aldentro del mar&#8230; <\/p>\n<p>\u00a0  Ah\u00ed s\u00ed que nadie quer\u00eda re\u00edr, se\u00f1or. Ojos grandes la miraban. Pura boca abierta con la bemba ca\u00edda, como que nosotros tambi\u00e9n est\u00e1bamos oyendo esos tambores, mi don. En la neblina se sent\u00edan pasos fuertes, de gente grande. \u00a1\u00d3igame! Unos pasos que hac\u00edan temblar la playa. A Mam\u00e1 L\u00e1zara no le daban miedo; parec\u00eda conocer de esas cosas y con el ojo sano quer\u00eda ver adentro de la niebla. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 -Con miedo \u00bfno?&#8230; \u00a1No he conoc\u00edo nego cobalde! <\/p>\n<p>\u00a0  Despu\u00e9s de gritarnos as\u00ed, ya no volvi\u00f3 a hablar. Tampoco quiso mirarnos.\u00a0 Solt\u00f3 el bast\u00f3n de huarango, se puso de pie y camin\u00f3 despacito.\u00a0 Primero un paso, luego otro. Solita enfil\u00f3 pa\u0092 la playa, con sus piernas cansadas de tantos a\u00f1os.\u00a0 Se iba neblina adentro con sus brazos flacos por delante.\u00a0 S\u00ed se\u00f1or.\u00a0 Casi agarr\u00e1ndose de la niebla.\u00a0 Y esos pasos fuertes del otro lado. Y ese olor a mar enfermo. <\/p>\n<p>\u00a0 Vimos la sombra enorme de Pap\u00e1 Samuel abraz\u00e1ndola: negro gigante cubierto de estrellas de mar, algas, yuyos, malaguas. Un remolino de viento que arrastraba cangrejos y plumas de gaviota, se los llev\u00f3 a los dos. <\/p>\n<p>\u00a0  \u00bfQue no me cree, se\u00f1or?&#8230; \u00bfC\u00f3mo va a ser?&#8230; Mire ust\u00e9 sin\u00f3 esos dos pe\u00f1ones adentro del mar. \u0093Parece que estuvieran mir\u00e1ndose desde siempre\u0094, dicen los viajeros. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Y es que se quedaron all\u00ed&#8230; para toda la vida, se\u00f1or.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EBANO DE LA NOCHE NEGRA \u00a0 \u00a0 \u00a0 Por ah\u00ed se dice que los negros no tenemos historias, se\u00f1or. Y as\u00ed, sentaditos como ust\u00e9 est\u00e1 escuch\u00e1ndome, mueven la cabeza como si uno les contara mentiras. Qu\u00e9 si yo le cuento de una negra bendita que tej\u00eda historias cuando \u00e9ramos ni\u00f1os. 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