{"id":1347,"date":"2008-01-04T01:51:55","date_gmt":"2008-01-04T01:51:55","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1347"},"modified":"2008-01-04T01:51:55","modified_gmt":"2008-01-04T01:51:55","slug":"la-leyenda-de-san-borond\u00f3n(canarias)","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1347","title":{"rendered":"La leyenda de San Borond\u00f3n(Canarias)"},"content":{"rendered":"<p>CRIST\u00d3BAL, EL QUE VENDI\u00d3 SU ALMA AL DIABLO <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Cuando Cristobal lleg\u00f3 a su casa, despu\u00e9s de haber cumplido el servicio militar, con sus manos finas y limpias, y vi\u00f3 que ten\u00eda que dedicarse al trabajo del campo, pens\u00f3 que esto ya no era para \u00e9l. Los primeros d\u00edas que tuvo que coger la azada y el pico se le llenaron las manos de vejigas. Y sin m\u00e1s decidi\u00f3 cambiar de oficio. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Se hizo cazador. Colg\u00f3 su escopeta al hombro y se marcho al monte. Un d\u00eda que estaba descansando a la sombra de un \u00e1rbol, se present\u00f3 ante \u00e91 una terrible fiera que quer\u00eda devorarlo; pero Crit\u00f3bal, valiente y seguro, apunt\u00f3 con su escopeta y derrib\u00f3 a la fiera. En esto se oy\u00f3 una fuerte voz:<br \/>\n-Ya veo que eres valiente, Crist\u00f3bal; y aqu\u00ed estoy para hacer un trato contigo.<br \/>\nLa voz era del Diablo. Crist\u00f3bal contest\u00f3:<br \/>\n-Dime que trato es ese y despu\u00e9s hablaremos.<br \/>\n-Quiero que me vendas tu alma, -le dijo el Diablo-. Durante cinco a\u00f1os tu alma estar\u00e1 pendiente de m\u00ed. Si antes de los cinco a\u00f1os mueres, el alma ser\u00e1 m\u00eda. Si pasan esos cinco a\u00f1os y no has muerto, vuelves a quedar libre y podr\u00e1s disponer de tu alma.<br \/>\n-Y a cambio de eso que me das?-pregunto el cazador.<br \/>\n-A cambio de eso te dar\u00e9 este abrigo. Es un abrigo que te dar\u00e1 todo el dinero que quieras; basta con que metas las manos en los bolsillos y pidas. Pero ahora falta que te ponga mi verdadera condici\u00f3n: en esos cinco a\u00f1os que dure mi poder, no podr\u00e1s cortarte el pelo, afeitarte ni lavarte. Y siempre llevar\u00e1s el mismo abrigo encima.<br \/>\n-De acuerdo-dijo Crist\u00f3bal.<br \/>\n-Y en este mismo sitio dentro de cinco a\u00f1os-dijo el Diablo. Y se separaron. <\/p>\n<p>Cuatro a\u00f1os llevaba ya Crist\u00f3bal recorriendo el mundo con el abrigo puesto, con el pelo crecido, la barba larga y sucia, con una cara que daba miedo, Y no pod\u00eda presentarse delante de nadie, porque todo el mundo hu\u00eda. Una noche lleg\u00f3 a un pueblo y se dirigi\u00f3 a la posada. Al entrar, y asi que fue visto por el due\u00f1o, este no sab\u00eda donde meterse; temblaba todo asustado. Crist\u00f3bal pidi\u00f3 posada, y a cambio dar\u00eda todo el dinero que le pidiesen. El posadero le dijo que le dar\u00eda un cuarto apartado, si le promet\u00eda no salir de \u00e9l, porque si los dem\u00e1s hu\u00e9spedes lo ve\u00edan, abandonar\u00edan todos la posada. Crist\u00f3bal lo prometi\u00f3 y se fue a dormir. <\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s de estar acostado lleg\u00f3 a la posada un buen hombre, que viv\u00eda en un pueblo vecino. Estaba cansado y quer\u00eda dormir para continuar su camino a la noche siguiente. El posadero le dijo:<br \/>\n-No tengo m\u00e1s que un cuarto donde poderlo meter: pero hay en el un hombre tan horrible que no me atrevo a aconsejarle que<br \/>\npase la noche en su compa\u00f1\u00eda. M\u00e1s que un hombre parece una fiera. El reci\u00e9n llegado le contest\u00f3 que eso no importaba, que lo que quer\u00eda era pasar la noche de cualquier manera. Lo convinieron as\u00ed. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Entr\u00f3 en el cuarto donde estaba Crist\u00f3bal. Primero no se dijeron nada: al cabo de un rato se pusieron a hablar. Y el buen hombre cont\u00f3 a Crist\u00f3bal que hab\u00eda llegado al pueblo aquel por asuntos de un pleito, y que lo hab\u00eda perdido, lament\u00e1ndose de que todas sus tierras y casa no le alcanzaran para pagar lo que le ped\u00edan. Crist\u00f3bal ech\u00f3 mano al bolsillo del abrigo v sac\u00f3 muchos miles de duros, que entreg\u00f3 al hombre, dici\u00e9ndole:<br \/>\n-Tenga usted y pague sus deudas; y vuelva tranquilo a su casa.<br \/>\nE1 buen hombre no quer\u00eda creer lo que estaba viendo; pero termin\u00f3 por aceptar el favor que aquel ser tan espantoso le hac\u00eda. Despu\u00e9s le dijo:<br \/>\n-Yo quiero agradecerle a usted lo que ha hecho por m\u00ed. Quiero que venga a mi casa y vera las tres hijas que tengo. Si alguna de ellas lo quiere por marido, despu\u00e9s que yo les cuente lo que usted ha hecho por m\u00ed, no tengo inconveniente ninguno.<br \/>\nAl amanecer del siguiente d\u00eda march\u00f3 el buen hombre para su casa y anunci\u00f3 a sus hijas la visita que iban a recibir y el fin que ten\u00eda. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Al anochecer, y antes de la llegada de Crist\u00f3bal, las dos muchachas mayores se peinaron, se empolvaron y se miraron al espejo. La m\u00e1s peque\u00f1a no pudo hacerlo, porque estaba siempre metida en la cocina y no ten\u00eda tiempo ni de lavarse.<br \/>\nCuando Crist\u00f3bal lleg\u00f3, estaban las tres esperandolo en la sala. No hizo m\u00e1s que asomar, y las dos mayores salieron huyendo, espantadas. La m\u00e1s peque\u00f1a se qued\u00f3 y contempl\u00f3 a Crist\u00f3bal sin miedo. Este le dijo:<br \/>\n-\u00a1No se asusta la ni\u00f1a!&#8230; \u00bfDe verdad me quiere por marido? .<br \/>\n-Yo no me asusto, y lo acepto; porque usted ha hecho un bien muy grande a mi padre y a mi casa.<br \/>\nCrist\u00f3bal le cont\u00f3 toda su vida, el pacto con el Diablo y lo que todav\u00eda le quedaba. Ella contest\u00f3 que nada le importaba, y que esperar\u00eda todo el tiempo que fuese menester. <\/p>\n<p>-Est\u00e1 bien, dijo \u00e9l. Me quedan dos a\u00f1os: uno para terminar mi trato con el Diablo y otro para recorrer el mundo en busca del dinero que he ido enterrando. Para que cuando vuelva te conozca y me conozcas, este anillo que llevo lo partiremos en dos; tu conservaras una mitad y yo la otra. Si al yo volver se emparejan los dos pedazos de anillo, no habr\u00e1 duda de quien eres t\u00fa y de quien sea yo. Y entonces nos casaremos. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Dicho esto sali\u00f3 a la calle y se march\u00f3 mundo adelante. Pas\u00f3 el quinto a\u00f1o. Crist\u00f3bal y el Diablo se encontraron en el mismo lugar de la primera vez. Al verlo aparecer le dijo el Diablo:<br \/>\n-No he podido contigo, Crist\u00f3bal. Dame el abrigo y asunto terminado.<br \/>\n-Antes de dartelo&#8211;contest\u00f3 Crist\u00f3bal-, me tienes que pelar, afeitar y lavar. D\u00e9jame como la primera vez que me viste.<br \/>\nAl Diablo no le quedo otro remedio, y recuperado su abrigo dej\u00f3 solo a Crist\u00f3bal. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Se transform\u00f3 en un arrogante mozo, blanco de cara y fuerte de cuerpo. Ten\u00eda ahora el alma muy cantenta. Iba alegre recorriendo el mundo y recogiendo el dinero que hab\u00eda enterrado en muchos sitios. Pasado un a\u00f1o lleg\u00f3 a casa de las tres hermanas. Cuando el lleg\u00f3, s\u00f3lo se hallaban presentes las dos mayores, porque la m\u00e1s peque\u00f1a estaba siempre en la cocina, entre la ceniza y el fuego. Viendo a tan arrogante gal\u00e1n en la casa, las dos mozas no cab\u00edan en s\u00ed de contentas.<br \/>\nPero Crist\u00f3bal pregrunt\u00f3:<br \/>\n-\u00bfNo hay mas mozas en la casa?<br \/>\n-No; solamente nosotras, porque la criada est\u00e1 en la cocina.<br \/>\n-No importa, -dijo el muchacho-: quiero ver a la criada.<br \/>\nY aunque las otras dos no quer\u00edan, no qued\u00f3 otro remedio que llamarla. Al verla entrar, Crist\u00f3bal se acerco a ella:<br \/>\n-\u00bfNo tiene usted un pedazo de anillo que hace dos a\u00f1os le entreg\u00f3 un hombre que sac\u00f3 a su padre de un gran apuro?<br \/>\n-S\u00ed; lo tengo aqu\u00ed.<br \/>\nY sac\u00f3 de una faltriquera el medio anillo que, comparado con el que tra\u00eda Crist\u00f3bal, hac\u00edan un anillo entero.<br \/>\n-Yo soy aquel hombre horrible que las asusto a ustedes. Como \u00e9sta fue la que me quiso entonces, con ella me quiero casar<br \/>\nahora. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Se celebraron las bodas con gran alegr\u00eda. Pero la envidia atormentaba a las dos hermanas mayores. Y desesperadas, se tiraron a un aljibe y murieron ahogadas. A1 tiempo que esto suced\u00eda, una voz se dej\u00f3 oir a Crist\u00f3bal. Era la voz del Diablo, que dec\u00eda:<br \/>\n-Crist\u00f3bal: he ganado yo; que por tu alma he ganado dos.<br \/>\nY con esto se acaba el cuento.<br \/>\n\u00a0 <\/p>\n<p> LA ISLA DE SAN BOROND\u00d3N <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Grandes y muchos fueron los prodigios que conoci\u00f3 San Brand\u00e1n en su busqueda de aquel Paraiso donde Ad\u00e1n estuvo sentado el primero. Fue Barinthus, el ermita\u00f1o, quien le habl\u00f3 de aquella tierra prodigiosa en Ia que Dios permit\u00eda a sus santos que viviesen despu\u00e9s de la muerte. Durante dos semanas el ermita\u00f1o Barinthus y su ahijado el monje Mernoc hab\u00edan vagado por aquel maravilloso sitio, que estaba m\u00e1s al oeste de la Isla de las Delicias, en donde abundaban las flores y los \u00e1rboles frutales, y cuyo suelo se pavimentaba de piedras preciosas. Asi recorrieron el lugar hasta que llegaron a un ancho<br \/>\nr\u00edo. Cuando iban a sortearlo se les apareci\u00f3 un \u00e1ngel que, prohibi\u00e9ndoles continuar, los condujo de nuevo a su barco. Volvieron a la Isla de las Delicias, all\u00ed qued\u00f3 el monje Mernoc, Barinthus regres\u00f3 a Irlanda y, de camino a su monasterio, visit\u00f3 a su primo Brand\u00e1n y le narr\u00f3 sus aventuras. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Tan impresionado qued\u00f3 San Brand\u00e1n por lo que le oy\u00f3 a Barinthus que al d\u00eda siguiente propuso a San Maclovio y catorce de sus disc\u00edpulos emprender viaje en busca de la Tierra Prometida. Durante cuarenta d\u00edas se prepararon para las fatigas del viaje, ayunando un d\u00eda de cada tres, y aplicados en la construcci\u00f3n de un velero, de la clase &#8220;curragh&#8221; , cuyos<br \/>\ncostados y cuadernas eran de mimbre que cubr\u00edan con piel de vaca curtida con corteza de roble. Para cuarenta d\u00edas almacenaron provisiones y, tambi\u00e9n suficientes pieles para reemplazar las que cubr\u00edan el entramado de la nave. En medio del barco, al que bautizaron &#8220;Trinidad&#8221;, levantaron un m\u00e1stil, y se hicieron con una vela y un tim\u00f3n. Entonces surcaron el mar. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Durante siete a\u00f1os erraron por el Atl\u00e1ntico y avistaron muchas islas extra\u00f1as, como la de San Albeus en donde viv\u00edan veinticuatro monjes que, excepto para cantar himnos, no pronunciaban palabra desde hac\u00eda ocho a\u00f1os y conversaban mediante un lenguaje de signos. Despu\u00e9s de aprovisionarse llegaron a una isla cubierta de vi\u00f1as que produc\u00edan uvas del tama\u00f1o de manzanas, y bastaba una de aquellas uvas para alimentar a un hombre durante todo un d\u00eda. Y advirtieron tambi\u00e9n San Brand\u00e1n, San Maclovio y sus monjes durante la traves\u00eda una gran columna de cristal con una envoltura de plata o de vidrio que permanec\u00eda de pie en medio del oc\u00e9ano. Y encontraron demonios, pigmeos, gatos marinos y marinas serpientes, y dragones, buitres y \u00e1ngeles. Y en una de tres islas volc\u00e1nicas que avistaron descubrieron a Judas sentado en una roca donde descansaba de su tormento, pues era domingo. Y visitaron una isla habitada solo por grandes ovejas blancas. Y estuvieron en la isla que era el Paraiso de los P\u00e1jaros, en donde los \u00e1rboles no daban hojas sino menudas criaturas cubiertas de plumas que colgaban por el pico de las ramas, succionando el jugo de la corteza. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Grandes y muchos fueron los prodigios que conoci\u00f3 San Brand\u00e1n en sus siete a\u00f1os de navegar hasta hallarse en la Tierra Prometida. Y all\u00ed, como a Barinthus, el ermita\u00f1o, y al monje Mernoc, el mismo \u00e1ngel le prohibi\u00f3 cruzar el ancho r\u00edo y le invit\u00f3 a volver a su barco &#8220;Trinidad&#8221;, llev\u00e1ndose \u00e9l y los suyos todas las frutas y piedras preciosas que pudiesen cargar. Cruz\u00f3 el anillo de niebla que envolv\u00eda al Paraiso y torn\u00f3 a Irlanda San Brand\u00e1n. Y all\u00ed cont\u00f3 repetidas veces a sus hermanos como fue su aventura, donde disfrutaron con gozo, donde pasaron aprietos y c\u00f3mo, en cuanto les hizo falta, encontr\u00f3 dispuesto y a punto todo cuando a Dios pidiera. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Durante siete a\u00f1os erraron por el Atl\u00e1ntico San Brand\u00e1n y San Maclovio y en la traves\u00eda muchas islas extra\u00f1as conocieron. Como la que habr\u00eda de tomar su nombre del santo, por mas que tambien le dec\u00edan &#8220;Apr\u00f3situs&#8221; o Inaccesible, &#8220;Non Trubada&#8221; y &#8220;Encubierta&#8221;. Y es que largo tiempo llevaban navegando los santos monjes sin descubrir tierra, con lo que sobrevino el d\u00eda de Pascua. Rog\u00f3 entonces San Brand\u00e1n para que les hiciese Dios la gracia de hallar alg\u00fan enclave en el que poder decir misa. Oy\u00f3 el Se\u00f1or los votos de su siervo y dispuso que en medio del mar apareciese repentinamente una isla. Asi fue como desembarcaron y, a los primeros pasos que dieron por el lugar, hallaron el cadaver de un gigante que yac\u00eda en un sepulcro. Por indicacion de San Brand\u00e1n resucit\u00f3 San Maclovio al gigante, al que instruyeron en la religi\u00f3n cristiana d\u00e1ndole idea del misterio de la Trinidad y de las penas del infierno. Luego lo bautizaron, poni\u00e9ndole por nombre Milduo, y le dieron permiso para morir de nuevo. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Erigieron los viajeros un altar y celebraron la Pascua con un hermoso oficio lleno de fervor. Cogieron, para guisarla, la carne que hab\u00edan guardado en el barco y, en seguida, acumularon le\u00f1a para asarla. Cuando estuvo aderezada la comida se prepararon para comerla. M\u00e1s de pronto todos se pusieron a dar gritos, llenos de temor, porque la.tierra entera temblaba y se iba alejando mucho de la nave. Calm\u00f3 a los monjes San Brand\u00e1n, recogieron las provisiones y embarcaron todos de nuevo. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Aunque ya a diez leguas de distancia, desde el velero pudieron divisar con toda nitidez el fuego que hab\u00edan encendido sobre la isla que, aprisa, iba desapareciendo. Asi, como una enga\u00f1osa ballena, acab\u00f3 por hundirse en el oc\u00e9ano, dispuesta a resurgir de entre las aguas para asombro y maravilla de navegantes. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CRIST\u00d3BAL, EL QUE VENDI\u00d3 SU ALMA AL DIABLO \u00a0 \u00a0 Cuando Cristobal lleg\u00f3 a su casa, despu\u00e9s de haber cumplido el servicio militar, con sus manos finas y limpias, y vi\u00f3 que ten\u00eda que dedicarse al trabajo del campo, pens\u00f3 que esto ya no era para \u00e9l. 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