{"id":1332,"date":"2008-01-02T17:32:46","date_gmt":"2008-01-02T17:32:46","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1332"},"modified":"2008-01-02T17:32:46","modified_gmt":"2008-01-02T17:32:46","slug":"la-caverna-y-el-laberinto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1332","title":{"rendered":"La Caverna y el Laberinto"},"content":{"rendered":"<p>Subject:<br \/>\n[fratreslucis] La Caverna y el Laberinto<br \/>\nDate:<br \/>\nWed, 11 Sep 2002 12:31:07 -0300<br \/>\nFrom:<br \/>\nraqueltb@adinet.com.uy<\/p>\n<p>LIBERTAD &#8211; IGUALDAD &#8211; FRATERNIDAD<br \/>\nLUZ &#8211; VIDA &#8211; AMOR<\/p>\n<p>QQ.&#8217;. HH.&#8217;. de la O.&#8217;.F.&#8217;.L.&#8217;.<\/p>\n<p>Saludos al amparo de nuestros Seis Principios:<\/p>\n<p>Remito a Uds. un art\u00edculo titulado &#8220;La caverna y el laberinto&#8221;, del autor<br \/>\nRen\u00e9 Gu\u00e9non, y al pie del mismo figura el link a la p\u00e1gina de la Revista<br \/>\nde Estudios Arquitect\u00f3nicos, donde podr\u00e1n encontrar muy buenos art\u00edculos<br \/>\npara vuestra instrucci\u00f3n y meditaciones futuras.<\/p>\n<p>Para aquellos que a\u00fan no son Hermanos Intimos de la OFL y que deseen intercambiar<br \/>\nconsultas y\/o comentarios, les recuerdo que pueden escribir a cualquiera<br \/>\nde los Cancellarius de la O.F.L. o a cualquiera de los C\u00edrculos de la OFL,<br \/>\nquienes con much\u00edsimo gusto intercambiaremos opiniones; ello sin perjuicio<br \/>\nde los comentarios vertidos en la Lista General.<\/p>\n<p>Con un gran abrazo a todos, me despido<br \/>\nEn L.&#8217;.V.&#8217;.X.&#8217;.<br \/>\nS.L. Al\u00eath\u00e9ia<br \/>\n______________________________________________________________________<br \/>\nLA CAVERNA Y EL LABERINTO (1)<br \/>\nRen\u00e9 GU\u00c9NON<\/p>\n<p>En un libro reciente (2), W. F. Jackson Knight expone interesantes investigaciones<br \/>\nque tienen por punto de partida el pasaje del libro VI de la Eneida donde<br \/>\nse describen las puertas del antro de la Sibila de Cumas: \u00bfpor qu\u00e9 el laberinto<br \/>\nde Creta y su historia est\u00e1n figurados en esas puertas? El autor se niega<br \/>\ncon raz\u00f3n a ver en ello, como lo han hecho algunos que no van m\u00e1s all\u00e1 de<br \/>\nlas concepciones ?literarias? modernas, una simple digresi\u00f3n m\u00e1s o menos<br \/>\nin\u00fatil; estima, al contrario, que ese pasaje debe tener un valor simb\u00f3lico<br \/>\nreal, fund\u00e1ndose en una estrecha relaci\u00f3n entre el laberinto y la caverna,<br \/>\nvinculados ambos con la misma idea de un viaje subterr\u00e1neo. Esta idea, seg\u00fan<br \/>\nla interpretaci\u00f3n que el autor da de hechos concordantes pertenecientes<br \/>\na \u00e9pocas y regiones muy diversas, habr\u00eda estado originariamente en relaci\u00f3n<br \/>\ncon los ritos funerarios y luego, en virtud de cierta analog\u00eda, habr\u00eda sido<br \/>\ntransportada a los ritos inici\u00e1ticos; volveremos m\u00e1s en particular sobre<br \/>\neste punto en lo que sigue, pero debemos antes formular algunas reservas<br \/>\nsobre el modo en que el autor concibe la iniciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Parece, en efecto, encararla \u00fanicamente como un producto del &#8220;pensamiento<br \/>\nhumano?, dotado por otra parte de una vitalidad que le asegura una especie<br \/>\nde permanencia a trav\u00e9s de las edades, aun si a veces no subsiste, por as\u00ed<br \/>\ndecirlo, sino en estado latente; no tenemos necesidad alguna, despu\u00e9s de<br \/>\ntodo cuanto hemos ya expuesto acerca de este asunto, de mostrar una vez<br \/>\nm\u00e1s la insuficiencia de ese punto de vista, ya por el solo hecho de que<br \/>\nno tiene en cuenta los elementos ?sobrehumanos?, que en realidad constituyen<br \/>\nprecisamente lo esencial. Insistiremos solo en esto: la idea de una subsistencia<br \/>\nen estado latente trae aparejada la hip\u00f3tesis de una conservaci\u00f3n en un<br \/>\n?subconsciente colectivo?, tomada de ciertas teor\u00edas psicol\u00f3gicas recientes;<br \/>\ncomo quiera que se opine acerca de \u00e9stas, hay en todo caso, en la aplicaci\u00f3n<br \/>\nas\u00ed efectuada, un completo desconocimiento de la necesidad de la ?cadena?<br \/>\ninici\u00e1tica, es decir, de una transmisi\u00f3n efectiva e ininterrumpida. Cierto<br \/>\nes que hay otra cuesti\u00f3n que es preciso guardarse de confundir con aqu\u00e9lla:<br \/>\nha podido ocurrir a veces que cosas de orden propiamente inici\u00e1tico llegaran<br \/>\na expresarse a trav\u00e9s de individualidades que no eran conscientes en modo<br \/>\nalguno de su verdadera significaci\u00f3n, y nos hemos explicado anteriormente<br \/>\nsobre ello con motivo de la leyenda del Graal (3); pero, por una parte,<br \/>\neso nada tiene que ver con lo que es la realidad de la iniciaci\u00f3n misma,<br \/>\ny, por otra, no podr\u00eda entenderse as\u00ed el caso de Virgilio, en quien hay,<br \/>\ncomo en Dante, indicaciones demasiado precisas y demasiado manifiestamente<br \/>\nconscientes para que sea posible admitir que haya sido extra\u00f1o a toda vinculaci\u00f3n<br \/>\ninici\u00e1tica efectiva. Aquello de que aqu\u00ed se trata nada tiene que ver con<br \/>\nla &#8220;inspiraci\u00f3n po\u00e9tica? tal como se la entiende en la actualidad, y a este<br \/>\nrespecto Jackson Knight est\u00e1 por cierto demasiadamente dispuesto a compartir<br \/>\nlos puntos de vista ?literarios? a los cuales, sin embargo, su tesis se<br \/>\nopone en lo dem\u00e1s; pero no por eso hemos de desconocer todo el m\u00e9rito que<br \/>\ncorresponde a un autor universitario por tener el valor de abordar ese tema,<br \/>\ne incluso, simplemente, de hablar de iniciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dicho esto, volvamos a la cuesti\u00f3n de las relaciones entre la caverna funeraria<br \/>\ny la caverna inici\u00e1tica: aunque esas relaciones sean ciertamente reales,<br \/>\nla identificaci\u00f3n de ambas, en cuanto a su simbolismo, no representa sino,<br \/>\ncuando mucho, una media verdad. Observemos, por lo dem\u00e1s, que, inclusive<br \/>\ndesde el mero punto de vista funerario, la idea de hacer derivar el simbolismo<br \/>\ndel ritual en lugar de ver, al contrario, en el ritual mismo el simbolismo<br \/>\nen acci\u00f3n, como en realidad es, pone ya al autor en grandes dificultades<br \/>\ncuando comprueba que el viaje subterr\u00e1neo va seguido casi siempre de un<br \/>\nviaje al aire libre, representado por muchas tradiciones como una navegaci\u00f3n;<br \/>\nesto seria inconcebible, en efecto, si no se tratara sino de la descripci\u00f3n<br \/>\npor im\u00e1genes de un rito sepulcral, pero, en cambio, se explica perfectamente<br \/>\ncuando se sabe que se trata en realidad de las fases diversas atravesadas<br \/>\npor el ser en el curso de una migraci\u00f3n que es real y verdaderamente ?de<br \/>\nultratumba?, y que no concierne en nada al cuerpo que ese ser ha dejado<br \/>\ntras de si al abandonar la vida terrestre. Por otra parte, en raz\u00f3n de la<br \/>\nanalog\u00eda existente entre la muerte entendida en el sentido ordinario y la<br \/>\nmuerte inici\u00e1tica, de que hemos hablado en otra oportunidad, una misma descripci\u00f3n<br \/>\nsimb\u00f3lica puede aplicarse por igual a lo que ocurre al ser en uno y otro<br \/>\ncaso; tal es, en cuanto a la caverna y al viaje subterr\u00e1neo, la raz\u00f3n de<br \/>\nla asimilaci\u00f3n antes establecida, en la medida en que est\u00e1 justificada;<br \/>\npero, en el punto en que ella debe leg\u00edtimamente detenerse, nos hallamos<br \/>\ntodav\u00eda en los preliminares de la iniciaci\u00f3n y no en la iniciaci\u00f3n misma.<\/p>\n<p>En efecto, nada m\u00e1s que una preparaci\u00f3n para ella puede verse, en estricto<br \/>\nrigor, en la muerte al mundo profano seguida del ?descenso a los Infiernos?,<br \/>\nel cual, claro est\u00e1, es la misma cosa que el viaje al mundo subterr\u00e1neo<br \/>\nal cual da acceso la caverna; y, en lo que hace a la iniciaci\u00f3n misma, lejos<br \/>\nde ser considerada como una muerte, lo es al contrario como un ?segundo<br \/>\nnacimiento?, y como un paso de las tinieblas a la luz. Pero el lugar de<br \/>\neste nacimiento es tambi\u00e9n la caverna, por lo menos en los casos en que<br \/>\nla iniciaci\u00f3n se efect\u00faa en ella, real o simb\u00f3licamente, pues va de suyo<br \/>\nque no hay que generalizar demasiado, y que, como en el caso del laberinto,<br \/>\nal cual nos referiremos en seguida, no se trata de algo necesariamente com\u00fan<br \/>\na todas las formas inici\u00e1ticas sin excepci\u00f3n. Lo mismo aparece; por lo dem\u00e1s,<br \/>\nincluso exot\u00e9ricamente, en el simbolismo cristiano de la Natividad, con<br \/>\nigual nitidez que en otras tradiciones; y es evidente que la caverna como<br \/>\nlugar de nacimiento no puede tener precisamente la misma significaci\u00f3n que<br \/>\nla caverna como lugar de muerte o sepultura. Se podr\u00eda hacer notar, sin<br \/>\nembargo, por lo menos para vincular entre s\u00ed esos aspectos diferentes y<br \/>\nhasta en apariencia opuestos, que muerte y nacimiento no son, en suma, sino<br \/>\nlas dos faces de un mismo cambio de estado, y que el paso de un estado a<br \/>\notro se considera siempre como que debe efectuarse en la oscuridad (4);<br \/>\nen este sentido, la caverna seria m\u00e1s exactamente, pues, el lugar mismo<br \/>\nde ese tr\u00e1nsito: pero esto, aun siendo estrictamente verdadero, no se refiere<br \/>\na\u00fan sino a uno de los aspectos de su complejo simbolismo.<\/p>\n<p>Si el autor no ha logrado ver el otro aspecto de este simbolismo, ello se<br \/>\ndebe muy probablemente al influjo ejercido sobre \u00e9l por las teor\u00edas de ciertos<br \/>\n?historiadores de las religiones? : siguiendo a \u00e9s-tos admite, en efecto,<br \/>\nque la caverna deba vincularse siempre a los cultos ?ctonios?, sin duda<br \/>\npor la raz\u00f3n, algo demasiado ?simplista?, de que esta situada en el interior<br \/>\nde la tierra; pero esto est\u00e1 muy lejos de la verdad.(5) Con todo, nuestro<br \/>\nautor no puede menos de advertir que la caverna inici\u00e1tica se da ante todo<br \/>\ncomo una imagen del mundo(6), pero su hip\u00f3tesis le impide sacar la consecuencia<br \/>\nque sin embargo se impone, a saber : siendo las cosas as\u00ed, la caverna debe<br \/>\nformar un todo completo y contener en s\u00ed misma la representaci\u00f3n del cielo<br \/>\ntanto como de la tierra; si ocurre que el cielo se mencione expresamente<br \/>\nen alg\u00fan texto o figure en alg\u00fan monumento como correspondiente a la b\u00f3veda<br \/>\nde la caverna, las explicaciones propuestas a este respecto se tornan a<br \/>\ntal punto confusas y poco satisfactorias que ya no es posible seguirlas.<br \/>\nLa verdad es que, muy lejos de constituir un lugar tenebroso, la caverna<br \/>\ninici\u00e1tica est\u00e1 iluminada interiormente, de modo que, al contrario, la oscuridad<br \/>\nreina fuera de ella, pues el mundo profano se asimila naturalmente a las<br \/>\n&#8220;tinieblas exteriores? y el ?segundo nacimiento? es a la vez una ?iluminaci\u00f3n?.(7)<br \/>\nAhora, si se pregunta por qu\u00e9 la caverna es considerada as\u00ed desde el punto<br \/>\nde vista inici\u00e1tico, responderemos que la soluci\u00f3n se encuentra, por una<br \/>\nparte, en el hecho de que el s\u00edmbolo de la caverna es complementario con<br \/>\nrespecto al de la monta\u00f1a, y, por otra, en la relaci\u00f3n que une estrechamente<br \/>\nel simbolismo de la caverna con el del coraz\u00f3n; nos proponemos tratar por<br \/>\nseparado estos dos puntos esenciales, pero no es dif\u00edcil comprender, despu\u00e9s<br \/>\nde cuanto hemos tenido ya ocasi\u00f3n de decir en otros lugares, que todo eso<br \/>\nest\u00e1 en relaci\u00f3n directa con la figuraci\u00f3n misma de los centros espirituales.<\/p>\n<p>Pasaremos por alto otras cuestiones que, por importantes que sean en s\u00ed<br \/>\nmismas, no intervienen aqu\u00ed sino accesoriamente, como por ejemplo la de<br \/>\nla significaci\u00f3n de la ?rama de oro?; es muy discutible que pueda identific\u00e1rsela,<br \/>\nsalvo en un aspecto muy secundario, con el bast\u00f3n o la varita que en formas<br \/>\ndiversas se encuentra muy generalmente en el simbolismo tradicional (8).<br \/>\nSin insistir m\u00e1s en ello, examinaremos ahora )o que concierne al laberinto,<br \/>\ncuyo sentido puede parecer a\u00fan m\u00e1s enigm\u00e1tico, o al menos m\u00e1s disimulado,<br \/>\nque el de la caverna, y las relaciones existentes entre \u00e9sta y aqu\u00e9l.<\/p>\n<p>El laberinto, como bien lo ha visto Jacksor Knight, tiene una doble raz\u00f3n<br \/>\nde ser, en cuanto permite o veda, seg\u00fan los casos, el acceso a determinado<br \/>\nlugar donde no todos pueden penetrar indistintamente; solo los que est\u00e1n<br \/>\n&#8220;cualificados? podr\u00e1n recorrerlo hasta el fin, mientras que los otros se<br \/>\nver\u00e1n impedidos de penetrar o extraviar\u00e1n el camino. Se ve inmediatamente<br \/>\nque hay aqu\u00ed la idea de una ?selecci\u00f3n?, en relaci\u00f3n evidente con la admisi\u00f3n<br \/>\na la iniciaci\u00f3n misma: el recorrido del laberinto no es propiamente, pues,<br \/>\na este respecto, sino una representaci\u00f3n de las pruebas inici\u00e1ticas; y es<br \/>\nf\u00e1cil comprender que, cuando servia efectivamente como medio de acceso a<br \/>\nciertos santuarios, pod\u00eda ser dispuesto de tal manera que los ritos correspondientes<br \/>\nse cumplieran en ese trayecto mismo. Por otra parte, se encuentra tambi\u00e9n<br \/>\nla idea de ?viaje?, en el aspecto en que esa idea se asimila a las pruebas<br \/>\nmismas, como puede verific\u00e1rselo a\u00fan hoy en ciertas formas inici\u00e1ticas,<br \/>\nla masoner\u00eda por ejemplo, donde cada una de las pruebas simb\u00f3licas se designa,<br \/>\nprecisamente, como un ?viaje?. Otro simbolismo equivalente es el de la ?peregrinaci\u00f3n?;<br \/>\ny recordaremos a este respecto los laberintos que se trazaban otrora en<br \/>\nlas lajas del piso de ciertas iglesias, cuyo recorrido se consideraba como<br \/>\nun &#8220;sustituto&#8221; del peregrinaje a Tierra Santa; por lo dem\u00e1s, si el punto<br \/>\nen el que termina ese recorrido representa un lugar reservado a los &#8220;elegidos?,<br \/>\nese lugar es real y verdaderamente una ?Tierra Santa? en el sentido inici\u00e1tico<br \/>\nde la expresi\u00f3n: en otros t\u00e9rminos, ese punto no es sino la imagen de un<br \/>\ncentro espiritual, como todo lugar de iniciaci\u00f3n lo es igualmente (9).<\/p>\n<p>Va de suyo, por otra parte, que el empleo del laberinto como medio de protecci\u00f3n<br \/>\no defensa admite aplicaciones diversas, fuera del dominio inici\u00e1tico; as\u00ed,<br \/>\nel autor se\u00f1ala particularmente su empleo &#8220;t\u00e1ctico? a la entrada de ciertas<br \/>\nciudades antiguas y otros lugares fortificados. Solo que es un error creer<br \/>\nque en este caso se trate de un uso puramente profano, el cual incluso hubiera<br \/>\nsido cronol\u00f3gicamente el primero, para sugerir luego la idea de una utilizaci\u00f3n<br \/>\nritual; hay en esta idea, propiamente, una inversi\u00f3n de las relaciones normales,<br \/>\nconforme, por otra parte, a las concepciones modernas pero solo a ellas,<br \/>\ny que por lo tanto es enteramente ileg\u00edtimo atribuir a las civilizaciones<br \/>\nantiguas. De hecho, en toda civilizaci\u00f3n de car\u00e1cter estrictamente tradicional,<br \/>\ntodas las cosas comienzan necesariamente por el principio o por lo que es<br \/>\nm\u00e1s pr\u00f3ximo a \u00e9l, para descender luego a aplicaciones cada vez m\u00e1s contingentes;<br \/>\ny, adem\u00e1s, inclusive estas \u00faltimas no se encaran jam\u00e1s desde un punto de<br \/>\nvista profano, que no es, seg\u00fan lo hemos explicado a menudo, sino el resultado<br \/>\nde una degradaci\u00f3n por la cual se ha perdido la conciencia de la vinculaci\u00f3n<br \/>\nde esas aplicaciones con el principio. En el caso de que se trata, podr\u00eda<br \/>\nf\u00e1cilmente percibirse que hay algo distinto de lo que ver\u00edan los ?t\u00e1cticos?<br \/>\nmodernos, por la simple observaci\u00f3n de que ese modo de defensa, ?laber\u00edntico?,<br \/>\nno se empleaba solamente contra los enemigos humanos sino tambi\u00e9n contra<br \/>\nlos influjos ps\u00edquicos hostiles, lo que indica a las claras que deb\u00eda tener<br \/>\npor si mismo un valor ritual.(10) Pero hay m\u00e1s todav\u00eda: la fundaci\u00f3n de<br \/>\nlas ciudades, la elecci\u00f3n de su sitio y el plan seg\u00fan el cual se las constru\u00eda<br \/>\nse hallaban sometidos a reglas pertenecientes esencialmente a la ?ciencia<br \/>\nsagrada? y, por consiguiente, estaban lejos de responder solo a fines ?utilitarios&#8221;,<br \/>\npor lo menos en el sentido exclusivamente material que se da actualmente<br \/>\na esa palabra; por completamente extra\u00f1as que sean estas cosas a la mentalidad<br \/>\nde nuestros contempor\u00e1neos, es preciso sin embargo tomarlas en cuenta, sin<br \/>\nlo cual quienes estudian los vestigios de las civilizaciones antiguas jam\u00e1s<br \/>\npodr\u00e1n comprender el verdadero sentido y la raz\u00f3n de ser de lo que observan,<br \/>\naun en lo que corresponde simplemente a lo que se ha convenido en llamar<br \/>\nhoy el dominio de la &#8220;vida cotidiana?, pero que entonces ten\u00eda tambi\u00e9n,<br \/>\nera realidad, un car\u00e1cter propiamente ritual y tradicional.<\/p>\n<p>En cuanto al origen del nombre del ?laberinto?, es bastante oscuro y ha<br \/>\ndado lugar a muchas discusiones; parece que, al contrario de lo que algunos<br \/>\nhan cre\u00eddo, no se relaciona directamente con el nombre de la l\u00e1brys o doble<br \/>\nhacha cretense, sino que ambas derivan igualmente de una misma palabra muy<br \/>\nantigua que designaba la piedra (ra\u00edz la-, de donde l\u00e2os en griego, lapis<br \/>\nen lat\u00edn), de suerte que, etimol\u00f3gicamente, el laberinto podr\u00eda no ser en<br \/>\nsuma otra cosa que una construcci\u00f3n de piedra, perteneciente al g\u00e9nero de<br \/>\nlas construcciones llamadas ?cicl\u00f3peas?. Empero, no es \u00e9sa sino la significaci\u00f3n<br \/>\nm\u00e1s exterior de la palabra, que, en sentido m\u00e1s profundo, se vincula al<br \/>\nconjunto del simbolismo de la piedra, al cual hubimos de referirnos en diversas<br \/>\noportunidades, sea con motivo de los ?betilos?, sea con motivo de las ?piedras<br \/>\ndel rayo? (identificadas, precisamente, con el hacha de piedra o L\u00e1brys),<br \/>\ny que presenta a\u00fan muchos otros aspectos. Jackson Knight lo ha entrevisto<br \/>\npor lo menos, pues alude a los hombres ?nacidos de la piedra? (lo que, se\u00f1al\u00e9moslo<br \/>\nde paso, da la explicaci\u00f3n de la palabra griega la\u00f3s (&#8216;pueblo, gente&#8217;),<br \/>\nde lo cual la leyenda de Decauli\u00f3n ofrece el ejemplo m\u00e1s conocido: esto<br \/>\nse refiere a cierto per\u00edodo un estudio m\u00e1s preciso del cual, si fuera posible,<br \/>\npermitir\u00eda seguramente dar a la llamada ?edad de piedra? un sentido muy<br \/>\notro del que le atribuyen los prehistoriadores. Por otra parte, esto nos<br \/>\nreconduce al tema de la caverna, la cual, en cuanto excavada en la roca,<br \/>\nnatural o artificialmente, est\u00e1 tambi\u00e9n muy pr\u00f3xima a ese simbolismo (11);<br \/>\npero debemos agregar que \u00e9sta no es raz\u00f3n para suponer que el mismo laberinto<br \/>\nhaya debido tambi\u00e9n forzosamente ser excavado en la roca : aunque haya podido<br \/>\nserlo en ciertos casos, ello no es sino un elemento accidental, podr\u00eda decirse,<br \/>\ny no entra en su definici\u00f3n, pues, cualesquiera sean las relaciones entre<br \/>\nel laberinto y la caverna, importa no confundirlos, sobre todo cuando se<br \/>\ntrata de la caverna inici\u00e1tica, que aqu\u00ed consideramos m\u00e1s en particular.<\/p>\n<p>En efecto, es muy evidente que, si la caverna es el lugar en que se cumple<br \/>\nla iniciaci\u00f3n misma, el laberinto, lugar de las pruebas previas, no puede<br \/>\nser sino el camino que conduce a ella, a la vez que el obst\u00e1culo que veda<br \/>\nel acercamiento a los profanos &#8220;no cualificados?. Recordaremos, por otra<br \/>\nparte, que en Cumas el laberinto estaba representado en las puertas, como<br \/>\nsi, de alguna manera, esa figuraci\u00f3n sustituyera al propio laberinto(12);<br \/>\ny podr\u00eda decirse que Eneas, mientras se detiene a la entrada para contemplarla,<br \/>\nrecorre en efecto el laberinto, mental ya que no corporalmente. Por otra<br \/>\nparte, no parece que ese modo de acceso haya sido siempre exclusivamente<br \/>\nreservado para santuarios establecidos en cavernas o asimilados simb\u00f3licamente<br \/>\na e}las, pues, como lo hemos explicado ya, no se trata de un rasgo com\u00fan<br \/>\na todas las formas tradicionales; y la raz\u00f3n de ser del laberinto, tal como<br \/>\nla hemos definido antes, puede convenir igualmente a los aleda\u00f1os de todo<br \/>\nlugar de iniciacion, de todo santuario destinado a los ?misterios? y no<br \/>\na los ritos p\u00fablicos. Formulada esta reserva, hay sin embargo una raz\u00f3n<br \/>\npara suponer que, en el origen por lo menos, el empleo del laberinto -haya<br \/>\nde haber estado m\u00e1s particularmente vinculado con la caverna inici\u00e1tica:<br \/>\npues uno y otra parecen haber pertenecido al comienzo a las mismas formas<br \/>\ntradicionales, las de esa \u00e9poca de los ?hombres de piedra? a que alud\u00edamos<br \/>\npoco ha; habr\u00edan comenzado, pues, por estar estrechamente unidos, aunque<br \/>\nno lo hayan quedado invariablemente en todas las formas ulteriores.<\/p>\n<p>Si consideramos el caso en que el laberinto est\u00e1 en conexi\u00f3n con la caverna,<br \/>\n\u00e9sta, a la cual rodea con sus repliegues y en la cual finalmente desemboca,<br \/>\nocupa entonces, en el conjunto as\u00ed constituido, el punto m\u00e1s interno y central,<br \/>\nlo que corresponde perfectamente a la idea de un centro espiritual, y concuerda<br \/>\nadem\u00e1s con el equivalente simbolismo del coraz\u00f3n, sobre el cual nos proponemos<br \/>\nvolver. Ha de hacerse notar a\u00fan que, cuando la misma caverna es a la vez<br \/>\nel lugar de la muerte inici\u00e1tica y el del ?segundo nacimiento?, debe entonces<br \/>\nser considerada como acceso no solo a los dominios subterr\u00e1neos o ?infernales&#8221;,<br \/>\nsino tambi\u00e9n a los dominios supraterrestres; esto tambi\u00e9n responde a la<br \/>\nnoci\u00f3n del punto central, que es, era el orden ?macroc\u00f3smico&#8221;, al igual<br \/>\nque en el ?microc\u00f3smico?, aquel donde se efect\u00faa la comunicaci\u00f3n con todos<br \/>\nlos estados superiores e inferiores; y solamente as\u00ed la caverna puede ser,<br \/>\nseg\u00fan lo hemos dicho, la imagen completa del mundo, en cuanto todos esos<br \/>\nestados deben reflejarse igualmente en ella; de no ser as\u00ed, la asimilaci\u00f3n<br \/>\nde su b\u00f3veda al cielo seria absolutamente incomprensible. Pero, por otra<br \/>\nparte, si el ?descenso a los Infiernos? se cumple en la caverna misma, entre<br \/>\nla muerte inici\u00e1tica y el ?segundo nacimiento?, se ve que no puede considerarse<br \/>\na ese descenso como representado por el recorrido del laberinto, y entonces<br \/>\ncabe a\u00fan preguntarse a qu\u00e9 corresponde en realidad este \u00faltimo: son las<br \/>\n?tinieblas exteriores?, a las cuales hemos aludido ya, y a las que se aplica<br \/>\nperfectamente el estado de ?errancia?, si es l\u00edcito usar este t\u00e9rmino, del<br \/>\ncual tal recorrido es la exacta expresi\u00f3n. Este asunto de las ?tinieblas<br \/>\nexteriores? podr\u00eda dar lugar a otras precisiones, pero nos har\u00edan traspasar<br \/>\nlos l\u00edmites del presente estudio; creemos, por lo dem\u00e1s, haber dicho bastante<br \/>\npara mostrar, por una parte, el inter\u00e9s que presentan investigaciones como<br \/>\nlas expuestas en el libro de Jackson Knight, pero tambi\u00e9n, por otra, la<br \/>\nnecesidad, para dar precisi\u00f3n a los resultados y captar su verdadero alcance,<br \/>\nde un conocimiento propiamente ?t\u00e9cnico? de aquello de que se trata, conocimiento<br \/>\nsin el cual no se llegar\u00e1 nunca sino a reconstrucciones hipot\u00e9ticas e incompletas,<br \/>\nque, aun en la medida en que no est\u00e9n falseadas por alguna idea preconcebida,<br \/>\npermanecer\u00e1n tan ?muertas? como los vestigios mismos que hayan sido su punto<br \/>\nde partida.<\/p>\n<p>NOTAS:<br \/>\n(1)Cap. XXIX de S\u00edmbolos fundamentales de la ciencia sagrada, Eudeba-Colihue,<br \/>\nBuenos Aires, 19883 [Publicado en \u00c9. T., octubre y noviembre de 1937.]<\/p>\n<p>(2) W. F. Jackson Knight, Cumaean Gates, a reference of the Sixth &#8220;Aeneid&#8221;<br \/>\nto lnitiation Pattern, Basil Blackwell, Oxford.<br \/>\n(3) (Ver caps. III y IV.)<br \/>\n(4) Podr\u00eda recordarse tambi\u00e9n, a este respecto, el simbolismo del grano<br \/>\nde trigo en los misterios de Eleusis.<\/p>\n<p>(5) Esta interpretacion unilateral lleva al autor a una singular confusi\u00f3n:<br \/>\ncita, entre otros ejemplos, el mito shinto\u00edsta de la danza ejecutada ante<br \/>\nla entrada de una caverna para hacer salir de ella a la &#8220;diosa ancestral?<br \/>\nall\u00ed escondida; desgraciadamente para su tesis, no se trata de la ?tierra<br \/>\nmadre&#8221;, romo lo cree y lo dice expresamente, sino de la diosa solar, lo<br \/>\ncual es enteramente distinto.<\/p>\n<p>(6) En la masoner\u00eda ocurre lo mismo con la logia, cuyo nombre algunos han<br \/>\nrelacionado incluso con la palabra s\u00e1nscrita loka [?mundo&#8217;], lo que en efecto<br \/>\nes exacto simb\u00f3licamente, si etimol\u00f3gicamente no; pero ha de agregarse que<br \/>\nla logia no se asimila a ]a caverna, y que el equivalente de \u00e9sta se encuentra<br \/>\nsolo, en ese caso, al comienzo mismo de las pruebas inici\u00e1ticas, de modo<br \/>\nque no se le da otro sentido que el de lugar subterr\u00e1neo en relaci\u00f3n directa<br \/>\ncon las ideas de muerte y de &#8220;descenso?.<\/p>\n<p>(7) En el simbolismo mas\u00f3nico igualmente, y por las mismas razones, las<br \/>\n?luces? se encuentran obligatoriamente en el interior de la logia; y la<br \/>\npalabra loka, reci\u00e9n mencionada, se relaciona tambi\u00e9n directamente con una<br \/>\nra\u00edz cuyo sentido primero designa la luz.<\/p>\n<p>(8) Ser\u00eda ciertamente mucho m\u00e1s exacto asimilar esta ?rama de oro? al mu\u00e9rdago<br \/>\ndru\u00eddico y a la acacia mas\u00f3nica, para no mencionar los ?ramos? de la fiesta<br \/>\ncristiana que lleva precisamente este nombre, en cuanto s\u00edmbolo y prenda<br \/>\nde resurrecci\u00f3n e inmortalidad.<br \/>\n(9) Jackson Knigh menciona estos laberintos, pero no les atribuye sino una<br \/>\nsignificaci\u00f3n simplemente religiosa; parece ignorar que su trazado no pertenec\u00eda<br \/>\nen modo alguno a la doctrina exot\u00e9rica, sino exclusivamente al simbolismo<br \/>\nde las organizaciones inici\u00e1ticas de constructores.<\/p>\n<p>(10) No insistiremos, para no apartarnos demasiado de nuestro asunto, sobre<br \/>\nla marcha &#8220;laber\u00edntica? de ciertas procesiones y ?danzas rituales&#8221;, que,<br \/>\npresentando ante todo el car\u00e1cter de ritos de protecci\u00f3n, o ?apotropaicos&#8221;,<br \/>\ncomo dice el autor, se vinculan directamente y por eso al mismo orden de<br \/>\nconsideraciones: se trata esencialmente de detener y desviar los influjos<br \/>\nmal\u00e9ficos, por una ?t\u00e9cnica? basada en el conocimiento de ciertas leyes<br \/>\nseg\u00fan las cuales aqu\u00e9llos ejercen su acci\u00f3n.<\/p>\n<p>(11) ? Las cavernas prehist\u00f3ricas fueron, veros\u00edmilmente, no habitaciones,<br \/>\ncomo de ordinario se cree, sino los santuarios de los &#8220;hombres de la piedra&#8221;,<br \/>\nentendidos en el sentido que acabamos de indicar; as\u00ed, pues, la caverna<br \/>\nhabr\u00eda recibido en las formas tradicionales del per\u00edodo de que se trata,<br \/>\ny en relaci\u00f3n con cierta ?ocultaci\u00f3n? del conocimiento, el car\u00e1cter de s\u00edmbolo<br \/>\nde los centros espirituales, y consiguientemente de lugar de iniciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>(12) Un caso similar, a este respecto, es el de las figuras ?laber\u00ednticas&#8221;<br \/>\ntrazadas en paredes, en Grecia antigua, para vedar el acceso de los influjos<br \/>\nmal\u00e9ficos a las casas.<\/p>\n<p>http:\/\/arquitectes.coac.net\/rea\/art_cyl.htm<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<br \/>\nAUGUSTA COMUNIDAD DE LOS FRATRES LUCIS en LVX LIF<br \/>\n&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Subject: [fratreslucis] La Caverna y el Laberinto Date: Wed, 11 Sep 2002 12:31:07 -0300 From: raqueltb@adinet.com.uy LIBERTAD &#8211; IGUALDAD &#8211; FRATERNIDAD LUZ &#8211; VIDA &#8211; AMOR QQ.&#8217;. 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