{"id":1326,"date":"2008-01-02T17:15:53","date_gmt":"2008-01-02T17:15:53","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1326"},"modified":"2008-01-02T17:15:53","modified_gmt":"2008-01-02T17:15:53","slug":"ren\u00c9-gu\u00c9non-(abd-al-wahid-yahia):-de-la-muerte-inici\u00c1tica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1326","title":{"rendered":"REN\u00c9 GU\u00c9NON (ABD AL-WAHID YAHIA): DE LA MUERTE INICI\u00c1TICA"},"content":{"rendered":"<p>REN\u00c9 GU\u00c9NON (ABD AL-WAHID YAHIA): DE LA MUERTE INICI\u00c1TICA<\/p>\n<p>Otra cuesti\u00f3n que parece tan poco comprendida como la de las pruebas por la mayor parte de aquellos de nuestros contempor\u00e1neos que tienen la pretensi\u00f3n de tratar de estas cosas es la que se ha llamado la &#8220;muerte inici\u00e1tica&#8221;; as\u00ed, nos ha ocurrido frecuentemente encontrar, a prop\u00f3sito de ello, una expresi\u00f3n como la de &#8220;muerte ficticia&#8221;, la cual testimonia la m\u00e1s completa incomprensi\u00f3n de las realidades de este orden. Quienes as\u00ed se expresan no ven evidentemente sino la exterioridad del rito, y no tienen ni idea acerca de los efectos que debe producir sobre quienes est\u00e1n realmente cualificados; de otro modo, se percatar\u00edan de que esta &#8220;muerte&#8221;, lejos de ser &#8220;ficticia&#8221;, es por el contrario, en un sentido, incluso m\u00e1s real que la muerte entendida en el sentido ordinario de la palabra, pues es evidente que el profano que muere no se transforma en iniciado por ello, y la distinci\u00f3n entre el orden profano (comprendiendo aqu\u00ed no solamente lo que est\u00e1 desprovisto de car\u00e1cter tradicional, sino tambi\u00e9n todo exoterismo) y el orden inici\u00e1tico es, a decir verdad, la \u00fanica que supera las contingencias inherentes a los estados particulares del ser y que posee, en consecuencia, un valor profundo y permanente desde el punto de vista universal. Nos contentaremos con recordar, a este respecto, que todas las tradiciones insisten sobre la diferencia esencial que existe entre los estados p\u00f3stumos del ser humano seg\u00fan se trate de un profano o de un iniciado; si las consecuencias de la muerte, tomada en su acepci\u00f3n habitual, est\u00e1n as\u00ed condicionadas por esta distinci\u00f3n, significa entonces que la transformaci\u00f3n que da acceso al orden inici\u00e1tico corresponde a un grado superior de realidad.<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro que la palabra &#8220;muerte&#8221; debe ser tomada aqu\u00ed en su sentido m\u00e1s general, seg\u00fan el cual podemos decir que todo cambio de estado, sea cual sea, es a la vez una muerte y un nacimiento, seg\u00fan se lo considere de una parte o de otra: muerte con respecto al estado precedente, nacimiento con respecto al estado consecuente. La iniciaci\u00f3n es generalmente descrita como un &#8220;segundo nacimiento&#8221;, lo que en efecto es; pero este &#8220;segundo nacimiento&#8221; implica necesariamente la muerte al mundo profano y lo sigue en cierto modo inmediatamente, puesto que no hay aqu\u00ed, propiamente hablando, sino dos caras de un mismo cambio de estado. En cuanto al simbolismo del rito, estar\u00e1 naturalmente basado en la analog\u00eda existente entre todos los cambios de estado; en raz\u00f3n de esta analog\u00eda, la muerte y el nacimiento en sentido ordinario simbolizan la muerte y el nacimiento inici\u00e1ticos, siendo las im\u00e1genes que les son prestadas transpuestas por el rito a otro orden de realidad. Cabr\u00eda indicar especialmente, a este respecto, que todo cambio de estado debe ser considerado como cumpli\u00e9ndose en las tinieblas, lo que explica el simbolismo del color negro en relaci\u00f3n a esto (1): el candidato a la iniciaci\u00f3n debe pasar por la oscuridad completa antes de acceder a la &#8220;verdadera luz&#8221;. Es en esta fase de oscuridad donde se efect\u00faa lo que es denominado el &#8220;descenso a los Infiernos&#8221;, del cual hemos hablado m\u00e1s ampliamente en otro estudio (2): es, podr\u00eda decirse, como una especie de &#8220;recapitulaci\u00f3n&#8221; de los estados precedentes, mediante el cual las posibilidades referidas al estado profano ser\u00e1n definitivamente agotadas, a fin de que el ser pueda desde entonces desarrollar libremente las posibilidades de orden superior que lleva en \u00e9l, y cuya realizaci\u00f3n pertenece propiamente al dominio inici\u00e1tico.<\/p>\n<p>Por otra parte, puesto que consideraciones similares son aplicables a todo cambio de estado, y los grados posteriores y sucesivos de la iniciaci\u00f3n corresponden naturalmente tambi\u00e9n a cambios de estado, puede decirse que a\u00fan habr\u00e1, mediante el acceso a cada uno de ellos, muerte y nacimiento, aunque el &#8220;corte&#8221;, si se nos permite la expresi\u00f3n, ser\u00e1 menos claro y de importancia menos fundamental que en la primera iniciaci\u00f3n, es decir, en el paso del orden profano al orden inici\u00e1tico. Adem\u00e1s, es evidente que los cambios sufridos por el ser en el curso de su desarrollo son realmente en multitud indefinida; los grados inici\u00e1ticos conferidos ritualmente, en cualquier forma tradicional, no pueden entonces corresponder sino a una especie de clasificaci\u00f3n general de las principales etapas a cubrir, y cada uno de ellos puede resumir en s\u00ed mismo todo un conjunto de etapas secundarias e intermedias. Pero hay, en este proceso, un punto particularmente importante, donde el simbolismo de la muerte debe aparecer de nuevo en la forma m\u00e1s expl\u00edcita; y esto requiere a\u00fan algunas explicaciones.<\/p>\n<p>El &#8220;segundo nacimiento&#8221;, entendido como correspondiendo a la primera iniciaci\u00f3n, es propiamente, como ya hemos dicho, lo que puede llamarse una regeneraci\u00f3n ps\u00edquica; y es en efecto en el orden ps\u00edquico, es decir, en el orden en que se sit\u00faan las modalidades sutiles del ser humano, donde deben efectuarse las primeras fases del desarrollo inici\u00e1tico; pero \u00e9stas no constituyen un fin en s\u00ed mismas, y no son a\u00fan sino preparatorias con relaci\u00f3n a la realizaci\u00f3n de las posibilidades de un orden m\u00e1s elevado, es decir, del orden espiritual en el verdadero sentido de la palabra. El punto del proceso inici\u00e1tico al cual hemos aludido es aquel que indicar\u00e1 el paso del orden ps\u00edquico al orden espiritual; y este paso podr\u00e1 ser considerado especialmente como constituyendo una &#8220;segunda muerte&#8221; y un &#8220;tercer nacimiento&#8221;(3). Es conveniente a\u00f1adir que este &#8220;tercer nacimiento&#8221; ser\u00e1 presentado m\u00e1s bien como una &#8220;resurrecci\u00f3n&#8221; que como un nacimiento ordinario, pues no se trata aqu\u00ed de un &#8220;comienzo&#8221; en el mismo sentido que en la primera iniciaci\u00f3n; las posibilidades ya desarrolladas, y adquiridas de una vez por todas, deber\u00e1n volver a encontrarse tras este paso, pero &#8220;transformadas&#8221;, de forma an\u00e1loga a aquella en la cual el &#8220;cuerpo glorioso&#8221; o &#8220;cuerpo de resurrecci\u00f3n&#8221; representa la &#8220;transformaci\u00f3n&#8221; de las posibilidades humanas, m\u00e1s all\u00e1 de las condiciones limitativas que definen al modo de existencia de la individualidad como tal.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n, reducida as\u00ed a lo esencial, es en suma muy simple; lo que la complica son, como casi siempre ocurre, las confusiones que se cometen al mezclar consideraciones que en realidad se refieren a algo distinto. Es lo que se produce normalmente con el tema de la &#8220;segunda muerte&#8221;, a la cual muchos pretenden unir un significado particularmente lamentable, ya que no saben hacer ciertas distinciones esenciales entre los diversos casos donde puede ser empleada esta expresi\u00f3n. La &#8220;segunda muerte&#8221;, despu\u00e9s de lo que acabamos de decir, no es sino la &#8220;muerte ps\u00edquica&#8221;; se puede considerar este hecho como susceptible de producirse, en un plano m\u00e1s o menos largo tras la muerte corporal, en el hombre ordinario, fuera de todo proceso inici\u00e1tico; pero entonces esta &#8220;segunda muerte&#8221; no dar\u00e1 acceso al dominio espiritual, y el ser, saliendo del estado humano, pasar\u00e1 simplemente a otro estado individual de manifestaci\u00f3n. Hay aqu\u00ed una eventualidad temible para el profano, que tendr\u00e1 todas las ventajas en ser mantenido en lo que hemos denominado las &#8220;prolongaciones&#8221; del estado humano, lo que por otra parte es en todas las tradiciones la principal raz\u00f3n de ser de los ritos funerarios. Pero ocurre de modo muy distinto para el iniciado, puesto que no realiz\u00f3 las posibilidades del estado humano sino para llegar a superarlas, y debe necesariamente salir de este estado, sin tener necesidad por otra parte para ello de llegar a la disoluci\u00f3n de la apariencia corporal para pasar a los estados superiores.<\/p>\n<p>A\u00f1adamos todav\u00eda, para no omitir ninguna posibilidad, que hay otro aspecto desfavorable en la &#8220;segunda muerte&#8221;, que se refiere propiamente a la &#8220;contra-iniciaci\u00f3n&#8221;; \u00e9sta, en efecto, imita en sus fases a la verdadera iniciaci\u00f3n, pero sus resultados son en cierto modo contrarios a ella, y, evidentemente, no puede conducir en ning\u00fan caso al dominio espiritual, puesto que no hace por el contrario sino alejar de \u00e9l al ser cada vez m\u00e1s. Cuando el individuo que sigue esta v\u00eda llega a la &#8220;muerte ps\u00edquica&#8221; se encuentra en una situaci\u00f3n no exactamente semejante a la del profano puro y simple, sino mucho peor, en raz\u00f3n del desarrollo que ha dado a las posibilidades m\u00e1s inferiores del orden sutil; pero no insistiremos sobre ello, y nos conformaremos con remitir a las alusiones que ya hicimos en otras ocasiones (4), pues, a decir verdad, \u00e9ste es un caso que no puede presentar inter\u00e9s sino desde un punto de vista muy especial, y, de todas formas, no tiene absolutamente nada que ver con la verdadera iniciaci\u00f3n. La suerte de los &#8220;magos negros&#8221;, como se dice com\u00fanmente, no les concierne sino a ellos mismos, y ser\u00eda como m\u00ednimo in\u00fatil suministrar alimento a las divagaciones m\u00e1s o menos fant\u00e1sticas a las cuales este tema da lugar a menudo; no conviene ocuparse de \u00e9stos sino para denunciar sus da\u00f1os cuando las circunstancias lo exigen, y para oponerse a ellos en la medida de lo posible; y, desgraciadamente, en una \u00e9poca como la nuestra, estos da\u00f1os est\u00e1n singularmente m\u00e1s extendidos de lo que podr\u00edan imaginar quienes no han tenido ocasi\u00f3n de darse cuenta de ello directamente.<\/p>\n<p>NOTAS:<\/p>\n<p>(1). Esta explicaci\u00f3n conviene igualmente a lo referente a las fases de la &#8220;Gran Obra&#8221; herm\u00e9tica, que, como ya hemos indicado, corresponden estrictamente a las de la iniciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>(2). Ver L&#8217;Esot\u00e9risme de Dante.<\/p>\n<p>(3). En el simbolismo mas\u00f3nico, esto corresponde a la iniciaci\u00f3n al grado de Maestro.<\/p>\n<p>Publicado originalmente en &#8220;Voile d\u00b4Isis&#8221;, marzo de 1934 y retomado como cap\u00edtulo XXVI de Apreciaciones sobre la Iniciaci\u00f3n, Par\u00eds, 1946<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>REN\u00c9 GU\u00c9NON (ABD AL-WAHID YAHIA): DE LA MUERTE INICI\u00c1TICA Otra cuesti\u00f3n que parece tan poco comprendida como la de las pruebas por la mayor parte de aquellos de nuestros contempor\u00e1neos que tienen la pretensi\u00f3n de tratar de estas cosas es la que se ha llamado la &#8220;muerte inici\u00e1tica&#8221;; as\u00ed, nos ha ocurrido frecuentemente encontrar, a prop\u00f3sito de ello, una expresi\u00f3n<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[116],"tags":[],"class_list":["post-1326","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-subterraneo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1326","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1326"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1326\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1326"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1326"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1326"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}