{"id":1321,"date":"2008-01-02T16:48:21","date_gmt":"2008-01-02T16:48:21","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1321"},"modified":"2008-01-02T16:48:21","modified_gmt":"2008-01-02T16:48:21","slug":"-la-caverna-el-laberinto-y-la-iniciaci\u00d3n","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1321","title":{"rendered":"LA CAVERNA, EL LABERINTO Y LA INICIACI\u00d3N"},"content":{"rendered":"<p> LA CAVERNA, EL LABERINTO Y LA INICIACI\u00d3N<\/p>\n<p>Por Ren\u00e9 Guen\u00f3n<\/p>\n<p>Ren\u00e9 Gu\u00e9non, fallecido en 1951, es un personaje pol\u00e9mico. Se convirti\u00f3 al Islam y su obra alcanz\u00f3 gran propagaci\u00f3n. Su intenci\u00f3n esencial era explorar los principales s\u00edmbolos de la &#8220;ciencia sagrada&#8221;, del acervo universal y ancestral del simbolismo m\u00edtico-religioso. Aqu\u00ed, en la secci\u00f3n de Textos sobre mitolog\u00eda, simbolismo y religi\u00f3n de Temakel, presentamos un cap\u00edtulo de la cl\u00e1sica obra de Guen\u00f3n S\u00edmbolos fundamentales de la ciencia sagrada publicada en Argentina por la editorial de la Universidad de Buenos Aires. La tesis central de Guen\u00f3n es que tanto la caverna como el laberinto deben entenderse como v\u00edas simb\u00f3licas hacia la iniciaci\u00f3n. En las culturas arcaicas, la iniciaci\u00f3n es el proceso de &#8220;segundo nacimiento&#8221; del ser. Este segundo nacer propicia el despertar al conocimiento de las fuerzas sutiles y sagradas de la realidad.<\/p>\n<p>La caverna<\/p>\n<p>En un libro reciente (1), W. F. Jackson Knight expone interesantes investigaciones que tienen por punto de partida el pasaje del libro VI de la Eneida donde se describen las puertas del antro de la Sibila de Cumas: \u00bfpor qu\u00e9 el laberinto de Creta y su historia est\u00e1n figurados en esas puertas? El autor se niega con raz\u00f3n a ver en ello, como lo han hecho algunos que no van m\u00e1s all\u00e1 de las concepciones \u0093literarias\u0094 modernas, una simple digresi\u00f3n m\u00e1s o menos in\u00fatil; estima, al contrario, que ese pasaje debe tener un valor simb\u00f3lico real, fund\u00e1ndose en una estrecha relaci\u00f3n entre el laberinto y la caverna, vinculados ambos con la misma idea de un viaje subterr\u00e1neo. Esta idea, seg\u00fan la interpretaci\u00f3n que el autor da de hechos concordantes pertenecientes a \u00e9pocas y regiones muy diversas, habr\u00eda estado originariamente en relaci\u00f3n con los ritos funerarios y luego, en virtud de cierta analog\u00eda, habr\u00eda sido transportada a los ritos inici\u00e1ticos; volveremos m\u00e1s en particular sobre este punto en lo que sigue, pero debemos antes formular algunas reservas sobre el modo en que el autor concibe la iniciaci\u00f3n. Parece, en efecto, encararla \u00fanicamente como un producto del &#8220;pensamiento humano\u0094, dotado por otra parte de una vitalidad que le asegura una especie de permanencia a trav\u00e9s de las edades, aun si a veces no subsiste, por as\u00ed decirlo, sino en estado latente; no tenemos necesidad alguna, despu\u00e9s de todo cuanto hemos ya expuesto acerca de este asunto, de mostrar una vez m\u00e1s la insuficiencia de ese punto de vista, ya por el solo hecho de que no tiene en cuenta los elementos \u0093sobrehumanos\u0094, que en realidad constituyen precisamente lo esencial. Insistirernos solo en esto: la idea de una subsistencia en estado latente trae aparejada la hip\u00f3tesis de una conservaci\u00f3n en un \u0093subconsciente colectivo\u0094, tomada de ciertas teor\u00edas psicol\u00f3gicas recientes; como quiera que se opine acerca de \u00e9stas, hay en todo caso, en la aplicaci\u00f3n as\u00ed efectuada, un completo desconocimiento de la necesidad de la \u0093cadena\u0094 inici\u00e1tica, es decir, de una transmisi\u00f3n efectiva e ininterrumpida. Cierto es que hay otra cuesti\u00f3n que es preciso guardarse de confundir con aqu\u00e9lla: ha podido ocurrir a veces que cosas de orden propiamente inici\u00e1tico llegaran a expresarse a trav\u00e9s de individualidades que no eran conscientes en modo alguno de su verdadera significaci\u00f3n, y nos hemos explicado anteriormente sobre ello con motivo de la leyenda del Graal (2); pero, por una parte, eso nada tiene que ver con lo que es la realidad de la iniciaci\u00f3n misma, y, por otra, no podr\u00eda entenderse as\u00ed el caso de Virgilio, en quien hay, como en Dante, indicaciones demasiado precisas y demasiado manifiestamente conscientes para que sea posible admitir que haya sido extra\u00f1o a toda vinculaci\u00f3n inici\u00e1tica efectiva. Aquello de que aqu\u00ed se trata nada tiene que ver con la &#8220;inspiraci\u00f3n po\u00e9tica\u0094 tal como se la entiende en la actualidad, y a este respecto Jackson Knight est\u00e1 por cierto demasiadamente dispuesto a compartir los puntos de vista \u0093literarios\u0094 a los cuales, sin embargo, su tesis se opone en lo dem\u00e1s; pero no por eso hemos de desconocer todo el m\u00e9rito que corresponde a un autor universitario por tener el valor de abordar ese tema, e incluso, simplemente, de hablar de iniciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dicho esto, volvamos a la cuesti\u00f3n de las relaciones entre la caverna funeraria y la caverna inici\u00e1tica: aunque esas relaciones sean ciertamente reales, la identificaci\u00f3n de ambas, en cuanto a su simbolismo, no representa sino, cuando mucho, una media verdad. Observemos, por lo dem\u00e1s, que, inclusive desde el mero punto de vista funerario, la idea de hacer derivar el simbolismo del ritual en lugar de ver, al contrario, en el ritual mismo el simbolismo en acci\u00f3n, como en realidad es, pone ya al autor en grandes dificultades cuando comprueba que el viaje subterr\u00e1neo va seguido casi siempre de un viaje al aire libre, representado por muchas tradiciones como una navegaci\u00f3n; esto ser\u00eda inconcebible, en efecto, si no se tratara sino de la descripci\u00f3n por im\u00e1genes de un rito sepulcral, pero, en cambio, se explica perfectamente cuando se sabe que se trata en realidad de las fases diversas atravesadas por el ser en el curso de una migraci\u00f3n que es real y verdaderamente \u0093de ultratumba\u0094, y que no concierne en nada al cuerpo que ese ser ha dejado tras de s\u00ed al abandonar la vida terrestre. Por otra parte, en raz\u00f3n de la analog\u00eda existente entre la muerte entendida en el sentido ordinario y la muerte inici\u00e1tica, de que hemos hablado en otra oportunidad, una misma descripci\u00f3n simb\u00f3lica puede aplicarse por igual a lo que ocurre al ser en uno y otro caso; tal es, en cuanto a la caverna y al viaje subterr\u00e1neo, la raz\u00f3n de la asimilaci\u00f3n antes establecida, en la medida en que est\u00e1 justificada; pero, en el punto en que ella debe leg\u00edtimamente detenerse, nos hallamos todav\u00eda en los preliminares de la iniciaci\u00f3n y no en la iniciaci\u00f3n misma.<br \/>\nEn efecto, nada m\u00e1s que una preparaci\u00f3n para ella puede verse, en estricto rigor, en la muerte al mundo profano seguida del \u0093descenso a los Infiernos\u0094, el cual, claro est\u00e1, es la misma cosa que el viaje al mundo subterr\u00e1neo al cual da acceso la caverna; y, en lo que hace a la iniciaci\u00f3n misma, lejos de ser considerada como una muerte, lo es al contrario como un \u0093segundo nacimiento\u0094, y como un paso de las tinieblas a la luz. Pero el lugar de este nacimiento es tambi\u00e9n la caverna, por lo menos en los casos en que la iniciaci\u00f3n se efect\u00faa en ella, real o simb\u00f3licamente, pues va de suyo que no hay que generalizar demasiado, y que, como en el caso del laberinto, al cual nos referiremos en seguida, no se trata de algo necesariamente com\u00fan a todas las formas inici\u00e1ticas sin excepci\u00f3n. Lo mismo aparece; por lo dem\u00e1s, incluso exot\u00e9ricamente, en el simbolismo cristiano de la Natividad, con igual nitidez que en otras tradiciones; y es evidente que la caverna como lugar de nacimiento no puede tener precisamente la misma significaci\u00f3n que la caverna como lugar de muerte o sepultura. Se podr\u00eda hacer notar, sin embargo, por lo menos para vincular entre s\u00ed esos aspectos diferentes y hasta en apariencia opuestos, que muerte y nacimiento no son, en suma, sino las dos faces de un mismo cambio de estado, y que el paso de un estado a otro se considera siempre como que debe efectuarse en la oscuridad (3); en este sentido, la caverna seria m\u00e1s exactamente, pues, el lugar mismo de ese tr\u00e1nsito: pero esto, aun siendo estrictamente verdadero, no se refiere a\u00fan sino a uno de los aspectos de su complejo simbolismo.<br \/>\nSi el autor no ha logrado ver el otro aspecto de este simbolismo, ello se debe muy probablemente al influjo ejercido sobre \u00e9l por las teor\u00edas de ciertos \u0093historiadores de las religiones\u0094: siguiendo a \u00e9stos admite, en efecto, que la caverna deba vincularse siempre a los cultos \u0093ctonios\u0094, sin duda por la raz\u00f3n, algo demasiado \u0093simplista\u0094, de que esta situada en el interior de la tierra; pero esto est\u00e1 muy lejos de la verdad (4). Con todo, nuestro autor no puede menos de advertir que la caverna inici\u00e1tica se da ante todo como una imagen del mundo (5), pero su hip\u00f3tesis le impide sacar la consecuencia que sin embargo se impone, a saber: siendo las cosas as\u00ed, la caverna debe formar un todo completo y contener en s\u00ed misma la representaci\u00f3n del cielo tanto como de la tierra; si ocurre que el cielo se mencione expresamente en alg\u00fan texto o figure en alg\u00fan monumento como correspondiente a la b\u00f3veda de la caverna, las explicaciones propuestas a este respecto se tornan a tal punto confusas y poco satisfactorias que ya no es posible seguirlas. La verdad es que, muy lejos de constituir un lugar tenebroso, la caverna inici\u00e1tica est\u00e1 iluminada interiormente, de modo que, al contrario, la oscuridad reina fuera de ella, pues el mundo profano se asimila naturalmente a las &#8220;tinieblas exteriores\u0094 y el \u0093segundo nacimiento\u0094 es a la vez una \u0093iluminaci\u00f3n\u0094(6). Ahora, si se pregunta por qu\u00e9 la caverna es considerada as\u00ed desde el punto de vista inici\u00e1tico, responderemos que la soluci\u00f3n se encuentra, por una parte, en el hecho de que el s\u00edmbolo de la caverna es complementario con respecto al de la monta\u00f1a, y, por otra, en la relaci\u00f3n que une estrechamente el simbolismo de la caverna con el del coraz\u00f3n; nos proponemos tratar por separado estos dos puntos esenciales, pero no es dif\u00edcil comprender, despu\u00e9s de cuanto hemos tenido ya ocasi\u00f3n de decir en otros lugares, que todo eso est\u00e1 en relaci\u00f3n directa con la figuraci\u00f3n misma de los centros espirituales.<\/p>\n<p>El laberinto<br \/>\nPasaremos por alto otras cuestiones que, por importantes que sean en s\u00ed mismas, no intervienen aqu\u00ed sino accesoriamente, como por ejemplo la de la significaci\u00f3n de la \u0093rama de oro\u0094; es muy discutible que pueda identific\u00e1rsela, salvo en un aspecto muy secundario, con el bast\u00f3n o la varita que en formas diversas se encuentra muy generalmente en el simbolismo tradicional (7). Sin insistir m\u00e1s en ello, examinaremos ahora lo que concierne al laberinto, cuyo sentido puede parecer a\u00fan m\u00e1s enigm\u00e1tico, o al menos m\u00e1s disimulado, que el de la caverna, y las relaciones existentes entre \u00e9sta y aqu\u00e9l.<br \/>\nEl laberinto, como bien lo ha visto Jacksor Knight, tiene una doble raz\u00f3n de ser, en cuanto permite o veda, seg\u00fan los casos, el acceso a determinado lugar donde no todos pueden penetrar indistintamente; solo los que est\u00e1n &#8220;cualificados\u0094 podr\u00e1n recorrerlo hasta el fin, mientras que los otros se ver\u00e1n impedidos de penetrar o extraviar\u00e1n el camino. Se ve inmediatamente que hay aqu\u00ed la idea de una \u0093selecci\u00f3n\u0094, en relaci\u00f3n evidente con la admisi\u00f3n a la iniciaci\u00f3n misma: el recorrido del laberinto no es propiamente, pues, a este respecto, sino una representaci\u00f3n de las pruebas inici\u00e1ticas; y es f\u00e1cil comprender que, cuando serv\u00eda efectivamente como medio de acceso a ciertos santuarios, pod\u00eda ser dispuesto de tal manera que los ritos correspondientes se cumplieran en ese trayecto mismo. Por otra parte, se encuentra tambi\u00e9n la idea de \u0093viaje\u0094, en el aspecto en que esa idea se asimila a las pruebas mismas, como puede verific\u00e1rselo a\u00fan hoy en ciertas formas inici\u00e1ticas, la masoner\u00eda por ejemplo, donde cada una de las pruebas simb\u00f3licas se designa, precisamente, como un \u0093viaje\u0094. Otro simbolismo equivalente es el de la \u0093peregrinaci\u00f3n\u0094; y recordaremos a este respecto los laberintos que se trazaban otrora en las lajas del piso de ciertas iglesias, cuyo recorrido se consideraba como un &#8220;sustituto&#8221; del peregrinaje a Tierra Santa; por lo dem\u00e1s, si el punto en el que termina ese recorrido representa un lugar reservado a los &#8220;elegidos\u0094, ese lugar es real y verdaderamente una \u0093Tierra Santa\u0094 en el sentido inici\u00e1tico de la expresi\u00f3n: en otros t\u00e9rminos, ese punto no es sino la imagen de un centro espiritual, como todo lugar de iniciaci\u00f3n lo es igualmente (8).<br \/>\nVa de suyo, por otra parte, que el empleo del laberinto como medio de protecci\u00f3n o defensa admite aplicaciones diversas, fuera del dominio inici\u00e1tico; as\u00ed, el autor se\u00f1ala particularmente su empleo &#8220;t\u00e1ctico\u0094 a la entrada de ciertas ciudades antiguas y otros lugares fortificados. Solo que es un error creer que en este caso se trate de un uso puramente profano, el cual incluso hubiera sido cronol\u00f3gicamente el primero, para sugerir luego la idea de una utilizaci\u00f3n ritual; hay en esta idea, propiamente, una inversi\u00f3n de las relaciones normales, conforme, por otra parte, a las concepciones modernas pero solo a ellas, y que por lo tanto es enteramente ileg\u00edtimo atribuir a las civilizaciones antiguas. De hecho, en toda civilizaci\u00f3n de car\u00e1cter estrictamente tradicional, todas las cosas comienzan necesariamente por el principio o por lo que es m\u00e1s pr\u00f3ximo a \u00e9l, para descender luego a aplicaciones cada vez m\u00e1s contingentes; y, adem\u00e1s, inclusive estas \u00faltimas no se encaran jam\u00e1s desde un punto de vista profano, que no es, seg\u00fan lo hemos explicado a menudo, sino el resultado de una degradaci\u00f3n por la cual se ha perdido la conciencia de la vinculaci\u00f3n de esas aplicaciones con el principio. En el caso de que se trata, podr\u00eda f\u00e1cilmente percibirse que hay algo distinto de lo que ver\u00edan los \u0093t\u00e1cticos\u0094 modernos, por la simple observaci\u00f3n de que ese modo de defensa, \u0093laber\u00edntico\u0094, no se empleaba solamente contra los enemigos humanos sino tambi\u00e9n contra los influjos ps\u00edquicos hostiles, lo que indica a las claras que deb\u00eda tener por s\u00ed mismo un valor ritual (9). Pero hay m\u00e1s todav\u00eda: la fundaci\u00f3n de las ciudades, la elecci\u00f3n de su sitio y el plan seg\u00fan el cual se las constru\u00eda se hallaban sometidos a reglas pertenecientes esencialmente a la \u0093ciencia sagrada\u0094 y, por consiguiente, estaban lejos de responder solo a fines \u0093utilitarios&#8221;, por lo menos en el sentido exclusivamente material que se da actualmente a esa palabra; por completamente extra\u00f1as que sean estas cosas a la mentalidad de nuestros contempor\u00e1neos, es preciso sin embargo tomarlas en cuenta, sin lo cual quienes estudian los vestigios de las civilizaciones antiguas jam\u00e1s podr\u00e1n comprender el verdadero sentido y la raz\u00f3n de ser de lo que observan, aun en lo que corresponde simplemente a lo que se ha convenido en llamar hoy el dominio de la &#8220;vida cotidiana\u0094, pero que entonces ten\u00eda tambi\u00e9n, era realidad, un car\u00e1cter propiamente ritual y tradicional.<br \/>\nEn cuanto al origen del nombre del \u0093laberinto\u0094, es bastante oscuro y ha dado lugar a muchas discusiones; parece que, al contrario de lo que algunos han cre\u00eddo, no se relaciona directamente con el nombre de la l\u00e1brys o doble hacha cretense, sino que ambas derivan igualmente de una misma palabra muy antigua que designaba la piedra (ra\u00edz la-, de donde l\u00e2os en griego, lapis en lat\u00edn), de suerte que, etimol\u00f3gicamente, el laberinto podr\u00eda no ser en suma otra cosa que una construcci\u00f3n de piedra, perteneciente al g\u00e9nero de las construcciones llamadas \u0093cicl\u00f3peas\u0094. Empero, no es \u00e9sa sino la significaci\u00f3n m\u00e1s exterior de la palabra, que, en sentido m\u00e1s profundo, se vincula al conjunto del simbolismo de la piedra, al cual hubimos de referirnos en diversas oportunidades, sea con motivo de los \u0093betilos\u0094, sea con motivo de las \u0093piedras del rayo\u0094 (identificadas, precisamente, con el hacha de piedra o L\u00e1brys), y que presenta a\u00fan muchos otros aspectos. Jackson Knight lo ha entrevisto por lo menos, pues alude a los hombres \u0093nacidos de la piedra\u0094 (lo que, se\u00f1al\u00e9moslo de paso, da la explicaci\u00f3n de la palabra griega la\u00f3s (&#8216;pueblo, gente&#8217;), de lo cual la leyenda de Decauli\u00f3n ofrece el ejemplo m\u00e1s conocido: esto se refiere a cierto per\u00edodo un estudio m\u00e1s preciso del cual, si fuera posible, permitir\u00eda seguramente dar a la llamada \u0093edad de piedra\u0094 un sentido muy otro del que le atribuyen los prehistoriadores. Por otra parte, esto nos reconduce al tema de la caverna, la cual, en cuanto excavada en la roca, natural o artificialmente, est\u00e1 tambi\u00e9n muy pr\u00f3xima a ese simbolismo (10); pero debemos agregar que \u00e9sta no es raz\u00f3n para suponer que el mismo laberinto haya debido tambi\u00e9n forzosamente ser excavado en la roca: aunque haya podido serlo en ciertos casos, ello no es sino un elemento accidental, podr\u00eda decirse, y no entra en su definici\u00f3n, pues, cualesquiera sean las relaciones entre el laberinto y la caverna, importa no confundirlos, sobre todo cuando se trata de la caverna inici\u00e1tica, que aqu\u00ed consideramos m\u00e1s en particular.<\/p>\n<p>Laberinto y caverna inici\u00e1tica<\/p>\n<p>En efecto, es muy evidente que, si la caverna es el lugar en que se cumple la iniciaci\u00f3n misma, el laberinto, lugar de las pruebas previas, no puede ser sino el camino que conduce a ella, a la vez que el obst\u00e1culo que veda el acercamiento a los profanos &#8220;no cualificados\u0094. Recordaremos, por otra parte, que en Cumas el laberinto estaba representado en las puertas, como si, de alguna manera, esa figuraci\u00f3n sustituyera al propio laberinto (11); y podr\u00eda decirse que Eneas, mientras se detiene a la entrada para contemplarla, recorre en efecto el laberinto, mental ya que no corporalmente. Por otra parte, no parece que ese modo de acceso haya sido siempre exclusivamente reservado para santuarios establecidos en cavernas o asimilados simb\u00f3licamente a ellas, pues, como lo hemos explicado ya, no se trata de un rasgo com\u00fan a todas las formas tradicionales; y la raz\u00f3n de ser del laberinto, tal como la hemos definido antes, puede convenir igualmente a los aleda\u00f1os de todo lugar de iniciaci\u00f3n, de todo santuario destinado a los \u0093misterios\u0094 y no a los ritos p\u00fablicos. Formulada esta reserva, hay sin embargo una raz\u00f3n para suponer que, en el origen por lo menos, el empleo del laberinto -haya de haber estado m\u00e1s particularmente vinculado con la caverna inici\u00e1tica: pues uno y otra parecen haber pertenecido al comienzo a las mismas formas tradicionales, las de esa \u00e9poca de los \u0093hombres de piedra\u0094 a que alud\u00edamos poco ha; habr\u00edan comenzado, pues, por estar estrechamente unidos, aunque no lo hayan quedado invariablemente en todas las formas ulteriores.<br \/>\nSi consideramos el caso en que el laberinto est\u00e1 en conexi\u00f3n con la caverna, \u00e9sta, a la cual rodea con sus repliegues y en la cual finalmente desemboca, ocupa entonces, en el conjunto as\u00ed constituido, el punto m\u00e1s interno y central, lo que corresponde perfectamente a la idea de un centro espiritual, y concuerda adem\u00e1s con el equivalente simbolismo del coraz\u00f3n, sobre el cual nos proponemos volver. Ha de hacerse notar a\u00fan que, cuando la misma caverna es a la vez el lugar de la muerte inici\u00e1tica y el del \u0093segundo nacimiento\u0094, debe entonces ser considerada como acceso no solo a los dominios subterr\u00e1neos o \u0093infernales&#8221;, sino tambi\u00e9n a los dominios supraterrestres; esto tambi\u00e9n responde a la noci\u00f3n del punto central, que es, era el orden \u0093macroc\u00f3smico&#8221;, al igual que en el \u0093microc\u00f3smico\u0094, aquel donde se efect\u00faa la comunicaci\u00f3n con todos los estados superiores e inferiores; y solamente as\u00ed la caverna puede ser, seg\u00fan lo hemos dicho, la imagen completa del mundo, en cuanto todos esos estados deben reflejarse igualmente en ella; de no ser as\u00ed, la asimilaci\u00f3n de su b\u00f3veda al cielo ser\u00eda absolutamente incomprensible. Pero, por otra parte, si el \u0093descenso a los Infiernos\u0094 se cumple en la caverna misma, entre la muerte inici\u00e1tica y el \u0093segundo nacimiento\u0094, se ve que no puede considerarse a ese descenso como representado por el recorrido del laberinto, y entonces cabe a\u00fan preguntarse a qu\u00e9 corresponde en realidad este \u00faltimo: son las \u0093tinieblas exteriores\u0094, a las cuales hemos aludido ya, y a las que se aplica perfectamente el estado de \u0093errancia\u0094, si es l\u00edcito usar este t\u00e9rmino, del cual tal recorrido es la exacta expresi\u00f3n. Este asunto de las \u0093tinieblas exteriores\u0094 podr\u00eda dar lugar a otras precisiones, pero nos har\u00edan traspasar los l\u00edmites del presente estudio; creemos, por lo dem\u00e1s, haber dicho bastante para mostrar, por una parte, el inter\u00e9s que presentan investigaciones como las expuestas en el libro de Jackson Knight, pero tambi\u00e9n, por otra, la necesidad, para dar precisi\u00f3n a los resultados y captar su verdadero alcance, de un conocimiento propiamente \u0093t\u00e9cnico\u0094 de aquello de que se trata, conocimiento sin el cual no se llegar\u00e1 nunca sino a reconstrucciones hipot\u00e9ticas e incompletas, que, aun en la medida en que no est\u00e9n falseadas por alguna idea preconcebida, permanecer\u00e1n tan \u0093muertas\u0094 como los vestigios mismos que hayan sido su punto de partida. (*)<\/p>\n<p>(*) Fuente: Cap. XXIX de S\u00edmbolos fundamentales de la ciencia sagrada, Eudeba-Colihue, Buenos Aires, 1988 (primera edici\u00f3n 1937).<\/p>\n<p>NOTAS:<\/p>\n<p>(1) W. F. Jackson Knight, Cumaean Gates, a reference of the Sixth &#8220;Aeneid&#8221; to lnitiation Pattern, Basil Blackwell, Oxford.<br \/>\n2) (Ver caps. III y IV.)<br \/>\n(3) Podr\u00eda recordarse tambi\u00e9n, a este respecto, el simbolismo del grano de trigo en los misterios de Eleusis.<br \/>\n(4) Esta interpretacion unilateral lleva al autor a una singular confusi\u00f3n: cita, entre otros ejemplos, el mito shinto\u00edsta de la danza ejecutada ante la entrada de una caverna para hacer salir de ella a la &#8220;diosa ancestral\u0094 all\u00ed escondida; desgraciadamente para su tesis, no se trata de la \u0093tierra madre&#8221;, romo lo cree y lo dice expresamente, sino de la diosa solar, lo cual es enteramente distinto.<br \/>\n(5) En la masoner\u00eda ocurre lo mismo con la logia, cuyo nombre algunos han relacionado incluso con la palabra s\u00e1nscrita loka [\u0091mundo&#8217;], lo que en efecto es exacto simb\u00f3licamente, si etimol\u00f3gicamente no; pero ha de agregarse que la logia no se asimila a ]a caverna, y que el equivalente de \u00e9sta se encuentra solo, en ese caso, al comienzo mismo de las pruebas inici\u00e1ticas, de modo que no se le da otro sentido que el de lugar subterr\u00e1neo en relaci\u00f3n directa con las ideas de muerte y de &#8220;descenso\u0094.<br \/>\n(6) En el simbolismo mas\u00f3nico igualmente, y por las mismas razones, las \u0093luces\u0094 se encuentran obligatoriamente en el interior de la logia; y la palabra loka, reci\u00e9n mencionada, se relaciona tambi\u00e9n directamente con una ra\u00edz cuyo sentido primero designa la luz.<br \/>\n(7) Ser\u00eda ciertamente mucho m\u00e1s exacto asimilar esta \u0093rama de oro\u0094 al mu\u00e9rdago dru\u00eddico y a la acacia mas\u00f3nica, para no mencionar los \u0093ramos\u0094 de la fiesta cristiana que lleva precisamente este nombre, en cuanto s\u00edmbolo y prenda de resurrecci\u00f3n e inmortalidad.<br \/>\n(8) Jackson Knigh menciona estos laberintos, pero no les atribuye sino una significaci\u00f3n simplemente religiosa; parece ignorar que su trazado no pertenec\u00eda en modo alguno a la doctrina exot\u00e9rica, sino exclusivamente al simbolismo de las organizaciones inici\u00e1ticas de constructores.<br \/>\n(9) No insistiremos, para no apartarnos demasiado de nuestro asunto, sobre la marcha &#8220;laber\u00edntica\u0094 de ciertas procesiones y \u0093danzas rituales&#8221;, que, presentando ante todo el car\u00e1cter de ritos de protecci\u00f3n, o \u0093apotropaicos&#8221;, como dice el autor, se vinculan directamente y por eso al mismo orden de consideraciones: se trata esencialmente de detener y desviar los influjos mal\u00e9ficos, por una \u0093t\u00e9cnica\u0094 basada en el conocimiento de ciertas leyes seg\u00fan las cuales aqu\u00e9llos ejercen su acci\u00f3n.<br \/>\n(10) \u0094 Las cavernas prehist\u00f3ricas fueron, veros\u00edmilmente, no habitaciones, como de ordinario se cree, sino los santuarios de los &#8220;hombres de la piedra&#8221;, entendidos en el sentido que acabamos de indicar; as\u00ed, pues, la caverna habr\u00eda recibido en las formas tradicionales del per\u00edodo de que se trata, y en relaci\u00f3n con cierta \u0093ocultaci\u00f3n\u0094 del conocimiento, el car\u00e1cter de s\u00edmbolo de los centros espirituales, y consiguientemente de lugar de iniciaci\u00f3n.<br \/>\n(11) Un caso similar, a este respecto, es el de las figuras \u0093laber\u00ednticas&#8221; trazadas en paredes, en Grecia antigua, para vedar el acceso de los influjos mal\u00e9ficos a las casas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA CAVERNA, EL LABERINTO Y LA INICIACI\u00d3N Por Ren\u00e9 Guen\u00f3n Ren\u00e9 Gu\u00e9non, fallecido en 1951, es un personaje pol\u00e9mico. Se convirti\u00f3 al Islam y su obra alcanz\u00f3 gran propagaci\u00f3n. Su intenci\u00f3n esencial era explorar los principales s\u00edmbolos de la &#8220;ciencia sagrada&#8221;, del acervo universal y ancestral del simbolismo m\u00edtico-religioso. 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