{"id":1300,"date":"2007-12-28T04:29:13","date_gmt":"2007-12-28T04:29:13","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1300"},"modified":"2007-12-28T04:29:13","modified_gmt":"2007-12-28T04:29:13","slug":"arte-rupestre-y-chamanismo-(i)","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1300","title":{"rendered":"Arte rupestre y chamanismo (I)"},"content":{"rendered":"<p>Arte rupestre y chamanismo (I)<br \/>\nPor: Fernando Urbina Rangel<br \/>\nUniversidad Nacional de Colombia<\/p>\n<p>Generalidades<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Se entiende por arte rupestre un conjunto de obras intencionalmente elaboradas, por art\u00edfices prehist\u00f3ricos o protohist\u00f3ricos, sobre superficies de piedra (pictograf\u00edas), o practicando surcos en ellas (grabados = petroglifos). <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 El t\u00e9rmino &#8220;rupestre&#8221; deriva del lat\u00edn rupestris, que contiene el factor rupes, que se hace equivaler, por lo general, a roca, pero que tambi\u00e9n significa antro o caverna. Esta \u00faltima significaci\u00f3n se ha tenido en cuenta al nominar como arte rupestre, las obras \u0096pictograf\u00edas y grabados\u0096 halladas en abrigos rocosos y cavernas p\u00e9treas (las hay, aunque peque\u00f1as, de s\u00f3lo tierra); es por eso que tambi\u00e9n se utiliza la expresi\u00f3n arte de las cavernas. Otra nominaci\u00f3n es arte parietal, (literalmente, arte de las paredes) con la que se alude a ejecuciones hechas en muros de roca, o sea, en superficies verticales; dicha denotaci\u00f3n se hace extensiva a los techos.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 La expresi\u00f3n m\u00e1s gen\u00e9rica parecer\u00eda ser arte en las rocas, pues no excluye el de las cavernas y abrigos, y s\u00ed comprende el ejecutado al aire libre, ya no s\u00f3lo sobre superficies verticales \u0096paredes\u0096, sino sobre pisos p\u00e9treos y bloques sueltos, incluso mobiliares. El hecho es que en castellano se impuso la forma arte rupestre, y no hay para qu\u00e9 cambiarla, pero s\u00ed continuarla haciendo suficientemente extensiva para que incluya todas las manifestaciones a las que he hecho alusi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 He de puntualizar que con la palabra pictograf\u00eda se alude a aquellas obras que resultan de aplicar por diferentes medios, intencionalmente, uno o varios pigmentos sobre superficies rocosas. En tanto que con esta t\u00e9cnica se agrega algo a la piedra base, con el grabado ocurre lo contrario, pues en \u00e9ste, al rayar la superficie p\u00e9trea lo que se hace es eliminar una porci\u00f3n de la materia de la base utilizando, por lo general, un punz\u00f3n o cincel para raspar o golpear, con el prop\u00f3sito de ahuecar \u0096zanjar\u0096 la superficie en cuesti\u00f3n. Al grabado se le da tambi\u00e9n un nombre m\u00e1s t\u00e9cnico: petroglifo, de petro = piedra y glifein, t\u00e9rmino griego para referirse al hecho de ejecutar estr\u00edas, zanjas o surcos angostos sobre una superficie dura. Tambi\u00e9n los artistas prehist\u00f3ricos emplearon la t\u00e9cnica de preparar la superficie p\u00e9trea aplicando capas de arcilla, para luego modelar y\/o pintar en ella diversas figuras. No olvidar, tampoco, la pr\u00e1ctica bastante recurrente, de aprovechar los accidentes naturales en el soporte p\u00e9treo para complementar figuras (1), ahorr\u00e1ndose esfuerzo, especialmente cuando se trata de dar volumen a las representaciones; fue \u00e9ste el camino para llegar a los relieves escult\u00f3ricos, que pudieron haber sido, en algunos casos, el pre\u00e1mbulo de la escultura propiamente tal (2). Por \u00faltimo, se ha de tener en consideraci\u00f3n los casos de coyunda de grabado y \u0096posteriormente\u0096 pintura en una misma pieza.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Al inicio, en la definici\u00f3n, he usado los t\u00e9rminos prehist\u00f3rico \u0096muy frecuente\u0096 y protohist\u00f3rico \u0096poco socorrido. El primero alude a una \u00e9poca de la cual no se poseen testimonios escritos; all\u00ed cabe la casi totalidad de la historia humana, toda vez que la invenci\u00f3n de la escritura \u0096en su acepci\u00f3n com\u00fan\u0096 es muy reciente: no parece exceder al 5500 antes del presente (a.p.), y bien sabemos que el acontecer del g\u00e9nero homo ya desborda los tres millones de a\u00f1os. Pero la historia (pasado reconstruido, especialmente, con testimonios escritos) no ha comenzado para todos los pueblos desde hace cinco milenios y medio, por cuanto la gran mayor\u00eda de ellos s\u00f3lo llega a poseer escritura muy recientemente, y de tenerla su uso fue, habitualmente, escaso.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0  De resultas de estas consideraciones, se acu\u00f1\u00f3 el t\u00e9rmino protohistoria para referirse a aquellos pueblos y\/o per\u00edodos de los cuales se conservan testimonios orales, o sobre los que otras culturas contempor\u00e1neas s\u00ed elaboraron documentos escritos, en donde recog\u00edan las tradiciones orales, o bien rese\u00f1aban otros aspectos de esas culturas \u00e1grafas. As\u00ed, por ejemplo, los antiguos germanos habr\u00edan salido de la prehistoria para entrar en la protohistoria, en el momento en que los romanos empezaron a glosar sobre ellos con ocasi\u00f3n, especialmente, de sus guerras con tan belicosos vecinos (3). Es el mismo caso de lo ocurrido con la mayor\u00eda (4) de los grupos ind\u00edgenas abyayalenses (5), muchos de ellos aniquilados (6), pero de quienes nos llegaron referencias en los Cronistas de Indias y en los documentos oficiales.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Debo, en aras de la claridad, referirme a eso de la intencionalidad, concepto que ya he utilizado en dos ocasiones (supra). El t\u00f3pico es viejo ya en arqueolog\u00eda. Abundar\u00eda diciendo que la casi totalidad de las obras rupestres requirieron para su ejecuci\u00f3n de una intencionalidad expresa. Esto traza una diferencia puntual entre un cierto tipo de evidencia arqueol\u00f3gica azarosa, netamente accidental (7), y aquella que proviene de un acto en que se tuvo la voluntad de hacerlo perdurable. Es el caso del arte rupestre, por lo cual resulta un testimonio privilegiado, sobre todo en lo que respecta a la dimensi\u00f3n espiritual de los hombres de la prehistoria y de la protohistoria. M\u00e1s adelante volveremos a dar aclaraciones sobre esta idea.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 A escala mundial, actualmente, las obras mejor inventariadas y examinadas con mayor atenci\u00f3n han sido las agrupadas en el llamado arte parietal europeo. Dichos estudios patronaron las estructuras y contenidos de esa nueva disciplina llamada arte rupestre, confiri\u00e9ndole las ventajas derivadas del tes\u00f3n con que un creciente grupo de intelectuales europeos se ha venido dedicando al asunto, pero tambi\u00e9n con las cortapisas propias del eurocentrismo b\u00e1sico.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 La pol\u00e9mica que se suscit\u00f3 inicialmente sobre la autenticidad del arte rupestre oblig\u00f3 a hablar de las capacidades mentales (intelectuales, espirituales) de los hombres de la prehistoria. El asunto se formulaba as\u00ed: &#8220;\u00bfC\u00f3mo era posible que unos hombres en una etapa cultural tan primitiva (8), pudieran haber realizado obras de tan acabada perfecci\u00f3n?&#8221; (9) Esta pregunta alojaba un prejuicio de cu\u00f1o evolucionista que, aplicado al arte, da como resultado unas distorsiones abrumadoras. Por el ancho camino de los prejuicios \u0096el m\u00e1s f\u00e1cil de recorrer\u0096 todo confluye en considerar admirable y \u00f3ptimo en los dem\u00e1s, aquello que quienes juzgan establecen como admirable y \u00f3ptimo para ellos. Una vez demostrada la autenticidad de las obras rupestres paleol\u00edticas, la extraordinaria calidad que se vio en esas ejecuciones en un pasado tan remoto, obligaba a hacer equiparables a sus ejecutores con los modernos. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 El asombro que contin\u00faan suscitando, tanto m\u00e1s cuanto el arte moderno demor\u00f3 y a\u00fan demora en ser aceptado (10), motiva mayor admiraci\u00f3n. El autocentrismo que de una manera o de otra elabora toda cultura, obliga a reconocer \u0096al calificar como admirables dichas obras\u0096 que sus ejecutores fueron como los modernos, pues los modernos (incluso aquellos que se sienten postmodernos) se constituyen en el patr\u00f3n de la admiraci\u00f3n, la norma de lo que se admira (11). Por un momento aprovech\u00e9monos de estos prejuicios, para adelantar la presente reflexi\u00f3n. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Indagar por estas arcaicas producciones del esp\u00edritu humano \u0096el arte rupestre m\u00e1s antiguo\u0096, resulta de una importancia capital a la hora de pretender asomarnos a las estructuras mentales de los hombres prehist\u00f3ricos. Hablando muy en general, dichos personajes fueron quienes produjeron los fundamentos de lo que hoy en d\u00eda somos, raz\u00f3n por la cual nos creemos capaces de percibir \u0096no sin un delicado, arduo y continuado trabajo\u0096 las estructuras y contenidos de tales obras de arte.<br \/>\n\u00a0 \u00a0 Hablamos de arte al referirnos a dichas obras rupestres. Ellas transparentan un quehacer l\u00fadico que hemos dado en denominar arte, quiz\u00e1s porque no tenemos otra cosa m\u00e1s admirable a qu\u00e9 referirlas en nuestro mundo. Nominamos as\u00ed a aquellas acciones que no buscan una utilidad inmediata, tales como el comer, escapar o guarecerse, sino que se complacen en el rodeo, rodeo sencillo o complejo en que se demora el creador, incluso cuando persigue una satisfacci\u00f3n inmediata. Goza en ese demorarse (12), absorto en el trazo de su mano, en el movimiento que se hace danza, o en el gesto m\u00edmico en que el cuerpo mismo se torna evocaci\u00f3n, se transforma, o en la palabra que se forja en canto y poema. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Detectar los or\u00edgenes del arte es tanto como determinar el origen del s\u00edmbolo, del lenguaje, o, lo que es igual, el origen del hombre mismo. Por ah\u00ed, en las paredes rocosas de los abrigos que proteg\u00edan de las inclemencias del tiempo, a uno que otro antepasado le dio por rasgu\u00f1ar las piedras, seguramente sin un prop\u00f3sito muy fijo&#8230; Se sinti\u00f3 pleno, pues liberaba una tensi\u00f3n. Ese acto fue el comienzo del arte.<\/p>\n<p>Acotaci\u00f3n<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Antes de tocar el tema del arte rupestre en Colombia, he de formular la siguiente advertencia: La copiosa producci\u00f3n bibliogr\u00e1fica (textos, l\u00e1minas), televisiva, cinematogr\u00e1fica y gr\u00e1fica en general (exposiciones, afiches, plegables y dem\u00e1s), como tambi\u00e9n unos muy bien montados circuitos tur\u00edsticos, en funci\u00f3n de las obras rupestres europeas (sobre todo de Espa\u00f1a y Francia), ha patronado en la gente, a escala mundial, una forma de entender, valorar y admirar lo que se tiene como arte rupestre en general, haciendo que \u0096para bien o para mal\u0096 otras manifestaciones del arte rupestre, correspondientes a otros estilos, geograf\u00edas y tiempos, sean vistas a trav\u00e9s de esa obligada referencia. Y aqu\u00ed contin\u00faan los prejuicios; no tanto en cabeza de los propios investigadores del arte paleol\u00edtico europeo sino, ante todo, entre las gentes de otras regiones que tambi\u00e9n cuentan con profusa presencia de este tipo de obras. Entre estos p\u00fablicos es muy frecuente o\u00edr expresiones de la siguiente laya: &#8220;S\u00ed, estas obras son testimonio de nuestro pasado aborigen, pero no se acercan ni remotamente a la calidad de las obras europeas&#8221;. Este criterio termina por generar un desprecio que se traduce en abandono y olvido&#8230; Pero hay algo m\u00e1s grave: por esta senda de valoraciones poco rigurosas se termina por pensar que los abor\u00edgenes europeos fueron superiores a los ind\u00edgenas abyayalenses, australianos, africanos, etc\u00e9tera. La culpa de estos prejuicios y sus consecuencias no est\u00e1, desde luego, en la calidad de la producci\u00f3n europea sino en el complejo de inferioridad propio de las \u00e9lites econ\u00f3micas, raciales, pol\u00edticas e intelectuales de los pa\u00edses que los europeos colonizaron y que una vez producidas las emancipaciones formales, contin\u00faan sojuzgando econ\u00f3mica y culturalmente.<\/p>\n<p> El arte rupestre en Colombia<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 A lo largo y a lo ancho del pa\u00eds, desde las alturas cordilleranas hasta los litorales, en cavernas, en abrigos rocosos, en las paredes de los ca\u00f1ones esculpidos por los r\u00edos o en las losas de sus lechos, como tambi\u00e9n en infinidad de rocas desperdigadas por toda nuestra geograf\u00eda, se han venido encontrando en asombrosa profusi\u00f3n grabados y pinturas, testimonios de esa aventura milenaria que iniciaron los paleoindios al descubrir, penetrar y signar sus nuevos territorios, tarea continuada por los innumerables pueblos en que se diversificaron los protoamerindios, y que mantuvieron sus t\u00e9cnicas rupestres hasta fechas incluso inmediatamente posteriores al cataclismo genocida y etnocida ocasionado por la conquista europea. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 El estudio del arte rupestre en Colombia se inicia desde \u00e9pocas muy tempranas, cuando las oleadas sucesivas de pobladores enfrentaban las obras que sobre las rocas dejaban pueblos m\u00e1s antiguos, muchos de ellos ya diluidos en la neblina primordial. Los nuevos ocupantes de las regiones donde se fijaron las primeras obras rupestres hicieron aquello que siempre acostumbran los seres humanos: interpretar lo que de otros queda, asign\u00e1ndole un puesto dentro de sus sistemas de creencias y continuando en algunos casos la labor (13). <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Prueba de ello son las sobreposiciones de obras de diferentes estilos (palimpsestos), el hecho de completar algunas figuras, o de colocar otras al lado de las m\u00e1s antiguas, como tambi\u00e9n el evitar los lugares en que aparecen las obras, con el fin de no exponerse a los efectos negativos que pueden padecer quienes se acercan a aquellos recept\u00e1culos de fuerzas (lo numinoso) manejadas por otros hacedores (14). Por otra parte, algunos de los m\u00e1s antiguos intentos de explicaci\u00f3n de estas obras rupestres figuran en los mitos que a\u00fan perduran, sobre todo en las regiones en que el fluir de la milenaria cultura ind\u00edgena no qued\u00f3 interrumpido.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Con la llegada de los europeos los estudios sobre el arte rupestre abyayalense (amerindio) dan un paso m\u00e1s. En el caso colombiano los cronistas Sim\u00f3n y Piedrahita aluden al tema en sus escritos. Siglos despu\u00e9s la Comisi\u00f3n Corogr\u00e1fica dedicar\u00e1 varias de sus l\u00e1minas a recoger estas antig\u00fcedades de indios. Numerosos viajeros europeos de los siglos XVIII y XIX y comienzos del XX, rese\u00f1an algo de la extrema profusi\u00f3n de pictograf\u00edas y petroglifos, y ya en los inicios del siglo que reci\u00e9n termin\u00f3, Triana har\u00e1 uno de los primeros grandes aportes al asunto \u0096al menos en lo que toca al interior andino\u0096, trabajo que ser\u00e1 continuado generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n por unos pocos estudiosos hasta llegar al presente. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Importa puntualizar al menos las apreciaciones de un cronista de Indias y de tres viajeros europeos que se ocuparon expresamente del arte rupestre, mucho antes del boom mundial desencadenado una vez reconocida la autenticidad de las obras de Altamira, asunto que s\u00f3lo tiene lugar a partir del famoso mea culpa formulado por Cartailhac, quien hab\u00eda sido, hasta ese momento (1906)\u00b8 uno de los principales impugnadores de tal autenticidad.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 En sus Noticias Historiales (1627) Fray Pedro Sim\u00f3n hace referencia a Nemquerequeteba (\u00bfBochica?) civilizador de los muiscas, cuya presencia explicaban los ind\u00edgenas atribuy\u00e9ndole una antig\u00fcedad de veinte edades, comprendiendo cada una setenta a\u00f1os, con lo cual se avecindaba un tanto a las primeras pr\u00e9dicas del evangelio cristiano. Para el cronista, los muiscas mostraban en su iconograf\u00eda, tradiciones y creencias, una serie de rasgos que permit\u00edan vislumbrar una posible evangelizaci\u00f3n temprana en estas tierras, milenio y medio antes de la llegada de los espa\u00f1oles, habiendo sido dicho personaje \u0096de luengas barbas blancas, y que tra\u00eda un camello (15) (Sim\u00f3n no afirma que lo montara)\u0096 quien hab\u00eda impartido tales ense\u00f1anzas. Fray Pedro es expl\u00edcito en afirmar que \u00e9l no aprueba ni reprueba dichas tradiciones, limit\u00e1ndose simplemente a consignarlas habi\u00e9ndolas tomado de &#8220;entre los hombres graves y doctos de este Reino&#8221; (16). El p\u00e1rrafo m\u00e1s pertinente (III, 4,3,3) dice:<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Otros le llamaban a este hombre Nemterequeteba, otros le dec\u00edan Xu\u00e9. Este les ense\u00f1\u00f3 a hilar algod\u00f3n y tejer mantas, porque antes de esto s\u00f3lo se cubr\u00edan los indios con una planchas que hac\u00edan de algod\u00f3n en rama, atadas con unas cordezuelas de fique unas con otras, todo mal ali\u00f1ado y a\u00fan como gente ruda. Cuando sal\u00eda de un pueblo les dejaba los telares pintados en alguna piedra lisa y bru\u00f1ida, como hoy se ven en algunas partes, por si se les olvidara lo que les ense\u00f1aba (17); como se olvidaron de otras muchas cosas buenas que dicen les predicaba en su misma lengua a cada pueblo, con que quedaban admirados. Ense\u00f1\u00f3les a hacer cruces y usar de ellas en las pinturas de las mantas con que se cubr\u00edan y por ventura, declar\u00e1ndoles sus misterios y los de la encarnaci\u00f3n y muerte de Cristo, les dir\u00eda alguna vez las palabras que \u00e9l mismo dijo a Nicodemus tratando de la correspondencia que tuvo la Cruz con la serpiente de metal que levant\u00f3 Mois\u00e9s en el desierto, con cuya vista sanaban los mordidos de las serpientes. De donde pudo ser la costumbre que hemos dicho ten\u00edan de poner las cruces de los que mor\u00edan picados de serpientes. Tambi\u00e9n les ense\u00f1\u00f3 la resurrecci\u00f3n de la carne, el dar limosna y otras muy buenas cosas, como lo era tambi\u00e9n su vida. Que si esto es as\u00ed, no s\u00f3lo estas de que ellos se acuerdan sino otros muchos misterios de nuestra fe les ense\u00f1ar\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Las interpretaciones de algunas figuras rupestres (s\u00edmbolos dejados por un h\u00e9roe civilizador para recordar sus ense\u00f1anzas, referidas a la hechura y decoraci\u00f3n de mantas (18), formuladas por los ind\u00edgenas y llegadas hasta nosotros gracias al acucioso cronista, tienen un aire de juicioso realismo que contrasta con buena parte de las fantasiosas lucubraciones que han sido tan frecuentes en el estudio del arte rupestre a nivel mundial. Es de resaltar que la preocupaci\u00f3n del benevolente fraile es mostrar que los &#8220;ind\u00edgenas hab\u00edan sido civilizados y pose\u00edan ya rasgos de alta moralidad&#8221;, si bien esto se deb\u00eda a una posible influencia cristiana. Al menos les conced\u00eda la capacidad de haber asimilado dicha influencia, si bien luego la hab\u00edan perdido un tanto, como glosa despu\u00e9s en sus comentarios donde atribuye a una m\u00edtica figura femenina \u0096perversa, por supuesto\u0096 el haber tergiversado las ense\u00f1anzas del gran macho civilizador.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Un tono muy distinto se percibe en la pareja de investigadores compuesta por Spix y von Martius quienes rese\u00f1aron en su viaje de 1820 (1938: vol. II, 351) unos pocos de los miles de espl\u00e9ndidos grabados de Araracuara y La Pedrera, localidades del r\u00edo Caquet\u00e1, en la Amazonia colombiana. Por cierto, la actitud plagada de prejuicios de estos dos investigadores compendia una posici\u00f3n muy frecuente entre muchos de los apresurados viajeros del siglo XIX, ansiosos por atiborrarse de datos y cosas de indios con destino a los museos europeos, pero muy poco interesados en profundizar en las culturas ind\u00edgenas, a las que despreciaban. Refiri\u00e9ndose a dichas inculturas no vacilaron en afirmar que &#8220;ellas constituyen, desde hace siglos, la t\u00e9trica demostraci\u00f3n de la inferioridad de intuici\u00f3n de esa raza&#8221;&#8230; Y rematan diciendo que &#8220;&#8230; al primer golpe de vista se verifica en estas figuras grotescas la absoluta inexistencia de cualquier significado de un simbolismo superior&#8221; (op. cit.: 373-4). Era la t\u00f3nica propia de la Ilustraci\u00f3n europea frente a la supuesta barbarie de las colonias, y del llamado hombre primitivo, salvaje o natural, a quien representaban en las ilustraciones de los libros de viajes con rasgos un tanto simiescos, toscos.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Un siglo m\u00e1s tarde, durante su viaje de 1903-5 entre los indios del noroeste de la Amazonia, Theodor Koch-Gr\u00fcnberg, hace observaciones puntuales sobre los grabados en piedra encontrados durante sus amplios recorridos y, echando mano de la etnograf\u00eda, alude \u0096al igual que lo hicieron los muiscas y su cronista\u0096, a las evidentes similitudes entre algunas im\u00e1genes del arte rupestre y algunos elementos de la cultura material de pueblos ind\u00edgenas que ocupaban en su momento \u0096comienzos del siglo XX\u0096 los mismos enclaves donde se encuentran los petroglifos. Con el mismo cuidado, el estudioso austriaco rese\u00f1a en sus cuadernos muchos dibujos hechos por los propios ind\u00edgenas y hace enjundiosas observaciones sobre los decorados que ejecutan en sus propios cuerpos o utilizando diversas superficies. Con dichos apuntes elabora dos obras que ven la luz con anterioridad a su m\u00e1s conocido libro de divulgaci\u00f3n Dos a\u00f1os entre los indios (1909); se trata de Los comienzos del arte en la selva (1906) y Petroglifos suramericanos (1907). Al respecto, Gerardo Reichel-Dolmatoff nos dice (19) (p.15) que Koch-Gr\u00fcnberg &#8220;se dio cuenta que los hombres primitivos de estas selvas ten\u00edan un potencial de expresi\u00f3n est\u00e9tica que Europa a\u00fan no hab\u00eda comprendido ni apreciado&#8221;. L\u00edneas m\u00e1s adelante Reichel cita el siguiente fragmento tomado de la obra de 1906, en donde Koch-Gr\u00fcnberg alude a los dibujos que los tukanos estamparan en sus cuadernos de viaje:<br \/>\n\u00a0 \u00a0 Estar\u00e9 satisfecho si estas l\u00e1minas por lo menos tengan \u00e9xito en introducir tambi\u00e9n otros c\u00edrculos al mundo espiritual de estos &#8220;salvajes&#8221; tan mal conocidos y demostrar que aquellos as\u00ed llamados &#8220;salvajes&#8221; no son semihumanos sino hombres pensantes, agudamente pensantes.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Justas apreciaciones que bien pueden extenderse a los ejecutores del arte rupestre.<br \/>\n\u00a0 \u00a0 En la segunda mitad del siglo pasado surgen personalidades tales como Silva Celis, Cabrera y los Rend\u00f3n, quienes contin\u00faan los estudios en la disciplina, pero es Gerardo Reichel-Dolmatoff quien decididamente reorienta la disciplina de la mano de sus investigaciones etnogr\u00e1ficas.<br \/>\n\u00a0 \u00a0 Herederos de esos estudiosos, nuevos rupestr\u00f3logos contin\u00faan armando con sus descubrimientos y levantamientos el riqu\u00edsimo mapa del arte rupestre en Colombia, de una manera ya continuada y un tanto sistem\u00e1tica. As\u00ed: Mu\u00f1oz y Becerra en el altiplano cundiboyacense; E. Reichel, Urbina, Botiva, Van der Hammen, Casta\u00f1o y Ardila en la Amazonia; Bautista en San Agust\u00edn; Granda en Nari\u00f1o; Munar y Ortiz en la Orinoquia&#8230; y ya se preparan relevos generacionales especialmente alrededor de las c\u00e1tedras sobre arte rupestre creadas en diversas universidades por miembros del grupo GIPRI y en torno a la revista Rupestre, \u00f3rgano de difusi\u00f3n de dicho equipo, comandado por Mu\u00f1oz.<br \/>\n\u00a0 \u00a0 Otro de los factores de especial significaci\u00f3n para los estudiosos del arte rupestre nacional lo constituye el arribo a la disciplina de investigadores procedentes de ciencias tales como la matem\u00e1tica, la l\u00f3gica y la bioqu\u00edmica&#8230; y de artistas de la pl\u00e1stica \u0096como es el caso del Maestro Diosc\u00f3rides\u0096, quienes deciden retomar las sendas del arte rupestre con la sensibilidad y las t\u00e9cnicas propias del arte moderno. En otro campo, el de la restauraci\u00f3n, se da una incipiente pero promisoria preocupaci\u00f3n.<\/p>\n<p>(En pr\u00f3xima entrega: El tema del cham\u00e1n)<\/p>\n<p>NOTAS<br \/>\n(1) En todo tiempo y lugar algunas formas naturales \u0096especialmente las que muestran simetr\u00edas\u0096 son vistas como representaciones de seres naturales o culturales. Es muy frecuente que alguien decida agregar algunos trazos para hacer m\u00e1s evidente el parecido. Por este camino se llega a una bella idea formulada por infinidad de artistas de la pl\u00e1stica; ellos postulan que su acci\u00f3n poi\u00e9tica consiste tan s\u00f3lo en colaborar sacando a la luz \u0096explicitando\u0096 la figura que puja por salir de la entra\u00f1a material informe. En parte se siguen estos lineamientos en infinidad de lugares donde avistan V\u00edrgenes, manifestaciones consideradas milagrosas y fuente, por lo general, de ping\u00fces negocios.<br \/>\n(2) La escultura se dio en el arte prehist\u00f3rico. Se han hallado figurinas \u0096por lo com\u00fan diminutas\u0096 en hueso y en piedra; tambi\u00e9n se dan figuras en tres dimensiones modeladas en arcilla, esas s\u00ed de mayor tama\u00f1o.<br \/>\n(3) Este tipo de testimonios suele estar en extremo sesgado. En el ejemplo \u0096los pueblos germanos\u0096 las rese\u00f1as destacan sus aspectos agresivos \u0096el tema lo impone\u0096, con lo cual se genera una visi\u00f3n que califica de belicosas per se a dichas culturas, cuando la agresi\u00f3n ha sido precisamente la de aquellos que escribieron sobre ellos al combatirlos, con \u00e1nimo de sojuzgarlos.<br \/>\n(4)\u00a0 Sistemas de escritura se dieron entre las culturas amerindias con precedencia a la llegada de los europeos. En alguna de ellas, dicha antecedencia se cuenta en milenios. Es el caso de la escritura maya (jerogl\u00edficos con valores sil\u00e1bicos) y la de los kipus incas. Knorosov, en 1952, dio con la clave definitiva para traducir la primera. La visceral e irracional oposici\u00f3n de Eric Thompson (s\u00f3lo porque Knorosov era ruso y, por lo tanto, presuntamente bolchevique) fue desbordada finalmente por la evidencia; pero su actitud entorpeci\u00f3 el proceso de investigaci\u00f3n en no menos de media centuria. Las razones extracient\u00edficas son tan frecuentes en los procesos de investigaci\u00f3n, que la historia de la ciencia ha de dejar de ser la rese\u00f1a de la sucesi\u00f3n de descubrimientos, para centrarse en la reconstrucci\u00f3n de los procesos teniendo en cuenta los aspectos biogr\u00e1ficos integrales de los cient\u00edficos que construyen teor\u00edas.<br \/>\n(5) De Abya-Yala: tierra en plena madurez; tal es su significaci\u00f3n en el idioma de los kunas (tule). Equivale a Am\u00e9rica. Ver Visi\u00f3n Cham\u00e1nica N\u00ba 2, p. 47, nota N\u00ba 7.<br \/>\n(6)Justificadamente aniquilados o esclavizados, por ser muy rebeldes, o mejor a\u00fan, por ser can\u00edbales. Entre otras cosas, los conquistadores \u0096cuando les conviene\u0096 suelen destacar el aspecto b\u00e9lico de sus contrincantes para realzar su propia valent\u00eda.<br \/>\n(7) Una osamenta abandonada al azar, un fragmento de cer\u00e1mica fuera de un basurero, incluso cuando la pieza es destruida intencionalmente, pues en tal caso el objetivo es que no perdure. Un aspecto asociado al arte rupestre y de suma importancia lo constituye el estudio de las huellas \u0096no intencionales\u0096 dejadas por los hombres prehist\u00f3ricos en los sitios donde se encuentran las obras, tales como improntas de los pies en la arena, barro, polvo, o ceniza; o de las manos sobre el barro o las improntas accidentales de \u00e9stas o de los dedos sobre las paredes, como tambi\u00e9n las de otros actores presentes en las cuevas, como es el caso de ciertos animales que las exploraban o pernoctaban en ellas; los osos, por ejemplo. En Francia uno de los mayores especialistas en este asunto es Michel Garc\u00eda.<br \/>\n8\u00a0  Propia de la m\u00e1s temprana Edad de Piedra, el Paleol\u00edtico.<br \/>\n9\u00a0  La sola posibilidad causaba v\u00e9rtigo. De ah\u00ed que Don Marcelino, marqu\u00e9s de Sautuola, al denunciar en 1878 la existencia de pinturas prehist\u00f3ricas en la cueva de Altamira \u0096localizada en terrenos de su propiedad\u0096 es declarado un ingenuo que se dej\u00f3 enga\u00f1ar o, peor aun, un falsario que expresamente encarg\u00f3 pintar a alg\u00fan buen artista esos maravillosos murales.<br \/>\n10\u00a0  Me refiero a su no uso a nivel masivo. El arte moderno contin\u00faa siendo un asunto de \u00e9lites, como la mayor\u00eda de todo aquello que se califica de moderno, expresi\u00f3n que ha terminado sirviendo para contraponerse a lo popular, de sabor arcaizante. Con mucha frecuencia lo popular es asumido por la actitud modernizante, pero a la manera de moda, es decir, dentro de un manoseo superficial. Es el caso de las pr\u00e1cticas cham\u00e1nicas, propias del neochamanismo. El asunto se extiende incluso hasta lo postmoderno, cuando se ve al llamado postmodernismo como una &#8220;vuelta a lo no racional&#8221;, entendiendo equivocadamente por tal un retorno al mito \u0096considerado como algo propio de la pretendida mentalidad primitiva o popular\u0096 olvidando lo que \u00e9ste tiene precisamente de profundamente racional, pero sin agotarse en ello. Sobre este tema se esperan renovaciones te\u00f3ricas al hacerse cargo de las propuestas de Gardner sobre las &#8220;inteligencias m\u00faltiples&#8221; o, si se desconf\u00eda del t\u00e9rmino inteligencia como factor esencial de la mente humana, aquello de las potencialidades en plural, entre las cuales figurar\u00eda la propia inteligencia, sin que se le reste importancia a las otras.<br \/>\n11\u00a0  Cuando la corriente intelectual predominante en el llamado mundo occidental se enrumba en una determinada direcci\u00f3n, inmediatamente empieza a juzgar, o, mejor aun, a construir el pasado desde los nuevos modos. A la larga no parece posible comportarse de otra manera. Este proceder epistemol\u00f3gico trae como consecuencia valorar en alto agrado todo aquello detectable en el pasado que se parezca a la nueva posici\u00f3n, y, por supuesto, el marginar o, incluso, vilipendiar lo que se le opone.<br \/>\n12\u00a0  Morar en la ejecuci\u00f3n, por el goce que \u00e9sta produce, dejando de lado \u0096al menos moment\u00e1neamente\u0096 la precisi\u00f3n y urgencia de la meta.<br \/>\n13\u00a0  Igual ocurre con nosotros, los seres humanos que inauguramos el tercer milenio despu\u00e9s de Cristo: estudiamos estas obras desde nuestros sistemas de creencias (la ciencia es un muy sofisticado sistema de creencias que, desde luego, trata de justificarse a s\u00ed mismo) y, de una manera o de otra, las continuamos.<br \/>\n14\u00a0  Siguiendo algunas de estas ideas, hasta tiempos muy recientes, muchos cl\u00e9rigos cristianos conjuraban y pretend\u00edan neutralizar las fuerzas sat\u00e1nicas propias de los cultos paganos (a\u00fan sobrevivientes hasta hoy d\u00eda en zonas campesinas) mediante la pintura de cruces o de la imagen de alg\u00fan santo o virgen en los sitios con presencia de arte rupestre.<br \/>\n15\u00a0  Se piensa que pudiera haberse tratado de una llama.<br \/>\n16\u00a0  No es claro a qui\u00e9nes se refiere, si a los sabedores ind\u00edgenas (informantes altamente calificados) o a los estudiosos espa\u00f1oles que ya hab\u00edan reflexionado sobre el asunto introduciendo tales interpretaciones. Considero que es a los \u00faltimos.<br \/>\n17\u00a0  Subrayado nuestro.<br \/>\n18\u00a0  No est\u00e1 descaminada la f\u00f3rmula de ver en algunas pictograf\u00edas del altiplano cundiboyacense figuras que se pueden rastrear en las decoraciones de algunos fragmentos de telas procedentes de la cultura chibcha, e incluso en algunos trazos de las vestiduras rituales del llamado &#8220;cacique o cacica de Sutatausa&#8221;, descubierto en 1996 en el templo colonial (s. XVII) de esa localidad. Cf. Mart\u00ednez.<br \/>\n19\u00a0  Pr\u00f3logo de la obra de Koch-Gr\u00fcnberg, Theodor, Dos a\u00f1os entre los indios. Viajes por el noroeste brasile\u00f1o 1903-1905, Universidad Nacional de Colombia, Bogot\u00e1, 1995.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Arte rupestre y chamanismo (I) Por: Fernando Urbina Rangel Universidad Nacional de Colombia Generalidades \u00a0 \u00a0 Se entiende por arte rupestre un conjunto de obras intencionalmente elaboradas, por art\u00edfices prehist\u00f3ricos o protohist\u00f3ricos, sobre superficies de piedra (pictograf\u00edas), o practicando surcos en ellas (grabados = petroglifos). \u00a0 \u00a0 El t\u00e9rmino &#8220;rupestre&#8221; deriva del lat\u00edn rupestris, que contiene el factor rupes, que<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[43],"tags":[],"class_list":["post-1300","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-suramerica"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1300","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1300"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1300\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1300"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1300"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1300"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}