{"id":1274,"date":"2007-12-28T02:43:34","date_gmt":"2007-12-28T02:43:34","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1274"},"modified":"2007-12-28T02:43:34","modified_gmt":"2007-12-28T02:43:34","slug":"un-relato-con-tambor-siberiano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1274","title":{"rendered":"un relato con tambor siberiano"},"content":{"rendered":"<p>un relato con tambor siberiano<br \/>\nYa que seguimos con este interesante tema, os pongo un relato de curaci\u00f3n con tambores contenido en el libro &#8220;El c\u00edrculo de los chamanes&#8221;, de la psiquiatra rusa Olga Kharitidi.<br \/>\n&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>(&#8230;) Un ovalado tambor de mano hecho con la piel de alg\u00fan animal reposaba contra la pared blanca. Estaba vuelto hacia la pared, y yo s\u00f3lo pod\u00eda ver la parte inferior descubierta.<br \/>\nEl mango se compon\u00eda de dos piezas de madera talladas, dispuestas en cruz y unidas por el centro. La talla representaba la figura estilizada de un hombre. La pieza m\u00e1s larga formaba el cuerpo, de tal manera que la cabeza sostenia el borde superior del tambor y los pies se apoyaban en el fondo. La otra pieza representaba los brazos y manos del hombre, con nueve anillos met\u00e1licos en los dedos de cada mano. El tambor era grande, de unos noventa cent\u00edmetros en la diagonal mayor del \u00f3valo. En medio del parche de piel, visible incluso desde el interior, hab\u00eda lo que parecia ser un corte hecho intencionadamente. Me imagin\u00e9 con qu\u00e9 potencia deb\u00eda de sonar el instrumento antes de que lo rompieran. Mientras me imaginaba su ritmo, tuve la impresi\u00f3n de que el tambor se aproximaba a mi, cada vez m\u00e1s cerca hasta que su oscura silueta pareci\u00f3 llenar todo mi campo de visi\u00f3n y ya no supe si estaba despierta o so\u00f1aba.<br \/>\nDeb\u00ed de quedarme dormida de inmediato, y dorm\u00ed muy profundamente. M\u00e1s tarde record\u00e9 un sue\u00f1o extra\u00f1o. En \u00e9l, me encontraba junto a una pesada puerta de madera que brillaba de tan pulida que estaba. La puerta estaba cerrada. Extendi la mano para tocarla y, cuando la pos\u00e9 sobre ella, la mano empez\u00f3 a volverse cada vez m\u00e1s real para m\u00ed. Cuanto m\u00e1s la mov\u00eda m\u00e1s plenamente consciente me sent\u00eda de m\u00ed misma y de mis otros sentidos.<br \/>\nMe di cuenta de que a\u00fan estaba durmiendo y de que me hallaba dentro de un sue\u00f1o, pero al mismo tiempo ten\u00eda plena conciencia de lo que ocurr\u00eda y conservaba mi libre albedrio. Sab\u00eda que ten\u00eda el poder de utilizar mi mano para abrir la puerta y entrar en el espacio del otro lado. Sent\u00eda una dulce sensaci\u00f3n de gozo en mi coraz\u00f3n y quer\u00eda que el sue\u00f1o continuara. De pronto, percib\u00ed que en mi sue\u00f1o hab\u00eda alguien m\u00e1s, alguien que me esperaba detr\u00e1s de la puerta cerrada, y que quienquiera que fuese pod\u00eda verme con el mismo grado de conciencia que yo. Eso me asust\u00f3. Dej\u00e9 de mover la mano y todo se disolvi\u00f3.<\/p>\n<p>Despertamos al amanecer en el silencio absoluto de la pac\u00edfica aldea. El sol de la ma\u00f1ana brillaba resplandeciente en nuestra peque\u00f1a ventana. Sin embargo, la extra\u00f1a casa del cham\u00e1n muerto no perdi\u00f3 su inquietante atm\u00f3sfera ni siquiera a la luz del d\u00eda. Eso me hizo recordar el relato que Nicolai me hab\u00eda contado en el hospital sobre la muerte de su t\u00edo, en aquella misma casa. Era evidente que un sitio as\u00ed pod\u00eda inducir profundas perturbaciones ps\u00edquicas en las personas cuya naturaleza se inclinaba hacia tales cosas, y Nicolai pertenec\u00eda a este grupo. De pie en la casa del cham\u00e1n, mientras esperaba a que llegara Nicolai y se nos llevara de all\u00ed lo antes posible, comprend\u00ed mucho mejor su relato.<br \/>\nPor suerte, Nicolai lleg\u00f3 poco despu\u00e9s de que nos hubi\u00e9ramos levantado y nos invit\u00f3 a desayunar en casa de su madre. Antes de salir, le pregunt\u00e9 por el tambor. A la luz de la ma\u00f1ana, a\u00fan me impresionaba m\u00e1s que en la oscuridad. Incluso estando roto parec\u00eda fuerte, poderoso y vivo.<\/p>\n<p>&#8211; Era el tambor de mi t\u00edo. S\u00f3lo se lo vi usar una vez. Cuando muri\u00f3, vinieron algunos ancianos y le explicaron a mi madre las cosas que se deben hacer tras la muerte de un cham\u00e1n. Una de ellas era romper su tambor. Es una ley no escrita. Le dijeron que el tambor s\u00f3lo deb\u00eda ser utilizado por un cham\u00e1n; a su muerte, debe hacerse marchar el esp\u00edritu del tambor a trav\u00e9s de una abertura practicada por un pariente. Yeso hizo mi madre. Hoy iremos a ver a Umai, la cham\u00e1n de Kubia, una aldea cercana. Ella podr\u00e1 decirte mucho m\u00e1s sobre este rito de pasaje, si quieres pregunt\u00e1rselo.<\/p>\n<p>Nos alegramos de salir de la casa de Mamush, que incluso a la luz del d\u00eda parecta amenazadora. La atm\u00f3sfera de la acogedora casita de Marta, que en aquellos momentos estaba atareada disponiendo el desayuno, ofrec\u00eda un contraste tranquilizador. Marta prepar\u00f3 unos huevos, calent\u00f3 unas rebanadas de pan integral y sirvi\u00f3 leche aut\u00e9ntica con una capa de nata por encima, para ofrecernos una copiosa comida matutina que nos diera fuerzas para el viaje de aquel d\u00eda.<\/p>\n<p>(&#8230;)<br \/>\nTras la brillante claridad del d\u00eda, al principio la casa donde se iba a hacer la curaci\u00f3n de la mujer me pareci\u00f3 sumida en una oscuridad casi absoluta. Cuando los ojos se acomodaron, vi que s\u00f3lo hab\u00eda una gran habitaci\u00f3n en apariencia completamente vac\u00eda, exceptuando las dos mujeres que la ocupaban.<br \/>\nUn &#8220;Hola&#8221; se escap\u00f3 de mi boca antes de que Nicolai se apresurara a indicarme por se\u00f1as que deb\u00eda guardar silencio y sentarme en el suelo en un rinc\u00f3n. Una de las mujeres estaba tendida en el suelo boca abajo, en el centro de la habitaci\u00f3n. Ten\u00eda la espalda desnuda, con restos de tierra y hierbas.<br \/>\nLa otra mujer parec\u00eda mayor. Era de escasa estatura, con un cuerpo sano y robusto. Las prendas que vest\u00eda no me eran familiares: una falda larga confeccionada con gruesos pa\u00f1os de invierno de distintos colores y con unas cuantas mu\u00f1ecas peque\u00f1as cosidas en la parte de atr\u00e1s. La mujer ten\u00eda una cabellera oscura, casi cubierta del todo por un chal azul, y un envejecido rostro mongol lleno de arrugas. Yo le habr\u00eda calculado unos setenta a\u00f1os.<\/p>\n<p>No me prest\u00f3 ninguna atenci\u00f3n. Parec\u00eda muy atareada, y estaba colocando con gran concentraci\u00f3n un objeto extra\u00f1o al lado de la mujer tendida. Se trataba de un tosco tri\u00e1ngulo hecho con tres palos, de poco menos de un metro cada uno. La madera reci\u00e9n cortada a\u00fan conservaba el color claro e incluso la fragancia arom\u00e1tica del pino que proced\u00eda. En las superficies planas de los tres lados hab\u00eda talladas im\u00e1genes de peces.<br \/>\nComprend\u00ed que aquella mujer mayor que se inclinaba sobre la otra deb\u00eda de ser la chamana Umai, y que estaba realizando la curaci\u00f3n. Umai deposit\u00f3 el tri\u00e1ngulo de los peces al lado derecho de la otra mujer, separ\u00e1ndolas a ambas de una gran piel de ciervo extendida al otro lado del tri\u00e1ngulo.<\/p>\n<p>Umai recogi\u00f3 del suelo un peque\u00f1o tambor y empez\u00f3 a percutirlo con suavidad. Al principio el ritmo era d\u00e9bil e irregular, como inseguro; despu\u00e9s, Umai empez\u00f3 a cantar en su lengua nativa. Las palabras del c\u00e1ntico ten\u00edan un tono suplicante, y ella se movia con gracia alrededor del cuerpo inm\u00f3vil tendido a sus pies.<br \/>\nLa mujer que yac\u00eda en el suelo no hab\u00eda emitido ning\u00fan sonido y parec\u00eda dormida. Aunque en el interior de la casa la temperatura era apenas unos grados m\u00e1s alta que en el exterior, su cuerpo parec\u00eda caliente y relajado. Umai daba vueltas a su alrededor, agach\u00e1ndose a veces para tocar el tambor justo encima de la espalda de la mujer. El ritmo de la canci\u00f3n se hab\u00eda vuelto m\u00e1s definido, y el canto m\u00e1s vigoroso. Umai se mov\u00eda cada vez m\u00e1s deprisa.<br \/>\nMientras contemplaba la veloz energ\u00eda de su danza, pens\u00e9 que deb\u00eda de ser m\u00e1s joven de lo que me hab\u00eda figurado al principio. La potencia del tambor aument\u00f3 tanto que parec\u00eda imposible que un instrumento tan peque\u00f1o pudiera sonar tan fuerte. La voz de Umai adquiri\u00f3 un tono incre\u00edblemente grave y vigoroso. Me resultaba dificil reconocer en ella a la persona que hab\u00eda iniciado la danza. Parec\u00eda m\u00e1s alta, m\u00e1s robusta, m\u00e1s agresiva y masculina, casi como un guerrero trabado en duelo a muerte con un poderoso enemigo. Umai saltaba y hac\u00eda girar el cuerpo con incre\u00edble rapidez y energ\u00eda. Su canto se hab\u00eda transformado en un grito de guerra. Respiraba hondo y con rapidez, y un fulgor victorioso le iluminaba los ojos. Entonces, cogi\u00f3 a la mujer por los hombros, con brusquedad, y le grit\u00f3 en el idioma de Altai.<\/p>\n<p>La mujer se puso de rodillas. El cabello le colgaba enmara\u00f1ado. A\u00fan ten\u00eda los ojos cerrados y parec\u00eda hallarse en un profundo trance. Se movi\u00f3 a gatas hacia el tri\u00e1ngulo de madera. La abertura del tri\u00e1ngulo ten\u00eda el tama\u00f1o exacto para que pasara a trav\u00e9s de \u00e9l una persona, y la mujer se intern\u00f3 en \u00e9l.<br \/>\nUmai le grit\u00f3 con m\u00e1s fuerza a\u00fan. Arroj\u00f3 el tambor a un lado y empuj\u00f3 a la mujer con las manos desnudas para hacerla pasar por el tri\u00e1ngulo. Sus gritos se convirtieron en una melopea quejumbrosa. A la mujer le costaba pasar por el tri\u00e1ngulo. Su cuerpo desnudo se debat\u00eda y se contra\u00eda al rozar dolorosamente los cantos sin desbastar de la madera reci\u00e9n aserrada. Umai procuraba que le resultara a\u00fan m\u00e1s doloroso, moviendo el tri\u00e1ngulo de un lado a otro para que raspara cont\u00ednuamente el cuerpo de la mujer mientras ella lo empujaba poco a poco hacia el otro lado.<\/p>\n<p>Yo estaba absorta por completo en la escena que se desarrollaba ante mi. De repente, los peces tallados en la madera cobraron vida para mi y empezaron a nadar de izquierda a derecha por los costados del tri\u00e1ngulo. Umai segu\u00eda cantando mientras la mujer se aproximaba al final de su lucha por pasar a trav\u00e9s del tri\u00e1ngulo. Cuando ya casi lo habia conseguido, Umai salt\u00f3 al otro lado y alz\u00f3 la piel de ciervo. La mujer se meti\u00f3 a rastras bajo ella y pronto qued\u00f3 cubierta por completo.<\/p>\n<p>Entonces Umai se puso a\u00fan m\u00e1s furiosa y agresiva. Entre gritos y gestos amenazadores, cogi\u00f3 el tri\u00e1ngulo de madera y lo rompi\u00f3. Lo hizo con una expresi\u00f3n de intenso odio, como si en el interior del tri\u00e1ngulo se ocultaran legiones de enemigos. Lo pisote\u00f3 y despu\u00e9s lo golpe\u00f3 con las manos. A juzgar por su entonaci\u00f3n, parec\u00eda que estuviera lanzando groseras imprecaciones en su idioma. Cuando s\u00f3lo quedaron los restos del tri\u00e1ngulo esparcidos por el suelo, Umai hizo lo mismo con el tambor. Al poco rato, s\u00f3lo hab\u00eda astillas y trozos de madera alrededor de la mujer, que segu\u00eda cubiena por la piel de ciervo.<\/p>\n<p>Umai se volvi\u00f3 hacia Nicolai y dijo una breve frase en su idioma. No s\u00e9 c\u00f3mo, pero comprend\u00ed que le ped\u00eda que ayudara a la mujer oculta bajo la piel. Umai volv\u00eda a parecer una mujer del lugar, menuda y entrada en a\u00f1os, pero ahora yo sabia que en su interior encerraba un tremendo poder. Se sent\u00f3 en el suelo, sac\u00f3 una pipa de un bolsillo oculto entre los pliegues de su vestido y se puso a fumar, contemplando tranquilamente c\u00f3mo Nicolai ayudaba a la mujer a levantarse ya ponerse el resto de su ropa. 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