{"id":1266,"date":"2007-12-28T02:35:46","date_gmt":"2007-12-28T02:35:46","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1266"},"modified":"2007-12-28T02:35:46","modified_gmt":"2007-12-28T02:35:46","slug":"el-camino-campestre-seg\u00fan-heidegger","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1266","title":{"rendered":"El Camino Campestre seg\u00fan Heidegger"},"content":{"rendered":"<p>El Camino Campestre seg\u00fan Heidegger<\/p>\n<p>Aunque prefiero &#8220;silvestre&#8221; pongamos una obrita de un aleman gur\u00fa del<br \/>\nhombre occidental para que se vea que en el fondo todos anhelamos lo<br \/>\nmismo.<\/p>\n<p>EL CAMINO CAMPESTRE<\/p>\n<p>&#8221;<br \/>\nDel portal del jard\u00edn se extiende hacia el Ehnried. Los a\u00f1osos tilos<br \/>\ndel jard\u00edn del castillo por encima del muro le ven alejarse, tanto en<br \/>\nPascua, cuando relucen los brotes del sembrado y despiertan los<br \/>\nprados, cuanto en Navidad, mientras bajo la nevisca desaparece tras<br \/>\ndel cerro m\u00e1s pr\u00f3ximo. A la altura de la Cruz-cubierta gira hacia el<br \/>\nbosque. Al pasar por los lindes, saluda a un viejo roble cabe el cual<br \/>\nhay un banco de madera desbastada.<\/p>\n<p>Encima del banco de vez en cuando se encontraba alg\u00fan que otro escrito<br \/>\nde los grandes pensadores que una joven torpeza intentaba descifrar.<br \/>\nCuando los enigmas se agolpaban y no se ve\u00eda salida, ah\u00ed estaba<br \/>\nsiempre el camino campestre. Silencioso dirige el paso por la senda<br \/>\nserpenteante a trav\u00e9s del vasto y \u00e1rido campo.<\/p>\n<p>Una y otra vez el pensamiento retorna siempre a los mismos escritos, o<br \/>\na veces a tentativas m\u00e1s propias, en el sendero que por entre los<br \/>\ncultivos traza el camino. \u00c9ste permanece tan pr\u00f3ximo al andar del<br \/>\npensador como del paso del campesino que de amanecida anda a la siega.<\/p>\n<p>A menudo y con los a\u00f1os el roble del camino desv\u00eda los recuerdos hacia<br \/>\nlos juegos infantiles y a las primeras decisiones. Cuando a veces un<br \/>\nroble, en la espesura del bosque, ca\u00eda a hachazos, el padre,<br \/>\nenseguida, rastreaba el bosque y los claros soleados en busca del<br \/>\ntrozo adecuado para su taller. All\u00ed se entreten\u00eda pausadamente durante<br \/>\nlos descansos de su servicio en la torre del reloj y en las campanas<br \/>\nque, una y otras, manten\u00edan su propia relaci\u00f3n con el tiempo y lo<br \/>\ntemporal.<\/p>\n<p>Con la corteza del roble, los muchachos constru\u00edan sus barquichuelos<br \/>\nque, dotados de un banco de remeros y de un tim\u00f3n, flotaban en el<br \/>\nestanque de Metten o en la fuente de la escuela. Los viajes por el<br \/>\nmundo de aquellos juegos todav\u00eda alcanzaban sencillamente su destino y<br \/>\nsiempre lograban regresar a la orilla. Lo ilusionante de estos viajes<br \/>\npermanec\u00eda oculto en el entonces apenas visible resplandor que<br \/>\nreposaba sobre todas las cosas. Ojo y mano maternas delimitaban su<br \/>\nreino. Como si su preocupaci\u00f3n no contada protegiese a todas las<br \/>\ncriaturas. Aquellos viajes de juego desconoc\u00edan todav\u00eda los paseos que<br \/>\ndejan atr\u00e1s toda orilla. Mientras tanto la resistencia y el olor de<br \/>\nmadera de roble empezaron a hablar m\u00e1s claramente de la lentitud y de<br \/>\nla constancia con que el \u00e1rbol crece. El propio roble dec\u00eda que s\u00f3lo<br \/>\nen un crecimiento tal se fundamenta cuanto perdura y da frutos; pues<br \/>\ncrecer es abrirse al amplio cielo y al mismo tiempo enraizarse en la<br \/>\noscuridad de la tierra; que todo cuanto es genuino s\u00f3lo prospera si el<br \/>\nhombre es a la vez ambas cosas: dispuesto a la exigencias del cielo<br \/>\nalt\u00edsimo y amparado en el seno de la tierra nutricia.<\/p>\n<p>Todav\u00eda el roble sigue dici\u00e9ndoselo al camino campestre que,<br \/>\nconvencido de su senda, pasa a su lado. El camino congrega todo cuanto<br \/>\na su alrededor existe y a quien por \u00e9l transita le anuncia que aquello<br \/>\nes suyo. Los mismos campos y la ladera de los prados acompa\u00f1an al<br \/>\ncamino a cada estaci\u00f3n del a\u00f1o con una proximidad siempre diferente.<br \/>\nSea que, por encima del bosque, los Alpes se hundan en el atardecer,<br \/>\nsea que de buena ma\u00f1ana en el est\u00edo la alondra emprenda el vuelo, all\u00ed<br \/>\ndonde el camino campestre supera la falda del cerro, sea que el viento<br \/>\ndel este llega rugiendo desde las tierras donde se halla el pueblo<br \/>\nnatal de la madre, sea que al anochecer un le\u00f1ador arrastra su hatillo<br \/>\nde le\u00f1a al hogar, sea que la segadora contorne\u00e1ndose regrese a casa<br \/>\npor el camino campestre, sea que los ni\u00f1os hagan ramos a la vera del<br \/>\nprado con las primeras flores de primavera, sea que la niebla avance<br \/>\ndurante d\u00edas por los campos, cubri\u00e9ndoles con sus sombras y su<br \/>\nobscuridad, siempre y por todas partes envuelve al camino campestre el<br \/>\naliento de lo mismo.<\/p>\n<p>Lo sencillo encierra el enigma de cuanto permanece y es grande. Entra<br \/>\nde improviso en el hombre y precisa de una larga maduraci\u00f3n. En lo<br \/>\nimperceptible de cuanto es siempre lo mismo se oculta su bendici\u00f3n. La<br \/>\ngrandeza de todo cuanto ha crecido y habita los alrededores del<br \/>\ncamino, dispensa mundo. S\u00f3lo en lo no-dicho de su lenguaje, tal cual<br \/>\ndice el maestro, de lecturas y de vida, Eckhart, es Dios<br \/>\nverdaderamente Dios.<\/p>\n<p>Pero el aliento del camino campestre s\u00f3lo habla en tanto que existan<br \/>\nhombres que, nacidos en su aire, puedan o\u00edrle. Se hallan vinculados a<br \/>\nsu origen pero no siervos de sus asechanzas. El hombre in\u00fatilmente<br \/>\nplanifica e intenta imponer un orden a la tierra, cuando no se somete<br \/>\nal aliento del camino campestre. Amenaza el peligro de que los hombres<br \/>\nde hoga\u00f1o permanezcan sordos a su lenguaje. A sus o\u00eddos s\u00f3lo alcanza<br \/>\nel ruido de las m\u00e1quinas que ellos casi toman por la voz de Dios. As\u00ed<br \/>\nel hombre se confunde y pierde su camino. A los confusos, la sencillez<br \/>\nles parece mon\u00f3tona, y lo mon\u00f3tono les hast\u00eda. Los amargados<br \/>\nencuentran s\u00f3lo lo indistinto. Lo sencillo se ha evadido. Su callada<br \/>\nfuerza se ha agotado.<\/p>\n<p>Por cierto que disminuye el n\u00famero de quienes reconocen lo sencillo<br \/>\ncomo un bien propio, consquistado. Pero en todas partes ser\u00e1n esos<br \/>\npocos quienes permanecer\u00e1n. Un d\u00eda, gracias al poder tranquilo del<br \/>\ncamino campestre, perdurar\u00e1n m\u00e1s all\u00e1 de las fuerzas tit\u00e1nicas de la<br \/>\nenerg\u00eda at\u00f3mica que fue urdida por el c\u00e1lculo humano y convertida en<br \/>\nyugo de su propio obrar.<\/p>\n<p>El aliento del camino campestre despierta un sentido que ama lo libre<br \/>\ny que, en el lugar propicio, todav\u00eda logra salvar la aflicci\u00f3n hacia<br \/>\nuna \u00faltima serenidad. Se revela contra la simpleza del puro trabajar<br \/>\nque, ejercido por s\u00ed solo, fomenta \u00fanicamente lo vano.<\/p>\n<p>En el aire del camino campestre, que muda seg\u00fan las estaciones, madura<br \/>\nla sabia serenidad con un moh\u00edn que parece melanc\u00f3lico a menudo. Ese<br \/>\nsaber sereno es la &#8220;iron\u00eda compasiva&#8221; [ist das &#8220;Kuinzige&#8221;]. Quien no<br \/>\nla tiene no la obtiene. Quienes la tienen, del camino campestre la<br \/>\nobtuvieron. En su senda se encuentran la tempestad invernal y el d\u00eda<br \/>\nde la siega, coinciden lo vivaz y lo excitante de la primavera con lo<br \/>\nreposado y adormecido del oto\u00f1o, se hallan frente a frente el juego de<br \/>\nla juventud y la sabidur\u00eda de la vejez. Pero todo a una rebosa<br \/>\nserenidad, una serenidad cuyo eco lleva calladamente de aqu\u00ed para all\u00e1<br \/>\nel camino campestre.<\/p>\n<p>La sabia serenidad es un portal de lo eterno. Su puerta se abre sobre<br \/>\nlos goznes anta\u00f1o forjados por un h\u00e1bil herrero con los interrogantes<br \/>\nde la presencia en el mundo.<\/p>\n<p>Desde el Ehnried el camino regresa al portal del jard\u00edn del castillo.<br \/>\nPor sobre de la \u00faltima colina con su angosta cima conduce, por una<br \/>\nquebrada, a la muralla de la ciudad. A la luz de las estrellas su<br \/>\nbrillo es tenue. Tras del castillo se alza el campanario de la iglesia<br \/>\nde San Mart\u00edn. Lentamente y como si dudasen, se pierden en la noche<br \/>\nlas once campanadas. La vieja campana, en cuyas cuerdas m\u00e1s de un<br \/>\nmuchacho se destroz\u00f3 las manos, vibra bajo los martillazos de las<br \/>\nhoras de las horas cuyo aspecto medio sombr\u00edo y medio grotesco nadie<br \/>\nolvida.<\/p>\n<p>Con el \u00faltimo toque el silencio se hace m\u00e1s callado. Su poder llega<br \/>\nhasta aquellos que antes de tiempo fueron sacrificados por dos guerras<br \/>\nmundiales. Lo sencillo se ha vuelto todav\u00eda m\u00e1s sencillo. Lo que es<br \/>\nsiempre lo mismo alejaa y libera. Ahora el aliento del camino<br \/>\ncampestre es muy n\u00edtido. \u00bfHabla el alma? \u00bfHabla el mundo? \u00bfHabla Dios?<\/p>\n<p>Todo habla de la renuncia en la identidad [in das Selbe]. La renuncia<br \/>\nno quita. La renuncia da. Da la inagotable fuerza de lo sencillo. El<br \/>\naliento hace morar en un largo origen. &#8220;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Camino Campestre seg\u00fan Heidegger Aunque prefiero &#8220;silvestre&#8221; pongamos una obrita de un aleman gur\u00fa del hombre occidental para que se vea que en el fondo todos anhelamos lo mismo. EL CAMINO CAMPESTRE &#8221; Del portal del jard\u00edn se extiende hacia el Ehnried. 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