{"id":1227,"date":"2007-12-27T17:55:19","date_gmt":"2007-12-27T17:55:19","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1227"},"modified":"2007-12-27T17:55:19","modified_gmt":"2007-12-27T17:55:19","slug":"la-lucha-esta-ganada-cuento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1227","title":{"rendered":"La lucha esta ganada cuento"},"content":{"rendered":"<p>Cuento tseltal<\/p>\n<p>La lucha est\u00e1 ganada<\/p>\n<p>Marceal M\u00e9ndez P\u00e9rez<\/p>\n<p>&#8220;Si dejamos Bachaj\u00f3n fue por esta tierra. As\u00ed lo quiso Dios. Aqu\u00ed est\u00e1 nuestro destino, donde se une el agua fr\u00eda del Pajwuchil y el agua tibia del r\u00edo Grande. Ya no podr\u00e1n quitarnos estas tierras, la lucha est\u00e1 ganada. Aquel kaxlan ya no volver\u00e1, aunque regresara con el gobernador no le ser\u00eda f\u00e1cil corrernos. Nos quer\u00eda mandar all\u00e1, al cerro K&#8217;ajk&#8217;em wits; pero all\u00ed no crecen bien las cosas, sobre el polvo de las piedras no enraiza el ma\u00edz ni el frijol, solamente zacates y algunas verduras, nada m\u00e1s. Por eso quiso convencernos a la fuerza para que nos fu\u00e9ramos hasta all\u00e1, lejos; que abandon\u00e1ramos este regalo de Dios: la tierra humedecida por arroyos, con su vegetaci\u00f3n espesa que la decora con flores y cantos de p\u00e1jaros. Su gran mentira no se escondi\u00f3. Primero dijo en la asamblea que era orden del gobierno acaparar esta llanada. Varios d\u00edas despu\u00e9s, quer\u00eda quedarse y pagar nuestra jornada para llevarse la cosecha a otra parte. As\u00ed supimos lo que hab\u00eda en su coraz\u00f3n. Entonces, yo convenc\u00ed a la gente de que no conven\u00eda, que era un enga\u00f1o. \u00c9l enrojeci\u00f3 de coraje, y frunciendo el ce\u00f1o se alej\u00f3 galopando de la peque\u00f1a plaza. Y de veras no conviene, hijo, lo debes de entender&#8230;&#8221;<\/p>\n<p>\u00ad\u00a1Petul! \u00a1Despierta, Petul!<\/p>\n<p>Mi padre se sobresalta de la hamaca. Su mirada temerosa se clava en mis ojos y me inmoviliza en el asiento junto al fuego, donde escucho sus consejos.<\/p>\n<p>\u00ad\u00a1Petul! \u00a1Abre tu puerta, Petul!<\/p>\n<p>La luz d\u00e9bil de una vela sobre la mesa palidece m\u00e1s su rostro. Voltea hacia el rinc\u00f3n donde mi madre enferma yace encobijada en un petate; se acerca indeciso a la puerta y aparta lentamente las tablas de corcho.<\/p>\n<p>\u00ad\u00a1Te\u00f3filo! \u00bfQu\u00e9 te trae aqu\u00ed tan temprano? \u00bfPor qu\u00e9 tiemblas, Te\u00f3filo?<\/p>\n<p>\u00ad\u00a1Hay varios hombres en la orilla del pueblo, all\u00e1 por la laguna! Tambi\u00e9n est\u00e1 el kaxlan, el que quer\u00eda quitarnos la tierra, \u00bfqu\u00e9 vamos a hacer?<\/p>\n<p>Mi padre se calza los huaraches viejos y dobla su pantal\u00f3n de manta hasta las rodillas; descuelga su machete del gancho junto a la puerta. Fija su angustiosa mirada sobre mi madre, se amarra la funda a la cintura y sale sin hablar. Descuelgo tambi\u00e9n el m\u00edo, y despu\u00e9s de ponerme un par de botas manchadas de lodo, avanzo tras \u00e9l por las calles empedradas todav\u00eda envueltas con niebla. Al llegar a la plaza, Te\u00f3filo sube a una mata de naranjo frente a la comisar\u00eda, y a la altura del techo de teja, hace un llamado con el mugido de un cuerno, provocando la algarab\u00eda de los zanates en otros \u00e1rboles de la plaza.<\/p>\n<p>Varios hombres se asoman dispuestos a cualquier cosa que suceda; pues saben que algo anda mal, no es com\u00fan llamar a reuniones a tan tempranas horas; se dirigen al peque\u00f1o corredor de la comisar\u00eda donde hacen asambleas los domingos y ponen atenci\u00f3n a las palabras de mi padre:<\/p>\n<p>\u00adHa vuelto el kaxlan, vino a quitarnos la tierra&#8230; \u00bfvamos a dejar que nos corran de aqu\u00ed? Hemos vivido aqu\u00ed desde que nuestros abuelos dejaron Bachaj\u00f3n hace mucho tiempo. \u00a1La defendamos, compa\u00f1eros!&#8230;<\/p>\n<p>El griter\u00edo de los hombres espanta a los p\u00e1jaros de los \u00e1rboles y vuelan despavoridos hacia todos lados. Sin perder tiempo, avanzamos tumultuosamente por la terracer\u00eda rumbo a Tila, hacia la laguna. Algunas mujeres se asoman a la puerta de sus casas para vernos pasar, los perros gru\u00f1en y nos persiguen con ladridos por la carretera hasta las afueras del pueblo; nos detenemos en la piedra grande el Golol ton, el descansadero, y desde all\u00ed escuchamos las risas de los trabajadores. Al acercarnos a la laguna espesa, en cuya h\u00fameda orilla un caballo negro come hojas tiernas, vemos a los hombres venidos de qui\u00e9n sabe d\u00f3nde dando tajos y reveses al monte. El fuere\u00f1o camina entre ellos, mirando prevenidamente a su rededor: su mirada se detiene en nosotros y, enrojeci\u00e9ndose su rostro de ira o de verg\u00fcenza, re\u00fane a su gente junto a \u00e9l. Como si todos ellos hubiesen adivinado nuestros pensamientos, nos miran enfurecidos. Entonces nosotros, ciegos de coraje, nos acercamos. Ellos, obedeciendo a sus impulsos, avanzan contra nosotros. De pronto el miedo me inmoviliza: veo caminar a mis compa\u00f1eros como si fueran solamente sombras, sin vida, arrastrados por una fuerza incontrolable hacia el encuentro con la muerte. Pareciera ser en un sue\u00f1o verlos mezclarse con los fuere\u00f1os, aferrarse uno al otro para tumbarse al suelo y forcejear&#8230; De repente vuelven mis sentidos, bruscamente, como si hubiese despertado de una pesadilla atroz, cercana y real&#8230; Me descubro a la orilla de la laguna, todav\u00eda inm\u00f3vil; veo c\u00f3mo entre ellos se hacen heridas en brazos y piernas, escapan gritos lastimeros, algunos huyen aterrados por el monte y otros se retuercen empapados de sangre sobre la broza. El fuere\u00f1o se interna en el cafetal, huyendo. Yo avanzo tras \u00e9l, con una piedra en mano. Al verme desenfunda su peque\u00f1o machete y, antes de atacarme, la piedra se estrella en su cara. Cae ensangrentado. Lo arrastro del pescuezo hacia el claro del acahual, junto a su caballo que permanece indiferente. Le aprieto con fuerza, con coraje.<\/p>\n<p>\u00ad\u00a1No me mates! \u00a1No me mates, por favor! &#8211;balbucea trabajosamente.<\/p>\n<p>Loco de ira, desenfundo el machete decidido a matarlo.<\/p>\n<p>\u00ad\u00a1Lekol, est\u00e1 muriendo tu tata! &#8211;grita alguien.<\/p>\n<p>Un escalofr\u00edo me estremece. El hombre se zafa de mis brazos y corre despavorido hasta perderse en la espesura del camino. Algunos de sus hombres, perseguidos por mis compa\u00f1eros, corren como mulas espantadas detr\u00e1s de \u00e9l. Me dirijo aprisa donde mi viejo agoniza, junto a heridos ba\u00f1ados en sangre que se arrastran por la broza.<\/p>\n<p>\u00adHijo, escucha mi palabra, el dinero provoca sufrimiento&#8230;, en cambio, la santa tierra te alimenta &#8211;dice mi padre, jadeante, como si tuviera sed de aire, su cabeza se reclina sobre las piernas acuclilladas de Te\u00f3filo. Sangra una herida profunda en su pecho. La lucha est\u00e1 ganada&#8230; \u00bfVes que ya no es f\u00e1cil que nos quiten estas tierras? Nunca le tengas miedo a nadie, ni siquiera al gobernador. Si alguien poderoso te provoca, con la fuerza del pueblo&#8230; arr\u00e1ncale el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>En su \u00faltima palabra, su alma sale agazapada para volar en la inmensidad interminable del espacio.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>Marceal M\u00e9ndez P\u00e9rez es un narrador tseltal originario de Petalcingo, Chiapas. Este relato proviene de un libro in\u00e9dito de pr\u00f3xima aparici\u00f3n. Es colaborador frecuente de Ojarasca.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuento tseltal La lucha est\u00e1 ganada Marceal M\u00e9ndez P\u00e9rez &#8220;Si dejamos Bachaj\u00f3n fue por esta tierra. As\u00ed lo quiso Dios. Aqu\u00ed est\u00e1 nuestro destino, donde se une el agua fr\u00eda del Pajwuchil y el agua tibia del r\u00edo Grande. 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