{"id":1220,"date":"2007-11-25T22:06:28","date_gmt":"2007-11-25T22:06:28","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1220"},"modified":"2007-11-25T22:06:28","modified_gmt":"2007-11-25T22:06:28","slug":"leyendas-guanches-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1220","title":{"rendered":"leyendas guanches 2"},"content":{"rendered":"<p> LOS REINOS DE GUISE Y AYOSE<\/p>\n<p>Una pared de piedra, extendida de mar a mar, divid\u00eda la isla de Fuerteventura y separaba sus dos reinos. Guise era monarca de Maxorata; Ayose de Jand\u00eda. Sus continuas discordias acabaron cuando el muro fue alzado y el aislamiento hizo posible la tranquilidad y la convivencia sin hostilidades.<br \/>\nTanto Guise como Ayose y sus s\u00fabditos profesaban gran estima a Tibiabin la pitonisa. Adivinatoria como Gua\u00f1ame\u00f1e, el augur de Tenerife, y como Yo\u00f1e, el or\u00e1culo del Hierro, sus vaticinios siempre se hab\u00edan confirmado. Igual estima y respeto sent\u00edan por Tamonanate, hija de Tibiabin, sibila como ella y consejera de gran predicamento. La voz de Tamonante era o\u00edda en las asambleas de los nobles a quienes exhortaba a cumplir sus juramentos y a mirar por el bienestar de los isle\u00f1os. Ella cuidaba que las leyes no fuesen meras palabras dictadas en vano.<br \/>\nY Guise y Ayose quisieron conocer el porvenir de sus reinos y los acontecimientos que aguardaba a sus vidas. Se reunieron con Tibiabin y Tamonante, las pitonisas de Fuerteventura.<br \/>\n&#8211; \u00bfQu\u00e9 fin es el que nos espera ?<br \/>\nVarios g\u00e1nigos de leche verti\u00f3 Tibiabin sobre el efequ\u00e9n invocando las se\u00f1ales del futuro. Tamonante, con el tafiaque de pedernal, sacrific\u00f3 una peque\u00f1a baifa y entreg\u00f3 las v\u00edsceras a su madre. La sangre a\u00fan tibia y reciente sobre los despojos, en ella ley\u00f3 Tibiabin:<br \/>\n&#8211; Llegar\u00e1n gentes poderosas por el mar en sus casas blancas. No tem\u00e1is ni le trat\u00e9is con violencia. Antes bien, recibidles con alegr\u00eda y entregaros a sus designios pues solo beneficios traer\u00e1n a nuestra tierra.<br \/>\nNo agrad\u00f3 a Guise, tampoco a Ayose, lo que Tibiabin acababa de profetizar, mas nada dijeron. Marcharon silenciosos cada uno a sus dominios tras la ringlera de piedras del muro.<br \/>\nLa arribada de las naves de la expedici\u00f3n de Juan de Bethencourt y Gadifer de la Salle quebr\u00f3 la calma maliciosa de la isla. Los europeos de tardaron en revelar sus prop\u00f3sitos: les guiaba el af\u00e1n de riqueza, el deseo de hacer esclavos para venderlos. Y tanta era su ambici\u00f3n que entre ellos mismos, gascones y normandos, se produc\u00edan indisciplinas y des\u00f3rdenes, desv\u00edos y traiciones. Aprovecharon pues los isle\u00f1os para sumar victorias en los combates y aniquilaron a los guardianes del castillo de Risco Roque, la fortaleza que hab\u00edan edificado los invasores. M\u00e1s Tibiabin y Tamonante auguraron grandes desgracias si no cesaban las hostilidades, si no rend\u00edan sus fuerzas y se doblegaban a los extranjeros.<br \/>\nFue mucha la sangre acumulada bajo el vuelo siempre siniestro de los guirres. Guise y Ayose comenzaron a sufrir reveses en la contienda ya que los extranjeros andaban mejor armados. Sin embargo, los dos soberanos de Fuerteventura ve\u00edan en sus derrotas el castigo por haber deso\u00eddo las voces prof\u00e9ticas de las pitonisas. Y as\u00ed, primero el uno, despu\u00e9s el otro, ambos en compa\u00f1\u00eda de buen n\u00famero de adictos, resolvieron entregarse a los invasores.<br \/>\nCrey\u00f3 entonces Tibiabin que se iniciar\u00eda una nueva era de fecunda y apacible prosperidad para la isla. Tal vez, como le hab\u00eda o\u00eddo a ciertos europeos que visitaron Fuerteventura antes de la expedici\u00f3n de Juan de Bethencourt, empezar\u00eda el tiempo de paz perpetua y de felicidad que tra\u00eda consigo el bautismo. Eso pensaba Tibiabin que secretamente guardaba las ense\u00f1anzas de aquellos europeos. Eso dijo su hija Tamonante. Y eso repet\u00edan ambas a quienes a\u00fan se negaban a rendirse.<br \/>\nYa no Guise, sino Luis. Tampoco Ayose, sino Alfonso. Tales fueron los nuevos nombres impuestos al ser bautizados a quienes hab\u00edan sido los monarcas de Fuerteventura. Y con sus nuevos nombres, ellos que poseyeron toda la islas, recibieron cuatrocientas fanegas de labrent\u00edo y frutal, exentas de tributos durante nueve a\u00f1os. Tambi\u00e9n Tibiabin obtuvo merced de tierras de parte de los conquistadores.<br \/>\nPoco a poco propagaron los europeos sus modos y sus normas, mientras recorr\u00edan la isla proporcion\u00e1ndose orchilla y otros productos de los que se sacaban ping\u00fces ganancias. Aprendieron los isle\u00f1os a confeccionar muchos alimentos, a hablar en otro idioma y creer en otra religi\u00f3n, a cultivar los campos y a construir m\u00e1s amplias y mejores habitaciones.<br \/>\nMas luego que Juan de Bethencourt delegara en su sobrino, el tir\u00e1nico Maciot, el gobierno de la isla, y cuando fue escasa la orchilla y el sequero sequero agot\u00f3 las simientes, los europeos trataron con miserable desd\u00e9n a los isle\u00f1os muchos de los cuales fueron presos y vendidos. El miedo y las amenazas se establecieron en la isla. Tibiabin y Tamonante, las pitonisas que vaticinaron una nueva \u00e9poca, fecunda y feliz, por amor de los extranjeros, sintieron sobre ellas el peso del odio y el desprecio de sus gentes. Como una maldici\u00f3n secreta pero ineludible.<br \/>\nCruz\u00f3 el viento por sobre los jables de la isla, persistieron calcosas, aulagas y verodes bajo el cielo parco de lluvias, Maciot de Bethencourt huy\u00f3 y vino Hern\u00e1n Peraza a sucederle, y aquella maldici\u00f3n nunca dicha que pesaba sobre Tibiabin y Tamonante hubo de cumplirse.<br \/>\nDesembarcaron los piratas en las playas de Fuerteventura y, con asombrosa rapidez, capturaron a algunos pastores y varias mujeres. Tibiabin cay\u00f3 prisionera. El alisio hinch\u00f3 las velas del nav\u00edo cuando, sin que pudieran evitarlos los isle\u00f1os, se alej\u00f3 de la playa con rumbo incierto.<br \/>\nNo soport\u00f3 Tamonante el verse sola, apartada de su madre. El dolor le fue adentrando hasta doblegarla, hasta confundir sus sentidos y anegar su entendimiento como en una nube de calima. Nadie repar\u00f3 en ella cuando se detuvo al borde del barranco del Janubio. Ni siquiera supo por que se arroj\u00f3 al vac\u00edo.<\/p>\n<p>Gara y Jonay<\/p>\n<p>La historia de Gara y Jonay es una bella leyenda guanche. Gara era una bella princesa de La Gomera que se enamor\u00f3 de Jonay, tambi\u00e9n pr\u00edncipe, hijo de un rey de Tenerife. Jonay nad\u00f3, sobre unas pieles de cabra infladas de aire, desde Tenerife a La Gomera, para encontrarse con su amada. Pero los padres de la pareja, asustados ante los malos augurios de un Teide humeante, se opusieron firmemente a la relaci\u00f3n. &#8230;\/Gara y Jonay huyeron, entonces, al monte m\u00e1s alto de la Isla, hasta donde fueron perseguidos. Vi\u00e9ndose acorralados, afilaron un palo por sus dos extremos y, apoy\u00e1ndolo en sus pechos, se abrazaron para morir atravesados por la madera. Hoy, aquel monte y su Parque Nacional lleva el nombre de Garajonay, en recuerdo de aquellos j\u00f3venes que escogieron morir juntos antes que vivir separados.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LOS REINOS DE GUISE Y AYOSE Una pared de piedra, extendida de mar a mar, divid\u00eda la isla de Fuerteventura y separaba sus dos reinos. Guise era monarca de Maxorata; Ayose de Jand\u00eda. Sus continuas discordias acabaron cuando el muro fue alzado y el aislamiento hizo posible la tranquilidad y la convivencia sin hostilidades. 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