{"id":119,"date":"2008-02-22T19:35:13","date_gmt":"2008-02-22T19:35:13","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=119"},"modified":"2008-02-22T19:35:13","modified_gmt":"2008-02-22T19:35:13","slug":"las-4-clases-de-magos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=119","title":{"rendered":"Las 4 clases de Magos"},"content":{"rendered":"<p>Fuente: LEADBEATER, C. W. ; \u0093Magia Blanca, Magia Negra\u0094 , Editorial Mestas, Madrid, 2001 <\/p>\n<p>Texto perteneciente a una conferencia pronunciada por el autor el 8 de febrero de 1903, bajo el mismo t\u00edtulo, durante una gira de dos a\u00f1os por EE.UU. con motivo de la Convenci\u00f3n de la Secci\u00f3n Americana de la Sociedad Teos\u00f3fica de Chicago.<i> Por lo tanto, ni habla de Wicca, ni el sr. Leadbeater perteneci\u00f3 a esta forma de pr\u00e1ctica m\u00e1gica\/espiritual<\/i>. Sin embargo presenta algunos aspectos interesantes sobre el funcionamiento de la magia.\u00a0 <\/p>\n<p>pp.21-28<\/p>\n<p>(&#8230;) Aunque puede obrar a trav\u00e9s de diferentes canales, la \u00fanica gran fuerza que existe en el fondo de esta primera clase de magia es la voluntad humana. Por la voluntad humana pueden ser dirigidos la vitalidad y el \u00e9ter nervioso, del mismo modo que todas las variedades de esencia elemental pueden ser guiadas, seleccionadas y construidas en formas simples o complejas seg\u00fan sea la obra a que se las destina. Por medio de la voluntad humana se puede obtener un perfecto dominio magn\u00e9tico sobre todas las clases de esp\u00edritus de la naturaleza; as\u00ed como la voluntad de los dem\u00e1s, ya se trate de vivos o muertos, que puede ser dominada hasta el punto que pr\u00e1cticamente no son m\u00e1s que instrumentos en manos del mago. En realidad a penas si es posible fijar verdaderamente l\u00edmites al poder de la voluntad humana cuando est\u00e1 bien dirigida. (&#8230;)<br \/>\nPara que este poderoso agente de la voluntad pueda obrar eficazmente, el mago debe poseer la m\u00e1s perfecta seguridad y confianza en s\u00ed mismo. Esta seguridad se obtiene de varios modos, seg\u00fan sea la clase a que pertenece la mente del mago. Hablando en t\u00e9rminos generales, podemos clasificar a los magos en cuatro grandes grupos, si bien es natural que en una descripci\u00f3n detallada deber\u00edamos tener en cuenta las varias subdivisiones y modificaciones de estos grupos.<\/p>\n<p><strong>Las cuatro clases de magos<\/strong><\/p>\n<p>La primera clase es la del hombre que posee una voluntad de hierro, y una confianza tan absoluta en s\u00ed mismo y en su poder de dominar la naturaleza por la simple fuerza de su esp\u00edritu, que consigue el objeto que se propone por el mero hecho de insistir en\u00e9rgicamente sobre la consecuci\u00f3n del mismo. Comprende que su voluntad es la verdadera fuerza motriz, y no sabe ni se toma la molestia de averiguar por medio de qu\u00e9 agentes intermediarios obra su voluntad. (&#8230;) Se concreta simplemente en vencer toda oposici\u00f3n mediante la fuerza bruta, por decirlo as\u00ed, y consigue lo que se propone s\u00f3lo por la tremenda energ\u00eda de su inalterable convicci\u00f3n de que lo que desea puede hacerse y se har\u00e1. Esta clase de magos son en n\u00famero muy escaso; y sin embargo, es indudable que existen, y si no est\u00e1n inclinados al bien pueden ser muy peligrosos. No necesitan m\u00e9todo alguno para tener confianza en s\u00ed mismos, pues parece ser que la poseen por naturaleza.<\/p>\n<p>La segunda clase, es la del hombre que obtiene la necesaria confianza en s\u00ed mismo para dominar, debido al perfecto conocimiento que posee del asunto que trata y de las fuerzas que emplea. Este puede ser llamado un mago cient\u00edfico, puesto que ha hecho un concienzudo estudio de la f\u00edsica astral y mental, y conoce todo lo que se refiere a las diversas clases de esencia elemental as\u00ed como los varios tipos de esp\u00edritus de la naturaleza, de suerte que en cada caso especial puede emplear exactamente los medios m\u00e1s adecuados para obtener el resultado que desea con la menor suma posible de esfuerzos y dificultades. Su perfecta familiaridad con el asunto que trata hace que se sienta seguro de s\u00ed mismo, y capaz de resolver satisfactoriamente cualquier posible contingencia que se pueda presentar.<\/p>\n<p>Muchos de estos hombres hacen tambi\u00e9n un detenido estudio del tiempo y de las estaciones m\u00e1s apropiadas al objeto que se proponen, del mismo modo que lo hacen con respecto a las fuerzas; conocen exactamente en que momento ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil alcanzar el resultado apetecido, y as\u00ed obtienen lo que se proponen con el menor gasto posible de fuerzas. (&#8230;)<\/p>\n<p>El mago perteneciente a la tercera clase, obtiene la confianza necesaria en s\u00ed mismo asegurando el cumplimiento de sus mandatos por medio de la fe o la devoci\u00f3n. Tiene una fe tan firme en su protector o deidad, que est\u00e1 absolutamente seguro de que cualquier orden dada en su nombre debe ser inmediatamente cumplida. No hablo aqu\u00ed simplemente de los resultados que pueden ser producidos sobre los planos mental y astral, sino tambi\u00e9n de efectos f\u00edsicos completamente visibles y positivos. (&#8230;) Debe tenerse en cuenta que su propia voluntad es la que produce tan satisfactorios y ben\u00e9ficos resultados, mas no la invocaci\u00f3n del Gran Ser cuyo nombre invoca. No ignoro que muchos Cristianos sinceros atribuir\u00e1n la causa directamente a Cristo, en cuyo nombre fue ejecutada; pero un m\u00e1s detenido estudio del asunto les demostrar\u00e1 que estas mismas maravillosas curas han sido ejecutadas por hombres igualmente sinceros en el nombre del Se\u00f1or, Buda, o en el de Mitra, o en el de cualquier otro de los grandes protectores, e instructores del mundo. La fe sincera y ardiente es la que confiere el poder, sea cual fuere el que la posee. Los grandes personajes cuyos nombres se invocan puede que ni a\u00fan sean conscientes de esta circunstancia; pero si lo son, y en alg\u00fan modo intervienen en el asunto, podemos estar seguros de que ser\u00e1 m\u00e1s bien para fortalecer la fe y voluntad de sus disc\u00edpulos, que para contribuir de un modo directo por medio de un esfuerzo especial de su propio poder. <\/p>\n<p>La cuarta clase, la componen aquellos que creen en la eficacia de ciertas ceremonias o f\u00f3rmulas. Para ellos, y en sus manos, las f\u00f3rmulas o ceremonias son indudablemente eficaces, aunque en la mayor parte de los casos no es debido a que posean ninguna virtud peculiar suya, sino a la absoluta confianza que tiene el mago de que cuando las emplea debe tener infaliblemente el resultado apetecido. Si leemos los escritos de los alquimistas de la Edad Media, veremos que practicaban un gran n\u00famero de tales ceremonias, y que la mayor\u00eda de ellos se habr\u00edan considerado incapaces de obtener los resultados que esperaban sin recurrir a las formulas acostumbradas. Se revest\u00edan de ciertos ropajes, empleaban ciertas figuras cabal\u00edsticas, bland\u00edan espadas magnetizadas sobre sus cabezas para ciertos fines, y quemaban ciertas \u0093drogas\u0094 o esparc\u00edan determinadas esencias. Es indudable que alunas de estas materias poseen un cierto poder peculiar suyo, pero en la inmensa mayor\u00eda de los casos s\u00f3lo sirven para proporcionar una perfecta confianza al operador, fortaleciendo su voluntad hasta el punto que es necesario. Le ha sido dicho por sus instructores, o ha le\u00eddo en sus escrituras que todos estos accesorios son eficaces, y que si los emplea obtendr\u00e1 seguramente lo que desea. El hombre por s\u00ed solo ser\u00eda posible que vacilase y se asustara; pero con los ropajes, las figuras y las espadas, se siente tan seguro del \u00e9xito que va recto al asunto sin temor ni vacilaci\u00f3n.\u00a0  <\/p>\n<p><strong>Las tres clases de fuerzas<\/strong><\/p>\n<p>Un mago de cualquiera de estas cuatro clases tiene a su disposici\u00f3n las fuerzas de tres niveles; el mental, el astral, y el f\u00edsico et\u00e9reo. Todas estas fuerzas pueden ser dirigidas por la voluntad humana, y al emplear el hombre una cualquiera de ellas producir\u00e1 indudablemente ciertas vibraciones en las dem\u00e1s. El mago cient\u00edfico elegir\u00e1 entre estas vibraciones, y de esta suerte se ahorrar\u00e1 muchos esfuerzos. En las dem\u00e1s clases de magia que no es cient\u00edfica, el operador pone casi siempre en movimiento mucha m\u00e1s fuerza y poder, y emplea mucha m\u00e1s energ\u00eda de la que es absolutamente necesaria para el objeto que se propone. Sin embargo, el operador no cient\u00edfico obtiene tambi\u00e9n sus resultados, a\u00fan cuando puede ser a costa de una gran parte de trabajos y fatigas superfluas e innecesarias.<\/p>\n<p>Sin entrar en detalles, no es dif\u00edcil ver de qu\u00e9 modo el hombre cient\u00edfico hace la elecci\u00f3n de sus materiales. Si trata con un hombre de gran desarrollo intelectual, y dotado de mucha receptividad en el plano mental, lo propio ser\u00e1 que lo atraiga a este nivel por medio de un pensamiento bien definido, o gracias a la actuaci\u00f3n de los esp\u00edritus de la naturaleza que residen en este plano. Si trata con un hombre de car\u00e1cter muy emocional, probablemente le ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil impresionarlo en este sentido, y as\u00ed mandar\u00e1 formas de pensamiento envueltas en materia astral, o bien se servir\u00e1 de la clase inferior de esp\u00edritus de la naturaleza cuyos cuerpos est\u00e1n formados de la materia de este plano. Si trata con un hombre de tipo groseramente material, con uno de estos tipos que est\u00e1n profundamente sumergidos en el plano f\u00edsico, entonces emplea naturalmente las fuerzas e inteligencias que con m\u00e1s facilidad se revisten de materia f\u00edsica. Pero en todos y en cada uno de estos casos la fuerza motriz que yace en el fondo es simplemente la indomable voluntad del operador, sea cu\u00e1l fuere el canal que juzgue m\u00e1s id\u00f3neo para hacerla obrar.\u00a0 <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fuente: LEADBEATER, C. W. ; \u0093Magia Blanca, Magia Negra\u0094 , Editorial Mestas, Madrid, 2001 Texto perteneciente a una conferencia pronunciada por el autor el 8 de febrero de 1903, bajo el mismo t\u00edtulo, durante una gira de dos a\u00f1os por EE.UU. con motivo de la Convenci\u00f3n de la Secci\u00f3n Americana de la Sociedad Teos\u00f3fica de Chicago. 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