{"id":1134,"date":"2006-11-17T05:58:56","date_gmt":"2006-11-17T05:58:56","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=1134"},"modified":"2006-11-17T05:58:56","modified_gmt":"2006-11-17T05:58:56","slug":"juan-salvador-gaviota","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=1134","title":{"rendered":"Juan Salvador Gaviota"},"content":{"rendered":"<p>PRIMERA PARTE<br \/>\nI<\/p>\n<p>Amanec\u00eda, y el nuevo sol pintaba de oro las ondas de un mar tranquilo.<br \/>\nChapoteaba un pesquero a un kil\u00f3metro de la costa cuando, de pronto, rasg\u00f3 el aire la voz llamando a la Bandada de la Comida y una multitud de mil gaviotas se aglomer\u00f3 para regatear y luchar por cada pizca de pitanza. Comenzaba otro d\u00eda de ajetreos.<br \/>\nPero alejado y solitario, m\u00e1s all\u00e1 de barcas y playas, estaba practicando Juan Salvador Gaviota. A treinta metros de altura, baj\u00f3 sus pies palmeados, alz\u00f3 su pico, y se esforz\u00f3 por mantener en sus alas esa dolorosa y dif\u00edcil torsi\u00f3n requerida para lograr un vuelo pausado. Aminor\u00f3 su velocidad hasta que el viento no fue m\u00e1s que un susurro en su cara, hasta que el oc\u00e9ano pareci\u00f3 de-tenerse all\u00e1 abajo. Entorn\u00f3 los ojos en feroz concentraci\u00f3n, contuvo el aliento, forz\u00f3 aquella torsi\u00f3n un&#8230; solo&#8230; cent\u00edmetro&#8230; mas&#8230; Encresp\u00e1ronse sus plumas, se atasc\u00f3 y cay\u00f3.<br \/>\nLas gaviotas, como es bien sabido, nunca se atascan, nunca se detienen. Detenerse en medio del vuelo es para ellas verg\u00fcenza, y es deshonor.<br \/>\nPero Juan Salvador Gaviota, sin avergonzarse, y al extender otra vez sus alas en aquella temblorosa y ardua torsi\u00f3n -parando, parando, y atasc\u00e1ndose de nuevo-, no era un p\u00e1jaro cualquiera.<br \/>\nLa mayor\u00eda de las gaviotas no se molestan en aprender sino las normas de vuelo m\u00e1s elementales: c\u00f3mo ir y volver entre playa y comida. Para la mayor\u00eda de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer. Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar. M\u00e1s que nada en el mundo, Juan Salvador Gaviota amaba volar.<br \/>\nEste modo de pensar, descubri\u00f3, no es la manera con que uno se hace popular entre los dem\u00e1s p\u00e1jaros. Hasta sus padres se desilusionaron al ver a Juan pasarse d\u00edas enteros, solo, haciendo cientos de planeos a baja altura, experimentando<br \/>\nNo comprend\u00eda por qu\u00e9, por ejemplo, cuando volaba sobre el agua a alturas inferiores a la mitad de la envergadura de sus alas, pod\u00eda quedarse en el aire m\u00e1s tiempo, con menos esfuerzos; y sus planeos no terminaban con el normal chapuz\u00f3n al tocar sus patas en el mar, sino que dejaba tras s\u00ed una estela plana y larga al rozar la superficie con sus patas plegadas en aerodin\u00e1mico gesto contra su cuerpo. Pero fue al empezar sus aterrizajes de patas recogidas -que luego revisaba paso a paso sobre la playa- que sus padres se desanimaron a\u00fan m\u00e1s. .<br \/>\n-\u00bfPor qu\u00e9, Juan, por qu\u00e9? -preguntaba su madre-. \u00bfPor qu\u00e9 te resulta tan dif\u00edcil ser como el resto de la Bandada, Juan? \u00bfPor qu\u00e9 no dejas los vuelos rasantes a los pel\u00edcanos y a los albatros? \u00bfPor qu\u00e9 no comes? \u00a1 Hijo, ya no eres m\u00e1s que hueso y plumas!<br \/>\n-No me importa ser s\u00f3lo hueso y plumas, mam\u00e1. S\u00f3lo pretendo saber qu\u00e9 puedo hacer en el aire y qu\u00e9 no. Nada m\u00e1s. S\u00f3lo deseo saberlo.<br \/>\n-Mira, Juan -dijo su padre, con cierta ternura-. El invierno est\u00e1 cerca. Habr\u00e1 pocos barcos, y los peces de superficie se habr\u00e1n ido a las profundidades. Si quieres estudiar, estudia sobre la comida y c\u00f3mo conseguirla. Esto de volar es muy bonito, pero no puedes comerte un. planeo, \u00bfsabes? No olvides que la raz\u00f3n de volar es comer.<br \/>\nJuan asinti\u00f3 obedientemente. Durante los dias sucesivos, intent\u00f3 comportarse como las dem\u00e1s gaviotas; lo intent\u00f3 de verdad, trinando y bati\u00e9ndose con la Bandada cerca del muelle y los pesqueros, lanz\u00e1ndose sobre un pedazo de pan y alg\u00fan pez. Pero no le dio resultado.<br \/>\nEs todo tan in\u00fatil, pens\u00f3, y deliberadamente dej\u00f3 caer una anchoa duramente disputada a una vieja y hambrienta gaviota que le persegu\u00eda. Podr\u00eda estar empleando todo este tiempo en aprender a volar. \u00a1Hay tanto que aprender!<br \/>\nNo pas\u00f3 mucho tiempo sin que Juan Gaviota saliera solo de nuevo hacia alta mar, hambriento, feliz, aprendiendo.<br \/>\nEl tema fue la velocidad, y en una semana de pr\u00e1cticas hab\u00eda aprendido m\u00e1s acerca de la velocidad que la m\u00e1s veloz de las gaviotas.<br \/>\nA una altura de trescientos metros, aleteando con todas sus fuerzas, se meti\u00f3 en un abrupto y flameante picado hacia las olas, y aprendi\u00f3 por qu\u00e9 las gaviotas no hacen abruptos y flameantes picados. En s\u00f3lo seis segundos vol\u00f3 a cien kil\u00f3metros por hora, velocidad a la cual el ala levantada empieza a ceder.<br \/>\nUna vez. tras otra le sucedi\u00f3 lo mismo. A pesar de todo su cuidado, trabajando al m\u00e1ximo de su habilidad, perd\u00eda el control a alta velocidad.<br \/>\nSub\u00eda a trescientos metros. Primero con todas sus fuerzas hacia arriba, luego inclin\u00e1ndose hasta lograr un picado vertical. Entonces, cada vez que trataba de mantener alzada su ala izquierda, giraba violentamente hacia ese lado, y al tratar de levantar su derecha para equilibrarse, entraba, como un rayo, en una descontrolada barrena.<br \/>\nTen\u00eda que ser mucho m\u00e1s cuidadoso al levantar esa ala. Diez veces lo intent\u00f3, y las diez veces, al pasar a m\u00e1s de cien kil\u00f3metros por hora, termin\u00f3 en un mont\u00f3n de plumas descontroladas, estrell\u00e1ndose contra el agua.<br \/>\nEmpapado, pens\u00f3 al fin que la clave deb\u00eda ser mantener las alas quietas a alta velocidad; aletear, se dijo, hasta setenta por hora, y entonces dejar las alas quietas.<br \/>\nLo intent\u00f3 otra vez a setecientos metros de altura, descendiendo en vertical, el pico hacia abajo y las alas completamente extendidas y estables desde el momento en que pas\u00f3 los setenta kil\u00f3metros por hora. Necesit\u00f3 un esfuerzo tremendo, pero lo consigui\u00f3. En diez segundos, volaba como una centella sobrepasando los ciento treinta kil\u00f3metros por hora. \u00a1Juan hab\u00eda conseguido una marca mundial de velocidad para gaviotas!<br \/>\nPero el triunfo dur\u00f3 poco. En el instante en que empez\u00f3 a salir del picado, en el instante en que cambi\u00f3 el \u00e1ngulo de sus alas, se precipit\u00f3 en el mismo terrible e incontrolado desastre de antes y, a ciento treinta kil\u00f3metros por hora, el desenlace fue como un dinamitazo. Juan Gaviota se desintegr\u00f3 y fue a estrellarse contra un mar duro como un ladrillo.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Cuando recobr\u00f3 el sentido, era ya pasado el anochecer, y se hall\u00f3 a la luz de la Luna y flotando en el oc\u00e9ano. Sus alas desgre\u00f1adas parec\u00edan lingotes de plomo, pero el fracaso le pesaba a\u00fan m\u00e1s sobre su espalda. D\u00e9bilmente dese\u00f3 que el peso fuera suficiente para arrastrarle al fondo, y as\u00ed terminar con todo.<br \/>\nA medida que se hund\u00eda, una voz hueca y extra\u00f1a reson\u00f3 en su interior. No hay forma de evitarlo. Soy gaviota. Soy limitado por naturaleza. Si estuviese destinado a aprender tanto sobre volar tendr\u00eda por cerebro cartas de navegaci\u00f3n. Si estuviese destinado a volar a alta velocidad, tendr\u00eda las alas cortas de un halc\u00f3n, y comer\u00eda ratones en lugar de peces. Mi padre ten\u00eda raz\u00f3n. Tengo que olvidar estas tonter\u00edas. Tengo que volar a casa, a la Bandada, y estar contento de ser como soy: una pobre y limitada gaviota.<br \/>\nLa voz se fue desvaneciendo y Juan se someti\u00f3. Durante toda la noche, el lugar para una gaviota es la playa y, desde ese momento, se prometi\u00f3 ser una gaviota normal. As\u00ed todo el mundo se sentir\u00eda m\u00e1s feliz.<br \/>\nCansado se elev\u00f3 de las oscuras aguas y vol\u00f3 hacia tierra, agradecido de lo que hab\u00eda aprendido sobre c\u00f3mo volar a baja altura con el menor esfuerzo.<br \/>\n-Pero no -pens\u00f3-. Ya he terminado con esta manera de ser, he terminado con todo lo que he aprendido. Soy una gaviota como cualquier otra gaviota, y volar\u00e9 como tal.<br \/>\nAs\u00ed es que ascendi\u00f3 dolorosamente a treinta metros y alete\u00f3 con m\u00e1s fuerza luchando por llegar a la orilla.<br \/>\nSe encontr\u00f3 mejor por su decisi\u00f3n de ser como otro cualquiera de la Bandada. Ahora no habr\u00eda nada que le atara a la fuerza que le impulsaba a aprender, no habr\u00eda m\u00e1s desaf\u00edos ni m\u00e1s fracasos. Y le result\u00f3 grato dejar ya de pensar, y volar, en la oscuridad, hacia las luces de la playa.<br \/>\n\u00a1La oscuridad!, exclam\u00f3, alarmada, la hueca voz. \u00a1Las gaviotas nunca vuelan en la oscuridad!<br \/>\nJuan no estaba alerta para escuchar. Es grato, pens\u00f3. La Luna y las luces centelleando en el agua, trazando luminosos senderos en la oscuridad, y todo tan pac\u00edfico y sereno&#8230;<br \/>\n\u00a1Desciende! \u00a1Las gaviotas nunca vuelan en la oscuridad! \u00a1Si hubieras nacido para volar en la oscuridad, tendr\u00edas los ojos del b\u00faho! \u00a1Tendr\u00edas por cerebro cartas de navegaci\u00f3n! \u00a1Tendr\u00edas las alas cortas de un halc\u00f3n!<br \/>\nAll\u00ed, en la noche, a treinta metros altura, Juan Salvador Gaviota parpade\u00f3. Sus dolores, sus resoluciones, se esfumaron.<br \/>\n\u00a1Alas cortas! \u00a1Las alas cortas de halc\u00f3n!<br \/>\n\u00a1Esta es la soluci\u00f3n! \u00a1Qu\u00e9 necio he sido! \u00a1No necesito m\u00e1s que un ala muy peque\u00f1ita, no necesito m\u00e1s que doblar la parte mayor de mis alas y volar con los extremos! \u00a1Alas cortas!<br \/>\nSubi\u00f3 a setecientos metros sobre el negro mar, y sin pensar por un momento en el fracaso o en la muerte, peg\u00f3 fuertemente las antealas a su cuerpo, dej\u00f3 solamente los afilados extremos asomados como dagas al viento, y cay\u00f3 en picado vertical.<br \/>\nEl viento le azot\u00f3 la cabeza con un bramido monstruoso. Cien kil\u00f3metros por hora, ciento treinta, ciento ochenta y a\u00fan m\u00e1s r\u00e1pido. La tensi\u00f3n de las alas a doscientos kil\u00f3metros por hora no era ahora tan grande como antes a cien, y con un m\u00ednimo movimiento de los extremos de las alas afloj\u00f3 gradualmente el picado y sali\u00f3 disparado sobre las olas, como una gris bala de ca\u00f1\u00f3n bajo la Luna.<br \/>\nEntorn\u00f3 sus ojos contra el viento hasta transformarlos en dos peque\u00f1as rayas, y se regocij\u00f3. \u00a1 A doscientos kil\u00f3metros por hora! \u00a1Y bajo control! \u00a1Si pico desde mil metros en lugar de quinientos, \u00bfa cu\u00e1nto llegar\u00e9&#8230;?<br \/>\nOlvid\u00f3 sus resoluciones de hace un momento, arrebatadas por ese gran viento. Sin embargo, no se sent\u00eda culpable al romper las promesas que hab\u00eda hecho consigo mismo. Tales promesas existen solamente para las gaviotas que aceptan lo corriente. Uno que ha palpado la perfecci\u00f3n en su aprendizaje no necesita esa clase de promesas.<br \/>\nAl amanecer, Juan Gaviota estaba practicando de nuevo. Desde dos mil metros los pesqueros eran puntos sobre el agua plana y azul, la Bandada de la Comida una d\u00e9bil nube de insignificantes motitas en circulaci\u00f3n.<br \/>\nEstaba vivo, y temblaba ligeramente de gozo, orgulloso de que su miedo estuviera bajo control. Entonces, sin ceremonias, encogi\u00f3 sus antealas, extendi\u00f3 los cortos y angulosos extremos, y se precipit\u00f3 directamente hacia el mar. Al pasar los dos mil metros, logr\u00f3 la velocidad m\u00e1xima, el viento era una s\u00f3lida y palpitante pared sonora contra la cual no pod\u00eda avanzar con m\u00e1s rapidez. Ahora volaba recto hacia abajo a trescientos veinte kil\u00f3metros por hora. Trag\u00f3 saliva, comprendiendo que se har\u00eda trizas si sus alas llegaban a desdoblarse a esa velocidad, y se despedazar\u00eda en un mill\u00f3n de part\u00edculas de gaviota. Pero la velocidad era poder, y la velocidad era gozo, y la velocidad era pura belleza.<br \/>\nEmpez\u00f3 su salida del picado a trescientos metros, los extremos de las alas batidos y borrosos en ese gigantesco viento, y justamente en su camino, el barco y la multitud de gaviotas se desenfocaban y crec\u00edan con la rapidez de una cometa.<br \/>\nNo pudo parar ; no sab\u00eda a\u00fan ni c\u00f3mo girar a esa velocidad.<br \/>\nUna colisi\u00f3n ser\u00eda la muerte instant\u00e1nea.<br \/>\nAs\u00ed es que cerr\u00f3 los ojos.<br \/>\nSucedi\u00f3 entonces que esa ma\u00f1ana. justo despu\u00e9s del amanecer, Juan Salvador Gaviota se dispar\u00f3 directamente en medio de la Bandada de la Comida marcando trescientos dieciocho kil\u00f3metros por hora, los ojos cerrados y en medio de un rugido de viento y plumas. La Gaviota de la Providencia le sonri\u00f3 por esta vez, y nadie result\u00f3 muerto<br \/>\nCuando al fin apunt\u00f3 su pico hacia el cielo, a\u00fan zumbaba a doscientos cuarenta kil\u00f3metros por hora. Al reducir a treinta y extender sus alas otra vez, el pesquero era una miga en el mar, mil metros m\u00e1s abajo.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>S\u00f3lo pens\u00f3 en el triunfo. \u00a1 La velocidad m\u00e1xima! \u00a1Una gaviota a trescientos veinte kil\u00f3metros por hora! Era un descubrimiento, el momento m\u00e1s grande y singular en la historia de la Bandada, y en ese momento una nueva \u00e9poca se abri\u00f3 para Juan Gaviota. Vol\u00f3 hasta su solitaria \u00e1rea de pr\u00e1cticas, y doblando sus alas para un picado desde tres mil metros, se puso a trabajar se en seguida para descubrir la forma de girar.<br \/>\nSe dio cuenta de que al mover una sola pluma del extremo de su ala una fracci\u00f3n de cent\u00edmetro, causaba una curva suave y extensa a tremenda velocidad. Antes de haberlo aprendido, sin embargo, vio que cuando mov\u00eda m\u00e1s de una pluma a esa velocidad, giraba como una bala de rifle&#8230; y as\u00ed fue Juan la primera gaviota de este mundo en realizar acrobacias a\u00e9reas.<br \/>\nNo perdi\u00f3 tiempo ese dia en charlar con las otras gaviotas, sino que sigui\u00f3 volando hasta despu\u00e9s de la puesta del Sol. Descubri\u00f3 el rizo, el balance lento, el balance en punta, la barrena invertida, el medio rizo invertido.<br \/>\nCuando Juan Gaviota volvi\u00f3 a la Bandada ya en la playa, era totalmente de noche. Estaba mareado y rendido. No obstante, y no sin satisfacci\u00f3n, hizo un rizo para aterrizar y un tonel r\u00e1pido justo antes de tocar tierra. Cuando sepan, pens\u00f3, lo del Descubrimiento, se pondr\u00e1n locos de alegr\u00eda. \u00a1Cu\u00e1nto mayor sentido tiene ahora la vida! En lugar de nuestro lento y pesado ir y venir a los pesqueros, \u00a1hay una raz\u00f3n para vivir! Podremos alzarnos sobre nuestra ignorancia, podremos descubrirnos como criauras de perfecci\u00f3n, inteligencia y habilidad. \u00a1 Podremos ser libres!<br \/>\n\u00a1Podremos aprender a volar!<br \/>\nLos a\u00f1os venideros susurraban y resplandec\u00edan de promesas.<br \/>\nLas gaviotas se hallaban reunidas en Sesi\u00f3n de Consejo cuando Juan tom\u00f3 tierra, y parec\u00eda que hab\u00edan estado as\u00ed reunidas durante alg\u00fan tiempo. Estaban, efectivamente, esperando.<br \/>\n\u00a1Juan Salvador Gaviota! \u00a1Ponte al Centro! -Las palabras de la Gaviota Mayor sonaron con la voz solemne propia de las altas ceremonias. Ponerse en el Centro s\u00f3lo significaba gran verg\u00fcenza o gran honor. Situarse en el Centro por Honor, era la forma en que se se\u00f1alaba a los jefes m\u00e1s destacados entre las gaviotas. Por supuesto, pens\u00f3, \u00a1 la Bandada de la Comida&#8230; esta ma\u00f1ana: vieron el Descubrimiento! Pero yo no quiero honores. No tengo ning\u00fan deseo de ser l\u00edder. S\u00f3lo quiero compartir lo que he encontrado, y mostrar esos nuevos horizontes que nos est\u00e1n esperando. Y dio un paso al frente.<br \/>\n-Juan Salvador Gaviota -dijo el Mayor-. \u00a1Ponte al Centro para tu Verg\u00fcenza ante la mirada de tus semejantes!<br \/>\nSinti\u00f3 como si le hubieran golpeado con un madero. Sus rodillas empezaron a temblar, sus plumas se combaron, y le zumbaban los o\u00eddos. \u00bfAl Centro para deshonrarme? \u00a1 Imposible! \u00a1 El Descubrimiento! \u00a1No entienden! \u00a1 Est\u00e1n equivocados! \u00a1 Est\u00e1 equivocados!<br \/>\n-&#8230; por su irresponsabilidad temeraria -enton\u00f3 la voz solemne-, al violar la dignidad y la tradici\u00f3n de la Familia de las Gaviotas&#8230;<br \/>\nSer centrado por deshonor significaba que le expulsar\u00edan de la sociedad de las gaviotas, desterrado a una vida solit\u00e1ria all\u00e1 en los Lejanos Acantilados.<br \/>\n-&#8230; alg\u00fan d\u00eda, Juan Salvador Gaviota, aprender\u00e1s que la irresponsabilidad se paga. La vida es lo desconocido y lo irreconocible, salvo que hemos nacido para comer y vivir el mayor tiempo posible.<br \/>\nUna gaviota nunca replica al Consejo de la Bandada, pero la voz de Juan se hizo o\u00edr:<br \/>\n-\u00bfIrresponsabilidad? \u00a1Hermanos m\u00edos! -grit\u00f3-. \u00bfQui\u00e9n es m\u00e1s responsable que una gaviota que encuentra y persigue un significado, un fin m\u00e1s alto para la vida? Durante mil a\u00f1os hemos luchado por las cabezas de los peces, pero ahora tenemos una raz\u00f3n para vivir; para aprender; para descubrir; \u00a1para ser libres! Dadme una oportunidad, dejadme que os muestre lo que he encontrado&#8230;<br \/>\nLa Bandada parec\u00eda de piedra.<br \/>\n-Se ha roto la Hermandad -entonaron juntas las gaviotas, y todas de acuerdo cerraron solemnemente sus o\u00eddos y le dieron la espalda<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>Juan Gaviota pas\u00f3 el resto de sus d\u00edas solo, pero vol\u00f3 mucho m\u00e1s all\u00e1 de los Lejanos Acantilados. Su \u00fanico pesar no era su soledad, sino que las otras gaviotas se negasen, a creer en la gloria que les esperaba al volar; que se negasen a abrir sus ojos y a ver.<br \/>\nAprend\u00eda m\u00e1s cada d\u00eda. Aprendi\u00f3 que un picado aerodin\u00e1mico a alta velocidad pod\u00eda ayudarle a encontrar aquel pez raro y sabroso que habitaba a tres metros bajo la superficie del oc\u00e9ano: ya no le hicieron falta pesqueros ni pan duro para sobrevivir. Aprendi\u00f3 a dormir en el aire fijando una ruta durante la noche a trav\u00e9s del viento de la costa, atravesando ciento cincuenta kil\u00f3metros de sol a sol. Con el mismo control interior, vol\u00f3 a trav\u00e9s de espesas nieblas marinas y subi\u00f3 sobre ellas hasta cielos claros y deslumbradores&#8230; mientras las otras gaviotas yac\u00edan en tierra, sin ver m\u00e1s que niebla y lluvia. Aprendi\u00f3 a cabalgar los altos vientos tierra adentro, para regalarse all\u00ed con los m\u00e1s sabrosos insectos.<\/p>\n<p>Lo que antes hab\u00eda esperado conseguir para toda la Bandada, lo obtuvo ahora para s\u00ed mismo; aprendi\u00f3 a volar y no se arrepinti\u00f3 del precio que hab\u00eda pagado. Juan Gaviota descubri\u00f3 que el aburrimiento y el miedo y la ira, son las razones por las que la vida de una gaviota es tan corta, y al desaparecer aqu\u00e9llas de su pensamiento, tuvo por cierto una vida larga y buena.<br \/>\nVinieron entonces al anochecer, y encontraron a Juan planeando; pac\u00edfico y solitario, en su querido cielo. Las dos gaviotas que aparecieron junto a sus alas eran puras como luz de estrellas, y su resplandor era suave y amistoso en el alto cielo nocturno. Pero lo m\u00e1s hermoso de todo era la habilidad con la que volaban; los extremos de sus alas avanzando a un preciso y constante cent\u00edmetro de las suyas.<br \/>\nSin decir palabra, Juan les puso a prueba, prueba que ninguna gaviota hab\u00eda superado jam\u00e1s. Torci\u00f3 sus alas, y redujo su velocidad a un solo kil\u00f3metro por hora, casi par\u00e1ndose. Aquellas dos radiantes aves redujeron tambi\u00e9n la suya, en formaci\u00f3n cerrada. Sab\u00edan lo que era volar lento.<br \/>\nDobl\u00f3 sus alas, gir\u00f3 y cay\u00f3 en picado a doscientos kil\u00f3metros por hora. Se dejaron caer con \u00e9l, precipit\u00e1ndose hacia abajo en formaci\u00f3n impecable.<br \/>\nPor fin, Juan vol\u00f3 con igual velocidad hacia arriba en un giro lento y vertical. Giraron con \u00e9l, sonriendo.<br \/>\nRecuper\u00f3 el vuelo horizontal y se qued\u00f3 callado un tiempo antes de decir:<br \/>\n-Muy bien. \u00bfQui\u00e9nes sois?<br \/>\n-Somos de tu Bandada, Juan. Somos tus hermanos. -Las palabras fueron firmes y serenas-. Hemos venido a llevarte m\u00e1s arriba, a llevarte a casa.<br \/>\n-\u00a1Casa no tengo! Bandada tampoco tengo. Soy un Exilado. Y ahora volamos a la vanguardia del Viento de la Gran Monta\u00f1a. Unos cientos de metros m\u00e1s, y no podr\u00e9 levantar m\u00e1s este viejo cuerpo.<br \/>\n-S\u00ed que puedes, Juan. Porque has aprendido. Una etapa ha terminado, y ha llegado la hora de que empiece otra.<br \/>\nTal como le hab\u00eda iluminado toda su vida, tambi\u00e9n ahora el entendimiento ilumin\u00f3 ese instante de la existencia de Juan Gaviota. Ten\u00edan raz\u00f3n. El era capaz de volar m\u00e1s alto, y ya era hora de irse a casa.<br \/>\nEch\u00f3 una larga y \u00faltima mirada al cielo, a esa magn\u00edfica tierra de plata donde tanto hab\u00eda aprendido.<br \/>\n-Estoy listo -dijo al fin.<br \/>\nY Juan Salvador Gaviota se elev\u00f3 con las dos radiantes gaviotas para desaparecer en un perfecto y oscuro cielo.<\/p>\n<p>Segunda Parte<br \/>\nV<\/p>\n<p>De modo que esto es el cielo, pens\u00f3, y tuvo que sonre\u00edrse. No era muy respetuoso analizar el cielo justo en el momento en que uno est\u00e1 a punto de entrar en \u00e9l.<br \/>\nAl venir de la Tierra por encima de las nubes y en formaci\u00f3n cerrada con las dos resplandecientes gaviotas, vio que su propio cuerpo se hac\u00eda tan resplandeciente como el de ellas.<br \/>\nEn verdad, all\u00ed estaba el mismo y joven Juan Gaviota, el que siempre hab\u00eda existido detr\u00e1s de sus ojos dorados, pero la forma exterior hab\u00eda cambiado.<br \/>\nSu cuerpo sent\u00eda c\u00f3mo gaviota, pero ya volaba mucho mejor que con el antiguo. \u00a1Vaya, pero si con la mitad del esfuerzo, pens\u00f3, obtengo el doble de velocidad, el doble de rendimiento que en mis mejores d\u00edas en la Tierra!<br \/>\nBrillaban sus plumas, ahora de un blanco resplandeciente, y sus alas eran lisas y perfectas como l\u00e1minas de plata pulida. Empez\u00f3, gozoso, a familiarizarse con ellas, a imprimir potencia en estas nuevas alas.<br \/>\nA trescientos cincuenta kil\u00f3metros por hora le pareci\u00f3 que estaba logrando su m\u00e1xima velocidad en vuelo horizontal. A cuatrocientos diez pens\u00f3 que estaba volando al tope de su capacidad, y se sinti\u00f3 ligeramente desilusionado. Hab\u00eda un l\u00edmite a lo que pod\u00eda hacer con su nuevo cuerpo, y aunque iba mucho m\u00e1s r\u00e1pido que en su antigua marca de vuelo horizontal, era sin embargo un l\u00edmite que le costar\u00eda mucho esfuerzo mejorar. En el cielo, pens\u00f3, no deber\u00eda haber limitaciones.<br \/>\nDe pronto se separaron las nubes y sus compa\u00f1eros gritaron:<br \/>\n-Feliz aterrizaje, Juan -y desaparecieron sin dejar rastro.<br \/>\nVolaba encima de un mar, hacia un mellado litoral. Una que otra gaviota se afanaba en los remolinos entre los acantilados. Lejos, hacia el Norte, en el horizonte mismo, volaban unas cuantas m\u00e1s. Nuevos horizontes, nuevos pensamientos, nuevas preguntas. \u00bfPor qu\u00e9 tan pocas gaviotas? \u00a1El para\u00edso deber\u00eda estar lleno de gaviotas! \u00bfY por qu\u00e9 estoy tan cansado de pronto? Era de suponer que las gaviotas en el cielo no deber\u00edan cansarse, ni dormir.<br \/>\n\u00bfD\u00f3nde hab\u00eda o\u00eddo eso? El recuerdo de su vida en la Tierra se le estaba haciendo borroso. La Tierra hab\u00eda sido un lugar donde hab\u00eda aprendido mucho, por supuesto, pero los detalles se le hac\u00edan ya nebulosos; recordaba algo de la lucha por la comida, y de haber sido un Exilado.<br \/>\nLa docena de gaviotas que estaba cerca de la playa vino a saludarle sin que ni una dijera una palabra. S\u00f3lo sinti\u00f3 que se le daba la bienvenida y que \u00e9sta era su casa. Habia sido un gran d\u00eda para \u00e9l, un d\u00eda cuyo amanecer ya no recordaba.<br \/>\nGir\u00f3 para aterrizar en la playa, batiendo sus alas hasta pararse un instante en el aire, y luego descendi\u00f3 ligeramente sobre la arena. Las otras gaviotas aterrizaron tambi\u00e9n, pero ninguna movi\u00f3 ni una pluma. Volaron contra el viento, extendidas sus brillantes ajas, y luego, sin que supiera \u00e9l c\u00f3mo, cambiaron la curvatura de sus plumas hasta detenerse en el mismo instante en que sus pies tocaron tierra. Hab\u00eda sido una hermosa muestra de control, pero Juan estaba ahora demasiado cansado para intentarlo. De pie, all\u00ed en la playa, sin que a\u00fan se hubiera pronunciado ni una sola palabra, se durmi\u00f3.<br \/>\nDurante los pr\u00f3ximos d\u00edas vio Juan que hab\u00eda aqu\u00ed tanto que aprender sobre el vuelo como en la vida que hab\u00eda dejado. Pero con una diferencia. Aqu\u00ed hab\u00eda gaviotas que pensaban como \u00e9l. Ya que para cada una de ellas lo m\u00e1s importante de sus vidas era alcanzar y palpar la perfecci\u00f3n de lo que m\u00e1s amaban hacer: volar. Eran p\u00e1jaros magn\u00edficos, todos ellos, y pasaban hora tras hora cada d\u00eda ejercit\u00e1ndose en volar, ensayando aeron\u00e1utica avanzada.<br \/>\nDurante largo tiempo Juan se olvid\u00f3 del mundo de donde hab\u00eda venido, ese lugar donde la Bandada viv\u00eda con los ojos bien cerrados al gozo de volar, empleando sus alas como medios para encontrar y luchar por la comida. Pero de cuando en cuando, s\u00f3lo por un momento, lo recordaba.<br \/>\nSe acord\u00f3 de ello una ma\u00f1ana cuando estaba con su instructor mientras descansaban en la playa despu\u00e9s de una sesi\u00f3n de toneles con ala plegada.<br \/>\n-\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n los dem\u00e1s, Rafael? -pregunt\u00f3 en silencio, ya bien acostumbrado a la c\u00f3moda telepat\u00eda que estas gaviotas empleaban en lugar de graznidos y trinos-. \u00bfPor qu\u00e9 no hay m\u00e1s de nosotros aqu\u00ed? De donde vengo hab\u00eda&#8230;<br \/>\n-&#8230;miles y miles de gaviotas. Lo s\u00e9. -Rafael movi\u00f3 su cabeza afirmativamente-. La \u00fanica respuesta que puedo dar, Juan, es que t\u00fa eres una gaviota en un mill\u00f3n. La mayor\u00eda de nosotros progresamos con mucha lentitud. Pasamos de un mundo a otro casi exactamente igual, olvidando en seguida de d\u00f3nde hab\u00edamos venido, sin preocuparnos hacia d\u00f3nde \u00edbamos, viviendo s\u00f3lo el momento presente. \u00bfTienes idea de cu\u00e1ntas vidas debimos cruzar antes de que logr\u00e1ramos la primera idea de que hay m\u00e1s en la vida que comer, luchar, o alcanzar poder en la Bandada? \u00a1Mil vidas, Juan, diez mil! Y luego cien vidas m\u00e1s hasta que empezamos a aprender que hay algo llamado perfecci\u00f3n, y otras cien para comprender que la meta de la vida es encontrar esa perfecci\u00f3n y reflejarla. La misma norma se aplica ahora a nosotros, por supuesto: elegimos nuestro mundo venidero mediante lo que hemos aprendido en \u00e9ste. No aprendas nada, y el pr\u00f3ximo mundo ser\u00e1 igual que \u00e9ste, con las mismas limitaciones y pesos de plomo que superar.<br \/>\nExtendi\u00f3 sus alas y volvi\u00f3 su cara al viento.<br \/>\n-Pero t\u00fa, Juan -dijo-, aprendiste tanto de una vez que no has tenido que pasar por mil vidas para llegar a \u00e9sta.<br \/>\nEn un momento estaban otra vez en el aire, practicando. Era dif\u00edcil mantener la formaci\u00f3n cuando giraban para volar en posici\u00f3n invertida, puesto que entonces Juan ten\u00eda que ordenar inversamente su pensamiento, cambiando la curvatura, y cambi\u00e1ndola en exacta armon\u00eda con la de su instructor.<br \/>\n-Intentemos de nuevo -dec\u00eda Rafael una y otra vez-: Intentemos de nuevo.<br \/>\n-Y por fin-: Bien. -Y entonces empezaron a practicar los rizos exteriores.<br \/>\nUna noche, las gaviotas que no estaban practicando vuelos nocturnos se quedaron en la arena, pensando. Juan ech\u00f3 mano de todo su coraje y se acerc\u00f3 a la Gaviota Mayor, de quien se dec\u00eda iba pronto a trasladarse m\u00e1s all\u00e1 de este mundo.<br \/>\n-Chiang&#8230; -dijo, un poco nervioso.<br \/>\nLa vieja gaviota le mir\u00f3 tiernamente.<br \/>\n-\u00bfS\u00ed, hijo m\u00edo?<br \/>\nEn lugar de perder fuerza con la edad, el Mayor la hab\u00eda aumentado; pod\u00eda volar m\u00e1s y mejor que cualquiera gaviota de la Bandada, y hab\u00eda aprendido habilidades que las otras s\u00f3lo empezaban a conocer.<br \/>\n-Chiang, este mundo no es el verdadero cielo, \u00bfverdad?<br \/>\nEl Mayor sonri\u00f3 a la luz de la Luna.<br \/>\n-Veo que sigues aprendiendo, Juan.<br \/>\n-Bueno, \u00bfqu\u00e9 pasar\u00e1 ahora? \u00bfA d\u00f3nde iremos? \u00bfEs que no hay un lugar que sea como el cielo?<br \/>\n-No, Juan, no hay tal lugar. El cielo no es un lugar, ni un tiempo. El cielo consiste en ser perfecto. -Se qued\u00f3 calIado un momento-. Eres muy r\u00e1pido para volar, \u00bfverdad?<br \/>\n-Me&#8230; me encanta la velocidad -dijo Juan, sorprendido, pero orgulloso de que el Mayor se hubiese dado cuenta.<br \/>\n-Empezar\u00e1s a palpar el cielo, Juan, en el momento en que palpes la perfecta velocidad. Y esto no es volar a mil kil\u00f3metros por hora, ni a un mill\u00f3n, ni a la velocidad de la luz. Porque cualquier n\u00famero es ya un l\u00edmite, y la perfecci\u00f3n no tiene l\u00edmites; La perfecta velocidad, hijo m\u00edo, es estar all\u00ed.<br \/>\nSin aviso, y en un abrir y cerrar de ojos, Chiang desapareci\u00f3 y apareci\u00f3 al borde del agua, veinte metros m\u00e1s all\u00e1. Entonces desapareci\u00f3 de nuevo y volvi\u00f3 en una mil\u00e9sima de segundo, junto al hombro de Juan.<br \/>\n-Es bastante divertido -dijo.<\/p>\n<p>VI<\/p>\n<p>Juan estaba maravillado. Se olvid\u00f3 de preguntar por el cielo.<br \/>\n-\u00bfC\u00f3mo lo haces? \u00bfQu\u00e9 se siente al hacerlo? \u00bfA qu\u00e9 distancia puedes llegar?<br \/>\n-Puedes ir al lugar y al tiempo que desees -dijo el Mayor-. Yo he ido donde y cu\u00e1ndo he querido. -Mir\u00f3 hacia, el mar-. Es extra\u00f1o. Las gaviotas que desprecian la perfecci\u00f3n por el gusto de viajar, no llegan a ninguna parte, y lo hacen lentamente. Las que se olvidan de viajar por alcanzar la perfecci\u00f3n, llegan a todas partes, y al instante. Recuerda, Juan, el cielo no es un lugar ni un tiempo, porque el lugar y el tiempo poco significan. El cielo es&#8230;<br \/>\n-\u00bfMe puedes ense\u00f1ar a volar as\u00ed?<br \/>\n-Juan Gaviota temblaba ante la conquista de otro desaf\u00edo.<br \/>\n-Por supuesto, si es que quieres aprender.<br \/>\n-Quiero. \u00bfCu\u00e1ndo podemos empezar?<br \/>\n-Podr\u00edamos empezar ahora, si lo deseas.<br \/>\n-Quiero aprender a volar de esa manera -dijo Juan, y una luz extra\u00f1a brill\u00f3 en sus ojos-. Dime qu\u00e9 hay que hacer.<br \/>\nChiang habl\u00f3 con lentitud, observando a la joven gaviota muy cuidadosamente.<br \/>\n-Para volar tan r\u00e1pido como el pensamiento y a cualquier sitio que exista -dijo-, debes empezar por saber que ya has llegado&#8230;<br \/>\nEl secreto, seg\u00fan Chiang, consist\u00eda en que Juan dejase de verse a s\u00ed mismo como prisionero de un cuerpo limitado, con una envergadura de ciento cuatro cent\u00edmetros y un rendimiento susceptible de programaci\u00f3n. El secreto era saber que su verdadera naturaleza viv\u00eda, con la perfecci\u00f3n de un n\u00famero no escrito, simult\u00e1neamente en cualquier lugar del espacio y del tiempo.<br \/>\nJuan se dedic\u00f3 a ello con ferocidad, d\u00eda tras d\u00eda, desde el amanecer hasta despu\u00e9s de la medianoche. Y a pesar de todo su esfuerzo no logr\u00f3 moverse ni un rnil\u00edmetro del sitio donde se encontraba.<br \/>\n-\u00a1Olv\u00eddate de la fe! -le dec\u00eda Chiang una y otra vez-. T\u00fa no necesitaste fe para volar, lo que necesitaste fue comprender lo que era el vuelo. Esto es lo mismo. Ahora int\u00e9ntalo otra vez&#8230;<br \/>\nAs\u00ed un d\u00eda, Juan, de pie en la playa, cerrados los ojos, concentrado, como un rel\u00e1mpago comprendi\u00f3 de pronto lo que Chiang hab\u00edale estado diciendo.<br \/>\n-\u00a1Pero si es verdad! \u00a1Soy una gaviota perfecta y sin limitaciones! -Y se estremeci\u00f3 de alegr\u00eda.<br \/>\n-\u00a1Bien! -dijo Chiang, y hubo un tono de triunfo en su voz.<br \/>\nJuan abri\u00f3 sus ojos. Qued\u00f3 solo con el Mayor en una playa completamente distinta; los \u00e1rboles llegaban hasta el borde mismo del agua, dos soles gemelos y amarillos giraban en lo alto.<br \/>\n-Por fin has captado la idea -dijo Chiang-, pero tu control necesita algo m\u00e1s de trabajo&#8230;<br \/>\nJuan se qued\u00f3 pasmado.<br \/>\n-\u00bfD\u00f3nde estamos?<br \/>\nEn absoluto impresionado por el extra\u00f1o paraje, el Mayor ignor\u00f3 la pregunta.<br \/>\n-Es obvio que estamos en un planeta que tiene un cielo verde y una estrella doble por sol.<br \/>\nJuan lanz\u00f3 un grito de alegr\u00eda, el primer sonido que hab\u00eda pronunciado desde que dejara la Tierra:<br \/>\n-\u00a1RESULT\u00d3!<br \/>\n-Bueno, claro que result\u00f3, Juan. Siempre resulta cuando se sabe lo que se hace. Y ahora, volviendo al tema de tu control&#8230;<br \/>\nCuando volvieron, hab\u00eda anochecido. Las otras gaviotas, miraron a Juan con reverencia en sus ojos dorados, porque le hab\u00edan visto desaparecer de donde hab\u00eda estado plantado por tanto tiempo.<br \/>\nAguant\u00f3 sus felicitaciones durante menos de un minuto.<br \/>\n-Soy nuevo aqu\u00ed. Acabo de empezar. Soy yo quien debe aprender de vosotros.<br \/>\n-Me pregunto si eso es cierto, Juan -dijo Rafael, de pie cerca de \u00e9l-. En diez mil a\u00f1os no he visto una gaviota con menos miedo de aprender que t\u00fa.<br \/>\n-La Bandada se qued\u00f3 en silencio, y Juan hizo un gesto de turbaci\u00f3n.<br \/>\n-Si quieres, podemos empezar a trabajar con el tiempo -dijo Chiang-, hasta que logres volar por el pasado y el futuro. Y entonces, estar\u00e1s preparado para empezar lo m\u00e1s dificil, lo m\u00e1s colosal, lo m\u00e1s divertido de todo. Estar\u00e1s preparado para subir y comprender el significado de la bondad y el amor.<br \/>\nPas\u00f3 un mes, o algo que pareci\u00f3 un mes, y Juan aprend\u00eda con tremenda rapidez. Siempre hab\u00eda sido veloz para aprender lo que la experiencia normal ten\u00eda para ense\u00f1arle, y ahora, como alumno especial del Mayor en Persona, asimil\u00f3 las nuevas ideas como si hubiera sido una supercomputadora de plumas.<br \/>\nPero al fin lleg\u00f3 el d\u00eda en que Chiang desapareci\u00f3. Hab\u00eda estado hablando calladamente con todos ellos, exhort\u00e1ndoles a que nunca dejaran de aprender y de practicar y de esforzarse por comprender m\u00e1s acerca del perfecto e invisible principio de toda vida. Entonces, mientras hablaba, sus plumas se hicieron m\u00e1s y m\u00e1s resplandeciente hasta que al fin brillaron de tal manera que ninguna gaviota pudo mirarle.<br \/>\n-Juan -dijo, y \u00e9stas fueron las \u00faltimas palabras que pronunci\u00f3-, sigue trabajando en el amor.<br \/>\nCuando pudieron ver otra vez, Chiang hab\u00eda desaparecido.<\/p>\n<p>VII<\/p>\n<p>Con el pasar de los d\u00edas, Juan se sorprendi\u00f3 pensando una y otra vez en la Tierra de la que hab\u00eda venido.<br \/>\nSi hubiese sabido all\u00ed una d\u00e9cima, una cent\u00e9sima parte de lo que ahora sab\u00eda, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s significado habr\u00eda tenido entonces la vida! Qued\u00f3se all\u00ed en la arena y empez\u00f3 a preguntarse si habr\u00eda una gaviota all\u00e1 abajo que estuviese esforz\u00e1ndose por romper sus limitaciones, por entender el significado del vuelo m\u00e1s all\u00e1 de una manera de trasladarse para conseguir algunas migajas ca\u00eddas de un bote. Quiz\u00e1s hasta hubiera un exilado por haber dicho la verdad ante la Bandada. Y mientras m\u00e1s practicaba Juan sus lecciones de bondad, y mientras m\u00e1s trabajaba para conocer la naturaleza del amor, m\u00e1s deseaba volver a la Tierra. Porque, a pesar de su pasado solitario, Juan Gaviota hab\u00eda nacido para ser instructor, y su manera de demostrar el amor era compartir algo de la verdad que hab\u00eda visto, con alguna gaviota que estuviese pidiendo s\u00f3lo una oportunidad de ver la verdad por s\u00ed misma.<br \/>\nRafael, adepto ahora a los vuelos a la velocidad del pensamiento y a ayudar a que los otros aprendieran, dudaba.<br \/>\n-Juan, fuiste exilado una vez. \u00bfPor qu\u00e9 piensas que alguna gaviota de tu pasado va a escucharte ahora? Ya sabes el refr\u00e1n, y es verdad: Gaviota que ve lejos, vuela alto. Esas gaviotas de donde has venido se lo pasan en tierra, graznando y luchando entre ellas. Est\u00e1n a mil kil\u00f3metros del cielo. \u00a1Y t\u00fa dices que quieres mostrarles el cielo desde donde est\u00e1n paradas! \u00a1Juan, ni siquiera pueden verlos extremos de sus propias alas! Qu\u00e9date aqu\u00ed. Ayuda a las gaviotas novicias de aqu\u00ed, que est\u00e1n bastante avanzadas como para comprender lo que tienes que decirles.<br \/>\nSe qued\u00f3 callado un momento, y luego dijo:<br \/>\n-\u00bfQu\u00e9 habr\u00eda pasado si Chiang hubiese vuelto a sus antiguos mundos? \u00bfD\u00f3nde estar\u00edas t\u00fa ahora?<br \/>\nEl \u00faltimo punto era el decisivo, y Rafael ten\u00eda raz\u00f3n. Gaviota que ve lejos, vuela alto.<br \/>\nJuan se qued\u00f3 y trabaj\u00f3 con los novicios que iban llegando, todos muy listos y r\u00e1pidos en sus deberes. Pero volvi\u00f3le el viejo recuerdo, y no pod\u00eda dejar de pensar en que a lo mejor hab\u00eda una o dos gaviotas all\u00e1 en la Tierra que tambi\u00e9n podr\u00edan aprender. \u00a1Cu\u00e1nto m\u00e1s habr\u00eda sabido ahora si Chiang le hubiese ayudado cuando era un Exilado!<br \/>\n-Rafa, tengo que volver -dijo por fin-. Tus alumnos van bien. Te podr\u00e1n incluso ayudar con los nuevos.<br \/>\nRafael suspir\u00f3, pero prefiri\u00f3 no discutir. -Creo que te echar\u00e9 de menos, Juan -fue todo lo que dijo.<br \/>\n-\u00a1Rafa, qu\u00e9 verg\u00fcenza! -dijo Juan reproch\u00e1ndole-. \u00a1No seas necio! \u00bfQu\u00e9 intentamos practicar todos los d\u00edas? \u00a1Si nuestra amistad depende de cosas como el espacio y el tiempo, entonces, cuando por fin superemos el espacio y el tiempo, habremos destruido nuestra propia hermandad! Pero supera el espacio, y nos quedar\u00e1 s\u00f3lo un Aqu\u00ed. Supera el tiempo, y nos quedar\u00e1 s\u00f3lo un Ahora. Y entre el Aqu\u00ed y el Ahora, \u00bfno crees que podremos volver a vernos un p\u00e1r de veces?<br \/>\nRafael Gaviota tuvo que soltar una carcajada.<br \/>\n-Est\u00e1s hecho un p\u00e1jaro loco -dijo tiernamente-. Si hay alguien que pueda mostrarle a uno en la Tierra c\u00f3mo ver a mil millas de distancia, \u00e9se ser\u00e1 Juan Salvador Gaviota. -Qued\u00f3se mirando la arena-: Adi\u00f3s, Juan, amigo m\u00edo.<br \/>\n-Adi\u00f3s, Rafa. Nos volveremos a ver.<br \/>\n-Y con esto, Juan evoc\u00f3 en su pensamiento la imagen de las grandes bandadas de gaviotas en la orilla de otros tiempos, y supo, con experimentada facilidad, que ya no era s\u00f3lo hueso y plumas, sino una perfecta idea de libertad y vuelo, sin limitaci\u00f3n alguna.<\/p>\n<p>Pedro Pablo Gaviota era a\u00fan bastante joven, pero ya sab\u00eda que no hab\u00eda p\u00e1jaro peor tratado por una Bandada, o con tanta injusticia.<br \/>\n-Me da lo mismo lo que digan -pens\u00f3 furioso, y su vista se nubl\u00f3 mientras volaba hacia los Lejanos Acantilados-. \u00a1Volar es tanto m\u00e1s importante que un simple aletear de aqu\u00ed para all\u00e1! \u00a1Eso lo puede hacer hasta un&#8230; hasta un mosquito! \u00a1S\u00f3lo un peque\u00f1o viraje en tonel alrededor de la Gaviota Mayor, nada m\u00e1s que por diversi\u00f3n, y ya soy un Exilado! \u00bfSon ciegos acaso? \u00bfEs que no pueden ver? \u00bfEs que no pueden imaginar la gloria que alcanzar\u00edan si realmente aprendi\u00e9ramos a volar?<br \/>\nMe da lo mismo lo que piensen. \u00a1Yo les mostrar\u00e9 lo que es volar! No ser\u00e9 m\u00e1s que un puro Bandido, si eso es lo que quieren. Pero har\u00e9 que se arrepientan&#8230;<br \/>\nLa voz surgi\u00f3 dentro de su cabeza, y aunque era muy suave, le asust\u00f3 tanto que se equivoc\u00f3 y dio una voltereta en el aire.<br \/>\n-No s\u00e9as tan duro con ellos, Pedro Gaviota. Al expulsarte, las otras gaviotas solamente se han hecho da\u00f1o a s\u00ed mismas, y un d\u00eda se dar\u00e1n cuenta de ello; y un d\u00eda ver\u00e1n lo que t\u00fa ves. Perd\u00f3nales y ay\u00fadales a comprender.<br \/>\nA un cent\u00edmetro del extremo de su ala derecha volaba la gaviota m\u00e1s resplandeciente de todo el mundo, planeando sin esfuerzo alguno, sin mover una pluma, a casi la m\u00e1xima velocidad de Pedro.<br \/>\nEl caos rein\u00f3 por un momento dentro del joven p\u00e1jaro.<br \/>\n-\u00bfQu\u00e9 est\u00e1 pasando? \u00bfEstoy loco? \u00bfEstoy muerto? \u00bfQu\u00e9 es esto?<br \/>\nBaja y tranquila continu\u00f3 la voz dentro de su pensamiento, exigiendo una contestaci\u00f3n:.<br \/>\n-Pedro Pablo Gaviota, \u00bfquieres volar?<br \/>\n-\u00a1SI, QUIERO VOLAR!<br \/>\n-Pedro Pablo Gaviota, \u00bftanto quieres volar que perdonar\u00e1s a la Bandada, y aprender\u00e1s, y volver\u00e1s a ella un d\u00eda y trabajar\u00e1s para ayudarles a comprender?<br \/>\nNo hab\u00eda manera de mentirle a este magn\u00edfico y h\u00e1bil ser, por orgulloso o herido que Pedro Pablo Gaviota se sintiera.<br \/>\n-S\u00ed, quiero -dijo suavemente.<br \/>\n-Entonces, Pedro -le dijo aquella criatura resplandeciente, y la voz fue muy tierna-, empecemos con el Vuelo Horizontal&#8230;<\/p>\n<p>TERCERA PARTE<br \/>\nVIII<\/p>\n<p>Juan giraba lentamente sobre los Lejanos Acantilados; observaba. Este rudo y joven Pedro Gaviota era un alumno de vuelo casi perfecto. Era fuerte, y ligero, y r\u00e1pido en el aire, pero mucho m\u00e1s importante, \u00a1ten\u00eda un devastador deseo de aprender a volar!<br \/>\nAqu\u00ed venia ahora, una forma borrosa y gris que sal\u00eda de su picado con un rugido, pasando como un b\u00f3lido a su instructor, a doscientos veinte kil\u00f3metros por hora. Abruptamente se meti\u00f3 en otra pirueta con un balance de diecis\u00e9is puntos, vertical y lento, contando los puntos en voz alta.<br \/>\n&#8230; nueve&#8230; diez&#8230; ves-Juan-se-me-est\u00e1-terminando-la-velocidad-del-aire&#8230; on-ce&#8230; Quiero-paradas-perfectas-y-agudas-como-las-tuyas&#8230; doce&#8230; pero \u00a1caramba!-no-puedo-llegar. &#8230;trece&#8230; a-estos-tres-\u00fal-timos-puntos&#8230; sin.. .. cator&#8230; \u00a1aaakk&#8230;!<br \/>\nLa torsi\u00f3n de cola le sali\u00f3 a Pedro mucho peor a causa de su ira y furia al fracasar. S\u00e9 fue de espaldas, volte\u00f3, se cerr\u00f3 salvajemente en una barrena invertida, y por fin se recuper\u00f3, jadeando, a treinta metros bajo el nivel en que se hallaba su instructor.<br \/>\n-\u00a1Pierdes tu tiempo conmigo, Juan! \u00a1 Soy demasiado tonto! \u00a1Soy demasiado est\u00fapido! \u00a1Intento e intento, pero nunca lo lograr\u00e9!<br \/>\nJuan Gaviota le mir\u00f3 desde arriba y asinti\u00f3.<br \/>\n-Seguro que nunca lo conseguir\u00e1s mientras hagas ese encabritamiento tan brusco. \u00a1Pedro, has perdido sesenta kil\u00f3metros por hora en la entrada! \u00a1Tienes que ser suave! Firme, pero suave, \u00bfte acuerdas?<br \/>\nBaj\u00f3 al nivel de la joven gaviota.<br \/>\n-Intent\u00e9moslo juntos ahora, en formaci\u00f3n. Y conc\u00e9ntrate en ese encabritamiento. Es una entrada suave, f\u00e1cil.<br \/>\nAl cabo de tres meses, Juan ten\u00eda otros seis aprendices, todos Exilados, pero curiosos por \u00e9sta nueva visi\u00f3n del vuelo por el puro gozo de volar.<br \/>\nSin embargo, les resultaba m\u00e1s f\u00e1cil dedicarse al logro de altos rendimientos que a comprender la raz\u00f3n oculta de ello.<br \/>\n-Cada uno de nosotros es en verdad una idea de la Gran Gaviota, una idea ilimitada de la libertad -dir\u00eda Juan por las tardes, en la playa-, y el vuelo de alta precisi\u00f3n es un paso hacia la expresi\u00f3n de nuestra verdadera naturaleza. Tenemos que rechazar todo lo que nos limite. Esta es la causa de todas estas pr\u00e1cticas a alta y baja velocidad, de estas acrobacias&#8230;<\/p>\n<p>&#8230; y sus alumnos se dormir\u00edan, rendidos despu\u00e9s de un d\u00eda de volar. Les gustaba practicar porque era r\u00e1pido y excitante y les satisfac\u00eda esa hambre por aprender que crec\u00eda con cada lecci\u00f3n. Pero ni uno de ellos, ni siquiera. Pedro Pablo Gaviota, hab\u00eda llegado a creer que el vuelo de las ideas pod\u00eda ser tan real como el vuelo del viento y las plumas.<br \/>\n-Tu cuerpo entero, de extremo a extremo del ala -dir\u00eda Juan en otras ocasiones-, no es m\u00e1s que tu propio pensamiento, en una forma que puedes ver. Rompe las cadenas de tu pensamiento, y romper\u00e1s tambi\u00e9n las cadenas de tu cuerpo. -Pero dij\u00e9ralo como lo dijera, siempre sonaba como una agradable ficci\u00f3n, y ellos necesitaban m\u00e1s que nada dormir.<\/p>\n<p>IX<\/p>\n<p>Hab\u00eda pasado un mes tan s\u00f3lo cuando Juan dijo que hab\u00eda llegado la hora de volver a la Bandada.<br \/>\n-\u00a1No estamos preparados! -dijo Enrique Calvino Gaviota-. \u00a1Ni seremos bienvenidos! \u00a1Somos Exilados! No podemos meternos donde no seremos bienvenidos, \u00bfverdad?<br \/>\n-Somos libres de ir donde queramos y de ser lo que somos -contest\u00f3 Juan, y se elev\u00f3 de la arena y gir\u00f3 hacia el Este, hacia el pa\u00eds de la Bandada.<br \/>\nHubo una breve angustia entre sus alumnos, puesto que es Ley de la Bandada que un Exilado nunca retorne, y no se hab\u00eda violado la Ley ni una sola vez en diez mil a\u00f1os. La Ley dec\u00eda qu\u00e9date, Juan dec\u00eda partid; y ya volaba a un kil\u00f3metro mar adentro. Si segu\u00edan all\u00ed esperando, \u00e9l encarar\u00eda por s\u00ed solo a la hostil Bandada.<br \/>\n-Bueno, no tenemos por qu\u00e9 obedecer la Ley si no formamos parte de la Bandada, \u00bfverdad? -dijo Pedro, algo turbado-. Adem\u00e1s, si hay una pelea, es all\u00e1 donde se nos necesita.<br \/>\nY as\u00ed ocurri\u00f3 que, aquella ma\u00f1ana, aparecieron desde el Oeste ocho de ellos en formaci\u00f3n de doble-diamante, casi toc\u00e1ndose los extremos de las alas. Sobrevolaron la playa del Consejo de la Bandada a doscientos cinco kil\u00f3metros por hora, Juan a la cabeza, Pedro volando con suavidad a su ala derecha, Enrique Calvino luchando -mente a su izquierda. Entonces la formaci\u00f3n entera gir\u00f3 lentamente hacia la derecha, como si fuese un solo p\u00e1jaro&#8230; de horizontal&#8230; a&#8230; invertido&#8230; a&#8230; horizontal, con el viento rugiendo sobre sus cuerpos.<br \/>\nLos graznidos y trinos de la cotidiana vida de la Bandada se cortaron como si la formaci\u00f3n hubiese sido un gigantesco cuchillo, y ocho mil ojos de gaviota les observaron, sin un solo parpadeo. Uno tras otro, cada uno de los ocho p\u00e1jaros ascendi\u00f3 agudamente hasta completar un rizo y luego realiz\u00f3 un amplio giro que termin\u00f3 en un est\u00e1tico aterrizaje sobre la arena. Entonces, como si este tipo de cosas ocurriera todos los d\u00edas, Juan Gaviota dio comienzo a su cr\u00edtica del vuelo.<br \/>\n-Para comenzar -dijo, con una sonrisa seca-, llegasteis todos un poco tarde al momento de juntaros&#8230;<br \/>\nUn rel\u00e1mpago atraves\u00f3 a la Bandada. \u00a1Esos p\u00e1jaros son Exilados! \u00a1Y han vuelto! \u00a1Y eso&#8230; eso no puede ser! Las predicciones de Pedro acerca de un combate se desvanecieron ante la confusi\u00f3n de la Bandada.<br \/>\n-Bueno, de acuerdo: son Exilados -dijeron algunos de los j\u00f3venes-, pero, oye, \u00bfd\u00f3nde aprendieron a volar as\u00ed?<br \/>\nPas\u00f3 casi una hora antes de que la Palabra del Mayor lograra repartirse por la Bandada: Ignoradlos. Quien hable a un Exilado ser\u00e1 tambi\u00e9n un Exilado. Quien mire a un Exilado viola la Ley de la Bandada.<br \/>\nEspaldas y espaldas de grises plumas rodearon desde ese momento a Juan, quien no dio muestra de darse por aludido. Organiz\u00f3 sus sesiones de pr\u00e1cticas exactamente encima de la Playa del Consejo, y, por primera vez, forz\u00f3 a sus alumnos hasta el l\u00edmite de sus habilidades.<br \/>\n-\u00a1Mart\u00edn Gaviota -grit\u00f3 en pleno vuelo-, dices conocer el vuelo lento! \u00a1 Pru\u00e9balo primero y alardea despu\u00e9s! \u00a1VUELA!<br \/>\nY de esta manera, nuestro callado y peque\u00f1o Mart\u00edn Alonso Gaviota, paralizado al verse blanco de los disparos de su instructor, se sorprendi\u00f3 a s\u00ed mismo al convertirse en un mago de vuelo lento. En la m\u00e1s ligera brisa, lleg\u00f3 a curvar sus plumas hasta elevarse sin el menor aleteo, desde la arena hasta las nubes y abajo otra vez.<br \/>\nLo mismo le ocurri\u00f3 a Carlos Rolando Gaviota, quien vol\u00f3 sobre el Gran Viento de la Monta\u00f1a a ocho mil doscientos metros de altura y volvi\u00f3, maravillado y feliz y azul de fr\u00edo, y decidido a llegar a\u00fan m\u00e1s alto al otro d\u00eda.<br \/>\nPedro Gaviota, que amaba como nadie las acrobacias, logr\u00f3 superar su ca\u00edda &#8220;en hoja muerta&#8221;, de diecis\u00e9is puntos, y al d\u00eda siguiente, con sus plumas refulgentes de soleada blancura, lleg\u00f3 a su culminaci\u00f3n ejecutando un tonel triple que fue observado por m\u00e1s de un ojo furtivo.<br \/>\nA toda hora Juan estaba junto a sus alumnos, ense\u00f1ando, sugiriendo, presionando, guiando. Vol\u00f3 con ellos contra noche y nube y tormenta, por el puro gozo de volar, mientras la Bandada se apeloton\u00e1ba miserablemente en tierra.<br \/>\nTerminado el vuelo, los alumnos descansaban en la playa y llegado el momento escuchaban de cerca a Juan. Ten\u00eda \u00e9l ciertas ideas locas que no llegaban a entender, pero tambi\u00e9n las ten\u00eda buenas y comprensibles.<br \/>\nPoco a poco, por la noche, se form\u00f3 otro c\u00edrculo alrededor de los alumnos; un c\u00edrculo de curiosos que escuchaban all\u00ed, en la oscuridad, hora tras hora, sin deseo de ver ni de ser vistos, y que desaparec\u00edan<\/p>\n<p>X<\/p>\n<p>Un mes despu\u00e9s del Retorno, la primera gaviota de la Bandada cruz\u00f3 la l\u00ednea y pidi\u00f3 que se le ense\u00f1ara a volar. Al preguntar, Terrence Lowell Gaviota se convirti\u00f3 en un p\u00e1jaro condenado, marcado por el Exilio y octavo alumno de Juan.<br \/>\nLa pr\u00f3xima noche vino de la Bandada Esteban Lorenzo Gaviota, vacilante por la arena, arrastrando su ala izquierda hasta desplomarse a los pies de Juan.<br \/>\nAy\u00fadame -dijo apenas, hablando como los que van a morir-. M\u00e1s que nada en et mundo, quiero volar&#8230;<br \/>\n-Ven pues -dijo &#8211; Juan-. Subamos, dejemos atr\u00e1s la tierra y empecemos.<br \/>\n-No me entiendes. Mi ala. No puedo mover mi ala.<br \/>\n-Esteban Gaviota, tienes la libertad de ser t\u00fa mismo, tu verdadero ser, aqu\u00ed y ahora, y no hay nada que te lo pueda impedir. Es la ley de la Gran Gaviota, la Ley que Es.<br \/>\n-\u00bfEst\u00e1s diciendo que puedo volar?<br \/>\n-Digo que eres libre.<br \/>\nY sin m\u00e1s, Esteban Lorenzo Gaviota extendi\u00f3 sus alas, sin el menor esfuerzo y se alz\u00f3 hacia la oscura noche. Su grito, al tope de sus fuerzas y desde doscientos metros de altura, sac\u00f3 a la Bandada de su sue\u00f1o:<br \/>\n-\u00a1Puedo volar! \u00a1 Escuchen! \u00a1 PUEDO VOLAR!<br \/>\nAl amanecer hab\u00eda cerca de mil p\u00e1jaros en torno al c\u00edrculo de alumnos, mirando con curiosidad a Esteban. No les importaba si eran o no vistos, y escuchaban, tratando de comprender a Juan Gaviota.<br \/>\nHabl\u00f3 de cosas muy sencillas: que est\u00e1 bien que una gaviota vuele; que la libertad es la misma esencia de su ser; que todo aquello que impida esa libertad debe ser eliminado, fuera ritual o superstici\u00f3n o limitaci\u00f3n en cualquier forma.<br \/>\n-\u00bfEliminado -dijo una voz en la multitud-, aunque sea Ley de la Bandada?<br \/>\n-La \u00fanica Ley verdadera es aqu\u00e9lla que conduce a la libertad -dijo Juan-. No hay otra.<br \/>\n-\u00bfC\u00f3mo quieres que volemos como vuelas t\u00fa? -intervino otra voz-. T\u00fa eres especial y dotado y divino, superior a cualquier p\u00e1jaro.<br \/>\n-\u00a1Mirad \u00e1 Pedro, a Terrence, a Carlos Rolando, a Mar\u00eda Antonio! \u00bfSon tambi\u00e9n ellos especiales dotados y divinos? No m\u00e1s que vosotros, no m\u00e1s que yo. La \u00fanica diferencia, realmente la \u00fanica, es que ellos han empezado a comprender lo que de verdad son y han empezado a ponerlo en pr\u00e1ctica.<br \/>\nSus alumnos, salvo Pedro, se revolv\u00edan intranquilos. No se hab\u00edan dado cuenta de que era eso lo que hab\u00edan estado haciendo.<br \/>\nD\u00eda a d\u00eda aumentaba la muchedumbre que ven\u00eda a preguntar, a idolatrar, a despreciar.<br \/>\n-Dicen en la Bandada que si no eres el hijo de la misma Gran Gaviota -le cont\u00f3 Pedro a Juan, una ma\u00f1ana despu\u00e9s de las pr\u00e1cticas de velocidad avanzada-, entonces lo que ocurre contigo es que est\u00e1s mil a\u00f1os por delante de tu tiempo.<br \/>\nJuan suspir\u00f3. Este es el precio de ser mal comprendido, pens\u00f3. Te llaman diablo o te llaman dios.<br \/>\n-Qu\u00e9 piensas t\u00fa, Pedro? \u00bfNos hemos anticipado a nuestro tiempo?<br \/>\nUn largo silencio.<br \/>\n-Bueno, esta manera de volar siempre ha estado al alcance de quien quisiera aprender a descubrirla; y esto nada tiene que ver con el tiempo. A lo mejor nos hemos anticipado a la moda, a la manera de volar de la mayor\u00eda de las gaviotas.<br \/>\n-Eso ya es algo -dijo Juan, girando para planear invertidamente por un rato-. Eso es algo mejor que aquello de anticiparnos a nuestro tiempo.<br \/>\nOcurri\u00f3 justo una semana m\u00e1s tarde. Pedro se hallaba explicando los principios del vuelo a alta velocidad a una clase de nuevos alumnos. Acababa de salir de su picado desde cuatro mil metros -una verdadera estela gris disparada a pocos cent\u00edmetros de la playa-, cuando un pajarito en su primer vuelo plane\u00f3 justamente en su camino, llamando a su madre. En una d\u00e9cima de segundo, y para evitar al joven, Pedro Pablo Gaviota gir\u00f3 violentamente a la izquierda, y a m\u00e1s de trescientos kil\u00f3metros por hora fue a estrellarse contra una roca de s\u00f3lido granito.<br \/>\nFue para \u00e9l como si la roca hubiese sido una dura y gigantesca puerta hacia otros mundos. Una avalancha de miedo y de espanto y de tinieblas se le ech\u00f3 encima junto con el golpe, y luego se sinti\u00f3 flotar en un cielo extra\u00f1o, extra\u00f1o, olvidando, recordando, olvidando; temeroso y triste y arrepentido; terriblemente arrepentido.<br \/>\nLa voz le lleg\u00f3 como en aquel primer d\u00eda en que hab\u00eda conocido a Juan Salvador Gaviota.<br \/>\n-El problema, Pedro, consiste en que debemos intentar la superaci\u00f3n de nuestras limitaciones en orden, y con paciencia. No intentamos cruzar a trav\u00e9s de rocas hasta algo m\u00e1s tarde en el programa.<br \/>\n-\u00a1Juan!<br \/>\n-Tambi\u00e9n conocido como el Hijo de la Gran Gaviota -dijo su instructor, secamente.<br \/>\n-\u00bfQu\u00e9 haces aqu\u00ed? \u00a1Esa roca! \u00bfNo he&#8230; no me hab\u00eda&#8230; muerto?<br \/>\n-Bueno, Pedro, ya est\u00e1 bien. Piensa. Si me est\u00e1s hablando ahora, es obvio que no has muerto, \u00bfverdad? Lo que s\u00ed lograste hacer fue cambiar tu nivel de conciencia de manera algo brusca. Ahora te toca escoger. Puedes quedarte aqu\u00ed y aprender en este nivel -que para que te enteres, es bastante m\u00e1s alto que el que dejaste-, o puedes volver y seguir trabajando en la Bandada. Los Mayores estaban deseando que ocurriera alg\u00fan desastre y se han sorprendido de lo bien que les has complacido.<br \/>\n-Por supuesto que quiero volver a la Bandada. \u00a1Estoy apenas empezando con el nuevo grupo.!<br \/>\n-Muy bien, Pedro. \u00bfTe acuerdas de lo que dec\u00edamos acerca de que el cuerpo de uno no es m\u00e1s que el pensamiento puro&#8230;?<\/p>\n<p>XI<\/p>\n<p>Pedro sacudi\u00f3 su cabeza, extendi\u00f3 sus alas, abri\u00f3 sus ojos, y se hall\u00f3 al pie de la roca y en el centro de toda la Bandada all\u00ed reunida. De la multitud surgi\u00f3 un gran clamor de graznidos y chillidos cuando empez\u00f3 a moverse.<br \/>\n-\u00a1Vive! \u00a1El que hab\u00eda muerto, vive!<br \/>\n-\u00a1Le toc\u00f3 con un extremo del ala!<br \/>\n-\u00a1Lo resucit\u00f3! \u00a1El Hijo de la Gran Gaviota!<br \/>\n-\u00a1No! \u00a1El lo niega! \u00a1Es un diablo! \u00a1DIABLO! \u00a1Ha venido a aniquilar a la Bandada!<br \/>\nHab\u00eda cuatro mil gaviotas en la multitud asustadas por lo que hab\u00eda sucedido, y el grito de \u00a1DIABLO! cruz\u00f3 entre ellas como viento en una tempestad oce\u00e1nica. Brillantes los ojos, aguzados los picos, avanzaron para destruir.<br \/>\n-Pedro, \u00bfte parecer\u00eda mejor si nos march\u00e1semos? -pregunt\u00f3 Juan.<br \/>\n-Bueno, yo no pondr\u00eda inconvenientes si&#8230;<br \/>\nAl instante se hallaron a un kil\u00f3metro de distancia, y los relampagueantes picos de la turba se cerraron en el vac\u00edo.<br \/>\n-\u00bfPor qu\u00e9 ser\u00e1 -se pregunt\u00f3 perplejo Juan- que no hay nada m\u00e1s dif\u00edcil en el mundo que convencer a un p\u00e1jaro de que es libre, y de que lo puede probar por s\u00ed mismo si s\u00f3lo se pasara un rato practicando? \u00bfPor qu\u00e9 ser\u00e1 tan dif\u00edcil?<br \/>\nPedro a\u00fan parpadeaba por el cambio de escenario.<br \/>\n-\u00bfQu\u00e9 hiciste ahora? \u00bfC\u00f3mo llegamos hasta aqu\u00ed?<br \/>\n-Dijiste que quer\u00edas alejarte de la turba, \u00bfno?<br \/>\n-\u00a1S\u00ed! pero, \u00bfc\u00f3mo has&#8230;?<br \/>\n-Como todo, Pedro. Pr\u00e1ctica.<br \/>\nA la ma\u00f1ana siguiente, la Bandada hab\u00eda olvidado su demencia, pero no Pedro.<br \/>\n-Juan, \u00bfte acuerdas de lo que dijiste hace mucho tiempo acerca de amar lo suficiente a la Bandada como para volver a ella y ayudarla a aprender?<br \/>\n-Claro.<br \/>\n-No comprendo c\u00f3mo te las arreglas para amar a una turba de p\u00e1jaros que acaba de intentar matarte.<br \/>\n-\u00a1Vamos, Pedro, no es eso lo que t\u00fa amas! Por cierto que no se debe amar el odio y el mal. Tienes que practicar y llegar a ver a la verdadera gaviota, ver el bien que hay en cada una, y ayudarlas a que lo vean en s\u00ed mismas. Eso es lo que quiero decir por amar. Es divertido, cuando le aprendes el truco. Re-cuerdo, por ejemplo, a cierto orgulloso p\u00e1jaro, un tal Pedro Pablo Gaviota. Exilado reciente, listo para luchar hasta la muerte contra la Bandada, empezaba ya a construirse su propio y amargo infierno en los Lejanos Acantilados. Sin embargo, aqu\u00ed lo tenemos ahora, construyendo su propio cielo, y guiando a toda la Bandada en la misma direcci\u00f3n.<br \/>\nPedro mir\u00f3 a su instructor, y por un momento hubo miedo en sus ojos.<br \/>\n-\u00bfYo, guiando? \u00bfQu\u00e9 quieres decir: yo guiando? T\u00fa eres el instructor aqu\u00ed. \u00a1T\u00fa no puedes marcharte!<br \/>\n-\u00bfAh, no? \u00bfNo piensas que hay acaso otras Bandadas, otros Pedros, que necesitan m\u00e1s a un instructor que \u00e9sta, que ya va camino de la luz?<br \/>\n-\u00bfYo? Juan, soy una simple gaviota, y t\u00fa eres&#8230;<br \/>\n-\u00bf&#8230;el \u00fanico Hijo de la Gran Gaviota, supongo? -Juan suspir\u00f3 y mir\u00f3 hacia el mar-. Ya no me necesitas. Lo que necesitas es seguir encontr\u00e1ndote a ti mismo, un poco m\u00e1s cada d\u00eda; a ese verdadero e ilimitado Pedro Gaviota. El es tu instructor. Tienes que comprenderle, y ponerlo en pr\u00e1ctica.<br \/>\nUn momento m\u00e1s tarde el cuerpo de Juan trepid\u00f3 en el aire, resplandeciente, y empez\u00f3 a hacerse transparente.<br \/>\n-No dejes que se corran rumores tontos sobre m\u00ed, o que me hagan un dios. \u00bfDe acuerdo, Pedro? Soy gaviota. Y quiz\u00e1 me encante volar&#8230;<br \/>\n-\u00a1JUAN!<br \/>\n-Pobre Pedro. No creas lo que tus ojos te dicen. S\u00f3lo muestran limitaciones. Mira con tu entendimiento, descubre lo que ya sabes, y hallar\u00e1s la manera de volar.<br \/>\nEl resplandor se apag\u00f3. Y Juan Gaviota se desvaneci\u00f3 en el aire.<\/p>\n<p>XII<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de un tiempo, Pedro Gaviota se oblig\u00f3 a remontar el espacio y se enfrent\u00f3 con un nuevo grupo de estudiantes, ansiosos de empezar su primera lecci\u00f3n.<br \/>\n-Para comenzar -dijo pesadamente-, ten\u00e9is que comprender que una gaviota es una idea ilimitada de la libertad; una imagen de la Gran Gaviota, y todo vuestro cuerpo, de extremo a extremo del ala, no es m\u00e1s que vuestro propio pensamiento.<br \/>\nLos j\u00f3venes se miraron con extra\u00f1eza. \u00a1Vaya, hombre!, pensaron, eso no suena a una norma para hacer un rizo&#8230;<br \/>\nPedro suspir\u00f3 y empez\u00f3 otra vez:<br \/>\n-\u00a1 Hum!&#8230; ah&#8230; muy bien -dijo, y les mir\u00f3 cr\u00edticamente-. Empecemos con el Vuelo Horizontal. -Y al decirlo, comprendi\u00f3 de pronto que, en verdad, su amigo no hab\u00eda sido m\u00e1s divino que el mismo Pedro.<br \/>\n\u00bfNo hay l\u00edmites, Juan? pens\u00f3. \u00a1 Bueno, llegar\u00e1 entonces el d\u00eda en que me aparecer\u00e9 en tu playa, y te ense\u00f1ar\u00e9 un par de cosas acerca del vuelo!<br \/>\nY aunque intent\u00f3 parecer adecuadamente severo ante sus alumnos, Pedro Gaviota les vio de pronto tal y como eran realmente, s\u00f3lo por un momento, y m\u00e1s que gustarle, am\u00f3 aquello que vio. \u00bfNo hay l\u00edmites, Juan?, pens\u00f3, y sonri\u00f3. Su carrera hacia el aprendizaje hab\u00eda empezado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PRIMERA PARTE I Amanec\u00eda, y el nuevo sol pintaba de oro las ondas de un mar tranquilo. Chapoteaba un pesquero a un kil\u00f3metro de la costa cuando, de pronto, rasg\u00f3 el aire la voz llamando a la Bandada de la Comida y una multitud de mil gaviotas se aglomer\u00f3 para regatear y luchar por cada pizca de pitanza. 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