Author Topic: Volver a la fuente  (Read 1195 times)

Crow

  • Administrator
  • Newbie
  • *****
  • Posts: 3832
Volver a la fuente
« on: Marzo 20, 2006, 04:20:24 pm »
VOLVER A LA FUENTE

U
N AMIGO HA PREGUNTADO: Según l9o que has dicho, podemos triunfar sobre la muerte por medio de la meditación o del sadhana.  Pero ¿acaso no se produce el mismo estado cuando estamos dormidos?  Y, en tal caso, ¿por qué no se puede vencer a la muerte por medio del sueño?

L
O PRIMERO QUE SE DEBE ENTENDER es que la idea de triunfar sobre la muerte no quiere decir que exista algo llamado muerte a lo que podemos vencer.  Triunfar sobre la muerte significa, sencillamente, que llegamos a saber que no hay muerte.  Saber que la muerte no existe es vencerla.  No hay una cosa llamada muerte a la que podemos vencer.  En cuanto sabemos que no hay muerte, cesa nuestra batalla constante y perdida contra la muerte.  Existen algunos enemigos, y existen otros que en realidad no existen sino que sólo lo parecen.  La muerte es uno de estos enemigos que no tienen una existencia real: sólo parece que existe.
   Así pues, no supongáis que el triunfo significa que la muerte existe en alguna parte y que la venceremos.  Serías como un hombre que se volviera loco y que se pusiera a luchar contra su propia sombra, hasta que alguien le dijese: “Míralo bien: la sombra no tiene sustancia.  No es más que una apariencia”.  Si el hombre mirara la sombra y se diera cuenta de lo que hacía, se reiría de sí mismo: sólo entonces podría saber que ha vencido a la sombra.  Vencer a la sombra significa simplemente saber que no existía ni la menor sombra con la que luchar: cualquiera que lo intentase se volvería loco.  El que lucha contra la muerte, perderá; el que conoce a la muerte, la vencerá.
   Esto  también significa que, si no hay muerte, entonces en realidad nosotros no morimos nunca, seamos conscientes de ello o no.  Las gentes del mundo no se dividen en gentes que mueren y en gentes que no mueren: no, no es así.  En este mundo nadie muere nunca.  Pero sí es verdad que hay dos tipos de personas: los que conocen ese hecho y los que no lo conocen: ésta es la única diferencia.
   En el sueño llegamos al mismo lugar donde llegamos en la meditación.  La única diferencia es que en el sueño estamos inconscientes mientras que en la meditación estamos plenamente conscientes.  Si alguien se volviera plenamente consciente en pleno sueño, tendría la misma experiencia que en la meditación.
   Por ejemplo, si anestesiamos a una persona y en su estado inconsciente la sacamos en una camilla a un jardín lleno de flores hermosas, con el aire lleno de fragancia, donde brilla el sol y cantan los pájaros, esa persona sería completamente inconsciente de todo ello.  Cuando volviésemos a llevarla al punto de partida y se recuperase de la anestesia, si le preguntásemos si le gustó el jardín, no sería capaz de decirnos nada.  Después, si la llevamos al mismo jardín cuando estuviera plenamente consciente, conocería todo lo que estaba allí presente cuando la llevaron allí anteriormente.  En ambos casos, aunque la persona fue llevada al mismo lugar, en el primer caso estaba inconsciente del bello entorno, mientras que en el segundo caso era plenamente consciente de las flores, de la fragancia, del canto de los pájaros, del sol naciente.  Así, aunque en estado inconsciente llegaréis, sin duda, tan lejos como en estado consciente, llegar a alguna parte en estado inconsciente es como no llegar.
   En el sueño llegamos al mismo paraíso al que llegamos en la meditación, pero no somos conscientes de ello.  Viajamos cada noche a ese paraíso y regresamos después… inconscientemente.  Aunque nos acaricia la fresca brisa y la encantadora fragancia de ese lugar, y los cantos de los pájaros resuenan en nuestro oído, nunca somos conscientes de ello. Y, a pesar de regresar de este paraíso siendo completamente inconscientes de ello, podemos decir: “Esta mañana me siento muy bien.  Me siento muy tranquilo.  Esta noche he dormido bien”.
   ¿Por qué os sentís tan bien?  ¿Qué ha sucedido de bueno cuando habéis dormido bien?  No puede tratarse simplemente del hech9o de haber dormido: sin duda, debéis de haber estado en alguna parte; os debe haber pasado algo.  Pero, por la mañana, no tenéis conocimiento de ello, aparte de una vaga sensación de bienestar.  El que ha dormido profundamente por la noche se levanta refrescado por la mañana.  Esto muestra que la persona ha llegado en su sueño a una fuente refrescante, aunque en estado inconsciente.
   El que es incapaz de dormir bien por la noche se encuentra más cansado por la mañana que al acostarse en la noche anterior.  Y si una persona pasa varios días sin dormir bien, le resulta difícil sobrevivir, pues se rompe su conexión con la fuente de la vida.  Es incapaz de llegar al lugar donde le resulta esencial llegar.
   El peor castigo posible en el mundo no es la muerte: la muerte, como castigo, es fácil de soportar; pasa en unos momentos.  El peor castigo que se ha inventado en el mundo es no dejar dormir a la persona.  Aun en nuestros tiempos hay países como la China y Rusia donde se impide dormir a los prisioneros.  Los tormentos que tiene que padecer un prisionero si no se le permite dormir durante quince días son inimaginables: casi se vuelve loco.  Se pone a difundir la información que de otro modo no habría comunicado al enemigo.  Empieza a hablar, completamente inconsciente de las consecuencias.
   En la China se han inventado métodos sistemáticos.  Se impide a los prisioneros dormir durante seis meses.  En consecuencia, se vuelven completamente locos.  Olvidan por completo quiénes son, cómo se llaman, cuál es su religión, de qué ciudad o pueblo son, cuál es su país: lo olvidan todo.  La falta de sueño introduce en sus conciencias un trastorno completo, un caos.  En ese estado se les puede hacer aprender cualquier cosa.
   Cuando los soldados estadounidenses que cayeron prisioneros en Corea regresaron de los campos de prisioneros de Rusia y de la China, la falta de sueño los había dejado en unas condiciones tan terribles que, cuando salieron, estaban abiertamente en contra de los Estados Unidos y a favor del comunismo.  Primero se impedía dormir a estos soldados y, cuando sus conciencias quedaban trastornadas, se les adoctrinaba en el comunismo.  Cuando sus identidades quedaban sumidas en el caos, se les decía por medio de sugerencias repetidas que eran comunistas.  De esta forma, antes de su liberación aquellos soldados habían sufrido un lavado de cerebro completo.  Los psicólogos estadounidenses que trataban a estos soldados quedaban desconcertados.
   Si se priva de sueño a una persona, ésta se queda aislada de la fuente misma de la vida.  En el mundo seguirá creciendo el ateísmo en la misma proporción en que el sueño se siga haciendo más ligero.  En los países en los que la gente tiene un sueño ligero, el ateísmo aumentará más.  Y en los países en los que la gente duerme más profundamente, aumentará más el teísmo.  Pero este teísmo y ateísmo son una cosa completamente extraña para el hombre, pues surgen de un estado inconsciente.  La persona que ha dormido profundamente pasa el día siguiente en paz, mientras que la que no ha dormido profundamente pasa el día siguiente inquieta y agitada.  ¿Cómo va a poder ser receptiva ante Dios una mente inquieta y agitada?  Una mente alterada, insatisfecha, tensa e iracunda se niega a aceptar a Dios, niega su existencia.
   La causa primera del incremento del ateísmo en Occidente no es la ciencia: el problema arranca del carácter desordenado y caótico del sueño.  En Nueva York, al menos el treinta por ciento de los habitantes no pueden dormir sin tranquilizantes.  Los psicólogos creen que, si esta situación prevalece durante cien años más, ni una sola persona será capaz de dormir sin meditación.
   Hay personas que han perdido por completo la capacidad de dormir.  Si una persona que ha perdido esta capacidad nos preguntase cómo nos dormimos y nosotros le respondiésemos: “Lo único que hago es apoyar la cabeza en la almohada y dormirme”, no nos creería.  Le parecería imposible, y sospecharía que hay algún truco que ella no conoce, pues ella también apoya la cabeza en la almohada y no pasa nada.
   Puede llegar un tiempo, Dios no lo quiera, dentro de mil o dos mil años, en que todo el mundo haya perdido la capacidad de tener un sueño natural, y la gente se negará a creer que mil o dos mil años antes la gente se limitaba a apoyar la cabeza en la almohada y se quedaba dormida.  Lo tomarán por una ficción, por un relato mítico de los Puranas.  No se creerán que era verdad.  Dirán: “Esto no es posible, porque lo que no es verdad entre nosotros, ¿cómo puede ser verdad entre otros?”
   Os hago ver todo esto porque hace tres o cuatro mil años la gente cerraba los ojos y entraba en estado de meditación con tanta facilidad como nosotros nos dormimos hoy día.  Dentro de dos mil años será difícil dormir en Nueva York: ya es difícil en la actualidad.  Se está volviendo difícil en Bombay y, pronto será difícil también en Dwarka: es cuestión de tiempo.  Hoy nos resulta difícil creer que hubo una época en que una persona cerraba los ojos y entraba en estado de meditación; porque hoy, cuando os sentáis con los ojos cerrados, no llegáis a ninguna parte: los pensamiento siguen dando vueltas dentro de vosotros y os quedáis donde estáis.
   En el pasado era fácil practicar la meditación para los que estaban cerca de la naturaleza, como lo es actualmente el sueño para los que viven cerca de la naturaleza.  Primero desapareció la meditación; ahora está desapareciendo el sueño.  Si pierden primero las cosas conscientes; después de éstas, se pierden las cosas inconscientes.  Con la desaparición de la meditación el mundo se ha vuelto casi irreligioso, y cuando desaparezca el sueño el mundo se volverá completamente irreligioso.  La religión no tiene esperanzas en un mundo sin sueño.
   No os podréis creer lo estrecha, lo profundamente que estamos conectados con el sueño.  El modo en que una persona vive su vida depende completamente de cómo sueña.  Si no duerme bien, toda su vida sería un caos: todas sus relaciones personales se enredarían; todo se volvería venenoso, lleno de rabia.  Por el contrario, si una persona duerme profundamente, en su vida habrá frescura: fluirán continuamente la paz y la alegría.  Sus relaciones personales, su amor; todo se basará en la serenidad.  Pero si pierde el sueño, todas sus relaciones personales se echarán a rodar.  Se hundirán sus relaciones con su familia, con su mujer, con su hijo, con su madre, con su padre, con su maestro, con sus alumnos: con todos.  El sueño nos lleva a todos a un punto de nuestro inconsciente donde todos estamos inmersos en Dios; aunque no por mucho tiempo.  Hasta la persona más sana sólo alcanza su nivel más profundo durante diez minutos de sus ocho horas diarias de sueño.  Durante esos diez minutos está tan completamente perdida, sumergida en el sueño, que no tiene ni siquiera un ensueño.
   El sueño no es total mientras la persona está soñando: no deja de oscilar entre el estado de sueño y el de vigilia.  El ensueño es un estado en que la persona está medio dormida y medio despierta.  Tener un ensueño significa que, aunque tenemos cerrados ojos, no estamos dormidos: las influencias externas todavía nos afectan. Las personas con que tratamos de día siguen con nosotros por la noche en nuestros ensueños.  Los ensueños ocupan el estado intermedio entre el sueño y la vigilia.  Y hay muchas personas que han perdido la capacidad de dormir: se limitan a quedarse en el estado de los ensueños sin alcanzar nunca el estado de sueño.  Y no importa que no recordemos por la mañana lo que soñamos durante la noche.  En los Estados Unidos se están llevando a cabo muchas investigaciones sobre el sueño.  Unos diez grandes laboratorios han realizado experimentos con millares de personas durante ocho o diez años.
   Los estadounidenses están dando muestras de interés por la meditación porque han perdido el sueño.  Creen que la meditación quizás sirva para devolverles el sueño, que quizás pueda llevar a sus vidas algo de paz.  Por eso no ven en la meditación más que un tranquilizante.  Cuando Vivekananda introduj9o por primera vez la meditación en Estados Unidos un médico lo visitó y le dijo: “He disfrutado enormemente de su meditación.  Es, decididamente, un tranquilizante no químico.  No es un medicamento, pero hace dormir: es magnífico.”  La influencia creciente de los yoguis en los Estados Unidos no se debe a ellos mismos: la causa verdadera es la falta de sueño.  Los estadounidenses tienen trastornado el sueño, y por eso la vida en los Estados Unidos está llena de tristeza, de depresión, de tensión.  Por eso vemos que en los Estados Unidos hay una necesidad creciente de tranquilizantes: para hacer dormir de laguna manera a la gente.
   Cada año se gastan millones de dólares en tranquilizantes en los Estados Unidos.  Diez grandes laboratorios están realizando investigaciones con millares de sujetos a los que pagan para que pasen noches de sueño bastante incómodo y molesto.  Se conectan todo tipo de electrodos y millares de cables al cuerpo de los sujetos y los estudian desde todos los ángulos para descubrir lo que sucede dentro de ellos.
   Un descubrimiento increíble que han puesto de manifiesto estos experimentos es que el hombre pasa casi toda la noche soñando.  Al despertar, algunas personas decían que no habían soñado, mientras que otras decían que sí habían soñado.  La única diferencia era que las que tenían mejor memoria recordaban haber soñado, mientras que las que tenían peor memoria no lo recordaban.  Se descubrió, no obstante, que una persona completamente sana era incapaz de caer en un sueño profundo y sin ensueños durante diez minutos.
   Es posible detectar los ensueños con máquinas.  Ciertos nervios del cerebro permanecen activos en nuestro estado de ensueños, pero cuando cesa el ensueño los nervios dejan de ser activos, y la máquina indica que se ha producido un intervalo vacío.   El intervalo vacío muestra que, en aquel momento, la persona no estaba ni soñando ni pensando, estaba perdida en alguna parte.
   Es interesante que las máquinas siguen registrando movimientos dentro de la persona mientras ésta se encuentra en el estado de ensueños, pero en cuanto cae en el sueño sin ensueños la máquina muestra un intervalo vacío.  No saben dónde fue a parar la persona en ese intervalo.  Así pues, el sueño sin ensueños significa que la persona ha llegado a un lugar más allá del alcance de la máquina.  Es en ese intervalo cuando la persona entra en lo divino.
   La máquina es incapaz de detectar este espacio intermedio, este vacío.  La máquina registra la actividad interna mientras la persona esté soñando; después, llega el intervalo vacío y la persona desaparece en alguna parte.  Y después, al cabo de diez minutos, la máquina se pone a registrar de nuevo.  Es difícil determinar dónde estuvo la persona en ese intervalo de diez minutos.  A los psicólogos estadounidenses les intriga mucho este intervalo vacío; por esta razón, consideran que el sueño es el mayor de los misterios.  La realidad es que, después de Dios, el sueño es el único misterio.  No existe ningún otro misterio.
   Dormís todos los días, pero no tenéis idea de lo que es el sueño.  La persona pasa toda su vida durmiendo, pero nada cambia: no sabe nada del sueño.  El motivo por el cual no sabéis nada del sueño es que cuando el sueño está allí, vosotros no estáis.  Recordadlo: vosotros sólo estáis mientras el sueño no esté.  Así pues, sólo llegáis a conocer tanto como conoce la máquina.  Del mismo modo que en el intervalo vacío la máquina se detiene y no es capaz de llegar allí donde ha sido transportada la persona, vosotros no podéis llegar allí tampoco, porque vosotros tampoco atravesáis ese intervalo vacío, el sueño sigue siendo un misterio: está fuera de vuestro alcance.  Esto es así porque la persona sólo cae en el sueño profundo cuando deja de existir en su conciencia del “yo soy”.  Y por  lo tanto, cuando el ego crece, el sueño se reduce cada vez más.  La persona egoísta pierde su capacidad de dormir porque su ego, el yo, no deja de afirmarse a sí mismo las veinticuatro horas del día.  Es el yo que se despierta, es el mismo yo que camina por la calle.  El yo se mantiene tan presente durante todas las veinticuatro horas que, en el momento de quedar dormido, cuando llega el momento de soltar el yo, la persona es incapaz de librarse de él.  Evidentemente, le resulta difícil quedarse dormida.  Mientras exista el yo, el sueño es imposible.  Y, como os dije ayer, mientras exista el yo, es imposible entrar en lo divino.
   Entrar en el sueño y entrar en lo divino es exactamente una misma cosa: la única diferencia es que a través del sueño uno entra en Dios en estado inconsciente, mientas que a través de la meditación uno entra en Dios en estado consciente.  Pero esta diferencia es muy importante.  Podéis pasar millares de vidas entrando en Dios a través del sueño, pero no llegaréis a conocer a Dios.  Pero si entráis en la meditación aunque sea por un momento, habréis alcanzado el mismo lugar que lleváis alcanzando en el sueño profundo durante miles y millones de vidas (aunque siempre en estado inconsciente), y esto transformará completamente vuestra vida.
Lo más interesante es que en cuanto una persona entra en estado de meditación, cuando entra en ese vacío donde lo lleva el sueño profundo, ya nunca se queda inconsciente: ni siquiera cuando duerme.  Cuando Krishna dice en el Gita que el yogui permanece despierto cuando todos los demás están dormidos, no quiere decir que el yogui no duerma nunca.  En realidad, nadie duerme tan bien como un yogui.  Pero incluso en su sueño más profundo, aquella parte suya que ha entrado en el estado de meditación se mantiene despierta.  Y el yogui entra en el sueño todas las noches en ese estado despierto.  Entonces, la meditación y el sueño se convierten para él en una misma cosa: no queda ninguna diferencia entre las dos cosas.  Por tanto, siempre entra en el sueño con conciencia plena.  Cuando una persona entra en sí misma por medio de la meditación, ya nunca puede encontrarse en estado inconsciente cuando duerme.
   Ananda vivió muchos años con el Buda.  Pasó años durmiendo cerca del Buda.  Una mañana preguntó al Buda:
   -He pasado años viéndote dormir. No te mueves ni una sola vez; pasas toda la noche en una misma postura.  Tus miembros se quedan allí donde estaban cuando te acostaste por la noche; no hay el menor movimiento.  Muchas veces me he levantado por la noche para observar si te habías movido.  He pasado noches enteras observándote.  Tus manos, tus pies, se quedan en una misma posición; nunca te mueves.  ¿Llevas una especie de registro de tu sueño de toda la noche?
   -No necesito llegar ningún registro –respondió el Buda-  Duermo en estado consciente, de modo que no tengo necesidad de moverme.  Si quiero, puedo hacerlo.  Cambiar de postura no es un requisito del sueño, es un requisito de la mente inquieta.
   Una mente inquieta no es capaz de quedarse en un solo lugar durante toda una noche, y mucho menos durante el día.  El cuerpo manifiesta constantemente su inquietud, aun durmiendo por la noche.
   Si observáis a una persona que duerme por la noche, veréis que está constantemente inquieta, todo el tiempo.  Veréis que mueve las manos de manera muy parecida a como las mueve cuando está despierta de día.  Por la noche, entre ensueños, veréis que corre y jadea de manera muy parecida a las personas despiertas; se siente cansada, sin aliento.  Por la noche, entre ensueños, lucha de manera muy parecida a como lucha de día.  Está iracunda de noche como de día.  Está llena de pasión de día, y también de noche.  No existe ninguna diferencia fundamental entre el día y la noche de una persona así, salvo el hecho de que de noche se acuesta agotada, inconsciente; todo lo demás sigue funcionando como siempre.  Por eso dijo el Buda: “Puedo moverme de noche si quiero, pero no tengo necesidad de hacerlo”.
   Pero no nos damos cuenta…  Un hombre sentado en una silla no deja de mover las piernas.  Preguntadle: “¿Por qué se mueven tus piernas?  Es comprensible que se muevan cuando andas, pero ¿por qué se mueven cuando estás sentado en una silla?”  En cuanto le digáis esto, el hombre hará parar sus piernas inmediatamente.  Después se quedará inmóvil durante un segundo, pero no será capaz de explicar por qué lo hacía.  Esto muestra el modo en que la inquietud interior provoca agitación en todo el cuerpo.  Dentro está la mente inquieta; no es capaz de estar quieta, en una misma postura, ni por un momento. Hará que todo el cuerpo esté en movimiento: las piernas temblarán, la cabeza girará; aun sentado, el cuerpo cambiará de postura.
   Por eso os resulta tan difícil quedaros sentados y quietos en meditación aunque sólo sea diez minutos.  Y el cuerpo os pide desde mil puntos diferentes que os agitéis y os mováis.  No advertimos esto hasta que nos quedamos sentados practicando con atención la meditación.  Entonces nos damos cuenta de qué  cuerpo es el nuestro: no quiere quedarse quieto en una postura ni por un segundo.  La confusión, la tensión y la excitación de la mente agitan todo el cuerpo.
   En el sueño profundo desaparece todo durante unos diez minutos; aunque estos diez minutos no están al alcance de todos, sino sólo de los que están completamente sanos y en paz.  Otros alcanzan entre uno y cinco minutos de sueño de este tipo; la mayoría de las personas sólo alcanzan uno o dos minutos de sueño profundo.  El poco jugo que recibimos en ese minuto en que alcanzamos la fuente de la vida lo aplicamos para funcionar en nuestras veinticuatro horas siguientes.  El poco aceite que recibe la lámpara en ese breve período lo utilizamos para sacar adelante nuestras vidas durante veinticuatro horas.  La lámpara de la vida se alimenta de la cantidad de aceite que recibe.  Esta es la razón por la que arde tan poco la lámpara: no se recoge aceite suficiente para que la lámpara de la vida arda con fuerza, para que pueda convertirse en una luz brillante.
   La meditación os lleva poco a poco hasta la fuente de la vida.  Por tanto, ya no se trata de que saquéis de ella un puñado de alimento, os encontráis, sencillamente, en la fuente misma.  Así pues, ya no se trata de que recarguéis vuestra lámpara con más aceite: tenéis a vuestra disposición todo el mar de aceite.  Entonces empezáis a vivir en ese mismo mar.  Con la vida de ese tipo, desaparece el sueño; no en el sentido de que ya no volváis a dormir, sino en el sentido de que, aun cuando estáis dormidos, hay alguien dentro que sigue plenamente despierto.  Por consiguiente, ya no existen los ensueños.  El yogui se mantiene despierto; duerme, pero no sueña nunca; sus ensueños desaparecen por completo.  Y cuando desaparecen los ensueños, desaparecen los pensamientos.  Lo que llamamos pensamientos en el estado de vigilia se llaman ensueños en el estado de sueño.  Sólo existe una pequeña diferencia entre los pensamientos y los ensueños: los pensamientos son ensueños ligeramente más civilizados, mientras que los ensueños tienen un carácter algo primitivo.  Uno de los dos es el pensamiento primitivo.
   En concreto, los niños, o los miembros de las tribus aborígenes, sólo son capaces de pensar con imágenes, no con palabras.  Los primeros pensamientos de los hombres siempre son en imágenes.  Por ejemplo, cuando un niño pequeño tiene hambre no piensa en palabras: “Tengo hambre”.  El niño puede visualizar el pecho de su madre; puede imaginarse a sí mismo mamando del pecho.  Puede llenarse del deseo de acercarse al pecho, pero no puede formar las palabras.  La formación de las palabras comienza mucho más tarde; las imágenes aparecen antes.
   También nosotros utilizamos imágenes para expresarnos cuando no conocemos una lengua determinada.  Si vais a un país extranjero cuya lengua no conocéis y queréis beber agua, podéis llevaros a la boca la mano ahuecada, y el extranjero entenderá que tenéis sed; pues cuando faltan las palabras surge la necesidad de las imágenes.  Y lo más interesante es que las lenguas habladas son diferentes en diferentes lugares, pero el lenguaje de las imágenes es universal, pues el lenguaje de imágenes de todos los hombres es el mismo.
   Hemos inventado palabras diferentes, pero las imágenes no son invención nuestra.  Las imágenes son la lengua universal de la mente humana.  Por eso, las pinturas se entienden en cualquier lugar del mundo.  No hace falta cambiar la lengua para comprender una escultura de Khajuraho o un cuadro de Leonardo.  La escultura de Khajuraho la entenderá un chino, un francés o un alemán, como la entendéis vosotros.  Y si visitáis el museo del Louvre, en Francia, no os resultará difícil entender los cuadros que se exhiben allí.  Quizás no entendáis los títulos, pues están escritos en francés, pero no os costará trabajo entender los cuadros.  El lenguaje de las imágenes es un lenguaje de todos.
   El lenguaje de las palabras es útil durante el día, pero no es útil por la noche.  Por la noche volvemos a ser primitivos.  En el sueño dejamos de ser como somos.  Perdemos nuestros títulos, nuestros estudios universitarios, todo.  Somos transportados al punto donde estuvo una vez el hombre primitivo.  Por eso surgen imágenes de noche, en el sueño, y de día aparecen palabras.  Si queremos hacer el amor durante el día, podemos pensarlo en palabras, pero por la noche no hay manera de expresar el amor si no es por medio de imágenes.
   No parece que los pensamientos tengan tanta vida como los ensueños.  En los ensueños aparece ante nosotros toda la imagen.  Por eso nos divierte más ver una película basada en una novela que leer la misma novela.  La única explicación de esto es que la novela está en el lenguaje de las palabras, mientras que la película está en el lenguaje de las imágenes.  Del mismo modo, os gusta más estar aquí y escucharme en persona.  No os gustaría tanto escuchar esta charla grabada en una cinta, porque aquí está presente la imagen, y en la cinta sólo hay palabras.  El lenguaje de las imágenes está más próximo a nosotros, es más natural.  Por la noche las palabras se convierten en imágenes; esa es la única diferencia.
   El día que desaparecen los ensueños, también desaparecen los pensamientos; el día que desaparecen los pensamientos, también desaparecen los ensueños.  Si el día está vacío de pensamientos, la noche estará vacía de ensueños.  Y recordad que los ensueños no os permiten dormir y que los pensamientos no os permiten despertar.  Procurad entender ambas cosas: los ensueños no os dejan dormir y los pensamientos no os dejan despertar.  Si desaparecen los ensueños, el sueño será total; si desaparecen los pensamientos, el despertar será total.  Si el despertar es total y el sueño es total, entonces es que no existe gran diferencia entre ambos.  La única diferencia es que los ojos se tienen abiertos o cerrados y que el cuerpo trabaja o reposa.  El que ha despertado totalmente, duerme totalmente, pero su conciencia se mantiene exactamente igual en ambos estados.  La conciencia es una, inalterable; sólo cambia el cuerpo.  El cuerpo despierto, trabaja; el cuerpo dormido, reposa.
   Al amigo que ha preguntado por qué no se alcanza a Dios en el sueño, yo le respondo se le puede alcanzar, si nos mantenemos despiertos incluso en el sueño.  Así pues, mi método de meditación es un método de sueño: dormir en atención, entrar en el sueño con atención.  Ésta es la razón por la que os pido que relajéis el cuerpo, que relajéis la respiración, que calméis vuestros pensamientos.  Todo esto es una preparación para el sueño.  Por lo tanto, suele suceder que algunos amigos se quedan dormidos durante la meditación.  La razón es clara: es una preparación para el sueño.  Y, cuando se preparan para el sueño, se quedan dormidos sin darse cuenta.  Por eso repito yo la tercera sugerencia: permaneced despiertos dentro de vosotros, permaneced conscientes dentro; dejad que el cuerpo esté totalmente relajado, dejad que la respiración esté totalmente relajada, más relajada de lo que suele estar durante el sueño.  Pero permaneced despiertos dentro de vosotros.  Dejad que vuestra conciencia arda dentro de vosotros como una lámpara para no quedaros dormidos.
   Las condiciones de partida de la meditación y del sueño son iguales, pero existe una diferencia en la condición final.  La primera condición es que el cuerpo se relaje.  Si padecéis insomnio, lo primero que os enseñará el médico será a relajaros.  Os pedirá que hagáis lo mismo que os pido yo: relajad el cuerpo, no permitáis que quede ninguna tensión en vuestro cuerpo; dejad el cuerpo completamente suelto, como una pelusa de algodón.  ¿Habéis visto alguna vez cómo duerme un perro o un gato?  Duermen como si no estuvieran.  ¿Habéis visto alguna vez a un niño pequeño dormido?  No hay tensión en ninguna parte: sus brazos y sus piernas permanecen increíblemente sueltos.  Observad a un joven y a un viejo: lo veréis todo tenso en ellos.  De manera que el médico os pediría que os relajaseis por completo.
   Una misma condición se aplica al sueño: la respiración debe ser relajada, profunda y lenta.  Debéis haber advertido que, cuando corréis, la respiración se acelera.  Del mismo modo, cuando el cuerpo se cansa con el trabajo, la respiración se acelera y aumenta la circulación de la sangre.  Para dormir, la circulación de la sangre debe hacerse más lenta (la situación deberá ser exactamente la contraria que al correr).  La segunda condición es, pues: relajar la respiración.
   Cuando los pensamientos se aceleran, la sangre tiene que circular rápidamente en el cerebro; y, cuando sucede esto, el sueño se hace imposible.  Es condición para el sueño reducir el flujo de sangre al cerebro.  Por eso nos servimos de almohadas, para reducir el flujo de sangre al cerebro.  Sin almohada, la cabeza yace al mismo nivel del cuerpo, y, por ello, la sangre fluye en la misma proporción por todo el cuerpo, de la cabeza a los dedos de los pies.  Cuando se levanta la cabeza, a la sangre le cuesta ascender; se reduce su flujo en el cerebro y circula por el resto del cuerpo.  Por este motivo, cuanto más le cueste a la persona quedarse dormida, más almohadas deberá ponerse bajo la cabeza para levantarla.  Cuando se reduce el flujo de sangre, el cerebro se relaja y a la persona le resulta fácil quedarse dormida.
   Con el flujo rápido de pensamientos, la sangre también tiene que fluir más deprisa; porque para que se mueva un pensamiento, éste necesita apoyarse en el flujo de la sangre.  Las venas del cerebro empiezan a trabajar más deprisa.  Debéis haber advertido que cuando una persona se enfada, se le hinchan las venas.  Esto se debe a que las venas tienen que hacer más sitio para que circule más sangre por ellas.  Cuando la cabeza se tranquiliza, también disminuye la presión sanguínea.
   Con la ira, la cara y los ojos se ponen rojos.  Esto se debe al incremento del flujo de sangre por las venas.  En ese estado, los pensamientos se mueven tan deprisa que la sangre tiene que circular también más deprisa.  Y también la respiración se acelera.  Cuando el sexo se apodera de la mente, la respiración se hace muy pesada y la sangre fluye más deprisa.  Como los pensamientos se mueven muy rápidamente, la mente empieza a funcionar tan deprisa que todas las venas del cerebro empiezan a llenarse de sangre que fluye a gran velocidad.
   Por tanto, las condiciones primeras para la meditación son las mismas que las aplicables al sueño, relajar el cuerpo, relajar la respiración, soltar los pensamientos.  Las condiciones primeras se cumplen igualmente para el sueño y para la meditación.  La diferencia es la condición final.  En el sueño, nos quedamos dormidos profundamente; en la meditación, nos quedamos plenamente despiertos: eso es todo.
   Así pues, nuestro amigo ha hecho bien al plantear esta pregunta.  Existe una relación profunda entre el sueño y la meditación, entre el samadhi y el sushupti, el sueño profundo.  Existe, no obstante, una diferencia muy significativa entre ambos: la diferencia de un estado consciente con un estado inconsciente.  El sueño es inconsciencia, la meditación es despertar.
   
   Otro amigo ha preguntado: ¿En qué se diferencia lo que tú llamas meditación de la autohipnósis?



L
A DIFERENCIA ES LA MISMA que existe entre el sueño y la meditación.  También debéis comprender esto.
El sueño propiamente dicho viene de manera natural, mientras que el sueño inducido por medio de un esfuerzo es la autohipnósis.  Ésta es la única diferencia.  La palabra hypnos significa sueño.  Hipnosis significa tandra, sueño.  El primero es el tipo de sueño que llega por sí mismo, el segundo es cultiva, inducido.  Si alguien tiene dificultades para dormir, tendrá que hacer algo al respecto.  Si un hombre se acuesta y empieza a pensar constantemente que se está quedando dormido, y si este pensamiento entra en su ser y se apodera de su mente, el cuerpo empezará a responder también en consecuencia.  El cuerpo empezará a relajarse, la respiración empezará a desacelerarse, la mente empezará a tranquilizarse.
   Si se produce dentro del cuerpo un entorno adecuado para el sueño, el cuerpo empezará a funcionar debido a esta circunstancia.  Al cuerpo no le interesan los hechos; el cuerpo es muy obediente.  Si tenéis hambre todos los días a las once, y vuestro reloj se ha quedado parado a las once de la noche anterior, miraréis el reloj y vuestro estómago os dirá: “Es hora de comer”; aunque quizás no sean más que las ocho de la mañana.  Todavía no son las once; faltan tres horas para las once; pero si el reloj señala las once, el estómago se quejará de hambre, porque el estómago funciona mecánicamente.  Si estáis acostumbrados a acostaros a medianoche, y si por casualidad vuestro reloj está adelantado dos horas, empezaréis a sentiros somnolientos en cuanto el reloj dé las doce, aunque sólo sean las diez.  El cuerpo dirá inmediatamente: “Son las doce.  ¡Es hora de acostarse!”
   El cuerpo es muy obediente.  Cuanto más sano está el cuerpo, más obediente es.  Un cuerpo sano es un cuerpo obediente.  Un cuerpo enfermo es un cuerpo que ha dejado de obedecer: tenemos sueño, pero el cuerpo se niega a dormir; tenemos hambre, pero el cuerpo no quiere comer.  Un cuerpo que deja de obedecer es un cuerpo enfermo, y el cuerpo que obedece es un cuerpo sano, porque el cuerpo nos sigue como una sombra.  La dificultad surge cuando el cuerpo deja de obedecer.  El autohipnotismo significa sencillamente que hay que dar instrucciones al cuerpo, que hay que obligarlo a obedecer las órdenes.
   La mayoría de nuestras enfermedades son sólo un engaño.  Casi un cincuenta por ciento de nuestras enfermedades son falsas.  La causa de que en el mundo haya más enfermos no es que aumenten las enfermedades, sino que aumenta la falsedad del hombre.  Procurad entender bien esto.  Al aumentar los conocimientos y las condiciones económicas, debería descender el número de enfermedades.  Pero esto no ha sucedido, pues ha seguido aumentando la capacidad del hombre para mentir.  El hombre no sólo miente a los demás, sino que también se miente a sí mismo.  También crea nuevas enfermedades.
   Por ejemplo, si un hombre ha sufrido grandes quebrantos en los negocios y está al borde de la quiebra, quizás no quiera aceptar que está en quiebra, y por ello puede tener miedo de ir al mercado: sabe que tendrá que enfrentarse con sus acreedores.  De pronto, descubre que lo ha dominado una enfermedad que lo obliga a guardar cama.  Es una enfermedad creada por su mente.  Su ventaja es doble.  Ahora puede decir a los demás que su enfermedad le impide atender a su negocio (ya se ha convencido a sí mismo de ello, y ahora puede convencer también a los demás), y ahora esta enfermedad es incurable.  Inicialmente, esta enfermedad no es tal enfermedad, pero cuanto más tratamientos recibe el hombre, más enfermo se pondrá.
   Si la medicina no consigue curaros, sabed bien que vuestra enfermedad no es curable por medio de la medicación.  La causa de la enfermedad se encuentra en alguna otra parte; no tiene nada que ver con la medicación.  Podéis maldecir a la medicina y decir que los médicos son unos estúpidos porque no encuentran el tratamiento adecuado para vosotros; podéis probar la medicina ayurvédica o la naturopatía; podéis recurrir a la alopatía o a la homeopatía: nada dará resultado.  Ningún médico puede serviros de nada, por la sencilla razón de que un médico sólo puede tratar una enfermedad verdadera; no puede controlar una enfermedad falsa.  Y lo más interesante es que vosotros os afanáis en producir enfermedades como éstas y que queréis que perduren.
   Más de un cincuenta por ciento de las enfermedades femeninas son falsas.  Las mujeres han aprendido desde su infancia una fórmula: sólo reciben amor cuando están enfermas, y no de otro modo.  Cuando la esposa está enferma, el marido no va a su trabajo, toma una silla y se sienta junto a la cama de ella.  Quizás se esté maldiciendo a sí mismo por hacerlo, pero lo hace.  Así, siempre que una mujer quiere recibir atenciones de su marido, cae enferma enseguida.  Por eso nos encontramos que las mujeres están enfermas casi siempre.  Saben que, estando enfermas, pueden dominar a toda la casa.
   La persona enferma se convierte en un dictador, en un tirano.  Si la persona dice: “¡Apagad la radio!”, la apagan inmediatamente.  Si la persona dice: “Apagad las luces y acostaos”, o “Quedaos todos en casa; que no salga nadie”, los familiares hacen lo que dice.  Cuando mayor sea la tendencia dictatorial de una persona, más enferma se pondrá; pues ¿quién está dispuesto a herir los sentimientos de un enfermo?  Pero esto es peligroso.  De esta forma, estamos contribuyendo en realidad a la enfermedad.  Es bueno que un marido se siente junto a su esposa cuanto ésta está sana; es comprensible. Pero, desde luego, no debe dejar de ir a la oficina cuando ella está enferma, fomentando así su enfermedad.  Es una solución demasiado costosa.
   Una madre no debe prestar demasiada atención a su hijo cuando éste cae enfermo; de lo contrario, el niño caerá enfermo siempre que quiera que le presten atención.  Cuando el niño cae enfermo, no os preocupéis tanto por él para que no se establezca en su mente ninguna asociación entre enfermedad y amor.  El niño no debe captar la impresión de que siempre que caiga enfermo su madre lo acariciará y le contará cuentos.  Por el contrario, la madre debe mimar al hijo cuando éste esté feliz, para que el amor se asocie a la alegría y a la felicidad.
   Hemos asociado el amor a la desgracia, y eso es muy peligroso, porque significa que, siempre que alguien necesite amor, llamará a la desgracia para que pueda venir después el amor.  Pero nunca se encuentra al amor por la enfermedad.  Recordadlo: la enfermedad produce lástima, no amor, y ser objeto de lástima es insultante, es muy degradante.  El amor es una cosa completamente diferente.  Pero no tenemos conciencia del amor.
   Lo que quiero decir es que el cuerpo sigue nuestras sugerencias: si queremos estar enfermos, el pobre cuerpo cae enfermo.  El hipnotismo es útil para curar estas enfermedades.  Lo que quiere decir esto es que las enfermedades falsas se curan con medicinas falsas, no con la medicina verdadera.  Si podemos hacernos creer a nosotros mismos que estamos enfermos, también podemos hacernos creer a nosotros mismos que  estamos sanos y librarnos de la enfermedad.  Hoy día, en casi todos los hospitales de los países desarrollados tienen en su plantilla un experto en hipnotismo.  En Occidente, el médico trabaja en equipo con el experto en hipnotismo, pues existe una serie de enfermedades ante las cuales el médico es completamente impotente, y que sólo puede tratar un experto en hipnotismo.  Éste sume al paciente en un sueño hipnótico y le sugiere que se siente bien.
   ¿Sabías que sólo un tres por ciento de las serpientes son venenosas?  Pero es corriente que un hombre se muera incluso por la mordedura de una serpiente no venenosa si cree que la serpiente puede matar a un hombre.  Por este motivo, los mantras y los exorcismos también pueden servir para tratar una mordedura de serpiente.  El canto de mantras y los exorcismos son, en otras palabras, seudotécnicas.  Una serpiente venenosa muerde a un hombre.  Lo único que hace falta es convencerlo de que el veneno de la serpiente ha sido anulado.  Eso bastará: el veneno ya no tendrá ningún efecto.  Es como si no hubiera habido ningún veneno.  Y si la persona se convenciera plenamente de que lo había mordido una serpiente, se morirá.  No se moriría por la mordedura de la serpiente, sino por la creencia de que lo había mordido una serpiente.

H
E OÍDO CONTAR LO SIGUIENTE:
Una vez sucedió que un hombre pasó la noche en una posada.  Cenó por la noche y a la mañana siguiente se puso en camino temprano.  Un año más tarde llegó a la misma posada.  EL posadero se sorprendió al verlo.
   -¿Estás bien? –preguntó al viajero.
   -Estoy bien.  ¿Por qué?  ¿Qué ha pasado?
   -Estábamos muy preocupados –dijo el posadero-  Verás; la noche que pasaste aquí, cayó una serpiente en la olla y la guisaron con la comida que os sirvieron.  Otras cuatro personas que comieron de aquella comida murieron poco después.  No sabíamos lo que te había pasado, pues te marchaste muy de mañana.  Estábamos muy preocupados por ti.
   Cuando el viajero oyó esto, dijo:
   -¿Cómo?  ¡Una serpiente en mi comida!
   Y cayó muerto.  ¡Había pasado un año!  Y se murió de miedo.

E
L HIPNOTISMO ES MUY ÚTIL para estas enfermedades.  El hipnotismo significa simplemente que la falsedad que hemos creado a nuestro alrededor puede ser neutralizada por otra falsedad.  Recordadlo: si os habéis clavado en el pie una espina imaginaria, no intentéis sacarla con una espina de verdad: sería peligroso.  En primer lugar, no sacarías la espina imaginaria; y, lo que es más, la verdadera os hará daño en el pie.  Para sacar una espina falsa hay que usar una espina falsa.
   Así pues, ¿qué relación hay entre la meditación y el hipnotismo?  Sólo ésta: el hipnotismo es necesario para sacar las espinas falsas que se clavan en vuestro cuerpo.
   Un ejemplo de hipnotismo es cuando os digo que sintáis que el cuerpo se está relajando.  Esto es hipnotismo.  En realidad, vosotros mismos habéis supuesto que el cuerpo no puede relajarse.  El hipnotismo es necesario para anular este supuesto, y no en otro caso. Si no fuera por vuestro falso supuesto, el cuerpo se relajaría con que sintieseis una sola ve que el cuerpo está relajado.  Las sugerencias que yo os doy no están destinadas en realidad a relajar vuestros cuerpos, sino a quitaros de encima la creencia de que el cuerpo no puede relajarse.  Esto no se puede conseguir sino creando en vosotros la contracreencia de que el cuerpo se está relajando.  Vuestro falso concepto se neutralizará con este falso concepto, y cuando vuestro cuerpo se relaje, vosotros sabréis que está relajado.  La relajación es una cualidad muy natural del cuerpo, pero vosotros os habéis llenado de tanta tensión que ahora tenéis que hacer algo para liberaros de ello.
   Éste es el alcance del hipnotismo.  Cuando empezáis a sentir que el cuerpo se está relajando, que la respiración se está relajando, que la mente se está calmando, esto es hipnosis.  Pero sólo hasta este punto.  Lo que viene a continuación es meditación; hasta este punto no hay meditación.  La meditación comienza después de esto, cuando estáis en el estado de conciencia.  Cuando sois conscientes de vuestro interior, cuando empezáis a ser testigos de que el cuerpo está relajado, de que la respiración está relajada, de que los pensamientos han cesado o de que siguen moviéndose, cuando empezáis a observar, a observar simplemente, esta observación, este estado de testigos, es meditación.  Lo que pasa antes de esto es hipnosis.
   Así pues, la hipnosis es un sueño cultivado.  Cuando no tenemos sueño, nos inducimos el sueño.  Hacemos un esfuerzo; invitamos al sueño.  También podemos invitar al sueño si nos preparamos para él y pasamos a un estado en que nos soltamos.  Pero la meditación y la hipnosis no son una misma cosa.  Os ruego que lo comprendáis.  Mientras sentís lo que yo os sugiero, eso es hipnosis.  Cuando sentís que cesan mis sugerencias y comienza la conciencia, eso es el comienzo de la meditación.  La meditación comienza con la llegada del estado de testigos.
   La hipnosis es necesaria porque vosotros os habéis provocado un estado de hipnosis inversa.  En términos científicos, esto no es hipnotizar, es deshipnotizar.  Ya estamos hipnotizados, aunque no somos conscientes de cómo nos hemos hipnotizado ni de qué medios nos hemos servido para producir este estado de hipnosis.  Hemos vivido la mayor parte de nuestras vidas bajo la influencia de la hipnosis.  Y cuando estamos dispuestos a ser hipnotizados, no nos damos cuenta de lo que hacemos.   Pasamos así toda nuestra vida.  Si esto queda claro, se romperá el influjo hipnótico; y cuando se rompe este estado hipnótico, será posible pasar al interior, pues la hipnosis es, esencialmente, un mundo de irrealidad.
   Por ejemplo, un hombre está aprendiendo a montar en bicicleta.  Para practicar, se pone en marcha en una carretera ancha.  La carretera mide dieciocho metros de ancho, y hay un mojón en el borde.  Aunque el hombre quisiera montar con los ojos vendados por esa carretera tan ancha, sería muy difícil que se chocara con el mojón.  Pero el hombre todavía no sabe montar en bicicleta.
   No mira la carretera ni por un momento; sus ojos detectan en primer lugar el mojón y el miedo de chocar con el mojón se apodera de él.  Eso es todo.  En cuanto se apodera de él este miedo de chocar con el mojón, está hipnotizado.  Cuando digo que se queda hipnotizado quiero decir que ya no ve la carretera: empieza a ver sólo el mojón.  Se asusta, y el manillar de su bicicleta empieza a girar hacia el mojón.  Cuanto más gira el manillar, más se asusta él.  Naturalmente, el manillar girará hacia el punto donde tenga enfocada su atención, y su atención está enfocada en el mojón, porque él tiene miedo de chocar con él.  Así, la carretera desaparece de su vista y sólo queda el mojón.  Hipnotizado por el mojón, se desvía hacia él.  Cuanto más se desvía, más se asusta; cuanto más se asusta, más se desvía. Por fin, choca con el mojón.
   Cualquier persona inteligente que viera esto podría preguntarse cómo es posible que el hombre chocara con el mojón en una carretera tan ancha.  ¿Cómo es que no pudo apartarse de él?  Evidentemente, estaba hipnotizado.  Se concentró en el mojón para librarse de aterrizar sobre él, y esto hizo que no viera más que el mojón.  Cuando su mente se fijó en el mojón, sus manos hicieron girar automáticamente la bicicleta en esa dirección, porque el cuerpo sigue a nuestra atención.  Cuanto más se asustaba, más tenía que concentrarse en el mojón.  Quedó hipnotizado por el mojón; su miedo lo arrastró hacia él, y acabó chocando con él.
   En la vida solemos cometer los mismos errores que preferiríamos evitar.  Nos quedamos hipnotizados por ellos.  Por ejemplo, un hombre teme perder la paz de espíritu y enfadarse.  En esta situación, se enfada veinticuatro veces cada veinticuatro horas.  Cuando más miedo tiene a enfadarse, más se sentirá hipnotizado por la ira.  Entonces buscará excusas para estar enfadado las veinticuatro horas del día.
   Otro hombre, que teme mirar a las mujeres hermosas porque podrían excitarlo sexualmente, verá mujeres hermosas las veinticuatro horas del día.  Con el tiempo, hasta las mujeres feas le parecerán hermosas; hasta los hombres empezarán a parecerle mujeres.  Si ve de espaldas a un sadhu que lleva el pelo largo, procurará ver si se trata de un hombre o de una mujer.  Por fin, hasta las mujeres de las fotografías y de los carteles empezarán a atraerlo, a hipnotizarlo.  Esconderá fotografías de mujeres desnudas en el Gita y en el Corán, y las mirará sin preguntarse siquiera cómo puede dejarse hipnotizar así por simples líneas y colores.  Siempre quiso salvarse de las mujeres, y ahora las teme; ahora ve mujeres en todas partes.  Cuando va al templo o a la mezquita, o a cualquier otra parte, no ve más que mujeres.  También esto es hipnosis.
   Una sociedad que está en contra de la sexualidad acaba por volverse sexual.  Cuando una sociedad es opuesta a la sexualidad, cuando abomina de la sexualidad, toda su mente se volverá sexual, pues quedará hipnotizada por aquello mismo que critica: toda su atención quedará concentrada en ello.  Cuanto más habla de castidad una sociedad, más lascivas y lujuriosas serán las personas que nazcan en su seno.  El motivo es que al hablar de la castidad la mente se centra en la sexualidad.  Todo esto es hipnosis (creada por nosotros mismos), y vivimos dentro de ella.  Todo el mundo está enredado en esta hipnosis.  Y es difícil romperla, pues la hipnosis aumenta con todos los intentos de romperla que hacemos por nuestra parte.
   Sólo Dios sabe cuántos tipos de hipnosis hemos creado ya y cuántos seguimos creándonos.  Y después vivimos con ellos.  Debemos romperlos para que podamos despertar. Pero para romper toda esta red de falsedad debemos descubrir métodos falsos.
   En cierto modo, todo sadhana, toda práctica espiritual, sirve para eliminar la falsedad que nos rodea.  Así pues, todo sadhana es falso.  Los métodos que se han inventado en todo el mundo para ayudarnos a alcanzar a Dios son falsos, porque nunca nos hemos separado de él.  Sólo nos hemos separado de él con el pensamiento.
   Es como si un hombre se duerme en Dwarka y sueña que está en Calcuta.  Y en su sueño empieza a preocuparse: su mujer está enferma y él está en Calcuta: debe regresar a Dwarka.  Empieza a preguntar a unos y a otros, a consultar los horarios de trenes, a enterarse de los aviones que puede tomar para regresar a Dwarka en cuanto pueda.  Pero cualquier sugerencia que le hagan sobre el modo de regresar a Dwarka estará equivocada, le causará problemas, porque su punto de partida no es Calcuta.  Nunca ha ido a Calcuta: sólo era un sueño, una hipnosis.  Cualquier medio que alguien le indique para regresar a Dwarka no servirá más que para causarle problemas.
   Ningún camino tiene significado alguno: todos los caminos son falsos.  Aunque el hombre regrese a Dwarka, la ruta que seguiría sería falsa.  No es capaz de encontrar el camino de vuelta porque no puede existir ninguno: él nunca fue siquiera a Calcuta.  ¿Qué significa para él encontrar un camino de vuelta?  El tren que tomará para ir a Dwarka será tan falso como su estancia en Calcuta.  Si va a la estación de Howrah, compra un billete y toma un tren que se dirige a Dwarka, todo ello será falso.  Todas las estaciones por las que pasará en su viaje de vuelta serán falsas.  Así pues, llegaría a Dwarka y se despertaría feliz.  Pero se sorprendería al saber que no había ido nunca a ninguna parte, que había estado en su cama todo el tiempo.  Por lo tanto, ¿cómo regresó?  Su idea fue falsa, como también lo fue su regreso.
   Nadie ha salido nunca de Dios, que es la realidad última.  Es imposible, porque sólo él es: no hay manera de salir de él.  Todas las salidas son falsas, todos los regresos son falsos.  Pero como ya hemos salido en nuestro viaje imaginario, tenemos que regresar: no hay otro camino.  Tenemos que encontrar el medio de regresar.  Pero cuando hayáis regresado descubriréis que todos los métodos eran falsos, que todo sadhana era falso.  El sadhana sólo era necesario para hacernos volver del sueño.  Cuando hayamos comprendido esto, entonces es posible que no haya que hacer nada y que descubráis de pronto que habéis regresado.  Pero esto es difícil de comprender, porque creéis que ya estáis en Calcuta.  Podéis decir: “Lo que dices es cierto, pero yo ya estoy en Calcuta.  ¡Enséñame el camino de vuelta!”.

   Otro amigo ha preguntado: ¿Has encontrado a Dios?

E
STA PREGUNTA ES, precisamente, del tipo de las que haría el hombre que viajó a Calcuta.  A mí me gustaría preguntar a este amigo: “¿Has perdido alguna vez a Dios?”.  Pues si digo que he encontrado a Dios, eso significa que lo había dado por perdido.  Ya está encontrado.  Aun cuando nos parece que lo hemos perdido, él sigue todavía con nosotros.  Lo único que sucede es que estamos hipnotizados y que, por ello, nos parece que lo hemos perdido.  Por consiguiente, si alguien dice: “Sí, he encontrado a Dios”, se equivoca.  Sigue sin comprender que nunca ha llegado a perderlo.  Por lo tanto, los que llegan a conocer a Dios nunca dicen que han encontrado a Dios.  Dicen:”Nunca lo perdí”.
   El día en que el Buda quedó iluminado, la gente se reunió a su alrededor y la preguntó:
   -¿Qué has alcanzado?
   El Buda respondió:
   -No he alcanzado nada.  Sencillamente, he llegado a ver lo que no había perdido nunca.  He encontrado lo que ya tenía
   Los lugareños que oyeron esto se apiadaron de él y le dijeron:
   -¡Qué lástima!  Has trabajado en vano.
   -Sí –dijo el Buda-, en ese sentido es cierto que he trabajado en vano.  Pero ahora ya no tengo necesidad de trabajar: esa ventaja he ganado.  Ahora no iré a buscar nada, ahora no vagaré para alcanzar nada, ahora no emprenderé ningún viaje: eso he ganado.  Ahora sé que estoy donde ya estaba.
   Sólo nos vamos en nuestros sueños.  Nunca llegamos realmente a los lugares donde nos parece que hemos llegado.  Por eso, en cierto sentido, todas las religiones son falsas; todos los sadhanas o prácticas espirituales son falsos; todos los yogas son falsos.  Son falsos en el sentido de que todos son métodos para regresar.  Pero, con todo, son muy útiles.
   Un chamán de pueblo que elimina el veneno de las serpientes recitando mantras es muy útil para los que han sido mordidos por una serpiente, aunque hayan sido mordidos por una serpiente falsa.  Sin él, la gente moriría por la mordedura de una serpiente que no estaba allí.
   En mi barrio vivió una ve un hombre así.  Ya ha muerto.  Venía a verlo gente desde muy lejos para que les sacara el veneno de serpiente.  Era un hombre muy hábil; había amaestrado algunas serpientes.  Cuando venía a verlo una persona a la que había mordido una serpiente, él aplicaba sus habilidades chamánicas y le preguntaba qué tipo de serpiente era, dónde la había mordido, si la serpiente estaba muerta o viva…  Después de recoger toda esta información, ponía en juego su truco y llamaba a la serpiente.  Lo tenía calculado todo: a qué serpiente había que soltar, con qué señal, etcétera.  Al cabo de una hora, más o menos, entraba por la puerta, silbando, una serpiente que se ceñía a la descripción.  Todo aquello causaba sensación: el hombre mordido por la serpiente quedaba asombrado.
   La persona a la que muerde una serpiente rara vez es capaz de ver ni de entender nada con claridad: ¿Qué serpiente lo mordió?  ¿Cómo era?  ¿Dónde estaba?  Está tan abrumada por el hecho de haber sido mordido que, mientras tanto, la serpiente desaparece.  Si habían matado a la serpiente, el chamán invocaba al alma de ésta para que acompañase a la serpiente de él.  Después, reñía e insultaba a la serpiente por haber mordido a aquél hombre.  La serpiente humillaba la cabeza en tierra pidiendo perdón.  Mientras tanto, se iba pasando el efecto del veneno que había absorbido la víctima.  Enseguida el chamán decía a la serpiente que extrajera el veneno.  La serpiente se acercaba inmediatamente al hombre que había sido mordido y aplicaba su boca a la herida, y la víctima se recuperaba.
   Por desgracia, sucedió una vez que una serpiente mordió al hijo de este hombre.  Tuvo entonces un gran problema, pues ninguno de sus tratamientos daba resultado.  Acudió corriendo a mí y me dijo:
   -Te ruego que me ayudes. Tengo un gran problema.  Te suplico que me digas qué puedo hacer.  Una serpiente ha mordido a mi hijo, y él conoce el secreto de mis serpientes amaestradas.  ¡Qué desgraciado soy!  Te ruego que me digas qué puedo hacer.  Estoy impotente.  ¡Mi hijo no sobrevivirá!
   Yo me quedé sorprendido. Le pregunté:
   -Pero ¿y tu tratamiento?  ¡La gente viene a verte desde lejos para que las cures!
   -Eso está muy bien –dijo-, pero aun yo mismo tendría un gran problema si me mordiera una serpiente: no sería capaz de salvarme a mí mismo.  Yo conozco los trucos del oficio; no me podría en manos de nadie que me tratase como yo trato a la gente.
   El muchacho murió.  Aquel hombre no fue capaz de salvar a su hijo.
   Hacen falta medios falsos para eliminar la falsedad.  Y estos medios tienen un significado propio.  Son significativos porque nosotros hemos caído en falsedades.  Por lo tanto, no os molestéis en preguntar: al principio, se trata, en efecto, de hipnotismo.  Las primeras etapas son hipnotismo, sueño; sólo la etapa final es meditación, y ésa es la que tiene un valor precioso.  Antes de que podáis alcanzar esta etapa, es necesaria toda esta preparación: es necesaria para que podáis salir de la falsedad en la que os habéis perdido.
   No preguntéis nunca: “¿Has encontrado a Dios, o no?  Todo eso es un error: ¿Quién va a encontrarlo?  ¿Qué hay que encontrar?  Lo que es, es.  El día que lleguéis a saber esto, veréis que no habéis perdido nada nunca, que no habéis ido nunca a ninguna parte.  Nada se ha destruido nunca, nada ha muerto nunca.  Lo que es, es.  Ese día terminarán todos los viajes, todo lo que es ir a alguna parte.

   Y ahora esta pregunta: ¿Qué significa “la liberación del ciclo del nacimiento y de la muerte?


L
A LIBERACIÓN DEL CICLO DEL NACIMIENTO y de la muerte no significa que no vayáis a volver a nacer aquí otra vez.  Significa que ya no hay ni que ir a ninguna parte ni venir de ninguna parte, en ningún plano.  Entonces os quedáis arraigados allí donde estáis.  El día que sucede esto, brotan por todas partes los manantiales de la alegría.  No podemos conocer la alegría si estamos  en un plano imaginario; sólo podemos encontrar la alegría si estamos donde estamos de verdad.  Sólo podemos ser felices siendo lo que somos; nunca podemos ser felices siendo lo que no somos.  Así pues, seguir el ciclo del nacimiento y de la muerte significa que estamos vagando por lugares ilusorios: estamos perdidos en alguna parte donde no hemos estado nunca, jamás.  Estamos vagando por alguna parte donde no debemos estar nunca, jamás, mientras que hemos perdido de vista el lugar donde estamos en realidad.  De modo que la liberación del nacimiento y de la muerte significa volver a donde estamos, volver a casa.
   Entrar en Dios significa estar exactamente donde estamos en realidad. No se trata de que algún día vayáis a encontraros con Dios en alguna parte y le vayáis a saludar diciendo: “¡Gracias al cielo que te he encontrado!”  No existe un Dios como éste, y si por casualidad os encontráis con uno, sabed bien que todo es hipnotismo.  Un Dios así será una creación vuestra, y encontraros con él será tan falso como lo fue el perderlo.  No es así como encontraréis algún día a Dios.
   Nuestra lengua suele resultar engañosa, pues la expresión “encontrar a Dios” o “alcanzar a Dios” da la impresión de que seremos capaces de ver a Dios cara a cara.  Estas palabras son muy engañosas.  Al escucharlas, tenemos la impresión de que alguien se va a manifestar, de que mantendremos un contacto visual con él, de que podremos abrazarlo.  Esto es erróneo.  Si alguna vez os encontráis con un Dios así, ¡cuidado!  Un Dios así habrá sido creado totalmente por vuestra mente: será fruto de la hipnosis.
   Todos tenemos que salir de la hipnosis, de todos los condicionamientos, y volver sobre nuestros propios pasos hasta el punto en que no hay sueño, en que no hay hipnosis, en que estamos completamente conscientes, arraigados en nuestro propio ser.  El conocimiento que tendremos entonces será el conocimiento de que la existencia es una, indivisible.  El nombre de ese conocimiento es Dios.
   Preparémonos ahora para la meditación matutina.  Hablaré más de este tema en nuestra meditación vespertina.  Separaos un poco los unos de los otros.  Y no habléis: separaos en silencio.  Dejad algo de espacio libre entre vosotros. Los que quieran acostarse, pueden hacerlo: debéis dejar espacio suficiente para que se acuesten.  En incluso en plena meditación, si alguien llega al punto de caerse, debe caerse: no debe impedirse a sí mismo caer.
   Sí: subid a la baranda, pero dejad sitio libre entre vosotros…  Pues, más tarde, si os caéis encima de alguien os sentiréis mal, y el otro también se distraerá. Por lo tanto, separaos.  Sí: bajad aquí.
   Cerrad los ojos…  Los niños no deben hablar: pasarán diez minutos sentados en silencio.  Cerrad los ojos… dejad el cuerpo relajado… dejad el cuerpo completamente relajado como si no hubiera vida en el cuerpo.  Dejad que pase dentro toda la energía.  Toda la energía del cuerpo está pasando dentro… fluyendo hacia dentro… nos estamos encogiendo dentro de nosotros, y el cuerpo se quedará como una cáscara que cuelga por fuera.  Puede caerse, o puede quedarse sujeto, pero será algo externo,  como la ropa.  Pasad dentro… y dejad el cuerpo relajado.  Ahora os haré sugerencias.  Sentidlas conmigo.
   Sentid que el cuerpo se está relajando… el cuerpo se está relajando… el cuerpo se está relajando.   Sentidlo, y dejad el cuerpo completamente relajado.  El cuerpo es muy obediente.  Cuando lo sintáis de todo corazón, se convertirá casi en un cadáver.  Sentid que el cuerpo se está relajando… el cuerpo se está relajando… el cuerpo se está relajando… el cuerpo se está relajando… el cuerpo sigue relajándose.  Soltad, soltad toda sujeción… no sigáis sujetando el cuerpo desde dentro, soltad completamente… retirar todo control sobre él, como si el cuerpo no fuera vuestro; ahora, todo lo que le pase, pasará.  Si se cae, se caerá; si lo perdéis, lo perderéis.  Apartaos de él  por completo… retirad de él vuestras sensaciones.
   EL cuerpo se está relajando.  El cuerpo se está relajando… el cuerpo se está relajando… el cuerpo se está relajando… el cuerpo se está relajando… el cuerpo se está relajando.   El cuerpo se ha relajado.  Soltad, soltad toda sujeción del cuerpo… si se cae, que se caiga.  El cuerpo se ha relajado… como si se hubiera convertido por completo en un cadáver… como si el cuerpo se hubiera marchado… el cuerpo ya no está… nos hemos separado de él… nos hemos apartado de él.
   La respiración se está relajando.  Sentid que la respiración se sigue relajando… la respira