Author Topic: ISAAC ASIMOV - LOS SUFRIMIENTOS DEL AUTOR  (Read 982 times)

Crow

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ISAAC ASIMOV - LOS SUFRIMIENTOS DEL AUTOR
« on: Abril 14, 2009, 03:55:27 pm »
ISAAC ASIMOV - LOS SUFRIMIENTOS DEL AUTOR



En tu cerebro rebosan desordenadas las tramas. Tramas de ciencia ficción que
ideas con gran contento,
Se agolpan luego en tu mente aferrándose obstinadas, hasta que te vuelves loco
de ira y de desaliento.

Cuando, junto a la muchacha a la que amas, tu mente gira como un torbellino,
hasta el punto de no oír sus palabras.
Cuando, en medio de un concieflo, recuerdas el pasado y te pierdes una nota de
la sinfonía que están ejecutando.
O conduciendo un coche, no has llegado muy lejos cuando advienes que te has
saltado un semáforo en rojo,
y para colmo, ¡oh, cielos!, golpeas a un Ford de lado y tu faro delantero se
conviene en migajas.
Cuando tu jefe te da una palmada en la espalda (por haber realizado un hábil
trabajo) y te le quedas mirando con expresión estúpida,
y luego farfullas algo idiota, de forma que queda convencido de que eres un
tarugo y posiblemente te has dado a la bebida.
Cuando sucesos como ésos se vienen encima dejándote abrumado, no le eches la
culpa a fuerzas sobrenaturales.
Si escribes relatos de ciencia ficción, te verás desviado de tu trayecto- ña,
tan cieno como que las estrellas se mantienen en sus órbitas;
pues tu mente elaboradora de tramas se tomará sorda, muda y ciega a los necios
hechos de la vida, que te acosan,
mientras las maravillas del espacio te ciñen en estrecho abrazo, en tre la pompa
de los haces de estrellas...

Comienzas con una nave, absorbida por una vorágine en el hiperes pacio, en ruta
hacia Cástor,
y que adviene para su mal que parece haberse perdido en una ga laxia como la
nuestra, aunque mucho más vasta.
Sintiéndote algo preocupado sobre la continuación, te inventas una serie de
criaturas, villanas y embusteras, de horribles rasgos, y rebosantes de perversos
designios.
Nuestros bravos héroes, enfrentados a esas hordas, se ven en situa ciones
cruciales, puesto que el enemigo -una vez descubiena nuestra galaxia- pretende
reducirla a una sumisión total.
Ahora has de complicarlo todo, al desarrollar el asunto, de modo que mantengas
el hilo del relato en vibrante tensión.
Los terrestres han de ser cuatro (sólo cuatro, ni uno más), mientras que el
número de enemigos sobrepasa todo cálculo.
Nuestros héroes, capturados, son conducidos seguidamente ante los despreciativos
y tiránicos jefes,
que les preguntan: «¿Dónde está la Tierra?». Y ellos permanecen en silencio, con
inmutable valor que encantará a los lectores.


Espera un poco. Veamos, esto no marcha. Olvidaste a la muchacha. Inventa una, a
la par buena y pura (aunque con gran atractivo sexual) y no demasiado vestida.
Hazía formar parte de la tripulación, así será también capturada, y la tropa
enemiga la devorará con ojos lascivos.
Hay un intenso deseo en la mirada de los malvados, lo cual no ha de extrañarnos,
pues la muchacha es de pecho más bien lleno y sua ve cual el plumón...
No, más vale que corrijas esta parte y deshagas el lío, pues el lector recordará
que, siendo los enemigos reptiles, no serán sensibles a la seducción humana...
Que acosen a la muchacha, manejando sus látigos para arrancar la confesión de
los terrestres.
Hasta que éstos logran romper sus ligaduras, desarrollándose esce nas de
singular violencia.
Cada héroe de la Tierra es un luchador nato, y sus puños valen por docenas... Y
justamente, llegado a este punto de la trama, tu ca beza dará vueltas.
Ya no sabes dónde te encuentras, ni dónde has aparcado el coche. Llevas la
corbata torcida y no tienes idea de la hora que es, ni te das cuenta de lo que
dice la gente, ni de que miran tus calcetines (desparejados), dudando entre si
se trata de una simple rareza o bien estás loco, lo cual conjeturan por el
brillo de tus ojos, hasta que finalemnte concluyen, por tu aspecto general, que
en efecto lo estás de remate.
Pero la tortura pasó. Y fue por gusto por el placer de llenar el papel blanco
con palabras bien hilvanadas, por lo que elaborate un nuevo relato de ciencia
ficción.